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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

El cedro a la sombra del sol sirio: la encrucijada libanesa.

     Israel ha anunciado que antes del próximo día 7 de julio de 2.000 abandonará la franja de 1.000 kilómetros cuadrados que ocupa en el sur del Líbano desde 1.985 ¿Qué significado tiene esa retirada? ¿En que situación real se encuentra Líbano y su población católica?

 
El Ejército del Sur del Líbano.

            Israel, por medio de su Ministerio de Asuntos Exteriores, ha comunicado al Secretario General de Naciones Unidas que, como fecha límite, el día 7 de julio abandonará el territorio libanés de unos 1.000 kilómetros cuadrados de superficie que todavía ocupa. De esta forma se materializará la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 1.978 que establecía el total abandono del territorio libanés por parte de Israel.

            Dicha ocupación se produjo con el objetivo defensivo de prevenir, de forma permanente, ataques de los radicales palestinos y de los integristas libaneses contra las poblaciones judías limítrofes, mediante la creación de una “franja de seguridad” entre ambos. La ocupación no se ha tratado de una intervención aislada, sino que forma parte de las periódicas operaciones militares (represalias en la mayoría de los casos) realizadas por el ejército judío contra los palestinos, fundamentalmente, presentes masivamente en Líbano con ocasión de la independencia israelí y alimentados en su número por los sucesivos éxodos generados por las posteriores guerras árabe – israelíes.

En esta ocupación, materializada ya en 1.978 aunque ha experimentado varias fases y extensiones, se ha apoyado en parte en una fuerza auxiliar de unos 2.500 hombres, la mayoría cristianos maronitas, aunque cuenta con una significativa presencia de musulmanes de credo chiíta, mayoritarios en el sur de ese país. Dicha milicia fué organizada a partir de algunos mandos desertores del ejército regular libanés (siendo el principal de ellos el fallecido coronel Saad Haddad) que constituyeron el “Ejército del Sur del Líbano”, ESL, coincidiendo con una fase álgida del largo conflicto libanés.  El ESL tiene, pues, sus días contados.

            El portavoz de Asuntos exteriores también ha manifestado que los integrantes de esa fuerza auxiliar, así como sus familiares directos, podrían residir en Israel, por motivos humanitarios (en total unas tres o cuatro mil personas). Medida comprensible, pues de las fuertes milicias armadas de Hezbolláh (el principal partido integrista chiíta libanés, y el más votado en las últimas elecciones generales al parlamento libanés) no se espera clemencia alguna, tal como ha anunciado su secretario general Hassan Nassrala. Por otra parte, todos los integrantes del ESL están juzgados por el Estado libanés por el delito de traición; condenados a muerte sus dirigentes y a largas condenas de prisión el resto de integrantes de la milicia.

 

La diáspora maronita – libanesa.

            Así, un nuevo éxodo de cristianos se producirá en fechas próximas, aunque en menor número que en otros periodos de la historia de Líbano. Parte se trasladará a Israel, integrando la pequeña comunidad maronita que, en número de varios miles, ya reside en el Estado hebreo. Otros optarán por la emigración a Argentina u otros países donde habita una importante comunidad libanesa en la diáspora, que arranca de los movimientos migratorios originados ya en 1.858 a raíz de las matanzas sufridas por los cristianos y que, alimentada por un constante flujo humano, ha llevado a la Santa Sede a erigir varias “Eparquías” (obispados de rito maronita) en Buenos Aires y otras grandes ciudades en todo el mundo, con el objetivo de atender a la numerosa comunidad maronita presente en esas tierras. Incluso, ya en 1.865, Juan Habid y Estefan Kozah fundaron una congregación misionera de monjes maronitas (los “kraimistas”, pues en Kraim se estableció la primera comunidad de la orden) con el carisma de practicar la misión entre los libaneses dispersos por el mundo y el ejercicio de la educación católica. Esta congregación está presente en la actualidad en una docena de naciones.

Dicha corriente migratoria persiste hoy día, afectando en particular a la comunidad maronita, suponiendo una sangría humana tremenda que pone en peligro la presencia maronita en Líbano. Así, con una población actual de algo más de 3.500.000 habitantes (de los que alrededor de un 20% lo son de confesión católica maronita), de 1.975 a 1.990 con motivo principalmente de la guerra civil, emigraron 894.717 libaneses, casi un tercio del total.

            Se calcula en varios millones de libaneses y sus descendientes los que componen esa diáspora, que se concentra, ya lo hemos dicho, particularmente en Argentina, pero también de forma significativa en Australia, Canadá, Estados Unidos, Alemania y Francia. Dentro de la diáspora, además de algunos grupos integristas musulmanes, son los maronitas quiénes ejercitan una mayor labor de mantenimiento de la conciencia nacional libanesa, para lo que han creados colegios, diversas fundaciones, asociaciones de apoyo mutuo, etc. En cualquier caso, su labor no puede compararse ni en volumen ni en intensidad a la desempeñada por otras comunidades como la armenia. De hecho, algunas autoridades maronitas señalaban recientemente que la conciencia libanesa se pierde en muchos casos en la segunda o tercera generación, una vez en la emigración.

            Antes de continuar, recordaremos que la Iglesia maronita (cuyo nombre viene de San Marón, cenobita de la Iglesia de Antioquía del siglo IV) es la única oriental enteramente unida a Roma, con una gloriosa y larga historia de fidelidad y martirio. Mantiene una jerarquía propia, con un Patriarca a su cabeza, con un rito propio, unas instituciones específicas y una espiritualidad marcada por su largo sufrimiento. Aunque la maronita es la más numerosa de las comunidades católicas presentes en Líbano, marcando de forma significativa la historia libanesa, están presentes otras  aunque en número muy inferior: greco-melkitas, caldeos, coptos y armenios. La Iglesia de rito latino, con unos 15.000 fieles, también está presente, manteniendo sobre la base de las órdenes europeas, una enorme labor educativa y asistencial, siendo su influencia muy importante en la sociedad libanesa.

            Encontramos maronitas, establecidos desde muy antiguo, en otros países de ese entorno geográfico, como Egipto, Israel, Siria, Chipre e Irak.

 

Las negociaciones Israel – Siria.

            Con la devolución de la franja sur al gobierno libanés, episodio previsible desde hace varios años, Israel dará por cerrada su intervención en Líbano que, a efectos internos de este pequeño país árabe, ha traído unos amargos frutos, entre los que destaca la derrota militar y política de los sectores de la comunidad cristiana maronita que optaron por el liderazgo político y militar del estado libanés. En ese sentido, puede afirmarse que la comunidad maronita ha sido el principal soporte de un estado libanés independiente.

            En la política interna de Israel, esa retirada era demandada con insistencia por los sectores pacifistas israelíes (el movimiento “Paz ahora”) y por los partidos políticos de tendencia izquierdista, incluido el Laborista hoy en el poder. No en vano, la intervención militar en Líbano, durante los últimos 30 años, con la ocupación permanente de parte de su territorio desde 1.985, ha provocado un elevadísimo número de muertos entre los militares judíos.

            Y en el plano internacional, se pretende dejar expedito el camino a un posible acuerdo de paz con Siria.

            Provisionalmente, y en tanto se materializa un acuerdo de paz entre Siria e Israel, Naciones Unidas pasaría a ocupar las posiciones abandonadas por Israel, mediante las fuerzas de FINUL, aumentando sus efectivos ya presentes en la zona de 4.500 a 7.500 cascos azules. De este modo, se intentaría evitar represalias contra los civiles que allí permanezcan y nuevos ataques contra las poblaciones judías lindantes, tal como ha señalado el primer ministro libanés Salim Hoss.

 

Líbano: a la sombra de la “Gran Siria”.

            No deja de ser paradójico que, a los 10 años de la derrota del General Aun en Beirut este a manos de los ocupantes sirios y sus aliados libaneses, se sume esta nueva pieza al complejo puzzle de oriente medio.

            No por ello Líbano recupera su integridad. Formalmente, puede aparentarlo; pero no en la práctica. Y ello, por dos motivos. Primero, continúan viviendo unos 350.000 palestinos que forman, casi, un “estado dentro del estado” libanés. Y lo más importante, continúa la presencia militar siria, cifrada en unos 40.000 hombres que controlan de hecho todo el país, salvo esa pequeña franja del sur.

Es una incógnita, por otra parte, si Siria desarmará a Hezbolláh, o permitirá que esa milicia integrista, la única que persiste en todo Líbano, continúe con sus periódicos ataques a la Galilea israelí. Sin duda, ese aspecto será una baza fundamental en la futura negociación entre Siria e Israel, en la que será el tema estrella de los previsibles acuerdos de paz junto a la situación de los Altos del Golán. Se trata de una asignatura pendiente del laborismo israelí y del ya anciano líder sirio Hafez Al Assad, quien ya está pensando en su sucesión y legado político y de quien se rumorea el padecimiento de una enfermedad terminal.

La negociación parece clara: devolución de los Altos del Golán a Siria a cambio de garantías por este país de que cesarán los ataques a objetivos civiles de Israel desde suelo libanés, ya enteramente bajo la influencia siria.

            En cualquier caso, Líbano, aunque formalmente permanece independiente, en la práctica se ha constituido en un protectorado sirio de hecho. Lo que concuerda con las ambiciones territoriales de la “Gran Siria” y que se materializó mediante el “Tratado de fraternidad, cooperación y coordinación” de mayo de 1.991, que legitimó la presencia militar permanente siria, al que siguió otro de defensa y seguridad firmado en septiembre del mismo año. La dependencia libanesa se verá reforzada en un futuro inmediato, además, mediante la unión aduanera con Siria, que entrará en vigor en breve, lo que regularizará por completo la presencia de varios cientos de miles de trabajadores sirios, atraídos por las expectativas económicas de la reconstrucción libanesa.

 

La resolución 520 de Naciones Unidas.

            Existe otra resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la 520, que establece el abandono de suelo libanés de TODAS las fuerzas extranjeras. Evidentemente, también hace referencia a las fuerzas sirias. Pero neutralizada dicha resolución, en parte, por el acuerdo de defensa y seguridad de 1.991, no parece que, con seriedad y energía, ninguna potencia regional o internacional esté dispuesta a implicarse en su exigencia y aplicación; lo que pudiera parecer lógico una vez se consume el abandono de la franja sur por parte de Israel.

 

Conclusiones.

            Líbano y en particular su comunidad cristiana, es la nación que sale perdiendo en todo este movimiento de las piezas en juego del puzzle de oriente medio. Sin duda ello es así por tratarse de la pieza más débil de todas las que participan. Siria e Israel, potencias regionales, cuentan con poderosos padrinos a nivel internacional. Líbano sufre, además, la propia debilidad interna que nace de su secular división y ausencia de proyecto común, volatizado por siglo y medio de periódicos enfrentamientos civiles causados por diversos intentos de conquista del poder político y económico por parte de unas u otras facciones. Esa debilidad ha llevado a los diferentes gobernantes libaneses y facciones en lucha, a la petición de auxilio tanto a Siria como a Israel, que han jugado en exclusivo beneficio propio. Siria ha jugado a “dividir y vencer”. Ha apoyado a lo largo del conflicto, a todas las facciones en algún momento de los enfrentamientos; consiguiendo el progresivo debilitamiento de todos los contendientes. Israel jugó la baza de prestar su apoyo a los sectores más radicales de la comunidad cristiana: Bechir Gemayel y su partido Kataeb, abandonándoles cuando ya no parecía factible el proyecto de un Líbano fuerte liderado por los maronitas. Incluso Irak jugó con sus peones libaneses en algún momento del conflicto; así apoyó a un iluminado general Aun en la fase final de la guerra civil, lanzándolo contra su secular enemigo sirio (pese a estar en el poder el mismo partido, el  BAAS, tanto en Siria como en Irak).

            No parece, pues, factible, la pervivencia de un estado libanés en el nuevo orden mundial, más interesado en el equilibrio entre fuertes potencias regionales (Israel y Siria).

En cualquier caso, otra vez mas, los cristianos salen perdiendo, tratándose del país donde se asienta la comunidad cristiana más consistente y numerosa, porcentualmente, de todo el mundo árabe.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 33, mayo 2000

Páginas para el mes, Nº 37, junio de 2000 (versión abreviada).

“American History X”

            Esta película, ya disponible en vídeo, muestra un análisis interesante de la violencia neonazi y racista en EE.UU., desde una aproximación atípica. Aunque para un cristiano las respuestas de la película resultan insuficientes, la dinámica descrita en la misma es la experimentada por un cristiano: el encuentro personal.

 


Introducción.
            Ya se encuentra disponible en vídeo una película de notable interés.
            “American History X”, dirigida por Tony Kaye, es un crudo relato, de 115 minutos de duración, cuya excusa es la violencia neonazi en los Estados Unidos de América.
            Los protagonistas son los dos jóvenes hermanos Vinyard, atractivos, inteligentes y, el mayor de ellos, dotado con un notable carisma. En ese sentido, la película es atípica y escapa de los tópicos al uso. Así, los restantes tipo humanos del grupo neonazi no les acompañan en esas características:  Cameron es un dirigente manipulador y cobarde; Seth, un obeso gritón descerebrado de “gatillo fácil”. Ambos hermanos no son presentados como seres deleznables y sin rostro, sino como personas con una identidad propia y una historia, todo ello desde una óptica de cierta simpatía.
            La película es dramática, nada sentimental, de una violencia brutal. Incluso la escena de sexo previa al tremendo asesinato, momento central de la película, rezuma una instintividad casi animal; expresión todo ello de la irracionalidad en la que vive el protagonista. Y realmente constituye un análisis de cierta entidad que pretende explicar la aparición de grupos violentos neonazis o partidarios de la llamada “supremacía blanca” en EE.UU. Tal análisis no es todo lo profundo que pudiera ser: unos jóvenes frustrados e inseguros ante el futuro, en palabras del Director del Instituto, que se unen (“no seas un punky, forma parte de algo”, dirá Danny en un momento de la película). Pero pese a ello, la película no cae en fáciles soluciones de guión y “políticamente correctas”. El asesinato final del menor de los hermanos, Danny (encarnado por el actor Edward Furlong), por parte de un adolescente negro, desde una óptica de la ideología dominante, podría haberse solucionado con idéntico final dramático, pero, por ejemplo, de la mano de sus antiguos camaradas. Hay, por tanto, un notable esfuerzo de honradez.

 

La película.
            El hilo conductor de la narración cinematográfica es el relato introspectivo que elabora el propio Danny (“cuando me miran, ven a mi hermano”) sobre el impacto en su vida, y en la del resto de su familia de los sucesos que protagonizó su hermano mayor Derek, encarcelado tres años antes por el asesinato de dos jóvenes negros que le intentan robar una camioneta (a quien da vida un polifacético Edward Norton). Bob, el Director del Instituto que también fue profesor de Derek, encarga a Danny que redacte como trabajo escolar su autobiografía, que redactará a lo largo de un único día en que también es excarcelado Derek. Con los recuerdos que brotan en la redacción del texto y la vivencia de ese primer día con su familia y en libertad por Derek, se entrelaza toda la película.
El padre de ambos, bombero, fue asesinado por un negro. Ese hecho determinante, es asumido e interpretado desde una perspectiva ideológica racista por Derek, lo que le lleva a vincularse a un grupo “skin” local de ideología neonazi. Allí destaca por su carisma y audacia (reta a un grupo de negros, en un partido de baloncesto, a que quien gane se quedará con el campo de juego, quedando excluido de acceder al mismo el perdedor; y ganará.) La hermana, Davina, es el prototipo de “liberal” norteamericana cuyo discurso es el de los derechos civiles y demás valores “políticamente correctos”, pero con una perspectiva realista del camino destructivo que han emprendido ambos. Su madre inicia una relación sentimental con otro profesor de ambos, Murray, un apocado judío quien al conocer los juicios políticos de ambos hermanos y tras sufrir la agresividad de Derek en el curso de una cena familiar en la que se confrontan dialectícamente ambas posturas llegando a la violencia física, los da por perdidos.
            Tras el asesinato de los dos jóvenes negros de una forma brutal, Derek es detenido por la policía, momento en el que dirige a su hermano una mirada demoníaca de una expresividad desconcertante.
Su experiencia en prisión le cambiará. Se adhiere inicialmente al grupo neonazi de la misma. Ese grupo carece, realmente, de ideología (“ninguno de ellos creía en nada”), “trapicheando” droga con hispanos, y siendo la arbitrariedad su única norma de conducta. Frente a ello se inicia el desencanto y el choque con el resto del grupo, por considerarlos desviados de su causa común (“la hierba es para los negros, ten respeto”). Se aparta del grupo, iniciando una amistad con el joven negro con el que comparte muchas horas de trabajo en la lavandería del Centro (en sus propias e irónicas palabras, “el tipo más peligroso de la cárcel, controlo los calzoncillos”) y a quien negaba la palabra en su inicio, por convicción ideológica, pese a la alegre cháchara del mismo. Es violado colectivamente por los neonazis como represalia a su exclusión del grupo y ello le aparta definitivamente del mismo. En ese momento, providencialmente, Bob acude a  verle. Ese encuentro, inesperado e inimaginable, le transforma y,  meses después, le posibilitará vía un programa policial de prevención de la violencia callejera, en particular de las bandas racistas, obtener la libertad condicional de forma anticipada.
Cuando sale a la calle, está transformado (simbólicamente, ha dejado crecer su cabello). Asume el papel del padre ausente, buscando la unidad, que él mismo rompió, del núcleo familiar. Intenta apartar a su hermano del grupo neonazi y corta vínculos con el mismo, empezando por su novia (que da vida la “joven y bruja” actriz Fairuza Balk) que no comprende tal cambio y al que acusará de “ser un negro”.
            En el ejercicio de introspección que realizan ambos hermanos, tras la huida de la celebración neonazi organizada con motivo de su excarcelación, Derek le expone toda su historia de sufrimiento en prisión y lo que allí ha encontrado.
Posteriormente, mientras finaliza su relato ante la pantalla del ordenador, comprenderá Danny que las semillas del racismo ya estaban presentes en la educación de su padre, quien compartía algunos prejuicios racistas muy elementales.
            Finalmente, la violencia ciega en la que se desenvuelve la vida de muchas pandillas, con cierto fondo racista, se cobra la vida del hermano menor, en un momento en que la familia Vinyard parecía volver a la normalidad.
            Todos los personajes de la película escapan de la clásica dicotomía de “buenos” y “malos”; desarrollando evidentes contradicciones.
            La figura más consistente es Bob, el Director de Instituto que en su juventud formó parte de una banda urbana de negros (“descerebrados como tu”, le dice a Danny en una entrevista) y que sufrió la cárcel. Es realista (“si te vas del Instituto, tu retórica y tu propaganda no te salvarán ahí fuera”), creyente (“la rabia ciega el cerebro que Dios te ha dado”), libre de prejuicios y pondrá los medios para intentar apartarles del camino elegido. La madre sufre en primera persona, y por la repercusión de los sucesos en los demás miembros de su familia, la violencia desencadenada por Derek, pero pese a ello luchará por su hijo encarcelado desesperadamente (“¿te crees que eres el único que cumple condena?”)
            El compañero negro del trabajo penitenciario es, ante todo, un tipo realista, que jugará un papel de auténtico “ángel de la guarda”. Condenado a 6 años de prisión, pues  tras el robo de un televisor de una tienda, es acusado de asalto a la policía, ya que al ser detenido, se le cayó el televisor en el pie de uno de los agentes. En ese contexto, rodeado de criminales peligrosísimos, está avergonzado por la escasa entidad de su delito y, también por autodefensa, lo oculta. Llega a apreciar a su mudo compañero de faena a quien gana con su humor y al que protegerá de palabra (“en el trullo el negro eres tú, no yo”) y de hecho, pues gracias a su mediación, Derek cuando queda aislado de todo grupo en el interior de la prisión, no sufre la previsible violencia de las bandas de negros. El propio Derek es consciente de que gratuitamente, y de forma inmerecida, por la amistad nada sentimental de su inesperado compañero de prisión, salva la vida.

 

Reflexiones.
            El cartel anunciador del film contiene un texto moralizante: “si sigues el camino del odio, tarde o temprano pagarás su precio”. Y esa parece ser la enseñanza final de la película, pero creemos que la misma va mas allá.
            Nada de lo que Derek ha hecho le ha permitido sentirse mejor. Ha arruinado su vida y ha arrastrado a su familia en ello. Pero dos encuentros personales, gratuitos e inesperados le permitirán afrontar la vida con nuevas perspectivas: Bob y su compañero negro de encierro.
Para un cristiano, la respuesta de la película queda corta. A una ideología voluntarista como es el nazismo, difícilmente sacia otra ideología, aunque sea la predominante (liberal y “políticamente correcta”). Pero la dinámica del cambio a partir del encuentro personal con una realidad concreta, está bien recogida en la película. El cristiano es consciente de que el encuentro salvador se produce con Cristo y por ello, desde esta perspectiva, la película sabe a poco.
            Hay que destacar en el film, en cualquier caso, unos elementos muy positivos: un análisis no superficial de la violencia suburbana, la posibilidad de transformación en aras de unos ideales nobles y que instrumenta a través de encuentros personales concretos y no a través de pura abstracción.
            Otros aspectos fílmicos refuerzan la consistencia de la película: imágenes en blanco y negro para las escenas retrospectivas (la mitad de todo el film), audaces movimientos de la cámara, la magnífica interpretación de sus actores, una banda musical sugestiva y un ritmo muy logrado.
            Una película para ver y reflexionar.

 


 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 30, febrero 2000

Jesús Monzón. El líder comunista olvidado por la Historia.

Martorell Pérez, Manuel: Jesús Monzón. El líder comunista olvidado por la Historia.
Editorial Pamiela. Pamplona. Junio 2.000.
285 páginas.
2.500 pesetas.

 

A partir de testimonios orales, fundamentalmente, el autor ha elaborado una biografía de este desconocido dirigente comunista navarro.
Manuel Martorell, periodista especialista en oriente medio, y autor del libro Los kurdos: historia de una resistencia, realiza esta incursión histórica manifestando, en el trabajo que nos ocupa, cierta curiosidad por el carlismo, del que destaca en el texto "su raíz popular, la sinceridad de su comportamiento y la profundidad de sus convicciones.
            De familia acomodada afincada en el Baztán, con amigos íntimos pertenecientes a todo el espectro político de la Pamplona anterior a la guerra civil (el nacionalista vasco Estanis Aranzadi, el cedista Ignacio Ruiz de Galarreta, el tradicionalista Tomás Garicano Goñi, el republicano Ignacio Usechi, etc.) Jesús Monzón llegó a ser uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista de España en los años 40.
Persona culta, bon vivant, tolerante, compartió en el verano de 1.934 el primer premio otorgado por la “Hermandad del Arbol” con el falangista Rafael García Serrano.
Estudia en Barcelona y Madrid, simpatizando con el marxismo e ingresando en el Partido Comunista de España. Finalizados sus estudios, regresa a Navarra, donde pronto destacará en la pequeña agrupación regional del PCE. Llegó a organizar en Navarra una importante huelga junto a los sindicatos carlistas (huelga general en la construcción, junio de 1.935), en la que demostró gran capacidad de liderazgo y de alcanzar acuerdos con fuerzas ideológicamente distintas.
La pamplonica Aurora Gómez Urrutia será la mujer de su vida, si bien la muerte del único hijo del matrimonio, Sergio, causará la separación de ambos durante años. Estuvo unido con otras tres mujeres en algunos periodos de su vida. Volverá con Aurora al ser excarcelado en 1.959.
Se entrevistó con Casares Quiroga al objeto de denunciar los preparativos insurreccionales carlistas; pero el entonces Presidente del Gobierno republicano no le otorgó especial importancia.
Tras ocultarse en Pamplona, al iniciarse la guerra civil, pasa a zona republicana, donde llegó a ser Gobernador Civil de Alicante (desde el 31/07/37) y de Cuenca (desde mayo de 1.938).
Responsable en Francia del Partido Comunista de España al finalizar la guerra civil, reconstruye el PCE en ese país dividido, creando las bases de las que luego fueron las “Agrupaciones Guerrilleras Españolas”, que se anticiparon en la “resistencia” a los mismos comunistas franceses.
Impulsa y organiza el intento de invasión del Valle de Arán, en 1.944, por varios miles de comunistas españoles procedentes de Francia. Será detenido en el interior de España en 1.945.
En 1.948 es juzgado en Consejo de Guerra y condenado a 30 años de prisión. En el aplazamiento del proceso y en la desestimación de la petición fiscal de pena de muerte, influyó sin duda la mediación, de algunos amigos navarros bien situados en el “nuevo régimen”, realizada en este sentido.
De forma paralela, el PCE de Santiago Carrillo lo procesa y expulsa, acusándole de una retahíla, de presuntos crímenes, propia de la fraseología estalinista que se impone en el mundo comunista.
Tras casi 14 años de prisión, es excarcelado, impartiendo posteriormente clases de economía en centros formativos vinculados al Opus Dei (México, Barcelona y Baleares). Muere en Pamplona en 1.973.
Siendo dirigente del PCE, Monzón elaboró una estrategia, a mediados de la década de los cuarenta, mediante la llamada “Unión Nacional”, que pretendía agrupar a toda la oposición antifranquista, desde los carlistas y alfonsinos, hasta los comunistas. En este sentido, se anticipó alguna década a la política de “reconciliación nacional” que desarrolló años después Santiago Carrillo. Precisamente este personaje sale malparado en esta biografía. Como peón del estalinismo, procesará a Monzón, expulsándolo del partido. Llegará a ordenar, con motivos diversos, la eliminación física de algunos correligionarios que asumieron posiciones “monzonistas”, que equiparó al “desviacionismo titista”. Es significativo el papel desarrollado por Carrillo, como auténtico fiscal, en el proceso seguido en el PCE contra Carmen de Pablo, máximo dirigente del partido en Francia durante la segunda guerra mundial, sentimentalmente unida a Monzón. El autor nos describe a Santiago Carrillo como un experto interrogador, implacable y manipulador, que incurre en todos los tópicos del estalinismo, persiguiendo derrumbar política y psicológicamente a esa mujer; lo que logrará por cierto.
            Jesús Monzón no ha dejado una autobiografía. Sus documentos personales tampoco nos han llegado pues, poco antes de morir, los mandó quemar a una sobrina. De haber escrito sus memorias “el partido habría quedado mal”, según sus propias palabras. No quería perjudicar a un PCE que, a su juicio, debiera jugar un papel importante en el futuro político de España. Por ello, el autor se ha tenido que basar, sobre todo, en testimonios orales.
La biografía es irregular en el tratamiento de algunos periodos de la vida del protagonista. Habiendo fallecido la mayoría de las personas próximas a Monzón, que hubieran podido realizar interesantes aportaciones al respecto, la ausencia de fuentes documentales impide colmar las lagunas existentes en la biografía.
Por otra parte, la pena de olvido, impuesta por el PCE al que fuera uno de sus más importantes e innovadores dirigentes, fue eficaz, lo que se traduce en que Monzón apenas es mencionado, cuando no ignorado directamente, en los libros y estudios publicados por los protagonistas más importantes en la historia del PCE. Sin embargo, Joan Estruch en su reciente libro, “La historia oculta del PCE” (Temas de hoy, 302 páginas, año 2.000), ya le dedica varias páginas con cierta profundidad.
            Para los familiarizados con la historia de Pamplona, será un placer la lectura de esta biografía, estrechamente unida a Navarra.

 

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 45, 1/2001.

Los portugueses que salvaron Etiopía.

En Etiopía radica una de las primeras comunidades cristianas. Aislada durante siglos del resto de la cristiandad, se salvó “in extremis”, en el siglo XVI, de una tremenda ofensiva musulmana gracias al sacrificio de un puñado de portugueses.


Los portugueses en Etiopía.

            A mediados del siglo XVI, una expedición de 400 portugueses, liderados por Cristóbal de Gama (hijo del gran navegante Vasco de Gama), salvó al reino cristiano de Etiopía de la última gran ofensiva musulmana desarrollada por el caudillo Ahmed ibn Ibrahim, conocido como Grañ (“el zurdo”), contra el mismo y, que de no ser por su actuación, seguramente habría acabado con la presencia cristiana en esas tierras.

            Se trata de un episodio histórico muy poco conocido, pero ilustrativo de la fe y el espíritu que movieron a nuestros antepasados.

            Un puñado de portugueses, lejos de su tierra, llegó a Etiopía en 1.541, un país de idioma y costumbres ajenas, testimoniando su fe con su sacrificio y al servicio de un pueblo amenazado de extinción.

            Salvo 150 integrantes de la expedición, el resto murió en diversos combates, pero lograron la supervivencia, providencialmente, de ese  pueblo cristiano que parecía agonizar ante el acoso musulmán y tras siglos de aislamiento. Sus descendientes no regresaron a Portugal. Tomaron mujeres etíopes y formaron un cuerpo de seguridad al servicio del emperador, así como varias generaciones de sus descendientes.

            Todavía hoy permanecen puentes y fortalezas levantadas por esos hombres, que también trabajaron como constructores; mudos testigos de aquella gesta.

            Y en la memoria colectiva del pueblo cristiano, de Cristóbal de Gama, que murió martirizado de la propia mano del gran caudillo musulmán, al haber sido hecho prisionero tras una batalla en la que estuvieron a punto de perecer todos ellos, se conserva un recuerdo de santidad, de perfecto caballero cristiano, proclamando su fe hasta la muerte. Hasta el punto que un patriarca católico, a quien luego mencionaremos, buscó su cuerpo para intentar iniciar un proceso de beatificación; lo que no logró.

 

Etiopía. Hombres, lugares y mitos.

            Etiopía (del griego, “el que tiene rostro tostado”) es un país casi completamente desconocido para España. Su historia, mezclada con la leyenda (recordemos a la Reina de Saba), es antiquísima y extraordinaria.

            Su sufrimiento, especialmente con las hambrunas de los años 70 y 80, ha sido extremo, al igual que su pobreza hoy día.

            Para introducirnos en su fascinante historia, existe un libro, editado ya en 1.990 por la Editorial Mundo Negro.

            Se trata de “Etiopía: hombres, lugares y mitos”, del misionero comboniano Juan González Núñez, rector del seminario católico de la capital etíope durante varios años.

            No se trata de un texto científico, académico, de historia. Pero, a partir de algunos viajes del propio autor, estructura una historia nacional sencilla, sugerente, cuyo elemento central es la presencia cristiana.

            Por las fechas en que está escrito, encontramos una notable laguna que suple, de alguna manera “el libro Negro del comunismo” en lo que se refiere al brutal experimento marxista - leninista de  Mengistu Haile Mariam y que, además de cientos de miles de víctimas, casi supone la pérdida de la entera identidad y conciencia colectiva etíopes (edición de 1.998 de Planeta - Espasa, páginas 767 a 777, escrito por Yves Santamaría).

 

La Iglesia Ortodoxa Etíope.

            Dos monjes sirios, Frumencio y Edesio, iniciaron en el siglo IV la evangelización del reino de Aksum. El primero llegó a ser nombrado obispo por San Atanasio de Alejandría. Pero la cristianización masiva del país se produce con nueve monjes sirios (monofisitas o católicos, aquí las interpretaciones discrepan): “los nueve santos”. A ellos se debe también la traducción del Nuevo Testamento al antiguo idioma etíope “gue´ez”, actualmente lengua litúrgica de la Iglesia Etíope Ortodoxa.

            Cuenta actualmente con 12 diócesis, mas una en Jibuti y otra en Jerusalén.

            Hasta Haile Selassie, dependía esta Iglesia completamente del Patriarca Copto  Ortodoxo de Alejandría, quien nombraba al Patriarca  -“Abuna”- de la Iglesia etíope, generalmente un egipcio que, salvo excepciones, permanecía ajeno a la realidad de su nuevo pueblo.

            En 1.959 es elegido el primer Patriarca de la Iglesia autocéfala de Etiopía, el archimandrita Basilio.

            Con la independencia de Eritrea, la Iglesia de ese nuevo país cortó lazos con la Iglesia madre y se proclamó independiente.

            Cuenta con un clero numerosísimo y poco formado (no existen seminarios), y que es ordenado colectivamente por el obispo a cuantos fieles lo soliciten. Por contra, los monjes cuentan con una mayor preparación  y un gran prestigio.

            La liturgia de esta Iglesia, que cuenta con unos 18 millones de fieles, ha recibido influencias de las tradiciones judías (circuncisión además del bautismo, prescripciones purificatorias, etc), siria y alejandrina, así como algunos elementos folclóricos autóctonos (instrumentos de percusión y danzas).

            El ayuno ocupa una parte muy importante en la práctica religiosa. A lo largo del año los simples fieles ayunan 186 días, y los monjes, 286.

            En Tierra Santa están presentes 6 monasterios etíopes, siendo su presencia -paupérrima- muy antigua: ya en 1.172 el monje Teodorico encuentra en Jerusalen a “nubianos” celebrando oficios en la Basílica del Santo Sepulcro.

            Esta Iglesia nacional precalcedoniense ha quedado, teológicamente, en la terminología arcaica de San Cirilo de Alejandría, rechazando en su día el Concilio de Calcedonia (IV Concilio Ecuménico de la Iglesia, del año 451) por considerarlo -por cuestiones terminológicas- favorable a las teorías de Nestorio.

 

La Iglesia católica en Etiopía.

            Con los portugueses, de los que ya hemos hablado, llegó el catolicismo a Etiopía. Jesuitas y agustinos desembarcaron y llegaron a convertir a primeros del siglo XVII al emperador Sisinios.

            El Papa Urbano VIII nombró, a Alfonso Méndez, Patriarca, pero lo que se ha calificado de “excesos” de la latinización provocó una profunda reacción, expulsando a los misioneros católicos el sucesor de Sisinios: Fasilades. De ese episodio histórico persiste una notable antipatía hacia lo católico, que fue conocido como la “religión de los italianos” (a raíz de la invasión de 1.935).

            Los paúles galos a mediados del siglo XIX llegan a Etiopía, instalándose de la mano de una persona excepcional: San Justino de Jacobis, quien optó por el rito copto-etíope.

            Otros misioneros católicos dejaron una profunda huella, como el Cardenal Massaia.

            Posteriormente, con la conquista de Etiopía por los italianos, llegaron los capuchinos.

            Actualmente los católicos etíopes son entre 150 y 200.000 fieles,  divididos en dos ritos: rito latino y rito etíope.

            Etiopía encara el futuro malherida, hambrienta y con tremendos interrogantes en el horizonte. Pero cuenta con una tradición cristiana viva y una presencia misionera que son primicia de un mañana mejor.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 28, enero de 2000

El libro de España.

F.T.D.: El libro de España.
Editorial Edelvives. Zaragoza. 1.999.
384 páginas.
2.200 ptas.

 

            Dentro de la moda de reeditar libros con significado sentimental y nostálgico, referentes a nuestro pasado más inmediato, encontramos una iniciativa interesante de la zaragozana Edelvives, sucesora de la primera editorial de los Hermanos Maristas en España, la FTD de Barcelona (Frère Théophane Durand).
            “El libro de España”, edición facsímil de la de 1.928, fue un texto estudiado por cientos de miles de españoles para los que fué uno de sus medios de encuentro con la realidad española, en una época en la que no existía televisión, apenas radio y, por supuesto, internet no se podía ni adivinar.
            Concebido como medio de lectura de clara orientación pedagógica, el hilo conductor de la narración lo marca las peripecias de dos hermanos, Gonzalo de 10 años y Antonio de 14, huérfanos de padre y madre. Ambos regresan, a la muerte de su padre, de Francia a España, en busca de su abuela, residente en Andalucía. Viven diversas peripecias, perdiendo el escaso dinero que portaban en el inicio del viaje, por lo que de camino tendrán que desarrollar trabajos temporales en diversos lugares, conociendo a lo largo de casi toda la geografía española a buenas personas que les facilitarán su viaje.
            Sus trabajos y las relaciones personales que surgen progresivamente, serán excusa para un repaso de la realidad de las diversas provincias españolas, con especial atención a sus figuras históricas, religiosas y literarias de la mano de un texto “Claros varones de España” que les acompaña en el viaje y cuya lectura ilustrará su tránsito.
            Con una concepción cristiana de la vida muy precisa, parte de una visión “casticista” de España, para la que la religiosidad católica tradicional ha sido el motor y fundamento de las grandes figuras, obras y empresas nacionales.
Al texto le acompañan unas magníficas ilustraciones en blanco y negro que reproducen retratos, escenas típicas, paisajes, monumentos y episodios de las andanzas protagonizadas por los dos hermanos. Así, nos proporcionan algunas sorpresas en las mismas, como por ejemplo en la página 58, al retratar el dibujante el castillo - palacio de Olite (en Navarra) anterior a la restauración conocida por nuestros contemporáneos. Otras muchas imágenes de pueblos y ciudades nos muestran una España rural, poco industrializada, en la que las grandes obras públicas empezaban a notar su presencia.
La primera edición sale en plena dictadura de Primo de Rivera: 1.928. Figuran algunas referencias del momento histórico, así al hablar del Palacio Real de Madrid nos lo presentan como residencia de S.M. Alfonso XIII, pero gran parte del texto es intemporal, permaneciendo vigente en lo que a datos históricos y tendencias económicas generales refleja (como curiosidad, en la página 2 nos habla de un marino que pudo comerciar con Francia aprovechando la baja del franco posterior a “la guerra”; la primera guerra mundial).
El libro cultiva otros valores, como las normas de buena educación y un cierto ascetismo vital. Por ejemplo, a raíz de un incidente con un pelotari blasfemo, se dice que en España no es necesaria una Ley Seca, pues el carácter de los españoles es austero “por naturaleza ante la copa y aun sobrio” (página 264). Todo ello encajado dentro del “programa” regenerador, apolítico, moralizante y patriótico de la Dictadura de Primo de Rivera.
Esta edición facsímil reproduce literales algunas peculiaridades ortográficas de la época, así como la acentuación original del libro; que fueron corregidas en ediciones posteriores.
Con la guerra civil se editó en 1.938 una nueva versión, con algunas modificaciones impuestas por el curso de la contienda desde el sector nacional. Así, el padre de los dos hermanos ya no sería un marino fallecido, sino un militar falangista muerto en el asalto al cuartel de la Montaña en Madrid, en julio de 1.936. El tío de los dos hermanos, antiguo emigrante, también tendría las mismas convicciones.
Este libro todavía era objeto de lectura en algunos colegios a principios de los años 70. Por todo ello podemos deducir fácilmente que el número de sus lectores ha sido realmente alto, siendo iniciados en ciertos aspectos de la vida a través de este magnífico medio de conocimiento y contraste con la tradición en la que habían nacido y en la que, todavía, se iban a desenvolver. Muchos de ellos aprendimos gracia al texto, tal como señalan las palabras que figuran en la presentación del libro en la solapa de su sobrecubierta, “a amar a España”.

 

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 45, 1/2001.

Michel Aflaq y el BAAS: un cristiano en los orígenes del nacionalismo árabe moderno.

En el nacimiento del moderno nacionalismo árabe, laico y socialista, encontramos a un cristiano sirio: Michel Aflaq.

 
Michel Aflaq.

            El partido BAAS (transcrito en castellano también como BAAZ  y BA´TH), motor del nacionalismo árabe moderno junto al naserismo, está  inseparablemente unido, durante sus primeros 20 años de existencia, a la personalidad de Michel Aflaq.

En la fundación de este partido destacan dos personalidades: el cristiano sirio Michel Aflaq, nacido en 1.910, como teórico del partido y  Salah Bitar como organizador. Ambos formaban parte de la pequeña burguesía de Damasco. Estudiaron en La Sorbona, donde contactaron con las ideologías en pugna en los años 30 en Europa: marxismo y fascismo.

            Michel Aflaq regresará a Damasco, donde trabajará de profesor de historia, a la vez que destaca como doctrinario de ideas nacionalistas árabes y anticolonialistas.

Conoce la prisión en varias ocasiones. En 1.939 es arrestado por la administración francesa. Participa en la fundación de diversos círculos políticos que darán origen al futuro partido BAAS. En 1.948 es encarcelado, encabezando entonces el gobierno Shukri el Quwatli. En 1.949 es encarcelado de nuevo por Husni El Zaim, autor del primer golpe de estado en Siria tras la independencia de la potencia colonial. Bajo el gobierno de Adib El Shishakli entra otra vez en prisión en 1.952 y posteriormente en 1.954.

 

El partido BAAS.

            El partido BAAS es fundado por un grupo de intelectuales árabes, fundamentalmente de Damasco, destacando como teórico el mencionado Michel Aflaq. De carácter nacionalista, socializante y panarabista, al partido BAAS (resurgimiento o renacimiento, en árabe) se organiza en casi todos los países árabes, incluso dentro de la OLP con Al Saiqa, alcanzando el poder en Siria e Irak en 1.963. A lo largo de los años, sufre tanto en Siria como en Irak diversas vicisitudes, por lo que las escisiones y los enfrentamientos internos dará lugar a la presencia de numerosos partidos de inspiración baasista en diversos países árabes. Así, por ejemplo, en Líbano llegarán a existir hasta 3 partidos baasistas enfrentados entre sí.

Las dos columnas doctrinales sobre las que se asienta, ya en sus orígenes, el partido BAAS son el nacionalismo y el socialismo. Así, cada país árabe formaría parte de la gran nación árabe, por lo que la actual estructura estatal, heredera en parte del colonialismo europeo, debiera desaparecer progresivamente. La segunda columna del edificio teórico del baasismo es el socialismo, poco definido y, en cualquier caso, no marxista.

Ambos conceptos estarían inseparablemente unidos dentro de un proyecto revolucionario y de transformación; en palabras de Aflaq:

“La identificación que efectuamos entre la unidad (árabe, n.d.a.) y el socialismo consiste en dar cuerpo a la idea de la unidad. El socialismo es el cuerpo y la unidad es el alma, si así puede uno decir”(1).

Las fuentes consultadas señalan cierta confusión en los orígenes y primeros años de la vida del partido.

Los orígenes más remotos del BAAS los encontramos hacia 1.941 cuando Michel Afaq y Salah Bitar crean un comité sirio de apoyo a Iraq, para evitar su entrada en la segunda guerra mundial.

Según Wahib al Ghanem, uno de los primeros dirigentes, el BAAS nace de la fusión de dos grupitos: Ihya el Arabi (la reanimación árabe) de Michel Aflaq y Baas el Arabi (la resurrección árabe) de Takri Arzuzi.

Es en 1.947 cuando se celebra el primer congreso del mismo, coincidiendo en ello los diversos autores, al que asisten 247 intelectuales procedentes de diversos países árabes. Los asistentes tenían orientaciones ideológicas muy distintas, lo que le llevó a un acuerdo programático final de compromiso, muy genérico. Esa aparente debilidad ideológica inicial  permitió, en el futuro, un amplio margen de flexibilidad táctica y doctrinal. En dicho congreso se nombra a Aflaq presidente y Salah Bitar como secretario general. El primer comité ejecutivo lo formarán Salah Bitar, Yalal As – Sayid y Wahib al Ghanem.

            El BAAS desde su nacimiento, en parte por lo genérico de su programa en diversos aspectos, es un partido realista y flexible en sus  alianzas con otras fuerzas políticas, por lo que pactará con nasseristas o comunistas, por pura conveniencia en aras de alcanzar el poder.

            Sus principales ideas originarias eran:

1.      Los pueblos árabes forman una unidad política y económica a la que denominarán: nación árabe, expresión que logrará gran fortuna.

2.      La nación árabe también es una unidad cultural.

3.      Sólo los árabes, como habitantes de la nación árabe, tienen derecho a determinar su futuro. De ahí su inicial posicionamiento frente al colonialismo y su neutralismo doctrinal.

            El partido sufrió diversas transformaciones, incorporándose al mismo otros partidos socialistas y nacionalistas que ensancharían su base sociológica, muy estrecha en sus orígenes (intelectuales, básicamente). Así, en 1.954, el BAAS se fusiona con el partido Arabe Socialista de Akram Hurani, por lo que desde entonces adopta el socialismo como seña de identidad, si bien para otros autores, su denominación de “socialista” figuró ya desde 1.947

El objetivo fundamental del BAAS era la unidad de la nación árabe y el partido se definirá en su constitución, por ello, como árabe, nacionalista, socialista, democrático y revolucionario.

 

Ideología de Michel Aflaq.

            Durante su estancia en París, inicialmente ambos fundadores simpatizarán con el nacionalsocialismo alemán, por haber conseguido a su juicio, una síntesis entre ambos conceptos, que ellos quieren aplicar al mundo árabe. Como causa de su debilidad diagnosticarán la fragmentación territorial y del poder de los árabes. En concreto, algunos autores se remiten al teórico alemán Alfred Rosenberg como inspirador de ambos (3).

Nacionalismo y socialismo son las columnas fundamentales sobre las que se sostiene la ideología de Aflaq y que trasladará al BAAS.

Dada su confesión cristiana, greco – ortodoxo en concreto, veamos su posición frente al islamismo. Algunos autores, egipcios especialmente, considerarán que nacionalismo e Islam eran incompatibles. Tal pretensión se intenta desmentir desde las altas instancias del partido. Lógicamente, Michel Aflaq, como principal teórico del partido, ya en 1.943 señalará que:

“El Islam presenta la imagen más brillante de su lengua y de su literatura (árabes, n.d.a.), y la parte más importante de su historia nacional es indisociable de él, porque el Islam en su esencia y en su verdad es un movimiento árabe que representa la renovación y la culminación de la realidad, porque descendió a su suelo y en su lengua, porque el apóstol (Mahoma) es árabe y los primeros héroes que lucharon por el Islam y lo hicieron triunfar fueron árabes, porque su visión de la realidad se identificaba con el espíritu árabe, las virtudes que fomentó eran virtudes árabes, implícitas o explícitas, y los defectos que fustigó eran defectos árabes en vías de desaparecer(4)”.

Para Michel Aflaq el Islam se había regenerado en la época moderna en el nacionalismo árabe.

En cualquier caso, pese a tales afirmaciones, el BAAS siempre ha sido sospechoso de laicismo para los movimientos islámicos, enfrentándose a los mismos en numerosas ocasiones.

La búsqueda de un nacionalismo socialista le llevó a una neutralidad teórica en política exterior, no alineándose a las corrientes europeas.

Michel Aflaq, ante occidente, se opone resueltamente, por ser sus potencias coloniales las que un día explotaron a los árabes, impidiendo su unidad. Tampoco se identificará con los países comunistas, pues el marxismo, su base ideológica, es contrario a los nacionalismos y, por ello, antiárabe.

            Ante el comunismo, Aflaq muestra un absoluto desacuerdo que concretará en tres aspectos:

1.      Frente al determinismo marxista, considera la revolución como un acto explosivo de libertad.

2.      Frente al internacionalismo proletario, afirma el nacionalismo árabe.

3.      Respecto al papel de la religión, Aflaq, en contra de lo afirmado por el marxismo, considera que moral y religión son valores fundamentales y eternos (5).

Ello le llevará a que el partido BAAS en los años 40 y 50 sea profundamente anticomunista. Después, ya en el poder, establecerá algunas alianzas temporales con partidos comunistas, siguiendo la política de Frente Nacional. Pero dado que occidente apoya tradicionalmente a Israel, en particular los Estados Unidos, Aflaq considerará ya en 1.956 como lógica la convergencia con la Unión Soviética, al coincidir en su lucha contra el Estado de Israel y precisar de apoyos exteriores en ese sentido.

Ya en 1.971, Bitar analiza la situación del partido de forma muy crítica, afirmando que los jóvenes del mismo estudian al marxismo leninismo, no por convicción comunista, sino por la necesidad de una formación ideológica que el partido no había sido capaz de proporcionar (6).

 

El BAAS en Siria.

Tras la independencia de Siria, se suceden numerosos gobiernos y golpes de estado.

Ya hemos visto que el BAAS nace en 1.947, de la mano de unos  intelectuales y de una estrecha base humana de unos pocos cientos de militantes en toda Siria. Sin embargo, el BAAS logrará la adhesión de diversos oficiales del joven ejército sirio, en particular pertenecientes a la minoría alauita.

El dictador Shishakli cae en 1.954. Merced una alianza con diversos partidos, algunos baasistas entran en el gobierno, caso de Bitar.

De 1.958 a 1.961, tiene lugar la unión con Egipto en la R.A.U., lógica consecuencia del panarabismo preconizado.

A partir de 1.963, a raíz del golpe de estado que lleva al BAAS al poder, la influencia de los militares dentro del partido se hace patente.

En 1.964 Aflaq y Salah El Yedih se unen, eliminando a la corriente marxista encabezada por Saadi.

En 1.966 el ala de izquierda del BAAS encabezado por un militar, Salah El Yedih, mediante un golpe de estado retoma el poder en Siria. Aflaq y el resto de los fundadores históricos desaparecen del ejercicio del poder real. Los nuevos dirigentes, denominados neobaasistas al revisar algunos de sus planteamientos originales, se aproximan a la Unión Soviética en el plano exterior y en el plano ideológico, lo harán al socialismo científico. Pero, de forma paralela, se establece la alianza con la minoría alauita.

En 1.970 Yedih es desplazado en el poder por el actual presidente Hafed El Assad, quien desarrollará una política internacional de búsqueda de nuevos acuerdos.

Con la evolución política interior de Siria que ya hemos señalado, el BAAS arraiga fundamentalmente entre la minoría religiosa alauita. Se trata de una rama del chiísmo ismaelita a la que pertenecen en Siria menos del 20% del total de su población. Apoyados por la potencia colonial, Francia, mientras permaneció en Siria, reclutará entre esa minoría tropas aguerridas, que engrosarían fuerzas de choque. El ejército sirio, con la independencia, se apoyará en esta minoría, de la que forma parte el actual presidente Hafez Al Assad. Lógicamente, los Hermanos Musulmanes, sunitas, acogieron con absoluta desconfianza al nuevo gobierno. Pronto comenzarían los incidentes entre ambas fuerzas sirias (7), especialmente en la ciudad de Hama, en la que se vivieron alzamientos ya en 1.963; también protagonizaron diversos atentados en diversas zonas del país, lo que en todo caso acarreó gravísimas represalias gubernamentales. La acción más grave tuvo lugar en 1.979, al producirse un atentado de los Hermanos Musulmanes contra la escuela de artillería de Alepo, que causó la muerte de 83 alumnos oficiales, alauitas. El régimen respondió con la práctica del terror. En 1.982 se vuelve a sublevar Hama, dominando toda la ciudad tras una dura lucha que generó varios miles de muertos.

 

El BAAS en Iraq.

El BAAS iraquí tiene su origen en otros grupos políticos anterirores: el Islah (reforma), que había apoyado al régimen pronazi de de Rashid Alí, Al Istiqlal (independencia), y el Partido Socialista Nacional de Salih Yaber (8).

En febrero de 1.963 un golpe de estado lleva al poder al BAAS, que se encontraba dividido en varias fracciones. Pero el presidente de la República Aref, logra eliminar a los baasistas del gobierno.

En 1.968 el BAAS vuelve al poder de la mano de unos militares no baasistas. Se suceden las crisis dentro del gobierno y del partido BAAS. En 1.979, alcanza el poder Saddam Hussein, quien acumulará todos los cargos con poder real del gobierno, ejército y partido, logrando un poder absoluto hasta hoy.

Iraq se alineó inicialmente con los países árabes moderados, constituyendo un polo de atracción y muro de contención de los árabes ante el radicalismo chiíta del Irán. Dicho enfrentamiento generó una cruenta guerra con cientos de miles de víctimas de ambas nacionalidades. Pero, años después con la invasión de Kuwait, perdió el apoyo de casi todos los gobiernos árabes, salvo Jordania y Libia, y otros países musulmanes como Sudán..

            Al igual que en Siria, el BAAS iraquí enraiza en una minoría, en concreto en el clan familiar de Sadam Huseim, de creencias sunitas. También encontraremos a algunos cristianos, como es el caso del muchos años ministro de asuntos exteriores Tarik Aziz (católico de rito caldeo).

 

Michel Aflaq en el ostracismo.

Hemos visto ante que el nacionalismo socialista del BAAS le llevará a vagas afirmaciones ideológicas, por lo que desarrollará gran movilidad táctica. Esta vía le permite rechazar toda asimilación a modelos occidentales, capitalistas o marxistas, optando por ello en el plano exterior con la no alineación, si bien por motivos tácticos, se aproximó en los años 70 al bloque soviético, lo que favoreció también el apoyo occidental al estado de Israel. Posteriormente, con los complejos avatares de la política nacional de Siria e Irak, y con un creciente protagonismo en ambos de los militares, los dos partidos BAAS en el poder se convierten en instrumentos de poder de dos personas y sus clanes familiares:  Hafed el Assad en Siria y Saddam Husseim en Irak. En la actualidad, pese al origen ideológico común, ambos países se encuentran alineados en el plano internacional de forma diferente, habiendo desempeñado un papel muy distinto en ese sentido. Siria ha jugado la baza del radicalismo árabe frente Israel, intentando dominar al movimiento palestino, lo que no ha logrado, pero si que ha conseguido fraccionarlo, merced a la creación en su día del Frente de Rechazo ante la OLP de Arafat. Por otra parte, ha jugado la baza del Líbano en un doble sentido: el control del mismo a modo de protectorado y su utilización frente a Israel. Irak jugó inicialmente la baza de la moderación y de la contención del chiísmo persa. Pero evolucionó al radicalismo como una huida hacia delante a raíz de la aludida invasión de Kuwait.

            Michel Aflaq es postergado en 1.966 en Siria a raíz de las diversas oscilaciones del poder en Damasco y de la radicalización que triunfó en la fracción baasista en el poder. Por ello, se trasladará a Irak, al formar parte de la Dirección Internacional del BAAS y al radicar allí un régimen baasista inicialmente moderado. Hemos visto que el BAAS iraquí tiene, en sus orígenes, varias tendencias. Una de ellas, la más derechista, es apoyada de alguna manera por Aflaq, pero en el futuro desarrollo del curso político en Iraq en los años siguientes, esa corriente es progresivamente desplazada por otros protagonistas. Con ello, la estrella de Aflaq dejó  de brillar.

            Pierde, con todo ello, protagonismo real en la dirección del BAAS.

            Todavía en 1.977, el intelectual francés Jacques Benoist-Méchin, entrevista a Aflaq para su libro “Un printemps arabe”, pues constituyó una figura clave para entender el moderno nacionalismo árabe.

            Muere en París el 23 de junio de 1.989. Su muerte pasó desapercibida para los medios oficiales sirios. Su camarada Salah Bitar había muerto, también en París donde se había exiliado, pero asesinado, hacía 9 años.

            Michel Aflaq es producto de una época hiperideologizada. A raiz de sus estudios en Europa entra en contacto con las diversas ideologías en pugna. Nacionalista por su origen familiar, considerará que el socialismo es imprescindible para la superación del atraso social árabe, si bien pospondrá tal objetivo a la consecución de la unidad nacional. Sin una base ideológica muy firme (su socialismo era de formulación muy genérica y un tanto demagógica), por causas tácticas pactará con aliados ocasionales diversos, incluso con comunistas ortodoxos pro-soviéticos. En cualquier caso, intentó una síntesis ideológica original en la que, sin duda, pesó sus orígenes cristianos.

Y dada su postura moderada, dentro de la evolución histórica del BAAS, quedará marginado ante la evolución sufrida por dicho partido tanto en Siria como en Irak, que caerá bajo el control de minorías vinculadas al poder militar en ambos países, lo que supone un fracaso al ser contradictorio con las pretensiones populares del baasismo. De hecho, las luchas intestinas dentro del partido y la represión de los opositores políticos, generará en ambos países miles de víctimas.

Con todo, es de destacar un logro importante, consistente en que las minorías religiosas no musulmanas han disfrutado de cierta libertad de acción, tanto en Siria como en Irak, en comparación a las restricciones absolutas impuestas en otros países musulmanes como Arabia Saudita. Sin duda, ello es producto de la tendencia no confesional original del Baas.

El baasismo ha sido considerado como uno de los episodios más importantes acaecidos en la historia del mundo árabe a lo largo del siglo XX (9). Incluso hoy día, la postura internacional de Irak ha sido tomada como referencia para diversos movimientos progresistas de toda esa área internacional, postura que es en buena medida coherente con los postulados doctrinales originales que contribuyó a estructurar Michel Aflaq.

 

 

 

 

 

 

 

(1)    Michel Aflaq. El combate del destino unido. 2ª edición. Beirut. Pág. 53.

(2)    Así lo recoge Zidane Zeraoui. Siria – Iraq. El Ba´th en el poder. Universidad Nacional Autónoma de Méjico. 1.986. Pág. 7.

(3)    Hichem Djäit. Europa y el Islam. Ediciones libertarias. Madrid, 1.990. Pág. 116.

(4)    Michel Aflaq. Selecciones de textos del pensamiento del fundador del partido Baas. Madrid, 1.977. Pág. 12.

(5)    Según recoge Zidane Zeraoui. Obra citada. Pág. 12.

(6)    Según cita recogida por Zidane Zeraoui. Obra citada. Pág. 6.

(7)    Sobre la ideología de los Hermanos Musulmanes, véase El despertar del Islam. Roger du Pasquier. Desclee de Brouwer. Bilbao 1.992. Se recoge en dicho texto, también el enfrentamiento con el baasismo en Siria.

(8)    Según Samir Amin en La nación árabe. Nacionalismo y lucha de clases. Citado por Zidane Zeraoui en el texto mencionado.

(9)    Hichem Djäit. Obra citada. Página 190.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo 2000

Las Iglesias Orientales.

González Montes, Adolfo, y otros: Las Iglesias Orientales.
Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 2.000
805 páginas.
7.700 Ptas.

 

            Esta obra colectiva constituye una magnífica aproximación a la situación actual de las relaciones de la Iglesia Católica con las Iglesias ortodoxas y orientales.
            Su núcleo central está constituido por los documentos, de mayor relevancia, que han marcado la situación actual del movimiento ecuménico, desde la carta apostólica “Orientalium dignitas” de León XIII (1.894), pasando por el decreto “Orientalium Ecclesiarum” del Concilio Vaticano II, hasta la reciente carta apostólica “Orientale lumen” de Juan Pablo II.
            Entre sus autores encontramos, fundamentalmente, a católicos, españoles en su mayoría, pero también a dos ortodoxos, todos ellos expertos y de reconocida cualificación profesional.
            El texto está dividido en tres partes y un apéndice.
La primera parte se titula “Roma y el oriente cristiano”. Aquí se arranca de León XIII, llegando a Juan Pablo II. También se estudia la Carta apostólica “Orientale lumen” desde el punto de vista de un ortodoxo.
            La segunda parte, y la más voluminosa, estudia “la Tradición bizantina”, con especial atención a su teología, la historia de la Iglesia ortodoxa rusa, la liturgia bizantina y el diálogo ecuménico, con un cierto espacio a la problemática del “uniatismo”. En esta segunda parte echamos de menos un espacio dedicado a la historia –o episodios claves- de otras Iglesias ortodoxas nacionales europeas, caso de la servia, la rumana, la griega, la búlgara, etc. También sería interesante un repaso de la Iglesia católica en esos países de mayoría y tradición ortodoxa, en especial, de las comunidades católicas de rito bizantino. Ello, sin duda, proporcionaría una consistencia a la obra de difícil superación.
            La tercera parte reviste un especial interés, al estudiar a las Iglesias orientales antiguas y ortodoxas, así como el diálogo entre católicos y  ortodoxos orientales. Aquí se trata sobre la impresionante historia de Iglesias antiquísimas como los “Cristianos de Santo Tomás” en la India, la Iglesia Maronita libanesa, la Iglesia asiria del Este, la Iglesia Copta ortodoxa, la Iglesia Ortodoxa etíope, las Iglesias Armenias, etc. Generalmente desconocidas para la mayoría de los occidentales, estas Iglesias constituyen los restos de una rica y plural cristiandad oriental, anegada de forma sucesiva por la marea musulmana, las invasiones mongolas, las masacres desatadas por los turcos, y mermada, finalmente, por la emigración.
            El apéndice consiste en el texto bilingüe (latino y español) de la mencionada Carta “Orientale lumen”.
            Se dedica mucho espacio para el estudio de los documentos de mayor trascendencia ecuménica en el diálogo con todas estas iglesias orientales y de lo acordado en los múltiples encuentros bilaterales -o multilaterales- ya celebrados.
            No se trata de una obra para aficionados. Para su lectura y aprovechamiento es imprescindible que el lector esté dotado de  mínimos y claros conocimientos teológicos, así como de una buena base histórica.

 

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 45, 1/2001.

La gran persecución. España, 1931 – 1939.

Cárcel Ortí, Vicente: La gran persecución. España, 1931 – 1939.

Planeta + Testimonio. Madrid. 2.000

370 páginas.
2.600 Ptas.

 

            El sacerdote valenciano Vicente Cárcel Ortí, una de las mayores autoridades hoy día en historia eclesiástica contemporánea, española y europea, es el autor de este libro que está causando cierto impacto en los ambientes católicos españoles.
            Con una indudable base histórica, no tiene reparos en responder a las múltiples cuestiones que, desde posiciones muy críticas, se han reprochado a la Iglesia católica con ocasión de las primeras beatificaciones, de mártires de la guerra civil española, realizadas por Juan Pablo II. Por ello afronta, con valentía y total claridad, los prejuicios manifestados en este terreno, entrando sin temor en consideraciones lindantes con la política, la sociología y la opinión pública manifestada y dirigida desde los medios de comunicación mayoritarios. Al afrontar todos esos temas, el historiador es riguroso y nada superficial, basándose en fuentes documentales diversas, señalando pistas que iluminen futuras investigaciones históricas.
El libro se inicia con una recopilación de textos lapidarios, de diversos autores, que señalan algunas pistas del contenido del libro. Tales textos tienen en común que destacan el carácter de persecución que se desató, especialmente en los tres primeros meses de guerra civil, en la zona de obediencia republicana contra los católicos de cualquier condición.
            La introducción encara los temas centrales que desarrollará más adelante: el inicio de la persecución religiosa ya en 1.931 y la carta colectiva de los obispos españoles de 1 de julio de 1.937.
            La primera parte está dedicada a la persecución producida entre 1.931 y 1.936. Es interesante el estudio que realiza del comportamiento de la jerarquía católica y sus fieles ante el nuevo régimen, que lo aceptaron en general, buscando acomodo e intentando colaborar lealmente, pese a la legislación promulgada y la adopción de medidas, de indudable sectarismo, como la expulsión de los jesuitas. Aquí se contemplan también los asesinatos de sacerdotes y religiosos producidos en la revolución de octubre de 1.934, desatada por algunas izquierdas principalmente en Asturias.
            La segunda parte, titulada “1.936 – 1.939: Holocausto”, proporciona una visión panorámica de la persecución desatada, una vez en marcha la guerra civil. Destacan algunos aspectos, como la premeditación en el desarrollo y ejecución de la persecución, el memorándum del ministro de Justicia de la República Irujo (del PNV), la carta conjunta del episcopado de 1.937 con especial atención a las ausencias en la misma del Cardenal Vidal y el obispo Múgica, el informe del embajador francés (protestante) ante la República de febrero de 1.938, los intelectuales católicos extranjeros y su actitud ante la guerra, la Iglesia “clandestina” y otros complejos aspectos.
            La tercera parte, “¡Casi diez mil mártires!”, es de un notable interés, pues clarifica conceptos básicos, lo que ayuda a comprender la tremenda coyuntura histórica, como los de caídos, víctimas y mártires. Se evidencia la existencia de auténticos mártires cristianos, asesinados a causa de su fe religiosa, incluso sin mediar ningún ánimo personal en su contra. No murieron en combate, ni fueron héroes de guerra o de una ideología política. El cuadro que describe, con numerosos casos muy concretos, perfectamente documentados y conocidos hasta el detalle, horrorizan por la crueldad desatada contra personas de todo tipo, edad, sexo y condición, por la exclusiva circunstancia común de sus creencias católicas. Diferencia, por otra parte, beatificación y canonización.
            La siguiente parte, “Hoy nos habría gustado que…”, constituye un conjunto de interesantes reflexiones, desde una perspectiva actual, en torno a cuestiones polémicas planteadas en torno a este asunto: el presunto poder económico de la Iglesia, la relación entre la persecución política y la persecución religiosa, las relaciones con Franco, el perdón dado y pedido por la Iglesia, la campaña de insultos y calumnias desatadas con ocasión de las ceremonias de beatificación desarrolladas en Roma, etc.
            La quinta y última parte, colofón de la obra, reflexiona, entre otros temas, sobre la presencia de las ideologías en siglo XX y las guerras desatadas por las mismas y la actitud de reconocimiento y acogida de Juan Pablo II a los mártires del siglo XX.
            Una bibliografía y el índice onomástico completan esta obra, polémica, clara y valiente.

 

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 45, 1/2001.