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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Análisis crítico del sindicalismo español actual.

El sindicalismo “de clase” actual se caracteriza por la pérdida de sus signos de identidad tradicionales, siendo copia de la estructura, organización y estrategia empleadas por los partidos políticos españoles. Si una palabra pudiera resumir  su situación, esa palabra sería crisis.

 

Introducción.

            En este breve artículo veremos algunas características comunes de los modernos sindicatos “de clase” presentes en España en la actualidad. Aunque sindicato también lo es una patronal o un sindicato agrario, nos limitaremos a los elementos característicos de la acción de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, en su calidad de sindicatos mayoritarios; autocalificados como “de clase”. De las características que, de forma no académica y a partir de una reflexión sobre la propia experiencia en este terreno, vamos a ver, también participan otros sindicatos “menores” como son GCT, CSI-CSIF, USO, etc.

 

Características del sindicalismo actual.

            El actual marco legal establece, para partidos políticos y sindicatos, un sistema representativo mayoritario que beneficia la concentración y perjudica a los grupos minoritarios. Con ello, el natural pluralismo de la sociedad española queda en buena medida mermado.

            De esta forma, el esquema de funcionamiento y principios rectores de los partidos políticos, se ha extendido también a los sindicatos. Así, tanto unos como otros dependen de las subvenciones públicas, tanto vía directa por votos alcanzados, como de los fondos derivados de la gestión de la oferta formativa pública y semi-pública (de Ministerios y entes mixtos, como la Fundación Laboral de la Construcción que dispone de un presupuesto de varios miles de millones de pesetas anuales).

Las luchas intrapartidarias también tienen su prolongación en los mismos sindicatos, que funcionan como correa de transmisión de algunos partidos políticos, aunque en menor medida que en el pasado (CC.OO del PCE, UGT del PSOE, ELA-STV respecto del PNV, etc.)

            Veamos ahora algunas otras características descriptivas, fácilmente perceptibles, del sindicalismo “de clase” actual.

 

1. Transformación en “Sindicato de servicios” y prácticas de clientelismo.

            La prácticas clientelistas, como extensión de las realizadas por los partidos políticos, se han generalizado, especialmente en lo que se refiere a CCOO y UGT, aunque también, en menor medida, a USO, CGT, CSI-CSIF y los de carácter nacionalista con representación institucional.

Actualmente se emplean como métodos de captación de afiliados diversos medios, de los que mencionaremos algunos: seguros de vida y suspensión de empleo, vivienda social (habiéndose conocido en este capítulo importantes casos de corrupción, como el de la cooperativa ugetista PSV),  descuentos en academias y centros formativos, servicios jurídicos, descuentos en comercios, oferta formativa de cursos (de mayor trascendencia en la función pública, al sumar “puntos” en los diversos concursos de promoción), turismo social, etc.

            La finalidad de tales prácticas es la obtención de una base asociativa, pues el número de afiliados es realmente bajo. De un sindicalismo de confrontación, con todo ello, se ha pasado a un sindicalismo de servicios.

            A tales prácticas, como otro método de captación, se une la necesidad de afiliación de los trabajadores, en sindicatos muy concretos, para poder optar a contratos en algunas de las grandes empresas del país (caso de las fabricantes de automóviles).

 

2. Burocratización.

            Sus presupuestos económicos no envidian de los equivalentes en los partidos políticos. Liberados, secretarias, oficinas, locales de formación, gabinetes jurídicos, dietas de todo tipo, etc.; suponen una estructura cara de mantener y a su vez imprescindible para ofertar todos los servicios que actualmente ofrecen a su base asociativa.

            Las estructuras territoriales y las de rama o sector, se entremezclan en una compleja telaraña, en la que es difícil desenvolverse, salvo para los iniciados, generalmente liberados de la propia organización.

            La figura del “liberado” equivale, en el ámbito laboral a la del “político”. Sinónimo de vida fácil, ha caído en el desprestigio entre la generalidad de los trabajadores, habiéndose encumbrado en tales puestos los más avispados y no, necesariamente, quiénes mayor vocación de servicio demuestran. Tal imagen refleja el desprestigio en el que la acción sindical ha caído en amplios sectores de la sociedad española, paralelo en buena medida, a idéntica valoración que se realiza respecto de “los políticos”.

 

3. Pérdida de la base popular.

            La figura del “militante obrero” ha sido sustituido por la del “cotizante”. Militante, hoy día, equivale a activista, casi siempre un “liberado” (quien queda liberado del trabajo ordinario, a tiempo total o parcial, destinado a labores intrasindicales y representativas), en cualquier caso, muy lejos de aquellas figuras románticas de duros obreros entregados a  la causa con un rosario de ingresos en prisión e incidentes con la patronal en su acervo vital.

            Por otra parte, el número de cotizantes es reducido, teniendo España una de las tasas de afiliación sindical mas bajas de Europa, pese a las prácticas clientelistas antes mencionadas.

 

4. Irrupción del nacionalismo.

            Hasta la 2ª República, los sindicatos “de clase” predominaban en España. Así UGT y CNT, lejos de veleidades nacionalistas, tenían una base asociativa de mas de un millón de miembros cada uno. Los sindicatos nacionalistas (STV, fundamentalmente) eran considerados  sospechosos por sus orígenes católicos y su vinculación con partidos “burgueses”.

            En la actualidad sindicalismo y nacionalismo no son términos incompatibles. Así, ambos principios han casado en organizaciones importantes como son ELA-STV, LAB y CIG. Su estrategia se apoya en ambos vectores, si bien el sentido “de clase”, especialmente en ELA-STV está muy amortiguado en aras del nacionalismo. Por otra parte, el sindicato abertzale LAB supone una dura competencia por su izquierda, si bien ambos se han unido en estrategias sindicales y políticas conjuntas (mayoría sindical vasca y Pacto de Lizarra).

 

5. Apertura a las clases medias y otros sectores antes sospechosos para los sindicatos “de clase”.

            Tradicionalmente, el sindicalismo “de clase” trató con desconfianza, cuando no con hostilidad, a sectores de las clases medias, funcionariado, pequeños propietarios, autónomos y fuerzas de seguridad.

            Como caso paradigmático de apertura a nuevos sectores sociales, destaca UGT.

Así, de cara a la Policía Nacional, lanzó un sindicato hermano (la Unión Federal de Policía) con la pretensión de actuar sindicalmente en su seno, habiendo conseguido buenos resultados electorales.

            De cara a los pequeños propietarios agrícolas está potenciando la UPA (Unión de Pequeños Agricultores), que está consiguiendo ciertos niveles de adhesión, al margen de las grandes agrupaciones agrarias (UAG, Jóvenes Agricultores y COAG). Como federación independiente sigue la histórica FTT (Federación de Trabajadores de la Tierra), dirigida a los jornaleros agrícolas y que se está especializando en el trabajo con inmigrantes.

            Dirigida a los funcionarios de todas las administraciones públicas, está la Federación de Servicios Públicos, con una presencia desigual, pero que globalmente puede considerarse el tercer sindicato en representatividad de ese Sector (por debajo de CC.OO y CSI-CSIF).

            Por último, acaba de lanzar (enero de 2.000) la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), dirigida a ese sector generalmente poco asociado, y al margen de la conservadora y poco operativa Organización Profesional de Autónomos (OPA).

            Cuenta, también, con estructuras especializadas en los técnicos y “cuadros medios”.

            Como caso especial, tenemos el lanzamiento del clandestino, y actualmente ya desarticulado Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC), potenciado desde algunos medios de UGT, iniciativa que ha derivado hoy día en algunas asociaciones culturales de irregular vida.

 

6. Tendencia a la unidad de acción.

            Ya hemos mencionado que el actual marco legal favorece la concentración sindical, en virtud de los porcentajes necesarios para estar presentes en los diversos ámbitos de negociación. Ello ha supuesto el ascenso de dos grandes sindicatos (UGT y CC.OO), el estancamiento de otros (USO y CGT) y la desaparición de otros muchos pequeños sindicatos y de -en su día  fenómeno- los independientes.

            Por otra parte, la actual estrategia de los dos grandes sindicatos pasa por la “unidad de acción” entre ambos, pudiendo entenderse como objetivo a largo plazo la unión confederal entre ambos, siendo su modelo la gran confederación sindical alemana.

            Ese objetivo estratégico, ha sido desarrollado por la táctica de la negociación con la patronal y la Administración Pública, intentando cerrar el paso a otras fuerzas sindicales.

 

7. Reducción del “internacionalismo proletario” a un vago humanitarismo.

            Este fenómeno es paralelo a la pérdida de las señas de identidad ideológicas. Por ello, buscan en muchas ocasiones, proporcionar unos juicios éticos correctores de las tendencias generales de la actual sociedad; de ahí su denuncia del llamado “pensamiento único”, la globalización, etc.

            Por otra parte, todos los sindicatos han creados ONGs, tanto de cooperación al desarrollo, como dirigidas al mundo sindical de forma específica en el tercer mundo. Las ONGs del ámbito sindical, son muy numerosas, de las que mencionaremos solo alguna a título de ejemplo: ISCOD (UGT), SOTERMUN (USO), SODEPAZ (CC.OO.), etc.

            Todos los grandes sindicatos siguen afiliados a escala mundial a grandes confederaciones, que han experimentado de forma notable la pérdida de los valores ideológicos que en su día las caracterizaron. Del comunismo y anarquismo (desaparecido éste último como fuerza sindical real en los escasos países donde arraigó), como grandes “faros” inspiradores, el movimiento obrero se ha inclinado progresivamente hacia posturas “socialdemócratas”, incluso por parte de sindicatos claramente comunistas en su trayectoria. La caída del muro también ha tenido sus efectos en el mundo sindical, si bien la evolución indicada había comenzado mucho antes.

 

Reflexiones finales.

            En base a las anteriores consideraciones, podemos deducir, sin lugar a dudas, que el sindicalismo clásico ha hecho crisis: ideológica, humana, estratégica y organizativa.

El actual sindicalismo “de clase”, heredero del combativo sindicalismo marxista o anarquista del primer tercio del siglo XX, se ha transformado en unas estructuras a las que se busca dotarles de sentido de cualquier forma, asumiendo funciones “burguesas”, plenamente integradas en el sistema. En ese sentido, la oligarquía sindical actual se preocupa más por el mantenimiento de unas estructuras sindicales saneadas y controladas, que por las inquietudes de sus “bases”.

            Por otra parte, los sindicatos “de clase” han perdido sus señas de identidad doctrinales históricas, caracterizándoles, en la perspectiva ideológica hoy día, una vaga visión “progresista” de la sociedad, heredera en sus parámetros culturales del 68.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo de 2000

Valoración de urgencia de las elecciones del 12 – M.

Ya celebradas las elecciones legislativas del día 12 de marzo, se impone una valoración del resultado de las mismas, complementada, en este artículo, con una reflexión sobre algunas consecuencias derivadas de ello para la vida de la Iglesia Católica española.

 

      Ya se conocen los resultados de las elecciones legislativas y autonómicas andaluzas celebradas el día 12 de marzo.

            Por ello procede hacer algunas reflexiones al respecto.

 

1. Las elecciones legislativas han sido ganadas por el Partido Popular con una inesperada mayoría absoluta, suscitada en buena medida por el fantasma de la “unión de las izquierdas”.

 

2. El próximo gobierno será monocolor, sin precisar de pactos con fuerzas nacionalistas para mantenerse, tal como ocurrió en la legislatura anterior. Por lo tanto, el P.P. ya no tendrá excusas para desarrollar su programa electoral.

 

3.Izquierda Unida ha sido desplazada como tercer partido por CiU. Sus resultados han sido muy malos, aunque parece que ha tocado suelo. Los Verdes han restado votos a I.U. pero no han logrado resultados relevantes. Iniciativa Per Catalunya continúa bajando; sólo es una sombra de lo que fuera el histórico PSUC.

 

4. Los partidos nacionalistas, globalmente considerados, han aumentado votos.

- Al PNV le ha beneficiado la abstención de Euskal Herritarrok. Pero apenas le han llegado votos de esa coalición. Y además han perdido votos moderados en beneficio del partido Popular, que junto a UPN en Navarra, le saca 150.000 votos de diferencia en el conjunto de ambas autonomías. Pese a ello, se constituye en la gran referencia del nacionalismo vasco.

La abstención activa propugnada por EH apenas se puede cifrar en un 6%, lo que significa un fracaso importante, aunque Arnaldo Otegui, en público, no pueda reconocerlo; además ha logrado movilizar “a la contra” al voto a sectores poco politizados o atemorizados (lo que se ha concretado en el elevado número de votos en blanco y en el voto por correo), propiciando además un desplazamiento de votantes moderados nacionalistas al PP.

- EA se mantiene a la baja.

- CiU se mantiene, con un leve descenso en escaños.

- ERC logra un parlamentario, aunque sube en el número de votos.

- BNG no logra grupo parlamentario propio, pero desplaza al PSOE como fuerza real de la izquierda en la escena gallega.

presencia de su escisión Iniciativa Aragonesa.

- Coalición Canaria mejora su representación parlamentaria.

- El Partido Andalucista logra un parlamentario, confirmando sus expectativas, regresando al Congreso español tras muchos años de ausencia.

- Chunta Aragonesista se estrena, con Labordeta en el Parlamento. Absorbe a buena parte de los votos fugados de IU en Aragón.

- El PAR se hunde, víctima de su herrática política de pactos y de la

- UV y UM no alcanzan resultados relevantes.

 

5. El voto explícito de protesta, dentro de la heterogeneidad de este campo, sin considerar los votos emitidos en blanco, se ha dispersado en una larga lista de candidaturas: GIL, CDS, España 2.000, PADE, La Falange, FEI-Falange-2000, Comunión Tradicionalista Carlista, UN, UI, FN.

El voto más numeroso lo obtiene el GIL, sin llegar a las expectativas creadas.

Mario Conde ha fracasado estrepitosamente.

Sin duda, este sector de “voto de protesta” ha sido afectado por el numeroso listado de candidaturas presentadas y por los efectos de la polarización PP – izquierdas.

 

6. Por lo que respecta a las elecciones autonómicas andaluzas, mejora resultados el PP, aunque mediante un pacto estable con IU o PA, continuará en el gobierno Chaves y su PSOE.

 

7. La mayoría absoluta también se traslada al Senado.

 

8. Los sondeos no han acertado. Así como hace 4 años no detectaron un importante número de votantes ocultos del PSOE, en esta ocasión pese a las correcciones en ese sentido incorporadas a las encuestas, ha sido el PP el beneficiado del “votante oculto”.

 

9. Para la Iglesia Católica española los resultados no son indiferentes.

Partimos, en este juicio, de una premisa. Hay que desacralizar la política. La salvación no vendrá de los políticos, sino de la Iglesia de Jesucristo. Por ello, una aproximación a este tema puede venir, no desde la perspectiva de la graduación y elección del “mal menor”, sino desde la positividad del hecho cristiano, encarnado en la Iglesia. Por ello, la ampliación de los espacios de libertad para la acción pastoral, social y educativa de la Iglesia, es un objetivo legítimo que puede y debe perseguirse también en unas elecciones parlamentarias. Los partidos estatalistas (PSOE e IU) no sólo no posibilitan un mayor campo para la Iglesia, sino que su actuación es explícitamente beligerante ante la misma. Por el contrario, el Partido Popular, pese a enormes carencias (como la ausencia de un proyecto cultural para España y la desatención del sujeto frente a la política de los grandes números de la macroeconomía y del estado del bienestar), facilita en algunos sectores la presencia de la Iglesia. Y esto, al margen de otras consideraciones que exceden este breve artículo, ya es algo positivo. Y no sólo para la misma Iglesia española, sino para toda la sociedad.

            Otro aspecto a considerar es el siguiente. A lo largo de esta campaña electoral, en algunas web, movimientos eclesiales, incluso en medios masivos de comunicación, se ha opinado sobre el voto de los católicos. Y se ha hecho con mayor libertad que en ocasiones precedentes. Es evidente que existen voces del catolicismo español que asumen, de forma consciente, posturas muy críticas con el tratamiento que el PP proporciona al voto de los católicos. Pero tales voces carecen de los medios que pudieran permitir un cambio de actitud en el sentido indicado y la consiguiente revisión de los planteamientos al respecto de la Jerarquía católica española.

 

10. Conclusiones.

El Partido Popular tiene una ocasión de oro para aplicar su programa,  libre de las condiciones leoninas de los nacionalistas. Pero hay que constatar que no parece exista un programa de ambiciones culturales que exceda la gestión de lo económico.

Por otra parte, el PP se constituye en referencia obligada para todos los partidos europeos que consideran que la sociedad tiene un papel y una capacidad de iniciativa que no debe ser ahogado por el Estado, tal como propugnan los partidos socialistas en el poder en casi toda Europa.

Para los votantes católicos, es la ocasión de hacer valer la confianza prestada a este Partido y buscar vías de apoyo a la familia, al tercer sector, la resolución de temas pendientes como el del profesorado de religión, y tantos asuntos que preocupan al votante católico.

Pero no olvidemos que para los católicos, independientemente del resultado de estas elecciones políticas y de otras coyunturas, la misión fundamental es dar testimonio de Cristo allí donde vivimos.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo 2000

Chechenia. Algunas claves de la guerra.

     Puritanismo, intolerancia religiosa, postergación de la mujer; son algunas de las características de la imagen que proyecta Arabia Saudita. Pero tales, ¿son connaturales al Islam? Se trata de la aplicación más concreta de un movimiento renovador del Islam, el wahhabismo, que cuenta de un inesperado discípulo: Shamil Basayev, líder de la guerrilla chechena.

Shamil Basayev.

            Shamil Basayev, el más conocido dirigente de la guerrilla chechena, se convirtió al Islam en su interpretación wahhabita. Y en esa “aventura interior” le acompañaron buena parte de sus camaradas de la guerrilla caucásica que dirige. Autor de espectaculares golpes de mano (en la primera guerra de Chechenia, en 1.995), y figura mítica en su patria natal, saltó de nuevo al panorama internacional con el intento de invasión de Daguestán, excusa de la que se sirvió Boris Yeltsin para invadir, por segunda vez en pocos años, la república de Chechenia, y que ha servido en parte a Vladímir Putin para consolidarse en el poder. En las elecciones presidenciales rusas celebradas el 26 de marzo de 2.000, Putin ha obtenido una mayoría absoluta a lo que ha ayudado, sin duda, su intervención militar en Chechenia.

El wahhabismo.

También ha trascendido, en algunos medios de comunicación, que determinadas prácticas religiosas de la guerrilla han resultado extrañas en los pueblos entre los que ha operado, más acostumbrados a un Islam menos riguroso.

Tal vez, pueda parecer que sea indiferente que esta guerrilla profese un tipo u otro de Islam: sunnita, chiíta, hermanos musulmanes, alauita, sufí, etc.

Pero creemos, al contrario, que sí es significativo.

Esta forma estricta de interpretación del Islam nace y se desarrolla, al igual que otros movimientos reformistas, dentro de la gran corriente “salafiya” (salaf, grandes antepasados). De la mano de Mohamed Ibn Abdul Wahhab (1703 – 1787) pretende, como todos los reformistas, la vuelta a la pureza del Islam de los orígenes. Concretamente, el “wahhabismo” ha estructurado por completo la sociedad de Arabia Saudita. De hecho, aunque cuenta muchos seguidores en otros países islámicos, es únicamente en aquél donde ha prevalecido esta interpretación estricta del Islam sunnita.

Otros intereses geoestratégicos.

            El Caúcaso, desde hace varios siglos, es objeto de las apetencias territoriales de Rusia y Turquía. También es objeto de expansión del Islam, especialmente por la presión turca, dado que pueblos de esa etnia habitan en diversas repúblicas caucásicas, con la excepción de las cristianas y ortodoxas Armenia y Georgia.

            También el Irán chiíta ha intentado extender su campo de influencia entre los territorios musulmanes ex - soviéticos, aunque ha pasado su época belicista en la que llegó a “exportar” un cuerpo de 2.000 voluntarios a la llanura de La Bekaa, feudo de los movimientos chiítas libaneses Amal y Hezbola.

            Y en este juego de intereses, no hay que olvidar la importancia geopolítica de estas repúblicas en conflicto, por ser lugar de tránsito de oleoductos por los que es transportada buena parte del crudo mundial. En concreto, el oleoducto por el que se transporta el petróleo de Azerbayán, pasa tanto por Daguestán (donde se inició la guerra en esta ocasión), como por Chechenia. Así, se ha barajado en diversos medios que, la causa oculta de la nueva fase de la guerra en Chechenia sería el control estratégico por parte de Rusia del transporte del crudo en su principal vía terrestre. Por otra parte, buena parte de los ingresos del estado ruso (en torno al 70%), proceden de las empresas petroleras privatizadas rusas.

            También juegan, en esta compleja situación, otros intereses geopolíticas. Así algunos autores consideran que Estados Unidos, sirviéndose de la influencia de Turquía y otros países islámicos, pretende crear un factor permanente de desestabilización en el sur de la antigua URSS. En ese sentido, la revista “30 días”, en su último número de 1.999, recoge algunas hipótesis aventuradas al respecto por Giulietto Chiesa, experto en la realidad Rusia, quien defiende que a través de la Georgia de Shevardnadze, se busca una “casa común del Caúcaso” sin la presencia rusa, arrojando a Azerbayán a la órbita turca.

            Veamos otro aspecto del conflicto. Arabia Saudita, uno de los mayores productores de petróleo, se ha convertido en una de las fuentes de financiación mas importantes del Islam misionero a nivel internacional. Financia enormes mezquitas en Europa (como la madrileña sita en la M-30 y, próximamente, otra en Barcelona), obras caritativas en el Africa negra, la expansión musulmana en Filipinas o Asia Central. ¿Financiará también, acaso, a movimientos guerrilleros como el mencionado? No olvidemos, en ese sentido, sus iniciales relaciones con elementos significativos del FIS argelino. Y respecto de los “talibanes” afganos, si bien parece ser que Pakistán aportó las bases logísticas, el primer país que reconoció el gobierno Talibán junto a Pakistán fue Arabia Saudita. Ahí, pues, la conexión que explica tan particular militancia del mítico guerrillero y su gente. Conexión de intereses económicos, políticos y religiosos.

La “yihad”.

            Tampoco es de extrañar que el wahhabismo incurra a finales del siglo XX en la “guerra santa”. No en vano, el Islam wahhabita fue implantado en la península arábiga en el primer tercio del siglo XX, por medio de la “yihad” desencadenada por dos caudillos musulmanes de idéntico nombre que protagonizaron una auténtica gesta guerrera en época moderna: Abd al-Aziz, y otro Abd al- Aziz (conocido el segundo como Ibn Saud) fundador del actual reino saudí.

            En ese sentido, Shamil Basayev emplea un medio (la yihad) muy utilizado por el Islam, ya sea de forma ofensiva o defensiva. Y no olvidemos, por otra parte, que la población de su país ha sido víctima en masa del comunismo ruso (ateo por definición para un musulmán), padeciendo en época de Stalin deportaciones masivas y miles de asesinatos.

            El wahhabismo es puritano y riguroso. Aplican la “sharía” en su interpretación hanbalí, una escuela penal muy estricta. Rechaza a las cofradías místicas y al sufísmo (al que se mira con tanta curiosidad desde la “New Age” occidental) por considerarlos heréticos, y allí donde gobierna, los ha prohibido.

Para esta modalidad del Islam, política, sociedad y religión es una sola cosa. Y lo sigue acreditando con hechos.

De esta forma, junto a los oscuros intereses económicos y geoestratégicos antes mencionados, tenemos el factor religioso e ideológico como motivación, motor y justificación de los peones chechenos en juego.

Páginas para el mes, Nº 35, abril de 2000

¿Que pasa con los funcionarios de prisiones?

La política gubernamental también tiene consecuencias en la Función Pública. Aquí veremos la desarrollada en el muy concreto ámbito de las Instituciones Penitenciarias españolas y su repercusión en la vida de sus funcionarios.

 
Introducción.

            La sequía informativa del pasado verano nos trajo, entre otras,   asombrosas imágenes televisivas en las que grupos de funcionarios de prisiones bloqueaban con barricadas los accesos a diversos centros penitenciarios, siendo posteriormente disueltos -con auténtico “entusiasmo” en muchos casos- por la Guardia Civil.

            Tales imágenes se enmarcaban en las movilizaciones que sacudieron a este sector funcionarial durante varios meses y que, de forma intencionada, se interpretaban desde los “mass media” como de marcado -y casi exclusivo- carácter salarial.

 

Antecedentes.

            Desde los angustiosos meses en que se prolongó el secuestro por parte de ETA del funcionario José Antonio Ortega Lara (quien con su tremendo sufrimiento ha rendido un extraordinario servicio a la causa del reconocimiento social de los profesionales penitenciarios), era la primera vez en que estos trabajadores alcanzaban un cierto protagonismo informativo que generó, por otra parte y como era de esperar, todo tipo de comentarios.

            ¿Qué motivó realmente semejantes movilizaciones?

            Ciertamente, el colectivo de trabajadores de prisiones (unos 16.000 funcionarios y 1.800 laborales, sin contar con los de la administración catalana) no es uno de los más populares dentro del ya de por sí desacreditado estamento funcionarial. Tampoco su problemática es esencialmente distinta de la del resto de la Función Pública, estando aquejada de las mismas enfermedades y vicios de funcionamiento.

            Despreciados por unos, ignorados por otros y perseguidos por el M.N.L.V. en Vascongadas y Navarra, este colectivo muestra los niveles más elevados de frustración e inconformismo dentro de la Función Pública.

            Prueba de ello fué el apabullante éxito alcanzado, en las últimas  elecciones sindicales, en prácticamente todas las prisiones españolas,  por un sindicato “corporativo”, a juicio de los demás: la Agrupación del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias (ACAIP en lo sucesivo).

            Según muchos, este sindicato nació “teledirigido” desde la propia Dirección General, con oscuras intenciones, pero resultó díscolo. Y obtuvo tantos votos como sumando el cosechado por todos los demás  (CSIF, UGT, CCOO, USO-USIAP, ELA STV, CIG y UBP).

            Su éxito fue espectacular, salvo -curiosamente- en los servicios centrales de la propia Dirección General, donde la mayoría de votos la obtuvieron UGT y CCOO.

            Su fulminante éxito solo puede tener una explicación: ha sido el catalizador de un malestar generalizado. De hecho, no solo ha obtenido votos entre su electorado natural, sino que los ha recibido de grupos de funcionarios a los que su mensaje no está dirigido (el Cuerpo de Ayudantes –destinatario natural de ese sindicato- es grupo “C” de la Administración y uno, aunque el más numeroso, de todos los diversos Cuerpos penitenciarios).

            ¿Cómo es posible lo anterior?

 

Politización con el PSOE.

            Los distintos Directores Generales socialistas politizaron de forma extrema la gestión de personal y electiva de cargos directivos; lo que constituye una característica común en las diversas Administraciones Públicas.

            Por ello, el éxito electoral del PP generó unas enormes expectativas de cambio que, a los pocos meses, se tradujo únicamente en un “baile” de altos cargos, sin que se produjera promoción de hombres e ideas del PP (salvo en alguna prisión muy concreta). De hecho, gran parte de los puestos de cierto nivel hacia arriba siguen en manos de la minoría ugetista, fundamentalmente.

            Angel Yuste, flamante Director General, nunca ha sido militante del PP y su actuación se ha caracterizado por dos ejes: continuidad en general con la política penitenciaria socialista y absoluta subordinación a la política antiterrorista del Ministro Jaime Mayor Oreja (máximo responsable hoy día de la política penitenciaria).

 

Las macroprisiones.

            Hemos indicado que no se trata de una realidad sectorial absolutamente diferenciada del resto de la llamada Función Pública. Al contrario, los códigos de comportamiento y los retos de servicio y modernización pendientes son comunes a los existentes entre el resto de funcionarios públicos. Pero el medio físico y material determina respuestas y adaptaciones; y si ese medio es “cerrado” (la prisión), todo se vivirá y experimentará de forma más extrema.

            Una prisión no es una realidad completamente aislada del resto de la sociedad. Al contrario, es producto y fiel reflejo -con algunos códigos de comportamiento específicos- de los valores predominantes en la sociedad española.

            El modelo físico prevalente sigue siendo el diseñado por el PSOE: el centro penitenciario “tipo” o “macroprisiones” alejadas de las ciudades.

            Idea de Antonio Asunción, la jugada estaba bien pensada: se cierran dos viejas prisiones, generalmente muy bien situadas en dos ciudades, construyendo a cambio del valor de los solares en los que estaban situadas, una “macro” a caballo entre ambas. No importa que esté situada en un descampado a 40 o 50 kms. de las dos ciudades. Todo parecían ventajas. Pero que pregunten qué opinión merece ello a funcionarios, familiares de presos, abogados, etc; y que se sumen los millones de kilómetros recorridos para trasladarse a tales centros. Y eso sin entrar en la despersonalización padecida por funcionarios y presos en Centros en que los números -en su dimensión humana- también son “macros”.

            Es un modelo que, en definitiva, no favorece el tratamiento resocializador del delincuente (principio inspirador de la reforma penitenciaria acorde con la Constitución actual). Prima la seguridad, si bien no hay que desdeñar, entre otros, los esfuerzos por introducir talleres productivos que ocupen al mayor número posible de internos en trabajo remunerado.

            No olvidemos que esos principios de “tratamiento” y  “resocialización”  son los que han inspirado la selección y formación de los miles de funcionarios que, actualmente, trabajan por toda la geografía española y cuya edad se sitúa mayoritariamente entre 30 y 40 años.

 

Otros problemas.

            A los aspectos antes indicados debemos señalar otro.

            Pongamos un ejemplo. Un joven que con 24 años entre en el Cuerpo de Ayudantes como funcionario de carrera, dentro de 15 o 20 años seguirá donde entró, profesionalmente hablando. A lo sumo habrá subido un par de niveles para seguir desempeñando, básicamente, el mismo trabajo (“chupando patio o galería”). Por otra parte, dada la procedencia geográfica de los funcionarios (predominan de forma notable los naturales de Castilla - León y alguna otra Comunidad como Cantabria y Galicia), el futuro pasa por viajar durante varios años de forma constante y, generalmente, a través de distancias largas.

            Todo ello  dibuja un panorama que, en realidad, tampoco es ajeno al de otros ámbitos de las Administraciones Públicas, pero que condicionado por ese medio cerrado, acentúa la frustración y la desesperanza.

            Con tales factores en juego, no es de extrañar que un sindicato “incorrecto” haya podido azuzar esa problemática real latente que los sindicatos “de clase” –mas preocupados por otras cuestiones- no han sido capaces de canalizar y resolver.

            En cualquier caso, la estrella de ACAIP declinará en breve. Los recientes pactos con la Dirección General y la política que siga en el futuro generarán, inevitablemente, nuevas frustraciones que desmovilizarán al colectivo que lo apoya y que, antes o después, reabsorberán los sindicatos clásicos (en particular, los “de clase”). Habiendo iniciado el camino de la institucionalización y la componenda, no podrán permanecer ajenos a la erosión del desencanto.

 

El OATPP.

            Para ser justos, debemos destacar la existencia de un factor novedoso en el panorama penitenciario español: el Organismo Autónomo Trabajo y Prestaciones Penitenciarias.

            Dirigido por una militante del PP ajena al mundo penitenciario, está sorprendiendo a propios y extraños por el trabajo desarrollado y por su dinamismo, reflejado en documentación y programación constante (en tremendo contraste con las equivalentes de la Dirección General). Incluso los más progresistas de “la casa” están agradablemente sorprendidos por la amplitud de miras de sus gestores y los medios  empleados; copando las competencias de cultura, formación, deporte, asistencia social y trabajo productivo en las prisiones españolas (salvo en Cataluña). Paralelo a lo anterior, su presupuesto también ha aumentado de forma muy importante.

            ACAIP y los movimientos producidos en su entorno han sido la punta del iceberg. Los sindicatos tradicionales, antes o después, asimilarán todo ello, pero ello no es garantía de que el malestar y el desencanto generalizado se resuelvan eficazmente. Un malestar que no se acallará por un millar de duros mensuales más, pues reclama la satisfacción a elementales valores en juego como son la dignidad profesional, el reconocimiento social y un justo sentido del trabajo desempeñado.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 29, febrero 2000

El Partido Popular ante los nacionalismos periféricos.

            Las fuerzas políticas nacionalistas han radicalizado, en estos últimos 4 años, su actuación en diversos ámbitos. Puede decirse, incluso, que el “estado de las autonomías” ha hecho crisis. ¿Qué papel ha desarrollado ante este panorama el Partido Popular?. En este artículo se responde a ese interrogante, proporcionando algunas claves para entender la actual coyuntura.

 

Introducción.

            El gobierno del Partido Popular es el primero que, casi, ha agotado una legislatura de 4 años, conforme el plazo temporal máximo previsto en la vigente Constitución española.

            Por lo que respecta a la articulación de nuestra realidad territorial, el esquema constitucional aplicado, en su fórmula salomónica de la “España de las autonomías”, ha hecho crisis.

Hasta hace 4 años era lugar común que esa original estructuración de España, en torno a “nacionalidades históricas” y “comunidades autónomas”, funcionaba perfectamente, constituyendo uno de los “grandes logros” de este período histórico.

            Al cabo de 4 años tal esquema es impugnado claramente, y no sólo por parte de los partidos independentistas (EH, EA, BNG y ERC), sino también por otras fuerzas nacionalistas más moderadas (PNV, CiU y CC), incluso por formaciones antes regionalistas (PAR y UM). Pero lo más grave es que un partido de ámbito nacional como es el PSOE empieza a cuestionar, al menos por alguna de sus figuras, tal articulación: es el caso del PSC-PSOE de Maragall, que como principal baza política invoca al federalismo como fórmula mágica para salir de la actual situación (coincidiendo en ello con Izquierda Unida e Iniciativa por Cataluña).

            Por todo ello, es el momento de reflexionar y valorar la acción política del Partido Popular ante la presión disolvente de los partidos nacionalistas periféricos durante estos últimos 4 años de la vida española.

 

Presupuestos.

            En necesario considerar, en primer lugar, algunos presupuestos que condicionan en forma muy notable a este partido político hasta ahora en el gobierno nacional.

 

I)El PP omite la historia de sus propios orígenes, es decir, su procedencia sociológica y doctrinal. Salvo en algunos ámbitos, como los de la Fundación Cánovas del Castillo, se ignora y se hace tabla rasa de los antecedentes de la derecha española y, no digamos ya, del pensamiento tradicional español. Al contrario. Observamos, atónitos, a un Presidente del Gobierno que se remite a Manuel Azaña como su inspirador. No podemos menos que considerarle como un intelectual alejado de la realidad, sobrevalorado hoy día en su capacidad, débil ante la presión de los radicales de la izquierda de entonces y, por último, profundamente sectario. Pío Moa, en su libro “Los orígenes de la guerra civil española”, expone de forma rigurosa el papel jugado por Manuel Azaña en el sentido antes descrito.

Si esas referencias doctrinales son las del PP, partiendo de que “no se puede dar lo que no tiene”, el mismo se encuentra prisionero de tales presupuestos, lo que también condiciona su voluntad ante el reto nacionalista.

 

II) El gobierno del Partido Popular nació con un déficit electoral que ha condicionado su práctica política en esta sexta legislatura: la carencia de una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Ello le ha obligado desde el principio a pactar, en una precaria estabilidad, con una serie de fuerzas políticas de carácter nacionalista: PNV, CIU y CC. Recordemos aquí la polémica producida al inicio de la legislatura con la aprobación del nuevo Código Penal y la promesa electoral de cumplimiento íntegro de las penas por los terroristas, que puso en evidencia las dificultades que encontraría en otros proyectos de cierta envergadura.

También ha necesitado contar con otras fuerzas regionalistas, actualmente en crisis de identidad y en ruptura con el PP, como son el PAR, UM y UV.

El caso navarro es distinto, al no existir el PP en este territorio foral y encontrarse vigente un acuerdo permanente de colaboración política con Unión del Pueblo Navarro, ratificado en el mes de enero de 2.000.

 

III) Un tercer factor condicionante es el desprestigio en que se encuentra sumida cualquier propuesta de “proyecto nacional” español desde los “mass media” y el mundo académico y universitario. Todo intento al respecto es descalificado a priori como una expresión no deseable de “nacionalismo español”, sinónimo de retrógrado, tardo - franquista, etc.; al contrario que en el caso de los proyectos nacionalistas periféricos en marcha (los de los gobiernos de Cataluña y Comunidad Autónoma Vasca, fundamentalmente, aunque sin olvidar la marcha ascendente del BNG), admitidos como inevitables y progresistas por los herederos ideológicos del 68 (donde encontramos la génesis de la mentalidad hoy día dominante).

 

IV) Exclusión del catolicismo como elemento históricamente vertebrador del pueblo español.

            Para que un proyecto nacional -o de otro tipo- sea posible, debe nacer y sustentarse en un pueblo, pues se convertiría en caso contrario en un cenáculo reñido con la realidad.

            En España ese pueblo que la ha encarnado está desapareciendo, siendo sustituido por una abstracta suma matemática de voluntades individuales, unidas por la búsqueda del bienestar, bajo el paraguas constitucional y una mínima ética social.

            No puede hablarse -a nuestro juicio- de “pueblo español” sin remitirse al cristianismo, como factor vertebrador del mismo.

Buena parte de la historiografía moderna responsabiliza a la Iglesia católica del “atraso secular” de España. Y, a su juicio, su papel se limitaba a la mera defensa de los intereses del alto clero y de los poderosos. No se admite, bajo ningún concepto, que Iglesia y pueblo formaran un “uno” generador de energías positivas y constructivas en múltiples campos. Y ese proceso de eliminación del catolicismo de la conciencia colectiva también se ha verificado en la vida pública, en particular, en la acción política.

Actualmente no es “políticamente correcto” pretender que el catolicismo salga de las sacristías. A la Iglesia católica se le ha marginado y apartado de la vida pública, salvo en algunas ceremonias entendidas como residuos, en regresión, de épocas pretéritas.

Y respecto al proceso descrito, el PP ha jugado un papel cuanto menos ambiguo.

            Como consecuencia de todo ello, salvo algunas excepciones, casi nadie, y menos desde un PP que ganará las elecciones en tanto se asegure los votos del centro sociológico, reivindica como deseable la recuperación de la memoria colectiva del pueblo español y de los elementos que la configuraron.

 

Características de la acción gubernamental popular.

            A partir de tales premisas, y tras 45 meses de gobierno “popular”, deducimos algunas características de su acción política, derivadas de esa “ausencia” doctrinal (que ya se observaba en el programa electoral popular “Con la nueva mayoría” del año 1.996) y de esa aparente falta de voluntad:

 

1. Actuación a la defensiva ante las diversas iniciativas nacionalistas: ya políticas, lingüísticas, educativas, etc. Su expresión más significativa ha sido la actuación del ejecutivo popular durante la liquidada “tregua indefinida” de la banda terrorista ETA. Nunca sabremos si el gobierno pudo hacer algo más para “allanar los caminos de la paz”. Pero tememos que el inmovilismo del Gobierno sea una consecuencia de la ausencia de proyecto. Así, como estrategia en ese terreno, sólo ha concebido la defensa de la Constitución. Y como tácticas, la lucha policial y la movilización ciudadana a raíz de Ermua. Observados todos los movimientos realizados con ocasión de esa mal llamada “tregua”, ha demostrado cierta incapacidad de liderar iniciativas al respecto.

 

2. Reducción genérica del “proyecto nacional” español a los principios encarnados en la Constitución Española vigente y a una ética civil de los valores comunes, sin que se adviertan movimientos de rectificación.

Buena parte del electorado popular no se identifica con la política ejecutada por la dirección del PP en ese sentido: por origen, se trata de un electorado de conciencia española.

            El PP invoca al bienestar, a los valores constitucionales y poco más. El nacionalismo periférico resuelve problemas cotidianos en los ayuntamientos, lucha en el campo de la ecología, promueve vivencias comunitarias, habla de sexo, lucha por su concepto de “patria”, promueve formas de tradición. La cultura y otros aspectos de la vida son abandonados por el PP, salvo francotiradores aislados, cediendo esos terrenos a quienes realmente trabajan en ello. Con tal renuncia se facilita la manipulación, de la cultura e idiomas como el euskera, por parte de los estrategas nacionalistas; concebido todo ello como herramientas de confrontación, división y revolución cultural.

            Así, el PP, sin objetivos ambiciosos a medio y largo plazo, se vacía de contenido ideológico, limitando su estrategia a un proyecto de simple conservación y ejercicio del poder estatal.

 

3. Progresiva marginación en el PP de las voces discrepantes con la actual evolución en este campo. El caso más conocido es el de Aleix Vidal-Quadras en Cataluña. Y como situación más sangrante, el de algunas de las víctimas “populares”: concejales y  militantes, atacados por representar a “lo español” y que PP y UPN no han sabido -o querido-  apoyar de forma efectiva (así, las dimisiones de concejales regionalistas afectados por la “kale borroka” en las localidades navarras de Villava y Noáin, que argumentaron en esa coyuntura no sentirse respaldados por su partido).

            Otro aspecto a considerar, en lo que se refiere al liderazgo y configuración del PP, es la ausencia, numéricamente significativa, de políticos cristianos en el mismo, salvo excepciones como Jaime Mayor Oreja; lo que limita las posibilidades de dotar de contenidos ideológicos claros a ese partido y de conectar con la base de su propio electorado.

 

Principales retos del nacionalismo periférico.

            Por último mencionaremos dos acciones político-culturales desarrolladas en estos casi 4 años por diversos gobiernos autonómicos (tanto nacionalistas como populares), cuyas consecuencias a largo plazo serán muy graves en lo que respecta a la cohesión, convivencia y común conocimiento de los españoles.

La situación planteada por el nacionalismo vasco (que actúa conjuntamente a partir del Acuerdo de Lizarra), excede el contenido de este breve artículo.

 

1. Pleno desarrollo de las políticas de “inmersión lingüística” en sus respectivos territorios, especialmente en la educación, el ámbito administrativo y de los medios de comunicación de titularidad pública, iniciándose también en el de la Justicia. Esta  discriminación positiva empieza a tener consecuencias no deseables en los ámbitos laboral, docente, educativo y funcionarial.

 

2. Distorsión y olvido de la “memoria colectiva” española en los planes de estudios, omitiéndose el acervo español común en los contenidos educativos impartidos, fragmentándose (incluso llegando a la  falsificación) en los recogidos por diversas Autonomías.

            El fracasado “decreto humanidades” fue un intento de rectificación de esa situación por parte del PP. Pero, a partir de ese déficit electoral antes mencionado, chocó con los planes de los partidos nacionalistas, consistentes en la creación e imposición a través de todos los medios culturales a su alcance (enseñanza y medios de comunicación), de una “conciencia nacional” vasca y catalana.

 

Conclusiones.

            La “administración única” propuesta por Manuel Fraga Iribarne no ha pasado de ser una mera formulación teórica apenas desarrollada y que, en su origen, pretendió anticiparse en alguna manera a la actual crisis del “estado de las autonomías” desde un plano de igualdad de todas las comunidades españolas.

            Desde el partido hasta ahora en el poder, no han surgido otros intentos serios de rectificación de la actual situación.

            Existe, pues, un complejo de inferioridad intelectual y política del PP ante el nacionalismo periférico (y también ante cualquier expresión de “progresismo”) que ha condicionado de forma determinante su acción de gobierno.

Vemos, con todo ello, que se presenta ante el horizonte de la política nacional uno de los más peligrosos retos de la reciente historia de España.

            Si el pueblo español quiere recuperar un proyecto de futuro, deberá volver sobre sus orígenes y encontrar en ellos la fuerza y las claves que permitan afrontar el reto de su supervivencia.

            Y esa misma operación deberá realizar el Partido Popular, retomando el contacto con la realidad de su electorado y de la corriente sociológica e histórica de la que brota.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 29, febrero de 2000

¿Partidos políticos alternativos?

         La relevancia de algunos partidos políticos de corte “populista”, incluso “neofascista”, es una realidad en varios países de Europa. ¿Es posible un fenómeno análogo en España?

 
Introducción.

         Se ha afirmado que, en el origen de ciertas maniobras políticas,  producidas últimamente, existe un interés nada disimulado del PSOE en que un partido “a la derecha del PP” arañe unos cientos de miles de votos al mismo; los suficientes para que en las próximas elecciones generales el primero desbanque al segundo.

         No es una práctica novedosa en la escena política española. Hace unos años, con un Aznar emergente y ya firme candidato a la Presidencia del Gobierno, se intentó con Mario Conde de protagonista; aunque la iniciativa no prosperó.

         Pero debemos ir más allá de esa idea ciertamente maquiavélica aunque no, por ello, menos improbable.

         En cada una de las elecciones políticas realizadas en España son emitidos un número importante de votos en blanco: algo más de 400.000 (el 1’70%) en las europeas del 13-J. Y eso es mucho, considerando que tiene una significación, al menos en parte, de profundo rechazo a los usos y costumbres de la clase política.

         Casi 90.000 votos arrastran las diversas formaciones de la extrema derecha residual (PADE, DN, AUN, FE JONS y FEI).

         Sumemos un par de cientos de miles de votos que, de convicciones ultraconservadoras, votan a su pesar a un PP cada vez más alejado de las referencias tradicionales de la derecha.

         No olvidemos, por otra parte, al siempre importante número de abstencionistas que, en muchos casos, lo son con cierta conciencia de rechazo al actual estado de cosas y que en determinadas circunstancias, al menos en parte, podrían movilizarse en alguna dirección.

         Nos encontramos, así, con una bolsa de votos que, agrupados, podría generar distorsiones políticas suficientes como para cambiar el  color gubernamental.

        

Los partidos populistas en Europa.

         El ascenso periódico de partidos extremistas, de protesta o populistas (según las diversas denominaciones al uso), en Europa es una constante pasajera desde la segunda guerra mundial. Pero, a su pesar, la democracia liberal está, aparentemente, consolidada.

         Por otra parte, tales partidos son muy diversos en orígenes, programas y métodos.

         El NF inglés fué flor de una primavera.

Después de 15 años agitando en Francia - y con éxito- el fantasma del neofascismo, el FN se fracciona en dos, perdiendo en la ruptura casi la mitad de sus votos aún sumando los obtenidos por ambos partidos resultantes.

         En Italia el MSI, transformado por Fin en AN, se integra en el sistema de la mano de Berlusconi, desprendiéndose de los sectores propiamente neofascistas con la escisión de MS-FT; acentuándose su reconversión en un partido de derecha conservadora clásica.

         En Alemania las diversas formaciones ultras (NPD, DR, DVU) sólo han obtenido aislados éxitos electorales a escala regional.

         El austríaco FPÖE de Haider es un caso distinto. No se trataría de un partido programático de extrema derecha, sino de uno populista, interclasista, con tonos xenófobos y fuera de las grandes “familias ideológicas” europeas.

         Un caso semejante al anterior sería la Unión Democrática de Centro (o Partido del Pueblo Suizo, en los cantones de habla alemana). Forma parte del ejecutivo suizo desde 1.959, siendo titular de una de las 7 carteras ministeriales del mismo, ambicionando, a resultas del éxito  electoral del pasado 24/10/99, una segunda; que no ha obtenido finalmente. Este partido antieuropeísta, al igual que el FPÖE, no cuestiona el actual sistema, ni su pretensión es la de avanzar hacia un “estado nuevo”. Busca consolidar, vía referéndum, la tradicional neutralidad suiza, apoyándose para ello en su clientela de las clases medias suizas y vagas invocaciones a los valores cristianos.

         Pero en la génesis de un movimiento de protesta no sólo están presentes los fantasmas del fascismo o de un impreciso populismo.

         Las fuerzas que impulsan un movimiento de este tipo tampoco se apoyarían sólo en críticas superficiales y resentimientos instintivos en juego; irracionalidad en suma.

         Recordemos en ese sentido, por ejemplo y en lo que a España respecta, las serias y graves  críticas realizadas por García Trevijano en sus libros y artículos publicados en “El Mundo” a la democracia española. No sería tal, a su juicio, sino una partitocracia maquillada con formas pseudodemocráticas, para la que la separación de los tres poderes sólo sería una ficción y un juego de minorías. Y esa corruptela originaria afectaría al resto del sistema. Incluso los sindicatos “de clase”, como otro importante soporte del sistema que son, seguirían el mismo esquema: una élite autoelegida que vive de unas estructuras alimentadas por las subvenciones públicas.

         Por otra parte, el crecimiento económico genera nuevas marginaciones, quedando muchas gentes en las cunetas del bienestar.

         Otro factor movilizador, en muchos de los casos citados, es el de la presunta “inmigración salvaje”. En nuestra nación el número de inmigrantes (2 % del total de la población) es varias veces inferior a la media de la CEE (6 %), aunque su presencia empieza a ser cotidiana. Pero salvo en los reducidos - y bastante controlados policialmente- cenáculos “skins”, no parece ser elemento movilizador de voluntades políticas.

         Varios serían los implicados principales en ese hipotético partido de protesta.

 

José María Ruiz Mateos

         José María Ruiz Mateos ya tuvo su oportunidad en política, dilapidando los magníficos resultados electorales conseguidos en las elecciones europeas (608.560 votos en 1.989). Desde entonces ha cosechado, consecutivamente, fracasos electorales absolutos. Pero sigue contando con seguidores incondicionales y algún círculo de influencia que podría volver a movilizar. Su micro - partido ha cambiado de nombre: “Trabajo y Empleo”, lo que indicaría que no descarta futuras maniobras políticas.

 

Jesús Gil y Gil.

         El día 16/10/99, en la presentación de su partido en el madrileño Palacio de Congresos del Parque Ferial Juan Carlos I afirmó: “Es un partido gestor sin ideología, que quiere trabajar para que todo lo que dice la Constitución y todo lo necesario para el bienestar de los españoles se cumpla”. Y, por si había dudas, añadió: “Esta es una aventura romántica porque vamos a luchar contra el poder. El GIL no va a vender a sus votantes sino que va a estar como una mosca cojonera atacando a los partidos en el Congreso”.

         Establecer semejanzas entre Gil y Le Pen, tal como se ha hecho en algunos medios, es absurdo.

         El FN de Le Pen se ha alimentado de sectores sociales nostálgicos de Vichy, de votos obreros (recordemos a Doriot en los años 30), de la pagana y ya explosionada “Nueva Derecha”, de los grupos neofascistas juveniles procedentes de Ordre Nouveau, así como de ambientes tradicionalistas (incluso los lefebvrianos). Con semejante cóctel, el Front tenía que explotar antes o después. Y el protagonismo del propio delfín de Le Pen, Bruno Mégret, ha precipitado la inevitable ruptura.

         Al margen de las bufonadas del líder del GIL, tan del gusto de muchos compatriotas, su escaso contenido ideológico no parecía suficiente como para movilizar esa bolsa de votos a la que hacíamos referencia.       Con todo, el GIL parecía ser el partido con más posibilidades en ese espectro político, pues contaba con importantes medios económicos, una infraestructura básica y una presencia notable en algunas zonas de Andalucía. Es más, habría encontrado aliados inesperados. Pero los ataques dirigidos a su línea de flotación (registro en la sede del Atlético Madrid y publicación de materiales comprometedores en “El Mundo”) produjeron el efecto buscado: Jesús Gil y Gil el día 4 de noviembre anunció su no presentación a las elecciones generales.

         Tal vez, si le conviene a su fundador, resucite la “amenaza” de presentarse a las generales, pero lo será para intentar “aflojar” la presión judicial o buscar salidas a sus contenciosos pendientes.

 

El caso de Mario Conde.

         Es el último de los candidatos todavía “en circulación”.

         De momento ya ha dado dos pasos en esa dirección.

         Ha logrado sacar su revista MC, con un coste económico menor del empleado en un proyecto periodístico de tales características. Para esta empresa se apoya en el voluntarismo de dos periodistas falangistas fogueados en dispares empresas: Gustavo Morales y Javier Bleda, quiénes saltaron a la actualidad mediática en la agónica etapa Rodríguez Menéndez del desaparecido y ex - católico diario YA.

         En la política concreta el paso lo ha dado desembarcando en UC-CDS, partido minúsculo con arrraigo real en sólo dos provincias (Zamora y Segovia), y heredero residual del añorado Adolfo Suarez.

         Pocas cosas concretas nos dice, de momento, Mario Conde: algunas referencias a su libro “El sistema” y afirmaciones genéricas sobre el protagonismo que debe tener la sociedad frente al estado y la clase política tradicional.

         En el número 3 de MC analiza, Javier Bleda, el resultado electoral de Austria como una reacción de la sociedad civil. Se trataría, pues, de un dato indicador del inicio de su recorrido como partido populista en la línea de la UDC y el FPÖE, al empezar a asumir como propios algunos de sus temas movilizadores.

         Su elitismo de origen, su incardinación en el “centro” liberal, el empleo de una “marca” política ya quemada, y su oscuro futuro penal; serán dificultades casi insalvables en ese camino.

 

Conclusión.

         Pero la sorpresa en cualquier momento puede saltar; recordemos de nuevo el espectacular resultado electoral de Ruiz Mateos obtenido en su día.

         Unos políticos oportunistas pueden buscar aprovecharse de esos factores movilizadores antes mencionados e intentar hacer “carrera”.

         Pero, ¿sabrán asumir lo positivo que -también- subyace en esos estados de ánimo? Irracionalidad al margen, esos sectores sociales demandan, además, oportunidades en la vida social y correspondencia entre cierta ética y política: sentido y protagonismo en sus vidas, de alguna manera.

         Eso no es posible.

         Más bien, los candidatos que lleguen a encabezar ese cortejo,  sólo pretenderán integrarse en el sistema desde su actual condición de “outsiders” de la vida pública, siendo la arbitrariedad y la obtención del propio beneficio, sus únicas referencias reales.

         El trabajo al servicio del bien común y de la comunidad no puede viajar en tales barcos ni con semejantes mercancías.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 26, 1999

El otro pueblo.

     El considerable aumento electoral de Euskal Herritarrok en Navarra es un síntoma de que el nacionalismo radical está generando una importante realidad social que se presenta como alternativa a las ruinas adormecidas del sujeto que ha vertebrado la historia navarra: el pueblo cristiano.

 

El cristianismo y Navarra.

            La realidad histórica de Navarra se ha vertebrado, de forma fundamental, en torno a la experiencia cristiana, generando un pueblo.

            Ese pueblo ha elaborado, durante todos estos siglos, una cultura, unas relaciones sociales y una creatividad a todos los niveles, como expresión de esa vida emanada de la Iglesia; permaneciendo, ante la atomización padecida en las sociedades avanzadas de final de siglo, vigente y adecuada.

            Y ello es importante, pues la pertenencia a un pueblo vivo permite  afrontar la realidad en todas sus dimensiones, pudiéndose generar una cultura, entendida como herramienta que permite sumergirse en la  vida con realismo.

            Este pueblo ha acusado en su fisonomía actual, grávemente, los problemas propios del Siglo XX y el cambio de mentalidad y cultura que ha conllevado el mismo.

            Tenemos que constatar que ese pueblo cristiano ha desaparecido en gran medida, de forma abrupta, en los últimos 40 años, persistiendo jirones en aparente recesión. La descristianización -secularización, en lenguaje teológicamente correcto- se ha sufrido en Navarra más tarde que en otros territorios españoles u otros países europeos (Francia, por ejemplo); pero no por ello menos profundamente.

            Por otra parte, verificamos que en Navarra otra alternativa cultural ha tomado la iniciativa en la creación de un pueblo, portador de unos valores distintos a los vividos en esta tierra durante siglos.

 

Un nuevo pueblo: el nacionalismo vasco.

            La irrupción del nacionalismo vasco a finales del siglo XIX a partir de sus pioneros católicos -muchos de ellos- clérigos y religiosos, ha dado lugar en las últimas décadas a una criatura a la que dudósamente sus progenitores podrían reconocer.

            Esta cultura, totalitaria por definición y comportamiento, cumple en sus seguidores una función cuasi-religiosa, en sustitución de la religiosidad tradicional de esta tierra.

 

Una cultura totalitaria.

            En esta “auto-interpretación“ de la historia, el cristianismo no sólo no es asumido, al menos, como generador de la idiosincracia vasca, sino como un episodio -largo y desafortunado- que debe ser borrado. Así, algunos prosélitos, más consecuentes o audaces de esta nueva generación nacionalista radical, han llegado hasta redescubrir (o reinventar), en abierto rechazo de sus raíces cristianas, el presunto paganismo original, la religiosidad natural y primigenia de los ancestros precristianos vascos.

            Por otra parte, y más allá del nacionalismo sabiniano y del marxismo-leninismo de los años 60 y 70, esta revolución cultural en marcha hace propios algunos esquemas vitales y filosóficos de la “post-modernidad”: la liberación sexual, la lucha antipatriarcal, el retorno a la naturaleza, el reforzamiento de los lazos comunitarios frente a una sociedad individualista, la solidaridad con el tercer mundo, etc.

            La dinámica voluntarista impulsora de esta cultura ha creado una sociedad paralela, una “contrasociedad” alternativa en la que se puede vivir 24 horas al día: con su cultura, sus estrechas relaciones sociales y partidarias, su “liturgia” civil, su movilización política y festiva permanente, etc.

            En definitiva, frente a la atonía de los restos cristianos y de la sociedad en general, básicamente marcada por el pensamiento relativista-consumista dominante, el mundo abertzale radical ofrece una cosmovisión alejada del cristianismo, unos cauces de integración y una expectativa real de movilización permanente, atractiva para personas con inquietudes transformadoras y deseosas de compromiso y vivencia  comunitaria.

 

Euskal Herritarrok.

            Las consideraciones anteriores no son sociología general, ni elucubraciones de laboratorio. Es más, pueden ayudar a entender la actual situación de Navarra. En ese sentido, y en lo que respecta a la realidad política, ha desconcertado, en general, el considerable aumento electoral de la expresión política de esa criatura de la que hablábamos antes: Euskal Herritarrok.

            Algunos análisis que han trascendido tras la celebración de las pasadas elecciones del 13-J han sido superficiales y simplistas, en particular a lo que afecta al crecimiento de esa formación.

            Nadie puede ignorar que la lucha política por la independencia de la “nación vasca” se juega, en gran medida, en Navarra, siendo propósito de los grupos abertzales un vuelvo electoral en el futuro y conseguir con ello esa mayoría cualificada de la que habló Arnaldo Otegui como imprescindible para conseguir por vías pacíficas, en unos pocos años, sus objetivos.

 

La confrontación.

            Frente a tal estrategia y el consiguiente despliegue de medios, los partidos constitucionalistas, que defienden un modelo territorial diferenciado para Navarra, nada han diseñado ni elaborado, que se sepa.

            Invocar al presunto granero electoral inagotable de La Ribera, a las esencias autogeneradoras de la navarridad; de poco sirve frente a una estrategia muy concreta del mundo nacionalista vasco, que ha concebido múltiples tácticas, ya en marcha desde hace 4 décadas con paciencia y perspectiva de futuro.

            El trabajo capilar que efectúa especialmente E.H. y los diversos y variados colectivos nucleados por tal agrupación en la sociedad navarra es impresionante: sindicatos, organizaciones sectoriales de todo tipo, deportivas, ecologistas, lúdicas, de solidaridad internacional, de recuperación y fortalecimiento del folklore, de desarrollo y difusión de la cultura vasca. Incluso existe una teología vasca, con comunidades expresión de la misma, dentro de la Iglesia católica.

            Frente a ello, los partidos españolistas, como expresión partidaria de aquellos sectores sociales que pretenden que Navarra permanezca como proyecto autónomo, sólo oponen tímidos intentos, de los que persisten a título individual algunos “francotiradores” en temas muy concretos, sin apoyo de sus partidos y sin sectores sociales que se movilicen con ellos.

            ¿Qué vida se desarrolla en una “Casa del Pueblo” socialista o en un local del centroderechista partido U.P.N. de cualquier localidad navarra? Una “Herriko Taberna” abertzale es un hervidero de iniciativas y militantes en continua movilización. ¿Cuantos menores de 40 años -no digamos, ya, de 30- han acudido a los mítines celebrados en Navarra por los partidos constitucionalistas? Observemos, por contra, qué gentes acuden a las numerosísimas manifestaciones que, con diversas razones, desarrolla el conjunto de organizaciones que orbitan en torno a E.H.

            Urge un análisis autocrítico por parte de los partidos constitucionalistas presentes en Navarra. Y ello no por el gusto de hurgar en la herida abierta (se puede morir de éxito o no levantar cabeza si sólo se vive para las conspiraciones intrapartidarias), sino por la necesidad de afrontar con seriedad próximas batallas culturales y políticas que, sin duda, se presentarán.

            La batalla por el futuro está planteada. Pensar que la Europa que nos espera diluirá por sí sóla la amenaza del totalitarismo abertzale es una ingenuidad y una excusa para la inacción.

           

La presencia pública de los cristianos.

            Observamos que, también en Navarra, siguen actuando cristianos en política pero,  generalmente, lo hacen de forma aislada, al márgen de las comunidades cristianas, reduciendo el cristianismo a su fuero interno y a la intimidad. Tal comportamiento no es, sustancialmente, algo distinto de lo que los demás cristianos hacemos hoy día: separar la vida concreta y cotidiana de Cristo y su Iglesia.

 

Una propuesta.

            En Navarra está presente una propuesta, que afirma responder a las más urgentes necesidades y vitales preguntas de todo ser humano, desde que se produjeron las primeras conversiones al cristianismo. Esta herramiento puede permitirnos afrontar con realismo y seriedad la vida en todas sus implicaciones individuales y colectivas.

            La Navarra plural, popular y creyente generó una sociedad de la que todavía nos beneficiamos. A ella, y sobre todo al origen de la misma, tendremos que mirar de nuevo  para superar violencia y fragmentación y para toparnos con el destino.

            Por todo ello, la presencia (entendida como misión) en la vida pública de un sujeto cristiano, cuya creatividad se alimente de la vida de la comunidad cristiana, es más necesaria que nunca; como un frente concreto de la nueva evangelización que toda la Iglesia diocesana, con la promesa y esperanza de los nuevos movimientos y realidades eclesiales, encara.

 

Páginas para el mes, Nº 29, octubre de 1999

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 25, 1999

Entrevistamos a Manel Silva: catolicismo, política y defensa de la vida.

Una entrevista a Manel Silva, político de convicciones catalanistas y referencia -en España- de todos los movilizados por la defensa de la vida humana en toda su extensión.

 

Hemos entrevistado a Manel Silva, político catalanista de CiU quien, presente en el Congreso de los Diputados durante 8 años, no ha sido reelegido el pasado 14 de marzo. La suya, ha sido una de las figuras políticas de referencia de todos los católicos, y demás ciudadanos, implicados en la defensa de la vida humana en toda su extensión, durante esos años. Abogado en ejercicio y cofundador de la plataforma transversal e-Cristians, es uno de los seglares más conocidos del panorama actual del catolicismo público; siendo uno de sus principales méritos el no haber renunciado a su identidad en la acción política concreta y directa.

 

 

Pregunta: El pasado 14 de marzo usted no fue reelegido como diputado. ¿Se retirará, por ello, de la política activa?, ¿seguirá ejercitando, a través de otras modalidades de acción política, su vocación por lo público?

 

Respuesta: Soy miembro del Comité de Gobierno de Unió Democràtica de Catalunya y del Comité Ejecutivo Nacional de la Federación de Convergència i Unió. Continuaré también vinculado al Grupo Parlamentario de Convergència i Unió a través del asesoramiento regular a su Presidente Josep A. Duran Lleida.  Por tanto, no voy a abandonar la vida política activa, ni la vida de partido. Pero también aprovecharé mi nueva situación para dedicar más tiempo al ejercicio de mi profesión de abogado (soy abogado del estado excedente) y a la actuación en la sociedad, a través de E-Cristians, la Asociación de Juristas Cristianos de Catalunya, etc, así como las colaboraciones en los medios de comunicación, fundamentalmente en la radio y medios escritos.

 

 

P.: Sus actuaciones parlamentarias en defensa de la vida humana, en toda su extensión, han sido difundidas y apoyadas por diversas entidades (e-Cristians, Foro Arbil y Hazteoír.org, principalmente). Desde su nueva situación personal, ¿colaborará con alguna de ellas?, ¿qué valoración le merecen las llamadas plataformas transversales, como nuevas vías de participación política?

 

R.: Tengo una deuda de gratitud con Foro Arbil, E-Cristians y Hazteoir.org  y otras entidades por el apoyo que me han dispensado en los últimos años de mi vida parlamentaria. Creo que realizan una labor fundamental, pre-política, en el seno de la sociedad, tanto en relación con la difusión de valores y principios de inspiración cristiana y como de activismo. Es esencial ese camino del pensamiento a la acción. Por eso mi disposición a colaborar es absoluta.

 

Creo en el pluralismo político de los cristianos, aunque no que éste pueda ser ilimitado. Pero también en la necesidad de unidad de acción sobre los principios básicos o esenciales, que han de constituir el común denominador.

 

 

P.: A su juicio, y desde su rica experiencia personal, ¿disfruta de buena salud, en España, el movimiento pro-vida? Esta realidad social, ¿seguirá contando, en el futuro, con la experiencia y las aportaciones de Manel Silva?

 

R.: Nuestra sociedad padece una grave desorientación en esta materia, lo que dificulta la existencia de movimientos pro-vida poderosos y con gran capacidad de movilización. No deja de ser paradójico que el hallazgo de un recién nacido abandonado en un “container” levante un enorme revuelo, merezca la atención de todos los medios de comunicación y concite el juicio crítico unánime de la sociedad, mientras que la noticia de que se practican en España anualmente más de 70.000 abortos sea acogida con indiferencia y con propuestas de modificar la legislación vigente para “adaptarla” a esta triste realidad.

 

En cualquier caso, hay que reconocer y valorar la dedicación y la valentía de las personas que los forman e impulsan, así como aumentar nuestro compromiso personal en ayudar y reforzar a este movimiento, que defiende el carácter inviolable de la vida humana desde la concepción hasta la muerte. Yo así lo pienso hacer.

 

 

P.: El reciente predominio, en el Congreso de los Diputados, de una mayoría autodenominada progresista, generalmente contraria a los valores de la “cultura de la vida”, ¿augura nuevas agresiones a la vida humana? En caso afirmativo, ¿qué podemos hacer?

 

R.: Si atendemos al comportamiento durante las dos últimas legislaturas de grupos parlamentarios  que hoy constituyen mayoría en el Congreso de los Diputados, se puede fácilmente prever que la “cultura de la vida” sufrirá en esta legislatura, al menos un triple ataque: la ampliación de la experimentación –y consiguiente destrucción- a los embriones que se hayan generado y se generen con posterioridad a la reciente modificación de la LRHA, la introducción de un sistema de plazos dentro de los cuales el aborto sea impune (eso si no se llega a configurar como derecho), así como la despenalización de la eutanasia. 

 

Creo que nuestra labor debe pasar, en el ámbito social por concienciar a la sociedad de la gravedad de estas medidas, del enorme riesgo de graduar la dignidad de la persona humana y del interés del Estado en la conservación de la vida; y en el político por intentar consolidar en el Senado una mayoría contraria a estas medidas. Ciertamente un veto en el Senado sólo tiene el efecto de retrasar muy ligeramente la aprobación de la ley, pero el impacto sobre la ciudadanía sería muy importante. Tampoco estaría de más, en algunos temas (el de la eutanasia, por ejemplo), reclamar la consulta a los ciudadanos a través de referéndum.

 

 

P.: Su catalanismo político no ha sido obstáculo para la coincidencia, en la defensa de valores derivados de su pertenencia católica, con las posturas de algunos diputados españolistas. La defensa de esos valores transversales, muchos de ellos expresión concreta de la Doctrina Social católica, ¿puede ser el origen de futuras colaboraciones en otras coyunturas política y sociales?

 

R.: Las discrepancias que puedan existir respecto de las concepciones de España y Cataluña y, consiguientemente, sobre el modelo de Estado, no pueden ni deben empañar las coincidencias sobre algo tan esencial como es el modelo de sociedad: la concepción de la persona, su dignidad, su apertura a la trascendencia y a los demás, la familia, la sociedad, etc.

 

En estos temas y para la defensa de los valores transversales hay que colaborar en todos los ámbitos en que sea necesario.

 

 

P.: Algunos cristianos, decepcionados por la práctica de los grandes partidos que han actuado en contra de los valores de su electorado católico (especialmente el PP y CiU), se vienen decantando por nuevas formaciones que, al menos de momento, no han calado en la sociedad española. Nos referimos concretamente al partido Familia y Vida. Sin entrar en valoraciones doctrinales, ¿le parece pertinente, táctica y estratégicamente, la presencia y propuestas de esta novedosa formación política?

 

R.: Siento un gran respeto por Familia y Vida, así como por aquellas personas que dentro de otros partidos políticos intentan defender las concepciones del hombre, de la familia y de la sociedad que se derivan del pensamiento cristiano. Me parece positivo todo lo que conduzca a ensanchar la base social de este pensamiento, la participación de los cristianos en la vida pública, así como la negación de la existencia de voto cristiano cautivo y no convencido.

En cualquier caso, sin una previa reforma del sistema electoral iniciativas como las de Familia y Vida presenta dificultades tácticas y estratégicas. Las elecciones al parlamento europeo hubieran podido significar un buen test, pero no cabe desconocer que el actual momento político convierte a estas elecciones en una segunda vuelta de las generales y  que la reducción de eurodiputados asignados a España (se pasa de 64 a 54) convierten en más costosa la obtención de un escaño por esta formación.

 

 

P.: A lo largo de bastantes años, numerosos católicos han mirado con sospechas a la participación política. No obstante, podemos observar que viene emergiendo, en algunos sectores eclesiales concretos, un mayor interés por la acción política a través de partidos, plataformas transversales y asociaciones sectoriales. A su juicio, ¿existen suficientes instancias formativas, dentro de la Iglesia española, que apoyen a esas vocaciones por lo público?

 

R.: Sinceramente creo que no. He asistido a más homilías en las que se hacía una crítica radical, descalificadora globalmente, incluso demagógica de la actividad política, que a aquellas en las que se animaba al cristiano a la participación en la vida política. Por lo demás, no se trata sólo de ofrecer formación,  apoyar la vocación por lo público, incluso de exigir determinadas actuaciones, posiciones o voto, sino de acompañar mínimamente al cristiano en esta actuación pública. Mi experiencia –que no tiene por qué ser generalizable- me dice que esta “compañía”, salvo la que ofrecen otros laicos, raramente se produce.

 

 

P.: La sociedad española está haciendo propio, de forma masiva, un modelo vital relativista-consumista. A ello contribuye la acción de la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y gran parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, con sus obras, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad planetaria dominante? La acción política de los católicos, ¿puede ser un instrumento para la regeneración de esta sociedad?

 

R.: La Iglesia católica ofrece, sin lugar a dudas, un modelo alternativo al  consumista-relativista que se denuncia, a la actual sociedad de la desvinculación. Sin embargo, es un modelo casi clandestino, oculto cuando no distorsionado por la mayor parte de los medios de comunicación. La realidad nadie puede cambiarla, pero todo el mundo puede contarla al revés, y es lo que muchas veces se produce.

La acción política de los católicos debe servir de instrumento regenerador de la sociedad. Pero para ello es imprescindible que sin ceder un ápice en la defensa de la “cultura de la vida”, seamos totalmente creibles en la “cultura de la solidaridad”. El político cristiano debe ser capaz de aunar estas dos culturas como lo hace Juan Pablo II en sus múltiples intervenciones.

 

 

P.: Desde Foro Arbil, en sintonía con la Doctrina Social de la Iglesia, defendemos la participación política activa de los católicos, tanto a través de partidos políticos, como por medio de nuevas entidades, en comunión con el resto del cuerpo eclesial y en diálogo con el pueblo cristiano al que debe servir. No obstante, detectamos algunas carencias, especialmente, la ausencia de espacios de encuentro y cooperación de estas personas y realidades con vocación por lo público, que faciliten la generación de necesarias sinergias. ¿Comparte este juicio?, ¿sugiere alguna medida para superar esta situación?

 

R.: Creo que aunque se aprecian algunos esfuerzos positivos, faltan espacios estables y permanentes de encuentro. No nos podemos limitar a congresos anuales, es preciso constituir plataformas estables e impulsar movimientos puntuales y sectoriales. Uno de los grandes lastres es la ausencia de medios de comunicación cristianos de masas o, al menos, de dimensiones adecuadas. Este debería ser un objetivo a medio plazo, ahora más fácil por la posibilidad de que se iniciase incluso por internet. La puesta en común de datos personales, cumpliendo los requisitos legales, debería ser un objetivo a corto.

 

 

P.: La creación en España de nuevas universidades católicas que no reniegan de su identidad, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, la constitución del Foro Español de la Familia, la consolidación de organizaciones con vocación “transversal” (e-Cristians, HazteOír.org, Foro Arbil), la constitución de la Compañía de la Obras de España... ¿Son hechos aislados o constituyen la prueba de una cierta revitalización del catolicismo social español?, ¿son protagonistas, en ese sentido, los “nuevos movimientos eclesiales”?

 

R.: El catolicismo social español está viviendo un esperanzador proceso de revitalización, pero todavía no goza de la “masa crítica” suficiente ni ha llegado al punto que podríamos definir de  “garantía” o de “no retorno” a la situación previa y en buena parte actual de clandestinidad. Los nuevos movimientos eclesiales presentan un mayor dinamismo y protagonismo que el que se produce en el ámbito de la iglesia diocesana o de movimientos más consolidados. Aquí nadie es imprescindible y todos son necesarios.

 

 

P.: La coherencia que ha sabido mantener, entre principios y acción, en diversas circunstancias políticas, le ha generado la admiración de algunos sectores del catolicismo español. Pero, dentro de su partido (UDC) y de la coalición en la que se integra (CiU), ¿ha percibido apoyos análogos o, por el contrario, le ha granjeado presiones y sinsabores?

 

R.: El comportamiento dominante dentro de la federación de CiU, y especialmente de UDC – partido en el que milito desde hace más de quince años- ha sido de respeto. Cuando tras llamadas a la “reflexión” de cara a mantener la “unidad formal” de los diputados del Grupo Parlamentario o del Partido han comprobado que mi discrepancia era sincera y profundamente fundamentada siempre se ha respetado mi libertad de conciencia.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 80, abril de 2004.