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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Para el otoño: inestabilidad generalizada y fuertes vientos procedentes del golfo de Vizcaya.

    De nuevo, además de por diversas apasionantes convocatorias electorales, el otoño político estará azotado por los vientos procedentes del País Vasco: el plan Ibarretxe y la inestabilidad desde allí generada a causa del rumbo secesionista del -antes denominado- “nacionalismo moderado”.

Otro otoño caliente.

         De nuevo, sin duda, otro evento político generado en el País Vasco – nos referimos al famoso plan Ibarretxe- gozará de un notable protagonismo a lo largo del próximo otoño; unos meses en los que se sucederán diversas convocatorias relevantes en España, tales como las nuevas elecciones a la Asamblea de Madrid (en octubre) y a la Generalitat catalana (en noviembre).

         Sobre todas estas convocatorias también planeará, con mayor o menor incidencia, dicho plan secesionista. Así, en Madrid, dada la postura nada unánime de los socialistas al respecto, será un argumento a esgrimir por el Partido Popular en su reproche al PSOE por su falta de visión de Estado en unas circunstancias especialmente delicadas. En el caso catalán, ERC y, de alguna manera CiU, también estarán expectantes ante la evolución y desarrollo de un plan que puede ser modelo a imitar, incorporándolo a sus respectivas tácticas partidarias. Y no olvidemos la postura revisionista y federalista de Maragall y su PSC, principales detonantes de la pérdida del sentir nacional de un PSOE a la deriva en este terreno fundamental para el futuro y la convivencia españolas.

Respuestas al plan Ibarretxe.

         De momento, son tres las respuestas políticas elaboradas frente al plan Ibarretxe: una primera de rechazo absoluto al mismo, con invocaciones a la fortaleza de la legalidad vigente, por parte del Partido Popular; la propuesta “Más Estatuto” de un PSOE que, ingenuamente, cree que con ella podrá contentar, al menos, a ciertos sectores nacionalistas vascos, frenando de esa manera el plan del lehendakari y; por último, el “Federalismo de libre elección” de la Izquierda Unida vasca que apuntala, en definitiva, el plan del PNV.

         Pero tenemos otra respuesta, fundamental, que conviene analizar aquí. Y no es otra que la expresada, en varias ocasiones, por la organización terrorista ETA de forma, aparentemente, contradictoria.

         Cuando, a mediados de septiembre, trascendió a los medios de comunicación el análisis del plan Ibarretxe que figuraba en el boletín interno etarra Zutabe, en su número 101 del mes de junio, se produjo una reacción que rezumaba estupor entre quiénes no comprendían la aparente contradicción existente entre el matizado apoyo al plan, allí expresado, y las explosivas descalificaciones al mismo de los comunicados públicos de la organización terrorista. No obstante, otros observadores, periodistas y políticos, aseguraron que las tesis del Zutabe 101 avalaban su creencia de que el nacionalismo vasco, pese a la externa división entre radicales y demócratas, entre marxistas-leninistas y etnicistas, es uno en su naturaleza y objetivos; lo que salvaría esa contradicción.

La actitud de ETA.

         Efectivamente, en dicho análisis es determinante la siguiente frase que reproducimos a continuación: «No debemos olvidar que en la base de las propuestas que actualmente realizan PNV, EA e IU, está el impulso promovido por la izquierda “abertzale”», por lo que «tras muchos años de resistencia, avivada por la izquierda abertzale, se ha encauzado una dirección firme, clara y efectiva en la construcción nacional». Así, y siempre según ETA, gracias a la acción y presión del autodenominado MLNV que dirige, el nacionalismo moderado, finalmente, se habría movido en la dirección siempre señalada por la banda terrorista; es decir, hacia la ruptura consciente con la Constitución española y el Estatuto vasco. Y, en resumen, ante tan significativo cambio táctico, histórico diríamos nosotros, para Zutabe, la izquierda abertzale debe adoptar una postura «positiva y constructiva».

         Todo ello parece estar en contradicción con otros pronunciamientos, tanto anteriores como posteriores a ese mes de junio en que está fechado el Zutabe, de la banda terrorista, en los que acusaba al plan de todos los males posibles para un nacionalista: programa para la guerra, españolismo, autonomismo…

         Sin embargo, la contradicción sólo es aparente. Ante todo hay que recordar la naturaleza de la ideología y estrategia de ETA y su MLNV. Sus categorías políticas y argumentales no responden a la lógica común, pues siempre se deben interpretar desde una coherencia de base marxista-leninista para la que cuenta, ante todo, avanzar a cualquier precio, ganar nuevos espacios, derrotar progresivamente al enemigo recurriendo a medios de todo tipo: desde la acción clandestina de partidos ilegales, pasando por el terrorismo, la cooperación temporal con aliados tácticos, incluso la acción institucional si es posible. Desde esta perspectiva, el plan Ibarretxe, para los estrategas de la banda, sería otro instrumento más, una oportunidad para avanzar, pese a sus discrepancias con los medios y plazos allí indicados, pues, en definitiva, han optado por una vía táctica y un calendario distintos que tienden al mismo fin. Y si el plan Ibarretxe fracasa, no pasa nada, desde su perspectiva, pues la organización de vanguardia, es decir ETA, persistiría, en cualquier caso, con su liderazgo y acción clarificadoras para todo el nacionalismo vasco, proponiendo nuevas fases y tácticas. Pero si se avanza en los objetivos marcados en el plan, el camino hacia la independencia se acortaría notablemente, consolidándose, además, los espacios ya ganados. Otro asunto es que, llegado el momento, tengan que pasar cuentas a los moderados, quiénes no siempre les han facilitado las cosas, sino que, incluso, han colaborado con los españoles por mero oportunismo, siempre según su juicio.

         Si nos remitimos al pasado inmediato, observamos que en otras ocasiones también han apostado por alternativas aparentemente contradictorias y de forma simultánea. Así, con motivo de la llamada “tregua armada unilateral”, ETA apostó por agotar esa vía y alcanzar el mayor número de objetivos políticos; a la vez que se rearmaba y se nutría de nuevos recursos humanos para cuando fuera necesario.

         No lo olvidemos. Zutabe es un documento para los militantes, para la elite revolucionaria, la doctrina destilada más pura. Los comunicados públicos de ETA son otra cosa, pues pretenden, además de proporcionar unos criterios de interpretación y de acción a su masa de seguidores, unos efectos publicitarios que también persiguen presionar al nacionalismo moderado.

         Por todo ello, la contradicción es muy relativa.

         En este contexto, el PNV no es un convidado de piedra. El partido jeltzale necesita, a corto plazo, del concurso de la izquierda abertzale por dos motivos: para sacar adelante su proyecto en el Parlamento vasco y para ganar ampliamente las próximas convocatorias electorales, reteniendo a los electores ya trasvasados desde el MLNV.

         De esta forma, existe una compleja comunidad de intereses mutuos entre los nacionalistas vascos radicales y los llamados moderados, además de -parcialmente- unos mismos objetivos finales.

         En esta nueva situación, en el espacio político nacionalista, quedan algunos “flecos”. Por ejemplo, la postura de las formaciones políticas Aralar, Zutik y Batzarre, especialmente de la primera; ya secunden  el plan o las consignas de ETA.

         Resumamos. PNV y MLNV persiguen el mismo objetivo de la independencia de la “nación vasca”. Igualmente, han optado por la “construcción nacional”, es decir, la creación y consolidación de espacios sociales, culturales y políticos, que preparen su advenimiento, constituyendo el anticipo, ya, de esa “nación en marcha”. Pero discrepan en los medios y en los plazos. De ahí esas críticas mutuas, desencuentros e incluso, alguna sangre derramada.

Otros aspectos.

         El próximo otoño será, pues, muy importante. El PNV, de la mano de Ibarretxe, hará público el texto definitivo de su propuesta de “libre asociación”; por lo que será entonces cuando se pueda anticipar un calendario de las actuaciones derivadas del mismo, en particular, un intento de referéndum. También tratará de ganar nuevos espacios, especialmente, entre sectores del PSE-PSOE que intenten conciliar el “federalismo asimétrico” de Maragall y algunos aspectos de la propuesta socialista vasca de “Más Estatuto”, con determinadas previsiones del plan Ibarretxe: un rompecabezas de imposible encaje legal.

         Elkarri seguirá propugnando otra “Conferencia de paz” más (¿cuántas llevan?), preparando el camino y el ambiente al plan Ibarretxe, en definitiva, entre algunos medios políticos madrileños e internacionales.

         Y frente a todo ello, junto al nuevo movimiento cívico vasco, un Partido Popular que, en el País Vasco, iniciará el ineludible debate sucesorio, pues Jaime Mayor Oreja ya ha dado a entender que llegó la hora del relevo; una circunstancia que no puede debilitar la firmeza de sus posiciones, única táctica válida y realista del constitucionalismo hoy día.

         Un otoño, en definitiva, cargado con exceso de política. En estas circunstancias, no vendría mal un debate cultural de fondo y un ejercicio de memoria histórica que intenten frenar -además de desmontar los falsos mitos esgrimidos por el nacionalismo vasco- el cansancio que experimentan algunos sectores de la sociedad española ante tantos problemas siempre procedentes del País Vasco. Un hartazgo que, los dirigentes del PNV, tratarán de acrecentar para luego explotarlo en su beneficio.

Pero, a la espera de unas consistentes respuestas políticas, sociales y culturales al plan Ibarretxe, la sociedad española, en su conjunto, debe perseverar, en el contexto de un ejercicio de voluntad de vida y de continuidad histórica, en un permanente homenaje a las víctimas del terrorismo; a las que nunca se agradecerá lo suficiente su sacrificio y entereza. Una altísima referencia humana; un extraordinario modelo a seguir por una sociedad desafiada.

Arbil, anotacionesde pensamiento y crítica, Nº. 73, septiembre de 2003.

Mini manual del activista cultural.

V Congreso “Católicos y Vida Pública”.
“¿Qué cultura?”
Mesa 4 C. La industria cultural.

 

Fundación Universitaria San Pablo - CEU.

 

 

Madrid, 14, 15 y 16 de noviembre de 2003.
 

Por José Ignacio Echániz Valiente (Madrid) y
Fernando José Vaquero Oroquieta (Pamplona)
 

1. Introducción.
Es bastante común encontrar, también en ambientes católicos, a un tipo humano especialmente consciente de las implicaciones y repercusiones del “mundo de las ideas” en la vida cotidiana, muy motivado por estas cuestiones y, derivado de ello, impulsor de concretas iniciativas culturales.
Este particular grupo de activistas está integrado, de forma no planificada, por personas, en muchas ocasiones, autodidactas, y que no han seguido unos cauces orgánicos o un itinerario específico que “cultive” esta vocación especial. Aparentemente dispersos, forman una interesante constelación humana integrada por simpatías, afinidades, preferencias, gustos comunes, etc. y también, por rivalidades, malentendidos y prejuicios, “capillas”...
La llamada industria cultural, en la actualidad, se encuentra en manos de grandes entidades, ya públicas o privadas, que aparentemente controlan ese “flujo” misterioso de las ideas hacia la sociedad y viceversa. Y, en realidad, lo controlan, lo propician e, incluso, lo determinan en su mayor parte. Pero en su periferia se desenvuelven activistas que también trabajan en el mundo de la cultura -ya fuera de esas entidades, incluso a veces en su seno- y que son capaces de influir, facilitar, presentar o proponer, otras alternativas filosóficas y vitales en determinados ámbitos sociales y humanos.
            En resumen: el activista cultural es a la industria cultural, lo que el guerrillero a la guerra convencional. Otras tácticas, otra perspectiva, otra motivación, otros medios, otros recursos… y unos mismos objetivos: ganar una peculiar “guerra”, es decir, facilitar que el influjo de determinadas corrientes de pensamiento y “valores” sustente comportamientos individuales y sociales.
            En esta comunicación no vamos a sentar “doctrina”. Tampoco pretende ser una comunicación “técnica”. Por el contrario, aspiramos a resumir algunas experiencias y enseñanzas que hemos adquirido al cabo de unos cuantos años de dedicación a esta particular vocación que nos motiva e ilusiona. Tampoco pretende ser un “vademecum” exhaustivo; una guía total. Pero sí, proporcionar pistas seguras, líneas de trabajo, algunas sugerencias certeras...
            Pero empecemos por el principio. ¿Dónde encontramos al activista cultural? ¿Es fácilmente identificable?
2. El francotirador y el grupo.
            Durante muchos años, este tipo humano –generalmente- era un clérigo. Muchos sacerdotes santos y numerosísimos religiosos desarrollaron un apostolado extraordinario en el entorno de la cultura de su tiempo, promoviendo iniciativas de todo tipo: docencia e investigación (pensamiento y ciencias experimentales), implantación de colegios, asociaciones culturales, excursionistas, folklóricas, artesanas, etc. En la actualidad, son los laicos los que han tomado, en muchos casos, el relevo, con una notable diferencia: el Estado del bienestar se ha apropiado de buena parte de ese espacio del desarrollo moral de la persona, tomando como misión esa promoción y acción culturales, tanto desde los entes locales, como autonómicos y estatales. Esa es una de las primeras conclusiones que la sociedad actual debe hacer propia: la Iglesia católica ha asumido e impulsado, durante siglos, actividades culturales de todo tipo, ante las lagunas existentes en esas respectivas épocas; naciendo este impulso –en los dos últimos siglos- de la novedosa Doctrina Social de la Iglesia y de la larga trayectoria eclesial de potenciación de los saberes humanos y las capacidades individuales y colectivas. Esa genialidad de la Iglesia no puede sustraerse de la verdad de la historia. Pero, aunque no lo sea, de nada servirá a nuestros contemporáneos si no sigue siendo posibilidad de renovación humana y revitalización cultural y social.
Esa es una de las grandes novedades del catolicismo: la capacidad de creación de una cultura y un juicio crítico que nacen de la presencia terrenal y misteriosa de la propia Iglesia en su interacción con los hombres y las realidades de cada época.
            Pero hagamos un esfuerzo de concreción y reflexionemos en torno a cuestiones más inmediatas y, aparentemente, menores.
Hay que empezar definiendo a este tipo humano en la España del año 2003. En primer lugar hay que delimitar su figura con otras que pudieran confundírsele. No es un filósofo. No es un creador de ideas. No es un docente. No es un investigador. Pero sí es un poco filósofo, sí difunde ideas, también investiga algo, incluso puede “enseñar”.
Un término muy utilizado en décadas anteriores, y que puede asimilársele de alguna manera al de este atípico activista, es el de propagandista: ya lo sea de unas ideas, de ejercicios espirituales, de un estilo de vida. De una misión evangelizadora, en última instancia.
Y, en la actualidad, un término que en muchos sentidos se le puede asociar, es el del “animador socio-cultural” que cultiva la pedagogía especializada.
El activista cultural, al que nos referimos, tiene una particular sensibilidad frente las ideas que circulan en la sociedad, los movimientos de opinión, la fuerza de los mensajes, el impacto de los poderes terrenos en las conciencias, las grandes corrientes de la historia… Por todo ello, considera que deben difundirse determinadas ideas, conceptos o realidades, que pueden alcanzar a las personas e incidir a través de ellas en la misma sociedad y, así, transformar, un poquito, el mundo.
Además, y es su sello fundamental, es católico sincero y firme.
            El activista cultural, al que aquí nos referimos, casi nunca vive de ello: trabaja en la cultura de forma gratuita, generalmente. Además, puede trabajar sólo o en grupo. Si trabaja sólo, nos referimos así al llamado “francotirador”. Por su cuenta y riesgo, puede impulsar iniciativas muy concretas a partir de sus propios medios y recursos, o trabajar en el seno de determinadas entidades “neutras”, laicas, intentando ser fermento evangélico entre extraños o indiferentes. En muchos de esos casos, en que trabaja dentro de organizaciones más amplias, tendrá que ocultar su identidad cristiana, diluirla, buscar puntos de encuentro con las identidades laicistas allí predominantes y aportar propuestas que no sean rechazadas a priori por su excesivo “catolicismo”. No es imposible trabajar en esas circunstancias.
Múltiples iniciativas admirables se han desarrollado en medios extraños, ajenos o indiferentes al catolicismo. Pero muchas son las dificultades, y crecientes, en la actualidad. Para conseguir frutos en ese clima seco y duro, sin duda, es imprescindible una condición previa que permita mantener “el norte” y empuje inicial: un entorno humano que le apoye, oriente y sostenga en la promoción de los valores propios. Y ese entorno puede ser una parroquia, un movimiento, una estructura diocesana… De no tener tales apoyos, su identidad perderá consistencia y su esfuerzo no trascenderá sus buenas intenciones… Difícilmente mantendrá plenamente la tensión y su identidad neta ante todas las dificultades que encontrará con toda seguridad.
            Un grupo constituye la mejor alternativa para trabajar en el mundo de la cultura, de la difusión de las ideas, de los valores que proporcionan consistencia al cristiano y a los ciudadanos. Difundir ideas es positivo, pero deberán arraigar en personas concretas que precisan un encuentro con el cristianismo; la posibilidad de proporcionarle su verdadero rostro. No se puede sembrar en el aire. Hace falta tierra y condiciones para que la siembre fructifique. Y el grupo puede encarnar, mejor que las personas aisladas, la Iglesia que a través de esa acción cultural se ofrece a sí misma como posibilidad redentora a cada persona. Además, el grupo reparte responsabilidades, divide el trabajo, facilita y suma los esfuerzos, respalda al activista, le proporciona un reposo.
No todos los grupos culturales son iguales, y siempre acechan determinados riesgos: capillismos, luchas intestinas, protagonismos exagerados… Los grupos que nacen de un carisma eclesial concreto no eliminan la posibilidad de ese tipo de riesgos; pero los reducen considerablemente, al permitir que jueguen con mayor determinación otros factores: la común educación en la fe y los valores humanos, la caridad entre hermanos, la autoridad ejercida legítimamente y aceptada con sabiduría.
            Si el activista viene desarrollando su trabajo por su cuenta, difícilmente se integrará en un grupo más amplio. Pero ello no quiere decir que no se pueda aprovechar su acervo e impulso. En ese sentido, es conveniente ofertarle espacios y posibilidades de colaboración. El “francotirador” puede promover y aportar muchas ideas y experiencias a grupos o personas que aspiran a una actuación cultural determinada. Por afinidad o analogía, podrá realizar muchas aportaciones que, de no hacerlo, pudieran equivaler a meses -incluso años- de experiencias no siempre satisfactorias.
3. Características del activista cultural.
            ¿Qué impulsa, en sus iniciativas, al activista? Una particular sensibilidad, una clara percepción del impacto en los hombres de determinadas ideas y concepciones de la vida; la conciencia de que algunos terrenos del mundo de la cultura no están cubiertos por la actividad diocesana o lo están defectuosamente… Difusión, promoción, son términos que el activista maneja constantemente en sus acciones y juicios.
            Pero, ya trabaje sólo o en grupo, sea éste católico o no lo sea, siempre se requieren unas condiciones para sacar adelante –incluso- el proyecto más modesto: una idea, unos medios materiales y personales, una financiación, unos contactos que faciliten su elaboración y desarrollo, una programación.
            Pero no basta con lo anterior. Necesita tener una formación cultural (que puede ser autodidacta), capacidad de diálogo y don de gentes, un buen conocimiento de los recursos culturales públicos y privados locales, una cierta disponibilidad de tiempo (el desarrollo de muchas gestiones requieren, ante todo, paciencia y tiempo). Y mucha voluntad, junto a una clara perspectiva a largo plazo.
            Quien se inicia en estas lides, tal vez al principio carezca de los contactos, habilidades y recursos imprescindibles para la acción cultural. Pero todo viene rodado si se trabaja con respeto al otro, paciencia, perspectiva de futuro, ganas de aprender. Muchas puertas se abrirán; otras nunca podrá ser franqueadas. Y, sobre todo, hay que evitar entrar en rencillas y resquemores ajenos. Puede existir mucha rivalidad entre diversos agentes culturales; incluso dentro de una misma entidad. Neutralidad, discreción, tacto, ausencia de contradicciones, transparencia...
            Y no olvidemos lo fundamental. Unas convicciones que no nacen del propio esfuerzo, del propio proyecto. Una vida que considera que, por mero agradecimiento y con celo misionero, debe transmitirse a los demás a través de esas propuestas y acciones culturales.
4. La acción cultural.
            Una idea, una intuición… Ese es el punto de partida de la acción cultural. Un autor de interés, una teoría histórica, un libro que merece la pena difundir, una amistad que te pide difundir una experiencia, una tradición que puede recuperarse o debe apoyarse… Pero hay que dar forma a esa intuición mediante una programación. Aunque sea mínimamente, debe programarse, perfilarse esa idea, concretarse, buscar el vehículo adecuado para su difusión. Un calendario, unos cauces materiales, unos medios para difundir la convocatoria, unos contactos personales o institucionales que permitan acceder al entorno docente, político o de un autor muy concretos… En este sentido, trabajar en grupo facilita un buen desarrollo de la acción cultural, aunque en este caso será imprescindible una actividad precisa: la coordinación, para repartir trabajo, llegar a más medios y recursos, evitar dispersión y duplicidades…
            Sin ideas, no hay acción. Pero la acción por la acción no genera obra duradera. Y para el cristiano constituye, la acción cultural, otro instrumento de evangelización. El encuentro personal, método fundamental en la historia de difusión del cristianismo, puede hacerse vida a través de la acción cultural. Y cultura, tengámoslo presente, puede ser “casi” todo.
5. Forma legal.
            El trabajo en grupo se articula, generalmente, bajo la fórmula legal de la asociación cultural. Exige unos sencillos requisitos mínimos: denominación, acta de constitución, unos estatutos, un domicilio social (que puede ser el de uno de los promotores), unos pocos libros y unos cargos electos. Después deberán legalizarse y cumplimentarse esos libros de contabilidad, registro de socios y de actas. No exige un presupuesto económico mínimo, salvo que se indique expresamente en los estatutos; y para la legalización ante el registro correspondiente (Delegación del Gobierno o Departamento o Consejería de Interior autonómico) se dan facilidades, proporcionando textos, modelos de actas y estatutos, en los diversos organismos y entidades. También existen muchos recursos documentales en internet; caso de la completa web asociaciones. org.
            Otra fórmula es la de la Fundación; pero aquí se exige un cierto capital asignado a esos fines concretos y requiere algo más de complejidad burocrática a efectos fiscales.
            Para acceder a muchas ayudas y recursos gratuitos es imprescindible revestir una de ambas fórmulas. Es más sencillo y factible empezar con la de la asociación. De contar con la posibilidad de unos recursos económicos amplios de procedencia privada, puede plantearse la fórmula de la fundación.
            En el funcionamiento ordinario hay que ser fiel a los estatutos redactados y ya aprobados. Pero no hay que obsesionarse por ello. Los estatutos, los cargos, las formalidades, están al servicio de las gentes; no al revés. Deben entenderse como una ayuda, no como una dificultad.
6. Aspectos formales: logotipo, empleo de internet, normalización e imagen.
            Toda asociación grupal debe tener, sea su forma la de asociación cultural o la de fundación, un logo que la identifique gráficamente, integrándolo en sus impresos y documentos normalizados, así como en la web que pueda disponer en internet; instrumento de comunicación y escaparate que -hoy día- es imprescindible disponer.
            Como todo logotipo, debe reunir en poco espacio y escasas letras o caracteres, suficientes elementos gráficos que lo asocien con los objetivos, nombre u orientación de la entidad. En una sociedad de la imagen, no se puede prescindir de un aspecto que “marca” una entidad y sus actuaciones futuras.
            Internet constituye un medio barato, accesible y cómodo, para la comunicación interna, la externa, la oferta de documentación de interés para la asociación o el activista cultural, la difusión de actividades y propuestas, etc. A través de una página personal, o de la asociación, todo ello puede facilitarse, recurriéndose a la enorme gama de recursos gratuitos disponibles en la red. Es conveniente, no obstante, contratar un dominio (.com, .es o .org) para cubrirse de garantías ante posibles ataques, denuncias falsas u otras actuaciones malintencionadas que pretendan silenciar la web en cuestión. No obstante, la importancia de internet debe matizarse. No debe olvidarse que una comunidad “virtual” nunca suplirá las plenas exigencias de comunicación, relación social y actividad humana de las personas. En definitiva, internet debe ser un medio y no un fin o una excusa.
7. Financiación.
            Los recursos económicos son imprescindibles. Pero, con dignidad, se pueden reducir gastos en determinadas actividades sencillas. Así, el acceso a medios gratuitos aminora notablemente los gastos de determinadas convocatorias. Por ejemplo, para la articulación de una conferencia existen tres grandes capítulos de gastos: difusión de la convocatoria, acceso a una sala adecuada y, por último, gratificación al conferenciante. De contarse con concretos recursos gratuitos, caso de la cesión gratuita de una sala pública de conferencias (de una Ayuntamiento, entidad privada, etc.) mediante el correspondiente convenio, los costes se abaratarán considerablemente. También en determinadas ocasiones se puede acceder a vías de difusión de la convocatoria de forma gratuita: breves comunicados en agendas de actividades de prensa escrita, radios y televisiones locales, programaciones culturales periódicas, internet... Por último, algunos conferenciantes pueden conformarse con un obsequio o una mínima dieta de viaje. O, por el contrario, se exigirán dietas y retribuciones según las prácticas habituales del sector. Ahí entran las simpatías personales e ideológicas, los buenos contactos, los favores mutuos…
            Existe un capítulo de gastos que difícilmente se sustraerá del recorte presupuestario: invitaciones, servicio de correos, carteles (si bien para la edición de los mismos puede encontrarse patrocinadores como librerías, establecimientos comerciales, Cajas de Ahorros, Universidades…). Pero, en cualquier caso, una mínima aportación económica habrá de realizarse con fondos propios, ya sean personales o de una entidad grupal.
            Por otra parte, los Ayuntamientos y determinados Departamentos de las Comunidades Autónomas (Cultura, Deporte y juventud), disponen de fondos presupuestarios anuales para actividades culturales a los que se acceden, generalmente, mediante presentación de exhaustivas memorias con detalle de actos, previsión de gastos y origen de la financiación. Acceder a tales fondos requiere una trayectoria en el tiempo que avale la petición del solicitante, someterse a posibles fiscalizaciones contables de las actividades financiadas, respeto a los plazos y, ante todo, una programación (de nuevo, la temida palabra).
            No obstante, existen fórmulas imaginativas o militantes, según el caso, para financiar determinadas actividades. Es el caso de la cena - conferencia en que cada uno de los asistentes abona el importe del cubierto, al que se suma una cantidad correspondiente al prorrateo entre los mismos de los gastos ocasionados por la organización del acto (dietas, alquiler sala, propaganda...). Se precisa, eso sí, un mínimo de asistentes: en torno a 40, aproximadamente. De esta forma, la actividad no reporta ni pérdidas ni beneficio. Naturalmente, ello requiere un público, aunque sea reducido, entusiasma, muy motivado y casi seguro.
            Otra modalidad es la conferencia a cuyo acceso se cobra una entrada. Se trata de una fórmula escasamente empleada en España.
            Por último, mencionemos, como fórmulas de financiación modesta y tradicional, las rifas, ventas de lotería, donativos particulares...
            Pero no olvidemos un aspecto decisivo a este respecto. Si una asociación dispone de una base de socios motivados, tal será la principal fuente de financiación que proporcione a ese proyecto cultural, independencia, autonomía y fidelidad a sus principios inspiradores.
8. Medios materiales y medios personales de una asociación cultural.
            En el apartado anterior ya hemos visto un aspecto fundamental, que es el de la financiación, de los medios materiales, y que puede facilitarlos o, por el contrario, al carecerse, constituir una pesada losa a remover trabajosamente (principal fuente de agotamiento de los activistas culturales).
            No es imposible organizar ciertas actividades culturales a título personal: con un mayor o menor acceso a recursos gratuitos, con una modesta aportación económica propia, con la contratación de servicios especializados de disponerse de una buena fortuna personal… Pero todas las gestiones recaerán en una única persona: programación, contactos para perfilar la actuación cultural de que se trate, gestiones ante los titulares de los recursos a emplear, detalles de última hora, acceso a medios de difusión, elaboración de los mismos (tarjetas, carteles, textos de la convocatoria), etc.
            Una asociación, o una Fundación, dispondrán, de ser entes realmente vivos, de un mayor número de personas entre las que distribuir el trabajo, pudiéndose especializar alguna de ellas en áreas concretas, lo que supondrá para el futuro un aprendizaje y una notable economía de medios.
            Un administrativo a tiempo completo o parcial, un responsable de prensa, unos voluntariosos militantes que pueden –por ejemplo- colocar en pocas horas cientos de carteles en lugares estratégicos o rellenar y cumplimentar sobres con la convocatoria; todos esos recursos humanos son lujos que no pueden desdeñarse y que, al contrario, simplifican considerablemente el trabajo. Es más, su existencia son un termómetro del pulso vital de la entidad.
            Un ordenador personal, una web de la entidad actualizada, un despacho o local donde trabajar. Las reflexiones anteriores, también, son por completo aplicables a esos deseables recursos materiales de una asociación.
9. Recursos gratuitos.
            Un buen conocimiento de los recursos públicos (Ayuntamientos y Comunidades Autónomas) o privados (Cajas de Ahorro y Fundaciones de algunos Bancos, Ateneos, Casinos, gestores privados de servicios culturales, etc.), puede ser determinante para un rápido encaje de la actividad prevista y la obtención de una financiación semigratuita. Nos referimos, especialmente, a las salas de conferencias y exposiciones.
Una dificultad: de existir tales recursos, debe reservarse fecha y hora con meses de antelación, generalmente, lo que requiere previsión, cierta flexibilidad y, en definitiva, programación.
            Lo mismo ocurre con los medios de difusión. Un buen conocimiento de ellos permite acceder a los mismos y, de esta forma, llegar al mayor número de posibles interesados.
            Un consejo: en muchas ocasiones la persona que tendrá la llave para poder acceder a un recurso de este tipo no será su máximo responsable, ni un miembro de un Patronato, de un Consejo de Dirección, tampoco un Concejal; por poner ejemplos característicos. Así, será la amable auxiliar administrativa, en atención al público (la de la ventanilla o mostrador), quien, provista de un buen conocimiento de la realidad de los mecanismos internos de estas entidades, facilitará unas gestiones fructíferas.
10. Programación.
            Para el buen desarrollo de una actuación cultural concreta, y para el acceso a la red de recursos públicos y privados, se exige una capacidad de trabajo que se concreta en el concepto programación. Ello exige cierta continuidad en el tiempo, trabajar conforme objetivos y calendarios, ser fieles a un proyecto. Supone, en definitiva, una solvencia –puesta por escrito- que puede abrir puertas.
            La programación de una actuación requiere: determinación de la acción y los objetivos perseguidos, asignación de medios humanos y materiales, financiación, objetivos, posibles beneficiarios, personal docente, calendario de las gestiones, responsables de la acción, valoración de la actuación.
Puede cubrir una única acción esporádica, unas semanas, unos pocos meses o, lo que es más común, un curso académico.
            La programación para el acceso a determinadas subvenciones o  recursos debe ceñirse a un espacio temporal: un año, trimestre… Calendario de actuaciones, entidad responsable, presupuesto de gastos total, objetivos, evaluación. Todo ello también deberá recogerse con precisión y concisión.
            No hay que tener miedo a las palabras. A “programación”, tampoco. Ordenar las ideas en torno a un calendario de actuaciones, concretar unos objetivos, poner por escrito esas ideas que se llevan en la cabeza desde unas semanas atrás… y ya tenemos el borrador de una programación que siempre será una buena ayuda en sí misma.
11. Actuaciones específicas.
            El activista cultural, o la asociación en su caso, fuera de las grandes programaciones diseñadas por la industria cultural, puede desarrollar numerosas modalidades de actuaciones; algunas de ellas con posibilidades de alcanzar cierta resonancia –casi siempre deseable- mediática. De todas formas, algunas de sus expresiones son más factibles y más habituales. Mencionémoslas.

Conferencias y mesas redondas. Un tema objeto del encuentro, una o varias personas que realicen reflexiones o aportaciones novedosas, unas cuestiones que cuentan con un público interesado, y el posible interés de algunos medios de comunicación. Juntémoslo y ya tenemos una concreta acción. Se trata de una de las más sencillas para desarrollar. Es más. Una vez realizada una, se allana el camino de las siguientes. De ahí el interés de que no se trate de acciones aisladas y muy espaciadas temporalmente. Continuidad; es una palabra clave.

Presentaciones de libros. Con una génesis similar a la actuación anterior, constituye otra de las modalidades más sencillas de organización. Existen, además, espacios físicos e institucionales muy concretos para este tipo de acciones El Corte Inglés, FNAC, Bibliotecas públicas, Cajas de Ahorros. En ocasiones –incluso- se podrá vender el libro al público asistente. Al igual que en el caso anterior, es del mayor interés rentabilizar los esfuerzos aplicados en el acto, buscando su repercusión mediática, a través de su reseña en la prensa escrita u otras modalidades. Una entrevista al autor del texto, por ejemplo, llegará a un mayor número de personas que la presentación más exitosa. Y redundará en las ventas ulteriores del libro.

Exposiciones. Esta acción ya requiere mayor infraestructura e imaginación. Una persona, salvo que disponga de cuantiosos medios económicos, no podrá asumir todo el proceso. Existen, igualmente, medios gratuitos asociados a determinadas salas de uso público: soportes, materiales complementarios, personal de apoyo… Respecto al material a exponer, supone un coste muy elevado, salvo que pueda accederse a exposiciones que se trasladan de ciudad en ciudad, en el entorno de determinadas organizaciones. Un ejemplo son las exposiciones fotográficas que, desde la vitalidad desplegada cada año en torno al multitudinario Meeting de Rimini (una de las mayores expresiones colectivas culturales del catolicismo moderno, nacida en la vida del movimiento eclesial Comunión y Liberación), se ofertan a las diversas entidades interesadas. De notables efectos pedagógicos, particularmente si se puede motivar e implicar a colegios y asociaciones culturales como una actividad programada propia, no debe desdeñarse. Se facilita el debate cultural, el intercambio de ideas y, lo que es de suma importancia, los encuentros personales al servicio de la difusión de la fe.

Cenas culturales. Un personaje interesante puede suscitar mucho interés. Con una mínima infraestructura es sencillo organizar una cena con motivo de alguna cuestión de la actualidad que vincule a ese experto. Se le puede proporcionar trascendencia mediática a través, por ejemplo, de unas entrevistas en medios de comunicación locales. En cualquier caso, una red tupida de amistades, interesados y contactos, permiten organizar un evento de estas características en cuestión de horas.

 
Concursos. Un concurso literario que ponga su objeto en la presencia de determinados valores en los relatos de los concursantes, por ejemplo, constituye otra actividad cultural relativamente sencilla de organizar. Un patrocinador que proporcione lotes de libros para los premios, unos colegios que hagan propia la convocatoria o una ONG que la difunda entre sus bases asociativas proporcionando una base de participantes; facilitan el éxito y alcance de la convocatoria. Por el contrario, sin alguno de tales factores, difícilmente tendrá alcance alguno.
Ediciones. Siempre es una atractiva tentación. Pero una tentación cara, poco rentable (pensemos en la distribución, almacenaje, devoluciones...), salvo que se cuente con un generoso patrocinador que asuma el gasto correspondiente (siempre muy alto). Editar libros, folletos, conferencias… no puede ser objetivo prioritario de una asociación cultural, salvo que cuente con unas poderosas finanzas. Actualmente, internet es una alternativa a la edición clásica, pudiéndose proporcionar libros, documentos audiovisuales, etc., a través de la web de la entidad difusora. Y si, a pesar de todo, nos entra la tentación, no olvidemos nunca que la edición de libros y colecciones de folletos ha arruinado a más de una asociación y fundación…
Cursillos. La primera cuestión que se plantea es si el cursillo es residencial (lo que favorece estrechar los lazos amistosos y el espíritu de grupo) o no residencial. En el primer supuesto, el cursillo puede ser subvencionado, de contarse con una buena base económica o a cargo de los mismos cursillistas. El principal coste de un cursillo es el correspondiente al cuadro docente y sus gastos. Se puede recurrir a locales públicos o privados de cesión concertada gratuita. De contarse con la amistad de esos docentes, los gastos se reducirán a unas comidas y regalos, así como a la propaganda para la captación de alumnos que, según las circunstancias, puede ser mínima si se recurre a una Universidad afín, un entorno cultural próximo, parroquial, de movimientos, etc. Un diploma de asistencia, la elaboración de unas conclusiones escritas y difundidas en algunos ambientes, pueden ser el broche de oro de una actividad fácil de organizar. Y seamos detallistas: con los conferenciantes, patrocinadores y alumnos. Constituye una ocasión magnífica para conocer personas, estrechar lazos, difundir propuestas; salvo que sólo constituyan una excusa para el “turismo cultural”.
Promoción  de tradiciones y actos folklóricos. Esta posibilidad ha sido trabajada históricamente con gran dedicación por clérigos y religiosos católicos a lo largo del siglo XX, en conexión con las expresiones vivas de la llamada “religiosidad popular”. Igualmente, el resurgir cultural de muchas regiones españolas únicamente es comprensible desde el impulso y acogida generosa de las Iglesias locales. También en estos terrenos encontramos que los hombres de la Iglesia se van retirando. Pero los contactos persisten, la presencia parroquial también; lo que constituye una posibilidad que no debe pasarse por alto. Revitalizar una tradición local, organizar incluso una asociación cultural que la mantenga viva de año en año, búsqueda de peticiones en medios institucionales... Es una posibilidad, de trabajo cultural, que se viene desarrollando en numerosas expresiones comunitarias por toda la geografía española. Requiere arraigo local, buenos contactos, una idea precisa, delicadeza y, en particular, mucho realismo.
12. Técnicas de difusión.
            Para la difusión de una actividad y la captación de público, existen diversas técnicas. Veamos algunas de ellas.
1.      Carteles anunciadores en la vía pública. Poco efectivos, pues se debe competir con las empresas que sistemáticamente empapelan los lugares reservados, a tales efectos en las ciudades españolas, con inmensos carteles de espectáculos diversos. Pero también tienen su público.
2.      Carteles en bibliotecas públicas, centros de enseñanza, parroquias, librerías... De mayor efectividad que la técnica anterior, especialmente si se insertan en buenos espacios de librerías especializadas junto a invitaciones tipo tarjetón. Requiere cierto esfuerzo paciente para llegar a todos los “objetivos”.
3.      Anuncios de pago en diarios y emisoras. Costoso, pero garantiza llegar al gran público.
4.      Invitaciones personales por correo. Un tarjetón o folleto, en la medida de lo posible personalizado, alcanza una alta efectividad. Es costoso, pero garantiza un nivel de asistencia superior al conseguido por otras vías.
5.      Invitación por correo electrónico. Requiere disponer de una base de direcciones previa. Bastante eficaz. De todas formas, numerosos organismos (universidades, administraciones, colegios profesionales...) disponen de completas webs en las que se proporcionan domicilios personales y profesionales, así como muchos correos electrónicos. Implica un trabajo paciente y bastante tiempo ante el ordenador. Si se comparte el esfuerzo, mejor. Y, una vez obtenida la base de datos, se trata de actualizarla, lo que supone un menor esfuerzo.
6.      Referencias de la actividad en las agendas culturales de los medios de comunicación locales o regionales. Tales agendas cuentan generalmente con un público fiel que se nutre de las convocatorias allí recogidas. Para figurar en ellas, nada mejor que una buena relación personal con el jefe de sección correspondiente. Habrá que insistirle, no obstante, pues las convocatorias son numerosísimas.
7.      Inserción de anuncios en prensa gratuita. Pueden serlo tanto de pago como gratuitos. Aunque con buenas tiradas, su alcance es muy irregular, al no gozar de continuidad en muchos casos y figurar junto a otras convocatorias poco claras y solventes (sectas, iluminados, etc.).
8.      Incorporación de la actividad en la programación oficial de una entidad pública o privada. Ello asegura una publicidad gratuita, amplia y de prestigio. Está asociada al acceso a un local público (tipo sala de conferencias), generalmente.
9.      Y la principal de todas: la invitación personal, directa, humana. Amigos, familiares, colegas, socios, militantes de asociaciones o movimientos afines... Siempre constituyen el núcleo más fiel, seguro y entusiasta. Si se cuenta con esa base, por reducida que sea, y su capacidad de movilización es moderadamente alta, parte de los objetivos de asistencia de la convocatoria se cubren con ella.
13. Bancos de ideas. Contactos.
            Los llamados “Bancos de ideas” vienen siendo potenciados por algunas fundaciones culturales en los últimos años. Se trata de acumular ideas, proyectos en definitiva, para desarrollarlos en el futuro conforme los planteamientos de acción y los principios programáticos de la entidad. Siempre con perspectiva de futuro. Pero proyectos desarrollados en la mayor parte de sus detalles. Así, una vez surja la ocasión, se recurrirá al proyecto “congelado” para su inmediato desarrollo y ejecución.
            Este planteamiento, casi consumista, está en relación con la dimensión de los necesarios e imprescindibles “contactos” que facilitan las gestiones, subvenciones, informaciones, etc.
            Es imprescindible el calor humano. El desarrollo de una afinidad entre personas, una corriente de ida y vuelta de proximidades temperamentales y de perspectiva cultural, pueden impulsar un proyecto más que el resto de factores en juego. La “otra parte” puede ser un periodista, un político, un agente cultural profesional o por libre, un activista político, un alto cargo público... o simplemente una persona vivaz y responsable cuyo trabajo se desempeñe en una ventanilla en contacto con el público.
            Unas buenas relaciones son la garantía de un proyecto. Se contrastará la idea con esa otra persona, quien a su vez podrá facilitar otros contactos o perspectivas que puedan limar la idea inicial hasta su perfil definitivo. No hace falta insistir en que los afines ideológicamente encajan mejor, a priori, en esta categoría. Pero siempre podremos encontrar apoyos partiendo de una buena presentación, modales correctos, interés sano y discreto por el otro, sinceridad, sentido común...
            En torno a una mesa siempre se han realizado grandes pactos, conspiraciones, componendas. Sigue siendo un buen método para entablar relaciones, mejorarlas, remover dificultades. Es un instrumento en principio propicio. Se puede emplear bien... o muy mal. Seamos inteligentes y aprovechémosle.
14. Relaciones con las administraciones públicas.
            Las diversas administraciones públicas (ayuntamientos, autonómicas, estatales, universidades...) constituyen hoy día el principal agente cultural. Su red de centros cívicos y culturales, sus fondos económicos, su personal dedicado en exclusiva a la animación sociocultural, etc., no admiten comparación con las entidades privadas dedicadas a los mismos fines.
            Interesa conocer sus recursos en el entorno territorial en que el activista cultural opere. Por ejemplo:
1.       Salas disponibles, recursos complementarios (megafonía, etc.), acceso a las anteriores...
2.       Convocatorias periódicas de subvenciones a entidades y actividades privadas.
3.       Medios de difusión de las redes públicas (publicaciones, invitaciones personales, comunicados o anuncios en medios de comunicación).
4.       Asesoramiento a entidades privadas.

Es muy importante conocer la dirección política de esos gestores, no tanto para caer en amiguismos que a corto plazo siempre pasan factura y cierran puertas, como para ver los huecos, espacios que pueden suplirse y, en definitiva, las posibilidades reales de una colaboración leal y transparente. Recordémoslo de nuevo: primera premisa, realismo.
Tal vez estos recursos públicos hayan alcanzado un protagonismo exagerado. Debieran cubrir, subsidiariamente, los espacios no cubiertos por la iniciativa privada. Pero, ya por imposición ideológica, como por carencias evidentes de la articulación social, esa es la realidad que hay que conocer, asumir y a la que recurrir sin complejos.
            Y aquí también sirve lo que ya hemos indicado en otros momentos. En muchas ocasiones, más eficaz es el contacto con el administrativo de la ventanilla del departamento de que se trate, que formales y correctísimas reuniones con los máximos responsables. No lo olvidemos. Los políticos pasan, los funcionarios, permanecen.
15. Niveles de compromiso.
            El activista cultural tiene un perfil muy determinado, ya lo hemos visto. Una tentación para el mismo, siempre, es el individualismo: querer gestionar personalmente todos los recursos en juego, poner el color y toque propios. No es fácil articular a activistas veteranos en una misma entidad. Pero la suma es incuestionable y los beneficios, múltiples.
            En definitiva: es precisa la existencia, en toda asociación, de un núcleo dirigente y activista. Y tratándose de asociaciones generalmente pequeñas, nunca será tal un número elevado. Al contrario, media docena de activistas es garantía para una eficaz acción y continuidad.
            Será ese núcleo militante, que coincidirá o no con los directivos nominales de la asociación, el que impulse la vida real de esa entidad. Se repartirá el trabajo, se distribuirá la responsabilidad, etc. No es bueno que el hombre esté solo... tampoco el activista cultural.
            Pero es muy importante, además de la existencia de ese núcleo militante, la de una base asociativa que nutra muchas de las actividades propuestas y organizadas por el mismo. Ya lo haga como público, ya como cotizante. Cuanto más amplia sea esa base, mayor será el fondo económico de soporte y el número de asistentes seguros o posibles beneficiarios de las actividades propuestas. Pero, salvo que nos conformemos con la endogamia del propio grupo, si de lo que se trata es de llegar a medios sociales ajenos a la vida de la asociación, habrá que aspirar siempre a pensar en clave “externa”: no programar sólo para los asociados, sino para otras personas ajenas a la cosmovisión de esa entidad. Ahí está la clave para el debate que facilita el encuentro personal: aproximaciones interdisciplinares, incluso desde ópticas ideológicas distintas, a un aspecto de la realidad que afecte la vida de las personas de forma cotidiana. Nada de falsos debates que no interesan a casi nadie. Buscar el corazón del hombre en cada situación.
16. Formación.
            Una buena formación ayuda mucho. En ningún sitio expiden un “certificado de activista cultural”. En realidad, para esta labor no hace falta. Se puede ser, por ejemplo, un auxiliar administrativo con intereses culturales, buenas relaciones personales, algo de ojo y perspectiva de futuro y ser el mejor de los activistas. Con amigos que te ayuden, mejor que mejor. Naturalmente existen posibilidades de formación. Desde los diversos centros en los que se trabaja y se forma en la llamada Animación Socio Cultural, pasando por cursillos específicos de universidades públicas y privadas enfocados a la formación de directivos y trabajadores en la gestión administrativa, económica y de recursos de entidades de este tipo. No es imprescindible. Pero puede ayudar. También existen entidades, tipo fundación u ONG, entre cuyas finalidades figura la formación y capacitación de directivos de asociaciones culturales. Es el caso de la Fundación Luis Vives.
            Pero, lo que más ayuda, es el propio instinto, el estar permanentemente informado, “al loro” de lo que pasa en tu ciudad, pendiente de los autores de éxito, de las corrientes culturales... con ideas previas claras y una visión de la vida sólida y firme.

 

17. Algunas conclusiones.
            Hemos realizado un viaje, un poco caótico, por algunas experiencias propias y ajenas vinculadas a la acción cultural. Si algo se reprocha a algunos de esos activistas, es la falta de concreción. Intentemos, pues, ser breves y precisos y propongamos, como resumen, algunas conclusiones que orienten al novato y futuro activista cultural.
1.       Al activista cultural le gusta trabajar por libre. Pero agrupado, obtiene mayores beneficios. Si además esos compañeros de viaje son afines, aumentan exponencialmente las posibilidades de éxito. Y de satisfacción personal.
2.       La asociación cultural constituye un buen marco jurídico para este tipo de actividades, lo que permite trabajar en el mundo de la cultura en niveles muy modestos y, también, en otros de mayor alcance. De tener posibilidades de contar con un patrimonio, la fundación es la fórmula más adecuada.
3.       Hay que cultivar los contactos personales. Tanto en ámbitos privados, como públicos. Y no siempre con los “peces gordos”. Un modesto oficinista puede abrir más puertas que toda una colección de “altos cargos”.
4.       Existen magníficos recursos gratuitos a disposición de los activistas culturales. Hay que conocerlos y saber acceder a los mismos.
5.       La financiación es palabra sagrada. Pero se le puede echar imaginación o voluntarismo. Y si se dispone de una cierta base asociada, el primer paso ya estará dado.
6.       Quitémonos el miedo a la palabra programar. Ayuda para trabajar mejor, anticiparse en el futuro y facilita un sano realismo. Pero, sobre todo, es una exigencia formal y material para el acceso a esos recursos que están esperando al activista cultural.
7.       El activismo cultural, si no se limita a seguir sus propios gustos o simplemente a perpetuarse, puede constituir un magnífico instrumento evangelizador.
8.       Internet es parte del presente. Comunicación, información, difusión, rapidez... Una web personal o de la asociación, puede ser su mejor tarjeta de presentación.
9.       Una buena base asociativa proporciona independencia económica, expectativas de futuro y, además, controla los excesos del activista cultural.
10.  No se puede desdeñar a nadie. Debe haber impulsores, militantes, simples asociados... pero también las colaboraciones esporádicas pueden ser preciosas (aunque vayan generalmente por libre).
11.  Menos temores ante las Administraciones públicas. Hagamos Bancos de ideas. Conozcamos las técnicas de difusión. Tres factores dados por supuestos que siempre hay que tener “al día”.
La acción cultural puede ser apasionante. En realidad, ES apasionante. Casi una vocación. Y un instrumento para llegar al corazón de los demás. Por todo ello, un católico puede –y debe- sentirse reclamado a la acción cultural, o ¿acaso la Iglesia no tiene una asombrosa capacidad de transformar en sugestiva propuesta cultural su propia vida?


Madrid – Pamplona, septiembre de 2002.
 

 

Un nuevo espacio de opinión en Internet: lanoticiadigital.com

         Una nueva página quincenal de opinión, lanoticiadigital.com, se incorpora en España al movimiento de medios de comunicación alternativos a los ya “clásicos”.

 

         En el contexto de una rápida y constante sucesión de novedades –tanto tecnológicas como documentales- en Internet, caracterizado además por una significativa creatividad en expansión, tenemos que referirnos a la aparición de una nueva página digital quincenal de opinión que no nos ha pasado desapercibida. Es el caso de lanoticiadigital.com, una web española, no comercial, impulsada por un grupo de comunicadores, de diversa procedencia geográfica y distintas ocupaciones profesionales.

 

Esta nueva publicación cuenta con un grupo fijo de redactores, entre los que también encontramos a amigos –incluso colaboradores- de nuestra publicación digital: Rafael Ibáñez Hernández, Eduardo García Serrano, Juan Francisco Rebollo García, Gustavo Morales, Manuel Parra Celaya, Antonio Brea, Ismael Medina, Miguel Ángel Loma, José Manuel Cansino, Emilio Álvarez Frías, y otros.

 

Esta revista digital se estructura en torno a una serie de artículos de opinión, con vocación de juicio político y cultural, ofreciendo otras secciones: propuestas de libros, utilidades, entrevistas, cartas al director, consejos del Doctor, etc. Además, reproducen diversos textos de interés procedentes de publicaciones tan dispares como el diario La Razón, la gaceta El risco de la Nava, y nuestra revista digital Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica. De esta forma, hemos encontrado agudos análisis de Aquilino Duque, Dalmacio Negro, Rafael Borrás y otros autores de primera fila.

 

Y, como claro indicio de su consolidación, debemos señalar que, en su número 7, destaca la incorporación de un texto del historiador Pío Moa. Un buen síntoma de la seriedad del proyecto.

 

Como línea editorial, hemos destilado un puñado de ideas esenciales, con las que los redactores de Arbil podemos identificarnos: una percepción positiva de la historia española, un interés por los acontecimientos políticos relevantes en el mundo actual, una viva preocupación ante las injusticias sociales, la defensa de la vida en sus nuevas fronteras, el intento de comprensión de la realidad cultural y su impacto en conciencias y cambio social, y una indudable simpatía por el mensaje trascendente y la labor humanizadora de la Iglesia católica en España y en todo el mundo. Un buen puñado de motivaciones que, inevitablemente, desembocan, en ocasiones, en puntos de vista “políticamente incorrectos”; pero siempre necesarios.

 

         Presentes en la red desde mediados de julio, ya con 7 números de ejemplar puntualidad, han informado que, ante el aumento de las visitas y la consolidación de su grupo de redactores, pretenden transformarlo en un medio de periodicidad semanal; una pretensión que, implicando un significativo esfuerzo, deseamos se haga realidad.

 

         No es fácil la tarea que les espera. Existe mucha competencia en el sector. Algunas otras publicaciones siguen una línea en buena medida coincidente. Los usuarios de Internet, por otra parte, están bombardeados por un creciente volumen de informaciones de todo tipo. Y el mantenimiento de un proyecto de comunicación de este tipo, aparentemente modesto, requiere tesón, entusiasmo y trabajo; hay que ganar lectores, hacerse un espacio propio, suscitar nuevas vocaciones para la comunicación y la opinión. En definitiva: movilizar conciencias, con distintos niveles de compromiso, en sintonía con los valores propiciados desde la nueva revista. De esta forma, un proyecto de comunicación sustentado en firmes valores, se constituye en un nuevo espacio de pensamiento y libertad en Internet.

 

         Por todo ello, bienvenido en la red este aire fresco. Bienvenida lanoticiadigital.com.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 74, octubre de 2003.

 

Espacios de libertad en Internet.

         Internet se viene configurando como un poderoso instrumento al servicio, también, de medios de comunicación alternativos a los “tradicionales”. Junto a otras posibilidades de comunicación y movilización cívica, que también facilita Internet, puede afirmarse que presta un gran servicio al ejercicio responsable de la libertad en este medio.

 

 

         Es indudable que el mayor dinamismo existente, en el mundo de los medios de comunicación, se desarrolla en Internet; la red de redes por excelencia. Comunicación, información, formación, incluso relación personal, se dan de la mano en un medio para el que no existen fronteras políticas o geográficas, siendo la inmediatez una de sus principales características.

 

         Otro aspecto más hace interesante a este medio. Pero partamos de una premisa previa. Por supuesto que puede ser instrumento de inimaginables posibilidades de un mal uso, llegando incluso a inquietantes nuevas fórmulas de delincuencia organizada. Pero ello no impide que este medio sea especialmente “democrático”, tal y como nos lo aseguran los teóricos que reflexionan al respecto. Y lo es en el sentido de que no es imprescindible una gran fortuna, o el apoyo financiero de un grupo poderoso, para estar presentes en la oferta informativa y de opinión del gigantesco escaparate que es Internet. Además, al usuario, el acceso a Internet sólo exige una sencilla formación y una pequeña disponibilidad pecuniaria, para servirse de una o varias de las funciones allí disponibles.

 

         Concreta expresión de este creciente universo de comunicación es la consolidación, en España, de algunos diarios virtuales que, sin edición impresa, se están convirtiendo en referencia casi obligada para el seguimiento de la actualidad; y no sólo por sus “confidenciales”. Nos referimos a los casos de elsemanaldigital.com, diariodirecto.com, libertaddigital.com, etc.

 

         Existen, asimismo, otras páginas que, con el formato mixto de publicación periódica y confidencial, presentan a sus lectores, además de sus específicos contenidos centrales (económicos, de actualidad, etc.) unos puntos de vista, en ocasiones, “políticamente incorrectos”; pero que responden a las inquietudes y convicciones de un nutrido colectivo social. Un ejemplo paradigmático de ello es hispanidad.com.

 

         Internet, también, constituye una extraordinaria posibilidad para agencias de noticias que rompen con algunos de los moldes del pasado. Son muchas las que han florecido en este entorno. Destaquemos, entre otras, a ZENIT, que, desde Roma, presta un inestimable servicio a la Iglesia católica y a todos los interesados en sus juicios y rica vida.

 

         Para los profesionales de cualquier especialidad, de nuevo Internet es una fuente sorprendente de servicios. Recordemos, a título de ejemplo y entre otras muchas, a la web periodismocatolico.com, auténtico banco de escritos de autores católicos, en español, con vocación por la comunicación que, igualmente, facilita diversas utilidades relacionadas con el ejercicio del periodismo.

 

         Pero, además de los servicios prestados por las páginas mencionadas, recordemos a algunas iniciativas ciudadanas que se han desarrollado y consolidado gracias a Internet. Todos tenemos en mente la importancia decisiva, de este medio, en la efectiva campaña internacional organizada para evitar la lapidación de varias mujeres en Nigeria. Es el caso, también, de las llamadas plataformas transversales que, con unas convicciones muy concretas (católicas, como en el caso de E-cristians, o no confesionales, en el de Hazte Oír), están logrando movilizar a unos sectores sociales que, de no disponer de esos altavoces, difícilmente se habrían coordinado, quedando relegadas, entonces, en el debate social y político.

 

         Y no olvidemos la función que desarrollan las versiones digitales de medios impresos consolidados. Pensamos, por ejemplo, en el semanario católico Alfa y Omega y en el suplemento de religión Fe y Razón del diario La Razón; por lo que su difusión queda garantizada en la gran comunidad internacional de habla española.

 

         Otros prácticos instrumentos de Internet son los llamados “portales temáticos”. Son muy numerosos, de todos los gustos y variadas prestaciones. Algunos de ellos son católicos, facilitando el acceso, la comunicación y la difusión de la vida de numerosísimas realidades e iniciativas eclesiales de todo el mundo; también con espíritu misionero.

 

         Podríamos señalar, desde una perspectiva autocrítica que, en Internet, los católicos estamos desplegando un notable activismo que no corresponde al desarrollado, en la actualidad, en prensa escrita y otros medios de comunicación de masas “tradicionales”. Tal vez, esta dispar realidad nos haga reflexionar sobre sus causas, sacando las conclusiones pertinentes y, en consecuencia, actuar en los medios “clásicos” con mayor decisión y voluntad de presencia.

 

         También echamos de menos, volviendo casi al principio de este breve artículo, la existencia de un diario digital católico. Creemos que existe capacidad más que suficiente para que, desde algún sector decidido del catolicismo social español, se haga realidad. Por otra parte, no requiere un despliegue de medios económicos tan abultado como el que exige el lanzamiento y mantenimiento del medio equivalente tradicional (diario impreso). Ya existen experiencias que vienen abriendo y señalando el camino a seguir. Es necesario un medio diario católico de referencia. Cada día, mayor número de españoles inicia las actividades de la jornada con las noticias y opiniones de su medio digital preferido. No podemos estar ausentes en esa oferta informativa. Y no olvidemos, que en otras épocas de nuestra historia ya se abordaron, en situaciones mucho más difíciles y dramáticas, empresas informativas que exigían mayor movilización y desembolso económico.

 

         Y una última reflexión. Internet es un medio muy poderoso y atractivo. Pero sólo es un medio. No debe constituirse en un fin. Por ello, mucho cuidado con la mentalidad –o tentación- que puede subyacer en algunas expresiones, como la de “comunidad virtual”. Internet puede facilitar y posibilitar la comunicación. Pero nunca debe ser una excusa o un sustitutivo cómodo del determinante “cara a cara”. La vida se juega en encuentros personales. Ese método fundamental de la experiencia humana no debe quedar oscurecido por el brillante astro de Internet. Tampoco en la Iglesia.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, nº 74, octubre de 2003.

Una entrevista a Ignacio Arsuaga: HazteOir.org y el movimiento transversal católico español.

Entrevistamos a Ignacio Arsuaga, una de las jóvenes revelaciones del laicado español a través de su trabajo en la novedosa y exitosa plataforma transversal HazteOir.org.

Ignacio Arsuaga es uno de los jóvenes impulsores de la plataforma transversal HazteOir.org. Muy dinámica, e innovadora en sus métodos, esta entidad ha tomado la iniciativa, con algunos éxitos indudables, en un momento en que el catolicismo social español parecía desaparecer casi por completo en el plano político. Movilizando a la opinión pública, impulsando otra forma de actuar en política, ha constituido un revulsivo para la conciencia de muchos católicos. Por todo ello Foro Arbil ha considerado del máximo interés entrevistarle.

Pregunta: ¿Podría describir, brevemente, a su plataforma HazteOir.org?:

Respuesta: HazteOir.org es una plataforma de ciudadanos y entidades que luchan por un mundo mejor, más humano, desde una concepción cristiana del hombre y de la sociedad y usando Internet como instrumento básico de acción. Nuestros proyectos están destinados a afirmar y promover la participación política, la dignidad humana y el valor de la vida. ¿Cómo nos distinguimos de tantas asociaciones que también trabajan por un mundo mejor? Tratamos de hacer que la participación de los ciudadanos en esta tarea sea fácil, cómoda y ágil, para lo que nos valemos básicamente de las nuevas tecnologías.

P.: En los orígenes de la plataforma encontramos al Instituto Phoenix. ¿Podría hablarnos de la naturaleza de dicho Instituto? ¿Alguna entidad, o grupo de presión, se encuentra “detrás” de ambas iniciativas?:

R.: Como bien dice, algunos de los fundadores de HazteOir.org nos conocimos en los cursos de verano del Instituto Phoenix en los EE.UU. Se trata de una organización internacional, nacida en la Universidad de Arizona, en la ciudad de Phoenix, que asume como misión contribuir al Bien Común de la sociedad mediante la formación, la amistad y el compromiso social de sus socios, alrededor del estudio de la cultura occidental. La cultura occidental, marcada por la síntesis que realizó el cristianismo de lo mejor del mundo grecolatino, explica nuestra identidad y, además, nos permite juzgar la realidad para afrontar mejor el futuro, para que la sociedad esté al servicio de la persona.  Esta cultura occidental, que parece que está en trance de desaparecer, tiene la suficiente vitalidad para renacer de sus cenizas, como el Ave Fénix de la mitología antigua. Creo que esto explica el por qué del Instituto.

“Detrás” del Instituto Phoenix y de HazteOir.org no hay nada más que un grupo de ciudadanos, la mayor parte jóvenes, con ganas de no quedarnos parados, de cambiar el mundo. Precisamente es esta una de las riquezas más significativas de HazteOir: la unidad de corazón y de acción de gentes de los más diversos carismas, procedencias e intereses.

P.: Si repasamos la web de HazteOir.org, observamos que ustedes se implican en numerosas “batallas”, ya promoviéndolas, ya apoyándolas: defensa de la vida, terrorismo, situación de la familia, educación, derechos de los televidentes… ¿No podría aplicárseles aquello de  que “quien mucho abarca, poco aprieta”?:

R.: Es tal la influencia de la llamada “cultura de la muerte” en la sociedad de nuestro tiempo, que nos vimos en la necesidad de presentar batalla en todos los ámbitos de la vida pública en los que la dignidad humana está en juego. Sabemos que no tenemos capacidad (por ahora) para ejercer una influencia significativa en todos ellos... de hecho, en los que hemos considerado como más trascendentales o urgentes, hemos promovido plataformas monotemáticas. Por ejemplo, la plataforma de científicos y ciudadanos “Hay Alternativas”, que creamos desde www.hayalternativas.com, a favor de la investigación científica que no suponga la destrucción o manipulación de seres humanos.

P.: Si analizamos la situación política hoy día, puede concluirse que las minorías tienen nulas posibilidades de hacerse oír. En ese sentido, el bipartidismo dominante ahoga otras identidades políticas y culturales existentes en la sociedad española, al igual que los grandes grupos económicos que controlan los masivos medios de comunicación. ¿Comparte este juicio? La metodología de HazteOir.org, ¿no constituye una innovación capaz de abrir una brecha en la dinámica anterior?:

R.: En demasiadas ocasiones he escuchado quejas sobre lo difícil que nos lo ponen a los católicos – o a los que defendemos determinadas posiciones contrarias al “pensamiento único” – para hacernos oír. Esto es una realidad. Pero todavía es más cierto, y muchos lo han demostrado en los últimos años, que sí que es posible salir a la arena de los medios, de la sociedad y de la política. No podemos perder más tiempo pensando que no podemos hacer nada. Que nos lo pongan difícil no significa que no podamos participar. En esta tarea, si queremos tener algún éxito, tenemos que ser generosos, imaginativos, innovadores, constantes, tenaces, magnánimos. Ensayar nuevas fórmulas. Hacer uso de las nuevas tecnologías, sobre todo Internet y el correo electrónico. Transmitir un mensaje positivo, inteligible para el conjunto de la sociedad. Estar en el cine, en la televisión, en la radio y en los periódicos... en la cultura. Crear toda clase de asociaciones, grupos y plataformas. Unirnos en acciones comunes. Gracias a Dios, muchos ya estamos viendo cómo todo esto puede hacerse realidad.

P.: HazteOir.org no es una entidad confesional. Pero, además del de algunos católicos a título individual, ¿ha encontrado apoyos en otros ambientes?:

R.: Nos hemos encontrado con gente de izquierdas que han firmado algunas de nuestras alertas o que participan muy activamente en nuestros foros. El PSOE, por ejemplo, nos copió casi literalmente algunas de nuestras propuestas en su plan de apoyo a la familia. Lo que defendemos no son cuestiones que se puedan sostener sólo desde la Fe. Apoyamos siempre nuestras alertas en argumentos de razón y de ciencia. Sin embargo, sí somos conscientes de que el grueso de nuestros apoyos y lectores son cristianos. Es curioso cómo la defensa de la dignidad humana en todos los medios en los que se ve atacada la ha asumido en nuestros días de una forma muy particular la Iglesia católica.

P.: La palabra “transversal” parece estar de moda entre los católicos sociales españoles. Diversas entidades se identifican con esta  modalidad de trabajo social y político. ¿Qué le sugiere este término?:

R.: “Transversal” implica dar prioridad a los valores comunes, que no deben ser objeto de discusión. Para defender estos valores comunes, es deseable la unidad de acción – o al menos de criterio – de todos los que estamos por la dignidad humana. Esta unidad en lo fundamental debe hacerse compatible con las diferencias en cuestiones accidentales de la acción.

También significa que tu asociación tiene presencia en varios partidos y tendencias y grupos; que no te casas con ninguno pero trabajas en todos los que puedes. Que tienes militantes de muchos movimientos... Que tu asociación trabaja muchos temas. Que estás presente en diversos ámbitos: lo mismo sacas una revista, que una web, vas a debates en TV, que en un sindicato o en una cena con periodistas. Que no estás sólo en política, sino en la cultura, el entretenimiento, en la vida pública en general...

P.: El futuro del catolicismo social, en el que se inserta vigorosamente HazteOir.org, ¿no pasa necesariamente por una salud robusta de los movimientos asociativos familiares de España?:

R.: Sin duda. Estoy convencido de que si queremos ser testigos de cambios sociales significativos en el S. XXI, es completamente necesario que la familia, como célula básica de la sociedad, vuelva a recuperar su vitalidad. Los signos son muy esperanzadores. En los últimos 4 años, las familias hemos tomado conciencia de que sólo seremos escuchadas y apoyadas desde los poderes públicos si nos asociamos y actuamos de forma coordinada. Así, en los últimos 4 años hemos visto resurgir o nacer a organizaciones familiares que están dando una batalla muy efectiva en el ámbito de la vida pública en España: Federación de Familias Numerosas, Instituto de Política Familiar, Foro Español de la Familia, Plataformas Autonómicas como PROFAM...

P.: Así, entre otras entidades, E-cristians, también abanderado de este concepto novedoso de la “transversalidad”, parece compartir muchos objetivos, métodos y principios con HazteOir.org. Y, de hecho, ambas organizaciones han cooperado en varias ocasiones. ¿Confluirán ambas en una única entidad que sume esfuerzos?:

R.: Tenemos, como bien dice, muy buena relación con la gente de e-cristians. De hecho, nos hemos apoyado mutuamente en algunas campañas. Sin embargo, creo hay algunas diferencias que hacen que nuestra labor sea complementaria a la de e-cristians. Nosotros no somos confesionales; ellos sí. Defendemos la dignidad humana y los derechos de la persona desde la mera razón, en defensa de la justicia, el bien común... Creemos que no es necesario apelar a la Fe para reconocer, por ejemplo, un estatuto jurídico del embrión humano. E-cristians, por su parte, enviaba una carta a los diputados españoles explicando la doctrina de la Iglesia en cuanto a las cuestiones relacionadas con la reforma de la Ley de Reproducción Asistida que debate estos días el Parlamento. Ambos enfoques son efectivos. Son dos caminos diferentes, que confluyen en un mismo fin. Aunque sigamos colaborando, no creo que acabemos confluyendo en una única entidad.

P.: Durante varias décadas del pasado siglo, la presencia pública de los católicos era impulsada de forma expresa por la Jerarquía, apoyándose en grupos de laicos, tales como la Acción Católica y la ACNP. En la actualidad, se observa una  pérdida de vigor en algunas organizaciones católicas tradicionales, implantándose, por otra parte, nuevos movimientos eclesiales cuyo interés por la presencia pública es en muchos casos, mínimo, pues podríamos afirmar que predomina una tendencia hacia el “recogimiento”. ¿Es deseable buscar la “unidad de acción” de esas realidades ante los retos de la vida pública? ¿HazteOir.org puede ser uno de esos cauces?:

R.: No sólo es deseable sino que es necesario que nos unamos en una misma dirección, mediante acciones concretas en la vida pública, los medios de comunicación y la cultura, todos los ciudadanos que creemos en la dignidad humana como valor absoluto. Los partidarios de la cultura de la muerte son muchos y muy poderosos. Si no hacemos el esfuerzo de superar las diferencias y actuar en comunión también en la vida social y política, no tenemos nada que hacer. Pero nuestra mirada es de esperanza. Ya son muchas las iniciativas que en los últimos años han puesto de manifiesto esta unidad de acción. En dos direcciones: por una parte haciendo posible que los que estamos en esta lucha nos conozcamos y acerquemos criterios y posiciones (quizás lo más importante); y por otra, facilitando que este grupo social, este “pueblo”, tenga en la vida pública una presencia significativa, la que se merece.

Respondiendo a la pregunta de si HazteOir.org puede ser un cauce para la unidad de acción de los católicos en la vida pública, le puedo informar que ya lo está siendo. Sin ser confesionales, nos reconocemos en los principios del humanismo cristiano y de la doctrina social cristiana. En HazteOir.org colaboran personas que pertenecen a muchos y variados movimientos... Dicho esto, no tenemos ninguna pretensión de exclusividad. No somos quién para decir a los laicos dónde deben trabajar para hacer presente su Fe (y las consecuencias sociales de la misma) en el ámbito público. No somos más que un cauce – de entre los muchos que se nos ofrecen – por  el que cualquier ciudadano activo – cristiano o no – puede hacerse oír, participar en la vida pública.

P.: La irrupción del partido político Familia y Vida ha introducido una novedad en el mortecino panorama del catolicismo español con vocación política. A su juicio, ¿católicos en partidos o partidos católicos?:

R.: La pregunta – entiendo – está viciada. Da por supuesto que el mecanismo principal de participación política es el de los partidos  políticos. Me parece mucho más positivo, en este momento de la vida política española, dar cauce a la participación desde la sociedad. En mi opinión, los partidos en España han creado unas super-estructuras y han desarrollado tales intereses que se hace prácticamente imposible la participación política real en su seno. Antes de lanzarse a la participación en partidos políticos, creo que es mejor dedicarse a construir una sociedad más vigorosa.

P.: Se han elevado desde medios católicos, en los últimos años, ciertas críticas crecientes contra algunas políticas desplegadas por un Partido Popular que -parecía- debiera haber sido más receptivo con los valores de su electorado católico. ¿Considera que, todavía, hay posibilidades de que este partido rectifique sus políticas familiares y de defensa de la vida?:
 
R.: Desde el Partido Popular nos lo han repetido mil y una veces. Y tienen razón. El PP – y el PSOE también, añadiría yo – adoptará las políticas que le demande una parte significativa de la sociedad. Por tanto, es prioritario en primer lugar que construyamos sociedad, que creemos cultura. Esto quiere decir que si los que estamos defendiendo una política familiar seria, por ejemplo, conseguimos unir en acciones concretas a un número significativo de familias y ciudadanos y por tanto hacernos oír (prioritariamente en los medios de comunicación), el Partido Popular – no me cabe duda – asumirá propuestas mucho más audaces a favor de la familia. La prueba está en cómo PP y PSOE han adoptado a la familia como objeto prioritario en muchas de sus iniciativas más recientes: los planes de apoyo a la familia, la supresión del Impuesto de  Succiones, la Ley de Familias Numerosas... Todas estas medidas, hace 5 años, cuando las asociaciones familiares no existían, eran impensables… Aún cuando constatemos lo limitado de estas propuestas. Estamos en camino.

P.: Aunque, políticamente, la socialdemocracia parece vivir un período de retroceso, cultural y socialmente vivimos de la “revolución” de ideas y costumbres impulsada por la izquierda progresista europea en las últimas décadas. ¿Considera como una alternativa a esta realidad, a tener en cuenta, al movimiento conservador, o neoconservador si se prefiere, procedente especialmente de Estados Unidos?:

R.: De Estados Unidos creo que tenemos mucho que aprender. Es una sociedad joven, mucho más viva que la europea. Los políticos se dedican a atender y a tratar de dar cauce a las peticiones de sus votantes. Lo normal es que cada ciudadano pertenezca a varias asociaciones o grupos de presión. Las asociaciones, que se dedican a reivindicar toda clase de asuntos, algunos de los más extravagantes, se financian con las cuotas de sus socios y tiene un espacio en los medios de comunicación.

De hecho, HazteOir.org se inspira en la realidad de las asociaciones americanas, de entre las que destacaría un par: MoveOn.org y la Christian Coalition. Este último grupo, de la órbita si se quiere del movimiento neoconservador, está haciendo un trabajo fabuloso a favor de la vida y la dignidad humana. Tiene un peso notable en la vida pública de los Estados Unidos.

En cuanto al movimiento “neoconservador”, destacaría varias cosas. Como puntos positivos: la ausencia de complejos, sobre todo en el ámbito cultural, el haber sido capaces de elaborar una propuesta política completa alternativa a la del “progresismo sesentayochista”, la paciencia que han tenido, pues no han adaptado su discurso a lo políticamente correcto para obtener cuotas de poder… También observamos cosas que nos gustan menos: el individualismo de algunas de sus corrientes, la poca preocupación por la justicia social…

Precisamente porque observamos las limitaciones del conservadurismo, nuestro discurso, en mi opinión, no puede ser catalogado como neoconservador. Nuestra opción por la economía social de mercado, por la responsabilidad social de las empresas, o el considerar esencial la dimensión comunitaria de la persona creo que sorprenderían o escandalizarían a muchos de los conservadores de EE.UU.

P.: Acogida, en diversos medios institucionales y sociales, de algunas iniciativas impulsadas por la entidad. Amplias simpatías entre obispos españoles y sectores comprometidos del catolicismo social español. Creación de HazteOir.org en Andalucía. Salto a Italia, donde se está constituyendo una entidad análoga con su mismo espíritu. ¿Cuál es la fórmula del éxito de HazteOir.org?. ¿De qué fuentes brota  la consistencia del equipo impulsor de HazteOir.org?:

R.: Buena pregunta... Quizás la clave esté en la ilusión del equipo de HazteOir. Disfrutamos de lo lindo transformando el mundo, trabajando por una cultura, una economía y una política plenamente humanas. ¿No es una tarea apasionante? Tanto, que hasta hace que no cueste – o que cueste poco – acostarte más tarde para redactar una alerta. Una tarea que hace que merezca la pena vivir.

Esta ilusión la podemos mantener gracias al Amor de Dios y a la amistad que nos une. Una amistad que ha surgido de la comunión de los ideales y de la actividad que desarrollamos día a día. Sin ese sentido de comunión, no podríamos hacer nada…

P.: ¿Cuáles son los siguientes proyectos de HazteOir.org?
R.: El proyecto más ambicioso que estamos organizando desde HazteOir quizás sea el Congreso eCiudadanos sobre "Internet y participación ciudadana". El Congreso, que D.m. celebraremos en Madrid el 23 y 24 de enero de 2004, pretende convertirse en el acontecimiento de referencia para la participación ciudadana en España, ofreciendo formación y experiencias recientes sobre la materia. Queremos que sea el punto de encuentro de todos los que de alguna u otra manera hemos participado en la actividad desarrollada desde HazteOir. No basta el mundo virtual. La presencia física es insustituible. Se puede encontrar toda la información en www.eciudadanos.org.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, nº 74, octubre de 2003.

 

 

 

Dos siglos de prensa católica escrita en España.

    La revista de historia contemporánea Aportes, con su último número dedicado a la prensa escrita católica, induce a algunas reflexiones de actualidad.

 

         La revista de historia contemporánea Aportes, de Editorial Actas, vuelve a sorprendernos con un nuevo número monográfico dedicado, en esta ocasión, a la prensa católica escrita española (1/2003, número 51, Madrid, 144 páginas, 12’02 euros). Le han precedido otros con tal carácter: centenario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, Nobleza española, cine histórico, prensa escrita…

 

         A lo largo del número desfilan históricas cabeceras de la prensa escrita católica española (El Debate, Las Circunstancias, La Gaceta del Norte, La Enseñanza Católica) y algunas figuras decisivas de los hombres que la hicieron realidad desde distintas responsabilidades (Juan Donoso Cortés, Ángel Herrera Oria, Manuel Aznar).

 

         La prensa católica española es uno de los frutos más significativos del catolicismo social español de los siglos XIX y XX., lo que ha llevado al profesor José Luis Orella, en la presentación del número, a afirmar que: “La presencia del mundo católico en la sociedad civil no hubiese podido tener la fuerza que tuvo sin el apoyo inestimable de unos medios de prensa, que en el caso de España, ya dejaron de existir”. Si algo queda en evidencia, con la lectura de los contenidos de esta revista, eso es que la anterior afirmación es precisa.

 

El esfuerzo desplegado durante dos siglos por clérigos, obispos, arriesgados empresarios, profesionales del periodismo, propagandistas de la fe y otros militantes del catolicismo social; fue espectacular. Y no debe pensarse que se trató de una mera reacción defensiva. Prueba de ello es el caso de “la Escuela de Periodismo de El Debate”, precedente extraordinario de las actuales facultades de periodismo, ejemplo de innovación profesional y preclara anticipación de futuro.

 

         Sin duda, esa prensa fue ejemplo envidiable del mutuo entendimiento y colaboración existentes entre obispos, laicos comprometidos y pueblo católico; un esquema que funcionó durante muchos años y que, en buena medida, echamos de menos en nuestra España postmoderna y postcristiana.

 

         Ideas, recursos económicos, enormes esfuerzos…, todo se jugó al servicio de la libertad de la Iglesia y de las necesidades del pueblo católico; y de esta forma, al servicio de toda la sociedad.

 

         La prensa católica, como exponente del vigoroso catolicismo español de aquellos años, se nutrió, de modo significativo, de dos grandes manantiales: el tradicionalismo y el entorno de la ACNP de Ángel Herrera Oria. Pese a indudables diferencias, esta prensa, tanto la generalista como la especializada, alimentada por una u otra fuente, sirvió a los mismos principios fundamentales.

 

         Hoy, en España, ya no tenemos diarios católicos. ¿Qué ha pasado?

 

         Las transformaciones del catolicismo social se reflejan, de alguna manera, en la crisis de la prensa católica. La ruptura de esa fórmula magistral de entendimiento (obispos-laicos comprometidos-pueblo católico), se ha traducido, seguramente, en la desaparición de esa prensa; al menos de la diaria.

 

Hoy día, ¿es necesario un diario católico? Seguramente pues, creemos, sigue existiendo la necesidad de una formación en un juicio católico de la realidad.

 

Internet puede suplir, en buena medida, con su tecnología y sus recursos, la carencia de esa prensa impresa. Pero tampoco ahí tenemos un medio digital católico de referencia; y ello a pesar de que tal proyecto requiere muchos menos recursos de los que, en su día, movilizaron empresas del calibre de El Debate o El Siglo Futuro.

 

         Y nos preguntamos, ¿existe capacidad y vitalidad para que, desde algún sector decidido del catolicismo social español, se haga realidad, al menos un diario digital? Éste, ya lo hemos afirmado, no requiere un despliegue de medios económicos, tan abundantes, como el que exige el lanzamiento de un diario impreso. De hecho, en Internet ya existen diversas experiencias inmersas, en la realidad del mundo de la comunicación, que vienen indicando el camino a seguir. Sigue siendo necesario un medio diario católico de referencia, insistimos. Muchos son los españoles que inician las actividades de la jornada empapándose con las noticias y opiniones de su medio digital preferido. Es factible estar presentes con esa modalidad de oferta de comunicación.

 

         ¿Seremos capaces de afrontar, con voluntad y éxito, este reto?

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, nº 74, octubre de 2003.

¿Vacío de poder en el Partido Popular?

El Partido Popular se encuentra en una situación crítica: la incertidumbre acerca del futuro liderazgo del partido, confirmada la retirada de Aznar, y los errores tácticos de los últimos meses, especialmente los cometidos en torno a la crisis del Prestige, facilitan el camino a la alternativa del PSOE encarnada por José Luis Rodríguez Zapatero. Esta situación, de auténtico vacío de poder o de parálisis, según se vea, ¿es indiferente a los católicos?

 

 

Introducción.

 

"Por ejemplo, (en) el PP (Partido Popular) está muy representado un nuevo fenómeno que es el laicismo de derechas o una herencia no religiosa. El PP no ha abolido la ley del aborto, en el tema de las clases de religión, la situación está como en los tiempos del PSOE..."

 

Este breve y lúcido juicio no procede de ningún medio católico comprometido con la política del Partido Popular, sino del sociólogo Rafael Díaz Salazar, quien lo emitió con ocasión de la presentación de su libro, Nuevo socialismo y cristianismo de izquierdas, el pasado día 8 de octubre de 2002.

 

Tal vez preocupado por lo que se juega, y en coherencia con el juicio anterior, Alberto Ruiz Gallardón ha ofertado, en lo que ha constituido una precisa operación de marketing político, un puesto seguro en las listas al Ayuntamiento de Madrid a la esposa de José María Aznar, Ana Botella. Consciente del profundo disgusto causado por su política familiar entre los sectores más militantes del laicado católico madrileño, acaso el más estructurado y activo de toda España, habría concebido esta estratagema para retener en sus redes unos miles de votos decisivos en su competición con el PSOE; lo que, además, le ha permitido volver a figurar en las quinielas de posibles sucesores de Aznar.

 

 

La postura de Federico Jiménez Losantos.

 

En otro orden de cosas, según algunos confidenciales de internet, causó un profundo disgusto, entre los máximos directivos del Partido Popular, las ácidas y abiertas críticas efectuadas, en COPE y libertaddigital.com, por el periodista Federico Jiménez Losantos contra aspectos fundamentales de la política gubernamental; críticas, buena parte de ellas, agrupadas en su libro Con Aznar y contra Aznar (la Esfera de los Libros, Madrid, octubre 2002).

 

Este periodista, caracterizado por la fidelidad a sus principios, viene realizando una contundente crítica a la acción gubernamental del Partido Popular desde sus alardeadas ideas liberales; lo que –seguro- habrá provocado mucho dolor en quien hizo todo lo que pudo, en su día, en apoyo de un Partido Popular empeñado en alcanzar el gobierno.

 

Ciertamente, algunas de sus denuncias son inquietantes: el incumplimiento de buena parte de su programa electoral, la suicida política de medios desarrollada ante el imperio PRISA, la sorprendente autorización de la fusión de las plataformas digitales y la regulación de las televisiones locales, etc. Y no es necesario ser liberal para compartirlas. También ha destacado en su crítica a la estrategia sucesoria elegida por Aznar. Que sea exclusivamente Aznar quien designe a su sucesor, unos meses antes de las elecciones generales, prescindiendo de los órganos colegiados del partido, de las previsiones estatutarias y de la militancia de la que dice estar tan orgulloso, no es precisamente un ejercicio de ejemplaridad democrática. Al contrario, en la génesis y desarrollo de esa personal decisión, apenas contestada internamente, encontramos actitudes contradictorias con las esencias democráticas: autoritarismo, exclusivismo, opacidad informativa, desprecio de la base afiliada. Y todo esto, sin entrar en el criterio, que también debe considerarse, de su oportunidad -o inoportunidad- para la marcha del partido y de la labor de gobierno. Estas circunstancias están siendo aprovechadas, no podía ser menos, por un PSOE que encuentra un inimaginable apoyo en la torpeza popular.

 

El caso Arriola, la retirada por el ministro Zaplana de parte de las medidas económicas que provocaron la última huelga general, las actuaciones privadas de algunos parlamentarios del Partido Popular que finalmente les llevó a dimitir; son otros factores que parecen indicar que éste se encuentra sumido en una crisis de liderazgo, que se concreta en una pérdida de reflejos y cierta parálisis, que la pasada Convención Nacional del Partido Popular, celebrada los días 18 y 19 de enero, no pudo borrar pese a los triunfales discursos y las grandilocuentes declaraciones de intenciones.

 

Pero, sin duda, ha sido la crisis derivada de la gestión del desastre ecológico ocasionado por el petrolero Prestige, culminada con la dimisión del presunto delfín de Fraga, José Cuiña, la que ha puesto en evidencia la existencia de un auténtico vacío de poder en el partido que ha trascendido a su labor en el gobierno.

 

 

La sucesión de Aznar.

 

La estrategia sucesoria elegida por Aznar, anunciando su retirada con excesiva anticipación y sin hacer pública la identidad de su posible sucesor, ha bloqueado determinados mecanismos internos del partido, facilitando la inhibición de los más implicados en la carrera sucesoria, en ciertas circunstancias políticas, en un intento de no "quemarse" prematuramente.

 

Crisis sería, por tanto, la palabra que resume la situación del partido desde hace ya muchos meses. Crisis, por otra parte, de la que no han sido conscientes, los líderes populares, hasta fechas muy recientes. Aquí encontramos el origen, seguramente, de la reacción en cadena protagonizada por el Partido Popular en este mes de enero, con el anuncio de una serie de medidas contra la delincuencia (en sus ámbitos penal, procesal y penitenciario), en parte ya propuestas en las dos campañas electorales generales anteriores, y el precalentamiento de la reciente Convención Nacional. En este contexto, las opiniones, en su día vertidas, sobre la inconveniencia de la retirada de Aznar, por Alvarez Cascos, son la excepción que no indica una buena salud, sino una enfermedad colectiva con varios síntomas: ausencia de reflejos internos, carencia de sentido crítico, escasa práctica democrática, peso de la rutina en las estructuras orgánicas del partido…

 

Así, las críticas de Federico Jiménez Losantos serían la "voz de la conciencia"; que debiera haber brotado desde otras instancias, tanto internas, como exteriores al partido.

 

Volvamos al juicio emitido por el veterano periodista. En una entrevista publicada en el número 101 de El semanal digital (del 28 de octubre al 3 de noviembre de 2002), sintetizó su diagnóstico de la situación así: "El proyecto del PP en el 90-93 es el programa más completo y coherente que ha tenido. Desde 1999 y especialmente desde la mayoría absoluta, se está liquidando en función de un centrismo vagamente democristiano y populista que destruye la gran aportación de Aznar a la derecha española: liberal, identificada con las libertades y con un sentido claro nacional. La mayoría absoluta está dilapidando la estructura básica de dicha aportación ideológica, lo que la gente vota: las reformas económicas, la unidad de España, la lucha contra el terrorismo...". Y nos preguntamos, ¿en qué consiste, a su juicio, ese "centrismo vagamente democristiano y populista"?

 

Es paradójico que algunos liberales no se reconozcan en la praxis popular, más cuando muchos católicos, que podrían identificarse con la ideología democristiana que, según Federico Jiménez Losantos, marcaría la política del PP, tampoco lo hacen.

 

Hemos visto, pues algunos de los síntomas: el paciente reacciona lentamente, es poco consciente de su enfermedad, pierde defensas y vigor, no busca remedio a las infecciones oportunistas…

 

 

Los católicos en esta coyuntura.

 

Esta situación, de repliegue y vacío del Partido Popular, correspondido por un interés sectario del PSOE en la captación de votos católicos, ¿no requiere cierto esfuerzo de reflexión y acción por parte de los católicos?

 

Ciertamente, los católicos pueden incluirse entre los más desairados por la política popular. No sólo no se ha apoyado decididamente a la familia, salvo retóricas verbales de mínimas consecuencias prácticas, sino que se ha dado amplísima cancha a las llamadas uniones de hecho y a la "normalización" de las uniones de homosexuales.

 

Los católicos no podemos estar contentos con la gestión del Partido Popular; si bien, han sido escasas, aunque significativas, las voces alzadas en este sentido. Lo curioso es que, algunos de quiénes han manifestado mayor conciencia de esta situación, precisamente, están a la izquierda. Por ello, no es de extrañar que, desde el PSOE, se hayan retomado esfuerzos para intentar captar sectores del electorado católico, y no sólo del de convicciones izquierdistas. Aunque los presupuestos teóricos de un posible diálogo entre cristianos y socialistas, tal como se venía planteando últimamente, no carecían de interés –superar históricos prejuicios-, todo parece indicar que se ha vuelto a incurrir en un electoralismo estrecho que sólo pretende apropiarse de una bolsa de votos católicos, en buena medida ya decantados por la izquierda; pues el programa socialista que viene perfilándose difícilmente podrá ser asumido por los católicos que defienden con mayor insistencia los valores sociales de la familia, la defensa de la vida, la presencia y la iniciativa social, etc.

 

La sucesión de Aznar no es cuestión baladí. Mucho se juega el Partido Popular y la misma España, estando pendientes de respuesta algunos problemas de enorme trascendencia: el terrorismo, el desafío nacionalista del "plan Ibarretxe", el aumento del precio de la vivienda, la articulación de Europa, el apoyo decidido a la familia tradicional, una respuesta coherente a los retos de la inmigración, el aumento espectacular del coste de la vida, una política educativa y cultural de contenidos y valores...

 

Cualquiera de los posibles sucesores de Aznar no reúne las necesarias condiciones, subjetivas y objetivas, que le permitan encarnar las propuestas cristianas. Pero no es el objetivo de este artículo valorar las cualidades de uno u otro candidato.

 

Los católicos españoles tenemos propuestas muy concretas, para toda la sociedad, que parten de la experiencia de unas realidades comunitarias alimentadas por la savia de una vida transformada desde la pertenencia a la Iglesia. Y ya existen algunas iniciativas que pueden favorecer esa presencia. Es el caso de las plataformas transversales E-cristians y HazteOir.org. Igualmente, otras, de carácter sectorial, como las organizadas en torno a la familia, empiezan a generar todo un movimiento social a tener en cuenta.

 

En esta línea, Josep Miró i Ardèvol, promotor de E-cristians y de la Convención de Cristianos por Europa, manifestó al diario La Razón, en su edición del miércoles 22 de enero de 2003, entre otras cuestiones: "Mientras el católico esté aislado, como lo está ahora, tendrá una fuerza mínima a la hora de influir en la toma de decisiones políticas", a lo que añadía que "Hay que conseguir una transversalidad, del voto católico, sin romper con el pluralismo, conseguir crear plataformas de presión que agrupen a los católicos para poder hacer oír su voz en la sociedad". Dicha propuesta la ilustró de esta manera: "Si tras un detenido examen, por ejemplo, se estimase que la política familiar de Ruiz Gallardón no es coherente con los valores de la ley natural, se podría así propugnar una abstención organizada frente a dicho político". Por último, "Sin descartar el agrupamiento político en un partido de inspiración cristiana, algo lícito, considero sin embargo que antes de ello es preciso articular organizaciones sociales, mucho más efectivas en la práctica".

 

Y, llegado el tiempo de las campañas electorales, deberemos demandar a los partidos coherencia y firmeza con sus promesas, más allá de las palabras fáciles y las luces de neón, haciendo propia aquella exigencia machacona que hizo famoso a Julio Anguita: ¡programa, programa, programa!

 

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 65, enerote 2003

 

“Marcial Maciel. Mi vida es Cristo” (Planeta).

Jesús Colina. Planeta. Barcelona. 2003. 324 pp. 18´5 euros.
¿Qué puede motivar a un joven, de hoy día, para ingresar en una congregación religiosa católica en la que no se ordenará sacerdote hasta transcurridas casi dos décadas de rigor formativo, trabajo físico, esfuerzo intelectual y apostolado militante? Si a ello le sumamos una vida espartana y una espiritualidad clásica, la pregunta es apremiante. Y más cuando son varios miles los seminaristas embarcados en una aventura incomprensible según los parámetros vitales predominantes. La respuesta la proporciona el fundador de esa congregación, el mejicano Marcial Maciel, quien se remite, ya en el mismo nombre dado a sus obras predilectas -Legionarios de Cristo, Regnun Christi-, siempre al mismo origen; al igual que en el subtítulo del libro: Cristo.
El joven autor de libro, fundador de la agencia Zenit y de otras iniciativas católicas en medios de comunicación, no elude cuestión alguna en esta larga entrevista. Por la misma desfilan los recuerdos de infancia del entrevistado, los orígenes y evolución de su vocación, su atípico acceso al sacerdocio, sus obras, esperanzas, inquietudes, opiniones…
Presentes en España desde sus inicios fundacionales, vienen trabajando con ejemplar discreción; disponiendo en la actualidad de algunos colegios prestigiosos, una universidad, varias instituciones destinadas a la vida interna y formativa de sus miembros, diversas iniciativas de incidencia social y apostólica, etc. Sin embargo, no se trata de una realidad eclesial que figure constantemente en los medios de comunicación, ni que sea objeto de los inevitables “cotilleos eclesiales”. Sí lo ha sido, en los últimos años, por dos motivos: las supuestas implicaciones políticas de algunas personas vinculadas a estas entidades, y determinadas acusaciones realizadas contra el fundador quien, por cierto, las alude indirectamente en alguna de sus largas respuestas. Pero no se trata de un libro defensivo o apoyado en desmentidos. Es la crónica dialogada de la aventura de una vida apasionada y centrada en una misión.
Sí sorprenden, en ocasiones, algunas expresiones empleadas por el entrevistado: así, cuando se refiere a algunos aspectos relacionados con sus obras de apostolado y que parecen propios de la dirección de empresas o de una gestión de recursos. Es el caso de “objetivos”, “programas”, “eficacia”, etc. Sin embargo, cualquier sospecha se disipa al exponer sus fuentes doctrinales: Santo Tomás de Aquino, el Magisterio papal, una clara espiritualidad cristocéntrica, una apasionada devoción mariana… nada sospechoso, en definitiva.
El texto proporciona, además, algunas informaciones de interés. Por ejemplo. Estos religiosos, además de los tres votos comunes, pronuncian dos más: los de caridad y humildad. En esa línea, el lector también encontrará mucha reflexión teológica, espiritual y pastoral. Pero si alguien busca un tratado de fría estrategia misionera, o las claves de su éxito desde una óptica de mero cálculo mundano, quedará decepcionado.
            No sabemos qué palabra resumirá la vida de la Iglesia, como juicio histórico de su papel, en el pasado siglo XX. ¿Acaso crisis? Sin duda, otro concepto deberá acompañarle: el de nuevos movimientos. Es decir, las nuevas realidades eclesiales, los carismas que han brotado por todo el orbe con sus atractivos y estilos de vida. Sin duda, las obras de Marcial Maciel deben encauzarse en este río, de los movimientos, alimentado por múltiples y variados manantiales. Así, quiénes vaticinaban una crisis irremediable al catolicismo, no contaban con ese factor que le ha aportado una vitalidad y una presencia sorprendentes en múltiples ámbitos de la vida; también en la pública, lo que ha generado no poca irritación entre laicistas dogmáticos.
Un libro, en definitiva, de interés no sólo para los próximos, de alguna manera, a estas obras católicas; sino también para toda aquella persona atenta, a la realidades vivas del mundo de hoy, que quiera conocerlas en sus mismas fuentes.

 

Elsemanaldigital.com, 12 de julio de 2003.