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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Actualidad nacional

Ante supuestas negociaciones con ETA: el retorno de Fernando Savater.

            Fernando Savater, quien destacara por su valor frente al terrorismo años atrás desde una postura intelectual y ética incuestionable, se ha deshecho de la palabrería de ZP que, acaso, un día le infundió falsas esperanzas. Veámoslo.

 

            El miércoles 8 de febrero, conforme lo anunciado, se homenajeó, desde el corazón, la razón y la amistad, a Joseba Pagazaurtundua, asesinado hace tres años por ETA en Andoáin.
            Como tantas veces, varias mujeres fueron los rostros cuyas miradas mostraron, a quienes allí acudieron, el tesoro de su amor y el compromiso con la libertad: su madre, la esposa, la hermana...
            Se escucharon muchas cosas interesantes; pero destacaremos un par de ellas.
            El filósofo Fernando Savater, quien protagonizara la intervención central del evento, expuso de modo contundente, las cuestiones éticas y políticas que debieran iluminar, en todo caso, las enigmáticas afirmaciones de ZP y sus desconocidos movimientos encaminados supuestamente hacia la desaparición de ETA; y sin mencionarlo ni una vez.
            El horizonte ético que debe iluminar la lucha del Estado y la sociedad frente al terrorismo, a su juicio, es el siguiente: no pueden equipararse víctimas con verdugos. No es posible la equidistancia. La paz, sin ensañamiento, debe basarse en la existencia de vencedores (las víctimas) y vencidos (los terroristas). No es una cuestión de posibles alternativas, todas relativas. Existe, por lo tanto, una verdad incuestionable: los terroristas deben ser derrotados. En consecuencia, la paz no puede tener un precio político.
            De ello se deriva un elemental programa político: no existe un terreno intermedio entre la legalidad constitucional y el terrorismo. «Hay que evitar dar la impresión de que se va a crear un espacio a medio camino entre lo legal y lo ilegal, en el que estén los que defienden la democracia y los que no condenan la violencia», afirmó. No deben aceptarse, coherentemente, «mesas de partidos» ni otras «alternativas» análogas.
            Formuló, en definitiva, un verdadero directorio que guíe a los políticos representantes de la sociedad ante el reto terrorista de ETA; sean los que sean sus ropajes y sus apoyos.
            Si, Savater, un día, creyó en las expectativas levantadas por ZP, es evidente que ya las ha desenmascarado; lo que nos lleva a preguntarnos si, acaso ¿carece ZP de estrategia alguna y únicamente suplica a ETA una tregua con fines puramente coyunturales para mantenerse en el poder y, tal vez, «pasar a la Historia» a cualquier precio?
            Ni el «buenismo» de ZP, ni sus ambigüedades, ni el desprecio manifestado ante las víctimas, ni el rechazo permanente e insultante a casi media sociedad que votó al Partido Popular…, nada de todo ello puede ser base sólida de la única negociación posible con ETA: la que facilite su abandono definitivo de las armas, sometiéndose a la justicia, pidiendo perdón a las víctimas y reparando su dolor. Entonces la sociedad podría ser generosa, caso por caso, y siempre desde la fortaleza de las propias convicciones. Los terroristas pudieron elegir, tuvieron diversas opciones: la sociedad, y nuestras víctimas, no.
            Gracias, Fernando Savater, por saber rectificar.

 

 

Páginas Digital, 14 de febrero de 2006

El 8 de febrero en Andoáin.

                Acompañando a Maribel y «Vecinos de Paz» de Berriozar, un grupo de amigos nos trasladaremos a Andoáin el próximo miércoles 8 de febrero, donde está previsto recordar a Joseba Pagazaurtundua en el tercer aniversario de su asesinato por pistoleros de ETA.
                Allí nos encontraremos, seguramente, con su hermana Maite, uno de tantos rostros de mujer que encarnan el coraje, el tesón y el amor a sus seres queridos y a la libertad. Y decimos bien, pues las mujeres han destacado por encima de los varones en esa labor callada y heroica: Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Ana Iríbar, y tantas otras, testimonian con su vida las cualidades que carece la mayor parte de la clase política.
                Y nos siguen mostrando nuevos ejemplos de valor. Recordemos el caso tremendo de los padecimientos de Pilar Elías, concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Azcoitia, viuda de Ramón Baglietto, quien, asombrada un día, descubriera que uno de los asesinos de su marido había abierto una cristalería en un local situado ¡debajo de su domicilio!
El colectivo de víctimas del terrorismo vienen dando un ejemplo ético extraordinario a una sociedad española refugiada en su bienestar y calidad de vida. Este «afluente» humano se ha sumado a otros tres en el gran río que conformó en su día el «nuevo movimiento cívico vasco».
Fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan su historia. No obstante, Gesto por la Paz, el más representativo y en su día pionero en la defensa de las olvidadas víctimas del terrorismo, se ha desplazado hacia una cierta cómoda «equidistancia» que casi equipara por igual a víctimas y verdugos; en la búsqueda de unas «causas» que explicarían las distintas «expresiones de violencia» existentes en el País Vasco. Sin duda, sus amistades con las maquiavélicas gentes de Elkarri, supuestos pacifistas cocidos en el horno abertzale, les ha despistado en la orientación trazada por su meritorio esfuerzo.
Espoleados por el llamado «Espíritu de Ermua», los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento críticos a la situación política y social existente, caracterizada por un control absoluto de la vida vasca desde el nacionalismo y un desprecio de las víctimas. Son los casos del Foro de Ermua y Foro El Salvador.
Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política. Es el caso de ¡Basta ya!, el navarro ¡Libertad ya!, el alavés Ciudadanía y Libertad, y la Fundación por la Libertad. Y como entidades mixtas, no podemos olvidarnos de las fundaciones que llevan el nombre de varias víctimas del terrorismo de ETA: Miguel Ángel Blanco, Fernando Buesa, Tomás Caballero…
En todas estas entidades encontramos también a familiares de víctimas, junto a uníversitarios, caso de Gotzone Mora –otra mujer-, políticos, activistas… Pero, no obstante el enorme esfuerzo desplegado y las energías empleadas, encontramos la paradoja de que muchos de quienes ocuparon en su día la primera fila de este movimiento, ya no viven en el País Vasco o se han apartado del mismo, más o menos discretamente. Sin duda, el fracaso electoral que en su día no pudo llevar a la lehendakaritza a Jaime Mayor Oreja y la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, cobraron un caro peaje personal y político.
                Pero las víctimas, a pesar de todo, y especialmente todas esas mujeres extraordinarias, ¡ahí siguen!, recordándonos que también la política debe estar iluminada por ineludibles exigencias éticas; y más hoy cuando se habla alegremente de negociación, diálogo, ofertas de paz, reactivación del plan Ibarretxe, del Plan López, de la asociación entre el proyecto de Estatut y la resolución del «conflicto vasco»…
Las víctimas del terrorismo, su recuerdo y memoria, son un bien preciado que toda sociedad debe cuidar. Son personas que pagan el alto precio de su vida o la de un familiar, de su tranquilidad, o de su patrimonio, por el bien común y la seguridad de todos. Ninguna sociedad puede volverles la espalda. Por ello, no es insensato afirmar que sigue existiendo una deuda histórica con las víctimas del terrorismo en España.
                La Victimología, disciplina científica que pone en el centro de su investigación a la persona y el rol de la víctima, tiene el mérito de recordar, a las Ciencias Penales y Criminológicas, su existencia. De hecho, las anteriores ciencias siempre han partido en sus desarrollos, dogmáticos y prácticos, bien del delito, de sus causas o del delincuente… pero nunca de la víctima. Afortunadamente, algunos pasos se vienen dando en ese sentido. Y que no paren.
                Un fenómeno análogo debe producirse en la política. El recuerdo de la memoria de las víctimas, la reparación en la medida de lo posible de su dolor, el reconocimiento social de su sacrificio, todo tipo de apoyos a los familiares y supervivientes, ¡pero también su opinión!, deben estar muy presentes en la acción política actual.
                Con el espíritu ZP no parece que vaya a suceder así. No obstante, para recordárselo, el miércoles 8 de febrero, iremos a Andoáin…si Dios quiere.

 

 

Páginas Digital, 6 de febrero de 2006.

Claves de la política navarra. Navarristas, napartarras y nacionalistas vascos “moderados”.

            En el artículo anterior nos aproximamos a la realidad política básica de Navarra. En esta ocasión, lo haremos analizando sus categorías sociopolíticas más decisivas.

 

 

El navarrismo.
            El navarrismo ha generado una perspectiva de Navarra más sentimental que intelectual, pese a existir un desarrollo doctrinal e ideológico del mismo. Esta perspectiva considera que Navarra reúne unas características históricas, culturales, políticas, económicas y sociales, que le proporcionan el soporte imprescindible de una identidad colectiva diferenciada, para vivir, con autonomía, dentro del común proyecto español.
Está representado, políticamente hablando, por Unión del Pueblo Navarro y, en buena medida, por el Partido Socialista Obrero Español. Especialmente el primero, hace propio el contenido del moderno navarrismo político, entendido –ya lo veíamos- como la concepción política, histórica y cultural de Navarra que la concibe como un espacio territorial e histórico, autónomo y diferenciado dentro de la unidad española, dotado de una fuerte personalidad y unas características particulares entre las que destacan, con fuerza propia, los elementos vascos de su cultura y tradición.
            El pensador y político tradicionalista Víctor Pradera sentó, junto a otros juristas, intelectuales y políticos navarros, en las primeras décadas del siglo XX, las bases teóricas y conceptuales del navarrismo moderno. A partir de unos presupuestos particularmente regionalistas y foralistas, delimitó sus elementos históricos fundamentales: tradición católica, identidad jurídica e institucional, mestizaje cultural, fortaleza asociativa, pluralismo temperamental y de las gentes navarras, participación en la empresa común española, rechazo de la raza como factor determinante de la identidad colectiva…
            El PSOE procede de una tradición política distinta, la de la izquierda socialista, centralista y laicista, pero, después de los devaneos de la transición, asume como propios los principios fundamentales del actual navarrismo político en el marco de desarrollo establecido por la vigente Constitución española.
            Sin embargo, merced a las continuas campañas promovidas desde las fuerzas políticas nacionalistas y algunos intelectuales de la izquierda, el mismo término "navarrismo" goza de una cierta impopularidad. Tal vez ello esté motivado, en buena parte, por la asociación al navarrismo de algunas expresiones rudimentarias manifestadas en sectores de la población navarra y que implican una degeneración del mismo, en un sentido instintivo, antivasco visceral: nos referimos a las actitudes de los llamados despectivamente “navarreros”. Por el contrario, navarristas convencidos asumen como propio el legado vasco, considerando, incluso, que constituye un patrimonio cultural decisivo.
            UPN y PSOE superan ampliamente los 200.000 votos, defensores sin ambigüedad, aunque generalmente silenciosos, de la identidad y autonomía de Navarra. Ello no quiere decir que todo ese electorado se identifique plenamente con las tesis navarristas. Existe un sector de la población navarra, en parte de procedente de la emigración de los años 60 (cuyos hijos en muchos casos han engrosado las filas abertzales) y de profesionales y trabajadores establecidos en Navarra en las últimas décadas, cuya seña de identidad principal es su única condición de “españoles”. Estos navarros se identifican en mayor medida, aunque sin llegar a asumir por completo postulados navarristas, con quiénes se oponen más decididamente al expansionismo nacionalista, por considerar a este último como un factor desestabilizador y agresivo hacia una comunidad –en la que se han establecido- económicamente pujante y con altas tasas de bienestar social que no pueden disociar de la unidad española.
            Desde Gara y los medios de la izquierda abertzale, a UPN y PSOE se les denomina despectivamente, en particular al primero de ellos, como “unionistas”, en un intento, que no ha gozado de fortuna, de equiparar semánticamente la situación navarra con la del Ulster.
La constitución, hace algo más de dos años, de la Sociedad de Estudios Navarros, que pretende el estudio y la aportación de  soluciones a los retos del futuro, y la salida al mercado de la ya desaparecida revista Navarra en marcha, junto a los nuevos aires de la Fundación Sociocultural Leyre, marcan una nueva etapa e impulso del navarrismo. Las dos primeras iniciativas fueron impulsadas por  Jaime Ignacio del Burgo, uno de los políticos más significativos de Navarra en las últimas tres décadas. Pudiera entenderse que todo ello responde al objetivo de dotar al navarrismo de unos instrumentos de los que, tradicionalmente, ha carecido. Con las citadas entidades se cubrirían los ámbitos de la acción cultural y de la investigación sociológica e histórica. La publicación mensual, por su parte, pretendía vulgarizar los conceptos básicos de dicha concepción, a la vez de sostener e impulsar a la opinión pública navarrista, poco dotada de medios conceptuales y culturales frente la avalancha mediática y social nacionalista. La desaparición de la publicación, Navarra en marcha, dejó un hueco que, antes o después, deberá ser cubierto mediante algún nuevo medio de comunicación.
            En este concreto contexto, navarrismo, españolismo y constitucionalismo, sin ser términos idénticos, sí pueden considerarse análogos.

 

El nacionalismo navarro.
            De la mano de Juan Cruz Alli se ha ido modelando un ambiguo "nacionalismo navarro" encarnado en su partido, Convergencia de Demócratas de Navarra y, especialmente, en sus exiguas juventudes. Como antecedentes de esta concepción política encontramos algunas expresiones, casi marginales, como son las ideas "napartarras" del intelectual Campión (quien terminó en el PNV), cuyo rebrote a finales de los años 70 del pasado siglo XX (de la mano del estudioso roncalés nacionalista José Estornés Lasa) no tuvo relevancia alguna; y el federalismo republicano y fuerista de finales del XIX. Pretende, a partir de una concepción moderna del hecho autonómico español, que el nacionalismo navarro, en el marco de una tradición cuasi–federal, impulsada desde la izquierda y partidos “burgueses” claramente nacionalistas, asuma las diversas expresiones culturales presentes en Navarra sin complejos; en un intento de desactivar también la virtualidad política, de efectos planificados a largo plazo, del voluntarismo nacionalista manifestado a todos los niveles en Navarra.
            Es loable su intento de alejarse de la folklórica imagen "navarrera". Pero esta concepción política carece de figuras relevantes. Tampoco está dotado de un cuerpo doctrinal desarrollado y su suerte parece estar excesivamente vinculada a la estrella, lentamente declinante, del actual fundador. Por otra parte, esta concepción desdibuja la participación navarra en la empresa española, en sintonía con otras tendencias nacionalistas periféricas actuales, incurriendo en un pragmatismo inestable y poco preciso que no atrae voluntades.
            No obstante, la mentalidad “napartarra” ha alcanzado a algunos sectores navarristas, ya por exceso o por complejo, lo que no es imposible que genere tensiones, en un futuro, en el seno de UPN.

 

El nacionalismo vasco.
            El nacionalismo vasco nació “bizkaitarra”. Sabino Arana apenas escribió acerca de Navarra. Sin embargo, algunos de los primeros teóricos del nacionalismo vasco fueron navarros.
            Buena parte de la intelectualidad navarra de finales del siglo XIX, y primeras décadas del XX, era vasquista, culturalmente entendida; pero no políticamente. Ya en el carlismo, y en otros sectores sociales navarros, muchos intelectuales se decantaron por un vasquismo cultural, antesala en algunos casos muy concretos del vasquismo político que con los años cuajó en el Partido Nacionalista Vasco. Por ello, no puede confundirse vasquismo y nacionalismo vasco.
            Para el nacionalismo vasco, Navarra no sólo forma parte de Euskal Herria, sino que es su madre. Por otra parte, sólo Navarra podría ser el antecedente territorial que encarnara, en unos pocos años de su historia medieval al menos, una presunta unidad política de la mayoría de los vascos. Por ello, el que Navarra sea una comunidad política e institucional diferenciada de la vasca es una “herejía” incomprensible para los nacionalistas. De ahí su empeño en modificar la realidad política actual, siendo el navarrismo su principal enemigo a batir.
El PNV no supera, pese a inversiones millonarias, una presencia política e institucional meramente testimonial (no llega a los 3.000 votos). Ha correspondido a EA el liderazgo en Navarra del llamado nacionalismo moderado, hecho explicable en buena medida por el origen navarro de su fundador: Carlos Garaicoechea.
            En la actualidad, el electorado conjunto de ambos partidos está estancado, no llegando a los 20.000 votos, pese a costosas inversiones en campañas políticas de todo tipo, medios de comunicación, y múltiples expresiones culturales. Su electorado ha sido condicionado completamente por la feroz competencia de la izquierda abertzale que, en Navarra, también tiene colores propios. No obstante, su coalición con Aralar les abre insospechadas posibilidades años atrás.
En el próximo artículo nos acercaremos a la realidad política de la izquierda abertzale, a Izquierda Unida, a las expresiones políticas del catolicismo, y al llamado “carlismo sociológico”.
El Semanal Digital, 4de marzo de 2004

Claves de la política navarra. Abertzales, comunistas, católicos y carlistas.

            En dos artículos anteriores hemos efectuado una aproximación a la plural realidad política de Navarra, a través de algunas de sus categorías sociológicas más decisivas: navarristas, napartarras y nacionalistas vascos. Terminaremos este viaje acercándonos a la izquierda abertzale, a los neocomunistas, al llamado “carlismo sociológico”, y, por último, a la expresión política de los católicos.
La izquierda abertzale.
            Navarra también es particular en este campo. Es el único territorio en el que, desde su nacimiento, la izquierda abertzale supera en votos (entre 35 y 45.000) y vitalidad, al conjunto del nacionalismo moderado. Algunos de sus líderes más representativos, además, proceden de Navarra: Iñaki Aldekoa, Patxi Zabaleta, Floren Aoiz, Adolfo Araiz, etc.
            Nutrida tanto de navarros de pura cepa, como de emigrantes e hijos de emigrantes, la izquierda abertzale sustituyó en su día a la potente extrema izquierda maoísta, en el espacio político radical, que, nacida en parte al calor de algunos sectores eclesiales, desapareció casi de repente a lo largo de la transición española a la democracia.
            Sin embargo, pocos han sido, en número, los militantes navarros de ETA, siendo igualmente un porcentaje muy pequeño el de quienes han llegado a ostentar cargos de relevancia dentro de esa organización. Así lo afirma Fernando Reinares en su libro “Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué” (Taurus, 2001), al establecer en sus anexos estadísticos que los navarros de ETA supondrían un 7’7% del total de 431 militantes de la organización objeto de estudio en lo que respecta al territorio de nacimiento (aunque la tendencia era la de aumentar con los años).
            Es en este entorno donde encontramos a la tribu de los "jarraitus" y su particular estética "borroka". Son las juventudes del MLNV, con un activismo y voluntarismo excepcional: desde la "kale borroka" hasta sus éxitos electorales en la Universidad Pública de Navarra (no olvidemos el mínimo porcentaje de votantes en dichos procesos académicos).
            Con una especial incidencia en la zona norte y centro de Navarra, su presencia se mantiene, con altibajos, de forma estable y una representatividad constante.
La escisión de Aralar convulsionó su implantación, junto a la ilegalización de Batasuna. Los principales dirigentes de Aralar son navarros, gozando alguno de ellos (caso de Patxi Zabaleta) de un indudable prestigio que podría llegar a arrastrar, incluso, a sectores de la izquierda “españolista”. Aralar lidera a la reciente coalición electoral Nafarroa Bai, que intentará desbancar al PSOE de su liderazgo de la oposición a UPN, el próximo 14 de marzo. Y, de conseguirlo, tendremos que estar atentos a posibles futuros movimientos orientados a la articulación de una “coalición a la catalana”. En cualquier caso, lo consiga o no, ya está ocasionando un auténtico terremoto en la política navarra de consecuencias imprevisibles.
            A caballo entre la izquierda abertzale y la izquierda ex comunista, se sitúa Batzarre. Integrada por los residuos de las antiguas LKI y EMK (Liga Comunista Revolucionaria y Movimiento Comunista), cuenta con una veterana militancia (la mayoría en torno a los 40 años) y cierta representatividad institucional en el Parlamento y algunos ayuntamientos navarros. Además, es muy conocida su capacidad de movilización y la originalidad de sus campañas. Tiene dos almas: la vasquista, inclinada hacia la izquierda abertzale, y la izquierdista internacionalista, más orientada hacia Izquierda Unida, coalición en la que han confluido algunos de sus antiguos camaradas del resto de España. El próximo 14 de marzo, apoyará a Nafarroa Bai, engrosando de esta forma sus exitosas posibilidades.
            Si sumamos todos los votos nacionalistas, “moderados” y radicales, nunca han superado el 18% del censo navarro, siendo el 13’80% el recibido por esas fuerzas en las elecciones del 99. En este contexto, los comicios del 14 de marzo serán un auténtico test de sus expectativas reales.

 

La izquierda excomunista.
            En Navarra nunca arraigó el Partido Comunista de España. Su techo electoral se ha alcanzado, paradójicamente, con la fórmula de Izquierda Unida, en la que los comunistas son una estricta minoría, no siéndolo ninguno de los líderes de IU más representativos en Navarra.
            La coalición en Navarra se ha decantado por una ambigua pertenencia a la Izquierda Unida del País Vasco, con unos niveles de autonomía política indudables, en un intento de superar la dicotomía navarrismo/abertzalismo, en el marco de una concepción federalista del Estado español. Sus integrantes son, en general, moderados partidarios de una integración de Navarra en Euskadi. No verían -pese a lo anterior- con malos ojos que, en una España federal, Navarra siguiera constituyendo una entidad autónoma diferenciada de la de sus vecinos. En cualquier caso, el futuro de sus tesis pasa por el desarrollo discutible de su coalición.

 

El carlismo.
            El carlismo, sociológicamente hablando, parece haber desaparecido. Sus hijos biológicos, de hecho, se encuentran presentes en todo el espectro político actual de Navarra.
            Ni el minúsculo Partido Carlista, genuino representante del carloshuguismo progre (la rama socialista, federalista y autogestionaria), ni la refundada y rejuvenecida Comunión Tradicionalista Carlista, han logrado reestructurar al pueblo carlista. Tal vez ello sea así, por el único motivo de que tal pueblo ya no existe desde hace varias décadas. O tal vez, por tratarse –PC y CTC- de sus expresiones más ideologizadas, cuando el carlismo se trató de un movimiento popular y escasamente doctrinario al servicio de la Dinastía considerada como legítima, al menos en sus orígenes.
            Del carlismo se conservan algunos tics en la política navarra, que, en buena medida, se confunden con un cierto temperamento de sus gentes: sentido de grupo, inclinación al asociacionismo, generosidad personal, apego a las tradiciones, espontaneidad, cierto populismo, sustrato religioso, valoración del hecho familiar…
Este fenómeno causa admiración a los foráneos. ¿Qué ha sido del carlismo? Se preguntan y nos preguntan cuando vienen a Navarra. En nuestros días sigue asombrando su aparente rápida desaparición, salvo para quiénes, todavía hoy carlistas, no admiten esta afirmación. Sin duda constituye una cuestión que debe estudiarse a fondo; con ello se proporcionarían, probablemente, algunas claves para entender el presente de Navarra.

 

El electorado católico.
            Encontramos a católicos en todo el espectro político navarro: desde la CTC hasta Batasuna, aunque no en las mismas proporciones.
            Igualmente, encontramos a democristianos en UPN (de la mano de Jaime Ignacio del Burgo), en Convergencia (que se define como social cristiano; lo que difícilmente casa con su apoyo a la legislación contraria a la familia que ha apoyado en varias ocasiones), y en el PNV.
            Por otra parte, algunos de los movimientos eclesiales más pujantes, presentes en Navarra, consideran la vocación política como una opción estrictamente personal, de la que sólo sus protagonistas deben responsabilizarse. Ello explica, en parte, la tremenda dispersión del voto católico navarro. Con todo, no puede decirse que no tenga ninguna relevancia o proyección sociológica. Navarra cuenta con un porcentaje de jóvenes católicos practicantes un poco por encima de la media española; por el contrario, también concurre un porcentaje muy elevado de ateos militantes, muchos de ellos alineados con las opciones de la izquierda abertzale.
            No obstante, pasadas polémicas desatadas acerca de la conveniencia de la fundación de un partido católico, no han tenido apenas eco en Navarra, salvo dentro de los restringidos medios del tradicionalismo, que las han seguido con interés pero con prevenciones.
            Estos son, en breves trazos, los principales colores del plural mapa político navarro; un escenario en lenta pero constante evolución y que puede deparar, todavía, muchas sorpresas.

El Semanal Digital, 10 de marzo de 2004.

 

Claves de la política navarra.

Nacionalistas vascos, abertzales, vasquistas, napartarras, navarristas, foralistas, españolistas… tales términos son las principales etiquetas manejadas, habitualmente, para informar de la realidad política y social de Navarra. Veámoslos con cierto detenimiento.

 

Navarros y vascos.
            Para muchos españoles, no digamos ya entre numerosos visitantes extranjeros, navarro y vasco son términos sinónimos. Sin embargo, tal percepción es producto de una notable confusión; buscada en buena medida. Históricamente, los territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra se integraron en el proyecto común español, configurándolo en buena medida, pero siguiendo su propio camino y calendario. Culturalmente, los ingredientes vascos son fundamentales para la identidad de Navarra, pero no de forma exclusiva ni uniforme en toda su diversa extensión territorial y calado cultural. Jurídicamente, ambas comunidades disfrutan de regímenes con peculiaridades propias no asimilables. Incluso geográficamente, nada tiene que ver la extraordinaria variedad paisajística y climatológica de Navarra, con la del reducido territorio vasco. ¿Dónde está, entonces, el origen de la confusión? En estos artículos intentaremos exponer algunas claves necesarias para comprender las raíces de la cuestión.

 

 

Sociología política navarra elemental.
Navarra siempre ha estado en el centro de la estrategia del nacionalismo vasco. Incluso algunos de sus precursores e ideólogos, nacieron en esta tierra. Pese a su aparente estabilidad actual, las pretensiones soberanistas del plan Ibarretxe, las continuas manifestaciones nacionalistas convocadas en Navarra, algunos zarpazos del terrorismo etarra que han golpeado a hombres de esta tierra, y la constitución de la coalición electoral nacionalista Nafarroa Bai; ponen en evidencia la persistencia de una situación plural, compleja y, para algunos, abierta. En este contexto, ¿cuál es la realidad política de Navarra?
Navarra goza en la actualidad de una razonable estabilidad política, de un indudable bienestar social y de un notable crecimiento económico. Ya se superaron los tiempos –la transición- en que el desconcierto y la incertidumbre marcaron a sus gentes. Es entonces, en plena transición, cuando el PSOE de Navarra se desvinculó del de Euskadi, optando sin lugar a dudas por la plena autonomía de Navarra, al igual que la fenecida Unión de Centro Democrático, dando la espalda al proyecto nacionalista vasco. Así se salvó la particularidad de Navarra mediante su articulación diferenciada, dentro del nuevo “Estado de las Autonomías”, como una Comunidad Foral provista de una fuerte identidad. Los temores a una anexión traumática de Navarra por la naciente Euskadi se despejaron progresivamente, pese a contemplarse la posible revisión legal de su situación en la Constitución española (la Disposición Transitoria Cuarta, que establece un procedimiento para su integración en la Comunidad Autónoma Vasca, pero no para su salida de la misma), lo que provocó el voto negativo de algunos sectores del navarrismo político y el positivo de la mayoría.
Desde entonces, su particular “status” se ha consolidado, y la viabilidad económica e institucional de Navarra se han afirmado. Sus indicadores económicos son magníficos, encontrándose a la cabeza del desarrollo español, con un crecimiento superior a la media de la CEE. Y la posibilidad de integrarse en la vecina Comunidad Autónoma Vasca, desvanecida en su día, no se ha planteado de forma realista en los últimos 5 lustros, pese a la persistente campaña cultural y política del nacionalismo vasco desarrollada sin desmayo en todos estos años.
Un partido regionalista hermanado con el Partido Popular (éste no existe como tal en Navarra), Unión del Pueblo Navarro (UPN, en lo sucesivo), detenta en la actualidad el gobierno de la Comunidad y muchas de las alcaldías navarras. El principal partido de la oposición, el PSOE, mermado en votos por los escándalos Urralburu y Roldán, con un liderazgo sin afianzar en la actualidad, ha mantenido una relación aceptable con el anterior, al igual que el sindicato mayoritario en Navarra, la Unión General de Trabajadores.
La escisión, espectacular en su día, sufrida por UPN de la mano de quien fuera presidente del Gobierno de Navarra, Juan Cruz Alli, y que originó la formación de un nuevo partido, Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN), mantiene, con avances y retrocesos puntuales, cierta incidencia y representatividad que en algunos momentos han sido decisivas.

 

Izquierda Unida ha intentado ganar peso y constituirse en el referente de la izquierda no socialista en la Comunidad Foral, beneficiándose de la larga crisis del PSOE, pero, haciendo balance, aunque lo logró en el pasado, vemos que está muy lejos de obtenerlo en la actualidad. La coalición de Llamazares hace lo que puede para mantenerse en votos y nivel de representatividad, no siendo ajena su sangría a la experimentada en el resto de España.

 

            El nacionalismo vasco, en su conjunto, no ha cesado en ningún momento de materializar un auténtico aluvión de iniciativas de todo tipo; siendo un esfuerzo no proporcional a su representatividad real. Con todo ello busca, a medio o largo plazo, un posible vuelco electoral que permita una revisión, de la actual situación, favorable a sus tesis.

 

El gran factor distorsionador de la política navarra ha sido Batasuna. Con un electorado que dobla en número al de EA y PNV sumados, pero muy lejos del PSOE y no digamos ya de UPN, ha realizado una labor institucional que rozaba la contestación antisistema. Al margen de esas discutibles actitudes, la sombra que siempre le ha acompañado, en todo caso, ha sido el temor que arrastran sus porosas relaciones con la banda terrorista ETA.

 

Y la estrella, dentro del panorama nacionalista, es su formación más joven, Aralar (nacida como tendencia interna y, posteriormente, escisión de Batasuna), la más votada de ese espectro y locomotora de la nueva coalición Nafarroa Bai.

 

            Nacionalistas vascos y navarristas coinciden en los mismos ámbitos humanos: en la vida cotidiana social y familiar, y en la gestión de los asuntos públicos en función de su representatividad (en los ayuntamientos, en el Parlamento, en múltiples asociaciones…). Sin embargo, la presencia de los nacionalistas siempre se hace notar, al caracterizarse éstos por un voluntarismo incansable y una militancia férrea.

 

De ahí que la división entre navarros, alcanzando a familias, pueblos y organizaciones sociales de todo tipo, sea una penosa realidad impuesta desde el agresivo y constante nacionalismo vasco.

 

            Hemos realizado, en líneas muy generales, una aproximación a la realidad política de la Comunidad Foral de Navarra. En los dos próximos artículos haremos nuevas consideraciones a partir de esas categorías al principio mencionadas.

 

 

El Semanal Digital, 26 de febrero de 2004.

 

Aralar y el “programa común” de la izquierda abertzale.

Aralar e izquierda abertzale.
El partido político Aralar disfruta de una particular incidencia en la Comunidad Foral de Navarra, donde lidera al resto del nacionalismo vasco allí presente. Nació como tendencia interna de Batasuna, escindiéndose posteriormente de esa organización, lo que le acarreó ciertas tensiones con sus antiguos compañeros de proyecto y militancia.
No obstante, y por voluntad propia, Aralar sigue formando parte de la autodenominada izquierda abertzale; si bien, se trataría de una “nueva” izquierda abertzale, frente a la “oficial” encarnada por los actuales sucesores de Batasuna.
En este contexto, debemos preguntarnos: ¿qué significa sentirse y ser izquierda abertzale?
Ante todo, una cosa: que su mito movilizador y fundacional es ETA. Ello supone compartir la ideología y estrategia del autodenominado MLNV, así como la mayor parte de sus opciones tácticas; todo ello destilado en la llamada “alternativa KAS” y, posteriormente, en la “alternativa democrática”.
ETA construyó, progresivamente, el MLNV; un conjunto de organizaciones de nuevo cuño, dependientes de la dirección de ETA, que combinan tácticamente el terrorismo (la “lucha armada”), las movilizaciones sociales (de los movimientos autodenominados populares), y la participación política “clásica”.
El MLNV se nutre de dos grandes tradiciones ideológicas y estratégicas: el marxismo – leninismo – maoísmo (particularmente, su perspectiva de trabajo táctico de la “guerra popular prolongada” mediante una organización político - militar), y el nacionalismo revolucionario vasco (no tanto de base etnicista, como lingüística, “el euskara es nuestro único territorio libre”).
En la actualidad existirían otras entidades abertzales no controladas, aparentemente, por esa dirección oculta de ETA: Elkarri, tal vez, y Aralar.

 

El programa común de la izquierda abertzale.
Los puntos de la llamada “alternativa KAS”, que posteriormente se transforma en la denominada “alternativa democrática”, comprenden el programa mínimo de toda la izquierda abertzale. Con varias formulaciones análogas a lo largo de los años, recoge las señas de identidad de este proyecto radical (amnistía, legalización de los partidos independentistas, expulsión de Euskadi de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, y reconocimiento de la soberanía nacional vasca mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación hacia un Estado que englobe a todos los territorios vascos).
Si a ello sumamos sus históricas consignas de “independencia” y “socialismo”, identificamos las principales señas de identidad de este sector político, que nace con una clara voluntad de ruptura con las tradiciones ideológicas y vitales del Partido Nacionalista Vasco.
Todas esas cuestiones se recogen, aunque con matices en algunos casos, en los diversos documentos ideológicos de Aralar; especialmente en el denominado “Bases de identidad de Aralar” y en las trece resoluciones de la “primera conferencia política de Aralar” celebrada en octubre de 2003.
Para aclarar la verdadera naturaleza de Aralar debemos constatar un hecho objetivo. Aralar no nace cuando es asesinado Miguel Angel Blanco, por poner un ejemplo significativo. Aralar nace cuando las condiciones políticas, en que se desenvuelve la izquierda abertzale, no pueden explotarse a causa del cautiverio en que cae en coherencia con el pleno desarrollo de la política de “socialización del sufrimiento” y el triunfo de la ponencia Bateginez en el proceso de debate interno de Batasuna, en que resulta derrotada Aralar. Abocada Batasuna a su expulsión del juego político, se precisaba, desde la misma izquierda abertzale, una nueva vía de trabajo que permitiese recuperar su propio espacio y relanzar nuevas iniciativas sociales y políticas.
De esta forma, encontramos una paradoja. La escisión de Aralar aparentaba ser, inicialmente, un proceso que debilitaba a la izquierda abertzale. Pero, al contrario, observamos que le está permitiendo retomar la iniciativa política del nacionalismo vasco, proporcionando nuevas posibilidades de acción política a la izquierda abertzale; lo que no quiere decir que no encuentre resistencias en su seno. Todo ello, que puede chocar con una lógica democrática normal, es coherente con la dialéctica marxista: así, una fuerza política es más fuerte cuanto mejor soporta la división. Lo importante sería la unidad material, no la unidad formal: lo prioritario es una concordancia estratégica, aunque puedan existir discrepancias tácticas.
Aralar, de esta forma, asume, en buena medida, la terminología, el análisis y el discurso ensayado por Elkarri; entidad que ha contribuido a la radicalización del PNV, pese a su apariencia “pacifista” y “políticamente correcta” si se observa superficialmente.

 

Aralar y los presos.
Para conocer la ideología y naturaleza política de esta formación, puede ayudar el contenido del documento titulado “Comunicado de Aralar a los presos/as políticos vascos”. Allí se afirma: los presos “políticos” vascos son signo y “víctimas rehenes del contencioso de Euskal Herria con los estados de España y Francia”; encarcelados por su condición de “disidentes políticos”, serían “presos políticos” y de “conciencia”; la solución a su situación pasa por la amnistía, que a su vez no puede separarse del “contencioso vasco” y de la negociación política que pondría fin al mismo; no pueden quedar relegados en ese proceso, aunque sin carácter de vanguardia; ETA e IPARRETARRAK deben aceptar la primacía de las decisiones de los partidos políticos y de los movimientos sociales; destacan la necesidad de movilizarse para conseguir la agrupación de los presos en Euskal Herria.
Resumiendo: la única novedad, en relación a la tradicional posición de la izquierda abertzale en este terreno, es la que supone “resituar” a los implicados directamente en la “lucha armada” en un nuevo esquema de acción táctica en el que pierden relevancia, por lo que no pueden mantener, por coherencia, carácter de vanguardia.

Otros aspectos quedan pendientes de estudio. Es el caso de la postura explícita de Aralar ante la violencia, sus objetivos a corto y medio plazo, su valoración de los movimientos sociales y su papel en la reconstrucción programática y orgánica de la izquierda radical postcomunista; asuntos que veremos en un próximo artículo.

 

El Semanal Digital, 28 de enero de 2004.

Partido Comunista de las Tierras Vascas: la dura realidad.

El acceso de la izquierda abertzale al Parlamento Vasco, gracias a los resultados alcanzados por el Partido Comunista de las Tierras Vascas el pasado 17 de abril, tiene la capacidad de condicionar por completo el desarrollo de la próxima legislativa y, tal vez, el propio futuro del País Vasco.

 

Juego sucio.

 

Tanto el PSOE-PSE como el PNV jugaron sucio en las pasadas elecciones autonómicas vascas celebradas el domingo 17 de abril. Los socialistas de Zapatero permitieron la concurrencia de una lista electoral, la del supuestamente desconocido Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV-EHAK), con el poco disimulado objetivo de fraccionar al nacionalismo vasco y, tal vez en esa coyuntura, alcanzar una cosecha de votos que les aproximara significativamente a los obtenidos por la coalición PNV-EA; cuando no superarlos. Guardaron, eso sí y durante bastante tiempo, las formas: no permitieron la concurrencia de la otra lista (AG) vinculada sin ningún disimulo con Batasuna y que copó la atención mediática y política inicialmente.

 

Por su parte el PNV, sin excesiva convicción, protestaba cara al potencial electorado radical, por la supuesta falta de libertad al impedirse la presencia de esa primera lista vinculada con Batasuna (AG). En realidad estaban encantados: otra oportunidad para vampirizar al electorado abertzale y consolidar una mayoría absoluta. Pero, una vez se desveló el “gol” que le metieron entre unos y otros, sus dirigentes se horrorizaron ante las previsibles consecuencias derivadas de la presencia en el Parlamento Vasco de un grupo numeroso de electos del PCTV-EHAK. Los resultados, no obstante, no fueron tan malos en este sentido. PNV-EA perdieron votos y escaños, al fugárseles casi todos los cosechados, en su día, en las revueltas aguas de la izquierda abertzale; pero, con todo, volvió a ser la primera fuerza; siendo muchas las posibilidades de reedición de un gobierno tripartido análogo al de la legislatura anterior, aunque más débil y, por lo tanto, con un Plan Ibarretxe en zozobra.

 

                El PSOE-PSE jugó fuerte y perdió: pese a permitir la presencia del PCTV-EHAK con la indisimulada pretensión de alcanzar un ilusorio triunfo electoral, apenas recogió la porción de votos procedentes del electorado del Partido Popular que optó por la opción supuestamente más potente del constitucionalismo. El riesgo era muy elevado: “si damos la vuelta –se proponían ingenuamente estos aficionados- a los resultados electorales y condicionamos el futuro Gobierno vasco, tendremos la llave del futuro y la reforma estatutaria irá por donde nosotros queramos”. Pero no contaban con la realidad. Así, los movimientos fundamentales del electorado se han producido dentro de cada bloque: la izquierda abertzale recupera su espacio y el PSOE-PSE recoge los réditos de su triunfo electoral del 14 de marzo de 2003. Pero no existe trasvase de votos entre nacionalistas y constitucionalistas o viceversa, salvo unos escasos miles de moderados del PNV que han votado socialista ante la radicalización del histórico alderdi.

 

Todo sigue igual... ¿todo?

 

                Algunas circunstancias distorsionan la realidad e impiden un análisis objetivo. Veamos la principal. Existen indicios de la existencia de conversaciones entre destacados socialistas e interlocutores cualificados de la izquierda abertzale. Mientras no se sepa con certeza los objetivos de tales conversaciones y los posibles acuerdos, no se podrán calibrar sus consecuencias: ¿mera toma de contacto?, ¿búsqueda de una histórica vía de paz?, ¿un posible acuerdo “a la catalana”?...

 

                El Plan Ibarretxe no goza de buena salud; es evidente. Pero ello no quiere decir que el secesionismo vasco renuncie a sus objetivos. ¿Pasa el futuro, entonces, por una convergencia entre una versión moderada del Plan Ibarretxe y el Plan Guevara de los socialistas? Tal vez. Pero no es imposible que la alternativa real sea otra muy distinta: la de un Plan Ibarretxe remozado y radicalizado gracias al concurso y presión del inesperado PCTV-EHAK. Todo es posible...

 

                Estas elecciones se han cobrado dos víctimas menores. Los abertzales moderados de Aralar apenas han sumado poco más de un par de decenas de miles de votos. Las esperanzas de que esta fuerza, procedente de la izquierda abertzale, aglutinara un número significativo de antiguos votantes de Batasuna en dirección de una inequívoca moderación e integración plena en las reglas del juego, ha fracasado. Unidad Alavesa, por su parte, no ha podido superar la marcha del que fuera su máximo dirigente, Pablo Mosquera, acelerando la fuga de su electorado natural hacia el voto útil del Partido Popular y el PSOE-PSE. Lástima, tenía mucho que aportar.

 

                María San Gil, por su parte, ha aguantado el tirón. Pero queda en una posición secundaria al no poder jugar un papel condicionante, en modo alguno, del futuro juego parlamentario vasco; salvo de alcanzarse un acuerdo cerrado con el PSOE-PSE, no contemplado en coherencia con el actual “talante” Zapatero/Patxi.

 

La naturaleza del PCTV-EHAK.

 

                Nadie se ha engañado. El PCTV-EHAK forma parte  del MLNV. No es exactamente Batasuna, tampoco es ETA, pero su historia es incomprensible sin la del autodenominado MLNV. Sus orígenes son EHK, el pequeño grupo promotor en el año 2000 de una ponencia minoritaria en el proceso Batasuna en el que la izquierda abertzale buscaba una nueva formulación que la abriera a sectores sociales remisos y que, paradójicamente, dio la victoria a la ponencia continuista Bateginez. Alcanzaron, en el citado, muy poco respaldo, pero siguieron en la órbita del MLNV. Por otra parte, los últimos militantes vascos del antiguo prosoviético Partido Comunista de los Pueblos de España  (¿se acuerdan de Ignacio Gallego?) entraron en contacto con ellos, se conocieron, añoraron juntos los altos logros del marxismo-leninismo para la Historia de la Humanidad y se unieron, dando lugar al minúsculo PCTV-EHAK a la espera de una oportunidad. Es decir, se trata de la “guardia de la lealtad” al marxismo-leninismo revolucionario más rancio que en su día alimentó a todo el MLNV.

 

Recordemos un asunto que ya hemos comentado aquí en reiteradas ocasiones. El MLNV es el resultado de una particular simbiosis de marxismo-leninismo y nacionalismo etnicista que estos marxistas ortodoxos no compartían del todo (¿no sería, acaso, una peligrosa desviación social-revisionista o pequeño-burguesa?). Eso sí: pensaban que algún día serían necesarios en el futuro del MLNV, y no se equivocaron. Pero la modalidad de esa dependencia es muy distinta a la que imaginaron. El MLNV no recurre a ellos reconociendo las supuestas equivocaciones táctica y estratégica derivadas de un incorrecto análisis político. Se han dirigido a ellos por que constituían la posibilidad de servirse mutuamente en aras del proyecto revolucionario que comparten a pesar de matices incomprensibles para los no iniciados: una Euskal Herria socialista independiente que entierre a los burgueses y oligarcas, ya sean españoles o vascos. Así lo han entendido los analistas del grupo Goiz Argi, nacionalistas vascos moderados que vienen insistiendo desde hace años, sin que sus correligionarios les concedan excesivo crédito, acerca de la potencialidad revolucionaria de un MLNV que es nacionalista por conveniencia, pero también marxista-leninista y revolucionario en su esencia irrenunciable.

 

Las opciones reales.

 

                En estas elecciones han primado, entre los grandes partidos, los intereses sectarios a corto plazo. Mientras tanto, el autodenominado MLNV sigue jugando fuerte, a ganar, a largo plazo y sin desperdiciar ocasión alguna. Novatos, escasos de imaginación y timoratos los primeros, frente a militantes, voluntaristas, decididos.... y revolucionarios, los segundos.

 

                Desde el engaño, el interés de partido a corto plazo y la miopía política, no se puede construir una convivencia duradera y sólida. Ello explica que el esfuerzo por aislar a ETA y alejarle progresivamente de su base social, mediante la Ley de Partidos y otras iniciativas anteriores, se haya desdeñado infantilmente por Zapatero y sus chicos, desperdiciando los esfuerzos de años.

 

                Las aguas de un posible encuentro entre PNV-EA y PSOE están minadas por la desconfianza mutua y los engañados conocidos... ¿existirán más? Un acuerdo político entre ambos, lo más realista de cara a alcanzar, al menos, un tranquilo gobierno durante una legislatura, no parece sencillo: saben que han jugado con las cartas marcadas, que pueden volver a hacer trampa y, por ello, no se fían los unos de los otros.

 

                En este panorama, pocas alternativas quedan. El PNV-EA formará gobierno, seguramente, con el concurso de Izquierda Unida, aunque Madrazo ya no sea imprescindible. Necesitarán acuerdos para gobernar. Entonces: ¿buscará el reencuentro de la sociedad vasca alejando al terrorismo o continuará por la senda de la secesión? Si opta por lo segundo, francamente, lo tienen fácil, y si no lo tienen claro, que pidan consejo al PCTV-EHAK, que seguro tienen muchas y brillantes ideas. ¿Y Patxi y los suyos? Si realmente estiman a la sociedad que dicen representar, ya pueden darse un baño de realidad, recomponer la unidad constitucionalista, seguir trabajando al encuentro de los sectores nacionalistas moderados asustados por la deriva social y política del País Vasco, y exigir a Zapatero que defienda la presencia y las razones del Estado también con sus ciudadanos vascos..., aunque tenga que dejar de sonreír de vez en cuando.

 

                En cualquier caso, se impone la claridad, la transparencia y una política de principios que busque fórmulas para recomponer la fragmentada comunidad vasca, si es que ello todavía es posible. Y ya que hablamos de principios, ¿alguien se acuerda de las víctimas del terrorismo?, ¿ya no cuentan?

 

                Con este panorama, algo es seguro: la inmensa mayoría de los españolitos de a pie se van a hartar de la política vasca, si no lo estaban ya. Esperemos un poco de lucidez, sobre todo entre los políticos del PSOE, para que esta circunstancia no se convierta también en otra poderosa  herramienta que golpee la maltrecha cohesión y autoestima españolas.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 92, abril de 2005.

 

Reflexiones en torno a algunos aspectos de los resultados del referéndum del 20 de febrero en España.

Algunas reflexiones y conclusiones en torno a los resultados del referéndum del 20 de febrero, con especial atención a algunas variables del voto negativo.

 

                La celebración del referéndum convocado por el gobierno del PSOE, para la ratificación de un tratado constitucional europeo, el pasado 20 de febrero, generó expectativas y posicionamientos muy diversos en la sociedad española.

 

                Ya conocidos y difundidos los resultados oficiales, intentaremos realizar, en esta ocasión, algunas reflexiones al respecto a partir de algunas conclusiones generalmente admitidas.

 

1.- El gobierno del PSOE ha salido airoso del evento.

 

Convocando el referéndum, le correspondió, en todo momento, salvo por los temores de una previsible alta abstención, la iniciativa, lo que le proporcionó una mayor ventaja sobre el Partido Popular en esta coyuntura, particularmente; y más contando con la complicidad de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. Ciertamente, la abstención, fantasma que ha perseguido al PSOE durante toda la campaña, ha sido muy alta; pero al aproximarse a los niveles de las convocatorias electorales europeas, han podido defender su relativo éxito. No obstante, el PSOE no ha logrado movilizar a una parte sustancial de sus propios electores; lo que refleja una base escasamente motivada. Incluso una cifre cercana al medio millón, habría votado negativamente, según estudios estadísticos posteriores. A pesar de haberse difundido algunas sospechas acerca de la sorprendente aceleración en la afluencia de votantes en la última hora de la jornada; aunque con dificultades, el gobierno ha podido arrogarse un éxito que, de no haber llegado, habría cuestionado la acelerada agenda de sus políticas y la misma orientación de los pactos con los nacionalistas. De esta forma, seguramente, seguirá adelante con sus políticas sectarias, y con bastante prisa

 

2.- El Partido Popular marchó a remolque de los acontecimientos. Mariano Rajoy no ha liderado al partido, en estas circunstancias, con unas mayores decisión y firmeza imprescindibles en un intento de contrarrestar esa posición de desventaja inicial, lo que ha facilitado la indisciplina de no pocos de sus militantes y electores.

 

Difícilmente podría haber desbancado a Rodríguez Zapatero en su iniciativa al convocar el referéndum. Pero, además, el Partido Popular ha pagado caro su exceso de moderación y la escasa convicción de sus dirigentes. Ciertamente, varios millones de sus votantes han seguido las consignas de este partido inequívocamente europeísta, pero, tal vez una cifra cercana al millón de votos ha optado por el no; varios cientos de miles lo han hecho por el voto en blanco; y otros muchos (¿más de un millón, acaso?) se han abstenido con una expresa conciencia política no asimilable a la indiferencia de tantos otros. Sin la aportación popular, en cualquier caso, el referéndum no habría sido superado, aunque el gobierno no lo haya reconocido: una prueba más de su verdadero talante. Que tomen nota y obren en consecuencia, de una vez, los dirigentes populares. En cualquier caso, la dirección popular sale debilitada: particularmente cuestionada por un sector de sus bases que demanda mayor perspectiva, definición y audacia en sus respuestas políticas. No obstante, no existe un riesgo de escisión; pero el malestar está ahí, pudiendo redundar en un peligroso desencanto que desemboque, en un futuro, en una parcial desmovilización partidaria.

 

3.- El factor Federico Jiménez Losantos: la articulación de una corriente social crítica.

 

Si alguien puede arrogarse la movilización de unos cientos de miles de ciudadanos en dirección del voto negativo, particularmente motivados e indignados, proporcionándoles unos instrumentos intelectuales a su crítica de la filosofía soporte del referéndum, éste no es otro que el periodista y escritor Federico Jiménez Losantos, director del programa radiofónico La mañana, de COPE. Avalado por una larga, coherente y combativa actuación profesional, se han agregado, en torno a algunas de sus iniciativas (nacidas en buena parte al calor de su relevante papel en COPE), un nutrido plantel de profesores universitarios, profesionales liberales, comunicadores y periodistas. Así, se han generado diversas formas de presencia que vienen configurado, de hecho, una corriente social de opinión en buena medida identificada con el electorado liberal-conservador del Partido Popular; si bien no existe ninguna voluntad de vincularla con unas corrientes actualmente inexistentes, pues estatutariamente no lo permite el propio partido. De la libre iniciativa personal de estos comunicadores, han nacido varias obras muy variadas: la revista de pensamiento La Ilustración Liberal, el diario electrónico LibertadDigital.com, las webs liberalismo.org, AsturiasLiberal, RedLiberal… Y no pocos católicos se han identificado, de forma progresiva y creciente, con buena parte de los presupuestos esgrimidos por este grupo informal de críticos, algunos de los cuáles, también participan, en alguna medida, en los principales espacios de elaboración del pensamiento liberal y conservador, caso de la FAES de Aznar. Seguramente, sin pretenderlo en sus inicios, han configurado una interesante experiencia de agregación social, conjuntada por una lectura crítica de la actual deriva política nacional y sustentada en una defensa de los valores. El tránsito de este camino indica que católicos conservadores y liberales laicos no confesionales pueden coincidir en un común programa de “pensamiento fuerte” y en una misma acción política en el entorno del Partido Popular. Sería deseable que plataformas análogas de otras sensibilidades ideológicas, sin cuestionar la inexistencia de tendencias organizadas en el Partido Popular, se fueran constituyendo, contribuyendo así a la creación de más sociedad y movilizando a nuevos sectores de la opinión pública en aras de la regeneración de la política y la sociedad españolas. El Partido Popular, aunque no llegue a admitir la existencia de corrientes organizadas en su seno, bien haría en dialogar con estas nacientes realidades, dando espacio a sus propuestas, valores y dirigentes. En cualquier caso, no es previsible que, pese a la suma de diversos desencuentros, bases conservadoras abandonen el Partido Popular, dado que no existen expectativas de trabajo político real fuera del mismo; pero ello no quiere decir que se les siga ignorando. La sociedad española, los movimientos sociales y las tácticas políticas, son cambiantes. Pero una cuestión debe quedar muy clara: el Partido Popular no puede seguir  considerando como amarrado sine die a un electorado conservador crecientemente consciente de su identidad y potencialidad y dotado de voz propia.

 

4.- Los otros partidarios del no. La potente movilización de la extrema izquierda y de los nacionalistas, y el fracaso de la irrupción de los partidos que pretenden forjar una alternativa a la derecha del Partido Popular.

 

Izquierda Unidad ha logrado una buena movilización de sus votantes (aunque en algunas regiones, caso de Cataluña, hasta un 40% de ellos lo hayan hecho a favor del sí), arrastrando a la multiforme y, en ocasiones, peculiar, extrema izquierda. ERC, en Cataluña, y Batasuna, Aralar y EA, en el País Vasco y Navarra, también han movilizado satisfactoriamente a sus bases: una prueba más de su extraordinaria politización; lo que contrasta con la desmovilización de las franjas electorales llamémoslas moderadas de la sociedad española. BNG, por su parte, apenas ha incidido en el panorama gallego, en esta ocasión.

 

En otros ámbitos, son numerosas las formaciones, de variado signo, que han propugnado el no. No obstante, ninguna de ellas puede atribuirse, en absoluto, un peso decisivo en la cosecha de tales votos. ¿La razón de esta afirmación?: su mensaje, en ninguno de tales supuestos, apenas ha llegado a unas decenas de miles de seguidores más o menos incondicionales; cifras poco decisivas en la suma final. Una prueba de lo anterior: la mínima capacidad de convocatoria de sus actos públicos en esta campaña. Y ello sin quitarles el indudable mérito de haber intentado romper la abrumadora unanimidad -casi total- de los medios de comunicación en favor del sí, silenciando a los sectores sociales y políticos que han optado por el no.

 

5.- El catolicismo social: dividido ante el referéndum, pero con voluntad de trabajar conjuntamente cara al futuro.

 

El incipiente catolicismo social, nacido al calor de los nuevos movimientos eclesiales y de otras realidades vivas de la Iglesia española, se presentó fragmentado ante la convocatoria; en parte inorgánicamente incorporado al movimiento liberal contestatario de Federico Jiménez Losantos, y en parte encauzado por alguna plataforma transversal, ciertas iniciativas virtuales y otras asociaciones de menor calado.

 

No obstante, pese a que este desacuerdo se ha dado en el seno de muchas familias, movimientos, y otras diversas realidades, es de destacar el respeto generalmente manifestado por las otras opciones enfrentadas y, al margen del resultado final, la voluntad expresa de trabajar conjuntamente mirando al futuro. Esta eclosión de iniciativas y esa voluntad de futuro acreditan una madurez y un crecimiento colectivo que no pueden desaprovecharse, debiéndose extraer bastantes enseñanzas.

 

Reflexiones finales. El futuro: Europa y la configuración de un nuevo mapa político en España.

 

                Algunos están empeñados en forjar una alternativa a la derecha del Partido Popular. Ya lo hemos comentado extensamente en otros artículos publicados en esta revista electrónica. En cualquier caso, tal pretensión no parece fácil: los actores que pretenden encauzar este movimiento son muy diversos, gozan de apoyos muy escasos, se encuentran extraordinariamente fragmentados, carecen de estrategias especialmente elaboradas, y la sociedad, al menos de momento, les ha dado la espalda. Otros muchos estarían encantados de que se consolidara una alternativa semejante: por lo que pudiera debilitar al Partido Popular, y no porque fuera positivo para la sociedad española. Los resultados del referéndum podrían haber apuntado, en alguna medida, en favor de tal opción. Pero, no se deducen tendencias significativas en ese sentido.

 

Al poder le interesa una ciudadanía atomizada, individualista: para poder manejarla. Pero, efecto inesperado y pernicioso de ese estado del cuerpo social, para ese propio poder y para toda sociedad, es la desmovilización moral y ciudadana que esa circunstancia genera y que puede volverse en su contra: lo que ha estado a punto de suceder.

 

En cualquier caso, ya estamos en una Europa -nunca hemos dejado de estarlo- que a algunos no gusta. Pero es la realidad en la que las diversas identidades colectivas y los proyectos de pensamiento que pretenden que la futura convivencia de la sociedad española se construya desde la identidad nacional y la defensa de unos valores “fuertes”, deberán encarar con esfuerzo, generosidad, perspectiva y capacidad de diálogo; generando más sociedad.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 90, febrero de 2005.