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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Aralar: ¿ecosocialismo o izquierda abertzale?

El partido político Aralar nació, inicialmente, como una tendencia interna de Herri Batasuna. Posteriormente, al considerar sus impulsores que la Batasuna resultante del proceso de debate Bateginez ahogaba sus expectativas, abandonaron el partido, constituyéndose como una formación autónoma.
Las pasadas elecciones del 25 de mayo constituyeron su prueba de fuego, obteniendo discretos resultados en el País Vasco, al contrario que en Navarra, donde logró aglutinar casi un 50% del antiguo electorado radical. Es más, el nacionalismo vasco presente en Navarra, que se ha decantado tradicionalmente por sus expresiones más radicales en detrimento de EA y del allí casi inexistente PNV, le otorgó un voto de confianza a la formación, resultando la más votada de ese espectro.
El partido está liderado por el político Patxi Zabaleta, quien disfruta de una magnífica imagen, en la mayor parte de los medios de comunicación y en la clase política en general, ganada a causa de su postura crítica con la “lucha armada” de ETA mientras militaba, en el seno de las filas de Herri Batasuna, con un alto grado de protagonismo. A esa actitud –no carente de contradicciones, tal como ha evidenciado el intelectual Aurelio Arteta en un reciente artículo publicado en Diario de Navarra- se le suma su trato correcto, incluso cordial, a todo tipo de personas; así como una reconocida capacidad de trabajo y diálogo.
En la actualidad, Aralar se encuentra embarcada en una operación política de hondo calado: agrupar a todo el nacionalismo vasco de Navarra, de cara a las próximas elecciones generales, con el objetivo de convertirse en la segunda lista más votada, desplazando así al PSOE. De conseguir tal objetivo, lo que parece factible, podría seguirle una propuesta de “pacto a la catalana” al PSOE, al objeto de desbancar al actualmente gobernante UPN de su posición institucional.
                Con un  despliegue de formas muy estudiadas y un mensaje moderado de izquierda crítica, abierta, moderna, lindante con el ecosocialismo de otras latitudes, Aralar se presenta a sí misma como una opción dialogante, no dogmática, socialista, democrática y nacionalista. Estos contenidos, más allá de sus apacibles formas, debemos preguntarnos, ¿cabe asimilarlos a los propios de la marxista - leninista izquierda abertzale?
Aralar siempre ha declarado sentirse como una parte de esa izquierda abertzale, de la que procede, compartiendo los mismos planteamientos estratégicos (la independencia y el socialismo) y discrepando en algunas tácticas (vías políticas frente a terrorismo); lo que supone una ambigüedad dialéctica y un doble lenguaje preocupantes.
No olvidemos que su origen predetermina a la formación en muchos sentidos. Al proceder –y formar parte- de la izquierda abertzale, está afirmando que su referencia fundacional arranca de ETA, no del PNV. Y ello no resulta indiferente ni carece de consecuencias teóricas y prácticas.
La aparición de Aralar suscitó muchas expectativas. Incluso, se consideró una buena noticia, pues, al menos en principio, se suponía que ello debilitaría a la izquierda abertzale y a ETA, al fragmentarse y aflorar sus contradicciones internas. Quiénes así pensaban, difícilmente podían imaginar que unos pocos años después, ese presunto “factor de debilitamiento” tendría la llave para la recomposición del espacio político de la izquierda abertzale y del restante nacionalismo vasco, al menos en Navarra.
No confiaron, en la aparente bondad del proyecto, los articulistas de Goiz-Argi, la interesante publicación electrónica de un grupo de nacionalistas vascos moderados. En algunos de sus artículos, en los que analizan la naturaleza de Aralar y declaraciones políticas de Patxi Zabaleta, se sirven del materialismo dialéctico para intentar entender ese críptico lenguaje, aparentemente muy claro, tal y como hacen también con Batasuna y ETA. Sus conclusiones no son nada halagüeñas: Aralar, en definitiva, se trataría –siempre según su juicio- de una formación disidente ficticia, “autorizada” a ver la luz justo en el momento oportuno, es decir, cuando el mapa político vasco empezaba a convulsionarse a causa del fortalecimiento de los constitucionalistas y la legalización que se anunciaba, entonces, de Batasuna. Unos juicios, sin duda, que no pueden descartarse a priori, si no queremos caer en cómodos espejismos de efectos adormecedores.

 

El Semanal Digital, 2 de enero de 2004.
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