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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Diversas reflexiones en torno a los resultados electorales del 14 de marzo en España.

No pueden valorarse los resultados electorales del 14 de marzo sin tener muy presentes los inhumanos atentados del día 11. Realizaremos, también, algunas consideraciones en torno a los resultados producidos en el País Vasco y Navarra. Por otra parte, el relevo gubernamental tendrá, sin duda, numerosas consecuencias, en particular, en las relaciones del nuevo gobierno con la presencia de la Iglesia católica.

 

Introducción.

 

España ha sufrido, de lleno, el terrorismo de la nueva era de la globalización. Y con todos sus efectos y características: máximo daño posible, eliminación de la barrera población civil/combatientes, repercusión económica, resonancia mediática, preciso cálculo estratégico…

 

Todo ello ha afectado profundamente a los resultados electorales del 14 de marzo. No podía ser de otra manera.

 

Aznar arrastró a España a la participación en el conflicto de Irak. Tenía sus motivos; muy poderosos algunos de ellos. Pero lo hizo en contra de la mayor parte de la opinión pública, de los medios de comunicación, incluso de la misma Iglesia católica. En esta aventura, se tuvo, hasta hace unos días, mucha suerte. Lamentablemente, de nuevo, la realidad ha superado cualquier previsión, golpeando falsas seguridades. Pero, en cualquier caso, había un mar de fondo. La influencia de un determinado grupo mediático no habría podido provocar los efectos de la tempestad  desatada de no existir un terreno propicio, alimentado durante todos estos años de gobierno popular: un pacifismo hedonista a ultranza, una cultura en manos del progresismo, una educación que apenas valora el esfuerzo y el sacrificio y que elude por completo el patriotismo, una absurda política de medios de comunicación…

 

Resultados y algunas reflexiones.

 

El primer efecto, de los hechos desatados a partir del trágico 11 de marzo, ha sido la movilización del electorado progre, en torno al PSOE, que en parte había optado por la abstención, así como de franjas muy amplias del electorado joven. La conjunción de esas circunstancias explica, también, la pérdida de representatividad de Izquierda Unida, que, no obstante, ha mantenido un nivel de votos similar al de las elecciones del 2000.

 

Otro aspecto importante que no conviene olvidar: las movilizaciones espontáneas del 13 de marzo ante las sedes del Partido Popular. Ello demuestra la importancia de las nuevas tecnologías (internet y telefonía móvil) en la articulación de una respuesta activista, clave en la movilización de una opinión pública abrumada por los hechos terroristas del 11-M, en una dirección muy concreta. De nuevo observamos que el papel de una minoría decidida puede ser capital.

 

No obstante, el Partido Popular mantiene una alta tasa de fidelidad, nada menos que nueve millones y medio de votos, base para una segura “travesía del desierto”. En cualquier caso, padecerá una importante limitación: la ausencia de un grupo mediático que articule socialmente la opinión pública favorable a sus tesis. También, en este terreno, pagará caro sus errores.

 

El PSOE necesita pactar para mantenerse en el poder, aunque ya ha anunciado un gobierno monocolor. Tiene varios posibles candidatos para los necesarios pactos. No parece sencillo, de todas formas, conciliar proyectos tan diversos (ERC, IU, BNG...), con la idea de cohesión social y política de España que ha paseado el PSOE durante la campaña y con sus promesas de mantenerse en los límites de la Constitución.

 

Destaca, en Cataluña, el espectacular éxito de ERC a expensas, en alguna medida, de una disminuida CiU que ya no “toca poder”. Sin duda, varias décadas de educación y de cultura “oficiales” en manos del catalanismo más radical, han tenido insospechados efectos en el comportamiento de un electorado que prefiere al nacionalismo “auténtico” frente a sus versiones más “blandas”. También el Partido Popular de Cataluña tendrá que reflexionar en torno a su identidad y estrategia, al no obtener su actual línea el refrendo electoral necesario.

 

Otras fuerzas nacionalistas (BNG, CC, CHA, etc.), mantienen niveles similares de representación, algo disminuidas en número de votos en general por la fuerza de atracción del PSOE.

 

                El Partido Andalucista queda fuera del Parlamento nacional. Pimentel y su Foro Andaluz cosechan un notable fracaso. Y Andalucía continuará siendo feudo socialista por bastante tiempo…

 

Ahora o nunca. Éste parece ser el dilema de la extrema derecha. Muy fragmentada, ha cosechado unos resultados mínimos aunque, a pesar de todo, algo superiores en número total de votos a los obtenidos en convocatorias anteriores. Su fragmentación, la ausencia de un líder incuestionable, su ausencia total del panorama institucional y mediático españoles, la criminalización de algunas de sus expresiones más extremas; son, todas ellas, enormes dificultades para un espectro político que, en Europa, ha crecido al amparo del impacto social de la inmigración, una realidad creciente en España aunque peligrosamente contaminada por los efectos del 11-M.

 

Resultados en el País Vasco.

 

Se ha producido una transferencia de votos desde el Partido Popular al PSE-PSOE, ganando éste los tres escaños que pierden los populares. Éstos deberán analizar si este retroceso se debe exclusivamente al impacto del 11-M o, por el contrario, también ha concurrido un desgaste de la política de firmeza que han mantenido durante estos últimos años. En cualquier caso, el liderazgo político de este sector lo retoma el PSOE con su opción por el diálogo, en detrimento de la estrategia del Partido Popular y algunos sectores del propio PSOE. Sin duda, Foro de Ermua, ¡Basta Ya! y las otras expresiones del nuevo movimiento cívico vasco, deberán analizar la  situación y rediseñar sus tácticas.

 

PNV y EA mantienen similares niveles de representatividad, 7 y 1 diputados respectivamente, si bien PNV aumenta votos, en parte procedentes de la izquierda abertzale y de la propia EA.

 

Batasuna mantiene unos 90.000 seguidores. En todo caso, han perdido unas decenas de miles de votos recalados en el PNV. Su actual debate interno se centra en las posibilidades reales de articulación de una fuerza política abertzale que canalice ese respaldo electoral de alguna manera.

 

De fracaso puede calificarse la nueva incursión electoral de Aralar-Zutik, que ha cosechado un número de votos similar al de las pasadas elecciones municipales y autonómicas de 2003.

 

Izquierda Unida no consigue escaño, pese a la mejoría de sus resultados; lo que ratifica la estrategia de Madrazo y su equipo.

 

Con 7 y 4 escaños, respectivamente, PSOE y PP suman una mayoría de votos y escaños, frente a los 8 conseguidos por los nacionalistas; una circunstancia que no puede olvidarse. En este contexto, los socialistas deberán pasar de las buenas palabras (diálogo, acabar con la crispación, etc.), a los hechos de la política real. Así, se habla de una aproximación de posturas entre PSE-PSOE y el PNV, mediante la reforma del actual Estatuto. Las dificultades, seguras, vendrán al marcarse sus límites, pues el PNV y sus aliados intentarán desbordar a la Constitución en una aproximación a los objetivos del Plan Ibarretexe; lo que no parece nada factible desde el actual ordenamiento constitucional español y las promesas electorales socialistas.

 

                En este contexto, ¿qué hará ETA?: ¿anunciará una nueva tregua para forzar al PSOE un cambio en su estrategia? ¿persistirá con sus atentados revolviéndose contra el partido del nuevo gobierno?

 

Navarra.

 

También en Navarra se ha producido una movilización del electorado progresista en torno al PSOE de Lizarbe, encontrándose a 13.000 votos de UPN, cuando hace 4 años les separaban más de 60.000. Izquierda Unida, por su parte, retrocede.

 

UPN vuelve a ganar las elecciones gracias a los 125.000 votos obtenidos, y pese a los 25.000 perdidos que, seguramente, han recalado en el PSOE; si los comparamos con los de las elecciones del 2000.

 

Los nacionalistas navarros de CDN han conseguido poco más de 5.000 votos. No bostante, en las municipales y forales suelen recuperarse, por lo que no debe excluirse un papel determinante en crisis futuras.

 

La coalición nacionalista Nafarroa Bai, con 61.000 sufragios, ha obtenido una diputada, aglutinando a todo el voto nacionalista “moderado” de PNV y EA (unos 23.000 votos), al de Batzarre (algo más de 7.000), así como a la mayor parte del abertzalismo radical, a través de Aralar (casi 25.000).

 

Por su parte, los herederos de Batasuna aseguran que mantienen, todavía, una base de 15.000 seguidores incondicionales (los votos nulos), lo que no puede olvidarse.

 

Una última observación: el PSOE no ha sido desbordado por Nafarroa Bai. De esta forma, la estabilidad institucional de Navarra puede mantenerse sin sobresaltos, siempre que el PSOE no renuncie a sus posturas ante la atractiva expectativa de acceder -en variopinta coalición- al gobierno foral, cediendo a las presiones soberanistas de los partidos nacionalistas. Un bloque constitucionalista, UPN y PSOE, sumando una amplia mayoría social, garantizaría la continuidad política y económica de Navarra durante muchos años. Por el contrario, una coalición de 6 partidos “a la contra”, generaría una fractura dramática con toda seguridad.

 

Iglesia católica.

 

                Una primera observación. De nuevo ha vuelto a producirse una enorme dispersión del voto católico. Lo encontramos en todas las opciones concurrentes, especialmente en Partido Popular, CiU, PNV, PSOE... y también en alguna pequeña formación, caso de Familia y Vida, que no logra despegar.

 

Para la Iglesia se abre una etapa de incertidumbre. La aparición, en su día, de la corriente “Cristianos en el PSOE”, generó ciertas expectativas. Se tenía la esperanza de que los nuevos aires anunciados por Zapatero amortiguaran la tradición anticlerical y anticatólica generalmente predominante en el PSOE. Sin embargo, esas expectativas se vieron, poco a poco, anegadas, rebrotando, con fuerza y demagogia, abundantes amagos anticatólicos y decisiones legislativas, en Comunidades Autónomas, contrarias a la libertad que reclama la Iglesia para su realidad y otras expresiones colectivas de la creatividad social.

 

Algunas cuestiones, que afectan a la visión católica de la organización social y a su presencia, serán revisadas o planteadas por el PSOE con total seguridad: enseñanza de la religión en la Escuela pública, nueva regulación del aborto, adopción de niños por las llamadas uniones de homosexuales, expresiones católicas en el protocolo del Estado, raíces cristianas de Europa en su futura constitución, conciertos con la enseñanza de iniciativa social, educación sexual volcada en la genitalidad, etc.

 

Los próximos meses, en ese sentido, serán decisivos. En cualquier caso, las esperanzas depositadas por algunos católicos, de mantener cierta presencia eclesial al calor de una política partidaria, se han desvanecido.

 

La actitud del PSOE, una vez en el gobierno, es penosamente previsible. Por ello, los católicos deberán salir del letargo y movilizarse en defensa de la libertad que, en los diversos espacios sociales, reclaman para todos. Si algo une al PSOE con sus posibles aliados, no es su respectivo programa económico, ni su visión de la articulación territorial de España: les asocia, por contra, una anticuada tradición anticatólica. Por ello, no es imposible que sea la Iglesia la que pague el precio de una política que siga el camino más fácil.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 79, marzo de 2004

“Aralar: el rostro amable de la izquierda abertzale”. Crónica de una mesa redonda.

La breve crónica de una mesa redonda, organizada en Madrid, en torno a la naturaleza de la formación abertzale Aralar.
El miércoles 25 de febrero de 2004 se desarrolló, en Madrid, una mesa redonda bajo el título “Aralar: el rostro amable de la izquierda abertzale”.
Dicha actividad estuvo organizada por el Departamento de Historia, Literatura y Pensamiento de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo – CEU de Madrid; Foro Arbil; y la Fundación Sociocultural Leyre.
En un concurido salón de actos, del Edificio Saint Dominique de dicha universidad, se dieron cita un numeroso grupo de alumnos, profesores y autoridades académicas de la Universidad San Pablo – CEU, algunos historiadores de primera fila, destacados representantes de la comunidad navarra residente en Madrid, así como amigos de Foro Arbil, de la Fundación Leyre, y público en general.
José Luis Orella Martínez (director del citado departamento, portavoz de Foro El Salvador y presidente de Foro Arbil), presentó a los participantes, enmarcando la temática, que reunía a los asistentes, dentro de las corrientes totalitarias del siglo XX, entendidas como ideologías, con proyección política, que pretenden encauzar y explicar todas las expresiones, privadas y públicas, de una sociedad estructurada por los objetivos de un proyecto teórico.
Pascual Tamburri Bariain (profesor de historia, miembro del Consejo Político de UPN, analista de Elsemanaldigital.com), con un estilo muy académico, expuso el contexto de crisis social que permite, en la actualidad, la persistencia de un fenómeno de estas características: la fractura del individuo con la sociedad, la ausencia de ideales y estilos de vida atractivos frente al individualismo, la nostalgia por fórmulas comunitarias de convivencia, y la labor cultural, política y social, del nacionalismo vasco; al que no dudó en valorar como de “uno” en sus objetivos e ideología, pese a sus diversas expresiones políticas.
Según Fernando Vaquero Oroquieta (funcionario, presidente de la Junta Directiva de la Fundación Sociocultural Leyre, escritor), Aralar nace de la izquierda abertzale asumiendo la mayor parte de su bagaje ideológico, estratégico, y táctico (salvo la “lucha armada”, lo que requiere reajustar el papel de los demás ámbitos de lucha). Aralar sería la solución de recambio, a su juicio, nacida en el seno de la izquierda abertzale, para intentar superar su más reciente crisis y, desde presupuestos parcialmente nuevos, retomar la vía política.
Numerosas preguntas de los asistentes, que versaron en torno a las expectativas de la paz, la situación de Navarra, las relaciones de Aralar con el resto de la izquierda abertzale,el nacionalismo entendido como una religión de sustitucion, algunos aspectos del papel de las Iglesias locales, etc., acreditaron su interés por los temas expuestos.
Entre las conclusiones que pudieron deducirse, de las diversas intervenciones, destacaremos que la ideología nacionalista de Aralar pervive, en su actual formulación, sin una sola modificación sustancial que pudiera diferenciarla significativamente del proyecto de la izquierda abertzale. Por otra parte, se reajusta –también a nivel orgánico- a los cambios de la izquierda socialista mundial; todo ello tras la pérdida de sus referencias anteriores, a causa de la crisis del comunismo, la caída del muro de Berlín, la extinción de la mayoría de guerrillas marxistas, el revisionismo laborista, y la transformación del PCI. Se despega, de esta forma, del marxismo–leninismo ortodoxo que marcó a la extrema izquierda mundial y vasca. Por ello, el lenguaje que emplea es atractivo, “políticamente correcto” y en sintonía con la nueva izquierda; compartiendo numerosos puntos de vista con otras formaciones nacionalistas, caso de BNG, ERC, CHA, etc.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 78,  febrero de 2004

 

José Luis Orella homenajeado, en Pamplona, por la Fundación Sociocultural Leyre.

      La Fundación Sociocultural Leyre homenajeó en Pamplona, recientemente, a D. José Luis Orella, portavoz de Foro El Salvador y presidente de Foro Arbil. Una breve crónica del acto.

 

El pasado jueves 12 de febrero de 2004, en un céntrico restaurante pamplonica, y con la concurrencia de un número notable de asistentes, la Fundación Sociocultural Leyre homenajeó a D. José Luis Orella, portavoz de Foro El Salvador, presidente de Foro Arbil, biógrafo de Víctor Pradera, autor, entre otros libros, de “Los otros vascos”, profesor de historia contemporánea en la Universidad San Pablo - CEU de Madrid…
La Fundación Sociocultural Leyre desarrolla en Navarra, en la actualidad, tres líneas de trabajo (cursillos de formación, seminarios periódico y monográficos de aproximación a la realidad social, cultural y política de Navarra, actos públicos), a las que se suma, en este mes de febrero, la organización de cenas – tertulia con personalidades de interés.
Se quiso empezar con D. José Luis Orella por varias razones, según explicó el presidente de la Junta Directiva de Leyre, Fernando Vaquero. En primer lugar, en reconocimiento a su faceta pública al asumir valerosamente una compleja postura en su calidad de portavoz de Foro El Salvador, entidad de católicos vascos movilizados frente al nacionalismo etnicista. Por otra parte, esa faceta pública no acaba ahí, sino que encuentra natural continuidad en su labor como presidente de Foro Arbil, entidad regida por los principios de acción y reflexión de la moderna Doctrina Social de la Iglesia. Y todo ello sin olvidar su faceta como docente e investigador. Destacaremos, además, que su actuación ha sido decisiva en la catalización de esfuerzos de diversa procedencia, social y generacional, que han confluido en la nueva etapa de la Fundación Sociocultural Leyre. Con tales avales, al término de la cena, se le entregó una escultura decorativa (una magnífica reproducción del Monumento a Los Fueros, de Pamplona), con una placa de reconocimiento, acompañado por los aplausos de todos los asistentes.
A continuación se desarrolló un turno de preguntas y respuestas, con diversas intervenciones de los asistentes, que versaron en torno al papel de los intelectuales en la activación social frente al terrorismo de ETA, la postura de la Iglesia frente a la violencia, las expectativas electorales de las diversas fuerzas políticas concurrentes, tanto en Navarra como a nivel nacional, las posibilidades de renovación interna de un PSOE en crisis, la posición de los seglares comprometidos en la política partidaria española, la salud del movimiento asociativo navarro, la acción cultural y política del nacionalismo vasco en Navarra, y otras cuestiones que, durante dos horas, focalizaron la atención de los comensales.
Una nueva modalidad de actividades, desarrollada por esta Fundación, que deseamos se prolongue en el tiempo con el mismo éxito que el aquí narrado.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 78, febrero de 2004
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Trascendencia y responsabilidad del estalinismo.

El estalinismo parece algo del pasado, sin apenas trascendencia en la actualidad, resultando ajeno a las preocupaciones de nuestros contemporáneos. Sin embargo, la edición de diversos libros que abordan sin complejos esa realidad histórica y sus consecuencias, que nos alcanzan todavía hoy, plantea una serie de interrogantes y cuestiones de no poca relevancia.

 

Estalinistas en España.
Hasta hace algo más de un par de décadas atrás, no era infrecuente toparse, en las entonces multitudinarias manifestaciones conmemorativas del Primero de Mayo, a grupos de comunistas españoles que portaban enormes retratos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. Pertenecientes a diversas obediencias del fraccionado campo comunista (trotskistas, pro-chinos, pro-soviéticos, pro-albaneses, anarco-comunistas, comunistas independientes... divididos en cada caso en numerosas fracciones), la extrema izquierda solía servirse de tales concentraciones para intentar hacerse notar. Mucho sorprendían, en España, esas estrafalarias muestras de culto a la personalidad de los grandes Budas del comunismo internacional; más propias del paisaje humano de Moscú o Tirana. Sin embargo, tales exhibiciones no generaban aparentes muestras de rechazo en la ciudadanía testigo, ni se producían tumultos en su entorno (¿se imaginan algo similar si se hubiese tratado de gigantescos retratos de Hitler, por ejemplo?).
                Naturalmente, esas demostraciones importadas de otras latitudes dejaron de producirse hace bastantes años, formando, hoy día, parte de la memoria colectiva de aquellos tan celebrados años de la transición española a la democracia.
                Ese fenómeno corría parejo con otro. Por entonces, salvo en ambientes de la menguante derecha sin complejos, y de la demonizada extrema derecha, nadie osaba reprochar a los marxistas de cualquier obediencia por sus supuestas responsabilidades en los atroces crímenes que había perpetrado por medio mundo el comunismo. Denunciar las purgas de Stalin, hablar de la hambruna de los años treinta provocada artificialmente en toda la Unión Soviética por criterios ideológicos, exponer los crímenes de la Revolución cultural china, por ejemplo, eran competencia, muy desprestigiada por la intelectualidad progre española, de escasas y aisladas voces. Se les reprochaba, cuanto menos, el hacerse eco de presuntas campañas intoxicadoras, de la CIA naturalmente, que formarían parte de la “guerra psicológica” del imperialismo capitalista contra los países comunistas y los llamados “movimientos de liberación nacional”. De esta forma, se presumía que, si los testimonios de esas presuntas matanzas eran avalados por el “enemigo por excelencia” de todo marxista revolucionario, seguro que se trataban de gruesas mentiras o que, al menos, incurrirían en enormes exageraciones tendenciosas; lejos de un mínimo rigor histórico. Además, en cualquier caso, “el comunismo no podía ser tan malo”, se decía, y lo que se intentaba en España era una experiencia de “nuevo cuño”, democrática y de rostro humano.
                En ese contexto, la literatura e historiografía anticomunista, o que simplemente trataba de exponer la realidad del comunismo, carecía de prestigio y de resonancia mediática. Hoy día diríamos, con lenguaje actual, que se trataba de una cuestión “políticamente incorrecta”, incluso en ambientes “liberales”.
                En otros países de Europa las cosas eran bastante parecidas. No obstante, poco a poco, esa supuesta unanimidad empezó a resquebrajarse. Así, los contenidos de un grueso volumen, “El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión” (de Stéphane Courtois y otros, Éditions Robert Laffont, París, 1997), generaron una enorme conmoción en Francia. Y no podía ser menos: que autores e historiadores no vinculados con la extrema derecha, o los reaccionarios círculos de exiliados, incluso algunos de ellos excomunistas, expusieran como una realidad incuestionable, con documentación y rigor, semejante suma de crímenes, no podía generar indiferencia.
En España, sin embargo, la edición del libro (Editorial Planeta, S.A., Barcelona, y Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1998) apenas tuvo trascendencia y fue ignorada por los historiadores españoles en general: todavía no era pertinente estudiar, desde una perspectiva histórica, los episodios del comunismo que entraban en la categoría de “genocidio”. Y más cuando, también todo ello, “tocaba” a la reciente historia española.
                A lo largo del pasado año 2003 se ha abierto, en ese sentido, una brecha en España. Varias obras, de indudable calidad científica y documental, se han publicado abordando diversos episodios históricos del comunismo, especialmente dramáticos, centrados en el estalinismo; tal vez su expresión más sangrienta, al menos cuantitativamente.
               
Novedades historiográficas en torno al estalinismo.

 

Vamos a mencionar algunas de esas novedades bibliográficas.
El de Stanley G. Payne “Unión Soviética, comunismo y revolución en España” (Plaza y Janés, Barcelona, 2003) aborda las complejas relaciones del PCE, Stalin, el PCUS, la Internacional Comunista y la política exterior soviética. Si algo queda claro, después de su lectura, es la completa subordinación del PCE a la política de Stalin, hasta el punto de que sus sumisos dirigentes fueron incapaces de comprender -en diversas ocasiones- el sentido último de determinadas tácticas aplicadas en España por mandato del Komintern. También este organismo revolucionario estaba por completo dirigido por José Stalin, quien adoptaba personalmente las decisiones más relevantes de la política exterior soviética, así como las orientadas a la difusión internacional del movimiento comunista.
                Walter Laqueur en su libro “Stalin, la estrategia del terror” (Ediciones B, S.A., Barcelona, 2003) no se atreve a realizar un diagnóstico definitivo explicativo de las causas verdaderas que determinaron decenios de sangre, teledirigidos por Stalin, que asolaron a Rusia, a pesar del silencio y la complicidad de los comunistas europeos y la general indiferencia de Occidente. Pero su mérito radica en exponer, como una realidad históricamente incuestionable y como un dato objetivo, que el comunismo, especialmente bajo Stalin, perpetró crímenes masivos contra la humanidad y los derechos humanos. Claro, no lo olvidemos, que para comunistas y demás marxistas, hablar de derechos individuales no tiene sentido. Sólo el partido, la clase obrera, la nueva humanidad, tienen derechos. Otros derechos serían reminiscencias burguesas.
La persona de Stalin y su régimen, el estalinismo, son inseparables. Pero, ¿es el estalinismo consecuencia inevitable del leninismo?, ¿y del mismo marxismo?, ¿o es, acaso, producto de la idiosincrasia rusa?, se pregunta Walter Laqueur, sin atreverse a cerrar la cuestión.
En cualquier caso, para este historiador, Stalin, fue un auténtico psicópata que carecía de conciencia y que identificó por completo sus objetivos personales con la ideología del partido.
El autor de “Stalin y los verdugos” (Taurus, Madrid, 2003), Donald Rayfield, está seguro: Stalin ha sido el máximo responsable del régimen genocida más mortífero de la historia. Basándose estrictamente en documentos, este escritor asegura que el terror golpeó a todos los estratos sociales de la Unión Soviética: minorías nacionales, vieja guardia bolchevique, fuerzas armadas, intelectuales y artistas, comunistas extranjeros exiliados en la URSS, campesinado, clases medias urbanas, científicos, burgueses y aristócratas supervivientes de persecuciones anteriores, exmiembros de partidos reaccionarios y de los ejércitos “blanco” y zarista, creyentes de diversas religiones (especialmente católicos y ortodoxos, pero también, musulmanes y budistas). Incluso muchos de los mismísimos miembros de los servicios secretos soviéticos (OGPU, CHEKA, NKVD, KGB), que ejecutaron materialmente esos crímenes, fueron arrastrados por la furia estalinista, costándoles la vida y la de sus propios familiares.
Pero la aplicación fría y planificada de una despiadada violencia  tiene inmediatos antecedentes: no es exclusiva de Stalin y sus verdugos. Así, Rayfield recuerda que ya Lenin incurrió, sin complejos, en crímenes contra los derechos humanos con similares razonamientos marxistas de los esgrimidos por Stalin, quien contó con unos aplicados, incluso en exceso, ejecutores de esta política genocida: Dzierzynsky, Menzhinski, Yagoda, Yezhov y Beria, siendo algunos de ellos también devorados por la bestia que alimentaron.
Respecto al papel de Occidente, afirma, en la página 222 del libro que: ”En 1931 se exportaron cinco millones de toneladas de cereal provenientes de un campo que padecía hambre. Aquel cereal pagaría turbinas, cadenas de montaje y maquinaria para la industria minera y financiaría los Partidos Comunistas de toda Europa, Asia y América.
El silencio de Occidente, que salió de la depresión económica en parte gracias a contratos de exportación procedentes de la Unión soviética costeados por la sangre de millones de campesinos, es una mancha para nuestra civilización”. En definitiva, y siempre según este autor, las responsabilidades alcanzaron dimensiones insospechadas.
                De esta manera, sólo puede alcanzarse una conclusión: la aplicación del experimento comunista ha supuesto a la humanidad uno de los mayores sufrimientos colectivos que ha padecido. Desde Etiopía a China, desde Europa Oriental a la Siberia Soviética, desde Cuba a Angola. Millones de hombres, mujeres, niños y ancianos, por hambre o frío, por bala o soga, han pagado con sus vidas el sueño despiadado e irracional de unos ideólogos y activistas que pretendieron, de forma planificada y consciente, implantar un modelo social que exigía la eliminación de clases sociales y grupos étnicos y religiosos completos.

 

¿No es relevante reflexionar en torno al estalinismo?
                Pero, pese a ese despliegue de datos, reflexiones y documentos contrastados y autorizados, recogidos en esos y otros muchos textos, no parece que se haya producido un cambio espectacular, en los medios de comunicación, de la percepción común de la realidad del comunismo y del marxismo. Tampoco los partidos, que así se proclaman, han realizado autocríticas de ningún tipo. Pareciera que todo lo descubierto y difundido no les afectara en modo alguno.
                Pese a ello, y de manera absolutamente indudable, queda claro que el comunismo en general, y el estalinismo en particular, incurrieron en una larga serie de crímenes colectivos en nombre de su ideología y en aras del paraíso comunista, sin comparación posible a otros semejantes, salvo los cometidos por el nacionalsocialismo: la verdad histórica, pese a algunos, está fijada.
Ya en los años 30, algunos autores exiliados, muchos de ellos rusos, publicaron atroces relatos, generalmente parciales y escasamente documentados (lo que no podía ser de otra manera), en los que se denunciaban matanzas perpetradas, supuestamente, por los revolucionarios comunistas. Se les dio poco crédito: aportaban mínima documentación, eran parte interesada y algunos de ellos se amparaban bajo la protección de ambientes de la -por entonces- potente extrema derecha o de los servicios secretos. Transcurridas varias décadas desde entonces, no pocos historiadores vienen confirmando, con documentos procedentes de los archivos soviéticos, que tales informaciones eran fragmentarias, pero veraces y, en muchas ocasiones, precisas.
                Pero, además de un problema de reconocimiento y aceptación de la verdad histórica, existen otras cuestiones pendientes. Así, el autor del tercero de los libros mencionados, realiza algunas reflexiones especialmente pertinentes. En Rusia, afirma, no se ha reparado la memoria de las víctimas del estalinismo. Tampoco se han dado facilidades para investigar, con toda su profundidad, los hechos reales. Persisten, incluso, numerosos nostálgicos del estalinismo que niegan o justifican la oportunidad de ese dramático “experimento” social y político como el necesario precio de la industrialización. Incluso el sucesor de esos servicios secretos, autores de la mayor parte de esas masacres, el actual Presidente de Rusia Vladimir Putin, lanzó una serie de sellos de correos conmemorativos de las “hazañas en el contraespionaje” de sus predecesores en los mismos. El estalinismo, al menos en Rusia, por lo tanto, es una cuestión pendiente de respuestas mínimamente satisfactorias.
                La periodista rusa Anna Politkovskaya, en su libro “Terror en Chechenia” (Ediciones del bronce, Barcelona, 2003), es concluyente en sus acusaciones. Asegura que son muchas las reminiscencias totalitarias del estalinismo, fruto de décadas de comunismo, que determinan buena parte de las prácticas del nuevo régimen político ruso. Ello se reflejaría, dramáticamente, en muchas de las expresiones del largo conflicto de Chechenia en el que se manifiesta una falta absoluta de transparencia informativa, se constata la violación de los derechos humanos, y se mantiene artificialmente una guerra como medio para la promoción profesional y el beneficio de los negocios de altos mandos militares y sus conexiones civiles.
                En España no hay, parece ser, nostálgicos del estalinismo. Es más, cualquier socialista o comunista sensato se desvincula del mismo, así como de, prácticamente, todas las demás experiencias del denominado “socialismo real”. Consideran tales que, con la crisis levantada por las revelaciones de Kruschev ante el XX Congreso del PCUS (17 a 24 de febrero de 1956), ya se ha realizado toda la autocrítica necesaria. Pero semejante respuesta no parece suficiente: el comunismo no acaba, pero tampoco empieza, con Stalin. Tan breve explicación pretende, más bien, cerrar un necesario debate: informar a la sociedad española, sacando a relucir complicidades y responsabilidades políticas de comunistas y demás marxistas españoles en todo lo ocurrido. Y casi lo logran. De esta forma, para muchos de nuestros contemporáneos el comunismo forma parte del pasado. Es más, tienen claro que Hitler ha pasado a la historia de la ignominia. Pero, frente a Stalin, consideran que se trata de un caso muy distinto: ideas vagas, generalidades infantiles, imprecisiones históricas… Y a la consolidación de esa ambigüedad han contribuido sustancialmente, con sus silencios y justificaciones ideológicas, muchos de nuestros “progres”: periodistas, historiadores, docentes y políticos.
                No podemos pasar por alto todo lo ocurrido allí, en Rusia y en otros numerosos países; lo que –también- tuvo dramática expresión en la España de los años treinta del pasado siglo. Es más, podría decirse que todo ello nos alcanza hasta hoy mismo: no en vano, algunas organizaciones terroristas, caso de ETA, se siguen proclamando marxistas.
                Aún viven responsables materiales directos de los crímenes del comunismo en medio mundo. Igualmente, existen unos responsables políticos de semejantes crímenes contra la humanidad. Todavía persiste una responsabilidad intelectual y moral por tales hechos. Y una evidente relación de causalidad entre marxismo y crímenes del estalinismo, y del comunismo, que no pueden obviarse.
Para algunos políticos, historiadores y periodistas, autocalificados como progresistas, todo aquello de lo que venimos hablando es cosa del pasado, está poco claro y ha sido manipulado. A lo sumo, no tendría relevancia en la actualidad. Por ello, ante semejantes evasivas, existe un trabajo pendiente. Corresponde realizar un gran esfuerzo para desmontar esas falacias que pretenden escamotear la verdad. Algunos autores en España, al igual que otros muchos en todo el mundo, vienen realizando un gran esfuerzo intelectual para desmontar esos falsos tópicos, silencios y complicidades. La difusión de sus obras puede ser una manera de responder a este reto cultural y moral, prestando un necesario servicio a la verdad y a la justicia; concretas exigencias, ambas, y muy concretas, pese a algunos y a lo determinado como “políticamente correcto”.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 77, enero de 2004

¿Hacia una remodelación decisiva de los espacios políticos de la izquierda y el nacionalismo vasco en Navarra?

La formación abertzale Aralar lidera la coalición electoral de todas las fuerzas nacionalistas vascas presentes en la Comunidad Foral; revolucionando, con ello, los espacios de la izquierda y del nacionalismo de Navarra. De consolidarse la iniciativa, ésta acarreará insospechadas repercusiones en la estabilidad social e institucional de esta tierra


Una iniciativa de Aralar.
El pasado día 8 de noviembre de 2003, el diario El Mundo informaba de las gestiones realizadas para la conformación de una coalición electoral de las fuerzas nacionalistas vascas presentes en la Comunidad Foral de Navarra: Aralar, PNV y EA.
Por otra parte, el regional Diario de Navarra, esa misma semana, aseguraba que, considerando los últimos resultados obtenidos, en una crónica de pura matemática electoral, esa previsible coalición bien podría obtener un escaño, en el Congreso de los Diputados, a costa del PSOE.
Días después, José Antonio Urbiola, el presidente de un PNV que apenas tiene incidencia y representatividad institucional en Navarra, aseguraba que las conversaciones marchaban por buen camino y que, en las mismas, propondría que los dos primeros puestos, de la lista al Congreso, se asignaran a dos nacionalistas independientes; muestra inequívoca de que aspiran idealmente a dos de los cinco escaños del Congreso correspondientes a Navarra.
En cualquier caso, las expectativas creadas por esta noticia, en los medios políticos navarros, han sido enormes, pudiendo originar, en las próximas elecciones legislativas nacionales, un auténtico terremoto político.
No cabe duda de que, en el centro de esa estrategia, gozando además del mayor respaldo electoral otorgado por el nacionalismo vasco presente en Navarra el pasado 25 de mayo, se encuentra la formación abertzale Aralar. Este joven partido, especialmente arraigado en Navarra, mucho más que en cualquier provincia vasca, está liderado por el político Patxi Zabaleta. Este personaje disfruta de una magnífica imagen en la mayor parte de los medios de comunicación y en la clase política en general; ganada por su postura crítica con la "lucha armada", hace años y progresivamente, en el seno de las filas de la izquierda abertzale de la que ha formado parte con un alto grado de protagonismo. A esa actitud –no carente de contradicciones, tal como ha evidenciado el intelectual Aurelio Arteta en un artículo publicado el día 19 de diciembre en Diario de Navarra- se le suma su trato correcto, incluso cordial, a todo tipo de personas; así como una reconocida capacidad de diálogo.

Su impacto en la izquierda navarra.
Sin embargo, pensamos que el cálculo realizado por Diario de Navarra ha sido muy conservador. Olvida, su autor, que una coalición semejante arrastraría, además, a una parte importante del electorado de Batzarre (la formación estructurada por los restos de LCR y MCE, que cuenta con cierta incidencia en algunas localidades navarras), a un sector de electores claramente nacionalistas de Izquierda Unida e, incluso, a votantes descontentos con el rumbo errático y sin pulso de la actual dirección navarra del PSOE.
Si se suman a todos estos caudales de votos un número desconocido de votantes de Batasuna, que optarían con un criterio posibilista por un impulso decidido a "la" opción nacionalista vasca en Navarra, no es difícil deducir que tal lista superaría en votos a los obtenidos por un PSOE que sigue sin recuperarse electoralmente y cuya actual dirección no logra superar la, ya larga, crisis que arrastra este histórico partido de la izquierda navarra. Es más, no se adivina ninguna posibilidad de renovación desde su, dividida y menguada, oposición interna, más cuando algunas figuras –en su día- muy representativas, han abandonado el partido en una sangría constante.
De esta forma, estructurada en torno a la potencia y capacidad de maniobra de Aralar, esta "nueva" opción ocuparía por completo el espacio electoral del nacionalismo vasco, con posibilidades de hacer lo mismo –además- en el espacio político de la tradicional izquierda navarra; lo que supondría, en definitiva, una enorme convulsión.
Este movimiento nos permite constatar que lo que, en su momento, parecía una deseable iniciativa política (la aparición de Aralar, primero como corriente interna, después como partido autónomo), pues debilitaba a la izquierda abertzale restándole apoyos a su estrategia, implicaría ahora -con este movimiento táctico- un eficaz avance inimaginable; demostrando una envidiable capacidad de recuperación del espacio no sólo propiamente abertzale, sino de todo el nacionalista vasco e, incluso, de buena parte del de las izquierdas navarras.
Sin duda, en este contexto, si algo interesa, para la estabilidad política y social de Navarra, es la consolidación y recuperación política y electoral de un maltrecho PSOE -pese a que de momento no se vislumbran indicios reales en ese sentido- junto con su proyección sindical de UGT, frente a unos agresivos sindicatos nacionalistas que avanzan lenta, pero imparablemente, en el panorama laboral navarro.

¿Pacto de progreso?
Pero los temores generados, entre algunos políticos del actualmente gobernante UPN, no terminan ahí. Una vez liderado el espacio nacionalista vasco de Navarra por Aralar, y desplazado el PSOE de su segunda posición en votos del mapa electoral, el paso siguiente de Zabaleta sería, al igual que lo sucedido en Cataluña, un "pacto de progreso" que también englobara al PSOE, de cara a futuras elecciones autonómicas, en un intento de desbancar a UPN del Gobierno Foral.
Sin duda, la apuesta es muy fuerte, con muchos riesgos y algunas dificultades; pero sus consecuencias, de prosperar, serían decisivos para la sociedad navarra y, también, para el desarrollo de algunos aspectos de la consustancial territorialidad del famoso plan Ibarretxe.
Esta problemática situación plantea otra cuestión política de hondo calado, que no es otra que la de la verdadera naturaleza de la formación Aralar.

La verdadera naturaleza de Aralar.
Con un mensaje moderado de izquierda crítica, abierta, moderna, lindante con el ecosocialismo de otras latitudes, Aralar se presenta a sí misma como una opción dialogante, no dogmática, socialista, democrática y nacionalista. Estos contenidos, ¿cabe asimilarlos a los propios de la marxista - leninista izquierda abertzale?
Aralar siempre ha declarado sentirse como una parte de esa izquierda abertzale, compartiendo los mismos planteamientos estratégicos y discrepando en algunas tácticas; lo que supone una ambigüedad dialéctica y un doble lenguaje preocupantes.
Decíamos que la aparición de Aralar suscitó muchas expectativas, gozando su líder, Patxi Zabaleta, de evidentes simpatías en amplios medios políticos y periodísticos. No es el caso del criterio sostenido por Goiz-Argi, una interesante publicación electrónica de un grupo de nacionalistas vascos moderados. En algunos de sus artículos, en los que analizan y estudian a Aralar y algunas de las declaraciones políticas de Patxi Zabaleta, se sirven del materialismo dialéctico para intentar entender ese lenguaje, en ocasiones críptico pese a su aparente claridad, tal y como hacen con Batasuna y ETA. Sus conclusiones no son nada halagüeñas: Aralar, en definitiva, se trataría, a su juicio, de una formación disidente ficticia, "autorizada" a ver la luz justo en el momento oportuno, es decir, cuando el mapa político vasco empezaba a modificarse al apagarse la estrella política de Batasuna. Unos juicios, sin duda, que no pueden descartarse a priori, si no queremos caer en cómodos espejismos de efectos adormecedores.

Hacia la unidad de acción del nacionalismo vasco.
Desde que se difundió la propuesta electoral comentada, se han producido otras ofertas políticas en el mismo entorno. Es lógico. Si sirve para Navarra, ¿no puede servir, también, para el País Vasco? Así, EA ha hablado de la configuración de un "bloque nacional vasco" sin exclusiones. También Arnaldo Otegui ha pedido listas comunes que incorporen a representantes de su entorno. El mismo Patxi Zabaleta ha declarado que no descarta la presencia de abertzales radicales en la lista, siempre que participen de los principios de la coalición.
Así, lo que empezó como una fórmula específicamente navarra, con la pretensión de que la presencia social y cultural del nacionalismo vasco recobrara su representatividad política, puede extenderse al País Vasco con repercusiones imprevisibles en todo caso: tanto si se consolida, como si no prospera.

En definitiva: el panorama electoral navarro, al menos (las dificultades para que se extienda un pacto de estas características al País Vasco son mayores, dado el predominio de un PNV que no renuncia al liderazgo del nacionalismo en su conjunto), puede sufrir convulsiones que afectarían poderosamente a las expectativas políticas de los constitucionalistas, por una parte y de los nacionalistas vascos, por otra.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, 76,  diciembre de 2003.

Una entrevista a José Miguel Aguado Palanco: la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática y el catolicismo social.

Conversamos con José Miguel Aguado Palanco, presidente de la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática.

Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a José Miguel Aguado Palanco, actual presidente de la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática, con el objetivo de conocer su visión del estado actual del catolicismo social español. Este el resultado del encuentro.
Pregunta: La palabra “transversal” está de moda en algunos ambientes católicos españoles. Desde la perspectiva de su entidad, y con la experiencia de sus amigos italianos, ¿qué le sugiere este término?
Respuesta: La transversalidad en política implica una concertación de personas de distintas ideologías, en defensa de una determinada valor, idea, concepto o categoría universal, de naturaleza fundamental para la consecución del bien común.
En Italia, efectivamente, se han llevado a cabo iniciativas “transversales” en defensa de la vida, por parte de políticos cristianos pertenecientes a diferentes partidos, aun en contra de la posición de sus formaciones políticas. Creo que para llevar a cabo una acción transversal de esta naturaleza, son necesarias claridad de ideas, altura de miras y valentía para desafiar, en muchas ocasiones, la disciplina del propio partido.
P.: ¿Católicos en partidos políticos o partidos políticos católicos?
R.: Sin duda, católicos en partidos políticos, actuando como fermento en la transformación de las estructuras internas, para lograr que la Política se desarrolle, cada vez más, a la medida del hombre, desde la consideración de la actividad política como un servicio concreto y diario a los miembros de la comunidad.
P.: Ante la sucesión de iniciativas impulsadas contra la familia desde el Partido Popular, ¿puede seguir sosteniéndose el apoyo electoral de los católicos al mismo?
R.: Para responder a la pregunta, es preciso que, cada uno, antes de votar, analice las alternativas que nos ofrece el panorama político español en relación con la defensa de la familia.
Por otra parte, es notorio que numerosos y destacados miembros del Partido Popular son católicos practicantes. Quizás sea hora de recordarles las enseñanzas de la Iglesia sobre la importancia de la familia en la sociedad y el consiguiente deber de promoción y protección de la institución familiar para la configuración de un tejido social fuerte y estable.
P.: La Iglesia posee universidades, periódicos, emisoras de radio, colegios, hospitales. Pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás?
R.: Basta volver la vista a los acontecimientos acaecidos con motivo de la última visita apostólica de Juan Pablo II a España, para constatar que este pueblo existe, y que es más numeroso y determinante de lo que pudiéramos haber imaginado.
Sin embargo, son necesarios un convincente lIderazgo, coordinación y unidad de acción, sobre todo, ante cuestiones que afecten a la dignidad de la persona humana y sus derechos, a la justicia social, a los valores fundamentales, ...
P.:  En la sociedad española se impone masivamente el modelo relativista-consumista, contando para ello con la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y buena parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, ¿puede constituirse en alternativa real a esta mentalidad dominante, con una presencia social activa, o debe replegarse en la práctica litúrgica y sacramental?
R.: Pienso que la Iglesia debe continuar inculcando a sus fieles las ricas enseñanzas evangélicas, y testimoniando con sus obras la fidelidad a sus principios. Sin embargo, será el ejemplo que cada uno de nosotros podamos dar ante los demás, yendo “contra corriente” de la mentalidad consumista dominante, lo que más convencerá.
P.: El futuro parece jugarse, particularmente, en la educación de las nuevas generaciones. ¿Cómo responder, desde la Iglesia, a los actuales retos?
R.: De nuevo aquí, el Evangelio debe ser protagonista. Partiendo de un respeto absoluto a las creencias de cada uno, y sin imposición, la responsabilidad de la Iglesia en la educación de las nuevas generaciones pasa por transmitir los valores evangélicos de forma atractiva y moderna, de tal suerte que los jóvenes los hagan suyos y acaben traduciéndolos en vida. Para ello, es fundamental el ejemplo del educador.
P.: ¿Tiene capacidad, el pueblo católico, para asumir el mantenimiento de colegios y la apertura de nuevas universidades, de forma que sirvan a la misión para la que han sido creadas?
R.: Pienso que sí. No obstante, debe incrementarse la búsqueda de medios e instrumentos necesarios para que asegurar el futuro de los centros educativos existentes y la apertura de nuevos con garantía de éxito, lo que, indudablemente, implica una gestión profesional y eficiente de los mismos.
P.: Edición nacional de “Alfa y Omega”, suplemento religioso del diario La Razón, creación de nuevas universidades católicas, congresos “Católicos y vida pública”, constitución del Foro Español de la Familia, aparición de organizaciones “transversales” como es el caso de E-Cristians y HazteOír, numerosas iniciativas de entidades de católicas con vocación pública… ¿Son hechos aislados o constituyen un síntoma de renovación del catolicismo social español?
R.: Todas las iniciativas de esta naturaleza constituyen, sin duda, buenos ejemplos de la presencia dinámica de los cristianos en la vida pública, que nos llenan de esperanza por lo que suponen de renovación positiva de la sociedad. Sin embargo, el éxito y la mayor incidencia de estas iniciativas y otras que puedan ponerse en marcha, pasa por una eficaz concertación y unidad de acción.
P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados por los católicos, caso del sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa?, ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en estos ámbitos sociales?
R.: No creo que se haya producido un “abandono institucional” de determinados movimientos sociales. En cualquier caso, creo que es importante la presencia, en estos ámbitos, de personas con vocación de servicio a la comunidad, que lideren iniciativas con proyección social.
P.: A lo largo de buena parte del pasado siglo XX, la presencia pública católica en España era impulsada por la Jerarquía, apoyándose en la Acción Católica y la ACNP, especialmente. En la actualidad, existe un panorama de aparente pérdida de vigor en determinadas organizaciones católicas tradicionales y la aparición de nuevos movimientos eclesiales, cuyo interés en la presencia pública es dispar, aunque podríamos afirmar que existe una tendencia hacia el “recogimiento” interno. ¿Es deseable buscar la “unidad de acción?, ¿existen otras fórmulas de cooperación?
R.: Como el propio Juan Pablo II pidió a los representantes de movimientos eclesiales y nuevas comunidades, reunidos en el Vaticano en la vigilia de Pentecostés de 1998, la colaboración y el contacto entre estos movimientos y comunidades se ha incrementado notablemente desde entonces. Sin embargo, es necesario seguir avanzando en el conocimiento mutuo, con la convicción de que todos estamos en la misma barca y debemos coordinar nuestros esfuerzos para que la misma avance y sea, cada vez más, testimonio de unidad.
P.: La caridad es despreciada por el poder político y cultural dominantes. ¿La acción de un nuevo humanitarismo, representado por las ONGs laicas, está sustituyendo a las tradicionales obras de caridad católicas?, ¿sufren una crisis de identidad las ONGs católicas?, ¿se corre el riesgo de ocultar la razón de ser de las mismas en aras de una “homologación” según los criterios mayoritarios?
R.: Pienso que siempre debe quedar claro, sobre todo, en la práctica, la motivación de base que impulsa la actividad de una ONG católica, que trasciende a lo meramente material.
 
P.: Cuáles son las raíces, a su juicio, de las recientes y constantes muestras de anticatolicismo militante en determinados sectores sociales españoles?, ¿es posible un diálogo constructivo con el laicismo actual?
R.: Muchas veces, los ataques a la Iglesia y su doctrina son fruto de prejuicios o estereotipos, basados en un desconocimiento o desenfoque de los conceptos e ideas. Ante ello, por supuesto que es posible y necesario dialogar, cuanto más, mejor. El diálogo sincero nos hace tomar conciencia clara de las ideas del otro y valorarlas en su justa medida, para darnos cuenta que, en definitiva, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.
P.: La Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática nace del impulso social del Movimiento de los Focolares en España. ¿Podría hablarnos de las características e iniciativas de su asociación?
R.: Hace unos años, un grupo de profesionales de distintas ramas del saber, y de diferentes sensibilidades políticas, tras un dilatado período de maduración, decidimos constituir la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática. Nos unía una profunda inquietud por la Política, y el convencimiento de que los principios y valores del Personalismo Cristiano constituyen el fundamento de la organización sociopolítica, y deben ser inspiradores de las pautas de convivencia ciudadanas en una sociedad plural y democrática avanzada.
La experiencia y el ejemplo de amigos pertenecientes al Movimiento de los Focolares, sobre todo, italianos, nos sirvió de inspiración y acicate para dar el paso y salir a vida pública, a través de una asociación civil, abierta a todos aquellos que compartan sus principios, con independencia de su credo o adscripción política.

Hay que subrayar que estamos ante una asociación civil, sin ánimo de lucro; por tanto, ni es, ni pretende ser un partido político.

Creemos en un concepto de persona como ser racional y libre, sujeto de unos derechos fundamentales intrínsecos. En consecuencia, entendemos que un Estado democrático que aspire a establecer un Orden Social de Derecho, tiene la obligación de respetar esos derechos fundamentales, sin que el poder de dicho Estado, aunque esté fundado en mayorías democráticas, pueda desconocerlos o violarlos.

Consideramos que la actividad política debe ser ética en sí misma, pues, de lo contrario, constituye un fraude a los electores y una quiebra del mandato representativo. En consecuencia, el político cumplirá el objetivo fundamental para el que fue elegido, solamente si utiliza el poder en él delegado, para trabajar en la consecución del bien común. Pero el verdadero bien común sólo podrá lograrse si los protagonistas del quehacer político lo entienden como un servicio a las personas y grupos sociales, con preferencia por aquellos más desfavorecidos.

Creemos que la Democracia es el medio de convivencia social más racional y acorde con la dignidad humana. Sin embargo, la Democracia política es puramente formal, si no está construida de abajo arriba, sobre la base de los grupos y las fuerzas sociales vivos y operantes en la comunidad, comenzando por la familia, como primer lugar donde el hombre aprende a servir al bien común.

En una Democracia sin este fundamento, se produce la engañosa sensación de que el pueblo participa en la toma de decisiones al emitir su voto, sin caer en la cuenta de que, en la mayoría de las ocasiones, las candidaturas atienden a férreas disciplinas de partido, impuestas por influyentes grupos minoritarios, que controlan internamente el poder, y no siempre son modelo democrático. Así, el partido se convierte en una pirámide de control, donde la comunicación discurre únicamente en sentido descendente.

Nuestra Constitución configura a los partidos como instrumento fundamental para la participación política, afirmando que concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular. Sin embargo, las cifras de afiliados y simpatizantes de los mismos, así como el sufragio en blanco, indican que numerosos ciudadanos no se sienten identificados con las formaciones políticas existentes.

Afortunadamente, la participación política puede llevarse a efecto a través de varios canales, que serán más numerosos cuanto mayor sea la vertebración de la sociedad en la que se desarrollen. Las actividades políticas fuera del puro ámbito partidista, deben ser desarrolladas sin complejos de inferioridad, y teniendo presente que las mismas se configuran, al igual que los partidos, como instrumentos de formación y expresión de la voluntad popular.

Por otra parte, la actual Democracia representativa limita prácticamente la participación del elector al momento de depositar su voto, acto que conlleva una transferencia total de la soberanía popular a los representantes, cuya actuación no es juzgada hasta los siguientes comicios.

Desde nuestro punto de vista, el ciudadano no puede contentarse con el simple hecho de votar. Para que pueda hablarse verdaderamente de Democracia el elector, en ejercicio de su responsabilidad, debe tomar la iniciativa e intentar establecer un diálogo con la clase dirigente que lo representa. Sin embargo, para que esta comunicación dé sus frutos, no basta el empeño individual; es precisa una acción de grupo.

En efecto, votar aisladamente y tratar de comunicarse de forma individual con partidos políticos y administraciones públicas, significa tener muy pocas posibilidades de influir en la andadura política. De ahí la absoluta necesidad para los simples ciudadanos de organizarse y formar grupos, con ideas e iniciativas, capaces de mantener un diálogo constructivo y eficaz con los poderes públicos.

El referido diálogo habría de comenzar con un “pacto”, en virtud del cual, quien delega, el pueblo soberano, exige a sus representantes la asunción de unos compromisos, encaminados a la consecución del bien común. A lo largo de la legislatura, los electores deberán verificar si sus representantes cumplen los objetivos a los que se habían comprometido, apoyándoles y sugiriéndoles medidas e iniciativas de mejora, si así ha sido, y criticándoles constructivamente, en caso contrario.

Por todo lo anterior, decidimos configurar nuestra aportación política trabajando como grupo de iniciativa social, con la idea básica de que el ciudadano debe ser activo, tiene que moverse y no esperar a que la solución le venga de lo alto.
Nos proponemos llegar a ser plataforma para la promoción y apoyo de iniciativas que, superando la barrera de las ideologías, se orienten a la búsqueda del bien común.
Igualmente, es nuestro objetivo fomentar el estudio y la formación en el ámbito político, para desarrollar en los ciudadanos la capacidad de participación en la vida pública.

Asimismo, intentamos ser foro de encuentro y diálogo para que personas con diferentes convicciones políticas y sociales puedan intercambiar puntos de vista, sin condicionamientos previos, espontánea y libremente, a la búsqueda de la unidad, partiendo de aquellos criterios comunes que permitan sentar las bases para una eficaz cooperación.        
Entre nuestras actividades podemos destacar la organización de conferencias, mesas redondas, coloquios, ..., en relación con aspectos de interés de la vida política y social, incluyendo actos de análisis objetivo y comparativo, por materias, de los programas de los distintos partidos políticos ante unos determinados comicios.
La manifestación pública más reciente de la Asociación ha sido la celebración, en la Delegación del Parlamento Europeo en Madrid, el 19 de diciembre de 2003, de una conferencia-coloquio con Vera Araujo, socióloga y miembro del Centro de Estudios del Movimiento de los Focolares, y Lucia Fronza, ex – parlamentaria italiana y Presidenta del Movimiento Político por la Unidad. El tema abordado “La Fraternidad universal: el desafío de hoy. La Fraternidad en Política”, es un reto que se nos plantea para el futuro, pero del que ya hoy apreciamos sus frutos en todos los campos. Hemos constatado que, incluso en el siempre complicado campo de la Política, puede vivirse la Fraternidad, respetando y valorando lo positivo de las propuestas del adversario político, intentando hacer hincapié en los que nos une, a la búsqueda del bien común.  
Por último, señalar que, desde hace poco tiempo, la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática, es miembro del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo. En su seno, queremos dar nuestra modesta contribución al trabajo que el Movimiento Europeo viene desarrollando en pro de la integración y la unidad de Europa, para hacer de la misma un espacio social más justo y solidario, que lidere en el mundo la protección y el respeto de los derechos humanos.
P.: En su respuesta creo reconocer algunas de las ideas nucleares del carisma del Movimiento de los Focolares. ¿Podría resumirlo, sintéticamente?
R.: No soy, ni mucho menos, el representante más cualificado para hablar del Movimiento de los Focolares; además, es difícil resumir en unas líneas una realidad tan rica y variada. Aun así, trataré de hacerlo, lo mejor que pueda, de la mano de Chiara Lubich, su fundadora.
Chiara nace en Trento, en el norte de Italia, el 22 de enero de 1920; tras obtener el título de maestra, debe interrumpir sus estudios de Filosofía a causa de la Segunda Guerra Mundial. En medio de los escombros de su ciudad, destrozada por los continuos bombardeos, comienza con un grupo de amigas a atender a los más necesitados. La destrucción que las rodea les hace entender que sólo hay un Ideal que no pasa, que las bombas no pueden destruir, Dios, Dios que es Amor, y deciden hacer de Él el único ideal de sus vidas.
Diariamente las bombas las obligan a acudir a los refugios, donde aprovechan para leer el Evangelio. Allí comienzan a descubrir que las palabras en él contenidas pueden vivirse, es más, están escritas para eso, para ponerlas en práctica. Entre las frases evangélicas, algunas les causan mayor impresión: las relacionadas con el amor al prójimo y el amor recíproco, por lo que se ponen inmediatamente a hacerlas vida. A los pocos meses, son ya más de quinientas personas las que se han unido a esta corriente de amor en la ciudad de Trento. Así, sin darse cuenta, estaban poniendo las bases de lo que, más tarde sería el Movimiento de los Focolares. Acabada la guerra, éste se difunde rápidamente por toda la geografía italiana, y luego por Europa –incluida España- y por todos los continentes. En la actualidad, está presente en 182 países y cuenta con más de dos millones de personas, de todas las edades, razas y creencias.
En las tierras donde dominan los conflictos, el Movimiento aporta una nueva mentalidad de comprensión y de ayuda recíproca, que mueve a muchas personas a comprometerse a poner paz entre las facciones opuestas.
Desde siempre, el Movimiento ha trabajado incansablemente para promover diálogos entre las distintas realidades de la Iglesia Católica, entre ésta y las otras denominaciones cristianas, entre las distintas religiones, y con los hombres que, sin profesar una fe religiosa, quieren  construir también la unidad en el mundo.
Alguien se preguntará: pero, ¿cuál es la clave de esta rápida difusión del Movimiento, entre personas de las más variadas ideologías, creencias y condiciones sociales?
El secreto está en una nueva pauta de conducta adoptada por millones de personas, que se inspira, fundamentalmente, en principios cristianos - pero sin descuidar, al contrario, poniendo de manifiesto, valores paralelos de otros credos y culturas -, y que trata de infundir en el mundo fraternidad, paz y unidad.
Se trata de la “espiritualidad de la unidad”, que es, a la vez, personal y comunitaria, y que Juan Pablo II ha presentado actualmente, a toda la Iglesia, bajo el nombre de “espiritualidad de comunión”, para que todos la vivan.
Los puntos fundamentales de esta espiritualidad son dos.
El primero es la unidad, esa unidad que Jesús le pidió al Padre antes de morir: “Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21). Una oración que reclama la unidad de los cristianos con Dios y entre ellos, para hacerla extensiva después a todos, en una fraternidad universal.
El segundo fundamento es Jesús crucificado y abandonado, que grita en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?” (Mt 27, 46; Mc 15, 34). Jesús, el Verbo de Dios hecho hombre, justamente por ser hombre, había cargado con todas nuestras culpas, nuestras divisiones, nuestros sufrimientos; y por eso, el Padre había permitido que sintiera aquel dolorosísimo abandono. Pero Él, con un esfuerzo sobrehumano, superó esta prueba y se abandonó en el Padre diciendo: “En tus manos... encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46), y así se convirtió en el modelo de todos para recomponer cualquier desunión, para curar cualquier trauma.
Amándolo y siguiéndolo a Él, los miembros del Movimiento de los Focolares contribuyen a unir individuos y porciones de sociedad de todos los pueblos, trabajando de este modo por la unidad de la familia humana.
P.: ¿Cuál es la salud de su movimiento en España? Caracterizado, especialmente, por una vocación ecuménica, ¿son acogidas sus propuestas de diálogo por otras confesiones religiosas presentes en España?
R.: En nuestro país, de mayoría católica, los contactos con otras denominaciones cristianas han sido bastante esporádicos. Sin embargo, existe un interesantísimo diálogo con destacados miembros de la comunidad islámica, que tuvo su cenit en la visita que Chiara Lubich realizó a España hace un año. Este diálogo, al igual que el establecido con personas de otras religiones en diferentes países, está basado en el respeto recíproco y en la llamada “regla de oro”, común a las principales religiones del mundo, que dice así: “Trata a los demás como quisieras ser tratado por ellos” (Lc 6, 31). En el fondo, lo que reclama esta regla de oro es amar a cada prójimo; de modo que, si nosotros, porque somos cristianos, amamos, y ellos, por ser hindúes, musulmanes, judíos,..., también aman, se genera el amor recíproco, del cual florece la fraternidad.
P.: Dada la situación de la sociedad y de la Iglesia españolas, ¿cuáles son las principales urgencias que deben afrontar el Movimiento de los Focolares y la Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática?
R.: Pienso que el Movimiento debe, cada vez más, ser fiel al carisma que propició su creación, y trabajar para contribuir a realizar la unidad allí donde ésta falte.
En cuanto a la Asociación, ha de implicarse más en la vida pública, e intentar llevar a la misma el espíritu de fraternidad que, como hemos visto, supone un cambio radical en las relaciones humanas
P.: ¿Qué le sugiere el Islam?: ¿confrontación?, ¿diálogo?, ¿asimilación?, ¿multiculturalismo?
R.: Me sugiere diversidad, riqueza, diálogo y, sin duda, fraternidad.
Al respecto, es significativa la experiencia del Movimiento de los Focolares: en mayo de 1997, invitada por el Imán Warith Deen Mohammed, líder espiritual de dos millones de musulmanes afroamericanos, Chiara Lubich habla de la espiritualidad de la unidad a tres mil musulmanes negros de la mezquita “Malcom X” de Harlem (Nueva York). La escena es verdaderamente sorprendente, sobre todo, para la mentalidad musulmana: una mujer, cristiana, hablando en una mezquita. Fruto de aquel encuentro, se inicia un proceso de conocimiento recíproco y colaboración fraterna, que hoy ha abierto las puertas de cuarenta mezquitas en los Estados Unidos, y posibilitado el contacto y diálogo con numerosas comunidades musulmanas en Europa.

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 76, diciembre de 2003.

Pío Moa contra la mentira

Un historiador contracorriente: Pío Moa. Su nuevo libro, Contra la mentira, es un lúcido ejercicio de razón, lógica y sentido común. En estos tiempos, en que un poder cultural totalitario impone ideas y modos de vida, seguro que sus razonamientos, allí expresados, molestarán a muchos defensores del actual orden establecido.


Contra la mentira.
Los editores bien lo saben. Los libros recopilatorios de artículos ya publicados, en diarios o revistas, no suelen tener fácil salida; salvo los de algunos contados autores ya consagrados. Por ello, suelen ser escasas las novedades de este género. En el caso de Moa no se sigue esa regla general; pues, con el que hoy comentamos, ya son dos sus libros editados en esta modalidad. El primero fue La sociedad homosexual y otros ensayos, (Criterio Libros, Madrid, 2001), texto que recogía escritos inéditos junto a otros, ya publicados, de cierta longitud. En esta ocasión, es otra joven editorial madrileña, Libroslibres, la que se atreve con una recopilación de artículos de Moa publicados, en el diario electrónico Libertaddigital.com, en los últimos tres años. Contra la mentira (Madrid, 2003, 272 páginas) es su título, lo que ya constituye una expresa declaración de intenciones en un tiempo de ambigüedad y transacción generalizadas.
Pío Moa ya era conocido como historiador, por su trílogía sobre la Segunda República (de Ediciones Encuentro) y, especialmente, por su enorme éxito en ventas Los mitos de la Guerra Givil (La Esfera de los Libros). Ahora, también podemos conocerlo como un agudo analista de la actualidad, a la que aplica los mismos métodos, de disección y fría lógica, empleados en sus ya famosos libros.
Subtitulado Guerra civil, izquierda, nacionalistas y jacobinismo, este volumen constituye un buen testimonio de la sociedad en que vivimos: sus tópicos e ideas predominantes, los cambios sociales en marcha, la influencia de los grupos de poder, el peso y retroceso de la tradición, las nuevas formas de censura en los medios de comunicación, el panorama de las corrientes historiográficas, las relaciones entre la sociedad y el poder político, sus tendencias culturales, las íntimas inquietudes de la persona…

Moa tiene esa capacidad: ver en determinados hechos cotidianos que pueden pasar desapercibidos a muchos, indicios representativos de concretos fenómenos sociales. Desmitifica y desvela. Así, su artículo Las niñas ya no cantan es un claro ejemplo de esa mirada penetrante sobre unos simples hechos cotidianos, dotada incluso de cierto lirismo, y, en este caso, al límite con la nostalgia. En otras muchas ocasiones, cerrará con ironía su secuencia de razonamientos.


 Los contenidos del libro.
Su núcleo está articulado en torno a los conceptos, antes mencionados, del subtítulo; lo que desvela claramente su vocación de historiador. De esta forma, enjuicia a diversos personajes históricos, caso de Ferrer Guardia, Besteiro, Negrín, Largo Caballero, Margarita Nelken, Franco, y otros. También reflexiona en torno a personajes actuales: Rodríguez Zapatero, Ruiz Gallardón, Peces-Barba, Fernando Savater, etc. Igualmente, se atreve con diversas cuestiones de actualidad: uniones de homosexuales y la posible adopción de niños por tales, la educación en España, la moral pública, la angustia por la existencia, el sentido del pudor, diversos conceptos de la ciencia, etc. Y no olvida espinosos asuntos del pasado reciente: el papel de los cristianos progresistas, el TOP, el PNV y la Iglesia, el trato dado a Alexander Solyenitsin, y otras muchas cuestiones candentes.
Los 134 artículos están clasificados en siete apartados. El más extenso, con 34 textos, es el titulado Sobre censuras y asuntos varios. Tal vez sea, ésta, la parte donde más experiencias personales aporta el autor, tratando asuntos de cariz social y cultural muy variados.
Otro terreno que, sin duda, preocupa al escritor, es el futuro de esta España golpeada por los que denomina Nacionalismos balcanizantes. Con tal razón, se agrupan un total 24 textos.
El tercer apartado en número de artículos, con 20 de ellos, es el que se remite de forma directa a algunos aspectos de la Segunda República y la guerra civil.
Los cuatro restantes apartados del libro son: Religión, catolicismo y los neojacobinos; Algunos tópicos de la izquierda en general y del PSOE en particular; Franquismo y antifranquismo; Algunos hechos del pasado lejano.

Verdad y mentira, ¿son equivalentes?
Pío Moa no pretende partir de un dominio de la verdad. Es más, asegura que existe una gran dificultad en su determinación. Pero ello no impediría –a su juicio- que la mentira pueda identificarse por otras vías que no sean el mero contraste con esa hipotética verdad. Así, la mentira puede descubrirse por los efectos y consecuencias de una idea o tendencia. Si son perniciosos, la fuente que los origina no será veraz. Otra vía de discernimiento sería la de detectar las contradicciones o incoherencias internas de la versión de que se trate. En este contexto, Moa considera peligroso, para la convivencia social, que ésta se base en la sucesión de falsificaciones históricas de un pasado más o menos reciente. Repetir los errores del pasado –asegura- puede tener efectos amenazadores, y por ello hay que desenmascararlos. La falsificación y la agitación política demagógicas, especialmente protagonizadas por ciertas izquierdas españolas (grupos mediáticos y partidos políticos), son un cáncer para la democracia; y como tal hay que tratarlas. Para ello sólo existe una vía: la confrontación, debiendo prevalecer, en ese debate, las ideas o experiencias verdaderas. Esto supone una premisa: es mentira que en democracia toda idea o tendencia sea equivalente.

Con todos esos elementos en juego, podemos concluir que este libro es mucho más que una simple recopilación de textos actuales e interesantes: es un retrato de nuestra sociedad. El ejercicio de lógica que realiza Moa tiene una consecuencia: disecciona la realidad social, cultural y política de la España de hoy, aportando claridad a la misma. Se podrá no estar de acuerdo, parcial o totalmente, con sus conclusiones. Pero nadie le puede quitar ese mérito y esa insobornable libertad e independencia intelectual.


 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, 75, noviembre de 2003.

Las bazas del plan Ibarretxe.

                Ya lo conocemos, finalmente. Y el calendario de su desarrollo implica dos años más de tensiones y confrontación. De esta forma, el plan Ibarretxe presidirá, por completo, la política nacional, envenenando la convivencia común en un futuro inmediato. Y todo ello a la espera de una firme y clara respuesta desde el Estado de Derecho.
Ya tenemos plan Ibarretxe.
Ya se ha dado a conocer. Y las reacciones no han tardado en producirse. Más allá de matizaciones, en tono y actitud, existe una –casi- general unanimidad en que el plan no tiene posibilidad alguna de prosperar. Las previsiones legales, con su exigencia de mayorías cualificadas y largos trámites, para la reforma de la Constitución, dificultan en grado extremo sus pretensiones. No parece factible, por tanto, que por otro cauce legal o de negociación, pudiera avanzarse en su calendario de ejecución por la política de hechos consumados, saltándose a la Constitución y al Estatuto vasco. De esta forma, sus posibilidades de éxito se reducen casi por completo.
También se ha producido una general coincidencia en el siguiente análisis: el plan Ibarretxe es un proyecto secesionista que busca la independencia a medio plazo y por etapas; si bien sus impulsores lo han negado. Pero, si alguien avala esa pesimista interpretación, ese es Arnaldo Otegui, encantado con la propuesta pues, según afirma, es producto de su  programa; es decir, de ETA. Por ello, cuando desde el Partido Popular, en palabras de Jaime Mayor Oreja, se ha afirmado que es una “herencia política de ETA”, aunque ello disguste tremendamente al PNV, a este juicio no le falta ninguna lógica.
Pero, estando así las cosas, se impone un interrogante. Si el plan no tiene posibilidades de éxito, dadas las previsiones del ordenamiento jurídico español, ¿cómo es que el PNV y sus aliados se han lanzado a esta aventura?, ¿acaso su perspectiva nacionalista les ha cegado, hasta tal extremo, de no permitirles ver la realidad?, o ¿se trata de una imposición externa, de ETA por tanto?
En cualquier caso, esa aparente “falta de realismo político” contrasta con la trayectoria del PNV, caracterizada por un agudo pragmatismo; aunque las tensiones internas –presentes en toda su ya larga historia- entre independentistas y autonomistas, hayan oscurecido cíclicamente esa preclara tendencia.
No pensamos que el PNV sea un partido de pretensiones suicidas. Si se ha lanzado a ello, será porque ha calculado el peso de los diversos factores en juego, las posibilidades de éxito y los riesgos existentes. Algún aspecto –creerán- de particular incidencia en la realidad facilitará el desarrollo de su programa.
Las bazas del plan.
Reflexionemos en torno a algunos de esos posibles factores en juego.
La unidad táctica del nacionalismo vasco. Por primera vez, en decenios, el nacionalismo vasco se une, pese a aparentes discrepancias y matices, en un proyecto que, a corto y medio plazo cuanto menos, situaría al País Vasco camino de lo más próximo a un Estado soberano.
El control nacionalista de la vida política, social y cultural del País Vasco. Este control, construido desde hace casi tres décadas, ha neutralizado buena parte de los anticuerpos de la sociedad civil vasca. No obstante, el nuevo movimiento cívico de resistencia vasca ha abierto una brecha en las pretensiones hegemónicas del nacionalismo que, sin duda, provocará nuevas y contundentes reacciones desde el mismo.
La división de los constitucionalistas. La postura  de oposición al plan, del Partido Popular, es muy clara. Y también el PSOE se ha manifestado en contra del mismo. Pero la táctica socialista actual que busca, ante todo, diferenciarse de las políticas populares, le ha llevado a una seria incoherencia: rechazo claro del plan, por una parte, pero sin buscar la necesaria unanimidad, con los otros protagonistas políticos, que cierre el paso -de forma contundente- a la desestabilización dimanante del plan.
El cansancio o indiferencia de algunos sectores de la sociedad española. Ya lo hemos comentado en otra ocasiones. Con la pérdida, en la conciencia colectiva, de determinados valores cívicos, entre ellos, el del sentimiento de pertenencia nacional y el de la valoración positiva de la historia española; se ha producido una atonía muy extendida entre sectores sociales españoles. Por otra parte, otros sectores no son indiferentes: simplemente, están hartos. Y seguro que a éstos, los imprevisibles acontecimientos de los próximos dos años, les facilitarán posicionarse en una respuesta instintiva, aunque poco articulada, del tipo de “si se quieren ir, que se vayan, y nos dejen en paz”.
Las tendencias disgregadoras procedentes desde Cataluña y Galicia. Las pretensiones independentistas del BNG, en Galicia, y de ERC, en Cataluña, ya eran conocidas. Pero no dejaban de ser posturas minoritarias en sus propios ámbitos territoriales. Pero, con la propuesta del ambiguo debate federalista impulsado por Maragall desde la tribuna del PSC-PSOE, se ha abierto brecha –innecesariamente- en ese imprescindible consenso entre quiénes consideran que Constitución y Estatutos son vías y cauces adecuados para la definitiva articulación territorial de España. Por otra parte, la radicalización de CiU, en parte espoleada por el crecimiento electoral de ERC, ha acrecentado la sensación de que “el plan Ibarretxe es el principio, pero no el final de la crisis”.
La inexistencia de un consenso, entre los constitucionalistas, en torno a las concretas medidas legales de respuesta al plan. La reciente declaración institucional del Gobierno español, anunciando firmeza y resolución, era necesaria. Pero su invocación a una respuesta de la sociedad civil no debe eludir la responsabilidad de los políticos, quiénes deberán consensuar una batería de medidas legales, como respuesta a las diversas eventualidades derivadas de la puesta en marcha del plan Ibarretxe.
La proximidad de unas elecciones generales que, hipotéticamente, pudieran generar una nueva mayoría que precise de apoyos estables de la minoría parlamentaria del PNV. En este contexto, no puede descartarse una política de negociación y mercadeo que busque, por parte del PNV, la imposición de una versión remozada del plan Ibarretxe.
Una posible nueva “tregua” de ETA. Ello reforzaría el presunto realismo de la propuesta, como histórica vía pacificadora, de particulares resonancias en medios políticos internacionales. Recordemos, no obstante, que tenemos fresca una precisa experencia anterior que desmiente la bondad de tales planteamientos. Pero, de llegar a producirse, no puede descartarse un efecto de “espejismo” en algunos sectores, predispuestos a una “negociación a la baja”, de la sociedad española.
Otros aspectos en juego.
Existen algunos otros factores que, sin duda, dificultarán notablemente las pretensiones soberanistas del PNV y su plan. Así, la resolución política alavesa de rechazo activo del mismo. También, la firme actitud del Gobierno de Navarra. Y, un factor externo: la pérdida de credibilidad, a nivel internacional, de la causa del nacionalismo vasco, causado por la inserción de ETA en las listas internacionales de organizaciones terroristas, y por el aislamiento político del PNV que le ha instalado en  la marginación de los grupos minoritarios del espectro del Parlamento Europeo.
Otra circunstancia a tener en cuenta. Dadas las contradicciones internas de Izquierda Unida en tales temas, esta formación ha quedado inhabilitada como posible protagonista activo en la resolución de la crisis, salvo un radical cambio de su rumbo político que afectara, especialmente, a su delegación vasca o socio, Ezker Batua.
La polémica está servida. Las intenciones, de unos y otros, parecen estar, definitivamente, claras y diáfanas. Ahora, esperemos serenos las respuestas políticas concretas al desafío del plan Ibarretxe que, contemplando las anteriores consideraciones, se elaboren desde el Gobierno, el Partido Popular, el PSOE y los agentes sociales y mediáticos españoles.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 74, octubre de 2003