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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Federico y la derecha social

Federico y la derecha social

 

¿Federico? Jiménez Losantos, por supuesto. Y es que, incluso en su actual laberinto, sigue siendo signo de contradicción en unos tiempos en los que lo políticamente correcto y lo uniforme se impone. Pues bien, a nuestro Federico le quedan estrechos tan previsibles márgenes. Es su estilo: para bien, y para mal. Y si a muchos disgusta y enerva, a otros, sin que Federico sea santo de nuestra devoción, nos divierte e interpela.

 

No sabemos, todavía, dónde recalará Federico y su equipo en el otoño próximo. No parece que tenga muchas opciones. Pero, ya siga en COPE, versión nocturna y reducida, ya lo haga de francotirador desde la emisora Unidad Liberal Radio de Madrid, Federico es necesario. Por varios motivos. Ante todo, por haberse ganado, con persistencia y laboriosidad, una legión de seguidores que lo consideran como su principal referente mediático/político, y que tienen derecho a seguir disfrutándolo. Pero, lo que es más importante, es la derecha social española la que lo necesita a su vez. Todavía.

 

¡Ojo!, derecha social no es sinónimo de Federico; ni viceversa.

 

La derecha social es anterior, más amplia, y plural que el propio Federico y su estrecho grupo de profesionales e intelectuales liberales a los que ha cobijado y, en otros casos, formado.

 

La derecha social española, aunque no guste a tantos, existe: aquí está. Ha ocupado las calles en reiteradas ocasiones; demuestra una notable vitalidad; mantiene diversas modalidades de presencia social; y, por algo será, ¡se le ridiculiza reiteradamente en la mayor parte de medios de comunicación!

 

En la derecha social encontramos diversas identidades y temperamentos: liberales y conservadores;  algunos post-franquistas, antifranquistas de los pocos que realmente lo fueron, y muchos a los que Franco ni les va ni les viene; católicos, agnósticos y ateos; militantes pro-vida e indiferentes en cuestiones morales; españolistas de pro y liberales de mirada económica un tanto estrecha; estudiantes, empresarios, trabajadores y pensionistas; mujeres y hombres; heterosexuales y gays;…

 

A todos ellos les une algunas ideas y valores comunes: una percepción positiva de la nación española y su historia; ciertas creencias –al menos en origen- enraizadas en los principios cristianos; una vocación militante y de presencia social; un inconformismo cultural y vital; cierto desapego del Estado y un particular sentido de la responsabilidad individual y social.

 

Plural, muy plural. Desconcertadamente plural. Así las cosas, difícilmente podía asimilarse sin más al Partido Popular; pues le es anterior. Con todo, una buena parte le ha votado –a su pesar- y lo seguirá haciendo. Otra porción, por el contrario, nunca lo ha hecho y espera, en su periferia, la ascendencia del partido de derechas sin complejos que nunca llega. Ciertamente, derecha social y Partido Popular no terminan de encajar...

 

A lo largo de estas décadas españolas en democracia, tan plural derecha social necesitaba unos cauces organizativos, un corpus ideológico, una estrategia, un liderazgo; pues, en caso contrario, estaría abocada a la extinción. Y todo ello se lo proporcionó Federico. El cauce: La mañana de la COPE, Libertad Digital, y una difusa red social liberal. Un corpus: el nacional-liberalismo elaborado y plasmado en su Ilustración Liberal. Una estrategia: la movilización social, por medio de numerosas y multitudinarias manifestaciones en defensa de las víctimas del terrorismo y contra la negociación con ETA, la defensa de la vida, la defensa de la unidad española… ¡tirando de un perezoso -o poco decidido- Partido Popular! Un liderazgo: el suyo propio. Y el de Luis del Pino, Francisco José Alcaraz, y algunos otros.

 

Federico, en todo ello, ha encontrado diversos compañeros de viaje: no pocos periodistas, un puñado de profesores universitarios y comunicadores; heterogéneos colectivos como la Asociación de Víctimas del Terrorismo en su junta anterior, Peones Negros, la Fundación para la Defensa de la Nación Española, determinados grupos pro-vida. Pero, paradójicamente, unos pocos, poquísimos realmente, políticos. Y enemigos: muchos. Y rivales: cada vez más

 

Decíamos que la derecha social, huérfana de estrictos cauces políticos, se encontró con Federico. Y el matrimonio –dejémoslo en una poliédrica unión de hecho- no resultó del todo mal. Hasta ahora.

 

Pero, ya se sabe, es con la aparición de dificultades cuando se comprueba la solidez de la unión. Además, a esta derecha social le han salido otros pretendientes que quieren llevarse el gato al agua: políticos (la, en buena medida, genéticamente incompatible UPyD, la post-franquista AES, la errática Ciudadanos-Libertas); transversales (Hazte Oír); mediáticos (Intereconomía); atípicos (la Plataforma de las Clases Medias).

 

Entonces, ¿la derecha social está en crisis? Efectivamente, es su estado natural; no en vano, esa multiplicidad, en movimiento y reelaboración sin liderazgos establecidos, carece de calco político

 

Durante bastantes años, en relación a esa derecha social, Federico ha jugado un papel muy importante que difícilmente ningún otro podrá representar en el futuro inmediato. Pero esa unión de intereses está sufriendo el impacto de una crisis que se resume, a muy corto plazo, en un interrogante: ¿qué lista votar en las europeas? Diga lo que diga, haga lo que haga Federico, la derecha social hará, como siempre, lo que le dé la real gana. Vamos, que votará un poco de todo: incluso en blanco. Y el particular matrimonio “derecha social/Federico” acusará tal agonía; aunque no se romperá. Lo que sí puede llegar a hacerlo es el cese de su convivencia. De ahí el grave dilema de Federico… y César Vidal.

 

Esta derecha social, de la que hablamos, es un tanto individualista, escasamente disciplinada, irregular en sus apariciones públicas, y nada unitaria; según se manifiesta habitualmente. Es deseable, en consecuencia, que las diversas identidades que la integran se doten, progresivamente, de estructuras organizativas que les den voz, haciéndolas valer ante los partidos políticos que pueden representarla: el Popular, básicamente. Y, acaso, coyunturalmente y como medida de protesta, ante UPyD o alguna aparición inesperada a la derecha del Partido Popular.

 

Por ello, y si quiere tener un futuro, debe consolidar varios movimientos sociales, cuya representatividad política todavía está por dibujar; si bien todo indica que, salvo alguna sorpresa histórica, seguirá siendo el Partido Popular el que lo haga.

 

Esta derecha social, en permanente ebullición, sigue buscando un rostro, unos cauces permanentes y unos líderes que la representen. A falta de políticos que hagan propios –y sin reservas- sus valores, otros actores vienen cubriendo sus huecos: periodistas, particularmente. De ahí que afirmemos que Federico sea necesario. Y Antonio Jiménez. Y Enrique de Diego. Y Antonio Martín Beaumont, etc.

 

Federico, Federico: un tipo sin complejos. Genio y figura… Aunque no nos guste demasiado, si no existiera, habría que inventarlo.

 

Diario Liberal, 7 de mayo de 2009

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