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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Entrevistamos a Jesús Tanco Lerga: radiografía del catolicismo social español actual.

Una entrevista al seglar navarro Jesús Tanco Lerga, impulsor de múltiples iniciativas del asociacionismo social católico y, sin duda, uno de sus exponentes más cualificados.

 

Hemos entrevistado a Jesús Tanco Lerga, funcionario, escritor, periodista, historiador, fotógrafo…; impulsor de múltiples iniciativas actuales del asociacionismo social católico. Es, sin duda, uno de los seglares españoles con mejor y más amplio conocimiento de la realidad del catolicismo social.

 

 

Pregunta: Durante las últimas décadas no era posible hablar de “catolicismo social”, por considerarse, también en amplios sectores eclesiales, que se trataba de una realidad y un concepto obsoletos: así, la incidencia del hecho religioso debía limitarse a la intimidad de las conciencias individuales, sin ninguna trascendencia pública. En la actualidad, un nuevo tejido asociativo, muy variado en su procedencia y calado, viene desarrollándose, alimentado por la moderna Doctrina Social de la Iglesia. Conforme a su experto juicio, ¿en qué momento se encuentra el asociacionismo católico español?

 

Respuesta: Nos encontramos en un momento de desconcierto clarísimo. Se ha empobrecido  la red asociativa eclesial, ahora en que hay más motivos para luchar que nunca. Esa proyección social del catolicismo es imprescindible para ser sal y luz como nos pide el Evangelio. Las tentaciones del desaliento y de la resignación están cundiendo en amplios sectores nuestros y es necesario invertir la tendencia. Me refiero, claro está, al asociacionismo, a la proyección exterior de gentes normales y corrientes, de fieles rasos, no me meto con instituciones que la jerarquía de la Iglesia conforma.

 

 

P.: Desde la rica experiencia que le proporciona su absoluta implicación personal con la situación de la familia española, ¿considera que el movimiento asociativo familiar católico disfruta de buena salud?

 

R.: Al movimiento familiar católico actual, dada su trascendencia y necesidad, lo calificaría de raquítico, tímido y desorganizado. Dejando bien claro que de esta declaración reconozco la labor, el sacrificio y el mérito de los que están trabajando en él. Hay personas que están dejando la piel en ello. Me refiero, en esas calificaciones, a la proyección exterior. Hay instituciones o movimientos y no pocos, que en el plano de la formación y enriquecimiento cristiano y espiritual de sus miembros están haciendo una labor formidable.

 

 

P.: Una de las novedades acaecidas en los últimos años, imprevistas en buena medida, dentro del asociacionismo católico español, ha sido el nacimiento y desarrollo de las llamadas plataformas transversales (e-Cristians, Hazteoír.org y Foro Arbil, principalmente). ¿Qué valoración le merecen estas entidades, entendidas como nuevas vías de movilización ciudadana y participación política?

 

R.: Su labor es de descubrirse. Están trabajando mucho y bien.  El secreto para seguir progresando es que cada una mantenga su impronta fundacional, su espíritu, su línea propia y complementaria con las demás. Que no se busquen fórmulas artificiales para unirlas, estructuras carentes de contenido real que quieran absorberlas, y sí es muy necesario hacer cosas juntos, como en una orquesta o coro, unas veces lleva una la voz cantante y otras acompaña. Al final, cuando se hacen cosas juntos vienen formas de relación, e incluso, de representación conjunta ante determinadas instancias, que de modo natural irán cuajando.

 

 

P.: El predominio actual, en el Congreso de los Diputados, de una mayoría autodenominada progresista, manifiestamente contraria a los valores de la “cultura de la vida” y de la propia familia, ¿exigirá una próxima movilización de los católicos españoles en defensa del bien común?

 

R.: El Congreso de los Diputados tiene una composición curiosa. Una mayoría relativa socialista, apoyada por nacionalistas y radicales de izquierda, con un Partido Popular compacto que todavía está perplejo por la inesperada pérdida del poder. Del Congreso de los Diputados, como de los congresillos, parlamentos o dietas regionales, autonómicos o de las comunidades, como de las ordenanzas de los ayuntamientos donde no haya gente de valor y con ideas claras, se puede esperar cualquier cosa. Lo estamos viendo. Los católicos, ante todo, deben ser buenos católicos. Si lo son, el intervenir en la sociedad no es algo impuesto o de obligación, sino una exigencia de la propia fe, de la esperanza en que mejore el mundo, y de la caridad para el prójimo. Las mismísimas virtudes teologales. Hay que estar en lo que se celebra, es decir en nuestro mundo, participando como ciudadanos que somos, colaborando en las fórmulas de participación política que sean eficaces, pero ante todo compatibles con la Iglesia y los dogmas de nuestra fe. La Iglesia nos da mucha libertad para esa acción en lo público.

 

 

P.: La sociedad española, globalmente considerada, asume el modelo vital relativista-consumista dominante, a lo que contribuye la mayor parte de los medios de comunicación, la acción política y buena parte de los recursos educativos. Las obras sociales de la Iglesia, ¿pueden constituirse en alternativa creíble a esta mentalidad omnipresente? En el contexto que, de alguna manera, hemos descrito, la política, particularmente la desarrollada por los católicos, ¿puede ser un instrumento para la regeneración de esta sociedad?

 

R.: Las obras de la Iglesia, como todo lo relativo a esta santa y madre familia divina, están a otro nivel que las obras de los parámetros sociales humanos. Los católicos, como todos los ciudadanos mínimamente responsables o conscientes, que además contribuimos con impuestos a los presupuestos públicos, hemos de participar en lo público y contribuir a santificar la sociedad; si a esa labor de mejorar en virtudes al conjunto social le llamamos, regeneración, pues habrá que regenerar la sociedad. Por cierto, esta palabreja que tiene visos orteguianos, tiene un profundo significado en lo cristiano, por la Redención que nos regenera.

 

 

P.: Muchos católicos contemplan desde la sospecha a la participación política, en general, y a los políticos en particular; también a los políticos católicos. Pese a ello, creemos que puede detectarse, particularmente en algunos ambientes eclesiales concretos, un mayor interés por la política; ya sea a través de los partidos o de las plataformas transversales. Personalmente, ¿considera que existen suficientes espacios formativos y de encuentro, dentro de la Iglesia española, que apoyen a sus vocaciones por lo público?

 

R.: En la Iglesia muchos fieles carecemos de formación conveniente, desconocemos la doctrina social de la Iglesia, aceptamos como mejores las propuestas de personas claramente escoradas a posturas contrarias a la Iglesia, votamos a gentes que sabemos que en la acción política nos perjudican, somos incoherentes con lo que tenemos por cierto y bueno. Vamos, que hay que espabilarse de lo lindo. Fomentar, consolidar y crear donde no haya lugares de encuentro, de acción conjunta, y hasta diría de oracción (no es errata lo de las dos “ces”) es fundamental y urgente. A funcionar. Examen de conciencia y propósito…

 

 

P.: Un número creciente de cristianos se siente decepcionado por la práctica de los grandes partidos en contra de sus valores más queridos (especialmente el PP y CiU). Seguramente por ello, algunos se vienen decantando por nuevas formaciones políticas que, de momento, no han calado en la sociedad española. Es el caso del partido Familia y Vida. ¿Considera oportuna la presencia de este partido político?, ¿podría concebirse como la primicia de un nuevo espacio político?

 

R.: A mi que he participado en la fundación de tres partidos políticos,  UCD en Navarra, antes el Partido Socialdemócrata Foral de Navarra, UPN después de diciembre de 1978, me gusta que se creen partidos, que se trabaje en los partidos, que se revisen y mejoren sus programas, que se sigan las propuestas de sus portavoces y dirigentes. Creo que faltan partidos representativos en España, que el PP está sólo, en propuestas fundamentales, que se necesita algo para complementar al centro, como lo que es IU para el partido socialista. También hace falta que en el seno de los ambientes  nacionalistas haya secciones, o partidos que sean consecuentes con quienes quizá hace muchos años, seguían hasta límites integristas a la Iglesia católica. Ahora, en estos ambientes nacionalistas parece haber un ídolo, un tótem, que es su estado independiente, y para conseguirlo se sacrifican valores, se vota con los contrarios a la Iglesia en cuestiones de fe, el fin hace justificar los medios, una pena. En cuanto a Familia y Vida, el resultado electoral ha de hacer pensar a sus promotores de que o no se ha planteado bien, o los electores quieren partidos con respuestas globales y conjuntas  a los problemas sociales, como la inmigración, el terrorismo, la  economía… junto a los temas que inciden en los valores de orden superior como la familia y la vida.

 

 

P.: Destaquemos algunos hechos: la creación de nuevas universidades católicas conscientes de su identidad, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, la constitución del Foro Español de la Familia, la acción de las llamadas plataformas transversales, la aparición de nuevos medios de comunicación, la constitución de la Compañía de la Obras de España... Estas realidades del moderno asociacionismo católico, ¿constituyen hechos aislados o, por el contrario, son la prueba de su revitalización? Los “nuevos movimientos eclesiales”, ¿desempeñan, en ello, un papel particular?

 

R.:  Bienvenidas sean las iniciativas aludidas, las que son similares, los medios de comunicación que se hacen eco de las mil iniciativas de orden social promovidas y sostenidas por personas físicas o jurídicas vinculadas a la Iglesia. Yo echo de menos aquella Acción Católica de mi juventud; fui responsable de la JEC (Juventud Estudiantes Católicos) en Navarra. No sé si ahora es factible aquella organización, pero en el caso de no serlo se debería sustituir de algo general, amplio, donde cupieran iniciativas y actividades bien arraigadas para la formación, para la práctica religiosa, para  la colaboración con otros sectores de la Iglesia más necesitados, y todo ello desde el papel secular, de fieles corrientes y molientes, pero organizados. Los nuevos movimientos, que están en el seno de la Iglesia, son todos buenos, positivos y aportan al rico panorama de comunidades dentro de la gran Comunidad eclesial, su específico papel. Ayudan a mejorar a mucha gente, y es la misión a la que Dios llama a algunos de sus mejores hijos. Ningún católico sin misión.

 

 

P.: El capítulo español, de la historia del sindicalismo y el cooperativismo agrario y de crédito, no puede concebirse sin la aportación y presencia de los católicos. No obstante, aparentemente, los católicos nos hemos retirado de tales ámbitos. Incluso la acción caritativa, antaño exclusiva obra de la Iglesia, está dando paso a la perspectiva laicista de muchas ONGs, cuestionándose ferozmente las razones y métodos empleados por las obras eclesiales. ¿Considera que es posible mantener, o retomar según los casos, en esos importantes ámbitos de la vida colectiva, la presencia misionera y la esperanza derivadas de la humanizadora experiencia cristiana?

 

R.: Lo que es más urgente,  es quizá conformar un sindicato que responda a los postulados de la doctrina social de la Iglesia. Es imperdonable para nosotros, que hayamos entregado a formaciones históricamente contrarias a la Iglesia, luego tácticamente aliadas con algún sector marcado de ella, ahora combatiendo claramente convicciones católica, que hayamos entregado, repito, muchas personas que lógicamente quieren la defensa de sus intereses laborales y profesionales, a los sindicatos llamados de clase, y que no son en muchos caso, más que otra forma de hacer política, y qué política. Algunos de estos sindicatos fueron promovidos, alentados o desarrollados en esta nueva era sindical, por católicos bienintencionados. Hay que tener un Solidaridad, unos Sindicatos Agrarios, unos Sindicatos Profesionales, como los había en la República- bien actualizados, lógicamente- y que ahí se vea la maravillosa doctrina social expuesta por los Papas contemporáneos. Hay sindicatos en profesiones más liberales o autónomas, con campo más reducido, que podrían integrarse ya. Insisto, un sindicato con fuerza y con convicciones, se necesita ya, que oriente hacia el empleo, que busque la justicia social sin odios ni resentimientos, que sea un modelo de relación en la empresa de la que forman parte además de los empresarios, los trabajadores.

 

 

P.: Su último libro, la biografía del periodista Manuel Aznar, abuelo del último expresidente del Gobierno, ¿qué respuesta está encontrando?, ¿qué le animó a realizar esta gran investigación?

 

R.: Estoy encantado de la respuesta del libro editado por Planeta y bien distribuido, las críticas de personas como Sergio Piera, Luis Monreal, Manuel Calvo Hernando, Fabián Estapé, José Javier Sánchez Aranda, auténticos especialistas cuando no maestros, en el periodismo me llenan de alegría. Ha merecido la pena dedicar una década de estudio a la persona y trayectoria profesional de Manuel Aznar Zubigaray, que con la formación de los seminarios de Pamplona y Madrid, además del buen ambiente familiar, y el complemento de otras instituciones, fue uno de los mejores periodistas del siglo XX en España y uno de los más hábiles diplomáticos.

 

 

P.: Navarra ha sufrido profundas transformaciones sociales y culturales en las últimas décadas, desdibujándose su profunda identidad popular católica. Conscientes de esta realidad, ¿puede, el catolicismo navarro, seguir realizando aportaciones de calado al conjunto de España?

 

R.: Navarra está compuesta por navarros, España por españoles, Europa por europeos. Necesitamos más y mejores navarros, españoles y europeos. Entonces mejorarán Navarra, España, Europa y el Mundo. Por cierto, es preciso integrar mostrando nuestros mejores nuestros valores a nuestros nuevos navarro-españoles, y desde España, dar mejor ejemplo a la gran familia de pueblos y naciones de Hispanoamérica y de Filipinas. ¡Qué pena! De la decepción que sienten muchos de nuestros hermanos de cultura y de fe viendo las cosas y acontecimientos que les llegan de España. Navarra tiene buenas raíces como el conjunto de España, y a pesar de alguna plaga que se ha instalado en alguna de sus ramas, el árbol resistirá, crecerá y dará mucho fruto.

 

 

P.: De todas las variadas iniciativas y entidades (literarias, políticas, Camino de Santiago, Amas de Casa, familiares…) en las que ha participado, como fundador, impulsor, etc., ¿siente particular predilección por alguna en particular?

 

R.: Me gustan todas…Cada una es distinta, pero encuentro en ellas muchas más recompensas que tiempo o esfuerzo haya podido dedicar. Sólo en el capítulo de buenos amigos que he hecho en ellas, bueno… Se me hace la boca agua. La pena es no tener más tiempo para ellas. Las obligaciones de Dios, de la familia y de la profesión condicionan todo.

 

 

P.: Nos gustaría terminar la entrevista con una pregunta personal, pues creemos pudiera ser de interés para los lectores. Para mantenerse fiel a la propuesta de la Iglesia, el apoyo de una concreta compañía humana parece imprescindible. Jesús Tanco, ¿se apoya en algún carisma o figura particular?

 

R.: Soy hombre eclesial. De familia y escuela pública  y cristiana  en la niñez, escolapia en el bachillerato, de la Universidad de Navarra, en la superior. Asisto regularmente a retiros de cooperadores o amigos de la Prelatura del Opus Dei, también a ultreyas de Cursillos de Cristiandad, a reuniones de la ACdP (Acción Católica de Propagandistas) en Pamplona, frecuento la Catedral de Pamplona y las enseñanzas del Arzobispo del que he tenido orientaciones estupendas, me siento también como de la familia benedictina –tengo dos hermanas de mi padre, monjas en Zaragoza-, de la teresiana de san Enrique de Ossó –otra tía- en la que participo en una ong, de la capuchina, no en vano tuve una tía que estaba muy cerca de la santidad en el convento de Tudela, en general frecuento conventos de clausura, hago las javieradas con unción, peregrino a Santiago, procuro confesarme a menudo, ir a misa, si puedo todos los días, hacer un rato de meditación-oración, no dejar el examen de conciencia y el ofrecimiento de obras, rezar esas cincuenta maravillosas avemarías ofreciendo cada misterio por cada uno de mi familia, por cada parte del mundo, cada avemaría por una provincia española –incluyo en dos andaluzas- a Ceuta y Melilla, y bueno, voy tirando por la vida. Quiero ser buen hijo de la Iglesia. En ella tengo los medios de formación y de acción  suficientes. Dios quiera que también pueda morir en su seno y preparar así la llegada al pórtico de la Gloria.

Perdona que me haya explayado

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica Nº 85, septiembre de 2004.

Entrevistamos a Fernando Fernández Rodríguez: perspectivas de la Doctrina Social de la Iglesia.

Una entrevista a Fernando Fernández Rodríguez, presidente de AEDOS: laboratorio español de la moderna Doctrina Social de la Iglesia.

 

Hemos entrevistado a Fernando Fernández Rodríguez, abogado y economista, presidente de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, AEDOS: un laboratorio español de la moderna Doctrina Social católica.

 

Pregunta: ¿Podría definir, para los lectores de Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, qué es, hoy, la Doctrina Social de la Iglesia?

 

Respuesta: Es teología moral, como quedó definitivamente claro desde la Sollicitudo rei socialis. También puede considerarse parte de la eclesiología. La relación entre verdad y libertad –que debe informar la vida de las personas- se ve especialmente iluminada, en el ámbito socio-económico y sociopolítico, por el magisterio de la Iglesia (Veritatis Splendor).

 

 

P.: Su entidad, AEDOS, despliega un importante elenco de actividades, contando con la participación de personalidades de gran prestigio intelectual. ¿Destacaría, por su particular interés, algunas de ellas?

 

R.: Nuestro trabajo se resume en estudio, difusión y promoción de la doctrina social de la Iglesia. Tan imprescindible nos parece la labor de investigación (lo que llamamos capítulos y grupos de trabajo con una dimensión interdisciplinar, hermenéutica y de mediación) como las publicaciones, que con frecuencia son el resultado de estos trabajos, y la labor de promoción (el mensaje social se hace creíble por el testimonio de las obras antes que por su coherencia y lógica internas).

 

 

P.: ¿Disfruta de buena salud, en España, la Doctrina Social de la Iglesia?

 

R.: Pasó un mal momento hace unos treinta años. Después se ha recuperado el interés, con enfoques como el nuestro, que desde las aportaciones “laicas”, por decirlo así, de las ciencias humanas y sociales interpelan a la doctrina social de la Iglesia. Esta tarea tiene mucho que ver con la recreación, sobre nuevas bases, de la expresividad cultural de la fe.

 

 

P.: En las primeras décadas del siglo XX, los católicos españoles desplegaron una creatividad social impresionante, desarrollando obras de todo tipo inspiradas por la novedosa Doctrina Social de la Iglesia, hasta el punto de poder afirmar que, todavía hoy, nos beneficiamos en buena medida de aquel esfuerzo. ¿Qué ha pasado, a su juicio, para que ese ritmo haya decrecido de forma tan notable?

 

R.: Es difícil una respuesta breve, que llevaría a juicios quizá simplistas de la historia de España en el siglo XX. El catolicismo español vivió etapas complejas y en algunos períodos (franquismo) instaladas. Y en medio de eso tiene lugar una profunda crisis cultural y eclesial, sobre todo en los años setenta y siguientes. Las modas, los tics culturales, la abusiva primacía de lo económico (lo economicista), no favorecieron ese ímpetu doctrinal.

 

 

P.: La Doctrina Social de la Iglesia, frente a formulaciones intelectuales que se presentan, supuestamente, como más modernas y receptivas a diversas aportaciones de las ciencias sociales, caso de algunas Teologías de la Liberación, ¿tiene capacidad para elaborar instrumentos teóricos y propuestas de acción, adecuadas a los retos del mundo globalizado y secularizado de hoy, al servicio de las personas concretas?

 

R.: La Doctrina Social, por elaborada que esté, es una incitación, un esclarecimiento, una motivación permanente, fruto de la interacción de la Palabra de Dios y del obrar de los hombres. Son los cristianos, y de modo especial los laicos, quienes, apoyados en ese empeño y en su libre autonomía y responsabilidad, tienen que encontrar respuestas a la situación actual, como ha ocurrido también en otros momentos de la historia.

 

 

P.: La Doctrina Social de la Iglesia, ¿es patrimonio de los sectores eclesiales calificados como conservadores o, por el contrario, puede acoger y orientar a todas las sensibilidades católicas?

 

R.: Nada en la Iglesia es patrimonio de un grupo determinado. Todo es de todos. La doctrina social de la Iglesia puede ser tradicional, pero no es conservadora. Y de una tradición que tiene la intrínseca capacidad de renovarse. Algo semejante a aquello de Ecclesia semper reformanda.

 

 

P.: Es evidente el esfuerzo desplegado desde algunas entidades (AEDOS particularmente, determinadas iniciativas diocesanas, ciertas universidades católicas, diversas editoriales…), para el relanzamiento de la DSI, siguiendo el impulso a la misma de Juan Pablo II. Estos “laboratorios de ideas”, ¿encuentran interlocutores, en el pueblo católico, capaces de desarrollar en la sociedad, sus propuestas?, ¿no se corre el riesgo de elaboración de un pensamiento que no “enganche” con la realidad?

 

R.: La conexión con la generalidad del pueblo cristiano es esencial en nuestra fe, pero cada uno la puede hacer del modo que le es propio. Nosotros, y muchas iniciativas semejantes, llegamos a un grupo de personas (en las que están representadas las diversas áreas del conocimiento y de la actividad del profesional) que a su vez tienen su público, a veces amplísimo. Calculo que en nuestra aún corta vida de quince años, por nuestras actividades han “pasado” varios cientos de intelectuales.

 

 

P.: A lo largo de bastantes años, numerosos católicos han mirado con cierta sospecha a la participación política. No obstante, y últimamente, viene emergiendo, en algunos sectores, el interés por la acción política directa, ya sea dentro de partidos aconfesionales o en otros de inspiración cristiana. La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede acompañar a estos católicos en el discernimiento y consolidación de su necesaria vocación pública?

 

R.: Tal doctrina es una de las facetas de una formación amplia, que incluye –además de la competencia en la profesión- un suficiente conocimiento de las ciencias humanas y sociales  -lo que llamamos humanidades-. Pero en mi opinión lo esencial, y lo que le hace creíble, a esos católicos es la honradez, la sinceridad y coherencia: que se vea que, antes que sus intereses o los de su partido, están los que corresponden al bien común.

 

 

P.: La Iglesia española mantiene universidades, periódicos, emisoras, colegios, hospitales… pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás?

 

R.: Un buen amigo, socio de AEDOS, respondería a esto que basta contar la gente que reza. Son millones en España, miles de millones en el mundo. Pueblo siempre hay, y millones de gente de buena voluntad. Por otra parte, cuando amenaza el peligro, crecen también los factores de salvación. Esta ley de economía espiritual humana se cumple en la Iglesia en España.

 

 

P.: La sociedad española está haciendo propio, de forma masiva, un modelo vital relativista-consumista. A ello contribuye la acción dirigida desde la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y gran parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, con sus obras sociales, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad planetaria dominante? La educación católica, ¿tiene recursos para afrontar este inmenso reto?

 

R.: Ciertamente vivimos situaciones y momentos de crisis. Pero no siempre lo que más suena es lo más frecuente. Pienso que, con fallos y debilidades, hay en España mucha gente de corazón y vida cristiana. Es ese buen olor de Cristo el que hay que difundir, pero no necesariamente creando guetos, ni reservas confesionales, sino, como el Evangelio enseña, con la acción de la levadura..

 

 

P.: La publicación de “Alfa y Omega” y el suplemento religioso de La Razón, fundación de nuevas universidades católicas, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, constitución del Foro Español de la Familia, aparición de organizaciones “transversales” (E-Cristians, HazteOír.org, Foro Arbil), consolidación de la Compañía de la Obras de España, diversas iniciativas de entidades católicas con vocación pública… ¿Son hechos aislados o constituyen un síntoma de que “algo se mueve” en el catolicismo social español? La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede dinamizar e iluminar tales realidades?

 

R.: Es claro que algo se mueve. Y casi siempre se mueve muy bien. Eso es doctrina social de la Iglesia en acto. Son opciones ciertamente contingentes en su contenido, por su carácter laical, pero esenciales y necesarias para el magisterio de la Iglesia. La jerarquía la debe aceptar y respetar en toda su fuerza.

 

 

P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados por los católicos. Nos referimos al sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa?, ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en esos ámbitos sociales?

 

R.: Muchos de esos movimientos, al hacerse más generales y abiertos, no necesitan ya ser confesionales. Otros, sencillamente, han venido a menos, porque las figuras sociales cambian cuando cambian los tiempos. En la historia las vueltas atrás no son posibles. A problemas nuevos, soluciones imaginativas, siendo los cristianos fuente continua de carismas y de impulsos de renovación.

 

 

P.: Un supuesto nuevo humanitarismo, enarbolado por ONGs laicistas, está sustituyendo a las tradicionales obras de caridad católicas. Mientras tanto, ¿sufren una crisis de identidad las ONGs católicas?, ¿puede, la Doctrina Social de la Iglesia, contribuir al reforzamiento de su razón de ser fundamental y originaria?

 

R.: A mí no me molesta nada quien haga el bien, todo lo contrario. Pienso que el crecimiento de las ongs laicas debería llevar a los católicos: o a trabajar en ellas o a trabajar en otras específicamente cristianas. Y si hay otra posibilidad, seguirla también. Nunca apagar una vela que arde haciendo bien, aunque sea solo una parte de bien. Y asegurarnos, para no caer en una política de pragmatismos humanos, el contacto permanente e identificado con la persona de Cristo, el Hijo de Dios.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 81, mayo de 2004

Entrevistamos a Carlos Díaz: el personalismo y el mundo de hoy.

Carlos Díaz es hoy, probablemente, el personalista español más conocido. Incansable difusor del personalismo, destaca por la agudeza de sus juicios, en la observación de la realidad, y un estilo provocador. En esta entrevista nos responde a diversas cuestiones de actualidad.

 

Entrevistamos a Carlos Díaz, uno de los personalistas españoles contemporáneos más conocidos e impulsor del Instituto Emmanuel Mounier. La suya es una de las voces críticas más características, provocadoras e independientes en el panorama actual de las ideas.

 

Pregunta: ¿Cómo definir al personalismo hoy?, ¿escuela, movimiento, estilo de vida?

 

Respuesta: Más bien las tres cosas, que en el fondo son lo mismo.

 

P.: El personalismo, dentro de la Iglesia católica, contó con filósofos de primera fila (Mounier, Maritain…). Hoy día, ¿mantiene su atractivo y su capacidad de propuesta?

 

R.: Ahí están las figuras de Paul Ricoeur, Emmanuel Lévinas, Buber, Zubiri, Edith Stein, Karol Wojtyla...

 

P.: Al personalismo se le achaca, desde algunos medios filosóficos, de cierta falta de precisión y rigor conceptuales. ¿Le parece justa esta apreciación?

 

R.: No sé si es menos rigurosa la acusación de carencia de rigor que la carencia de rigor misma, espero que por lo menos se le acuse de falta de rigor mortis. En serio: primero habría que definir qué es el rigor, y la carga de esa prueba correspondería después a los impugnadores.

 

P.: Si estudiamos la reciente historia de España, encontramos personalistas en grupos demócratacristianos, entre los socialistas, incluso en los comunistas. Algunos personalistas protagonizaron, también, un cuestionado diálogo cristianismo – marxismo que llevó a que muchos recalaran en partidos marxistas, abandonando su catolicismo original. El personalismo cristiano, hoy día, ¿ha quedado relegado en el protagonismo social y político de las ideas?

 

R.: Sí, como la Iglesia en general.

En general ha sufrido el mismo deterioro presencial que la Iglesia católica, cuya presencia laical en la vida pública resulta escasa.

 

P.: El personalismo, ¿se identifica, particularmente, con determinados movimientos eclesiales actuales? ¿Puede aportarles herramientas y recursos conceptuales que les faciliten la comprensión de la compleja y cambiante realidad de la sociedad de hoy?

 

R.: El personalismo comunitario no es sino una pequeña nota bibliográfica al pie del Sermón del Monte. Por eso quienes no lo ven así necesitan una montaña de sermones para rebatirlo.

 

P.: Algunos pensadores consideran que la juventud española actual es la más conformista de su historia. Por otra parte, constatamos la existencia de un poder planetario que determina lo “políticamente correcto” a través de un modelo vital relativista-consumista que conduce a un individualismo extremo que debilita al hombre. ¿Pueden, maestros y pedagogos, romper esta dinámica?; ¿puede, la Iglesia católica, ser una alternativa a esta mentalidad o debe replegarse a su ámbito más íntimo?

 

R.: ¿Se replegó Jesús a su ámbito más íntimo? Sí: permaneció en el Padre. Pero a la vez con el Padre se exteriorizó en la presencia por todo el mundo del Espíritu Santo. Ite missa est no significa «podéis ir en paz, demos gracias a Dios», sino esto otro: «Id. La misión comienza». Antes de replegarse o distenderse habría que estudiar algo de latín...

 

P.: En el año 2005 se celebrará el 100 aniversario del nacimiento de Emmanuel Mounier. ¿Se preparan, los personalistas, para aprovechar esta oportunidad y relanzar sus propuestas?

 

R.: Nosotros en España, México y Paraguay somos el Instituto Emmanuel Mounier, y desde luego preparamos para el 2005 un congreso internacional.

 

P.: ¿Considera, Carlos Díaz, que están vivas las raíces cristianas de Europa?, ¿qué opinión le merecen el neojacobinismo actual y el anticatolicismo militante de algunos sectores sociales españoles y europeos?

 

R.: Todos los días me desayuno con los sapos del analfabetismo religioso y antirreligioso (éste menosprecia olímpicamente cuanto ignora) y sin embargo creo que no hay que responder sino orando y laborando.

 

P.: ¿Puede mantenerse el apoyo electoral de los católicos al Partido Popular, ante la sucesión de iniciativas impulsadas contra la familia desde el mismo? En definitiva, ¿católicos en partidos políticos o partidos políticos católicos?

 

R.: Va siendo hora de que la gente con dos dedos de frente sepa distinguir entre lo político y lo místico, y asimismo entre lo místico y lo religioso.  Creo que Cristo no se afiliaría a ningún partido, ni de  extrema derecha, ni de extrema izquierda, ni de extremo centro, sino al del extremo amor. Y desde luego no veo al Nazareno en las filas del Partido Popular.

 

P.: La Iglesia mantiene universidades, periódicos, emisoras de radio, colegios, hospitales… Pero, ¿existe un pueblo católico que proporcione, a estas modalidades de presencia eclesial, un rostro concreto como posibilidad de encuentro personal y misión ante el mundo?

 

R.: A veces critican a los curas desde un supuesto laicado meliorativo, pero ese invocado laicado no existe. La minoría de edad de ese laicado se acrecienta por su pésima formación e información religiosa. Ahí estamos luchando.

 

P.: El islam, ¿qué le sugiere?: ¿confrontación?, ¿diálogo?, ¿asimilación?, ¿multiculturalismo?

 

R.: Soy profesor de historia y fenomenología de las religiones en la Universidad Complutense de Madrid, laicista donde las haya, y he escrito algunos libros sobre ello. Sucintamente diría que el Islam es la más histórico-política de las grandes religiones, y que eso prevalece en ella sobre su pretendido monoteísmo. Por lo demás, donde haya islam no habrá racionalidad.

 

P.: ¿Qué nos podría decir del personalismo de Karol Wojtyla?

 

R.: Que es serio, denso, profundo. Pero más tomista que fenomenológico. Ha comprendido que santo Tomás no basta, pero no ha sabido prolongarlo.

 

P.: ¿De donde brota esa capacidad de trabajo, rebeldía y provocación que manifiesta, constantemente, Carlos Díaz?

 

R.: No creo que sea para tanto, hermano. En todo caso, de mi dolor. En él soy doctor doloris causa. Sólo en Dios halla mi aguijón  el bálsamo.

 

- Muchas gracias.

 

- Soy yo quien agradece.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 78, febrero de 2004

Entrevistamos a Carla Diez de Rivera: una mirada de mujer al mundo, desde el interior de los Congresos “Católicos y Vida Pública”.

Conversamos con Carla Diez de Rivera, pilar sobre el que descansa, año tras año, el éxito de los Congresos “Católicos y Vida Pública”; un hito fundamental del actual catolicismo social español.

 
Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Carla Diez de Rivera y Pérez de Herrasti, artífice, en su calidad de coordinadora, del éxito anual de los Congresos “Católicos y Vida Pública”; hito fundamental del moderno catolicismo social español. Pretendemos, de esta manera, conocer algunos de sus puntos de vista sobre la realidad desde su privilegiado observatorio. Además, es licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, Directora del Servicio de Actividades Culturales, y Profesora de Gestión Cultural en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la comunicación de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid.

 

 

Pregunta: La sociedad española, siguiendo una tendencia planetaria avalada por buena parte de medios de comunicación, por el poder político e, incluso, por los recursos educativos, hace propio socialmente el modelo existencial relativista-consumista. Frente a este histórico y dramático cambio, ¿puede la Iglesia católica ser una alternativa real y operativa, a través de obras concretas proponiendo un estilo sugestivo de vida, o debe replegarse a su esfera más íntima?

 

Respuesta: Lo que verdaderamente produce un cambio es el encuentro personal con Cristo, que transforma la vida entera de la persona. Ese encuentro va transformando nuestro ámbito vital: nuestra familia, nuestro trabajo, transforma nuestro ser, toda nuestra vida; y a través de nosotros, nuestros amigos, etc... Desde esa conversión interior, tiene que surgir una luz que atraiga a todo el que nos rodea. Todos y cada uno de nosotros formamos la  Iglesia; esta  será lo que cada uno haga que sea. Seremos capaces de proponer un estilo sugestivo de vida si vivimos de forma creativa, propositiva, comprometida,  como hombres recios, fuertes y espirituales, con el alma arraigada en Dios Padre.

 

 

P.: El desarrollo de los Congresos anuales “Católicos y Vida Pública”, imprescindible iniciativa de la rejuvenecida Asociación Católica de Propagandistas, constituye una de las grandes novedades del catolicismo social español de los últimos años. ¿Cuáles fueron las razones que impulsaron a sus fundadores para lanzar esta iniciativa?, ¿siguen vigentes?

 

R.: El Congreso buscaba en origen, y sigue buscando, dos objetivos:

Por un lado, hacernos caer en la cuenta a los católicos que nuestra vida es una sola, y no podemos vivir en la esquizofrenia pretendiendo que la fe se reduce al ámbito de lo privado. La fe lo informa todo; tenemos que vivir de forma coherente en todos los ámbitos de la vida. El congreso nos recuerda anualmente que tenemos un compromiso con la sociedad, que debemos buscar el bien común, y que tenemos un compromiso para defender la dignidad de la persona humana.

En segundo lugar, el congreso propone a los católicos un lugar de encuentro que nos ayude a conocernos, querernos y eliminar prejuicios, a entendernos y favorecer líneas de actuación conjuntas. Esto no supone un intento de homogeneizar, o uniformar al católico español sino de ayudarle a descubrir al hermano.

 

Estos dos objetivos están hoy en día más vigentes que nunca.

 

 

P.: La presencia pública católica en España, durante buena parte del pasado siglo XX, estaba impulsada expresamente por la Jerarquía, apoyándose para ello en la Acción Católica y la ACNP. Hoy somos testigos de la desaparición de esa  concreta modalidad de acción pública, acompañada de la pérdida de vigor de algunas organizaciones tradicionales, así como por la aparición de nuevos movimientos eclesiales. En esas entidades, el interés por la presencia pública es muy diverso, aunque –creemos- predomina una cierta tendencia hacia el “recogimiento” interno. ¿Es deseable buscar fórmulas de cooperación, e incluso la “unidad de acción”, entre los católicos españoles, pese a la variedad de carismas e itinerarios pedagógicos?, los Congresos “Católicos y Vida Pública”, encontrándose en fase muy avanzada de preparación su VIª convocatoria, ¿son un instrumento útil en ese sentido?

 

R.: Entre los católicos existen varias modalidades:

Existen estupendos cristianos que cómodamente se dedican a hacer real aquella frase de “mi casa, mi misa, mi Mª Luisa”, a los sólo que les preocupa su ámbito más inmediato.

Otros viven de forma muy viva su compromiso con un movimiento de renovación, su parroquia, o la realidad eclesial a la que pertenezcan. Ese mismo compromiso les llena su vida entera, absorbe todo su tiempo y es normal que lo vivan de forma plena.

 

Es bueno y necesario, beber espiritualmente de una fuente, tener una comunidad con la que vivir tu fe, que te ampare y cobije. Pero es igualmente sano y necesario sacar, de vez en cuando, la cabeza, otear el horizonte, salir de nosotros mismos, y conocer a otros que están haciendo cosas buenas, parecidas o distintas de las nuestras, ayudarnos y apoyarnos. Por suerte tenemos una gran riqueza y diversidad de carismas y vocaciones florecientes en la Iglesia, con acentos muy diversos, pedagogías distintas, actuando en los ámbitos más variados, que integran a personas muy distintas; sólo tenemos que aprender a hacer cosas juntos, aportando cada uno nuestra originalidad y sin dejar de ser nosotros mismos.

 

El Congreso no pretende homogeneizar, ni normalizar a los católicos. Simplemente busca crear espacios de libertad, dónde las cosas son posibles, ayudarnos a descubrir a los otros. La cooperación no hay que forzarla, va saliendo sola, en cuanto entramos a trabajar en ámbitos concretos y nos acordamos de aquél tipo estupendo con el que estuvimos en el pasado “Católicos y vida pública”, le llamamos “para pedirle si sería posible....”.

 

 

P.: ¿Cuál es la salud de los Congresos en la actualidad?, ¿no se corre el riesgo de que sean expresión, fundamentalmente, de la vida y creatividad de la Iglesia madrileña?

 

R.: Hoy en día, la salud del congreso es buena. El reto está en ir adquiriendo madurez, sin perder frescura. En el V congreso el 48,14 % de los congresistas era de fuera de Madrid. Por otra parte, este año, vamos a tener una pequeña torre de Babel entre los ponentes, pues un gran número de ellos viene de países de Europa Occidental, y Oriental, además de  hispanoamericanos. Los milagros de la traducción simultánea Central harán de ello un nuevo Pentecostés. Esto nos va a aportar aire fresco.

 

 

P.: Una rápida valoración de la evolución de los Congresos. ¿Se constatan, en cada convocatoria, nuevas incorporaciones y aportaciones?

 

R.: Los congresos generan vida. Año a año van sumándose personas interesadas en el nuevo tema a tratar, que luego vuelven en convocatorias posteriores. Se comprueba una fidelización de los asistentes al congreso, un aumento de las personas que vienen de fuera de Madrid y variedad en el tipo de personas interesadas. Cada año descubrimos nuevas personas con un compromiso sólido que están realizando labores, a veces calladas y ocultas,  muy importantes. Todo ello es motivo de esperanza, pues nos da idea de la gran riqueza que tenemos.

 

 

P.: Existe en España un clima de acoso a toda expresión pública de la Iglesia desde determinados medios políticos y de comunicación, lo que parece acentuarse con un PSOE triunfante. ¿Cuáles son las raíces, a su juicio, de estas constantes muestras de anticatolicismo militante?, ¿es posible intentar, desde las universidades católicas, y desde los Congresos “Católicos y vida Pública” particularmente, un diálogo constructivo con el laicismo actual?

 

R.: Con la caída del muro de Berlín, la izquierda perdió su modelo económico pues se demostró que este no era viable. El PSOE tampoco abandera hoy en día la lucha por lo social. Hoy en día no parecen tener más bandera que la eliminación de nuestro ordenamiento jurídico, y en general de la vida pública de cualquier vestigio de valores cristianos o familiares. El católico que vive su fe de forma coherente, defenderá el bien común y la dignidad del hombre en los más diversos ámbitos, y en este ambiente de dirigismo ideológico y cultural no resulta cómodo porque es libre e independiente y no se deja domesticar. El problema es que cuando se deja de lado a  Dios, se acaba matando al propio  hombre.

 

El diálogo siempre es posible cuando las partes pueden hablar y existe voluntad de escuchar y enriquecerse con la otra persona. El diálogo es posible si existe libertad: libertad de pensamiento, libertad de creación, libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de educación, libertad para pura y simplemente existir. Por diálogo no podemos entender hablar a partir de unas premisas preestablecidas, inamovibles, que no se pueden cuestionar.

 

 

P.: ¿Se repetirá, en el futuro, la experiencia del “Congreso de los niños?

 

R.: El congreso de los niños fue una gozosa realidad de la que ya no podemos prescindir. El éxito fue rotundo y los propios niños, amén de los padres, lo piden. Costó mucho montarlo, pues había que llevar los mismos contenidos del Congreso al congresista infantil a través de actividades propias de su edad: Guiñol, teatro, marionetas, cuentos, canciones, disfraces, juegos..., tuvieron hasta su propia Misa. Este año habrá que ver cómo traducimos y les hacemos llegar la “memoria de Europa”, “Laicidad y libertad”, “Europa y su misión en el mundo”, “Comunidad de valores y orden jurídico”, “Esperanza y futuro de Europa”, con todas las subdivisiones de las mesas redondas, esto sí que va a ser un reto.

 

 

P.: La Iglesia promueve universidades, publicaciones de todo tipo, emisoras de radio y TV, colegios, hospitales… Pero, ¿existe un pueblo católico que les proporcione, a las mencionadas expresiones, un rostro concreto como posibilidad de encuentro personal y misión ante el mundo? En otras palabras, ¿no se corre el riesgo de que pueda llegar a perderse, en algún caso, la conciencia de su finalidad evangelizadora?

 

R.: No hay que hablar en abstracto, la Iglesia hará lo que cada uno de nosotros hagamos, las obras serán lo que cada uno de nosotros hagamos que sean. ¿Evangelizo yo con mi comportamiento, con la forma de dar las clases, de organizar un congreso, de dar una noticia, de curar un enfermo o dirigir una empresa?, ¿transformo la realidad que me circunda?

 

 

P.: Puede parecer un tópico, pero casi es una pregunta obligada. En el desempeño de su complejo trabajo, ¿es, Carla Diez de Rivera, una mujer aislada en un mundo de hombres?

 

R.: La verdadera mujer tiende a “feminizar” el mundo que le es propio; a vincular a las personas, crear lazos, establecer relaciones. Los hombres en el trabajo necesitan cerca una mujer, que lo humanice y les vincule, siendo una excelente profesional. No, no soy una mujer aislada en un mundo de hombres. El ambiente laboral es reflejo de quien lo crea.

 

 

P.: A la mujer de hoy se le pide ser trabajadora también fuera del hogar, que cuide con mimo su imagen, ser una madre moderna, anfitriona modelo, experta amante… Y, en muchos casos, afirman ser el “sexo fuerte” y el inicio de una revolución histórica. Esta mujer, ¿puede encontrar su sitio en la Iglesia? En algunos medios eclesiales, como respuesta, se habla incluso de un “nuevo feminismo”. La Iglesia, en este contexto, ¿proporciona respuestas adecuadas al desasosiego existencial de la mujer del siglo XXI?

 

R.: La mujer el feminismo radical pretendió hacerla igual que el hombre, perdiendo toda su feminidad, con lo que hoy nos encontramos con una mujer masculinizada que del siglo XXI no tiene ningún desasosiego existencial. El problema es que no sabe cuál es su esencia, originalidad y riqueza. Hoy en día no se le permite determinar libremente si quiere o no realizar labores profesionales fuera de casa, como si al no producir no rentara; no se reconoce el valiosísimo papel de la madre que se queda en casa a educar y cuidar de los suyos; hoy en día no se le permite a la mujer trabajadora compatibilizar su actividad profesional con sus deberes familiares; hoy en día ni siquiera cobra el mismo sueldo que un varón por el mismo trabajo. Esas son batallas todavía por librar.

 

Pero nadie ha defendido tanto la dignidad de la mujer como la Iglesia, ¿han leído ustedes la “Mulieris Dignitatem”? La mujer en la Iglesia aporta su más pura esencia, otra cosa es que el feminismo radical se les haya colado a algunas por entre las entretelas. Yo me siento acogida, cobijada, amparada valorada por los miembros de la Iglesia, que me apoyan, ayudan y alientan en esta difícil misión.

 

 

P.: La experiencia de los Congresos, personalmente, ¿le ha enriquecido?

 

R.: Lo más maravilloso de los congresos es la gente tan estupenda que conoces; sentir una corriente de oración que los sostiene, el compromiso de tantas personas que apoyan incondicionalmente, vivir la fraternidad, saberte Iglesia, sentirte sostenida por los demás cuando flaqueas… Lo peor, es que hacer familia cuesta, que hay que diluirse, que no se pueden llevar cuentas.  Para mí son una gran riqueza que me acompañará toda la vida.

 

 

P.: Una última pregunta, de carácter personal que, creemos, puede ser de interés para nuestros lectores. No es fácil mantenerse, hoy, fiel a la propuesta de la Iglesia sin apoyos concretos. ¿Dónde radica la fuerza espiritual y vital de Carla Diez de Rivera?

 

R.: Aunque parezca una contradicción, mi fuerza radica en mi propia debilidad. Al ser consciente de ella, busco arraigarme sólidamente en roca firme, que me sostenga en tribulaciones y tormentas. Creo y confío ciegamente en la providencia de Dios Padre; en la Maternidad de María que me ampara, me sostiene, me ayuda a crecer  y me da fuerzas para enfrentarme a la misión de cada día; creo ciegamente en el Cristo crucificado que hace suyo mi dolor, en el Cristo resucitado que hace el camino conmigo; y en el Espíritu al que le pido que me ilumine. Como ven voy amparada, flanqueada, para  superar el miedo, levantarme en la caída, continuar el camino, levantar la vista del suelo, vencer el cansancio  y no perder la ilusión.

 

Mi fuerza vital radica en mi familia. Mis Fernando, mi marido y mi hijo de cuatro años, son el mejor regalo del cielo. Son fuertes, recios, fieles, espirituales, cariñosos; me apoyan incondicionalmente y suplen todas mis carencias con humor. De mi madre y mi padre aprendí la vocación de servicio, el espíritu de sacrificio y la entrega hasta el final; son un consejo, un respaldo sólido y  seguro; cubren todas mis ausencias, aceptan mis carencias, me impulsan y animan, me quieren como soy. Mis hermanos, suegra, cuñados, siempre están ahí cuando hace falta un favor, una gestión, una palabra de aliento, un empujón... Y qué decir de los amigos que te siguen queriendo, llamando y ocupándose de ti aunque no tengas tiempo para nada. Sin todos ellos, nada sería posible.

 

Tengo una oración que rezo todos los días y  dice así:

 

“En tu poder y en tu bondad fundo mi vida,

en ellos espero confiando como niño,

Madre admirable, en ti y en tu hijo,

en toda circunstancia,

Creo y confío ciegamente”. Amén.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 83 – 83, julio – agosto de 2004

Antonio Urzáiz Gutiérrez de Terán: los propagandistas, de nuevo, al servicio de la Iglesia española.

Antonio Urzáiz Gutiérrez de Terán es el actual secretario general de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdeP); entidad fundamental en la historia del catolicismo social español que, en la actualidad, sigue manifestando signos de enorme vitalidad.

 

Antonio Urzáiz Gutiérrez de Terán es el secretario general de la Asociación Católica de Propagandistas; entidad decisiva en la configuración del catolicismo social español. Gallego de origen, padre de 5 hijos, jurista de formación; desde su cualificada posición en ACdP, es un testigo privilegiado de la situación que, actualmente, atraviesan la Iglesia española y algunas de sus expresiones más vivas. Veamos el resultado de nuestro encuentro.


Pregunta: ¿Podría resumir, en unos pocos rasgos, las señas de identidad y objetivos de la ACdP?

Respuesta: La respuesta es muy sencilla y muy compleja a la vez, tan sencilla como la difusión del pensamiento católico en el orden social y política y tan compleja como el llevarla a cabo.


P.: ¿ Qué objetivos se ha marcado como secretario general de la ACdP?

R.: Los objetivos son los propios de la Asociación, yo como persona soy uno más y no aporto nada nuevo. En estos momentos estamos centrados en una revitalización de la misma, tanto a nivel interno de lo existente, como de implantación territorial.


P.: En un contexto de eclosión de numerosos movimientos eclesiales, nuevos carismas y originales modalidades de acción social, la ACdP no sólo no ha desaparecido, sino que experimenta una esperanzadora etapa de renovación, rejuveneciendo sus cuadros, abriéndose a otras realidades eclesiales, y afrontando nuevos proyectos de presencia, particularmente, en el mundo de la educación. Su entidad, ¿tiene un espacio social y eclesial propio? ¿Puede ser cauce común para la acción pública de católicos formados en distintas sensibilidades e itinerarios pedagógicos?

 

R.: No debemos de olvidar que las asociaciones no son fines, son medios y en tanto en cuanto útiles para el cumplimiento de sus fines perdurarán y si dejan de tener sentido desaparecerán, lo cual no quiere decir que sean malas.

 

En este sentido creo que Ángel Herrera Oria fue un adelantado a su tiempo. Poner en marcha un carisma para formar laicos, tanto espiritual como intelectualmente, para la vida pública, hoy nos puede parecer algo obvio y natural, pero a principios del siglo XX en un catolicismo tan clericalizado como el de la época era extraño. Hoy los tiempos son otros, sobre todo a partir del Vaticano II, ni mejores ni peores, distintos, aunque todavía queda mucho por avanzar en el compromiso de los laicos, la senda está abierta.

 

La ACdP siempre ha tenido carisma de unidad, punto de encuentro de católicos comprometidos con la vida pública, sin tener en cuenta ni sus adscripciones políticas ni sus sensibilidades eclesiales.

 

Nuestro lema, desde sus orígenes, ha sido “Servir a la Iglesia, como la Iglesia quiera ser servida”, (Este lema quedó en desuso tras el Concilio Vaticano II, entendiéndose que la Iglesia, como tal, no busca ser servida, sino servir) por eso nosotros siempre estaremos a lo que digan nuestros pastores, en comunión constante con la iglesias locales y sus pastores.

 

Nuestra Asociación es de acogida, pero no para refugiarse en un sitio cómodo, al contrario la labor del propagandista está normalmente y en la mayoría de los casos fuera de la propia Asociación, la Asociación solo le da formación espiritual y temporal y en algunos casos apoyos técnicos o materiales para desarrollar su actividad en el ámbito que corresponda.
 

P.: Numerosos católicos, formados y apoyados por la ACdP, han desarrollado su vocación en los medios de comunicación social (ya no se usa lo de social). En la actualidad, muchos, que sólo conocimos El Debate por los libros de historia, y apenas el Ya en sus etapas finales, echamos de menos un gran medio, impreso o electrónico,
que sea ola referencia informativa y de juicio del catolicismo español. ¿Qué opinión tiene al respecto?

R.: Innegable la importancia que los medios de comunicación tienen a la hora de formar opinión y esta es una forma de formar al pueblo. Recordar el pasado para proyectarlo hacia el futuro, es bueno, ahora recordar el pasado con añoranza, aplicando el  principio de “cualquier tiempo pasado fue mejor” creo que es un error. Los tiempos que nos han tocado vivir son los que son, ni mejores ni peores. No todo es negativo, existen algunas iniciativas, pequeñas, pero interesante que debemos apoyar. El semanario Alfa y Omega, Fe y razón, por eso yo recomiendo comprar los jueves el ABC y los miércoles La Razón, recientemente el semanario ALBA. Televisión Popular y algunos programas de la cadena COPE, sobre todo los del servicio socio-religioso y la llamada línea COPE. En el ámbito digital, la labor de la Iglesia está siendo importante y con unos resultados esperanzadores.

 

Pondría si quieres un poco de énfasis en la mayor presencia de opinión de cristianos en los medios, sobre temas de actualidad.

 

Lo que dudo yo es que haya pueblo cristiano que reclame un medio cristiano, cuando eso ocurra habrá hombres audaces que se lanzarán a la tarea, sobre todo de generar contenidos, más que de promover medios, especialmente en el caso de la televisión, aunque esta no vamos a negarlo sea muy difícil.


P.: En una Iglesia española constantemente acosada por el poder dominante, que durante años ha experimentado un evidente repliegue social, y que actualmente despliega una notable dispersión de tácticas e iniciativas, los Congresos Católicos y Vida Pública, impulsados por una de las obras de ACdP, ¿están contribuyendo a modificar este panorama?

 


R.: Yo no creo que la Iglesia española esté constantemente acosada, lo que ocurre es que se a producido un cambio sociológico muy fuerte en poco tiempo y nos ha podido coger desprevenidos. Hemos pasado de una sociedad en que estaba mal visto no ir a misa los domingos, a una sociedad donde las manifestaciones antirreligiosas, aunque sean minoritarias, tienen su eco.

 

Yo optimista, primero por un principio teológico, Cristo nos ha redimido y ha vencido a la muerte. Por otro lado hemos perdido en cantidad pero se ha ganado en autenticidad, hay que ver esperanza el renacer de una Iglesia más comprometido. La ACdP siempre ha defendido la unidad en lo esencial y libertad en lo accidental. Lo que no tiene sentido es el enfrentamiento entre miembros de una misma Iglesia. Nuestro presidente, Alfonso Coronel de Palma, habla del “ecumenismo católico”, ¿cómo podemos pretender diálogo con otras religiones cuando no somos capaces de dialogar con nuestros hermanos?

El Congreso Católicos y Vida Pública está siendo un referente de cómo se puede compartir y vivir una experiencia entre distintas realidades de Iglesia, es verdad que todavía quedan algunas que cuesta que participen de ese espíritu, pero siempre estaremos esperándolas con los brazos abiertos y saben que esa es su casa.

 


P.: En la Iglesia española coexisten diversas sensibilidades que responden a distintas concepciones eclesiológicas, a maneras muy distintas de entender la identidad y pertenencia católicas y, en coherencia, a concepciones –en ocasiones escasamente coincidentes- de la acción pública de los católicos. Los Congresos Católicos y Vida Pública, ¿podrían constituirse un espacio de encuentro y debate de esa riqueza eclesial, incluso de entidades autodenominadas progresistas?

R.: ¿Y por qué no? Ese es nuestro espíritu, no en vano contamos entre los miembros del Comité Organizador con personas como Francisco Vázquez o José Bono. En distintos Congresos han participado figuras significativas como Antonio Guterres, en aquel momento presidente de la Internacional Socialista. Vemos con interés corrientes como la de Cristianos socialistas que coordina con gran entusiasmo Carlos García de Andoín, quién también ha participado en otro Congreso. Nosotros estamos abiertos y esa es nuestra vocación, servir de punto de encuentro. Los únicos puntos mínimos que pedimos, por otro lado creo que bastante razonables, son el sentirse Iglesia y la comunión con el Papa y sus obispos.


P.: ¿Existe, todavía, un pueblo católico? ¿Cómo piensa desarrollar ACdP esa estrecha relación, que ha mantenido históricamente con la jerarquía católica española y el pueblo católico, que le permitió ser eficaz y privilegiado instrumento al servicio de la Iglesia en tiempos difíciles?

R.: El pueblo católico existe, esto no quiere decir que se identifique pueblo español y pueblo católico. Gracias a Dios existen todavía muchos hogares donde se vive en católico, ahí es donde se mantiene el rescoldo de la Fe, la labor callada de las madres de familia en el ámbito pedagógico de la Fe, no me estoy refiriendo a otros roles que hoy en día deben de compartirse.

Todavía quedan hogares donde los niños aprenden a rezar y donde se transmite por ósmosis la importancia del acontecimiento cristiano.

 

Nuestra relación con la jerarquía ha sido y sigue siendo de total disposición. Todos los obispos saben que nos tienen a su disposición para lo que estimen oportuno y que solo tienen que marcar un número de teléfono para enseguida concretar una visita y escuchar lo que se nos pide. En cuanto a la relación entre el pueblo católico y la jerarquía, todos los creyentes tenemos en la Parroquia nuestro lugar ideal de desarrollo y compromiso y a través de nuestros párrocos la relación es directa con nuestros pastores. No creo que se necesaria otra intermediación.


P.: Para algunos católicos, las diversas expresiones de la Democracia Cristiana, a partir de la "transición" española, fracasaron en un doble plano: no consolidaron un instrumento político que fuera voz de la mayor parte de los católicos y no pudieron impedir la descristianización de España impulsada desde los poderes públicos. ACdP ¿sigue aspirando a formar políticos católicos? En caso afirmativo, ¿será la Democracia Cristiana una referencia imprescindible en este empeño?

 

R.: Yo prefiero hablar de católicos en política mejor que de políticos católicos. Hoy no hay un partido católico. Según mi manera de ver tan moral es pertenecer a un partido que a otro. Las teorías del mal menor, muchas veces no dejan de ser complejas, ya que al final aunque sea menor, sigue siendo un mal. Yo creo más en el bien posible.

Es necesario que los católicos que estén en partidos políticos, hagan pública su creencia, pero no tanto en salir en la foto en una procesión o haciendo declaraciones altisonantes, más bien en una labor callada de bien hacer, de honradez, de compromiso con los más necesitados, de defensa de las libertades y también como no de coherencia con sus creencias, esto es lo más complicado. El problema que yo veo en estos momentos, es que la voz de los católicos está acallada en los partidos políticos, sean las siglas que sean y en cambio otros colectivos más minoritarios sus propuestas tienen bastante más repercusión.

 

La ACdP tiene entre sus fines formar hombres y mujeres para la vida pública desde una perspectiva cristiana. La vida política es un ámbito de la vida pública, pero es que la vida política no es solo la vida partidista. Yo no creo en el apoliticismo, no se puede ser apolítico, ¿cómo no le va a interesar a uno el como se organice la vida de la sociedad en la que vive? Otra cosa es que no le convenza ninguno de los partidos existentes.

 

La democracia cristiana tuvo su momento histórico, no podemos olvidar los padres de la unidad europea, alguno de ellos en proceso de canonización, pero en el momento actual hasta la propia Internacional demócrata cristiana ha cambiado su nombre. Yo soy más partidario de un pensamiento social cristiano. Pero es una opinión muy personal.


P.: Algunas actuaciones generadas en el seno de obras educativas de la ACdP, han provocado feroces críticas desde determinados medios; de la mano incluso de comunicadores católicos. ¿Con qué espíritu está afrontando tales actitudes?, ¿acaso con tristeza o, tal vez, con propósito de autocrítica constructiva?

R.: Las obras educativas de la ACdP son, como su nombre indica, obras educativas y tienen sus responsables y sus órganos de gestión, la Asociación, a través de su Consejo Nacional, lo único que hace es velar por el cumplimiento de los fines fundacionales.

 

Cuando se trata de decisiones que afectan a personas es humano que haya distintos pareceres, a todos nos gustaría que las cosas se hicieran de otra manera, pero debemos ser respetuosos con las personas a las que se les ha dado la confianza poniéndolas al frente de nuestras obras y si se equivocan tener la valentía de tomar las medidas que sean oportunas.

 

Por otro lado hay un debilidad humana, hoy potenciada por los medios de Internet, es el dar pié a la murmuración, las verdades a medias, las confabulaciones. Para mí lo más penoso de todo esto, es que es algo que destroza a la propia persona que lo genera. Una persona que es capaz de generar esas críticas tan “feroces”, por dentro, como persona no puede estar en paz consigo mismo. Por otro lado la autocrítica constructiva es muy positiva, así como la corrección fraterna, pero esa se mueve en otros ámbitos, no busca la notoriedad, el ¿qué hay de lo mío?, el denunciar sin contrastar, el buscar los cauces de diálogo y el encuentro. En esa postura es en la que no tenemos que encontrar, sabedores de que somos naturaleza caída, que diariamente comentemos montones de errores, que en algunos casos podemos herir a nuestros semejantes, pero que siempre tenemos la posibilidad del perdón y  la reconciliación.


P.: Empeñados en formar buenos ciudadanos y capacitados profesionales, parece haber pasado a un segundo plano, en algunos medios, el objetivo último de la educación católica: la evangelización. ¿Qué retos deben afrontar, desde su particular observatorio, los católicos implicados en el mundo poliédrico de la educación?

 

R.: Es verdad que hoy tenemos interés en formar buenos especialistas y técnicos, más que buenas personas. Como siempre vamos atrasados, en EEUU. las empresas de contratación de personal llevan varios años valorando perfiles profesionales de corte humanista, formación en filosofía e incluso en teología, para cargos de responsabilidad en detrimento de técnicos o juristas. El compromiso en ONGs es también valorado como capacidad de afrontar responsabilidad por metas distintas a las meramente económicas. Decía Ángel Herrera Oria que un periodista católico lo primero que tenía que ser es buen periodista, debemos de forma personas de primer nivel, un hombre bien preparado es un referente social y puede influir más en la sociedad. Los católicos dedicados a la educación debemos retomar la fe en la labor que estamos realizando, porque además objetivamente es así, de lo contrario podemos caer en un derrotismo y quedarnos faltos de contenido.


P.: En un mundo globalizado y de pensamiento único, cuyo destino se determina en restringidos círculos financieros y de poder político de alcance universal, ¿qué puede aportar la Doctrina Social de la Iglesia? ¿No es, acaso, un instrumento obsoleto frente a las modernas modalidades de lucha y de resistencia anti-globalización?

R.: Creo que todo lo contrario, la Doctrina Social de la Iglesia siempre ha sido actual y ponderada, hoy más que nunca. Además no debemos de olvidar que se analizan los problemas del mundo con el prisma de la Fé y una Fé que está basada en el hombre “hecho a imagen y semejanza” de Dios. El problema es que no conocemos la Doctrina Social de la Iglesia y si la conocemos la ignoramos y no la ponemos en práctica. El Cristianismo se tiene que encarnar, de lo contrario se convierte en un código de normas morales insufribles.


P.: El actual gobierno del PSOE está desplegando una intensa campaña, desde múltiples frentes, cuyo objetivo parecer ser, en última instancia, la descristianización de España y la reclusión de la misma Iglesia católica en las sacristías. ¿Comparte este juicio? ¿Es posible tender puentes de diálogo constructivo con los pujantes y agresivos sectores laicistas españoles?

R.: Yo no comparto un juicio catastrofista, es verdad que lo que sale en los papeles es la imagen de un PSOE radicalizado en temas morales, que no en los económicos, pero creo que los más preocupados deben de ser los miles de cristianos que han depositado su confianza en el Gobierno, pero por otras razones muy distintas a las que se están poniendo de manifiesto. Por otro lado ¿qué podíamos esperar?, sería lógico que partido que se define como se define hiciera una política católica, ahí donde creo que debe de estar la reflexión del católico a la hora de depositar el voto.

 

Los puentes y los cauces de diálogo siempre hay que tenderlos, el don de la palabra es uno de los dones más maravillosos que nos a dado el Creador y la capacidad de razonar nunca debemos de perderla.


P.: La convocatoria y celebración de un referéndum, el pasado 20 de febrero, facilitó la movilización de algunas expresiones del catolicismo social; defendiendo posturas incluso encontradas. ¿Qué enseñanzas podemos extraer, a su juicio, derivadas de estas apasionantes semanas?

R.: Yo no llamaría apasionantes semanas, sinceramente he echado de menos un debate constructivo y serio sobre lo que teníamos entre manos. Salvo la honrosa excepción de la cadena  COPE donde hubo pluralidad de posturas e incluso interesantes debates constructivos entre compañeros, la campaña ha sido muy pobre. Al hilo de los acontecimientos todas las posiciones eran respetables y todos podemos tener la sensación de habernos equivocado. Si tenemos que acostumbrarnos a que los temas accidentales no deben de influir en la unidad de criterios en los temas fundamentales.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, nº 92, marzo 2005.

 

Una entrevista al director del semanario ALBA, D. Carlos Esteban.

Una entrevista al director de la más iniciativa más reciente, acaecida en los medios de comunicación españoles, dirigida a los lectores católicos: D. Carlos Esteban, rostro visible del semanario de información general ALBA.

 

Hemos entrevistado al director del semanario de información general ALBA, el joven Carlos Esteban. Se trata de la más novedosa iniciativa, lanzada en los medios de comunicación españoles, dirigida a los lectores católicos.

 

Pregunta: El semanario ALBA, ¿es un “producto” puramente comercial o tiene una pretensión, en alguna medida, evangelizadora?

 

Respuesta: ALBA pretende influir a favor de una visión cristiana del mundo y de la vida y, por tanto, de evangelizar. Ese es su objetivo fundamental, primario. Pero para ello debe a) llegar realmente al público, alcanzar cotas suficientes de aceptación y b) autofinanciarse; eso la convierte también en un producto comercial. Dicho de otra manera: no cumplirá bien su objetivo de influir si no consigue ser un buen producto comercial.

 

P.: El semanario ALBA nace con un ámbito nacional, aunque con la base y experiencia alcanzada como publicación de la Diócesis de Segorbe - Castellón. En lugar de atarse a los costes y exigencias de una cara distribución a través de miles de puntos de venta, ¿no habría sido más acertado profundizar en el “mercado” de las publicaciones oficiales diocesanas con la fórmula allí probada?

 

R.: No, en absoluto. Queremos ‘normalizar’ el periodismo católico. Incluso preferimos obviar el calificativo ‘católico’, no porque pretendamos una simulación imposible o vergonzante, sino porque creemos que el catolicismo es la Verdad, que no necesita de adjetivos, y que se puede hacer un periodismo de calidad, riguroso y valiente sin circunscribirlo al circuito de los convencidos. El cristianismo no hubiera pasado del Siglo I si se hubiera limitado a convencer a los convencidos, sino hubiera salido al mundo y usado sus cauces normales de comunicación.

 

P.: Su semanario está dirigido a lectores católicos, fundamentalmente. ¿Existe un perfil tipo, más concreto que el mencionado, del lector de ALBA? La publicación, ¿prestará análoga atención a las diversas sensibilidades eclesiales existentes, en ocasiones tan dispares?

 

R.: En principio, ése es nuestro propósito. Con la información no veo que deba haber mayor problema. Pero ni yo ni mis redactores somos cristianos ‘neutros’; cada uno tiene su peculiar sensibilidad, su modo de vivir el cristianismo, e imagino que eso se dejará ver en columnas de opinión o elección de tribunas. En cualquier caso, no cerramos la puerta a nadie, con la única excepción de quienes, diciéndose católicos, difieren del Magisterio de la Iglesia. Ese es nuestro límite. Por otra parte, si determinadas opciones políticas son más beligerantes contra la Iglesia, parece evidente que serán también las más atacadas en ALBA.

 

P.: ALBA su suma a otras recientes iniciativas mediáticas dirigidas al público católico: el suplemento religioso de libertaddigital.com, el diario electrónico forumlibertas.com, la creación de nuevas agencias católicas de noticias, etc. De tal manera, la tradicional dispersión de las publicaciones religiosas vuelve a acrecentarse. Esa multiplicidad, ¿es prueba de vitalidad o, al contrario, expresión de una impotencia colectiva? O, en otros términos, ¿no deberían sacrificarse, cabeceras y proyectos, en aras de un gran proyecto colectivo, de hondo calado social, por ejemplo, un diario católico impreso?

 

R.: ¿Por qué? La Iglesia se ha beneficiado enormemente de la diversidad, siempre que haya unidad en lo esencial. Por otra parte, no existe nada como ALBA en el mercado y, aunque me encantaría que sirviera para aunar el esfuerzo católico, también me alegraría ver cómo nos salen competidores.

 

P.: El próximo 20 de febrero, los españoles tenemos una importante cita en las urnas. El semanario ALBA, ¿fomentará el debate sensato y plural entre las diversas opciones de voto, ya manifestadas por católicos españoles, ante la propuesta de tratado para una constitución europea?

 

R.:

 

P.: El anuncio de diversas iniciativas legislativas, impulsadas por el ejecutivo socialista, contrarias a la cultura de la vida y de la familia, ha provocado la respuesta de determinados grupos católicos, proponiendo algunas interesantes acciones cívicas, aunque, tal vez, escasamente coordinadas entre sí. El semanario ALBA, en este contexto, ¿informará de todas ellas o privilegiará las que considere más adecuadas al momento actual?

 

R.: El papel es limitado y privilegiar unas informaciones sobre otras, sencillamente, no es una opción. Sopesaremos la importancia relativa de cada evento y, sin duda, nos equivocaremos muchas veces. Ese es nuestro riesgo y nuestra responsabilidad.

 

P.: Muchos católicos, en número creciente, se sienten decepcionado por las políticas concretas de otros grandes partidos en contra de sus valores (nos referimos, particularmente, al PP y CiU). Por ello, algunos se han decantando por nuevas formaciones políticas que, hasta ahora, no han calado en la sociedad española. Es el caso de Familia y Vida, anteriormente, y tal vez de Alternativa Española, que inicia ahora su andadura. ¿Considera, su aparición, un toque de atención a esos grandes partidos, que ya no podrán seguir dando por amarrada a su porción electoral católica? Su semanario, ¿reservará un espacio a las polémicas que pueda generar esta fractura del electorado católico?

 

R.:  La opinión católica no puede estar ‘secuestrada’ por algo tan coyuntural, voluble, posibilista y efímero como es un partido político. En ese sentido, ALBA celebra la aparición de nuevas opciones y, naturalmente, se sumará cuando considere conveniente a las polémicas políticas en torno a esta cuestión.

 

P.: En algunos medios eclesiales se considera que el pueblo católico es un “gigante dormido”; así, en determinadas circunstancias, podría avivarse su conciencia colectiva y revitalizarse la fe de sus integrantes. Nosotros consideramos, no obstante, que el cambio de mentalidades y valores experimentados en España no es superficial, sino que ha provocado una transformación antropológica revolucionaria de difícil retorno. Un error de diagnóstico puede resultar nefasto en muchos sentidos. En su semanario, ¿comparten este juicio?

 

R.: In dubiis, libertas. Es una cuestión abierta, y ALBA no tiene una opinión editorial rígida en este sentido. Yo, personalmente, no creo en el ‘gigante dormido’. Pienso que somos una minoría, pero una minoría muy importante cuantitativamente y, hasta ahora, desarticulada y sin voz en la plaza pública. Uno puede estar seguro de la victoria final, pero el triunfalismo es fatal a corto y medio plazo. Parte del problema de la Iglesia española –y sigo desarrollando una opinión personal- ha sido la inercia que ha llevado a muchos de sus responsables a pasar por alto esa transformación antropológica de la que habla. Por otra parte, el pensamiento dominante lleva a un callejón sin salida que le hace naturalmente inepto para la supervivencia.

 

 

Suerte y muchas gracias.

 

 

 

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Arbil, notacionesde pensamiento y crítica, Nº 85, octubre de 2004.

 

Entrevistamos a Lydia Jiménez González: la Familia de Santa María, la Iglesia católica y la España de hoy.

     La Milicia de Santa María se encuentra en la raíz de la Familia de Santa María, nacida bajo el impulso del padre Tomás Morales. Para conocer mejor esta realidad eclesial, de marcado acento español y consciente vocación universitaria y misionera, hemos entrevistado a Lydia Jiménez González, una de sus personalidades más representativas.

 

            La Milicia de Santa María es una institución muy conocida en la vida de la Iglesia, particularmente a causa de las excepcionales “Vigilias de la Inmaculada” que vienen organizando, desde hace bastantes años, en muchas diócesis españolas. Pero queríamos conocer más aspectos de esta entidad eclesial, de profundas raíces españolas, en torno a la que han nacido otras obras apostólicas que configuran la Familia de Santa María. Por ello, hemos entrevistado a Lydia Jiménez González, actual Directora General de las Cruzadas de Santa María, fundadora del Instituto BERIT, mujer muy implicada en las pastorales familiar y de la enseñanza, gran conocedora de la realidad universitaria en España y otros países, y una de las figuras más representativas de este movimiento.

 

 

Pregunta: Milicia de Santa María. Milicia..., ¿no es un término de resonancias un tanto incomprensibles hoy día? ¿Podría hablarnos del carisma de su movimiento?

 

Respuesta: En nuestro nombre lo que resaltamos es el adjetivo “de Santa María” y Milicia hace referencia a la Virgen, siempre en actitud de escucha a la voluntad de Dios y de servicio a los demás.

El carisma propio de nuestro movimiento es la evangelización de los jóvenes. Una evangelización diferenciada, la Milicia de Santa María femenina y hay otra rama que trabaja con varones. Nos servimos sobre todo de la espiritualidad de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y tiene también nuestro carisma un fuerte componente teresiano.

 

 

P.: ¿Conoció al fundador de su movimiento, el padre Tomás Morales?, ¿qué recuerdos guarda de él, especialmente, que nos quiera transmitir?

 

R.: Sí, conocí al P. Tomás Morales en el año 1965, cuando llegué a estudiar a la Universidad Complutense de Madrid. Desde entonces, hasta el año 1994, su tránsito a la eternidad, siempre estuve a su lado. Guardo de él recuerdos inefables y considero una gracia especial haber vivido al lado de una persona excepcional en todos los órdenes. 

Destacaba su permanente ocupación en impulsar la santidad entre los laicos, haciéndonos vivir a todos las consecuencias de nuestro Bautismo.

Recuerdo también el interés que ponía en no predicarse a sí mismo sino en referir todo a la voluntad de Dios y a la intercesión poderosa de la Virgen, de la que era devotísimo.

 

 

P.: ¿Podría explicarnos, en líneas generales, la estructura de las diversas realidades de la Familia de Santa María?

 

R.: Las distintas realidades que han  surgido de las obras fundadas por el P. Morales configuran la Familia de Santa María, integrada por dos Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María. Existe también una rama sacerdotal con sacerdotes Cruzados de Santa María, la Sociedad sacerdotal Santa María de los Apóstoles y más recientemente la Fraternidad Sacerdotal Tomás Morales, vinculada a las Cruzadas de Santa María; una Asociación Pública de Fieles Hogares de Santa María y un Movimiento apostólico, también Asociación Pública de Fieles Milicia de Santa María.

 

 

P.: Su movimiento nace y se desarrolla en España. Actualmente, ¿se encuentra presente en otros países?

 

R.: Estamos presentes en Alemania: Munich y Bonn; en Dublín, en Roma, en América: Méjico (Guadalajara y Monterrey): Perú (Lima y Chiclayo); Colombia (Bogotá y Medellín) y en Santiago de Chile y recientemente estamos comenzando en París y en África en Camerún, Angola y Mozambique.

 

 

P.: Su movimiento se ha mostrado, desde sus inicios, particularmente preocupado y motivado por la educación de los jóvenes y de las familias. ¿Cuál es el estado de salud espiritual de la juventud actual?, ¿encuentra muchas diferencias con el de su generación?

 

R.: No encuentro especiales diferencias entre la juventud actual y la de mi generación. Quizás una diferencia sea la indiferencia y el pasotismo de muchos jóvenes actuales, la falta de motivación, pero siempre he dicho que el problema es la falta de educadores y de líderes que sepan despertar de forma creativa los ideales más nobles que duermen en el corazón de los jóvenes.  Ha sido el gran carisma del Papa Juan Pablo II y debería servirnos de referencia permanente a los educadores que tenemos siempre la tentación de acomodarnos sin tener el valor de transmitir certezas.

 

 

P.: Además de las residencias de estudiantes, su movimiento, ¿ha impulsado otras obras propias o prefiere integrarse en otros proyectos más amplios?

 

R.: Los miembros consagrados de nuestro movimiento somos laicos que ejercemos todo tipo de profesiones civiles en centros estatales o privados. Dirigimos algunos Colegios de los cuales no somos titulares. Como obra propia hemos impulsado la creación del Instituto Berit de la Familia  que ha ido implantándose en los distintos lugares donde tenemos presencia.

 

 

P.: En Foro Arbil ya conocemos algo de sus anuales Encuentros de Universitarios Católicos. Y lo hemos difundido en diversas ocasiones. También tenemos noticias de su implicación como docentes en algunas universidades. ¿Es la universidad, actualmente, el ámbito de actuación preferente de su movimiento?

 

R.: Sí, la Universidad nos parece un lugar muy adecuado de evangelización y la forma más eficaz de remediar todo tipo de problemas. Estamos convencidos que muchas lacras sociales derivan de ideologías que no tienen un concepto adecuado de la persona humana y muchas pobreza, sobre todo en países del llamado Tercer Mundo, son consecuencia de las carencias éticas y morales de sus dirigentes y líderes sociales. Por eso procuramos trabajar en la Universidad y sensibilizar a docentes y estudiantes en la renovación social de cada una de las estructuras.

 

 

P.: La participación de algunos destacados miembros de su entidad en los Congresos Católicos y Vida Pública y en otras actividades vinculadas a la Asociación Católica de Propagandistas, ¿es exclusiva responsabilidad de esas personas o responde a la voluntad de integración de su movimiento en plataformas más amplias de formación y presencia pública social católica?

 

R.: Tenemos una particular identificación con la Asociación Católica de Propagandistas, dado que nuestro Fundador, en su tiempo de estudiante de Derecho en la Universidad de Madrid, fue militante muy comprometido en esta Asociación y actualmente mantenemos una relación de profunda amistad con los dirigentes de la Asociación. Este es el motivo por el que colaboramos asiduamente en actividades vinculadas a la A.C.de P.

 

 

P.: A las mujeres y los hombres de la Familia de Santa María, ¿les da miedo la palabra “política”?

 

R.: Nosotras no tenemos miedo a nada ni a nadie: nuestro único miedo es no responder a los grandes desafíos que tiene planteado el mundo hoy día, desde nuestro propio carisma y desde nuestra vocación comprometida en la evangelización de todas las realidades terrenas. Nuestros miembros no tienen vetado ningún campo de actuación en el que puedan insertarse según sus condiciones personales.

 

 

P.: La ola laicista excluyente que sufre España, especialmente dirigida contra la presencia e identidad católicas, según la perspectiva de su movimiento, ¿es una dificultad añadida a la evangelización o un estímulo para la misma?

 

R.: Las dos cosas, es una dificultad pero es a la vez un reto que exige una gran responsabilidad por nuestra parte.

 

 

P.: ¿Qué ha supuesto para su movimiento el pontificado de Juan Pablo II?

 

R.: Hemos procurado seguir con toda fidelidad y entusiasmo sus orientaciones. Nos hemos visto confirmadas en todo lo que nuestro fundador nos ha legado y hemos vivido con gozo el regalo que ha supuesto para la Iglesia y para el mundo el pontificado de Juan Pablo II El Grande.

 

 

P.: ¿Qué espera de Benedicto XVI?

 

R.: Que siga confirmándonos en la fe y manteniendo viva  la Iglesia con sus grandes dotes de sabiduría y santidad y con esa actitud de humildad que a todos nos ha conmovido.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, número 93, mayo de 2005

 

 

 

 

Direcciones electrónicas de interés:

 

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En el 50 aniversario de Comunión y Liberación: una entrevista a su portavoz en España, Rafael Gerez Kraemer.

Entrevistamos a Rafael Gerez Kraemer, Abogado, casado, padre de dos hijas, portavoz en España del movimiento católico Comunión y Liberación. Guiado por su fundador, Monseñor Luigi Giussani, este movimiento está celebrando, con numerosos actos por todo el mundo, su 50 aniversario.

 

Hace 50 años, en el mes de octubre, el sacerdote italiano Luigi Giussani iniciaba en Milán la experiencia educativa de Gioventù Studentesca (GS), entidad que daría lugar al movimiento eclesial Comunión y Liberación, presente en 70 países. Entrevistamos, en esta ocasión, al abogado madrileño Rafael Gerez Kraemer, portavoz autorizado en España de este movimiento católico.

 

Pregunta: Imagínese a un joven de 17 años. Padres separados, vive con la madre. No tiene hermanos. Bautizado, hizo la primera comunión pero no contempla la posibilidad de confirmarse. Estudia en un colegio privado no católico. Su mayor estímulo es disfrutar el fin de semana “a tope”. Siempre lleva un preservativo en un bolsillo del pantalón. Ahora, su principal dilema es decidir donde hacerse un tatuaje. Inteligente, consumidor habitual de cine y vídeo, pero apenas lee libros y estudia únicamente para superar curso y no perder los privilegios caseros. Si se lo presentaran en una reunión de amigos, y éste le preguntara “¿de qué vas?”, ¿qué respondería?

 

Respuesta: No creo que buscase responderle nada. Si acaso me interesaría por él y por aquello que le mueve y busca, por muy superficial que ello sea. Es decir, trataría de desentrañar cuáles son sus deseos más profundos, porque éstos no difieren de los de cualquier otro hombre, por muy maduro y profundo que  sea. Ello significa, en último término, acompañar la humanidad de aquellos a los que se conoce y no desdeñarla nunca, por muy lejana que nos parezcan las ideas o intereses de estos jóvenes.

En este sentido, sólo me cabe afirmar que la experiencia cristiana no es un discurso sino una vida que se transmite y se encuentra y que, por tal motivo, no conoce de “aprioris”. No es necesario que, con carácter previo al encuentro con el cristianismo, el joven que me describe pase por un proceso de adaptación a, digámoslo así, los valores del cristianismo. Si existe una brizna de deseo y de búsqueda en su corazón, y no me cabe duda de que así es, el encuentro con Cristo es siempre posible, a través de aquellos que lo viven y lo comunican con pasión.

 

 

P.: En su respuesta creo reconocer alguno de los conceptos más característicos de la pedagogía de su movimiento. ¿Podría resumir, sintéticamente, su carisma?

 

R.: Me permito citar a D. Giussani, el sacerdote milanés fundador de C.L., en la carta que remitió al Papa con motivo del 50º aniversario de  Comunión y Liberación:

“En la carta a la Fraternidad –dice Giussani-, Vuestra Santidad escribió también ‘que el cristianismo, antes que ser un conjunto de doctrinas o de reglas para la salvación, es el acontecimiento de un encuentro’. Durante cincuenta años hemos apostado todo sobre esta evidencia. Precisamente la experiencia de este encuentro está en la raiz de tantas vocaciones cristianas que nacen entre nosotros –al matrimonio, al sacerdocio, a la virginidad- y del florecimiento de personalidades seglares comprometidas con una creatividad que entra en la vida cotidiana conforme a las tres dimensiones educativas que siempre hemos señalado desde los comienzos: la cultura, la caridad y la misión. Por ello no nos sentimos portadores de una espiritualidad particular, ni advertimos la necesidad de identificarla. Domina en nosotros la gratitud por haber descubierto que la Iglesia es una vida que sale al encuentro de nuestra vida: no es un discurso sobre ella. La Iglesia es la humanidad que vive la humanidad de Cristo, lo cual establece para cada uno de nosotros el valor que tiene el concepto de fraternidad sacramental…”

 

 

P.: ¿Tiene algo que aportar la Iglesia católica al hombre postmoderno, satisfecho, consumista, hipercrítico y nihilista de hoy?

 

R.: Lo mismo que a todo hombre o mujer de cualquier época y tiempo: el anuncio de Cristo presente aquí y ahora que redime y salva nuestra humanidad.

 

 

P.: ¿Qué está suponiendo, para los hombres y mujeres de Comunión y Liberación, las celebraciones que se están realizando, por todo el mundo, con motivo del 50 aniversario de su movimiento?

 

R.: Un sencillo gesto de acción de gracias y de petición: acción de gracias por haber conocido una historia concreta, dentro de la gran Historia de la Iglesia, a través de la cual Cristo ha entrado a formar parte de nuestras vidas; petición para que continuemos el camino de la fe ya iniciado y nunca dejemos de anunciar a Cristo, a fin de que otros puedan conocer lo que nosotros hemos encontrado.

Por este motivo los gestos más importantes que se han celebrado en las comunidades de C.L., presentes en más de setenta países, han sido peregrinaciones a santuarios marianos –como el que en España hemos hecho en octubre a Zaragoza a la Virgen del Pilar-, para pedir que por intercesión de María, El Verbo que se hizo carne permanezca entre nosotros.

Cabe destacar asimismo que, en el marco del 50º aniversario del nacimiento de C.L., se han presentado algunas de las obras más importantes escritas por D. Giussani en actos públicos en centenares de ciudades de todo el mundo. En España se han celebrado presentaciones de los libros en 12 ciudades en las que existen comunidades de Comunión y Liberación, lo que ha permitido difundir y dar a conocer los aspectos principales del carisma que vivimos a varios miles de personas. Próximamente se organizarán actos de estas características en Valencia, Murcia y La Coruña.

 

 

P.: Comunión y Liberación tiene fama de “amueblar muy bien las cabezas” de sus gentes; no obstante, en algunos ambientes eclesiales se le achaca cierta “falta de garra misionera”.

 

R.: Si hay algo que, a mi entender, cabe destacar del método educativo de Comunión y Liberación no es, ciertamente, la búsqueda de una formación intelectual, sino la propuesta de una experiencia. La genialidad de Giussani es  haber conseguido transmitir a través de su persona, en primer lugar, y de sus obras, en segundo lugar, la percepción del cristianismo y de la Iglesia como una vida, capaz de dar respuesta a las preguntas y deseos de la persona concreta, de cada uno de nosotros. Hablar de la fe es comunicar una experiencia y no repetir un discurso sobre la religión, por muy correcto y ortodoxo que éste sea.

Por lo que respecta a la misión, ésta es una dimensión inseparable del acontecimiento cristiano (ni siquiera es una consecuencia del mismo): ¡Cómo no anunciar al que nos ha salvado y es la verdad de nuestra vida! Por lo tanto, la misión no es algo programable, sino algo intrínseco a la experiencia viva de fe.

 

 

P.: ¿Cuál es la salud del movimiento en España? ¿Es cierto que algunos españoles están alcanzando destacado protagonismo en su dirección internacional?

 

R.: Comunión y Liberación cuenta en España con unos 3.000 miembros repartidos por la geografía española, de todas las edades y condición social, que tratan de vivir el acontecimiento cristiano con sencillez y sin complejos, como en todos los lugares en los que nacen y existen comunidades de C.L.

Conviene destacar, en este sentido, la profunda unidad que caracteriza la vida de C.L., lo que explica que algunos españoles participen, desde hace ya largo tiempo, en su dirección internacional. Esto es más palpable en la actualidad porque Julián Carrón, sacerdote madrileño, se ha trasladado hace algunos meses a vivir a Milán para compartir con Don Giussani  y los responsables últimos la guía de Comunión y Liberación.

 

 

P.: La creación, también en España, de la “Compañía de la Obras”, ¿implica la especialización del movimiento en la generación de un tejido de asociaciones y entidades que refuerce la sociedad civil y una postergación, tal vez, de la acción política directa?

 

R.: La creación de la Asociación “Compañía de las Obras” en España responde a la decisión particular de empresarios, profesionales y entidades sin ánimo de lucro, vinculados en su mayoría a Comunión y Liberación, que han querido asociarse para ayudarse en la conciencia y finalidad del trabajo humano. No se trata, pues, de una “obra” de Comunión y Liberación, sin perjuicio de que C.L. vea con profundo afecto este tipo de iniciativas.

Comunión y Liberación es un movimiento de educación en la fe, no de acción política.

Ahora bien, respecto de la pregunta sobre lo que social y políticamente significa el nacimiento y desarrollo de la Compañía de las Obras, entiendo que este tipo de iniciativas, que parten de las necesidades reales del mundo profesional y laboral, de la sociedad y de las personas que la componen están en el origen de una verdadera acción política. La política sólo puede evitar la tentación de la abstracción y de la ideologización, a las que tan acostumbrados estamos, si tiene en cuenta la situación concreta de la sociedad y de las personas.

¿Acaso hay acción política más directa que el dilatarse de obras y empresas en las que el hombre es educado en todas sus dimensiones?

 

 

P.: ¿Católicos en partidos políticos o partidos políticos católicos?

 

R.: No creo que haya ninguna receta al respecto y la historia de la Iglesia es lo suficientemente larga y rica para demostrarnos que debe siempre buscarse, con prudencia y realismo, cuál es el camino más operativo para que los cristianos  puedan hacerse presentes en el ámbito de la política.

Lo que nunca debe olvidarse, en todo caso, es que la presencia de los cristianos en la política sólo tiene sentido para servir al bien común y para dilatar la presencia de Cristo y de su Iglesia, no pudiendo separarse una cosa de la otra.

 

 

P.: La Iglesia mantiene universidades, periódicos, emisoras, colegios, hospitales, ONGs y obras sociales de todo tipo... Pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás de estas realidades?:

 

R.: Hay católicos, sin duda alguna, detrás de tantas iniciativas. Lo que parece más discutible es, sin embargo, que exista la conciencia de pertenencia a un pueblo como dimensión fundamental de la fe cristiana.

 

 

P.: La sociedad española se convierte, progresivamente, en un desierto. El modelo relativista-consumista se impone desde el poder, contando para ello con la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y buena parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, ¿puede constituirse en alternativa real a la mentalidad dominante, con una presencia social activa, o debe replegarse en la práctica litúrgica y sacramental?

 

R.: La Iglesia, creo yo, debe ocuparse y preocuparse de custodiar, transmitir y proponer el cristianismo en sus aspectos esenciales. Sólo hombres y mujeres para los que la fe coincide con el reconocimiento y la experiencia de Cristo, presente aquí y ahora, son capaces de generar obras y un tejido social con un rostro e una identidad propios y no en confrontación con ninguna otra.

 

 

P.: El futuro parece jugarse, en buena medida, en la educación de las nuevas generaciones. ¿Cómo responder, desde la Iglesia a los actuales retos?

 

R.: La batalla más importante para la Iglesia es, sin ningún genero de dudas, de naturaleza educativa, siempre y cuando se entienda la educación no como el impulso de una vanguardia intelectual o en términos meramente académicos más o menos salpicados de “valores” cristianos, sino como la propagación de una experiencia humana que vive ya previamente de lo que afirma.

 

 

P.: Edición nacional de “Alfa y Omega”, suplemento religioso del diario La Razón, creación de nuevas universidades católicas, los congresos anuales “Cristianos y vida pública”, constitución del Foro Español de la Familia, aparición de organizaciones “transversales” (E-Cristians, por ejemplo), nuevas publicaciones digitales (www.forumlibertas.com, www.analisisdigital.com), diversas iniciativas de entidades católicas con vocación pública… ¿Son hechos aislados o constituyen el síntoma de que “algo se mueve” en el catolicismo social español?

 

R.: Es indudable que, en comparación con la situación de la Iglesia en otros países europeos, en España existe un número importante de católicos practicantes, así como un gran número de iniciativas públicas que nacen de los distintos ámbitos de la Iglesia. Ahora bien, se echa de menos, en general, que los católicos sean capaces de generar espacios de encuentro con las preocupaciones del hombre moderno sin caer en las dos tentaciones que recorren el catolicismo español: el moralismo, entendido como una reducción de la experiencia cristiana a valores o normas (con independencia del acento que se les dé), y el dualismo, que impide que los católicos se expresen públicamente sin complejos, dando razón de lo que viven y juzgando todos los aspectos de la realidad, hasta el más nimio, desde la experiencia cristiana.

 

 

P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados por los católicos, caso del sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa? ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en estos ámbitos sociales?

 

R.: Aquí, como en otros casos, me parece que lo importante no es dar recetas, sino educar en la libertad, es decir, preocuparse de que el hombre adulto que se ha encontrado con Cristo aprenda a vivir los aspectos esenciales de su fe, dejando que cada uno decida cuál es la forma más adecuada para que esa fe se encarne en obras o iniciativas, sin establecer ni diseñar a priori ningún cauce o modalidad.

 

 

P.: En los años 30 del pasado siglo, la presencia pública católica era impulsada por la Jerarquía, apoyándose en la Acción Católica y los Propagandistas, especialmente. En la actualidad, existe un panorama de pérdida de vigor en determinadas organizaciones tradicionales y la aparición de nuevos movimientos eclesiales cuyo interés en la presencia pública es dispar, aunque podríamos afirmar que existe cierta tendencia hacia el “recogimiento” interno. ¿Es deseable buscar la “unidad de acción”? ¿existen otras fórmulas de cooperación?

 

R.: Convendría saber con precisión qué significa para un cristiano la “unidad de acción”.

La única unidad para los católicos es la que Cristo genera en el ámbito de su Iglesia y en el hombre que lo encuentra. La unidad no es, pues, un fin que hay que perseguir y conseguir, sino que forma parte del núcleo originario de la experiencia cristiana.

En tal sentido, la unidad lo es tanto en la conciencia de la pertenencia común a Cristo, como en la fidelidad y obediencia a su cuerpo en las personas de los sucesores de Pedro y de los Apóstoles.

La unidad entendida en términos más o menos “políticos” no deja de ser una pretensión que violenta, en último término, la naturaleza de acontecimiento del hecho cristiano y el modo libre y no programado con que el Espíritu insufla nueva vida en la Iglesia.

 

 

P.: ¿Cuáles son las raíces, a su juicio, de las recientes y constantes muestras de anticatolicismo militante de determinados sectores sociales españoles encabezados por el actual Gobierno de la nación y el partido que le sustenta?

 

R.: Hay, por una parte, en este anticatolicismo o anticlericalismo una miopía ideológica que siempre ha caracterizado, en mayor o menor medida, a la izquierda española, impidiéndola entrar en un diálogo franco y respetuoso con la Iglesia.

Pero, por otra parte, no es menos cierto que muchos de los miembros de la izquierda española que hacen gala de este anticatolicismo han pasado por la Iglesia en algún momento de su vida, por lo que cabe preguntarse qué responsabilidad tiene la Iglesia sobre esta cuestión.

En una reciente entrevista emitida por la RAI, se preguntaba a Don Giussani sobre el significado que para él tenían unos versos del afamado poeta T.S. Eliot: “¿Es la humanidad la que ha abandonado a la Iglesia, o la Iglesia la que ha abandonado a la humanidad?”. Don Giussani, sin dudarlo, contestó: las dos cosas, porque primero la humanidad se alejó de la Iglesia, pero después ha sido la Iglesia la que ha abandonado a la humanidad porque olvidó quién era Cristo y tuvo vergüenza de Cristo, de decir quién es Cristo.

Debo añadir, de todos modos, que la agresividad que se percibe en el ataque a la Iglesia de los últimos años y que no es sólo imputable al partido actual en el Gobierno (recordemos, por ejemplo, como desde el Gobierno del PP se atacó a la Iglesia por no querer suscribir el pacto antiterrorista), es preocupante y pone de manifiesto una intención que en algunos sectores políticos y de los medios de comunicación es clara y manifiesta: intentar doblegar, expulsándola del ámbito público y social españoles, a la única institución – la Iglesia - que mantiene un juicio propio e independiente del ambiente cultural en el que vivimos, que destruye y convierte a la persona humana en una marioneta al servicio de intereses espurios y profundamente ideológicos.

 

 

P.: El Gobierno del PSOE ha anunciado un conjunto de medidas que, de aplicarse, transformarán profundamente la realidad de la sociedad española. La Iglesia católica, en este contexto, ha sido señalada como el principal obstáculo de esta auténtica revolución en marcha. ¿Participarán, los hombres y mujeres de Comunión y Liberación, en las movilizaciones sociales que, inevitablemente, organizarán sectores católicos en defensa del bien común?

 

R.: Difiero en el juicio que Ud. hace respecto de las consecuencias de las medidas que, a bombo y platillo, anuncia el Gobierno actual. La realidad española está ya profundamente cambiada y, por lo general, las iniciativas legislativas que propugna el PSOE parecen ser, más bien, el término de un cambio cultural que ya se ha producido en buena medida.

Es cierto que el PSOE, siguiendo esquemas clásicos heredados de la extrema izquierda, se está arrogando un papel de vanguardia intelectual impulsora de cambios sociales que busca forzar la máquina en determinados aspectos esenciales para la persona humana. Pensemos por ejemplo en todas las iniciativas legislativas que afectan a la familia: adopción de menores por homosexuales, divorcio rápido, matrimonio de personas del mismo sexo… que, además de ser una chapuza legislativa, no responden a una demanda social verdadera.

Pero para percibir la situación de confusión y desestructuración de las personas en la actualidad, basta con asomarse al mundo de la educación para saber cuál es la mentalidad y la cultura en la que nos movemos y vivimos y sus consecuencias en aquellos que no han conocido otra cosa. El panorama resulta bastante desolador.

Por ello mismo, la actuación de los católicos no puede centrarse exclusivamente en movilizaciones esporádicas cuyos efectos y resultados políticos son más que inciertos.

Los católicos deben entender que lo que hay delante es una larga batalla educativa y cultural de muy profundo calado, independiente de los partidos políticos de derecha o de izquierda que se alternen en el gobierno. Lo fundamental es luchar para que existan, en todo momento, espacios y lugares en los que el cristianismo pueda ser vivido, propuesto y encontrado, sin perjuicio de buscar los medios más inteligentes que permitan frenar o impedir la aprobación de normas que van en contra de la persona humana y  el modo de consolidar y generar normas que la favorezcan.

 

 

P.: El Islam, ¿qué le sugiere? ¿confrontación, diálogo, asimilación, ecumenismo, multiculturalismo?

 

R.: El Islam, como tal, me sugiere diferencia. No así las personas que profesan el Islam, que tienen la misma “estructura” humana que yo o que Ud., los mimos deseos, el mismo corazón, el mismo sentido religioso. Es sobre esta base sobre la que tiene que debe fundarse la relación del cristianismo con el Islam.

Por lo demás, el encuentro con personas no creyentes o de otras religiones es la experiencia cotidiana de la Iglesia desde sus inicios. Y sólo el hecho de que los hombres cambiados por Cristo han sabido acercarse a la humanidad de aquellos que no lo conocían explica la difusión de la Iglesia a lo largo del tiempo.

 

 

P.: Los españoles estamos convocados a un referéndum, para la ratificación del tratado sobre la constitución europea, el próximo 20 de febrero. Comunión y Liberación, ¿ha adoptado, ya, alguna posición al respecto? ¿propugnará una respuesta concreta? ¿por qué?

 

R.: Comunión y Liberación, como tal, no emitirá, en principio, ningún juicio sobre el referéndum de ratificación de la Constitución Europea.

 

Es esta una cuestión muy compleja, en la que deben tenerse en cuenta aspectos muy diversos.

 

Apunto tres de ellos que, a titulo personal, me parecen importantes.

 

En primer lugar, la cuestión estrictamente jurídica, pues la constitución europea tiene una naturaleza muy diferente a las constituciones nacionales y cabe preguntarse, por una parte, si realmente se trata de una constitución, y, por otra parte, si no bastaba con los instrumentos jurídicos que existían previamente.

 

En segundo lugar, no creo que los cristianos debamos votar únicamente en función de la polémica exclusión de la referencia al cristianismo en el preámbulo de la constitución. Es menester conocer el texto constitucional y discernir si el mismo recoge o no una concepción de la persona, de la sociedad y de la política que es asumible por los cristianos. Yo, personalmente, entiendo que sí lo es.

 

Por último, debe considerarse el sentido que puede tener la constitución en el conjunto del proceso de integración europea. No debemos olvidar que el motivo para aquellos que promovieron en los años cuarenta y cincuenta el nacimiento de la Unión Europea –Schuman, Adenauer, De Gasperi, Monnet, casi todos ellos hombres de profundas convicciones religiosas- era muy claro: evitar la guerra y consolidar la paz. En aquellos países en que se ha llevado a cabo la integración europea no se ha producido un solo conflicto armado desde entonces y esto es un bien que debemos salvaguardar y expandir a toda costa.

Si la Constitución europea es un paso más en este camino, merece nuestro apoyo… y yo, personalmente, creo que lo es.

 

 

Muchas gracias.

 

Muchas gracias a Uds.

 

 

 

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Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 88, diciembre de 2004.