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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Actualidad nacional

Congreso extraordinario del PSE-PSOE: el PNV gana.

En este texto se intentan ordenar las más relevantes de las numerosas informaciones y reflexiones vertidas, en las últimas semanas, con ocasión del reciente congreso extraordinario celebrado por los socialistas vascos.

 

El último congreso socialista vasco.

                A lo largo de los pasados días 23 y 24 de marzo tuvo lugar el congreso extraordinario de los socialistas vascos (PSOE-PSE-EE). Provocado por la dimisión de su anterior secretario general Nicolás Redondo Terreros, a raíz de las presiones a las que se vio sometido, sus consecuencias inmediatas han sido la derrota de su línea política y su retirada de la política activa. Así lo ha anunciado el propio interesado el día 10 de abril.

                Muchas han sido las opiniones emitidas al respecto, intentando desentrañar las claves ocultas del evento y anticiparse a las serias consecuencias que ya se están derivando para las políticas vasca y nacional.

                Es evidente que el sector partidario de negociar de forma estable con los nacionalistas “moderados”, Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna, ha salido triunfante. Prueba de ello es que Jesús Eguiguren, uno de los representantes más radicales y de mayor peso dentro de esa corriente, ha sido elegido presidente del partido. Y para secretario general, lo ha sido un gris Patxi López, pero sin suscitar la unanimidad de la asamblea al obtener un 57% de los votos de los compromisarios. Al contrario. Si algo ha quedado en evidencia es la grave fractura interna sufrida por el partido, que dicho congreso ha  ensanchado.

                Veamos, a continuación, de forma sintética, las principales consecuencias de lo allí ocurrido.

 

Claves y consecuencias del congreso.

1.        Con el triunfo de los partidarios de las tesis de Patxi López, ha prevalecido una táctica que pretende alejar al PSOE-PSE-EE del Partido Popular, buscando su acercamiento al Partido Nacionalista Vasco. Su objetivo último es atraerlo al “autonomismo”, o al “federalismo” de Maragall en última instancia, intentando con ello que abandone las tesis soberanistas defendidas en los últimos años. Mientras tanto, ese acercamiento se está concretando en diversos pactos institucionales y representativos.

2.        Esta nueva orientación del PSE-PSOE –el intento de atraer al PNV a un escenario tipo Mesa de Ajuria Enea-  no cuenta con muchas posibilidades de éxito. Esto es así hasta el punto de que el diario “El País”, en su edición del domingo 24 de marzo, de la pluma de José Luis Barbería, y apostando por esa opción, ya da por seguro un referéndum por la autodeterminación, auspiciado por el PNV a medio plazo, con el objeto de reforzar su postura frente al gobierno de Madrid. Los socialistas vascos han dejado claro que no entrarán en ese debate al quitar, el propio Eguiguren, esa posibilidad del documento base del congreso; decisión en la que Madrid influyó decisivamente. El debate político, de esta manera, se trasladará progresivamente hacia el “diálogo por la paz” y la “negociación política”; los presupuestos del Pacto de Lizarra. Esto último, sin duda, está en contraposición, al menos de momento, con las tesis mantenidas por los actuales órganos centrales del PSOE; una contradicción que le acarreará, presumiblemente, un costo electoral. Esos temores se han confirmado con el anuncio realizado por Arzallus, en el último Aberri Eguna, en el sentido de que el Lehendakari está pensando la convocatoria de un referéndum por la autodeterminación: un paso más en la vía soberanista. De forma sorprendente, el Lehendakari Ibarreche ha asegurado, en su reunión mantenida el día 19 de abril con Patxi López (según afirmó éste), que esa convocatoria no se realizará en la presente legislatura.

3.        Esta nueva estrategia ha sido analizada con mucha preocupación por Batasuna y ETA, siendo prueba dramática de ello los últimos atentados dirigidos contra los militantes socialistas. ETA y Batasuna corren el riesgo de sufrir los envites de una legislación rigurosa y de una persecución policial coherentes desde la legalidad. Según un análisis recogido en el órgano de ETA, Zutabe, mencionado en el diario “La Razón” en su edición del día 23/03/02, ETA teme que el PNV se deslice hacia el autonomismo, retrocediéndose en la estrategia soberanista marcada por Lizarra y de la que se venía rumoreando una nueva versión. De confirmarse algún tipo de pacto entre PNV/EA y los socialistas vascos –lo que no quiere decir que el PNV abandone el soberanismo- el conjunto del MLNV verá confirmada su pérdida de protagonismo, cediendo, definitivamente, su liderazgo del nacionalismo vasco a favor del PNV. Este último les ha afirmado que no quiere crecer a costa de la izquierda abertzale, pero, incluso en el supuesto de prosperar la deslegalización de Batasuna, un porcentaje significativo de sus votantes, al menos los que ya le votaron en las elecciones autonómicas de 2001, recalará sin remedio en los puertos del PNV. Resta por ver si se consolidará electoralmente el nuevo bloque de la izquierda abertzale (Aralar, Batzarre y Zutik) a costa, en buena parte, de la crisis de Batasuna, o si pactará con Eusko Alkartasuna la creación de un bloque electoral independentista radical y democrático frente a la “moderación” del PNV y la “intransigencia” de Batasuna.

4.        El PNV sale reforzado, ya lo decíamos. Devolverá con creces, en gestos y hechos, la marginación al Partido Popular. Por ello, la exclusión del Partido Popular, por parte de Ibarreche, en la cabecera de la manifestación celebrada el día 22 de marzo en Orio en repulsa por el asesinato del edil socialista Juan Priede, tiene un especial significado, indicativo del futuro que reserva a su máximo oponente político. El PNV, aunque se manifieste en contra formalmente, no parece posible que presente grandes obstáculos al acorralamiento legal al MLNV, más cuando se juega su “respetabilidad” democrática. No comparte la deslegalización de Batasuna, pero, si se produce, puede aportarle importantes contingentes electorales a sus siglas en próximas convocatorias, reforzando su papel central de la realidad política, institucional, social y económica vascas. Ese efecto, no deseado, por el Partido Popular, se considera como inevitable.

5.        De lo anterior se deriva que el aislamiento padecido por el PNV se ha roto. Por el contrario, es ahora el Partido Popular vasco, el que queda marginado en el actual escenario político. Junto a sus aliados de Unidad Alavesa, quedan como únicos referentes políticos firmes del constitucionalismo en el País Vasco, así como la derrotada corriente de Carlos Totorica (que queda sin capacidad de modificar la actual tendencia de los socialistas vascos). Tal como afirmábamos en un artículo anterior, una larga “travesía en el desierto” espera al Partido Popular vasco. La retirada de la política activa de Redondo Terreros, es otro factor negativo que golpea la estrategia popular.

6.        Para ambos referentes, además de la lucha política, queda como opción táctica a largo plazo, además del mantenimiento del Pacto Antiterrorista y las nuevas medidas legales contra ETA y en entorno, el trabajo social. Así lo ha razonado el comentarista de “El Mundo”, Casimiro García Abadillo, al afirmar, haciendo propia una tesis mantenida en este medio en muchas ocasiones, que: “la única opción que les quede a los que han defendido las tesis de Redondo sea dedicar sus esfuerzos a crear una auténtica alternativa política a partir de la sociedad civil y de los foros y fundaciones que están surgiendo en el País Vasco y que representan verdaderas juntas de rebeldía moral contra la pasividad cómplice de los nacionalistas”.

7.        El Partido Popular introdujo, en el debate de la política vasca, la necesidad de que la ética lo presidiera, teniendo presente en primer lugar el dolor de las víctimas y, en segundo término, rompiendo la marginación de la población de convicciones no nacionalistas. El PNV, salvo condenas formales, no ha entrado en esa dinámica, pues le supondría abandonar –temporalmente- el camino del soberanismo hasta la derrota definitiva del terrorismo. Con muertos no se puede decidir libremente, aseguran los constitucionalistas. El PNV no lo ve de la misma manera y, una vez situado en la pendiente soberanista, está decidido a avanzar por la misma pese a todas las dificultades existentes.

8.        La opción de un referéndum por la autodeterminación parece confirmarse día a día. No podrá efectuarse conforme las previsiones constitucionales, al menos a corto o medio plazo, al estar en desacuerdo con ello las dos principales fuerzas nacionales: PP y PSOE. De celebrarse de forma explícita, lo sería por cuenta y riesgo del gobierno vasco y en contra de la legalidad. Supondría un reto que el gobierno central sólo podría impedir por la fuerza. El objetivo es cosechar 800.000 votos favorables (un 55% de los electores vascos), ganando peso y fuerza en foros internacionales y legitimación ante el gobierno de Madrid. Una vía indirecta, de similares pretensiones, podría diseñarse con ocasión de la próxima convocatoria de elecciones municipales y autonómicas. El PNV y EA podrían enfocar sus campañas como un refrendo directo a la opción soberanista, lo que explicaría las mencionadas afirmaciones del Lehendakari a Patxi López el pasado día 19 de abril. Así lo teme Jaime Mayor Oreja, quien está hablando de un posible nuevo escenario de ruptura gradual al que ha denominado “14 de abril independentista”.

 

Conclusiones.

        En estas circunstancias, el País Vasco seguirá en primera plana de la actualidad española. El PSOE, fracasado en su táctica de “moderar” al PNV, continuará en una compleja búsqueda de su identidad. El constitucionalismo político ha sufrido una fractura difícil de suturar, correspondiendo al Partido Popular el mayor esfuerzo para su consolidación. El PNV avanzará, con mayor o menor decisión, por la vía del soberanismo, concretando los pasos a seguir a corto y medio plazo. ETA y su expresión política intentarán condicionar la política vasca, pero con mayores dificultades al tambalearse su situación legal y al haber perdido un caudal electoral decisivo, en el seno del nacionalismo vasco, en favor del PNV. ETA seguirá “golpeando”, aunque con una progresiva incapacidad. El espacio política de la izquierda abertzale acusará las convulsiones internas provocadas por el nuevo escenario, agudizado por su escisión en dos sectores: el dirigido por ETA, se llame cómo se llame, y el “democrático” estructurado en torno a Aralar.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 56, abril de 2002.

El Partido Popular vasco ante una nueva “travesía del desierto”.

      Transcurridos 7 meses desde la celebración de las últimas elecciones autonómicas en el País Vasco, el domingo 13 de mayo de 2001, se imponen algunas reflexiones en torno a la estrategia del Partido Popular.

 

Unos resultados electorales ni esperados ni deseados.

Buena parte de las encuestas publicadas a lo largo de la campaña electoral, así como la realizada por el CIS y difundida fuera de plazo legal, vaticinaban que los partidos “constitucionalistas” estaban a falta de uno o dos escaños para alcanzar la mayoría absoluta. Con tales previsiones, PP y PSOE depositaron buena parte de sus expectativas de triunfo en el, tradicionalmente, amplio sector abstencionista vasco, al considerar que un alto porcentaje de electores de mentalidad españolista se refugiaba en el mismo.

Los resultados, finalmente, fueron decepcionantes para los partidos constitucionalistas, sobre todo para un Partido Popular que había llegado a vaticinar públicamente su victoria, apoyándose en esas previsiones tan favorables a las que dieron crédito los máximos dirigentes del partido, José María Aznar en particular. Con todo, la cosecha de votos, en números redondos, no fue mala, acreditando la tendencia al alza del voto no nacionalista. Pero es incuestionable que los resultados favorecieron a unos atemorizados nacionalistas “moderados” (la coalición PNV/EA), en detrimento de las altas expectativas del “bloque constitucionalista”.

El Partido Popular, en coalición con Unidad Alavesa, fue el partido constitucionalista más votado, pero sin alcanzar el ambicioso –y poco realista- objetivo previsto. Jaime Mayor Oreja quedó en una posición delicada al no alcanzar el gobierno de Vitoria, lo que originó rumores acerca de su retirada de la política a la empresa privada. Hoy día, esos rumores han sido desmentidos, sonando de nuevo su nombre entre los candidatos mejor situados en la carrera sucesoria de José María Aznar. Debe destacarse, en todo caso, su coherencia, lo que le ha generado la confianza y los esfuerzos de la militancia de su partido en el País Vasco, cuya persistencia ha sido regada con la sangre de los concejales “populares” asesinados.

Una larga “travesía del desierto” espera a los “populares” vascos, en cualquier caso, quiénes deberán reelaborar su estrategia, manteniendo, además, posiciones y cargos, pese a la lógica desmoralización de su gente (que no se ha traducido, a lo largo de estos meses, en abandonos de cargos públicos).

Los esfuerzos de los partidos constitucionalistas no fueron suficientes para cambiar la orientación general del electorado. Una vez en el gobierno vasco podrían haber forzado el lento cambio reflejado en las actuales tendencias. Pero, de nuevo, en la oposición, al Partido Popular le espera otro periodo de incertidumbre. Se temía, además, que con ese fracaso José María Aznar saliera “tocado”; sin embargo, la realidad es que ello no le ha supuesto un desgaste traducido en pérdidas en la intención de voto.

Por otra parte, varios han sido los tópicos derribados en estas pasadas elecciones: el supuesto “españolismo” de buena parte de los sectores tradicionalmente abstencionistas, el liderazgo del nacionalismo vasco por el MLNV, etc.

 

Dos concepciones enfrentadas.

Hemos afirmado en este medio, en otras ocasiones, que se tiene un profundo desconocimiento de la naturaleza del nacionalismo vasco. Nos basamos en la constatación de que no sólo es un partido político; ni siquiera es, solamente, una ideología. Es un estilo total de vida -sostenido por una ideología- que puede teñir gran parte de la misma, constituyendo un complejo entramado de relaciones sociales de todo tipo, insertado en una comunidad dinámica, y dotado de un proyecto de futuro. Por ello, tratándose de una población muy politizada y con un alto nivel de conciencia de “lo propio”, de “lo vasco”, no era realista pretender que la “revolución cultural” practicada por el conjunto del nacionalismo vasco, desde hace 50 años, se pudiera contrarrestar con las campañas mediáticas desarrolladas en los últimos meses y el “desembarco” electoral de algunos líderes “populares”. En tan breve plazo no se podía crear el tejido social que permitiera avanzar y consolidar la realidad electoral al alza de los constitucionalistas, neutralizando el efectivo aislamiento en que les había situado la política nacionalista con sus múltiples tácticas.

En el avance de los sectores españolistas, algunos factores jugaron un importante papel. Es el caso de la estrategia de “unidad de los demócratas” desarrollada por el Partido Popular de acuerdo con el PSOE y el apoyo de Unidad Alavesa. Igualmente importante ha sido el espaldarazo dado a los intelectuales vascos que, desde diversos medios, especialmente el Foro de Ermua, han levantado su voz ante el monopolio y el proyecto global nacionalista. Otros aspectos tácticos han jugado su papel: el apoyo a las víctimas del terrorismo (las grandes olvidadas durante tantos años), la búsqueda del reconocimiento social de las mismas e intentar suscitar una conciencia colectiva ética frente al sufrimiento de los perseguidos por el terror en sus diversas formas.

Pese a todo, el objetivo no se ha alcanzado. Tal vez por ello, en lenguaje “políticamente incorrecto”, José María Aznar llegó a afirmar –lo que le valió críticas casi unánimes- que el País Vasco “no estaba maduro”. Esa criticada frase supone un reconocimiento implícito de que el nacionalismo vasco, también, está fuertemente anclado en la sociedad.

Concluyamos: el electorado vasco está “fijado” en un porcentaje muy importante, pese a la tendencia al aumento de los partidos españolistas. Los movimientos y desplazamientos electorales se produjeron, en esta ocasión, y en buena medida, en el seno de cada uno de los dos grandes bloques: constitucionalistas y nacionalistas. El voto procedente del abstencionismo, en contra de lo previsto, ha beneficiado a los nacionalistas en mayor medida de lo vaticinado: un voto “útil” que ha buscado seguridad en la continuidad, por encima de consideraciones de carácter ético.

 

El futuro del Partido Popular vasco.

El mensaje electoral emitido por el Partido Popular, a lo largo de la mencionada campaña, podía resumirse en dos axiomas:

1.        Para vencer al terrorismo hay que desalojar al nacionalismo llamado moderado de las instituciones vascas.

2.        La solidaridad con las víctimas del terrorismo impone un cambio de gobierno, pues el conjunto del nacionalismo es responsable, al menos por omisión, de su sufrimiento.

No ha funcionado. No se ha logrado extender esa conciencia a un mayor sector del electorado vasco; no se ha desatado la solidaridad esperada.

Algunas de las manifestaciones efectuadas por líderes nacionales del Partido Popular, explotadas por la propaganda nacionalista, se han percibido por sectores no excesivamente politizados como un ataque intolerable a “lo vasco”.

Pero a este fracaso también ha contribuido, además de sus propios defectos tácticos, la campaña “a la contra” desatada por el nacionalismo en bloque. Han logrado hacer creíble el mensaje de que el recambio gubernamental podía afectar a la identidad del País Vasco, a los logros obtenidos por su pueblo; amenazado por unos políticos ajenos a la tierra y tributarios de intereses ocultos. Con ello se ha neutralizado el mensaje del Partido Popular de asociar paz con el desalojo del nacionalismo de las instituciones autonómicas vascas. Esa es la explicación de que sectores importantes del abstencionismo hayan votado movidos por el miedo al cambio.

¿Qué puede hacer, en esta coyuntura, el Partido Popular?: una labor institucional de oposición seria, constante, combinándola con un trabajo cívico, asociativo y cultural, con la pretensión de generar un tejido social que permita avanzar, poco a poco, en el seno de la sociedad vasca, reduciendo el impacto del control absoluto, ejercido durante varias décadas, por el nacionalismo.

En el plano nivel interno, varios son los retos: contener el riesgo de desbandada, renovar el liderazgo, crecer en número e implantación, evitar el aislamiento.

Parece difícil, a priori, que el Partido Popular, con un discurso “blando” en muchos aspectos y una militancia poco acostumbrada a la movilización, pueda cambiar de modelo y de espíritu. Pero las circunstancias que debe afrontar son excepcionales, lo que exige un nuevo estilo de partido y una nueva presencia social y cultural.

Otro reto se le presenta al Partido Popular vasco: el posible relevo de Jaime Mayor Oreja, lo que podría suceder en un par de años. Esta posibilidad podría explicar el relevante papel desempeñado por María San Gil en los preparativos del próximo congreso general del partido.

Fracasada la reciente estrategia “popular”, desvanecida la ilusión de una victoria a corto plazo, con un PNV consolidado en el gobierno de Vitoria al beneficiarse electoralmente de los sectores posibilistas del MLNV, ¿qué color debe tener la acción del Partido Popular? Entre otras cosas, debe de teñir de vasquismo positivo y constructivo sus contenidos, pues el españolismo y el vasquismo no son conceptos antagónicos, tal como se ha querido hacer ver desde el mundo nacionalista. Es más, lo vasco está en la raíz de lo español: ésta puede ser una de las claves de la “contrarrevolución” cultural que debe plantearse el Partido Popular a medio y largo plazo.

 

Partido Popular y PSOE.

El fracaso de la estrategia “popular” debe relativizarse. Es incuestionable que le ha permitido avanzar social y electoralmente. Pero la impaciencia, impuesta en parte por el sufrimiento de las víctimas del terrorismo y el sacrificio terrible de sus concejales, ha jugado una mala pasada.

Jaime Mayor Oreja sigue siendo un valor, de momento, fundamental para el partido. Debe permanecer en el País Vasco encabezando la oposición, por coherencia ideológica, por fidelidad a las víctimas y a toda la militancia que ha creído en él; al menos hasta que un nuevo liderazgo quede afianzado en el partido.

La estrategia seguida hasta el momento no debe cambiarse en sus directrices fundamentales; a lo sumo deben modificarse algunos aspectos: hay que continuar la batalla en el plano de las instituciones, en el seno de la sociedad civil, los medios de comunicación y en el mundo de las ideas, para retomar un día la iniciativa social que facilite un cambio. Ese cambio ya ha empezado en las grandes urbes; la dificultad mayor es introducirlo en las pequeñas ciudades y pueblos del País Vasco, donde el control formal e informal de la vida cotidiana por el nacionalismo es agobiante.

La resolución de la crisis que atraviesa el PSE/PSOE, motivada por la existencia de una corriente socialista partidaria del entendimiento con los nacionalistas que cuenta con el tradicional apoyo de Felipe González y el grupo PRISA, no es indiferente en estas circunstancias y más cuando circulan, de nuevo, rumores de la posible gestación de una “tregua”. El liderazgo de Nicolás Redondo Terreros, quien ha dimitido como consecuencia de la poco leal oposición interna de Odón Elorza y sus compañeros de viaje, constituía un importante asidero para la política de firmeza y claridad de Jaime Mayor Oreja.

De no revalidarse, en el transcurso del próximo Congreso extraordinario del PSE/PSOE, la línea mantenida por el dimitido, el Partido Popular se encontrará en una incómoda situación de aislamiento político e institucional en el País Vasco, lo que acrecentaría la incertidumbre sobre su futuro. Jaime Mayor Oreja lo ha entendido perfectamente, en un nuevo ejercicio de crudo realismo político, al declarar en ABC que “la izquierda social ha tenido más trascendencia que la derecha económica”, siendo, además, “el gran apoyo del entendimiento entre Partido Popular y PSOE”. Sumando lo anterior a la crisis desatada en el PSOE, se comprende que para el político popular, la estrategia de su partido pase por “dar una gran acogida” a la izquierda del País Vasco, por lo que tendría que hacerse “más popular y más vasco que nunca”. Este planteamiento, carente de cierto tacto, ha provocado un notable aluvión de críticas, demagógicas y desproporcionadas en cualquier caso, por parte de algunos líderes del PSOE de las que se han servido para marcar distancia y preparar futuros cambios tácticos, a la vez que empezaba a sonar en medios de PRISA el nombre de Patxi López (del sector crítico al dimitido dirigente socialista vasco) como alternativa a Redondo Terreros.

No es fácil, en cualquier caso, realizar esa apertura hacia la izquierda “social”. Una fórmula tradicional, para ello, consiste en incorporar al partido a alguna personalidad relevante procedente de ese medio político. Pero no olvidemos la amarga experiencia de Ricardo García Damborenea (cuyo nombre, paradójicamente, ha sido empleado como torpedo contra la línea de flotación de las expectativas de un vapuleado Nicolás Redondo Terreros). 

La existencia de dudas metódicas y la ausencia de una voluntad decidida, en el desarrollo de una estrategia política a largo plazo, en el principal partido de la izquierda española, no son nuevas. No olvidemos, por otra parte, que a esa labor de arrinconamiento de la identidad española en el País Vasco, de forma consciente o inconsciente, han contribuido en las últimas décadas sectores significativos de la “progresía” española.

Al proyecto nacionalista sólo puede hacer frente otro proyecto sin complejos, de contenidos claros y atractivos, liderado por unos políticos vascos en sintonía con los sectores sociales emergentes que reclaman un mayor protagonismo para la ciudadanía acallada desde el poder político y cultural dominante en el País Vasco. Jaime Mayor Oreja, pese a los golpes recibidos, reúne las mejores condiciones personales para afrontar un reto de tales características, en tanto no se consolide un liderazgo alternativo. En un futuro a medio plazo ya se verá si persiste en el empeño o se desvía de esta difícil, pero apasionante tarea, convocado por otras responsabilidades políticas de envergadura nacional.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 53, enero de 2002.

Sociología política navarra elemental.

      Nacionalistas, abertzales, vasquistas, navarristas, foralistas, españolistas… son algunos de los conceptos manejados, habitualmente, para informar acerca de la realidad política y social de Navarra. Veámoslos con cierto detenimiento.

 

Sociología política navarra elemental.

Navarra nunca ha dejado de estar en el centro de la estrategia del nacionalismo vasco. Pese a su aparente estabilidad, recientes circunstancias acaecidas dramáticamente, como el asesinato de un concejal regionalista y la dimisión de varios más, han evidenciado la persistencia de una situación plural y compleja. En este contexto, ¿cuál es la realidad política de Navarra?

Navarra goza de una razonable estabilidad política. Ya se superaron los tiempos –la transición- en que el desconcierto y la incertidumbre habían anidado en sectores significativos de la clase política navarra. Es entonces cuando el PSOE de Navarra se desvincula del de Euskadi, optando sin lugar a dudas por la plena autonomía de Navarra, al igual que la fenecida Unión de Centro Democrático. Con ello se salvó la particularidad institucional de Navarra mediante su articulación, dentro del nuevo “Estado de las Autonomías”, como una Comunidad Foral. Los temores a una anexión traumática de Navarra por la naciente Euskadi se despejaron, pese a contemplarse la posible revisión legal de su situación en la Constitución española (la Disposición Transitoria Cuarta, que establece el procedimiento para su integración, pero no para su salida), lo que provocó el voto negativo a la misma de algunos sectores del navarrismo.

Desde entonces, su particular “status” se ha consolidado. La viabilidad económica e institucional de Navarra se han afirmado. Sus indicadores económicos son magníficos, encontrándose a la cabeza del desarrollo español, con un crecimiento superior a la media de la CEE. Y la posibilidad de integrarse en la vecina Comunidad Autónoma Vasca, desvanecida en su día, no ha sido una realidad en los últimos 5 lustros, pese a la persistente campaña cultural y política del nacionalismo vasco durante todos estos años.

Un partido regionalista hermanado con el Partido Popular (éste no existe como tal en Navarra), Unión del Pueblo Navarro (UPN, en lo sucesivo), detenta en la actualidad el gobierno de la Comunidad y las alcaldías de los principales ayuntamientos navarros. El principal partido de la oposición, el PSOE, mermado en votos por los escándalos Urralburu y Roldán, con un liderazgo sin afianzar en la actualidad, mantiene una relación aceptable con el anterior, al igual que el sindicato mayoritario en Navarra, la Unión General de Trabajadores.

La escisión, espectacular en su día, sufrida por UPN de la mano de quien fuera presidente del Gobierno de Navarra, Juan Cruz Alli, y que originó la formación de un partido, Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN), pierde incidencia y representatividad de forma gradual e imparable.

IU ha intentado ganar peso y constituirse en el referente de la izquierda no socialista en la Comunidad Foral, beneficiándose de la larga crisis del PSOE, pero, haciendo balance, vemos que no lo ha conseguido. La coalición de Llamazares hace lo que puede para mantenerse en votos y nivel de representatividad, no siendo ajena su sangría a la experimentada por la misma en el resto de España.

                El nacionalismo vasco, en su conjunto, no ha cesado en ningún momento de materializar un auténtico aluvión de iniciativas de todo tipo; siendo un esfuerzo no proporcional a su representatividad real. Con todo ello busca, a medio o largo plazo, un posible vuelco electoral que permita una revisión, de la actual situación, favorable a sus tesis.

                Nacionalistas vascos y navarristas coinciden en los mismos ámbitos humanos: en la vida cotidiana y en la gestión de los asuntos públicos en función de su representatividad (en los ayuntamientos, en el Parlamento, en múltiples asociaciones…). Sin embargo, la presencia de los nacionalistas siempre se hace notar, al caracterizarse éstos por un voluntarismo incuestionable y una militancia férrea.

El gran factor distorsionador de la política navarra es la formación de la izquierda abertzale Batasuna. Con un electorado que dobla en número al de EA y PNV sumados, pero muy lejos del PSOE y no digamos ya de UPN, realiza una labor institucional que roza la contestación antisistema. Al margen de esas discutibles actitudes, la sombra que le acompaña, en todo caso, es el temor que impone sus porosas relaciones con la banda terrorista ETA.

De ahí que la división entre navarros, alcanzando a familias, pueblos y organizaciones sociales de todo tipo, sea una penosa realidad impuesta desde el agresivo y constante nacionalismo vasco.

                Hemos realizado, en líneas muy generales, una aproximación a la realidad de la Comunidad Foral de Navarra. Hagamos, ahora, algunas consideraciones en torno a la sociología política elemental de la población navarra a partir de las categorías empleadas habitualmente.

 

El navarrismo.

                El navarrismo ha desarrollado una perspectiva de Navarra más sentimental que intelectual, pese a existir un desarrollo doctrinal e ideológico del mismo. Esta visión considera que Navarra reúne unas características históricas, culturales, políticas, económicas y sociales que le proporcionan el soporte imprescindible de una identidad colectiva, para vivir, con autonomía, dentro del proyecto español.

Está representado, políticamente hablando, por Unión del Pueblo Navarro y el Partido Socialista Obrero Español. Especialmente el primero, hace propio el contenido del moderno navarrismo político, entendido –ya lo veíamos- como la concepción política, histórica y cultural de Navarra que la concibe como un espacio autónomo y diferenciado, dotado de una fuerte personalidad y unas características particulares entre las que destacan, con notable fuerza, los elementos vascos de su cultura y tradición.

                El pensador y político tradicionalista Víctor Pradera sentó, en las primeras décadas del siglo XX, las bases teóricas y conceptuales del navarrismo moderno. A partir de unos presupuestos regionalistas y foralistas, delimitó sus elementos fundamentales: tradición católica, identidad jurídica e institucional, mestizaje cultural, participación en la empresa común española, rechazo de la raza como factor determinante de la identidad colectiva.

                El PSOE procede de una tradición política distinta, pero, después de los devaneos de la transición, asume como propios los elementos fundamentales del actual navarrismo político.

                Sin embargo, merced a las continuas campañas promovidas desde las fuerzas políticas nacionalistas y algunos intelectuales de la izquierda, el mismo término "navarrismo" goza de una cierta impopularidad.

                Tal vez sea motivado, en parte, por la asociación al navarrismo de algunas expresiones rudimentarias manifestadas en sectores de la población navarra, y que implican una degeneración del mismo, en un sentido instintivo, antivasco visceral: nos referimos a las actitudes de los llamados despectivamente “navarreros”. Por el contrario, navarristas convencidos asumen como propio el legado vasco, considerando, incluso, que constituye su principal patrimonio cultural y su sustrato básico.

                UPN y PSOE suman más de 200.000 votos, defensores sin ambigüedad, aunque generalmente silenciosos, de la identidad y autonomía de Navarra. Ello no quiere decir que todo ese electorado se identifique plenamente con las tesis navarristas. Existe un sector de la población navarra, en parte de procedente de la emigración de los años 60 (cuyos hijos en muchos casos han engrosado las filas abertzales) y de profesionales y trabajadores establecidos en Navarra en las últimas décadas, cuya seña de identidad principal es su sola condición de “españoles”. Estos navarros se identifican en mayor medida, aunque sin llegar a asumir postulados navarristas, con quiénes se oponen al expansionismo nacionalista, por considerar a este último como un factor desestabilizador y agresivo hacia una comunidad –en la que se han establecido- económicamente pujante y con altas tasas de bienestar social.

                Desde Gara y los medios de la izquierda abertzale, a UPN y PSOE se les denomina, especialmente al primero, como “unionistas”, en un intento, que no ha gozado de fortuna, de equiparar semánticamente la situación navarra con la del Ulster.

                En las últimas semanas se han producido algunas novedades en este sector: la constitución de la Sociedad de Estudios Navarros, que pretende el estudio y solución de los retos que se presentan a la Navarra de nuestros días, y la salida al mercado de la revista Navarra en marcha. En ambas iniciativas participa Jaime Ignacio del Burgo, uno de los políticos más significativos de Navarra en las últimas tres décadas. Pudiera entenderse que ello responde a una estrategia elaborada a efectos de dotar al navarrismo de unos instrumentos de los que, tradicionalmente, ha carecido. Con la citada entidad se cubriría el ámbito cultural y de la investigación sociológica e histórica. Con la publicación mensual, que ha visto la luz de la mano de la editorial de su hijo, se pretendería vulgarizar los conceptos básicos de dicha concepción, a la vez de intentar sostener, e impulsar, a la opinión pública navarrista, poco dotada de instrumentos conceptuales y culturales, frente la avalancha mediática y social nacionalista. El tiempo aclarará la efectividad de tales iniciativas.

 

El nacionalismo navarro.

                De la mano de Juan Cruz Alli, se ha ido modelando un ambiguo "nacionalismo navarro" encarnado en su partido, Convergencia de Demócratas de Navarra, y especialmente en sus exiguas juventudes. Carece de tradición histórica, salvo algunas expresiones políticas casi marginales, como el caso de las ideas "napartarras" de Campión (quien terminó en el PNV) y cuyo rebrote a finales de los años 70 (de la mano del estudioso roncalés José Estornés Lasa) no tuvo relevancia alguna, o del federalismo republicano y fuerista de finales del XIX. Pretende, a partir de una concepción moderna del hecho autonómico español, que el nacionalismo navarro, en el marco de una tradición cuasi – federal, impulsada desde la izquierda y los partidos “burgueses” claramente nacionalistas, asuma las diversas identidades culturales presentes en Navarra sin complejos; en un intento de desactivar la virtualidad política, de efectos planificados a largo plazo, de las expresiones vasquistas manifestadas a todos los niveles en Navarra.

                Es loable su intento de alejarse de la imagen "navarrera" exclusivista. Pero su filosofía carece de figuras relevantes. Tampoco está dotado de un cuerpo doctrinal desarrollado y su suerte parece estar excesivamente vinculada a la estrella, declinante, del fundador. Por otra parte, esta concepción desdibuja la participación navarra en la empresa española, incurriendo en un pragmatismo inestable y poco preciso que no atrae voluntades.

 

El nacionalismo vasco.

                El nacionalismo vasco nació “bizkaitarra”. Sabino Arana apenas escribió acerca de Navarra. Sin embargo, algunos de los teóricos primeros del nacionalismo vasco fueron navarros.

                Buena parte de la intelectualidad navarra de finales del siglo XIX, y primeras décadas del XX, era vasquista, culturalmente entendida; pero no políticamente. Ya en el carlismo, y en otros sectores sociales navarros, muchos intelectuales se decantaron por un vasquismo cultural, antesala en algunos casos del vasquismo político que con los años cuajó en el Partido Nacionalista Vasco. Por ello, no puede confundirse vasquismo y nacionalismo vasco; al menos en Navarra.

                Para el nacionalismo vasco, Navarra no sólo forma parte de Euskal Herria, sino que es su madre. Por otra parte, sólo Navarra podría ser el antecedente territorial que encarnara, en unos pocos años de su historia medieval al menos, una unidad política de la mayoría de los vascos. Por ello, el que Navarra sea una comunidad diferenciada de la vasca es una “herejía” incomprensible para los nacionalistas. De ahí el empeño de modificar la realidad política actual, siendo el navarrismo su principal enemigo a batir.

El PNV no supera, pese a inversiones millonarias, una presencia política e institucional puramente testimonial (no llega a los 3.000 votos). Corresponde a EA el liderazgo en Navarra del llamado nacionalismo moderado, hecho explicable en buena medida, por el origen navarro de su fundador: Carlos Garaicoechea.

                En la actualidad, el electorado conjunto de ambos partidos está estancado, no llegando a los 20.000 votos, pese a costosas inversiones en campañas políticas de todo tipo, medios de comunicación y múltiples expresiones culturales. Su electorado ha sido condicionado completamente por el fenómeno de la izquierda abertzale que, en Navarra, también tiene colores propios.

 

La izquierda abertzale.

                Navarra es particular también en este campo. Es el único territorio en el que, desde su nacimiento, la izquierda abertzale supera en votos (entre 35 y 45.000) y vitalidad, al conjunto del nacionalismo moderado. Algunos líderes de esa izquierda, además, proceden de Navarra: Iñaki Aldekoa, Patxi Zabaleta, Floren Aoiz, Adolfo Araiz, etc.

                Nutrida tanto de navarros de pura cepa, como de emigrantes e hijos de emigrantes, la izquierda abertzale sustituyó en su día a la potente extrema izquierda maoísta que, nacida en parte al calor de algunos sectores eclesiales, desapareció casi de repente a lo largo de la transición española a la democracia.

                Sin embargo, pocos han sido, en número, los militantes navarros de ETA, siendo igualmente un porcentaje muy pequeño el de quienes han llegado a ostentar cargos de relevancia dentro de esa organización. Así lo afirma Fernando Reinares en su reciente libro “Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué” (Taurus, 2001), al establecer en sus anexos estadísticos que los navarros de ETA supondrían un 7’7% del total de 431 militantes de la organización objeto de estudio en lo que respecta al territorio de nacimiento (aunque la tendencia era la de aumentar con los años).

                Es en este entorno donde encontramos a la tribu de los "jarraitus" y su particular estética "borroka". Son las juventudes del MLNV, con un activismo y voluntarismo excepcional: desde la "kale borroka" hasta sus éxitos electorales en la Universidad Pública de Navarra (no olvidemos el mínimo porcentaje de votantes en dichos procesos académicos).

                Con una especial incidencia en la zona norte y centro de Navarra, su presencia se mantiene, con altibajos, de forma estable y una representatividad constante. La reciente escisión de Aralar puede convulsionar su actual implantación, pero es un interrogante que sólo el futuro despejará. Los principales dirigentes de Aralar son navarros, gozando alguno de ellos (caso de Patxi Zabaleta) de un indudable prestigio que podría llegar a arrastrar, incluso, a sectores de la izquierda “españolista” y de la propia EA. Incluso el minúsculo PNV navarro, de la mano de su dirigente José Antonio Urbiola, ha hecho pública su intención, el pasado 9 de octubre, de buscar algún tipo de acuerdo electoral con esta naciente fuerza.

                A caballo entre la izquierda abertzale y la izquierda ex comunista, se sitúa Batzarre. Integrada por los residuos de las antiguas LKI y EMK (Liga Comunista Revolucionaria y Movimiento Comunista), cuenta con una veterana militancia (la mayoría en torno a los 40 años) y cierta representatividad institucional en el Parlamento y algunos ayuntamientos navarros. Además, es muy conocida su capacidad de movilización y la originalidad de sus campañas. Tiene dos almas: la vasquista, inclinada hacia la izquierda abertzale, y la puramente izquierdista, más orientada hacia Izquierda Unida, coalición en la que han confluido algunos de sus antiguos camaradas del resto de España. Batzarre está tendiendo puentes hacia Aralar. De confluir ambos colectivos, podría generarse una izquierda abertzale, de tintes navarros y emancipada de ETA, con indudable impacto en el panorama político y electoral de Navarra.

                Si sumamos todos los votos nacionalistas, “moderados” y radicales, nunca han superado el 18% del censo navarro, siendo el 13’80% el recibido por esas fuerzas en las elecciones del 99.

 

La izquierda excomunista.

                En Navarra nunca arraigó el Partido Comunista de España. Su techo electoral se ha alcanzado, paradójicamente, con la fórmula de Izquierda Unida, en la que los comunistas son una estricta minoría, no siéndolo ninguno de los líderes de IU más representativos en Navarra.

                La coalición en Navarra se ha decantado por una ambigua pertenencia a la Izquierda Unida del País Vasco, con unos niveles de autonomía política indudables, en un intento de superar la dicotomía navarrismo/abertzalismo, en el marco de una concepción federalista del Estado español. Sus integrantes son, en general, partidarios de una integración de Navarra en Euskadi. No verían -pese a lo anterior- con malos ojos que, en una España federal, Navarra siguiera constituyendo una entidad autónoma diferenciada de la de sus vecinos. En cualquier caso, el futuro de sus tesis pasa por el desarrollo discutible de su coalición.

 

El carlismo.

                El carlismo, sociológicamente hablando, parece haber desaparecido. Sus hijos y herederos, de hecho,  se encuentran presentes en todo el espectro político actual de Navarra.

                Ni el minúsculo Partido Carlista, genuino representante del carloshuguismo (la rama socialista, federalista y autogestionaria), ni la refundada y rejuvenecida Comunión Tradicionalista Carlista, han logrado reestructurar al pueblo carlista. Tal vez ello sea así, por el único motivo de que tal pueblo ya no existe hace varias décadas. O tal vez por tratarse de sus expresiones más ideologizadas, cuando el carlismo se trató de un movimiento popular y escasamente doctrinario, al menos en sus orígenes.

                Del carlismo se conservan algunos tics en la mentalidad y la política navarra: sentido de grupo, gusto por lo propio, generosidad personal, apego a las tradiciones, espontaneidad, cierto populismo, sustrato religioso.

Este fenómeno causa admiración a los foráneos. ¿Qué ha sido del carlismo? Se preguntan y nos preguntan cuando vienen a Navarra. En nuestros días sigue asombrando su aparente rápida desaparición, salvo para quiénes, todavía hoy carlistas, no admiten esta afirmación. Sin duda constituye una cuestión que debe estudiarse a fondo; con ello se proporcionarían, probablemente, algunas claves para entender el presente de Navarra.

 

El electorado católico.

                Encontramos a católicos en todo el espectro político navarro: desde la CTC hasta Batasuna.

                Igualmente, encontramos a democristianos en UPN (de la mano de Jaime Ignacio del Burgo), en Convergencia (que se define como social cristiano; lo que difícilmente casa con su apoyo a la legislación antifamiliar que se ha promulgado últimamente en Navarra) y en el PNV.

                Por otra parte, algunos de los movimientos eclesiales más pujantes, presentes en Navarra, consideran la vocación política como una opción estrictamente personal, de la que sólo sus protagonistas deben responsabilizarse. Ello explica, en parte, la tremenda dispersión del voto católico navarro. Con todo, no puede decirse que no tenga ninguna relevancia o proyección sociológica. Navarra cuenta con un porcentaje de jóvenes católicos practicantes un poco por encima de la media española; por el contrario, también concurre un porcentaje muy elevado de ateos militantes, muchos de ellos alineados con las opciones de la izquierda abertzale.

                Sin embargo, la reciente polémica desatada acerca de la conveniencia de la fundación de un partido católico, no ha tenido apenas eco en Navarra, salvo dentro de los restringidos medios del tradicionalismo, que la ha seguido con interés pero con prevenciones.

 

                Estos son, en breves trazos, algunos de los colores del plural mapa político navarro; un mapa en lenta pero constante evolución y que puede deparar, todavía, sorpresas.

 

Arbil anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 51, noviembre de 2001.

¿El futuro de la izquierda abertzale se llama Aralar?

      ARALAR, nuevo partido nacido como corriente en el seno de Herri Batasuna, constituye la mayor novedad política producida en el País Vasco y Navarra desde el cese de la “tregua” de ETA.

 

Aralar.

La constitución como partido de Aralar, a finales de septiembre, nacido como corriente contestataria a la línea mayoritaria de Herri Batasuna, es el factor más novedoso producido en el panorama político vasco en los últimos meses. Ello puede suponer el inicio de una reordenación interna de las fuerzas nacionalistas, tras la convulsión electoral experimentada en ese sector en mayo pasado. En cualquier caso, se fortalece el camino hacia la autodeterminación emprendido por el conjunto del nacionalismo vasco, al engrosar Aralar el número de los actores en escena partidarios de las “fórmulas políticas”.

Seguramente sus promotores conocían el resultado de la última asamblea de ETA en la que se decidió continuar con la lucha armada, tal como informó Javier Balza, lo que les proporcionó un argumento decisivo en su ruptura con la nueva Batasuna. Esa decisión, que les ha generado un gran sufrimiento (no había más que observar la expresión de los rostros de los asistentes a la rueda de prensa informativa de la misma), nos ha cogido de sorpresa; no la esperábamos. En las últimas décadas no se había consumado ninguna ruptura de un colectivo del entorno de ETA. Siempre se había tratado de “salidas individuales”. En otras ocasiones, caso de las agrupaciones Auzolan y BAI en Navarra hace ya un par de décadas, se había tratado más de un fenómeno producido en la periferia de la izquierda abertzale, que el resultado de una decisión colectiva táctica.

Pero no debemos caer en un espejismo. Ya han manifestado su voluntad de seguir formando parte de la izquierda abertzale, al compartir sus objetivos últimos y buena parte de su común “cultura política”. Así, por ejemplo, Aralar valora al proyecto soberanista de Ibarretexe como poco preciso (así lo manifestó Patxi Zabaleta en un artículo publicado en Gara el pasado día 11 de julio). Afirmaba, también en ese mismo escrito, que su apuesta por la paz no es una opción estratégica, sino táctica. ¿Quiere decir ello que la paz no es un valor fundamental para Aralar, sino simplemente un medio para la consecución de sus objetivos? En consecuencia, parece deducirse, si un día debe optarse, tras el correspondiente proceso dialéctico, por otra vía táctica (apoyar la lucha armada, por ejemplo), así se hará.

Su cultura política es, en resumen, la de la izquierda abertzale: vasquista, independentista, socialista y con una ambigua valoración del terrorismo.

 

El futuro de Aralar.

¿Qué futuro le espera a Aralar? Intentará hacer valer, ya ante el PNV, como ante la propia Batasuna y ETA, sus presuntos miles de votos, que corresponderían a buena parte de los procedentes de Herri Batasuna desembarcados en PNV/EA para evitar el acceso de los españolistas a Vitoria y que fueron determinantes para su victoria. No podrá arrogarse esos votos indefinidamente, pero es su principal capital inicial, junto a la veteranía y prestigio de sus militantes más representativos.

Si se presentan a las próximas elecciones municipales, lo que parece difícil dado su reducido número de miembros (un informe interno de HB los concretaba en poco más de 40 militantes al día en el pago de sus cuotas, siendo en torno a 60 los que hasta el momento han acudido a sus asambleas internas), el interrogante sobre su arraigo real obtendrá puntual y exacta respuesta.

El intento no carece de dificultades. La más seria y preocupante es la actitud que adopte ante Aralar, definitivamente, el resto de la izquierda abertzale con ETA a la cabeza. De momento las descalificaciones han sido muy duras. Así, en el órgano interno de ETA, ZUTABE, del mes de junio, se han vertido acusaciones muy gruesas contra el grupo, responsabilizándole, en parte, del fracaso del proceso Batasuna, incapaz de aglutinar a la izquierda abertzale. Las declaraciones, al respecto, de diversos portavoces de Batasuna, a lo largo del verano, han sido también muy contundentes, cargando toda la responsabilidad en Patxi Zabaleta y demás integrantes de Aralar.

No olvidemos, por otra parte, que los espacios políticos están muy fijados, desde hace décadas, en el País Vasco (recordemos la experiencia de Euzkadiko Ezkerra). De fracasar en el intento, es imprevisible el camino que lleguen a adoptar sus impulsores, auténticos “animales políticos” algunos de ellos.

En este camino está encontrando, además de “novias” interesadas (diversos líderes de PNV y EA se han apresurado en tender puentes hacia Aralar), algunos aliados previsibles. Es el caso de Batzarre (los restos de Liga Comunista Revolucionaria y Movimiento Comunista de Euskadi en Navarra), Zutik (el equivalente del anterior en el País Vasco) y algunos militantes de Elkarri (el “movimiento por el diálogo social” promovido por Víctor Aierdi y Jonan Fernández, generado inicialmente en el seno de la izquierda abertzale y en progresiva buena sintonía táctica con el PNV). Estos sectores podrían confluir en iniciativas conjuntas, orientadas a la configuración de un bloque de izquierda abertzale, fuera de la disciplina de ETA. Este parece ser el sentido del apoyo que la dirigente de Batzarre Milagros Rubio ha manifestado en varias ocasiones a Aralar en las últimas semanas, en particular en su artículo “La decisión de Aralar” publicado el día 6 de agosto de 2001 en “Diario de Noticias de Navarra”, considerando también que esas formaciones “deben confluir en lo social y en lo político”.

 

Consecuencias de la tregua.

                La tregua de ETA ha tenido más consecuencias de las inicialmente imaginadas. No sólo se ha frustrado la esperanza de una paz a corto plazo, sino que está dando lugar a un nuevo escenario político. Veamos algunas de esas consecuencias.

1.        En el plano interno de ETA, mientras los partidarios de “hacer política” intentaban liderar Lizarra, los sectores juveniles, poco dados a grandes elaboraciones estratégicas y tácticas, se hacían con el control de ETA, lo que explica su actual evolución:  puro y duro voluntarismo.

2.        El PNV ha recuperado el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco, despejando además sus temores a ser descabalgado del gobierno de Vitoria.

3.        Algunos sectores de la izquierda abertzale se han convencido de que es posible “hacer política”. La prueba de ello es Aralar, entendida como la expresión de una izquierda abertzale fuera del control de ETA y en busca de un espacio político determinante.

4.        El Partido Popular no ha conseguido el gobierno de Vitoria, pero ha disuelto el sueño de una secesión a corto plazo.

 

Aralar y Navarra.

En este contexto el papel de Aralar puede ser clave, especialmente en Navarra, comunidad en la que solicitó oficialmente el pasado día 29 de agosto su deseo de ser incluida en los sondeos electorales, que allí se realicen, como una opción más. Ello confirma su voluntad de incidencia real en la escena política. No hay marcha atrás.

El mismo nombre que han escogido para su formación es significativo. Su valoración de la identidad navarra en sus actuales circunstancias políticas es, respecto al resto de la izquierda abertzale, original en buena medida. Ello puede facilitarle la obtención de un espacio notable en la política foral. El sueño acariciado por la izquierda abertzale, casi alcanzado con Patxi Zabaleta (principal líder de Aralar) al frente de HB en Pamplona, ha sido sustituir al PSOE como referente de la izquierda en Navarra. Conseguirlo constituiría, sin duda, una de las “anormalidades” políticas que, por otra parte, Navarra produce con cierta frecuencia. No en vano, es la izquierda abertzale la expresión más fuerte, sin lugar a dudas, del vasquismo político en Navarra. Por otra parte, es EA el partido aglutinante del pequeño nacionalismo moderado, siendo el PNV una fuerza testimonial casi inexistente.

                De consolidarse Aralar, sola o con Batzarre (que cuenta con una pequeña pero experimentada militancia y cierta representación institucional en la Comunidad Foral), el panorama político navarro podría sufrir unas convulsiones insospechadas a medio plazo, sobre todo caso de no afirmarse el PSOE como una oposición real a UPN.

 

Conclusiones.

En este marco, el futuro de Aralar es muy importante. Su consolidación podría ejercer un posible efecto “dominó” en el conjunto de la izquierda independentista. Con indudable base y prestigio en Navarra, su opción es la de una izquierda abertzale emancipada de ETA, lo que supondría a esta organización terrorista, de consolidarse Aralar a costa de Batasuna, el mayor aislamiento de su historia y, tal vez, el inicio de su definitivo declive.

Por todo ello, con los interrogantes que siguen abiertos en este complejo panorama, pese al cansancio que se observa en una parte de la opinión pública española ante el “conflicto” vasco, debemos estar atentos a su evolución futura.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 50, octubre de 2001.

Páginas para el mes, Nº 49, septiembre de 2001.

¿Qué futuro político le espera al País Vasco?

Transcurridos más de cuatro meses, desde la celebración de las últimas elecciones autonómicas en el País Vasco, la pregunta decisiva que debemos hacernos es: ¿se han producido novedades significativas en su compleja situación política?

Introducción.

          El pasado día 13 de mayo de 2001 se celebraron las elecciones autonómicas vascas; habiéndose generado con tal motivo la mayor expectativa de cambio de su reciente historia. No se pudo materializar el ambicioso cambio, adelantado por los estrategas del Partido Popular; que habría supuesto, por primera vez, el control del gobierno de Vitoria por los constitucionalistas. Con ello fracasaron, en la obtención de tan ansiada victoria, Jaime Mayor Oreja y José María Aznar, quien vaticinó a sus próximos la producción de unos presuntos resultados favorables sin una base real.

                Las informaciones relativas al País Vasco, desde entonces, no han cesado. Es más, con todas las que se han producido, se corre el peligro de perder la perspectiva y el significado de los movimientos -muy importantes y significativos- realizados a lo largo de estos meses por sus protagonistas.

                En este artículo intentaremos integrar las informaciones, que consideramos de mayor relevancia, en una explicación global de la situación.

Consecuencias de la tregua.

                La tregua de ETA, y su posterior cese, ha tenido más consecuencias de las inicialmente imaginadas. Además de frustrarse la esperanza de una paz a corto plazo, que pudo degustarse, está generando un escenario novedoso, en buena medida, en el País Vasco. Veamos algunas de esas consecuencias, lo que permitirá proporcionar luz sobre el caudal de circunstancias que, posteriormente, comentaremos.

1. En el plano interno de ETA, mientras los partidarios de "hacer política" intentaban liderar Lizarra, sectores juveniles del MLNV, poco dados a grandes elaboraciones estratégicas y tácticas, aprovechaban la coyuntura para  ingresar en gran número en ETA y hacerse con su control, lo que explica su actual evolución: activismo y voluntarismo a raudales.

2. El PNV ha recuperado el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco, despejando, además, sus temores a ser descabalgado del gobierno de Vitoria.

3. Los sectores más posibilistas de la izquierda abertzale se han convencido de que es posible "hacer política". La evidencia de ello es la constitución de Aralar, como partido político fuera de la disciplina de Batasuna, entendida esta nueva formación como la expresión de una izquierda abertzale emancipada de ETA que busca, desde ese concreto espacio político, incidir en el curso de los acontecimientos.

4. El Partido Popular no ha conseguido el gobierno de Vitoria, pero ha disuelto el espejismo de una secesión a corto plazo.

5. La persistencia del "conflicto", con la reanudación de sus expresiones más dramáticas, ha aumentado la sensación de cansancio en sectores de la opinión pública española. Ese estado de ánimo, creciente según algunas fuentes, puede ser una importante baza futura a jugar por el nacionalismo vasco en próximas coyunturas.

El nuevo gobierno vasco. Algunas claves.

                El nuevo Gobierno vasco, con Ibarretxe al frente, ha apostado por el soberanismo, presionado, en parte, por su socio EA y en coherencia con su programa electoral. Su opción por la autodeterminación ha sido apoyada por un sector muy importante del electorado. Pero, más allá de afirmaciones genéricas, se enfrentan al difícil reto de concretar plazos y medios a tal fin.

                El programa de gobierno, que PNV y EA suscribieron el día 6 de julio, consagra la búsqueda de la paz y la progresión en la autodeterminación como objetivos primarios, pretendiendo su consecución de forma simultánea; no se trata, a su entender de opciones tácticas alternativas.

                Tal como estaba previsto, Ibarretxe fue investido lehendakari el día 12 de julio, ocasión que aprovechó para afirmar la persistencia de un "profundo contencioso político en el País Vasco". Ello indica que, a su juicio, ante problemas políticos (la existencia de un "conflicto vasco") se precisan soluciones políticas (resolver el “conflicto” mediante la negociación y el pacto en un nuevo foro). En eso existe total coincidencia con Batasuna. La diferencia entre ambas opciones nacionalistas consiste en que, para solventar ese contencioso político, Batasuna y su mundo no tienen reparos en emplear y justificar la violencia, al contrario que PNV. Y para avanzar en la resolución de este "conflicto", todo indica que Ibarretxe se ha propuesto "dar la palabra al Parlamento", sometiendo a referéndum lo que allí se acuerde. Una especie de solución "a la canadiense" (por lo que se refiere a las consultas planteadas en Quebec por los secesionistas francófonos), tal como propugnó en su día su socio EA. En cualquier caso, falta concreción en las fórmulas a seguir; pero existe una clara voluntad de avanzar hacia mayores cotas de autogobierno, con un alcance secesionista en última instancia. Para transitar por este camino se contará con ETA, caso de que ésta llegara a declarar una nueva tregua; pero si persiste en la práctica del terrorismo, también se pretende avanzar en la autodeterminación, pero ya sin ETA. Ante tales perspectivas, José María Aznar ya ha avisado, el pasado día 25 de julio, que se opondrá a cualquier medida contraria a la Constitución y al Estatuto vasco.

                El PNV es un partido realista y posibilista. Por realismo ha permanecido cómodamente instalado en el "autonomismo" durante 20 años, hasta que por imperiosa necesidad (frenar la progresión de Herri Batasuna, su principal competidor político independentista y retomar el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco) se ha decantado por explorar las nuevas vías denominadas "soberanismo". En coherencia con su historia y su talante, no parece probable que llegue a plantear esas pretensiones en un sentido "rupturista", sino "reformista", por emplear, analógicamente, la terminología propia de la "transición española a la democracia". Explorará, para ello, las posibilidades legales contempladas en el Estatuto de Guernica y en la propia Constitución española; siendo el primer paso la modificación del Estatuto vasco, de modo que sea recogido el "respeto a la voluntad de los vascos libremente expresada", con pretensiones confederales (lo que en los ambientes nacionalistas se conoce como "el pacto entre españoles y vascos").

Ese "tira y afloja" con el gobierno de Madrid persistirá en el futuro a través de diversas expresiones. Así ha ocurrido con la reciente propuesta de Ibarretxe de creación de un órgano específico para la negociación del Estatuto de Guernika, inmediatamente rechazada por José María Azanar el día 3 de septiembre. La amenaza de llegar a un conflicto constitucional al respecto, alegada por EA, es expresión del polo más independentista del nacionalismo moderado, dialéctica que acompañará la singladura de la actual legislatura vasca.

Otro elemento importante, para entender la orientación estratégica del nuevo gobierno vasco, es la ratificación de Javier Balza como Consejero de Interior. Que se mantenga a quien fuera tan criticado, por su pasividad ante la "kale borroka" y la extrema politización de la Ertzaintza, no es ninguna casualidad. Ello indica una total continuidad en este terreno, ratificando la opción estratégica fundamental por la autodeterminación. La denuncia, públicamente efectuada, por los dirigentes del sindicato profesional mayoritario de este cuerpo policial, Er.N.E., a mediados de agosto, confirman el diagnóstico anterior desde la perspectiva de las complejas vivencias de la mayoría de los agentes de "base".

El asesinato de Mikel Uribe, subcomisario de la Ertzaintza, el día 14 de julio, es una seria advertencia de ETA a Ibarretxe y al PNV: no permitirá que se convierta en una fuerza "cipaya" al servicio de la policía española. Pero en esta ocasión, la mortífera provocación ha tenido respuesta. Los frutos generados por la colaboración entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y la Ertzaintza (caída del comando Barcelona y del Buruntza, integrante del complejo Donosti), proporcionan una fachada de respetabilidad democrática al nuevo Gobierno que, sin duda, intentará capitalizar en foros internacionales, a la vez que es un serio aviso al entorno de ETA acerca de su firme voluntad y determinación en el camino emprendido, no tolerando golpes bajos en el futuro.

Con todo, esa evolución soberanista del PNV, paradójicamente, es la gasolina que permite a ETA persistir en su estrategia de violencia bajo el señuelo de una independencia a corto plazo; al intentar con la misma acelerar los plazos de ese camino secesionista impulsado desde el gobierno de Vitoria.

 

Los partidos constitucionalistas.

El PP y su aliado de UA no contaban con la derrota. No tenían elaborado un "plan B" alternativo, se dijo en los medios de comunicación. Están desmoralizados. Reaccionan de forma defensiva. Tienen miedo a la convocatoria de un referéndum. Seguramente desconocen qué estrategias concretas seguirán el Presidente del Gobierno español y el Parlamento nacional en semejante vicisitud. Les preocupa especialmente, la situación en que quedan los militantes vascos del Partido Popular; generando una gran incertidumbre el riesgo vital al que sus vidas están sometidas.

Por otra parte, en algunos círculos políticos y mediáticos, se ha planteado –de forma teórica- la posibilidad recurrir a las previsiones legales de la Constitución para evitar un desmoronamiento del Estado en el País Vasco. Se teme, en definitiva, que las "islas" abertzales aumenten su espacio e influencia, provocando la consiguiente desbandada en sus contrarios, así como una situación de hecho que evidencie, de forma progresiva,  una independencia real, aunque no formal.

El popular Carlos Urquijo, según Charo Zarzalejos en ABC el día 12 de julio, aseguró que "en ocho meses tenemos referéndum". En consecuencia, según algunos "vamos a tener autodeterminación y además ETA nos va a matar". Ese es, en resumen, el estado de ánimo de buena parte del PP vasco.

                El PSE-PSOE, que tampoco tenía un "plan B", con Nicolás Redondo, pese a serias tensiones internas, persiste en la línea emprendida: búsqueda de la unidad de los demócratas y fidelidad a los acuerdos con el Partido Popular. Se mantendrá firme en esta táctica en tanto el PSOE nacional le respalde. Pero, por lógica búsqueda de su supervivencia política, buscará iniciativas que le proporcionen una autonomía respecto a la estrategia marcada desde el PP.

                Con todo, esa táctica de firmeza seguida por Jaime Mayor Oreja y el conjunto de los partidos constitucionalistas ha obtenido algunos frutos: así ha sido al frenar la marcha secesionista, emprendida desde Lizarra, en la consecución de sus objetivos a corto plazo.

 

El movimiento cívico de resistencia.

                Un factor significativo, a tener en cuenta, ha sido la remodelación, del nuevo equipo directivo de la Universidad del País Vasco, acaecida de la mano de Manu Montero, a finales del pasado junio. Con una orientación claramente nacionalista, con ese movimiento se ha marginado a los integrantes o simpatizantes del Foro de Ermua. Ello indica que, al margen de otras opciones, desde el nacionalismo moderado se pretende desactivar al movimiento de resistencia cívica, desarrollado con tanto esfuerzo y sufrimiento en los últimos años. Derrotados los políticos españolistas en la batalla electoral, a su entender, procede ahora silenciar a las voces discrepantes con su proyecto global en los demás medios sociales. En eso consiste el intento de "desactivar a los intelectuales" que Edurne Iriarte denunciara en ABC el día 21de junio. Esta pretensión del nacionalismo moderado es adecuada al camino soberanista emprendido: es válida si sirve para superar las posibles resistencias al mismo. Y, en la consecución de ese total predominio en la vida social y cultural vasca por el nacionalismo, acallar o anular a este novedoso y sacrificado movimiento social es determinante.

 

IU/EB.

                Su papel, cambiante y dubitativo, no es fundamental en el actual estado de cosas, pese a las ambiciones personales de su líder Madrazo que se concretan en una Consejería del gobierno vasco, objeto del pacto tripartido PNV/EA/IU. La justificación de su entrada, ser un partido "transversal" que proporcione además un marchamo progresista al nuevo gobierno vasco, no deja de ser una mera excusa. Otra cosa es anticiparse al sentido del voto que adoptaría su electorado, caso de una consulta por la autodeterminación; hipótesis a la que los órganos directivos de Izquierda Unida vasca no tienen reparos en apoyar.

 

ETA.

Nada indica que puedan producirse cambios significativos, en un futuro a corto o medio plazo, en su estrategia y tácticas. Es más, los atentados realizados desde la ruptura de la tregua contra tan gran variedad de objetivos (militares, ertzainas, intereses turísticos, concejales de UPN, etc.) indican que la organización terrorista mantiene abiertos todos los "frentes".

                Estos temores fueron confirmados el pasado día 21 de julio por el consejero de Interior del gobierno vasco, Javier Balza, al afirmar que, por primera vez en muchos años, ETA celebró una asamblea, en la que acordó continuar con la "lucha armada". En la misma habría quedado aislado Mikel Albizu, "Antza", casi único partidario de una nueva tregua. De nuevo se materializa una constante histórica de ETA: los radicales se imponen desplazando a los moderados.

                En este sentido, la información publicada en el diario "El Mundo" el día 12 de agosto bajo el titular "ETA aumentará su violencia para afrontar la crisis de la izquierda abertzale", es una concreción táctica de lo anterior. ETA consideraría que existe un enquistamiento de la situación vasca, sin perspectivas a corto de plazo de que el "conflicto" se solucione "política y democráticamente", según los términos empleados por ese entorno. Como consecuencia de ello, pretenderían aumentar la presión sobre PP y PSOE y tal vez también sobre el PNV, para fortalecer a la izquierda abertzale. En el análisis de ETA, existe en algunos sectores del entorno de ETA falta de ilusión, cansancio y entreguismo. Para afrontar esta situación, agravada -a su juicio- por la escalada del acoso policial, su receta es "más de lo mismo": atentados de gran repercusión y creación de un frente social que impulse la alternativa política y democrática que ETA afirma representar. En esta estrategia, la presión sobre la Ertzaintza, para evitar que se convierta en una fuerza de contención de la izquierda abertzale, es una tarea fundamental.

                Las caídas sufridas por la organización en las últimas semanas (comandos Barcelona y Buruntza) confirman el menosprecio o desconocimiento de los nuevos y jóvenes militantes de ETA, procedentes de la "kale borroka", por las medidas de seguridad que hicieron famosa a ETA durante décadas. Este factor, interesante desde la perspectiva de la efectividad policial, confirma el control de la organización por esta nueva generación, a la vez que los militantes más "políticos" habrían sido desplazados.

                En este contexto, el rumor que ha circulado, en la segunda semana de septiembre, en el sentido de que se estaría fraguando una nueva tregua, y del que se ha hecho eco Nicolás Redondo el día 23 de septiembre atribuyendo ese esfuerzo al PNV, no tiene ninguna consistencia. Esa hipótesis no tiene otro sentido que el de ser un intento “a la desesperada” del nacionalismo moderado para allanar algunas de las dificultades presentes en su camino “soberanista”, más cuando los atentados en Estados Unidos del pasado 11 de septiembre han puesto en el punto de mira de la colaboración internacional a toda forma de terrorismo. En estas circunstancias, la persistencia del terrorismo de ETA no puede mas que perjudicar al conjunto del nacionalismo vasco. Con todo, pudiera haberse tratado de un globo sonda lanzado desde el entorno nacionalista, para tantear reacciones del mundo radical y detectar el cansancio real de algunos sectores de la opinión pública española hastiados del enquistamiento de la situación y la prolongación del terrorismo.

 

Batasuna.

Todo sigue igual en esta organización, pese a sus aparentes modificaciones externas tras la finalización de su proceso de debate interno. Su cambio de denominación (Herri Batasuna se llama ahora Batasuna), como la de sus juventudes (de Haika a Segi, tras ser ilegalizada), nada novedoso indica. Su estrategia se resume en lo siguiente: persistencia en la línea ya marcada, socialización del conflicto, mantenimiento de la confrontación en todos los "frentes", inmovilidad pese a sus adversos resultados electorales cosechados el 13 de mayo, subordinación de la acción política a la "lucha armada" en definitiva.

La marcha de Aralar, poco significativa inicialmente en términos cuantitativos, puede tener una mayor trascendencia para el futuro de la organización. De consolidarse, podría constituirse en su mayor competencia política, al dirigirse al mismo electorado y espacio sociológico. Aralar constituye, pues, la confirmación de que el proceso “Batasuna” ha fracasado: no sólo no ha agrupado a toda la izquierda abertzale, proporcionándole un nuevo impulso social y político, sino que ha permitido aflorar sus disensiones internas, posibilitándoles capacidad y autonomía para la toma de decisiones.

 

Aralar.

Se trata de un factor realmente novedoso en el panorama político vasco y navarro, al suponer el inicio de una posible reordenación interna de las fuerzas nacionalistas, tras la convulsión electoral sufrida en este sector. Constituye un intento muy serio de creación de una izquierda abertzale emancipada del control de ETA, especialmente en Navarra, de donde proceden sus militantes más significativos. En cualquier caso, este nuevo factor, cuya consolidación se juega en los próximos meses (le dedicaremos un artículo en el número 50 de "Arbil anotaciones de pensamiento y crítica"), fortalece el camino hacia la autodeterminación del nacionalismo posibilista, al engrosar Aralar el número de los actores en escena partidarios de las "fórmulas políticas".

 

Navarra.

               

Todo ello tendrá serias repercusiones en Navarra. Con el asesinato del concejal de Leiza por UPN José Javier Múgica, ETA ha afirmado con los hechos, que persiste en su voluntad de obtener la independencia de una Euskadi en la que participe Navarra a cualquier precio. Este trágico asesinato ha producido un inesperado "efecto dominó" (frenado al menos de momento) entre los cargos electos de UPN (caso de algunos ediles en Villava e Irurzun), propiciando un rosario de dimisiones cuyas consecuencias reales no se determinarán hasta la próxima confección de listas electorales a los ayuntamientos navarros.

Otro factor a tener en cuenta será el de la incidencia futura de Aralar en el mapa electoral de Navarra. Su principal impulsor, Patxi Zabaleta, goza de un indiscutible "tirón" popular en sectores amplios de la población navarra, merced a su conocido talante de diálogo y su capacidad dialéctica. Su lucha por el mismo espacio electoral de Batasuna generará, tal vez, sorpresas, en su pretensión última de constituirse en la fuerza real de la izquierda navarra, de confirmarse el declive del PSOE en la Comunidad Foral. Además, de consolidarse, puede llegar a ser un duro competidor para Eusko Alkartasuna.

Pero, en cualquier caso, si ya existen serias dudas acerca de la legalidad y virtualidad de un referéndum por la autoderminación en el País Vasco, está claro, y aquí no existe duda doctrinal jurídica alguna, que Navarra, comunidad diferenciada de la autónoma vasca y con un claro voto mayoritario volcado en los partidos UPN y PSOE, no puede vincularse al hipotético resultado conjunto de un plebiscito producido en ambas comunidades. Aunque el cálculo táctico del PNV admite esta realidad, no lo hace con agrado sino por puro y elemental realismo político.

                Aquí radica otra seria discrepancia con ETA: PNV y EA sí conciben una Euskadi independiente, de configuración territorial gradual, comprendiendo inicialmente a la actual Comunidad Autónoma Vasca, sin Navarra. Aralar y Batzarre (la formación surgida de los restos de LCR y MCE, con cierta representatividad institucional en Navarra, siendo Zutik su equivalente en el País Vasco) hacen propio este planteamiento táctico.

En todo caso, Navarra seguirá siendo base de operaciones nacionalistas de todo tipo, con perspectivas a medio y largo plazo: culturales, políticas, económicas, sindicales, de control de medios de comunicación locales, etc. Y ETA, para afirmar su voluntad y programa, tendrá que seguir matando también en Navarra. Lo de menos será la "excusa" de la que se sirva para ello.

 

Conclusiones.

                La primera entrevista celebrada este verano entre José María Aznar e Ibarretxe, junto a las declaraciones de sus respectivos portavoces, ha permitido fijar los términos precisos del actual debate político. Aznar ha dejado claro que no se apartará un ápice de las previsiones constitucionales y estatutarias, siendo su principal prioridad la derrota del terrorismo etarra. Por su parte, para el gobierno de Ibarretxe, la solución del terrorismo debe ser paralela a la realización de conversaciones políticas: es decir, avanzar en el soberanismo mediante la concreción de fórmulas precisas de las que se deriven, previo desarrollo estatutario pactado, el ejercicio del derecho a la autodeterminación.

Con tales presupuestos, en estos momentos, la confluencia de ambos proyectos no parece fácil, por lo que la dialéctica entre ambas posturas marcará el futuro político del País Vasco. En este contexto, la violencia de ETA intentará condicionar, desde una perspectiva rupturista, su pacífica evolución, con la pretensión de acelerar los hipotéticos plazos de una secesión.

Tales son, en definitiva, las premisas de la dialéctica futura que marcará, política y socialmente, al País Vasco, a Navarra y a toda España.

               

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº. 49, septiembre de 2001

Consecuencias políticas de las elecciones del l3 de mayo en el País Vasco: el soberanismo avanza.

     Ya se conocen los resultados oficiales de las elecciones autonómicas celebradas el domingo 13 de mayo en el País Vasco; decisivas, se pensaba, como nunca. Reflexiones en torno a sus consecuencias.

 

Introducción.
El Gobierno Vasco ha comunicado, oficialmente, los resultados electorales de los comicios del 13 de mayo, si bien todavía faltan los derivados del cómputo de votos emitidos en el extranjero, que no cambiarán en nada dichos resultados.
            Sentimientos dispares se sucedieron, según fueron conociéndose los resultados, en las diversas fuerzas políticas: prudencia, desconcierto, preocupación, perplejidad, alegría y euforia. Al final, la realidad se ha impuesto.
            Recordemos que la mayoría de las encuestas publicadas a lo largo de la campaña electoral, así como la realizada por el CIS y difundida con tanta polémica fuera del plazo legal, vaticinaban que a los partidos “constitucionalistas” les faltaría uno o dos escaños para la mayoría absoluta, existiendo un importante porcentaje de voto no manifestado, “oculto”, en el que se confiaba para llegar a esa mayoría.
            Los resultados no se han alejado, en esta ocasión, en exceso de tales previsiones, pero mejorando los de los nacionalistas en detrimento de las pretensiones del “bloque constitucionalista”.
            Veamos los resultados obtenidos por cada partido.

 

Breve descripción de los resultados.
1)      La coalición PNV/EA ha sido la fuerza más votada, tal como las diversas encuestas anunciaban. Su victoria ha sido más abultada de lo esperado, gracias al desembarco de un número muy importante de votos procedentes de Euskal Herritarrok, alcanzando un nivel histórico. Puede calcularse en un porcentaje mínimo el que ha podido optar por el PP. El riesgo de escisión, si es que lo hubo, desaparece por completo. El liderazgo de Arzalluz se fortalece y se consolida la opción estratégica del soberanismo. Para el PNV y EA, es claro, en definitiva, que existe un “conflicto político” en la raíz de la violencia desatada por ETA. Tales consideraciones marcarán su labor futura. Puede iniciarse, de nuevo, un camino soberanista común con EH, de producirse una nueva “tregua” que ahora no puede descartarse. Bien claro lo dijo Ibarretxe en la noche del domingo: “Hay que sentarse a dialogar”.
2)      El Partido Popular, en coalición con Unidad Alavesa, ha sido el partido constitucionalista más votado, pero sin alcanzar el objetivo previsto. Mayor Oreja queda en una posición delicada al no alcanzar el gobierno de Vitoria. Le espera una larga “travesía en el desierto” en la que deberá reelaborar su estrategia, manteniendo además posiciones y cargos, ante el riesgo de una desmoralización de su gente. Debe evitar se desmoronen los avances conseguidos, con tanto esfuerzo y dolor, en los últimos años.
3)      PSOE/PSE. Se mantiene en votos, pero su estrategia ha fracasado. El coste político de la derrota recaerá en Redondo Terreros, a quien sólo queda como salida intentar “recomponer la unidad de los demócratas” que para algunos en el partido (y fuera del mismo, caso de muchos medios de comunicación) sólo significa un gobierno de coalición con el PNV/EA: el llamado “gobierno transversal”. Con el apoyo de IU, se conseguiría un polo de izquierdas en un hipotético gobierno de coalición, frente a la derecha del PNV/EA. Pero el éxito electoral de la coalición nacionalista hace que no sea necesario tal acuerdo.
4)      Euskal Herritarrok ha reducido a la mitad su representación parlamentaria, habiendo optado un sector significativo de sus seguidores por el voto útil a PNV/EA. Pero esa reducida representación, aunque menguada, no le impide seguir siendo un factor distorsionador clave en el juego de las mayorías posibles en el Parlamento de Vitoria. La corriente “Aralar” quedará reforzada moralmente en el seno de la coalición, pero no es posible que llegue a liderar a EH. Es indudable, por otra parte, que los votos prestados al PNV/EA no son incondicionales. Son votos que han optado por PNV/EA ante el miedo que les ha generado un hipotético gobierno no nacionalista en Vitoria, lo que les habría alejado en un futuro inmediato de la consecución de los objetivos soberanistas. Esos votos prestados son claramente independentistas, y se harán valer, ya por ETA, ya por EH.
5)      Izquierda Unida. El discutido liderazgo de Madrazo sale reforzado, con unos resultados algo mejores de lo esperado. No puede descartarse su opción a un gobierno de coalición con el PNV/EA, con o sin presencia del PSOE.

 

Análisis de los resultados y previsiones.
La iniciativa en la formación del gobierno corresponde, sin duda, al PNV/EA. Pueden constituir el próximo gobierno en solitario o en coalición con IU y/o PSOE. Es una incógnita el desarrollo de sus futuras relaciones con EH.
El PNV/EA sale reforzado en su orientación soberanista. Su táctica ha sido efectiva: el Pacto de Lizarra le ha servido para descubrirse en sus objetivos reales y para arrastrar un 40% de los votos de EH. Conforme evolucionó Lizarra, parecía que la iniciativa la marcaba EH, pero los resultados confirman que Arzalluz ha actuado con una habilidad táctica sorprendente. Su audacia, incomprensible en un principio, ha sido premiada. Ahora, con el gobierno de Vitoria en sus manos y una mayoría absoluta de nacionalistas en el Parlamento, podrá encaminarse con hechos hacia la consecución de sus metas. El nuevo gobierno vasco y el Parlamento de Vitoria ya no serán obstáculos en su avance hacia el soberanismo, sino palanca e impulso del mismo.
Euskal Herritarrok seguirá siendo un factor permanente de conflictividad. Acudirá al Parlamento exclusivamente cuando convenga a sus intereses, marcados por ETA; y siempre que ello les aproxime en la consecución de su objetivo soberanista a corto plazo. El Parlamento, por lo tanto, será un medio, que no un fin, para esta fuerza. Persistirá en su labor de chantaje hacia PNV/EA. El peso interno de Aralar debiera redimensionarse, pero no parece fácil por la estructura y funcionamiento interno, de orientación leninista, de la coalición. La situación que se ha abierto, por el enorme fracaso electoral de EH, puede ser la oportunidad para que los “políticos” tomen la iniciativa dentro de la coalición persiguiendo una “tregua” que facilite una nueva edición de Lizarra.
PNV/EA y EH, en función de posibles acuerdos de futuro, podrán combinar su estrategia de acción política de gobierno y parlamentaria (con posible proyección internacional), junto otras tácticas de “insumisión civil”, en la línea del “carnet de identidad vasco”, potenciación de Udalbiltza (agrupando las dos versiones de la asamblea existentes hoy día), etc.
ETA continuará matando, al menos a corto plazo. Es más. El brutal asesinato de Manuel Giménez Abad parece haber servido para movilizar al electorado nacionalista en torno a PNV/EA, fundamentalmente. El actual liderazgo de ETA, y su rejuvenecimiento gracias a la entrada de más de un centenar de activistas procedentes de Jarrai – Haika, pudiera presagiar su incapacidad de diseño de una estrategia alternativa a la “lucha armada”. Pero con los resultados electorales en la mano y la mirada puesta en la independencia, no puede descartarse que la dirección de ETA diseñe una nueva tregua, pactada con PNV/EA, a cambio de una aceleración del proceso soberanista en el que se ha embarcado el nacionalismo llamado moderado.
El soberanismo se afianza como opción estratégica del conjunto del nacionalismo vasco, lo que los partidos constitucionalistas no han sido capaces de evitar. Con un gobierno nacionalista, espoleado desde el exterior por Euskal Herritarrok, la marcha hacia la secesión puede acelerarse.
Los esfuerzos de los partidos constitucionalistas no han sido suficientes para cambiar la orientación general del electorado. La labor que les espera es muy difícil y ardua. Desde el gobierno vasco podrían haber tenido esperanzas en la modificación lenta de las actuales tendencias. Pero, de nuevo, desde la oposición, al PP les espera una nueva “travesía del desierto”. Aznar sale tocado de estas elecciones: una de sus grandes apuestas, aparentemente, ha sido perdida.
En el resto de España se tiene un profundo desconocimiento de la naturaleza del nacionalismo vasco. No era realista pretender que la “revolución cultural” desarrollada por el conjunto del nacionalismo vasco, desde hace 50 años se pudiera contrarrestar con campañas mediáticas en unos pocos años. Falta crear un tejido social que permita avanzar y consolidar la realidad electoral de los constitucionalistas, que indica que poco a poco ganan votos y un espacio propio, pese a la presión y la marginación.
En definitiva: el electorado vasco está “fijado” en su mayor parte. Los movimientos y desplazamientos electorales se producen en el seno de los dos grandes bloques: constitucionalistas y nacionalistas, no entre ambos. La orientación definitiva del electorado de Izquierda Unida, dentro de su apuesta por un federalismo poco definido, es una incógnita, pero pudiera ser decisivo llegado el caso.
La Iglesia vasca ha expresado con claridad una opción indudable por el cese de la violencia y la condena del terrorismo. Pero su feligresía y clero continuará dividido entre nacionalistas y no nacionalistas. Sus nuevos obispos persistirán, en el futuro, en el intento de creación de un sujeto público cristiano que ofrezca alternativas a la actual situación de división social. El tender puente entre ambos sectores sociales, seguramente más alejados que nunca, pudiera ser el objetivo de la jerarquía eclesiástica vasca en el futuro. ETA ha interpretado los movimientos producidos en el seno de la Iglesia vasca como la pérdida de la equidistancia que les permitía un papel de intermediación: una cuestión que induce a reflexiones inquietantes.
A los partidos constitucionalistas les queda una labor de oposición seria, constante, que deberán combinar con una labor cívica, asociativa y cultural, en el intento de generar un tejido social que permita avanzar, poco a poco, en el seno de la sociedad vasca y reducir el impacto sobre la misma de décadas de control absoluto por parte del nacionalismo.
El Pacto de Barcelona sale reforzado, con consecuencias imprevisibles tanto en la orientación futura de CiU y BNG, como en la estrategia conjunta de cara a una nueva configuración del marco jurídico territorial español.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 45, mayo de 2001.
Primer día, mensual de la Diócesis de Córdoba, Nº 16, mayo de 2001

13 de mayo: el País Vasco se la juega.

     El domingo 13 de mayo tendrán lugar las elecciones anticipadas al Parlamento vasco de Vitoria. No serán unas elecciones intrascendentes. Algunas pistas para adentrarse en el laberinto electoral vasco.

 

Introducción.
El lehendakari Juan José Ibarreche, finalmente, ha deshojado la margarita y, con la autorización de su jefe, el presidente del EBB del PNV Javier Arzalluz, ha informado que las elecciones autonómicas tendrán lugar el domingo 13 de mayo, nuestra Señora de Fátima.
Estos comicios anticipados tendrán una indudable trascendencia, mayor que la de los celebrados en otras ocasiones, aunque los resultados son inciertos y las posibles combinaciones resultantes, múltiples.
En este artículo intentaremos proporcionar, de forma resumida, algunas claves para comprender los previsibles movimientos políticos, en el futuro inmediato, que se juega en el País Vasco y, con él, en toda España.

 

Claves de las elecciones.
1.      El Gobierno del Partido Popular pierde un magnífico ministro del Interior. Jaime Mayor Oreja abandona un Ministerio que ha conducido con mano firme, ante las acometidas terroristas y los manejos de la llamada tregua, y se embarca en una aventura que, en el mejor de los casos, le llevará a presidir un gobierno de coalición junto a su socio Unidad Alavesa y el PSOE o, contrariamente, a liderar el Grupo Parlamentario Popular en la oposición. Su posible sustituto, salvo sorpresas, será Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia, quien durante el transcurso de la llamada tregua, apostó por la misma, frente a las tesis finalmente triunfantes de Jaime Mayor Oreja. De todas formas, con Aznar, todas las “quinielas” son inciertas.
2.      Es casi segura la coalición del PP con UA. El PP necesita sumar el máximo de votos y UA se asegura su supervivencia política por un tiempo, aunque sea bajo el paraguas popular.
3.      El PNV acudirá en coalición con EA. El PNV también necesita el máximo de votos y, para ello, lo más fácil es recurrir a sus hermanos díscolos de EA, partido que para camuflar su evidente declive y progresiva pérdida de votos, necesita aprovechar la oportunidad que le presenta esta coalición. La mayor dificultad para alcanzar el acuerdo de coalición es la pretensión de EA de incluir en el programa electoral una previsión temporal de la vía soberanista, con la mirada puesta en la independencia de Euskadi en 8 o 10 años, pretensión que el PNV intentará desdibujar para no alarmar a su electorado más moderado. De no conseguirse la coalición, el candidato de EA sería Gorka Knör. El candidato del PNV, en cualquier caso, parece ser que volverá a ser Juan José Ibarretxe.
4.      El PSOE, con la base del Pacto Antiterrorista y el liderazgo de Nicolás Redondo Terreros, buscará una acuerdo postelectoral de coalición con el PP cuyo objetivo es lograr un gobierno no nacionalista. De no obtenerlo, caso de no llegar a la mayoría parlamentaria necesaria, no es de descartar que pudiera pactar, de nuevo, con el PNV-EA, a cambio de que estas formaciones prescindan completamente del apoyo de HB y se desmarquen del Pacto de Lizarra. Es claro, para este partido, que el marco de su proyecto de gobierno lo establecen la Constitución y el Estatuto.
5.      HB continuará siendo una fuerza fundamental. Arnaldo Otegi ya ha afirmado el día 21/02/01 en Pamplona, que su intención es sumar el máximo de votos al proyecto de “construcción nacional” que representa. Y pretende jugar con esos votos al igual que en la recién terminada legislatura: prestarlos de existir un Gobierno nacionalista que asuma un proyecto soberanista claro y concreto. Por ello, no es de descartar que, al menos durante la campaña electoral, se produzca un cese temporal de los atentados terroristas.
6.      Izquierda Unida luchará, de la mano del polémico Javier Madrazo, por su supervivencia parlamentaria. El 3% necesario para acceder al Parlamento, puede facilitarla, aunque sus expectativas numéricas son mínimas en cualquier caso. De conseguir representación parlamentaria, ese escaño pudiera ser decisivo en la configuración de un gobierno de coalición liderado por PNV-EA.
7.      Dos sectores del electorado serán decisivos. En primer lugar, los votantes de izquierdas que oscilan entre el PSOE y la IU de Madrazo, desengañados por unos y otros. Otro segundo, el correspondiente al electorado moderado que bascula entre el PNV y el PP. La conquista de esos espacios puede ser determinante para la constitución del primer gobierno no nacionalista en Vitoria. Movilizar todo el electorado obtenido por el PP en las elecciones generales, es el mayor reto para este partido.
8.      En el diseño de la estrategia del PP contra el terrorismo, un gobierno de coalición con el PSOE en Vitoria es imprescindible. De no conseguirlo, se repetiría la presente situación o se reeditarían los acuerdos anteriores (PNV, EA, PSOE). Además, se perderá un buen Ministro de Interior. Mucho es lo que está en juego para el proyecto antiterrorista del PP.
9.      La Iglesia vasca ha dado muestras inequívocas, en la actualidad, de su rechazo al terrorismo. Pero, de nuevo, la desunión de los católicos será patente. No existe voto católico cautivo de ningún partido en el País Vasco. Pero la tradición nacionalista o, la que la niega el exclusivismo, sigue pesando demasiado como para que el conjunto de su voto aporte elementos novedosos en el panorama electoral.

 

Reflexiones finales.
Todo puede cambiar o todo puede continuar básicamente igual. Es mucho lo que se juega: la lucha antiterrorista (con la incorporación plena de la Ertzaintza a la misma), el modelo cultural impulsado desde el Gobierno vasco, la “normalización” democrática; la paz en definitiva.
Esta compleja situación del País Vasco, territorio de indudable tradición católica cuya presencia social declina de forma evidente, pero cuya historia es irreconocible sin el cristianismo, también es motivo de reflexión para la labor y misión, presente y futura, de los católicos vascos.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 42, febrero 2001.

Estrategia y situación del centro derecha español en el País Vasco.

A lo largo de varios artículos publicados en este medio digital, desde finales de 1999, hemos analizado algunos aspectos de la situación que atraviesa el País Vasco desde la perspectiva, fundamentalmente, de los partidos nacionalistas. En esta ocasión nos asomaremos a la acción política del centro derecha español allí presente.

 

Introducción.
            “Vasconia, tierra entrañablemente española, vive en su seno la acción de unos pretendidos tutores de sus derechos, de su ser histórico esencial, de su presente y de su futuro. Desde todos los ángulos de la vida política y social, grupos, asociaciones, partidos, sindicatos, etc., lanzan machaconamente la consigna de una Vasconia no española, recuperadora de la genuina identidad como nación soberana. Un gobierno autónomo, precisamente de esos pretendidos tutores, abre cada día más la brecha que nos separa de España. Independencia financiera, cultural, administrativa, pronto en materias de orden público… Esto ya lo sabes y no necesitamos recurrir a ninguna demagogia, a ningún tremendismo fuera de lugar. También sabes que todo ese proceso lo apoya y lo acelera un terrorismo dirigido sencillamente a españoles y miembros de las Fuerzas de Orden Público. (…)
            Necesitamos, necesita España en Vasconia, maestros, catedráticos, científicos, artistas, hombres de la Cultura, políticos, trabajadores, sindicalistas, religiosos, deportistas, que ante todo se sientan españoles.
            Existe un gran peligro. De Vasconia han ido marchándose estos últimos años miles de españoles atemorizados, expulsados, privados de sus medios naturales de vida. Llegan a 40.000. Andan repartidos por las tierras de España. Quizás conozcas a algunos. Esto significa que se está produciendo una desaparición física de la presencia española más activa de nuestra tierra. Si esto sigue así, llegará un momento en que todo vestigio de la españolidad será un recuerdo.
            España va a desaparecer de Vasconia si los españoles que aún permanecemos allí no encontramos un medio y la ayuda para que la españolidad salga del ‘gettho’ y se manifieste libremente. Esto es lo que venimos a decirte. Tenemos que emprender una amplia campaña de recuperación civil. Si los enemigos de España han encontrado las energías necesarias para copar toda la vida social, ¿no tenemos nosotros las reservas suficientes de una gran nación que hizo grandes a los vascos precisamente, en la unidad con los demás pueblos de España? ¿no tendremos por ello aliento para futuras empresas unitarias que superen y absorban este desamor? ¿no tendremos tu ayuda?
            Porque creemos firmemente que sí la tendremos estamos aquí. No regatees con España. No estamos solos en la lucha de Vasconia, porque Vasconia también es tuya”.
            El texto anterior está escrito hace casi 20 años. Corresponde a un folleto de 8 páginas elaborado por un grupo de jóvenes vizcaínos, de convicciones joseantonianas, que alarmados ante la cotidiana realidad de la que eran impotentes testigos, realizaron una particular “Reivindicación española en Vasconia”, pues así lo titularon, basándose para ello también en un texto de Claudio Sánchez Albornoz.
            El Colectivo Destino, nombre que se habían dado ese grupo de jóvenes, consideraba que la presencia española en el País Vasco se encontraba en grave peligro, como consecuencia de una ofensiva desatada por las fuerzas nacionalistas en múltiples ámbitos de la vida pública vasca: desde los resortes de las nuevas instituciones autonómicas, parte de los incipientes medios de comunicación autóctonos, el mundo de la educación (especialmente a través del euskera, concebido como privilegiada forma de “hacer patria, hacer Euskadi”), las manifestaciones culturales, la movilización callejera, e incluso, desde la acción terrorista. Consideraban,  por otra parte, que era necesaria una sana reacción cívica ante un modelo cultural y político que se imponía, desde el ejercicio de múltiples resortes de poder, de forma artificiosa; pues la realidad vasca era plural. A su juicio, esta ofensiva se desarrollaba ante la inacción de los políticos del sistema y con la complicidad –un tanto inconsciente- de una izquierda cultural y política acomplejada que equiparaba, a modo de eficaz descalificación a priori, a todo lo que soñara a “español” a franquismo (españolismo = franquismo).
            Por aquellas fechas, ni el centro derecha español, ni la izquierda tradicional, era consciente de que se trataba de una ofensiva, en toda regla, que perseguía el objetivo de enterrar una larga historia de convivencia en común que no gustaba a los nacionalistas, en un esfuerzo voluntarista y titánico de “construcción nacional”.
            Desde la redacción de este texto han transcurrido casi dos décadas.
            ¿Qué ha ocurrido a lo largo de todo este periodo?

 

La transición política en el País Vasco.
            Al inicio de la transición política española, el PNV ya era una referencia fundamental y una presencia incuestionable. Herri Batasuna (HB), la expresión política de ETA, iniciaba su ascenso, recién creada esta formación, de imprevisibles e inimaginables consecuencias. Euskadiko Ezkerra (EE) constituía la esperanza, de una “nueva izquierda, nacionalista y creativa”, que no fraguó. De hecho, sus restos naufragaron quince años después, en su mayor parte, en el PSOE – PSE. La escisión sufrida en el Partido Nacionalista Vasco (PNV), auspiciada por Carlos Garaicoechea y sus seguidores, que constituyó Eusko Alkartasuna (EA), remodeló el espacio del nacionalismo, al perder peso el PNV. Pero no alejó las expectativas de una secesión a medio o largo plazo. Y para ese objetivo, las fuerzas nacionalistas desarrollaron una frenética actividad en todos los frentes de la vida social vasca: en las instituciones, que dominaban en buena medida, y en la calle. Ante ello, los “francotiradores” del españolismo, presentes en múltiples ámbitos, se batieron en retirada, abrumados ante un despliegue humano y de medios impresionante, que correspondía a una estrategia y tácticas perfectamente diseñadas. Por el contrario, esos representantes o militantes no nacionalistas, no encontraron el apoyo deseable en los demás partidos, careciendo de redes humanas y de recursos que les facilitaran esa actitud de resistencia y afirmación. Y el terrorismo, especialmente en los primeros años 80, ocasionaba un dolor y un sufrimiento tremendos, lo que también facilitó el repliegue de los partidos no nacionalistas a la mínima acción, limitándose a su concurrencia en las diversas convocatorias electorales y a celebraciones de sus conmemoraciones cronológicas. Mientras tanto, entre la presión terrorista y la propia de las instituciones autonómicas vascas, se obtenían “mayores cotas de autogobierno”, a la vez que se difundía, como si se tratara de un principio fundamental de la ciencia política, el tópico de que “sin nacionalistas en el Gobierno de Vitoria, ni es posible la gobernabilidad ni tampoco la paz”.
            El Partido Socialista Obrero Español – Partido Socialista de Euskadi (PSOE – PSE) era otra fuerza política con la que había que contar. Disponía de una indudable base e implantación y, merced a la política de pactos de coalición con el PNV, alcanzó el Gobierno vasco, lo que permitía alegar una fachada de que “aquí no pasa nada extraordinario”. Pero pese a ello, se inició una lenta pero progresiva disminución de su apoyo electoral. A nivel sindical, la organización hermana socialista, la Unión General de Trabajadores (UGT), reducía su representación de forma progresiva. Las Juventudes Socialistas (JJSS), por su parte, desaparecían como realidad relevante de la escena vasca. Por otra parte, fracasaron los intentos de implantar asociaciones ciudadanas (Unión de Consumidores de España, Jóvenes contra la Intolerancia, Jóvenes por la Ecología, Unión de Pequeños Agricultores, etc.), con la finalidad de generar un movimiento social afín al partido, tal como se realizaba con mayor fortuna en el resto del territorio español.
Por otra parte, este partido también ha sido objetivo de ETA. Recordemos el asesinato del senador Enrique Casas en 1984, Fernando Múgica en 1997 y los de Ricardo Buesa, José María Jáuregui y Ernest Lluch en el año 2000.
            El Partido Comunista de Euskadi (PCE – EPK) vivía de la ilusión de su implantación en la “margen izquierda”, lo que se fue desvaneciendo rápidamente, a la vez que se evidenciaba su permanente crisis, pese a la fórmula y nueva etiqueta de Izquierda Unida (IU – EB). El liderazgo de Javier Madrazo confirma el permanente desconcierto en el que se desenvuelve la coalición en el País Vasco.
            La historia del centro derecha español, también en el País Vasco, está jalonado por múltiples siglas y personalismos. Al iniciarse la transición, este sector político, se encontraba en una profunda crisis, con la necesidad de configurar una fuerza política que lo representara, asumiera su historia y diseñara una estrategia para un futuro incierto. Recordemos esas siglas: Democracia Cristiana Vasca (DCV), Guipúzcoa Unida (GU), Alianza Popular (AP), Unión de Centro Democrático (UCD), Unión Foral Vasca (UFV), Centro Democrático y Social (CDS), Partido Demócrata Liberal (PDL), Partido Reformista Democrático (PRD), Unión Liberal (UL), Partido Demócrata Popular (PDP), Democracia Cristiana (DC), Unidad Alavesa (UA), Unidad Vizcaína (UV). Ese ha sido el largo camino seguido hasta llegar al actual Partido Popular (PP). Mientras tanto, la presión terrorista también alcanzó a los militantes de UCD y AP, siendo asesinados varios de ellos, lo que aceleró la descomposición temporal de este sector político. Como militantes de UCD asesinados recordaremos a Ramón Bagueto, José Ignacio Ustarán, Jaime Arrese y Juan de Dios Doval. Militantes de Alianza Popular asesinados por ETA lo eran Modesto Carriegas, Luis Uriarte, Vicente Zorita y Alberto López-Jaureguizar.
            El Partido Popular ha sufrido especialmente el terrorismo de ETA. Desde 1995 ETA ha asesinado a numerosos concejales: Gregorio Ordóñez, Miguel Angel Blanco, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez-Berrecil y su esposa Ascensión García, Manuel Zamarreño, Jesús María Pedrosa, José María Martín Carpena, Manuel Indiano y José Luis Ruiz. El partido navarro UPN también ha sufrido el asesinato de su concejal de Pamplona Tomás Caballero.
            La llamada extrema derecha, que llegó a contar con grupos numerosos especialmente en Vizcaya, no superó las carencias derivadas de su falta de unidad, incapacidad de modernización y ausencia de liderazgo y estrategia. Esas carencias fundamentales, similares a las existentes en el resto de España, junto a la presión terrorista de ETA que ocasionó varias muertes entre sus filas, determinaron que haya desaparecido de la escena pública vasca.

 

La trayectoria del centro derecha vasco.
            Ya hemos visto algunas características de este espectro político.
            Cuando Carlos Iturgaiz y el asesinado Gregorio Ordóñez, entraron en Alianza Popular, encontraron un partido sin apenas implantación territorial, sin proyección social, reducido electoralmente. Gracias a su tenacidad, y a un tremendo esfuerzo, lograron levantar al partido hasta la realidad actual. Hoy día cuenta con un número mucho mayor de militantes, se ha implantado en más localidades del País Vasco, ha ido generando poco a poco un nuevo liderazgo, se ha configurado como único partido político del espectro y, de la mano de Jaime Mayor Oreja (probable candidato del PP a lehendakari), ha logrado que el resto del Partido Popular asuma su interpretación de la actual situación y las posibles soluciones. Pero, por todo ello y al detentar el Gobierno de la nación, ha sido objetivo privilegiado del terrorismo de ETA, que le ha ocasionado numerosos asesinatos entre sus concejales, y múltiples acciones de “kale borroka” (lucha armada de baja intensidad, según sus términos). Ello ha supuesto que la implantación real del partido no corresponda con el apoyo electoral que ha ido ganando, si bien ello también es consecuencia, en parte, de la tradicional desmovilización de ese sector político. Y ese acoso se ha verificado, de forma dramática, llegado el momento de elaborar las listas de las candidaturas municipales, para lo que ha encontrado enormes dificultades.
            A la vez que se producía un relevo generacional y en las siglas, una evolución ideológica se ha materializado en el centro derecha vasco.
            A nivel simbólico ello se percibe al asumir la antaño denostada “ikurriña”, emplear el término “Euskadi”, etc.
            Pero el cambio no sólo se produce en un plano simbólico sino, sobre todo, en el plano doctrinal. De ser un sector político inicialmente vinculado al franquismo y al conservadurismo más tradicional, se ha llegado al actual “centro reformista” impulsado por el Presidente José María Aznar. El querido y viejo foralismo ha sido sustituido por un autonomismo sin complejos, lo que puede en parte explicar la emergencia de Unidad Alavesa, formación en recesión y que busca desesperadamente hacerse con un hueco propio, pero que experimentó un ascenso importante enarbolando la bandera del foralismo.
            Un liberalismo económico, que asume como propias las aspiraciones económicas de las clases medias urbanas, impregna otras áreas del pensamiento político popular.
            De alguna manera, se ha producido una “desideologización”, lo que puede explicar una omisión de las figuras y referencias históricas y doctrinales de la derecha vasca y, sorprendentemente, que Manuel Azaña se haya convertido en una referencia doctrinal importante en el nuevo rumbo del partido (un ejemplo concreto de ello es el libro sobre la configuración de las Autonomías –La España plural- editado por la Fundación Elkargunea de Bilbao, hermana menor de la fundación liberal FAES que impulsa José María Aznar y que constituye el “laboratorio” de ideas del PP y su granero de nuevos líderes).

 

El control nacionalista de la vida pública vasca.
            Las fuerzas nacionalistas, ya lo hemos indicado anteriormente, vienen afianzándose en los múltiples ambientes de la vida política, social y cultural vasca. PNV y HB se han ido adueñando de la vida social y política del País Vasco, constituyendo la progresiva implantación del euskera la punta de lanza de una estrategia que persigue la transformación de la conciencia colectiva vasca hacia un horizonte secesionista, para el que ya no es posible acuerdo alguno que contemple la permanencia en España. Esa labor se realiza de forma que parece seguir una concreta estrategia con un reparto de papeles entre cada una de las fuerzas políticas nacionalistas. Ya lo dijo Xabier Arzalluz: “unos mueven el árbol, otros recogen las nueces”.
El PNV viene trabajando, fundamentalmente, desde las instituciones. Siempre ha ocupado el Gobierno de Vitoria, solos o en coalición con otras fuerzas (PSOE, EA y EE). Y el lehendakari siempre ha sido un miembro del PNV. Desde allí se ha impulsado una política de inmersión lingüística, imponiendo el euskera en la administración y el mundo de la enseñanza. Se ha realizado una política cultural orientada hacia los valores étnicos, con una intencionalidad muy concreta. La Ertzaintza, la policía autónoma vasca, ha jugado un papel muy discutible en la lucha antiterrorista. Y para este juicio, nos remitimos a los hechos. En Navarra, donde no existe tal fuerza de orden autonómica, se han producido entre los causantes de la “kale borroka”, un total de 250 procesamientos. Por el contrario, en el País Vasco, donde tales actos son de mayor envergadura y se han producido en mayor número, no llegan a 100 el total de procesados. Siempre ha sido muy controvertida la concesión de subvenciones económicas por el Gobierno vasco, tanto en el ámbito cultural (desde AEK, el diario Gara, Udalbiltza, diversas fundaciones impulsoras de la “desobediencia civil”, etc.), como a  iniciativas empresariales del entorno nacionalista.
            Herri Batasuna viene realizando una labor capilar en el seno de la sociedad, de indudable calado, y con una perspectiva “gramsciana”, a partir de organizaciones sectoriales de todo tipo, combinándolo con la presencia selectiva en las instituciones, tanto a nivel nacional como autonómico y municipal. A ello hay que añadir la continua movilización callejera que con múltiples excusas realiza permanentemente (por los presos, la soberanía, la defensa del euskera, la democracia vasca, etc.). Tras muchos años de movilización permanente, está logrando, por fin, liderar al conjunto del nacionalismo, produciéndose un relevo generacional en el mismo a favor de este entorno de ETA - HB, perdiendo capacidad de iniciativa el viejo PNV; lo que ha evidenciado Lizarra y todos los movimientos posteriores.
            ETA ha continuado, con mayor o menor intensidad, su labor terrorista, si bien la llamada tregua unilateral del año 1998 y 1999 supuso un espectacular triunfo táctico, al facilitar la radicalización del PNV y dirigirlo, con el conjunto de fuerzas nacionalistas, hacia el objetivo de una secesión a medio plazo.
            El papel de EA ha sido menor, buscando un espacio propio, pero en apoyo de las estrategias mencionadas, salvo las prácticas terroristas, que siempre ha condenado.

 

La nueva resistencia cívica vasca.
            Pero a lo largo de todos estos años, no sólo los partidos políticos han sido los protagonistas. La ciudadanía vasca no ha asistido impasible ante la orientación que pretendía imprimir el Gobierno de Vitoria al conjunto de la sociedad vasca y ante la permanente actividad terrorista.
            La organización pacifista Gesto por la Paz ha liderado, poco a poco,  un movimiento de resistencia no violenta, ante la presión terrorista, aunando muchas voluntades e incluyendo en sus filas también a nacionalistas.
            El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), se han consolidado, logrando hacer su voz y rompiendo la marginación en que se les había sometido.
            El Foro de Ermua, entidad nacida a partir de la movilización ciudadana producida con ocasión del secuestro y asesinato del concejal Miguel Angel Blanco, y compuesta en buena parte por antiguos militantes comunistas e incluso de ETA, ha aireado, desde los medios de comunicación y la Universidad, los mecanismos viciados de la acción política nacionalista de los últimos 25 años, denunciando la manipulación cultural y sus prácticas totalitarias, así como muchos falsos tópicos y mistificaciones existentes en torno a la identidad vasca. Mikel Azurmendi y Jon Juaristi, ambos exiliados, el primero en una universidad norteamericana y el segundo actual Director de la Biblioteca Nacional en Madrid, son un ejemplo de este tipo de intelectuales descrito.
            Pero esta actitud contrasta con la de otros, caso de los agrupados en su día en torno al llamado “Foro de Madrid”, de marcado acento izquierdista, encabezados por Margarita Robles (secretaria de Estado de seguridad del ministro socialista Belloch), que consideran, al igual que Elkarri, que es necesario el diálogo para una salida negociada al “conflicto vasco” al tener éste –a su juicio- raíces políticas.
El asesinato del periodista de “El Mundo” y antiguo comunista, Jesús María López de Lacalle, es prueba de la preocupación causada en ETA por la actividad de este Foro. Irritación que comparte todo el espectro nacionalista.
Foro El Salvador ha asumido una labor paralela a la del Foro de Ermua en algunos ámbitos de la Iglesia vasca, cuyo papel ha sido calificado en muchas ocasiones como de ambiguo.
            Otras asociaciones, como el Movimiento contra la Intolerancia y Denon Artean, se han sumado a este movimiento cívico de resistencia generado en el seno de la sociedad vasca. Y este movimiento, que ha suscitado numerosas adhesiones entre una ciudadanía generalmente silenciosa y desmovilizada, ha facilitado la toma de conciencia y un nuevo impulso a los partidos políticos no nacionalistas.
            Para aunar fuerzas, se ha constituido el pasado día 2 de diciembre, la Plataforma Libertad, que agrupa al Foro de Ermua, Foro El Salvador, Asociación de Víctimas del Terrorismo, Movimiento contra la Intolerancia y Asociación por la Tolerancia.
            Mencionaremos, por otra parte, a la iniciativa ciudadana, de marcado cariz político, ¡Basta ya!, premio Sajarov concedido el día 13 de diciembre de 2000 por el Parlamento Europeo. En dicha iniciativa han confluido muchos de los miembros de las organizaciones antes mencionadas.

 

La estrategia actual del Partido Popular.
            El Partido Popular ha logrado tomar la iniciativa, pese a los golpes recibidos, en coherencia con una estrategia diseñada con una voluntad y decisión que ha sorprendido a los nacionalistas, con el ánimo de dar un vuelco a la situación. Una voluntad de lucha con la que no contaban, pues en sus cálculos ya empezaban a dar por hecha la retirada de PP y PSOE de la vida política vasca.
            La estrategia actual del Partido Popular pasa por varias tácticas: el cambio de opinión generado por la acción mediática, la presión policial, la cooperación internacional, las reformas legales para facilitar la lucha antiterrorista, la resistencia heroica de sus concejales y militantes, el nuevo movimiento cívico vasco, la recuperación del sector de centro derecha votante del PNV y de Unidad Alavesa.
            Pero para que esa estrategia obtenga el resultado esperado, es preciso que la “unidad de los demócratas” genere su fruto más esperado: un pacto de gobierno que garantice un ejecutivo no nacionalista en Vitoria. Ello permitiría que el conjunto de las Fuerzas de Seguridad (incluida la Ertzaintza, ausente por lo general en la batalla antiterrorista) combatiría a ETA más eficazmente, con un mejor aprovechamiento de los recursos existentes. Además, facilitaría una política de subvenciones no sectaria, una acción social y cultural acorde con la pluralidad de la sociedad vasca y el intento –muy difícil- de desactivación del euskera como punta de lanza de la ofensiva nacionalista.
            Sin embargo, la situación que atraviesa el PSOE no está facilitando alcanzar ese acuerdo, núcleo de la estrategia popular. El PSOE sufre tensiones internas, pues existen sensibilidades como la del sector “guipuzcoano” interesadas en recuperar la colaboración institucional con el PNV. El asesinato del socialista catalán, y miembro de Elkarri, Ernest Lluch, ha abierto ese debate, posicionándose destacados dirigentes como Felipe González y Pasqual Maragall a favor de esa alternativa.
            Este debate también es reflejo de la necesidad del PSOE de crearse un espacio y una estrategia propia, si no quiere verse arrastrado por un Partido Popular muy decidido. De ahí el empeño del PSOE en llegar a un pacto antiterrorista, global y escrito, que incorpore diversas iniciativas, tratando de sumar a otros partidos políticos y que no le cierre la posibilidad de un acuerdo postelectoral con el PNV.
            Ese es el sentido del “Pacto por las libertades y contra el terrorismo” firmado el día 12 de diciembre de 2000 por los secretarios generales del PP y el PSOE. Criticado por Izquierda Unida y todos los partidos nacionalistas, incluidos los catalanes de CiU, ha sido muy bien recibido por la mayoría de los medios de comunicación y las organizaciones cívicas implicadas en la lucha por la paz en el País Vasco. Será suscrito por otras fuerzas, caso de Unidad Alavesa y Unión del Pueblo Navarro y no impedirá un pacto postelectoral del PSOE con el PP o incluso con el PNV. Por todo ello, no es imposible que el próximo lehendakari sea el socialista Nicolás Redondo.
            Sin embargo, el triunfo de la estrategia diseñada por el PP no está garantizado. Prueba de ello son los resultados de sondeos preelectorales difundidos a finales de noviembre, según los cuales, unas elecciones anticipadas (cuya fecha se rumorea pudiera establecerse en torno al 4 de marzo de 2001) apenas cambiaría las cosas. Si a ello se suman las dudas de los socialistas, es comprensible cierto grado de nerviosismo existente en el PP, que la firma del citado “Pacto” no ha despejado.
            En esta situación, el PNV juega la baza del transcurso del tiempo, a la vez que intenta cargar sobre el PP una imagen de dureza e incapacidad para el diálogo. Junto a ello, el intento de establecer “puentes” con el PSOE es evidente.
            Además,, en esa estrategia, observamos algunas carencias. Apenas existe labor social en muchos ámbitos, aparentemente controlados por ETA - HB: asociacionismo de base, determinados medios juveniles, etc.
            Y, para entender lo anterior, tenemos que partir de una constatación. Algunos dirigentes socialistas han hablado de la existencia clandestina del partido en muchas localidades vascas. Salvo en las grandes ciudades, donde se desarrolla una acción política “normalizada”, en el resto de localidades, no digamos ya en los pequeños municipios rurales, la vida de las “Casas del Pueblo” languidece entre la efervescencia nacionalista. Apenas hay militantes menores de 40 años, limitándose su acción política a la desarrollada por algunos de sus concejales.
            Y para el Partido Popular la situación no es mejor, en buena medida como consecuencia de la persecución a la que se ha visto sometido.

 

Reflexiones finales.
Volvamos al texto inicial de este artículo. El folleto, del que hemos hablado, fue distribuido masivamente en Madrid un domingo 20 de noviembre, entre un sector social al que el Colectivo Destino juzgaba más sensible ante el rumbo de los acontecimientos. Sin duda, gracias a la perspectiva proporcionada por el transcurso de 20 años, podemos deducir hoy día que aquel no era el medio adecuado, ni el destinatario del texto constituía un sector social con la capacidad de rectificación de la situación denunciada, ni tampoco se trataba de la convocatoria pública apropiada. Pero, pese a todo ello, el diagnóstico de la situación era certero, anticipándose, pese a ser considerado entonces como “políticamente incorrecto” (dicho con lenguaje de hoy), a una opinión que se ha generalizado, en ese sentido, en los últimos años.
            Pese a ese diagnóstico, pesimista para algunos, y a partir de los datos comentados en este artículo, podemos deducir que hay algunos signos evidentes de que la realidad del País Vasco está experimentando un cierto cambio.
            Un indicio de ello son las expectativas electorales –inimaginables hace unos pocos años- del Partido Popular que, pese a todas las dificultades señaladas, puede convertirse en la fuerza más votada también ese territorio (su socio Unión del Pueblo Navarro –UPN- ya lo es en Navarra desde hace varios años).
            Otro aspecto importante es la aparición y consolidación de ese movimiento cívico de resistencia ante la presión del nacionalismo secesionista y el terrorismo de ETA.
            Sin duda, el ascenso del Partido Popular se ha impulsado además del hecho de detentar el Gobierno español, en parte, gracias a este movimiento cívico que ha liberado fuerzas ciudadanas antes amordazadas y anuladas. Por todo ello es previsible que, tanto el Partido Popular, como ese movimiento ciudadano, sean atacados desde múltiples frentes por un nacionalismo que, pese a la complejidad de la situación, percibe más cercano que nunca el logro de sus objetivos.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 40, diciembre de 2000