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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Entrevistamos a Juan Manuel Burgos: la filosofía personalista ante los retos del hoy.

Juan Manuel Burgos encabeza una de las dos entidades españolas que se arrogan la etiqueta de “personalista”. Interesados en Arbil, en conocer sus ideas, proyectos y algunos de sus puntos de vista sobre aspectos de la realidad, accede a mantener una entrevista con nosotros.

 

Entrevistamos a Juan Manuel Burgos, doctor en Ciencias Físicas y en Filosofía. Ha sido docente en diversas universidades de Roma y Madrid y actualmente es profesor en el Instituto Juan Pablo II y en la Universidad Complutense de Madrid. Fundador y presidente de la Asociación Española de Personalismo (AEP), es autor de varios libros. Se pueden mencionar entre otros El personalismo (2ª ed. Palabra, Madrid, 2003); Antropología: una guía para la existencia (2ª ed. Palabra, Madrid, 2005); Diagnóstico sobre la familia (Palabra, Madrid, 2004) y Para comprender a Jacques Maritain (Mounier, 2006).

 

Pregunta: ¿Cómo definir al personalismo?, ¿escuela filosófica, movimiento, estilo de vida?
               

 

Respuesta: Creo que hay diversos tipos de personalismo o de relacionarse con el personalismo que abarcan todas esas posibilidades. Personalmente lo concibo y me interesa como una escuela filosófica.

 

 

P.: En su página web afirman que la AEP pretende “promover, difundir, profundizar u desarrollar la filosofía personalista en nuestro país. Se trata de la primera asociación de estas características que se crea en España y en Europa”. Entonces, ¿tienen acaso algún problema con el Instituto Emmanuel Mounier? O, tal vez, ¿son dos maneras distintas de “hacer filosofía”?

 

R.: No tenemos ningún problema con el Instituto Emmanuel Mounier; mantenemos buenas relaciones pero tenemos planteamientos distintos dentro de un fondo común. Como su propio nombre indica ese Instituto se basa principalmente en la figura de Mounier y, también según el estilo de Mounier, plantea un personalismo como estilo de vida y como movimiento. La AEP tiene un planteamiento diferente. Por un lado, pretende estudiar el personalismo en general, no el de un autor específico. Por otro, queremos ser fundamentalmente una institución académica que se dedique al desarrollo, profundización y difusión de la corriente filosófica. Estamos seguros de que, por las ideas que defiende el personalismo, este trabajo acabará influyendo en la sociedad, pero no buscamos esa influencia de modo directo –mediante actividades colectivas o acciones sociales- excepto en el mundo cultural y a través de una tarea filosófica.

 

P.: El personalismo, nutrido de la savia de la Iglesia católica, ha proporcionado filósofos de primera fila (Mounier, Maritain…). ¿Mantiene, hoy día, su atractivo y su capacidad de propuesta? ¿Existe una filosofía personalista entre protestantes y judíos? ¿Y, acaso, algún autor o fenómeno análogo en el mundo musulmán?

 

R.: La cosecha de filósofos personalistas con una fuerte convicción personal católica es realmente llamativa: además de los que ha mencionado se puede señalar a Dietrich von Hildebrand, Romano Guardini, Gabriel Marcel, Maurice Nédoncelle, Julián Marías, Edith Stein, Karol Wojtyla, Luigi Pareyson y un largo etcétera. No sé si exagero pero dudo mucho que haya otra época de la historia en las que se encuentre un ramillete de filósofos cristianos tan impresionante. Hay, por supuesto, personalistas protestantes, aunque menos: Ricoeur es, probablemente, el caso más claro. Y hay un grupo importante de personalistas judíos agrupados en torno a la filosofía del diálogo con representantes tan significativos como Buber o Lévinas. No conozco a ninguno en el mundo musulmán. Respecto al atractivo y capacidad de propuesta del personalismo creo que no solo la mantiene sino que la está incrementando. Señalaré tres datos simplemente a modo de ejemplo: la explosión de publicaciones de y sobre el personalismo en España, que alcanza a más de 100 títulos en los últimos 5 o 6 años; el proceso de consolidación de la bioética personalista, con una federación internacional de asociaciones de este tipo y la acogida que están teniendo las actividades que realizamos desde la AEP; por ejemplo el reciente congreso sobre la “Filosofía personalista de Karol Wojyla”, realizado en la Universidad Complutense de Madrid, ha tenido unas 40 comunicaciones, más de 200 participantes y buena cobertura en los medios de comunicación.

 

P.: Al personalismo, desde determinados medios académicos, se le imputa cierta falta de precisión conceptual y el permanecer –de alguna manera- esclerotizado. ¿Le parecen justas esas  acusaciones?

 

R.: Pienso que hay una parte de verdad en la primera “acusación” que, a mi modo de ver, tiene su raíz en la juventud del personalismo no en su potencial intelectual, que es inmenso. En cierto sentido, se puede decir que esta corriente filosófica acaba de nacer pues tiene apenas 50 años. Hasta ahora ha aportado numerosísimas ideas, pero no siempre se ha trabajado adecuadamente en la fundamentación, en la sistematización, y en la aplicación a terrenos cercanos a la antropología como la educación, bioética, empresa, etc. Tanto la juventud de esta filosofía como la amplitud de las ideas aportadas hace que algunos conceptos o estructuras, si bien son muy sugerentes, necesiten elaboración. El objetivo que nos proponemos en la AEP es justamente trabajar en esa dirección y de ahí nuestra orientación básicamente científica. Hay que señalar, de todos modos, que esta crítica se suele basar también en una identificación incorrecta entre personalismo y pensamiento de Mounier. Mounier murió joven y no le dio tiempo a sistematizar su filosofía. En otros autores, más recientes, como Karol Wojtyla, ya hay un personalismo mucho más elaborado. Respecto al segundo punto, que el personalismo esté esclerotizado, es la primera vez que lo oigo.

 

P.: En la reciente Historia de España, encontramos a personalistas en grupos demócrata cristianos, entre los socialistas, incluso en los comunistas. Algunos personalistas protagonizaron, también, un cuestionado diálogo cristianismo–marxismo que llevó a que terminaran recalando en partidos marxistas, abandonando su catolicismo original. El personalismo cristiano, hoy día, ¿ha quedado relegado en el protagonismo social y político de las ideas?

 

R.: Bueno, ser personalista no es garantía absoluta de nada; se trata de una filosofía, no de doctrina eclesiástica, pero si comparamos los problemas que puede haber planteado el personalismo como filosofía al cristianismo con cualquier otra corriente filosófica contemporánea creo que queda todo dicho. Esto, sin contar con la contribución positiva que ha realizado, que es la fundamental y que ha sido inmensa. Respecto a la influencia del personalismo, me parece que estamos en un momento de transición. El personalismo influyó bastante en Europa en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (Constituciones europeas, Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc.), después perdió muchas posiciones. Ahora, en algunos países, y de modo transversal en buena parte de los intelectuales católicos está ganando importancia. En España el personalismo nunca ha sido relevante porque en la época franquista fue o ignorado o criticado o ambas cosas. Maritain, por ejemplo, fue muy criticado en esa época, pero nunca publicado. El personalismo tuvo después un pequeño auge en la transición y luego volvió a desaparecer ante el empuje del marxismo y otras corrientes ideológicas. Personalmente pienso que ahora tiene su gran oportunidad pues puede aportar muchas ideas frescas y sugerentes para elaborar una antropología moderna y sistemática pero respetuosa de la dignidad humana y compatible con una visión trascendente y cristiana del mundo.

 

P.: No parece que la Filosofía disfrute de buena salud en España. ¿Comparte este juicio? ¿Qué propone para modificar su declive actual?

 

R.: El problema fundamental, a mi juicio, es la difusión del pensamiento débil entendido como el miedo por parte de los filósofos a proponer doctrinas fuertes y sistemáticas sobre los diversos aspectos de la realidad y, en particular, del hombre. Consecuencia de ese miedo es una huida hacia el comentario erudito, la exposición del pensamiento de otros, o el estudio academicista. Y el problema es que la filosofía así entendida tiene muy poco interés. ¿A qué joven le puede interesar la valoración que un autor hace sobre el estudio de otro autor en el que compara una opinión de Hegel sobre Kant? A muy poca gente. No es que ese estudio no pueda tener su valor, evidentemente. Pero la filosofía interesa primordialmente no porque comenta opiniones y opiniones sobre opiniones sino porque propone una visión, porque explica cómo es el mundo. Todo lo demás debe estar al servicio de ese objetivo. Y eso, hoy en día, se da muy poco en el mundo filosófico. Todo se reduce al comentario o a exposiciones que no comprometen. Justamente, por eso, pienso que el personalismo tiene una oportunidad. Al proponer una visión fuerte del hombre en un mundo desestructurado resulta atractivo porque ofrece lo que la gente busca: un instrumento para comprender la realidad y para comprender no sólo qué somos sino quienes somos.

 

P.: Algunos pensadores juzgan a la juventud española actual como la más conformista de la Historia colectiva. Se constata, por otra parte, la existencia de un “poder” planetario que determina lo “políticamente correcto” por medio de un modelo vital relativista-consumista que conduce a un individualismo extremo que debilita al hombre. ¿Pueden, maestros y filósofos, colaborar en la tarea de tratar de romper esta dinámica?; ¿puede, la Iglesia católica, ser una alternativa a esta mentalidad o debe replegarse a su medio más íntimo?

 

R.: Creo que ese juicio no va muy descaminado y que, en consecuencia, la tarea y responsabilidad de maestros y filósofos es la de esforzarse al máximo para tratar de romper esa dinámica nefasta, especialmente a medio y largo plazo. No soy experto en educación y, por lo tanto, no puedo proponer medios concretos pero pienso que habría que proponer a los jóvenes una buena mezcla de propuestas atractivas en el marco de una disciplina exigente. Si no se exige, la gente se hace floja e indolente y, al cabo, egoísta y no comprometida, en parte por ignorancia, en parte por incapacidad. Pero esa exigencia no puede requerirse porque sí –de un modo voluntarista o tiránico- sino en el marco de proyectos atractivos que le den sentido. Este planteamiento exige mucho esfuerzo por parte de los educadores pero creo que es la única vía válida hoy en día. Y me parece también aplicable a la Iglesia, pues al fin y al cabo, los jóvenes cristianos viven en el mismo mundo que los no cristianos y, por lo tanto, están sujetos a los mismos problemas. Sí cabe –es más, creo que es necesario- que la Iglesia elabore discursos diferenciados para quienes son cristianos y para quienes no lo son, pero sin plegarse nunca a posiciones intimistas o endogámicas que son contrarias a su misión universal y que generan mecanismos destructores y empequeñecedores.

 

P.: ¿Considera, Juan Manuel Burgos, que todavía están vivas las raíces cristianas de Europa? El neojacobinismo y el anticatolicismo militante de algunos sectores sociales españoles y europeos, ¿qué opinión le merecen?

 

R.: Las raíces cristianas de Europa están todavía muy vivas pues no en vano tienen 2000 años y se puede apreciar, por ejemplo, en todos los problemas que están planteando cada vez con mayor intensidad los musulmanes. No consiguen adaptarse a los valores europeos en parte, justamente, porque proceden de valores cristianos secularizados en el buen sentido de la expresión, por ejemplo, la separación entre religión y política. Por eso, el anticatolicismo presente en parte de la sociedad europea y española me parece ofensivo, ignorante y estúpido. Ofensivo porque no respeta las opiniones de los demás; ignorante porque no es consciente de las raíces de las que se nutren los valores de la sociedad occidental en la que viven y estúpido porque no se dan cuenta (o si se la dan no les importa) de que en la medida en que debilitan al catolicismo fomentan en Europa una sociedad caótica y amoral sin puntos de referencia.

 

P.: ¿Qué opina acerca de la reciente “guerra de las viñetas”?

 

R.: La “guerra de las viñetas”, de hecho, ha sido una manipulación política coordinado con mucha premeditación por líderes islámicos. Que, cinco o seis meses después de publicar unas caricaturas sobre Mahoma en una revista desconocida de Dinamarca, se esté manifestando gente en sitios tan diversos como Pakistán, Indonesia o Nigeria no puede ser mera casualidad. Pero yendo al contenido me parece básicamente indignante por parte del Islam. Puede que haya habido una falta de respeto por parte de esa revista (no he visto las viñetas) y Europa, sin duda, debe mejorar en el respeto de las convicciones religiosas (comenzando por el cristianismo). Pero las dos varas de medir tan diferentes (para sí y para los demás) que usan el Islam cada vez resultan más inaceptables. No es posible publicar viñetas sobre Mahoma pero sí se puede asesinar a sacerdotes o cristianos y quemar Iglesias en Turquía o Nigeria o impedir toda mínima manifestación religiosa no islámica en Arabia Saudí. Creo que el Islam actual no sólo no entiende la tolerancia sino que le importa muy poco y, por eso, en la “guerra de las viñetas” yo veo sobre todo un ejercicio de fuerza por su parte y un plegamiento de algunos ante esa fuerza que, sin embargo, no valen para los cristianos porque nosotros no ponemos bombas y, por lo tanto, no damos miedo.

 

P.: ¿Qué nos podría decir del personalismo de Karol Wojtyla?

 

R.: El personalismo de Wojtyla es una brillante construcción intelectual surgida de una doble intuición, que la filosofía de Tomás de Aquino tiene hoy todavía mucho que decir pero no todo y que el pensamiento moderno ha dicho también muchas cosas interesantes. Es así, básicamente una síntesis entre fenomenología y tomismo construida en torno a un concepto de persona renovado y refundado que insiste en su carácter irreductible y originario: cada persona es un ser único. Esta brillante antropología –muy definida conceptualmente como se puede comprobar mediante la lectura de Persona y acción- es una base solidísima para desarrollar una filosofía personalista y, en consecuencia, para crear cultura favorable a una visión trascendente del hombre.

 

P.: ¿Qué proyectos contempla para el futuro la Asociación Española de Personalismo?

 

R.: La buena acogida que están teniendo nuestras iniciativas nos estimula a lanzar nuevos proyectos, si bien tenemos que medir nuestras fuerzas pues somos una asociación muy joven (apenas 2 años). Los proyectos más inmediatos que prevemos son: organizar cursos sobre personalismo; crear un foro personalista bianual y seguir con los Congresos Internacionales sobre autores personalistas relevantes.

 

P.: Terminaremos, si nos lo permite, con una pregunta de carácter personal con la que cerramos estas entrevistas. ¿Dónde se apoya, Juan Manuel Burgos, para mantenerse fiel a sus convicciones en un mundo progresivamente hostil a toda expresión social que afirme positivamente la posibilidad real de una vivencia trascendente y realmente humana?

 

R.: Me apoyo en mi fe cristiana y en mi propia experiencia interior. Ambas me dicen que, dentro de los fallos propios a todo hombre, el camino que sigo es correcto y puede servir de ayuda a muchas otras personas. Por lo que respecta al personalismo, hay, además, otro aspecto puramente filosófico. Me gusta la filosofía y el personalismo me parece su mejor expresión en la actualidad. Por eso me dedico a esta corriente filosófica.

 

- Muchas gracias.

 

 

 

 

Direcciones electrónicas de interés:
www.personalismo.org
info@personalismo.org

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 102, febrero de 2006

Evo Morales… ¡falangista!

¿Qué pretenden Evo Morales y su indigenista Movimiento Al Socialismo? Algunas claves para entender la compleja situación de la Bolivia actual.

 

                Partiremos de una anécdota que no despeja los interrogantes actuales, pero que ilustra lo confuso del panorama boliviano. El denominado «Estatuto orgánico o carta fundacional» del Movimiento Al Socialismo (MAS), la formación liderada por Evo Morales y que ha ganado las últimas elecciones, establece en su artículo 87: «Se reconoce la presidencia vitalicia del jefe fundador al Compañero David Añez Pedraza a quien la Dirección Nacional recurrirá cuando sea necesario. Este es un cargo designado honorífico». Así se aprobó en la localidad de Oruro el 15 de diciembre de 2003. Pero, ¿quién es David Añez Pedraza?
                Nos lo aclara el que fuera Secretario Ejecutivo de la Confederación Universitaria Boliviana, Mario Ronald Duran Chuquimia, en su artículo Bolivia: 514 años de noche oscura: «Oscar Unzaga de la Vega, político boliviano, influenciado por la ideología fascista muy en boga en la década de los 30’s en el siglo pasado, fundó Falange Socialista Boliviana (FSB), opositor a bala y revolución al régimen del joven Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), falleció en circunstancias extrañas. Uno de sus herederos políticos, David Añez Pedraza, obsequió al Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP) de Evo Morales, la personería jurídica, el nombre del partido y la sigla Movimiento al Socialismo Unzaguista (MAS-U) y los colores del partido: azul, blanco y negro para que éstos pudiesen participar en las elecciones generales». Sorprendente, aunque, en realidad, irrelevante.
                Pero, realmente, ¿qué propugnan el MAS y Evo Morales?
                De su documento «Nuestros principios ideológicos» procede este jugoso párrafo: «Nuestra cultura andina y amazónica es fundamentalmente simbiótica y de total equilibrio con la naturaleza. Para nuestras raíces culturales el hombre no es el señor, ni el gerente ni el amo del planeta tierra. Somos parte del todo, somos colaboradores conscientes, somos seres que ayudamos a parir la TIERRA, somos comunarios que ayudamos a criar la vida.
Para nosotros el planeta tierra tiene vida. Es inteligente y autorregulado. A este principio nuestros antepasados le han denominado Pachamama, es decir madre tierra y a ella, a la madre tierra no podemos violarla a titulo de dominarla no podemos venderla ni comprarla porque somos parte de ella y en ella criamos la vida, Pachamama quiere decir que el ser humano con y para la tierra y es lo contrario de la cultura occidental que viven de la tierra y sobre la tierra. Para nuestra cultura la tierra es vida y por eso le rendimos nuestro tributo. Le agradecemos a la Pachamama porque es el espacio habitado por los hombres. Es nuestra protectora y cuidadora por excelencia. Es una madre que ampara a sus hijos y que les da los alimentos que necesitan para vivir.
Este principio simbiótico del concepto Pachamama de vivir con y para la tierra, es también el principio del equilibrio con la naturaleza, que es el único camino que nos queda para preservar la vida en el planeta. De lo contrario los principios o paradigmas de la sociedad occidental continuará destruyendo la vida en el planeta tierra». Vamos, la posmoderna y sincrética «Hipótesis Gaia» de nuestros decadentes seguidores de la New Age en versión indigenista. De ahí extraen, no obstante, unas cuantas directrices políticas: ruptura con un pasado cincelado por la colonización española y el régimen constitucional criollo; rechazo del modelo de desarrollo occidental; adhesión a los movimientos antiglobalización; simpatía por todos los «pueblos y naciones oprimidas»; propuesta de un modelo comunitario que supere al capitalismo y al socialismo fracasados...
De hecho, los dos grandes objetivos de la movilización indígena –más bien, indigenista radical- que hizo tambalear los pilares del Estado boliviano, meses atrás, fueron dos: la nacionalización de los hidrocarburos y una Asamblea Constituyente.
                Con el triunfo electoral de Evo Morales, el segundo objetivo (lógica consecuencia con las rupturas cultural y política propuestas por el indigenismo) parece olvidado. Por lo que respecta a la nacionalización de las materias primas, Evo Morales ya no parece tener tanta prisa, matizando y calculando constantemente sus propuestas. Por ello, algunos le acusan de traicionar a los pueblos indígenas y de desviarlos por medio del MAS hacia los intereses de las oligarquías nacionales y los intereses extranjeros. Es el caso de Alejo Veliz Lazo, primer secretario general de la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).
                La plena participación de todo el pueblo de Bolivia en la gestión pública es legítima; al igual que la implantación progresiva de una justicia social que pase por una redistribución de la riqueza nacional. Justas y necesarias.
                Pero los riesgos están ahí: su instrumentalización por «los de siempre», un posible alineamiento con la locomotora Castro-Chavez-Lula que pretende tirar de los vagones de los países hispanos con otros gobiernos de izquierda: Uruguay, Chile, acaso Argentina…
                Una compleja encrucijada ante la que se sitúa Bolivia: entre el realismo político, los prejuicios de una ideología indigenista exacerbada que renuncia al pasado cristiano, y diversas resistencias a la modernización.

 

 

Páginas Digital, 27 de febrero de 2006

Ni vencedores ni vencidos.

                Dos formulaciones enfrentadas: derrota de ETA, con vencedores y vencidos; y un nuevo escenario sin vencedores ni vencidos. Pero, ¿responden a la misma lógica?

 

                Las víctimas de delitos de terrorismo en España lo tienen claro: la paz debe llegar un día, pero con vencedores y vencidos. En consecuencia, cualquier diálogo con los terroristas no puede tener un precio político, pues existen principios superiores rectores de la convivencia civil que no responden a meros intereses coyunturales o de partido. Así lo han afirmado en Valencia con motivo del Tercer Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo; manifestaciones  anticipadas por el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica Herzog, el pasado día 12, y por Fernando Savater, en el homenaje a Joseba Pagazaurtundua, el día 8 de febrero, con motivo del tercer aniversario de su asesinato por ETA.
                Pero están quienes quieren “vendernos” otra táctica alternativa: una paz SIN vencedores NI vencidos. Y lo piden desde la izquierda abertzale, los pseudopacifistas de Elkarri y sus amigos madrileños, los dirigentes del PNV y, acaso, desde el mismísimo liderazgo del PSOE (no en vano el PSE-PSOE votó una moción en ese sentido el pasado 10 de febrero en el pleno del Parlamento vasco).
                Pero, ¿en qué quedamos? ¿Hablamos de lo mismo?
                La primera postura es nítida: no hay matizaciones ni subterfugios dialécticos. En la segunda, si.
                Y ya que hemos mencionado el término dialéctica, recordemos el sentido que le atribuyen sus doctrinarios: más o menos, como el continuo devenir en el desarrollo de los fenómenos del Ser material; lo que se puede analizar por medio de la formulación “tesis-antítesis-síntesis” o “tesis, negación, negación de la negación”.
                No entraremos en la aburrida discusión entre dialécticos mecanicistas y dialécticos materialistas, pero en definitiva, esta formulación puede ayudarnos a entender algo de los propósitos de quienes propugnan “una paz sin vencedores ni vencidos”.
                Si la tesis es la constatación de una “guerra”, la existente entre los Estados español y francés contra el “pueblo vasco”, su resolución lógica sería un armisticio o la derrota total de una de las partes. La negación de lo anterior, o antítesis, podría formularse como la resolución del conflicto desde su propia naturaleza pero con una alternativa a su evolución natural, es decir, paz, pero sin vencedores ni vencidos. Pero luego tendría que llegar, forzándola si es preciso, y siguiendo su lógica interna, la síntesis, o negación de la negación: se acabó el conflicto, un nuevo escenario nacido desde los impulsos del ineludible “progreso”  de la humanidad, lo que implica necesariamente vencidos, antaño acaso vencedores, es decir, aquellos que se opusieron a aquel supuesto avance. Y nuevos vencedores: ETA, “vanguardia que alumbra el nuevo mundo”.
                Se nos podrá alegar que son posibles otras formulaciones de esta secuencia dialéctica, partiendo incluso de premisas o escenarios distintos. No importa: con la dialéctica en la mano y la mirada en el “avance ineludible” del progreso, el resultado sería el mismo.
                Si participamos y entramos en las posturas dialécticas que tratan de establecer algunos intelectuales y políticos como cauces de diálogo y reflexión en esta coyuntura, no pueden controlarse sus inevitables consecuencias últimas: estamos condenados a claudicar y aceptar “un nuevo escenario sin vencedores ni vencidos”… de momento.
                Vendría bien a los dirigentes actuales del PSOE que estudiaran un poco de marxismo para tratar de comprender el destino al que llevan los caminos que están escogiendo.
                O partimos de la realidad, sin mediaciones reduccionistas, o seguimos los dictados de una ideología que la interpreta –desde la dialéctica, acaso-, lo que nos llevará a la injusticia y al quebranto de toda norma ética. Y al desconcierto y derrota de toda la sociedad.

 

 

Páginas Digital, 21 de febrero de 2006

Ante supuestas negociaciones con ETA: el retorno de Fernando Savater.

            Fernando Savater, quien destacara por su valor frente al terrorismo años atrás desde una postura intelectual y ética incuestionable, se ha deshecho de la palabrería de ZP que, acaso, un día le infundió falsas esperanzas. Veámoslo.

 

            El miércoles 8 de febrero, conforme lo anunciado, se homenajeó, desde el corazón, la razón y la amistad, a Joseba Pagazaurtundua, asesinado hace tres años por ETA en Andoáin.
            Como tantas veces, varias mujeres fueron los rostros cuyas miradas mostraron, a quienes allí acudieron, el tesoro de su amor y el compromiso con la libertad: su madre, la esposa, la hermana...
            Se escucharon muchas cosas interesantes; pero destacaremos un par de ellas.
            El filósofo Fernando Savater, quien protagonizara la intervención central del evento, expuso de modo contundente, las cuestiones éticas y políticas que debieran iluminar, en todo caso, las enigmáticas afirmaciones de ZP y sus desconocidos movimientos encaminados supuestamente hacia la desaparición de ETA; y sin mencionarlo ni una vez.
            El horizonte ético que debe iluminar la lucha del Estado y la sociedad frente al terrorismo, a su juicio, es el siguiente: no pueden equipararse víctimas con verdugos. No es posible la equidistancia. La paz, sin ensañamiento, debe basarse en la existencia de vencedores (las víctimas) y vencidos (los terroristas). No es una cuestión de posibles alternativas, todas relativas. Existe, por lo tanto, una verdad incuestionable: los terroristas deben ser derrotados. En consecuencia, la paz no puede tener un precio político.
            De ello se deriva un elemental programa político: no existe un terreno intermedio entre la legalidad constitucional y el terrorismo. «Hay que evitar dar la impresión de que se va a crear un espacio a medio camino entre lo legal y lo ilegal, en el que estén los que defienden la democracia y los que no condenan la violencia», afirmó. No deben aceptarse, coherentemente, «mesas de partidos» ni otras «alternativas» análogas.
            Formuló, en definitiva, un verdadero directorio que guíe a los políticos representantes de la sociedad ante el reto terrorista de ETA; sean los que sean sus ropajes y sus apoyos.
            Si, Savater, un día, creyó en las expectativas levantadas por ZP, es evidente que ya las ha desenmascarado; lo que nos lleva a preguntarnos si, acaso ¿carece ZP de estrategia alguna y únicamente suplica a ETA una tregua con fines puramente coyunturales para mantenerse en el poder y, tal vez, «pasar a la Historia» a cualquier precio?
            Ni el «buenismo» de ZP, ni sus ambigüedades, ni el desprecio manifestado ante las víctimas, ni el rechazo permanente e insultante a casi media sociedad que votó al Partido Popular…, nada de todo ello puede ser base sólida de la única negociación posible con ETA: la que facilite su abandono definitivo de las armas, sometiéndose a la justicia, pidiendo perdón a las víctimas y reparando su dolor. Entonces la sociedad podría ser generosa, caso por caso, y siempre desde la fortaleza de las propias convicciones. Los terroristas pudieron elegir, tuvieron diversas opciones: la sociedad, y nuestras víctimas, no.
            Gracias, Fernando Savater, por saber rectificar.

 

 

Páginas Digital, 14 de febrero de 2006

El 8 de febrero en Andoáin.

                Acompañando a Maribel y «Vecinos de Paz» de Berriozar, un grupo de amigos nos trasladaremos a Andoáin el próximo miércoles 8 de febrero, donde está previsto recordar a Joseba Pagazaurtundua en el tercer aniversario de su asesinato por pistoleros de ETA.
                Allí nos encontraremos, seguramente, con su hermana Maite, uno de tantos rostros de mujer que encarnan el coraje, el tesón y el amor a sus seres queridos y a la libertad. Y decimos bien, pues las mujeres han destacado por encima de los varones en esa labor callada y heroica: Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Ana Iríbar, y tantas otras, testimonian con su vida las cualidades que carece la mayor parte de la clase política.
                Y nos siguen mostrando nuevos ejemplos de valor. Recordemos el caso tremendo de los padecimientos de Pilar Elías, concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Azcoitia, viuda de Ramón Baglietto, quien, asombrada un día, descubriera que uno de los asesinos de su marido había abierto una cristalería en un local situado ¡debajo de su domicilio!
El colectivo de víctimas del terrorismo vienen dando un ejemplo ético extraordinario a una sociedad española refugiada en su bienestar y calidad de vida. Este «afluente» humano se ha sumado a otros tres en el gran río que conformó en su día el «nuevo movimiento cívico vasco».
Fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan su historia. No obstante, Gesto por la Paz, el más representativo y en su día pionero en la defensa de las olvidadas víctimas del terrorismo, se ha desplazado hacia una cierta cómoda «equidistancia» que casi equipara por igual a víctimas y verdugos; en la búsqueda de unas «causas» que explicarían las distintas «expresiones de violencia» existentes en el País Vasco. Sin duda, sus amistades con las maquiavélicas gentes de Elkarri, supuestos pacifistas cocidos en el horno abertzale, les ha despistado en la orientación trazada por su meritorio esfuerzo.
Espoleados por el llamado «Espíritu de Ermua», los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento críticos a la situación política y social existente, caracterizada por un control absoluto de la vida vasca desde el nacionalismo y un desprecio de las víctimas. Son los casos del Foro de Ermua y Foro El Salvador.
Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política. Es el caso de ¡Basta ya!, el navarro ¡Libertad ya!, el alavés Ciudadanía y Libertad, y la Fundación por la Libertad. Y como entidades mixtas, no podemos olvidarnos de las fundaciones que llevan el nombre de varias víctimas del terrorismo de ETA: Miguel Ángel Blanco, Fernando Buesa, Tomás Caballero…
En todas estas entidades encontramos también a familiares de víctimas, junto a uníversitarios, caso de Gotzone Mora –otra mujer-, políticos, activistas… Pero, no obstante el enorme esfuerzo desplegado y las energías empleadas, encontramos la paradoja de que muchos de quienes ocuparon en su día la primera fila de este movimiento, ya no viven en el País Vasco o se han apartado del mismo, más o menos discretamente. Sin duda, el fracaso electoral que en su día no pudo llevar a la lehendakaritza a Jaime Mayor Oreja y la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, cobraron un caro peaje personal y político.
                Pero las víctimas, a pesar de todo, y especialmente todas esas mujeres extraordinarias, ¡ahí siguen!, recordándonos que también la política debe estar iluminada por ineludibles exigencias éticas; y más hoy cuando se habla alegremente de negociación, diálogo, ofertas de paz, reactivación del plan Ibarretxe, del Plan López, de la asociación entre el proyecto de Estatut y la resolución del «conflicto vasco»…
Las víctimas del terrorismo, su recuerdo y memoria, son un bien preciado que toda sociedad debe cuidar. Son personas que pagan el alto precio de su vida o la de un familiar, de su tranquilidad, o de su patrimonio, por el bien común y la seguridad de todos. Ninguna sociedad puede volverles la espalda. Por ello, no es insensato afirmar que sigue existiendo una deuda histórica con las víctimas del terrorismo en España.
                La Victimología, disciplina científica que pone en el centro de su investigación a la persona y el rol de la víctima, tiene el mérito de recordar, a las Ciencias Penales y Criminológicas, su existencia. De hecho, las anteriores ciencias siempre han partido en sus desarrollos, dogmáticos y prácticos, bien del delito, de sus causas o del delincuente… pero nunca de la víctima. Afortunadamente, algunos pasos se vienen dando en ese sentido. Y que no paren.
                Un fenómeno análogo debe producirse en la política. El recuerdo de la memoria de las víctimas, la reparación en la medida de lo posible de su dolor, el reconocimiento social de su sacrificio, todo tipo de apoyos a los familiares y supervivientes, ¡pero también su opinión!, deben estar muy presentes en la acción política actual.
                Con el espíritu ZP no parece que vaya a suceder así. No obstante, para recordárselo, el miércoles 8 de febrero, iremos a Andoáin…si Dios quiere.

 

 

Páginas Digital, 6 de febrero de 2006.

Conferencia en Zaragoza: “Orígenes del yihadismo marroquí y su proyección en Europa”.

El viernes, 10 de marzo de 2006, a las 20’00 horas, charla-debate en Zaragoza con la participación de Frrnando José Vaquero Oroquieta, escritor y Licenciado en Derecho.

 

Presentación a cargo de D. Patricio Borobio. Consejero Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas.

 

Organizan: Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y Foro Arbil.

 

-       Lugar: Sala de Conferencias de Acción Social Católica (C/. D. Jaime, 33, pral.1º, 50001 – Zaragoza).

 

1.- Introducción.

 

Partiremos de desmitificar al supuesto “islam tolerante y abierto” que caracterizaría a Marruecos; tópico alimentado por la atracción que experimentan muchos occidentales por las cofradías sufíes, tan admiradas por la decadente New Age occidental, muy presentes allí, y por el papel conciliador jugado por el monarca, Comendador de los Creyentes.

 

El sufismo, de tanta influencia en el islam popular marroquí, no es una tendencia política. Espiritualista y tradicional, propone al musulmán una experiencia personal religiosa; llegándose, incluso, a un discutido misticismo sufí. Sus posturas políticas, cuando las tienen, son generalmente conservadoras, pero sin propugnar alternativas concretas. En época colonial, muchos sufíes encabezaron la resistencia frente a las respectivas potencias europeas. Marruecos fue un claro ejemplo de ello.

 

                Hassan II jugó inteligentemente muchas y diversas bazas políticas a lo largo de su reinado. Así, por ejemplo, en el plano interno potenció la presencia de grupos islamistas en las universidades al objeto de frenar a los entonces pujantes grupos de la extrema izquierda marxista-leninista; hoy prácticamente desaparecidos por completo. Por otra parte, trató de dividir al islam marroquí importando, especialmente desde la irrupción del rebelde Abdessalam Yassine, docentes extranjeros de religión islámica. De esta manera, el islam nacional sería contrarrestado por otras escuelas islámicas, lo que, en última instancia, reforzaría la carga de legitimidad religiosa del monarca.

 

Apenas hay cristianos en Marruecos, las conversiones al cristianismo se realizan en Francia. Y la legislación marroquí sigue penado duras penas para la apostasía.

 

Durante décadas se había considerado a nuestro vecino del sur, Marruecos, como un territorio inmune al yihadismo terrorista que eclosionaba en otros espacios geográficos musulmanes y, también, fuera del mismo.

 

Los atentados de Casablanca del 16 de mayo de 2003 (14 terroristas suicidas provocan la muerte de 45 personas y heridas en más de 60 en diversos atentados) y del 11-M de 2004, en España, nos han despertado abruptamente del sueño: la mayoría de sus autores eran marroquíes de procedencia social y de formación profesional e intelectual muy dispares.

 

2.- La reislamización marroquí.

 

En el proceso de islamización creciente de la sociedad marroquí deben destacarse las siguientes circunstancias.

 

2.1.               El antecedente más relevante del actual islamismo político lo encontramos en la formación fundada en 1969, entre otros, por Abdelkrim Mouti: Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó el terrorismo. Los más moderados confluyeron en 1997, con otras formaciones, en el emergente Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), fundado inicialmente por un antiguo hombre del régimen, Adbelkrim El Khatib.
 
2.2.               El movimiento islamista Al Adl Wal Ihssane (Justicia y Espiritualidad) fue fundado en 1987 por Abdessalam Yassine, habiendo permanecido encarcelado o en arresto domiciliario durante casi tres décadas; si bien inició sus actividades públicas ya en 1973. Su hija, Nadia Yassine, es el rostro amable del movimiento, prodigando entrevistas a medios de comunicación de todo el mundo, en las que expone sin tapujos sus pretensiones: islamización de la sociedad, modernización y justicia social, eliminación del papel religioso del monarca, etc. Aunque ilegal, disfruta de bastante tolerancia, controlando según expertos, varios cientos de asociaciones sociales de todo tipo. No se trata de un movimiento propiamente político, empeñándose ante todo en labores sociales de islamización de la sociedad mediante su presencia en mezquitas, dispensarios, obras caritativas, asociaciones universitarias, etc. Afirman rechazar cualquier tipo de terrorismo, asegurando que los yihadistas no son buenos musulmanes. En cualquier caso, la reislamización de la sociedad marroquí sería incomprensible sin el activo papel de este movimiento polifacético y eminentemente popular.

 

2.3.               Otro movimiento que también jugó, por aquellos años, un papel relevante en la islamización marroquí fue Jamaat Addawa Wa Attablich (Sociedad para la Propagación y la Predicación del Islam), fundada por el paquistaní Mohamed Ilias, de línea igualmente islamista.

 

2.4.               En 1982, de la mano de Azzedine El Araqui, ministro del gobernante Istiqlal, se eliminó buena parte de la enseñanza de Filosofía, introduciendo numerosos Departamentos de Estudios Islámicos. Para ello se contrataron docentes procedentes fundamentalmente de Arabia Saudita (formados en el wahabismo) y de Egipto (en línea con los Hermanos Musulmanes). Todo ello produjo, años después, efectos imprevistos. No fue posible frenar la reislamización liderada por Yassine. Además, los islamistas, desplazaron a los marxistas, ocupando las universidades, la sanidad e incluso la abogacía.

 

2.5.               La guerra de Afganistán supuso la oportunidad para que varios cientos de marroquíes participaran en la yihad. Otros también, lo harían, en Bosnia y Chechenia. No menos de 400 de tales excombatientes se encuentran en libertad y en paradero desconocido. Unos 30 estarían encarcelados en Guantánamo. Esa es la conexión que explica la existencia de células yihadistas marroquíes vinculadas a Al Qaeda.

 

3.- Fuentes teológicas del yihadismo marroquí.

 

El yihadismo marroquí se nutre, pues, de tres fuentes doctrinales, como su expresión más radical:

 

1)                   El islam autóctono que encarna el citado Abdessalam Yassine. Rechaza el terrorismo pero lidera una reislamización apoyada en su extraordinaria labor social, subsidiaria de las enormes carencias estatales en servicios.

 

2)                   El movimiento de los Hermanos Musulmanes, fundado por el egipcio Hassan Al Banna (1906–1949), es una organización muy estructurada y activista, que arraigó inicialmente en Egipto; pero también en Siria, Palestina y otros países musulmanes. A su entender, la Umma (Comunidad de los Creyentes) es una sola nación que debe retornar a las enseñanzas originales del islam si quiere recuperar su grandeza. A su muerte le sucedió Sayed Qutb, ahorcado en 1966 por subversión. Consideran que el islam contiene un completo repertorio de soluciones a los grandes problemas de toda época. Aseguran que para la aplicación de su programa islamista es inevitable una revolución política. Los Hermanos Musulmanes fueron perseguidos, en Egipto, por Nasser y sus sucesores. En Siria también sufrieron una gran persecución de la mano del fallecido presidente Assad y su partido socialista panárabe Baas. Los Hermanos Musulmanes desautorizan, como regla general, el terrorismo, particularmente el perpetrado el 11-S y el 11-M. No obstante, pueden llegar a justificar, y de hecho se muestran muy comprensivos, con los actos terroristas perpetrados contra intereses israelíes; pues consideran que se trata de actos de legítima defensa en un contexto de injusta opresión generalizada.

 

De los Hermanos Musulmanes nació otra corriente más radical, si cabe. Nos referimos a Takfir wal Hijra (Excomunión y exilio). Se trata de una escuela que se fundó hacia 1975 de la mano del ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo radical del mencionado Sayed Qutb. Este grupo propone abandonar la actual sociedad descreída y sustituirla por la sociedad de los salaf (antepasados, quienes, idealizados, encarnarían el auténtico y primigenio islam). Prohíben que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o en la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros dirigidas por un emir, al fin de salvaguardar su clandestinidad. Este grupo, nacido inicialmente en Egipto, se extendió por el norte de África y también entre las comunidades musulmanas de Europa, propiciando la creación de auténticas “islas musulmanas” que prefiguran, de alguna manera, la futura sociedad de los salaf. En cualquier caso, se trata de una interpretación más radical de la corriente de la que inicialmente surgió.

 

3)                   El wahabismo nace en la península arábiga en el seno de la escuela jurídica  hanbalí, la más rigurosa del sunismo, de la mano de Mohamed Ibn Abdul Wahhab (1703–1787). Coaligado con la familia Saud, se implanta ya en sus orígenes en el territorio que ocupado actualmente por Arabia Saudita. Sus creencias principales son: sólo Alá es digno de adoración; las visitas a tumbas de sabios y santos musulmanes son ajenas al verdadero islam (de lo que se deriva su profundo rechazo de las prácticas sufíes); la introducción de nombres de santos musulmanes en las oraciones equivaldría a incredulidad; cualquier creencia ajena al Corán, la Sunna, o a las deducciones de la razón, equivale a la incredulidad, lo que debe ser castigado con la muerte; cualquier interpretación esotérica también se asimila a la incredulidad.

 

El wahhabismo entronca en la gran corriente salafiya que promueve la renovación islámica; de la que surgen los diversos movimientos reformistas. De esta forma, reformismo, integrismo, radicalismo, fundamentalismo y yihadismo, sin ser conceptos análogos, en buena medida coinciden. Los reformistas afirman que únicamente la aplicación de la sharia (ley islámica que regula vida pública y privada de todo musulmán, política y sociedad) garantiza el orden moral de la comunidad de los creyentes. Así, todo gobierno sería contrario al espíritu musulmán, mayormente los de inspiración occidental. Por su parte, sí serían auténticos gobiernos islámicos los de los cuatro primeros califas, conocidos como “los que caminan por el camino recto”.

 

El wahabismo también ha generado sus propias expresiones radicales. No obstante, predomina un sector mayoritario, dentro del rigorismo que le caracteriza en cualquier caso, y vinculado a la Casa Real saudí, que rechaza al terrorismo yihadista, frente a otro sector muy radical, el yihadista. El rostro más conocido de este último es, sin duda, el de Osama Ben Laden, si bien existe todo un plantel de predicadores por todo el mundo que, desde análogos postulados, llegan incluso a desautorizar a las autoridades wahabitas oficiales.

 

Por lo que se refiere a Marruecos, Takieddine Al Hilali fundó una organización wahabita, ya en la década de los 70 del pasado siglo, denominada Dour Al Quran (Casa del Corán). También pervive otra organización wahabita marroquí fundada por Mohamed Maghraoui: la Asociación para la Predicación del Corán y la Sunna. De tales grupos nacieron, a su vez, otros más radicalizados, formando parte de los mismos tanto propagandistas y oradores muy populares en algunas mezquitas de las grandes ciudades de Marruecos, como grupos terroristas de la constelación yihadista.

 

4.- El islamismo en la política activa: el PJD.

 

Y no olvidemos el último factor relevante del islamismo marroquí: su irrupción, voluntariamente frenada, en la política institucional de la mano del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo modelo es el homónimo turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, y que, para muchos observadores, ya sería, incluso, la primera fuerza política. Este partido afirma aceptar el juego democrático y rechaza ser calificado como islamista, aunque sí reconoce basarse en presupuestos musulmanes. No es una entidad homogénea. Fundado por un antiguo ministro de Hassan II, coexiste en su seno también una corriente mayoritaria más radical, propiamente islamista, el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). No obstante, defiende una democracia islámica, moderna, sin cuestionar la figura del monarca; lo que le diferencia de las posiciones de Abdessalam Yassine. Incluso algunos observadores lo califican más como un partido conservador y nacionalista que propiamente islamista radical.
               
                El PJD mantiene su propia organización sindical, la Unión Nacional Marroquí del Trabajo (UNMT), especialmente potente en enseñanza, sanidad y administración pública.

 

                Por su parte, la histórica Unión Nacional de Estudiantes de Marruecos (UNEM) ya está controlada por militantes islamistas. Incluso los colectivos de abogados más influyentes y activos de Marruecos comparten los mismos presupuestos doctrinales.

 

5.- El Grupo Islámico Combatiente Marroquí.

 

                En la historia del terrorismo marroquí, destacaremos tres entidades.

 

1)       Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó el terrorismo.

 

2)      El grupo Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), que perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su desarticulación policial, habría estado formado, según diversos autores y fuentes periodísticas, por militantes takfiros.

 

3)       Tal vez, el grupo terrorista marroquí más conocido sea el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), supuestamente implicado en los atentados de Casablanca y Madrid. No está del todo aclarada su génesis. Para unos es fruto de la experiencia yihadista afgana. Para otros es un producto de la escuela tafkir. Incluso se ha afirmado que es un grupo muy infiltrado por determinados servicios de información estatales. En cualquier caso, ha sido su manifestación más mortífera y partícipe de las tramas diseñadas por Osama Ben Laden. Un dato importante: Richard Labévière, redactor jefe de Radio France International, ha afirmado que la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir. El GICM se trata de uno de los fenómenos terroristas más sorprendentes, pues fue desarticulado completamente en Marruecos a raíz de los atentados que perpetró en Casablanca el 16 de mayo de 2003 (14 terroristas suicidas provocan la muerte de 45 personas y heridas en más de 60 en diversos atentados) y que eran su primera acción; lo que además contribuyó a frenar el crecimiento del PJD, pues limitó su presencia electoral a un tercio de circunscripciones electorales al objeto de no alarmar a los “poderes fácticos”. Todo ello alimentó cierta leyenda en torno a la posible infiltración con carácter provocador de algún servicio secreto estatal. En cualquier caso, al parecer, sobrevivió su estructura en Europa, que serviría, solapándose de diversas redes puramente delictivas (tráfico de drogas, dinero, personas), de base para los atentados del 11-M en Madrid, captación de combatientes para la yihad en Irak (más de 80 sólo en España), y diversas tareas de aprovisionamiento, financiación, etc. El 19 de diciembre de 2005, el periodista José María Irujo publicó en el diario El País un extenso reportaje en torno a la naturaleza y presencia en España del grupo Takfir wal Hijra, destacando especialmente la apertura de 6 de sus mezquitas (4 en Barcelona y 2 en Valencia); así como que la mayor parte de los autores de los atentados del 11-M compartían ese credo. Irujo afirmaba, igualmente, que informes de los servicios secretos franceses definen al grupo, nada menos, que como «el núcleo logístico de la mayoría de los grupos terroristas islamistas que actúan en Europa».
6.- Conclusiones.

 

En base a todas las informaciones disponibles sobre la realidad del islam español apuntan hacia su extraordinaria fragmentación interna y a la existencia de luchas intestinas por su control. Esa situación no facilita la inmunidad de este heterogéneo cuerpo social frente a las doctrinas más radicales del islamismo; a lo que se le suma la movilidad física de muchos inmigrantes, el carácter étnico de algunas de esas entidades y su notable hermetismo.

 

No puede hablarse de un único islamismo marroquí, del que nacen como expresiones especialmente radicales los grupos yihadistas: diversas escuelas; expresiones puramente religiosas junto a otras sociales e, incluso, explícitamente políticas. Se entremezclan, pero en ocasiones las discrepancias son extremas, hasta llegar a “excomuniones” y enfrentamientos.

 

La realidad marroquí del islamismo nacional, por tanto, es cambiante y en buena parte inédita para Occidente. Pero, en cualquier caso, presenta suficientes interrogantes y potenciales riesgos para la estabilidad política de su área geopolítica, a causa de su posible impacto en la orilla sur del Mediterráneo y en el flanco sur de Europa, por lo que conviene seguirla muy de cerca.

 

Vete y vive: tradición, familia, pertenencia e identidad, en el nuevo film de Radu Mihaileanu.

      El sentido de la vida, el valor de la tradición y de la familia...: cuestiones objeto de una película que no debiera pasar desapercibida. “Vete y vive” bien merece ser conocida para reflexionar, con ella, en torno a sus propuestas vitales.

 

Los falashas de Etiopía.

 

El pasado 23 de diciembre se estrenó en las carteleras españolas el nuevo film del realizador Radu Mihaileanu. Aunque hayan transcurrido unas semanas desde entonces, debemos comentar “Vete y vive” -tal es su título en España-, pues se trata de una de esas, cada vez más escasas, películas que profundizan en la realidad humana más allá de tópicos y de modas superficiales.
Veamos el contexto histórico en el que se enmarca la película. En 1984 Israel desarrolló una magna operación secreta denominada “Operación Moisés”, cuyo objetivo era el traslado por vía aérea de varios miles de judíos etíopes, conocidos como “falashas”. Atravesaron a pie una Etiopía golpeada por una espantosa hambruna que potenció –por ignorancia o maldad propiciada por su ideología totalitaria- el gobierno marxista del golpista y genocida Mariam Mengistu, y se refugiaron en campos de refugiados de un Sudán islamizado, donde coincidieron con otros muchos miles más de múltiples procedencias.
El término “falasha” procede del etíope antiguo, y significaría “sin tierra”. Ellos se llaman, a sí mismos, “Beta Israel”, es decir, “La casa de Israel”.
Sus orígenes siguen siendo un misterio. Pero empieza a consolidarse la teoría que sostiene que su presencia es anterior al mismo cristianismo, predominante en Etiopía durante siglos en su variante ortodoxa-etíope. Para ello se basan en algunas investigaciones lingüísticas que apuntan a la presencia en su lenguaje de términos arameos anteriores a la también antiquísima presencia cristiana.

 

La historia de Scholomon.
Un niño será obligado, por su madre cristiana, a hacerse pasar por el fallecido de otra madre, ésta “falasha”, y así asegurarle un futuro. Pero muy enferma, la segunda morirá al llegar a Israel, y el niño será adoptado por una familia israelí de ideas progresistas.
Así, Scholomon, crecerá en un Israel convulso, acogido por una familia izquierdista y atea, recibiendo no obstante una educación religiosa, aunque en un contexto en el que la ortodoxia judía difícilmente le acepta como verdadero judío. Será una vida poco sencilla, aunque muy lejos de las privaciones que había sufrido. Todos estos años se debatirá entre la fidelidad a su madre, a la que escribe por medio de un rabí etíope, y la búsqueda de una identidad que le permita ser fiel a la tradición judía que aprende y valora. Persona de inquietudes religiosas, sufrirá las contradicciones familiares, los alineamientos afectivos de sus miembros, un incipiente racismo judío ante el fenómeno “falasha”, y el impacto de nuevas modalidades laicistas y desarraigadas de vida individualista; fiel reflejo de las modas occidentales. No obstante, y desde su fidelidad a la tradición talmúdica, en un memorable debate exegético centrado en “el color de la piel de Adán” frente a otro adolescente, pero éste ortodoxo, es capaz de responder a los afectos en juego y al sentido de sus vidas desde una propuesta religiosa positiva y viva.
En este contexto, ¿qué puede salvar a la unidad de la persona del protagonista sin caer en la violencia, el escepticismo o la locura?: su inserción consciente en una tradición que, aunque no sea la suya, le permite afrontar los retos de la vida con unas herramientas útiles, junto al acompañamiento permanente de una familia que le acoge sin condiciones ni prejuicios. En su búsqueda, estudiará Medicina en París, y allí sufrirá en soledad –reflejada en breves pero intensas escenas silenciosas en su mayoría- la crisis que arrastra desde su trauma inicial.
Regresará a Israel, y allí las contradicciones eclosionarán: en su servicio militar, en su matrimonio con Sarah, hija de un rabino ortodoxo que la repudia por el paso que da… De nuevo será la actuación de su madre adoptiva la que le “salve” y le permita retomar su matrimonio y regresar a Etiopía.
Scholomon           puede considerarse, en cualquier caso, muy afortunado. Su mujer se lo dirá claramente: “tienes muchas madres que te quieren”. Así es. La pertenencia se concreta en una madre “biológica” que renuncia a su compañía para asegurarse su supervivencia; en la segunda madre que lo querrá como apoyo a su propio sentido de la escasa vida que le queda; también en la adoptiva, quien superará sus temores y dará todo de sí; y, finalmente, en su propia mujer, ya madre a su vez, quien le facilitará –casi a la fuerza- el viaje a Etiopía donde reencontrar sus raíces… y a su madre.

 

Multiculturalismo y tradición.
Esta película podría interpretarse desde la óptica crítica de moda: el multiculturalismo, el choque de civilizaciones, las contradicciones de la política, una supuesta insuficiencia de las tradiciones religiosas… Pero tales enfoques ignorarían un factor esencial que la película transmite magníficamente: la realidad del corazón del hombre, con sus deseos de sentido, pertenencia, justicia y afecto. Y todo esto ya es una cuestión universal que acompaña al hombre desde siempre.
La música de Armand Amar es magnífica, la fotografía, excelente, el ritmo sabe destacar los momentos claves de este largo film, unos 140 minutos…, en definitiva un buen marco técnico que acompaña unas interpretaciones intensas y auténticamente humanas. Entre ellas, la de Yaël Abecassis, la actriz que encarna a la última madre adoptiva, proporcionando un bellísimo rostro al coraje, a la inteligencia y al amor incondicional.
Roschdy Zem, quien encarna al padre, representa una perpleja figura paterna en ascendente conflicto generacional… pero a quien el protagonista debe que esa familia se arriesgara decididamente en su adopción. Los tres actores (Sirak M. Sabahat, Moshe Agazai y Moshe Abebe) que encarnan al protagonista en sus cuatro fases temporales, dan credibilidad a un Scholomon que arrastra, en su lucha por la supervivencia esa doble mentira -ni es judío, ni es huérfano- pero que el acompañamiento de personas fieles a la realidad de la persona que tienen enfrente le proporciona, de forma privilegiada, un lugar en el mundo. Así, entre otros actores, Roni Hadar dará vida a su eterna enamorada, Sarah; y Yitzhak Edgar asume el trascendental papel del rabí etíope, conocido como el Qès Amrah.
No faltan momentos de violencia, y de intenso lirismo. Pero también otros propios de una comedia que proporcionan matices a unas existencias que, a su manera, tantean el sentido de la vida. Y lo encuentran.

 

No se la pierdan.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 101, enero de 2006

 

“La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe: al asalto del País Vasco y España” (Ediciones Áltera, S.L.).

Santiago Abascal Conde. “La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe: al asalto del País Vasco y España”. Prólogo de José María Aznar. Ediciones Áltera, S.L. Barcelona. 2005. 378 pp.

 

 

Todas las reclamaciones y estrategias políticas desplegadas por el nacionalismo vasco, a lo largo de su historia, están unidas por el mismo hilo conductor: una particular interpretación del derecho de autodeterminación externo o de secesión.

 

El tantas veces mencionado, y escasamente conocido en profundidad, derecho de autodeterminación de los pueblos, en su proyección externa, ha sido contemplado por Naciones Unidas exclusivamente en supuestos coloniales y de regímenes racistas. No obstante esta acepción mayoritaria, ha sido el hilo conductor de todas las reclamaciones y estrategias desplegadas por el conjunto del nacionalismo vasco a lo largo de su historia; particularmente en las últimas décadas. El nacionalismo vasco lo interpreta, desde su íntima naturaleza excluyente y con una mirada antidemocrática, como el derecho a la secesión de un supuesto “Pueblo Vasco” de España. Y, para ello, niega sin pudor alguno la existencia de la soberanía nacional detentada por el pueblo español.

 

El nacionalismo vasco, más allá de matices doctrinales y partidarios, está unido por la misma pretensión: la independencia. Y sabe perfectamente que la misma no es admisible desde las previsiones legales de la Constitución española; y ello es así por mucho que se violente alguna peculiar interpretación de unos pocos de sus preceptos. Pero tampoco lo es desde el vigente Estatuto de Autonomía. Por ello, el Plan Ibarretxe no podía prosperar en el actual marco normativo... salvo que un sector sustancial de sus defensores se rindiera ante las pretensiones secesionistas.
Al nacionalismo no le falta, ciertamente, una cualidad: la tenacidad,  que seguramente carecen los actuales dirigentes socialistas, traicionando de esta manera su propia tradición política, incompatible en sus esencias con las raíces etnicistas y las pretensiones del nacionalismo vasco. Por ello, su enésimo intento de secesión revistió esa forma concreta: el Plan Ibarretxe. La elecciones autonómicas vascas del pasado 17 de abril enterraron, aparentemente y según el juicioso criterio de muchos analistas, al citado plan. Pero ello no quiere decir, en absoluto, que el nacionalismo renuncie a sus pretensiones. Todo lo contrario. Lo de menos es el nombre del intento, pues seguro que en breve nos encontraremos ante una nueva versión del anterior. Y más cuando creen percibir, entre sus oponentes políticos, cansancio, desmoralización... y entreguismo. Pues, ¿cómo calificar la actitud socialista mostrada ante Ibarretxe, nada más presentar su plan, asegurándole, en palabras de José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados el 1 de febrero de 2005, “…voluntad de diálogo, optimismo en las posibilidades de llegar a un encuentro…”? Y, si al PNV le faltan ideas, que se las pidan a las chicas del PCTV, que seguro que las tienen.

 

Santiago Abascal ha dado en la diana: el Plan Ibarretxe sólo es una expresión más del ejercicio del derecho de autodeterminación a la manera de los nacionalistas secesionistas y etnicistas. Por ello su libro es tremendamente actual; proporcionando una magnífica visión de conjunto de toda la trayectoria nacionalista, de sus mitos, razones, objetivos y estrategias. Pero, también, realiza un magnífico recorrido por los orígenes y diversas formulaciones del derecho de autodeterminación, estudiando su recepción en el derecho internacional y en diversos derechos nacionales.
España está en crisis. Su misma naturaleza está cuestionada. El actual marco legal de convivencia, que ha funcionado razonablemente bien en las últimas décadas, también sufre una profunda revisión. Pero el mérito no corresponde tanto a los nacionalistas –es su obligación intentarlo, en definitiva- como a un PSOE que ha olvidado su propia tradición política; irresponsablemente, pues no ignoran los enormes riesgos. Bien les vendría estudiar la Historia, recordar los fundamentos y las razones que hicieron posible la Constitución de 1978, y aplicar un poco de su –casi- infinita capacidad crítica a los fundamentos y pretensiones nacionalistas. Si los socialistas fueran más coherentes, la crisis ya se habría superado.

 

Mientras ello acontece, hace bien Abascal en recordar y fundamentar algunas premisas básicas: el derecho de autodeterminación ni es un derecho, en la formulación nacionalista, ni es democrático. Es el pueblo español el titular de la soberanía nacional. Existe un derecho incuestionable y escasamente alegado: el de la unidad de la nación española. Y existe un marco constitucional que encaja todo ello y lo hace posible democráticamente.
Los riesgos implícitos en la alternativa nacionalista son muchos: crispación, tensiones  colectivas, exclusión de los no nacionalistas... No merece la pena intentarlo. Así lo señala el sentido común y la lógica democrática. Por todo ello, bienvenido sea este libro; con sus razones, reflexiones y argumentos.
El Semanal Digital, 22 de mayo de 2005