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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Hipótesis sobre Navarra.

Hipótesis sobre Navarra.

Navarra sigue estando sobre el tapete. Una pequeña comunidad española parece situarse como la clave de la bóveda española: selló su unidad nacional; pero caso de desprenderse, toda ella puede venirse abajo. ¿Qué está pasando? En definitiva, ¿Por qué es tan relevante Navarra? ¿Qué es Navarra?

 

Vamos a partir de una hipótesis: Navarra es una experiencia popular concreta de libertad, en el tiempo y en el espacio; una república cristiana.

 

A Navarra no la determina la lengua: se habló y se hablan varios idiomas. El euskera y el castellano, hoy; además de otros ya desaparecidos, como el hebreo, el navarro-aragonés y el árabe.

 

Tampoco la raza: es y ha sido crisol de etnias muy distintas: vascos, celtas, romanos, visigodos, árabes, judíos…

 

Navarra, por lo tanto, no es una construcción nacionalista.

 

En el centro de la hipótesis situábamos el concepto libertad; pero no en el sentido moderno o posmoderno que la concibe como radical autodeterminación personal sin sujeción a regla o norma alguna; fruto de una deconstrucción social y de la persona.

 

Partamos de un hecho incuestionable: la libertad navarra ha sido fruto de la experiencia y culturas cristianas; es decir, el movimiento personal y comunitario hacia el bien común. De las personas concretas, las familias, las comunidades.

 

Esta aspiración de libertad se ha edificado en el instrumento jurídico de los fueros, o Fuero; a modo de articulación de derechos y deberes, de poderes y jurisdicciones, en defensa de las libertades frente a los posibles abusos de los poderosos.

 

El Fuero, por tanto, es una forma concreta de república cristiana. Una muy concreta expresión de una manera de situarse ante la vida y el mundo; lo que ha generado una mentalidad realista, comunitaria, y enraizada en los valores derivados de la cultura cristiana. Católica, en concreto.

 

Encontramos a Navarra en los orígenes de las Españas: como madre de reinos que desarrollaron una de las empresas universales más sorprendentes. Nos referimos a la Reconquista española. Selló, decíamos, la unidad nacional en los principios del siglo XVI. Y, como objetivo fundamental de una fuerza disgregadora de la anterior, es -hoy día- clave de su futuro. Sin Navarra no existe España. Pero Navarra no puede autoconcebirse sin España.

 

Uno de los mayores méritos de los ancestros navarros ha sido la supervivencia del Fuero; adaptándose a periodos históricos muy diversos y sobreviviendo a cambios dinásticos y de régimen político.

 

Católicos y agnósticos. Tradicionalistas y liberales. Montañeses y riberos. A todos ellos les ha unido el Fuero.

 

Pero Navarra nunca ha sido una realidad al margen de la Historia, de los cambios culturales y de las modas. Ha sufrido, con mayor o menor virulencia, el impacto de las diversas ideologías de la modernidad y postmodernidad; uno de cuyos efectos más visibles ha sido la progresiva pérdida de densidad del pueblo cristiano que inventó, alimentó y proyectó el Fuero.

 

De hecho, una concreción de ese impacto ha sido la disolución del concepto central de la navarridad: la libertad. Así, poco a poco, y cada vez para más, ya no será el bien común su objetivo final; sino el progreso científico, la radical autonomía individualista, el socialismo… o la construcción nacional vasca.

 

El nacionalismo vasco es inconcebible sin Navarra; donde pese a todo, siempre ha sido minoría; también en la actualidad.

 

En los tiempos de la transición española a la democracia, sus expresiones mayoritarias se radicalizaron en extremo; demostrando una enorme capacidad camaleónica, asimilando el feminismo radical, el pensamiento crítico, la Teología de la Liberación, el ecologismo holístico… todas las contraculturas eclosionadas desde el francés y californiano mayo del 68. En resumen: un marxismo-leninismo táctico, un desarrollo contracultural y un nacionalismo estratégico. Una poliédrica criatura sociológica.

 

Encarnado en ETA y su autodenominado MLNV, no obstante, se viene observando que ese nacionalismo radical viene optando –en los últimos años- por las expresiones más pragmáticas del nacionalismo presente en Navarra: la coalición Nafarroa Bai, liderada por Aralar; una formación que se reclama sin pudor “izquierda abertzale”.

 

Con todo, esa presencia nacionalista, esa atractiva “criatura”, si miramos las tendencias europeístas del resto del continente, no deja de constituir una auténtica anomalía histórica. ¿Por qué?

 

Ello se debe a su particular y compleja naturaleza, a la que caracterizaríamos con las siguientes notas: ferozmente identitaria, militantemente comunitaria, estructuralmente totalitaria; no en vano en su dinámica contrasociedad puede articularse toda la vida de una persona: afectos, ocio, mitos, formación, compromisos sociales, educación…

 

En este contexto, podemos señalar como retos de la navarridad, si quiere tener futuro, los siguientes:

-          Afrontar el desafío cultural y político del nacionalismo vasco.

-          La recuperación de su naturaleza y dinámica comunitarias; como sustrato propio y sugestivo, y antídoto de las aventuras identitarias vasquistas.

 

Volvamos a los orígenes. Si la navarridad nació y se alimentó del cristianismo, de las sucesivas doctrinas socialcristianas, ¿podrá sobrevivir sin esas raíces? Como pueden observar, un reto común al del resto de Europa.

 

¿Puede configurarse una navarridad que ponga en su centro la libertad, entendida como una fuerza colectiva dinámica orientada al bien común, fruto del diálogo de sus diversas identidades culturales: católica, liberal, socialista… vasca?

 

Es el reto. Y su única oportunidad de supervivencia.

 

 

 (Intervención del autor en el “Seminario Historia de España Marcelino Menéndez Pelayo: «NAVARRA; PASADO, PRESENTE Y FUTURO»”, el pasado 1 de abril de 2008. Organizado por la Universidad San Pablo-CEU en Madrid).

Respuesta penitenciaria española al terrorismo etarra

Respuesta penitenciaria española al terrorismo etarra

Nos encontramos ante una nueva fase de la estrategia terrorista de ETA; uno de cuyos “frentes” más trascendentales es el carcelario, o de “makos”, según su jerga. Mirando hacia el pasado, ¿qué respuestas penitenciarias ha generado el Estado español frente al desafío etarra?

 

Roto el espejismo de la -nuevamente- mal denominada “tregua” de ETA, la estrategia terrorista sigue enfrentándose al Estado español.

 

Como organización nacionalista revolucionaria, totalitaria, militarizada y centralizada, con una dramática trayectoria de décadas de actividad criminal, ETA cuenta con un importante número de militantes encarcelados. Y nunca ha descuidado esa realidad organizativa; independientemente de su mayor o menor peso en la toma de decisiones.

 

Pero, el Estado español, principal oponente y objetivo de ETA, ¿ha sido capaz de oponer una estrategia adecuada, en los medios y en el tiempo, a semejante desafío, también en el ámbito de las instituciones carcelarias, o ha marchado a remolque de los acontecimientos?

 

En este artículo proporcionaremos algunas claves.

 

Régimen y tratamiento penitenciarios.

 

El ordenamiento penitenciario español, desde la instauración del actual régimen democrático, se asienta en dos grandes principios inspiradores:

  1. Régimen, o conjunto de actividades encaminadas al orden, la seguridad y la disciplina que deben encauzar la convivencia en el interior de los establecimientos penitenciarios.
  2. Tratamiento, o suma de actividades expresamente dirigidas a la reeducación y reinserción social de los presos y penados; máximos rectores de la política penitenciaria según ordena el artículo 25. 2 de la Constitución española.

 

Ambos principios se coordinan del siguiente modo:

  1. Subordinación del régimen al tratamiento.
  2. Las actividades de tratamiento deben concretarse en programas que traten de corregir aquellos factores personales o sociales que se encuentran en la génesis del delito; sea el que sea.
  3. El tratamiento siempre es voluntario y personalizado.

 

Este sistema tratamental vehiculazo por medio del régimen se concreta en los tres grados penitenciarios en que los penados pueden ser clasificados –inicial o sucesivamente- en función de su pena y de las circunstancias personales, familiares y sociales del mismo. El segundo grado es el más común de todos; aplicándose al mayor número de penados en cárceles españolas. El tercer grado, de semilibertad, es un modelo pensado en la preparación de la libertad condicional, o definitiva en su caso. Y el primer grado se aplicará a internos de trayectoria, pena u otras circunstancias reveladoras, de una particular y persistente peligrosidad. Lógicamente, la mayor parte de presos terroristas son clasificados en dicha modalidad.

 

Desde la lógica interna propia de su naturaleza político-terrorista, ETA no puede compartir semejantes principios penitenciarios; propios de una filosofía democrática avanzada y que enjuician como “pseudo fascista”. Así:

  1. Los presos de su organización no serían meros delincuentes, sino “encarcelados políticos vascos”; “gudaris”; “soldados políticos” en definitiva.
  2. El régimen penitenciario español no sería otra cosa que un ámbito más de la actuación represora de un Estado ilegítimo que no reconocen. Si se acepta parcialmente, únicamente será como “mal menor”.
  3. El tratamiento penitenciario se convertiría, desde esa perspectiva, en un instrumento dirigido a la desmoralización de los “gudaris”; en un intento de asimilación a los “presos comunes”. Un “lavado de cerebro” legalizado; planificado como otro instrumento estatal más dirigido contra el conjunto del MLNV.
  4. El tratamiento es rechazado como tal. Únicamente aceptarán las actividades aprobadas por ETA; independientemente de la situación y preferencias de cada preso terrorista.

 

ETA en prisión.

 

Según ETXERAT, organización abertzale de apoyo a los presos de ETA, a finales de febrero de 2008 un total de 739 presos de ETA se encuentran “dispersados” en 89 cárceles de 3 estados. En España serían 571 en un total de 53 prisiones. En las vascas y de Navarra únicamente se localizarían 25 de ellos.

 

Es el “frente de makos” la estructura de la dirección de ETA encargada de los presos. Sus decisiones se determinan y desarrollan mediante una variedad de la cultura organizativa marxista-leninista conocida como “centralismo democrático”, que denominan Bastares; un término que significa aproximadamente asamblea.

 

Dada esa peculiar naturaleza, toda situación y decisión individual está subordinada a los acuerdos del conjunto de la organización. En consecuencia:

-          No se admiten discrepancias a la línea política de la organización; tampoco en sus decisiones dirigidas a la realidad carcelaria. De tomar iniciativas autónomas, los discrepantes son sancionados e, incluso, expulsados.

-          Toda decisión personal y colectiva se debate; se toman acuerdos; se hacen llegar a la dirección y ésta acepta o rechaza.

-          Los presos de ETA no aceptan los grados penitenciarios: ni los piden ni los recurren. Únicamente se movilizan judicialmente por el tercer grado penitenciario previo a la libertad condicional.

-          No aceptan los destinos laborales; concebidos como fórmula de “colaboracionismo” con la represión española.

-          Únicamente realizan las actividades que a cada interno interesa desde su filosofía política y organizativa; nunca en función de programas de un tratamiento que no aceptan.

 

No siempre han mantenido los mismos criterios inamovibles. Así, en su día modificaron su postura en una cuestión muy relevante, para las expectativas personales de sus presos y de sus familiares, al aceptar las redenciones extraordinarias con efectos retroactivos. Su objetivo era acortar las largas condenas, facilitando el adelantamiento de su excarcelación y, de paso, acceder a las peticiones de unos familiares desmoralizados y agotados.

 

Veamos la respuesta penitenciaria estatal española desde una breve cronología.

 

Cronología penitenciaria.

 

- Decretada la amnistía en octubre de 1977 por el gobierno de Adolfo Suárez, se elabora y aprueba la principal norma rectora de la reforma penitenciaria democrática española: la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria (LOGP). En este contexto, las diversas ramas de ETA siguen  matando, desencadenando la mayor de sus ofensivas que marcarían a sangre y fuego los que se conocerían posteriormente como “años de plomo”.

- Hasta principios de los 80, los presos de ETA permanecían encarcelados en el centro penitenciario de Soria o en las prisiones vascas.

- En 1981 los presos de ETA son desplazados al Puerto de Santa María, quedando solo algunos, entre ellos las mujeres, en cárceles cercanas a Madrid.
- En desarrollo de la mencionada LOGP, se elabora y entra en vigor el Reglamento Penitenciario, Real Decreto 1201/1981 de 8 de mayo.

- El 30 de septiembre de 1982 se disuelve ETA PM VIII asamblea; fruto del acuerdo entre el entonces ministro del Interior Juan José Rosón y el abogado Juan María Bandrés. Se inicia la vía de las medidas de reinserción; que años después también se intentó aplicar individualmente a miembros de ETA M; una vía agotada hace años.

- Por Real Decreto 787/1984, de 26 de marzo, se modifica parcialmente el Reglamento Penitenciario.

- En 1984 se lleva a cabo el reagrupamiento de la mayor parte de presos de ETA en la prisión de Herrera de la Mancha.

- Es asesinada un 10 de septiembre de 1986 María Dolores González Cataraín, “Yoyes”, quien se había acogido a las medidas de reinserción.

- Se ejecuta la llamada dispersión “técnica” penitenciaria de 1987.

- Pacto de Ajuria Enea de 1988.

- La dispersión de presos de ETA, entre numerosas prisiones de toda la península e islas, enmarcada en el contexto de la “política antiterrorista”, se inicia en la primavera-verano del 89. Poco antes, habían finalizado las negociaciones de Argel entre ETA y el Gobierno. Iniciativa del entonces ministro socialista Enrique Múgica Herzog.

- Es asesinado en 1990 el funcionario de prisiones de San Sebastián Ángel Mota.

- ETA asesina al educador penitenciario de Martutene José Ramón Domínguez Murillo en 1993.

- Mediante la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, de reforma del Código Penal, se elimina el régimen de redenciones de penas por el trabajo.

- El día 17 de enero de 1996 es secuestrado el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara.

- Por Real Decreto 190/1996, de 9 de febrero, se aprueba el nuevo Reglamento Penitenciario.

- Es asesinado por ETA Javier Gómez, el 11 de marzo de 1997, psicólogo de Martutene. Desde 1983, ETA ha matado a seis personas relacionadas con instituciones penitenciarias.

- El día 1 de julio de 1997 es liberado José Antonio Ortega Lara.

- Como respuesta a lo anterior, el 12 de julio de 1997 es asesinado Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular por Ermua. ETA había exigido para su liberación el acercamiento de sus 502 presos a las prisiones vascas.

- Se alcanza el denominado Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, conocido también como Pacto Antiterrorista, firmado por el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español el 8 de diciembre de 2000.

- Abril del 2003: deja de aplicarse en las cárceles españolas el convenio de estudios universitarios de los presos con la Universidad del País Vasco. Según demostraron algunos de sus docentes, se aplicaba a los presos de ETA, incluso a miembros huidos de la organización, un régimen de privilegios. Será la UNED la que canalice mayoritariamente tales estudios.

- Nueva reforma legal: Ley Orgánica 5/2003, de 27 de mayo, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial; la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria, y la Ley 38/1988, de 28 de diciembre, de Demarcación y de Planta Judicial. Se crea el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, en la Audiencia Nacional, en Madrid, con la misión de unificar los criterios para el control del cumplimiento de las penas impuestas a terroristas, narcotraficantes y delincuentes del crimen organizado. Ello tiene lugar siendo ministros de Justicia José María Michavila, y de Interior Angel Acebes. El total de años en prisión a cumplir puede elevarse de los 30 entonces contemplados, a 40.

- Un grupo de presos de ETA de la cárcel del Puerto de Santamaría afirma mediante un manifiesto en 2004 que la lucha armada carece de sentido.

- Sentencia 197/2006 de 28 de febrero del Tribunal Supremo español en la que se formula la denominada “doctrina Parot”. En base a este cambio, se aplica de manera retroactiva que los presos terroristas condenados en función del Código Penal de 1973, por delitos anteriores a 1995, deberán cumplir 30 años completos siempre que hayan tenido más de tres condenas por delitos graves. Este cambio jurisprudencial alargaría por decenas de años las condenas de unos 180 presos etarras.

 

Repasando esta cronología, se impone una pregunta: si ya en 1977 se acreditó, pese a la reciente amnistía, la voluntad criminal de ETA y otras bandas terroristas como el GRAPO, ¿por qué se ha tardado tantos años –décadas en algunos aspectos decisivos- en elaborar una respuesta “global” al desafío terrorista en su proyección carcelaria?

 

Anticiparemos algunas respuestas que merecerían gruesos volúmenes: la carencia de una estrategia global del Estado frente al fenómeno polihédrico del terrorismo de ETA y todas sus implicaciones; ausencia de instrumentos teóricos; las complicidades de ciertas izquierdas; los complejos de la derecha; la falsa percepción del fenómeno nacionalista; las aparentemente relaciones confusas de las diversas familias nacionalistas entre sí.

 

Y constatemos, en cualquier caso, unos hechos: ha sido la acción de unas pocas personas –víctimas del terrorismo, activistas, políticos, comunicadores-, la que ha impulsado las más relevantes reformas legales elaboradas frente al terrorismo. Una acción que ha facilitado el cambio de la opinión pública y la subsiguiente rectificación política. Si González no se hubiera sentido engañado en Argel, si Aznar no hubiera sufrido el atentado de ETA, si algunas víctimas no hubieran denunciado la excarcelación anticipada de los terroristas, si algunos docentes de la UPV no la hubieran denunciado por su trato de privilegio a los etarras, seguramente la historia que aquí recordamos habría sido otra muy distinta. En todo caso, ello evidencia unas improvisaciones, unas rutinas, y unas carencias, que lindan con la apatía o incapacidad políticas de sucesivos responsables del Estado, y que en todo caso merecen un duro juicio moral.

 

Por último, volveremos al principio de este artículo para reflexionar en torno a una cuestión conceptual de profundas repercusiones políticas y morales y que es el centro del asunto en torno al que estamos reflexionando. Podemos sintetizarla en la siguiente pregunta:

 

Los terroristas, ¿son presos políticos?

 

Los terroristas afirman que las violencias por ellos desatadas, atribuidas –naturalmente- a la represión insoportable de una oligarquía opresora, etc., son situaciones asimilables a las guerras convencionales. De esta manera, también ejecutarían “acciones militares”, ocasionando “víctimas inocentes” (denominadas eufemísticamente, hoy día, “daños colaterales”), sufriendo “bajas” ambas partes... En consecuencia, una vez son apresados por las fuerzas antiterroristas, pasarían a una situación análoga a la de los prisioneros de guerra; si bien esta perspectiva no es reconocida ni por las legislaciones nacionales ni por las convenciones internacionales que regulan el Derecho humanitario de guerra. Por ello, el que se les aplique las legislaciones penal y penitenciaria comunes -generalmente la regulada en el Código Penal nacional y la correspondiente Ley Penitenciaria o, incluso, una normativa penal antiterrorista específica, lo interpretan como una devaluación inadmisible de su estatus; lo que violaría, siempre desde su juicio, derechos básicos.

 

En coherencia con sus presupuestos, los terroristas encarcelados deberían someterse a una normativa especial, alejada de la penal común: no serían, pues, meros delincuentes; traduciéndose en un régimen de vida diferenciado del resto de la población reclusa, en “comunas” penitenciarias en las que pudieran mantener un mínimo de organización y jerarquía propias por ejemplo, con capacidad de interlocución colectiva antes las autoridades penitenciarias, etc. Unos “presos políticos”, en definitiva.

 

En España los delitos de terrorismo son contemplados de manera expresa en el Código Penal (promulgado por Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre) en sus artículos 571 a 580, siendo aquéllos cuya finalidad sea “subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública”. Por su parte, el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial establece que son los tribunales penales españoles los competentes para enjuiciar los actos que puedan calificarse como delitos de terrorismo. Y, una vez en prisión, se les aplicarán las disposiciones contempladas en la Ley Orgánica General Penitenciaria, su Reglamento de desarrollo, y demás normativa administrativa, que contemplan un régimen más estricto que el aplicado al resto de la población interna, pero análogo al de otros colectivos de especial peligrosidad: miembros de organizaciones delictivas internacionales, narcotraficantes, fuguistas...

 

Para el conjunto de organizaciones del entorno de ETA, sus encarcelados en prisiones españolas y francesas serían “gudaris” (soldados, en euskera), “lo mejor de Euskadi”. Lo vienen reiterando. No en vano, habrían militado en la organización empujados por las contradicciones sociales y políticas y la represión sufridas por el pueblo vasco. Serían, por todo ello, verdaderos presos políticos, pues la política estaría en la base de su opción; una alternativa verdaderamente ética desde su inquietante “lógica” interna.

 

En este contexto, de extrema ideologización, cobra especial relevancia la situación real de los presos terroristas en el marco del presente “conflicto”. Para todo grupo terrorista las cárceles son razón de particular atención, dedicándoles esfuerzos humanos y materiales muy importantes, pues deben mantener la moral, la unidad y disciplina, evitar abandonos individuales o en grupo, mantener una red familiar y social de apoyo que les ayude a mantenerse inasequibles a previsibles “cantos de sirena”...

 

Esta percepción no es exclusiva de ETA. Todas las organizaciones terroristas comparten la misma pretensión; lo que llevó al IRA en la primavera de 1981 a arrastrar hasta la muerte a 11 terroristas norirlandeses, siendo el primero de ellos el tristemente célebre Bobby Sands, en una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias” por la que exigía ser tratados como presos políticos.

 

No obstante, esa distinción dialéctica entre presos comunes y presos políticos ha alcanzado cierta fortuna, pues se ha empleado con irresponsable ligereza, al menos coloquialmente, en numerosos medios de comunicación, determinados abogados, ciertos políticos; incluso entre funcionarios judiciales y penitenciarios.

 

Desde la lógica democrática y legal de un Estado de derecho, que debe velar por el bien común desde el respeto de los derechos fundamentales y las libertades públicas, esa supuesta distinción no existe. En primer lugar, los terroristas pudieron optar por otras vías en su pretensión de cambio social: participación en movimientos ciudadanos, política partidaria e institucional, etc. En segundo lugar, integrándose en una organización clandestina de vocación criminal y al perpetrar actos terroristas, son transgredidos inevitablemente derechos fundamentales y libertades públicas, propias y ajenas, reconocidas en la Constitución; contraviniendo preceptos muy precisos del Código Penal y otras normas obligatorias para todos. Así, un asesinato es un asesinato siempre que concurran los requisitos legales establecidos para ese tipo ilícito penal; más allá de las motivaciones de cada caso, ya sean pasionales, lucrativas... o ideológicas. Lo mismo ocurre con un atraco a una entidad bancaria: seguirá siendo tal aunque su finalidad última sea nutrir las arcas de su organización.

 

Un Estado de vocación democrática se autogobierna mediante una Constitución que trata de impregnar de sus valores éticos toda su estructura administrativa y a la propia sociedad a la que debe servir. En las sociedades democráticas existen –no debe olvidarse- mecanismos graduales de reforma y cambio. Y si en ese contexto un grupo rechaza tales vías, proponiéndose derribar el orden colectivo por otro utópico y revolucionario mediante la violencia armada, quedará fuera de la legalidad; careciendo de legitimidad alguna al atentar contra la vida, los bienes, la seguridad y la dignidad de las personas y de toda la sociedad.

 

En definitiva, esa supuesta distinción –presos comunes/presos políticos- es una manipulación más de un lenguaje pervertido que pretende ganar otra batalla en el ámbito de las ideas y de la propaganda. Una batalla, también, de alcance y repercusiones penitenciarias.

 

 

Revista digital Arbil, Nº 116, abril de 2008

Gotzone Mora y el funcionario de prisiones Fernando José Vaquero, en las IV Jornadas sobre Terrorismo. La presión de la banda terrorista ETA en la universidad y en las cárceles es analizada por ambos ponentes

Gotzone Mora y el funcionario de prisiones Fernando José Vaquero, en las IV Jornadas sobre Terrorismo. La presión de la banda terrorista ETA en la universidad y en las cárceles es analizada por ambos ponentes

 

La segunda sesión de las IV Jornadas sobre Terrorismo, organizadas por la Delegación de Alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas y el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, se ha centrado en exponer la presión y el terror de la banda terrorista ETA en dos ámbitos concretos: el de la universidad, especialmente la del País Vasco, y el de las prisiones españolas donde se encuentran internados miembros de la banda terrorista. Para ello, se ha contado con dos invitados que han participado en la mesa redonda moderada por el profesor Juan Carlos Valderrama: Gotzone Mora, catedrática de Sociología de la Universidad del País Vasco, y el funcionario de prisiones Fernando José Vaquero, coautor del libro La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas.

 

Vaquero explicó a los estudiantes que los más de 800 presos de ETA en España están plenamente integrados en la banda terrorista y obligados a seguir las directrices impuestas por una organización militarizada: “El frente de makos controla la vida de los presos de España y Francia de modo que todas sus decisiones personales en relación con el régimen penitenciario están marcadas por la organización”. Vaquero también explicó que los presos de ETA rechazaron sistemáticamente todos los beneficios penitenciarios hasta 1987, año a partir del cual se beneficiaron de la redención de las penas por trabajo. Fernando José Vaquero lamentó que los cambios en la política antiterrorista de los gobiernos de la democracia hayan afectado de manera directa a la política penitenciaria aplicada a los presos de la banda y alabó en esta materia la labor de dos ministros del Interior: Enrique Múgica, del PSOE, y Jaime Mayor Oreja, del PP.

 

Terrorismo y Universidad

 

Por su parte, la catedrática Gotzone Mora explicó a los estudiantes de la Cardenal Herrera el ambiente de terror que se vive cotidianamente en la Universidad del País Vasco con total impunidad y destacó el papel clave de los movimientos cívicos vascos que han renunciado totalmente a cualquier respuesta violenta frente a los ataques terroristas. “Frenar la confrontación no es sólo una forma de defender nuestra libertad, sino la libertad de todos”, ha señalado Gotzone Mora, para quien algún día “España tendrá que dar las gracias a esa resistencia anónima de la gente que ha decidido decirle que no a ETA”.

Gotzone Mora también subrayó ante los estudiantes que son sus convicciones religiosas las que marcan su compromiso personal frente al terrorismo, a pesar de la soledad que se siente en muchas ocasiones, especialmente desde su propio partido: “Sé que me he suicidado políticamente, pero no entiendo cómo se puede estar negociando con aquellos que han asesinado a tus propios compañeros”.

 

Docu, la revista de la Universidad Cardenal Herrera, 27 de febrero de 2008.

El relativismo actual es insuficiente frente al terrorismo

El relativismo actual es insuficiente frente al terrorismo

                El conocido historiador Fernando García de Cortázar publicó en el diario madrileño ABC, el 17 de agosto de 2006, un largo e inquietante artículo titulado El desfile del perdón. A su juicio «La esencia de esta pos-modernísima moda del perdón es que las atrocidades siempre las cometen o un hermético puñado de fuerzas oscuras -el Estado, el colonialismo, el imperialismo yanqui, la globalización...- o los supuestos antepasados del rival político - los fascistas, los comunistas, los alemanes...». Una moda que actúa «Como si las responsabilidades individuales no existieran y siempre hubieran sido las circunstancias las responsables de las decisiones humanas, las acciones humanas y, sobre todo, el sufrimiento humano». Y concluía con un incisivo párrafo: «Después de vivir la pesadilla del juicio, la madre de Miguel Ángel Blanco dijo que casi no había podido mirar a la cara a sus asesinos: “Sólo podía mirarle a las manos. Una y otra vez. No podía dejar de pensar que con esas manos le habían quitado la vida a mi hijo”. Escribo estas palabras, y luego las digo mentalmente. Y las repito muchas veces. Como plegaria. Porque el futuro no puede surgir de disolver las responsabilidades individuales ni tampoco de borrar de la Historia la existencia de ETA, desarraigándola de las conciencias y creando un pasado con víctimas pero sin asesinos, sin verdugos, sin victimarios. Porque para que el ágora sustituya al templo y el futuro no esté ya secuestrado es preciso plantearse el terrible enigma de esas manos. No lavarlas en la ficción de una paz sin ojos sino repetirse y tratar de responder las preguntas que un día se hiciera Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo: ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha sucedido? ¿Cómo ha podido suceder?» Unos sintéticos párrafos que cuestionan muchas actitudes -colectivas e individuales- ante al terrorismo manifestadas en España durante décadas, y que cobran mayor trascendencia en el devenir del supuestamente extinto «proceso de paz» que hemos vivido recientemente en España. Una interpelación, en suma, que plantea el rol de la conciencia personal, la consistencia de la Ética actual y sus aplicaciones colectivas, ante las poliédricas expresiones del terrorismo.

 

Las razones últimas que sustentan la general y abstracta condena del terrorismo no son unánimes. De hecho, no son pocas las voces que reclaman la necesidad de remitirse a sus supuestas causas remotas, enmarcándolas en una violencia previa que lo provocaría inevitablemente; de modo que antes o después se acabaría «dialogando» con los terroristas.

 

Javier Mª. Prades López aborda científicamente la problemática planteada por García de Cortázar en su estudio «Imagen de Dios»: la antropología cristiana en el contexto del análisis del terrorismo y de sus causas, a partir de la página 282 de la obra colectiva Terrorismo y nacionalismo. Comentario a la Instrucción pastoral «Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias» (BAC, Madrid, 2005) de la siguiente manera: «En nuestra época se teoriza desde hace tiempo, y la cultura mediática divulga con grandes recursos, que el hombre como sujeto ha desaparecido o que, al máximo, su única tarea residual es el problematicismo crítico. Abundan las corrientes filosóficas en lo que genéricamente se llama postmodernidad, que explican de distintos modos cómo la única función que ha conservado la razón, frustrada su desmedida ambición constructora de sistemas en la modernidad, es precisamente su carácter de mera función crítica, “deponente”». Es el caso de G. Vattimo, abanderado del llamado «pensamiento débil», quien considera que el denominado «pensamiento fuerte», propio de la modernidad, se caracterizaba por hablar en nombre de la verdad, de la unidad y de la totalidad. Por el contrario, el «pensamiento débil» rechaza las categorías fuertes y las legitimaciones omnicomprensivas. De esta manera, el nihilismo se habría convertido en el horizonte vital de la humanidad, habiéndose derrumbado toda certeza última y verdad estable. Y conceptos como sujeto e historia habrían perdido su carácter unitario, por lo que debiéramos acostumbrarnos a vivir sin ansias en un mundo de medias verdades y sin deseo de alcanzar otras nuevas.

 

Pero, tan sesudas reflexiones, ¿tienen algo que ver con las existencias de los hombres y las mujeres de hoy? Pensamos que mucho.

 

Un prestigioso psiquiatra español, Enrique Rojas, en unas declaraciones efectuadas en la Universidad Austral, definía al pensamiento propugnado, entre otros muchos, por Vattimo, como el que «se relaciona con el mundo light: la manteca sin grasa, el café sin cafeína, el azúcar sin glucosa, el hombre sin sustancia que afirma “haz lo que quieras” y esto conlleva un costo terrible». Advertía, a su vez, que la afirmación de unos valores y, en concreto la ardua tarea de la educación en los mismos, no es una posición fácil, pues: «Cualquier sujeto que defiende unos criterios con cierta firmeza es un fundamentalista» para la moda intelectual actual (http://www.universia.com.ar/, 09/05/2005). En consecuencia, si carecemos de convicciones firmes, al no compartir una verdad común, ¿sobre qué valores asentamos la convivencia colectiva y la imprescindible capacidad de resistencia frente a las agresiones terroristas?

 

                La Ética, estudio filosófico de la moral, está en directa relación con la política; integrando ambas la Filosofía práctica. Actualmente se pretende edificar una ética civil a partir del cambiante consenso social y de transacciones, que también incorporan creencias políticas; de modo que los criterios morales pierden relevancia y capacidad para poder iluminar la vida pública. En consecuencia, asegura en la página 18 del antes mencionado libro Juan José Pérez-Soba Diez del Corral en su trabajo Introducción: óptica y unidad del documento, «A la persona le queda la impresión de la imposibilidad de alcanzar una razón ética por encima de determinados intereses parciales para aceptar sin fisuras cuestiones fundamentales para la construcción de la sociedad como es el respeto de la vida. Se ha extendido con el relativismo una cierta postura cínica según la cual toda declaración moral es un ideal inalcanzable que no vive casi nadie y que es farisaico proclamar». Así, continúa afirmando el autor, «la ausencia de un sistema de referencia de fondo, debilita a la sociedad para hacer frente a una ideología que se quiera imponer sistemáticamente» (página 16). Por otra parte, asegura que «No es tan fácil dar una solución cuando el ambiente general dentro de la ética, en especial la ética social, es fundamentalmente utilitarista. Entonces, una utilidad política cuyos fines se consideren justificados a priori, ya sea por un pretendido apoyo popular, o por un presupuesto ideológico, será la que dé los principios fundamentales al pensamiento presuntamente moral. Éste se convertirá inevitablemente en un razonamiento justificativo» (página 14). Y dado que la Ética civil presenta objeciones tan serias a su propia capacidad enjuiciadora del terrorismo, este autor afirma en la página 20 que «Afrontar un tema de tal calado requiere un pensamiento fuerte que supere el sistema de concesiones o de atenuantes que suele caracterizar la visión teñida de sociologismo de una ética comunicativa o de la relativización inherente a los acuerdos sociales».

               

Podríamos concluir que desde el relativismo moral de una Ética civil de mínimos, es lógico concebir al terrorismo como algo inevitable, con el que es necesario convivir, como un método de cálculo político incluso…, como un mal menor. Así, ciertos criterios estrictamente políticos prevalecerán sobre la perspectiva moral del problema.

               

Pero, vistos sus límites, debemos explorar algún terreno firme desde el que poder enjuiciar moralmente al terrorismo; una pretensión que mantiene, en su caso, la Iglesia católica, pues «esto es posible porque no se ha partido directamente de un análisis sociológico que cuenta con dificultades inmensas para dar lugar a un juicio sobre cualquier terrorismo por la gran cantidad de variantes dependientes de su génesis histórica y la situación cultural. Este juicio tiene su sentido preciso como superación de la interpretación marxista que hace imposible toda valoración definitiva de un acontecimiento antes del fin de la historia». Así lo propuso Juan José Pérez-Soba Diez del Corral en su estudio Juicio moral sobre el terrorismo, en la página 155 del libro referenciado; un juicio que parte de la antropología cristiana, que afirma la centralidad y dimensión moral de la persona por encima de cualquier ideología.

 

El terrorismo cuestiona la «conciencia moral de la sociedad», pues «Ésta es de algún modo responsable, no sólo porque tolera o favorece comportamientos contrarios a la vida, sino también porque alimenta la “cultura de la muerte”, llegando a crear y consolidar verdadera y auténticas “estructuras de pecado” contra la vida. La conciencia moral, tanto individual como social, está hoy sometida, a causa también del fuerte influjo de muchos medios de comunicación social a un peligro y gravísimo y mortal, el de la confusión entre el bien y el mal en relación con el mismo derecho fundamental a la vida». Así lo aseguró Juan Pablo II en el punto 24 de Evangelium vitae, su carta encíclica sobre el valor de la vida humana de 1995. Nada menos.

               

No se trata de una cuestión cerrada. Todo lo contrario. Es más, la existencia de tales debates, y de las consiguientes quiebras sociales, enjuician la salud moral de toda la sociedad, de sus bases de convivencia y de su voluntad de futuro. La persistencia del terrorismo, por tanto, contrasta también nuestro modelo social. Y no se trata de una cuestión puramente teórica. La actitud que se adopte, por ejemplo ante el proceso de diálogo con una organización terrorista, depende mucho de los presupuestos de partida. La primacía de lo político facilitará, también, el olvido de las víctimas, y puede no tener reparos en pagar un «precio político» por la paz. Se trata, por lo tanto, de un debate de trascendentales consecuencias.

 

                Por todo ello, bienvenido IV Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, que ha tenido lugar en Madrid los días 22 y 23 de enero, organizado por la Universidad San Pablo–CEU. Pues a las víctimas les corresponde, antes que a nadie, el derecho a la palabra y el juicio moral.

 

Análisis Digital, 25 de enero de 2008

De cómo Laura Gallego desenmascara a La Emperatriz de los Etéreos. Literatura fantástica al servicio de la hegemonía cultural.

De cómo Laura Gallego desenmascara a La Emperatriz de los Etéreos. Literatura fantástica al servicio de la hegemonía cultural.

 

La más reciente novela de la escritora española Laura Gallego, ¿es una simple muestra de literatura fantástica, o, por el contrario, alberga ciertas pretensiones y “adherencias” ideológicas? ¿Cuáles son sus claves culturales?

 

Dirigido al público adolescente y juvenil, y claro exponente de la exitosa literatura fantástica, ha sido uno de los libros más regalados en estas pasadas fiestas navideñas. Laura Gallego, la gran escritora española de este género literario, especialmente reconocida por sus seguidores por la trilogía Memorias de Idhún, nos ofrece con La emperatriz de los Etéreos (Alfaguara, Madrid, 2007, 312 páginas, 15´95 €) un atractivo relato, lineal en su trama, ágil en su redacción, cautivador con sus propuestas… y un tanto cargado de algunas de las referencias más características de la poliédrica New Age. Veámoslo.

 

La propia Laura Gallego presenta su narración, en http://www.laemperatrizdelosetereos.es/, de la siguiente manera:

 

«Es la historia de un muchacho, Aer, cuyo único deseo es encontrar el poblado de la mítica Emperatriz del Reino Etéreo, para lo cual dará la espalda a todo cuanto conoce y se embarcará en un viaje casi suicida, a través de un mundo helado y hostil que parece incapaz de albergar un solo rincón amable.

 

Y es la historia de Bipa, una chica sensata y pragmática que solo ve en los sueños de Aer una gran locura que lo conducirá irremediablemente a la muerte. Por esto razón, también ella partirá en un viaje, en busca de su amigo Aer, con la esperanza de alcanzarlo, hacerle entrar en razón y llevarlo de vuelta a casa antes de que sea demasiado tarde.

 

A través del mundo regido por la enigmática Emperatriz, Bipa y Aer, cada uno por su lado, viajarán en busca de lo que más desean. Pero... ¿seguro que lo que más desean es lo mejor paro ellos?

 

(...) Es una historia acerca de los sueños. Aer sueño con un mundo mejor. Bipa sueña con un hogar, con una vida tranquila junto a sus seres queridos. ¿Es mejor ser etéreo o ser opaco? ¿Es mejor buscar nuevos horizontes o mirar alrededor? Son dos maneras de ver la vida -la de los opacos, la de los etéreos- que parecen condenados a no entenderse. Sin embargo, más allá de los Montes de Hielo, más allá de la Ciudad de Cristal, al otro lado del Mar de los Líquidos, el brillo de una estrella azul parece ser la respuesta a todas las preguntas».

 

Bipa, la auténtica protagonista y, por ello, figura referencial de la novela, vive junto a su padre en una cueva situada en un macizo montañoso asediado por una casi perpetua tormenta de nieve que cubre un mundo casi extinguido del que se ha perdido, incluso, su memoria. Trabajadora, dotada de un marcado espíritu práctico que cultivará en todas sus dimensiones, en absoluto romántica, y tan directa como áspera en sus manifestaciones, huirá de cualquier ensoñación e ideal. Una persona “opaca” que tampoco se plantea ningún interrogante respecto a la presencia, naturaleza y consecuencias del mal en el mundo; una realidad que parece circunscribirse a una naturaleza enigmática que, por algún motivo escondido, les niega el cálido sol.

 

Por el contrario, Aer, más “etéreo”, carece de habilidades prácticas y se preocupa ante todo por llegar, un día, al inalcanzable paraíso terrenal del que hablan algunas leyendas que casi nadie cree. De este modo, Aer, aunque atractivo para otras jóvenes, es el modelo opuesto… o, acaso, complementario de Bipa.

 

Impulsada por un sentido de la responsabilidad que disimula el amor que experimenta por él, Bipa partirá en su búsqueda, transitando el mismo camino iniciático; si bien con una perspectiva completamente distinta.

 

Bipa, desbordando los límites de su chata visión de la vida, logrará rescatar a Aer. Y gracias al misterioso ópalo que le entregó Maga -la chamana líder de su comunidad- en el inicio de su aventura, conseguirá finalmente destruir la estrella azul que –realmente- agota y hiela su mundo; como también vampiriza la energía espiritual y física residual de sus deshumanizados y “etéreos” seguidores.

 

En la confrontación de esas dos visiones radicalmente distintas de la existencia, será Bipa quien triunfe, tomando el relevo de Maga en la dirección de su primitiva comunidad. Y Aer tendrá que rendirse a la evidencia de que, si bien tenía razón en su certeza de que existía algo más allá de su estrecho mundo, su vida únicamente tiene sentido junto a Bipa y entre su gente. Sus ideales únicamente eran una quimera.

 

Así, la salvación de Aer, y por extensión de todo ese helado mundo, vendrá de la mano de Bipa, quien logrará encajar en sus vidas, de modo realista, las piezas del amor, el esfuerzo, y el servicio, desenmascarando además, el falso mito que consumía las fuerzas de una humanidad sometida a los caprichos de una estrella en la que míticamente había situado la encarnación de sus falsos ideales: la inexistente Emperatriz de los Etéreos.

 

Desde el mismo inicio de la novela son constantes los guiños de la escritora a la New Age; entre ellos, el culto a “la diosa” que profesan en esa elemental y cavernaria comunidad. “La diosa” les da vida por medio del amor humano, proporcionándoles además piedras mágicas de propiedades sanadoras y reconstituyentes, según explica Maga: una anciana mujer, suprema sacerdotisa, de edad incalculable, vida sencilla, inagotable espíritu de servicio, y ciertos conocimientos esotéricos. Una profunda pincelada ecofeminista para un lienzo fantástico.

 

Resumamos: un razonable materialismo práctico, eso sí, perlado de generoso amor humano, piedras mágicas (ópalo y cuarzo) tan de moda hoy día, un mínimo y nominal culto a “la diosa”… frente a un ciego idealismo alienador. Pero, tales ingredientes, ¿no les recuerdan al ramillete de creencias de la New Age a los que dio forma, por poner un ejemplo, Dan Brown con su novela El Código Da Vinci?

 

Fue un escritor navarro, José Antonio Ullate Fabo, quien expuso magistralmente en su libro La verdad sobre el Código da Vinci (Libroslibres, Madrid, 2004), la idea central desde la que se desplegaba esa novela: una pseudoespiritualidad natural, que denominaba casualmente “culto a la diosa”, de resonancias ecofeministas y poco originales bases gnósticas; presentada como un esoterismo totalmente enfrentado al cristianismo “machista” que habría falsificado por completo al “primigenio” mensaje de Jesús.

 

Efectivamente, y volviendo a La emperatriz de los Etéreos, bien puede afirmarse que Bipa, sin la fuerza del amor que siente por Aer, nunca habría logrado rescatarlo; ni mucho menos redimir al mundo, misión que jamás llegó a plantearse. Parece dibujarse en la narración, entonces, una solución de síntesis en esa confrontación de temperamentos. Pero, analizando el desenlace a fondo, concluiremos que el reencuentro final no será fruto de una simbiosis equitativa de ideales y actitudes contrapuestas, sino del desenmascaramiento de la segunda de los opciones; unas creencias alienantes y falsas, con la consiguiente destrucción de todas sus estructuras. Será Bipa quien triunfa totalmente: una mujer natural, espontánea, que sigue sus instintos, capaz de estructurar su existencia sin necesidad de compañero ni ideal alguno, pegada a la tierra… Además de a la mencionada New Age, ¿no huele, también, al feminismo radical dominante?

 

Por todo ello, no es muy osado afirmar que el contexto cultural y mental de la novela de Laura Gallego se alimenta de algunos de ingredientes más relevantes de la novela de Dan Brown y de la cultura hegemónica ultrafeminista; eso sí, con una estructura y dimensión ajustadas al segmento lector al que está dirigida.

 

Un producto literario, en definitiva, atractivo y sugerente, que transmite múltiples sensaciones, especialmente de impregnaciones melancólicas, y, en cualquier caso, tributario de lo “espiritualmente correcto”. Un fruto cultural, para lo bueno y lo malo, de nuestro tiempo. Ecofeminismo y New Age, para jóvenes y adolescentes, cuya concepción antropológica sitúa al mal únicamente en la existencia de estructuras explotadoras, como algo ajeno al hombre, reduciendo la moral a un mecánico pragmatismo: el postmoderno “buen salvaje”. Literatura fantástica al servicio de la hegemonía cultural. Una verdadera “educación para la ciudadanía”.

 

Revista digital Arbil, Nº 115, enero de 2008

Francisco Vázquez y la ingeniería social de la izquierda.

Francisco Vázquez y la ingeniería social de la izquierda.

Nuestro flamante embajador en el Vaticano, el católico socialista, o socialista católico (aquí el orden de los factores sí altera el producto), Francisco Vázquez, ha rectificado en parte sus anteriores declaraciones, por las que criticaba la multitudinaria manifestación recientemente celebrada en defensa de la “familia cristiana”; desmarcándose así de la ofensiva desatada desde la izquierda contra la Iglesia católica.

De modo que, y refiriéndose a algunas de las reacciones producidas ante esa celebración del pasado 30 de diciembre, Vázquez aseguró que “Hubo excesos, pero después hubo excesos intencionados en la repuesta a aquel acto, porque hay sectores y personas con nombres y apellidos concretos que están empeñados desde hace tiempo en una cruzada anti-Iglesia, que intenta relegarla a una posición de silencio”. Unas afirmaciones cuanto menos sorprendentes, pues él, miembro destacado del PSOE, parece ignorar que esos sectores y esas personas “con nombres y apellidos concretos”, no son voces aisladas y sin peso en el seno de la izquierda, sino portavoces representativos y totalmente consecuentes con el pensamiento radical que nutre “su” propio partido. El suyo.

Hay que ser bastante ingenuo como para que esta polémica haya cogido desprevenido a nadie. La izquierda española, que nunca fue especialmente original ni creativa, viene experimentando un proceso de radicalización, fruto de las nuevas coordenadas ideológicas del progresismo planetario. Aunque haya descartado, en su conjunto, las teorías y prácticas del desaparecido “socialismo real”, se viene rearmando doctrinalmente con nuevas corrientes elaboradas desde la eclosión del 68: feminismo radical, pensamiento crítico, multiculturalismo relativista…

 

Es incuestionable que buena parte de las políticas de izquierda viene determinada por un maquiavelismo pragmático que persigue la conquista del poder y su conservación a toda costa. Pero no carece de convicciones. Acaso no sean muy numerosas, ni estén excesivamente elaboradas. Pero ahí están.

 

Esta nueva izquierda, cocida en la explosión antiautoritaria y antitradicional del 68, enlaza con algunas de las señas de identidad de las izquierdas: fundamentalmente, el objetivo de una utópica sociedad igualitaria en la que hayan desaparecido las relaciones de explotación y los grupos reaccionarios. Pero, aunque ya no sea la clase obrera el actor revolucionario por excelencia, una novedosa ingeniería social izquierdista trabaja desde la cultura, los medios de comunicación, determinados movimientos sociales y el poder político, por esos ideales “de siempre”; aderezados con consumismo y bienestar sobre una buena base de individualismo. Ah, la gauche champagne…

 

En este nuevo tránsito revolucionario, algunas organizaciones sociales son bienvenidas e impulsadas, como precursoras de ese “ineludible” cambio social: ciertos sindicatos, docentes críticos, autoproclamados defensores de la sanidad pública, secciones del movimiento antiglobalizador, organizaciones abortistas y feministas radicales, intelectuales progresistas, juristas alternativistas… Todos ellos forman esa “sociedad civil” que, junto al PSOE, persigue la transformación de las mentalidades, generando nuevas realidades sociales. Unas nuevas estructuras “liberadas” de los viejos mecanismos de explotación, de diverso adjetivo: patriarcal, oligárquico, capitalista, burgués, reaccionario, anticuado, facha…

 

En este contexto, ni las Iglesias, ni el movimiento pro-vida, ni los grupos identitarios españoles, ni el movimiento cívico de resistencia al terrorismo, ni los padres y madres “confesionales” de alumnos, ni los grupos de víctimas críticos con el actual poder, ninguno de ellos forma parte de esa “sociedad civil” amparada por la izquierda: y es que son estructuras sociales que hay que eliminar, o al menos, acallar. Así se progresa.

 

De nuevo, también para el actual socialismo, la Iglesia es un obstáculo para “el” progreso. Por motivos diferentes que para sus antecesores comecuras y fusilafascistas del siglo XX. Pero, en cualquier caso, la conciben como una estructura “superada” del pasado. Y la admitirá, únicamente, en la medida en que sea una realidad minúscula o que, al menos, una vez domesticada, ya no moleste.

 

Por ello, esas invocaciones a la “familia cristiana” les han indignado tanto: por situar en el centro del escenario social el “quid” de la cuestión. Por atreverse a plantear alternativas concretas, por dar la cara. Tal es la razón última de esta confrontación no buscada por la Iglesia.

 

Para la ingeniería social progresista es objetivo irrenunciable el cambio de las mentalidades mediante la aparición de nuevas formas sociales –decíamos- que “produzcan” individuos dóciles al poder, que comulguen con el pensamiento “políticamente correcto”; sujetos autodeterminados y liberados, los llaman. De ahí la importancia de la Educación para la Ciudadanía; tal y como la entiende esa izquierda que persigue la hegemonía cultural al más puro estilo gramsciano.

 

De modo que cuando se habla de “sociedad civil”, según de quien se trate, se estará refiriendo a conceptos de significación y función difícilmente conciliables.

 

Semejante concepción de la política y del cambio social arrastra a la nueva izquierda a unos comportamientos que, por no pocos observadores, son calificados como totalitarios. Y no puede ser de otra manera, no en vano, es toda una dialéctica de poder la que, en última instancia, le mueve, siendo su pretensión inevitable el control y dirección de toda realidad social. Un totalitarismo al que no le gusta las disidencias y que atribuye legitimidad de actuación en política a los actores que él determine según su conveniencia táctica. De ahí que, en estos momentos, nieguen visibilidad social y, en última instancia, política, a la Iglesia y a cualquier otro actor independiente.

 

Francisco Vázquez es muy libre, como cualquier ciudadano español, de obrar según sus personales convicciones e intereses. Es más, algunos de sus comportamientos, a lo largo de todos estos años, han sido de agradecer; acreditando cierta valentía y libertad personal. Pero tenemos que ser conscientes de las ideas operativas que modelan la realidad y de la naturaleza de sus compañeros de viaje. Si Francisco Vázquez quiere mirar hacia otro lado, es su problema. Pero que no pretenda vendernos la moto.

 

Diario Liberal, 17 de enero de 2008

Romper con el Partido Popular en Navarra no es la solución. Reorganizarlo, tampoco.

Romper con el Partido Popular en Navarra no es la solución. Reorganizarlo, tampoco.

La maniobra ya ha sido hecho pública por un digital regional  (http://www.tribunadenavarra.es/detalle_noticia.php?num=591): el ex senador por UPN José Javier Viñes, histórico militante de notable ascendencia dentro del partido, ha elaborado -junto a otras personas- un documento en el que propone la ruptura ordenada con el Partido Popular; aunque se titule eufemísticamente “Un nuevo acuerdo UPN-PP”.

 

Su diagnóstico es sencillo. Si UPN no ha alcanzado la mayoría absoluta en las pasadas elecciones forales, lo que acarreó la parálisis institucional navarra subsiguiente, ha sido fundamentalmente a causa de una agotada relación con el Partido Popular. Un análisis apenas avalado por algo de cálculo numérico en torno a la proyección de UPN en la política nacional. Y una explicación muy elemental, en cualquier caso: la culpa siempre la tienen otros; el PP. Nada de autocrítica. Pero, de ser así, ¿acaso los electores únicamente votaron en clave nacional? ¿De nada sirve el “trabajo interior” de UPN en la Comunidad Foral? O, acaso, ¿no será que ese análisis enmascara otras carencias y dificultades?

 

UPN pretendía, ilusoriamente, un nuevo triunfo histórico: ganar las elecciones… ¡y con mayoría absoluta! No fue posible, y ya sabemos qué vino después: sorpresa, parálisis, idas y venidas socialistas (molestos árbitros de la nueva situación), y un gobierno de Miguel Sanz en precario a merced de un desconcertante PSN-PSOE.

 

Ese objetivo era ilusorio, pero legítimo. Y, para alcanzarlo, únicamente eran posibles dos alternativas. La primera y más sencilla: abrirse hacia el centro y los socialistas descontentos (mediante la recuperación de buena parte del electorado de la escisión CDN, al borde ya de la extinción; y movimientos-puente, como el de Ciudadanos de Navarra). Y bien decimos sencilla, pues para ello únicamente se precisaba algo de marketing electoralista, bastante intuición, y mucha improvisión. La segunda, que implicaría un paciente trabajo a largo plazo: una batalla cultural, social y política, en el seno de la sociedad navarra, que persiga ganar para los valores que siempre ha encarnado UPN, nuevas voluntades y sectores sociales. De situarse a la defensiva, a tomar la iniciativa. Es más, ambas alternativas podían -¡deben!- solaparse: trabajo a corto y a largo plazo. Táctica y estrategia.

 

Pero se ha excluido la segunda; no en vano, para tal empeño se precisa una labor de debate ideológico, un oscuro y poco reconocido trabajo social, una dinamización de las estructuras del partido y sus organizaciones amigas… y ¡una buena autocrítica!: reflexionar, diagnosticar, corregir. Y seguir trabajando. Una perspectiva, por cierto, totalmente ausente en el documento del que hablamos.

 

Si un partido actúa a remolque de las tendencias sociales, configuradas éstas por instancias culturales totalmente ajenas, incurrirá en mero electoralismo; alejándose entonces de los valores que lo configuraron y del espíritu de sus fundadores. Así, poco a poco, ese partido perderá su identidad y se convertirá en una simple oficina electoral; casa común de dispares intereses particulares, no siempre defendibles, acogidos a ideales progresivamente ambiguos y etéreos.

 

Por contra, la labor social y cultural sin proyección política se pierde en el esteticismo. No ha sido el caso. De hecho, si alguien trabaja la cultura y los movimientos sociales, en Navarra, no es precisamente el sujeto navarrista.

 

En este contexto, no nos extrañan propuestas como la de Viñes.

 

Si UPN pierde algunas de sus esencias, tal y como denuncian no pocos en privado, pero muchos menos en público, tampoco sería la solución una reorganización del Partido Popular. No en vano, este partido, de ideales y destinatarios similares a los de UPN, también sufre algunos de los vicios antes diagnosticados. Así, desde algunos sectores emergentes (buena parte de víctimas del terrorismo, algunos medios de comunicación, muchos ciberactivistas, el incipiente tejido asociativo identitatio español, objetores a Educación para la Ciudadanía…) se realizan, al Partido Popular, las mismas críticas que hemos escuchado aquí dirigidas a UPN.

 

Pero, aunque nuevos sectores conservadores y liberales no se sientan totalmente acogidos en el PP, y la identidad católica se alarme ante la postergación de sus rostros más representativos en la batalla por las listas y en las estructuras burocráticas populares, han optado en su inmensa mayoría por la misma vía: trabajar desde la sociedad civil y desde el Partido Popular. Ni escisión, ni auto-exclusión.

 

Estos sectores podrían optar por la creación de un partido netamente conservador a la derecha del PP. Así, el segundo podría desplazarse cómodamente hacia el centro, peleando a las claras por los sectores basculantes entre PSOE y PP: profesionales liberales, operarios especializados, inmigrantes nacionalizados… estratos individualistas “políticamente correctos”, en suma. Y ya vendrían después las políticas de alianzas. Como Izquierda Unida y el PSOE, más o menos. Pero ello no va a ocurrir.

 

En todo caso, esa dinámica sería totalmente ajena a la propuesta por quienes opinan que debe reorganizarse el Partido Popular en Navarra como freno a la supuesta deriva de UPN. Sin embargo, unos y otros compartan un diagnóstico análogo: ambos partidos no son capaces de generar respuestas atractivas a los retos actuales, ni identidades colectivas, ni ilusión. No saben, o no quieren, construir una verdadera cultura política.

 

Por todo ello insistimos: romper con el PP, en Navarra, no es la solución; y reorganizarlo, tampoco.

 

 

Diario Liberal, 10 de diciembre de 2007

Le génocide arménien dans le quotidien espagnol "El País"

Le génocide arménien dans le quotidien espagnol "El País"

Il est inadmissible que de nos jours on refuse l’existence historique du génocide arménien. Pour cette raison, les excuses par lesquelles on protège Ayhan Tonca, dans son entrevue publiée le 21 novembre dans ce journal, sont une succession d’insultes. Alléguer que les arméniens, kurdes et turcs sont morts simplement à la suite de la grande guerre, est une insulte à la mémoire du million de femmes, vieillards et enfants assassinés par la faim, la soif, au couteau et par balles... quand ils n’ont pas été violés et torturés.

Prétendre que ces crimes contre l’humanité n’ont pas été un génocide, en faisant valoir qu’ils n’ont pas été jugés par un tribunal international, est une insulte à l’intelligence. Le génocide arménien a débuté en 1915, de sorte que la législation des Nations Unies contre le génocide n’a pas pu s’appliquer. Il est regrettable qu’un Nuremberg contre les "jeunes turcs" n’ait pu avoir lieu. Mais nier ce que des historiens, des diplomates, des militaires allemands (alors alliés de la Turquie),des survivants, des dizaines de rapports et que des centaines de photographies démontrent, est pure démagogie et d’un criminel cynisme.

En France, à l’initiative de l’opposition socialiste, le Parlement a approuvé le 12 octobre dernier une proposition de loi qui pénalise la négation de ce génocide. Et cet ex-parlementaire néerlandais reconnaît qu’une initiative analogue, a dans une certaine mesure, été approuvée aussi par des socialistes et des démocrates de son pays. Et en Espagne ? Ne sommes-nous pas l’Europe ?

Continuez faciles et lâches victimes. Vous et les millions de musulmans qui vivez en Europe jouissez de davantage de libertés que dans vos pays d’origine. Rappelez-vous le cas du prix Nobel de Littérature 2006, le Turc Orhan Pamuk, celui qui en raison de sa critique du négationnisme nationaliste turc a dû s’exiler à l’étranger en 2005.

Nier le génocide arménien devrait dans ses effets être comparé à la négation de l’Holocauste.

Fernando José Vaquero Oroquieta - Pamplona - 29/11/2006

 

 

Traducción al francés de Jean Eckian

 

http://www.armenews.com/article.php3?id_article=27404