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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Una familia de bandidos en 1793: genocidio y terrorismo de Estado en la Vandée

Una familia de bandidos en 1793: genocidio y terrorismo de Estado en la Vandée

La reedición del libro Una familia de bandidos en 1793 (http://www.gaudete.org) traslada a España una polémica de gran alcance, aunque todavía no resuelta, acaecida en Francia años atrás, y que podemos resumir así: la espantosa represión sufrida por la población de la región de la Vandée, durante el levantamiento católico contra la República jacobina, ¿fue un mero “exceso revolucionario” o alcanzó la categoría de “genocidio”?

 

            Los crímenes perpetrados por la República jacobina de la liberté, égalité, fraternité en la región de la Vandée, a partir de 1793, ¿constituyeron, acaso, el primer genocidio moderno? Tal es la opinión del historiador francés Pierre Chaunu, quien calificó esa guerra como "la más cruel entre todas las hasta entonces conocidas, y el primer gran genocidio sistemático por motivo religioso", sumándose así a las tesis pioneras de Reynald Secher, autor, entre otros, de La Vendée-Vengé, Le génocide franco-français (PUF, París, 1986).

 

Entre los detractores de esta tesis destaca Jean-Clément Martin, quien asegura que la dura represión republicana allí perpetrada carecía de la intencionalidad ideológica característica del moderno concepto de “genocidio”; asimilando esos incuestionables y brutales excesos al también actual de “crímenes de guerra”. Lo cierto es que un territorio de apenas 10.000 kilómetros cuadrados sufrió la disminución de al menos 117.257 bajas por muerte (en combate y a resultas de la represión subsiguiente) en el censo de 1792 cifrado en 815.029 personas; habiendo sido totalmente destruidas el 20% de las casas allí previamente existentes.[

 

            Nos permitimos cuestionar tal punto de vista, no en vano, entre los planes represivos figuraba, por poner un ejemplo paradigmático, la eliminación sistemática de las mujeres vandeanas, al considerarlas “paridoras de bandidos” o sus “surcos reproductores”. Y tales afirmaciones no se quedaron en meras declaraciones retóricas, pues a los fusilamientos masivos, de combatientes y población civil, se sumó el ahogamiento en ríos y bahías del Oeste francés de miles de personas internadas en barcazas hundidas a tal fin; el internamiento de mujeres, niños y ancianos en auténticos campos de concentración al aire libre a la espera de su muerte por hambre, enfermedad y por efecto de las inclemencias del tiempo; las ejecuciones masivas por la guillotina y en público de cualquier vandeano acusado de contrarrevolucionario; incluso experimentos mediante primitivos sistemas de envenenamiento masivo al objeto de ahorrar costes de tan numerosas ejecuciones…

 

            La polémica llegó a trascender el ámbito historiográfico, alcanzando a los medios de comunicación y a diversas instancias políticas, desarrollándose algunas iniciativas en sede parlamentaria que perseguían una declaración institucional de la guerra de la Vandée como “genocidio”, con todas sus implicaciones.

 

Se trata, en todo caso, de un episodio histórico poco conocido por el público de habla española; si bien los lectores de Arbil seguramente ya tienen conocimiento del mismo merced al artículo, publicado en su número 70 (junio de 2003), La Vendée campesina y católica, levantada en armas contra los "sin Dios" jacobinos, de Gustavo Carrère (http://revista-arbil.iespana.es/(70)vend.htm), y de otros varios en los que se menciona este episodio histórico desde diversas perspectivas metodológicas.

 

            Es un asunto de trascendental alcance, no en vano cuestiona las bases de un hecho histórico sobre el que se asienta la arquitectura política actual de Occidente y una buena parte de sus valores y mitos constituyentes.

 

            Recordemos, igualmente, que una lacra que viene sufriendo el mundo contemporáneo, la del terrorismo, tiene bastante que ver en sus orígenes modernos con la Revolución Francesa. Veámoslo. De marzo de 1793 a julio de 1794, la facción revolucionaria más radical, la de los jacobinos, cuya figura más representativa era Maximilien Robespierre, tomó el poder creando el Comité de Salud Pública. Entre otras, institucionalizaron numerosas medidas represivas dirigidas contra todo tipo de opositores; circunstancia que ellos mismos denominaron -con una expresa valoración positiva- como “Terror”. Así, desarrollaron unas prácticas análogas a las que caracterizan al actualmente denominado como “terrorismo de Estado”. Fue el propio Robespierre quien afirmó el 5 de febrero de 1794 que: “El terror no es otra cosa que la justicia rápida, severa, inflexible; es, por tanto, una emanación de la virtud”. Sin contar las muertes sufridas en la Vandée, aquella fase revolucionaria causó un elevado número de víctimas: para unas fuentes sumaron hasta 17.000 ejecuciones; más de 40.000, según otras. Y las detenciones alcanzarían las 400.000. Sí existe cierta coincidencia en cuanto a los porcentajes: un 8% de los condenados eran nobles, un 14% procedía de las clases medias, y un 70% ¡campesinos y obreros! a los que se condenó por delitos de deserción, acaparamiento, rebelión, elusión del reclutamiento y otros. Con todo, fue el clero el que padeció, proporcionalmente a su número, la mayor persecución, alcanzando un 6% del total de ejecutados. Ese nuevo concepto, el de terror-terrorismo, se emplearía tempranamente con un evidente sentido peyorativo; como modelo de prácticas despóticas, arbitrarias, contrarias a los más elementales derechos humanos e inaceptables en un régimen de libertades públicas. A ello contribuyó especialmente el cualificado pensador irlandés Edmund Burke (1729-1797), autor entre otros muchos libros de Reflexiones sobre la Revolución en Francia, en el que calificaba como “terroristas” a quienes aterrorizaban a la población para retener el poder.

 

            Lo acaecido en la Vandée entre 1793 y 1796, fuera un genocidio “técnicamente” hablando, o el primer terrorismo de Estado de la historia, es el contexto en el que se desenvuelve la narración de un libro recientemente reeditado en España. Nos referimos a Una familia de bandidos en 1793. Relato de una abuela, el primer título editado –¡en estos tiempos de crisis!- por la joven Producciones Gaudete, de Larraya (Navarra), a finales de 2008.

 

            A lo largo de sus apretadas 300 páginas, por la pluma de Juan Charruau, la única superviviente de una familia vandeana nos relata la extraordinaria peripecia vital de sus seres queridos –junto a la propia- a lo largo del dramático 1793. Sus expectativas humanas, el modo de vida, y los proyectos de los suyos, sufrirán las mismas vicisitudes que el resto del pueblo vandeano, siguiendo una misma suerte abocada al martirio. Vivirán las primeras conspiraciones vandeanas, la vida de la Iglesia de las catacumbas, las primeras victorias militares, la destrucción de sus casas, las violentas muertes de los suyos. Acompañarán, al igual que decenas de miles de mujeres, niños y ancianos, a los ejércitos católicos vandeanos, pues de no haberlo hecho se habrían sometido indefensos a la tortura y segura muerte a manos de los “bleus”. De este modo, también pasarán por sus páginas diversos personajes históricos claves de la epopeya vandeana.

 

            Apoyada en una incuestionable base histórica, la suerte de esta familia se nos presenta como el espejo del destino de un sencillo pueblo campesino levantado en armas en defensa de su estilo de vida y de sus principios más queridos: la religión católica y su rey. Y en ese preciso orden. Desde la exaltación de los primeros momentos insurrectos, hasta el exterminio de sus protagonistas y de todo ese pueblo en movimiento, asistimos en estas páginas a la destrucción de un orden social tradicional basado en el cumplimiento del deber derivado de una voluntariosa y ejemplar ascesis tejida de piedad y virtudes cristianas.

 

            La Vandée fue el corazón del Oeste francés, una región profundamente recristianizada, entre otros, por San Luis María Grignon de Montford, y por ello muy devota del Sagrado Corazón; en consecuencia, ajena a la utopía revolucionaria. Si la ejecución de Luis XVI el 21 de enero de 1793 horrorizó al pueblo vandeano, el Decreto de levas de la Convención, emitido en el febrero siguiente, que debía movilizar a miles de jóvenes vandeanos al servicio de una revolución que no querían, fue la causa inmediata del levantamiento popular que únicamente la práctica de aquellas técnicas militares de pretensión genocida pudo frenar.

 

            El relato se estructura a partir de las memorias que María Sainte Hermine -superviviente de la ejemplar familia del marqués de Serant- lega a sus descendientes en un ejercicio de memoria histórica y con una evidente intención moralizante; especialmente a partir del ejemplo, entereza y heroicidad de sus mujeres. Su tono es intimista, positivo y alegre; deviniendo muchos de sus capítulos en una verdadera novela de acción. Sus protagonistas nunca caen en el desánimo ni, mucho menos, en la desesperanza. Su lenguaje, en coherencia con lo anterior, es elegante, un tanto arcaico, rico en expresiones y matices. El hilo narrativo está perfectamente trazado: desde los orígenes y múltiples manifestaciones de la vida personal, familiar y social de los protagonistas, hasta el dramático desenlace.

 

            Pero, aunque desde su inicial estilo de vida todo parecía llamarle a una existencia sosegada y cómoda, a pesar de las dificultades presentadas, la narradora no incurre jamás en el insulto; tampoco en la amargura de la desesperanza. Sus protagonistas sabrán morir tal y como habían vivido: sencilla y cristianamente, aceptando el misterioso destino que la Providencia les había trazado; incluso al sufrir los casi inimaginables rigores de las prisiones de Nantes, en las que también los niños morían de hambre, sed y enfermedad, ante la indiferencia –o el regocijo- de los carceleros.

 

            Este libro se suma a la escasa bibliografía en castellano existente al respecto; no es el caso francés, pues, afortunadamente, desde la investigación histórica y la recuperación de la memoria colectiva, se han publicado allí numerosas obras. Queremos recordar aquí los títulos en español más representativos: Memorias de la Marquesa de la Rochejaquelein. La Revolución francesa y las Guerras de la Vandée (Editorial Actas, Madrid, 1995); La Contrarrevolución Legitimista (1688-1877), varios autores (Editorial Complutense, Madrid, 1995); Cristianismo y Revolución, de Jean de Viguerie (Rialp, Madrid, 1991); El sistema de despoblación. Genocidio y Revolución Francesa, de Gracchus Babeuf (Ediciones de la Torre, Pinto, 2008). Mencionemos, igualmente, una reciente novela histórica: La venganza del sable, de Frederic H. Fajardie (Edhasa, Barcelona, 2008). Y, con formato de revista, no podemos olvidar el monográfico La Vandée: el corazón de la Cristiandad, de la revista tradicionalista Ahora información (Barcelona, número 40, julio-agosto de 1999).

 

            Es de agradecer esta interesante aportación, al mercado editorial en español, de Producciones Gaudete, que rescata así una obra de notable actualidad, por las razones antes indicadas, y de un evocador contenido en tantas ocasiones reconfortante.

 

Revista digital Arbil, Nº. 120, febrero 2009

No más bombas

No más bombas

En España disfrutamos de una buena y constante producción editorial que oferta al mercado en lengua castellana una veintena de nuevos títulos por año de temática directamente relacionada con el terrorismo. No está mal. A ella debe sumársele los numerosos artículos y trabajos monográficos elaborados anualmente por un grupo selecto de escritores españoles y extranjeros: investigadores universitarios, periodistas especializados, políticos comprometidos…

 

Con todo, cuando hablamos de producción editorial, y en relación a otros géneros, debemos reconocer que el tema terrorismo “vende” poco; lo que no deja de ser un contrasentido, no en vano, según diversos estudios demoscópicos, el terrorismo sigue constituyendo una de las principales preocupaciones de los españoles. Entonces, debemos preguntarnos, ¿de qué se trata?: ¿hipocresía o cansancio social?

 

Los últimos meses no han sido una excepción a esta constante. Es más, tenemos que destacar la aparición de un título realmente excepcional: No más bombas. El estremecedor testimonio del terrorista que pidió perdón (LibrosLibres, Madrid, 2008, 210 páginas). Así, su autor, el irlandés Shane Paul O’Doherty, se paseó por España, a finales del 2008, para promocionar un título que, pensamos, debiera haber alcanzado una mayor resonancia mediática.

 

Ciertamente, sus promotores trabajaron mucho en su difusión. De hecho, para la temática que trata, no fueron pocos los resultados alcanzados: varias entrevistas en algunos diarios de difusión nacional, diversas reseñas publicadas en medios influyentes de Internet y radio, una buena atención desde el Grupo Intereconomía… Y si a usted, amable lector, le interesa rastrear esa presencia, puede consultar http://nomasbombas.blogspot.com/, donde encontrará el material más relevante; que no es poco. Pero, libro y autor, merecían mucho más.

 

Shane Paul O’Doherty fue un ejemplo paradigmático de adolescente terrorista norirlandés alimentado por una coherente y potente cultura del odio y de extrema afirmación identitaria. Esa “cultura” no era el producto etéreo y abstracto de una ensoñación sin raíces. Al contrario: toda una compacta comunidad humana se nutría de esos mitos movilizadores, estructurándose vitalmente en torno a una contundente estrategia terrorista que ofrecía, además de mucho sufrimiento a sus víctimas y sacrificados seguidores, un horizonte ideal, un estilo de vida integral, un compacto y atractivo entorno humano;  toda una cultura fuerte y viva.

 

Ya en prisión, en parte sustraído de ese absorbente entorno, se atrevió a pensar por su cuenta, llegando a arrepentirse y, en consecuencia, a pedir perdón; comportamiento que generó no pocos rechazos, tanto entre sus antiguos correligionarios, como entre sus desconfiadas y maltratadas víctimas...

 

El libro es muy recomendable por varios motivos. En primer lugar, por ser una narración escrita en primera persona que no censura ninguna de sus experiencias, perlada de diversas muestras de una delicada y fina ironía inglesa (perdón, irlandesa) que la agiliza, provocando la sonrisa en el lector y, casi inevitablemente, su simpatía con el autor. Y, en segundo lugar, por descubrir la verdadera y compleja naturaleza de un muy concreto entramado terrorista, huyendo de tópicos al uso y simplismos. Todo ello merecería una más amplia difusión...

 

¿Por qué las cadenas televisivas generalistas no se han hecho eco de este testimonio? Tal vez no sea una novedad afirmar que, más allá de unos pocos convencionalismos políticamente correctos, tales medios han renunciado a la formación de una opinión pública sólida, libre y crítica; privilegiando la frivolidad y el entretenimiento instintivo. Sin embargo, siempre son de los primeros en reclamar a la sociedad su movilización cada vez que el terrorismo la golpea. Pero, ¿no es una manera poco elegante de escurrir el bulto y delegar su responsabilidad? Y, en el caso de las cadenas públicas, esa renuncia adquiere mayor gravedad, pues, entonces, ¿en qué queda aquello de su supuesta “vocación de servicio público”?

 

El terrorismo sigue constituyendo una gravísima y permanente amenaza para la convivencia española. En consecuencia, habría que afrontarlo en todas sus diversas expresiones y manifestaciones: policial, judicial, internacional… y ¿mediático-cultural?

 

Hace unos pocos días, el pasado domingo 18 de enero de 2009, muchos españoles nos sobresaltamos leyendo una noticia preocupante: el diario El Mundo aseguraba que la Unión Europea había denunciado a España ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas por no adoptar las disposiciones relativas a la prevención de la utilización del sistema financiero, para el blanqueo de capitales y para la financiación del terrorismo, recogidas en su directiva 2005/60 CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de octubre de 2005; lo que tenía que haber efectuado antes del 27 de diciembre de 2007. ¡Y no pasa nada! ¿En cuántas ocasiones se ha afirmado, desde instancias políticas y mediáticas, que al terrorismo hay que combatirlo en todos sus frentes? Es imposible, ya, precisarlo. Pero el Estado español, también la oposición política, ¡se permiten el lujo de ignorar una de sus dimensiones más relevantes! ¿Simple ignorancia o negligencia criminal? ¿Nadie responderá por semejante deslealtad?

 

En muchas ocasiones, no pocos especialistas en esta temática, y en particular muchas víctimas del terrorismo, han afirmado que el Estado marcha a remolque de los acontecimientos, correspondiendo a ETA la iniciativa. Los hechos anteriores parecen confirmarlo.

 

Por ello desazona conocer noticias como la que acabamos de recordar, pues consolida la impresión de que padecemos una clase política y administrativa rutinaria, poco imaginativa, cuando no criminalmente negligente, instalada en un ejercicio acrítico del poder. Es inadmisible que el Estado no ponga “toda la carne en el asador” cuando de lucha antiterrorista se trata; pues hablamos de personas concretas asesinadas, de familias destrozadas, de historias humanas abruptamente rotas.

 

En este vomitivo contexto de renuncia y dejación, no es de extrañar que un testimonio relevante, como el del libro reseñado, que bien pudiera haber servido de revulsivo a no pocas conciencias, pase desapercibido para la inmensa mayoría de compatriotas.

 

Es la gran ventaja con la que juegan los terroristas: frente a su despiadado reto global encuentran un Estado acomodado y cobarde.

 

A pesar de todo, o precisamente merced a todo ello, ¡bienvenido Shane Paul O’Doherty! Gracias por tu testimonio y por tu valor. Y gracias a su editor, quien nos ha permitido conocerlo, ayudándonos así a comprender mejor la realidad tan denostada, como sorprendentemente desconocida, del terrorismo.

 

Diario Liberal, 25 de enero de 2009.

 

Una mirada sin concesiones a la crisis navarra.

Una mirada sin concesiones a la crisis navarra.

            La obtusa crisis del centroderecha navarro, ya consumada en la fractura UPN-PPN, ha desconcertado a propios y extraños. Y ha proporcionado muy atractivas e inimaginables posibilidades de juego a sus eternos e irreductibles rivales: socialistas y nacionalistas; encantados y muy divertidos con tan sorprendente como gratuito espectáculo.

           

No vamos a realizar en estas líneas un análisis en profundidad de todo lo que ha acontecido –que se sepa- al respecto. Pero sí vamos a insistir en torno a algunas cuestiones que deberán valorarse, por quienes corresponda, si quieren que el centroderecha navarro tenga futuro.

 

            Por ello, vamos a realizar una serie de afirmaciones que, emitidas desde una postura no partidista, aunque afín, únicamente pretenden proporcionar algunas claves dirigidas a un entorno al que no le gusta nada ninguna crítica; especialmente las realizadas, incluso con afecto y desinterés constructivo, por próximos.

  1. De entrada, no hay que olvidar que ya son tres los partidos situados en el arco del navarrismo centroderechista: Unión del Pueblo Navarro, Convergencia de Demócratas de Navarra y el recién llegado Partido Popular de Navarra. Mucha oferta –y confusa- para un espacio social desconcertado y a la defensiva.
  2. En la crisis apenas han emergido razonamientos ideológicos. Existen, no obstante, ciertas cuestiones para analizar en profundidad y de no poca relevancia. Sin embargo, no se ha producido -más allá de tímidas insinuaciones- un debate de calado sobre la supuesta deriva napartarra y/o cortoplacista de UPN y sus implicaciones prácticas; por poner un ejemplo.
  3. Las consideraciones tácticas se han impuesto sobre las estratégicas. De modo que se ha insistido sobremanera en diversas interpretaciones, de una determinada cláusula del fenecido pacto PP-UPN, como supuesta causa real de la crisis; o en la mayor proyección nacional y europea de un partido, frente a la regional del otro; o en el modo de conservar uno o dos, o tres años más, la Presidencia y el Gobierno de Navarra. En correspondencia a ello, salvo grandiosas y habituales declaraciones de intenciones encaminadas a la salvaguardia de la identidad navarra (que ya aburren…), no se ha hablado nada de política social y cultural a medio y largo plazo. Entonces, ¿acaso el centroderecha ha renunciado al imprescindible combate cultural y a una política social concreta que pugnen por dibujar y teñir de colores propios, frente a las acciones decididas de sus adversarios, la futura sociedad navarra?
  4. Se ha privado al centroderecha social navarro de un debate necesario. De hecho, apenas ha existido tal, limitándose el mismo a las declaraciones y escritos de unos pocos de sus “notables” e “históricos”. ¡Como si el asunto únicamente concerniera a unos pocos “iniciados”! Así, la militancia de UPN no ha debatido en profundidad los elementos de la crisis, ni se le ha proporcionado instrumentos para el debate y la toma de decisiones, ni ha disfrutado del tiempo necesario para ello, ni de los espacios adecuados. Desconcertada e ignorada, en consecuencia, ha permanecido en su inmensa mayoría totalmente enmudecida: de hecho, no se han producido significativos o visibles movimientos de opinión dentro del partido, ya fuera en uno o en otro sentido. Pero esa falta de músculo democrático también se ha sentido entre los agentes sociales tradicionalmente avalistas de UPN; acaso como una prueba más del alejamiento de sus prácticas partidarias de los objetivos y sentimientos de su base electoral.

 

  1. Lo personal ha prevalecido sobre lo colectivo. Y de diverso modo: transformando denuncias políticas en agravios personales; confundiendo posicionamientos tácticos con meras expectativas individuales; invocándose fidelidades o favores para acallar críticas. En definitiva, el centroderecha ha demostrado carecer de una verdadera cultura política.

 

Destacaremos, por último, que las actuaciones ulteriores de los dos partidos protagonistas de la crisis parecen orientarse hacia una afirmación fundamentalista de las esencias y expectativas respectivas; de modo que, en lugar de tenderse puentes, se han sucedido las decisiones rupturistas y autoafirmativas. Un divorcio contencioso, pues, ante el que el electorado, ajeno a las disputas conyugales, tendrá que definirse sin remedio. Y sin ganas.

 

El centroderecha sociológico navarro ha demostrado una notable creatividad social, por su parte, durante décadas. Pero sus sucesivos instrumentos políticos no han correspondido a sus expectativas y necesidades. Acaso radique ahí la causa última de su silencio y general retraimiento ante la crisis, según señalábamos antes. E insistimos en ello, pues ninguno de los tres partidos del centroderecha navarro será nada –salvo meras oficinas electorales destinadas al reparto de cargos- si no se gana su respeto.

 

Recuperación de vías de diálogo y representación real de su base social, prácticas democráticas alejadas de caudillismos acríticos y servilismos infantilizantes, transparencia informativa y responsabilidad personal, políticas coherentes con los principios ideológicos propios del centroderecha, firmeza en las convicciones por encima de cortos intereses individuales en juego… Unas pocas sugerencias para los partidos políticos del centroderecha navarro. Que hagan política. Sí, pero de verdad. Y si no aprenden la lección, siempre nos quedará el voto de protesta: Rosa Díez, por ejemplo. ¿A que duele, eh?

 

 

Diario Liberal, 12 de noviembre de 2008

http://www.diarioliberal.com/DL_vaquero.htm

 

 

Conclusiones del "Taller de realidad", de Fundación Leyre, "Respuestas penitenciarias españolas al terrorismo de ETA".

Conclusiones del "Taller de realidad", de Fundación Leyre, "Respuestas penitenciarias españolas al terrorismo de ETA".

 

El pasado 29 de mayo de 2008 se celebró, en los locales de la Fundación Leyre en Pamplona, una nueva sesión de los "Talleres de realidad" en la que se analizó la respuesta estatal española al terrorismo desde la perspectiva de la ejecución penal-penitenciaria.

 

Al igual que en otras ocasiones, presentamos las siguientes conclusiones:

 

1)       Como organización nacionalista, revolucionaria, totalitaria, militarizada y centralizada, ETA cuenta con un importante número de militantes encarcelados, cuya realidad organizativa nunca ha descuidado; independientemente de su mayor o menor peso en la toma de decisiones.

2)       El ordenamiento penitenciario democrático español, se asienta en dos grandes principios: Régimen, o conjunto de actividades encaminadas al orden, la seguridad y la disciplina; Tratamiento, o suma de actividades expresamente dirigidas a la reeducación y reinserción social de los presos y penados.

3)       El sistema tratamental español se concreta en los tres grados penitenciarios en que los penados pueden ser clasificados, inicial o sucesivamente. El primer grado se aplica a internos de trayectoria, pena u otras circunstancias reveladoras de una particular y persistente peligrosidad. Así, la mayor parte de los terroristas son clasificados en dicha modalidad.

4)       Desde la lógica interna propia de su naturaleza, ETA enjuicia este sistema como “pseudo fascista”, de modo que sus presos no serían meros delincuentes, sino “encarcelados políticos vascos”. No sería otra cosa que un ámbito más de la actuación represora de un Estado ilegítimo que no reconocen. El tratamiento penitenciario sería un instrumento más dirigido a la desmoralización de los “gudaris”.

5)       Es el “frente de makos” de la dirección de ETA la encargada de los presos. Sus decisiones se determinan mediante una variedad de la cultura organizativa marxista-leninista del “centralismo democrático”, denominada Batzarre. Así, no se admiten discrepancias a la línea política de la organización; toda decisión personal y colectiva se debate; se toman acuerdos, se hacen llegar a la dirección y ésta acepta o rechaza; los presos de ETA no aceptan los grados penitenciarios: ni los piden ni los recurren. No aceptan los destinos laborales; concebidos como fórmula de “colaboracionismo” con la represión española.

6)       No siempre han mantenido los mismos criterios inamovibles. Así, en su día modificaron su postura en una cuestión muy relevante, para las expectativas personales de sus presos y de sus familiares, al aceptar las redenciones extraordinarias con efectos retroactivos. Su objetivo era acortar las largas condenas, facilitando el adelantamiento de su excarcelación y, de paso, acceder a las peticiones de unos familiares desmoralizados y agotados.

7)       La respuesta penitenciaria española arranca en 1977, con la amnistía de octubre; la Ley Orgánica 1/1979 de 26 de septiembre, General Penitenciaria (LOGP); la dispersión de 1989; la eliminación de las redenciones de penas por el trabajo por Ley Orgánica 10/1995 de 23 de noviembre de reforma del Código Penal; la canalización de los estudios universitarios en prisión por medio de la UNED a partir de 2003; la reforma de 2003 por la que se crea el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, en la Audiencia Nacional, en Madrid, con la misión de unificar los criterios para el control del cumplimiento de las penas impuestas, entre otros, a terroristas; la Sentencia 197/2006 de 28 de febrero del Tribunal Supremo español que formula la “doctrina Parot”.

8)       Si ya en 1977 se acreditó, pese a la reciente amnistía, la voluntad criminal de ETA y otras bandas como el GRAPO, ¿por qué se ha tardado tantos años en elaborar una respuesta “global” al desafío terrorista en su proyección carcelaria? Anticiparemos algunas respuestas: la carencia de una estrategia global del Estado frente al fenómeno poliédrico del terrorismo de ETA; ausencia de instrumentos teóricos analíticos; las complicidades de ciertas izquierdas; los complejos de la derecha; el halo romántico de los nacionalismos y la “bula antifranquista”; el empacho garantista de los primeros años de la democracia; las aparentemente relaciones confusas de las diversas familias nacionalistas entre sí.

9)       Ha sido la acción de unas pocas personas –víctimas del terrorismo, activistas, políticos, comunicadores-, la que ha impulsado las más relevantes reformas elaboradas frente al terrorismo. Una acción que ha facilitado el cambio de la opinión pública y la subsiguiente rectificación política.

10)   Ello evidencia unas improvisaciones, unas rutinas, y unas carencias, que lindan con la apatía o incapacidad políticas de sucesivos responsables del Estado, y que en todo caso merecen un duro juicio moral.

11)   Una importante cuestión terminológica. La supuesta distinción –presos comunes/presos políticos- es una manipulación más de un lenguaje pervertido que pretende ganar otra batalla en el ámbito de las ideas y de la propaganda.

 

 

Pamplona, 30  de mayo de 2008

 

Conclusiones del "Taller de realidad", de Fundación Leyre, “Implantación y problemáticas del islam en España”.

Conclusiones del "Taller de realidad", de Fundación Leyre, “Implantación y problemáticas del islam en España”.

El pasado 15 de mayo de 2008 se celebró, en la Fundación Leyre de Pamplona, una nueva sesión de los “Talleres de realidad” dirigida por Fernando Vaquero, escritor y analista.Al igual que en otras ocasiones, presentamos las siguientes conclusiones:

1) En el islam, religión, sociedad y Estado forman una unidad; de modo que la ley civil es la ley religiosa: la sharia, su desarrollo normativo, fue cerrado en el siglo X. Se caracteriza por una triple desigualdad: entre musulmanes y no musulmanes; entre el hombre y la mujer (divorcio, repudio, herencia, matrimonio con no musulmanes, los hijos a cargo del padre, los hijos seguirán la fe del padre, la cuestión del velo, la no coránica mutilación genital femenina); entre el hombre libre y el esclavo (casi por completo desterrada).

2) La diferenciación entre los conceptos de gran yihad (ascesis personal y social) y pequeña yihad (guerra de defensa de la Umma) disfruta de particular fortuna entre los occidentales; pero no entre los propios musulmanes. Una nefasta consecuencia del afán de novedad de los occidentales, de sus complejos y mala conciencia.

3) La mezquita no es una mera iglesia: allí se decide TODA cuestión, del rango que sea, que afecta a la Umma. Por ello, el Estado debe controlar la naturaleza y situación concreta de cada sala de oración musulmana.

4) Modelos de integración de inmigrantes en países culturalmente muy distintos: asimilación (aceptación de la ley y costumbres del país que acoge), multiculturalismo (todas las religiones son análogas y equivalentes, mereciendo el mismo trato), meeting pot (Estados Unidos), identidad enriquecida (base cultural potente y otras culturas que pueden mantener su identidad, sin diluir la primera).

5) En España se viene aplicando de hecho el modelo del multiculturalismo improvisado; tanto con el PP, como con el PSOE.

6) Elementos constitutivos de Europa que deben conocer y aceptar los musulmanes: democracia, pluralismo, libertad religiosa y de conciencia, separación Iglesia/Estado, respeto de los derechos de la persona, igualdad entre hombres y mujeres, rechazo de la violencia como instrumento político.

7) El problema de la educación. Debe garantizarse la libertad religiosa de los musulmanes. Pero un gran problema es el del empleo del árabe, imprescindible en su práctica religiosa, que debe limitarse a su aprendizaje litúrgico; al objeto de evitar la creación de guetos.

8) Cuestiones que ya se están resolviendo: cesión de terrenos y financiación de mezquitas (con las carencias señaladas en el punto 3º), implantación de la normativa de la comidas halal, cementerios musulmanes, ausencias del trabajo por festividades musulmanas (la cuestión del viernes; las 5 oraciones diarias unificadas en 3), efectos civiles del matrimonio islámico (celebrado bajo fórmula religiosa).

9) El islam español es muy plural; tanto por la procedencia étnica y nacional, como por la diversidad de escuelas y obediencias.

10) Son 1.130.000, de los que 33.000 son españoles/as conversos/as. Pero apenas un 10% practica su fe y en torno a un 5% está asociado en entidades musulmanas. Su visibilidad social y mediática, no obstante, es muy superior a su presencia real.

11) La opacidad de muchas comunidades musulmanas dificulta su conocimiento y un efectivo control, de precisarse éste, pudiendo así amparar la creación de focos radicales proclives al terrorismo.

12) Una propuesta política transversal concreta: la reciprocidad; pudiéndose asociar, por ejemplo, las ayudas al desarrollo en países musulmanes con la aplicación en los mismos de los derechos humanos (entre ellos, la libertad religiosa).

13) Como base de diálogo con el islam, Occidente debe partir de la laicidad y la ética de los valores comunes; pero siempre que sea consciente de sus raíces, idiosincrasia y derechos. El diálogo y la convivencia únicamente son creativos desde el cultivo de la propia identidad. Los complejos de inferioridad envalentonan a los radicales. También los inmigrantes necesitan de marcos legales y culturales precisos que impidan, por ejemplo, dobles estatutos jurídicos (el civil europeo y la sharia) que favorezcan de hecho guetos en los que se violen determinados derechos humanos y civiles específicos de la tradición europea y de proyección universal.

Pamplona, 16 de mayo de 2008

El Partido Popular: ¿un gigante con pies de barro?

El Partido Popular: ¿un gigante con pies de barro?

 

¿Qué está pasando en el Partido Popular? ¿Una crisis de liderazgo? ¿El desgaste inevitable ante una nueva “travesía del desierto”? ¿Un inesperado e incomprendido cambio de rumbo ideológico? ¿Meros enfrentamientos personales? Seguramente confluye algo de todo ello. Pero, creemos, hay mucho más.

 

Sea la que sea la precisa fórmula de los componentes de la crisis, se ha derrumbado uno de los mitos esgrimidos cíclicamente por los líderes populares: “el mayor partido de España”, “la militancia más numerosa de Europa”, “sus mujeres y hombres son el principal capital del partido”, etc.

 

Y decimos que se trata de un mito, pues no es un hecho que se pueda verificar; pues no es cierto. Acaso sí lo sea que son 748.000 cotizantes. Muchos. Pero de ahí a que sean otros tantos militantes hay un trecho muy largo… que nunca se ha recorrido.

 

De ser verídica y real, tamaña realidad militante habría eclipsado a los mismísimos Testigos de Jehová en el ranking de plastas castigadores de la ciudadanía española. Pero, dígame, ¿alguna vez le ha visitado en su casa un militante popular con afán proselitista? Tal vez conozca a alguno: en su trabajo, en el vecindario, entre sus familiares... Incluso puede que usted mismo, desconocido lector, sea de los que se manifiestan, en público y en privado, sin complejos ni falsos respetos, como un entusiasta militante popular… pese a no estar afiliado al partido.

 

Primera evidencia: un militante no es un simple afiliado. Ni un afiliado es un adherido sin más. Un militante no se limita a pagar una cuota; ni mucho menos a figurar en un listado como posible interventor en procesos electorales. Un partido de verdad no se hace sólo con cotizantes, ni con listados interminables de “socios”. Ni únicamente con marketing.

 

Existe, ciertamente, un modelo en crisis: un partido que carece de estructuras participativas, que elude los debates colectivos, que premia los juegos de salón de quienes aspiran a un cargo electo, que vive a espaldas de las necesidades reales de su base social, y que se mueve obsesionado por los análisis demoscópicos. Un partido que ignora sus afiliados. Una estructura muda e inoperante al servicio de los “líderes”. Sean quienes sean. Una macro oficina electoral, en resumen.

 

Si el partido estuviera vivo, en el contexto actual, se habrían multiplicado los signos de alarma: las peticiones de explicaciones y debate, las iniciativas locales y sectoriales, los manifiestos y las propuestas. Pero nada, repetimos, nada de eso se ha producido. Alguna dimisión, ciertas bajas relevantes, apenas una manifestación ridícula… Y muchas declaraciones públicas más bien crípticas. Poco ciertamente; muy poco. ¡Qué gran misterio!

 

Se dirá que los militantes populares están poco implicados en la vida del partido. Pero, ¿no se trataba de una militancia ejemplar?

 

Veamos qué afirma El Mundo en su edición del 25 de mayo. En el proceso electoral de los 2.500 compromisarios, para el próximo congreso nacional en Valencia, apenas habrían participado un 3’67% de los afiliados. ¿Por qué? ¿Acaso son en su inmensa mayoría unos pasotas? ¿No será, por el contrario, que ni se estimula, ni se favorece, ni se facilita su participación real en la toma de decisiones y en la vida del partido?

 

Un partido debe sumar esfuerzos, no neutralizarlos. Debe suscitar vocaciones a la política, no espantarlas. Debe dialogar e interactuar con los agentes sociales, no despreciarlos. Debe escuchar a la sociedad, no suplantarla. Debe fomentar y facilitar iniciativas, no ahogarlas; tampoco controlarlas.

 

Y no sirve afirmar que las “políticas de valores” sean percibidas temerosamente por la sociedad como actitudes “ultras”. Es más, desde una identidad definida y sin complejos existe menos miedo, al diálogo y al encuentro con “el otro”, que desde la indefinición. Por ello, una política de valores, enraizada en el pueblo, o en sectores significativos del mismo, funciona mejor cuanta más democracia interna, más participación, y mayor transparencia caracterizan a un partido político. El que sea.

 

Ya sabemos que los partidos activistas, alimentados por militantes entregados, son un modelo del pasado. ¿Quién se acuerda, ya, de aquellos pesados militantes, de todos los colores, que nos sermoneaban en la tan añorada Transición? Pero ello no implica que se tengan que reducir a sindicatos oligárquicos de intereses, dirigidos por una minoría que manipula estatutos y números, en aras de su promoción y permanencia indefinida en el mando. Eso sí, bajo una verborrea pseudo democrática, aunque políticamente correcta. Con gesto serio, traje y corbata, palabras y palabras.

 

La derecha social, plural por naturaleza, activista por vocación y necesidad, popular por origen y pertenencia, quiere un partido popular de verdad. Y, ahora mismo, el Partido Popular no parece que lo sea. ¿Llegará a serlo? Si la crisis lo propiciara, bienvenida sea. Si hay crisis, hay vida.

 

Diario Liberal, 26 de mayo de 2008

Jueves 15 de mayo de 2008. Implantación y problemáticas del islam en España.

Jueves 15 de mayo de 2008. Implantación y problemáticas del islam en España.

 

Ponente: Fernando Vaquero Oroquieta. Presidente de la junta directiva de Leyre. Escritor y analista.

Lugar: Fundación Leyre.

Paulino Caballero, 23 bis, 4º, de Pamplona.

20 horas.

 

Fundación Leyre:

Una entidad independiente al servicio de la libertad foral y la identidad navarras. Una presencia constructiva y responsable en la actual “batalla de las ideas”.

 

Talleres de realidad.

 

Qué son

Un espacio de reflexión y debate, con aforo limitado, en el que un experto expone un tema de actualidad, siguiéndole un turno de preguntas, y la elaboración de unas conclusiones por parte del secretario del taller.

 

Próximas convocatorias

 

- Miércoles 21 de mayo de 2008: Feminismos y derecha social.

Ponente: Carmen González. Técnica de Igualdad.

 

- Jueves 22 de mayo de 2008: Homeschooling: el derecho a educar… en casa.

Ponente: José Antonio Ullate Fabo. Escritor.

 

- Jueves 29 de mayo de 2008: Respuestas penitenciarias españolas al terrorismo de ETA.

Ponente: José Basaburua. Escritor. Consejo de Redacción de la revista Digital Arbil.

 

- Junio de 2008: CDN y el futuro del centroderecha navarro.

Ponente: José Andrés Burguete. Presidente de CDN.

 

Temas ya abordados

Estructura, naturaleza e ideología del MLNV; Salud del movimiento asociativo familiar navarro; Activismo y movimiento cultural en Navarra; Aralar y la recomposición del espacio político de Navarra; Análisis crítico de la situación política actual de Navarra; New Age, pensamiento políticamente correcto y grupos de presión; Terrorismo y globalización; Wahhabismo: en las raíces del terrorismo islámico; La verdad sobre El Código da Vinci; Ante el referéndum del 20 de febrero: razones por el sí, razones por el no; El plan Ibarretxe y Navarra; Orígenes del yihadismo marroquí y su proyección en Europa; El futuro de las televisiones en Navarra; Análisis, desde los contenidos del diario abertzale Gara, de la llamada tregua de ETA; Cómo ser de derechas y no morir en el intento; La supuesta grapización de ETA.

 

Web: http://www.fundacionleyre.com

¡Bravo por el Ministerio de Igualdad!

¡Bravo por el Ministerio de Igualdad!

Estoy entusiasmado. Debo reconocerlo: me encanta la idea. ¡Nada menos que un Ministerio para avanzar decididamente en la igualdad real entre hombres y mujeres! Que se anticipe en el futuro e impulse nuevos movimientos sociales igualitarios. Que supere viejos y nuevos prejuicios. Más allá de los dogmas imperantes. Formidable.

 

Por ello espero que –sin miedo y bajo su sabio impulso- se empiece a valorar por igual, en juzgados y comisarías, la palabra de hombres y mujeres. Y que el principio de presunción de inocencia tenga efectos reales…. ¡también con los hombres! Y que la Justicia persiga con el mismo entusiasmo las denuncias falsas, los maltratos psicológicos, los asesinatos, etc., sean sus víctimas mujeres… u hombres.

 

Seguro que este Ministerio abordará sin prejuicios el Síndrome de Alienación Parental, partiendo del hecho de que sus víctimas pueden ser niñas… y niños; y que el agresor puede ser hombre, pero también mujer.

 

También deposito mi esperanza en este Ministerio por lo que respecta a ese slogan casi clandestino, silenciado por los mass-media, y al que se apuntan cada vez más hombres y mujeres de todas las ideologías; que dice algo así como “custodia compartida ya”. Vamos, que los hombres –incluso- podrían ver y atender a sus hijos, una vez expulsados del hogar merced al correspondiente repudio judicial, algo más del actual 8% del tiempo actual que de media “disfrutamos”. Por cierto, ¿la presunción jurídica y sociológica de “buena madre” podrá coexistir, o al menos dejar paso, a la de “buen padre”? ¿O seguirá siendo, el hombre, un sujeto jurídico de segunda, sospechoso de cualquier brutalidad, siempre movido por impulsos criminales, y, en consecuencia, difícilmente un “buen padre”?

 

¿Sería mucho pedir que este Ministerio de Igualdad, preocupado por la salud integral de mujeres (y hombres, suponemos…), impulse estudios y medidas tendentes a reducir el impacto de los autoaccidentes automovilísticos que encubren el suicidio de numerosos varones en proceso de crisis familiar o separación contenciosa. Y también podrían impulsar -los Ministerios de Igualdad y Sanidad- campañas contra la mutilación genital MASCULINA, que, al igual que Teruel, también existe. Y si no se lo creen, pregúnteles a los no pocos musulmanes y hebreos aquí residentes.

 

Y, cómo no, bienvenidas las cuotas. Dadas las tendencias actuales, algo hará este Ministerio para que la sanidad, la Justicia, la Docencia, la Función Pública… no terminen convirtiéndose en cotos exclusivos de mujeres. ¡Una oportunidad a los menos evolucionados de la humanidad, por favor!

 

¿Y una política de vivienda para los más desfavorecidos? Jóvenes, mujeres maltratadas, inmigrantes, excarcelados… ¿y viviendas también para divorciados expoliados econonómicamente? Oiga; que muchos se conformarían con unas económicas soluciones habitacionales. Tampoco es pedir mucho, ¿o sí?

 

La lista de sugerencias, de buenos deseos, de programas “rompedores”, sería interminable. Y seguro que a usted, paciente lector, se le ocurren más y mejores. Muchos más.

 

Pero… ¡se me olvidada! ¡Estamos en España! Y, aquí, la igualdad, en realidad, quiere decir supremacía; y el feminismo encubre hembrismo; y la supuesta protección de la mujer alimenta toda una industria de la desigualdad que se traduce en dolor, sufrimiento y agravios irracionales. Pero, no se alarmen… que no es para tanto. ¡Cuánto se quejan los hombres! Pobrecillos. No se enteran. Ni falta que hace.

 

¿Ministerio de Igualdad o Ministerios de la Verdad y del Amor en uno, versión siglo veintiuno, del Gran Hermano? Mejor dicho: Gran Hermana. Que estamos en la España del talante zapateril. Y no en el 1984 de Orwel.

 

 

Diario Liberal, 14 de abril de 2008