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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

¡Hasta la independencia y más allá!

¡Hasta la independencia y más allá!

Respuestas al cuestionario propuesto por el MCC/SAIN de Navarra sobre terrorismo y nacionalismo

 

1.- ¿Cómo y por qué surge el nacionalismo en el País Vasco?

El nacionalismo vasco surge en un contexto político-cultural proclive a ello: la segunda mitad del siglo XIX. Se desarrolló entonces el concepto de “nación cultural”; esgrimido por movimientos nacionalistas que, careciendo de un Estado propio al formar parte de otro más amplio, reclamaban la facultad de crear uno. El nacionalismo basará su consistencia en el idioma, la etnia, la cultura, las costumbres, la religión... De ahí arranca el “principio de las nacionalidades” y el “derecho de autodeterminación de los pueblos”, entendido al modo de los nacionalismos de todo el mundo: como la facultad de la que sería titular cada nación para el acceso a su propio Estado, incluso disgregándose de otro plurinacional. No obstante, esta concepción ha sido rechazada por Naciones Unidas. Los diversos nacionalismos disgregadores españoles se nutren, también, del romanticismo que en España la desarrollaron diversos autores, entre ellos algunos tradicionalistas. Y en ese contexto los hermanos Arana elaboraron un nacionalismo racista, paradójicamente católico, que en el curso de los decenios siguientes evolucionará marcando el acento en otros factores como la lengua y la economía. Así, ya en los años treinta del siglo pasado nació un nacionalismo “laico” y “progresista”, la Acción Nacionalista Vasca, cuyos herederos los encontraremos décadas después en el entorno “político” de ETA.

 

2.- ¿Qué rasgos o características principales destacarías de la ideología nacionalista?

El nacionalismo podría definirse como la doctrina política que hace de la defensa de una identidad nacional el eje de toda su acción pública y privada. En principio, sería una doctrina legítima. Pero, al igual que otras doctrinas, puede degenerar en una versión radical de tintes totalitarios. ¿Cómo podemos delimitar tales supuestos? Existen algunos síntomas bastante claros: pretender alcanzar sus objetivos con la violencia; promover que la etnia u otro factor cultural-ideológico (como el idioma) predetermine la ciudadanía del futuro Estado; la exclusión de todos los que no participen de su proyecto. Y si se asumen esos métodos propios de ideologías totalitarias, se termina concibiendo al oponente político como “el otro” carente de cualquier derecho, pues encarnaría un “mal absoluto” a erradicar por diversos medios; también la violencia, particularmente, la terrorista. En suma: la identidad hecha ideología por encima de todo y de todos.

 

3.- ¿Qué relación se establece entre el nacionalismo y el terrorismo de ETA?

El nacionalismo vasco tiene una larga historia. Ideológica y organizativamente hablando, es plural. También a nivel táctico. Pero comparten el fin último de un estado propio; aunque “a lo europeo”, para unos, “socialista radical”, para otros. ¿Cómo se articulan en su aparente disparidad? “Unos mueven el árbol y otros recogen las nueces”, afirmó el supuestamente moderado Xabier Arzallus en un alarde de cinismo… y sinceridad. Se han repartido el trabajo: ETA y los sectores radicales habrían movido el árbol mediante las palancas de la violencia y el nacionalismo moderado -desde las instituciones- recogería las nueces. No obstante, ese reparto no es del gusto de los radicales, quiénes exigen liderar el conjunto del nacionalismo vasco, lo que supone desplazar al PNV antes o después, en su lucha por la “liberación” y la “construcción nacional”. ETA, por otra parte, ha logrado configurar, mediante un titánico ejercicio de voluntarismo revolucionario, una organización de nuevo cuño, omnipresente en la sociedad vasca, capaz de ofrecer un estilo de vida 24 horas al día y 365 días al año. Un instrumento total, totalizante y totalitario fruto de paradójica fusión del marxismo revolucionario y el nacionalismo identitario más radical.

 

4.- ¿Qué papel han jugado y juegan los distintos actores en la realidad del nacionalismo vasco: partidos nacionalistas y no nacionalistas, ETA, víctimas, Iglesia…?

Ya hemos visto sumariamente el papel de los partidos nacionalistas. Los denominados constitucionalistas han jugado la partida minusvalorando, en general, la importancia del factor cultural: no basta la política institucional para marcar tendencias; es necesario plantear batalla cultural en el seno de la sociedad, allí donde se determinan las tendencias de futuro y el cambio de mentalidades. Además, desde los inicios de la Transición, cedieron las instituciones al PNV en la creencia de que “gestionarían” mejor la violencia y sabrían combatirla. Se equivocaron por completo… El intento de Jaime Mayor Oreja no prosperó y Nicolás Redondo fue defenestrado por sus “compañeros”.

Las víctimas han jugado un papel moral y activista decisivo: han sido los primeros en movilizarse, en reflexionar intelectualmente, en dar la cara en la calle y los medios de comunicación, en desenmascarar el juego sucio de los nacionalismos y la complicidad de una sociedad acobardada y sumisa... Y siguen haciéndolo. La historia reciente del País Vasco sin COVITE habría sido muy distinta…

La Iglesia católica -tan omnipresente en su día que aparentaba ser consustancial a lo vasco-  ha sufrido, en el contexto de otra de calado universal, su propia crisis. El radical-progresismo que la infectó en Occidente, especialmente, empujó a sectores clericales y eclesiales vascos a justificar el terrorismo de ETA como un “signo de los tiempos”: la lucha de clases trasladada al plano de las naciones; unas explotadoras y otras explotadas. Pero también han surgido en su seno paladines de la no-violencia, inspirando por ejemplo a muchos de los integrantes de Gesto por la Paz, y a no pocos de la movilización constitucionalista, caso de Foro El Salvador. Sin embargo, lamentablemente, ambas realidades han desaparecido… Pero en la memoria colectiva sigue resonando fatalmente ese perverso lenguaje -de matices dialécticos y equidistancias morales- empleado por algunos pastores significativos de la Iglesia vasca; lo que ha irritado comprensiblemente a muchísimos españoles, no sólo a los creyentes. No obstante, es una cuestión generacional y, para bien o para mal, esas generaciones nacionalistas se están extinguiendo biológicamente.

También habría que hablar -y mucho- del papel jugado por los medios de comunicación y otros relevantes actores sociales; acaso en otro foro…

 

5.- En general, ¿qué función han tenido las treguas de ETA?

Siguiendo la distinción de perspectiva marxista de estrategia y táctica, las treguas han jugado un papel táctico, instrumental, al servicio de los fines últimos de su estrategia político-terrorista finalista. Por ello, aparentemente, cualquier paso dado, hacia adelante, o hacia atrás, según se entienda, lo justifican desde esa mirada dialéctica.

 

6.- ¿Podemos considerar el cese definitivo de la violencia por parte de ETA?

ETA ha dado recientemente unos pasos que nunca había recorrido con anterioridad en “treguas” anteriores. Con tales pretendieron varios objetivos simultáneamente: reorganizarse y, de paso, intentar “avanzar” políticamente. Hoy día, aparentemente sigue la vía marcada por el IRA en Irlanda del Norte. Todo indica que sigue ese esquema, a falta de entrega de arsenales y disolución formal. Pero, aparentemente, y si hemos de creer en la sinceridad de los portavoces del Partido Popular, especialmente del ministro del Interior Fernández Díaz, el Gobierno español actual seguiría su propia agenda con concesiones mínimas... de momento. Lo que parece imposible es que ETA se aviniera a dar tales pasos unilateralmente; de modo que algún tipo de diálogo o acuerdo habría existido con interlocutores del entorno socialista (bien del PSE-PSOE, bien mediadores internacionales, bien de ambos).

 

7.- El nacionalismo vasco y el crecimiento económico de Euskadi van de la mano, ¿a qué se debe?

La “construcción nacional” se desarrolla en diversos ámbitos: el de las instituciones, la cultura, la educación, el de las costumbres y, cómo no, en el de la economía.

El PNV se enmarca en una tradición burguesa y demócrata cristiana, que se caracteriza en Europa por la implantación del “estado del bienestar” subsiguiente al término de la Segunda Guerra Mundial, en cierta medida concebido antídoto de experiencias políticas extremistas. Desde la perspectiva nacionalista del PNV, el bienestar económico es fundamental para “hacer nación”, generando de paso clientelas sociales, lo que desmentiría la acusación de inviabilidad de un Estado vasco según sus detractores.

Desde esa perspectiva doctrinaria, y desde el victimismo que les ha caracterizado, se han servido de las peculiaridades forales para su peculiar construcción nacional. Y seguro que algunos se han beneficiado particularmente: siempre ha habido arribistas…

No obstante, discrepo con quienes afirman que el nacionalismo enmascara más que nada los privilegios económicos de una minoría: el nacionalismo tiene suficiente atractivo y consistencia como para subordinar todo a lo identitario. Después, lo que a plazos, ritmos y objetivos intermedios se refiere, dependerá de la variedad doctrinal: posibilista-burguesa, marxista-revolucionaria, culturalista…

 

8.- Háblanos de los regímenes fiscales (cupo...) que disfruta Euskadi.

Se trata de una cuestión que, para no caer en simplismos y tópicos, exige cierto desarrollo. El País Vasco cuenta desde finales del siglo XIX con un régimen económico y fiscal propio: el Concierto Económico. Franco lo abolió al declarar a Guipúzcoa y Vizcaya “provincias rebeldes”. El Estatuto de Autonomía vasco lo recuperó. Álava, por su parte, lo mantuvo siempre. Y las Cortes Generales en 2010 aprobaron su “blindaje”. Mediante el “cupo”, el País Vasco aporta al Estado una contribución, actualmente es del 6,24% del gasto del Estado, en función del peso de la economía vasca en el PIB español calculado en su día, en concepto de los gastos generales que el Estado asume por las competencias no transferidas, como Defensa, Casa Real, Exteriores, mantenimiento de las instituciones comunes (Congreso, Senado, ministerios), e infraestructuras (puertos, aeropuertos, Alta Velocidad). La vigencia del actual cupo vasco expiró el 31 de enero de 2011. El caso navarro es similar. Así, ambas comunidades tienen competencias para aprobar normativa fiscal en casi todos los impuestos; caso del IRPF, Impuesto Sociedades. Al Estado español corresponde el IVA y los impuestos especiales. Para ello, las diputaciones provinciales son las encargadas de recaudar directamente todos los impuestos. Y la inspección fiscal no corresponde a la Agencia Tributaria española sino a instituciones análogas de ambas Comunidades. Gobierno Vasco y central discrepan a la hora de liquidar cuentas. En la actualidad, el vasco reclama 500 millones de euros, fundamentalmente por el dinero destinado a sufragar la Ley de Dependencia; además quiere incluir tributos recientes (los de loterías e impuestos energéticos).

¿Por qué se afirma que este régimen es un privilegio? 1) La mayoría de economistas aseguran que el País Vasco se ha beneficiado históricamente de una presión fiscal menor. Por ejemplo, la presión fiscal, especialmente en IRPF, es menor en el País Vasco que en el resto de España. Además, existen exenciones, como la de compra de vivienda, que se mantienen en el País Vasco, mientras que en el resto se han suprimido.

2) Se aplican tipos reales menores en la liquidación del Impuesto de Sociedades y mayores ayudas del Gobierno vasco para las empresas.

3) Se afirma, lo que es base para lo anterior, que la cantidad de recursos públicos por habitante que gestionan las instituciones vascas es superior a los del resto de España.

Veamos esta cuestión El importe del “cupo” del País Vasco no depende de sus ingresos, sino de los gastos que tiene el Estado. Por ello, en los años económicamente buenos obtiene mayores ingresos, de modo que las administraciones vascas tienen más dinero para gasto/inversión por habitante. Únicamente, de producirse una caída muy fuerte en su economía, es decir, mayor que en el resto del estado, el sistema del cupo pudiera devenir  desventajosa para el País Vasco.

 

9.- ¿Es posible la solidaridad y la igualdad entre las distintas regiones de España existiendo el nacionalismo?

El actual contexto legal y político lo dificulta en extremo. Depende, estrictamente, de la voluntad política de sus detractores. Pero el nacionalismo no se conforma con nada: “hasta la independencia y más allá”, irónicamente hablando. Entienden cualquier competencia propia y todos sus privilegios, no sólo los de carácter económico, como herramientas de construcción nacional cara a una hipotética secesión.

Para que la solidaridad y la igualdad fueran principios operativos, se precisaría de una firme voluntad política y de los instrumentos legales adecuados a tal fin. Y yo no veo, con los actuales actores, ninguna voluntad al respecto. Es más, ante las tímidas voces que reclaman una reforma constitucional, incluso retomando algunas competencias para fortalecer la identidad y la cohesión nacional, se han levantado acaso otras más poderosas que reclaman ¡más! competencias para las comunidades autonómicas hasta llegar acaso a una confederación…

El PP carece de ambiciones culturales. Y el PSOE está lastrado por un ingenuo e indefinido federalismo que le incapacita para la reforma que precisaría la actual España de las autonomías y nuestra sacrosanta Constitución.

 

10.- Una perspectiva de futuro para España en relación a los nacionalismos.

Si los partidos denominados absurdamente constitucionalistas continúan con este “juego”, si no plantan cara a los nacionalistas, si persisten en no dar la batalla cultural, si no modifican esta Constitución y los desarrollos legales que permiten la existencia de privilegios y desigualdades entre regiones y entre los españoles... si persiste este estado de cosas, el pueblo español lo tiene muy difícil. ¡Hasta el concepto de pueblo español se niega! Únicamente una voluntad firme y continuada en el tiempo podría reconducir a los nacionalismos hacia el bien común. Pero, en las actuales condiciones, el nacionalismo tiene casi imposible cura. Por méritos propios, pero también por vicios ajenos.

Cuestionaro: MCC/partido SAIN Navarra

Responde: Fernando José Vaquero Oroquieta

 

Los errores de Toni Cantó y la prepotencia del régimen

Los errores de Toni Cantó y la prepotencia del régimen

El parlamentario de UPyD Toni Cantó ha protagonizado en los últimos días de febrero, seguramente sin proponérselo, un suceso tan tormentoso como escandaloso. Recordémoslo.

Afirmó el lunes 25 en Twitter que “la mayoría de las denuncias de violencia de género son falsas”. Ante la avalancha de críticas desatada, casi inmediatamente pidió perdón por el mismo medio. El martes volvió a hacerlo en los pasillos del Congreso. Y el miércoles, en la propia Comisión de Igualdad, donde ofreció sus “disculpas” admitiendo un “grave error” al difundir “datos no contrastados”. Pues no, no estamos hablando de un episodio de la Revolución cultural china; esa que tanto admiraron en su juventud no pocos políticos hoy día en el PSOE -incluso en el PP- en la que confesión de culpas, “autocrítica”, y denuncia multitudinaria de los enemigos internos y externos, escenificaban tan peculiar gimnasia revolucionaria. Este reciente evento, de resonancias totalitarias, se ha sufrido… ¡en la democrática España de hoy día! ¿O acaso no lo será tanto?

En cualquier caso, antes que nada, Toni Cantó, con todos los respetos, cometió varios errores.

En primer lugar: plantear tan compleja como estigmatizada cuestión vía Twitter; un medio que limita, por no decir que impide enormemente, la profundidad de cualquier debate. El medio condiciona el mensaje, McLuhan dixit. En éste, dada su mecánica, apenas se facilita la transmisión de mínimas ideas reducidas a pobres anuncios publicitarios: tópicos comunes, imágenes sencillitas, enunciados efectistas, procacidades y provocaciones varias, juicios superficiales… Manifestaciones, en todo caso, distantes de cualquier debate que se pretenda riguroso, con sus elementales exigencias de sosiego, espacio… y respeto.

Esta red social le venía generando, a nuestro protagonista, algo de notoriedad y cierto aire trasgresor en el viciado contexto de la opaca oligarquía política española. Así sucedió, por ejemplo, cuando publicó, también en Twitter, su nómina de parlamentario; allá, a mediados de noviembre pasado. ¡Aires nuevos! ¡Un político original! Pensaban muchos... ¿Seguro?

Erró, en segundo lugar, al entender que saldría indemne tras un paseo por semejante terreno minado: o muy audaz, o un poquito ingenuo. Desatados los demonios, por mucho Twitter con el que intentara recular, ya no era posible ponerse de lado: un simple tuiteo no podía ser medicina suficiente. ¡Debía ser castigado! Focalizado en el punto de mira de las feministas radicales, a Toni Cantó, como a cualquier otro imprudente, sólo le restaba tratar de sobrevivir; pues pelear limpiamente no es posible en desigualdad de condiciones. No en vano, discriminación positiva para las mujeres implica discriminación negativa para los hombres. Y discriminación es sinónimo de desigualdad; salvo en la vulgata del neolenguaje radical-progresista heredero de la dialéctica marxista.

En tercer lugar erró, Toni Cantó, al pedir perdón, rindiéndose casi sin pelear, acaso por consideraciones tácticas; no juzgaremos su intención. Pero hemos visto sus consecuencias. Con tal proceder se desacreditó personal y políticamente. Sumisamente, reconoció su culpas, falta de rigor, desconocimiento de las estadísticas “reales”; dando por buena la propaganda de sus detractores. Y con ello, lo que es más grave: desacreditó la causa alegada, plegándose a lo políticamente correcto.

Este episodio permite, además, extraer algunas conclusiones más generales.

De entrada, no es ninguna temeridad afirmar que se ha escenificado un verdadero linchamiento, hasta el punto de que un líder comunista, el concejal Jorge García Castaño, reclamó ¡el empalamiento del actor! Tampoco es de extrañar: el que tuvo, retuvo. Y ya se sabe lo proclives que han sido siempre los comunistas al exterminio del disidente. En cualquier caso, y dejando a un lado la anécdota comunista, de los tópicos se pasó a los eslóganes propagandísticos. Y a la agresión personal… al menos verbal, de momento.

Segunda constatación. Pese a todo lo dicho, si despejamos el horizonte de tópicos y propaganda ideológica, observamos que ¡no ha habido ningún debate! Se ha desarrollado, por contra, un juicio político en el que el acusado apenas se ha manifestado: eso sí, muy moderno y virtual; al uso de los tiempos. Tal ha sido la secuencia de hechos: unas ideas torpemente desarrolladas en un medio inadecuado han desatado un alud de pseudoargumentos, escenificándose un verdadero juicio mediático y –cómo no- en sede parlamentaria.

Veamos un ejemplo de esas ideas torpemente enunciadas por Toni Cantó. Pese a su inicial afirmación, de que la mayoría de las denuncias por malos tratos serían falsas, con su retirada ha dado por buena la afirmación de que únicamente un 0’01 % de las mismas lo serían. Así, según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2012, en base a los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, el número de denuncias falsas por violencia de género apenas habría ascendido a 19 en 2011; un 0’0141% de un total de 134.002. Sigamos con más estadísticas “oficiales”. En todos los órganos competentes en España en el ámbito de la violencia de género (Juzgados de Violencia sobre la Mujer, Juzgados de lo Penal y Audiencias Provinciales) se dictaron 52.294 sentencias penales. De ellas, el 60% fueron condenatorias (31.403) y el 40% absolutorias (20.891). Ello quiere decir que 81.708 denuncias no llegaron a juicio. Sumadas a las anteriores esas 20.891 que resultaron absolutorias, un total de 102.599 denuncias o bien eran falsas, o no pudo acreditarse la culpabilidad del supuesto agresor. Pero, dada la totalitaria inversión de la carga de la prueba contemplada legalmente en este tipo de procesos, o bien fiscales y policía son una pandilla de inútiles en sus labores de esclarecimiento del delito… o habrá que considerar que al menos en un porcentaje significativo, difícilmente cuantificable, concurre falsedad; sea cual sea su motivación (patología mental de la mujer, táctica procesal, ánimo de venganza, etc.).

Frente al efectismo argumental –aparentemente contundente- de ese apenas 0’0141% acreditado como falsedad, y ante el silencio del propio Toni Cantó, hay que explicar también que las cosas no son como parecen: no es una simple cuestión estadística. Si un varón es objeto de una denuncia “de género”, ni el Juez ni la Fiscalía  actuarán de oficio contra la denunciante de verificarse la inconsistencia o falsedad de la acusación en cualquiera de las fases del proceso. El varón, por su parte, sufrirá ineludiblemente diversas vicisitudes: detención policial, expulsión del domicilio, estigmatización social, acaso la pérdida de trabajo, búsqueda de nueva residencia, una previsible ruptura –o gravísimo deterioro-de los vínculos paterno-filiales, desfile por “puntos de encuentro” y ante inquisitivos “profesionales”... Así, ante la tortura mental y física que tal calvario comporta, el denunciado se verá tentado -¡heroico sería exigir lo contrario!- a renunciar, a rendirse. El “cuerpo” reclama un espacio: rehacerse, sobrevivir. Que son dos días. Pero no sólo es la dinámica propia de la naturaleza humana la que le llevará a esa renuncia. Serán los mecanismos sociales y judiciales, a diario tensados por abogados, policías, familiares, incluso militantes de las asociaciones de padres separados, quienes le empujarán en esa dirección: cuídate, vive, disfruta lo que te queda, rehaz tu vida... Además, ¿cómo mantener esa travesía del desierto procesal sin apenas dinero ni apoyos?

En suma: dada la modalidad mediática empleada por Cantó, su inmediata rendición, y la explosión mediática reconvertida en proceso inquisitorial, ni Toni Cantó, ni nadie más en el ámbito del Parlamento y los mayoritarios medios de comunicación, nadie, repetimos, nadie ha desarrollado un mínimo intercambio de argumentos. ¡No ha habido debate! ¡No se ha permitido! Pero sí se han desbordado ríos de demagogia de tintes totalitarios; autodefensa oligárquica, excluyente y anticientífica, que en nombre de la justicia, la libertad y la igualdad, las asesinan una y otra vez con su prepotencia. Así es el régimen: fuerte con los débiles; débil con los fuertes.

Se ha evidenciado, con tales mañas, una sorprendente unanimidad táctica e ideológica. Ante las afirmaciones de Toni Cantó, los valedores del sistema han saltado cuales muelles sometidos a extrema presión: ¡no se puede permitir tamaña disidencia!, ¡no es admisible discrepancia alguna! De tal modo se han comportado los políticos de TODOS los partidos, periodistas, los portavoces diversos del mundo judicial y, cómo no, la punta de lanza del movimiento ultrafeminista. Nos referimos, con este último, a esas 50 asociaciones –reales o ficticias- que monopolizan la “verdad sobre las mujeres” y que han logrado imponer, con sus acomplejados compañeros de viaje, una agenda de discriminación positiva; tan antidemocrática como segregadora. Entidades, recordemos, que viven casi exclusivamente de las subvenciones públicas y el sufrimiento de decenas de miles de “usuarios” forzosos de sus “servicios”; en su mayoría, menores de edad.

Y, de nuevo, el Partido Popular -sumado mansamente a lo políticamente correcto y su ideología de género radical-progresista- ha traicionado promesas y electorado. La custodia compartida, la efectiva igualdad entre hombres y mujeres, la purificación de los viciados mecanismos que favorecen las denuncias falsas, la eliminación del antidemocrático tráfico de subvenciones clientelares… pueden seguir esperando.

El “incidente Toni Cantó” ha acreditado la mala, malísima, salud del pomposamente denominado sistema democrático. Un sistema ajeno al pueblo, oligárquico, unánime en sus intereses reales, corrupto en sus medios, hipócrita y moralista, carente de cualquier ética o atisbo moral. ¿Qué une, entonces, a tan variopintos personajes de la escena política, judicial y mediática española? Pues su ánimo de beneficio crematístico –particular y de secta-, aferrándose a cualquier precio al poder. Y una mínima ideología común: la de “género” y demás dogmas de lo políticamente correcto.

Una socialdemocracia de derecha (el Partido Popular) y una socialdemocracia de izquierdas (PSOE y similares), atendiendo no pocas órdenes procedentes del exterior, controlan, por medio de una corrupción generalizada, los mecanismos de poder políticos, culturales, mediáticos, judiciales y económicos de este país. En suma, el régimen permanece cohesionado y tiránico.

Desengañémonos. Aunque hubiera querido, aunque tuviera cualidades para ello, Toni Cantó difícilmente podría haber actuado de modo distinto: habría sido expulsado definitivamente del sistema. Pero, pese a todo y a casi todos, el todavía diputado de UPyD ha logrado aflorar una situación maldita, soterrada y prohibida. Lo que no es poca cosa.

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.diarioya.es/content/los-errores-de-toni-cantó-y-la-prepotencia-del-régimen

http://tradiciondigital.es/2013/03/03/los-errores-de-toni-canto-y-la-prepotencia-del-regimen/

http://www.hispaniainfo.es/web/2013/03/04/los-errores-de-toni-canto-y-la-prepotencia-del-regimen/

Los últimos hijos de León Trotski en España

Los últimos hijos de León Trotski en España

El Sindicato de Estudiantes: facción trotskista protagonista de la movilización radical-progresista

De manera periódica, lo que viene aconteciendo en España a lo largo de las últimas cuatro décadas, una atípica organización -el Sindicato de Estudiantes- recupera cierto protagonismo callejero y mediático. Así, con motivo de diversas movilizaciones desplegadas en el mundo del estudiantado, especialmente en el ámbito de las enseñanzas medias, los portavoces del Sindicato de Estudiantes –quienes rozan la treintena en años en contraste con su casi infantil militancia- nos han bombardeado con sus consignas de siempre: “por una enseñanza pública, laica y de calidad”; “el hijo del obrero, a la universidad”.

El pasado día 16 de octubre de 2012 se reprodujo este fenómeno, amenazando sus indignados dirigentes -solos o en compañía de otros- con perseverar en el tiempo. Motivos no les faltarían. Y de no existir, se los inventarían.

El actual ministro de Educación del Gobierno del Partido Popular, José Ignacio Wert, tan deliciosamente locuaz como siempre, valorando dicha convocatoria huelguística calificó al Sindicato de Estudiantes de “extrema izquierda”. Y ellos respondieron inmediatamente devolviendo la imputación: “extremista, él, que quiere cargarse la enseñanza pública”. Casi nada.

Pero, la afirmación del ministro, ¿corresponde a la realidad? En suma, ¿qué es y de dónde surge el Sindicato de Estudiantes?

 

Origen y breve historia del Sindicato de Estudiantes

El Sindicato de Estudiantes nace en 1986. Y no lo hace desde la nada: tiene un origen muy preciso y unos protagonistas conocidos.

En 1976, una de tantas sectas trotskistas desembarcó en España en misión proselitista. Recaló en Vitoria, donde aterrizaron varios propagandistas ingleses del grupo Militant con el galés Alan Woods a la cabeza; una facción que trataba de hacer fortuna infiltrándose entre las bases del Partido Laborista. El subsiguiente grupo español de Militant se extendió, poco a poco, por provincias limítrofes; en dura competencia con abertzales y las entonces potentes y ruidosas organizaciones de extrema izquierda, tales como la ORT, el PTE, el MC… Pero no empezó a crecer hasta que los otros grupos de credo trotskista -enfrentados entre sí por esotéricas disquisiciones dialécticas totalmente incomprensibles para profanos y, acaso, para la mayoría de sus sesudos militantes- empezaron a flaquear, encaminándose hacia la dispersión.

Su órgano de prensa era la revista/panfleto Nuevo Claridad, cuya cabecera invocaba, intencionadamente, al Claridad del sector más radical y guerracivilista del PSOE de la Segunda República. Militant/Nuevo Claridad se enmarcaba –y lo sigue haciendo- en la denominada Corriente Marxista Internacional, cuyo ideólogo era el británico Ted Grant. Practicaban el entrismo, es decir, la infiltración en partidos y sindicatos reformistas (todos lo eran salvo ellos mismos, faltaría más), con la finalidad de transformarlos desde dentro en instrumentos revolucionarios. Pero semejante táctica del entrismo, en su día preconizada por el propio Trotski y por otras facciones correligionarias, también era causa de conflicto con el restante universo trotskista, que la descalificaban -¡cómo no!- de desviacionismo, revisionismo y cáncer liquidacionista; los más graves pecados en que puede incurrir todo revolucionario.

Así, inicialmente infiltrados en UGT y PSOE, y una vez localizados, fueron expulsados de esas organizaciones socialistas. Sucesivamente, legalizaron siglas transitorias de conveniencia, como el Comité Socialista de Izquierdas y Ezkerra Marxista (en País Vasco y Navarra). Como buenos luchadores intransigentes, buscaron otros puertos más acogedores: Comisiones Obreras, el mismísimo Partido Comunista de España, Izquierda Unida; donde permanecen hoy día no pocos de ellos.

Como polo de todas sus energías, se convirtieron en fanáticos propagadores de su prensa, rebautizada El Militante al igual que la revista “madre” de su tendencia; también constituyeron la Fundación Federico Engels, para la edición de los “clásicos” marxistas, que a día de hoy oferta un amplísimo catálogo de textos; y se lanzaron a organizar movimientos de masas. Es ahí donde aparece el Sindicato de Estudiantes, fundado en 1986. Y no faltaron, en tan peculiar “larga marcha”, diversas escisiones, como la que en 1994 recuperó el glorioso nombre de Nuevo Claridad para otra enésima facción… ¿trotskista?

Casi cuatro décadas después del evento originario, el Sindicato de Estudiantes sigue presentándose como intransigente defensor de la que definen como enseñanza pública, laica y de calidad, oponiéndose a todas y cuantas reformas se vienen proponiendo desde los sucesivos gobiernos de la nación. Como alternativa a la crítica situación de la enseñanza española, salvo lemas superficiales y facilones, proponen textos como El Estado y la Revolución, de Lenin; El Che, vida de un revolucionario; El Manifiesto Comunista; La Revolución española: 1931-1939; La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el Comunismo, también de Lenin; Reforma o Revolución, de Rosa Luxemburgo, etc. Todos ellos, elaborados y sofisticados instrumentos ideológicos de última generación, como puede observarse.

Pero también ofertan textos modernos, de análogo calibre intelectual, seguramente, y de enunciados siempre positivos y constructivos: No a la Ley de Economía Sostenible; No al Pacto Educativo; No a la Llei d’Educació de Catalunya; El Hijo del obrero a la universidad. NO A BOLONIA.

 

Recuerdos personales

Hagamos un ejercicio de memoria personal… e histórica.

No pocos de quienes superamos cinco décadas de edad, en los años de la Transición sufrimos el entusiasmo proselitista del casi inevitable “amigo” trotsko, quien nos perseguía con la sanísima intención de despertar nuestra conciencia de clase, o contradictorios sentimientos de culpabilidad por pertenecer a una clase represora, en un meritorio intento de captación. Recitaban, para ello, todos y cada uno de los eslóganes de moda en el incomprensible mundillo trotskista, y trataban de convencernos de lo irremediable e inmediato de la Revolución Mundial (con mayúsculas, por supuesto). Para colmo, perseguían que los situáramos con exactitud milimétrica dentro del galimatías de las numerosas siglas y corrientes del trotskismo; y de confundirlas, menudas regañinas... Por entonces, no era improbable toparse con otros propagandistas -también cargados de panfletos, revistas, tochos impresos de calibres inverosímiles- de la LCR, las diversas LC, el PORE, el PST, etc., etc.; trotskistas todos ellos. Y pretendían que descalificáramos y condenáramos a Ernest Mandel, Nahuel Moreno, o Ted Grant -vacas sagradas de los trotskismos todos- con motivo de la última bronca ideológica generada en esos conciliábulos, apenas inteligible, que seguro devendría en decisiva para el avance imparable del proletariado del universo mundial.

Y parecía que se habían extinguido…

Dentro de mi ámbito familiar, tuve la fortuna de conocer a un neófito del Sindicato de Estudiantes de Aragón, casi veinte años después de tan peculiar experiencia con mi amigo trotsko. Se trataba de un inicialmente convencido catequista; posteriormente entusiasta guía scout. Finalmente, fanático militante del Sindicato de Estudiantes, Comisiones Obreras, el PCE… Y con las mismas tácticas: proselitismo insistente, intentos de venta de múltiples revistas y panfletos, repetición machacona de un discurso cerrado y dogmático que no admitía crítica o cuestionamiento alguno... Regreso al pasado. ¡Horror!

 

División ad infinitum, ¿enfermedad infantil del trotskismo?

Las más recalcitrantes de todas esas criaturas españolas de León Trotski, además del caso de El Militante-Sindicato de Estudiantes que aquí tratamos, fueran acaso los últimos militantes de la Liga Comunista Revolucionaria, quienes, fusionados con los análogos del Movimiento Comunista, han reinventado -tras una desesperanzada historia perlada de muchas siglas y publicaciones/pantalla- el partido Izquierda Anticapitalista. Un intento, en suma, de emulación de sus hermanos franceses con su Nuevo Partido Anticapitalista, hijo a su vez de la célebre LCR de Alain Krivine (pero, por favor, ¿quién no ha oído hablar de tan extraordinario faro y guía de las masas revolucionarias?). Y ya que hablamos de antiguos o actuales militantes trotskistas, ¿les suena un tal Jaume Roures? Acaso uno de los más relevantes de tan largo como sorprendente listado.

Así fueron y así persisten, todavía hoy, los trotskos, con su peculiar genética revolucionaria: proselitistas incansables, fanáticos militantes de la causa, divididos y emboscados… Todo ello, en una particularísima aproximación a la dictadura del proletariado, justificando –cuando no ejerciéndola directamente- la violencia política, deslumbrados por el espejismo de la revolución permanente.

Y todos ellos, como autodeclarados legítimos representantes del espíritu originario de la gloriosa Cuarta Internacional que fundara el mismísimo León Trotski en 1938, “excomulgando” a los demás hermanos, pero irreconciliables rivales, a saber: Secretariado Unificado de la IV internacional, Corriente Marxista Internacional, Comité por una Internacional de los Trabajadores, Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional, Unidad Internacional de los Trabajadores, International Socialist Tendency, Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional, Fracción Trotskista-Cuarta Internacional. Organizaciones, todas y cada una de ellas, con sus respectivas secciones nacionales, sus secretariados internacionales, sus órganos de expresión. Y otros grupos nacionales que van por libre… ¡Indigesta y estéril sopa de letras! De ahí ese dicho, fruto de la sabiduría popular: “un trotskista, un propagandista; dos trotskistas, un partido; tres trotskistas, una escisión; cuatro trotskistas, una unificación, dos escisiones y dos abandonos”. Criaturas...

Y el Sindicato de Estudiantes, a lo suyo: captando adolescentes para luego transformarlos en intransigentes y determinados militantes de la causa. Con todo, no parece que tengan mucho éxito…

 

Trotskistas, ¿todavía hoy?

En base de todo lo anteriormente narrado, es correcto afirmar (empleando su propia jerga pseudocientífica) que el Sindicato de Estudiantes no deja de ser una anomalía totalitaria en el contexto de la actual sociedad española.

En el páramo de la juventud española (la mejor formada en la Historia española, según afirman pretenciosamente y sin posibilidad de réplica los budas del sistema) siguen aflorando periódicamente los verdes brotes… del trotskista Sindicato de Estudiantes. Una criatura extraña, en todo caso, y a su modo ajena, a los contravalores imperantes hoy: el individualismo extremo; la superficialidad afectiva; el relativismo moral; la ética de conveniencia; una ignorancia generalizada y camuflada en conocimientos instrumentales de carácter tecnológico; el vacuo estilo de vida destilado en el tan vulgar como simbólico “botellón” de una juventud aburrida, insolidaria y aborregada...

Acaso pueda explicarse semejante anomalía social y estructural por la ausencia, en correspondencia a tan atónico estado juvenil, de un tejido asociativo que encarne los valores “fuertes” imprescindibles para la salud de sujetos y sociedad. No en vano, se diga lo que se diga, y más allá de estadísticas complacientes, apañadas e interesadas, los jóvenes no se movilizan, en general, más que en razón de su estrecho y personal interés. Ante la nada existencial y la carencia de propuestas atractivas: alguien o algo tenía que tratar de ocupar el espacio vacío. En tales circunstancias, al Sindicato de Estudiantes se le presenta una oportunidad…

Concluyamos. El Sindicato de Estudiante es una “organización de masas” gestionada por la facción trotskista El Militante, sección española de la Corriente Marxista Internacional. Es, por tanto, una correa de transmisión de partido. Su objetivo último: la revolución universal. Y, mientras ésta llega, que ya tarda, a captar voluntades mediante la agitación y la propaganda: bien mediante el entrismo en organizaciones en algún modo afines, bien movilizando jóvenes con la voluntad de captar y educar en sus dogmas y disciplinas a los más decididos o sugestionables. Y, aunque transcurren años y más años, y se suceden decepcionadas hornadas de revolucionarios, aunque alejados de la conquista revolucionaria del poder, insisten obcecados en su guerra particular: implacables, decididos, intransigentes... Desde su ideología totalitaria. Con la realidad, o contra ella.

 

Revista de pensamiento Razón Española

Nº 177, enero-febrero-2013, págs. 95 a 99

Nacionalismo y terrorismo

Nacionalismo y terrorismo

Café-tertulia con Movimiento Cultural Cristiano y Partido Sain

Pamplona, 3 de febrero de 2013, 17 horas.

Invitado por los amigos del MCC y del Partido SAIN, mantuvimos un diálogo de casi 3 horas sobre diversas cuestiones asociados al binomio nacionalismo-terrorismo.

Partimos de un breve examen de uno de los mejores textos elaborados en las últimas décadas al respecto. Nos referimos a la Instrucción Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de la Conferencia episcopal católica española, de 22 de noviembre de 2002. Aunque breve y conciso, analiza y enjuicia al terrorismo desde una perspectiva moral. Este texto, para nada superficial, pasó sin pena ni gloria. Así, la sociedad española desperdició una oportunidad de reflexión conjunta; no en vano, se trataba de una invitación al diálogo y a una búsqueda colectiva de soluciones. De hecho, hasta la primavera de 2005 no se conoció una obra que lo estudiara. Nos referimos al libro Terrorismo y nacionalismo, un estudio sistemático de la citada Instrucción pastoral efectuado por diez hombres y mujeres, intelectuales católicos de primera fila, que constituye una de las reflexiones más complejas que se han realizado en las últimas décadas al respecto y que hemos citado aquí en varias ocasiones.

Esta Valoración está estructurada en 44 puntos, calificando al terrorismo como forma específica de violencia armada. Valora como particularmente necesario un juicio del terrorismo, al que define como terror criminal ideológico; calificándolo de «intrínsecamente perverso y nunca justificable» y como «estructura de pecado». Denuncia sus dos efectos más importantes: la extensión sistemática del odio y del miedo. Considera inmoral «toda forma de colaboración» con el mismo. Se remite al «nacionalismo totalitario» como matriz del terrorismo de ETA. En el punto 29 equipara al nacionalismo que pretende la independencia, por encima de todo, con el «individualismo insolidario» de las personas. Afirmando que «La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión», asume la postura del Derecho Internacional y Naciones Unidas al respecto. Por último, propone a la misma Iglesia -dentro de un abanico de medidas orientadas a la conquista de la paz- como instrumento de acompañamiento a las víctimas y de conversión para los terroristas.

Siguiendo el método de preguntas y respuestas, se plantearon numerosas cuestiones, especialmente las relacionadas con la diferencia entre nacionalismo moderado y nacionalismo radical de corte totalitario; la asociación del nacionalismo moderado con los intereses de poder de minorías insolidarias; el límite de la solidaridad, como criterio moral de validez de las pretensiones nacionalistas, etc.

Un diálogo fructífero que acreditó el alto nivel de preparación de los militantes del MCCy el Partido SAIN y su inquebrantable compromiso con la solidaridad y la suerte de los empobrecidos.

¿Hay espacio para un partido a la derecha del PP?

¿Hay espacio para un partido a la derecha del PP?

“El Partido Popular no es su cúpula dirigente, que va cambiando en el tiempo y que los militantes pueden, al menos teóricamente, sustituir por otra. El Partido Popular son sus ochocientos mil afiliados, sus sentimientos, sus convicciones, sus valores y su concepción de la sociedad y de la política. Los que en un determinado momento ocupan la Presidencia, la Secretaría General y los cargos orgánicos más relevantes, no son el Partido ni lo representan necesariamente.

Es más, dependiendo de lo que hagan en el ejercicio de sus responsabilidades pueden entrar en contradicción flagrante con la auténtica naturaleza de la organización que supuestamente encarnan. Un incremento confiscatorio de los impuestos, un pacto con el PSOE para repartirse por cuotas los vocales del Consejo General del Poder Judicial, la excarcelación de un asesino etarra por falsas razones humanitarias, el mantenimiento de una estructura del Estado inviable, ineficiente e insostenible con el único fin de beneficiar a los partidos que viven de ella, una amnistía fiscal inmoral y discriminatoria y una permanente debilidad ante la ofensiva separatista, no son rasgos característicos del Partido Popular, sino que configuran una entidad política distinta y opuesta a lo que la gran formación española de centro-derecha está llamada a defender y articular”.

Este incisivo juicio crítico corresponde a Aleix Vidal-Quadras, de su artículo Gregorio, la voz silenciosa publicado el 24 de enero, en su blog de intereconomia.com, en el contexto de un nuevo aniversario del asesinato por ETA del dirigente popular vasco Gregorio Ordóñez.

Pero, en contra de las noticias difundidas por algunos comentaristas -es el caso de Ricardo Rodríguez, 10 días antes en El Semanal Digital-, para Aleix Vidal-Quadras la alternativa a este indeseable estado de cosas en su partido no pasaría por la escisión o el abandono, sino por dar la batalla interna. Según sus palabras, debe perseguirse “la regeneración mediante el debate interno y la lucha democrática y limpia en el seno del partido hasta que exista congruencia entre los que dirigen y las bases conceptuales, doctrinales y éticas del conjunto de sus miembros”.

Entonces, contando con un diagnóstico certero, ¿cómo articular ese imprescindible cambio? La respuesta la proporcionó el propio Vidal-Quadras el 1 de febrero, en una entrevista concedida a es.Radio, al reclamar un congreso extraordinario en el que los militantes del partido pudieran elegir nuevos dirigentes; propuesta emitida en el contexto del abrumador y asfixiante Bárcenasgate.

Si bien el diagnóstico de la situación puede ser compartido por muchos de los militantes y votantes del Partido Popular, nos preguntamos: ¿acierta con la receta?

El juicio crítico de Vidal-Quadras, siendo certero, no obstante, es algo insuficiente.

Ciertamente, la deriva ideológica del Partido Popular es incuestionable. Partiendo de unas iniciales premisas liberal-conservadoras, teñidas de un descafeinado humanismo cristiano, se ha desplazado en su historia hacia un centrismo de amplia definición teórica y práctica socialdemócrata de gobierno; dando la espalda progresivamente a su electorado identificado con los valores de la derecha social.

Caracterizaría a esa derecha social una defensa de la familia y la vida, del principio de subsidiariedad, del esfuerzo personal y comunitario, de un ejercicio responsable de la libertad individual y colectiva, de la cohesión nacional española, de una postura inequívoca frente al terrorismo, una concepción ética de la vida de raíces cristianas, unas políticas sociales orientadas a la solidaridad, etc.

A las críticas antes citadas, realizadas por Vidal-Quadras a la acción política del PP en los marcos de la economía, el terrorismo, la concepción del Estado, la defensa de la nación española, la corrupción de partidos e instituciones fundamentales del estado, deben añadirse otros ámbitos en los que también puede afirmarse que el Partido Popular ha traicionado a esos votantes situados en la derecha social. Nos referimos al ámbito decisivo para toda sociedad sana y, especialmente, para el futuro de una España envejecida, de la defensa de la vida y de la familia; el incumplimiento de la promesa de una legislación favorable a la custodia compartida; el mantenimiento de las leyes y estructuras impulsoras de los mecanismos perniciosos derivados de la ideología de género; el debilitamiento –todavía más- del sentido y medios del ejército español, etc. Puede afirmarse que no hay ámbito esencial de los intereses más vitales de su electorado que no haya sido ninguneado y traicionado.

Pero, aceptando el diagnóstico, con ciertos matices, ¿es posible la receta?

Tememos que no. De entrada se parte de una mentira: el Partido Popular cuenta, se afirma una y otra vez de manera acríticas, con una base de 800.000 militantes. ¡No es cierto¡ De serlo, no precisaría de una financiación estatal que, según nos hemos enterado este pasado fin de semana, alcanzaría un 95 % de su presupuesto; convirtiéndolo así en un apéndice semiestatal, incapacitado por definición para la profunda reforma que exigen las estructuras estatales de la nación española en la actual crisis.

Propone, hemos visto, un congreso extraordinario. Pero, extraordinario o no, los congresos del Partido Popular se caracterizan –al igual que los del PSOE- por ser dirigidos, reclutados y adoctrinados de “arriba abajo”. La llamada militancia no es tal: se ha convertido en una base de afiliados que, en la mayoría de los casos, ni siquiera abona una cuota económicamente digna; que, en cualquier caso, es ninguneada por las estructuras de poder internos; que carece de instrumentos de participación; que nunca es consultada. Es público y notorio que si alguna persona pretende trabajar en el seno del partido, deberá superar los filtros establecidos por interpretaciones restrictivas de unos estatutos, cambiantes al gusto de su presidente, que se amoldan a los intereses personales y de grupo de las minorías rectoras reclutadas por el método -en absoluto democrático- de la cooptación: lo que cuenta es no destacar, aclamar a los líderes, caerles bien, ser discretos, no “salirse de la foto”, estar cerca.

Desde el fracaso de la UCD, disuelta en 1983 tras la debacle electoral del año anterior, existe, en el mal llamado centro derecha español, un miedo irracional a la existencia de tendencias internas: un miedo, en definitiva al valor de las ideas, a la sana competencia y a la mismísima libertad. Ciertamente, tales destruyeron a la UCD, pero vemos que en otros países democráticos, como es Francia, las tendencias internas son realidades vivas, que generarán o no partidos propios, articulados de alguna manera en torno a la estructura electoral líder de turno, llámese UDF, UMP… Los partidos, y las tendencias internas, van y vienen: nacen, se desarrollan y mueren. Pero la democracia permanece estable y viva. Las tendencias internas y la existencia de partidos de carácter ideológico no es un enemigo de la democracia: todo lo contrario. La democracia es superior a los partidos. Por ello, a causa de esa nefasta práctica contraria, podemos calificar nuestra imperfecta democracia española como partitocrática, respondiendo por tanto a los intereses cortoplacistas de las minorías dirigentes.

La experiencia de la destrucción de la UCD fue negativa, pero desde entonces se ha constituido en una magnífico excusa y coartada a los manejos de unos líderes que hacen y deshacen a su antojo, que nombran sucesores y dirigentes sin rendir cuentas a nadie, que organizan congresos de palmeros más propios de las felizmente extintas “democracias populares” que de una sistema occidental y moderno. No hay circulación de ideas, ni diálogo con la sociedad que no responsa a meras campañas de imagen. Hasta los programas electorales se elaboran “para ganar unas elecciones”; no desde los principios y valores de su electorado. Es significativo, en ese sentido, que los programas electorales sean redactados por gabinetes demoscópicos y de marketing electoral, ajenos al partido, y a espaldas de sus órganos, estructuras sectoriales y territoriales y restante “militancia” partidaria.

En otros países democráticos, determinadas decisiones legales o políticas de carácter polémico, generan actos colectivos de rebelión por cargos electos y militantes: dimisiones, manifiestos, ruedas de prensa, manifestaciones, etc. Lo hemos visto en Francia, en Gran Bretaña, en Italia… Y no pasa nada. La democracia no se quiebra por ello. Los partidos permanecen… Pero en España, apenas pueden contarse con los dedos de una mano quienes han protagonizado actos de rebeldía análogos a los citados ante decisiones injustas. La “militancia” y los cargos electos de los partidos se caracterizan, pues, por el espíritu propio de súbditos y no de ciudadanos; un comportamiento nefasto que es diseñado desde los grupos de poder, pues si algo no desea la clase política de todos los partidos es una militancia exigente, en tensión y que pida cuentas.

Si una sociedad democrática y libre debiera ser conformada activamente por una ciudadanía libre y responsable, la española, al igual que la base de los partidos del sistema, se caracteriza fatalmente por una masa gregaria de súbditos, que renuncia a la libertad y a la responsabilidad, en beneficio de unos gestores de la cosa pública –los políticos- acostumbrados a no rendir cuenta jamás.

Es un hecho que el Partido Popular, en su deriva ideológica, se ha convertido en un partido socialdemócrata de facto, cuya máxima ambición es la rectificación de los desastres económicos provocados por el PSOE, pero sin tocar ninguna de las reformas de cariz totalitario que aplica progresivamente el socialismo desde el poder, en aras de sus proyectos de ingeniería social.

Por todo ello, por esa suma de traiciones a su electorado, por esa aparente cobardía en sus comportamientos, por esa tibieza en sus programas reales, por ese funcionamiento interno anquilosado y oligárquico, el Partido Popular ya no es un instrumento válido para la derecha española. Además, mucho tememos que esas prácticas viciadas que venimos describiendo -y que la crisis desatada por el Bárcenasgate evidencia- han incapacitado a los líderes que supuestamente la representarían, y que en el seno del Partido Popular han perdido espacio y capacidad de decisión casi por completo de manera progresiva en el tiempo.

A partir de 1982, al hundirse la UCD, buena parte de su electorado pudo refugiarse en la entonces derechista Alianza Popular. En su voluntad de conquista del centro político, imprescindible para ganar las elecciones, según afirman los gurús del sistema, el refundado Partido Popular se desplazó ideológica y sociológicamente, convirtiéndose en un apéndice semiestatal acomplejado y timorato, renunciando a sus señas de identidad y a cualquier batalla cultural relevante, conformando una clase dirigente y una militancia distanciadas de la vida real de sus supuestamente representados.

A resultas de este proceso, es evidente que el sector de su electorado, que bien puede seguir denominándose derecha sociológica o social, ha sido secuestrado durante décadas por una clase oligárquica que ha hecho del “mal menor” su amoral criterio último de actuación. Así, este significativo sector social se ha quedado a la intemperie: sin partido ni dirigentes que lo representen y guíen.

La tentación de volverse hacia UPyD -joven partido emergente caracterizado por su defensa de la nación española y del principio de igualdad desde una concepción de izquierda jacobina- se convertiría, de nuevo, en un capítulo más de esa larga historia de claudicaciones de buena parte de los valores y posiciones fácticas de esa derecha social.

Estemos o no en el final de un ciclo histórico, el Partido Popular ya no sirve a buena parte de su electorado natural. No es cuestión de hacer “antipolítica”: todo lo contrario. Si algo reivindica la derecha social es hacer política; pero de verdad. Ante los retos del futuro, es necesario, pues, un partido a la derecha del PP: hay un espacio. Pero, ¿es posible?

http://diarioliberal.com/DL_vaquero.htm 

LA MEJOR VIÑETA DEL SIGLO “Papá, estoy planteándome hacer carrera en el crimen organizado”. - "¿En el gobierno o en el sector privado?" – “Personalmente sugeriría en el gobierno. Nunca acaban en la cárcel”.

LA MEJOR VIÑETA DEL SIGLO “Papá, estoy planteándome hacer carrera en el crimen organizado”. - "¿En el gobierno o en el sector privado?" – “Personalmente sugeriría en el gobierno. Nunca acaban en la cárcel”.

Pequeño balance del libro “La ruta del odio”

Pequeño balance del libro “La ruta del odio”

En el día de San Francisco Javier, 3 de diciembre de 2012, patrón de Navarra, nuestra patria chica, “La ruta del odio” ha superado las 5.000 visitas en su ficha de la web de Editorial SEPHA.

Este nuevo récord en la web de la editorial del infatigable y valiente Gonzalo Sichar, coincide con la noticia de que la edición del libro, salvo unas decenas de ejemplares camino de Argentina, se ha agotado. En breve, por otra parte, estará disponible como e-book.

A la valiente decisión del editor de lanzar el libro -decisión nada fácil, más en tiempos de crisis económica y editorial, y tratándose de un volumen de más de 400 páginas- le sucedió una pequeña campaña de difusión consistente en 5 presentaciones públicas en 4 ciudades (Pamplona, Zaragoza, Madrid, Palencia), 3 entrevistas en canales autonómicos de televisión, otras tantas entrevistas en radios nacionales y locales, una veintena de reseñas en medios digitales y escritos, varias entrevistas en medios escritos y digitales… Y un par de polémicas: desde Gara, que enmarcó el libro en un serial de “investigación”, ejemplo clásico y demencial de conspiranoia; y diversas declaraciones procedentes de las presentaciones públicas difundidas ampliamente en You Tube y numerosos blogs de amplio espectro ideológico y temático.

La vida de los libros es, como vemos, imprevisible y bastante más larga de lo que se presenta inicialmente. Una experiencia enriquecedora, en todo caso.

Hasta aquí hemos llegado, satisfechos con este balance y agradecidos al editor, a los lectores, críticos, libreros, investigadores, y todos los amigos que nos han honrado con su apoyo.

Con todo, en esta aventura hemos echado de menos a algunos amigos periodistas y de ambientes religiosos de lo que, ingenuamente, esperábamos mejor y más amplia recepción a este esfuerzo nacido, en buena medida, desde unas raíces religiosas compartidas. Pero allá cada uno con su conciencia y sus razones. No pasa nada.

Muchas gracias a todos.

http://www.editorialsepha.com/n/len/0/prd/367/la-ruta-del-odio

Malditos entre los olvidados

Malditos entre los olvidados

Falangistas víctimas del terrorismo etarra

La asociación Falange/violencia política suele circunscribirse, por los historiadores, casi exclusivamente a la sufrida a lo largo de la Segunda República española; período en el que nace esta formación y en el que se desenvuelve casi toda su vida política.

La trágica guerra civil subsiguiente, que acabó con el experimento republicano, también puso término a la organización Falange Española de las JONS, formalmente suprimida con el Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 en la pseudo-totalitaria estructura Falange Española Tradicionalista y de las JONS –posteriormente denominada Movimiento Nacional- en la que se encuadraron unos pocos miles de supervivientes de la falange anterior a la guerra, privados además de casi todos sus líderes, y desbordados por otros cientos de miles procedentes de los antiguos partidos derechistas, oportunistas de todo pelaje, fascistizantes frívolos y sin escrúpulos…

Casi cuatro décadas después, diversas organizaciones se reclamaban herederas de la originaria Falange, enzarzándose en estéril batalla en pos de los títulos de la legitimidad, la ortodoxia y las mismísimas siglas fundacionales. Una cuestión irresuelta, ¡todavía hoy!; no en vano, al menos tres pequeñas agrupaciones recogen en su denominación tal referencia.

Una de esas organizaciones, en cierta medida identificada con el Movimiento Nacional, se legalizaría bajo el histórico nombre de Falange Española de las JONS, manteniéndose hasta hoy día. Diferenciada de las otras “falanges” con el adjetivo de “histórica” o “raimundista”, de su franco-falangismo primigenio, y encabezada por Raimundo Fernández Cuesta, hasta la actual liderada por Norberto Pico Sanabria, han sido muchas las vicisitudes sufridas, así como los cambios tácticos experimentados incluso por lo que respecta a tan discutidas referencias tardofranquistas.

Puede afirmarse, con seguridad, que la más numerosa de esas organizaciones, que se reclamaban como legítimas y directas herederas de la original, fue –lo es hoy- la que ha detentado tal denominación a lo largo de este reciente periodo de la historia de España. No obstante, además del baile de militantes de unas a otras organizaciones más o menos afines –practicado con fruición en un sinfín de escisiones, expulsiones, abandonos, etc., tan característico en ese ambiente- contingentes no tan numerosos, como voluntariosos, militaron en las otras organizaciones azules.

En este confuso contexto, de coexistencia de varias “falanges”, se desarrolló un triste y casi olvidado episodio: la persecución etarra/terrorista de los falangistas; y no decimos de “la Falange”, pues en puridad de conceptos, y aún reconociendo que la inmensa mayoría de esas víctimas militaban en la organización de Fernández Cuesta, ¿cómo reconocer como legítima a ninguna de esas facciones, excluyendo a todas las demás, salvo recuperando y tomando partido en tan esotérica confrontación interna?

En un intento de salvar tan injusta desmemoria, fruto en gran medida de los prejuicios y complejos de la vida pública española, y en homenaje al sufrimiento de estos desconocidos “caídos” del falangismo actual, acaba de ser editado el libro Víctimas del silencio. El acoso de ETA a la Falange durante los Años de Plomo (Iván García Vázquez, prólogo de Miguel Argaya Roya, Glyphos Publicaciones, Valladolid, 2012, 168 páginas).

Ciertamente, la adopción de un criterio delimitador de los sujetos del estudio se presenta como una cuestión delicada en todo caso. ¿Únicamente falangistas con carnet de FE de las JONS?, ¿y los afiliados a las otras “falanges”?, ¿y los falangistas sin adscripción?, ¿y los simpatizantes que también lo eran de grupos no azules?, ¿y los franquistas no adscritos a grupo alguno que un día militaron en el Movimiento Nacional? ¿Dónde trazar la línea roja?

Como punto de partida, el joven autor asume como criterio metodológico fundamental, aunque no sea materia pacífica según veíamos, la adscripción material y personal de las víctimas a la organización Falange Española de las JONS; por lo que deja fuera a posibles objetivos terroristas que militaron en otras, tales como Falange Española de las JONS (Auténtica), Partido Nacional Sindicalista - Círculos José Antonio, Falange Española (independiente), y otros grupos menores.

Transcurridas varias décadas desde su asesinato, es muy difícil aproximarse a la subjetividad de aquellas personas, cuando –acaso- incluso sus más próximos ignoraban o desconocían los matices que pudieran haberlos incluido en una u otra categoría. Si la aplicación de un “falangistómetro” siempre ha sido cuestión problemática desde una perspectiva “interna”, en este contexto de muerte y extrema violencia contra los más elementales derechos humanos, se antoja artificiosa; no obstante, el autor tenía que establecer un criterio estructural para su trabajo, salvo que el intento careciera de rigor.

Pero, aunque el autor ha establecido como criterio formal el de “falangista con carnet de FE de las JONS”, también incluye algunas excepciones al mismo. Es el caso de la primera mujer policía asesinada por ETA, María José García Sánchez, hija de un militante de la organización. Acaso se justifique esta excepción como un intento, por parte del autor, de visibilizar el dolor y sufrimiento que el terrorismo generó entre personas de toda clase y condición, incluidos los falangistas; también golpeados cruel e imprevisiblemente.

Ya se deba a la aplicación de ese criterio formal, o a la no disposición de otras fuentes documentales y/o testimoniales de la época, echamos de menos en este libro la referencia a otras víctimas de filiación falangista, en una modalidad u otra, a las que el terrorismo arrebató la vida. Pensamos, por ejemplo, en el guardia civil Ángel Antonio Rivera Navarrón, asesinado en Guernica el 8 de octubre de 1977, vinculado al Círculo Cultural Hispánico, organización netamente falangista de la capital catalana, que así lo recogió en su boletín mensual Nº 18, correspondiente a diciembre de 1997 en reflexivo y contenido homenaje.

Desde la perspectiva de un nivel de práctica terrorista de inferior perfil al referenciado, tampoco se recogen en el libro los diversos incidentes callejeros sufridos por militantes de FE de las JONS y otras organizaciones falangistas, con motivo de la instalación de puestos de propaganda en Bilbao, Pamplona, Vitoria…, agresiones individuales, ataques a equipos de propaganda, tales como colocación de carteles y pegatinas, elaboración de pintadas y murales, etc. Tales agresiones difícilmente pueden ser calificadas como atentados terroristas, salvo que trajéramos a colación el concepto y táctica –algo posterior en el tiempo- de “kale borroka”. Coadyuvantes, en todo caso a los atentados terroristas stricto sensu, tales acciones contribuyeron a la anulación de esos grupos azules; caracterizados por una notable precariedad de medios, pero adornados, eso sí, de las virtudes propias de la militancia falangista más clásica: la capacidad de sacrificio, el ejercicio de la obediencia, la voluntad de servicio, la fidelidad a los principios. Para su cómputo y narración sería imprescindible una investigación testimonial a cargo de sus protagonistas, muchos de ellos ya residentes fuera del País Vasco y Navarra, y alejados de tales organizaciones en su inmensa mayoría. Una labor compleja, ciertamente. Aunque escasamente documentados por los medios de comunicación de la época, fueron muchos los incidentes de esas características. Mencionaremos, a título de ejemplo, la agresión que sufrieron unos militantes de Falanges Juveniles de España y Falange Española (independiente) por los integrantes de una manifestación mientras voceaban periódicos falangistas en una céntrica calle de la ciudad, en Pamplona, según reseñó al día siguiente la Hoja del lunes del 24 de marzo de 1980 y el martes Diario de Navarra, Deia, El pensamiento navarro, Egin y La Gaceta del Norte; tratamiento informativo que evidencia que el incidente alcanzó no poca relevancia en la capital foral.

La vida cotidiana resulto muy difícil en aquellos años para esas decenas de militantes falangistas, en general adolescentes y jóvenes, que mantuvieron erguida la bandera rojinegra en el País Vasco y Navarra. Inmersos en un clima asfixiante dominado por la izquierda abertzale, juzgados por el perverso y extendido “algo habrá hecho”, contemplados con indiferencia o temor por sus vecinos, se enfrentaron a unas dificultades inverosímiles para la inmensa mayoría de sus correligionarios, quienes podían vivir la militancia en unas circunstancias menos amargas. Marginados entre los propios perseguidos por el terrorismo y sus cómplices, en ocasiones con unos padres desconocedores de su militancia o aterrorizados por las temidas consecuencias que de ella podían derivarse, vivieron durante unos años vitales con una espada de Damocles pendiendo sobre sus existencias y condicionándolas: en sus estudios y trabajos, su espectro de relaciones sociales, sus afectos personales…

Ocasionalmente, militantes de otras regiones acudían a mítines celebrados en Bilbao y otras localidades¸ en actitudes no pocas veces tan provocadoras como excéntricas... Pero finalizadas tan gloriosas jornadas, regresaban a sus lugares de origen, dejando huérfanos de apoyos a sus correligionarios vascos y navarros, con sus miedos, temores y... su soledad.

Por ello, a quienes vivieron en ese contexto, puede causar cierto asombro que el autor haya dedicado un capítulo a algunas de las implicaciones vividas por el que fuera Jefe Nacional, Diego Márquez Horrillo, en su calidad de presunto objeto terrorista. Ante el drama del holocausto supremo de unos cuantos militantes falangistas, y el temor cotidiano de quienes sobrevivieron a gravísimos atentados terroristas o a una vida casi imposible por un cierto tiempo, las peripecias narradas por el citado no superan la categoría de anécdota que casi nada aporta. Mejor servicio hubiera prestado explicando, por ejemplo, por qué se ha privado, desde su propia organización, de homenajes y honores a los camaradas caídos. Puede entenderse esa indiferencia desde trincheras ajenas; no es comprensible desde la “Santa Hermandad de la Falange”. Tal vez explique tal incongruencia el prologuista del texto, al afirmar que “… duele, en fin, que la memoria de esos militantes y concejales falangistas haya pasado todos estos años relegada incluso por sus mismos camaradas, seguramente embebidos en esas guerras internas y esa avidez conspirativa que tantos les atraen” (página 9). Acaso, el ejemplo de los antiguos camaradas de Juan Ignacio González -persona de convicciones falangistas, secretario nacional del Frente de la Juventud asesinado en Madrid el 12 de diciembre de 1980 en un atentado todavía no resuelto- en sus servicios de homenaje a su memoria, pudiera señalar un buen ejemplo a seguir por los actuales falangistas.

En otro orden de cosas, causa asombro el empleo por el  autor, y en varias ocasiones, del término “ejecutar”, en lugar del más correcto “asesinar”, al referirse a atentados terroristas que causaron la muerte de sus víctimas. El término “ejecutar” forma parte notoria de ese empleo perverso del lenguaje del que han hecho gala los terroristas, sus cómplices y tantos medios de comunicación perezosos o complacientes durante décadas: en lugar de hablar de un asesinato se referían al mismo calificándolo de “ejecución”. Así, la valoración moral implícita al concepto “asesinato” no sólo se anulaba mediante el empleo del término “ejecución”, sino que a sus autores se les arrogaban funciones semiestatales, elevándolos de categoría, tanto en la naturaleza de la acción, como de la moral. Esta táctica, otra más desplegada desde las multiformes factorías del terrorismo, ha sido progresivamente denunciada desde el entorno de las asociaciones de víctimas del terrorismo, así como por parte de algunos intelectuales, prematura o tardíamente incorporados a tan estimable misión, en un debate que profundiza en las raíces morales del terrorismo y de la propia sociedad que lo sufre.

Respecto a la parte gráfica del libro, debemos calificarla de irregular. Sin duda el autor ha realizado un notable esfuerzo. Pero algunas fotografías, que resultan de gran interés, apenas presentan un tamaño de 2’7 x 4’2 cm., lo que dificulta su visualización. Las fotografías actuales de los lugares donde algunos comandos de ETA se escondieron en Madrid, en un tiempo determinado, mantienen un interés muy secundario; mayor atractivo presentaría, por ejemplo, de tratarse de los lugares donde se consumaron los atentados, o donde reposan los restos de los caídos, en su caso. De las reconstrucciones infográficas de los atentados, que ocupan cinco páginas, es de justicia calificarlas de magníficas.

No por todo ello deben sacarse conclusiones negativas: el libro, debe afirmarse con rotundidad, era necesario, pues afronta una cuestión “maldita”: la de los marginados entre los olvidados. Si era duro ser guardia civil o policía nacional en los “años de plomo”, no era mejor cosa ser acusado de “chivato” o “ultraderechista” por los terroristas y sus cómplices. Por ello es un libro valiente y bien orientado en general, tanto en su metodología, como en el tratamiento de la información recogida. Pero, en aras de la objetividad histórica y de un ejercicio razonable de memoria colectiva, se precisaría de un estudio más completo; acaso enmarcado en el concepto más amplio de violencia política, que engloba el de terrorismo.

En ese sentido, el propio libro marca esa necesaria línea futura, al partir del asesinato del falangista Ramiro Figueroa Ruiz en Valdemoro, por un militante del Partido Comunista de España, el 9 de mayo de 1977; lo que a priori se excluiría desde los límites formales del estudio. Y también refuerza esa línea con el tratamiento de diversos aspectos biográficos de las víctimas, la evolución de sus familiares directos, homenajes que desde cualquier instancia recibieran años después, el tratamiento penal de los terroristas…

Esa voluntad de afrontar la cuestión en su globalidad, si bien no consumada en su actual expresión, se evidencia de nuevo al investigar el capítulo de los atentados contra locales falangistas; táctica de “tierra quemada” desatada contra falangistas y otras presencias “españolas” que los terroristas entendieron incompatibles con su proyecto totalitario. Si bien trata especialmente el caso del atentado con explosivos contra el local falangista de Santoña (Cantabria) el 7 de marzo de 2006, se remonta en su estudio al asalto que sufriera la modesta sede de Falange Española (independiente) de Pamplona en 1978. Asimilable en su materialidad a lo que hoy conocemos como fenómeno de las bajeras juveniles, estuvo ubicada durante casi cuatro años en el bajo de un edificio ya desaparecido de la calle Río Cidacos del barrio de La Milagrosa; circunstancia que, aunque conocida por no pocas personas, se mantenía en una extrema discreción que lindaba en la clandestinidad impuesta por esa realidad hostil a la que antes nos hemos aproximado.

Víctimas del silencio. El acoso de ETA a la Falange durante los Años de Plomo, establece, pues, los vectores imprescindibles de una investigación más amplia que precisa el sano e imprescindible ejercicio de memoria histórica falangista y, por ende, pese a quien pese, española.

 

http://www.hispaniainfo.es/web/2012/11/29/malditos-entre-los-olvidados-falangistas-victimas-del-terrorismo-etarra/