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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Actualidad nacional

Los falsos tópicos del “conflicto vasco”.

Sigue siendo lugar común, en muchos ambientes políticos y universitarios extranjeros, una serie de falsos tópicos sobre el carácter último del llamado “conflicto vasco”. En este artículo nos asomaremos a algunos de ellos.

 

Introducción.
La polémica desatada por Hebe de Bonafini, Presidenta de la asociación argentina “Madres de la Plaza de Mayo”, a causa de algunos de sus juicios de valor, emitidos con notable ligereza, respecto a la situación de los presos de la banda terrorista ETA, acusando al Gobierno español de “torturas, violaciones y ejecuciones”, ha puesto sobre el tapete la persistencia en algunos ámbitos internacionales de una serie de falsos tópicos. Tales, han alcanzado en esos medios, a fuerza de repetirse, carácter de verdad incuestionable.

 

Los falsos tópicos más comunes.
            En este breve artículo vamos a ver algunos de esos falsos tópicos con el objetivo de situar, en su contexto real, la violencia sufrida en el País Vasco y en el resto de España, a la que se superpone una estrategia secesionista de indudable trascendencia, desarrollada por todas las fuerzas nacionalistas vascas.

 

1. ETA es la expresión más radical de la lucha de los vascos por recuperar sus libertades perdidas.
            Históricamente no puede sostenerse la anterior afirmación. Al contrario, el País Vasco y Navarra son dos de los territorios que, pese a diversas vicisitudes históricas, han mantenido, en el conjunto de España, mayores niveles de derecho público y privado propios, así como un régimen económico particular –el concierto- que ha permitido un desarrollo económico superior a la media española. Y ello ha sido así no sólo en los últimos 25 años de democracia, sino también en épocas anteriores, consolidándose ese desarrollo económico ya en el franquismo.
            Por otra parte, el hecho de que hayan transcurrido 25 años desde la muerte de Francisco Franco, desmiente que se trate de un puñado de guerrilleros románticos levantados contra la dictadura franquista, desaparecida ya hace dos décadas y media. El tiempo impone, así, sus razones. Y más cuando, en su día, todos los presos de las distintas organizaciones armadas se vieron favorecidos por una amnistía que supuso la excarcelación de todos ellos.
2. Los vascos nunca han sido españoles.
            Vasconia y Navarra (ésta segunda muchos años en la órbita de dinastías francesas durante la Edad Media) han realizado una importante aportación humana e intelectual a la empresa española: ilustres militares, escritores y pensadores, altos funcionarios, descubridores y navegantes, santos y jerarcas de la Iglesia católica. Su mera relación nominal sería interminable. Pero pensemos en nombres como Unamuno, Pío Baroja, Francisco de Vitoria, San Ignacio de Loyola, Elcano, Zuloaga, Legazpi, Ramiro de Maeztu, Oquendo, Churruca, López de Ayala, Alonso de Ercilla, Samaniego, Antonio de Trueba, etc.
Es más y “a sensu contrario”: jamás ha existido un Estado vasco, si exceptuamos el efímero experimento -“in extremis”- al inicio de la guerra civil española, que agrupó solamente a las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya (Navarra y Alava se decantaron mayoritariamente por la causa nacional) en un contexto de total colapso y derrumbe del régimen republicano.
3. Euskadi = Irlanda.
            Irlanda, cuando fué invadida por los ingleses (en el siglo XI, aunque hasta el siglo XVI no se consolidó la dominación inglesa) ya reunía una serie de características que la diferenciaban de Inglaterra: unidad geográfica, conciencia nacional, unidad religiosa, cierta estructura de poder territorial. Por el contrario Euskadi, como tal, nunca ha existido hasta nuestros días, siendo un ente teórico imaginado por los hermanos Arana a finales del siglo XIX.
            Nunca ha existido en el País Vasco y Navarra, al contrario que en Irlanda, un conflicto religioso: sus pobladores han sido mayoritariamente católicos, incluso en mayor intensidad que el resto de la nación española.
Jamás se ha desarrollado en el País Vasco y Navarra una política  que buscara el sometimiento de las poblaciones autóctonas de la mano de unos pretendidos “ocupantes” españoles junto, a la pérdida añadida, de un expolio material: nunca ha existido un régimen colonial.
Los ingleses, al aplicar inicialmente el estatuto de colonia a Irlanda, establecieron la práctica de las “plantaciones”, consistente en la expropiación de las tierras de los originarios señores terratenientes, para que el Rey inglés distribuyera esas tierras según su criterio, en beneficio de los ocupantes y en detrimento de los propietarios católicos, que terminaron siéndolo a nivel minifundista. Un episodio histórico como el de la “hambruna de la patata”, de mediados del siglo XIX, que supuso la muerte de la cuarta parte de la población de la isla, no se ha producido en España. Esa dramática circunstancia histórica, en buena parte consecuencia de la injusta distribución de la propiedad de la tierra y de viciadas prácticas comerciales, era inimaginable en el País Vasco. Nunca se aplicó práctica análoga a la de las plantaciones. Al contrario, la propiedad de la tierra continuó en manos de los autóctonos, conservándose todo el derecho privado y un régimen de transmisiones patrimoniales específico, que permitió que todo el País Vasco estuviera jalonado de medianas propiedades, sin apenas minifundio y escaso latifundio.
Tampoco se ha llegado a “exportar” población foránea con el cálculo de controlar a los autóctonos y de expoliar a vascos y navarros. Al contrario, muchos hijos de emigrantes, en las últimas décadas, se han entregado en “cuerpo y alma” a la causa de la “liberación nacional de Euskadi” desde la trinchera terrorista y del nacionalismo más radical; lo que desmiente la existencia de un conflicto “étnico” y afirma una problemática en cuyo origen figura la ideología nacionalista y un indudable voluntarismo político como motores últimos.
4. Navarra es la madre de Euskadi.
            El Reyno de Navarra ha vivido dispares ámbitos territoriales: desde la afirmación de supervivencia plasmada en el reino de Pamplona-Nájera, motor a su vez de la reconquista cristiana desde los Pirineos, a ser el mayor reino cristiano de la península ibérica (con Sancho III el Mayor), pasando a constituir un pequeño territorio de poco más de 10.000 kilómetros cuadrados volcado hacia Francia durante parte de la Edad Media (de la mano de las dinastías francesas de Evreux, Champaña, Foix y Albret).
En ningún momento de su historia ha agrupado población exclusivamente vasca. Francos, judíos, musulmanes, castellanos, aragoneses: todos ellos han proporcionado una particular fisonomía humana a este territorio. Así, uno de los más ilustres y conocidos navarros fue el judío ribero Benjamín de Tudela, importantísimo viajero medieval.
            Por otra parte, en la actualidad, los navarros de forma mayoritaria y elección tras elección, se han decantado por un proyecto político autónomo dentro de la nación española y en continuidad con el marco histórico del “Fuero”; al igual que sus antepasados durante cinco siglos. Los navarros empeñados en integrar a su tierra en Euskadi nunca han superado el 30% del total de votos emitidos, tratándose de un electorado estancado porcentualmente, pese a la agresividad de sus múltiples manifestaciones y campañas en los diversos ámbitos sociales, culturales y políticos.

 

5. El nacionalismo vasco es católico.
            El primero en el tiempo, y principal partido político nacionalista, el Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), era confesional católico sin lugar a dudas. Su primer lema era “Jaungoikoa et Legizarra” (Dios y Leyes viejas, fueros) y en las elecciones republicanas de 1936 su estrategia electoral se basó en gran parte en la defensa de la religión católica. Ya en la Segunda República había surgido, como escisión del anterior, una pequeña agrupación política que aspiraba a un nacionalismo aconfesional, moderno, más orientado hacia las corrientes socializantes de Europa: Acción Nacionalista Vasca (ANV), cuyos continuadores forman parte actualmente de Herri Batasuna, la expresión política del “Movimiento Nacional de Liberación Vasco” (MNLV) impulsado por la organización terrorista ETA.
El PNV, en la actualidad, ha desdibujado sus originarias señas de identidad, al igual que tantos otros partidos del área demócrata cristiana. Pese a su condición de “socio fundador”, ha sido expulsado el día 10 de octubre de 2000 de la Internacional Demócrata Cristiana, por sus extrañas relaciones con la gran fuerza nacionalista vasca que impulsa el terrorismo, el MNLV organizado por ETA; a iniciativa del Partido Popular español.
Desde sus inicios, en el conjunto del MNLV, se ha producido un progresivo distanciamiento respecto de todo lo que significa la Iglesia católica. Apenas hay católicos en el MNLV y, los que lo son, están en general vinculados a las llamadas “Comunidades Cristianas Populares” y a la “Iglesia popular”. La mayoría “pagana”, por definirla de alguna manera, no sólo no se reconoce en las creencias de sus padres y abuelos sino que, de forma explícita, ha desarrollado una fuerte crítica a la Iglesia católica, calificada en algunos de sus medios como “religión extranjera”. En esa fractura se ha llegado, incluso, a pretender con múltiples fórmulas, a un reencuentro con el mundo pagano precristiano de los primitivos vascos, inventando rituales laicos en esa línea. Si bien el nacionalismo constituye la columna vertebral de esta fuerza emergente que aspira al liderazgo y control del conjunto del nacionalismo vasco, otros ingredientes ideológicos la han alimentado: marxismo crítico, “liberación” de la mujer, ecologismo en clave política, lucha contra los modelos familiares tradicionales,  anticolonialismo, diversas corrientes contraculturales (“rock radikal”, movimiento “okupa”, etc.).
Si algunos representantes cualificados de la Iglesia católica, todavía, han sido interlocutores en determinadas circunstancias recientes, ha sido así, no tanto por el peso real de la Iglesia en el conjunto de la sociedad vasca, mermado y claramente decreciente, sino por su parentesco personal concreto con miembros destacados del MNLV.

 

6. El nacionalismo vasco es moderado.
            El apartado anterior ya desmiente, en buena medida, la anterior afirmación desde una perspectiva meramente doctrinaria. Valoremos ahora la situación real desde la realidad de los hechos.
Cuando el PNV optó por la vía “autonomista”, durante la llamada “transición” española hacia la democracia, podía afirmarse que, al menos entonces, el PNV era un partido moderado. En la actualidad todo el nacionalismo vasco puede ser calificado de radical al optar, de forma clara, por la secesión y la independencia a corto o medio plazo de todos los territorios vascos, actualmente integrados en estructuras supranacionales extranjeras (España y Francia), sin descartar ningún medio, incluido el terrorismo. Todos los partidos nacionalistas comparten los fines (la independencia), aunque discrepan en el empleo de los medios; pues el PNV no practica el terrorismo, aunque sea consciente, tal como ha declarado su Presidente recientemente, que la autodeterminación es el precio político de la paz.  Para el MNLV, la violencia de ETA es el motor fundamental de la “construcción nacional vasca”, estrategia a la que intenta arrastrar al PNV y su escisión EA; lo que en buena medida está consiguiendo. Aquí radica otra de las diferencias con el conflicto irlandés: allí los moderados han acercado a las vías parlamentarias y políticas a los violentos y radicales (el SDLP ha incorporado a la vida pública al Sinn Fein). En el País Vasco, por el contrario, los radicales del MNLV han arrastrado al PNV y EA hacia una estrategia de confrontación y ruptura.

 

7. El Estado español, pese a ser formalmente una democracia, es un estado autoritario y centralista que intenta ahogar al pueblo vasco.
            Esta afirmación ya sólo se asume en ambientes radicales de izquierda y nacionalistas, al menos en sus expresiones más crudas. Pero algunos reflejos de este planteamiento asoman en medios académicos, políticos y mediáticos más abiertos. El Estado español es una democracia de corte occidental, plenamente integrado en las estructuras supranacionales del reducido “club” de naciones europeas y liberales, con el grado de descentralización más alto de Europa. Ninguna otra región europea, perteneciente a un Estado nacional de ese reducido “club”, goza del nivel de competencias, de todo tipo, que disfruta en la actualidad la Comunidad Autónoma Vasca y la propia Navarra. Esa crítica radical no se sostiene desde un estudio comparativo serio de la práctica de los regímenes políticos contemporáneos.

 

8. El euskera es el idioma de los vascos.
            Si somos fieles a la historia, el euskera no es el único idioma vasco. El castellano, en sus primeras manifestaciones escritas aparecidas en el territorio vecino de La Rioja, lo hace junto a los párrafos más antiguos escritos que se han encontrado del euskera. Así, el monje autor de las primeras “glosas” en castellano, también fue autor de los primeros escritos en euskera recuperados, pues al no dominar el latín necesitaba traducirlo a los idiomas que conocía: el romance castellano y el euskera. En ese sentido, los historiadores nos aseguran que las primeras manifestaciones del castellano se generaron también en Alava, además de en los territorios castellanos.
            En la actualidad el euskera, potenciado desde las administraciones e impuesto en el conjunto del sistema educativo, es el “batua” (unido), producto de una unificación de los dialectos euskéricos hablados en los diversos territorios en que sobrevivía a finales del siglo XIX, con la introducción de numerosísimos neologismos, en un intento de actualizar un idioma fragmentado que permanecía poco abierto a los cambios del mundo moderno.
            El intento, propiciado desde la Administración vasca y en parte secundado por algunos sectores de la misma Administración navarra, de imponer un idioma por encima de otro, privilegiando al euskera frente al castellano, es una manifestación más de la batalla cultural planteada cuyo sentido último es “hacer patria, hacer Euskadi”. No se trata, por lo tanto, de evitar la desaparición de un idioma antiquísimo, sino de imponer un modelo cultural monolítico en el que el castellano adquiera, progresivamente, rango de idioma marginal.

 

9. Los presos de ETA son presos políticos.
            En los inicios de la transición española hacia la democracia, todos los presos de ETA, en sus diversas ramas, fueron excarcelados gracias a una amnistía general. De forma simultánea se implantaba una organización territorial que anticipaba el régimen autonómico actual. Ello no supuso el fin de la “lucha armada”, sino que fue ocasión para la ofensiva más virulenta en la historia de la organización, ocasionando un elevado número de víctimas mortales por año entre sus presuntos adversarios: policías, guardias civiles, militantes o simpatizantes de partidos no nacionalistas, antiguos colaboradores del desaparecido régimen, empresarios, militares, incluso niños en atentados indiscriminados.
            Por ello, en la actualidad, permanecen en las prisiones españolas unos 500 miembros de ETA, disfrutando de un régimen de vida que no corresponde, en la práctica, al nominalmente impuesto, al alcanzar un “modus vivendi” beneficioso para sus intereses personales -mediante “negociaciones” seguidas con los directivos de diversas prisiones españolas- gracias al temor que inspira su organización.
            En España, en definitiva, no existen presos por delitos de opinión. Los presos de ETA lo están por delitos tales como asesinato, tenencia de explosivos, estragos, pertenencia y colaboración con banda armada, encubrimiento, labores de información o aprovisionamiento, etc.
            Todos los días se producen manifestaciones de apoyo a la independencia y a la propia organización terrorista ETA, sin que ello implique persecución con ingreso en prisión. El actual marco constitucional facilita que todas esas opiniones, contrarias al mantenimiento de la propia Constitución en vigor, se puedan manifestar libremente en cualquier medio de comunicación o ámbito social, salvo que implique un ejercicio directo de violencia física o material.
            Equiparar la condición jurídica y moral de los presos de ETA con los presos por opinión de otras latitudes del mundo, constituye una de las mayores mentiras puestas en circulación por el entorno y entramado de ETA, habiendo alcanzado un indudable éxito propagandístico de ámbito internacional.

 

10. Euskadi ha sido expoliada económicamente por España.
            El régimen económico de concierto, aludido en el punto primero de este artículo, ha aportado indudables beneficios materiales a los vascos, merced a unos mecanismos consistentes, buena parte de ellos, en peculiaridades fiscales que han permitido un despegue económico, basado en la explotación de los recursos naturales (minería) y la industrialización, en mayor medida que el resto de España. Para ello, el Estado español ha realizado enormes inversiones en infraestructuras (puertos, la carretera N1, principal vía de transporte y comercio con Europa y resto de la península, autopistas, aeropuertos, etc.). Este desarrollo económico ha permitido que mucha mano de obra, procedente de regiones deprimidas del interior de la península, se haya trasladado a las localidades próximas a las grandes industrias y astilleros del País Vasco, a la vez que una importante oligarquía autóctona (una parte de ella, de ideología nacionalista) se desarrollaba, permitiendo que las reinversiones de capital se realizaran en su propia tierra.
Llegada la crisis industrial, minera y naval de los años 70 y 80, la reconversión de esas áreas en recesión supuso la inversión de miles de millones desde el Banco de Crédito Industrial y demás organismos públicos encargados de la operación, evitando con ello una temida crisis social que no llegó a producirse. En definitiva, la asociación de los vascos con el resto de España ha generado indudables beneficios para ambas partes, sin que en ningún momento de la historia se haya planteado una estrategia de expolio económico que perjudicara a los naturales. Ya hemos visto, por otra parte, que el País vasco nunca fue colonia de una potencia extranjera (tipo Irlanda, o Argelia de mano de Francia).
Todo ello nos indica que, a nivel económico, el País Vasco ha formado parte de una España que ha contado con su peculiar régimen jurídico propio que, para algunos, suponía ventajas de partida en detrimento de otras regiones españolas.

 

11. Una Euskadi independiente es garantía de pluralidad e integración europea.
            Esa afirmación depende del modelo político y económico que prevaleciera en el futuro, de consumarse la secesión. No hay ninguna garantía de que, caso de una hipotética independencia, los sectores radicales de ETA se conformaran con un modelo de “democracia burguesa”, más cuando en esta lucha los mayores sacrificios personales han sido aportados por sus militantes, imbuidos de una ideología radical también en lo que a presupuestos económicos y sociales respecta. Las dudas sobre el modelo político generarían una indudable incertidumbre sobre la inserción europea e internacional de una hipotética república vasca, más cuando España y Francia vetarían su presencia en múltiples foros, sobre todo en el caso de una ruptura traumática, lo que no puede descartarse.
            La incidencia en los aspectos raciales y étnicos de la identidad vasca, periódicamente alegados como argumento para la construcción nacional desde el PNV (especialmente por parte de su Presidente Arzallus), no proporciona, precisamente, confianza en un proyecto de imprevisibles consecuencias. Si la condición de ciudadano vasco se somete al tamiz de la pureza racial o ideológica, ello podría acarrear dramáticas consecuencias concretadas en desplazamientos de población, abandono de empresarios, pérdida de capital e inversiones, etc. Todo ello sería observado con extrema atención desde las instancias unitarias europeas.
            Esas dudas sobre la viabilidad de una independencia vasca se acrecientan con la dependencia energética y en recursos básicos (agua, entre otros) del País Vasco con el resto de España; lo que proporciona más sombras que luces a este proyecto.

 

Conclusiones.
            El nacionalismo vasco, en su conjunto, viene desarrollando una ofensiva desde múltiples frentes, incluido el de la de imagen y propaganda, también a nivel internacional desde hace muchos años. Por el contrario, desde los medios gubernamentales españoles, ya con UCD, PSOE o PP en el Gobierno de Madrid, poco se ha hecho para contrarrestar tales campañas. Se ha avanzado algo en los últimos años, lo que ha permitido un posicionamiento claro de Francia en lo que a cooperación policial y judicial se refiere. Pero aquí se evidencia un hecho: al voluntarismo de la omnipresente militancia nacionalista vasca, apenas se oponen tímidos movimientos opositores, duramente discriminados y golpeados. En este sentido, el Foro de Ermua, Foro El Salvador, los colectivos de víctimas del terrorismo y algún otro grupo, como el Movimiento contra la Intolerancia, constituyen la estructuración progresiva de un frente cívico - cultural de resistencia ante la presión nacionalista. Esa resistencia es más visible en las grandes ciudades, mientras que en las localidades medianas y, no digamos ya en los pequeños núcleos rurales, el aparente predominio nacionalista es absoluto, no produciéndose, apenas, manifestaciones contrarias, viviendo los escasos militantes de los partidos constitucionalistas en un estado de clandestinidad.
            En el País Vasco y algunas zonas de Navarra, al igual que se decía respecto de la Edad Media, “el aire que se respira en las ciudades huele a libertad”.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 39, noviembre de 2000

El PNV y el soberanismo: Hacia la independencia de Euskal Herria.

Soberanismo y territorialidad, ¿simples conceptos o expresión de un profundo cambio en el Partido Nacionalista Vasco?

 

Dos nuevos conceptos: Soberanismo y territorialidad.

            En cualquier debate político referido al País Vasco están presentes dos términos: Soberanismo y territorialidad. Ambos, impuestos desde el MNLV a modo de simbólica victoria semántica, han sido hechos propios por el PNV, lo que representa el mayor cambio estratégico que ha experimentado este histórico partido en los últimos 50 años.

Para el PNV han sido muchos años de apuesta por la vía “autonomista”, entendida como mal menor, desde una estrategia posibilista, con la esperanza puesta en una “Europa de las regiones” que permitiera la unificación de los territorios vascos, a su juicio: Comunidad Autónoma Vasca, Comunidad Foral de Navarra e Iparralde (territorios vasco-franceses).

Es en 1.998 cuando se concreta, con el “Acuerdo de Lizarra” en el que participa con decisión el PNV, ese cambio histórico: De la mano del MNLV, el PNV se decanta por una nueva estrategia, encaminada a la independencia a corto plazo.

En definitiva, en eso consisten soberanismo y territorialidad: La transición desde el actual estado de cosas, merced a nuevas estructuras creadas –algunas de ellas- al margen del presente marco legal, hacia la independencia de la “nación vasca”.

 

La nueva estrategia del PNV.

Con este cambio de estrategia el PNV ha pretendido, a corto plazo y de forma  simultánea, tres objetivos:

1.      Acabar con el terrorismo de ETA, intentando que el MNLV apueste por vías exclusivamente políticas. Ello supondría el abandono de la llamada “lucha armada” y de la “kale borroka” (lucha callejera).

2.      Liderar al nacionalismo vasco en su conjunto, a partir de la unidad de acción impuesta desde Lizarra, retomando con ello la iniciativa por la independencia, actualmente en manos del MNLV.

3.      Frenar el relevo generacional que se viene produciendo, en los medios nacionalistas, en favor de las diversas organizaciones del MNLV.

De momento no ha conseguido ninguno de los tres objetivos:

1.      ETA ha roto la tregua, reactivando las prácticas terroristas. Con Jesús María Pedrosa Urquiza, son ya cinco los asesinados. Dicha ruptura se ha producido por no haber conseguido, en un plazo razonable de tiempo (según ellos), el acercamiento de los presos de ETA a las prisiones del País Vasco y Navarra, la ausencia de un proyecto concreto de ruptura política e institucional con el Estado español por parte de las fuerzas nacionalistas y, por último, la posición de firmeza del Partido Popular. Esto significa que HB sigue mediatizada por ETA: Arnaldo Otegui ha sido derrotado políticamente en el seno de su coalición. La tendencia interna que Patxi Zabaleta, Aldekoa y otros militantes navarros están constituyendo, confirma la victoria de los radicales. Para la coalición abertzale, en proceso de debate interno hacia un nuevo partido, BATASUNA, es oportuno proporcionar una fachada de pluralismo. Qué mejor para ello que recurrir a quiénes, de forma periódica, propugnan ponencias alternativas que, por cierto, siempre son derrotadas.

2.      Tanto Lizarra como Udalbiltza, principales instrumentos de la nueva estrategia rupturista, siguen lideradas por ETA y HB. Si bien, la suspensión de Udalbiltza por parte del PNV, en un intento de no ser arrastrados completamente por el MNLV, ha sido un importante gesto de afirmación. Ello, además, acallará las críticas internas dentro del PNV y tranquilizará a los medios de comunicación. Por otra parte se ha sustituido el criterio de la unanimidad en la toma de decisiones de Udalbiltza, por el de las mayorías y minorías, lo que permitirá un mayor juego al PNV, que contará como aliado a EA frente a HB, eventualmente.

3.      Los resultados electorales, del pasado mes de marzo, parecen desmentir esa pretensión del PNV de frenar al nacionalismo radical y, con ello, beneficiarse electoralmente.

 

¿Fracaso de la nueva estrategia o reconsideración de la misma?

Pero ese aparente fracaso, a corto plazo, de la nueva estrategia soberanista, es engañoso.

En lo que respecta al terrorismo, desgraciadamente para la sociedad española, es un fenómeno con el que puede coexistir el PNV al menos temporalmente y que no le impide un margen importante de maniobra. No podemos obviar, de todas formas, la firme actitud del Gobierno Popular ante el PNV, provocada precisamente por su tibia respuesta ante el terrorismo y su cambio estratégico. Esa firme reacción ha desconcertado al conjunto del nacionalismo vasco, y cuenta con el apoyo de la opinión pública y de los demás partidos españoles, si bien sectores del PSE-PSOE comienzan a cuestionar aspectos de la estrategia gubernamental (las críticas del alcalde de San Sebastián Odón Elorza y la llamada propuesta Benegas son dos ejemplos de ello).

La suspensión de Udalbiltza, a la que reserva tanto PNV como ETA un  papel fundamental, ha sido un movimiento táctico temporal que en nada invalida ese instrumento. De hecho, el día 3 de junio, la Mesa Nacional de HB ha expuesto que Udalbiltza puede constituir el instrumento transitorio hacia una Asamblea Constituyente y un Gobierno Provisional vasco, lo que complementa la propuesta de EA que más adelante veremos.

En lo que respecta al tercer objetivo antes mencionado, liderar en definitiva el mundo nacionalista vasco, queda mucha partida por jugar, siendo diversos los posibles movimientos de los jugadores.

 

La propuesta táctica de Eusko Alkartasuna.

Un nuevo factor a tener en cuenta es la propuesta soberanista de su socio, y antigua escisión, Eusko Alkartasuna (EA).

Consistiría en incorporar, de forma explícita, el objetivo de la independencia y posterior celebración de un referéndum “estilo Quebec” por la autodeterminación, en los programas electorales de varios partidos políticos vascos (PNV, EA, AB en Francia y, tal vez, HB).

Dicha propuesta, que se discutirá en el seno de Lizarra, ha sido elaborada en EA por dos razones. Una razón histórica derivada del tratarse de un partido claramente independentista, mientras que el PNV ha oscurecido tradicionalmente tal pretensión. Una razón táctica, motivada por el papel “bisagra” que pretende jugar entre el PNV y HB, papel en el que se juega su supervivencia electoral.

Y, sobre todo, se respondería al reproche de ETA, según el cual no existiría propuesta rupturista política concreta, que permitiera “avanzar”.

 

Otros factores.

Por todo ello, no hay razones para un optimismo a corto y medio plazo. El nacionalismo vasco no está derrotado. Se encuentra en proceso de debate interno, de reordenación de sus fuerzas y de determinación de las tácticas a seguir. Pero la unidad de acción, por el objetivo compartido de la independencia, persiste.

En contra de lo afirmado en algunos “mass-media”, consideramos que el PNV no sufre riesgo de escisión (que de producirse entregaría el Gobierno vasco a los “españolistas”). Las voces discordantes dentro del PNV están aisladas, cualificadas sin duda, pero sin una corriente organizada que les avale. No tienen, pues, el peso suficiente para rectificar la posición general del ”Alderdi”, que con la actual estrategia tiene mucho que ganar: El posible regreso de EA a su seno, cuanto menos.

Se habla de intentar una nueva tregua de ETA; lo que no despejaría la sospecha de “tregua - trampa”. Supondría, en cualquier caso, la reafirmación del nacionalismo vasco en la vía rupturista y de “insumisión civil” con el Estado español. Pues esa “nueva tregua”, que no sería “gratis”, vendría acompañada de medidas desestabilizadoras tales como la retirada del PNV del Congreso y Senado, la ausencia de HB en las futuras Elecciones Autonómicas vascas y otras posibles medidas.

En esta situación debemos señalar una notable carencia de los partidos “españolistas”: La ausencia, durante muchos años, de un trabajo cultural entre el pueblo vasco, que el nacionalismo vasco viene realizando casi en exclusiva.

No podemos dejar de señalar, al respecto, que desde el Foro de Ermua se está realizando un importante trabajo desmitificador del nacionalismo vasco. Así, algunos autores están descubriendo, en sus libros y diversos actos “mediáticos”, las falsedades y distorsiones históricas existentes en los orígenes del nacionalismo, la manipulación autoritaria del euskera, etc. Pero esa labor debiera “airearse”, extenderse entre la gente, afrontando la realidad desde una perspectiva amplia, “cultural” y a largo plazo.

En esta situación, ¿qué papel puede jugar la Iglesia vasca?. Hoy día ya no es el “cemento” de esta sociedad. La mentalidad relativista – consumista ha calado en la misma. Por otra parte, gran parte de los integrantes del MNLV tienen convicciones explícitamente anticristianas. Ello no quiere decir que no pueda jugar un papel en los caminos de la paz, por la experiencia y el prestigio personal de algunos de sus pastores. La confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas, que también se ha dado en el seno de esta Iglesia particular, está dando lugar, en buena medida de la mano de sus “cabezas”, al intento de creación de un nuevo sujeto cristiano, cuya preocupación primaria sea la “nueva evangelización” y la misión en esta sociedad.

 

Páginas para el mes, Nº 37, junio de 2000

Algunas claves para entender la situación política actual del País Vasco.

El País Vasco se encuentra en una compleja situación, difícil de entender desde el resto de España. Aquí se proporcionan algunas claves para comprender el momento actual.

 

            La ruptura en septiembre de 1.999 de la llamada “tregua indefinida” por parte de la banda terrorista ETA, frustró las expectativas de paz abiertas en toda la sociedad española.

            Con ello, también se ha frustrado la expectativa de un proceso acelerado en dirección de la “autodeterminación” y el “soberanismo”, asociado a la citada “tregua”. La supervivencia del pacto de Lizarra está en juego y la viabilidad de la iniciativa de la Asamblea de Municipios (Udalbiltza) está en entredicho por falta de materialización de sus expectativas.

            Si añadimos otros factores, como el enfrentamiento institucional entre PNV y EH, el cambio de orientación del voto en Alava y la pérdida del control interno de los nacionalistas de Caja Vital, derivado del anterior, se deduce que la situación ha alcanzado una notable complejidad que puede llevar a la paralización de la vida política en la Comunidad autónoma Vasca y a un estancamiento de la situación.

            Veamos algunas claves que pueden facilitar la lectura de los sucesos que se viven en esta zona de España.

 

El País Vasco se encuentra fraccionado entre nacionalistas y no nacionalistas, con un claro predominio y capacidad de iniciativa de los primeros hasta las últimas elecciones del 12 de marzo. El segundo de ambos sectores ha actuado a la defensiva, tras varias décadas de ofensiva nacionalista en diferentes frentes: cultural, institucional, eclesial y, su peor rostro, terrorista. Pese al cerco al que ha sido sometido, algunos indicios de recuperación se habían dado con anterioridad a dichas elecciones: Gesto por la Paz, Foro de Ermua, Foro El Salvador, progresiva recuperación del voto no nacionalista en Alava de la mano de UA, ascenso electoral del PP.

En la estrategia independentista, el avance electoral nacionalista en Navarra es fundamental. No es posible un País Vasco sin Navarra. Sin embargo, el crecimiento electoral nacionalista en Navarra, elección tras elección, no llega, permaneciendo su electorado en un porcentaje similar y minoritario. Por ello, la inversión de capital económico y humano en diversas iniciativas de todo tipo (medios de comunicación, campañas electorales, ikastolas, asociaciones culturales, actos políticos y lúdicos de todo tipo), tiende a acelerarse. En ese sentido, el principal reto de las fuerzas políticas navarras mayoritarias es la desactivación del euskera”. Así, se está percibiendo el interés de algunos sectores sociales en “despolitizar” la presencia y desarrollo del euskera, normalizándolo y sustrayéndolo de su empleo como herramienta de combate metapolítico por parte del nacionalismo vasco.

Alava se ha decantado, como en los inicios de la transición, por los partidos no nacionalistas. Ello provoca un nuevo fracaso en las aspiraciones del nacionalismo vasco, al proporcionar Alava una nueva baza de “intercambio” y presión al PP en sus relaciones con el PNV y el mundo nacionalista, que se suma a la de “los presos” encarcelados en las prisiones españolas, la presión policial y la cooperación internacional, más cuando el PNV ha abandonado el Partido Popular Europeo integrándose en el Grupo Parlamentario “Arco Iris”.

Aunque con unas expectativas todavía más a largo plazo que las depositadas en Navarra, también Iparralde, el territorio francés de cultura vasca, entra en la estrategia del nacionalismo vasco. Así, los partidos abertzales se encuentran muy divididos, rozando la marginalidad, siendo su representatividad institucional casi simbólica. No olvidemos, por otra parte, la orientación centralista y jacobina del Estado francés, en absoluto sensible a la descentralización administrativa.

El nacionalismo vasco se encuentra fraccionado, a su vez, entre radicales y moderados. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) y su escisión Eusko Alkartasuna (EA) por un lado, y el MNLV, con su expresión política Herri Batasuna por otro, cuyo liderazgo lo ejerce ETA.

El Acuerdo de Lizarra es, ante todo, la toma del liderazgo del nacionalismo por parte de los sectores más radicales, fruto tal vez de un relevo generacional dentro del nacionalismo.

La ruptura de la tregua supone un doble fracaso para los nacionalistas. Para el PNV, que no ha podido atraer definitivamente y de forma exclusiva a la vía política a HB. Para el nacionalismo vasco en su conjunto, que no ha sido capaz de imponer un proceso político de “paz a cambio de autodeterminación”.

Herri Batasuna, en Lizarra, intenta continuar como si nada hubiera pasado, como si la “tregua” no se hubiera roto. El PNV, ante semejante contradicción, intenta liderar el proceso “político”, pues precisa de la participación electoral e institucional de HB, ya que de no contar con ello, queda en minoría ante el PP – PSOE; lo que evidencia su situación de “rehén” en manos de EH.

ETA es la historia del triunfo del sector radical y “duro” en toda confrontación interna. Ello supone la postergación, a corto plazo, de los moderados que optaron por una salida política al conflicto (relevo de Mikel Antza), en beneficio de los radicales, quiénes aumentarán la presión terrorista para forzar un acuerdo político, que genere un nuevo proceso por la autodeterminación, en las condiciones en que a ellos interesa.

ETA continuará su lucha armada, alimentada por una nueva generación, muchos de ellos hijos de militantes fallecidos o encarcelados, y por los militantes más decididos de JARRAI, ya fogueados en la “kale borroka”. En definitiva, ETA propone “más de lo mismo”, una “larga marcha”, que combinará con la estrategia que debe reelaborar EH en su ámbito de trabajo.

La refundación de la izquierda abertzale, iniciada con la coalición electoral Euskal Herritarrok, la posterior organización del partido - vanguardia EKIN dentro de la anterior, y próximamente BATASUNA, implica una reordenación interna de las fuerzas en pugna dentro de la coalición, que puede implicar el desplazamiento definitivo de los moderados liderados por Otegui, Aldekoa, Zabaleta y otros. El nacionalismo radical, muy vital y activista, continuará con la estrategia de socialización del conflicto, lo que les llevará al “ghetto”, una vez se descuelguen los mas moderados. Su participación en futuras elecciones e instituciones es una incógnita. En cualquier caso, es indudable que seguirán en los ayuntamientos y, parcialmente, en el Parlamento vasco. Es probable inicien algún tipo de estrategia de “insumisión civil” en diversos ámbitos, estrategia en la que intentarán incorporar al PNV. De hecho, las discrepancias manifestadas en Lizarra entre ambas fuerzas abertzales, no sólo se refieren al rechazo formal de la violencia, sino a la estrategia a seguir desde esa plataforma: vía institucional del PNV, frente a la “insumisión” civil y movilización permanente desde la parte radical, junto a la creación de estructuras supraterritoriales alternativas al actual marco constitucional.

El nacionalismo vasco siempre juega mirando al futuro. Su estrategia de lucha cultural produce efectos a largo plazo. El PNV, en el horizonte de la integración europea, no descarta conseguir sus objetivos en el marco de una Europa con fuertes órganos comunes y una progresiva descentralización territorial, en la que los territorios vascos pudieran buscar fórmulas cuasi – federales de articulación. Ello supone que, cuando la vía Lizarra sea una posibilidad totalmente agotada, descarte definitivamente los actuales cauces de colaboración establecidos con EH, abandonando una estrategia independentista a corto plazo que sigue, de momento, de la mano e iniciativa de los radicales.

El nacionalismo “moderado” del PNV se reforzará en el futuro, con una probable reintegración de EA en el “alderdi”, la “casa común”, y los sectores desengañados del entorno del MNLV. Para ello, está desarrollando una estrategia de captación de voluntades a través de la Fundación Sabino Alava, su apoyo condicionado a “Gara”, sus relaciones con “Elkarri” y otros organismos. En contra del deseo de muchos, no hay riesgo de escisión en el PNV.

La estrategia de firmeza, con su expresión concreta en el transcurso de la “tregua” de “paz por presos” de Mayor Oreja, con todas las cautelas mostradas para quitar velocidad al proceso y asegurarse la sinceridad de la banda, ha sido la única estrategia realista desarrollada desde los partidos constitucionalistas. El PSE-PSOE ha carecido de iniciativa de calado real. Desde hace varias décadas, este partido actúa a remolque de otros, bien del PNV anteriormente, bien del PP hoy día. Por otra parte, existe un sector, el del PSE en Guipúzcoa, de tendencia más nacionalista y proclive a pactos con el PNV y EA, lo que genera en su seno periódicas crisis internas y de orientación, que pueden rebrotar una vez olvide el impacto producido por el asesinato de Buesa.

La Iglesia católica no es el “cemento” de la sociedad vasca desde hace ya varias décadas. La mentalidad relativista – consumista ha calado en grandes sectores de la misma. Por otra parte, gran parte de los integrantes del MNLV tienen convicciones explícitamente anticristianas. Ello no quiere decir que no pueda jugar un papel en los caminos de la paz, por la experiencia y el prestigio personal de algunos de sus pastores. La confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas, que también se ha dado en el seno de la Iglesia, poco a poco, y en buena medida, de la mano de sus nuevas “cabezas”, está dando lugar al intento de creación de un nuevo sujeto cristiano, cuya preocupación primaria sea la “nueva evangelización” y la misión en esta sociedad.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 32, abril de 2000

Valoración de urgencia de las elecciones del 12 – M.

Ya celebradas las elecciones legislativas del día 12 de marzo, se impone una valoración del resultado de las mismas, complementada, en este artículo, con una reflexión sobre algunas consecuencias derivadas de ello para la vida de la Iglesia Católica española.

 

      Ya se conocen los resultados de las elecciones legislativas y autonómicas andaluzas celebradas el día 12 de marzo.

            Por ello procede hacer algunas reflexiones al respecto.

 

1. Las elecciones legislativas han sido ganadas por el Partido Popular con una inesperada mayoría absoluta, suscitada en buena medida por el fantasma de la “unión de las izquierdas”.

 

2. El próximo gobierno será monocolor, sin precisar de pactos con fuerzas nacionalistas para mantenerse, tal como ocurrió en la legislatura anterior. Por lo tanto, el P.P. ya no tendrá excusas para desarrollar su programa electoral.

 

3.Izquierda Unida ha sido desplazada como tercer partido por CiU. Sus resultados han sido muy malos, aunque parece que ha tocado suelo. Los Verdes han restado votos a I.U. pero no han logrado resultados relevantes. Iniciativa Per Catalunya continúa bajando; sólo es una sombra de lo que fuera el histórico PSUC.

 

4. Los partidos nacionalistas, globalmente considerados, han aumentado votos.

- Al PNV le ha beneficiado la abstención de Euskal Herritarrok. Pero apenas le han llegado votos de esa coalición. Y además han perdido votos moderados en beneficio del partido Popular, que junto a UPN en Navarra, le saca 150.000 votos de diferencia en el conjunto de ambas autonomías. Pese a ello, se constituye en la gran referencia del nacionalismo vasco.

La abstención activa propugnada por EH apenas se puede cifrar en un 6%, lo que significa un fracaso importante, aunque Arnaldo Otegui, en público, no pueda reconocerlo; además ha logrado movilizar “a la contra” al voto a sectores poco politizados o atemorizados (lo que se ha concretado en el elevado número de votos en blanco y en el voto por correo), propiciando además un desplazamiento de votantes moderados nacionalistas al PP.

- EA se mantiene a la baja.

- CiU se mantiene, con un leve descenso en escaños.

- ERC logra un parlamentario, aunque sube en el número de votos.

- BNG no logra grupo parlamentario propio, pero desplaza al PSOE como fuerza real de la izquierda en la escena gallega.

presencia de su escisión Iniciativa Aragonesa.

- Coalición Canaria mejora su representación parlamentaria.

- El Partido Andalucista logra un parlamentario, confirmando sus expectativas, regresando al Congreso español tras muchos años de ausencia.

- Chunta Aragonesista se estrena, con Labordeta en el Parlamento. Absorbe a buena parte de los votos fugados de IU en Aragón.

- El PAR se hunde, víctima de su herrática política de pactos y de la

- UV y UM no alcanzan resultados relevantes.

 

5. El voto explícito de protesta, dentro de la heterogeneidad de este campo, sin considerar los votos emitidos en blanco, se ha dispersado en una larga lista de candidaturas: GIL, CDS, España 2.000, PADE, La Falange, FEI-Falange-2000, Comunión Tradicionalista Carlista, UN, UI, FN.

El voto más numeroso lo obtiene el GIL, sin llegar a las expectativas creadas.

Mario Conde ha fracasado estrepitosamente.

Sin duda, este sector de “voto de protesta” ha sido afectado por el numeroso listado de candidaturas presentadas y por los efectos de la polarización PP – izquierdas.

 

6. Por lo que respecta a las elecciones autonómicas andaluzas, mejora resultados el PP, aunque mediante un pacto estable con IU o PA, continuará en el gobierno Chaves y su PSOE.

 

7. La mayoría absoluta también se traslada al Senado.

 

8. Los sondeos no han acertado. Así como hace 4 años no detectaron un importante número de votantes ocultos del PSOE, en esta ocasión pese a las correcciones en ese sentido incorporadas a las encuestas, ha sido el PP el beneficiado del “votante oculto”.

 

9. Para la Iglesia Católica española los resultados no son indiferentes.

Partimos, en este juicio, de una premisa. Hay que desacralizar la política. La salvación no vendrá de los políticos, sino de la Iglesia de Jesucristo. Por ello, una aproximación a este tema puede venir, no desde la perspectiva de la graduación y elección del “mal menor”, sino desde la positividad del hecho cristiano, encarnado en la Iglesia. Por ello, la ampliación de los espacios de libertad para la acción pastoral, social y educativa de la Iglesia, es un objetivo legítimo que puede y debe perseguirse también en unas elecciones parlamentarias. Los partidos estatalistas (PSOE e IU) no sólo no posibilitan un mayor campo para la Iglesia, sino que su actuación es explícitamente beligerante ante la misma. Por el contrario, el Partido Popular, pese a enormes carencias (como la ausencia de un proyecto cultural para España y la desatención del sujeto frente a la política de los grandes números de la macroeconomía y del estado del bienestar), facilita en algunos sectores la presencia de la Iglesia. Y esto, al margen de otras consideraciones que exceden este breve artículo, ya es algo positivo. Y no sólo para la misma Iglesia española, sino para toda la sociedad.

            Otro aspecto a considerar es el siguiente. A lo largo de esta campaña electoral, en algunas web, movimientos eclesiales, incluso en medios masivos de comunicación, se ha opinado sobre el voto de los católicos. Y se ha hecho con mayor libertad que en ocasiones precedentes. Es evidente que existen voces del catolicismo español que asumen, de forma consciente, posturas muy críticas con el tratamiento que el PP proporciona al voto de los católicos. Pero tales voces carecen de los medios que pudieran permitir un cambio de actitud en el sentido indicado y la consiguiente revisión de los planteamientos al respecto de la Jerarquía católica española.

 

10. Conclusiones.

El Partido Popular tiene una ocasión de oro para aplicar su programa,  libre de las condiciones leoninas de los nacionalistas. Pero hay que constatar que no parece exista un programa de ambiciones culturales que exceda la gestión de lo económico.

Por otra parte, el PP se constituye en referencia obligada para todos los partidos europeos que consideran que la sociedad tiene un papel y una capacidad de iniciativa que no debe ser ahogado por el Estado, tal como propugnan los partidos socialistas en el poder en casi toda Europa.

Para los votantes católicos, es la ocasión de hacer valer la confianza prestada a este Partido y buscar vías de apoyo a la familia, al tercer sector, la resolución de temas pendientes como el del profesorado de religión, y tantos asuntos que preocupan al votante católico.

Pero no olvidemos que para los católicos, independientemente del resultado de estas elecciones políticas y de otras coyunturas, la misión fundamental es dar testimonio de Cristo allí donde vivimos.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo 2000

El Partido Popular ante los nacionalismos periféricos.

            Las fuerzas políticas nacionalistas han radicalizado, en estos últimos 4 años, su actuación en diversos ámbitos. Puede decirse, incluso, que el “estado de las autonomías” ha hecho crisis. ¿Qué papel ha desarrollado ante este panorama el Partido Popular?. En este artículo se responde a ese interrogante, proporcionando algunas claves para entender la actual coyuntura.

 

Introducción.

            El gobierno del Partido Popular es el primero que, casi, ha agotado una legislatura de 4 años, conforme el plazo temporal máximo previsto en la vigente Constitución española.

            Por lo que respecta a la articulación de nuestra realidad territorial, el esquema constitucional aplicado, en su fórmula salomónica de la “España de las autonomías”, ha hecho crisis.

Hasta hace 4 años era lugar común que esa original estructuración de España, en torno a “nacionalidades históricas” y “comunidades autónomas”, funcionaba perfectamente, constituyendo uno de los “grandes logros” de este período histórico.

            Al cabo de 4 años tal esquema es impugnado claramente, y no sólo por parte de los partidos independentistas (EH, EA, BNG y ERC), sino también por otras fuerzas nacionalistas más moderadas (PNV, CiU y CC), incluso por formaciones antes regionalistas (PAR y UM). Pero lo más grave es que un partido de ámbito nacional como es el PSOE empieza a cuestionar, al menos por alguna de sus figuras, tal articulación: es el caso del PSC-PSOE de Maragall, que como principal baza política invoca al federalismo como fórmula mágica para salir de la actual situación (coincidiendo en ello con Izquierda Unida e Iniciativa por Cataluña).

            Por todo ello, es el momento de reflexionar y valorar la acción política del Partido Popular ante la presión disolvente de los partidos nacionalistas periféricos durante estos últimos 4 años de la vida española.

 

Presupuestos.

            En necesario considerar, en primer lugar, algunos presupuestos que condicionan en forma muy notable a este partido político hasta ahora en el gobierno nacional.

 

I)El PP omite la historia de sus propios orígenes, es decir, su procedencia sociológica y doctrinal. Salvo en algunos ámbitos, como los de la Fundación Cánovas del Castillo, se ignora y se hace tabla rasa de los antecedentes de la derecha española y, no digamos ya, del pensamiento tradicional español. Al contrario. Observamos, atónitos, a un Presidente del Gobierno que se remite a Manuel Azaña como su inspirador. No podemos menos que considerarle como un intelectual alejado de la realidad, sobrevalorado hoy día en su capacidad, débil ante la presión de los radicales de la izquierda de entonces y, por último, profundamente sectario. Pío Moa, en su libro “Los orígenes de la guerra civil española”, expone de forma rigurosa el papel jugado por Manuel Azaña en el sentido antes descrito.

Si esas referencias doctrinales son las del PP, partiendo de que “no se puede dar lo que no tiene”, el mismo se encuentra prisionero de tales presupuestos, lo que también condiciona su voluntad ante el reto nacionalista.

 

II) El gobierno del Partido Popular nació con un déficit electoral que ha condicionado su práctica política en esta sexta legislatura: la carencia de una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Ello le ha obligado desde el principio a pactar, en una precaria estabilidad, con una serie de fuerzas políticas de carácter nacionalista: PNV, CIU y CC. Recordemos aquí la polémica producida al inicio de la legislatura con la aprobación del nuevo Código Penal y la promesa electoral de cumplimiento íntegro de las penas por los terroristas, que puso en evidencia las dificultades que encontraría en otros proyectos de cierta envergadura.

También ha necesitado contar con otras fuerzas regionalistas, actualmente en crisis de identidad y en ruptura con el PP, como son el PAR, UM y UV.

El caso navarro es distinto, al no existir el PP en este territorio foral y encontrarse vigente un acuerdo permanente de colaboración política con Unión del Pueblo Navarro, ratificado en el mes de enero de 2.000.

 

III) Un tercer factor condicionante es el desprestigio en que se encuentra sumida cualquier propuesta de “proyecto nacional” español desde los “mass media” y el mundo académico y universitario. Todo intento al respecto es descalificado a priori como una expresión no deseable de “nacionalismo español”, sinónimo de retrógrado, tardo - franquista, etc.; al contrario que en el caso de los proyectos nacionalistas periféricos en marcha (los de los gobiernos de Cataluña y Comunidad Autónoma Vasca, fundamentalmente, aunque sin olvidar la marcha ascendente del BNG), admitidos como inevitables y progresistas por los herederos ideológicos del 68 (donde encontramos la génesis de la mentalidad hoy día dominante).

 

IV) Exclusión del catolicismo como elemento históricamente vertebrador del pueblo español.

            Para que un proyecto nacional -o de otro tipo- sea posible, debe nacer y sustentarse en un pueblo, pues se convertiría en caso contrario en un cenáculo reñido con la realidad.

            En España ese pueblo que la ha encarnado está desapareciendo, siendo sustituido por una abstracta suma matemática de voluntades individuales, unidas por la búsqueda del bienestar, bajo el paraguas constitucional y una mínima ética social.

            No puede hablarse -a nuestro juicio- de “pueblo español” sin remitirse al cristianismo, como factor vertebrador del mismo.

Buena parte de la historiografía moderna responsabiliza a la Iglesia católica del “atraso secular” de España. Y, a su juicio, su papel se limitaba a la mera defensa de los intereses del alto clero y de los poderosos. No se admite, bajo ningún concepto, que Iglesia y pueblo formaran un “uno” generador de energías positivas y constructivas en múltiples campos. Y ese proceso de eliminación del catolicismo de la conciencia colectiva también se ha verificado en la vida pública, en particular, en la acción política.

Actualmente no es “políticamente correcto” pretender que el catolicismo salga de las sacristías. A la Iglesia católica se le ha marginado y apartado de la vida pública, salvo en algunas ceremonias entendidas como residuos, en regresión, de épocas pretéritas.

Y respecto al proceso descrito, el PP ha jugado un papel cuanto menos ambiguo.

            Como consecuencia de todo ello, salvo algunas excepciones, casi nadie, y menos desde un PP que ganará las elecciones en tanto se asegure los votos del centro sociológico, reivindica como deseable la recuperación de la memoria colectiva del pueblo español y de los elementos que la configuraron.

 

Características de la acción gubernamental popular.

            A partir de tales premisas, y tras 45 meses de gobierno “popular”, deducimos algunas características de su acción política, derivadas de esa “ausencia” doctrinal (que ya se observaba en el programa electoral popular “Con la nueva mayoría” del año 1.996) y de esa aparente falta de voluntad:

 

1. Actuación a la defensiva ante las diversas iniciativas nacionalistas: ya políticas, lingüísticas, educativas, etc. Su expresión más significativa ha sido la actuación del ejecutivo popular durante la liquidada “tregua indefinida” de la banda terrorista ETA. Nunca sabremos si el gobierno pudo hacer algo más para “allanar los caminos de la paz”. Pero tememos que el inmovilismo del Gobierno sea una consecuencia de la ausencia de proyecto. Así, como estrategia en ese terreno, sólo ha concebido la defensa de la Constitución. Y como tácticas, la lucha policial y la movilización ciudadana a raíz de Ermua. Observados todos los movimientos realizados con ocasión de esa mal llamada “tregua”, ha demostrado cierta incapacidad de liderar iniciativas al respecto.

 

2. Reducción genérica del “proyecto nacional” español a los principios encarnados en la Constitución Española vigente y a una ética civil de los valores comunes, sin que se adviertan movimientos de rectificación.

Buena parte del electorado popular no se identifica con la política ejecutada por la dirección del PP en ese sentido: por origen, se trata de un electorado de conciencia española.

            El PP invoca al bienestar, a los valores constitucionales y poco más. El nacionalismo periférico resuelve problemas cotidianos en los ayuntamientos, lucha en el campo de la ecología, promueve vivencias comunitarias, habla de sexo, lucha por su concepto de “patria”, promueve formas de tradición. La cultura y otros aspectos de la vida son abandonados por el PP, salvo francotiradores aislados, cediendo esos terrenos a quienes realmente trabajan en ello. Con tal renuncia se facilita la manipulación, de la cultura e idiomas como el euskera, por parte de los estrategas nacionalistas; concebido todo ello como herramientas de confrontación, división y revolución cultural.

            Así, el PP, sin objetivos ambiciosos a medio y largo plazo, se vacía de contenido ideológico, limitando su estrategia a un proyecto de simple conservación y ejercicio del poder estatal.

 

3. Progresiva marginación en el PP de las voces discrepantes con la actual evolución en este campo. El caso más conocido es el de Aleix Vidal-Quadras en Cataluña. Y como situación más sangrante, el de algunas de las víctimas “populares”: concejales y  militantes, atacados por representar a “lo español” y que PP y UPN no han sabido -o querido-  apoyar de forma efectiva (así, las dimisiones de concejales regionalistas afectados por la “kale borroka” en las localidades navarras de Villava y Noáin, que argumentaron en esa coyuntura no sentirse respaldados por su partido).

            Otro aspecto a considerar, en lo que se refiere al liderazgo y configuración del PP, es la ausencia, numéricamente significativa, de políticos cristianos en el mismo, salvo excepciones como Jaime Mayor Oreja; lo que limita las posibilidades de dotar de contenidos ideológicos claros a ese partido y de conectar con la base de su propio electorado.

 

Principales retos del nacionalismo periférico.

            Por último mencionaremos dos acciones político-culturales desarrolladas en estos casi 4 años por diversos gobiernos autonómicos (tanto nacionalistas como populares), cuyas consecuencias a largo plazo serán muy graves en lo que respecta a la cohesión, convivencia y común conocimiento de los españoles.

La situación planteada por el nacionalismo vasco (que actúa conjuntamente a partir del Acuerdo de Lizarra), excede el contenido de este breve artículo.

 

1. Pleno desarrollo de las políticas de “inmersión lingüística” en sus respectivos territorios, especialmente en la educación, el ámbito administrativo y de los medios de comunicación de titularidad pública, iniciándose también en el de la Justicia. Esta  discriminación positiva empieza a tener consecuencias no deseables en los ámbitos laboral, docente, educativo y funcionarial.

 

2. Distorsión y olvido de la “memoria colectiva” española en los planes de estudios, omitiéndose el acervo español común en los contenidos educativos impartidos, fragmentándose (incluso llegando a la  falsificación) en los recogidos por diversas Autonomías.

            El fracasado “decreto humanidades” fue un intento de rectificación de esa situación por parte del PP. Pero, a partir de ese déficit electoral antes mencionado, chocó con los planes de los partidos nacionalistas, consistentes en la creación e imposición a través de todos los medios culturales a su alcance (enseñanza y medios de comunicación), de una “conciencia nacional” vasca y catalana.

 

Conclusiones.

            La “administración única” propuesta por Manuel Fraga Iribarne no ha pasado de ser una mera formulación teórica apenas desarrollada y que, en su origen, pretendió anticiparse en alguna manera a la actual crisis del “estado de las autonomías” desde un plano de igualdad de todas las comunidades españolas.

            Desde el partido hasta ahora en el poder, no han surgido otros intentos serios de rectificación de la actual situación.

            Existe, pues, un complejo de inferioridad intelectual y política del PP ante el nacionalismo periférico (y también ante cualquier expresión de “progresismo”) que ha condicionado de forma determinante su acción de gobierno.

Vemos, con todo ello, que se presenta ante el horizonte de la política nacional uno de los más peligrosos retos de la reciente historia de España.

            Si el pueblo español quiere recuperar un proyecto de futuro, deberá volver sobre sus orígenes y encontrar en ellos la fuerza y las claves que permitan afrontar el reto de su supervivencia.

            Y esa misma operación deberá realizar el Partido Popular, retomando el contacto con la realidad de su electorado y de la corriente sociológica e histórica de la que brota.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 29, febrero de 2000

El otro pueblo.

     El considerable aumento electoral de Euskal Herritarrok en Navarra es un síntoma de que el nacionalismo radical está generando una importante realidad social que se presenta como alternativa a las ruinas adormecidas del sujeto que ha vertebrado la historia navarra: el pueblo cristiano.

 

El cristianismo y Navarra.

            La realidad histórica de Navarra se ha vertebrado, de forma fundamental, en torno a la experiencia cristiana, generando un pueblo.

            Ese pueblo ha elaborado, durante todos estos siglos, una cultura, unas relaciones sociales y una creatividad a todos los niveles, como expresión de esa vida emanada de la Iglesia; permaneciendo, ante la atomización padecida en las sociedades avanzadas de final de siglo, vigente y adecuada.

            Y ello es importante, pues la pertenencia a un pueblo vivo permite  afrontar la realidad en todas sus dimensiones, pudiéndose generar una cultura, entendida como herramienta que permite sumergirse en la  vida con realismo.

            Este pueblo ha acusado en su fisonomía actual, grávemente, los problemas propios del Siglo XX y el cambio de mentalidad y cultura que ha conllevado el mismo.

            Tenemos que constatar que ese pueblo cristiano ha desaparecido en gran medida, de forma abrupta, en los últimos 40 años, persistiendo jirones en aparente recesión. La descristianización -secularización, en lenguaje teológicamente correcto- se ha sufrido en Navarra más tarde que en otros territorios españoles u otros países europeos (Francia, por ejemplo); pero no por ello menos profundamente.

            Por otra parte, verificamos que en Navarra otra alternativa cultural ha tomado la iniciativa en la creación de un pueblo, portador de unos valores distintos a los vividos en esta tierra durante siglos.

 

Un nuevo pueblo: el nacionalismo vasco.

            La irrupción del nacionalismo vasco a finales del siglo XIX a partir de sus pioneros católicos -muchos de ellos- clérigos y religiosos, ha dado lugar en las últimas décadas a una criatura a la que dudósamente sus progenitores podrían reconocer.

            Esta cultura, totalitaria por definición y comportamiento, cumple en sus seguidores una función cuasi-religiosa, en sustitución de la religiosidad tradicional de esta tierra.

 

Una cultura totalitaria.

            En esta “auto-interpretación“ de la historia, el cristianismo no sólo no es asumido, al menos, como generador de la idiosincracia vasca, sino como un episodio -largo y desafortunado- que debe ser borrado. Así, algunos prosélitos, más consecuentes o audaces de esta nueva generación nacionalista radical, han llegado hasta redescubrir (o reinventar), en abierto rechazo de sus raíces cristianas, el presunto paganismo original, la religiosidad natural y primigenia de los ancestros precristianos vascos.

            Por otra parte, y más allá del nacionalismo sabiniano y del marxismo-leninismo de los años 60 y 70, esta revolución cultural en marcha hace propios algunos esquemas vitales y filosóficos de la “post-modernidad”: la liberación sexual, la lucha antipatriarcal, el retorno a la naturaleza, el reforzamiento de los lazos comunitarios frente a una sociedad individualista, la solidaridad con el tercer mundo, etc.

            La dinámica voluntarista impulsora de esta cultura ha creado una sociedad paralela, una “contrasociedad” alternativa en la que se puede vivir 24 horas al día: con su cultura, sus estrechas relaciones sociales y partidarias, su “liturgia” civil, su movilización política y festiva permanente, etc.

            En definitiva, frente a la atonía de los restos cristianos y de la sociedad en general, básicamente marcada por el pensamiento relativista-consumista dominante, el mundo abertzale radical ofrece una cosmovisión alejada del cristianismo, unos cauces de integración y una expectativa real de movilización permanente, atractiva para personas con inquietudes transformadoras y deseosas de compromiso y vivencia  comunitaria.

 

Euskal Herritarrok.

            Las consideraciones anteriores no son sociología general, ni elucubraciones de laboratorio. Es más, pueden ayudar a entender la actual situación de Navarra. En ese sentido, y en lo que respecta a la realidad política, ha desconcertado, en general, el considerable aumento electoral de la expresión política de esa criatura de la que hablábamos antes: Euskal Herritarrok.

            Algunos análisis que han trascendido tras la celebración de las pasadas elecciones del 13-J han sido superficiales y simplistas, en particular a lo que afecta al crecimiento de esa formación.

            Nadie puede ignorar que la lucha política por la independencia de la “nación vasca” se juega, en gran medida, en Navarra, siendo propósito de los grupos abertzales un vuelvo electoral en el futuro y conseguir con ello esa mayoría cualificada de la que habló Arnaldo Otegui como imprescindible para conseguir por vías pacíficas, en unos pocos años, sus objetivos.

 

La confrontación.

            Frente a tal estrategia y el consiguiente despliegue de medios, los partidos constitucionalistas, que defienden un modelo territorial diferenciado para Navarra, nada han diseñado ni elaborado, que se sepa.

            Invocar al presunto granero electoral inagotable de La Ribera, a las esencias autogeneradoras de la navarridad; de poco sirve frente a una estrategia muy concreta del mundo nacionalista vasco, que ha concebido múltiples tácticas, ya en marcha desde hace 4 décadas con paciencia y perspectiva de futuro.

            El trabajo capilar que efectúa especialmente E.H. y los diversos y variados colectivos nucleados por tal agrupación en la sociedad navarra es impresionante: sindicatos, organizaciones sectoriales de todo tipo, deportivas, ecologistas, lúdicas, de solidaridad internacional, de recuperación y fortalecimiento del folklore, de desarrollo y difusión de la cultura vasca. Incluso existe una teología vasca, con comunidades expresión de la misma, dentro de la Iglesia católica.

            Frente a ello, los partidos españolistas, como expresión partidaria de aquellos sectores sociales que pretenden que Navarra permanezca como proyecto autónomo, sólo oponen tímidos intentos, de los que persisten a título individual algunos “francotiradores” en temas muy concretos, sin apoyo de sus partidos y sin sectores sociales que se movilicen con ellos.

            ¿Qué vida se desarrolla en una “Casa del Pueblo” socialista o en un local del centroderechista partido U.P.N. de cualquier localidad navarra? Una “Herriko Taberna” abertzale es un hervidero de iniciativas y militantes en continua movilización. ¿Cuantos menores de 40 años -no digamos, ya, de 30- han acudido a los mítines celebrados en Navarra por los partidos constitucionalistas? Observemos, por contra, qué gentes acuden a las numerosísimas manifestaciones que, con diversas razones, desarrolla el conjunto de organizaciones que orbitan en torno a E.H.

            Urge un análisis autocrítico por parte de los partidos constitucionalistas presentes en Navarra. Y ello no por el gusto de hurgar en la herida abierta (se puede morir de éxito o no levantar cabeza si sólo se vive para las conspiraciones intrapartidarias), sino por la necesidad de afrontar con seriedad próximas batallas culturales y políticas que, sin duda, se presentarán.

            La batalla por el futuro está planteada. Pensar que la Europa que nos espera diluirá por sí sóla la amenaza del totalitarismo abertzale es una ingenuidad y una excusa para la inacción.

           

La presencia pública de los cristianos.

            Observamos que, también en Navarra, siguen actuando cristianos en política pero,  generalmente, lo hacen de forma aislada, al márgen de las comunidades cristianas, reduciendo el cristianismo a su fuero interno y a la intimidad. Tal comportamiento no es, sustancialmente, algo distinto de lo que los demás cristianos hacemos hoy día: separar la vida concreta y cotidiana de Cristo y su Iglesia.

 

Una propuesta.

            En Navarra está presente una propuesta, que afirma responder a las más urgentes necesidades y vitales preguntas de todo ser humano, desde que se produjeron las primeras conversiones al cristianismo. Esta herramiento puede permitirnos afrontar con realismo y seriedad la vida en todas sus implicaciones individuales y colectivas.

            La Navarra plural, popular y creyente generó una sociedad de la que todavía nos beneficiamos. A ella, y sobre todo al origen de la misma, tendremos que mirar de nuevo  para superar violencia y fragmentación y para toparnos con el destino.

            Por todo ello, la presencia (entendida como misión) en la vida pública de un sujeto cristiano, cuya creatividad se alimente de la vida de la comunidad cristiana, es más necesaria que nunca; como un frente concreto de la nueva evangelización que toda la Iglesia diocesana, con la promesa y esperanza de los nuevos movimientos y realidades eclesiales, encara.

 

Páginas para el mes, Nº 29, octubre de 1999

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 25, 1999