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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Actualidad nacional

Instinto de supervivencia y moral de victoria en la nación española ante el Plan Ibarretxe.

Buena parte de los análisis divulgados, con motivo del desarrollo del Plan Ibarretxe, han obviado unos aspectos subjetivos decisivos: el instinto colectivo de conservación, la moral de victoria y el espíritu de lucha de un pueblo.

 

 

Lo habían anunciado; y han cumplido. El nacionalismo vasco, básicamente unido en torno a la propuesta rupturista del lendakari Juan José Ibarretxe, ha lanzado un órdago al Gobierno de la nación española, en lógica coherencia con una trayectoria política inequívoca. Así es el nacionalismo vasco: maximalista en sus pretensiones y objetivos, apegado hasta el extremo a las que considera sus esencias, unido en lo fundamental por encima de sus divisiones. No podía ser de otra manera. En sus presupuestos ideológicos encontramos sus consecuencias. Y éstas, antes o después, tenían que llegar. La pregunta obligada es la siguiente: ¿por qué los nacionalistas han esperado a este momento?

 

                Acaso, podrían haber intentado, en la actualidad, otras tácticas orientadas al mismo objetivo y que ya les habían proporcionado incuestionables beneficios: gradualismo, negociación…

 

                Los nacionalistas “moderados” parten de una contradicción notoria. Aseguran que el Estatuto de Gernika ha sido ninguneado. Pero, en tal caso, ¿cómo es posible afirmar que ha fracasado si no se le ha podido extraer todo el partido posible? Por lo tanto, la premisa desde la que parten, no es correcta. Pero no esperemos que una lógica cartesiana presida sus comportamientos: son nacionalistas y ello determina sus tácticas y su estrategia; aunque buena parte de ello no resulte inteligible para quienes no comparten esos presupuestos ideológicos. No obstante, ello no quiere decir que sus acciones carezcan de lógica interna. Es más, podría afirmarse, sin temor a equivocaciones, que vienen acreditando notables cualidades: son observadores, buenos analistas, muy pacientes, bastante realistas en muchos sentidos… Entonces, ¿por qué han lanzado este reto, sin agotar una vía ya abierta que todavía podía profundizarse y rendir jugosos frutos?

 

                Para algunos, la respuesta al interrogante anterior es evidente. Dados sus presupuestos ideológicos, tenían que intentarlo: su naturaleza les empujaba a ello. Antes o después y hasta el final. Los propios nacionalistas “moderados”, de alguna manera, avalan esa interpretación; pero presentándola de una manera más elaborada: el Plan Ibarretxe sería, así, la oportunidad de oro para facilitar a ETA su desaparición, avanzando sustancialmente en la dirección de la independencia a la cabeza de todo el nacionalismo vasco liderándolo.

 

                Concurre, en todo caso, una circunstancia cualificada. La mayoría de los análisis efectuados en torno a la naturaleza y perspectivas del Plan Ibarretxe coinciden en un diagnóstico: no tiene posibilidades legales de prosperar, considerando los requisitos necesarios para la reforma constitucional y el juego numérico de las mayorías parlamentarias existentes actualmente. Esta circunstancia también es conocida, evidentemente, por los nacionalistas. ¿Por qué se han decidido a dar un paso, tan importante, que pudiera fracasar, desmoralizando, entonces, a su entregada base social?, ¿simplemente por intentarlo?, ¿acaso, por mera “cabezonería” doctrinaria? Algunos comentaristas consideran que se trata de una mera táctica: el Plan Ibarretxe constituiría un programa de “máximos”, por lo que una vez planteado, vendría la negociación, las concesiones mutuas y las “rebajas”. Pero, la puesta en escena del plan, los apoyos concitados (procedentes incluso desde Batasuna), el esfuerzo humano desplegado, las ilusiones colectivas desatadas, las energías aplicadas…, todo ello parece estar encaminado no a una mera negociación “a la baja”, sino a un esfuerzo -planificado como definitivo- dirigido al objetivo final.

 

                Pero si, legalmente, no parece que existan muchas posibilidades razonables de que el plan alcance el éxito perseguido, ¿cómo han podido imaginar este esfuerzo como definitivo?, ¿no son conscientes, acaso, de las dificultades reales?, ¿no será que su ideología les ciega hasta el extremo de hacerles perder contacto con la más elemental realidad?

 

                En la mayor parte de los análisis efectuados al respecto, desde los medios de comunicación y el mundo de la política, se han obviado algunos aspectos importantes; decisivos en cualquier confrontación humana relevante. Partamos de una premisa: nos encontramos ante un verdadero conflicto ideológico. Así, además de los aspectos objetivos del mismo (bases culturales, marco legal, fortaleza numérica y material de los contendientes, posiciones políticas, situación internacional, etc.), concurren unos aspectos subjetivos decisivos y determinantes del “factor humano” y de su identidad colectiva: viveza del instinto de conservación, voluntad de lucha, y moral de victoria.

 

                Todo lo anterior, a los nacionalistas, les sobra: están crecidos. No en vano, llevan varias décadas avanzando implacablemente, sin apenas retrocesos significativos ni resistencias insalvables, en su proyecto de “crear nación”: tanto desde los poderes públicos, como en la misma sociedad. Con el Gobierno de Aznar se les torcieron, un poco, las cosas y, tal vez por ello, comprendieron que podrían encontrar unas resistencias superiores a las previstas, a su estrategia gradualista. Y les entraron prisas: habría que agotar plazos, determinarlos en la “agenda política” de una vez; no fuera que los “radicales” se les adelantaran de nuevo o se perdiera, incluso, el tren de la secesión…

 

                En este contexto, ¿qué moral detenta el adversario, es decir, el pueblo español? Los nacionalistas, tanto “moderados” como “radicales”, la han calibrado, más bien, como escasa. La quiebra del “bloque constitucionalista” en el País Vasco, escenificada con la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, les empujó a esa expectativa. Otras circunstancias, como la crisis experimentada entre las asociaciones de víctimas del terrorismo y el desconcierto del movimiento cívico vasco de resistencia al nacionalismo, espejo de la crisis existente entre el Partido Popular y el PSOE, lo han contemplado, analizado, y recibido con verdadero alborozo (no había mas que leer algunas reflexiones publicadas en Gara en las últimas semanas).

 

                En definitiva: consideran que “los españoles” están acobardados, sin moral de victoria, sin voluntad de lucha, con un mortecino y decadente instinto de supervivencia. Y, en unas circunstancias así, lo que no parece posible inicialmente, puede devenir real con buenas raciones de voluntad, empuje y determinación.

 

                La retirada de las tropas españolas de Irak también les provocó cierto indisimulado regocijo, fortaleciendo esa percepción: si los españoles no están dispuestos a derramar su sangre en Irak, tampoco lo estarán para hacerlo por el País Vasco. Una fuerte y constante presión, de gran intensidad aunque sin llegar al derramamiento de sangre, podría conseguir lo que en condiciones normales (un pueblo decidido y liderado por dirigentes voluntariosos en un marco legal indiscutible) sería inimaginable; y más después de algún serio fracaso del constitucionalismo, unos cambios políticos imprevistos, varias décadas de desarme cultural, moral y espiritual de los españoles, y el lógico desgaste provocado por decenios de sufrimiento.

 

                Desde el poder público se puede impulsar la “construcción nacional”: mediante el empleo consciente de los medios de comunicación, la modelación de un funcionariado afín, un sistema de enseñanza politizado para el cambio de mentalidades, las políticas de subvenciones a empresas y entidades de todo tipo, una política de revolución cultural… Y los nacionalistas bien lo saben: lo vienen practicando desde hace décadas. Y con bastante éxito. Pero siempre se han preguntado lo siguiente. Los sucesivos gobiernos españoles, ¿por qué no han actuado de manera análoga, desde sus medios casi ilimitados, intentado contrarrestar la labor nacionalista? Y llegaron a sus propias conclusiones: el “enemigo español” carecería de capacidad de análisis y de estrategia; diseñando, lo más, algunas tácticas puntuales y ocasionales. En este contexto, para los nacionalistas sólo existe una lectura posible: los oponentes carecen de voluntad de lucha y su rendición estaría próxima.

 

                Podría plantearse una seria reserva a este análisis. Esa presunta ausencia de moral de victoria, ¿no se confunde, acaso, con el lógico deseo de vivir tranquilos, un ánimo, posiblemente, compatible con la existencia de cierta capacidad de reacción? En definitiva, conforme esta otra perspectiva, la desideologización no implicaría la renuncia a todo principio y proyecto colectivo.

 

Los nacionalistas ya han lanzado su reto. Ahora corresponde a los partidos nacionales, y particularmente al PSOE, responderles desde la legalidad, el realismo, la voluntad de su pervivencia y la moral de victoria; liderando a un pueblo español que así lo reclama. No olvidemos otro aspecto. Los políticos y los gobernantes no deben marchar a remolque de los acontecimientos: deben anticiparse a los mismos. Y si detectan flaquezas, deberán poner los medios para reforzar los mecanismos de respuesta del Estado y la propia moral pública. Tampoco deben parapetarse en la sociedad, concibiéndolo como fácil recurso. Primero hay que agotar los mecanismos legales. Ahí radica su responsabilidad: anticiparse, tomar decisiones, y emplear a fondo los instrumentos legales del Estado de Derecho. Y, si es necesario, movilizar al pueblo; pero nunca como alternativa a la ausencia de reflejos políticos, a la incapacidad o a la cobardía. La sociedad civil puede y debe sugerir, coadyuvar, apoyar… movilizarse, en definitiva. Pero no se le debe pedir esfuerzos que no estén dispuestos a efectuar los propios políticos en primer lugar.

 

                No todos los políticos tienen la misma responsabilidad. El PSOE, en el gobierno, y seguramente determinado por el nuevo “talante” y la coyuntura histórica, puede deslumbrarse con la posibilidad de llegar a constituirse en el “partido de la paz”. Pero ese lógico deseo puede distorsionarse fácilmente por las prisas, las divisiones internas, las contradicciones programáticas, los protagonismos personales y territoriales... Al Partido Popular le resta un papel muy distinto: constituirse en la conciencia crítica y vigilante de un proceso político cuyas consecuencias no están escritas; recordando, además, que existe otra manera de hacer las cosas, que ya produjo sus frutos, y que no agotó todas sus posibilidades e instrumentos. Y que, de nuevo, podría retomarse en gran parte. En este contexto, PSOE y Partido Popular, podrían complementar sus perspectivas y aportaciones. Pero siempre con una condición: los partidos se deben a la nación española y el sujeto de la soberanía nacional es el pueblo español, vascos incluidos.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 90, febrero de 2005.

Aralar: ¿ecosocialismo o izquierda abertzale?

El partido político Aralar nació, inicialmente, como una tendencia interna de Herri Batasuna. Posteriormente, al considerar sus impulsores que la Batasuna resultante del proceso de debate Bateginez ahogaba sus expectativas, abandonaron el partido, constituyéndose como una formación autónoma.
Las pasadas elecciones del 25 de mayo constituyeron su prueba de fuego, obteniendo discretos resultados en el País Vasco, al contrario que en Navarra, donde logró aglutinar casi un 50% del antiguo electorado radical. Es más, el nacionalismo vasco presente en Navarra, que se ha decantado tradicionalmente por sus expresiones más radicales en detrimento de EA y del allí casi inexistente PNV, le otorgó un voto de confianza a la formación, resultando la más votada de ese espectro.
El partido está liderado por el político Patxi Zabaleta, quien disfruta de una magnífica imagen, en la mayor parte de los medios de comunicación y en la clase política en general, ganada a causa de su postura crítica con la “lucha armada” de ETA mientras militaba, en el seno de las filas de Herri Batasuna, con un alto grado de protagonismo. A esa actitud –no carente de contradicciones, tal como ha evidenciado el intelectual Aurelio Arteta en un reciente artículo publicado en Diario de Navarra- se le suma su trato correcto, incluso cordial, a todo tipo de personas; así como una reconocida capacidad de trabajo y diálogo.
En la actualidad, Aralar se encuentra embarcada en una operación política de hondo calado: agrupar a todo el nacionalismo vasco de Navarra, de cara a las próximas elecciones generales, con el objetivo de convertirse en la segunda lista más votada, desplazando así al PSOE. De conseguir tal objetivo, lo que parece factible, podría seguirle una propuesta de “pacto a la catalana” al PSOE, al objeto de desbancar al actualmente gobernante UPN de su posición institucional.
                Con un  despliegue de formas muy estudiadas y un mensaje moderado de izquierda crítica, abierta, moderna, lindante con el ecosocialismo de otras latitudes, Aralar se presenta a sí misma como una opción dialogante, no dogmática, socialista, democrática y nacionalista. Estos contenidos, más allá de sus apacibles formas, debemos preguntarnos, ¿cabe asimilarlos a los propios de la marxista - leninista izquierda abertzale?
Aralar siempre ha declarado sentirse como una parte de esa izquierda abertzale, de la que procede, compartiendo los mismos planteamientos estratégicos (la independencia y el socialismo) y discrepando en algunas tácticas (vías políticas frente a terrorismo); lo que supone una ambigüedad dialéctica y un doble lenguaje preocupantes.
No olvidemos que su origen predetermina a la formación en muchos sentidos. Al proceder –y formar parte- de la izquierda abertzale, está afirmando que su referencia fundacional arranca de ETA, no del PNV. Y ello no resulta indiferente ni carece de consecuencias teóricas y prácticas.
La aparición de Aralar suscitó muchas expectativas. Incluso, se consideró una buena noticia, pues, al menos en principio, se suponía que ello debilitaría a la izquierda abertzale y a ETA, al fragmentarse y aflorar sus contradicciones internas. Quiénes así pensaban, difícilmente podían imaginar que unos pocos años después, ese presunto “factor de debilitamiento” tendría la llave para la recomposición del espacio político de la izquierda abertzale y del restante nacionalismo vasco, al menos en Navarra.
No confiaron, en la aparente bondad del proyecto, los articulistas de Goiz-Argi, la interesante publicación electrónica de un grupo de nacionalistas vascos moderados. En algunos de sus artículos, en los que analizan la naturaleza de Aralar y declaraciones políticas de Patxi Zabaleta, se sirven del materialismo dialéctico para intentar entender ese críptico lenguaje, aparentemente muy claro, tal y como hacen también con Batasuna y ETA. Sus conclusiones no son nada halagüeñas: Aralar, en definitiva, se trataría –siempre según su juicio- de una formación disidente ficticia, “autorizada” a ver la luz justo en el momento oportuno, es decir, cuando el mapa político vasco empezaba a convulsionarse a causa del fortalecimiento de los constitucionalistas y la legalización que se anunciaba, entonces, de Batasuna. Unos juicios, sin duda, que no pueden descartarse a priori, si no queremos caer en cómodos espejismos de efectos adormecedores.

 

El Semanal Digital, 2 de enero de 2004.

Pugna entre PSOE y Aralar por el liderazgo de la izquierda navarra.

Desde el pasado día 8 de noviembre se tuvo conocimiento, por la prensa nacional y regional, de las gestiones encaminadas a la conformación de una coalición electoral de las fuerzas nacionalistas vascas presentes en Navarra: Aralar, PNV y EA, fundamentalmente.
                Por su parte, Diario de Navarra aseguraba que, desde una valoración puramente matemática de los últimos resultados electorales, era previsible que la nueva coalición obtuviera un escaño del Congreso de los Diputados a costa del PSOE.
Poco después, José Antonio Urbiola, presidente de un minúsculo PNV navarro, afirmaba que propondría que los dos primeros puestos, de la lista al Congreso, se asignaran a nacionalistas independientes; muestra inequívoca de que sus aspiraciones reales alcanzan a dos de los cinco escaños correspondientes a Navarra.
                Pensamos, no obstante, que el cálculo realizado por Diario de Navarra ha sido muy escueto, olvidando que tal coalición arrastraría, seguramente, a una parte importante del electorado de Batzarre (los restos de LCR y MCE, con cierta incidencia en algunas localidades), a electores nacionalistas de Izquierda Unida e, incluso, a votantes descontentos con el errático rumbo de la actual dirección navarra del PSOE. Por último, no lo olvidemos, podrían sumarse nuevos votantes procedentes de Batasuna que optarían rabiosos, desde una opción posibilista, por el apoyo a una coalición nacionalista con posibilidades reales de forjar un cambio histórico. De esta forma, esta lista podría superar en votos, sin dificultades, al PSOE.
                En el centro de esa estrategia, más cuando ya es la formación nacionalista más votada de Navarra, se encuentra el partido abertzale Aralar. Con un arraigo, en esta comunidad, muy superior al alcanzado en las provincias vascas, está liderado por Patxi Zabaleta, quien goza de una magnífica imagen en los medios de comunicación y en la clase política; ganada por su matizada crítica al terrorismo cuando militaba en el seno de Herri Batasuna. No obstante, también cuenta con detractores. Así, el intelectual Aurelio Arteta, en un artículo publicado el 19 de diciembre en Diario de Navarra, recordaba algunas de sus posturas anteriores, plenamente acordes con la ortodoxia abertzale.
Estas previsiones permiten afirmar que lo que en su día se valoró como una buena noticia (es decir, la aparición de Aralar como corriente crítica interna de Batasuna, después constituida como partido), que debilitaba aparentemente al MLNV, supondría hoy un éxito, inimaginable entonces, para la izquierda abertzale. Aralar demostraría, así, una enorme capacidad de recuperación de su espacio político, no únicamente el abertzale, sino el del nacionalismo vasco en su conjunto e, incluso, el de buena parte del de las izquierdas navarras.
                En este contexto, si algo interesa para la estabilidad política, social e institucional de Navarra, es la recuperación de un maltrecho PSOE que sigue sin reponerse electoralmente. Su actual dirección no logra superar la larga crisis que arrastra. Tampoco se adivina ninguna posibilidad de renovación desde una, dividida y menguada, oposición interna que ha sufrido el abandono de figuras muy representativas, en una dramática sangría. Igualmente, esa estabilidad precisa que su proyección sindical, UGT, se sostenga frente a unos agresivos sindicatos nacionalistas que avanzan lenta, pero imparablemente.
                Una vez liderado el espacio nacionalista vasco de Navarra por Aralar, y desplazando al PSOE de su segunda posición en votos del mapa electoral, ¿cuál sería su paso siguiente? La lógica política nos lleva a pensar que pudiera ser, al igual que en Cataluña, un “pacto de progreso” que también comprendiera al PSOE, de cara a las futuras elecciones forales, en un intento de desbancar a UPN del Gobierno.
El desarrollo de esas opciones, no obstante, será decisivo para el futuro de la sociedad navarra y también, no lo olvidemos, para la materialización, en alguna medida, de la consustancial territorialidad del plan Ibarretxe.
                Y, en cualquier caso, que no olvide el PSOE que, en un hipotético “pacto de progreso”, quien llevaría la voz cantante -sostenido por la novedad de su mensaje, su capacidad de diálogo y pacto, su militancia experimentada y entregada- sería Aralar y no un apocado y titubeante PSOE.
                En definitiva: el panorama electoral navarro (las dificultades para que se extienda un pacto de estas características al País Vasco son mayores, dado el predominio de un PNV que no renunciará a su liderazgo del conjunto de nacionalismo) puede sufrir una convulsión que afectaría poderosamente a las expectativas políticas tanto de constitucionalistas como de nacionalistas vascos. Pero, la formación política navarra que más puede perder es, hoy día, el PSOE; pues dejaría de ser la referencia central de un hipotético recambio de Gobierno, siendo cuestionado su liderazgo, incluso, del espacio político que viene ocupando históricamente, por esta “nueva” y sorprendente izquierda de Aralar.
El Semanal Digital, 27 y 28 de diciembre de 2003

Terremoto político en Navarra.

La constitución en Navarra de la coalición electoral nacionalista vasca Nafarroa Bai, que cuenta con el apoyo de Aralar, PNV, EA y Batzarre, ha generado muchas expectativas. La antigua Batasuna, que no ha logrado imponerle sus condiciones, ha quedado fuera, propugnando el voto nulo mediante el empleo, el 14 de marzo, de papeletas que, con aspecto oficial, recogen su propuesta de “Autodeterminazioa orain”. Sus promotores, no obstante, confían en que un número importante de seguidores radicales les vote, al igual que electores tradicionalmente progresistas; ilusionados por el seguro ascenso de una fuerza de izquierdas que pueda poner en aprietos, en un futuro próximo, a UPN.
El próximo 14 de marzo, esta coalición obtendrá con toda seguridad, al menos, uno de los cinco diputados navarros; pudiendo sumar otro más, y uno de los cuatro senadores. Todo un terremoto político, especialmente si supera a un PSOE navarro, errático y sin pulso, que perdería de esta forma su debilitado liderazgo del espacio “progresista” y de izquierdas; y más cuando algunos de sus electores más moderados votarán, por miedo a la marea nacionalista, a UPN.
En el centro de la operación encontramos a Aralar, formación que sigue empeñada en identificarse con la izquierda abertzale; lo que indica que su mito fundacional es ETA y que sus señas de identidad siguen siendo las de la “independencia” y el “socialismo”.
Para entender su espíritu, es fundamental conocer su valoración del terrorismo, al que denominan “violencia política”, situándola así al mismo nivel que la desarrollada, presuntamente, por el Estado.
El documento titulado “Posición de Aralar ante la lucha armada”  afirma, entre otras cuestiones, que: “Euskal Herria, como cualquier otro Pueblo, tiene derecho a emplear la fuerza. Si las vías políticas se cierran, la lucha armada se dotaría de legitimidad”; y  “La presencia y la práctica de la lucha armada, tal y como se lleva a cabo en la actualidad, supone una limitación para la acción política de la Izquierda Abertzale. Su empleo obstaculiza los avances de los abertzales en general y de la Izquierda Abertzale en particular. La lucha armada hoy no es conveniente”.
Otro texto de Aralar, de interés al respecto, es la sexta resolución adoptada en su “Primera Conferencia Política”, de octubre de 2003, en la que valoran que “proceso de paz” y “proceso soberanista” son independientes, no debiéndose condicionar mutuamente.
En definitiva: rechazan el terrorismo, exclusivamente, por mera conveniencia táctica.
Pero, aclarada esta cuestión, ¿cuáles son sus otras señas de identidad?
Ante la pérdida de referencias sufrida por la extrema izquierda, en las dos últimas décadas del siglo XX (caída del comunismo soviético, desaparición de la mayor parte de guerrillas marxistas-leninistas, crisis de las izquierdas), se precisaba su adaptación –también de la vasca- a la nueva situación internacional. Como respuesta a este reto, Aralar articula un atractivo discurso progresista, aparentemente novedoso, despojándose de las formas más “anticuadas”. Por ello, muchos de los conceptos empleados por Aralar los encontramos en diversas formaciones nacionalistas de izquierdas presentes en España (ERC, BNG, CHA…), así como en otras latitudes: antimilitarismo, ecología, pueblos sin nación, resistencia a la globalización, feminismo, solidaridad internacional, reparto de trabajo, integración inmigrantes, reconstrucción de espacios comunitarios progresistas… Se despega, de esta forma, del marxismo – leninismo ortodoxo, dando lugar a una peculiar síntesis de nacionalismo e izquierdismo radical, teñida de totalitarismo.
En coherencia con todo lo anterior, ya en octubre de 2003, los miembros de Aralar acordaron sus objetivos a corto, medio y largo plazo: articulación de las fuerzas progresista (¿pacto de progreso “a la catalana”?), desobediencia civil (a concretar), Europa de los pueblos sin nación (Alianza Libre Europea), resistencia a la globalización, impulso de todo tipo de movimientos sociales progresistas (lo que parece excluir a las modalidades asociativas propias de otros medios sociopolíticos), presencia institucional abertzale en Navarra y Álava, mayoría abertzale en Guipúzcoa y Vizcaya, etc. Todo un ambicioso programa que busca avanzar en el proceso hacia la autodeterminación, la territorialidad y la soberanía, empleando todo tipo de medios, salvo una inconveniente “lucha armada” que pudiera dar una excusa para el ejercicio del “derecho a veto” al Estado español.
En este contexto, aventuremos una hipótesis acerca de la naturaleza de Aralar.
Batasuna llevó a su ámbito de trabajo, en su día, la radicalización que le impuso la dirección de ETA, lo que cerró la vía política institucional. Aralar sería la solución de recambio, nacida en el seno de la izquierda abertzale -aunque con tensiones e incomprensiones de muchos correligionarios- para superar esa crisis y, desde presupuestos parcialmente nuevos en sintonía con los movimientos de renovación de la izquierda internacional, retomar la vía política; con la pretensión de dar la batalla por el liderazgo y relanzamiento del nacionalismo vasco en Navarra y condicionar el plan Ibarretxe. Y todo ello sin excluir pactos con las izquierdas estatales en Navarra (siguiendo el “modelo catalán”).
Por todo ello, más allá de las palabras amables políticamente correctas, y de un barniz de discurso utópico y progresista, su programa encierra una carga de fondo –la de la ideología nacionalista- que puede afectar profundamente a la convivencia navarra.

 

 

Páginas para el mes, Nº 75, marzo de 2004

 

Partidarios del no: rebeldes con causa.

Una parte relevante de la sociedad española, lentamente, está reaccionando: pese a una, casi absoluta, unanimidad mediática y parlamentaria, algunos sectores se han rebelado, propugnando un decidido no al proyecto constitucional europeo que se somete a votación el próximo 20 de febrero.
El referéndum del 20 de febrero.
                La convocatoria del Gobierno del PSOE de un referéndum, a celebrarse el próximo día 20 de febrero, por el que se somete a consulta popular un proyecto de tratado constitucional europeo, ha generado unos efectos políticos en parte no previstos por José Luis Rodríguez Zapatero y sus estrategas. No obstante, han logrado -no podía ser de otra manera- que la mayor parte de fuerzas parlamentarias marchen detrás del sí, incluido un Partido Popular que, sin ningún entusiasmo por la convocatoria, tenía escasas alternativas tácticas.
                Pero la convocatoria, además, oculta otro objetivo: alcanzar un refrendo tácito a la acción de Gobierno, buscando, éste, un éxito de imagen y popularidad que le permita avanzar en su proyecto de transformación social y consolidar, de paso, un dudoso éxito electoral que se ganó, con una auténtica tara de origen, manipulando los hechos de 11M.
Todas las grandes fuerzas parlamentarias de ámbito nacional, comentábamos, además de las nacionalistas moderadas (PNV y CiU), se han sumado al sí.
Por su parte, las también parlamentarias Izquierda Unida (fuentes de la coalición en Cataluña aseguraban, el pasado 27 de enero, que un tercio de sus electores se decantaría por el sí), Eusko Alkartasuna, Bloque Nacionalista Gallego, Nafarroa Bai y Esquerra Republicana de Catalunya, han optado por el no.
                Mencionemos a otras fuerzas extraparlamentarias y diversos movimientos sociales que se han decantado por el no.
La Plataforma estatal por el no a la constitución europea.
                Se ha constituido, a nivel estatal, una amplia coordinadora que propugna el no al proyecto constitucional europeo, desde la extrema izquierda marxista, sumándose a la misma otras entidades libertarias, ecologistas, antiglobalización, etc.
                Dentro del extenso listado de entidades adheridas, encontramos a fuerzas parlamentarias (Izquierda Unida), toda clase de sectas marxistas (PCE, Corriente Roja, Partido Comunista de los Pueblos de España, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Espacio Alternativo, etc.), sindicatos (secciones sindicales de Comisiones Obreras, la anarcosindicalista y posibilista CGT, diversos pequeños sindicatos radicales…), entidades sociales de lo más variado (Cristianos por el Socialismo, Attac – Madrid, Asociación contra la tortura, Ecologistas en Acción, diversas ONGs poco conocidas…), entidades virtuales (Otra democracia es posible…), colectivos juveniles (fundamentalmente, las juventudes de los citados partidos marxistas), asociaciones de vecinos y plataformas locales por el no, etc.  Un conmovedor reencuentro, como en otras ocasiones, de viejos camaradas y compañeros…
                De nuevo, la extrema izquierda, pese a la pervivencia de sus viejas rencillas sectarias (muchas de tales entidades son escisiones las unas de las otras…), y a asumir filosofías políticas contradictorias (desde marxistas-leninistas, libertarias, progresismo cristiano, ecofeministas, y utópicos de variado pelaje), ha dado un ejemplo de realismo. Han sido capaces de unirse en una cuestión importante, dejando sus célebres querellas para otra ocasión, organizando un instrumento que, sin duda, será eficaz y permitirá hacer llegar a los simpatizantes (en centros de trabajos, Universidades, entidades culturales…) las razones de su no. Presentaciones ante medios de comunicación, carteladas, mítines, fiestas, caravanas, escritos en prensa…, toda una eficaz campaña está en marcha. Tienen experiencia y seguro que lo harán muy bien.
Entre las entidades adheridas, a la plataforma, no encontramos a las fuerzas radicales nacionalistas que también optan por el no, caso de los herederos de Batasuna (restaría credibilidad democrática a la plataforma, por una parte, y, por otra, tampoco los abertzales se sentirían cómodos en ninguna plataforma estatal que huela -aunque sólo sea remotamente- a español).
El pasado 24 de enero, el sindicato nacionalista vasco ELA-STV, en sus orígenes ligado a la Iglesia católica y al PNV y, actualmente, enfeudado por la estrategia del ámbito sindical vasco diseñada por el sindicato abertzale LAB, anunció públicamente el desarrollo de una activa campaña propagandística por el no. Ello indica, por lo tanto, que esta convocatoria también será causa de fractura social en el País Vasco, demostrando la esquizofrenia política latente entre los nacionalistas supuestamente moderados.
Derechistas, liberales, varios…
La plataforma digital Red liberal ha sido una de las primeras entidades que se ha decantado por el no, proporcionando sólidos argumentos a europeístas sin complejos, liberales al estilo de La Ilustración Liberal, y conservadores moderados.
Una virtual Plataforma por la Libertad de los Europeos ha realizado a lo largo del mes de enero, una intensa campaña de difusión masiva por internet de diversos documentos e informaciones, razonando y apuntalando la postura del no. Sin duda, la red de redes se constituye en una de las vías más eficaces de información, comunicación y propaganda.
Los lepenistas hispanos de Democracia Nacional se han decantado, finalmente y después de anunciar en su web, con anterioridad, otra postura menos firme, por el no. A tal efecto, DN ha elaborado un documento muy consistente, denunciando los diversos aspectos del proyecto legal que les ha llevado a votar en contra: ambigüedades estructurales, ausencia de criterios culturales, una falta de definición, y diversas cesiones de Soberanía.
Seguramente, en DN, al igual que diversos periodistas, analistas y otras fuerzas políticas, se han dado cuenta de que, previsiblemente, algunos sectores sociales desengañados con el Partido Popular no obedecerán sus consignas, optando por el no como voto de protesta. Ahí se juega toda una baza. Si al contar los votos emitidos, el día 20 de febrero, existe una cantidad importante que no pueda atribuirse a la extrema izquierda, ya puede preocuparse el Partido Popular, pues será la prueba más evidente de la posibilidad real de que una fuerza política -a su derecha- le lamine con seguro peligro. Este deslizamiento, sin duda, es significativo de la percepción que se tiene, en algunos medios, del estado de ánimo existente entre algunos dirigentes, militantes y base electoral del Partido Popular: al menos inicialmente, el rechazo a la acción gubernamental del PSOE y la sucesión de eventos políticos acaecidos desde el 11M, les ha llevado al no como expresión de un profundo malestar que su propio partido no ha sabido canalizar y responder adecuadamente.
Sigamos con el repaso. Por su parte, casi todos los grupos falangistas han optado por el no (FE de las JONS y FE/La Falange). Y la democrática Falange Auténtica sufre cierta división entre una mayoría decantada por el no y los partidarios del sí.
                Recordemos una noticia de cierta incidencia en las cuestiones que tratamos. El pasado miércoles 26 de enero se publicó, en diversos medios, que la mayoría de las intervenciones realizadas, en el foro que el Ministerio de Asuntos Exteriores había habilitado en internet al objeto de difundir y discutir el tratado constitucional, era efectuadas en contra del mismo. También era muy común una queja: el deficiente conocimiento del texto a causa de la nula difusión del mismo. Sin duda, a este foro han concurrido personas de ideologías muy diversas, pero con algunas constantes comunes: ciertas inquietudes políticas, voluntad de movilización y emisión de opinión, capacidad de acceso a nuevas tecnologías. Es decir, se trata de una franja con cierta capacitación social e instrumental, por lo que pueden deducirse algunas conclusiones nada halagüeñas para los proyectos del Gobierno, y que, seguro, le llevará a redoblar esfuerzos.
Medios de comunicación.
La cadena radiofónica COPE ha concedido ciertos espacios a los partidarios del no en sus programas estrella y tertulias. Así, Federico Jiménez Losantos, desde su altavoz de La Mañana, se ha dirigido a los votantes del Partido Popular pidiéndoles expresamente el no, como el mejor medio para “hacer un favor a Mariano”. César Vidal en La Linterna y Alberto Recalde, entre otros tertulianos, incluso en La tarde con Cristina, también se han manifestado por el no. Es de agradecer que, en la unanimidad del pensamiento políticamente correcto difundido en los mass-media, estos profesionales actúen con responsable libertad y sin restricciones mentales.
Los medios de internet también se han hecho eco minoritariamente de las posiciones del no. Es el caso de Libertad Digital; no podía ser menos, dadas las posiciones de sus impulsores ya pregonadas en COPE. Incluso su suplemento religioso, Iglesia Digital, ha acogido algunos textos en los que se exponen razones avalando esta postura negativa.
Otro medio revelación en internet, El Semanal Digital, también ha recogido los pronunciamientos por el no de algunos de sus columnistas más cualificados, si bien su postura editorial es mucho más posibilista,
El diario La Razón es una notable excepción al cerco informativo al no; al igual que sus páginas de religión, Fe y Razón.
Otros medios escritos, por ejemplo los semanarios católicos Alba, Paraula, etc., también han acogido diversas razones del no.
Veamos un caso distinto. El diario digital www.forumlibertas.com, en su editorial de 13 de enero, resumía las razones alegadas por el sí y las del no. Insistía en la descarada actitud del Gobierno socialista en su intento de manipulación de la convocatoria como un éxito de partido, lo que refuerza, a su juicio, la postura de quienes diseñan un castigo al Gobierno. El texto proponía, finalmente, otra opción cuyo efecto sería análogo al del voto negativo, salvando, eso sí, la voluntad europeísta de los católicos: la abstención activa. Así, nacido de la mano de e-Cristians, este medio parece decantarse por la abstención activa, proporcionando a los católicos, de esta forma, una pluralidad de opciones que impedirá, en el futuro, ser acusados de haberse marginado voluntariamente en el proceso europeo actualmente en marcha, a causa de una cerrada postura corporativa.
Catolicismo social.
Veamos otras expresiones procedentes, al igual que otras ya antes mencionadas en mayor o menor medida, del catolicismo social.
Solidaridad y Autogestión Internacionalista, nacido desde el Movimiento Cultural Cristiano, difundirá en público, y con el estilo callejero que les caracteriza, su postura negativa, si bien, por motivaciones muy distintas a las de los partidos antes mencionados, a causa de su perspectiva socialista y de izquierdas.
En la familia tradicionalista también existe unanimidad: la Comunión Tradicionalista Carlista, la Comunión Tradicionalista sixtina y los catalanes del MPC, realizarán en solitario sus respectivas campañas por el no.
Familia y Vida, Alternativa Español y el Partido Social Europeo, coinciden en propugnar el voto negativo. No obstante, aún existiendo una notable coincidencia en las razones que les ha llevado a tal decisión, ello no ha sido suficiente como para alcanzar algún acuerdo táctico coyuntural que conjuntara esfuerzos, al menos, en esta ocasión, y que pudiera proporcionarles pistas para las decisiones políticas futuras que deberán adoptar si, realmente, pretenden constituirse en una alternativa de cierto calado.
HazteOír.org, mediante www.votano.org, optó tempranamente por el no, lo que no esperaban quienes unían a esta entidad con el Partido Popular.
Foro Arbil también se ha decantado por el voto negativo, proponiendo, en su publicación mensual, diversos artículos en esa línea.
Consideraciones finales.
                El Gobierno está nervioso. Diseñó la convocatoria como una expresión populista del “nuevo talante”; pero muchos ciudadanos, incluso de izquierdas, siguen mirando al proyecto constitucional europeo como algo lejano, ajeno a sus intereses, y gestado desde unas euroburocracias políticas de comportamientos nada democráticos. Otras decisiones políticas han galvanizado, por otra parte, a algunos sectores sociales: católicos, conservadores, liberales, nacionalistas… Y les ha empujado, por encima de otras disciplinas políticas, a un reactivo no. Si a ello se le suma una previsible alta abstención, la ocasión se presenta propicia para un voto de censura al Gobierno y a los grandes partidos.
Por ello, una machacona campaña masiva por el sí está por venir. El cerco al no, y a sus defensores, será casi absoluto, tanto desde los medios de comunicación, como desde las demás modalidades de propaganda. La unanimidad, casi absoluta. Ello evidenciará un divorcio creciente entre clase política y ciudadanía. En cualquier caso, es previsible que el número de partidarios del sí aumente, conforme avance la campaña, mientras los del no, se alejen de sus entusiasmos iniciales, reduciéndose en porcentaje.
Para quienes pretenden una alternativa desde valores fuertes al Partido Popular, la ocasión era magnífica: por ejemplo, constituyendo una plataforma por el no análoga a la organizada por la extrema izquierda; lo que habría facilitado el discernimiento del camino futuro. No lo han hecho. Si quieren incidir políticamente en el futuro, no es fácil que se les presenten ocasiones tan claras.
Unos buenos resultados del no, siempre que excedan, de forma notable, a los que previsiblemente pueda cosechar Izquierda Unida y aliados en esta ocasión, constituirían un voto de castigo al Gobierno y un poderoso toque de atención al propio Partido Popular, que tendría que reflexionar acerca de su trato a sus votantes católico y al moderno electorado conservador no confesional. De perder, por su derecha, a unos cuantos cientos de miles de votos, posibles futuros éxitos electorales quedarían muy comprometidos.
En cualquier caso, se acredita la existencia de diversas identidades sociales y culturales vivas, con capacidad de expresión y organización, que se niegan a ser anegadas por lo políticamente correcto y su rodillo mediático.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 89 de 2005

Una nueva oportunidad para el proyecto socialista

Los resultados electorales del pasado 13 de junio han confirmado el inicio de una nueva etapa en la reciente historia de España. Si el PSOE ya intentó transformarla radicalmente en su día, consiguiéndolo en buena medida, de nuevo hará todo lo posible para profundizar su revolución socio-cultural. Así, España corre el riesgo de perder su identidad.

Los resultados electorales del pasado domingo 13 de junio habrían sido muy buenos para el Partido Popular… de haber ganado las anteriores del 14 de marzo. De esta forma, aunque afirmen sentirse muy contentos, su recuperación electoral no impide que España cambie de nuevo de signo -no sabemos por cuantos años- embarcando de lleno en el proyecto socialista.

Breve valoración de los resultados electorales del 13 de junio

Los resultados electorales, ya a escala continental, no han sido nada halagüeños para el actual proyecto europeo. La mitad de los electores no han mostrado ningún interés por la convocatoria, y eso que no es poco lo que está en juego: nada menos que un tratado que sentará las bases de la futura constitución de Europa.

Destacaremos algunas reflexiones deducidas de los datos españoles:

1. Se ha impuesto una bipolarización, PSOE - PP, en detrimento de los partidos nacionalistas y de otras identidades políticas minoritarias.

2. De nuevo gana el PSOE. Nada se opondrá a la implantación progresiva de buena parte de su proyecto. Aunque las contradicciones y los incumplimientos programáticos hayan marcado las primeras semanas del nuevo gobierno socialista, su proyecto saldrá a la luz y se aplicará.

3. El Partido Popular se ha recuperado en buena medida. Pero ello no es obstáculo para lo decisivo: ya no están en el gobierno. Y tendrán que adaptarse a un papel que no esperaban afrontar cuatro meses atrás: en la oposición al gobierno sin grupo mediático alguno que lo respalde, con complejo de identidad, con el lastre del apoyo a la política internacional de Aznar (principal causa de la derrota del 14 M), habiendo perdido, en definitiva, el liderazgo nacional y la capacidad de iniciativa.

4. Izquierda Unida sigue retrocediendo, a las faldas del PSOE. Y no resucitará la estrategia de la “pinza” que, años atrás, le proporcionó buenos réditos electorales, aunque en detrimento de la izquierda en su conjunto.

5. En Cataluña es espectacular el desplome de CiU, acompañado de malos resultados de ERC, lo que catapulta al PP a una segunda e inesperada posición. De esta manera, a los populares catalanes se les presenta una extraordinaria, y no menos ambiciosa, oportunidad: constituirse en el futuro del centro derecha en Cataluña, desplazando poco a poco a CiU.

6. En el País Vasco, el nacionalismo dividido no pierde cuota electoral. Aralar se hunde, de momento. Y no olvidemos los 100.000 votos nulos correspondientes a la expresión política de la izquierda abertzale.

7. En Navarra UPN mantiene unos regulares resultados -que sin embargo no serían suficientes para volver a gobernar la Comunidad- así como un renacido PSOE. Todos los partidos pequeños retroceden.

8. Otras fuerzas nacionalistas (BNG, CHA, PA…), también retroceden en su conjunto.

9. A la derecha del Partido Popular –estaba claro- nada ha cuajado: el fracaso ha sido importante. Por ahí no se vislumbra ninguna alternativa análoga a las diversas “derechas nacionales” o a las formaciones “euroescépticas” que tan buenos resultados han obtenido en numerosos países europeos. Tal vez, la convocatoria de un referéndum, anunciada por el presidente del Gobierno, para la ratificación del Tratado constitucional europeo, sea la oportunidad que necesita para emerger y proponer su alternativa.

Los retos europeos.

Europa afrontará, en breve, importantes retos: la aprobación del primer tratado constitucional europeo, una articulación estructural de los contrapoderes territoriales y nacionales, la configuración de una política internacional conjunta alternativa a la de USA, el marco financiero, etc. Y, en el fondo de todos estos debates, seguirá latiendo una cuestión pendiente: los valores sobre los que se edificará este nuevo sujeto histórico. No parece factible, a estas alturas, que se recoja en el Tratado constitucional ninguna referencia a la herencia cristiana de Europa. Pero, aunque se hubiera incluido, acaso más importante sea la consolidación del espacio de libertad que corresponde a las comunidades cristianas para vivificar la sociedad europea, por una parte, y desarrollar su labor evangelizadora, en cualquier caso.

En cualquier caso, vistos los resultados que indican una cierta divergencia entre la Europa de los políticos y la de sus ciudadanos, se tendrá que superar la ola de indiferencia que la recorre y que, junto al fantasma del euroescepticismo y de la exacerbación identitaria, amenaza con privarla de soporte vital.

Y ¿España, qué?

España también se juega mucho en el proyecto europeo. Y, mientras tanto, el nuevo gobierno intentará aplicar el suyo propio; un sectario proyecto de sociedad a imponerse desde los poderes político y mediático afines.

En política interior son varios los retos que requieren urgente respuesta, en todo caso: el desafío de los nacionalismos periféricos, una nueva política de solidaridad que contemple a los más desfavorecidos junto a las entidades de iniciativa social que ya trabajan en el “tercer sector”, las nuevas situaciones e impactos de la inmigración, una política internacional coherente…

Y, además, los debates mediáticos abiertos desde el progresismo, que delimita unilateralmente lo “políticamente correcto”, acarrearán nuevas fracturas sociales: diversas perspectivas del reconocimiento de las uniones de parejas de homosexuales y sus presuntos derechos, la arbitraria e injusta determinación de nuevos límites de la vida humana…

El PSOE ya se ha manifestado. Pese a sus declaraciones, reclamando consenso y diálogo, es evidente que intentará aplicar su programa con el concurso de las fuerzas políticas periféricas y de IU. Aunque no coincidan en aspectos de política internacional, acciones sociales y programa económico, en buena medida están de acuerdo en una cuestión previa: recluir a la Iglesia en las sacristías, limitando de esta manera concreta la posibilidad de que las identidades colectivas vivas contribuyan a la vertebración de la sociedad -desde su ideario y sus capacidades- con el concurso subsidiario del Estado. De nuevo, laicismo anticatólico y estatismo sordo se dan la mano.

El catolicismo social español en marcha.

Tales circunstancias han encendido la luz roja en un sector significativo del catolicismo social.

Esta vigorosa realidad social, a pesar del cerco mediático y gubernamental que se sufre y que previsiblemente se estrechará, sigue dando muestras de vitalidad. Es el caso del nuevo diario digital, de orientación católica y vocación generalista, en la red desde el 15 de junio: www.forumlibertas.com. En dicho diario, un nuevo paso más en la estrategia de e-Cristians impulsada por Josep Miró i Ardèvol, encontramos a un puñado escogido de las nuevas personalidades del catolicismo social español actual. Existía un hueco que viene a colmar aunque, seguramente, tenía que haber sucedido mucho antes. Ganará cuerpo, se consolidará y contribuirá –deseamos- a la vertebración de una corriente social de opinión huérfana de referencias mediáticas.

Por otra parte, diversas realidades cívicas, impulsadas por católicos, de incidencia y tácticas muy dispares, se dieron cita en Madrid el pasado sábado 19 de junio con la pretensión de reflexionar en torno a algunas propuestas y análisis de la realidad presentadas desde por e-Cristians con el aval de ACdP. Su objetivo: articular al catolicismo social como una corriente activa con peso propio y capacidad de determinación de la agenda política. Y ello partiendo de una dolorosa constatación: los católicos apenas están representados en las instituciones y entre la clase política. Su tarea es compleja: la heterogeneidad de las entidades convocadas, el distinto calado de las mismas, las tácticas dispares seguidas, las particularidades de las diversas agrupaciones eclesiales (que se traducen, en cada caso, en un análisis propio, un lenguaje, unas inquietudes, una metodología)…, estas circunstancias deberán superarse si se pretende vertebrar un sector de opinión que ha permanecido muchos años sin un rostro público operativo.

Son muchas las dificultades que esperan a la Iglesia católica en España, en resumen. Por ello, las realidades vivas del catolicismo social español deberán articular, con efectividad y realismo, su presencia. Pero no tanto desde la mera reactividad, como desde la afirmación de su identidad y las razones últimas de su propuesta; única respuesta –la cristiana- que puede satisfacer plenamente a las exigencias de la persona de toda época.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 82, junio de 2004

Diversas reflexiones en torno a los resultados electorales del 14 de marzo en España.

No pueden valorarse los resultados electorales del 14 de marzo sin tener muy presentes los inhumanos atentados del día 11. Realizaremos, también, algunas consideraciones en torno a los resultados producidos en el País Vasco y Navarra. Por otra parte, el relevo gubernamental tendrá, sin duda, numerosas consecuencias, en particular, en las relaciones del nuevo gobierno con la presencia de la Iglesia católica.

 

Introducción.

 

España ha sufrido, de lleno, el terrorismo de la nueva era de la globalización. Y con todos sus efectos y características: máximo daño posible, eliminación de la barrera población civil/combatientes, repercusión económica, resonancia mediática, preciso cálculo estratégico…

 

Todo ello ha afectado profundamente a los resultados electorales del 14 de marzo. No podía ser de otra manera.

 

Aznar arrastró a España a la participación en el conflicto de Irak. Tenía sus motivos; muy poderosos algunos de ellos. Pero lo hizo en contra de la mayor parte de la opinión pública, de los medios de comunicación, incluso de la misma Iglesia católica. En esta aventura, se tuvo, hasta hace unos días, mucha suerte. Lamentablemente, de nuevo, la realidad ha superado cualquier previsión, golpeando falsas seguridades. Pero, en cualquier caso, había un mar de fondo. La influencia de un determinado grupo mediático no habría podido provocar los efectos de la tempestad  desatada de no existir un terreno propicio, alimentado durante todos estos años de gobierno popular: un pacifismo hedonista a ultranza, una cultura en manos del progresismo, una educación que apenas valora el esfuerzo y el sacrificio y que elude por completo el patriotismo, una absurda política de medios de comunicación…

 

Resultados y algunas reflexiones.

 

El primer efecto, de los hechos desatados a partir del trágico 11 de marzo, ha sido la movilización del electorado progre, en torno al PSOE, que en parte había optado por la abstención, así como de franjas muy amplias del electorado joven. La conjunción de esas circunstancias explica, también, la pérdida de representatividad de Izquierda Unida, que, no obstante, ha mantenido un nivel de votos similar al de las elecciones del 2000.

 

Otro aspecto importante que no conviene olvidar: las movilizaciones espontáneas del 13 de marzo ante las sedes del Partido Popular. Ello demuestra la importancia de las nuevas tecnologías (internet y telefonía móvil) en la articulación de una respuesta activista, clave en la movilización de una opinión pública abrumada por los hechos terroristas del 11-M, en una dirección muy concreta. De nuevo observamos que el papel de una minoría decidida puede ser capital.

 

No obstante, el Partido Popular mantiene una alta tasa de fidelidad, nada menos que nueve millones y medio de votos, base para una segura “travesía del desierto”. En cualquier caso, padecerá una importante limitación: la ausencia de un grupo mediático que articule socialmente la opinión pública favorable a sus tesis. También, en este terreno, pagará caro sus errores.

 

El PSOE necesita pactar para mantenerse en el poder, aunque ya ha anunciado un gobierno monocolor. Tiene varios posibles candidatos para los necesarios pactos. No parece sencillo, de todas formas, conciliar proyectos tan diversos (ERC, IU, BNG...), con la idea de cohesión social y política de España que ha paseado el PSOE durante la campaña y con sus promesas de mantenerse en los límites de la Constitución.

 

Destaca, en Cataluña, el espectacular éxito de ERC a expensas, en alguna medida, de una disminuida CiU que ya no “toca poder”. Sin duda, varias décadas de educación y de cultura “oficiales” en manos del catalanismo más radical, han tenido insospechados efectos en el comportamiento de un electorado que prefiere al nacionalismo “auténtico” frente a sus versiones más “blandas”. También el Partido Popular de Cataluña tendrá que reflexionar en torno a su identidad y estrategia, al no obtener su actual línea el refrendo electoral necesario.

 

Otras fuerzas nacionalistas (BNG, CC, CHA, etc.), mantienen niveles similares de representación, algo disminuidas en número de votos en general por la fuerza de atracción del PSOE.

 

                El Partido Andalucista queda fuera del Parlamento nacional. Pimentel y su Foro Andaluz cosechan un notable fracaso. Y Andalucía continuará siendo feudo socialista por bastante tiempo…

 

Ahora o nunca. Éste parece ser el dilema de la extrema derecha. Muy fragmentada, ha cosechado unos resultados mínimos aunque, a pesar de todo, algo superiores en número total de votos a los obtenidos en convocatorias anteriores. Su fragmentación, la ausencia de un líder incuestionable, su ausencia total del panorama institucional y mediático españoles, la criminalización de algunas de sus expresiones más extremas; son, todas ellas, enormes dificultades para un espectro político que, en Europa, ha crecido al amparo del impacto social de la inmigración, una realidad creciente en España aunque peligrosamente contaminada por los efectos del 11-M.

 

Resultados en el País Vasco.

 

Se ha producido una transferencia de votos desde el Partido Popular al PSE-PSOE, ganando éste los tres escaños que pierden los populares. Éstos deberán analizar si este retroceso se debe exclusivamente al impacto del 11-M o, por el contrario, también ha concurrido un desgaste de la política de firmeza que han mantenido durante estos últimos años. En cualquier caso, el liderazgo político de este sector lo retoma el PSOE con su opción por el diálogo, en detrimento de la estrategia del Partido Popular y algunos sectores del propio PSOE. Sin duda, Foro de Ermua, ¡Basta Ya! y las otras expresiones del nuevo movimiento cívico vasco, deberán analizar la  situación y rediseñar sus tácticas.

 

PNV y EA mantienen similares niveles de representatividad, 7 y 1 diputados respectivamente, si bien PNV aumenta votos, en parte procedentes de la izquierda abertzale y de la propia EA.

 

Batasuna mantiene unos 90.000 seguidores. En todo caso, han perdido unas decenas de miles de votos recalados en el PNV. Su actual debate interno se centra en las posibilidades reales de articulación de una fuerza política abertzale que canalice ese respaldo electoral de alguna manera.

 

De fracaso puede calificarse la nueva incursión electoral de Aralar-Zutik, que ha cosechado un número de votos similar al de las pasadas elecciones municipales y autonómicas de 2003.

 

Izquierda Unida no consigue escaño, pese a la mejoría de sus resultados; lo que ratifica la estrategia de Madrazo y su equipo.

 

Con 7 y 4 escaños, respectivamente, PSOE y PP suman una mayoría de votos y escaños, frente a los 8 conseguidos por los nacionalistas; una circunstancia que no puede olvidarse. En este contexto, los socialistas deberán pasar de las buenas palabras (diálogo, acabar con la crispación, etc.), a los hechos de la política real. Así, se habla de una aproximación de posturas entre PSE-PSOE y el PNV, mediante la reforma del actual Estatuto. Las dificultades, seguras, vendrán al marcarse sus límites, pues el PNV y sus aliados intentarán desbordar a la Constitución en una aproximación a los objetivos del Plan Ibarretexe; lo que no parece nada factible desde el actual ordenamiento constitucional español y las promesas electorales socialistas.

 

                En este contexto, ¿qué hará ETA?: ¿anunciará una nueva tregua para forzar al PSOE un cambio en su estrategia? ¿persistirá con sus atentados revolviéndose contra el partido del nuevo gobierno?

 

Navarra.

 

También en Navarra se ha producido una movilización del electorado progresista en torno al PSOE de Lizarbe, encontrándose a 13.000 votos de UPN, cuando hace 4 años les separaban más de 60.000. Izquierda Unida, por su parte, retrocede.

 

UPN vuelve a ganar las elecciones gracias a los 125.000 votos obtenidos, y pese a los 25.000 perdidos que, seguramente, han recalado en el PSOE; si los comparamos con los de las elecciones del 2000.

 

Los nacionalistas navarros de CDN han conseguido poco más de 5.000 votos. No bostante, en las municipales y forales suelen recuperarse, por lo que no debe excluirse un papel determinante en crisis futuras.

 

La coalición nacionalista Nafarroa Bai, con 61.000 sufragios, ha obtenido una diputada, aglutinando a todo el voto nacionalista “moderado” de PNV y EA (unos 23.000 votos), al de Batzarre (algo más de 7.000), así como a la mayor parte del abertzalismo radical, a través de Aralar (casi 25.000).

 

Por su parte, los herederos de Batasuna aseguran que mantienen, todavía, una base de 15.000 seguidores incondicionales (los votos nulos), lo que no puede olvidarse.

 

Una última observación: el PSOE no ha sido desbordado por Nafarroa Bai. De esta forma, la estabilidad institucional de Navarra puede mantenerse sin sobresaltos, siempre que el PSOE no renuncie a sus posturas ante la atractiva expectativa de acceder -en variopinta coalición- al gobierno foral, cediendo a las presiones soberanistas de los partidos nacionalistas. Un bloque constitucionalista, UPN y PSOE, sumando una amplia mayoría social, garantizaría la continuidad política y económica de Navarra durante muchos años. Por el contrario, una coalición de 6 partidos “a la contra”, generaría una fractura dramática con toda seguridad.

 

Iglesia católica.

 

                Una primera observación. De nuevo ha vuelto a producirse una enorme dispersión del voto católico. Lo encontramos en todas las opciones concurrentes, especialmente en Partido Popular, CiU, PNV, PSOE... y también en alguna pequeña formación, caso de Familia y Vida, que no logra despegar.

 

Para la Iglesia se abre una etapa de incertidumbre. La aparición, en su día, de la corriente “Cristianos en el PSOE”, generó ciertas expectativas. Se tenía la esperanza de que los nuevos aires anunciados por Zapatero amortiguaran la tradición anticlerical y anticatólica generalmente predominante en el PSOE. Sin embargo, esas expectativas se vieron, poco a poco, anegadas, rebrotando, con fuerza y demagogia, abundantes amagos anticatólicos y decisiones legislativas, en Comunidades Autónomas, contrarias a la libertad que reclama la Iglesia para su realidad y otras expresiones colectivas de la creatividad social.

 

Algunas cuestiones, que afectan a la visión católica de la organización social y a su presencia, serán revisadas o planteadas por el PSOE con total seguridad: enseñanza de la religión en la Escuela pública, nueva regulación del aborto, adopción de niños por las llamadas uniones de homosexuales, expresiones católicas en el protocolo del Estado, raíces cristianas de Europa en su futura constitución, conciertos con la enseñanza de iniciativa social, educación sexual volcada en la genitalidad, etc.

 

Los próximos meses, en ese sentido, serán decisivos. En cualquier caso, las esperanzas depositadas por algunos católicos, de mantener cierta presencia eclesial al calor de una política partidaria, se han desvanecido.

 

La actitud del PSOE, una vez en el gobierno, es penosamente previsible. Por ello, los católicos deberán salir del letargo y movilizarse en defensa de la libertad que, en los diversos espacios sociales, reclaman para todos. Si algo une al PSOE con sus posibles aliados, no es su respectivo programa económico, ni su visión de la articulación territorial de España: les asocia, por contra, una anticuada tradición anticatólica. Por ello, no es imposible que sea la Iglesia la que pague el precio de una política que siga el camino más fácil.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 79, marzo de 2004

¿Hacia una remodelación decisiva de los espacios políticos de la izquierda y el nacionalismo vasco en Navarra?

La formación abertzale Aralar lidera la coalición electoral de todas las fuerzas nacionalistas vascas presentes en la Comunidad Foral; revolucionando, con ello, los espacios de la izquierda y del nacionalismo de Navarra. De consolidarse la iniciativa, ésta acarreará insospechadas repercusiones en la estabilidad social e institucional de esta tierra


Una iniciativa de Aralar.
El pasado día 8 de noviembre de 2003, el diario El Mundo informaba de las gestiones realizadas para la conformación de una coalición electoral de las fuerzas nacionalistas vascas presentes en la Comunidad Foral de Navarra: Aralar, PNV y EA.
Por otra parte, el regional Diario de Navarra, esa misma semana, aseguraba que, considerando los últimos resultados obtenidos, en una crónica de pura matemática electoral, esa previsible coalición bien podría obtener un escaño, en el Congreso de los Diputados, a costa del PSOE.
Días después, José Antonio Urbiola, el presidente de un PNV que apenas tiene incidencia y representatividad institucional en Navarra, aseguraba que las conversaciones marchaban por buen camino y que, en las mismas, propondría que los dos primeros puestos, de la lista al Congreso, se asignaran a dos nacionalistas independientes; muestra inequívoca de que aspiran idealmente a dos de los cinco escaños del Congreso correspondientes a Navarra.
En cualquier caso, las expectativas creadas por esta noticia, en los medios políticos navarros, han sido enormes, pudiendo originar, en las próximas elecciones legislativas nacionales, un auténtico terremoto político.
No cabe duda de que, en el centro de esa estrategia, gozando además del mayor respaldo electoral otorgado por el nacionalismo vasco presente en Navarra el pasado 25 de mayo, se encuentra la formación abertzale Aralar. Este joven partido, especialmente arraigado en Navarra, mucho más que en cualquier provincia vasca, está liderado por el político Patxi Zabaleta. Este personaje disfruta de una magnífica imagen en la mayor parte de los medios de comunicación y en la clase política en general; ganada por su postura crítica con la "lucha armada", hace años y progresivamente, en el seno de las filas de la izquierda abertzale de la que ha formado parte con un alto grado de protagonismo. A esa actitud –no carente de contradicciones, tal como ha evidenciado el intelectual Aurelio Arteta en un artículo publicado el día 19 de diciembre en Diario de Navarra- se le suma su trato correcto, incluso cordial, a todo tipo de personas; así como una reconocida capacidad de diálogo.

Su impacto en la izquierda navarra.
Sin embargo, pensamos que el cálculo realizado por Diario de Navarra ha sido muy conservador. Olvida, su autor, que una coalición semejante arrastraría, además, a una parte importante del electorado de Batzarre (la formación estructurada por los restos de LCR y MCE, que cuenta con cierta incidencia en algunas localidades navarras), a un sector de electores claramente nacionalistas de Izquierda Unida e, incluso, a votantes descontentos con el rumbo errático y sin pulso de la actual dirección navarra del PSOE.
Si se suman a todos estos caudales de votos un número desconocido de votantes de Batasuna, que optarían con un criterio posibilista por un impulso decidido a "la" opción nacionalista vasca en Navarra, no es difícil deducir que tal lista superaría en votos a los obtenidos por un PSOE que sigue sin recuperarse electoralmente y cuya actual dirección no logra superar la, ya larga, crisis que arrastra este histórico partido de la izquierda navarra. Es más, no se adivina ninguna posibilidad de renovación desde su, dividida y menguada, oposición interna, más cuando algunas figuras –en su día- muy representativas, han abandonado el partido en una sangría constante.
De esta forma, estructurada en torno a la potencia y capacidad de maniobra de Aralar, esta "nueva" opción ocuparía por completo el espacio electoral del nacionalismo vasco, con posibilidades de hacer lo mismo –además- en el espacio político de la tradicional izquierda navarra; lo que supondría, en definitiva, una enorme convulsión.
Este movimiento nos permite constatar que lo que, en su momento, parecía una deseable iniciativa política (la aparición de Aralar, primero como corriente interna, después como partido autónomo), pues debilitaba a la izquierda abertzale restándole apoyos a su estrategia, implicaría ahora -con este movimiento táctico- un eficaz avance inimaginable; demostrando una envidiable capacidad de recuperación del espacio no sólo propiamente abertzale, sino de todo el nacionalista vasco e, incluso, de buena parte del de las izquierdas navarras.
Sin duda, en este contexto, si algo interesa, para la estabilidad política y social de Navarra, es la consolidación y recuperación política y electoral de un maltrecho PSOE -pese a que de momento no se vislumbran indicios reales en ese sentido- junto con su proyección sindical de UGT, frente a unos agresivos sindicatos nacionalistas que avanzan lenta, pero imparablemente, en el panorama laboral navarro.

¿Pacto de progreso?
Pero los temores generados, entre algunos políticos del actualmente gobernante UPN, no terminan ahí. Una vez liderado el espacio nacionalista vasco de Navarra por Aralar, y desplazado el PSOE de su segunda posición en votos del mapa electoral, el paso siguiente de Zabaleta sería, al igual que lo sucedido en Cataluña, un "pacto de progreso" que también englobara al PSOE, de cara a futuras elecciones autonómicas, en un intento de desbancar a UPN del Gobierno Foral.
Sin duda, la apuesta es muy fuerte, con muchos riesgos y algunas dificultades; pero sus consecuencias, de prosperar, serían decisivos para la sociedad navarra y, también, para el desarrollo de algunos aspectos de la consustancial territorialidad del famoso plan Ibarretxe.
Esta problemática situación plantea otra cuestión política de hondo calado, que no es otra que la de la verdadera naturaleza de la formación Aralar.

La verdadera naturaleza de Aralar.
Con un mensaje moderado de izquierda crítica, abierta, moderna, lindante con el ecosocialismo de otras latitudes, Aralar se presenta a sí misma como una opción dialogante, no dogmática, socialista, democrática y nacionalista. Estos contenidos, ¿cabe asimilarlos a los propios de la marxista - leninista izquierda abertzale?
Aralar siempre ha declarado sentirse como una parte de esa izquierda abertzale, compartiendo los mismos planteamientos estratégicos y discrepando en algunas tácticas; lo que supone una ambigüedad dialéctica y un doble lenguaje preocupantes.
Decíamos que la aparición de Aralar suscitó muchas expectativas, gozando su líder, Patxi Zabaleta, de evidentes simpatías en amplios medios políticos y periodísticos. No es el caso del criterio sostenido por Goiz-Argi, una interesante publicación electrónica de un grupo de nacionalistas vascos moderados. En algunos de sus artículos, en los que analizan y estudian a Aralar y algunas de las declaraciones políticas de Patxi Zabaleta, se sirven del materialismo dialéctico para intentar entender ese lenguaje, en ocasiones críptico pese a su aparente claridad, tal y como hacen con Batasuna y ETA. Sus conclusiones no son nada halagüeñas: Aralar, en definitiva, se trataría, a su juicio, de una formación disidente ficticia, "autorizada" a ver la luz justo en el momento oportuno, es decir, cuando el mapa político vasco empezaba a modificarse al apagarse la estrella política de Batasuna. Unos juicios, sin duda, que no pueden descartarse a priori, si no queremos caer en cómodos espejismos de efectos adormecedores.

Hacia la unidad de acción del nacionalismo vasco.
Desde que se difundió la propuesta electoral comentada, se han producido otras ofertas políticas en el mismo entorno. Es lógico. Si sirve para Navarra, ¿no puede servir, también, para el País Vasco? Así, EA ha hablado de la configuración de un "bloque nacional vasco" sin exclusiones. También Arnaldo Otegui ha pedido listas comunes que incorporen a representantes de su entorno. El mismo Patxi Zabaleta ha declarado que no descarta la presencia de abertzales radicales en la lista, siempre que participen de los principios de la coalición.
Así, lo que empezó como una fórmula específicamente navarra, con la pretensión de que la presencia social y cultural del nacionalismo vasco recobrara su representatividad política, puede extenderse al País Vasco con repercusiones imprevisibles en todo caso: tanto si se consolida, como si no prospera.

En definitiva: el panorama electoral navarro, al menos (las dificultades para que se extienda un pacto de estas características al País Vasco son mayores, dado el predominio de un PNV que no renuncia al liderazgo del nacionalismo en su conjunto), puede sufrir convulsiones que afectarían poderosamente a las expectativas políticas de los constitucionalistas, por una parte y de los nacionalistas vascos, por otra.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, 76,  diciembre de 2003.