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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Analogías y diferencias entre los islamismos radicales de Marruecos y Argelia.

Según veíamos en un texto anterior, el concepto salafiya yihadia comprende a los diversos grupos terroristas originarios de Marruecos que, aleccionados desde dispares escuelas teológicas islamistas radicales, siguen la estela yihadista de Osama Ben Laden. Su gran vecino y rival, Argelia, también generó un fenómeno análogo al citado, pero mucho más cruento, al amparo de los sectores terroristas procedentes del ilegalizado y disuelto, en 1992, Frente Islámico de Salvación.

 

Yihadismo made in Marruecos.
                En una ocasión anterior exponíamos la variedad genética del plural yihadismo marroquí, cuyo alcance real eclosionó dramáticamente con motivo de los atentados de Casablanca y, especialmente, del 11–M en Madrid: nos referimos al texto “Salafiya yihadia: terrorismo islamista made in Marruecos”, publicado en la revista digital Arbil, número 99, correspondiente al mes de noviembre de 2005.
                Concluíamos, en el mismo, afirmando que el islamismo marroquí es fruto, contradictorio en ocasiones, de la recepción de diversas escuelas teológicas musulmanas: la propiamente autóctona (de base muy popular y en buena medida alimentada por las prácticas sufíes), el wahabismo de impronta saudí, y la influencia de los Hermanos Musulmanes originarios de Egipto. Sumémosle a todo ello, por último, la experiencia personal de cientos de combatientes marroquís participantes en la yihad afgana.
                Este heterogéneo islamismo marroquí, bastante radical en sus formulaciones teológicas y, en ocasiones, también en las sociopolíticas, es poliédrico igualmente en sus expresiones públicas: un importante Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) islamista -tácticamente moderado-, una enmarañada constelación terrorista, una pléyade de asociaciones sociorreligiosas de todo tipo, y un movimiento socioespiritual autóctono de enorme activismo asistencial (Justicia y Espiritualidad).
                También concluíamos que, pese a nuestra vecindad y a la existencia de una compleja historia en parte común, en España desconocemos buena parte de la realidad social de Marruecos; si bien determinados autores y editoriales vienen realizando un importante esfuerzo para acercar, al lector español, algunas de sus manifestaciones más relevantes.
                El otro gran país del Magreb es Argelia, nación que también cuenta en España con un importante contingente inmigrante y cuya historia, aunque no de manera tan tupida, también ha mantenido relevantes conexiones con la nuestra.
                Marruecos sigue siendo una monarquía autocrática con ropajes democráticos, con una sociedad crecientemente islamizada, manteniendo el monarca su relevante papel de “Comendador de los creyentes”. País en vías de desarrollo, con una población joven impulsada a la emigración, ha logrado en buena medida amortiguar y canalizar sus contradicciones internas, pese a esporádicas -y más bien excepcionales- expresiones de violencia terrorista.
                Argelia, por su parte, sigue siendo una república heredera de la experiencia de la “liberación”, tutelada por el potente Ejército Nacional, que todavía no ha logrado sacudirse completamente de las secuelas de la sangrienta guerra civil que enfrentó a islamistas radicales y el heterogéneo “bloque republicano-democrático”.
                Aparentemente, los modelos políticos marroquí y argelino, y sus respectivas bases y experiencias, son muy distintas; pero, más allá de las mismas, ¿podemos encontrar algunos paralelismos, acaso también expresivos de las tendencias mundiales del islam actual? Intentémoslo.

 

Analogías existentes entre los islamismos marroquí-argelino.

 

1) Pertenencia común de ambas tradiciones religiosas autóctonas a la escuela sunnita malikí.
A mediados del siglo IX, entre los sunníes, ya consumada la fractura chiíta, surgieron cuatro corrientes interpretativas que cristalizaron en otras tantas escuelas jurídicas todavía plenamente vigentes: la hanafí (de Abu Hanifa, la más liberal), la malikí (de Malik), la xafeití (de Chaffi, especialmente vigorosa en Egipto), y la hanbalí (originada en Bagdad, la más rigurosa y de la que nacerá el hoy relevante wahabismo saudí).
                Es la escuela malikí la que prevalece en todo el Magreb hasta hoy mismo, siendo escasos los seguidores de las otras escuelas sunnitas. Los chiítas, que también existen, lo son en número muy escaso.

 

2) Dependencia de la vida religiosa nacional del poder político.
                El monarca marroquí, además de su evidente y natural papel político y económico, cumple otro relevante rol: “Comendador de los creyentes”. El hecho de constituir cabeza y árbitro del islam nacional ha supuesto una interrelación muy estrecha y compleja entre ambos; especialmente cuestionada por Abdessalam Yassine, fundador del omnipresente movimiento Justicia y Espiritualidad.
                En Argelia también existió durante décadas una estrecha relación entre el poder político encarnado por el Frente de Liberación Nacional (FLN), artífice de la independencia, partido único orientado tácticamente a Moscú en los años de la guerra fría, y la vida religiosa islámica. No obstante, esta dependencia, o supervisión desde el poder, siempre fue cuestionada desde el islam argelino, acusando incluso al FLN de traicionar a una base musulmana que le apoyó en su lucha por la independencia, movilizada más por sus creencias religiosas que no por un proyecto socialista y laicista, según los críticos islamistas. Esa dependencia sigue perviviendo hoy día. No deja de ser interesante, por ejemplo, destacar que la primera gran medida adoptada por el poder político para eliminar al entonces amenazador Frente Islámico de Salvación, en 1992, fuera el control de la orientación de los sermones de los imanes y la asistencia a las mezquitas de toda Argelia…

 

3) Común cristalización moderna de la religiosidad tradicional autóctona en dos grandes tendencias: las históricas cofradías sufíes, por una parte, y los movimientos de vocación transformadora sociopolítica, por otra.
                La religiosidad marroquí popular no puede entenderse sin el fenómeno sufí: numerosas cofradías y variadas prácticas religiosas, como las peregrinaciones a las tumbas de santones, consideradas por los radicales como heterodoxas y supersticiosas, tiñen Marruecos al igual que Argelia. No obstante, debe destacarse otro factor específicamente argelino: la peculiar religiosidad musulmano-bereber, tan tolerante que incluso ha aceptado popularmente, sin grandes reservas, prácticas prohibidas por el islam, como es el consumo de alcohol; faceta exaltada por la multicultural y popular música bereber raï que tanto furor ha causado en sectores progresistas europeos.
Marruecos ha destilado otro producto religioso: el movimiento Al Adl Wal Ihssane (Justicia y Espiritualidad), fundado en 1987 por el mencionado Abdessalam Yassine. Esta compleja realidad, que no participa en política directamente y que cuestiona las bases teológicas de la monarquía marroquí, intenta conciliar la tradicional religiosidad nacional con el impacto de la modernidad en el contexto del movimiento reformista islámico mundial, de modo que bien puede enmarcarse en el plural fenómeno del islamismo mundial.
Por lo que se refiere a Argelia, además de la particular incidencia social de las cofradías sufíes y de la relativa heterodoxia de amplias capas sociales bereberes, también ha generado una corriente en la que bien podrían encontrarse buena parte de las características que antes hemos señalado para el movimiento de Yassine: el movimiento Djez´ara, o argelianista, que podríamos caracterizarlo como la vía específicamente argelina al islam universal. Debemos remarcar, no obstante, su vocación estrictamente política, lo que le llevó desde sus orígenes a organizarse de forma bastante secreta, en pequeño número, y con una marcada voluntad intervencionista; lo que le llevó a embarcarse con entusiasmo en la aventura del Frente Islámico de Salvación y, a algunos de sus más radicales militantes, a la práctica terrorista posterior a su ilegalización y disolución. Encontramos sus raíces como organización en 1966, cuando varios islamistas se organizan en torno al jeque Hachemi Tidjani. Otra personalidad que les influirá será Malek Bennabi, intelectual empeñado en la conciliación entre el islam y la Ciencia.
El movimiento argelianista considera que hay que volver al impulso inicial de la lucha anticolonial, que habría traicionado, según su criterio, el FLN desde 1962. Es decir, propugna el retorno a las genuinas fuentes musulmanas frente a un poder político ilegítimo y antimusulmán. Una peculiar fusión entre nacionalismo e islamismo que busca engarzar con la modernidad desde la discutida identidad argelina.

 

4) Progresiva recepción de pujantes de dos grandes corrientes teológicas foráneas: el wahabismo saudí y los Hermanos Musulmanes.
                En el caso marroquí, fueron las propias autoridades gubernamentales las que, con motivo de una reforma académica desarrollada en 1982, reclamaron docentes de religión islámica del extranjero, abriendo así a Marruecos al wahabismo saudí y a los seguidores de los Hermanos Musulmanes.
                En Argelia, en su caso, ambas corrientes penetraron por otras vías: especialmente por la de la financiación de nuevas mezquitas, en el caso wahabita, y por el característico proselitismo militante de los Hermanos Musulmanes.
De los Hermanos Musulmanes nació una expresión más radical: Takfir wal Hijra (“Excomunión y exilio”), corriente fundada hacia 1975 por el egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo a su vez del radical Hermano Musulmán Sayed Qutb. Según veíamos en el texto inicialmente mencionado dada su presencia entre los radicales marroquís, propugnan abandonar la actual sociedad descreída, prohibiendo a sus seguidores en consecuencia que se integren en la función pública, el servicio militar o en la enseñanza pública. Acuden a mezquitas clandestinas en grupos de una docena de miembros, dirigidas por un emir, para mantener cierto nivel de clandestinidad. Al igual que a Marruecos, también llegó a Argelia, participando activamente en las primeras acciones terroristas del Grupo Islámico Armado (GIA) y en los intentos de federación de todos los grupos islamistas radicales en el Ejército Islámico de Salvación (EIS); si bien ambos grupos terroristas colisionaron violentamente hasta la disolución del EIS, perviviendo el brutal GIA. También cuenta con seguidores entre los emigrantes argelinos, marroquís, y de otras nacionalidades, establecidos en Europa.

 

5) El impacto de la experiencia afgana.
                Procedentes de Argelia participaron varios cientos de combatientes en la yihad afgana. Los que regresaron, lo hicieron marcados, identificándose incluso por su atuendo físico: largas barbas, pantalones tipo bombacho y cabeza cubierta con un casquete de encaje. Participaron, igualmente, de manera muy activa y decidida en las primeras acciones terroristas desencadenadas desde el radicalismo islamista una vez ilegalizado el FIS. Influidos especialmente por el wahabismo, contribuyeron al nacimiento del grupo terrorista argelino más radical que todavía sobrevive, tanto en su original solar patrio como en Europa: la escisión del GIA conocida como Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC).

 

6) El salto al terrorismo.
                El implacable golpe dado desde el poder establecido en Argelia, a las pretensiones del FIS, impulsó al terrorismo, ya urbano o rural, a numerosos grupos radicales, pertenecientes a todas las corrientes mencionadas: salafistas (wahabitas), takfiros, djez´aristas, afganos… Buena parte de ellos confluirían en el Ejército Islámico de Salvación, que terminaría abandonando las armas, especialmente en el más radical Grupo Islámico Armado, y en el que todavía hoy recoge la antorcha de todos ellos, en su versión más extrema y en supuesta coordinación con Al Qaeda: el mencionado Grupo Salafista para la Predicación y el Combate.
                Marruecos también ha conocido explosiones terroristas, pero que bien pueden calificarse de aisladas, sin responder a una mínimamente elaborada estrategia de lucha por el poder. Incluso se ha expresado, en determinados medios de comunicación, la posibilidad de que algún grupo haya sido manipulado por los servicios secretos estatales con la finalidad de asustar a la sociedad marroquí y frenar el ascenso islamista del PJD… No obstante, el papel jugado por el misterioso Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), ha sido excepcional; si bien es mucho lo que queda por desvelar de su realidad, alcance y conexiones.

 

7) Un gran partido islamista.
                Los primeros en organizarse con relevancia –aunque partidos islamistas existían con anterioridad pero sin apenas calado- fueron los argelinos en torno al Frente Islámico de Salvación, fundado oficialmente el 10 de marzo de 1989 en la mezquita Ben-Badis de Kub y legalizado a finales del mismo año; y en el que confluyeron la mayor parte de corrientes y escuelas islamistas, si bien siempre existió en su seno una lucha por el poder entre djez´aristas y salafistas. El 19 de marzo de 1992, ilegalizado para evitar una previsible aplastante victoria electoral, con la mayor parte de sus dirigentes encarcelados o en el exilio, sufriendo miles de detenciones, y encontrándose en la clandestinidad otros muchos, se disuelve; dando paso al terrorismo que asoló a Argelia ferozmente.
No obstante, existen en Argelia otros dos partidos islamistas, algo más moderados que lo que encarnó en su día el FIS, que sumando sus fuerzas conforman hoy día el segundo bloque en votos por detrás de la oficialista Agrupación Nacional Democrática (en el poder), y bastante por encima del grupo de partidos “laicos” (el Frente de Fuerzas Socialistas, los bereberes de la Agrupación por la Cultura y la Democracia, los ex-comunistas del  ETTAHADI…). Es el caso del Movimiento Social por la Paz (MSP), denominado anteriormente Hamas (o Movimiento por la Sociedad Islámica). Fundado en 1990 por Mahfud Nahnah, está muy próximo a la corriente de los Hermanos Musulmanes. Representa un cierto islamismo legalista y conservador, habiendo pactado con el actual partido gubernamental, la AND; lo que le ha proporcionado algunas carteras y secretarías de Estado.
El segundo partido islamista legal es el Movimiento de Renacimiento (Nahda). Fundado en 1988, es legalizado en 1990. Se encuentra más próximo al MSP que al disuelto FIS. No obstante, propugna el establecimiento de un estado islámico que aplique integralmente la ley islámica.
El islamismo marroquí se organiza, políticamente con eficacia, algunos años más tarde que en el caso argelino; con la característica de moverse tácticamente con mucha moderación, llegando así a presentar un número muy limitado de candidaturas al objeto de no asustar al poder monárquico-militar y prevenir una situación “a la argelina”. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que así se llama y cuyo modelo parece ser su homónimo turco liderado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan (Adalet ve Kalkinma Partisi, AKP), para muchos ya sería, tal vez, la primera fuerza política nacional. Afirma aceptar el juego democrático, rechazando el calificativo de islamista, pero reconociendo evidentes y naturales bases musulmanas. No es un partido homogéneo, pues aunque fundado por un antiguo ministro de Hassan II, coexisten en su seno varias tendencias, incluída una radical, propiamente islamista: el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). Tampoco cuestiona la figura del monarca; diferenciándose así de la postura de Abdessalam Yassine. Podría calificarse, tal vez, de partido conservador y nacionalista, más que propiamente islamista radical. El tiempo nos aclarará su verdadera naturaleza.

 

8) La extensión islamista entre los emigrantes en Europa.
                Tanto entre los jóvenes emigrantes, como en hijos de la segunda, e incluso tercera generación, es indudable que los yihadistas del Magreb han sabido captar numerosas voluntades para su causa; logrando moverse como pez en el agua en el seno de sus cerradas comunidades nacionales esparcidas por toda Europa, especialmente en Francia, España, Bélgica e Italia. Las conexiones internacionales del GIA, el GSPC y el GICM, han desvelado, merced la represión policial y la cooperación judicial europea, importantes redes de apoyo (financiación, adquisición de armas, acogida de perseguidos, traslado de combatientes suicidas a Irak) y una callada actividad; fruto de una relevante labor de captación de militantes discretos y entregados a la causa.

 

Reflexiones finales.
                Son muy relevantes, pues, las analogías y paralelismos existentes entre el islamismo marroquí y el argelino, más allá de sus evidentes diferencias derivadas de sus particulares circunstancias históricas.
Desde la perspectiva islamista radical, yihadista o no, la lucha por el triunfo del verdadero islam y por la universalización de una idealizada umma (comunidad de los creyentes), por tanto, ya no es una pretensión únicamente que afecte a amplios sectores de las sociedades marroquí y argelina: se trata de un problema que alcanza de lleno, por su proximidad geográfica y la presencia de numerosas comunidades inmigrantes de allí procedentes, a la envejecida, relativista, confusamente multiculturalista y decaída Europa.

 

 

Bibliografía consultada y recomendada.

 

-          Blanco, Antonio, del Águila, Rafael y Sabucedo, J.M. (eds), Madrid 11-m: un análisis del mal y sus consecuencias, Trotta, Madrid, 2005.
-          Clarque, Richard A. (dir.), Cómo derrotar a los yihadistas. Un plan de acción, Taurus, Madrid, 2005.
-          De Arístegui, La Yihad en España. La obsesión por reconquistar Al-Ándalus, La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.
--- El islamismo contra el Islam. Ediciones B, Barcelona, 2004.
-          Dershowitz, Alan M, ¿Por qué aumenta el terrorismo? Para comprender la amenaza y responder al desafío, Encuentro, Madrid, 2004.
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-          Du Pasquier, Roger, El despertar del Islam, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1992.
-          Dévoluy, Pierre y Diteil, Mireille, El polvorín argelino. Enigmas y violencias de la otra orilla, Flor del Viento Ediciones, Barcelona, 1995.
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-          Gunaratna, Rohan, Al Qaeda. Viaje al interior del terrorismo islamista, Barcelona, ServiDOC, 2003.
-          Jomier, Jacques, Para conocer el Islam, Verbo Divino, Estella, 1989.
-          Jordán, Javier, Profetas del miedo, EUNSA, Pamplona, 2004.
-          Kepel, Gilles, La Yihad. Expansión y declive del islamismo, Península, Barcelona, 2001.
-          Klein, León, Marruecos, el enemigo del sur, PYRE, Barcelona, 2002.
-          Mernissi, Fátima, Marruecos a través de sus mujeres, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama (Madrid), 2ª edición, 1992.
-          Milá, Ernesto, 11 M. Los perros del infierno, PYRE, Barcelona, 2004.
-          Paolucci, Giorgio y Eid Camille (entrevistadores), Cien preguntas sobre el islam. Una entrevista a Samir Khalil Samir, Ediciones Encuentro, Madrid, 2003.
-          Politkovskaya, Anna, Terror en Chechenia, Ediciones del Bronce, Barcelona, 2003.
-          Segura, Antoni, Más allá del islam. Política y conflictos actuales en el mundo musulmán, Alianza Editorial, Madrid, 2001.
-          Soto, Paco, El islamismo político en Marruecos. Retratos desde dentro, Flor del Viento, Barcelona, 2005.
-          Tuquoi, Jean-Pierre, El último rey, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2002.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 101, enero de 2006

Alemania 1918-1947: entre dos totalitarismos. Comentarios a tres recientes libros sobre la historia alemana del siglo XX.

Entre la intentona revolucionaria de los comunistas alemanes, en 1918-1919, y la “solución final” perpetrada por el nazismo contra los judíos europeos, existe un hilo conductor: la inhumana pretensión de poder absoluto de toda ideología totalitaria.

 

Tres libros sobre la historia de Alemania en el siglo XX.
El año 2005 ha sido prolífico en la edición de numerosos textos de investigación histórica de todo tipo, especialmente marcado por los aniversarios del cese de la Segunda Guerra mundial y del fallecimiento de Francisco Franco. En este contexto, un buen número de ellos profundizaban, con mayor o menor calado, en diversas cuestiones de la rica historia alemana; fundamental para entender el sentido del siglo XX. No podría entenderse, ni siquiera imaginarse, el siglo XX sin el papel del actor alemán.
También en España han sido muy numerosos los lanzamientos editoriales en torno a la Segunda Guerra mundial y al papel jugado por Alemania en aquellos cruciales y dramáticos años: fascículos, coleccionables audiovisuales, libros especializados, algunas películas de gran éxito…
Nosotros, últimamente, hemos accedido a tres libros que analizan aspectos bastante paticulares de esta extensa historia. Tales han sido: La revolución alemana de 1918-1919, de Sebastian Haffner (Inédita Editores, Barcelona, 2005); La conciencia nazi, de Claudia Koonz (Ediciones Paidós, Barcelona, 2005); y Los últimos nazis. El movimiento de resistencia alemán, 1944-1947, de Perry Biddicombe (Inédita Ediciones, Barcelona, 2005).
Sebastian Haffner nos ofrece, en el primer libro, una panorámica novedosa de los sucesos acaecidos al término de la Primera Guerra mundial en Alemania y que provocaron la caída del Imperio y el advenimiento, en un contexto de tremenda crisis social, política y cultural, de la República de Weimar. A su juicio, la revolución que iniciara el motín marinero en la ciudad portuaria de Kiel, y que se extendió como un reguero de pólvora por toda Alemania, tenía un carácter pacifista, democratizador y antimilitarista. Pero, en todo caso, lejos de las pretensiones de los pocos cientos de militantes espartaquistas y de otras facciones comunistas que fueron incapaces de capitalizar tal movimiento de protesta en el sentido de la revolución rusa de octubre. Concurrieron otros factores que no lo facilitaron: la voluntad del sector mayoritario de la socialdemocracia alemana, el SPD, en impedir por todos los medios tal posibilidad revolucionaria; la rápida reconstrucción de estructuras militantes de la derecha radical anticomunista alemana en los paramilitares freikorps; y la alianza de ambos ante los intentos comunistas, ya en Berlín, ya en Baviera posteriormente. Así, un personaje que es desmitificado, entre otros, es el de Rosa Luxemburgo; una teórica comunista radical cuyos planteamientos bolcheviques apenas eran entendidos por los militantes decididos de su organización, y mucho menos seguidos por sus apeladas masas. En todo caso, encontrar en sus textos atisbos de un “comunismo humanista” no deja de constituir toda una voluntarista pirueta intelectual que nada decisivo aporta.
El libro de Claudia Koonz, subtitulado La formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich, profundiza en otro aspecto muy distinto al anterior. La autora intenta explicar una pregunta que ronda a los intelectuales desde el término de la Segunda Guerra mundial: ¿cómo es posible que la nación alemana, tenida como la más culta del mundo, fuera capaz de perpetrar un genocidio como el practicado contra los judíos europeos? Claudia Koonz parte de una premisa: el antisemitismo, en Alemania, salvo en unas pequeñas pero activas minorías, estaba menos arraigado que en otras naciones de su entorno, ya fueran Francia, Rumanía… Entonces, ¿cómo pudo desencadenarse semejante infierno? Para consolidar una conciencia colectiva etnicista y antisemita, los nazis se sirvieron de todos los medios a su alcance: la investigación científica y médica, los estudios raciales e historiográficos, la educación masiva de la juventud alemana, la propaganda (revistas populares, noticiarios cinematográficos, libros y folletos de todo tipo y calidad…). Toda una batería de instrumentos al servicio de un cambio moral profundo de la sociedad alemana. Su objetivo era evidente: la eliminación operativa de la moral judeo-cristiana, sustituyéndola por la fidelidad y subordinación del individuo a la comunidad y solidaridad étnicas.
El propio Hitler jugó bien sus bazas. Su discurso abierta, y radicalmente antisemita de sus inicios políticos, se moduló notablemente durante los quinquenios siguientes, pasando a un segundo plano; lo que desconcertó en muchas ocasiones a las más impacientes de las facciones radicales nazis. No obstante, se trataba únicamente de una estrategia: en lugar de propugnar un antisemitismo “caliente” y violento, se impulsó el cambio en las conciencias, acompañado de un racismo “frío”, legal y de hecho. Para entonces, la sociedad alemana estaba en buena medida anestesiada; su sociedad civil, neutralizada y confundida, de modo que salvo pequeños sectores, como los de los educadores católicos, apenas opusieron resistencia al nuevo estado de cosas, aceptando como inevitable y mal menor la nueva conciencia moral que invocaba por igual a valores como la solidaridad nacional, el honor, la sangre, la tierra… y la eugenesia, el exclusivismo étnico y la necesidad de expansión vital por el este de Europa.
         Su capítulo tercero, Aliados en la Academia, se presenta particularmente interesante, al analizar la adhesión al nacionalsocialismo, desde el prestigio de sus respectivas disciplinas, del filósofo Martin Heidegger, el politólogo Carl Schmitt, y el teólogo protestante Gerhard Kittel, quienes, ante la aparente indefinición conceptual profunda de la doctrina nazi, trataron de elaborarle, sin éxito, un armazón teórico ideológico marcado por su particular sello intelectual. Una prueba más del sorprendente atractivo del nacionalsocialismo; incluso entre algunos de los cerebros mejor dotados del siglo XX.
Perry Biddiscombre, por su parte y en el tercero de los libros citados, profundiza en un aspecto muy poco conocido del final de la Segunda Guerra mundial: el movimiento werewolf, es decir, el intento de creación de una guerrilla nazi en los territorios alemanes ocupados por los aliados y que inmoló a unos cientos de muchachos en acciones generalmente mal planificadas, que toparon con una represión enemiga despiadada. Pero, ¿cómo explicar que, hundiéndose el régimen nazi, unos miles de jóvenes se movilizaran, contra toda esperanza, jugádose la vida en dirección hacia una muerte casi segura, en aras de unos ideales que parecían abocados a su absoluta desaparición? El propio autor proporciona, aunque sin insistir especialmente en ello, la respuesta: el carácter totalitario de su ideología.

 

El hilo conductor del totalitarismo.
Es, por tanto, la presencia de unas ideologías totalitarias, la que arrastró a una de las naciones más cultas del mundo a su colectivo “descenso a los infiernos”. Primero fue la tentación totalitaria comunista; aunque conjurada por una atípica conjunción de socialdemócratas moderados y militaristas de la derecha pangermánica. Posteriormente, el nacionalsocialismo fue capaz de atraerse a amplios sectores de la sociedad civil alemana mediante un programa que moderó progresivamente, pero que no renunció a sus objetivos reales y que le llevó, una vez transmutada su estructura mental individual y comunitaria, a la confrontación más dañina que ha conocido la humanidad en toda su historia.
Pero, ¿qué entendemos por totalitarismo?

Se caracterizaría, genéricamente, por divinizar al Estado absoluto, de modo que éste exige la total subordinación de los grupos sociales y de la misma conciencia de todos los individuos, a sus dictados políticos y culturales, sirviéndose para ello del empleo sistemático de la violencia. Conforme esta concepción, el Estado se atribuye un poder ilimitado, prescindiendo de los derechos fundamentales del hombre, negando la división de poderes, primando la voluntad y el poder por encima de la razón y la libertad; y todo ello desde el rechazo de la moral precedente (de modo particular la denominada judeocristiana). Así, su método pasa por la dominación total de las personas, de modo que, tal y como describe Arendt en la página 554 de su fundamental libro Los orígenes del totalitarismo (Taurus, Madrid, 1974), “El totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos. El poder total sólo puede ser logrado y salvaguardado en un mundo de reflejos condicionados, de marionetas sin el más ligero rasgo de espontaneidad. Precisamente porque los recursos del hombre son tan grandes puede ser completamente dominado sólo cuando se convierte en un espécimen de la especie animal hombre”.

Conviene, pensamos, extraer algunas conclusiones y enseñanzas para el futuro.
La primera es que toda ideología totalitaria es un grave riesgo para cualquier colectividad: su percepción falseada y reinterpretativa de la realidad entraña enormes riesgos para la salud moral de sus seguidores y para la vida de sus oponentes.
En segundo lugar, deducimos de diversas experiencias históricas anteriores que pudieron responder con éxito a los totalitarismos, que el mejor antídoto es la existencia de una sociedad civil viva, creativa, consciente de su potencial, orgullosa de su tradición y realista en el análisis de la realidad.
Debemos insistir, en tercer lugar, en las posibilidades reales de cambio antropológico de la propaganda masiva de una ideología totalitaria; aunque revista apariencias moderadas, aceptables y pseudodemocráticas.
Ésta última conclusión bien podría aplicarse a la España de hoy día. Nuestra sociedad, atomizada por un individualismo impulsado desde las factorías mediáticas e intelectuales de los emergentes poderes reales, se encuentra anestesiada y neutralizada ante modelos sociales que, aparentemente libertarios, arrastran a las mujeres y hombres de hoy hacia un pensamiento único cuya consecuencia es la pérdida de raíces, la ausencia del sentido de pertenencia y de la propia libertad individual y social. En este contexto, hechos muy concretos, caso del programa secesionista de determinadas regiones puesto en marcha, la progresiva eliminación de la libertad de educación, la trivialización de la vida humana en sus inicio y término, y la desarticulación de la vida familiar, responden a impulsos de matriz totalitaria. En esta situación, únicamente desde la fidelidad a la propia tradición es posible afrontar los retos de la vida cotidiana, de la posmodernidad, de la globalización, y de la política real.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 101, enero de 2006

 

Salafiya yihadia: terrorismo islamista made in Marruecos.

Salafiya yihadia no es una entidad terrorista: es la denominación, traducida como “salafismo combatiente”, que agrupa a varios grupos originarios de Marruecos, aleccionados desde dispares escuelas teológicas islamistas radicales, que siguen la estela yihadista de Osama Ben Laden.

 

Introducción.
         Durante décadas se había considerado a nuestro vecino del sur, Marruecos, como un territorio inmune al yihadismo terrorista que eclosionaba en otros espacios geográficos musulmanes y, también, fuera del mismo.
Los atentados de Casablanca del 16 de mayo de 2003 (14 terroristas suicidas provocan la muerte de 45 personas y heridas en más de 60 en diversos atentados) y del 11-M de 2004, en España, nos han despertado abruptamente del sueño: la mayoría de sus autores eran marroquíes de procedencia social y de formación profesional e intelectual muy dispares.
         Si se tenía una percepción tan errónea de esa realidad tan cercana, pero a pesar de ello tan desconocida, dos razones alegadas generalmente pudieran explicarlo: el siempre relevante rol jugado por los sucesivos monarcas marroquíes (cuya naturaleza de Comendador de los Creyentes, Emir al-Muminin, parecía controlar a priori la situación religiosa nacional), y la orientación del tradicional islam marroquí, con fama de ser más abierto y tolerante que el de otras latitudes y especialmente teñido en sus expresiones populares por las prácticas sufíes tan admiradas por la decadente New Age occidental.
         Pero tales factores deben ser contemplados desde su dinámica real, no desde una fotografía fija y plana; lo que permitiría, acaso, descubrir bajo la superficie de las apariencias, una realidad compleja y vivaz.

 

Hassan II y la reislamización marroquí.
         Hassan II jugó inteligentemente muchas y diversas bazas políticas a lo largo de su reinado. Así, por ejemplo, en el plano interno potenció la presencia de grupos islamistas en las universidades al objeto de frenar a los entonces pujantes grupos de la extrema izquierda marxista-leninista; hoy prácticamente desaparecidos por completo. Por otra parte, trató de dividir al islam marroquí importando, especialmente desde la irrupción del rebelde Abdessalam Yassine, docentes extranjeros de religión islámica. De esta manera, el islam nacional sería contrarrestado por otras escuelas islámicas, lo que, en última instancia, reforzaría la carga de legitimidad religiosa del monarca.
         El antecedente más relevante del actual islamismo político lo encontramos en una formación menor, fundada en 1969 de la mano, entre otros, de Abdelkrim Mouti: Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda, muy activa por entonces en Marruecos. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó el terrorismo. Los más moderados confluyeron en 1997, con otras formaciones, en el emergente Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), fundado inicialmente por un antiguo hombre del régimen, Adbelkrim El Khatib.
         En 1982, de la mano de Azzedine El Araqui, un ministro del gobernante Istiqlal (Partido de la Independencia, nacionalista conservador), se eliminó buena parte de la enseñanza de Filosofía en sus diversos niveles académicos, a la vez que se introdujeron numerosos Departamentos de Estudios Islámicos en su lugar. Existiendo una notable carencia de profesorado preparado, se contrataron docentes procedentes fundamentalmente de Arabia Saudita (formados en el wahabismo) y de Egipto (en línea con los Hermanos Musulmanes).
         Pero tales medidas produjeron, años después, efectos no deseados. Por una parte no fue posible frenar la reislamización marroquí liderado por Yassine y su movimiento Justicia y Espiritualidad. Por otra parte, los islamistas, desplazando a los marxistas, ocuparon las universidades, siendo su influjo decisivo tanto en el alumnado como en los cuadros docentes. Y ahí siguen.
El sufismo, de tanta influencia en el islam popular marroquí, no es una tendencia política. Espiritualista y tradicional, propone al musulmán una experiencia personal religiosa; llegándose, incluso, a un discutido misticismo sufí. Sus posturas políticas, cuando las tienen, son generalmente conservadoras, pero sin propugnar alternativas concretas. En época colonial, muchos sufíes encabezaron la resistencia frente a las respectivas potencias europeas. Marruecos fue un claro ejemplo de ello.
Este fenómeno de la reislamización de la sociedad marroquí, especialmente perceptible en sus manifestaciones públicas, fue paralelo al inicio del influjo de las doctrinas impartidas por algunos predicadores particularmente radicales, tanto de las corrientes autóctonas, como de las “importadas”: el wahabismo saudí y el de algunas manifestaciones extremas cocidas en el entorno de los Hermanos Musulmanes.
Por otra parte, posteriormente, la guerra de Afganistán supuso la oportunidad para que varios cientos de marroquíes se implicaran directamente en la yihad frente a rusos y afganos comunistas ateos. Algunos también participarían en Bosnia y, posteriormente, en Chechenia. Los supervivientes, en su mayoría, regresaron a Marruecos. No menos de 400 de tales excombatientes se encuentran en libertad y en paradero desconocido; según diversas fuentes. Y cerca de 30 de ellos estarían encarcelados, todavía, en Guantánamo. Esa es la conexión que explica la existencia de células yihadistas de alguna manera vinculadas a la novedosa constelación terrorista de Al Qaeda; si bien otros adeptos pudieron ser reclutados posteriormente incluso en Europa.

 

Justicia y Espiritualidad.
         El movimiento islamista Al Adl Wal Ihssane (Justicia y Espiritualidad) fue fundado en 1987 por Abdessalam Yassine, habiendo permanecido encarcelado o en arresto domiciliario durante casi tres décadas; si bien inició sus actividades públicas ya en 1973. Su hija, Nadia Yassine, es el rostro amable del movimiento, prodigando entrevistas a medios de comunicación de todo el mundo, en las que expone sin tapujos sus pretensiones: islamización de la sociedad, modernización y justicia social, eliminación del papel religioso del monarca, etc. Aunque ilegal, disfruta de bastante tolerancia, controlando según expertos, varios cientos de asociaciones sociales de todo tipo. No se trata de un movimiento propiamente político, empeñándose ante todo en labores sociales de islamización de la sociedad mediante su presencia en mezquitas, dispensarios, obras caritativas, asociaciones universitarias, etc. Afirman rechazar cualquier tipo de terrorismo, asegurando que los yihadistas no son buenos musulmanes. En cualquier caso, la reislamización de la sociedad marroquí sería incomprensible sin el activo papel de este movimiento polifacético y eminentemente popular.
         Otro movimiento que también jugó, por aquellos años, un papel relevante en la islamización marroquí fue Jamaat Addawa Wa Attablich (Sociedad para la Propagación y la Predicación del Islam), fundada por el paquistaní Mohamed Ilias, de línea igualmente islamista.

 

Hermanos Musulmanes y takfiros.
El movimiento de los Hermanos Musulmanes, fundado por el egipcio Hassan Al Banna (1906–1949), es una organización muy estructurada y activista, que arraigó inicialmente en Egipto; pero también en Siria, Palestina y otros países musulmanes. A su entender, la Umma (Comunidad de los Creyentes) es una sola nación que debe retornar a las enseñanzas originales del islam si quiere recuperar su grandeza. A su muerte le sucedió Sayed Qutb, ahorcado en 1966 por subversión.
Consideran que el islam contiene un completo repertorio de soluciones a los grandes problemas de toda época. Aseguran que para la aplicación de su programa islamista es inevitable una revolución política. Los Hermanos Musulmanes fueron perseguidos, en Egipto, por Nasser y sus sucesores. En Siria también sufrieron una gran persecución de la mano del fallecido presidente Assad y su partido socialista panárabe Baas. Los Hermanos Musulmanes desautorizan, como regla general, el terrorismo, particularmente el perpetrado el 11-S y el 11-M. No obstante, pueden llegar a justificar, y de hecho se muestran muy comprensivos, con los actos terroristas perpetrados contra intereses israelíes; pues consideran que se trata de actos de legítima defensa en un contexto de injusta opresión generalizada.
De los Hermanos Musulmanes nació otra corriente más radical, si cabe. Nos referimos a Takfir wal Hijra (Excomunión y exilio). Se trata de una escuela que se fundó hacia 1975 de la mano del ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo radical del mencionado Sayed Qutb. Este grupo propone abandonar la actual sociedad descreída y sustituirla por la sociedad de los salaf (antepasados, quienes, idealizados, encarnarían el auténtico y primigenio islam). Prohíben que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o en la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros dirigidas por un emir, al fin de salvaguardar su clandestinidad. Este grupo, nacido inicialmente en Egipto, se extendió por el norte de África y también entre las comunidades musulmanas de Europa, propiciando la creación de auténticas “islas musulmanas” que prefiguran, de alguna manera, la futura sociedad de los salaf. En cualquier caso, se trata de una interpretación más radical de la corriente de la que inicialmente surgió.
Así, el 19 de diciembre de 2005, el periodista José María Irujo publicó en el diario El País un extenso reportaje en torno a la naturaleza y presencia en España del grupo Takfir wal Hijra (Anatema y exilio), destacando especialmente la apertura de 6 de sus mezquitas (4 en Barcelona y 2 en Valencia); así como que la mayor parte de los autores de los atentados del 11-M compartían ese credo. Irujo afirmaba, igualmente, que informes de los servicios secretos franceses definen al grupo, nada menos, que como «el núcleo logístico de la mayoría de los grupos terroristas islamistas que actúan en Europa».
De modo que, en base a todas las informaciones disponibles sobre la realidad del islam español apuntan hacia su extraordinaria fragmentación interna y a la existencia de luchas intestinas por su control. Esa situación no facilita la inmunidad de este heterogéneo cuerpo social frente a las doctrinas más radicales del islamismo; a lo que se le suma la movilidad física de muchos inmigrantes, el carácter étnico de algunas de esas entidades y su notable hermetismo.
El grupo Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), que perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su desarticulación policial, habría estado formado, según diversos autores y fuentes periodísticas, por militantes takfiros.

 

Wahabismo en Marruecos.
Del wahabismo se han publicado diversos textos en esta publicación digital. El wahabismo nace en la península arábiga en el seno de la escuela jurídica  hanbalí, la más rigurosa del sunismo, de la mano de Mohamed Ibn Abdul Wahhab (1703–1787). Coaligado con la familia Saud, se implanta ya en sus orígenes en el territorio que ocupado actualmente por Arabia Saudita. Sus creencias principales son: sólo Alá es digno de adoración; las visitas a tumbas de sabios y santos musulmanes son ajenas al verdadero islam (de lo que se deriva su profundo rechazo de las prácticas sufíes); la introducción de nombres de santos musulmanes en las oraciones equivaldría a incredulidad; cualquier creencia ajena al Corán, la Sunna, o a las deducciones de la razón, equivale a la incredulidad, lo que debe ser castigado con la muerte; cualquier interpretación esotérica también se asimila a la incredulidad.
El wahhabismo entronca en la gran corriente salafiya que promueve la renovación islámica; de la que surgen los diversos movimientos reformistas. De esta forma, reformismo, integrismo, radicalismo, fundamentalismo y yihadismo, sin ser conceptos análogos, en buena medida coinciden. Los reformistas afirman que únicamente la aplicación de la sharia (ley islámica que regula vida pública y privada de todo musulmán, política y sociedad) garantiza el orden moral de la comunidad de los creyentes. Así, todo gobierno sería contrario al espíritu musulmán, mayormente los de inspiración occidental. Por su parte, sí serían auténticos gobiernos islámicos los de los cuatro primeros califas, conocidos como “los que caminan por el camino recto”.
El wahabismo también ha generado sus propias expresiones radicales. No obstante, predomina un sector mayoritario, dentro del rigorismo que le caracteriza en cualquier caso, y vinculado a la Casa Real saudí, que rechaza al terrorismo yihadista, frente a otro sector muy radical, el yihadista. El rostro más conocido de este último es, sin duda, el de Osama Ben Laden, si bien existe todo un plantel de predicadores por todo el mundo que, desde análogos postulados, llegan incluso a desautorizar a las autoridades wahabitas oficiales.
Por lo que se refiere a Marruecos, Takieddine Al Hilali fundó una organización wahabita, ya en la década de los 70 del pasado siglo, denominada Dour Al Quran (Casa del Corán). También pervive otra organización wahabita marroquí fundada por Mohamed Maghraoui: la Asociación para la Predicación del Corán y la Sunna. De tales grupos nacieron, a su vez, otros más radicalizados, formando parte de los mismos tanto propagandistas y oradores muy populares en algunas mezquitas de las grandes ciudades de Marruecos, como grupos terroristas de la constelación yihadista.

 

El Grupo Islámico Combatiente Marroquí.
Tal vez, el grupo terrorista marroquí más conocido sea el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), supuestamente implicado de alguna u otra manera en los atentados de Casablanca y Madrid. No está del todo aclarada su génesis. Para unos es fruto de la experiencia yihadista de los marroquíes que combatieron en Afganistán. Para otros es un producto de la escuela tafkir. En cualquier caso, ha sido la manifestación más mortífera, hasta el día de hoy, del yihadismo marroquí y, en cualquier caso, partícipe de las tramas diseñadas por Osama Ben Laden.
         Un dato importante. Según Richard Labévière, experto en el mundo musulmán y redactor jefe de Radio France International, en su obra La trastienda del terror (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2004), la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir.

 

El islamismo en la política activa: el PJD.
Y no olvidemos el último factor relevante del islamismo marroquí: su irrupción, voluntariamente frenada, en la política institucional de la mano del Partido por la Justicia y el Derecho (PJD), cuyo modelo es el homónimo turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, y que, para muchos observadores, ya sería, incluso, la primera fuerza política. Este partido afirma aceptar el juego democrático y niega ser calificado como islamista, aunque sí reconoce basarse en presupuestos musulmanes. No es una entidad homogénea. Fundado por un antiguo ministro de Hassan II, coexiste en su seno también una corriente mayoritaria más radical, propiamente islamista, el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). No obstante, defiende una democracia islámica, moderna, sin cuestionar la figura del monarca; lo que le diferencia de las posiciones de Abdessalam Yassine. Incluso algunos observadores lo califican más como un partido conservador y nacionalista que propiamente islamista radical.
         El PJD mantiene su propia organización sindical, la Unión Nacional Marroquí del Trabajo (UNMT), especialmente potente en enseñanza, sanidad y administración pública.
         Por su parte, la histórica Unión Nacional de Estudiantes de Marruecos (UNEM) ya está controlada por militantes islamistas. Incluso los colectivos de abogados más influyentes y activos de Marruecos comparten los mismos presupuestos doctrinales.
         Hemos visto, pues, que no puede hablarse de un único islamismo marroquí. Sus manifestaciones son múltiples y profundas: diversas corrientes y escuelas; expresiones puramente religiosas que coexisten junto a otras sociales e, incluso, explícitamente políticas. En ocasiones se entremezclan. Pero en otras, las discrepancias son extremas, hasta llegar a “excomuniones” recíprocas y a graves enfrentamientos entre rivales.
La realidad marroquí del islamismo nacional, por tanto, es cambiante y en buena parte inédita para Occidente. Pero, en cualquier caso, presenta suficientes interrogantes y potenciales riesgos para la estabilidad política de su área geopolítica, a causa de su posible impacto en la orilla sur del Mediterráneo y en el flanco sur de Europa, por lo que conviene seguirla muy de cerca.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 99,  noviembre de 2005

 

España desde la mirada de Ramón Pi: una entrevista a la actualidad.

Reflexiones en torno a la actualidad sociopolítica española desde la experiencia y la mirada privilegiada de un testigo de excepción.

 

Ramón Pi es uno de los periodistas españoles más conocidos y experimentados hoy día; trayectoria avalada por una larga experiencia profesional y el ejercicio de su vocación periodística desde la coherencia y la fidelidad al ideal y marcado por una inequívoca experiencia religiosa. Actualmente trabaja en Radio Nacional de España, Popular TV, Grupo Intereconomía… Hemos querido conocer sus opiniones en torno a una actualidad sociopolítica marcada por la ofensiva desatada contra la familia desde el poder dominante en España.

 

Pregunta: ¿Católicos en el periodismo o periodistas católicos?

 

Respuesta: Son modos de decir más o menos lo mismo. Periodistas solventes, y católicos fieles.

 

P.: ¿No corremos el riesgo de que los periodistas católicos sobrevivan atrincherados en grupos afines o en los medios estrictamente religiosos?

 

R.: Es posible que se llegase a una situación así, si la persecución fuera un hecho lo bastante grave. Creo que no estamos en eso en España, todavía. En la Alemania nazi, los grupos humanos perseguidos por Hitler no pudieron ni siquiera atrincherarse.

 

P.: ¿No echa de menos la existencia, en España, de un diario, electrónico o impreso, que juegue el papel que en su día desarrollaron El Debate o Ya?

 

R.: No es fácil contestar a esto. En nuestra tradición, los periódicos han sido, y son, lugares de encuentro de grupos políticos, sociales, religiosos, que se reconocen en sus páginas y su línea editorial. Si se acosa lo bastante a los católicos, creo que inevitablemente se echará de menos un diario de papel (aún estamos en la galaxia Guttenberg) de estas características, aunque no del mismo modo que en la época de El Debate o Ya: una publicación confesional y entroncada con la jerarquía de la Iglesia me parece hoy más problemática que entonces. De hecho, creo que ya empieza a apreciarse cierto deseo de algo así, porque ni “ABC” ni “La Razón” responden a este patrón. Tal vez “La Gaceta” cumpla un papel parecido, pero su condición de diario económico es un inconveniente grave para que se convierta en el diario de referencia de millones de católicos. Por otra parte, es muy caro poner en los quioscos un diario con aspiraciones de ser un referente nacional. ¿Hay gente suficiente para arriesgar muchísimo dinero en una aventura así? Tengo mis dudas.

 

P.: Se denuncia, por todas partes, la imposición planetaria de un supuesto “pensamiento políticamente correcto”. El mismo, según su criterio, ¿se trata de un producto intelectual del neoliberalismo y del neoimperialismo,  conforme denuncian algunos, o es expresión de un poder transversal mundial mucho más profundo y sutil?

 

R.: Más bien lo segundo. No sé bien qué son el neoliberalismo o el neoimperialismo. Éstas son expresiones acuñadas con intención descalificadora por los restos del naufragio del comunismo soviético. La “corrección política” es, a mi modo de ver,  el resultado de un pensamiento antropológico que desvincula al hombre de la naturaleza, y a la naturaleza de Dios. La víctima es, claro está, el hombre. Eso no es nuevo, pero gracias a los avances científicos y técnicos se está llevando a consecuencias lógicas a las que hasta ahora nadie se había atrevido a llegar. Sufre el hombre, sufre la libertad, sufre la sociedad.

 

P.: Desde su experiencia y conocimiento, ¿qué futuro le aguarda, a la familia española, ante el inevitable impacto de la batería de medidas legislativas, del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, que pretende modificar su faz?, ¿acaso su lento declinar o la progresiva configuración de una sociedad “paralela” como fórmula de resistencia?

 

R.: No sé si se puede generalizar, porque cada familia es un mundo. No cabe duda de que lo que usted llama batería de medidas legislativas tendrá efectos devastadores en muchas familias, por la tendencia a creer que lo legal es también moralmente aceptable. Pero también creo que otras muchas familias necesitaban un revulsivo que les hiciera cobrar conciencia cabal de los retos a que se enfrentan las próximas generaciones, y reaccionar en consecuencia. Más que de “sociedad paralela como fórmula de resistencia” yo hablaría de “sociedad renovada como fórmula de regeneración”. Hay mucho trabajo por delante, y no se trata de resistir, sino sobre todo de regenerar.

 

P.: ¿Goza de buena salud el movimiento en defensa de la vida que tanto conoce, apoya y estima?

 

R.: Un amigo mío me decía que cada vez que las organizaciones defensoras de la familia y la vida hacían algo, nos encontrábamos siempre los mismos doscientos. Exageraba, desde luego, pero el comentario nos puede poner sobre la pista de la considerable desorganización de eso que usted llama “movimiento”, que vive en estado bastante gaseoso. A lo mejor es bueno que eso sea así. No lo sé. Es probable que todo eso tenga que ver con lo que decíamos antes de la ausencia de un poderoso grupo mediático en el que se reconozcan tantos millones de personas que hoy se sienten acosadas desde el poder.

 

P.: ¿Católicos en partidos políticos o partidos católicos?

 

R.: ¿Por qué no ambas cosas? Si hay que elegir, prefiero católicos en los partidos que partidos vinculados a la jerarquía eclesiástica, aunque lo mejor quizás fuera que hubiera partidos políticos que, sin ser confesionales ni llamarse católicos o cristianos, asumiesen la doctrina de la Iglesia en lo referido a asuntos de tejas abajo. El cristianismo no es una rareza para tipos estrafalarios; al contrario, su interpretación del hombre, del mundo y de la vida es antropológicamente equilibrada, y perfectamente asumible por los no creyentes. Creo que era Norberto Bobbio quien decía que la Declaración Universal de los Derechos Humanos podrá traducirse en realidades en todo el mundo, siempre que no se pregunte por sus fundamentos, que son -añado yo- de cuño inequívocamente cristiano, y Bobbio lo sabía.

 

P.: ¿Qué memoria guardará la Historia, según su opinión, de Juan Pablo II?

 

R.: No tengo la bola de cristal, pero creo que no hace falta para prever que Juan Pablo II pasará a la historia de la Iglesia como uno de los grandes Papas, y grandes santos.

 

P.: ¿Qué espera, Ramón Pi, del pontificado de Benedicto XVI?

 

R.: Estoy leyendo (a veces releyendo) textos del cardenal Ratzinger, y me parece que hay que dar muchas gracias a Dios por habernos regalado a este buscador infatigable de la Verdad, la Bondad, la Unidad, el Amor. Siento que el Papa Benedicto XVI va a ejercer una labor enormemente estimulante para toda la Iglesia, para que no se aparte del Camino, la Verdad y la Vida. Lo que espero de su pontificado es lo mismo que de los demás: que sea un paso adelante más hacia la Ciudad de Dios.

 

P.: Los católicos españoles, ¿nos merecemos el acoso que estamos sufriendo? ¿Tendremos que testimoniar más y mejor nuestra fe o plantear batalla en todos los foros públicos y privados posibles?

 

R.: Respondo que sí a todo lo que se plantea en esta pregunta. Creo que los católicos españoles tenemos bastante merecido lo que nos pasa, aunque no somos los responsables en manera alguna: los responsables de esta persecución son los perseguidores, no los perseguidos. Pero, como digo, nos está bastante bien empleado, porque mucho del catolicismo español externo está hueco.
En consecuencia, creo también que tendremos que incorporar más y mejor la fe a nuestra vida, y hacer valer, desde luego, nuestros derechos como ciudadanos en todos los foros posibles y con todos los medios lícitos a nuestro alcance. Cuando el gobernador Festo quiso llevar detenido a Jerusalén a San Pablo (que estaba bajo arresto domiciliario en Cesarea) para contentar a los sanedritas que querían someterlo a una farsa de juicio, Pablo hizo valer su condición de ciudadano romano y apeló al César, y Festo hubo de llevarlo a Roma escoltado. (Hch, 25). Esto no significó que al final Pablo se librase de morir mártir, que no se libró, pero hizo lo que debía.

 

P.: ¿Qué raíces, considera Vd., mantienen vivo al virulento laicismo anticatólico de sectores sociales españoles bastante significativos y particularmente unidos a los actuales “poderes fácticos”?

 

R.: Ya he mencionado antes los restos del naufragio del comunismo soviético, reciclados, por así decir, hacia los nuevos dogmas de la corrección política (multiculturalismo, relativismo moral, etc.), de los que se deriva -en España y en todo el mundo, de modo especial Occidente- una actitud particularmente agresiva contra la Iglesia católica; ésta me parece que es una de las raíces por las que me pregunta. El desplome del comunismo soviético dejó a la izquierda occidental sin suelo bajo los pies, así que la distinción entre izquierda y derecha se circunscribe cada vez más a cuestiones relacionadas con la corrección política y, de manera especial, de naturaleza religiosa. Esto es una superchería más, y no será la última: el laicismo virulento sólo puede apoyarse sobre la mentira.
Además, si me permite una sonrisa, hay que tener en cuenta la vieja tradición española, que Unamuno expresaba como la de ir siempre detrás de los curas, o con un cirio o con una estaca. En esto nuestros laicistas son de lo más tradicional.

 

P.: Algunos echamos de menos la madurez de algunas izquierdas europeas capaces de dialogar creativamente con los sujetos católicos más vivos de sus respectivos países. ¿Por qué no sucede esto en España? Semejante incapacidad, ¿es una carencia exclusiva de la izquierda o la propia Iglesia arrastra una carga de culpa al respecto?

 

R.: En el resto de Europa no hay que creer que atan los perros con longanizas. Los católicos lo pasan peor que en España, por regla general. Recordemos, por ejemplo, lo que le ocurrió a Rocco Buttiglione en el Parlamento Europeo cuando se le iba a designar para la Comisión y fue objeto de un linchamiento moral indigno precisamente por ser católico. La Iglesia en España no tiene ninguna culpa de que la izquierda sea tan sectaria.

 

P.: Para finalizar, nos permitiremos una pregunta muy personal; si no tiene inconveniente en respondérnosla. ¿En qué o quien se apoya Ramón Pi para poder mantenerse fiel a sus convicciones, pese a la marea relativista y anticatólica desatada en los últimos lustros?

 

R.: No sé si esta pregunta es una especie de “telegrama con respuesta pagada”, porque no tengo más remedio que contestar como lo haría cualquier bautizado que quisiera vivir su fe: no existe otro apoyo que el de la Gracia. La cosa no tiene, pues, ningún mérito, y en mi caso, además, todavía menos. Una vez, un grupo de periodistas almorzábamos con Marcelino Camacho, todavía secretario general de Comisiones Obreras, y discutíamos sobre las virtudes de la libertad económica y los inconvenientes del intervencionismo. En cierto momento nos dijo: “No pretenderéis hacer que este viejo fraile se cambie de convento, ¿verdad?” A mí me ocurre algo parecido: ya tengo edad suficiente para comprender que no es cuestión, a estas alturas, de andar cambiando de convicciones, y menos sin motivo.

 

Muchas gracias.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 98, octubre de 2005

“En busca de Andreu Nin. Vida y muerte de un mito silenciado de la Guerra Civil” (Plaza & Janés).

José María Zavala “En busca de Andreu Nin. Vida y muerte de un mito silenciado de la Guerra Civil”. Prólogo de Stanley G. Payne. Plaza & Janés. Barcelona. 2005. 582 pp.

 

Investigando la verdad sobre la desaparición del líder revolucionario Andreu Nin durante nuestra Guerra Civil, el autor nos traslada hasta el corazón de la Revolución rusa y los entresijos de la presencia soviética en España, desvelándonos la naturaleza genocida del experimento comunista.

 

José María Zavala propone, al lector, un viaje que él mismo inicia en Alcalá de Henares, última localidad que vio con vida al famoso dirigente revolucionario Andreu Nin; y que desemboca fatalmente en un episodio español de la orgía de sangre que supuso para Rusia, y miles de comunistas de otros muchos países, las sucesivas purgas desatadas por Stalin.

 

Andreu Nin fue uno de los dirigentes comunistas más atractivos de la época, y uno de los pocos españoles que conoció profundamente la realidad de la Unión Soviética; quedando deslumbrado por sus “logros revolucionarios”, pero ignorando el infinito dolor desatado. Habiendo militado en todas las organizaciones revolucionarias de la época, recalará en la “patria del socialismo”, donde permanecerá nueve años, incorporándose a las estructuras burocráticas de la Internacional Sindical Roja. Allí simpatizará con las posturas políticas de la llamada “Oposición de Izquierdas”, alineándose con León Trotski. Ya en España, se empeñará en la construcción de un partido comunista crítico con la burocratización y la pérdida de las esencias revolucionarias, según sus análisis, experimentadas en la Rusia Soviética y atribuidas a Stalin. Con el concurso de otros comunistas radicales, nació de su impulso el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), acusado en 1937 de trotskismo por los estalinistas del Partido Comunista de España; pese a que había roto con la disciplina de la Internacional de Trotski años atrás.

 

Cientos de miles de comunistas rusos, opositores de cualquier tendencia y personas de todas las condiciones (incluida la mayor parte de la vieja guardia bolchevique), fueron víctimas de las sucesivas purgas organizadas por Stalin y sus secuaces. Los trotskistas se convirtieron en objetivos preferentes de las mismas; de manera que también el POUM fue colocado en primera fila de una larga serie de enemigos mortales a exterminar. Aprovechando su penetración en las estructuras de la república del Frente Popular, los ejecutores más fieles de la política estalinista, encabezados por Alexander Orlov, jefe del NKVD en España, desplegaron una verdadera conspiración. Su objetivo era representar, con los hombres del POUM como víctimas propiciatorias, un proceso análogo a los desarrollados en Moscú –supuestamente- en defensa de la revolución frente a todo tipo de enemigos, interiores y exteriores, reales o ficticios. Así, fueron acusados de ser agentes franquistas y de la Gestapo, mediante pruebas falsificadas que los implicaban presuntamente en una red de espías quintacolumnistas. Nin y el POUM se convertirían en víctimas cualificadas de los sucesos de mayo del 37 en Barcelona, que consolidaron el predominio comunista en Cataluña a costa del desplazamiento de la anarcosindicalista CNT de la dirección del Frente Popular.

 

Nin resistió las bárbaras torturas que le sometieron. Ello le honra: decenas de miles de comunistas rusos y de otras muchas nacionalidades, cedieron a las presiones, chantajes y torturas, y terminaron reconociendo increíbles acusaciones “fabricadas” a conveniencia por los chequistas, lo que no les salvó la vida, ni las de sus familiares presentados como moneda de cambio. Nin tampoco sobrevivió; ni siquiera se conoce el destino último de su cuerpo torturado. Pero es seguro que no cedió, resistió, murió en el empeño y salvó al POUM de su anunciado exterminio.

 

Nin fue un dirigente comunista independiente: bien formado, reflexivo, carismático, trabajador, austero… Todo ello, no obstante, no le exonera de su responsabilidad en la hecatombe de la Guerra Civil. Tampoco pretendió implantar un comunismo “de rostro humano”. Los juicios de Stanley G. Payne, en esa dirección, expresados profusamente en su libro Unión Soviética, comunismo y revolución en España (1931-1939), editado en 2003 por la misma editorial, son irrebatibles. Sus invocaciones a la guerra civil sin consideración alguna de sus dramáticas consecuencias humanas, su tremendista violencia verbal, los llamamientos a la lucha sin cuartel contra las clases sociales enemigas y la Iglesia, su defensa a ultranza de la revolución…, anunciaban sin retórica alguna sus objetivos reales: la implantación en España de una república socialista más radical, si cabe, que la rusa. El POUM, a su manera, aunque no influyó decisivamente en la marcha general del conflicto, contribuyó a su desencadenamiento y a su prolongación. Tácticamente se equivocaron, pues se esforzaron para que la revolución avanzara paralelamente a la marcha de la guerra. Y se enfrentó, por ello, a un implacable PCE que, ejecutando ciegamente las personalísimas y en ocasiones desconcertantes órdenes de Stalin, impulsaba una estrategia por etapas, aunque también con la mirada puesta en una república de nuevo tipo, en transición a la dictadura del proletariado.

 

José María Zavala ha escrito un libro tan apasionante como riguroso. Sus apéndices son extraordinarios: diversos documentos facsímiles, y sus transcripciones, decisivos para la aclaración de las circunstancias concretas en que Nin fue asesinado. Dentro de esa documentación destaca el mismísimo expediente policial de Nin, elaborado durante varios lustros. Una cronología, la relación de los trabajos publicadas por Nin, y una bibliografía comentada de las 30 obras fundamentales editadas al respecto, completan un texto cuya lectura golpeará la sensibilidad del lector.

 

 

El Semanal Digital, 30 de abril de 2005

Orígenes del yihadismo marroquí y su proyección en Europa.

El pasado 23 de febrero de 2006, se celebró, en los locales de la Fundación Leyre en Pamplona, una nueva sesión de los Talleres de realidad. El escritor D. José Basaburua expuso el siguiente tema:

 

            Hassan II jugó inteligentemente muchas bazas políticas. Así, en el plano interno potenció la presencia de grupos islamistas en las universidades al objeto de frenar a los pujantes grupos de la extrema izquierda; hoy prácticamente desaparecidos. Por otra parte, trató de dividir al islam marroquí importando, especialmente desde la irrupción del rebelde Abdessalam Yassine fundador de Justicia y Espiritualidad, docentes extranjeros, lo que reforzaría su legitimidad religiosa.
            En 1982, de la mano de Azzedine El Araqui, ministro del gobernante Istiqlal, se eliminó buena parte de la enseñanza de Filosofía, introduciendo numerosos Departamentos de Estudios Islámicos. Para ello se contrataron docentes procedentes fundamentalmente de Arabia Saudita (formados en el wahabismo) y de Egipto (en línea con los Hermanos Musulmanes). Todo ello produjo, años después, efectos imprevistos. No fue posible frenar la reislamización liderada por Yassine. Además, los islamistas, desplazaron a los marxistas, ocupando las universidades.
La guerra de Afganistán supuso la oportunidad para que varios cientos de marroquíes participaran en la yihad. Otros, en Bosnia y Chechenia. No menos de 400 de tales excombatientes se encuentran en libertad y en paradero desconocido. Unos 30 estarían encarcelados en Guantánamo. Esa es la conexión que explica la existencia de células yihadistas marroquíes vinculadas a Al Qaeda.
            El antecedente más relevante del actual islamismo político lo encontramos en la formación fundada en 1969 entre otros, por Abdelkrim Mouti: Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó el terrorismo.
El movimiento de los Hermanos Musulmanes, fundado por el egipcio Hassan Al Banna (1906–1949), es una organización muy estructurada y activista también presente en Marruecos. A su muerte le sucedió Sayed Qutb, ahorcado en 1966 por subversión. De ellos nació otra corriente más radical, si cabe: Takfir wal Hijra (Excomunión y exilio), fundada en 1975 por el ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo de Sayed Qutb. Propone abandonar la actual sociedad descreída y sustituirla por la sociedad de los salaf (antepasados, quienes encarnarían el auténtico islam). Prohíben que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros dirigidas por un emir, al fin de salvaguardar su clandestinidad. También se extendió entre los musulmanes de Europa, propiciando la creación de auténticas “islas islámicas”. El grupo Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), que perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su desarticulación policial, habría estado formado, según diversas fuentes, por militantes takfiros.
El wahabismo nacido en Arabia Saudí también ha generado sus propias expresiones radicales. No obstante, predomina un sector mayoritario, dentro del rigorismo que le caracteriza vinculado a la Casa Real saudí, que rechaza al terrorismo yihadista, frente a otro sector muy radical, el yihadista, cuyo rostro más conocido es el de Osama Ben Laden. Por lo que se refiere a Marruecos, Takieddine Al Hilali fundó una organización wahabita, ya en la década de los 70 del pasado siglo: Dour Al Quran (Casa del Corán). También pervive otra organización wahabita marroquí fundada por Mohamed Maghraoui: la Asociación para la Predicación del Corán y la Sunna. De tales grupos nacieron, a su vez, otros más radicalizados, formando parte de los mismos tanto propagandistas y oradores muy populares en algunas mezquitas de las grandes ciudades de Marruecos, así como grupos vinculados a la constelación yihadista.
Tal vez, el grupo terrorista marroquí más conocido sea el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), supuestamente implicado de alguna u otra manera en los atentados de Casablanca y Madrid. No está del todo aclarada su génesis. Para unos es fruto de la experiencia yihadista afgana. Para otros es un producto de la escuela tafkir. En cualquier caso, ha sido su manifestación más mortífera y, en cualquier caso, partícipe de las tramas diseñadas por Osama Ben Laden. Un dato importante. Según Richard Labévière, redactor jefe de Radio France International, la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir.
Y no olvidemos el último factor relevante del islamismo marroquí: su irrupción, voluntariamente frenada, en la política institucional de la mano del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo modelo es el homónimo turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, y que, para muchos observadores, ya sería, incluso, la primera fuerza política. Este partido afirma aceptar el juego democrático y rechaza ser calificado como islamista. Coexiste en su seno una corriente mayoritaria más radical, propiamente islamista, el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). No obstante, defiende una democracia islámica, moderna, sin cuestionar la figura del monarca; lo que le diferencia de las posiciones de Abdessalam Yassine. Algunos observadores lo califican más como un partido conservador y nacionalista que propiamente islamista radical.
            No puede hablarse de un único islamismo marroquí, del que nacen como expresiones especialmente radicales los grupos yihadistas: diversas escuelas; expresiones puramente religiosas junto a otras sociales e, incluso, explícitamente políticas. Se entremezclan, pero en ocasiones las discrepancias son extremas, hasta llegar a “excomuniones” recíprocas. Pero, en cualquier caso, presenta suficientes interrogantes y potenciales riesgos para la estabilidad de nuestra área geopolítica, por lo que conviene seguirlo muy de cerca.

 

“Contra la balcanización de España” (La Esfera de los libros, S.L.).

Pío Moa. “Contra la balcanización de España”. La Esfera de los libros, S.L. Madrid. 2005. 217 pp.

 

 

 

El historiador Pío Moa está tomando la palabra, en la ágora nacional, con determinación; no en vano, asegura, la democracia y la convivencia españolas sufren una agresión sin precedentes que únicamente puede acarrear sufrimientos innecesarios.

 

 

Pío Moa, especialmente conocido en su faceta de concienzudo historiador, pero también como polemista crítico e independiente, lanza con su reciente libro, una voz de alarma: la democracia española atraviesa una profunda crisis. Y los principales responsables de la misma serían, a su juicio, los movimientos secesionistas de los nacionalismos vasco y catalán, así como un terrorismo islamista que ha logrado trastornar el rumbo del país. A todos ellos les unirían varios objetivos comunes: destruir la unidad y la democracia españolas (según recoge en la página 20 del libro que reseñamos). Pero, en esta labor disolvente, contarían con cierta aquiescencia de la izquierda española.

 

 

Nos encontraríamos, así, en una paradójica situación: valores generalmente enarbolados por la izquierda “progresista”, como son la igualdad ante la ley, el pluralismo y la fraternidad, habrían pasado, merced a semejante deslizamiento, a ser patrimonio del denostado y demonizado nacionalismo español. Pero Moa, ahí, matiza. Se trataría no tanto de un nacionalismo cerrado, excluyente y totalitario, sino de un verdadero patriotismo liberal extremadamente respetuoso con la diversidad intrínseca de las Españas.

 

 

El patriotismo español sería, para muchos, la fuente de todos los males; y los nacionalismos disgregadores, por el contrario, la fotografía de un futuro mejor y sin tensiones... Pero, tal concepción olvida que, según nos recuerda Moa, “... la aportación nacionalista ha consistido sobre todo en crear problemas innecesarios, perturbar la convivencia y socavar las libertades: en suma, ha contribuido a las convulsiones del siglo XX, junto a los movimientos revolucionarios que han hecho fracasar por dos veces la democracia”.

 

 

La izquierda española, particularmente la encabezada por Rodríguez Zapatero, estaría iniciando una segunda Transición, pero ¿hacia dónde? Ya sabemos, eso sí, lo que pretenden los secesionistas: una nueva Constitución que ampare la independencia, de hecho, del País Vasco y Cataluña, apenas maquillada con alguna retórica formulación común. Por ello, es dramática la pérdida de la conciencia histórica por parte de una izquierda que está renunciando a su tradición política, en lo que tiene de integradora de los pueblos de España.

 

 

Dar cancha a los terroristas es muy peligroso, nos recuerda por otra parte Moa. Lo que para Rodríguez Zapatero son manifestaciones de “buen talante”, para los terroristas son muestras de debilidad y, por lo tanto, cuña con la que arrancar más y más exigencias. Por ello, ya que la presente batalla política se plantea, ante todo, en el terreno de la opinión pública, es necesaria una movilización ciudadana que defienda las bases políticas que le han permitido alcanzar niveles nunca conocidos de bienestar económico, libertades individuales y públicas, y seguridad jurídica: la concepción democrática de una España plural que parte de la realidad y de la verdad histórica.

 

 

Moa vuelve a sorprendernos. A su juicio, los regeneracionistas incurrieron en el mismo mal que nacionalistas e izquierdistas desmemoriados: una interpretación ideológica e irreal de la Historia de España. Y es que, nuestro autor, de esta manera mete el dedo en la llaga de tantos males contemporáneos. Las ideologías, particularmente las totalitarias, interpretan la realidad; en lugar de asumirla como un hecho verídico sobre el que asentar una convivencia colectiva y un destino compartido.

 

 

Ya hemos comentados, en otros espacios, diversos libros de Moa. Siempre nos ha impactado su libertad, independencia y rigor como investigador. Pero esos frutos no nacen de un voluntarismo apriorístico. Ello brota de una percepción de la realidad sin filtros que la distorsionen. Por el contrario, España, la visión de España, está siendo distorsionada sin piedad. Algunos han inventado diversas imágenes de España que no corresponden en absoluto con la realidad: así, Al Ándalus sería el mejor ejemplo de una sociedad tolerante, desarrollada y abierta. Pero la anterior, al igual que otras recreaciones de nuestro pasado y muchos proyectos sobre nuestro futuro, son más un fruto del prejuicio ideológico y de los propios gustos, que de la clara percepción de una verdad tozuda que los desmienten.

 

 

Así estamos. Si todo es relativo, no importa la Historia, ni el pasado, ni la realidad: prevalece, por encima de todo, el propio deseo, el proyecto ideológico y cualquier “moda”. Pero, lo más dramático de esta situación no es sólo el autoengaño en que muchos caen, sino la distorsión de la convivencia y la irresponsable negación de unas razones que facilitaron nuestro devenir colectivo. Todo ello violentado, además, por la pretensión de encaminarnos, se quiera o no, en un dirección desconocida que, si miramos a otras experiencias análogas de nuestro pasado (las crisis de 1923 y 1936), sólo puede presagiar calamidades y sufrimientos innecesarios.

 

 

 

El Semanal Digital, 23 de abril de 2005

 

 

“Tres manzanas cayeron del cielo” (El Cobre Ediciones, S.L.).

Micheline Aharonian Marcom. “Tres manzanas cayeron del cielo”. El Cobre Ediciones, S.L. Barcelona. 2005. 268 pp.

 

 

 

Esta novela, a partir de los recuerdos de una superviviente, y desde la sensibilidad femenina de su nieta narradora, nos introduce en los “hitos” del genocidio armenio de 1915.

 

 

 

No es posible acompañar al trágico destino del pueblo armenio abocado a su genocidio en 1915, recorriendo estas páginas escritas por la descendiente de una superviviente, sin experimentar un profundo dolor.

 

 

Es una novela que destila, por todos sus poros, la sensibilidad volcada por la escritora sobre el tesoro de los dolorosos recuerdos de su abuela. Con trazos breves, pero vigorosos e intensos, describe con maestría un mundo que desaparece, siendo eliminado implacablemente en todas sus expresiones.

 

 

No elude escenas sangrientas que describen, certeramente, las fases de un genocidio racionalmente diseñado por sus instigadores, los “Jóvenes Turcos”. Acreditado por diplomáticos, misioneros, militares e historiadores, para ello se siguieron sucesivas fases: la eliminación de seiscientos de sus intelectuales y dirigentes (acción ejecutada un 24 de abril; fecha elegida por las comunidades armenias de la diáspora para conmemorar el genocidio); la eliminación de todos los hombres armenios de Turquía con edades comprendidas entre los 15 y los 45 años; la deportación y muerte por inanición de un millón de personas por los desiertos de Siria. Además, muchas mujeres y niños fueron raptados y violados; el patrimonio personal y cultural de todos ellos, destruido; su riqueza, expropiada… Millón y medio de personas fueron eliminadas sistemáticamente en un primer genocidio, del siglo XX, que apenas toleró la supervivencia de unos pocos testigos impotentes y abrumados.

 

 

Las mujeres son, tristemente, las principales protagonistas de este drama; no podía ser de otra manera, pues sus varones ya habían sido eliminados al poco de ser llamados a filas (una mera excusa, transformándose las trincheras por ellos cavadas en sus propias fosas comunes). Hasta 1918, en que se consumó la fase más cruel del genocidio (matanzas de armenios hubo otras, anteriormente, y también posteriores hasta 1923), esas mujeres fueron testigos y víctimas de lo acaecido, adaptándose, sobreviviendo y, en la mayoría de los casos, sucumbiendo, con sus miedos y leves esperanzas a un destino incierto y pavoroso.

 

 

Diversos personajes llenan de vida a estas asfixiantes y claustrofóbicas páginas: Anaguil, verdadero hilo conductor de la novela, nos mostrará todo un mundo desde el velo que le permite vivir al resguardo de una familia musulmana a la que paga periódicamente por permitirle sobrevivir; Lucine, una criticada amante del cónsul americano; Sargis, poeta que enloquece al permanecer oculto en un agujero con la única visita de su madre; Dickran, uno de tantos bebés muertos por inanición en el transcurso de la deportación, quien, desde sus “recuerdos”, traza algunas de las líneas más conmovedoras del libro… Enraizados en su pueblo, Mezre, y en su cultura, sufren la agonía de sus gentes, en circunstancias personales muy distintas, pero también en una común e incierta “prórroga” de sus vidas.

 

 

El peso de los rumores, la leve esperanza de la incertidumbre, la necesidad de sobrevivir día a día, el intimismo de la convivencia, el sufrimiento añadido del engaño, la obligada venta de los objetos de valor y cotidianos que daban forma a una, ya, desaparecida vida apacible y que reclaman la memoria de los ausentes añorados… Un libro lacerante que conmueve al lector, denuncia a los genocidas, proporciona rostro a las víctimas… y contribuye a mantener viva la cultura de un pueblo.

 

 

El padre de la protagonista ofrecerá su cuello, estirándolo, al verdugo que lo degollará. Mansamente y con resignación. Por los libros de historia sabemos también hubo algunos casos de resistencia armada. Pero fueron los menos. Lo entonces allí acaecido, aún no reconocido por Turquía, fue un verdadero genocidio, pues, conforme a ese concepto determinado por Naciones Unidas en 1948, un Estado, el turco, en nombre de una ideología intentó exterminar por completo a un pueblo milenario, sirviéndose de todo su poder y sin permitirle oportunidad alguna de supervivencia. Por ahorcamiento, inanición, fusilamiento, por fuego, ahogamiento… hombres, niños, mujeres embarazadas. Nadie debía salvarse.

 

 

Pero unos pocos lo lograron y todavía hoy, de la mano de sus descendientes, siguen denunciando una verdad ocultada al mundo de la que nadie ha rendido cuentas.

 

 

Para que no se olvide. Para que no se repita nada semejante.

 

 

 

El Semanal Digital, 9 de abril de 2005