Blogia

Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Antonio Beristain y Miguel Vaquero, de la mano, camino del cielo

Antonio Beristain y Miguel Vaquero, de la mano, camino del cielo

 

El jesuita vasco Antonio Beristain Ipiña ha dejado un importante legado para la posteridad. Sus obras materiales fueron muchas: innumerables libros y artículos, la docencia universitaria, el Instituto Vasco de Criminología que fundó en 1976, su activa participación en diversas entidades internacionales, etc. Prueba de ello fueron los numerosos reconocimientos que disfrutó en vida, entre ellos, la creación de dos cátedras universitarias especializadas con su nombre. Tales “éxitos” mundanos se desarrollaron parejos a un insobornable interés por los más necesitados, la defensa incondicional de las víctimas del terrorismo, su feroz crítica al nacionalismo cómplice del anterior… Su personal catolicismo, forjado en la Compañía de Jesús, el característico e inalterable optimismo, su radical independencia, su punto de conquistadora excentricidad, su afectuosa capacidad para la amistad; nos dejan un recuerdo inolvidable a quiénes le conocimos. Fue un modelo de humanidad, y lo sigue siendo: nada menos que 85 años de fértil vitalidad al servicio de los valores humanos.

 

Miguel Vaquero Martínez, por su parte, apenas vivió 17 años. No ha dejado libros ni otras obras materiales tras de sí. El drama familiar que sufrió en primera persona, del que fue principal víctima, y unas secuelas que todavía no han cesado, lo fueron destruyendo interiormente. Y, mientras tanto, su pronunciada bondad natural se fue retrayendo ante el impacto sucesivo de injustas agresiones y, lo que puede ser peor, la inhibición de quiénes debieran haberlo protegido.

 

Pudiera parecer que ambos no tenían nada en común. Vasco el primero, maño el segundo. Jesuita de fecunda vida, Antonio; estudiante de bachillerato sin reconocimiento alguno, Miguel. Pero, si miramos más allá de las apariencias de este mundo relativista que pretende imponer el olvido del profundo sentido de la realidad, no eran pocas las cosas que les unían.

 

Una acentuadísima sensibilidad humana. Su similar sentido del humor, socarrón y alegre. El común interés por los más débiles. Una mirada al mundo desde la cosmovisión católica. Análoga bondad de espíritu. Inagotable curiosidad. Su feroz capacidad crítica.

 

Si Antonio se ha ganado el cielo desde la fecundidad, Miguel lo ha hecho desde el sufrimiento moral, magnificado por la cruel agonía física que sufrió en su última semana de vida.

 

Ambos llegaron a conocerse, fugazmente, una calurosa mañana de agosto de 2005, allá, en la sede donostiarra del Instituto Vasco de Criminología.

 

Y, cosas del destino, un libro sobre terrorismo, que todavía no ha visto la luz, también les une: dedicado a la memoria de Miguel, su inédito y póstumo prólogo está escrito por Antonio.

 

No creo en las casualidades. Quiero creer que la Providencia nos proporciona signos, de diverso rango y capacidad salvíficas, para guiarnos en esta vida. Por ello, el hecho de que fallecieran el mismo día, el pasado 29 de diciembre de 2009, me proporciona algo de paz. Estoy seguro que ambos, de la mano, iniciaron su viaje definitivo hacia el destino bueno que Dios quiere para cada hombre y mujer de este mundo. Se habrán reconocido, y en plenitud de sentido e inteligencia, sus capacidades se habrán complementado hacia la total perfección. De haber coincidido más veces en esta vida terrenal, habrían sido muy buenos amigos… Ahora lo serán para toda la eternidad.

 

Pero no puedo evitar que una nostalgia infinita me envuelva: por los días y horas que ya no podré compartir con ambos en lo que me resta de vida. ¡Fueron tantas las horas de conversación que, al menos para mí, traslucían destellos de eternidad en este valle de lágrimas, las cuáles ahora apenas me permiten escribir!

 

Miguel, hijo de mi alma. Antonio, maestro. Os necesito. Os echo de menos. No me olvidéis.

 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=7230

 

Entrevistamos a José Antonio Ullate Fabo, autor de “Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América”

Entrevistamos a José Antonio Ullate Fabo, autor de “Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América”

 

El tercer libro de este autor navarro pretende ir más allá de los memorables intentos de Maeztu y Vizcarra. Si sus particulares defensas de la Hispanidad se centraron en las dimensiones cultural y religiosa del fenómeno, Ullate se atreve a revindicar como estructuralmente determinante de tan compleja realidad la que denomina “doctrina políticamente católica e históricamente española”.

 

José Antonio Ullate Fabo -padre de cuatro hijos, licenciado en Derecho, escritor prolífico, editor de Libros Gaudete, promotor de la virtual La librería católica, responsable del blog El brigante- nos sorprende con un nuevo libro, el tercero: “Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América” (LibrosLibres, Madrid, 2009).

 

En una fría y blanca tarde de otoño, y en su acogedora casa situada entre montañas, no muy lejos Pamplona, charlamos sobre algunos de los asuntos que plantea su lectura.

 

Pregunta: Una cuestión previa: ¿Hispanoamérica o Latinoamérica?

 

Respuesta: Las palabras sirven para nombrar realidades. Hispanoamérica o América española es la parte de la vieja España en el nuevo continente. El término “Latinoamérica” se inventa precisamente para contribuir a erradicar la realidad española de América. América española es un término honrado y veraz, que refleja una realidad histórica y política. Latinoamérica es un vocablo ideológico al servicio de la negación de la verdad y de la historia. La difusión inducida de este término da muestra del desconocimiento de la historia de América, de su identidad.

 

P.: Otra segunda cuestión. España, Hispanoamérica y catolicismo: ¿inseparables?

 

R.: España nació en la península ibérica. Pero el ideal político de las Españas se fija en América. Por eso, después de 1492, tan España son las Españas ibéricas como las americanas. Podemos establecer una distinción geográfica, que no política, entre iberoespañoles e hispanoamericanos. Políticamente los primeros estuvimos siempre divididos en reinos, lo mismo que lo estuvieron los segundos.

La fe católica forma parte de la esencia política de España desde el primer momento. El tercer concilio de Toledo fija el ideal católico y español de la unidad católica, pero la vinculación entre filosofía política católica e hispanidad no se limita a ese punto. El principio de subsidiariedad, la primacía de la ley natural, la prelación de la costumbre, del fuero, la idea de bien común temporal por encima de la voluntad del príncipe son aspectos típicamente cristianos de la ordenación política que forman parte de la esencia histórica de España.

 

P.: Casi 200 años desde aquello. Pero, realmente, ¿hay algo que celebrar?

 

R.: Hace 200 años o un poco menos, comenzó una serie de guerras civiles entre españoles en América. No había naciones americanas –más que las de los indígenas, pero éstas no se reivindicaron, sólo se utilizaron al servicio del independentismo– y en su mayoría, los indios, los mestizos y los negros querían ser fieles a la corona española. Las profundas divisiones se dieron entre los blancos, los criollos, y sólo por motivos ideológicos. Las tristes circunstancias por las que atravesaba la corona española permitieron el triunfo de los sediciosos y a partir de ahí comienza la impía tarea de deshispanización de América promovida por los nuevos regímenes, que necesitan fundarse sobre el mito, o más claramente, sobre la mentira. El devenir de la España ibérica, lo que desde entonces se conoce como España a secas, no fue mucho más feliz. Yo no veo qué hay que celebrar en todo esto. Más bien me parece que es un buen momento para hacer un examen de conciencia desapasionado, para reflexionar sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

 

P.: ¿Emancipación o guerra civil entre españoles?

 

R.: Emanciparse es sacudirse un yugo. Los españoles americanos no consideraron jamás la unión con la corona un yugo, sino un timbre de gloria. Se ha querido ver en el descontento de los criollos la causa de la independencia, pero eso es un absurdo. Desde el mismo comienzo de la presencia española en América se da ese descontento, que lo que busca es que no haya intermediarios peninsulares entre los americanos y la corona. Hay una cierta ojeriza al “europeo”, como la había en los reinos peninsulares hacia cualquier oficial que proviniera de otro reino. Los territorios españoles de América no se emanciparon jamás de España,  lo que sucedió fue la abolición de España en América tras una odiosa serie de guerras civiles.

 

P.: Vayamos al meollo del asunto. ¿Cuál es la tesis central de su nuevo libro?

 

“Españoles que no pudieron serlo” es una reflexión histórica sobre la independencia de la América española, desde el punto de vista de la filosofía política. Es un intento de explicación política de lo que sucedió, de por qué un imperio saltó por los aires sin que las justificaciones que a posteriori se quisieron dar, a un lado y a otro, bastasen para comprender algo que todavía hoy nos llena de estupor: que los pueblos hispanos rompieran su comunidad política. Para lo cual intento explicar previamente la naturaleza de la hispanidad a lo largo de la historia y las verdaderas causas de su disolución. Pero es también una sugerencia para el futuro de los pueblos hispánicos, basada en datos que siguen muy vivos y que nos reclaman la recomposición imaginativa de aquella comunidad.

 

P.: Como cuestión determinante de su tesis, habla de la“Doctrina políticamente católica e históricamente española”. ¿A qué se debe esa insistencia suya en la trascendencia del factor político?

 

R.: La clave está precisamente en la política. España se construye históricamente en torno a la doctrina del bien común temporal y se destruye por el abandono de esa doctrina. El absolutismo y el liberalismo son dos manifestaciones de la abolición de la politicidad natural.

 

 

P.: ¿Ha abandonado la política a la Iglesia católica o ha sido al revés?

 

R.: La Iglesia católica tiene una doctrina política y social, que forma parte de sus enseñanzas. Sin embargo, desde hace mucho tiempo una porción creciente de los católicos se ha desentendido de ella. Tan creciente que hoy prácticamente esa doctrina es una desconocida. No por eso deja de ser menos vigente, pues no sólo es la doctrina de la Iglesia, sino que no es más que la perfección de la filosofía política natural. Ese abandono, que ya era masivo a comienzos del siglo XX, está en la raíz de la actual subversión social. Jean Madiran llamó a esta tragedia la “herejía del siglo XX”, y lo es también de lo que llevamos del siglo XXI

 

P.: Permítame una provocación. Si su propuesta, en definitiva, es la restauración de una política católica, ¿habrá que reinventar alguna modalidad de democracia cristiana?

 

R.: Simpática, la provocación. Sobre todo si pensamos que la llamada democracia cristiana, tal como se ha realizado históricamente, parte de la aceptación de los presupuestos naturalistas de la política moderna y de la negación del bien común tal como lo entiende la filosofía social.

La situación actual es de tal alejamiento del orden político natural que, dejando aparte puntuales acciones reivindicativas, hoy la principal tarea de los católicos en política es la preparación de mentalidades para un cambio futuro. El apostolado de la buena doctrina, también política.

 

P.: Recordemos, ahora, los títulos de sus dos libros anteriores: La verdad sobre el Código Da Vinci” y El secreto masónico desvelado. Esoterismo de bajo perfil y alta carga mediática, la verdadera naturaleza de la masonería, revisión del concepto Hispanoamérica... ¿Existe un eje vertebrador de las temáticas aparentemente tan dispares que investiga en sus libros?

 

R.: Sí. Por dispares que parezcan –y que en realidad lo sean– las temáticas de mis trabajos, hay un “hilo rojo” que los une a todos: la convicción de que es urgente restaurar la inteligencia natural de las cosas. Para restaurar un modo de vivir conforme a la naturaleza y la ley de Dios, previamente habremos de reformar las inteligencias, para que vuelvan a aceptar ser obedientes a la realidad. La crisis actual, antes que moral, es intelectual.

 

P.: ¿Nos sorprenderá José Antonio Ullate, en un futuro próximo, con algún nuevo título?

 

R.: Con la ayuda de Dios, pronto volveremos a la carga, querido amigo.

 

 

Muchas gracias y, si Dios lo quiere, hasta pronto.

 

Revista digital Arbil, Nº. 124, febrero de 2010

Miguel Vaquero Martínez, fallecido trágica y prematuramente el 29 de diciembre de 2009 en Zaragoza, a la edad de 17 años, ante la pasividad y atonía moral de quienes debieron haberlo protegido.

Miguel Vaquero Martínez,  fallecido trágica y prematuramente el 29 de diciembre de 2009 en Zaragoza, a la edad de 17 años, ante la pasividad y atonía moral de quienes debieron haberlo protegido.

Requiescat in Pace, et Lux Perpetua luceat ei.

El año perdido por el Partido Popular de Navarra

El año perdido por el Partido Popular de Navarra

 

Después de 14 meses de agónica espera, el próximo 12 de diciembre tendrá lugar el -tan esperado como aplazado- congreso refundacional del Partido Popular de Navarra; siempre que no prosperen las acciones legales emprendidas por la candidata no oficialista, Nieves Ciprés, en defensa de su abortada concurrencia.

 

14 meses, nada menos, desde que se anunciara la refundación; demasiado tiempo quizás. Atrás quedó, en las brumas del pasado, el lógico entusiasmo inicial que debe seguir al lanzamiento de una alternativa que se pretenda tal. Más de un año en el que el PPN apenas ha jugado como el actor que pretende apropiarse de la obra –necesariamente- de jugarse su ser. Muchos meses, además, en los que se ha perpetrado algún que otro error.

 

Así, a las relativas expectativas de convertirse en un partido eternamente en la oposición, lo que sin duda desanima a no pocas vocaciones oportunistas a lo público, se le ha sumado una aparente parálisis interna, con la siguiente escasez de mensajes y tomas de posición, y una nebulosa disolución de su imprescindible liderazgo. En definitiva: se ha asistido a una ausencia casi total de actividad partidaria. La prueba de tan contundente afirmación: el frenazo en seco, reconocido por fuentes del propio partido, de nuevas afiliaciones.

 

Pero no todo fueron errores. También se cosechó un importante éxito a lo largo de este complicado periplo: la agrupación, en contra de no pocos pronósticos, de un porcentaje muy significativo del electorado del centro derecha navarro en los comicios europeos; lo que permitió aupar a un bisoño Pablo Zalba en Estrasburgo. Un patrimonio que, facilitado por una UPN dividida que eludió el combate, se ha dilapidado no poco en un camino sin horizonte.

 

Con todo, las más recientes encuestas demoscópicas, como la del denominado navarrómetro de primeros de noviembre pasado, otorgaban al PPN 5 escaños de un futuro Parlamento Foral. Algunos de los dirigentes del partido mostraron su alegría, afirmando que eran las magníficas previsiones que auguraban, desde ese suelo inicial, su ascenso progresivo como primer partido de Navarra. Pero, voluntarismos aparte, esos datos colocan al PPN en el ¡cuarto lugar! de las preferencias políticas de los navarros, por detrás de UPN (18), Nafarroa Bai (13) y PSOE (12). IU se quedaría con 2 y la antigua escisión de UPN, el CDN, desaparecía. Unas previsiones muy discretitas, por no utilizar otros términos, para un partido que pretende gobernar España… y Navarra.

 

Sin duda, las diversas crisis que vienen determinando al Partido Popular en Madrid y Valencia, ante todo, han contribuido al aplazamiento de tan anhelada toma de decisiones. Rajoy y sus lugartenientes pretendieron para el liderazgo de su partido en la Comunidad Foral, inicialmente, un “mirlo blanco” que no se presentó. Y, finalmente, han optado por una solución transitoria: la candidatura a la presidencia del partido del diputado nacional Santiago Cervera; un simpático político muy bien instalado en Madrid y al que no se le aprecian muchos entusiasmos por patear los caminos forales en busca de apoyos para su, de momento, escuálida formación.

 

En este contexto, desde la dirección nacional del PP tampoco han facilitado mucho las cosas a sus correligionarios navarros. A su característica tardanza en la toma de decisiones, se le ha sumado su incapacidad en la elaboración de una lista única y de integración al congreso fundacional. Y el asunto se agravó, ya en territorio foral, con la aplicación en extremo reglamentista de unos estatutos que ha bloqueado la concurrencia de la lista alternativa de Nieves Ciprés; circunstancia que si bien empañaba la deseable imagen de unidad del partido, y más en sus momentos iniciales, ha proporcionado argumentos de no poco peso a quienes acusan de prácticas nada acordes con la deseable democracia interna al “aparato” popular.

 

Y, sin olvidar el cuestionado y cuestionable liderazgo ejercido por Mariano Rajoy, hagamos algunas consideraciones en torno al factor metapolítico  y cultural.

 

En una entrevista titulada “La cultura de la vida” realizada a Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia, por Cristina López Schlichting en la revista Huellas, de Comunión y Liberación, respondía así a una de sus preguntas: “Esa es una anomalía de la sociedad española. No puede ser que cada vez que gobierna el Partido Socialista haga una pequeña revolución cultural acorde a los tiempos (Felipe González la de los 80, Zapatero la de ahora), y que cuando gobierna el Partido Popular ni toque la cultura. Es como si el PP tuviese unas ideas bastante claras, gusten o no, sobre economía o articulación nacional, pero en el tema cultural –el tema clave de la política del siglo XXI en toda Europa- no tuviese programa. Además yo creo que eso le hace al PP un gran daño, porque no está jugando en el mismo terreno en el que está jugando la izquierda, se lo deja vacío, entero. ¿Qué es la política de Zapatero? No son teorías económicas, no es sólo una idea de España. ¿En qué terreno juega? En el de los valores y en el de la cultura, y en ese terreno no encuentra contrincante”.

 

Esa omnicomprensiva perspectiva también se está desarrollando en Navarra. No en vano, desde la conciencia de la vital importancia del combate metapolítico, determinados esfuerzos iniciales -de muy concretos miembros del partido- estaban orientados hacia la configuración del PPN como un partido de valores, frente a la opción táctica de un partido de intereses que encarna magníficamente el gobernante UPN… y el Partido Popular nacional. Así podríamos caracterizar la línea política del senador e inicial coordinador de la gestora refundadora del partido José Ignacio Palacios -descabalgado en la carrera por el liderazgo- en disparidad con una UPN de la que el PPN precisa distanciarse para sobrevivir.

 

Un año perdido, en suma, y unas oscuras perspectivas futuras de no cambiar no pocas cosas en el funcionamiento, estructuras y personas del Partido Popular de Navarra.

 

Para consolidar una línea política y cultural propias, que le caractericen netamente, el PPN debería trabajar en el día a día, construyendo partido, dialogando con las identidades afines de la derecha social navarra, dando la cara en los medios de comunicación... y en calle. No basta con vivir de los réditos procedentes de la “marca” nacional; pues de proceder así el PPN terminaría convirtiéndose en una estructura sin vida, vacía, una UPN bis de análogo contenido ideológico light y dirigido al mismo público. Su destino, entonces, sería el sufrido por CDN: su lenta y progresiva desaparición. Así, la profecía se volcaría: el suelo electoral de partida devendría en techo.

 

Un lejano 9 de mayo publicamos un análisis, relacionado con muchas de las cuestiones hoy de nuevo planteadas, que titulamos “El Partido Popular de Navarra en su laberinto”. 7 meses después de ello, y 14 desde que se anunciara la refundación, el PPN sigue sin salir del mismo.

 

http://www.diarioliberal.com/DL_vaquero.htm, 5 de diciembre de 2009

 

Diego Pastrana es un hombre maltratado

Diego Pastrana es un hombre maltratado

 

La injusta peripecia sufrida por el joven Diego Pastrana días atrás, acusado falsamente de violar y asesinar a la hija de 3 años de su pareja sentimental, ha sorprendido un poquito a la sociedad española; no en vano se trata de un hombre maltratado.

 

Un hombre maltratado por unos médicos negligentes y corporativistas hasta el delito.

 

Un hombre maltratado por unos policías judiciales deshumanizados hasta la crueldad.

 

Un hombre maltratado por un sistema judicial rutinario para el que los hombres sólo son números.

 

Un hombre maltratado por unos medios de comunicación que lo han juzgado y condenado a priori sin derecho alguno a la defensa.

 

Un hombre maltratado por unas instituciones públicas y organizaciones sociales mudas o ensoberbecidas.

 

Un hombre maltratado por una sociedad envilecida -acrítica y ávida de sensacionalismo- hasta su linchamiento virtual.

 

¿Cómo ha podido suceder semejante barbaridad?

 

Para consumar y mantener durante varios días tamaña fechoría, sin duda, se han sumado una serie de circunstancias y comportamientos individuales y colectivos caracterizados por los adjetivos antes enunciados: rutina, deshumanización, corporativismo, sensacionalismo, crueldad y… ¡prejuicio e ideología!

 

El ultrafeminismo imperante -la ideología políticamente correcta- por medio de campañas de sensibilización y numerosos instrumentos legales, ha logrado, entre otros, el siguiente objetivo: presentar al hombre, a cualquier hombre, como sospechoso a priori de cualquier aberración. El silogismo es sencillo: si es hombre, es capaz de hacerlo; a por él.

 

Atrás quedaron la presunción de inocencia, la igualdad ante la Ley, las garantías judiciales, un trato humano…, el sentido común.

 

Y no soy el único que lo afirma, si bien lo haga desde mi torpeza y una bisoña técnica. Así, me permito reproducir unos párrafos ajenos muy interesantes.

 

“Por ello, lanzarse de manera inmediata a culpabilizar a quien únicamente es detenido con indicios más o menos sólidos, implica, además de una osadía que puede truncar la vida del afectado, la banalización del proceso penal y denota, en el fondo, la falta de verdadera convicción sobre los beneficios de respetar la presunción de inocencia.

 

Ahora corresponde a todos -no sólo a la prensa que ejerce su legítima función- decidir si creemos o no en la presunción de inocencia. Y si realmente creemos, empecemos a modificar nuestra percepción: los culpables lo son sólo cuando son condenados en un proceso con todas las garantías. Los errores de percepción, los prejuicios, los paga hoy un ciudadano con nombre y apellidos; mañana, podemos ser los demás”.

 

Unas reflexiones que parecen concebidas expresamente como una crítica a algunas de las prácticas derivadas de la denominada ley contra la violencia de género.

 

Pero, ¡sorpresa!, el lúcido autor de ambos párrafos es el abogado Alberto Jabonero Corral. Y procede de un artículo suyo publicado en el diario -escasamente conservador y nada machista- El País, el pasado 1 de diciembre. ¿Su título?: “Mañana podemos ser nosotros”. Y, añadiremos, “sobre todo si eres hombre, heterosexual y conviviendo en pareja”.

 

El calvario de Diego Pastrana, al menos en parte, ha terminado. Podría haber sido peor, prolongándose en el tiempo durante años hasta que un veredicto judicial le absolviese; de tener esa suerte. Y, a lo largo de esa  larga agonía, de ser padre, habría perdido la custodia de sus hijos, el derecho a verlos incluso (salvo se le autorizaran, durante años, puntuales visitas supervisadas, en un “punto de encuentro”, que le habrían enajenado su cariño y afecto irremediablemente); sería expulsado de su hogar; arruinado económicamente; condenado socialmente; aniquilado moralmente.

 

Nuestras oraciones por el alma de la pequeña Aitana: que su memoria no sea mancillada ni olvidada. Nuestra solidaridad con Diego Pastrana. Y los culpables, que los hay, ¡que lo paguen!, ¡todos!

 

Y no lo olvides: mañana puedes ser tú.

 

 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=5766

 

 

Público, Roures y la Revolución permanente

Público, Roures y la Revolución permanente

 

Dice el refrán que “la cabra siempre tira al monte”. Mucha sabiduría en tan pocas palabras; si bien en esta ocasión el polémico y exitoso empresario de la comunicación Jaume Roures y su diario Público sean las cabras; y el trotskismo, el monte.

 

Así, el pasado sábado 7 de noviembre, Público ofertó a sus lectores, como otra más de las diversas promociones dirigidas a su difusión, el libro La Revolución permanente, de… ¡León Trotsky! Casi nada. Todo un clásico. ¿De qué? ¿De la cultura de izquierdas?, ¿del marxismo?... ¿o del terrorismo y del genocidio?

 

De entrada, ¿quién fue León Trosky?                  

 

Lev Davídovich Bronstein, es decir, León Trotsky, nació en Ucrania en 1879 y murió asesinado en Coyoacán, México, el 21 de agosto de 1940. Fue uno de los protagonistas más decisivos de la revolución bolchevique de 1917 en Rusia. Ganándose la confianza de Lenin, organizó el feroz Ejército Rojo que derrotaría a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios y a varios ejércitos extranjeros en la guerra civil. Pero también destacó en el frente interior reprimiendo a cualquier disidente, real o ficticio, al Partido Comunista bolchevique y al nuevo régimen. Opuesto a Stalin, terminó exiliándose de la URSS. Escribió numerosos textos teóricos, entre ellos el que ha originado este comentario, y organizó toda una tendencia del movimiento comunista internacional: el trotskismo. Inicialmente denominada Cuarta Internacional, enfrentada a los diversos partidos comunistas “oficiales”, eclosionó en numerosas facciones en las décadas siguientes. Todavía hoy no pocos partidos de todo el mundo –generalmente minúsculos- se consideran sus herederos.

 

Pues uno de esos partidos fue la española Liga Comunista Revolucionaria, en la que militó antaño Jaume Roures y otros queridos “compañeros”. Fundada en 1971, todavía encontramos a algunos supervivientes de aquella aventura, después de unificaciones varias, escisiones, coaliciones, expulsiones, etc., en el partido Izquierda Anticapitalista; y a los más espabilados, en el PSOE y aledaños. Una añorada militancia de la que Roures no sólo no se avergüenza, sino de la que se enorgullece. No obstante, ¿se imaginan si un empresario, de análoga relevancia, proclamara con orgullo un pasado nazi, por ejemplo? En fin, otro ilustre miembro del elitista club de la izquierda del caviar que no renuncia a hacer la revolución… a su manera. ¿Los ingredientes?: progresismo a ultranza, adicción a todo “ismo” que suene a post marxista, anticatolicismo, buenos contactos, altísimas influencias, dinero y más dinero… y mucho morro. Morro fino, eso sí. ¿Y la coherencia y austeridad revolucionarias? Pues para los demás; sobre todo para los católicos.

 

Desde el imaginario izquierdista, a León Trotsky se le ha presentado con una acrítica imagen romántica: la del revolucionario insobornable e intransigente asesinado por orden de Stalin. Un revolucionario puro y “limpio”. ¿Seguro? Hagamos un poco de historia.

 

En el verano de 1918 los bolcheviques rusos se encontraban en una situación desesperada. Existían varios frentes militares abiertos en el Don, Ucrania y a lo largo de la ruta del Transiberiano. Estallaron 140 revueltas en su contra, particularmente entre los campesinos. Lenin reaccionó enérgicamente y sin piedad. Ya en agosto los bolcheviques empezaron a realizar fusilamientos masivos, requisas, campos de concentración, tomas de rehenes… Lenin y sus colaboradores idearon y ejecutaron el instrumento adecuado a sus más delirantes objetivos: un decreto denominado “Sobre el terror rojo”. Y uno de sus más exactos cumplidores fue León Trotsky. No se conoce con exactitud el número de ejecuciones que le siguieron, pero se calcula que, a lo largo de los dos meses siguientes, oscilaría en torno a las 15.000. Y ello sólo constituyó una primera oleada: vendrían otras muchas a lo largo de los años siguientes. En la URSS inicialmente…y en un tercio del mundo en las décadas siguientes; alcanzado la categoría de genocidio en no pocas ocasiones.

 

Pero ese terror terminó volviéndose en contra del propio Trotsky, al igual que de otros cientos de miles de apasionados comunistas convertidos arbitrariamente en enemigos de la ortodoxia estalinista. Pero su sacrificio no impide el juicio histórico: Trotsky fue uno de los responsables y eficaces ejecutores iniciales del terror rojo; semilla de futuros genocidios y crímenes de todo tipo perpetrados durante décadas en nombre de esa ideología inhumana. Y da igual su apellido: estalinista, maoísta, marxista-leninista… trotskista.

 

No. El empleo indiscriminado del terror como herramienta del poder político, en el campo comunista, no fue obra exclusiva de unos dementes estalinistas, quienes habrían distorsionado los ideales de la “auténtica revolución”, tal y como nos la siguen presentando muchos santurrones progres; algunos de ellos ex-trotskistas. El terror empezó con un Lenin muy consciente de las decisiones que adoptaba. Pero también el propio Trotsky invocó al “terror rojo” como una herramienta ineludible en el camino resuelto hacia la revolución. La experiencia de los comunistas españoles –más o menos trotskistas- del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) lo acredita. Nin, Maurin y sus seguidores, contribuyeron al desencadenamiento de la guerra civil, a su sostenimiento, y al establecimiento de un régimen de terror revolucionario despiadado con sus enemigos… Y fueron devorados por otros comunistas más implacables, poderosos y decididos (el entonces estalinista PCE y la todopoderosa NKVD rusa).

 

El trotskismo, desde su teoría de la “revolución permanente”, ha efectuado además, no lo olvidemos, notables aportaciones teóricas y prácticas al terrorismo moderno; especialmente en la década de los 70 del pasado siglo. Recordemos, por ejemplo, al sanguinario Ejército Revolucionario del Pueblo, brazo “armado” del argentino Partido Revolucionario de los Trabajadores; exterminados finalmente por los dictadores militares.

 

No. Trosky y los trotskistas no son meras víctimas inocentes de un demente profanador de las esencias revolucionarias.

 

Recordemos un hecho que, como tantos otros, pasó un tanto desapercibido en España. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó el 25 de enero de 2006 la resolución 1.481 en la que se establecía, entre otros aspectos, que “Los regímenes comunistas que existieron en Europa Central y Oriental –durante el pasado siglo- y que siguen existiendo en varios lugares del mundo se caracterizaron por violaciones masivas de los derechos humanos. Estas violaciones, variables según el país, la cultura y el período histórico, comprendían los asesinatos y las ejecuciones individuales o colectivas, las muertes en campos de concentración, la muerte por hambre, las deportaciones, la tortura, los trabajos forzosos, así como otras formas de terror físico colectivo, las persecuciones por motivos étnicos o religiosos, por la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión, por la libertad de prensa y la ausencia de pluralismo político". Tales crímenes se justificaron “en nombre de la teoría de la lucha de clases y del principio de la revolución del proletariado”, pues “la interpretación de esos dos principios legitimaba la eliminación de personas nocivas para la construcción de una sociedad nueva”. Es decir, exactamente los mismos principios abanderados por los trotskistas; aunque ellos los maticen in aeternun y ad nauseam.

 

Retomemos los hechos del inicio de este comentario haciéndonos otra pregunta: ¿se imaginan el escándalo que se produciría si, por ejemplo, un diario conservador español, ofertara un texto de Mussolini? ¡La que habría caído¡ Entonces, ¿por qué determinados señores tienen patente de corso para cualquier tropelía intelectual? Unos señores que se reservan un novedoso derecho subjetivo, muy postmoderno por cierto: el de “no arrepentirse”.

 

Y, mientras tanto, el bon vivant de Roures y sus amigotes preconizando la revolución permanente… desde la opulencia. No tienen vergüenza. Ni conciencia. Ni ellos, ni los impasibles budas españoles de la intelligentsia de la progresía; esa clase neosacerdotal de lo políticamente correcto.

 

¡Qué sorpresas da la vida! El hiperrojo Jaime Roures, enriquecido gracias al franquista opio del pueblo futbolero, todo un nostálgico de la “revolución pendiente”. Perdón, de la “revolución permanente”.

 

Religión en Libertad, 12 de noviembre de 2009

Por qué Montserrat Nebrera no es la Rosa Díez de la derecha

Por qué Montserrat Nebrera no es la Rosa Díez de la derecha

 

Días atrás, reflexionando en torno a algunas cuestiones de actualidad de la derecha social española, insinuábamos que Montserrat Nebrera difícilmente podía ser la Rosa Díez de ese sector. Expliquémoslo, hoy, analizando la cuestión desde varias perspectivas.

 

1.- Perfil político. Rosa Díez militó durante casi tres décadas en el Partido Socialista Obrero Español. Tras desempeñar diversas responsabilidades internas, saltó a la vida pública en las Juntas Generales de Vizcaya, posteriormente alcanzó un escaño en el Parlamento Vasco y, en un nuevo ascenso, fue nombrada  en 1991 Consejera de Comercio, Consumo y Turismo del mismísimo Gobierno Vasco; manteniéndose en dicho cargo hasta 1998. De modo inmediato, fue la primera candidata a Europa por el PSOE en 1999, alcanzando magníficos resultados. En el congreso de su partido del año 2000, fue candidata a la Secretaría General, alcanzando un 6’55 % de los votos. Allí triunfó –paradoja del destino- un gris y poco conocido José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Nebrera, unos años más joven que Díez, y ya catedrática de Derecho Constitucional, saltó a la alta política como fichaje estrella de Josep Piqué en 2006, concurriendo de número dos en la lista del PPC por Barcelona al Parlament. Como antecedente de trabajo metapolítico únicamente nos consta en su haber la dirección de los Estudios Sociales del Instituto Cambó; una fundación moderadamente nacionalista.

 

Se trata de dos carreras políticas difícilmente equiparables. Rosa Díez se ajusta más al perfil de una paciente burócrata, con algunos tics populistas y muchos años de trayectoria. Nebrera, por su parte, carece de experiencia previa, situándose en la cúspide de la organización territorial de un partido sin mayores méritos que los de unos buenos contactos personales; desconociendo el trabajo callado y a largo plazo propio de la inmensa mayoría de las vocaciones políticas actuales.

 

2.- Proyección pública. Rosa Díez, ya lo hemos visto, ascendió trabajosamente en el seno de su partido, inicialmente, y de las instituciones vascas después, saltando hasta el Parlamento Europeo. Su incuestionable carisma y elocuente oratoria, su atractivo personal e implicación –aunque tardía- en la defensa de las víctimas del terrorismo, contribuyeron a que el suyo fuera uno de los rostros mejor conocidos y valorados de la escena política española; generando intensas simpatías más allá incluso de sus propias filas partidarias.

 

Montserrat Nebrera apenas ha sumado tres años en su carrera política; pudiéndose valorar su contribución al trabajo parlamentario como de muy baja. Por otra parte, ha librado algunas batallas internas en el partido que la acogió, perdiéndolas todas; generando ciertas polémicas públicas de las que salió, casi siempre, muy mal parada. Aunque conocida a nivel nacional por su condición de tertuliana en algunos medios, no se ha proyectada, tal y como lo hiciera Rosa Díez en el ámbito del terrorismo, en ninguna área específica.

 

3.- Ideología. Rosa Díez ha sido siempre bastante coherente; aunque su ideología no nos guste en absoluto. Progresista y de izquierdas, tenía que chocar frontalmente con el actual socialismo desde su vívida sensibilidad antinacionalista, su trato personal con las víctimas del terrorismo, y su concepción un tanto jacobina de la nación española. Y en su aventura actual, el partido UDyP, únicamente se ha limitado a acentuar algunos aspectos de su bagaje político. No obstante, pese a su contundente marchamo ideológico, ha sido capaz de atraer a no pocos votantes desencantados con las prácticas del Partido Popular.

 

Montserrat Nebrera es una liberal-conservadora que aspiraba a la regeneración del Partido Popular y que, pese a no conseguirlo en el no demasiado tiempo en que lo intentó, ahora pretende extender tan fundamental objetivo a TODA la vida pública catalana (si no se puede andar, ¿se podrá correr?, nos preguntamos). Sus posicionamientos conservadores en lo moral, junto a su imagen un tanto elitista, la circunscriben inevitablemente en el espectro electoral más conservador de Cataluña. Desconocemos, en todo caso, si su proyecto lo está planteando inicialmente para Cataluña y, tal vez, extenderlo un día al resto de España. Política-ficción, en cualquier caso.

 

4.- Apoyos sociales. El actual banderín de enganche de Rosa Díez, UPyD, nació unos días antes que ella anunciara su incorporación al mismo. Recordemos aquí a Plataforma Pro, una entidad de transición desde la extinta pero gloriosa ¡Basta ya!; antecedente inmediato de este novedoso partido nacional. Plataforma Pro agrupó inicialmente a unas decenas de intelectuales y activistas progresistas, vascos en su mayor parte, desencantados con la deriva federalista de ZP y su servil PSOE. Se les unieron, entre otros, medio centenar de militantes de Socialistas en Positivo, corriente crítica del PSC. En definitiva, Rosa Díez no lanza un partido político desde la nada. Ya existía un ambiente favorable al mismo y unos intelectuales y activistas proclives a dar el paso; contando además con una cierta recepción mediática. Lo que hizo magistralmente Rosa Díez fue encabezar la manifestación. Pequeña, ciertamente, pero que respondía a una demanda social de un sector preciso y reconocible de la izquierda española con espacios en algunos medios de comunicación. Un sector minoritario, y no del todo definido, pero creciente.

 

Del proyecto de Montserrat Nebrera desconocemos casi todo, salvo unas genéricas invocaciones a la regeneración política. Por otra parte, ¿cuenta con apoyos sociales? ¿Dispone de equipos de trabajo? Se ha difundido, en algunos medios, la celebración de conversaciones entre Nebrera con políticos y otras personalidades de la vida empresarial y cultural catalana. Por algo será. Pero no se percibe, procedente de los ámbitos que pudieran antojarse como afines, un movimiento análogo -un cierto run-run social- al suscitado en su día por la deriva federalista del PSOE entre algunas de sus gentes. Así, en su inmensa mayoría, los cuadros que nutrieron UDyP eran inequívocamente socialistas -ya de carnet, ya de espíritu- a la espera de “algo”. Por otra parte, la entrevista que Negrera mantuvo, entre otros, con Josep Anglada, líder de la radical e identitaria Plataforma por Cataluña, evidencia más la búsqueda a tientas de unos apoyos de momento inexistentes, que los movimientos derivados de un proyecto sólido en respuesta a una demanda social concreta.

 

5.- Conclusiones. Todo partido político que pretenda incidir en la vida pública de un país como el nuestro, precisa de varios elementos: liderazgo, ideología, medios humanos y materiales, una base social a cuyas demandas responda, una estrategia.

 

Rosa Díez cuenta, pese a su innegable afán personalista, con todo ello. De ahí su éxito.

 

Montserrat Nebrera, por su parte, tiene algunos elementos positivos en su haber. Mantiene una imagen física atractiva. Sostiene una postura ideológica sin complejos, aunque un tanto desdibujada. Ha dado muestras de una indudable coherencia al renunciar a su escaño; lo que a su vez le ha privado de un magnífico altavoz para su plataforma, si llegara el caso. Algo muy loable, pero nada táctico. Es más, en su breve trayectoria, no se ha atrincherado en su escaño o en los cenáculos esotéricos de su partido: ha dado la cara en los medios de comunicación; se ha expuesto valientemente. Todo un capital, sin duda. No es poco. Pero, según veíamos, tampoco suficiente.

 

Desconocemos el alcance y desarrollo de las propuestas ideológicas de Nebrera; carece de una base social que la reclame como líder en la defensa de sus intereses; no parece que cuente con una mínima estructura organizativa inicial. En definitiva, carece de esa palabra mágica inseparable de esa otra que es estrategia: la de proyecto. Si a todo ello le sumamos que sus pretensiones se limitan a Cataluña, no es una imprudente afirmar que Montserrat Nebrera no es la Rosa Díez de la derecha. Aunque nos pese.

 

 

Diario Liberal, 6 de noviembre de 2009

El drama de la derecha social española

El drama de la derecha social española

 

Un hecho claramente percibido en el desarrollo de la magna manifestación celebrada el pasado 17 de octubre en Madrid en contra de la Ley Aído, y que entendemos como novedoso, pasó desapercibido para la inmensa mayoría de comentaristas mediáticos de la misma. Nos referimos a la presencia de múltiples carteles y no pocas pancartas (por ejemplo, los contundentes “Basta de hiPPocresía”) denunciantes de la doble moral desplegada en esta materia, a lo largo de los años, por el hoy principal partido de la oposición. Es de destacar, igualmente, que la presencia del anterior presidente del Gobierno español, José María Aznar, fue bien recibida por muchos asistentes a la concentración; prueba de ello fueron los retratos fotográficos que tantos quisieron inmortalizar en su compañía. Pero su asistencia, al igual que la de tantos dirigentes de ese partido, también generó muchos comentarios reprobatorios… y en voz alta. Ello, ciertamente, es un hecho novedoso.

 

Si recordamos lo acaecido en otras concentraciones análogas de años anteriores (ya fueran en defensa de la vida, ya de la familia), posicionamientos similares generaron a sus audaces y escasos protagonistas más de un problema: empujones, gritos reprobatorios, acusaciones de ser “socialistas provocadores”, la expulsión de la marcha… Algo, por lo tanto, ha cambiado. Y el mérito no parece que pueda atribuirse a la maquinaria propagandística de un gobierno/partido en el poder que explotó, particularmente en días posteriores, tan evidente contradicción. No, realmente el malestar viene de antes y es más profundo.

 

Pero trataremos de huir de la muy humana tentación de elevar una anécdota a categoría, de modo que no valoraremos a priori esa “grieta” política como el síntoma de una quiebra más peligrosa.

 

Hemos defendido -en otras ocasiones- la existencia de un espacio sociológico español al que denominamos “derecha social”. Una derecha que, a modo unificador, está definida por un estado de ánimo sustentado en unos valores -batidos desde los poderes político, cultural y mediático- a causa de su condición supuestamente entorpecedora del “progreso”. Una labor a la que también contribuirían, con su acción u omisión, otras realidades en principio más afines a esa derecha que a la progresía radical reinante. ¿Qué valores son éstos? Nos referimos a la defensa de la familia y la vida, del esfuerzo personal y comunitario, de la libertad, de la cohesión nacional española, de una postura inequívoca frente a los zarpazos terroristas, una concepción ética de la vida de raíces cristianas, etc.

 

Es innegable que esa derecha social existe. Se manifiesta articulada en varios movimientos muy diversos: el pro-vida, la objeción a la educación para la ciudadanía, el esclarecimiento del 11-M de 2004 en su día, el apoyo a las víctimas del terrorismo, la defensa de la identidad y la lengua españolas, la regeneración de la vida política. Ciertamente, tales banderas no son patrimonio exclusivo de esa derecha social, pero no puede sustraérsele el mérito de ser la identidad colectiva que más fielmente se ha movilizado en cuantas ocasiones se le ha convocado.

 

Y también venimos sosteniendo que esa derecha social es muy plural; tanto genética como organizativamente. No nos repetiremos. Pero destaquemos algún aspecto de sus expresiones mediáticas.

 

Durante bastante tiempo, y a falta de un fiel trasunto partidario, esos sectores sociales fueron estructurados y movilizados, en buena medida, desde las trincheras de la COPE y Libertad Digital de Federico Jiménez Losantos y su liberal y aguerrida legión de colaboradores. Y ello lo fue –incluso- frente la atonía de un timorato Partido Popular. Pero a Federico Jiménez Losantos, finalmente fuera de la cadena católica y por ello embarcado en su heroico proyecto independiente de esRadio, le ha salido un serio competidor: El Grupo Intereconomía; y más contundentemente ahora con el lanzamiento de su diario de papel La Gaceta. En principio, todo ello puede ser bueno para esa masa social a la que se dirigen: no en vano serán más numerosas, consistentes y, acaso plurales, las propuestas y argumentos esgrimidos. Bienvenidos todos. Bienvenida toda munición ideológica y mediática. Hacen falta. Que sea para bien.

 

Cuenta, por tanto, con expresiones mediáticas, prueba definitiva de su existencia real; pero sigue sin encontrar un partido político que la represente exactamente. Hoy día, al igual que hasta ayer mismo, en su mayor parte sigue asociada, de un modo u otro, al Partido Popular. Y ello, incluso, a pesar de su creciente conciencia del evidente divorcio entre sus valores más queridos y las políticas concretas del partido. Ni contigo, ni sin ti; cual latino y pasional drama amoroso.

 

En no pocas ocasiones, en circunstancias y entornos muy diversos, se ha especulado con la necesidad, real o presunta, del lanzamiento de un partido conservador sin complejos, que empuñara con decisión las banderas de la derecha social. Así, cuando días atrás el presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, Alfredo Dagnino, reflexionó en torno a la necesaria presencia de políticos católicos, sus declaraciones fueron leídas o interpretadas por algunos en el sentido anterior. Pero, no podía ser de otra manera, tales rápidamente fueron desmentidas: en definitiva, no es el momento de un partido confesional. Ni tampoco, afirmamos nosotros, de otro de signo netamente conservador.

 

Y para ello nos apoyamos en que, salvo quejas muy puntuales, no se ha generado evidencia empírica alguna al respecto. Así, no se ha producido en los ambientes de esa derecha ningún movimiento simétrico al que encabezara en la izquierda, por poner un ejemplo muy ilustrativo, Rosa Díez. Ningún líder nacional del Partido Popular ha cruzado el Rubicón. Pero tampoco se han elevado voces relevantes desde ese variadísimo espectro asociativo reclamándolo. Y, seguramente, se debe a que en esa área no existe ni demanda ni necesidad de ello.

 

Sin líderes, ni sociedad civil que los apoye y reclame, cualquier proyecto que persiga la creación de un nuevo partido político no supera el estadio de mera elucubración de tertulia de café.

 

Ciertamente, existe un partido social cristiano, Alternativa Española (AES), que reclama para sí, tal espacio. Pero su programa político, todavía en definición, y su acción pública, con varios años ya de historia, ¿responden a una verdadera demanda social? En coherencia con lo afirmado en los dos párrafos anteriores, tememos que la respuesta sea negativa. Les deseamos suerte, pero, al recordar sus limitados resultados electorales cosechados en las últimas europeas, no podemos evitar el recuerdo amargo del fenecido, tras larga y nada ejemplar agonía, PADE de Juan Ramón Calero.

 

Otros partidos también lo han intentado a su modo. Recordemos aquí al temático, por calificarlo de una manera sintética y descriptiva, Familia y Vida. Muy meritorio, pero escasamente efectivo y sin expectativas de un vuelco histórico.

 

Aportemos, por último, otra circunstancia. Montserrat Nebrera acaba de abandonar el Partido Popular. Se esperaba. Y se han elevado no pocas especulaciones sobre futuros movimientos. Pero, ¿tiene proyecto? ¿Cuenta con sectores sociales que la avalen? Su perfil, ¿es el de una Rosa Díez de la derecha?

 

Concluyamos, ya, este recorrido. Afirmaremos, por ello, que no parece que existan indicios sólidos de un cambio de tendencia en las derechas sociales. Así, el Partido Popular seguirá contando con un voto seguro, casi cautivo, imprescindible para sus más altas ambiciones. La derecha social, por su parte, seguirá su propio camino estructurada en diversos movimientos escasamente homogéneos y no siempre coincidentes –es más, acaso progresivamente divergentes- con la marcha del Partido Popular.

 

Tales características son, paradójicamente, su principal capital. Y su drama.

 

Diario Liberal, 26 de octubre de 2009