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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Educación y prisión: posibilidad de presencia de un sujeto cristiano en el medio penitenciario.

Este texto corresponde a una ponencia presentada en el II Congreso «Católicos y vida pública», Educar para una nueva sociedad, organizado por la Fundación Universitaria San Pablo – CEU de Madrid (días 17, 18 y 19 de Noviembre de 2000).


1. Introducción.

            Si nos remitimos al significado etimológico de educar, nos encontramos con su sentido original de extraer lo mejor de. Si tenemos presente lo anterior, vemos que la prisión tiene hoy día una misión muy concreta, a la vez que extraordinariamente compleja, pues la finalidad primordial de la misma, en el actual marco constitucional español, es la reeducación y reinserción de los condenados a penas privativas de libertad.

            En este texto, que no reviste carácter técnico, dados los límites de su extensión, vamos a intentar asomarnos a esta realidad de la interacción prisión–educación, buscando una imagen global, teniendo muy presente en todo momento que el protagonista real de todo ello es el hombre —o mujer— encarcelado que, precisamente por ello y al menos durante un cierto periodo de tiempo, debe replantearse su estilo de vida, sus expectativas futuras y las consecuencias de todo ello para él mismo y su familia. También como premisa previa, debemos señalar que la educación en libertad, entendida como la Iglesia la concibe, y habiéndolo así aprendido de Luigi Giussani, es una posibilidad de encuentro personal con la verdad y de adhesión a la misma, un acontecimiento inesperado que, con el riesgo que conlleva para educador y para el educando, también puede producirse en la generalmente desconocida realidad penitenciaria.

Las prisiones españolas constituyen el medio físico en el que se desenvuelve buena parte de la vida de más de 70.000 personas. Así, en junio de 2000, son 45.323 internos (de ellos, 3.748 son mujeres; 9.468 presos preventivos a la espera de juicio; 8.365 reclusos son de nacionalidad extranjera, de ellos a su vez 746 mujeres), unos 19.000 profesionales penitenciarios (entre funcionarios y personal laboral), voluntarios (unos 3.500, aproximadamente). No consideraremos aquí los números correspondientes a Cataluña en lo que respecta a funcionarios y voluntarios, pues esta Comunidad tiene asumidas las competencias penitenciarias desde 1984 y por ello dispone de una Administración penitenciaria propia. Todas estas personas integran, de forma directa, este numeroso colectivo que, generalmente, sólo es objeto de atención por los mass-media cuando genera noticias de carácter sensacionalista.

Si sumamos los miles de familiares de todos ellos, humanamente, se trata de una realidad social muy amplia y de facetas inéditas y complejas.

            Por mandato constitucional directo, la reeducación es objetivo prioritario de las instituciones penitenciarias españolas. Ello pone en el punto de mira de toda la actuación penitenciaria a la persona, aunque esté privada de libertad. Lo anterior implica, como premisa y reflexión previa, en buena lógica, que la sociedad globalmente considerada ha fracasado en el objetivo de socialización e integración de muchos de sus ciudadanos, hasta el punto de que muchos de ellos han terminado, al menos por un cierto periodo de sus vidas, formando parte del sistema de ejecución penal español.

            Y a ese fracaso colectivo, como una acción social de emergencia, se le intenta rectificar con la labor educativa desarrollada en los centros penitenciarios españoles.

            Pero, ¿no es objetivo fundamental de las prisiones la retención y custodia de los privados de libertad por resolución judicial? Además de intentar la reeducación y reinserción, también lo es, al igual que como aplicación lógica del sentido retributivo de la pena, también presente en la ejecución penal. Y ello determina en buena medida la efectividad de esa labor educativa que se desarrolla en los establecimientos penitenciarios, pues en definitiva sus usuarios no lo son de forma voluntaria. Al contrario: todos lo son de forma forzosa.

            Ese es el marco en el que debe situarse la labor educativa desarrollada en las prisiones españolas: cuando la familia y la escuela, concebidas como instancias socializadoras básicas, han fracasado, cuando el sujeto ha cruzado el límite de lo considerado socialmente admitido, interviene la prisión con una dificilísima tarea. Pues, en la actualidad, no solo se trata de hacer pagar por el delito cometido y de retener a ese sujeto durante un tiempo determinado para evitar que cometa nuevos delitos, tal como se entendía en etapas pretéritas de nuestra historia. La sociedad, es más, ha atribuido a la prisión, concretamente a los profesionales penitenciarios, la tarea casi imposible de reeducar al transgresor de, en muchos casos, determinadas y elementales normas de convivencia, con la finalidad última de reinsertarlo en el medio externo con capacidad de afrontar, como un ciudadano más, la vida en libertad.

            La prisión, por otra parte, no es una institución absolutamente cerrada y al margen del resto de la sociedad. Es más, la prisión es un termómetro de la sociedad. No es ajena a su situación general, a sus tendencias, problemas y valores dominantes. Es un reflejo de la sociedad misma, aunque exagerado por las limitaciones impuestas en la libertad de movimientos, el espacio y el tiempo de los reclusos.

Se pretende que su apertura a la sociedad sea gradual y que de alguna forma constituya —metaforicamente hablando— un barrio más de la ciudad. Pues quienes viven en ella disfrutan de derechos y deberes, pudiendo acceder a las diversas prestaciones y oportunidades sociales al igual que el resto de ciudadanos. Ello constituye, en la práctica actual, otro contrasentido, más cuando el actual Gobierno, en total continuidad con la política penitenciaria desarrollada por el PSOE de la mano de quien fuera Secretario de Estado de Asuntos Penitenciarios, Antonio Asunción, ha continuado construyendo macro-prisiones, concebidas como modelo. Estos centros penitenciarios, masificados y despersonalizados por definición y alejados de los grandes núcleos urbanos, simbolizan en su apartamiento físico otra forma de marginación social y, por tanto, de exclusión. Pese a ello, la voluntad de apertura a la sociedad y de implicación en la vida de la prisión de distintos agentes sociales, se materializa, entre otras formas, en la participación de diversas administraciones públicas (ayuntamientos, comunidades autónomas y organizaciones internacionales) y el voluntariado encuadrado en múltiples Organizaciones no Gubernamentales (ONGs en lo sucesivo) de variadas finalidades y actuaciones.

            Pese a todo, los profesionales penitenciarios, con esas limitaciones, buscan con mayor o menor acierto, un cambio interior del interno que le permita, con nuevos conocimientos, otras habilidades sociales y una nueva mentalidad, vivir en libertad. Y en esa labor educativa, enunciada en un sentido amplio, participan los profesionales penitenciarios especializados (psicólogos, juristas, educadores, trabajadores sociales), los mismos funcionarios de vigilancia que con su trato humano y sentido de la equidad tienen mucho que aportar, los maestros y monitores que imparten una instrucción específica, así como los voluntarios de diversas ONGs, buscando entre todos ellos la repersonalización del penado.

En definitiva: el esfuerzo reeducativo es una labor de conjunto de todos los agentes que actúan en el medio penitenciario, entre los que también encontramos a católicos.

            Pero, no seamos ingenuos. Otra especie de educación, por denominarlo de alguna manera y en un sentido muy amplio, también está presente en el medio penitenciario, y con indudable eficacia, a través sus estructuras informales: llámense mafias, grupos de internos dominantes, o como se quiera. Esta contra-educación proporciona un estilo de vida, unos valores, una posible fuente de ingresos, que conforman una auténtica contracultura delicuencial y una pertenencia, en definitiva. Esa contracultura, de la que forma parte la dependencia a diversas sustancias tóxicas, constituye un caballo de Troya que contrarresta, en muchos casos, los recursos resocializadores empleados, haciéndolos fracasar.

2. El Tratamiento Penitenciario.

            El actual sistema penitenciario español se apoya en dos columnas fundamentales.

El régimen es la primera de ellas, entendido como la satisfacción de las exigencias de seguridad, orden y disciplina que debe regir la vida en el interior de los establecimientos penitenciarios.

La segunda columna es el tratamiento, entendido como conjunto de actividades dirigidas a la consecución de la reeducación y reinserción social de los reclusos.

            Respecto a ambos principios rectores, debemos señalar la voluntariedad del tratamiento y la subordinación del régimen al tratamiento, según diseño legal.

            Por ello, encontramos la libertad humana como primer factor, del todo decisivo, en el éxito de la labor educativa en que se concreta el tratamiento, libertad que se decantará, en cada caso personal, por intentar cambiar o, al contrario, por cerrarse ante la posibilidad de un cambio positivo, persistiendo en los comportamientos antisociales y, en definitiva, en la pérdida de la propia humanidad.

            Dentro de las múltiples actividades y circunstancias  que pueden integrar el tratamiento, encontramos al conjunto de actuaciones formativas y laborales, educativas por tanto, que se imparten en los centros penitenciarios españoles. En primer, la enseñanza reglada, que desarrollaremos en otro apartado posterior de la ponencia. Encontramos, por otra parte, un conjunto variado de actividades culturales no regladas que conforman lo que se viene llamando, no sin polémica, como animación socio cultural penitenciaria. Aquí puede encajarse el amplio espectro de actividades de creación cultural (pintura, maquetismo, fotografía, etc.), difusión (bibliotecas, conferencias, actuaciones diversas), así como otras de formación y motivación (concursos, salidas culturales, informática, etc.)

No olvidemos las múltiples actividades deportivas desarrolladas en las prisiones, ya dirigidas a la competición, ya de carácter recreativo y de formación y motivación.

Ha cobrado especial importancia e incidencia en la vida ordinaria de las prisiones españolas, dada la especialización actual y las exigencias del mercado laboral, las enseñanzas teóricas y prácticas destinadas a  la formación profesional ocupacional, que ha sufrido una notable evolución en los últimos 3 años. Con anterioridad se buscaba la implantación de los Programas Generales del INEM. Hoy día, los responsables de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y del Organismo Autónomo Trabajo y Prestaciones Penitenciarias, con plena competencia en las materias de educación, cultura y deportes, están replanteando esta enseñanza en otro sentido. Para ello, recurriendo a la financiación del Fondo Social Europeo y a la propia del citado Organismo Autónomo, esta nueva orientación se está concretando mediante la nueva estructuración de los cursos formativos, la introducción de módulos de orientación socio-laboral y programas dirigidos a la inserción laboral con especial atención al acompañamiento individualizado.

            Y dentro del terreno de la educación, por último, no podemos olvidar a los voluntarios y colaboradores que intervienen de múltiples maneras: en apoyo o pleno desempeño de muchas de las actividades formativas antes mencionadas y en programas específicos de cada una de las ONGs presentes.

3. Marco legal.

            En este apartado de la ponencia nos asomaremos a la normativa legal que, de forma directa, se refiere a estos aspectos de educación, instrucción y cultura a los que nos referíamos en el apartado anterior, lo que proporciona otra perspectiva de las pretensiones de la política penitenciaria actual.

            La Constitución española de 1975, en su artículo 25.2, determina que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social. Establece, por otra parte, que los condenados a pena de prisión tendrán derecho, entre otros, al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.

            La Ley Orgánica 1/79 de 26 de septiembre General Penitenciaria, en su Capítulo X, por lo que respecta a los conceptos de educación e instrucción, establece una serie de principios rectores concretos:

En cada establecimiento penitenciario existirá una escuela especialmente dirigida a analfabetos y jóvenes, así como una biblioteca provista de fondos suficientes.

Las enseñanzas impartidas se ajustarán a la legislación vigente en materia de educación y formación profesional.

Se fomentará el interés por el estudio, con el máximo de facilidades para el desarrollo de los cursos ya en el interior o a distancia.

Las actividades educativas, culturales y profesionales se organizarán según el sistema oficial, con la posibilidad de obtener los correspondientes títulos.

Los internos podrán comunicar con sus profesores.

El Real Decreto 190/96 de 9 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento Penitenciario actualmente en vigor, reserva el Capítulo III del Título V a la formación, cultura y deporte. Allí se establece:

El carácter prioritario de la formación impartida a analfabetos, jóvenes, extranjeros y personas con problemas específicos en el acceso a la educación.

La Administración Penitenciaria facilitará su acceso a la enseñanza reglada y no reglada.

Se establecerán convenios con instituciones públicas y privadas, con el objeto de que puedan cursarse los distintos niveles del sistema educativo.

Los internos con baja cualificación profesional podrán realizar cursos de capacitación, organizados conforme los planes existentes para los restantes ciudadanos en formación profesional, ocupacional y de inserción social y laboral.

La educación y formación destinada a los reclusos no han sido ajenas a las transformaciones sufridas en los sistemas educativos y de formación continuada de cada país, que han incorporado las tendencias generales impulsadas por organizaciones internacionales como la UNESCO, Fondo Social Europeo, etc. España no ha sido, en lo anterior, excepción.

La Ley Orgánica 1/90 de 3 de octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), en su disposición Adicional Décima 3 contempla la integración de los profesores de Instituciones Penitenciarias en el Cuerpo de Maestros de Primaria, lo que se viene efectuando en estas fechas conforme las previsiones legales y reglamentarias. Ello, junto a la transferencia progresiva a las distintas Administraciones Autonómicas titulares de las competencias educativas en su ámbito territorial, supone encomendar buena parte de la actividad educativa a las Administraciones Educativas de las Comunidades Autónomas. Esto implica la tendencia hacia unos sistemas especializados y cualificados, cambiantes, integrados y en constante puesta al día de sus docentes. Esas exigencias desbordaban a la Administración Penitenciaria como única responsable de tan inmensa tarea, de ahí esos cambios en marcha.

            Por todo lo anterior, las tendencias actuales en el ámbito educativo, pueden resumirse en los siguientes principios operativos:

Incardinación de la educación reglada impartida en las prisiones españolas en la Educación Permanente de Adultos general.

Tratamiento unificado y global de los aspectos educativos y formativos.

Coordinación de la educación reglada y formación profesional ocupacional con los demás aspectos culturales y deportivos presentes en las prisiones.

Máximo empleo de las redes generales de recursos educativos, culturales y deportivos del exterior.

Todo ello se ha articulado en el Real Decreto de Integración del Cuerpo de Profesores de EGB de Instituciones Penitenciarias en el Cuerpo de Maestros, que establece también normas mínimas de funcionamiento de las unidades educativas de los Centros penitenciarios, como consecuencia lógica de la plena vigencia de la LOGSE. Este Decreto supone un deslinde de funciones entre las Administraciones Educativas y la Penitenciaria, lo que está provocando no pocas disfunciones, hoy día, que, esperamos, se subsanen progresivamente una vez el nuevo sistema termine de perfilarse y consolidarse.

4. Educación reglada.

            La enseñanza reglada impartida en los establecimientos penitenciarios españoles encaja dentro de la categoría de enseñanza de adultos. Su concepción, en el contexto actual, es de carácter integrador: enseñanzas regladas cuya finalidad última se concreta en la obtención de los mismos títulos que en la calle, conjuntado con la educación deportiva, el resto de la oferta cultural y, por último, una formación laboral con las miras puestas en la inserción social. En ese sentido, tratamiento, educación y animación socio cultural, son conceptos de recíproca porosidad.

            Por lo que respecta a la enseñanza reglada, su primera norma reguladora, ya lo hemos visto, es la LOGSE, que contempla de forma expresa tanto a la educación permanente de adultos como la específicamente penitenciaria, buscando su homologación con la impartida en el exterior.

            Esta educación reglada está planificada en tres niveles equivalentes a las antiguas EPA 1; EPA 2 y EPA 3: alfabetización, consolidación de conocimientos básicos y secundaria de adultos.

            Los niveles de Certificado y Graduado, volviendo a la educación de adultos, se imparten tanto de forma presencial como a distancia.

            Pero no olvidemos la presencia de niños que acompañan a sus madres, durante los primeros años de su vida, en algunos centros penitenciarios, por lo que también se contempla la acción educativa prevista para estas edades.

            Otra necesidad impuesta por las nuevas realidades que vive la sociedad española, implicando nuevas adaptaciones, es la progresiva presencia de internos extranjeros, muchos de los cuales desconocen el castellano, por lo que se viene implantando en la mayoría de centros penitenciarios la alfabetización en castellano.

            También se facilita el acceso, seguimiento y control a los estudios impartidas por las diversas Escuelas de Idiomas.

            El bachillerato y COU a distancia también puede estudiarse, con presencia esporádica, según programas, de tutores, tanto de la Administración, como de personal voluntario de ONGs.

            Igualmente, pueden seguirse estudios superiores de la UNED, incluso con tutores, y de la Universidad del País Vasco.

5. Animación sociocultural penitenciaria.

La Animación Sociocultural Penitenciaria (ASCP, en lo sucesivo), según la definición de Enrique Arnanz en Cultura y prisión. Una experiencia y un proyecto de acción sociocultural penitenciaria (Editorial Popular, Madrid 1988), se describe de la siguiente forma:

«Es una parte integrante de un modelo de acción educativa propio y adecuado al medio penitenciario que consiste en un determinado método de intervención cultural y solamente es posible si se entiende que sus acciones y programas forman parte del tratamiento penitenciario, que corresponde a todo el colectivo profesional y que implica a la comunidad local donde se halle el establecimiento penitenciario».

            Inicialmente, la ASCP era un conjunto de actividades dispersas, sin coordinación ni finalidad a medio o largo plazo, cuyo objeto era ocupar el máximo posible tiempo libre de los internos, buscando simultáneamente una apertura de la prisión a la sociedad.

            A partir de esos presupuestos, no pocos agentes del medio penitenciario actuaron con una orientación utópica, lindando la contestación anti-prisión.

            En la actualidad, la ASCP, de forma más realista, busca activar las potencialidades del interno, para afrontar los problemas concretos que le han llevado a esta situación. En ese sentido, no solo se dirige a las personas procedentes de medios marginales, sino también a otras de procedencia social o cultural más elevada. No se opone a la enseñanza reglada, pero puede integrarla e integrarse en una programación más amplia y ambiciosa.

            De alguna manera, la ASCP se solapa con el concepto y las pretensiones del tratamiento penitenciario, pues en todo caso se pretende hacer del recluso una persona preparada para afrontar el futuro con autonomía. No se trata, pues, de trabajar desde unos presupuestos contraculturales, sino desde una perspectiva realista e integradora. La conjunción de ambos conceptos (ASCP y tratamiento) implica que la formación reglada debe perder la tendencia a la neutralidad en la instrucción y buscar, al igual que los otros agentes culturales y educativos presentes en el medio penitenciario, la transformación de la persona. Y todo ello, siempre, desde una postura realista que asuma la realidad concreta de cada interno. No puede ignorarse un pasado y un presente condicionado por la droga, por ejemplo. Al contrario, deberá partir de ello para diseñar un futuro alternativo.

Con todo ello, se intentará que el interno tome conciencia de sí mismo, de la posibilidad de cambio y de su posible crecimiento humano, lo que redundará en su beneficio y en el de su familia.

            La prisión es una institución cerrada y total. La vida está rígidamente organizada, dirigida, lo que puede llegar a producir, incluso, una cierta desorientación espacial y temporal. Por una parte está la organización formal–institucional de la prisión. Por otra parte, funcionan los escapismos, las mafias, la construcción individual del propio espacio y la adaptación a ambos sistemas.

            Movilizar al individuo, para que pase de una actitud de supervivencia, lógica tentación en este contexto, a otra de crecimiento, pese a los límites del medio, es el reto de la ASCP y del conjunto del tratamiento. El primer paso debe darse buscando organizar el tiempo de cada uno, entendido como tiempo organizado = tiempo de libertad. Se busca un nuevo estilo de vida en aras de un cambio individual y de grupo.

            Respecto a todo lo anterior, el art. 131 del Reglamento Penitenciario de 1996 contempla  de alguna manera a la ASCP, al acordar que se programarán actividades culturales, deportivas y de apoyo para conseguir el desarrollo integral de los individuos, pudiendo proponer los mismos internos actividades concretas, por lo que la Administración promoverá la máxima participación de los mismos. El citado artículo establece que en estas actividades participarán los internos, los profesionales penitenciarios y los colaboradores sociales del exterior.

6. Formación profesional ocupacional.

            En la educación, que se pretende sea global, impartida en el medio penitenciario, la formación profesional ocupacional es elemento fundamental.

Con ella se pretende capacitar a la persona para que adquiera los conocimientos y destrezas de las que carecía o para que, en su caso, profundice en los mismos. Su objetivo siempre será su intentar su integración futura en el mercado laboral.

            Pero pierde su sentido si sólo constituye una forma de ocupar el tiempo libre, de matar las horas. Para ello, es fundamental la actuación integrada de todos los agentes que intervienen en el medio penitenciario, buscando un clima positivo que favorezca la voluntad de cambio y superación.

            Es el Organismo Autónomo Trabajo y Prestaciones Penitenciarias (OATPP, en lo sucesivo) la entidad que canaliza los diversos recursos destinados a los Centros penitenciarios, o captados para tal finalidad, de los distintos agentes responsables de la formación profesional: INEM, Comunidad Autónomas y Fondo Social Europeo.

            Pero dadas las características del medio, se impone la especialización, así como la oferta de unos medios formativos específicos, en función de las características de los internos. Ello implica una programación propia, no bastando la simple adaptación de los programas generales del exterior. No hay que olvidar la presencia de jóvenes y mujeres en los centros penitenciarios, lo que exige también programas específicos.

            Por todo ello, en la actualidad la formación profesional ocupacional en el medio penitenciario se orienta en una triple dirección: la formación teórica y práctica, la orientación y el apoyo y seguimiento en la inserción social y laboral. Lo anterior se concreta en el desarrollo de los tradicionales cursos formativos, algunos módulos profesionales de mayor duración temporal y número de horas y determinados programas de inserción y acompañamiento individualizado.

7. Voluntariado.

            Los objetivos encomendados legalmente a las instituciones penitenciarias sólo son posibles, de forma plena, con la participación del voluntariado a través de las ONGs.

            La Ley 6/96 de 15 de enero que regula el marco jurídico del voluntariado, ha contribuido a clarificar, encuadrar y coordinar las actuaciones dispersas de las ONGs.

            Por otra parte, el Plan Estatal de Voluntariado, de diciembre de 1.996, agrupa las labores del mismo en los objetivos de sensibilización, promoción, apoyo y coordinación.

            El Consejo Estatal de Organizaciones no Gubernamentales fue creado en diciembre de 1999.

            Por último, se ha constituido el Consejo de Políticas de Intervención de ONGs en el sector penitenciario, cuyo objetivo es la colaboración de la Administración Penitenciaria y dichas ONGs.

            Ya en el artículo 62 del Reglamento Penitenciario de 1996 se establecía el marco general de participación y colaboración de estas organizaciones, sin perjuicio de otras múltiples referencias a políticas específicas.

            En la actualidad son 132 las ONGs que trabajan en el medio penitenciario, desarrollando un total de 480 programas de los que son de carácter expresamente educativo un total de 55, 137 de inserción laboral, 65 de integración social, etc.

            Durante todos estos años en que las ONGs vienen trabajando en las prisiones españolas, sus actuaciones han evolucionado, ganando peso los programas de inserción laboral, perdiendo el carácter ingenuo de muchas de sus actuaciones y pretensiones.

            Su financiación la obtienen de distintas líneas de las Administraciones Públicas, en particular, de la convocatoria anual de subvenciones del 0’5% del IRPF.

            También a través del Organismo Autónomo de Trabajo y Prestaciones Penitenciarias, por lo tanto, de la propia Administración Penitenciaria, mediante convocatorias anuales de subvenciones Así se ha intentado orientar la participación de las ONGs en función de objetivos prioritarios según las necesidades detectadas por la Administración.

Otra novedad en este campo constituye el que la Administración Penitenciaria viene desarrollando desde hace dos años, otro tipo de colaboración con algunas ONGs especializadas en el ámbito penitenciario, concebidas en este caso como empresas de servicios con el objetivo de realizar, previo concurso, programas de formación, orientación o acompañamiento para la inserción laboral de los reclusos, a los que de alguna manera hacíamos referencia en el apartado correspondiente a la formación profesional ocupacional. Estos programas han sido financiados con aportaciones procedentes del Fondo Social Europeo.

            Algunas de las ONGs, presentes en el medio penitenciario, son católicas: Proyecto Hombre, Cáritas, Secretariado Gitano, Horizontes Abiertos, etc. Y también encontramos católicos en otras ONGs no confesionales.

8. La presencia en las prisiones de un sujeto cristiano.

            Entre los profesionales penitenciarios existe una cierta presencia de católicos que trabajan de forma aislada, conforme a su criterio individual, en muchos casos conformado por una experiencia personal o comunitaria de fe.

También encontramos a católicos en ONGs no católicas, caso de Cruz Roja y otras, que trabajan en las prisiones españolas. Ya hemos mencionado, anteriormente, la presencia de ONGs de específica orientación católica que agrupan a 2.847 voluntarios pertenecientes a un total de 112 comunidades religiosas, 52 movimientos apostólicos y 74 Cáritas (parroquiales o diocesanas).

            No olvidemos, por otra parte, la existencia de capellanes católicos en todos los centros penitenciarios (136 sacerdotes), que desarrollan una labor evangelizadora y catequética, en ocasiones apoyados por alguna de las asociaciones de voluntariado católico mencionadas en el párrafo anterior, que le auxilian en esas labores espirituales y litúrgicas y realizando otras funciones que lindan ya con el campo específico de las ONGs antes mencionado: gestión de recursos, acompañamiento, intermediación, etc.

            Pero con todo, la presencia católica, aunque se intenta coordinar e impulsar desde la Pastoral Penitenciaria (encuadrada a su vez en las estructuras diocesanas, siendo 45 las diócesis españolas que tienen el correspondiente secretariado o delegación), carece aparentemente de vigor y atractivo en líneas generales. Es espectacular la observancia del ramadán en algunas prisiones andaluzas. Conmueven y sorprenden algunas conversiones producidas en el seno de ONGs de confesión evangélica (REMAR, RETO, etc.)

Los católicos actuamos, en general, con complejos, intentando pasar desapercibidos y ocultando de alguna manera nuestra fe.

            La razón última del actuar cristiano es Cristo. Cristo en una prisión, al igual que en el resto de la sociedad, se hace presente mediante una compañía humana concreta, en unos rostros reconocibles que un día llegarán a ser amigos, si Él quiere.

            Cuando esa presencia humana vive en una comunidad concreta y reconocible que desarrolla una vida propia, se vuelve atractiva, llega a humanizar a personas que entablan relación con la misma, constituyendo oportunidad evangelizadora y de conversión.

            Para un profesional penitenciario, para un voluntario católico, el interno con el que se contrasta cara a cara, requiere respeto a su intimidad, conciencia de su libertad, ser libre de las pretensiones que pueden crearse ante su futuro. En cualquier caso, un ejercicio de sentido común. Además, cada encuentro, es ocasión para descubrir de nuevo las exigencias y preguntas que nos unen y, a partir de ello, la verificación de la propuesta cristiana.

La educación en la libertad, entendida como riesgo, puede ser ocasión de encuentro con la verdad, una oportunidad que puede estar presente en las prisiones.

El encuentro entre los cristianos que, de una u otra forma, participamos en el medio penitenciario, con el interno, sólo es posible si es real, si se trata de una relación entre iguales, en el sentido de vivir todos el común límite humano con la tensión hacia la realización de la propia humanidad.

Para volver a ser hombres no sirven sólo las leyes del Estado, de las que los reclusos conocen sobre todo, su lado de hipocresía y violencia. Se trata, en definitiva, de sustituir una pertenencia por otra, lo que puede facilitar cambiar de deseos.

Y para llenar de contenido a la palabra realismo, tantas veces mencionada en este texto, es necesario hablar de pecado original y caridad.

La pérdida de la conciencia de pecadores traslada el problema del mal a los demás, lo que desemboca en un fariseísmo. Además, sin esa conciencia de pecado, uno ya no sabe quién es él y, por lo tanto, ya no sabe quiénes son los demás.

El pecado original explica que, pese a un diagnóstico preciso, un programa concreto bien atado, y otros elementos que pretenden asegurar como inevitable el futuro de la vida y las decisiones de un interno, pueda llegar a fracasar en las expectativas creadas a los penitenciarios que trabajan en su caso. Esta conciencia realista proporciona al católico un juicio cultural que tiene en cuenta la libertad de la persona, factor que la práctica concreta de muchas Ciencias Humanas pretende, de alguna manera, anular. El cristiano tiene la experiencia concreta y la esperanza de que, en el ejercicio de la libertad humana, no es realista depositar su consistencia en las propias fuerzas, sino en OTRO que actúa de forma misteriosa.

            La educación como medio de humanización y de desarrollo integral de la personalidad, teniendo a la libertad como tensión. Y, para el católico, la mayor posibilidad de desarrollo integral, de humanidad, tiene un rostro, Cristo, y un lugar, la Iglesia. Por ello, la educación en la libertad no la concibe como una mera capacidad de elección, sino como adhesión a la verdad.

Aquí entendemos la educación como un riesgo, constituyendo la propia persona que educa una propuesta de libertad a través de un encuentro personal.

Octubre de 2000.

BIBLIOGRAFIA

-             Mayor Oreja, Jaime y otros, Revista de Estudios Penitenciarias Extra 1(Ministerio del Interior - Secretaría General Técnica, Madrid 1999).
-             Legislación Penitenciaria (Dirección General de Instituciones Penitenciarias, Madrid 1996).
-             Manual de ejecución penitenciaria. Defenderse en la cárcel (Cáritas, Madrid 1999).
-             Compadre Díez, Agustín, Trabajo con grupos (Dirección General de Instituciones Penitenciarias, Madrid 1995).
-             Informe General 1998 (Dirección General de Instituciones Penitenciarias, Madrid 2000).
-             Ferrante, Mariella – Leonardi, Anna, «El sexto sector»: Revista internacional de Comunión y Liberación, Huellas  Nº. 2. (2000).
-             Valente, Gianni, «¿Hijos de un Dios menor?»: Revista 30 días en la Iglesia y en el mundo, 6/7 (2000) 40-43.
-             Giussani, Luigi, Educar es un riesgo (Ediciones Encuentro, Madrid 1999).

 

El catolicismo social español en la actualidad: Entrevista al Presidente de Foro ARBIL.

     Un breve repaso a la actualidad del catolicismo social español de la mano del  Presidente de Foro Arbil.

 

José Luis Orella Martínez. Navarro de 34 años. Profesor asociado del CEU San Pablo. Autor de la tesis doctoral “Víctor Pradera y la derecha católica española” y de diversas monografías de temática histórica. Ponente en varios congresos de historia y en el de “Católicos y vida pública”. Portavoz del Foro El Salvador, del País Vasco. Buen conocedor de los ambientes católicos españoles. Con muchos amigos en diversos movimientos eclesiales y Universidades.

 

Pregunta: Edición nacional de “Alfa y Omega”, suplemento religioso del diario La Razón, creación de nuevas universidades católicas, congreso de  “Cristianos y vida pública”, debate público sobre las elecciones organizado por la Compañía de las Obras, constitución de Foro El Salvador. ¿Son hechos aislados o constituyen un síntoma de que “algo se mueve” en el catolicismo social español?

 

Respuesta: Es un síntoma de madurez y de que los frutos del Concilio Vaticano II, bien encauzados por Juan Pablo II, están incentivando la participación en la sociedad de unas generaciones de jóvenes católicos que no tienen vergüenza de decir públicamente que lo son y que intentan construir una realidad desde su laicado.

 

P.: Foro Arbil, ¿puede jugar un papel en este movimiento?

 

R.: Desde luego. Nuestro Foro nació para ayudar a cristianizar la calle desde el ámbito cultural: Desde las tertulias de café, conferencias, revista en internet y colaborando con todos los grupos especializados en una acción positiva. Por esta cuestión, Arbil ha fomentado las iniciativas provida, la convivencia en las regiones supeditadas a nacionalismos intransigentes y la realización del hombre a través de un trabajo en justas condiciones.

 

P.: En el origen de varias de las iniciativas citadas, está la Asociación Católica de Propagandistas. ¿Puede convertirse la AC de P en factor de unión e impulso de todos los católicos y grupos españoles interesados en la praxis social?

 

R.: La AC de P ha demostrado en su historia, su capacidad de formar un laicado católico acorde con los tiempos y que ha respondido con brillantez al reto de la presencia de los católicos en la sociedad. En su momento consiguió aglutinar a personas de diversas ideologías. En la actualidad, su papel a través de los “congresos de católicos y vida pública” está en servir de punto de unión e ignición conjunta de todos los grupos católicos con ganas de transformar la sociedad en un sitio donde el hombre disfrute de su vida.

 

P.: La sociedad española se convierte, progresivamente, en un desierto. El modelo relativista-consumista se impone desde el poder, contando para ello con la mayor parte de los medios de comunicación, la política, gran parte de los medios educativos. La Iglesia católica, ¿puede constituirse en una alternativa cultural a la mentalidad dominante, con una presencia social activa, o debe replegarse en la práctica litúrgica y sacramental?

 

R.: De ningún modo la Iglesia debe replegarse. El católico, de por sí, es un ser sociable y como tal, protagonista de la historia. Sin embargo, el relativismo actúa en nuestras conciencias con la fuerza de un ácido, al meter la desesperanza y empujar a la juventud a vivir el presente, por la desconfianza que presenta un futuro incierto en lo personal y profesional. La Iglesia tiene la misión de preservar, como lo hizo en el pasado, los valores de nuestra cultura –que nacen de la experiencia cristiana- y difundirlos para contrarrestar el efecto nocivo de un relativismo que esteriliza la sociedad.

 

P.: El envejecimiento de los integrantes de las órdenes religiosas, junto al factor demográfico, implica el cierre de decenas de colegios católicos cada año. ¿Qué alternativas se le ocurren para suplir esas graves carencias de la enseñanza católica?

 

R.: La participación de un laicado preparado en la educación y la aparición de iniciativas de asociaciones de padres que buscan en los nuevos movimientos eclesiales la inspiración espiritual que quieren para sus hijos, está rejuveneciendo –en cierta medida- el panorama educativo, proporcionándole mayor vigor. No obstante, la caída de la natalidad es otro de los problemas capitales, que los centros católicos intentan suplir dando una mayor calidad.

 

P.: Un tema muy difícil, y que genera división entre los católicos, es el de la acción política. Parece, a priori, que solo es posible trabajar en política, bien desde posiciones testimoniales o bien integrándose en el sistema de la mano de algún partido parlamentario con pérdida de la identidad católica. ¿Existe alguna alternativa a esa dualidad?

 

R.: Los católicos deben actuar en todas las actividades de la sociedad. En el campo de la política, la posibilidad de actuar dentro de los partidos del sistema es plausible, siempre que se pueda influir en las decisiones finales y no se sirva de falsa pluralidad. Por tanto, como ya ocurrió en el pasado,  ante la evidente sequía de alternativas políticas coherentes con el catolicismo, los activistas católicos deben crear ámbitos –concretos y reconocibles- donde se forje esa respuesta católica fresca a la demanda social. El problema de la marginalidad de estas propuestas lo es por la ausencia de apoyo de los medios católicos y del respaldo de personalidades, hechos que favorecen la dispersión de fuerzas y que las iniciativas queden colapsadas por la falta de apoyos.

 

P.: En la campaña electoral se ha desarrollado un fenómeno novedoso. En diversos movimientos eclesiales, páginas web, incluso en algunos medios de comunicación, se han expresado diversas opiniones sobre el voto de los católicos. ¿Significa el inicio de una mayor conciencia entre sectores católicos de nuestra sociedad?

 

R.: No cabe duda. Los católicos deben influir con su voto en el modelo de sociedad que queremos construir y no debemos darlo de forma gratuita a personas que luego llevan políticas contrarias a nuestra conciencia. Por tanto, la presencia valiente y militante de los católicos hará un bien para sanear un ambiente que necesita limpieza y la necesaria sustitución de una generación gastada que reduce al catolicismo al ámbito erróneo de lo privado.

 

P.: En el País Vasco, la situación política es de una fuerte confrontación social. ¿Cuál puede ser el papel de los católicos en un conflicto tan complejo?.

 

R.: La fuerte influencia nacionalista en la sociedad vasca ha impedido una mayor sensibilidad hacia los ciudadanos no nacionalistas. Hasta ahora la Iglesia, por la simpatía de mucho clérigos hacia el nacionalismo, no ha  permitido ver la marginación de una parte importante de la ciudadanía, que estaba perdiendo a muchos de sus miembros en cruentos ataques terroristas. La ausencia de ese apoyo materno ha posibilitado una frialdad hacia la Iglesia, en una región rica en densidad religiosa. No obstante, la aparición de colectivos como el Foro de El Salvador ayuda a combatir la idea de que las víctimas del terrorismo o que los ciudadanos que carecen de voz por la imposición en la política, y especialmente en el mundo laboral, del nacionalismo, están olvidadas.

 

P.: ¿Puede la Iglesia crear una alternativa de amor a la cultura del egoísmo etnocéntrico?

 

R.: La misión de la Iglesia en el País Vasco debe ser la de crear los cimientos de la cultura del amor, de un nuevo sujeto que incentive la convivencia y rechace la formación de una sociedad uniforme en los principios del nacionalismo que excluye, a parte de los ciudadanos, por pensar de una manera diferente.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº  36 – 37, julio – agosto de 2000

Voto en blanco: 366.000 votos que no cuentan.

El voto en blanco ha alcanzado una dimensión, en las elecciones españolas, que no puede pasar desapercibida. Una reflexión personal sobre el tema.

 

Votos en blanco emitidos el 12 M.

            Ha transcurrido más de un mes desde la celebración de las elecciones generales el pasado 12 de marzo de 2.000, con el resultado ya conocido y valorado en este mismo medio digital (ARBIL, Nº 30).

Del total, fueron emitidos algo más de 366.000 votos en blanco, el 1’58%.

            Un porcentaje similar, incluso superior, ya se emitió en anteriores elecciones. Por ejemplo, en las europeas del “13 J”, fueron algo más de 400.000, un 1’70%.

En el País Vasco y en Navarra se ha contabilizado un importante número de votos en blanco, que ha rondado en torno al 4%, sin duda un porcentaje significativamente superior al del resto de España. Ello ha sido así, pues se pretendía, en muchos casos, sumarse al voto emitido sin identificarse con ningún partido político concreto, y evitar con ello ser engullidos por la abstención activa propugnada por Euskal Herritarrok. En concreto en Navarra, el voto en blanco es, numéricamente,  la 4ª “fuerza política”.

            Pero en el resto del Estado, con un porcentaje inferior al de Navarra y el País Vasco, la justificación del voto en blanco es más difícil. Partiendo de que el voto en blanco es voto emitido y válido, al valorarlo se constituye en un cajón de sastre en el que hay tantas motivaciones como votantes que han optado por esa opción.

 

Valoración del voto en blanco.

            Es más. El voto en blanco es el voto menos considerado una vez celebradas unas elecciones. La abstención, mayor o menor, siempre es objeto de reflexión y de preocupación según el caso. Pero el voto en blanco no cuestiona a los políticos ni quiebra las bases del sistema. Por ello, podría decirse, incluso, que “fortalece al sistema”. En resumen, desde una perspectiva táctica, es un voto que no produce efecto alguno. Al menos en la actual situación.

De hecho, en el diario “El País”, en las dos semanas siguientes, han sido publicadas, al menos tres cartas al Director en las que se recogía la desazón de los lectores por no ser valorado ese voto en blanco.

Conocemos los límites del sistema. Poco podemos, en la práctica, exigir a nuestros políticos. Pero en el caso del voto en blanco, es imposible articularlo de forma operativa en la realidad social y política.

Pues, ¿qué grupos o líderes, arrogándose tales votos, pueden negociar, presionar o hacer valer de alguna manera los intereses que hay detrás del voto en blanco? Además, ¿de qué clase de intereses se trata?

 

Los católicos y el voto en blanco.

A lo largo de la pasada campaña electoral se han elevado algunas voces, desde medios católicos muy concretos, propugnando el voto en blanco (tanto en artículos de prensa diaria, como en alguna emisora de radio e internet). Es positivo que la conciencia crítica de los católicos se desarrolle y se manifieste de forma plural y libre. Por ello, bienvenido este debate y  bienvenidas esas voces.

Frente al voto en blanco, el voto emitido por muchos católicos a opciones concretas (en particular al Partido Popular) es una apuesta por la realidad, que puede posibilitar a la Iglesia mayores cuotas de libertad.

La pertenencia a la Iglesia facilita vías operativas que, desde el voto en blanco, no es posible ni concretar ni exigir. Y esas vías operativas de la libertad de acción de la Iglesia, en las circunstancias históricas que nos ha tocado vivir, se concretan en las obras por las que de forma carnal y humana extiende su misión entre todos.

No se trataría, por lo tanto, de la elección del “mal menor”, como del “bien posible”. Un sano ejercicio de realismo.

Los partidos estatalistas (PSOE, IU) son beligerantes ante la Iglesia y sus obras. El PP, aunque no es un partido católico, al menos sobre el programa y en iniciativas concretas, respeta la libertad de la Iglesia. Y no olvidemos la presencia innegable de políticos católicos en su seno; lo que constituye una posibilidad que no conviene excluir. En vez de huir de la realidad, aprovechémosla. Y ello en beneficio de la Iglesia, no del Partido Popular.

Veamos otro aspecto. No es realista pretender que un partido político no católico, aunque con cierta sensibilidad hacia la libertad y el papel social de la Iglesia,  restaure un ilusorio orden político cristiano. Por ello, debe ser el realismo la primera norma de actuación. Realismo para asumir lo positivo de cada situación y trabajar en la sociedad en obras concretas que nos permitan a los católicos ejercer la misión que esta sociedad necesita.

No es realista, por ejemplo, pedir al PP la prohibición del aborto, cuando ni siquiera figuraba tal pretensión en su programa electoral. Si es realista, en ese sentido, solicitar subvenciones para las casas de acogidas de los diversos grupos pro – vida, en beneficio de las madres embarazadas y del “nasciturus”.

No podemos pedir a los políticos que desarrollen iniciativas para “cristianizar” la sociedad, cuando los católicos no tenemos el valor de pregonar nuestra fe fuera de las sacristías y de otros ámbitos muy cerrados.

Los católicos han sido siempre muy realistas en cada coyuntura histórica. Y si el poder dominante y su entorno cultural no eran cristianos, la pretensión de los cristianos ha sido en primer lugar vivir de forma cristiana y hacer misión entre las gentes.

San Agustín y su filosofía de “las dos ciudades” nos sigue proporcionando claves para un ejercicio de realismo y acción en la realidad contemporánea.

 

La Iglesia y su pueblo.

Por último, considero que existe una razón de fondo que explica muchos comportamientos.

La Iglesia siempre ha generado un pueblo. Y un pueblo debe actuar como tal. Hoy día, la atomización individualista también se ha instalado en el seno de las comunidades cristianas. Así se entiende que haya católicos que votaran al PP, al PSOE, a IU, a partidos nacionalistas, que se abstengan o que voten en blanco. En definitiva, también el individualismo caracteriza a la acción de algunos sectores católicos.

Desde otras realidades de la Iglesia se ha intentando actuar en política como un pueblo, con una conciencia de pertenencia. De ahí su apuesta decidida, aunque crítica, por el voto al P.P.; con una conciencia clara de que la salvación no viene de la política, sino de la Iglesia.

Por ello, seguramente, el principal objetivo de los católicos hoy día sea la misión, creando obras reconocibles entre las gentes, buscando la regeneración de un pueblo en marcha por la historia.

Texto inédito, junio de 2000

Los cristianos y el sindicalismo español en el último tercio del siglo XX.

En el panorama sindical español existe una significativa presencia de cristianos. Es más, la historia de muchas de las actuales organizaciones sindicales no puede entenderse sin su aportación. Pero, desaparecidos los sindicatos confesionales, ¿qué criterios, en este campo, puede seguir un cristiano que vive también el mundo del trabajo desde la fe y la pertenencia a la Iglesia?

Introducción.
Aunque, jurídicamente hablando, sindicato lo es tanto una asociación de obreros como una agrupación de empresarios, popularmente y como fenómeno sociológico, por sindicalismo se entiende el llamado “de clase”.
Se trataría, pues, de agrupaciones de obreros y campesinos pobres, proletarios en suma, que se asocian con un interés defensivo ante los patronos y los poderosos, con una finalidad transformadora y un compromiso internacionalista. Su ideología sería comunista, socialista o anarquista.
Pero esa delimitación conceptual “clásica” no corresponde a la realidad histórica, pues con ella se deja fuera a importantes movimientos como fueron los sindicatos católicos españoles, cuya presencia arranca de las últimas décadas del siglo XIX, eclosionando en los años 20 y 30 del siglo XX hasta su “integración” en la Central Nacional Sindicalista surgida de la guerra civil.
Actualmente, el sindicalismo de clase aspira a la exclusiva representatividad de las llamadas “clases trabajadoras”, desbordando el tradicional concepto de “clase proletaria”. Coincide esa transformación en el tiempo con la desaparición del sindicalismo confesional católico, fenómeno paralelo al sucedido en otros países, si bien siguen existiendo sindicatos en Europa y América Latina de clara orientación cristiana.
Eso no quiere decir que no existan cristianos trabajando en el seno de organizaciones sindicales. Pero quiénes así actúan, lo hacen de forma individual, como consecuencia de su compromiso personal, suscitado en muchos casos por concretas comunidades cristianas.
Que no exista en España un sindicalismo específicamente católico es consecuencia, además de causas históricas muy concretas que pasan por el periodo franquista, de la “política” de la Jerarquía católica, que no ha apoyado la existencia ni de partidos políticos ni de sindicatos confesionales en el actual régimen; en buena medida en consonancia con las orientaciones derivadas del Concilio Vaticano II y el impacto de corrientes políticas y sindicalistas izquierdistas que suscitó el “mayo del 68” en muchos movimientos católicos.
En este artículo vamos a ver, de forma muy somera, la realidad del sindicalismo en España en las últimas décadas y la presencia en el mismo de un sujeto católico, pues ello nos puede aportar claves para comprender la actual situación y vislumbrar el futuro del mismo.



Antecedentes.
Con el “nuevo régimen”, todos los sindicatos “de clase” son declarados fuera de la ley, siendo sus militantes perseguidos y sus organizaciones disueltas.
Los sindicatos católicos y “libres” (la C.E.S.O), al igual que los minúsculos sindicatos falangistas (CONS), son integrados por Ley en la única Central Nacional Sindicalista, en la que se participaban obreros y patronos organizados en ramas de producción siguiendo un esquema semi-corporativista. Fuera de esa única organización sindical legal, como núcleos específicamente obreros, solo figuran los movimientos especializados de Acción Católica en ese ámbito: la HOAC (fundada en 1.946) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC).
Los sindicalistas de izquierdas encontraron, salvo los casos de estricta clandestinidad (CNT, básicamente) esos dos cauces para trabajar “sindicalmente”: la propia CNS (infiltrándose en la misma) y los movimientos apostólicos.
En los años 50 y, sobre todo, en los 60, surgen organizaciones ilegales con la pretensión de actuar en el mundo del trabajo y también de transformar la realidad política. En unos momentos actuaron dentro de la CNS y en otros casos lo hacen fuera, dependiendo de estrategias concretas. De forma paralela, se infiltran en HOAC y JOC, donde encuentran un numeroso grupo de obreros y clérigos formados en las nuevas corrientes teológicas, en parte derivadas del Vaticano II y que sufrieron el impacto del radicalismo izquierdista.
Entre esas nuevas organizaciones obreras, destacan dos: Unión Sindical Obrera (USO) y Comisiones Obreras (CC.OO.), si bien existieron otras. Así, destacaremos a la Federación Sindical de Trabajadores, que fue un intento de creación de un sindicalismo católico en la clandestinidad, de 1.958 a 1.960; fracasando en el empeño.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).
La Hermandad Obrera de Acción Católica es un movimiento apostólico especializado de la Acción Católica, siendo, por tanto, una organización impulsada por la Jerarquía de la Iglesia Católica.
Ha jugado un papel muy importante en el franquismo, al constituir una escuela de formación de militantes obreros y cristianos y un cauce organizativo que “escapaba” de la disciplina del Sindicato Vertical.
Varias personas extraordinarias influyeron, especialmente, en su historia: Guillermo Rovirosa, Eugenio Merino y Tomás Malagón.
De HOAC, y de otros movimientos apostólicos como la JOC, nació USO en buena medida. En HOAC también encontramos a los promotores de ediciones ZYX, a dirigentes del PSOE, a los fundadores años mas tarde de “Comunión y Liberación” en España, y a los actuales dirigentes del Movimiento Cultural Cristiano.
Por HOAC pasaron muchos cientos de militantes que desarrollaron –y desarrollan- su labor sindical en CC.OO. y UGT. No puede entenderse la historia reciente del sindicalismo en España sin la cobertura ofrecida al renacido movimiento obrero por esos movimientos apostólicos, los llamados “curas obreros”, numerosas parroquias y algunos conventos y Seminarios.
En la actualidad, HOAC sigue presente en la mayoría de las diócesis españolas (así, en la de Getafe, ya funciona, desde enero de 2.000, el primer grupo de 30 militantes de este movimiento apostólico), con apoyo de la Jerarquía. Por otra parte, forma parte de la Coordinadora de Movimientos Apostólicos de Acción Católica y tiene magníficas relaciones con la llamada “Iglesia de Base” y las Comunidades Cristianas Populares, con las que busca alguna modalidad de articulación. Está integrado por casi dos millares de personas, entre las que figura un número significativo de clérigos.

Unión Sindical Obrera (USO).
La historia de este sindicato arranca del llamado "grupo de Rentería”, cuyos primeros panfletos datan del ya lejano 1.958. Formalmente se constituye en 1.960, redactándose la carta fundacional en 1.961. Nace de un grupo de obreros de JOC y de HOAC y su vida se mezcla con la de esa organización apostólica y en el ámbito internacional con la central francesa CFTC (después, CFDT). De hecho, nace como consecuencia de la reflexión derivada del método empleado en los movimientos de Acción Católica: “ver, juzgar, actuar”. De hecho hasta 1.965 su vida se solapa con la de la propia JOC; si bien por razones de edad muchos de ellos pasarían después a HOAC.
Hoy día JOC, fundada en España en 1.947, continúa su existencia, aunque muy mermada, habiendo sufrido una escisión hace una década: la JOC-E.
USO sufre los avatares de las corrientes ideológicas de moda. Así, la influencia socialista autogestionaria fue muy fuerte, plasmándose de forma sucesiva en las estrategias “afirmación poder obrero” y “reconstrucción socialista”.
En abril de 1.977 es legalizada. En las primeras elecciones políticas apoya al PSP y la FPS. Sufre graves escisiones hacia UGT (liderada por el secretario general Zufiaur, septiembre de 1.977), CC.OO (1.980) y CNT.
El fenómeno polaco de “Solidaridad” también influye, al menos como “marca publicitaria”, iniciando su deslizamiento ideológico hacia la “autonomía” e “independencia”. En tal evolución, distanciándose del radicalismo, se desarrolla una estrategia de captación de independientes, siendo su momento álgido la entrada en USO de la CGDT (1.980).

CC.OO, UGT y CNT-AIT
Las primeras Comisiones Obreras (CC.OO.) surgieron a partir de grupos de militantes católicos, comunistas incluso falangistas (Centro Social Manuel Mateo, 1964), con una vocación unitaria pero rápidamente fueron dominadas por los militantes del Partido Comunista de España. En cualquier caso, hablar del sindicalismo clandestino en España durante el franquismo pasa inevitablemente por la historia de esas Comisiones Obreras que protagonizaron luchas importantes y estrategias diversas.
La antaño poderosísima Confederación Nacional del Trabajo (CNT-AIT) quedará, por fidelidad a la “acción directa” y a las directrices de la FAI en el exilio, fuera de esa estrategia, si bien algunos pensadores anarquistas son estudiados y conocidos en círculos católicos (caso de la labor editorial de ZYX).
La CNT-AIT en la transición sufrió un momento de espectacular auge, coincidiendo con las multitudinarias “jornadas libertarias” de Barcelona, pero a raíz del “caso Scala” entra en una profunda crisis, que desembocará en la escisión de los “posibilistas” en el congreso de Valencia.
De esa escisión surge, actualmente como cuarta fuerza sindical, la Confederación General del Trabajo (CGT). En esta confederación, dinámica y en relativo ascenso, también trabajan militantes de formación cristiana, procedentes de una pequeña escisión de USO, así como otros de los restos de CSUT (sindicato impulsado por el Partido del Trabajo de España, maoísta).
La CNT-AIT, en la actualidad, apenas desarrolla trabajo sindical, reduciéndose su presencia en el medio laboral y proyectando su acción en fenómenos marginales como el movimiento insumiso, “okupa”, etc.
La UGT socialista no se reconstruye hasta principios de los años 70 (salvo alguna limitada experiencia aislada). En la actualidad es la segunda gran organización sindical española, tras CC.OO, manteniendo magníficas relaciones con su partido hermano, el PSOE.

Otros sindicatos.
También en los últimos años del franquismo, otras organizaciones sindicales intentan asomar de la mano de partidos políticos radicales (FRAP, ORT y PTE), así como algunas de carácter nacionalista (SOC y ELA-STV).
Otros pequeños sindicatos ven la luz en los años de la transición con la seña de identidad de “independencia”: CDT, CGTI (unificados en CGDT) y la CTI del exfalangista y cofundador de Comisiones Obreras Ceferino Maestu. Ya hemos visto que parte de ellas recalan en USO en 1.980.
A finales de los años 70, y tras las primeras elecciones sindicales de la democracia (1.980), se observa que el número de “independientes”, tanto de pequeños sindicatos de empresa, como a personal, es muy elevado. Surgen algunos intentos de unidad de los anteriores, como es el caso de “Solidaridad Independiente”, de la que tras su congreso fundacional anunciado a bombo y platillo, nunca más se supo.
Progresivamente los independientes se van integrando en todo tipo de sindicatos, al no poder competir con los servicios ofertados desde las grandes confederaciones sindicales.
Incluso desde las formaciones de la extrema derecha se realizan incursiones en el mundo sindical, a través de siglas como FNT, UNT, ASNT y CONS. Salvo éxitos aislados y por escaso tiempo (caso de FNT en el taxi madrileño y CONS en Valencia) tales intentos no pasaron de lo anecdótico.
En estos primeros años de la transición se consolida el sindicalismo nacionalista. ELA-STV, de origen católico, se consolida como primer sindicato en la Comunidad Autónoma Vasca, siendo casa común de todos los nacionalistas no radicales, superando la escisión de ELA Askatuta. El sindicato radical LAB, impulsado desde KAS, surge en la escena vasca, con un estilo propio reivindicativo e innovador en ascenso.
Convergencia Intersindical Gallega surge de la unión de INTG y la asociación campesina gallegista. Constituye una correa de transmisión del pujante nacionalismo radical del Bloque Nacionalista Gallego, mejorando de forma progresiva sus resultados y su acción sindical, siendo sindicato de referencia obligada en Galicia en prácticamente todos los sectores laborales.
En el mundo del funcionariado, una confederación de marca “independiente” surge, a partir de numerosos sindicatos nacidos en sectores muy concretos de la Función Pública. También aquí encontramos a católicos actuando de forma individual. Hablamos de la CSI-CSIF.
Aunque la lógica de una legislación que prima a los sindicatos mayoritarios llevaba a la confluencia de CSI-CSIF con USO, tal no se produce. Si bien debemos señalar que ambas confederaciones son complementarias. En el mundo de la Función Pública USO apenas tiene incidencia (salvo enseñanza), siendo el medio natural de CSI-CSIF. Por su parte, en el mundo de la empresa privada, CSI-CSIF apenas tiene representación.
Persisten algunos sindicatos muy radicales, como el SOC andaluz, el SU, ESK - CUIS, etc.; siendo su implantación local y muy desigual.
Fuera de las organizaciones mencionadas quedan importantes organizaciones sectoriales, como el poderoso Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), la CEMSATSE (médicos y ATS de la sanidad pública), el SAE (auxiliares de clínica), el ANPE (sindicato independiente de las enseñanzas medias públicas), el SEMAF (en RENFE), la UCSTE (izquierda radical en la enseñanza, tanto pública como privada) y diversas organizaciones sectoriales de las policías Nacional y locales (SUP, SPPU, SG, ARNE, SPF, etc.), Correos, Banca (FITC) y Cajas de Ahorro, administraciones autonómicas y locales, etc.
Otro sector con presencia sindical es el agrario, aunque con carácter empresarial, por lo que quedaría fuera de este análisis. Organizaciones tradicionales (Jóvenes Agricultores, COAG) compiten con otras de nuevo cuño, como la impulsada desde UGT (Unión de Pequeños Agricultores) u otras de carácter nacionalista como EHNE.
Como conclusión de este breve repaso a las organizaciones sindicales existentes en España, vemos cómo el marco jurídico existente, pese a los porcentajes que establece para determinar la representatividad desde un criterio mayoritario (favoreciendo a los grandes y ahogando a los más pequeños en la negociación y discriminando vía subvenciones), no ha conseguido eliminar el pluralismo del sindicalismo español.

Presencia de un sujeto cristiano en el mundo sindical.
Hemos visto que son muchos los militantes cristianos que trabajan en diversas organizaciones sindicales. De alguna manera, los procedentes de HOAC y JOC, tributarios de su concreta metodología y su concepción eclesiológica, militan preferentemente en UGT, CC.OO, CGT, UCSTE y también en USO.
Otros católicos, vinculados a otras realidades eclesiales, militan en CSI-CSIF, CEMSATSE, ANPE y USO.
Y no olvidemos el origen católico del sindicato nacionalista ELA-STV, donde militan muchos católicos y sindicalistas antes independientes.
Pero creemos que no se trata de hablar y actuar conforme a los tradicionales esquemas de “derecha” e “izquierda”, trasladándolos a las realidades eclesiales.
El mundo del trabajo está experimentando una evolución rapidísima e imprevista. Así, por ejemplo, la apertura del sindicalismo “de clase” a nuevos sectores sociales (funcionariado, autónomos, fuerzas de seguridad), años atrás considerados como sospechosos por la “clase obrera”, era inimaginable hace unas décadas. Por ello, apegarse a viejas formulaciones (mundo obrero, conciencia de clase, militancia obrera, etc.) es ir al fracaso, al servirse de categorías y realidades en recesión.
Desde esta perspectiva, el compromiso personal, concretado en la “militancia” individual, quedaría superado por el criterio de pertenencia a las realidades vivas de la Iglesia.
Por otra parte, hay que considerar que el movimiento obrero en particular y sindical en general, han perdido buena parte de la capacidad transformadora que le caracterizaron décadas atrás, convirtiéndose en meros gestores de fondos públicos y de otros recursos de la vida laboral, insertados plenamente en el sistema.
Hoy día, para un cristiano, la llamada a la “nueva evangelización” impulsada por Juan Pablo II debe ser horizonte inmediato. Y esa evangelización pasa, en primer lugar, por el testimonio personal y el encuentro “cara a cara”. Y para ello, las estructuras sindicales que hemos descritos antes, no son fundamentales; aunque ello no quiere decir que, como ámbito muy importante de la vida, los cristianos no puedan también trabajar en el seno de las mismas con un espíritu transformador y misionero.
Si queremos que la Iglesia sea una realidad identificable también en el mundo del trabajo, como una presencia humana, es precisa la creación de un nuevo sujeto cristiano.
La razón última del actuar en sindicalismo no sería, pues, un voluntarismo que pretende unir esferas disociadas de la existencia. Se trabajaría en el sindicalismo como expresión de la vida nueva encontrada en la Iglesia, como una dimensión no dualista de una vivencia integral de la fe en el seno de la comunidad cristiana. Y con esa perspectiva, se abriría la posibilidad de dignificar la acción sindical, rescatándola del oportunismo en que se encuentra sumida.
No hay futuro para un sindicalismo católico que no pase por la recuperación de un pueblo por la Iglesia.
Los nuevos movimientos que tienen esa clara conciencia, constituyen la posibilidad de “recreación” de ese pueblo que también puede ser visible en el mundo sindical.
Al igual que los partidos políticos, no todos los sindicatos respetan de idéntica forma la libertad de actuación de la Iglesia. Por ello, el trabajar en el interior de aquellos sindicatos que faciliten la actuación de ese sujeto cristiano, es una manera realista de ser presencia en el mundo laboral. Es más. Para algunos sindicatos de clase, el cristiano es un sospechoso que debe renunciar a su identidad más auténtica, debiendo revalidar su admisión en el grupo continuamente mediante un test de “fiabilidad sindicalmente correcta”.
Un cristiano que actúe sindicalmente debe considerar qué espacio se concede, en el sindicato en el que trabaja, a principios fundamentales como el principio de subsidiariedad, el derecho a la vida, la libertad de enseñanza, la justicia distributiva, etc.
Un nuevo sujeto católico en el mundo del trabajo debe partir de una identidad netamente católica, en que la pertenencia eclesial, la experiencia comunitaria y la creatividad social, sean características de esa presencia evangelizadora.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 32, abril de 2000

¿Un “gramscismo” católico?

     La “Compañía de las Obras” representa un eslabón actual en la larga historia de la presencia social de los católicos. Constituye una forma novedosa de creación de cuerpos intermedios, conforme a los principios de la Doctrina Social católica, derivada de una vivencia integral de la fe ante los retos cotidianos de la vida.

 

La “metapolítica”.

            La década de los años 80 aportó, procedente de Francia fundamentalmente, cierta novedad: un método de trabajo cultural atractivo, una propuesta de acción “metapolítica” totalizante, un discurso “gramsciano” de derechas que suscitó interés, en particular, en  desengañados de la estéril praxis política de las llamadas “fuerzas  nacionales” y en otros ambientes.

            Ya en 1.979 Planeta editó el libro “La nueva derecha” de Alain de Benoist. En 1.983 sale el primer número de la revista “Punto y Coma” y Ediciones de Nuevo Arte Thor lanza su colección de libros “El laberinto”. En 1.984 se edita el primer número de “Fundamentos para una nueva cultura”. En 1.985 se intenta crear una asociación en esa línea: el “Centro de Estudios para la Recuperación de la Cultura Europea”, que naufragó al poco tiempo.

            Se trató de un fenómeno pasajero. De todo ello persisten algunas páginas web en internet y las revistas “Hespérides” y “Prometeo”, que tras la crisis sufrida por esa “Nueva Derecha”, retoma algunos de sus temas centrales y planteamientos fundamentales. Unos pocos quedaron atrapados en esa telaraña, asumiendo métodos, formas y contenidos de la misma, llegando a comulgar con el explícito paganismo subyacente en esas propuestas de la Nueva Derecha, en abierto rechazo al cristianismo (entendido como causa última del denostado igualitarismo, origen -a su juicio- de la decadencia europea).

            Algunos consideramos, en su día que, rechazando el paganismo y muchas de sus posiciones ideológicas, la metodología planteada era interesante: trabajar el mundo de la cultura para que, a largo plazo, se facilitara un cambio de mentalidad y valores que pudiera favorecer una transformación social, incluso política.

            De todo ello podemos extraer una enseñanza: la importancia del “trabajo cultural” –su elaboración y difusión- en la sociedad moderna por parte de cualquier concepción vital que pretenda ser globalizante y transformadora.

 

Comunión y Liberación.

            También en los años 80 se empezó a conocer la labor social, cultural y política que desarrollaban los hombres y mujeres del movimiento católico “Comunión y Liberación” en Italia y que, por entonces, comenzaba a difundirse también en España.

            En Italia estos católicos comprometidos no sólo no desdeñaban la lucha política directa, sino que la practicaban a través de una corriente  organizada, inserta en la histórica D.C.: el “Movimento Popolare”, que capitalizó buena parte de las energías empleadas por ese entorno en aquellos años, sin descuidar múltiples iniciativas educativas, sociales, caritativas, culturales y de medios de comunicación.

 

La “Compagnia delle Opere”.

            En los años 90, la fase madura de presencia social de esos católicos en la vida pública italiana, ya disuelto el “Movimento Popolare”, generó la “Compagnia delle Opere” (CdO), que ya existía con anterioridad.

            Se trata de una asociación sin ánimo de lucro constituida el 11 de julio de 1.986, que reúne actualmente a más de 10.000 socios de todo tipo: medios de comunicación, pequeñas y medianas empresas, obras caritativas, entes culturales, centros educativos, ONGs, personas físicas, cooperativas productivas y de servicios, gabinetes profesionales y diversas empresas sin ánimo de lucro.

            El artículo 4 de sus estatutos señala que tiene por finalidad “promover el espíritu de mutua colaboración y asistencia para una mejor utilización de recursos y energías, para ayudar a la inserción de jóvenes y parados en el mundo del trabajo, en continuidad con la presencia social de los católicos a la luz de las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia”. Y en ese empeño también participan católicos que no forman parte de CL, así como no católicos.

            La adhesión a esa asociación no implica participación accionarial ni control en la gestión de cada uno de los entes.

            La CdO ha sido eje, en estos últimos años, de algunas batallas civiles que, bajo el slogan de “Más sociedad, menos Estado”, se han planteado en el mundo de la educación y por el reconocimiento del principio de subsidiariedad en Italia.

            Quienes hayan asistido al “Meeting per l’amicizia fra y popoli”, una imponente manifestación cultural organizada por estos católicos que desde hace 20 años se desarrolla en el mes de agosto en la localidad adriática de Rimini, habrán podido observar atónitos un espectáculo multitudinario, desbordante en iniciativas de todo tipo, con un entusiasmo y una alegría contagiosa, generalmente ausentes en los ambientes católicos españoles.

            Constituye, pues, una fórmula novedosa de acción social de los católicos en el tejido de la sociedad italiana, con una clara conciencia de pertenencia y de pueblo, que retoma la impresionante tradición católica de creatividad e iniciativa social.

 

La CdO en España.

            José Miguel Oriol, presidente de la Compañía de las Obras en España, al constituirse la misma en julio de 1.998, resumía su filosofía en que “la CdO nace abierta al mundo con la conciencia de querer ser la expresión de la acción de Otro; nuestra única tarea es la de poner nuestra audacia ingenua al servicio de la Gracia”. Todo lo contrario, pues, de un frío análisis cultural y estratégico que pudiéramos calificar de gramsciano.

            Por otra parte, otras características diferencian a la Nueva Derecha de la CdO. Así, la Nueva Derecha es elitista y voluntarista. La Cdo, al igual que muchas de las iniciativas sociales católicas, es popular  y con una marcado sentido de pertenencia.

            En España, esta realidad, aunque muy reciente y numéricamente mucho más pequeña que la italiana, no ha pasado desapercibida, en su nacimiento, para algunos medios de comunicación. Así la revista “Tribuna”, en un artículo publicado el 21/07/99, calificaba a esta asociación como “la patronal religiosa”, siendo su finalidad la de controlar miles de empresas españolas; calificándola de “grupo de presión”.

            Ni la perspectiva “gramsciana”, ni el juicio “políticamente correcto” de la citada revista, explican iniciativa semejante.

            La Iglesia en acción, al afrontar sus hombres y mujeres los problemas cotidianos de la familia, la educación, la economía y la sociedad; permite afrontar la realidad con realismo, generando una creatividad asociativa a todos los niveles. La fe, si se vive de forma no dualista, genera una presencia social en ámbitos dispares que pueden ser ocasión de testimonio y evangelización. Sin duda tal concepcíon contrasta con el papel que los poderes dominantes hoy día conceden a la religión: limitar su incidencia al reducto íntimo de la conciencia individual, negando su incidencia incluso en el ámbito familiar.

            La historia de la Iglesia nos muestra cómo muchas de sus obras surgieron fruto, no de fríos cálculos teóricos o estratégicos, sino de una vivencia integral de la fe. Esa vivencia genera un pueblo que encarna, en la vida social, a la Iglesia de una forma reconocible y atractiva. Y como elaboración teórica posterior a esa presencia social, está la Doctrina Social de la Iglesia; no como postura o reducción ideológica, sino como reflexión autocomprensiva.

            En la, ya dos veces milenaria, historia de la Iglesia tenemos un enorme número de ejemplos de la creatividad aludida; que, por otra parte, se anticiparon en muchos años a las soluciones planteadas posteriormente desde otros ámbitos sociales o desde el estado. Sin duda, todo ello, expresión de la viveza proporcionada por la pertenencia al pueblo católico.

            En este artículo hemos visto de cerca la CdO como un ejemplo más de esa larga cadena que constituye en la historia la presencia social del catolicismo; por ser una realidad actual y cláramente reconocible.

            La dirección en internet de la página web de la CdO en España es: http://www.teleline.es/personal/cdoesp

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 28, enero de 2000

La Iglesia católica y el Líbano.

     En Líbano radica una de las comunidades cristianas más antiguas: la Iglesia maronita. Pero, junto a ella, comunidades con otros ritos  también mantienen la presencia católica en esa castigada tierra.

 

            La Iglesia católica está presente en Líbano, además de la latina, por parte de comunidades de diferentes ritos orientales, siendo la maronita la más numerosa, habiendo marcado profundamente la historia de Líbano.

 

La Iglesia Maronita.

            La Iglesia católica tiene dos raíces. La occidental o romana, y la oriental. Dentro de esta segunda, cuatro son las sedes patriarcales que han marcado su historia: Jerusalen, Alejandría (Egipto), Antioquía de Siria y Costantinopla.

            Dentro del grupo de Iglesias que arrancan de Antioquía, existen dos grupos: sirio - occidental y sirio - oriental. La Iglesia Maronita forma parte del grupo sirio - occidental, siendo el siríaco su lengua litúrgica. Se integra, pues, de lleno en la tradición cristiana oriental, siendo su pueblo uno de los de raíces más antiguas de toda la cristiandad.

            La Iglesia maronita es la única de todas las orientales que ha permanecido en plena comunión con Roma durante todos estos siglos, pese a las tremendas pruebas sufridas por esta Iglesia por parte monofisitas, bizantinos, mamelucos y turcos.

            El nombre de esta Iglesia particular procede de San Marón, monje  anacoreta con fama de santidad mencionado por Juan Crisóstomo entre 404 y el 407. Muere en el año 410.

            Su estilo de vida, desarrollado entre su pueblo, causó profundo impacto, agrupando progresivamente a hombres y mujeres que, impresionados por su vida, originaron diversos monasterios. Con el transcurso de los años, los monasterios que arrancan de la experiencia de San Marón se federan, asentados la mayoría de ellos en las diócesis de Cyro y Alepo (Siria).

Con ocasión de las controversias teológicas generadas en torno a la persona de Cristo, los maronitas se posicionaron a favor del Concilio de Calcedonia, que reconocía la doble naturaleza humana y divina de la persona de Cristo. Los monjes de estos monasterios se enfrentaron, por ello, a los cristianos monofisitas, sufriendo numerosos mártires (los 350 monjes mártires).

A finales del siglo V, los habitantes de la montaña libanesa se convierten al cristianismo merced a la obra misionera de monjes maronitas.  Con todo, la más antigua iglesia maronita de Líbano conocida es Mar Mama, del año 749.

En los años siguientes, las relaciones con Bizancio se vuelven muy difíciles, llegando al enfrentamiento armado.

            Entre el 702 y el 705, los monjes de Bet Morún (valle del Oronte), monasterio que preside la federación maronita, eligieron a su primer Patriarca, Juan Marón, consagrando posteriormente obispos en su monasterio.

Varios Patriarcas residen en Kfarhay, conservándose el nombre de tres de ellos.

El monasterio de Bet Morún será destruido en torno al año 900.

El Patriarca Juan II se instala en Antioquía, regresando a los orígenes de esta Iglesia particular, donde todavía vivía un número importante de maronitas. Pero, dadas las dificultades que encontró, trasladó el patriarcado a Akoura (región de Biblos, en Líbano) hacia el año 938, territorio donde habían emigrado los maronitas en su mayor parte huyendo de las persecuciones musulmanas, si bien todavía permanecían algunas comunidades en Siria. Los Patriarcas, en número de 34 residirán allí hasta el año 1.440, desarrollando una vida austera y sin sede fija. A  finales del siglo XIII, un viajero occidental encuentra, incluso, un obispo maronita en Takrit (Mesopotamia).

            Durante tres siglos, los maronitas viven aislados del resto del mundo. Cuando llegan los cruzados, se sorprenden al encontrar una comunidad tan numerosa y piadosa, pues se les consideraba extinguidos. Con las Cruzadas, llega la presencia franca, acogiendo los maronitas del Líbano a los cruzados, iniciándose cierta latinización, construyéndose numerosas iglesias, estableciéndose unas extraordinarias relaciones, en particular a partir del viaje de San Luis de Francia. En 1.215, el Patriarca Jeremías de Amchite acude al Concilio de Letrán.

Pero al ser destruidos los reinos francos, los mamelucos (1.291) traen el desastre. Pese a ello, los franciscanos continuaron, desde 1.246, la comunicación entre Roma y Líbano.

Con los mamelucos, se sucedieron varias matanzas entre la población maronita, siendo algunos patriarcas vejados, perseguidos y asesinados. Así, Gabriel de Hjoula es quemado vivo en el año 1.367. Otros numerosos mártires le acompañarán: Abu Karam al Hadathi sería colgado de ganchos de hierro, en el año 1.640, Yunes Abu Risq es empalado en 1.697, Kanaan Daher es asesinado en 1.741. Y junto a ellos, una muchedumbre de mártires anónimos que en esos terribles años, testimoniarán con su vida y su muerte la fidelidad a Cristo.

            De 1.440 a 1.823, los Patriarcas residirán en Wadi Qannoubine, un profundo e inaccesible valle: un total de 24 patriarcas allí se suceden, residiendo en el Convento de  Nuestra Señora.

De un milenio de historia maronita, apenas quedan vestigios materiales: unas pocas iglesias, algunos nombres de autores, unos pocos restos históricos y algunos libros litúrgicos.

Cuando estallan las luchas entre los mamelucos, sunitas, y los habitantes chiítas de Líbano, los maronitas juegan un papel de intermediación, que proporcionará al pueblo maronita respeto y cierta tolerancia..

            En 1.516, Líbano cae, al igual que todo oriente, en manos turcas, prolongándose la ocupación hasta el año 1.918.

            Bajo dominio turco, los maronitas, aliados de los drusos (una secta herética chiíta establecida en las montañas del Chouf libanés desde el siglo XI), consiguen una cierta autonomía.

Las relaciones con Roma persisten, fundándose en 1.548 el Colegio Maronita, que tendrá una enorme importancia en la cultura maronita y en la vida de otras comunidades cristianas de oriente medio. En concreto, en los siglos XVII y XVIII, algunas comunidades de esas iglesias particulares  retornan a Roma, creándose patriarcados católicos: el caldeo, melkita, sirio y armenio.

            En 1.580 y 1.596 tuvieron lugar dos sínodos muy polémicos, al forzar cierta latinización muy discutida.

            En 1.626 llegan los capuchinos a Líbano. En 1.635 lo hacen los carmelitas. Los jesuítas se instalan en 1.656.

El Patriarca Duhaihy (1.630 a 1.704) es la figura más relevante de ese periodo de la historia maronita. Formado en el colegio romano, desarrolla estudios de historia, teología, apologética, liturgia, música. Reformará las órdenes religiosas maronitas, creándose la primera orden maronita en 1.694: los Antoninos. Y a esa tremenda actividad, unirá una santidad modélica.

            Los años siguientes, traerán una intensa vida religiosa.

            El Colegio Romano maronita es destruido por Napoleón en 1.808. En su lugar son creados seminarios en Líbano, como el de Ain Warqa (1.818).

            En 1.823 el Patriarca se traslada a Dimane en verano y a Bkerké en invierno. Desde entones, nueve han sido los patriarcas que se han sucedido, siendo la independencia de Líbano una de sus preocupaciones principales.

A mediados del siglo XIX, el pacto druso – maronita se rompe, iniciándose nuevas persecuciones, que culminarán en 1.860, finalizando con la intervención internacional de Napoleón III. Se inicia, a raíz de la matanza de 1.860, el camino masivo de la emigración.

            Con la primera guerra mundial, casi un tercio de la población muere por el hambre causado por el bloqueo y la violencia. A su finalización, la unión entre las 17 comunidades religiosas presentes en Líbano parecía imposible. Sin embargo, dado el prestigio del Patriarcado maronita, todas esas comunidades delegan en el Patriarca Elías Hoayek su presencia en el Congreso de Versalles, donde reclamará la independencia para el Líbano. Finalmente, por acuerdo de la Sociedad de Naciones, Líbano quedará bajo mandato francés.

En los años siguientes, la influencia religiosa latina se hace más evidente, lo que provocará cierta reacción en defensa de la identidad maronita.

            Tras la segunda guerra mundial, llega la independencia, que merced al pacto nacional, consigue cierto equilibrio entre las comunidades religiosas presentes, roto en 1.975 con el inicio de la guerra civil, lo que será causa de nuevo para la emigración de cientos de miles de maronitas.

            La Iglesia maronita, en la actualidad, se enfrenta a un triple reto: la emigración, la presión musulmana y la secularización, que también está afectando profundamente a esta Iglesia particular.

 

La espiritualidad maronita.

            La pertenencia a las Iglesias arameas ha determinado la espiritualidad maronita, así como las persecuciones y su fidelidad a Roma.

            Gracia al idioma común de todas las iglesias arameas, el siríaco, los intercambios culturales con las demás iglesias locales no cesaron nunca.  Por ello, la espiritualidad maronita es jurídicamente antioqueña y culturalmente aramea. Mientras que Roma y Bizancio formaron imperios, las iglesias arameas no lo consiguieron nunca, perpetuando en su fracaso temporal el experimentado por el propio Cristo.

            Hasta la conquista musulmana, los maronitas vivieron del legado antioqueño. Al haber roto con Bizancio, se mira a Roma, ampliándose la influencia latina desde las cruzadas.

            Son muy numerosos los autores libaneses que a partir del siglo XVI destacan: Ibn al Qilá´i, Gaspar de Chipre, Gabriel Sionita,Víctor Shalaq, Isaac Shidraoui, José al-Báni, Ibrahim al Samráni, Yuasáf al – Dibsi, Abdal-Masih Libyán, Jacques Arouiin, Germanos Farhat, Pedro Touláoui, André Scandar y otros muchos.

            Especialmente en la segunda mitad de XIX, los religiosos latinos  miembros de órdenes docentes, se extienden por todo Líbano, aumentando su influencia y la latinización, incorporando a las devociones libanesas, las postridentinas de Europa.

            En cualquier caso, las aportaciones latinas son tardías, sin ahogar la específica espiritualidad maronita, alimentada en sus orígenes por tres fuentes.

            La primera fuente es la eclesiástica. Los primeros maronitas vivieron sin una regla escrita, pues los ancianos son en sí mismos la ley. En los orígenes, no existe diferencia entre laicos y clérigos, ni entre cenobitismo y anacoretismo. Todos están llamados al mismo ideal.

            La segunda fuente específica es la liturgia, cuyo fondo es común a toda Siria. El ordo y los textos, los ritmos, etc., son idénticos al resto de las iglesias sirias, procedentes del patriarcado antioqueño.

            La tercera fuente es la monástica. Ya hemos visto que la Iglesia maronita nace de los monasterios. Durante siglos esta Iglesia es conducida por monjes. Ser monje significaba vivir de forma más radical el mismo ideal que el resto del pueblo. Así, el mismo pueblo vive la liturgia, es austero, practica ayunos y reza las horas canónicas. Esta comunidad parece fuera una gran abadía con numerosas fundaciones, formando el pueblo que vive en torno a la misma, una especie de tercera orden.

 

Organización.

            La comunidad maronita, extendida actualmente por muchos países,  es liderada por el Patriarca Nasrallah Sfeir. Cuenta con varias Diócesis en Líbano, así como Eparquías (obispados) en la diáspora: 2 en EE.UU., 1 en Alemania, 1 en Argentina, 1 en Brasil, 1 en Canadá, 1 en Chipre, 1 en Siria y 1 en Alejandría.           

            Numerosas escuelas en sus diversos niveles, y una universidad en Beirut, son las aportaciones de esta Iglesia particular a la educación de su patria, atendiendo a católicos y alumnos de otras confesiones religiosas.

            Diversos hospicios, dispensarios y otras obras sociales, son desarrolladas también por los cristianos maronitas de Líbano.

            Otro factor importante en la vida maronita es la relativa a las órdenes religiosas.

Los monjes maronitas han configurado desde sus inicios –ya lo hemos visto- la identidad de esta Iglesia particular, hasta el punto de que es la única iglesia particular cuyo nombre es dado por un monje.

            La vida eremítica originó pronto formas comunitarias de vida, dotándose de reglas de vida y de órdenes propias.

            En la actualidad varias son las órdenes religiosas nacidas de la vida maronita, entre las que mencionaremos, por su tradición e incidencia en la comunidad maronita, las siguientes:

1.      Monjes Libaneses.

2.      Mariamitas (antes, Alepinos).

3.      Antoninos.

4.      Congregación de los Misioneros Libaneses Maronitas (“kraimistas”, pues es en Kraim donde se estableció el primer convento de la orden, en un anterior armenio católico). Hoy día están presentes en una docena de países, en los que residen importantes comunidades maronitas en la diáspora.

 

Los santos maronitas.

            De la profunda y difícil vida y de la espiritualidad de la Iglesia Maronita, y sin olvidar a los millares de fieles que dieron su vida por la fe, un importante elenco de santos y beatos maronitas es la aportación de esta Iglesia particular a la Iglesia universal. Veámoslos.

-         San Marón. Fundador de la comunidad maronita. Se celebra el 9 de febrero.

-         Santos Liminaus y Santiago; Santas Marina, Domnina y Cora. Discípulos de San Marón.  Festividad del 17 de julio.

-         Los 350 monjes mártires degollados en el año 517 por sus enemigos monofisitas. Su fiesta se conmemora el 31 de julio.

-         San Juan Marón. Primer Patriarca maronita, monje obispo de Batrun y Monte Líbano, entronizado en el 685. Se celebra el 2 de marzo.

-         Mártires Masabki, Francisco, Abdulmoti y Rafael. Son los llamados  “mártires de Damasco”, junto a 10 franciscanos asesinados el 10 de julio de 1.864. Se celebra el domingo siguiente al 10 de julio.

-         Beato Namtala El Hardini. Monje maronita, maestro de San Charbel Majluf. Su fiesta se celebra el 14 de diciembre.

-         San Charbel Majluf. Ermitaño maronita fallecido el 24 de diciembre de 1.898. Admirado por muchos y con devotos por todo el mundo. Se celebra el tercer domingo de julio.

-         Beata Rafca. Monja maronita. Se celebra el 23 de marzo.

 

Otras Iglesias católicas en Líbano.

            Además de la comunidad maronita, otras comunidades católicas están presentes en este país.

 

- Iglesia Armenia Católica. Casi un 6% de la población libanesa es de origen armenio. La mayoría es ortodoxa y una minoría es católica. Actualmente, 8 parroquias atienden a unos 30.000 fieles armenios católicos. Está presente con conventos y varios colegios.

 

- Iglesia Caldea Católica. En 1.551 es reconocido por Roma Juan Simón SOULAKA como Patriarca de los Caldeos católicos. Pero hasta 1.830, en que Pío VIII confirma en el patriarcado a Juan HORMIZD con el título de Patriarca de Babilonia de los Caldeos, no se consolida esta comunidad oriental. Actualmente hay dos parroquias en Beirut y una en Zahle, que atienden a unos 10.000 fieles. Su presencia arranca en Líbano de 1.895, al escapar de las persecuciones de turcos y kurdos.

 

- Iglesia Copta Católica. Su origen es el Patriarcado de Alejandría. Los pocos cientos de coptos de origen que egipcio residen en Líbano son atendidos en una parroquia radicada en Beirut.

 

- Iglesia Greco - Melquita Católica. La Iglesia Melquita no es una Iglesia nacional, sino particular, arrancando su idiosincracia de la fidelidad al Emperador de Bizanzio (“melk”, en siriaco es emperador, término con que sus enemigos monofisitas les denominaron de forma despectiva) y a los 7 primeros Concilios Ecuménicos. Actualmente, sus integrantes son árabes. En Líbano existen una docena de lugares de culto abiertos para esta comunidad.

 

- Iglesia Siriaca Católica. Tiene el mismo rito y la misma liturgia que la Iglesia Siriaca Ortodoxa, habiéndose unido a la Iglesia Católica en 1.783. Una única diócesis agrupa en Líbano a unos 30.000 fieles.

 

- Iglesia Latina. Apenas 14.000 fieles pertenecen a la Iglesia latina que, arranca hoy día, fundamentalmente, de las obras educativas y hospitalarias de las órdenes religiosas procedentes de Europa. Pese a su escaso número, gracias a su importante labor educativa, social y hospitalaria, es una Iglesia muy influyente. Alrededor de 111.000 alumnos acuden a sus 155 escuelas. Existe una Universidad católica, dirigida por los jesuitas. 25 horfanatos. Una veintena de hospitales y asilos. 34 dispensarios. 9 parroquias, unas 200 casas de religiosas y religiosos, numerosos movimientos laicales. Todo ello da fe de su importancia.

 

La Escuela católica.

Aquí hablaremos, brevemente, de la escuela católica, tanto maronita, latina, como de las demás comunidades católicas presentes en Líbano.

Las órdenes europeas latinas llegaron a Líbano, como lógica respuesta a las necesidades de los católicos libaneses y para frenar la presencia protestante, creando una importante obra educativa que todavía hoy pervive.

Formalmente, la educación católica arranca del año 1.624. Pero es en el siglo XIX cuando numerosas órdenes docentes europeas, sobre todo francesas, se instalan en Líbano.

            La enseñanza católica, presente en todo el país, agrupa hoy día a unas 325 escuelas pertenecientes a diversos Patriarcados, diócesis, órdenes religiosas. Unos 220.000 alumnos estudian en esas escuelas, de la mano de algo más de 12.000 profesores.     

            Ello representa un 30% del total del alumnado de todo Líbano, mientras que la enseñanza estatal agrupa en torno al 34%. El 36% restante, está en manos de diversas iniciativas musulmanas, laicas y cristianas no católicas.

            Un 26% de los alumnos de las escuelas católicas no son cristianos. Unos 60.000 alumnos acuden de formas gratuita y otros 32.000 se acogen a becas.

            Los idiomas en que se imparte la enseñanza son el árabe, el francés y, en menor medida, el inglés.

Varios son los problemas con los que se encuentra esta obra educativa de la Iglesia católica, en buena medida, iniciativa de la Iglesia Latina.

La mayor dificultad es la inflación, que constituye un problema general en la sociedad libanesa, causada en buena medida por el desarrollo económico generado por la reconstrucción.

Una segunda dificultad se deriva de las relaciones con el Ministerio de Educación Nacional, empeñado en un intervencionismo sobre todo de carácter económico, en toda escuela privada.

La tercera dificultad deriva de los enormes daños sufridos a causa de la guerra civil (1.975 a 1.990), que todavía se arrastran en diversos ámbitos de la enseñanza.

            Un objetivo importante, hoy día, de la educación católica es favorecer la permanencia de los libaneses en su tierra, en un intento de freno de la tremenda emigración experimentada desde el siglo XIX.

            Por último, señalaremos que otras dificultades, crecientes por cierto, son, y ya con un carácter que afecta a toda la sociedad libanesa: el fundamentalismo islámico y el monolingüismo.

            De las 5 universidades presentes en Líbano, dos son católicas: la de San José (jesuitas) y la del Espíritu Santo de Kaslik (maronita).

 

La diáspora maronita.

            Con los cruzados en retirada, varios grupos de maronitas les siguen. De los que acompañaron a los hospitalarios a Rhodas y Malta, no queda vestigio. Pero de los que acompañaron a los cruzados a Chipre, sobrevive una pequeña minoría que llegó a sumar 72 pueblos, masacrados en gran parte a raíz de la ocupación turca.

En el siglo XIX, como consecuencia en parte de las masacres que se inician en 1.858, la emigración masiva se plantea entre los cristianos maronitas como una salida digna para garantizar el futuro de sus familias.

            Actualmente, casi 4 millones de personas en todo el mundo descienden de los emigrantes maronitas, siendo especialmente numerosos en Argentina, Canadá, Estados Unidos, Francia. En España son poco numerosos, pero ello no ha impedido que sea nombrado, recientemente, un visitador apostólico para atenderlos espiritualmente.

A Argentina se dirigieron las primeras familias emigrantes ya en 1.860, donde fueron acogidas por una población mayoritariamente católica, sin traumas. Actualmente viven unas 600.000 personas de origen maronita. Para su atención espiritual y el mantenimiento de su identidad litúrgica, existe desde 1.990 una Eparquía con 4 parroquias: San Marón de los maronitas de Buenos Aires.

Ya hemos mencionado en otro apartado que son en torno a la decena las Eparquías establecidas en varias grandes ciudades de todo el mundo.

            Incluso una de las órdenes religiosas maronitas actualmente existente, fue fundada con el carisma específico de atender a las maronitas de la diáspora y fomentar la educación católica, ya a mediados del siglo XIX: los “kraimistas”.

            Recientemente, algunas autoridades maronitas se quejaban en el sentido de que la identidad maronita en la emigración se pierde, en muchos casos, a partir de la segunda generación; en contraste con las comunidades armenias en el exilio, que mantienen fuertes lazos e importantes obras comunitarias y educativas también a lo largo del tiempo.

            Son numerosas, en cualquier caso, las fundaciones, centros educativos, ligas, asociaciones de muy diverso tipo, fundadas por los católicos libaneses, con el doble objetivo de salvaguardar la identidad maronita en la diáspora y apoyar a los libaneses que siguen viviendo en Líbano entre tantas dificultades.

 

Comentario final.

            La Iglesia maronita constituye, hoy día, una realidad viva y dinámica, no ya sólo en su solar original, sino también en otras partes de todo el mundo. Su historia es un testimonio vivo de fidelidad, perseverancia y martirio, ejemplo para toda la Iglesia católica.

Por todo ello, es responsabilidad de los católicos el apoyo activo a los maronitas libaneses que resisten en esa tierra regada con la sangre de sus numerosos mártires, que son también de toda la Iglesia Universal.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 35, julio-agosto de 2000

La retirada israelí del sur del Líbano.

     Israel se ha retirado, de forma precipitada y antes del plazo establecido, del sur del Líbano. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Qué consecuencias se derivan de ello?

 

Una retirada precipitada.

            El pasado día 23 de mayo Israel ha abandonado, de forma precipitada y poco clara, el territorio de casi 1.000 kilómetros cuadrados que ocupaba en el sur del Líbano, culminando la operación en la madrugada del día 24. Tal proyecto ya había sido comunicado a Naciones Unidas, estando previsto su culminación para el 7 de julio.

Israel ocupaba el sur del Líbano de forma permanente desde 1.978 aunque, a lo largo de todos estos años, se produjeron  modificaciones territoriales en función de la coyuntura militar. El objetivo de la ocupación era puramente defensivo: El prevenir ataques armados de los radicales palestinos y, posteriormente, de la llamada “Resistencia Islámica” (la milicia del partido integrista chiíta libanés Hezbolláh) contra las poblaciones judías de la Alta Galilea. Con ello se establecía una “franja de seguridad” entre ambos Estados.

En esta ocupación, Israel se ha apoyado en el “Ejército del Sur del Líbano” (ESL), una fuerza auxiliar de unos 2.500 hombres, cristianos maronitas, chiítas y drusos; organizada ya en 1.978, a partir de algunos mandos desertores del ejército regular libanés. Su primer responsable fue el coronel Saad Haddad, ya fallecido. Es conocido que el ESL estaba por completo financiado y armado por Israel, actuando en conjunción con el Tsahal (ejército judío).

Los chiítas del ESL se han entregado a las milicias de Hezbolláh, mientras que los drusos y cristianos, en buena parte, lo han hecho al Ejército regular libanés. Los oficiales y parte de los milicianos cristianos, así como muchos de sus familiares directos, han sido acogidos en Israel (en total unas cinco mil personas). Unos 400 de ellos serán admitidos en Alemania en los días próximos, previo acuerdo con Israel, según anunciaron fuentes gubernamentales teutonas. Hassan Nassrala, Secretario General de Hezbolláh (el principal partido chiíta libanés) había anunciado un baño de sangre entre los “colaboracionistas”, lo que de momento no se ha confirmado, si bien se desconoce la suerte de varios cientos de prisioneros del ESL. Por otra parte, todos los integrantes del ESL están juzgados por el Estado libanés por el delito de traición; condenados a muerte sus dirigentes y a largas penas de prisión el resto de integrantes de la milicia.

            En un intento desesperado por remediar lo inevitable, el actual máximo dirigente del ESL, el general retirado Antoine Lahad, había propuesto al Gobierno libanés la aplicación a sus hombres de las medidas de gracia empleadas, al término de la guerra civil libanesa,  a todos los contendientes en la misma, excluyéndose él mismo. Tal propuesta no fué  aceptada.

Este pequeño territorio libanés está habitado por una población en un 60 % chiíta, un 30 % cristiana, un 9 % drusa y 1 % siria.

 

La Resolución 425 del Consejo de Seguridad.

La ocupación permanente del sur de Líbano había dado lugar a la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 1.978, que acordaba el total abandono del territorio libanés por parte de Israel, lo que no se había realizado. Israel ha abandonado también el sector libanés de las llamadas “granjas de Chebaa” (el 90 % correspondería a Siria), por lo que ha podido afirmar que dicha resolución 425 ya se ha acatado en su totalidad. Sin embargo, la Presidencia libanesa ha considerado, en un comunicado hecho público a mediados de junio, que Israel no ha abandonado completamente suelo libanés, pues lo ha hecho sólo hasta la llamada “línea azul” que en su día estableció Naciones Unidas y que, a su juicio, no corresponde a las fronteras internacionalmente reconocidas.

            En el actual contexto internacional, Israel habría estado interesado en que el abandono se hubiera producido en el marco de unas conversaciones globales con Siria y Líbano y coordinado con las fuerzas de Naciones Unidas presentes en la zona. Pero ello no ha sido posible. En parte por la presión de Hezbolláh, se ha precipitado en la salida, provocando el desmoronamiento acelerado de su milicia aliada, proporcionando una imagen de falta de previsión y debilitando su posición en unas hipotéticas negociaciones de paz con Siria. Por ello, se ha dicho que Israel gana las batallas en el terreno militar, pero las pierde en el político.

            Es importante destacar que el Gobierno libanés, con la excusa de que Naciones Unidas no le había notificado la retirada, y que la misma sólo se ha verificado hasta la “línea azul”, no ha participado en la recuperación del sur de su territorio, dejándolo en manos de la milicia integrista. Hasta el día 25 de mayo no se movilizó, desplegando entonces apenas un centenar de policías en algunas aldeas de mayoría cristiana. Y en esa decisión de no ocupar el sur, Siria no parece haber sido ajena. Lo que confirma la debilidad y dependencia del Gobierno de Beirut. De hecho, todavía no ha entrado en la zona su Ejército regular, habiéndolo hecho exclusivamente esas pocas fuerzas de policía.

 

Las negociaciones de paz con Siria: debilidad de Israel.

            En la política interna de Israel, la retirada militar de Líbano era una de las más importantes promesas efectuadas por el Partido Laborista, hoy día en el poder, en las últimas elecciones generales. Igualmente, esa medida era demandada con insistencia por los sectores pacifistas judíos (“Paz ahora”) y por los demás partidos políticos de tendencia izquierdista. No en vano, la intervención en Líbano ha provocado más de 1.200 muertos en las filas del Tsahal a lo largo de estos años.

            Y en el plano internacional, con el abandono se pretendía dejar libre el camino a un posible acuerdo de paz con Siria.

Pero el camino no parece fácil.

Sin duda, el futuro de la milicia de Hezbolláh será una baza en las futuras negociaciones de paz entre Siria e Israel, asignatura pendiente del laborismo israelí y del fallecido líder sirio Hafez Al Assad.

La negociación parece clara: devolución de los Altos del Golán a Siria a cambio de un Tratado de Paz y garantías por este país de que cesarán los ataques armados contra Israel desde suelo libanés.

En tanto se llega a ese previsible acuerdo, Naciones Unidas debiera hacerse cargo de la franja sur mediante los efectivos de FINUL, tal como había adelantado el primer ministro libanés Salim Hoss. Así, el pasado día 27 de mayo, las primeras tropas de FINUL entraron en la franja sin encontrar oposición armada, aunque sí mucho recelo entre la población civil.

 

La muerte del Presidente sirio.

Otro factor ha abierto nuevas expectativas e incertidumbres  en el futuro de la región. El día 10 de junio falleció el Presidente sirio Hafez Al Assad mientras hablaba por teléfono. Dado su delicado estado de salud, había designado a su hijo Bashar como su sucesor, realizando diversos movimientos en ese sentido. Pero la muerte, inesperada, ha hecho que esa obra quedara inconclusa, precipitando los acontecimientos.

Su hijo Bashar, reconocido ya como sucesor por el Ejército, intenta consolidar su liderazgo. Así, se han realizado algunas reformas constitucionales. Además, el día 18 de junio ha sido elegido Secretario General, por el noveno congreso del partido BAAS que se ha reunido por primera vez en 15 años, y nominado candidato a la Presidencia de Siria. Su candidatura deberá ser avalada por el Parlamento el día 25 de junio y ratificada, posteriormente, mediante referéndum popular.

            El joven e inexperto Bashar tiene, ante sí, varios retos.

            En lo que se refiere a la política interior, deberá en primer lugar consolidarse en el poder, lo que de momento parece estar logrando gracias al apoyo de los más directos colaboradores de su padre. Una vez logrado lo anterior, deberá afrontar la modernización del país, que atraviesa una profunda crisis económica.

            Por lo que se refiere a la política internacional de Siria, deberá diseñar una nueva estrategia encaminada a la recuperación de los Altos del Golán, actualmente en manos israelíes.

            Señalaremos que ha sido Ministro para Asuntos del Líbano, bajo la dirección de su padre, dando muestras de moderación y pragmatismo. Las relaciones con Líbano son un elemento fundamental de la política del régimen sirio, constituyendo este pequeño país, en la actualidad, una imprescindible fuente de ingresos. Por todo ello deberá, en un plazo breve de tiempo, aclarar sus intenciones hacia Líbano. De momento Amal y Hezbolláh (los partidos chiítas libaneses) han manifestado su total apoyo al nuevo líder.

 

La situación real de Líbano.

            Con la retirada israelí, Líbano no recupera su soberanía, aunque así se aparente. Y para sostener tal afirmación, en contra de las apariencias formales, nos basamos en tres motivos:

 

1.- Un “Estado palestino dentro del Estado”. Continúan viviendo unos 350.000 palestinos, que cuentan con su propia organización, al margen del Estado libanés. Según diversos medios periodísticos desplazados a la zona, los grupos guerrilleros palestinos, radicados en los campamentos de refugiados del sur de Líbano, se están entrenando de nuevo, habiendo obtenido nuevo armamento.

 

2.- La presencia militar siria, cifrada en unos 35.000 hombres que controlan de hecho todo el país, salvo esa pequeña franja del sur ahora en manos de Hezbolláh.

 

3.- Hezbolláh. Es una incógnita, por otra parte, si Siria desarmará a Hezbolláh, o permitirá que esa milicia integrista, la única que persiste en todo Líbano, continúe con sus periódicos ataques a la alta Galilea israelí. No olvidemos que Hezbolláh es el partido más votado en las últimas elecciones legislativas libanesas; por lo que en estas circunstancias, su posición se fortalece cada día. Si el Gobierno libanés, con el beneplácito sirio, decidiera un día desarmar a los integristas, se correría el riesgo de un nuevo enfrentamiento civil. La alianza Siria – Hezbolláh no puede ser duradera. Su coalición ha sido circunstancial: Les unía el odio al  enemigo judío. Pero el partido BAAS, en el poder en Siria, tiene planes para el Líbano en el que difícilmente entra Hezbolláh. Por otra parte, el BAAS es un partido laico y no confesional, mientras que Hezbolláh es un partido chiíta integrista, siendo Irán su fuente de inspiración.

 

            Líbano es un Estado soberano formalmente, pero en la práctica es un protectorado sirio, materializado mediante el “Tratado de fraternidad, cooperación y coordinación” de mayo de 1.991“ y el “Tratado de defensa y seguridad” de septiembre del mismo año, que legitimaron la presencia militar siria. Por otra parte, varios cientos de miles de sirios trabajan en el Líbano de la reconstrucción, proporcionando a Siria importantes ingresos económicos, fundamentales para su pobre economía. Ello se reforzará, aún más,  mediante la futura unión aduanera con Siria.

            La resolución 520 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas establece el abandono de suelo libanés de TODAS las fuerzas extranjeras, haciendo referencia a la presencia militar siria. Pero no parece exista voluntad internacional en su exigencia, al menos de momento.

 

La situación de los cristianos.

En el nuevo orden mundial cuenta más el equilibrio entre las potencias regionales Siria e Israel que la pervivencia del Estado libanés, convertido en moneda de cambio en las difíciles relaciones entre ambos estados. En este complejo puzzle de oriente medio, en que una pieza modifica el equilibrio de las demás, la minoría cristiana, la más débil de todas las presencias de la zona, se ha visto de nuevo profundamente afectada.

Ello no ha impedido que desde algunos sectores de la sociedad libanesa (medios de comunicación, políticos cristianos, parte del mundo universitario) se hayan elevado voces pidiendo, en particular desde el abandono israelí del sur, que Siria se retire del Líbano.

Es comprensible, en este complejo contexto, que sea la de Juan Pablo II una de las pocas voces elevadas en defensa de la población cristiana del sur de Líbano ante la retirada israelí y el avance de los integristas.

La rápida visita, realizada el día 25 de mayo, del Ministro de Asuntos Exteriores de Irán al sur de Líbano y su invocación del papel de todos los libaneses, musulmanes y cristianos, en la victoria sobre Israel, parece un indicio de la efectividad de las peticiones del Santo Padre.

           

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 34, junio de 2000

Una película anticomunista en Hollywood: La vida prometida (este – oeste).

     Una película, de contenido anticomunista, ha sido la principal rival del ganador al Oscar a la mejor producción en habla no inglesa, “Todo sobre mi madre”. Pero su argumento también esconde mercancía averiada.

 

Candidata al Oscar.
La española “Todo sobre mi madre”, y la franco-ruso-hispano-búlgara “La vida prometida”, han sido las dos candidatas mas firmes al Oscar a la mejor producción de habla no inglesa en esta última gala de la Academia de Hollywood, celebrada el pasado día 26 de marzo de 2.000.
Finalmente, se lo ha llevado la película de nuestro Pedro Almodóvar.
“La vida prometida (este – oeste)”, de 110 minutos de duración, dirigida por el francés Régis Wargnier, quien obtuvo un Oscar por su película “Indochina” en 1.993, es una clara denuncia al totalitarismo comunista. Por otra parte, algunos medios de comunicación la han calificado de “revisionista”, en una demagógica maniobra para equipararla al revisionismo neonazi que niega el Holocausto. Pero hoy día, pese a las reticencias de la izquierda en general y de los comunistas en particular, histórica y científicamente es indiscutible que el comunismo ha constituido uno de los mayores fraudes criminales de la historia de la humanidad.

 

El argumento y los personajes.
Veamos el argumento de la película.
En 1.946, a requerimiento de Stalin, un grupo de emigrantes rusos, de los que forman parte el médico radicado en Francia Alexei (Oleg Menshikov), su mujer de nacionalidad francesa Marie (Sandrine Bonnaire) y su hijo Sergio, regresan a la URSS para contribuir a la reconstrucción del país, devastado tras la segunda guerra mundial. Su recepción es ya sintomática de lo que encontrarán. Así, el resto de los emigrantes es ejecutado o encarcelado. Y la propia Marie sufre un brutal interrogatorio, pues “el 90% de los esposos extranjeros de ciudadanos rusos son espías del imperialismo”, según las palabras del agente del KGB que intenta “desenmascarar” a una confundida, aterrorizada y desconcertada Marie.
A los 15 minutos exactos de la película, Marie, como el espectador, es consciente del inmenso fraude que representa la URSS, proponiéndose regresar a Francia como sea, lo que se presenta como una difícil empresa  pues, ya de entrada, su pasaporte francés ha sido destruido.
Alexei, como médico, irá ascendiendo lentamente en las estructuras sindicales rusas de la mano de la directora de la fábrica en la que trabaja. Pero las desavenencias con su esposa, le llevarán a los brazos de la “jefe de la casa”, Olga, una mujer que por sobrevivir será capaz de cualquier cosa, y que ocupa la habitación situada al otro lado del pasillo. Ese pasillo simbolizará la división entre las ansias de libertad de occidente, encarnados en Marie, y el conformismo ruso.
Marie inicia amistad con una anciana rusa residente en la misma casa, pero el canto común de viejas canciones en francés le valdrá a la anciana una denuncia anónima que le acarreará la detención y la muerte. Su nieto, Sacha, será testigo de la detención, que en el momento de producirse se desarrolla en una escena brutal. Atenazado por uno de los agentes, revolviéndose ante tan arbitraria situación, el agente que lo tiene momentáneamente aprisionado le pregunta si es miembro de las juventudes comunistas. Ante su respuesta positiva le dirá: “¡Compórtate!”. La ideología por encima de los más elementales sentimientos humanos.
En buena lógica, Sacha y Marie trabarán complicidad en búsqueda de la libertad, que intentará el primero por vía de la salida al extranjero en su condición de nadador de élite; llevándoles tal conjunción a una ambigua situación amorosa, que precipitará a Marie en la contradicción conyugal y que será el revulsivo para una reconciliación posterior del matrimonio.
La presencia en Rusia de la actriz francesa Gabriela, con motivo de una representación teatral, (la tan inexpresiva como bella Catherine Deneuve), constituirá una nueva vía de esperanza en la dificilísima huida a occidente.
Pero aquí se desarrolla en la película uno de los elementos más discutibles del argumento.
Gabriela es definida como “amiga de la paz y del proletariado”. De ahí su presencia en la URSS. No dudamos que la película se base en hechos reales, pero es del todo discutible que la denuncia de tales situaciones venga de mano de la izquierda. Al contrario, históricamente es falsa tal pretensión. La izquierda francesa en general y los comunistas en particular fueron cómplices complacientes del régimen comunista ruso (en el 30º congreso del PCF, celebrado a finales de marzo, por primera vez no se ha invitado a sus camaradas rusos).
Es más. Durante muchos años, cualquier crítica al comunismo era objeto de airadas campañas izquierdistas, tildando de sospechoso de fascismo a quien se atreviera a realizar tales planteamientos críticos. Buena parte de la intelectualidad europea, francesa en particular, incurrió en tal responsabilidad colectiva, consistente en la complicidad material e intelectual con un régimen inhumano, todo ello en aras de la ideología comunista.
Que simbolicen en Gabriela la denuncia del estalinismo, no lava la culpa y la responsabilidad de las izquierdas europeas ante tal coyuntura histórica. Al contrario. Evidencia su responsabilidad política e intelectual.
Quien lavará su culpa, en la película, será Alexei. Consciente del trágico error que le ha llevado a su familia a una situación dramática, gracias a la fuerza redentora del amor que siente por ellos, se servirá, de forma callada y en secreto, de la vía abierta por Gabriela, para idear una huida de su esposa e hijo. Pero al ser ciudadano soviético, no podrá escapar de las consecuencias derivadas de una acción así, por lo que pagará, con 30 años de reclusión como médico en un campo de trabajo en la isla de Sajalín, ese pecado cometido contra el partido y el estado soviético.
Otro momento importante de la película lo constituye la liberación de Marie del campo de trabajo a la muerte de Stalin. Con el fondo de un discurso de Nikita Kruschev, Marie reconoce, ante un hijo estupefacto y su marido, ser culpable de facilitar la huida de Sacha, reafirmando su libertad interior, pues la de movimientos ya la tiene aparentemente perdida.

 

Realismo.
La película es realista y clara. Así, refleja muy bien, mediante situaciones concretas y sencillas, cómo la ideología lo abarca todo y cómo el estado totalitario todo lo alcanza, eliminando la intimidad, determinado por completo las decisiones personales y familiares. En particular, hasta el sentido religioso es ahogado de forma consciente. Pero pese a ello, algunas relaciones personales surgirán como islas de humanidad en medio del inmenso campo de concentración en que se desarrolla la vida de los protagonistas.
Concluiremos señalando que la película es muy interesante de forma global, pese a la carencia antes indicada. Su banda musical es magnífica. La interpretación de los actores es excelente y la fotografía acompaña las virtudes descritas.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo 2000