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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Convulsión en el nacionalismo vasco

Convulsión en el nacionalismo vasco

 

Cuando, semana atrás, Arnaldo Otegi anunció, en una comparecencia pública, el proyecto de constitución de un polo soberanista vasco desde la ilegalizada Izquierda Abertzale, no pocos analistas lo acogieron con total escepticismo; valorándolo del todo irrealizable.

 

Ciertamente, dada la situación político-judicial-policial del conjunto del autodenominado MLNV, no parecía fácil el lanzamiento de una nueva operación sociopolítica de “suma de fuerzas”; y más con la pretensión de liderarla.

 

Pero, desde entonces, varios han sido los movimientos desplegados, con decisión y precisión de cirujano, en esa dirección.

 

De entrada, tal proyecto encontró unos inesperados aliados. Nos referimos al sector “oficialista” de Eusko Alkartasuna, la formación socialdemócrata en su día liderada por el ex-lehendakari Carlos Garaikoetxea, decantado tiempo atrás por unas opciones tácticas análogas a la propuesta de Otegi. Ello determinó, en buena medida, la escisión de la tendencia Alkarbide, mayoritaria en el sector guipuzcoano y entre los cargos institucionales, constituyendo un nuevo partido político de corte nacionalista.

 

Eusko Alkartasuna, en sus ya lejanos inicios -allá por 1986- pretendió, nada menos, liderar todo el nacionalismo vasco. Los magníficos resultados iniciales mantuvieron el espejismo durante un tiempo, pero la fuerza de los hechos lo fue desmintiendo, de modo que, progresivamente, fue perdiendo suelo electoral; verificándose que ese prometedor suelo inicial fuera, en realidad, su techo. Y la reciente ruptura de su pacto electoral con el PNV, directa consecuencia de esa rectificación soberanista, verificó una auténtica “huída hacia adelante” que ha desembocado en la presente crisis. Así las cosas, los oficialistas acusan a los escindidos de pretender, en última instancia, regresar al PNV. Alkarbide, por su parte, y sin ocultar su inclinación hacia el PNV, acusa a los actuales detentadores de la sigla histórica de un seguidismo de la Izquierda Abertzale contrario a la más elemental ética política.

 

Lo cierto es que EA se ha quedado sin apenas representación institucional y con una incidencia social y política mínimas; de modo que, salvo la potencial aportación de su sigla como coartada legal del hipotético “polo soberanista”, carece del capital político imprescindible para liderar el actual proceso de redefinición del nacionalismo vasco en su conjunto.

 

También en Ezker Batua, la marca local de Izquierda Unida, sufrieron el fracaso electoral autonómico que les llevó a la pérdida de su cuota en el anterior Gobierno vasco. Así, un sector de la formación se escindió creando Alternatiba Eraikitzen, otro actor más que hace del soberanismo de izquierdas su principal seña de identidad, muy orientado hacia Aralar. Y van… seis formaciones nacionalistas: PNV, EA, Alkarbide, Aralar, Batasuna y Alternatiba.

 

Pero si algo ha reforzado extraordinariamente la ulterior puesta en escena de Otegi, ha sido el indudable éxito electoral, facilitado por el Tribunal Constitucional, de Iniciativa Internacionalista.

 

Repasando someramente los resultados de esa coalición radical a Europa, quedan desmontadas todas las excusas. Nada menos que 115.281, del total de 175.895 votos sumados, los ha cosechado en el País Vasco. Otros 22.985 lo fueron en Navarra. Y del resto, que no llegan a 40.000, unos 16.575 en Cataluña, 3.590 en la Comunidad valenciana, 3.373 en Galicia, etc. Una consideración: en Castilla-León, que aportó buena parte de los nombres de la candidatura desde sus pequeñas formaciones castellanistas, apenas han sumado 4.300 votos. Y, Aragón, pese a su estimable contribución aragonesista, únicamente aportó 941 votos. Está claro, por tanto, que la coalición es, principalmente, una nueva fachada de la Izquierda Abertzale. ¿Se darán por enterados en el Tribunal Constitucional?

 

Doris Benegas, número dos de la candidatura, ha afirmado que “seguirán adelante”. Se refiere, naturalmente, además de proporcionar soporte institucional a la Izquierda Abertzale, a su intento de liderar el debate actual por la reconfiguración del radicalismo de izquierdas en una nueva formación al margen de Izquierda Unida; pudiendo presentar esos 175.895 votos (37.629 fuera del País Vasco y Navarra) como el más contundente aval de su propuesta. De hecho, esos 37.629 votos superan a los de las demás formaciones de ultraizquierda: los 15.203 del estalinista Partido Comunista de los Pueblos de España, los 12.911 del trotskista Partido Obrero Socialista Internacionalista, los 25.243 de la neotrotskista y afrancesada Izquierda Anticapitalista, los apenas 3.507 de la pseudo-secta Unificación Comunista de España.

 

Pero volvamos al nacionalismo vasco, el espacio que nos ocupa, y recordemos sus resultados electorales. El PNV ha recogido 207.040 votos en el País Vasco, un resultado bastante regular, y apenas 3.601 en Navarra. Tan discretos resultados electorales evidencian, al menos, un cierto declive urbano del partido, lo que se suma a la inexistencia actual de un liderazgo fuerte; una de las características históricas que siempre ha presentado el veterano alderdi. Y todo ello a la intemperie, fuera de los despachos gubernamentales y sin pisar moqueta… ¡Qué dura puede llegar a ser la política para algunos!

 

Por su parte, la Coalición Europa de los Pueblos-Verdes, que agrupa a EA y a Aralar, entre otros, sumó apenas 40.963 votos en el País Vasco y 13.922 en Navarra. Si bien han podido afirmar que mantienen su representante en Europa, lo que es cierto, han sufrido un verdadero descalabro, particularmente en la Comunidad Foral. Para justificar tan escasos resultados, sus portavoces han asegurado que sus electores naturales optaron más por la abstención que por Iniciativa Internacionalista; una afirmación totalmente discutible que rechazan sus antiguos camaradas. Pero, en todo caso, bien puede asegurarse que semejante fracaso es la suma de dos crisis: la propia del largo declive de EA, cuya escisión ha optado por votar al PNV, y la incapacidad de Aralar ante la acometida de la que denominan Izquierda Abertzale oficial.

 

Resumamos. El nacionalismo vasco está experimentando, en primer lugar, la lógica convulsión provocada por su pérdida de control del Gobierno vasco. Pero, en segundo lugar, semejante marejada se ha desbordado con la reaparición electoral de la Izquierda Abertzale.

 

Cara al futuro, las seis marcas actuales, ya sea en forma unitaria o en coalición, confluirán en dos polos enfrentados -sin cuartel- por el liderazgo interno del nacionalismo vasco: el del PNV y aliados (Alkarbide), y la Izquierda Abertzale (junto a EA). Aralar y Alternatiba, una vez descartada definitivamente la tan debatida fórmula electoral Euskal Herria Bai -ideada a modo de extensión vascongada de la hasta hace poco exitosa marca Nafarroa Bai- deberán elegir entre la integración en uno de ambos polos o su desaparición; una vez verificada la imposibilidad de una “tercera vía”.

 

Esta ulterior fase de la lucha por la supremacía interna del nacionalismo vasco presenta, de este modo, un escenario tan dramático como novedoso.

 

Diario Liberal, 11 de junio de 2009

¡Abertzales de todos los países, uníos!

¡Abertzales de todos los países, uníos!

¿Qué se esconde tras el fenómeno mediático, judicial y político de la lista a Europa Iniciativa Internacionalista? ¿Es un feliz movimiento táctico más de la izquierda abertzale o hay algo más?

 

1. La cuadratura del círculo

 

Parece mentira, pero hay que reconocerlo: ¡lo han conseguido! Y no sólo haber colado una lista electoral vinculada tácticamente con el autodenominado MLNV, pues estamos hablando de Iniciativa Internacionalista, sino, ante todo, ¡la cuadratura del círculo marxista! Nos referimos a la perfecta simbiosis, aparentemente contraria a todo lógica, de internacionalismo y… nacionalismo. Una polémica ya resuelta desde la praxis, a pesar de los tediosos, obtusos y jamás conclusos debates pseudo-academicistas desarrollados -¿recuerdan? por las tropecientas facciones marxistas, allá por los años 70, en torno a tantos y tantos títulos más o menos similares a Marx, Lenin y la cuestión nacional.

 

Pero, siempre hay que recordarlo, la lógica revolucionaria, marxista en definitiva, no es la lógica filosófica clásica ni, mucho menos, la simplemente común; incluso aunque muchos marxistas, aparentemente, ya pasen del Marx clásico y, en teoría, del mismísimo Lenin. La lógica revolucionaria de la extrema izquierda –y de otras izquierdas- se apoya en la dialéctica marxista. Ya saben: todo aquello de tesis, antítesis, síntesis; que puede derivar, sin sonrojo intelectual alguno, en la conciliación de los contrarios: la cuadratura del círculo.

 

La lógica revolucionaria únicamente se debe a la verdad revolucionaria, de modo que todo lo que suponga un avance para la causa revolucionaria es válido, y cuanto se le oponga, un obstáculo a eliminar. Verdad y mentira, desde esta perspectiva, devienen en categorías totalmente relativas y susceptibles de usos, manipulaciones, alteraciones; siempre, en aras del ideal revolucionario. Por ello, un día, desde ese tinglado electoral se puede rechazar la violencia terrorista –la lucha armada, la siguen denominando sin rubor alguno- y, al día siguiente, negarse a condenarla por considerarla inútil y un simplismo. ¿Mienten, acaso se contradicen? Para nada. ¡Sólo mienten los reaccionarios! Si se mira la realidad desde su peculiar óptica, mentir o ser veraces son actitudes totalmente secundarias en aras de los objetivos de su totalitaria cosmovisión. La verdad es lo apropiado… en el momento histórico concreto; siempre de cara al fin grandioso de la Revolución. En el marxismo, desde siempre, las cosas no siempre son lo que parecen ser…

 

Y es que, a los todavía partidarios en España de la “revolución pendiente”, los encontramos en esa nebulosa de las extremas izquierdas ibéricas. Una constelación de las de agárrate que vienen curvas; pues si tratas de seguirle el rastro, puedes como poco marearte…

 

Pero el mérito de la polémica y notoriedad mediática alcanzadas, realmente, no es de Iniciativa Internacionalista, ni siquiera de la torpe respuesta del Estado español, sino de la organización-tótem de todos los Alfonsos Sastres del mundo entero. Nos referimos, sin duda, a ETA y su MLNV.

 

2. La naturaleza de ETA y su MLNV

 

En ETA, marxismo y nacionalismo se funden en una nueva teoría y práctica, en una organización de nuevo cuño expresión de un modelo totalitario de vida; una incipiente nueva sociedad que avanza consolidando espacios de poder abertzale. Dos pasos adelante, un paso atrás.

 

ETA nació en el seno del nacionalismo vasco, del que nunca se desprendió, desarrollándose en unas etapas históricas muy concretas: los últimos lustros del franquismo y la actual democracia española. Unas décadas de sorprendente y rapidísima transmutación cultural y social que afectó a todos los estratos de la sociedad, desembocando en un recambio radical de los valores vigentes.

 

Nacionalista radical y nominalmente católica, en sus orígenes, ETA hará propias diversas novedades ideológicas procedentes de ciertas lecturas del marxismo y del discurso “antisistema”. Así, progresivamente y marchando al ritmo de la historia, se consolidará y arraigará profundamente en las sociedades vasca y navarra.

 

Pero, aunque su nacionalismo sea muy distinto al de sus mayores, continuará siendo, ante todo, eso: un nacionalismo radical fundido con diversos ingredientes marxistas en una atractiva mixtura revolucionaria antisistema, que edificará una novedosa estructura socio-político-militar que poco a poco consolidará diversos espacios físicos de contrapoder. Vamos, toda una organización de planta totalitaria que resultará muy atractiva a muchos revolucionarios de todo el mundo y, en concreto a no pocos españoles que verán en ETA y su MLNV el modelo a seguir.

 

Las razones que han permitido la supervivencia de ETA, y que ésta pueda llegar a jugar un papel político relevante en la España de hoy, son dos: un movimiento social vivo alimentado por el nacionalismo preexistente; y un Estado en buena medida inhibido, lo que le ha facilitado el desarrollo de unos espacios propios en la vida pública, que otros han intentado imitar a pequeña escala.

 

También debemos señalar que bien puede hablarse de la existencia de diversas complicidades externas en algunas etapas de su historia. En los últimos años del franquismo, diversos sectores de la izquierda la admiraban sin disimulo; no en vano ETA era, de todas ellas, la organización más “decidida”. El mito sobrevivió durante años; de modo que esos intelectuales, y demás izquierdistas complacientes, tardaron muchísimo –y no todos- en realizar una autocrítica que no todos asumieron. Así, Eva Forest, fallecida el 19 de mayo de 2007, y Alfonso Sastre, cabeza de lista de Iniciativa Internacionalista, fueron, acaso, dos de los recalcitrantes más representativos de esa especie; afincándose en Euskadi, incluso. Y todo ello a pesar de que, muy pronto, pudo concluirse que ETA no se disolvería con la instauración de la democracia “española y burguesa”: no en vano, su objetivo no era tanto la caída del franquismo, como la implantación simultánea de la independencia y el socialismo en el País Vasco y Navarra. Y siguen en ello; junto a todos los que, de un modo u otro, se quieran sumar. Estén donde estén.

 

Semejante realidad orgánica, de fuertes lazos comunitarios apoyados en una común ideología y la militancia en múltiples frentes de la vida, generará una red de simpatías y complicidades fuera del País Vasco y Navarra; especialmente en Cataluña. Pero también encontramos núcleos de apoyo a la “causa vasca” en todas las nacionalidades y regiones españolas.

 

Al parecer, y en esta ocasión, el impulso organizativo de la candidatura Iniciativa Internacionalista ha correspondido al grupo Izquierda Castellana, una pequeña y veterana organización nacida al calor y a imitación, en su ámbito territorial, del MLNV. Recordemos, también, el elevado número de votos alcanzado por la primera marca electoral para Europa de Herri Batasuna en su día, si bien el atentado de Hipercor le laminó buena parte de los mismos. Pero, recordemos, el que tuvo, retuvo. Además de esos castellanistas, diversas organizaciones surgieron por toda la geografía española imitando el modelo abertzale; si bien, con desigual fortuna. Nacieron muchas. Se desarrollaron no todas. Murieron bastantes. Y buena parte de las que persistieron, las encontramos en Iniciativa Internacionalista; junto a formaciones marxistas “clásicas”, caso de Corriente Roja.

 

3. La cocina-fusión de Iniciativa Internacionalista

 

Para analizar la composición e ingredientes de la candidatura, repasemos la procedencia de los 25 primeros miembros de la misma.

  1. Alfonso Sastre Salvador. Escritor y dramaturgo. Un histórico de la extrema izquierda afincado en Euskadi.
  2. Doris Benegas Haddad. Veterana dirigente de Izquierda Castellana.
  3. Josep Garganté Closa. Sindicalista del transporte de la anarcosindicalista y posibilista CGT catalana.
  4. Zésar Corella Escario. Fue miembro del Comité Nacional de Chunta Aragonesista. Señalemos que CHA forma parte de otra coalición más moderada.
  5. Ángeles Maestro Martín. Líder de Corriente Roja, una escisión de Izquierda Unida en 2004. Fue dirigente del PCE y diputada por Izquierda Unida.
  6. Xosé Luís Méndez Ferrín. Uno de los mejores poetas vivos en lengua gallega y líder del Frente Popular Galega; grupúsculo independentista a la izquierda del mismísimo BNG.
  7. Juan Ignacio Orengo. De la Comisión Ejecutiva de la Federación del Metal de CC.OO. de Sevilla por el Sector Crítico. Militante de Corriente Roja.
  8. Antonio Sardá Artiles. Militante de la Confederación Intersindical Canaria.
  9. Gloria Pérez Berrocal. Miembro del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.
  10. Alicia Pérez Herranz. Conocida artísticamente como Alicia Hermida. La Valentina de Cuéntame cómo pasó en TVE.
  11. Antonio Nicolás Maira Rodríguez. Director del portal internauta de extrema izquierda Rebelión.org
  12. Jaime Losada Badía. Dramaturgo.
  13. Concepción Bosch Riera. Se presentó en las listas de Barcelona per l’Autodetarminació (BxA) - Federació d’Independents de Catalunya (FIC) en las municipales de 2007.
  14. Celia Camps Pérez.
  15. David Pérez Ramos.
  16. Xan Andrés Carballo Rodríguez. Secretario de Acción Sindical de la Confederación Intersindical Galega y dirigente del Frente Popular Galega.
  17. Mustafa Bachir Mohamed. Del Comité de Empresa de Controlex España y vocal de inmigración de la Asociación de Vecinos de Puente de Vallecas.
  18. Adrián Ruiz Ibáñez. Militante de Cucha Independentista Aragonesa; una escisión radical de CHA.
  19. Guillerma Silva Díaz. Miembro, por Comisiones Obreras, del comité de empresa de Magneti Marelli Electrónica SL. Fue candidata de la coalición GPOR-PST (LVS) –una de tantas sectas trotskistas- al Parlamento Europeo en 1994.
  20. Violeta Benítez Romero. Militante cordobesa de Corriente Roja.
  21. Alfonso Araque Macias. De la comisión Ejecutiva de la sección sindical de CC.OO. de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid.
  22. Luis Nicanor Ocampo Pereira. Secretario general de Izquierda Castellana.
  23. Luna María Fajó Castro. Militante de Chobenalla, grupúsculo radical; antiguas juventudes de la CHA hasta su escisión por considerar al partido-madre demasiado moderado.
  24. María Rocío Mielgo Blanco. Candidata al Senado por Palencia en 2008 por Comuner@s.
  25. José Estrada Cruz. Candidato de Nosaltres Som-Assemblea d’Unitat Popular (N.SOM-AUP) al Ayuntamiento de Tarragona en 2007. Fue concejal del PSUC en Tarragona y secretario general de CC.OO. de la comarca de Tarragonès hasta su expulsión y posterior integración en CGT.

Otras organizaciones que apoyan la candidatura son: Iniciativa Comunista, Lucha Internacionalista, descontentos de Izquierda Unida como la agrupación alicantina de Bigastro, Nova Esquerda Socialista, Endavant, Col·lectiu Republicà Baix Llobregat, etc. Una complicada sopa de letras e individualidades unidas por ¿ETA?

La polémica con la que nació no está zanjada, más allá de la triste sentencia del Tribunal Constitucional que le ha permitido concurrir a estas elecciones europeas, al considerar que los indicios presentados por la Fiscalía no constituían prueba concluyente de su presunta instrumentalización por la banda. Ciertamente, el haber consumado tan compleja suma de personas, tendencias y grupos no es fácil para alguien -o algo- que carezca de autoridad sobre todos ellos. Pero, dada la debilidad orgánica de la banda y el aislamiento político de Batasuna, ¿quién instrumentaliza a quién? Cuanto menos, podemos afirmar que se produce una fusión de intereses: ETA puede participar en unas elecciones, eludiendo la prohibición, y, tal vez, alcanzar un importante altavoz en Europa. Pero, a su vez, esa sopa de grupitos consigue dos cosas que, de no contar con el concurso de ETA, no podían ni imaginar: una bolsa de hasta 150.000 votos, imprescindibles para llegar a Europa, y tratar de capitalizar un debate de la máxima importancia que se viene produciendo últimamente en ese entorno. Nos referimos a un nuevo intento de reformulación del espacio político revolucionario a la izquierda de Izquierda Unida.

 

4. Enésimo intento de reformulación de las extremas izquierdas

 

En unas ocasiones dentro, y en otras fuera, de Izquierda Unida, existe una galaxia de grupos y grupitos de la extrema izquierda que cubren un colorista arco iris: desde antiguos trotskistas, pasando por maoístas, pro-soviéticos, anarco-comunistas, ecosocialistas, feministas radicales, rojos, rojísimos e hiperrojos, etc., etc. Se mueven como formaciones políticas, pero también en todo tipo de asociaciones y plataformas solidarias con las más variadas causas: desde la lucha antinuclear, hasta el impulso al neosocialismo indigenista hoy en boga por América Latina. Se unen, se dividen, se coaligan, se escinden, desaparecen… Son cientos de siglas de todo tipo. Su vida se resume en aquel dicho, tan mentado años atrás: “un trotskista, un partido; dos trotskistas, una escisión”. ¡Criaturas!: son así, y no pueden evitarlo.

 

Por cierto, entre tal cantidad de siglas y tendencias, ¿no han advertido una ausencia? Efectivamente: no hablamos de pacifistas. De hecho, es algo que les une a todos ellos: la violencia puede ser legítima. Así, jamás condenarán el Gulag, ni las matanzas de la Revolución Cultural china, ni el terrorismo de extrema izquierda. Si quieren encontrar ustedes propuestas supuestamente pacifistas, búsquenlas en otras listas, como Europa de los Pueblos-Verdes, en la que recalan históricas siglas de otra “nueva izquierda”, como Aralar, BNG, EA, ERC, CHA, etc.

 

Volvamos a quienes nos ocupan. No pocos de los militantes de esa colorista y heterogénea galaxia lo hacen simultáneamente en Izquierda Unida; en Comisiones Obreras, en otras centrales sindicales de izquierda y nacionalistas; en organizaciones vecinales; en ONG’s, grupos ecologistas y antinucleares; como okupas... y lo que haga falta.

 

Forman, en definitiva, una compleja red, muy presente también en Internet, difícilmente accesible e inteligible, en sus debates y lugares comunes, para un profano ajeno.

 

Uno de sus objetivos siempre presente, aunque hasta ahora demorado, además de “hacer la revolución” a la que jamás han renunciado, es la “unidad” de  la izquierda radical; con o sin Izquierda Unida.

 

Y en ello estaban, entre otras muchas cosas, cuando Iniciativa Internacionalista se formó en competencia con otras listas radicales a Europa; todas ellas tratando de situarse las primeras en el desfile.

 

Veamos las más significativas:

 

-          Unificación Comunista de España. Peculiar grupúsculo inicialmente maoísta capaz de coquetear, en algún momento de su historia, con Izquierda Unida, el Foro de Ermua… ¡y el partido de Rosa Díez! No podrán contar con ellos, siempre prestos a cualquier pirueta imprevisible. Hipercríticos con ETA y partidarios de la unión nacional española. Se les ha acusado de secta. Raros, muy raros.

-          Partido Comunista de los Pueblos de España. Lo que queda de la antigua escisión pro-soviética de Ignacio Gallego, de 1983, del Partido Comunista de España cuando éste, de la mano de Santiago Carrillo, se apuntó al efímero “eurocomunismo” marcando distancias con la todavía exultante Unión Soviética. Son pocos, pero dan guerra. Y permanecen en pie a la espera de una ocasión.

-          Izquierda Anticapitalista. Fórmula electoral de los ancianos neotrotskistas herederos de la LCR y el MCE; imitadores del sorprendente  resurgir francés de la extrema izquierda de la mano del Nuevo Partido Anticapitalista, de Olivier Besancenot, descendiente directo de la histórica LCR gala.

 

El sueño de todos ellos, y de otros tantos que ni siquiera participan en alguna de tales listas, sería la unidad, la confluencia en un único proyecto revolucionario; pero liderándolo. ¡Hay que reconquistar el Palacio de Invierno! Pero ni lo han conseguido hasta ahora, ni lo harán jamás.

 

Arrastran demasiadas historias de enfrentamientos sectarios, diferencias ideológicas, desafectos personales, rivalidades organizativas, puñaladas traperas, fidelidades inquebrantables… Con sus limitaciones, y en ocasiones sorprendentes capacidades, ahí están y seguirán. Y todos quieren arrimar el ascua a su sardina. Por ello, nunca podrán todos ellos confluir en una única plataforma. Pero los más decididos, los más capaces y audaces, tal vez puedan aglutinar a un buen número de ellos...

 

Todas esas listas electorales son expresiones tácticas de los diversos movimientos producidos en esa dirección. De los resultados alcanzados se derivarán posiciones de fuerza y autoridad en esa área que les harán valer frente a los rivales; se juegan el liderazgo de ese espacio en ebullición. No conseguirán unirse, pero lo seguirán intentando: está en el código genético… de su ideología.

 

5. Conclusiones

 

Tras este recorrido, se imponen unas breves conclusiones.

 

-          Iniciativa Internacionalista es un fruto táctico de la atracción ejercida por ETA y su MLNV en un sector de la extrema izquierda española.

-          Los beneficios de la operación se reparten tanto entre ETA, como entre sus simpatizantes neocomunistas españoles.

-          Iniciativa Internacionalista ha metido un gol al Estado español. De conseguir un escaño, proporcionará un importante altavoz a ETA; lo que supone un retroceso en la lucha antiterrorista y la pérdida de prestigio internacional de España.

-          Iniciativa Internacionalista pretende, además, liderar el proceso de redefinición de las extremas izquierdas ibéricas en un momento en el que varios candidatos aspiran a encabezar una alternativa radical con/frente Izquierda Unida.

 

En resumen, si Pamplona es la Jerusalém de los vascos, que decía Otegi, Euskadi es paraíso terrenal de los abertzales de todo el mundo. De tantos y tan paradójicos internacionalistas/nacionalistas. La revolución pendiente en marcha. La revancha de las nacionalidades proletarias. La aurora. La cuadratura del círculo. Ni más ni menos.

 

Revista digital Arbil, número 121, mayo de 2009

¿Existe un voto masculinista?

¿Existe un voto masculinista?


Enrique González, presidente de una desconocida Asociación de Hombres Maltratados y por la Custodia Compartida de Castilla León, ha reclamado el voto, cara las próximas elecciones europeas del 7 de junio, para la formación ultraderechista Democracia Nacional. Tras haberse entrevistado con diversos partidos políticos, entiende que se trata del “único partido capaz de enfrentarse a lo políticamente correcto y plantar cara a una legislación feminista que está vulnerando no ya el principio constitucional de igualdad ante la ley, si no que está vulnerando los derechos más básicos del ser humano. Con la actual legislación miles de hombres son arrestados e incluso encarcelados sin más pruebas que la palabra de una mujer, un ordenamiento jurídico propio de la Rusia Soviética”.

Prescindiendo de tan discutible petición de voto, ¿es veraz la situación que denuncia, o se trata de un grosero ejercicio de demagogia? Pues que se lo pregunten a los cientos de miles de varones españoles denunciados falsamente, en el entorno de una separación contenciosa, y a todos los millones a los que se ha reducido, sistemáticamente, a la condición de meros visitantes de sus hijos. Algo de razón no le falta…

Pero, aunque Enrique González haya llegado a tan polémicas conclusiones desde un doloroso itinerario personal, no podemos compartir su petición, pues, además de totalmente errado, proporciona fáciles y demagógicos argumentos a cuantos niegan la existencia de un gravísimo problema: la escisión sexista de la sociedad española, impulsada desde la ideología de género encaramada en el poder, que convierte a los hombres en ciudadanos de segunda. Sin voz, pero ¿con voto?

En semejantes circunstancias, ya que hablamos de partidos, el PSOE es parte interesada; y mucho. Por lo que respecta al Partido Popular, y demás formaciones con representación institucional, ante el drama silencioso y silenciado de cientos de miles de varones machacados, acaso la palabra que mejor defina su actitud sea la de indiferencia. Pero esta dolorosa constatación no implica entregar tan honorable y plural causa en manos de un partido tan impresentable como oportunista.

En la política actual, en la que los grandes partidos son, fundamentalmente, macrooficinas electorales movidas a golpe de escrutinio demoscópico, la modalidad colectiva de acción política más efectiva, guste o no guste, se reconozca o no, es la del lobby. Indudablemente, uno de los más potentes hoy día, a escala planetaria, es el feminista: omnipresente, triunfante, mediático, ingrediente decisivo de lo “políticamente correcto” y… principal estructura ideológica del PSOE y demás izquierda autodenominada progresista.

Para llegar a ello, las feministas y sus aliados han trabajado mucho y muy bien. En sus inicios pudieron parecer unas iluminadas excéntricas, pero supieron teñir, con sus propuestas y perspectiva de la vida, la ideología del 68; síntesis de todas las izquierdas actuales y pensamiento transversal hoy dominante. Caído el muro de Berlín, deshechos los comunismos, con una socialdemocracia clásica desorientada, la “nueva izquierda” se sexualizó, entregándose en cuerpo y alma al feminismo más radical; sustituyendo la lucha de clases por la de los sexos. Ya no serían los poderes fácticos y la burguesía los enemigos a batir, sino la familia “tradicional” y el “macho dominante”. Han triunfado: hoy día el feminismo determina lo políticamente correcto, modelando conciencias, sirviéndose de múltiples instrumentos para la consolidación de su programa. ¡Ay de cuantos enemigos se crucen en su camino! La nueva Inquisición feminazi los identificará, estigmatizará, criminalizará y… eliminará, al menos “civilmente”.

No es de extrañar que Enrique González adopte una decisión que bien puede calificarse de desesperada, incomprensible e inadecuada. Así las cosas, era inevitable que desde algunas entidades partidarias de la custodia compartida se elevaran durísimas voces marcando las distancias y desautorizándolo. Ya lo han hecho; afortunadamente.

Son millones los hombres divorciados. Cientos de miles los expoliados económicamente; los denunciados falsamente; los privados del calor de sus hijos. Sin embargo, en su inmensa mayoría, están solos. Tampoco se movilizan colectivamente. Ni tienen conciencia de ser unas víctimas más de estructuras y prácticas injustas. Valoran la actual situación, personal y social, como una batalla que les desborda y que, para sobrevivir, hay que eludir en la medida de lo posible. No en vano, la disidencia frente al actual Régimen, seas hombre o mujer, implica enfrentarse a todos los resortes de poder desplegados por las feminazis, lo que garantiza una vida de sobresaltos, disgustos, silencios e incomprensiones.

La manifestación de Enrique González no es fruto de una deliberación colectiva. No es el resultado de una estrategia y una táctica elaboradas coherentemente por un colectivo. Sin embargo, no le faltan destellos de cierto sentido común. En realidad viene a proponer lo siguiente: si los hombres criminalizados se unieran, y formaran una bolsa electoral de cientos de miles de votos, las cosas podrían empezar a cambiar. Por ejemplo: negociando con un partido representativo, determinadas políticas sociales y judiciales. Sí, moviéndose como un verdadero lobby. ¿No lo vienen haciendo así, desde hace decenios, las feministas radicales? O, por el contrario, retirándole su voto y propugnando la abstención; lo que incluso podría hacerle perder una convocatoria electoral.

Pero los hombres separados y maltratados no están unidos, escasamente asociados, nada concienciados.

No obstante, existe un incipiente tejido asociativo “masculinista”, por llamarlo de alguna manera, en estado embrionario, que, en lucha por los derechos de los hijos y de los padres, busca una nueva imagen y corporeidad del factor masculino. Sin embargo, ya lo decíamos, los hombres son menos tendentes a asociarse que las mujeres. Por otra parte, la tentación más lógica, ante una debacle íntima, es la salida personal; sobrevivir, restaurar una situación soportable y punto. Y tratar de olvidar el dolor sufrido. Opciones muy legítimas, por otra parte. Pero, en una sociedad con crecientes mecanismos totalitarios, las salidas personales son en muchos casos poco factibles y, tal vez, poco duraderas.

Un hombre que afirme su masculinidad y trate de defender sus derechos, aquí y ahora, siempre será sospechoso: de brutal maltratador, explotador sin escrúpulos, machista autoritario, patriarcal recalcitrante…, y, gracias a las habilidades de Enrique González, ¡peligroso “ultra”! Lo que faltaba. Además de todos los sapos que tenemos que tragar, que nos metan en el mismo saco de ultras, xenófobos, violentos, nazis, etc. Por ello, Enrique González, quien seguramente se ha movido desde la honradez y el dolor, ha realizado un flaco servicio a la causa de los hombres separados y maltratados; la de la custodia compartida; la de los derechos integrales de los hijos; la de la igualdad legal efectiva de hombres y mujeres. Y una pregunta final. Las anteriores causas, ¿tienen algo en común con una ultraderecha racista y violenta? Todo lo contrario: son incompatibles.

Tiene razón en una cosa: en que es necesario actuar. Y para ello se precisa de líderes, estrategia, tácticas proporcionadas, presencia mediática, instrumentos teóricos… Pero sin un movimiento asociativo fuerte, todo lo anterior es pura retórica.

Esas asociaciones serán –y en cierta medida ya lo son- de todos los colores: de divorciados, de denunciados falsamente, de afectados por el Síndrome de Alineación Parental, de víctimas de errores judiciales; de izquierdas, de derechas y apolíticas; confesionales y laicistas; feministas y masculinistas. Y luego vendrá –tal vez- todo lo demás.

No podemos compartir la opción de Enrique González, pero, bienvenido sea el debate que implícitamente propone… y la vida que debe seguirle.

Diario Liberal, 21 de mayo de 2009

El Partido Popular de Navarra en su laberinto

El Partido Popular de Navarra en su laberinto

Para Partido Popular y PSOE, las próximas elecciones europeas se jugarán en la estrecha franja de unos pocos cientos de miles de votos. De ahí que todas las “bolsas” potenciales cuenten. Una de ellas, sin duda, será la navarra.

 

Hasta la ruptura del pacto UPN/PP, los casi 100.000 votos del centro-derecha navarro –bastantes menos que los cosechados en generales, municipales y forales- se fundían disciplinadamente en el electorado europeo más fiel del Partido Popular. Pero en esta ocasión, en la que cada voto cuenta y mucho, sobre todo si la abstención aumenta, el “granero navarro” del centro-derecha no está en absoluto asegurado. ¿El responsable de ello?: el divorcio UPN/PP.

 

Desde que se consumó la ruptura, en su intento de reimplantación, el Partido Popular viene realizando una constante labor de presencia mediática en Navarra; una comunidad en la que Unión del Pueblo Navarro es un valor político muy seguro.

 

Pero, las consecuencias de ese divorcio –contencioso, para más señas- han sido traumáticas. Y ahora, también para los electores del centro-derecha navarro, está llegando el momento de tan dolorosa elección: con mamá o con papá. No obstante, tan dramática decisión todavía pudiera haberse aplazado un tiempo. Al no concurrir UPN en estas elecciones, el Partido Popular de Navarra (PPN) acaso hubiera podido transitar libremente en su intento de arrastre de la mayor parte de tales votos. Pero, tal pretensión, ¿era realista? No.

 

En UPN los ánimos no están calmados. Y no están por ponerles al PPN las cosas muy fáciles. Las secuelas del divorcio siguen quemando y algunos comportamientos de ciertos dirigentes del renacido Partido Popular de Navarra no han gustado nada allí. Todo lo contrario. Hasta tal punto ha sido así que, pese a la aparente inclinación de la nueva presidenta de UPN, la alcaldesa de Pamplona Yolanda Barcina, en propiciar futuras fórmulas de entendimiento entre ambas formaciones, de momento ha prevalecido el criterio retributivo de un todopoderoso Miguel Sanz: no definirse de manera expresa. De este modo, además de salvar el orgullo propio propinando una sonora bofetada en público a los “desagradecidos”, la formación regionalista no se indispondría particularmente con sus “nuevos” amigos del PSN-PSOE; a quienes en el pacífico transcurrir de su hermosa amistad debe, nada más y nada menos, el mismísimo Gobierno Foral.

 

Pese a tan complejo panorama, el Partido Popular, al menos desde la calle Génova, ha tratado de no pisar callos en su nueva singladura. Por ello eligió como seguro representante navarro en Europa -el 8 de su lista- a un bisoño y desconocido Pablo Zalba; un joven economista que no había militado en UPN.

 

¿Podrá, Pablo Zalba, movilizar al entristecido electorado del centro-derecha navarro y arrastrarlo en las elecciones europeas del 7 de junio? No parece empresa fácil.

 

Ante todo, por tratarse de de un desconocido. Y eso, en Navarra, no es buena cosa; no en vano el tener conocimiento, directo o indirecto, de la persona del candidato en cuestión, siempre ha sido un altísimo valor. En una Navarra en la que “todos nos conocemos”, Pablo Zalba es un desconocido: un jovencito PTV –pamplonés de toda la vida- que no dice nada a casi nadie. Ya sabemos que una campaña mediática de estricto marketing político puede hacer milagros. Pero, en esta ocasión, el PPN con Zalba no podrán contar con ese factor, un tanto informal, tan determinante de la particular sociología práctica electoral navarra. Nos referimos a la red capilar que UPN mantiene en casi cada pueblo y que a la pregunta de “¿a quien vamos a votar?, ¿qué vamos a hacer?”, puede no responder; desmotivando a no pocos supuestos afines.

 

Concurre, además el facto ideológico. Al menos de momento, Pablo Zalba, en sus escasas declaraciones públicas, viene mostrando un perfil ideológico muy bajo; lo que contrasta, por ejemplo, con la línea del senador y coordinador de la gestora refundadora del partido, José Ignacio Palacios, quien acaso intuitivamente, ha tratado de dar un contenido desde los “valores” a sus posicionamientos públicos, en disparidad con una UPN con la que procuraba marcar diferencias.

 

El Partido Popular, seguramente, tendrá que medirse con sus propias fuerzas. Para ello cree contar con un “suelo” electoral desde el que empezar a crecer, según los estudios demoscópicos elaborados en fechas inmediatas al sonado divorcio; pero muy bien tendrá que hacerlo para que tal “suelo” no devenga en “techo”.

 

El Partido Popular se está reconstruyendo despacio, muy despacio, en Navarra. Con todo, las visitas de líderes nacionales ha sido constante: así, entre las últimas, las numerosas de la 14ª reunión de la Unión Intermunicipal Popular, y la muy reciente del presidente popular vasco. Pero, aún siendo actuaciones muy interesantes, tales no han sido acompañada por una real implantación de estructuras partidarias. Además, de momento, aunque anunciado desde el divorcio, el congreso fundacional viendo siendo aplazado sine die, dada la inexistencia de un liderazgo evidente. Así, la elección del candidato navarro a Europa ha consumido ad intra muchas de las energías desplegadas por este joven partido que debieran, acaso, haberlo sido ad extra.

                                                                                                                                      

El 7 de junio llegará y, después, con el joven Pablo Zalba instalado en Europa, el PPN deberá presentarse unido, laborioso y ¡realista! en su nueva singladura. Y deberá eludir el riesgo de que la mayor parte de sus esfuerzos se pierda en nuevas batallas internas: por ejemplo, la elaboración de las siguientes listas electorales.

 

Al Partido Popular se le presenta, tal vez, una penosa travesía por el desierto. Cuenta, de entrada, con un cierto “suelo” en la intención de voto foral, parece ser; pero en política nada es eterno. Sobre todo, si no se trabaja bien.

 

Un partido político moderno en nuestro contexto occidental, es fruto ante todo del marketing. Pero en Navarra, en la que los lazos comunitarios pesan mucho, las cosas no son tan sencillas. Por ello, y si quiere tener un futuro, deberá trabajar por sus ideales en el día a día, creando estructuras partidarias, dialogando con las realidades vivas afines, presentando batalla en el mundo de la cultura, participando en los movimientos cívicos de la derecha social navarra, dando la cara en los medios de comunicación... No basta con el marketing, insistimos. En este contexto existe otro riesgo evidente que el PPN deberá eludir: el convertirse en una UPN bis de análogo espectro electoral, dirigido al mismo paisanaje, con semejantes mensajes e inquietudes, con similar contenido ideológico light. Un partido, en definitivo, sin una identidad neta.

 

En estas elecciones europeas, el Partido Popular de Navarra, sin el concurso de UPN, bien pudiera quedar como la tercera fuerza política en número de votos. Sí, la tercera: por detrás del PSOE y de Europa de los Pueblos-Verdes, la coalición que agrupa a la mayor parte de la panvasquista Nafarroa Bai. En definitiva: un fracaso sin paliativos para el centro-derecha navarro en su conjunto; pues en Europa, diga lo que diga algún cualificado representante de UPN, Navarra también se juega muchas cosas. Cada vez más.

 

No obstante, en política siempre cabe lo imprevisto, de modo que, por ejemplo, si la discutida lista Iniciativa Internacionalista concurre finalmente y recupera buena parte de los votos de la proscrita izquierda abertzale más, acaso, otra porción de los sumados en los últimos años por Aralar (la izquierda abertzale crítica) en sus diversas marcas, el PPN podría, de estimular adecuadamente al electorado afín, aspirar a un honroso segundo puesto; siempre detrás del PSN-PSOE. Además, concurre una circunstancia interesante: UPyD, dado su perfil jacobino antiforalista, no le causará problemas. Y AES, desde su derecha, carece, en el territorio foral, tanto de personalidades de peso, como bases, que pudieran desplazarle un número significativo de votos descontentos con el “marianismo”.

 

El Partido Popular no lo tiene fácil. Tampoco imposible. Debe alcanzar el 7 de junio unos resultados dignos que no le cortocircuiten su implantación en la Comunidad Foral. No puede desairar más a las gentes de UPN. Deberá trabajar con decisión y voluntad de permanencia… con la mirada en el futuro reencuentro –el que sea- del centro-derecha navarro. Un verdadero laberinto. Un reto apasionante.

 

Diario Liberal, 14 de mayo de 2009

 

Federico y la derecha social

Federico y la derecha social

 

¿Federico? Jiménez Losantos, por supuesto. Y es que, incluso en su actual laberinto, sigue siendo signo de contradicción en unos tiempos en los que lo políticamente correcto y lo uniforme se impone. Pues bien, a nuestro Federico le quedan estrechos tan previsibles márgenes. Es su estilo: para bien, y para mal. Y si a muchos disgusta y enerva, a otros, sin que Federico sea santo de nuestra devoción, nos divierte e interpela.

 

No sabemos, todavía, dónde recalará Federico y su equipo en el otoño próximo. No parece que tenga muchas opciones. Pero, ya siga en COPE, versión nocturna y reducida, ya lo haga de francotirador desde la emisora Unidad Liberal Radio de Madrid, Federico es necesario. Por varios motivos. Ante todo, por haberse ganado, con persistencia y laboriosidad, una legión de seguidores que lo consideran como su principal referente mediático/político, y que tienen derecho a seguir disfrutándolo. Pero, lo que es más importante, es la derecha social española la que lo necesita a su vez. Todavía.

 

¡Ojo!, derecha social no es sinónimo de Federico; ni viceversa.

 

La derecha social es anterior, más amplia, y plural que el propio Federico y su estrecho grupo de profesionales e intelectuales liberales a los que ha cobijado y, en otros casos, formado.

 

La derecha social española, aunque no guste a tantos, existe: aquí está. Ha ocupado las calles en reiteradas ocasiones; demuestra una notable vitalidad; mantiene diversas modalidades de presencia social; y, por algo será, ¡se le ridiculiza reiteradamente en la mayor parte de medios de comunicación!

 

En la derecha social encontramos diversas identidades y temperamentos: liberales y conservadores;  algunos post-franquistas, antifranquistas de los pocos que realmente lo fueron, y muchos a los que Franco ni les va ni les viene; católicos, agnósticos y ateos; militantes pro-vida e indiferentes en cuestiones morales; españolistas de pro y liberales de mirada económica un tanto estrecha; estudiantes, empresarios, trabajadores y pensionistas; mujeres y hombres; heterosexuales y gays;…

 

A todos ellos les une algunas ideas y valores comunes: una percepción positiva de la nación española y su historia; ciertas creencias –al menos en origen- enraizadas en los principios cristianos; una vocación militante y de presencia social; un inconformismo cultural y vital; cierto desapego del Estado y un particular sentido de la responsabilidad individual y social.

 

Plural, muy plural. Desconcertadamente plural. Así las cosas, difícilmente podía asimilarse sin más al Partido Popular; pues le es anterior. Con todo, una buena parte le ha votado –a su pesar- y lo seguirá haciendo. Otra porción, por el contrario, nunca lo ha hecho y espera, en su periferia, la ascendencia del partido de derechas sin complejos que nunca llega. Ciertamente, derecha social y Partido Popular no terminan de encajar...

 

A lo largo de estas décadas españolas en democracia, tan plural derecha social necesitaba unos cauces organizativos, un corpus ideológico, una estrategia, un liderazgo; pues, en caso contrario, estaría abocada a la extinción. Y todo ello se lo proporcionó Federico. El cauce: La mañana de la COPE, Libertad Digital, y una difusa red social liberal. Un corpus: el nacional-liberalismo elaborado y plasmado en su Ilustración Liberal. Una estrategia: la movilización social, por medio de numerosas y multitudinarias manifestaciones en defensa de las víctimas del terrorismo y contra la negociación con ETA, la defensa de la vida, la defensa de la unidad española… ¡tirando de un perezoso -o poco decidido- Partido Popular! Un liderazgo: el suyo propio. Y el de Luis del Pino, Francisco José Alcaraz, y algunos otros.

 

Federico, en todo ello, ha encontrado diversos compañeros de viaje: no pocos periodistas, un puñado de profesores universitarios y comunicadores; heterogéneos colectivos como la Asociación de Víctimas del Terrorismo en su junta anterior, Peones Negros, la Fundación para la Defensa de la Nación Española, determinados grupos pro-vida. Pero, paradójicamente, unos pocos, poquísimos realmente, políticos. Y enemigos: muchos. Y rivales: cada vez más

 

Decíamos que la derecha social, huérfana de estrictos cauces políticos, se encontró con Federico. Y el matrimonio –dejémoslo en una poliédrica unión de hecho- no resultó del todo mal. Hasta ahora.

 

Pero, ya se sabe, es con la aparición de dificultades cuando se comprueba la solidez de la unión. Además, a esta derecha social le han salido otros pretendientes que quieren llevarse el gato al agua: políticos (la, en buena medida, genéticamente incompatible UPyD, la post-franquista AES, la errática Ciudadanos-Libertas); transversales (Hazte Oír); mediáticos (Intereconomía); atípicos (la Plataforma de las Clases Medias).

 

Entonces, ¿la derecha social está en crisis? Efectivamente, es su estado natural; no en vano, esa multiplicidad, en movimiento y reelaboración sin liderazgos establecidos, carece de calco político

 

Durante bastantes años, en relación a esa derecha social, Federico ha jugado un papel muy importante que difícilmente ningún otro podrá representar en el futuro inmediato. Pero esa unión de intereses está sufriendo el impacto de una crisis que se resume, a muy corto plazo, en un interrogante: ¿qué lista votar en las europeas? Diga lo que diga, haga lo que haga Federico, la derecha social hará, como siempre, lo que le dé la real gana. Vamos, que votará un poco de todo: incluso en blanco. Y el particular matrimonio “derecha social/Federico” acusará tal agonía; aunque no se romperá. Lo que sí puede llegar a hacerlo es el cese de su convivencia. De ahí el grave dilema de Federico… y César Vidal.

 

Esta derecha social, de la que hablamos, es un tanto individualista, escasamente disciplinada, irregular en sus apariciones públicas, y nada unitaria; según se manifiesta habitualmente. Es deseable, en consecuencia, que las diversas identidades que la integran se doten, progresivamente, de estructuras organizativas que les den voz, haciéndolas valer ante los partidos políticos que pueden representarla: el Popular, básicamente. Y, acaso, coyunturalmente y como medida de protesta, ante UPyD o alguna aparición inesperada a la derecha del Partido Popular.

 

Por ello, y si quiere tener un futuro, debe consolidar varios movimientos sociales, cuya representatividad política todavía está por dibujar; si bien todo indica que, salvo alguna sorpresa histórica, seguirá siendo el Partido Popular el que lo haga.

 

Esta derecha social, en permanente ebullición, sigue buscando un rostro, unos cauces permanentes y unos líderes que la representen. A falta de políticos que hagan propios –y sin reservas- sus valores, otros actores vienen cubriendo sus huecos: periodistas, particularmente. De ahí que afirmemos que Federico sea necesario. Y Antonio Jiménez. Y Enrique de Diego. Y Antonio Martín Beaumont, etc.

 

Federico, Federico: un tipo sin complejos. Genio y figura… Aunque no nos guste demasiado, si no existiera, habría que inventarlo.

 

Diario Liberal, 7 de mayo de 2009

¿Dónde está la Rosa Díez de la derecha?

¿Dónde está la Rosa Díez de la derecha?

 

El único escaño alcanzado en el Parlamento de Vitoria por Unión, Progreso y Democracia (UPyD), el partido de Rosa Díez, ya no será decisivo en la conformación de una mayoría constitucionalista que otorgue la Lehendakaritza al socialista Patxi López.

 

No obstante, el acceso de UPyD al Parlamento vasco, fruto de apenas 22.000 votos, es un éxito que se suma al productivo escaño nacional de la propia Rosa Díez; avalando ambos la vocación de futuro que mantiene este joven partido.

 

No es fácil para los pequeños. La aritmética electoral española, por imperativo legal, privilegia a los grandes partidos políticos, castigando a los demás. No es nada novedoso afirmarlo. Y si alguien lo duda, que se lo pregunten a las gentes de Izquierda Unida; cuya agónica historia debe bastante a tan particular matemática.

 

En este contexto, la delicada vida inicial de UPyD se orienta hacia su crecimiento y consolidación; si bien todavía es muy pronto para poder confirmarlo con rotundidad. De ahí que las miras de UPyD ante los próximos comicios sean muy altas; cifrándose buena parte de sus expectativas de supervivencia en la conquista de -al menos- un escaño europeo.

 

Tienen mérito estas/os chicas/os. Y mucho; pues todo grita que “fuera de los grandes no existe vida”. Y, aunque hablemos en plural, el mérito lo es ante todo de Rosa Díez; una política de excelentes cualidades, tan notables como su propio ego, que incluso le han permitido relegar su discutible papel durante la cohabitación PNV/PSOE (Euskadi: ven y cuéntalo).

 

UPyD nació de Plataforma Pro, criatura de transición de la memorable y congelada ¡Basta ya! Agrupó inicialmente a unos pocos intelectuales y activistas de indubitada mentalidad progresista, vascos en su mayor parte, desencantados con la deriva federalista de ZP y PSOE.

 

Tan neto origen, en buena lógica, determina su naturaleza: se trata de un partido, por tanto, progresista, jacobino, laicista… políticamente correcto en toda la extensión de su programa.

 

Pero, pese a la evidencia de esa naturaleza inequívocamente “progresista”, han enarbolado su papeleta no pocos antiguos votantes del Partido Popular. ¿Por qué?

 

No es temerario afirmar que este hecho es consecuencia, más que de los incuestionables laboriosos méritos de Rosa Díez y los suyos, del timorato y apagado tono vital del Partido Popular de Mariano Rajoy.

 

Hay que partir de una premisa: el Partido Popular, expresión política de la derecha social, es plural. Aquí encontramos a conservadores clásicos, liberales de nuevo cuño, democristianos clericales, centristas de débil espectro… Y, también, católicos militantes de los “nuevos movimientos eclesiales”, agnósticos, indiferentes, y ateos. Todos laicos, pero no pocos, incluso, laicistas. Conservadores y conservaduros. Derecha plural, en definitiva: unos, tradicionales en lo moral y progresistas en lo social; otros, progresistas en lo moral y tradicionales en lo social. Y liberales en todas sus dimensiones, etc., etc. Plurales, muy plurales.

 

Entonces, nos preguntamos, del amplio y variopinto entorno sociológico del PP, ¿quiénes pudieran verse tentados en “pasarse”, al menos coyunturalmente, a UPyD? Ante todo, pensamos, no pocos acomplejados; más cómodos bajo una sigla de marchamo “progresista”. Pero, también, otros desanimados ante las dudas metódicas del PP y algunas de sus sorprendentes decisiones, caso de las reformas estatutarias apoyadas por sus “barones”; por no hablar de los recientes y en absoluto esclarecidos “escándalos” partidarios. Están en su derecho, faltaría más. Todos ellos. Voto acomplejado, pero, también, voto-protesta.

 

No parece sencillo que un católico consciente y formado –un católico “como Dios manda”- pueda votar a UPyD, dada la más que aparente incompatibilidad existente entre sus referencias morales básicas; pensamos en la defensa de la vida (aborto y eutanasia), también en la concepción de la familia e, incluso, en el programa educativo. Pero no olvidemos la posible incidencia en este sector del voto-protesta que opte por UPyD en las europeas, entendiéndolo como un “mal menor”, incluso siendo consciente de esa dificultad moral/doctrinal. De hecho, recordemos, tan discutible modalidad de voto ya cristalizó, en antiguas elecciones europeas, en una formación atípica minoritaria: la personalista, efímera, y totalmente olvidada, “Lista Ruiz Mateos”.

 

Acaso, por coherencia, ese electorado, generalmente en órbita del PP, debiera optar por una alternativa “a su derecha”; pero, realmente, no hay nada consistente que pueda ser eficaz polo de atracción de ese voto-protesta, y del otro voto desencantado ante la poca viveza en la defensa de los postulados pro-vida, y de la mismísima familia, desde las filas populares.

 

Para que pudiera plantearse con mínimas expectativas de éxito una nueva opción de esas características (derecha sin complejos, de claras raíces cristianas, democrática, activista), pura “política-ficción” hoy, se precisaría de una operación análoga a la ejecutada por Rosa Díez en el ámbito progresista, pero en esta ocasión desde el Partido Popular y con un mínimo soporte mediático. Una reconocida figura carismática que, procedente de sus filas, rompiera con la comodidad de siglas consolidadas y su “aparato”, lanzándose a una carrera plagada de obstáculos e incertidumbres, invocando las esencias de la derecha: una batalla desde los valores y por los valores. Pero, recordemos aquí la triste experiencia de un PADE que, escindido de su partido-madre allá por 1996, de la mano del ex-dirigente de Alianza Popular y del subsiguiente Partido Popular, Juan Ramón Calero, sufrió una triste y agónica trayectoria en la intemperie. Y seguro que tal recuerdo le vendrá a la mente a todo político del PP tentado –acaso- a la aventura, aunque únicamente lo fuere por unos segundos.

 

Por todo ello, si alguien se pregunta dónde está la Rosa Díez de la derecha, habría que responderle, y más desde el aparente resurgir de Mariano Rajoy el pasado domingo 1 de marzo, que ni existe…, ni se le espera.

 

 

Diario Liberal, 13 de marzo de 2009

El País Vasco: entre el triunfalismo constitucionalista y la remodelación nacionalista

El País Vasco: entre el triunfalismo constitucionalista y la remodelación nacionalista

Está confirmado: el PSE-PSOE ha conseguido, finalmente, su escaño 25 en Vitoria a costa de una castigada EA; de modo que ya no precisa del concurso del único y molesto parlamentario de UPyD en su carrera hacia tan anhelada Lehendakaritza.

 

Los constitucionalistas (PSOE, PP y UPyD), ciertamente, han tenido mucha suerte. De entrada, merced a un capricho de la aritmética electoral, suman 39 parlamentarios, mayoría absoluta de 70; pese a que en votos populares apenas alcanzan el 47% de los emitidos frente al 53% de la suma nacionalista (PNV, EA, Aralar y EB). Y ello sin agregar a los segundos la mayor parte de las más de 100.000 papeletas nulas emitidas; inapreciable fruto del seguimiento de las consignas de la izquierda abertzale. Tal circunstancia, totalmente democrática por otra parte, no deja de ser una señal de lo que van a encontrarse Patxi López y los suyos en las instituciones. Veamos algún ejemplo.

 

Después de 30 años de régimen nacionalista, los diversos departamentos gubernamentales están totalmente copados por gentes afines al PNV y aliados en todos sus estratos y niveles. No se trata, únicamente, de los cientos de asesores y puestos de libre designación, sino también de buena parte de una burocracia que ha accedido a la función pública vasca superando –por afinidad- los filtros nacionalistas. Una constatación evidente de ello es la mayoría absoluta que crecientemente disfruta -convocatoria tras convocatoria- la denominada “mayoría sindical vasca” conformada por los nacionalistas: ELA, supuestamente moderado, y el radical LAB; pudiéndoseles sumar algunos combativos sindicatos nacionalistas de carácter sectorial, caso de STEE-EILAS en el mundo de la enseñanza. Así, una cosa será la promulgación de una nueva norma reglamentaria, en el Departamento que sea, y otra, muy distinta, su desarrollo y ejecución por parte de unos técnicos declaradamente beligerantes con el nuevo Ejecutivo y unos temerosos pero resabiados funcionarios de base en absoluto interesados en el éxito de las iniciativas de quienes consideran advenedizos y extraños. Resistencias similares encontrarán en la Ertzaintza y en los omnipresentes medios de comunicación públicos vascos, por mencionar otros ámbitos de particular relevancia y visibilidad sociales.

 

De este modo, Patxi López, si llega a la Lehendakaritza, encontrará tremendas resistencias que generarán, a su vez, inesperados retrasos administrativos y paralizantes distorsiones sociales y mediáticas. Y todo ello en unos tiempos de crisis económica creciente.

 

Para alcanzar cierta normalidad democrática en el País Vasco no basta con ganar estas elecciones; ni con copar todos los puestos de libre designación de los diversos departamentos del Gobierno vasco. Se precisa de una paciente labor de gobierno que practique las virtudes derivadas del viejo, pero no por ello menos vigente, dicho que pregona para toda voluntad de victoria, un inevitable “puño de acero, guante de seda”. Por todo ello, nada más alejado del imprescindible realismo político de toda acción gubernativa que el triunfalismo expresado desde las filas constitucionalistas; especialmente por parte de no pocos políticos y comentaristas “de Madrid”, dicho así para entendernos. Pero, dado el peculiar organicismo de la sociedad vasca, toda labor gubernamental será inútil si se carece de un programa a medio y largo plazo que persiga una verdadera “revolución cultural” alternativa a la nacionalista: desde las instituciones y, lo que es más interesante pero más problemático, desde las bases sociales.

 

Hagan lo que hagan los constitucionalistas, el nacionalismo se remodelará en todo caso; una circunstancia para nada novedosa en su ya dilatada historia. Sus diversas tendencias vienen pugnando desde siempre, y no sólo dialécticamente, por el liderazgo. Ha sido el PNV, generalmente, el que ha prevalecido por encima de las demás: constituyendo y edificando un verdadero partido/régimen. Pero, hoy, ha perdido aparentemente tan privilegiada posición, lo que desatará la enésima remodelación del amplio y plural espacio nacionalista.

 

El PNV se verá afectado, ciertamente, en algunos de sus refuerzos coyunturales. Así, unos cuantos miles de votos procedentes de la izquierda abertzale, que le apoyaron en las últimas convocatorias, engrosarán otras siglas más firmes y radicales; visto el fracaso de la tendencia nacionalista más posibilista. El PNV pudiera perder, incluso, a algunos sectores sociales moderados y escasamente ideologizados que recalaron allí tras el hundimiento de la UCD en una desesperada búsqueda de tranquilidad y cobijo; lo que únicamente sucederá si la alternativa constitucionalista se consolida con perspectiva de futuro. Pero, en cualquier caso, seguirá siendo la fuerza predominante del nacionalismo; no en vano, además de su innegable fortaleza económica y social, sigue siendo la más próxima al ejercicio del poder real.

 

La izquierda abertzale continuará en sus trece. No le queda otro remedio; y más cuando no se vislumbra signo alguno de que sea capaz de sustraerse del férreo control que le ejerce su vanguardia armada, es decir, ETA. Por otra parte, se constata que, elección tras elección, viene sufriendo pequeñas pero significativas deserciones en forma de votos. No obstante, ha acreditado una enorme capacidad de resistencia, recomponiéndose en diversas formas, y manteniendo un nivel de cohesión y movilización que no augura sorpresas relevantes e inmediatas en su seno.

 

El espacio que intermedia entre PNV y ETA es el que experimentará más cambios. De entrada, Aralar será la estrella fulgurante del nuevo Parlamento vasco, atrayendo a Eusko Alkartasuna y, tal vez, a Ezker Batua a sus tesis; que podrían conformar junto a los veteranos Zutik una coalición  análoga -en versión reducida- a la exitosa Nafarroa Bai.

 

Pero, suceda lo que sucede en el mundo nacionalista, todo él cerrará filas ante las supuestas “agresiones” constitucionalistas: en el Parlamento, en las demás instituciones, en la calle. Y es que se juegan muchos años de trabajo cultural, social y político; además de no pocos sueldos.

 

Patxi López intentará aplicar medidas y fórmulas “transversales” situadas teóricamente por encima de la división entre nacionalistas y constitucionalistas. Pero muchas de ellas, analizadas con lupa por sus implacables opositores, no superarán el examen de lo “nacionalista políticamente correcto”.

 

Todo ello dibuja un futuro sumamente problemático, aunque no menos apasionante, para la sociedad vasca; y más con el fondo de una crisis económica de alcance  incierto e incuestionable base moral, y una ETA aparentemente en declive.

 

Diario Liberal, 7 de marzo de 2009

El Gobierno de Navarra y el vascuence: durmiendo con su enemigo

El Gobierno de Navarra y el vascuence: durmiendo con su enemigo

Es evidente que el nacionalismo vasco nunca ha renunciado a la “unificación” de Navarra y Euskadi; una etapa imprescindible en su proyecto hegemónico de Euskal Herria. Lo que no siempre se ha evidenciado es la voluntaria y paradójica contribución de los sucesivos gobiernos de Navarra a esa machacona intromisión política que, ritual y periódicamente, denuncian.

 Pero, ¿cómo podría ejecutarse tal unificación? Tácticamente, se nos ocurren tres alternativas:

  1. Mediante los rígidos mecanismos legales; en concreto, la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución española de 1978, y el Pacto sobre Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982. Esta vía presenta, para su materialización, unas dificultades actualmente insalvables; no en vano se requiere una mayoría muy cualificada partidaria de la modificación del actual status, lo que no parece previsible dado el peso excepcionalmente mayoritario de UPN y PSOE y cierta incapacidad del nacionalismo vasquista en superar su “techo” electoral.
  2. “Independencia, aquí y ahora”: mediante alguna fórmula derivada de los diversos “planes Ibarretxe” o similares, o por medio de una expresión sorpresiva y contundente de la “ruptura democrática” propugnada por ETA y su MLNV. Ninguna de estas dos sub-vías son factibles, pues requeriría, en todo caso, una rendición del Estado español, con la consiguiente violación de Constitución, Amejoramiento y Estatuto vasco.
  3. Mediante fórmulas gradualistas: echándole imaginación; sirviéndose de  lagunas legales; atrayendo la ingenuidad o complejos de inferioridad de quienes no comparten ese proyecto revolucionario. En cualquier caso se trata de unas posibilidades apenas dibujadas hoy día, si bien ya, en su momento, generaron algunas expectativas en torno al llamado “Órgano Común Permanente”; lo que en principio -pese a su periódica reivindicación por parte del PNV- parece haberse descartado. Pero, ¿no sería posible alguna otra modalidad “gradualista” aunque efectiva?

 En torno a esa supuesta “nueva” vía, esbozada con efectos necesariamente a largo plazo, recogemos las interesantes reflexiones efectuada por Jesús Urra, un histórico militante navarro de la izquierda vasquista no abertzale (procedente de los restos de las antiguas LCR y MCE), publicada en la página 16 de la revista Hika (número 204, febrero 2009) que editan sus correligionarios vascos de Zutik (incorporados ahora a Izquierda Anticapitalista y hermanos de Batzarre, una de las fuerzas de Nafarroa Bai). Hemos de destacar que en Hika, un espacio muy interesante de reflexión colectiva de las izquierdas vascas, encontramos desde significativos representantes del PSE-PSOE, hasta cualificados miembros de la izquierda abertzale “oficial”, pasando por numerosas expresiones de los movimientos sociales afines; un buen escaparate de las ideas-fuerza y tendencias de ese espectro político. Veámoslo. “Na-Bai (…) Debe reconocer y ser consecuente con un hecho sustantivo: la tendencia de la sociedad navarra en el único período largo de democracia (30 años) en que se ha podido expresar directamente -y este es un hecho nuevo e importante- refleja claramente la perspectiva de una Comunidad Foral constituida, independiente y claramente asentada. En consecuencia, la perspectiva que tenemos para bastantes años no es la unificación, sino la de reforzar los vínculos con la CAV, desarrollar las afinidades entre ambas comunidades… Igualmente, sería oportuno reflexionar acerca de admitir una moratoria en algunos temas centrales del llamado conflicto vasco-navarro, dada la excepcionalidad que impone ETA entre las gentes vasco o navarro-españolas y dada la falta de un consenso mínimo en la sociedad vasco-navarra para encarar los grandes temas pendiente”.

 Está  bastante claro, pues, qué deben hacer los interesados en esa “unificación”, sin prisas, pero sin pausa: “desarrollar afinidades entre ambas comunidades”. Entonces, ¿se está trabajando en esa dirección?

 Recordemos un hecho. El pasado 26 de enero de 2009, el consejero de Educación del Gobierno de Navarra, Carlos Pérez-Nievas López de Goicoechea, y la consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Miren Azkarate Villar, suscribieron una Declaración de Voluntades para el fomento del vascuence en la que se afirmaba “Que el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra y el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, en el ámbito propio de sus respectivas competencias, comparten el interés por el intercambio de experiencias e información en materia de normalización lingüística del euskera”. Pero, tal acuerdo, nos preguntamos, ¿no supone “desarrollar afinidades entre ambas comunidades”? Y se hace ¡desinteresada y voluntariamente!, suponemos. Este Gobierno, navarrista por definición, ¿no está adoptando, entonces, una de las tácticas posibilistas más significativas de sus temidos rivales panvasquistas? ¿No está trabajando, pues, para beneficio otros? ¿Qué está pasando?

 Destaquemos una circunstancia muy relevante: dicho acuerdo se sirve, tal y como denunció el Partido Popular de Navarra en un comunicado difundido el día siguiente del evento, de la perspectiva propia del nacionalismo lingüístico vasco; por ejemplo, al emplear conceptos como el de “normalización”. Otro ejemplo de uso pernicioso del lenguaje. Acaso, ¿el vascuence está discriminado en Navarra? Y, desde otra perspectiva, ¿todavía ignora, el consejero de Educación del Gobierno de Navarra, que el euskera batua está concebido como un instrumento decisivo para la “construcción nacional vasca”?

 En realidad, esta noticia tampoco nos toma desprevenidos; de hecho, es una de tantas cesiones del navarrismo gubernamental ante las pretensiones de los incansables “actores sociales” del euskera panvasquista. Así, recordemos, la implantación de la toponimia euskérica en Navarra se ha efectuado desde la quimera artificiosa de la “reconstrucción” lingüística del batua; olvidando las especificidades de los dialectos del vascuence navarro. Y podríamos hablar también de la cuestionable implantación del euskera en el sistema educativo navarro y en las mismas administraciones públicas; en la polémica zonificación de la oficialidad de los idiomas hablados en Navarra; en el siempre privilegiado tratamiento de las ikastolas; en la timorata y limitada gestión de la reimplantación de las cadenas públicas vascas de televisión por medio de la TDT en Navarra; etc.

 Y es indiferente que este “nuevo” episodio sea –acaso- efecto del desesperado esfuerzo de CDN, socio de UPN en el actual Gobierno, por delimitar y mantener un espacio programático y electoral propio ante las diversas amenazas de extinción que sufre; no en vano el presidente Miguel Sanz ha avalado este pacto. En definitiva, y con la gravedad que ello implica, este nuevo hito es coherente con esa larga política de acomodación gubernamental ante la presión de los activistas de la euskaldunización política.

 Nos encontramos, de este modo, en una situación paradójica. A corto plazo, y a medio también, la estabilidad del régimen político navarro está garantizada; incluso con la posibilidad de una alternancia UPN-PSOE en el gobierno foral. Pero, a largo plazo, se están potenciando las bases de su desestabilización; pues cierta cultura que se impone -en este caso por medio de la punta de lanza del euskera político- no es neutra, por mucho que pretendan tranquilizarnos unos (los vasquistas por prudencia, para “no asustar”) y otros (los navarristas gubernamentales, para justificar sus contradicciones). Ya lo señalábamos antes: el euskera y su compleja y atractiva cultura, en buena medida, son armas decisivas de la “construcción nacional”. Y así seguirá siendo mientras no se le contraponga una política cultural alternativa y atractiva; pretensión en tantas ocasiones declarada, pero nunca afrontada con decidida voluntad política y las subsiguientes iniciativas legales y materiales.

 

 

 

 

Diario Liberal, 8 de febrero de 2009