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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

STANLEY G. PAYNE. “Unión Soviética, comunismo y revolución en España” (Plaza y Janés).

Stanley G. Payne. Traducción de Francisco J. Ramos. Plaza y Janés. Barcelona. 2003. 478 pp. 26 euros.

 

 

La pervivencia del mito de una supuesta democrática Segunda República Española, en pugna con un agresivo fascismo, es uno de los grandes logros de la propaganda comunista. Este fruto del ambiguo y doble lenguaje empleado por los comunistas, es desmentido por el historiador Stanley G. Payne en su nuevo libro, donde destaca, además, la absoluta dependencia del Partido Comunista de España a los intereses geoestratégicos de la Unión Soviética, diseñados, bajo una u otra excusa ideológica, por José Stalin.

 

 

Para el autor no existe duda alguna: la Segunda República Española murió en la primavera de 1936 como consecuencia de la acción revolucionaria de las izquierdas. Le habría sucedido hasta su colapso en 1939 –afirma- una república popular de nuevo tipo, en parte parecida a las impuestas en Mongolia Exterior por los soviéticos en 1924 y, ya finalizada la segunda guerra mundial, en Europa oriental de la mano del Ejército Rojo.

 

La lectura del texto impone otra conclusión decisiva: el PCE carecía de autonomía, hasta el punto de que sus líderes, pese a su sumisa obediencia, no fueron capaces de llegar a comprender -en diversas ocasiones- el sentido último de algunas de las tácticas ensayadas en España por mandato del Komintern. Este organismo revolucionario también estaba teledirigido por completo desde la Unión Soviética; siendo, en última instancia, José Stalin quien tomaba todas las decisiones de cierto calado relacionadas con la política exterior soviética y la difusión internacional del movimiento comunista.No obstante, el mito de una república democrática, que resiste la agresión del fascismo, es uno de los pocos que han sobrevivido al siglo XX. Ello se debe, en buena medida, a la muy eficaz labor de propaganda comunista que empleó un triple lenguaje: el destinado al exterior, en medios internacionales, donde aseguraba defender la democracia y el pluralismo; en la España republicana, anunciando parte de sus verdaderas intenciones de avanzar hacia una república en transición al socialismo; a nivel regional o local, caso de Cataluña, donde el PCE tuvo que competir con la ultraizquierda de cenetistas, poumistas y caballeristas del PSOE, radicalizando su programa.

 

Pero, lo realmente sorprendente, es que ese primer nivel propagandístico haya calado en ciertas corrientes historiográficas modernas, vulgarizándose también en buena parte de la opinión pública española, hoy día, por el impulso de algunos grupos mediáticos.

 

            El texto de Payne es, ante todo, riguroso y científico, tónica general que no rompen algunas jugosas apreciaciones personales que se permite el autor, por ejemplo, la que figura en su página 325: “Togliatti describía a Negrín como un hombre «sin escrúpulos», aunque viniendo de un alto cargo comunista no está claro si eso pretendía ser una crítica o un cumplido”.

 

Otra muestra de libertad e independencia del autor se materializa en la bibliografía empleada. Así, menciona en una docena de ocasiones a Pío Moa, un historiador “poco correcto políticamente”, en sus notas a pie de página, así como en la bibliografía final del texto, si bien no incluye en esta última su estudio “Los personajes de la República vistos por ellos mismos”.

 

La dirección del movimiento comunista internacional, los intereses estratégicos de la URSS, la intervención de las potencias fascistas,  la lucha por el poder en la zona republicana, la sucesión de los diversos gobiernos republicanos, el papel de Azaña y de los republicanos burgueses de izquierdas, la figura de Negrín, la división interna del PSOE, la bolchevización de importantes sectores socialistas, el caso del radical y autóctono POUM, el progresivo declive de la CNT, la intervención del NKVD y sus evidentes réditos, el peso real de las Brigadas Internacionales; todos estos temas son tratados y analizados por el autor, proporcionando respuestas concluyentes a buena parte de los interrogantes planteados.

 

Un texto, en definitiva, que apasionará al lector; rico en sugerencias, documentos y análisis y, en todo caso, avalado por una investigación histórica exhaustiva.

 

 

Elsemanaldigital.com 5 de julio de 2003.

 

George Weigel. “El coraje de ser católico” (Planeta), crisis, reforma y futuro de la Iglesia.

Editorial Planeta, Barcelona, 1ª edición, marzo 2003. Traducción de Claudia Casanova. 226 páginas. George Weigel.

 

Algo está cambiando en la Iglesia católica. Después de varias décadas de predominio “progresista” en muchas de sus expresiones y estructuras eclesiales, los escándalos de abusos sexuales del clero, en Estados Unidos, han constituido, según el prestigioso comentarista George Weigel, la expresión más dolorosa de una crisis de fidelidad y de fe que puede ser ocasión para una reforma, ya en marcha, en el camino de la ortodoxia. El contenido de este libro no gustará a los españoles integrantes de la que George Weigel denomina “brigada ligera”, es decir, el amplio grupo de intelectuales, teólogos profesionales y burócratas eclesiales, que han conformado la “cultura de la disidencia” católica, marcando a la Iglesia a lo largo de más de dos décadas, instalándose en las estructuras parroquiales, diocesanas y en la propia curia vaticana.

Así, el autor del best-seller internacional Biografía de Juan Pablo II, testigo de esperanza asegura que lo que estos personajes pretenden, realmente, cuando apelan al “verdadero espíritu del Vaticano II”, como solución a los males de la Iglesia, es reducirla a una más de las confesiones liberales protestantes americanas; en una verdadera obra de autodemolición. Tal pretensión, opina el escritor, tendría directa relación con las extravagancias doctrinales y litúrgicas que vienen desconcertando a buena parte del pueblo católico desde el término del Vaticano II.

Pero no acaba ahí su crítica. Esa “cultura de la disidencia” estaría en la base de las diversas corrientes doctrinales, divulgadas en ambientes católicos, en contradicción con su tradicional ética sexual, a lo largo de esas décadas; siendo educados en las mismas la mayoría de sacerdotes implicados en los abusos sexuales denunciados en Estados Unidos a lo largo del año 2002. Una precisión importante. Esos casos, que tan amplia repercusión mediática tuvieron y que han originado este libro, han sido perpetrados, en su mayor número, por sacerdotes homosexuales hacia jóvenes y adolescentes varones. Una cuestión que conviene no perder de vista. Esas dramáticas desviaciones, junto al deficiente gobierno pastoral de una parte de los obispos norteamericanos, lo que ha quedado en evidencia con su “gestión” del problema provocando de paso una gran indignación entre los fieles católicos, constituyeron las expresiones más dolorosas de una auténtica crisis que el autor no duda  valorar como de fidelidad y de fe. Pero, a pesar de todo, no es un texto pesimista.

 Al contrario. Partiendo de los gravísimos hechos acaecidos, proporciona al lector nuevos datos que indican el inicio, ya, de una reforma esperanzadora, si bien ésta puede tardar decenios en consolidarse; a lo que se une la apasionada e ilusionante exposición de la vida auténtica de la Iglesia que realiza el autor. ¿Qué orientación tendría esa reforma que nace de la presente crisis? Sólo puede ser una, siempre según el juicio del autor: la aventura de la fidelidad al catolicismo, con la certeza de que las comunidades de convicciones ortodoxas y sin complejos son las que crecen, mientras que el “catolicismo light” mengua. Este libro, que para los católicos de hoy puede tener un papel análogo al cumplido por Informe sobre la fe, del cardenal Ratzinger y el periodista Messori, hace casi dos décadas, ¿puede interesar a un lector no católico? Sí, en la medida en que realiza un diagnóstico certero y preciso del problema, más allá de distorsiones ampliamente extendidas; y en cuanto no se puede ser indiferente al destino y papel de una Iglesia que, en tanto sea más fiel a sí misma, más espacio de libertad ofrecerá al mundo.

 

Elsemanaldigital.com Nº 73, 17/05/03

Diario de un skin: una incursión en la periferia de la sociedad.

     El lanzamiento del libro Diario de un skin fue planificado magníficamente, con la finalidad de alcanzar las máximas ventas. No obstante, constituye una novedad, de gran interés, cargada de interrogantes que exigen respuestas.

 

Diario de un skin.
Presentado a finales de enero de 2003, y editado por Temas de Hoy, el libro Diario de un skin narra las peripecias de un reportero español infiltrado en las redes del movimiento skin-head neonazi internacional y de sus descubrimientos en esos medios. El autor ha ocultado su identidad personal real como medida de seguridad, sirviéndose para su portada de un seudónimo, Antonio Salas; practicando así una modalidad de investigación ya empleada hace años en Alemania.
Avalado por Esteban Ibarra, del Movimiento contra la Intolerancia, su lanzamiento coincidió con numerosas entrevistas en diversos medios de comunicación y múltiples reseñas en diarios escritos e internet. Resultado: la primera edición, agotada en su primer día de venta y, durante más de tres meses, en los puestos superiores de la lista de libros más vendidos en las librerías españolas. Pero, al margen de consideraciones tácticas de oportunidad comercial, el libro tiene el mérito de exponer, casi por primera vez y con el ánimo de llegar a un público amplio, la realidad íntima de un movimiento juvenil que actúa casi clandestinamente entre nosotros.
Una de las mayores sorpresas que proporciona este texto, es la trama, que desvela, de complejas relaciones existentes entre algunos de esos grupos, especialmente, con el nacionalsocialismo actual; pero también con integristas musulmanes, corrientes esotéricas y “paganas” presuntamente precristianas, incluso algunas conexiones  con el satanismo.
            También destaca, el periodista, el influjo de algunos autores sobre ese movimiento, a modo de ideólogos; caso del chileno Miguel Serrano, un especialista en la versión esotérica del nazismo y en sus precursores ocultistas (la Sociedad de Thule, de la que formaron parte muchos de los fundadores del NSDAP). Sus obras en castellano, ejemplo de delirante literatura esotérica y pseudo histórica, ya podían adquirirse, desde hace más de una década, en catálogos ultras de libros en español, siendo objeto de estudio por Xavier Casals en su texto Neonazis en España (Grijalbo, Barcelona, 1995).
            Una objeción debe hacerse. Las entrevistas concedidas por el autor, a numerosos medios de comunicación, han transmitido, especialmente, la idea de que se trata de un movimiento social infiltrado –manipulado incluso- por inteligentes y convencidos neonazis. Seguramente, hay mucho de eso. Pero, realmente, el movimiento skin-head es, ante todo –creemos- una expresión más de la crisis global que sufre la sociedad postmoderna occidental.

 

El movimiento skin-head.
El movimiento skin-head, “cabezas rapadas” en su traducción española, es una realidad visible en muchas ciudades de nuestro país. Fácilmente identificables por su característico atuendo (cazadoras bombers, pelo rapado al modo africano, aunque no les guste aceptar este origen y al que proporcionan un sentido muy distinto, tirantes en analogía a los usados por los obreros ingleses, camisas sin cuello, botas de puntas de acero con cordones de colores con preciso significado político…); suelen adornarlo con insignias políticas radicales que corresponden a las convicciones de sus portadores. Así encontramos skins neonazis, muy presentes en los estadios de fútbol; y otros de ideas anarquistas y comunistas, participantes asiduos en manifestaciones radicales de izquierdas y diversos eventos del llamado “movimiento okupa”. Situados en los dos extremos del arco político, pese a ello, comparten una estética, un estilo de música, una imagen agresiva en todo caso... y un seguimiento estrecho por parte de la policía especializada en “tribus urbanas”.
Como fenómeno social, nace en los barrios obreros y las periferias de las grandes ciudades inglesas a finales de los años sesenta del pasado siglo. Sus raíces remontan, de alguna manera, hasta los mods, el movimiento punk, los rude boys, las músicas ska y oi!, los hinchas hooligans, etc. En España vienen desenvolviéndose desde hace casi dos décadas, generando poco a poco un mundo propio muy cerrado, siempre regado por abundante cerveza, y centrado en sus bares, locales, bandas musicales (la llamada escena skin), sus fanzines impresos, sus vínculos internacionales... y algunos gravísimos incidentes de extrema violencia.
            Los skins neonazis están agrupados en bandas locales, en ocasiones integradas en peñas futbolísticas “ultras”, e incluso en entidades políticas de la extrema derecha. También están asociados a organizaciones skins de ámbito internacional, generalmente vertebradas en torno a determinadas bandas musicales: Blood and Honour y HammerSkins International son las dos entidades más significativas de este entorno.
Los skins anarquistas y comunistas, por su parte, mantienen un estilo de vida aparentemente similar, a la vez que se agrupan en bandas que comparten similares convicciones ideológicas, en muchos casos también con conexiones internacionales: es el caso de RASH (Red and Anarchist Skinheads) y SHARP (Skin Heads Against the Racial Prejudice).
Y aunque en escaso número, también encontramos a mujeres, muy jóvenes generalmente, en este movimiento, conocidas por la denominación skingirls.
En nuestras ciudades, la presencia skin es un fenómeno visiblemente en auge; lo que han denunciado diversas ONGs que hacen de la lucha contra la violencia, la xenofobia y el racismo, su bandera. Como fruto de estas inquietudes, han sido elaborado algunos materiales bibliográficos de carácter pedagógico, en su mayor parte. Tampoco faltan informes policiales, algunos redactados hace ya una década (Análisis del comportamiento skin-head y su relación con el fútbol: xenofobia y racismo, 1992, y Análisis policial del racismo y la xenofobia: tribu skin-head, 1993; ambos editados por la Dirección General de la Policía).
Es fácil seguirles por Internet (el autor del libro contactó con ellos a través de este medio), siendo docenas las páginas web que informan de los diversos grupos, actividades, idearios, actuaciones musicales de los grupos de la escena skin (los RAC, Rock Against Communism), objetos en venta...

 

Reflexiones.

Neonazis unos, anarquistas o comunistas otros, todos comparten cierto odio a la Iglesia católica. Para los primeros, no deja ser una institución incomprensible emparentada con el judaísmo, origen de todos los males del mundo blanco. Para los otros, se trata de una organización alienante y castradora, cuyo objetivo es eliminar las ansias de libertad y autodeterminación personal.
Vemos que la Iglesia católica, pese a la educación cristiana recibida por algunos de estos skins, al menos en su infancia, es una realidad inoperante y ajena a su escala de valores y actitudes vitales. Pero, más allá de las descalificaciones y las denuncias, ¿cuál es el atractivo del movimiento skin-head entre muchos jóvenes? Si algo se encuentra entre ellos, más allá de la agresividad verbal y los atuendos provocativos, es un intento prometeico de construcción de unas raíces y un estilo de vida que proporcionen sentido a sus vidas, una estética que reafirme su identidad frente a la mayoría, unos ideales comunes en los que apoyarse, compañeros de aventuras para combatir la rutina y la frialdad de un mundo hostil...
American History X, dirigida por Tony Kaye, es un film norteamericano fuerte y dramático de 1998. Impactó notablemente, además de por su marcada estética, por la fuerza de sus personajes, la novedad de los ambientes que describía y la violencia ciega que envolvía todo ello. El protagonista del film, Derek Vinyard (encarnado por el polifacético actor Edward Norton), es un skin neonazi arrepentido que no puede evitar -después de un dramático periplo en el que llega a asesinar salvajemente a un joven de raza negra- que su hermano, atrapado por las redes skins que él mismo alimentó, muera asesinado. La posibilidad de un cambio se concreta en unos encuentros personales que transforman poco a poco su vida y su percepción de la realidad: un compañero negro de presidio, un profesor afroamericano que lo estima como persona por encima de todo, y una familia casi incondicional. Existe en la base del conflicto, vemos, un problema real de confrontación de alternativas vitales: ¿donde situar –en definitiva- la consistencia de la vida?
Podría considerarse, en definitiva, que, pese a su parafernalia, el movimiento skin-head es una expresión más del nihilismo contemporáneo; otra manifestación del ejercicio de la autodeterminación personal llevada hasta el límite en ruptura consciente con toda tradición, que no valora la experiencia de la familia y de la Iglesia en particular, y que se separa de los cauces habituales del comportamiento social mayoritario.
La sociedad, globalmente, ha fracasado con estos jóvenes: al igual que ha fracasado la familia, la escuela, las demás instancias de socialización y… tal vez, la misma Iglesia. La ausencia de valores fuertes, la carencia en el horizonte vital de esos jóvenes de maestros que les acompañen, unas normas convencionales en muchas ocasiones vacías… Los skins, situados en la periferia de la sociedad postmoderna, son producto, por tanto, de un entorno provisto de altas cuotas de bienestar social y, paradójicamente, poco dotada de valores auténticos y personas atractivas humanamente.
En estas circunstancias, ¿no tiene algo que ofrecer la Iglesia a estos jóvenes alejados, rabiosos, cabreados, a los que resulta incomprensible todo lo relacionado con ella?
Se trata, pues, de confrontar estilos de vida nacidos de un encuentro personal: frente a la violencia skin-head hay que presentar ideales auténticos, reconocibles en rostros concretos que les acompañen en la vida; proponiendo algo más que discursos de pensamiento débil y “políticamente correcto” que no siempre satisface. Párrafos atrás nos referíamos al sentido del compañerismo, la importancia de unos ideales, el valor simbólico de una estética fuerte… Y, debemos preguntarnos, el acontecimiento cristiano ¿no puede manifestar también todo ello, multiplicado por cien, a la vez que descubrir su verdadero rostro al hombre, a esos hombres y mujeres?

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 68, abril de 2003

Mohamed VI: ¿el último rey marroquí?

        

¿Será Mohamed VI, acaso, el último rey marroquí? Sin atreverse a asegurarlo, Jean-Pierre Tuquoi proporciona en su libro una buena base de datos y de claves para entender la realidad sociopolítica del vecino del sur. Una mirada francesa a la actualidad marroquí.

 

Mohamed VI, a la sombra de Hassan II.
            Editado cuidadosamente por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, el libro de Jean-Pierre Tuquoi El último rey. Crepúsculo de una dinastía (1ª edición, 282 páginas, Barcelona, 2002) proporciona una visión, desde Francia, de la realidad de Marruecos.
            “Tan apasionante como esclarecedor”, así lo calificó en su día Gilles Perrault, autor a su vez del famoso Nuestro amigo el rey, que desveló la cara oculta del reinado de Hassan II: las torturas, la represión, el fraude, la corrupción del régimen…
            La vida de Marruecos ha estado marcada durante 38 años por Hassan II, un monarca autoritario, refinado, culto, inteligente, cruel, amante de los lujos y la buena vida. No es de extrañar, por lo anterior, que una buena parte, casi la mitad del libro, aborde directamente aspectos de su reinado; imprescindibles para comprender la herencia recibida por el actual monarca y la situación real del país.
El libro nos adentra en el complejo y personalísimo mundo de Hassan II: sus cortesanos y apoyos, el sombrío y misterioso palacio, el papel de las concubinas, la educación de sus hijos, sus relaciones con estadistas de todo el mundo, especialmente con políticos tanto conservadores como socialistas franceses, etc.
Las relaciones de Hassan II con sus hijos, de especial interés por los efectos que en el comportamiento del actual monarca han podido generar, son descritas en el libro de forma muy dura: un padre distante, escasamente accesible, rodeado de decenas de concubinas, autor de un colegio hecho a su medida en interior de palacio...
Muerto Hassan II, el nuevo rey, Mohamed VI, fue recibido con unas expectativas extraordinarias por parte de los medios de comunicación y la población marroquíes. “El rey de los pobres”, una de tantas aduladoras calificaciones que recibió entonces, protagonizó algunos gestos espectaculares que alimentaron esas esperanzas: levantó el arresto domiciliario del líder integrista musulmán Yassine, viajó al norte del país (unos territorios que ignoraba su padre), se deshizo de Driss Basri (hombre fuerte del régimen), permitió el regreso de algunos exiliados (caso de un famoso y antiguo marxista-leninista, el hebreo Abraham Serfaty), se prodigó en declaraciones que parecían mostrar una voluntad real de modernización y democratización, creó una especie de ONG que centralizaba las obras de caridad de la monarquía…
Sin embargo, pronto defraudó esas esperanzas de instalar a Marruecos en la modernidad, al no avanzar realmente en las reformas prometidas, salvo gestos simbólicos bien explotados mediáticamente; decepción que determina el autor simbólicamente con motivo de la celebración de la medieval y aparatosa ceremonia de la beia, jura de la fidelidad de sus súbditos, el 31 de julio de 2000, recogida en el capítulo IX Primeras dudas y cuyo texto anticipó unos meses el diario El Mundo. Mohamed VI parece más interesado en practicar sus deportes favoritos -siendo conocido como “su Majetski” a causa de su afición por las motos de agua- que en el cumplimiento de sus deberes regios. En muchos aspectos continúa la senda marcada por el padre. Aunque ha prescindido de las concubinas, sigue siendo propietario de una veintena de palacios, un par de châteaux en Francia, una fortuna incalculable y unos intereses económicos que alcanzan a todos los sectores productivos de Marruecos con cuantiosas inversiones en otros países. La monarquía sigue beneficiándose de un presupuesto, procedente del Estado, integrado por varias grandes partidas; equivalente a los de los ministerios de Vivienda, Obras Públicas y Urbanismo, de Empleo, de Juventud y Deportes, de Cultura y de Derechos del Hombre ¡juntos!
En algo sí se ha vislumbrado un cambio que parece auténtico: el ejercicio frío e implacable de la violencia, que caracterizó al reinado de su padre, ha dejado paso a unos modos más suaves, inéditos en aquellas latitudes, que han propiciado un enriquecimiento del tejido social marroquí. Atrás parecen haber quedado aquellos episodios terribles, como fueron las represiones subsiguientes a los dos golpes de estado conocidos, el secuestro de la familia de Mohamed Ufkir, las torturas y desaparecidos, las espeluznantes prisiones secretas de Tazmamart, la guerra del Sahara…
            Los retos son enormes: la reforma de la mudawana o estatuto de la mujer, los límites de la libertad de expresión, el creciente poder del ejército (acreditado con la prisión sufrida por el capitán Mustafá Abid, quien se atrevió a denunciar un caso de corrupción en su seno), los obstáculos de la burocracia, la duplicidad Gobierno/majzen (el verdadero poder económico y político del país, hidra sin cabeza, monstruo anónimo, tal como lo caracteriza el autor en la página 238), el auge integrista, el estancamiento económico, etc.
Mohamed VI ha heredado un sistema de poder, creado a imagen y semejanza de su padre, que sigue manejando. Se ha rodeado de un selecto grupo de jóvenes tecnócratas, junto a antiguos servidores de su padre y militares, formando la versión remozada del majzen. Así, el poder real no lo detentaría el Gobierno del partido o coalición de turno, sino las comisiones, consejeros reales y los gobernadores nombrados directamente por el monarca.

 

Interrogantes en el horizonte de Marruecos.
            El autor, en su texto, se interroga especialmente por la calidad de los más cercanos colaboradores del monarca. Jóvenes, inexpertos, no parece hayan sido capaces de afrontar satisfactoriamente los enormes retos planteados, hasta el punto de que antiguos colaboradores de Hassan II han vuelto a recuperar protagonismo en la política marroquí. El juicio de Jean-Pierre Tuquoi es contundente: sin duda alguna, han fracasado.
            Por lo que se refiere de forma directa a la persona del rey, el interrogante que plantea es el siguiente: ¿ese presunto desinterés por la política encubre, acaso, una incapacidad e inmadurez de la persona del monarca?
            Un factor añadido de incertidumbre es el que se refiere a la situación económica general de Marruecos, calificada como penosa. Uno de cada dos marroquíes es analfabeto. El 70 por ciento de sus jóvenes quiere emigrar. Uno de cada cinco marroquíes vive por debajo del umbral de la pobreza absoluta según observadores independientes. Es el país árabe con mayor porcentaje de “niños de la calle”.
En este contexto sombrío, la emigración constituye una válvula de escape, de descongestión social… y una gran fuente de entrada de divisas. Una situación compleja, cuando no explosiva, caldo de cultivo propiciatorio del llamado “escenario argelino”: crecimiento islamista y protagonismo creciente de los militares.
Unas pocas páginas, pero esclarecedoras, dedica el libro al auge de un islamismo radical que viene ocupando, en la vida real, mediante sus obras sociales y de caridad, los huecos dejados por el poder. El islamismo está dividido, informa el autor en su página 242, en dos ramas. El encarnado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo, que ha aceptado participar en las elecciones, integrándose así, en buena medida en los mecanismos del régimen. Y el sector radical y extraparlamentario del jeque Yassine, cuyo índice de penetración real en la sociedad marroquí es muy difícil de cuantificar.
            El ascenso del ejército es otra realidad palpable en la sociedad marroquí descrita en ¿El regreso de los militares?, capítulo X del libro; una realidad que cobrará obligado protagonismo en tanto Marruecos no supere sus problemas económicos y el islamismo siga avanzando socialmente.

 

Últimas novedades.

Desde que se terminó de escribir el libro, hasta el día de hoy, se han producido algunas novedades que no son indiferentes a todo lo aquí apuntado.
En primer lugar, el monarca contrajo matrimonio con la hermosa y discreta joven Salma Bennani, esperándose para fechas próximas un -tantas veces reclamado- heredero varón en línea directa. De esta forma, una de las asignaturas pendientes del joven monarca está siendo aprobada.
En segundo lugar, según cronistas internacionales, el joven monarca ha intervenido de forma activa y directa en la resolución de la crisis diplomática con España; cuya mayor virulencia se alcanzó con la ocupación de Isla Perejil por Marruecos y posterior recuperación, vía militar, por España. Ese es uno de los motivos por los que el Epílogo del libro, Vecinos alejados, a cargo de Ignacio Cembrero, ha quedado en buena medida desfasado.
En tercero, y último lugar, han tenido lugar una reñidas elecciones legislativas en las que la mayor novedad la constituyó el ascenso del islamista “moderado” Partido de la Justicia y el Desarrollo que, en un gesto de realismo para no provocar a los militares, autolimitó sus expectativas presentando un reducido número de candidaturas. En resumen, al menos de momento, un sector importante de los islamistas se integra en el sistema.
Pero las dudas de fondo permanecen, en buena medida, sin respuesta. ¿Será capaz el monarca alauita de conducir a Marruecos hacia la modernización? ¿Facilitará una solución definitiva al excesivamente largo problema del Sahara? ¿Intentará remover las condiciones que están favoreciendo la consolidación de una fuerza islamista fundamentalista?
En este contexto, es muy expresivo y preocupante el siguiente juicio del autor: “Aunque es cierto que Mohamed VI no tiene los defectos de su padre, tampoco posee sus cualidades de hombre de Estado” (pagina 239).
Interrogantes, todos ellos, de la máxima importancia, no sólo para los propios marroquíes, sino también para sus vecinos del área. De esta forma, la repercusión en España de la inestabilidad marroquí puede tener variadas vertientes. En primer lugar, por su condición de receptor de inmigrantes del país vecino, siendo la renta española por habitante varias veces superior a la marroquí. También, por ser lugar de paso o destino de buena parte del cannabis cultivado en Marruecos, otra de sus fuentes de divisas. Y, especialmente, por la importancia geopolítica de varios “puntos calientes” (Ceuta, Melilla, islas adyacentes, Canarias en un futuro), cuya reivindicación territorial por Marruecos puede ser excusa que intente desviar las energías de una situación social que puede deteriorarse con una potencialidad revolucionaria islamista.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003

Un retrato íntimo de los intelectuales elaborado por Paul Johnson: ideología, cambio cultural y transformación social.

Utopía revolucionaria, nihilismo, sociedad permisiva y el papel de los “intelectuales” modernos según el periodista e historiador Paul Johnson.

 

Intelectuales.
            Los intelectuales cumplen, desde el siglo XVII, la función desarrollada tradicionalmente por clérigos y escribas; pero emancipados de toda Iglesia, tradición y dependencia externa, conforme a su particular criterio revolucionario. De esta forma han cargado sobre sus hombros la responsabilidad de encaminar a la humanidad hacia metas más altas, liberándola de sus seculares ataduras, siendo los propios intelectuales, que así se proclaman, los encargados de establecer la adecuación de objetivos y medios.
            Esta pretensión, tan ambiciosa como voluntarista, puede ser analizada, en primer término, contrastándose con sus realizaciones prácticas. Otro criterio de análisis, que no se suele aplicar, es el estudio de la coherencia alcanzada entre el comportamiento personal de esos intelectuales y sus altos objetivos. Este segundo es el criterio seguido por Paul Johnson en su libro Intelectuales (Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 2000, 448 páginas). Ya en sus tres primeras líneas, redactadas en el agradecimiento inicial, el autor descubre su línea de trabajo: «Esta obra es un análisis de las credenciales morales y de juicio de ciertos intelectuales notables para aconsejar a la humanidad sobre cómo conducir sus asuntos». En consecuencia, las preguntas que intenta responder este texto son: ¿con qué cuidado esos intelectuales examinan las evidencias?, ¿respetan la verdad?, ¿cómo aplicaron esos principios a su vida privada?
            Siguiendo esa dirección, el libro se erige en un relato apasionante, y sobrecogedor en muchas ocasiones, desfilando por sus páginas pensadores, poetas, dramaturgos, artistas, editores, incluso cineastas: Jean-Jacques Rousseau, Percy Bysshe Shelley, Karl Marx, Henrik Ibsen, León Tolstoi, Ernest Hemingway, Bertolt Brecht, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Edmund Wilson, Victor Gollancz, Lilian Hellman, George Orwell, Cyril Connolly, Norman Mailer, Kenneth Peacock Tynan, Rainer Werner Fassbinder, James Baldwin, Noam Chomsky, y tantos otros que les rodearon compartiendo vidas, anhelos y contradicciones.
            El autor pone de relieve algunas coincidencias existentes entre todos ellos: su voluntad de absoluta autodeterminación, su menosprecio de tradiciones e Iglesias… Pero también pueden encontrarse otras semejanzas curiosas de carácter más vital y menos teórico: muchos eran hijos únicos; generalmente eran adorados por esposas, hermanas, amantes y admiradoras; algunos desarrollaron comportamientos que hoy día serían calificados como patológicos, padeciendo incluso alcoholismo agudo; bastantes falsificaron sus propias biografías a placer…
            Siguiendo un orden cronológico, el autor establece una evidente continuidad en la labor subversiva de estos intelectuales. Pero con todo, históricamente, nos dice, sus pretensiones han evolucionado. Así, habrían pasado de idear e impulsar la utopía revolucionaria, a mantener la misma actitud parcial respecto a la sociedad hedonista y nihilista que hoy conocemos. Y, según Evelyn Waugh, con la pretensión de acabar con los fundamentos cristianos de la sociedad en cualquier caso.
            Los intelectuales impulsores de esas visiones sociales fueron ejemplo de gravísimas contradicciones personales que les llevaron a explotar a familiares y amigos, a engañar sistemáticamente a sus esposas y amantes en nombre de una pretendida transparencia que siempre devenía en una carrera de mentiras y justificaciones, etc. No se nos muestran como hombres ejemplares y de conducta intachable. Al contrario. El retrato resultante es sumamente sombrío. Recordemos, a modo de ejemplo, a un Rousseau que abandonó, nada más nacer, a sus cinco hijos; ninguno de los cuales sobrevivió a los primeros meses de vida. O a un Marx colérico que, cargado de odio y resentimiento, manipuló las fuentes documentales con el objetivo de apuntalar “científicamente” sus presuntas leyes (es admirable el capítulo que le dedica, pues en unas pocas páginas desacredita, de forma contundente, el supuesto carácter científico del marxismo). Recordemos el primer criterio de juicio que mencionábamos. Esas doctrinas generaron los mayores sufrimientos que ha experimentado la humanidad a lo largo del siglo XX. Incluso, recientemente, Pol Pot se formó en una Francia marcada por el existencialista Sartre y el marxismo en sorprendente continuidad con las utopías de Rousseau.
            En definitiva: si algo queda claro después de la lectura de este texto es la escasa coherencia moral de esos intelectuales, sus gravísimas contradicciones y la debilidad de muchas de sus construcciones teóricas. Entonces, ¿puede explicarse de alguna manera el indudable “éxito” alcanzado?

 

El éxito de los intelectuales.
Pío Moa, en un artículo de libertaddigital.com titulado Religión e ideología. Proyección de culpa, proporcionaba algunas claves a considerar y que vamos a reproducir brevemente.
            A su juicio, la clave de su éxito radicaría en la posición y el sentimiento del hombre frente a la culpa. Para la religión, el mal es algo intrínseco al individuo, lo que requiere un combate interno y permanente. La ideología de los intelectuales, por el contrario, niega lo anterior. Así, considera al mal como algo accidental nacido de las miserias humanas. Superando esas miserias, en consecuencia, se eliminaría el mal. Para estas ideologías, el hombre es bueno por naturaleza, de ahí que el sentimiento de culpa, existente en todo hombre al percibir la propia tendencia al mal, deba ser eliminado.
            Naturalmente, esa bondad natural no impediría que algunas fuerzas sociales se opongan al bien: la tarea de los justos sería eliminarlas. En ese sentido, pudiera advertirse que las conductas ideológicas son paralelas a las religiosas, de modo que la ideología podría «definirse como una formidable máquina de proyección y socialización de la culpa, de efectos bien palpables en las matanzas del siglo XX: en los enemigos de la causa se concentra toda la culpa, y por tanto no debe tenerse consideración alguna con ellos». En consecuencia, la religión, como enemiga del hombre, podría eliminarse por dos vías: físicamente (casos de la guerra civil española y la revolución francesa) o a través de «la ingeniería social y manipulación de los medios de masas, como en la actualidad». Así, la campaña mediática desarrollada en los últimos años descubriendo los comportamientos presuntamente dolosos de ciertos eclesiásticos pondría en evidencia las contradicciones internas de la Iglesia. Sin embargo ese argumento se vuelve en contra de los justos, asegura Moa, al ser ellos «quiénes afirman tener esa segura solución para erradicar el mal».

 

Un modelo social planetario.
            La página 375 del libro es clave para entender la trascendencia que tiene esta cadena de esfuerzo intelectual sobre la vida de las personas de ayer y de hoy. En ella, el autor nos informa que Cyril Connolly estableció, ya en 1946, un modelo social objetivo del devenir humano, integrado por diversas medidas que definió como «principales indicadores de una sociedad civilizada», y que concretaba en: «1) abolición de la pena de muerte; 2) reforma penal, prisiones modelo y rehabilitación de los prisioneros; 3) eliminación de los barrios bajos y “ciudades nuevas”, 4) luz y calefacción subsidiadas y “provistas gratuitamente como el aire”; 5) medicinas gratis, subsidios para alimentos y ropa; 6) abolición de la censura, de modo que cualquiera pueda escribir, decir y representar lo que quiera; abolición de las restricciones a los viajes y del control de cambios, final de la intervención de teléfonos o de la formación de expedientes sobre personas conocidas por sus opiniones heterodoxas; 7) reforma de las leyes contra los homosexuales y el aborto, y de las leyes de divorcio; 8) limitaciones a la propiedad de inmuebles, derechos para los niños; 9) conservación de las bellezas arquitectónicas y naturales y subsidios para las artes; 10) leyes contra la discriminación racial y religiosa». El autor del libro comentado resume este programa, ambicioso para 1946 y amplia realidad hoy día, como «la fórmula de lo que iba a llegar a ser la sociedad permisiva». Evelyn Waugh por su parte, según nos relata Paul Johnson, «estaba comprensiblemente alarmado. Sospechaba que hacer lo que Connolly proponía implicaba la virtual eliminación del fundamento cristiano de la sociedad y su reemplazo por la búsqueda universal del placer».
            Esta pretensión, ¿es real?

 

La nueva ética global y la acción de los intelectuales.
El arzobispo mejicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ha analizado, en un artículo publicado el 11 de febrero en L’Osservatore Romano, las características de lo que denomina “nuevo paradigma” cuyo objetivo sería la sustitución de la ética cristiana por una “ética global”. Este paradigma estaría caracterizado por el eclecticismo, el historicismo, el cientificismo, el pragmatismo y el nihilismo (entendido como la renuncia a la capacidad de alcanzar verdades objetivas). El objetivo final sería el bienestar global, dentro de un desarrollo sostenible en armonía con la nueva divinidad (el planeta tierra, Gaia, elevado a los altares por el ecologismo radical). A nivel personal, el objetivo perseguido sería la autodeterminación individual. Pero existen evidentes limitaciones; así «experimenta uno de sus grandes problemas cuando percibe que todo se debe fundamentar en el consenso, un consenso que no procede de verdades objetivas, sino de opiniones subjetivas». En definitiva, nihilismo, relativismo, ecologismo, búsqueda de un consenso ético planetario más allá de las religiones tradicionales…
Dalmacio Negro por su parte, en su artículo España escindida: las dos culturas, publicado en el diario La Razón, afirmaba que se pretende implantar una nueva cultura, externa y ajena a la tradicional española, que consistiría en «todos los tópicos de determinadas tendencias de la modernidad y la Ilustración que han adquirido fuerza en Europa gracias entre otras cosas a las ideologías, que han vulgarizado el modo de pensamiento ideológico, y la revolución cultural de 1968». El origen de todas esas ideologías –asegura- sería el nihilismo.
Este pensador considera que la nueva cultura esta definida por tres manifestaciones.
En primer lugar, la secularización que se sirve del cambio cultural para consolidar la dominación política. El catolicismo –en este contexto- tendría importancia por haber creado unos estrechos lazos sociales y políticos. En el caso concreto de España, sería determinante en la generación de una autoconciencia española, a falta de unos sólidos lazos estatales. Con la implantación de la nueva cultura, además de debilitar la conciencia moral de los españoles, se habría reducido extraordinariamente la conciencia nacional.
La modernización, en segundo lugar, entendida como una ideología de la emancipación que se quiere imponer con todo el poder del Estado y de los medios de comunicación en sus aspectos más destructivos, por ejemplo, sustituir lo natural por lo “normal” en el sentido nihilista.
Por último, la democratización, en su versión igualitaria nihilista: todo da igual. La palabra democracia quedaría, de esta manera, como la gran coartada del nihilismo: toda vale y es aceptado si se es demócrata. Un nihilismo devenido en una antirreligión que compite con la religión tradicional para ocupar su lugar.
Secularización, modernización y democratización serían, por tanto, los ejes en torno a los que se está articulando, en España y en buena parte del mundo, el cambio cultural que conduce a una mentalidad distinta y otro modelo de relaciones sociales regidas por una novedosa ética global; todo ello en ruptura con la tradición cristiana que le precedió.

 

La posición de la Iglesia.
            Hemos visto, brevemente, un itinerario intelectual que persigue unos objetivos muy concretos y que se viene implantando a escala planetaria en las últimas décadas. En su momento los intelectuales se decantaron por las utopías que han ensangrentado el siglo XX. Ahora, el modelo propuesto pretende metas menos utópicas; siendo el consumismo del primer mundo una vulgarización de sus contenidos filosóficos y vitales. Al final del trayecto, encontramos, según los autores consultados, nihilismo, hedonismo y una sociedad permisiva; lo que ha provocado efectos no imaginados a escala individual y social.
En esta carrera, en esta huida de la razón tal como la califica Paul Johnson en el capítulo XIII de su libro, se ha prescindido de la verdadera naturaleza del hombre. Hoy día, el hombre actual, alagado y divinizado, cuando no anulado o exterminado, se encuentra sólo frente al poder, a merced de cambiantes ideologías y modas.
            Hemos dicho, anteriormente, que estos intelectuales comparten algunas características, entre ellas, la huida de la religión de sus padres o abuelos. Hoy día, la Iglesia católica, por su capacidad de generación de una humanidad más libre, de un pueblo dotado de una nueva conciencia liberadora, sigue siendo un obstáculo fundamental en las pretensiones hegemónicas y planetarias de ese poder anónimo pero real. Por ello, constituye una dificultad que hay que eliminar, o al menos limitar a su mínima expresión. Han cambiado las formas, pero la pretensión de eliminar la presencia del cristianismo, permanece.
            El libro que hoy comentamos, por todo lo expuesto, no puede pasar desapercibido. Es más. Debe tenerse presente si se quiere conocer, con realismo, la naturaleza íntima de las claves, mentales y sociales, determinantes del mundo de hoy.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003

Isla Perejil: ¿incidente aislado o expresión de un conflicto permanente?

El libro, que aquí se comenta, constituye una aproximación a las frágiles relaciones hispano-marroquíes desde la perspectiva de una investigación periodística marcada por la geopolítica.

 

El incidente de Isla Perejil.
            Marruecos mantiene una permanente confrontación con España, por lo que el incidente de Isla Perejil constituyó un nuevo episodio, de esta histórica vecindad problemática, que responde a precisas causas geopolíticas. El siguiente paso será, inevitablemente, la reclamación, acompañada de alguna medida de fuerza, de Ceuta, Melilla e islas adyacentes. También Canarias estaría en el punto de mira del expansionismo marroquí. Ante este preocupante panorama, ¿está preparada España para afrontar el reto? Hasta aquí, la tesis central –y la pregunta final- del libro de Leon Klein Marruecos, el enemigo del sur. El conflicto inevitable (PYRE S.L., Barcelona, octubre 2002, 256 páginas, 15 euros, www.pyresl.com).
Aunque la ocupación marroquí de Isla Perejil cogió por sorpresa a la mayor parte de la opinión pública española, cegada por el espejismo de unas presuntas buenas relaciones, según el autor del libro el incidente fue planificado siguiendo una táctica muy concreta, en cuya base encontramos una ambición territorial antigua ideada en el partido nacionalista Istiqlal: el Gran Marruecos. Esta ficción histórica -hecha propia por la Casa Real y la mayor parte de la clase política marroquí- ya habría cosechado, según su criterio, resultados positivos (la anexión de Ifni y la del Sahara, todavía no concluida), estando pendientes otras pretensiones: Ceuta, Melilla, Canarias, Tinduf, Bechar, Mauritania, Malí y otros territorios hasta el mismísimo río Senegal.
            Algunos factores geopolíticos habrían fortalecido la actual postura marroquí, envalentonándose hasta el punto de provocar a España, con este incidente, para probar su capacidad de respuesta y la posición de los respectivos aliados, especialmente Estados Unidos y Francia. Uno de esos factores explicativos sería el desconocido y alarmante rearme marroquí; que describe con bastante precisión. El autor también desarrolla las consecuencias políticas y estratégicas derivadas de la localización de importantes yacimientos petrolíferos en el este de Marruecos, en buena parte del antiguo Sahara Occidental y en la plataforma continental canaria. Este segundo factor también habría sido determinante, junto al valor estratégico de Marruecos (por su ubicación geográfica y posible papel de contención del integrismo musulmán) en el nada disimulado y creciente interés de Estados Unidos por la suerte de este país; lo que coincide con un cierto distanciamiento de sus socios europeos.

 

Los contenidos del libro.
            La introducción nos presenta la actualidad del conflicto de Isla Perejil, el especial interés de la política norteamericana en el área, el papel de Francia y las reacciones diplomáticas de una Unión Europea que en el futuro, según el autor, se alejará inevitablemente de la influencia yanqui.
En la primera parte del libro se estudian los aspectos geopolíticos de este conflicto en ciernes: el expansionismo marroquí nutrido por la teoría del Gran Marruecos ideada por Allal El Fassi, la aparición de yacimientos petrolíferos, los conflictos políticos locales, los intentos de unificación regional (la Unión del Magreb Árabe) y sus fracasos.
En la segunda parte, desde una perspectiva histórica y geopolítica, se analizan los tradicionales puntos “calientes” del conflicto con España: Ceuta, Melilla, Canarias y el drama del Sahara. También profundiza en los problemas presentados por otros escenarios novedosos, como son la inmigración masiva (uno de los efectos de la explosiva demografía de todo el norte de África) y el cultivo y exportación de hachís; fenómenos ambos de los que España es la principal afectada. Llegados a este punto, es de destacar la denuncia que realiza del consumo masivo, entre grandes sectores de la juventud española, de cannabis y hachís, desvelando los efectos perniciosos derivados para la salud individual y colectiva de este -aparentemente- inocente consumo, mitificado e impulsado, especialmente, desde los sectores culturales y políticos izquierdistas conformadores de lo “políticamente correcto”.
También, dentro de esta segunda parte, destaca el capítulo dedicado a la sangrante cuestión del Sahara, al desarrollar una buena exposición de sus presupuestos históricos, militares y diplomáticos.
Reserva, por último, un espacio importante a la situación que vive el archipiélago canario como consecuencia del impacto de la inmigración extranjera, particularmente la marroquí; un fenómeno silencioso de incuestionables efectos perturbadores.

 

Algunos comentarios críticos.
            El autor se posiciona claramente ante el problema de la inmigración clandestina y masiva generada desde Marruecos, según afirma, con una evidente intencionalidad desestabilizadora y la complicidad material de sus autoridades. Y lo hace desde una perspectiva, en parte, “políticamente incorrecta”. En este sentido, aunque hay que destacar su esfuerzo de objetividad, para lo que se apoya especialmente en diversas informaciones proporcionadas por el movimiento vecinal canario y en actuaciones de Coalición Canaria, ambos poco sospechosos de xenofobia y racismo,  creemos encontrar una cierta coincidencia de algunos de sus juicios con determinadas tesis de la llamada derecha populista europea.
            Especial interés cobra el apartado del libro dedicado a las implicaciones, gubernamentales y de otros círculos del poder real marroquí, en la extensión de los cultivos del cannabis, de su elaboración y “exportación”; alcanzando el nivel de una grave denuncia que precisa una contundente respuesta internacional.
            Ambos aspectos, emigración y tráfico de drogas, más allá de constituir, probablemente, las dos primeras fuentes de divisas del Estado de Marruecos, jugarían, a juicio del investigador, un evidente papel subversivo en la confrontación con España.
            Con la lectura del libro, es inevitable una pregunta: ¿cómo es posible el desconocimiento de todos estos factores por parte de la opinión pública y de la clase política españolas? La respuesta también la proporciona el autor, aunque con una limitación. Achaca esa responsabilidad a la acción del que denomina “lobby pro-marroquí”; pero apenas concreta las entidades y personalidades que lo integran y sus estrategias; lo que constituye una laguna que sería del máximo interés se colmara en el futuro.
            Igualmente, sería deseable se hubiera analizado, en profundidad, el progresivo avance político y social de los islamistas marroquíes y su segura incidencia en el futuro del vecino país del sur.
            Tratándose de una investigación, fundamentalmente, de carácter periodístico, le hubiera proporcionado mayor entidad una mención más precisa de las fuentes de información empleadas.
            Por último, un aspecto puramente formal. Se precisaba una ulterior revisión del texto con el objeto de eliminar las erratas, de carácter tipográfico, presentes en su transcripción y que hacen molesta su lectura en algunos momentos.
            Aspectos éstos últimos que, aunque empañan el resultado final del volumen, no le niegan el inmenso mérito de poner sobre la mesa un importante caudal de datos y la perspectiva de unos movimientos geopolíticos trascendentales que la sociedad española precisa conocer y afrontar.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003.

El saqueo de Euskadi.

Un nuevo libro, del género de la investigación periodística, proporciona una estremecedora aproximación a la realidad vasca desde la perspectiva de la tiranía impuesta por ETA, sus connivencias con el PNV y el dolor causado a las víctimas.

 

Un nuevo libro del matrimonio José Díaz Herrera e Isabel Durán.

 

                El matrimonio formado por los periodistas José Díaz Herrera e Isabel Durán se ha especializado en la modalidad de la investigación periodística. A libro por año desde 1996, en esta ocasión vuelven a escribir sobre el País Vasco y Navarra desde la perspectiva de los efectos perniciosos de la tiranía ejercida por ETA y sus organizaciones satélites sobre esas sociedades, en connivencia con algunas de las políticas fundamentales del PNV.
Sus páginas también constituyen un contundente y dramático alegato contra el olvido al que se ha sometido a las víctimas del terrorismo de ETA y los ultrajes, físicos y morales, causados a sus familiares en el País Vasco por parte del conjunto del nacionalismo vasco.
                ETA. El saqueo de Euskadi (Editorial Planeta, Barcelona, noviembre de 2002, 830 páginas, 24 euros) es el título del libro que comentamos; una denuncia en toda regla que no puede pasar desapercibida a la opinión pública española y a nuestra clase política.
                Es un libro duro en todo momento, estremecedor en muchas ocasiones, espeluznante en otras. Pero el terror que describe no se limita a los cientos de implacables asesinatos realizados por ETA. Cotidianamente, una dictadura se ha impuesto en la sociedad vasca, con sus leyes escritas y sus códigos de comportamiento no escritos, pero conocidos por casi todos; unas normas que permiten incontables excesos, a unos, en nombre de la ideología nacionalista y que privan de derechos elementales a todos aquéllos que no la comparten.

 

Los contenidos del libro.
                A través de 23 capítulos de fácil lectura, pero cargados de datos, el libro saca a relucir el entramado generado por ETA y que alcanza a buena parte de la vida cotidiana vasca a través de múltiples tentáculos: SEGI, AEK, Senideak, LAB, Gestoras Pro Amnistía, Batasuna, asociaciones culturales, Herriko Tabernas, etc.
                Estamos ante una investigación periodística forjada por numerosos testimonios extraídos de una paciente labor de hemeroteca, junto a otros procedentes de significativos libros editados por la abertzale Txalaparta (que recogen aportaciones muy diversas de miembros de ETA), por confidencias vertidas en entrevistas efectuadas sobre el terreno y, no podía ser de otra forma, filtraciones informativas algunas no publicadas hasta ahora.
                Si algo queda en evidencia, gracias al caudal de datos proporcionados por este grueso volumen, es la complicidad entretejida, durante décadas, entre el nacionalismo moderado del PNV y EA con el radical de ETA, lo que ha llevado a Jaime Mayor Oreja a afirmar, en la presentación del libro realizada en la Casa de América de Madrid, que: “ETA es el ejército del PNV en la sombra” y que “el libro es una radiografía, una resonancia no sólo de ETA, sino de un régimen donde el crimen de ETA y la mentira del PNV se asocian con intereses comunes y compartidos. Esto es un viejo régimen perverso, dónde sólo hay dos realidades políticas: la de ETA y la del PNV. La de ETA desde el crimen y la extorsión; y la del PNV desde la ambigüedad para que todo se encamine hacia la independencia, aún a costa del miedo y el terror en su ciudadanía”. Esa es la expresión clave que explica, sintéticamente, esta compleja, asfixiante y atípica realidad social: régimen perverso.
                Una prueba –entre muchas- de esa connivencia entre radicales y moderados, se ofrece, por ejemplo, en la página 669, cuando se transcribe una conversación, entre responsables del PNV y Herri Batasuna, celebrada el 26 de marzo de 1991. En esa ocasión, Xavier Arzalluz afirmó ante sus interlocutores que “Nosotros somos los de siempre, nacionalistas. Sin revolución, sin marxismos ni tiros, pero con los mismos objetivos que vosotros. En el futuro, en el País Vasco sólo van a quedar dos fuerzas nacionalistas, el PNV y HB, por lo que habrá que pensar en algún tipo de colaboración. Por eso es falso eso que decís de que estemos impulsando a la Ertzaintza contra ETA. Lo que estamos haciendo es frenándola. La Ertzaintza podía tener datos sobre un comando en Donosti y no ha procedido (a su detención). No creemos que sea bueno que ETA sea derrotada. No lo queremos para Euskal Herría”. Unas declaraciones graves por sus implicaciones y por la ceguera que evidencian: ETA no parará con la independencia, pues encabeza un auténtico proyecto “esencialmente revolucionario y anti-sistema”, tal como denunciara en febrero de 1996 el Lehendakari José María Ardanza ante la Asamblea Nacional de su partido, el hegemónico PNV.
                Los autores investigan las diversas expresiones tácticas y operativas del entramado de ETA, cuya acción ha afectado profundamente la convivencia vasca a lo largo de las últimas décadas, y que agrupan en torno a varios temas capilares: la trama de abogados que actúa como grupo de presión de ETA, las sorprendentes relaciones entre la Ertzaintza y ETA que más parecen las incidencias de un “pacto de no agresión”, la imposición desde ETA a través de AEK y la red de ikastolas de muchos programas educativos al propio Gobierno vasco eliminando casi por completo al castellano de la docencia pública, el terror cotidiano en el que se desenvuelven amenazados y familiares de víctimas, el Estado dentro del Estado organizado en torno a las cuotas de poder municipal alcanzadas por Batasuna, la política de terror practicada contra su propia gente al no permitir disidencia alguna, las más de 200 cuentas abiertas por ese entramado en una Caja Laboral Popular que ha permitido se opere en la misma con el llamado DNI vasco, las presiones a trabajadores y empresarios a través de LAB (al que denominan “sindicato del crimen”), la utilización fría y calculada de la juventud fanatizada por JARRAI, etc. La descripción detallada de una realidad cotidiana, en definitiva, que, a los ajenos a la misma, puede parecer imposible en la Europa del 2003.
                El resultado es un libro que desvela la naturaleza íntima de una sociedad corrompida y mediatizada por los instrumentos del totalitarismo marxista-leninista de ETA con el asentimiento del PNV; ya lo haga, éste, por temor o por sus parciales coincidencias ideológicas.

 

La responsabilidad política de la izquierda española.
                Sin embarga apenas aborda la ideología ETA, dándose por supuesta o limitándose a afirmar su pertenencia nacionalista. Sin sus componentes ideológicos, madurados en el marxismo–leninismo y desarrollados a través de la práctica maoísta de la guerra popular, prolongada y de desgaste, no pueden entenderse las razones últimas de este actuar, aparentemente irracional, pero que responde a unas precisas premisas teóricas, estratégicas y tácticas.
El libro también plantea algunos interrogantes. ¿Cómo es posible que, todo lo que describe tan minuciosamente, haya ocurrido y, todavía hoy, siga acaeciendo? ¿Qué papel han jugado nuestros políticos responsables de la dirección del Estado durante todos estos años? Sin duda, los políticos no salen bien parados. Es cierto que muchos hombres del centro derecha y de la izquierda españolistas han sufrido en sus propias carnes los despiadados zarpazos del terrorismo. Pero ello no es una excusa. Al contrario. Pone más en evidencia, si cabe, la ceguera de quiénes no alcanzaron a ver el alcance de las distintas políticas sociales y culturales, desarrolladas por el PNV a lo largo de estos años, que han facilitado la implantación de este régimen de terror.
En ese sentido, la responsabilidad histórica de los políticos españoles, especialmente de los de izquierdas, compañeros de viaje en la homogeneización nacionalista de la vida social y cultural vasca, del genocidio del castellano y de la persecución a los constitucionalistas, queda en evidencia en algunos párrafos del volumen. Es el caso de Ramón Jaúregui quien, tal vez mediatizado por sus simpatías, no fue capaz de valorar, en su justa medida, la alarma manifestada por un compañero de partido, Ernesto Ladrón de Guevara, ante sus sospechas de que determinados cambios semánticos respondían a una estrategia que pretendía la creación ficticia de una nación sin Estado. Esa ceguera también la han acusado sus líderes nacionales. Todo ello ha llevado a los dos autores a realizar una de las valoraciones políticas, del máximo interés, reflejadas en el texto, al afirmar en la página 280 que “Equivocada o no, la política del PSOE entre 1982 y 1996 fue ésa. Hacer continuas concesiones tácticas, en asuntos aparentemente irrelevantes, como un mal menor en aras de que sus socios no plantearan cuestiones estratégicas como la reforma de la Constitución, la renegociación del Estatuto de Gernika, el ejercicio del derecho a la autodeterminación o la independencia”.

 

La ideología de ETA y la crítica a la Iglesia católica.
Uno de los capítulos más duros es el que describe las relaciones, especialmente estrechas en sus remotos orígenes, entre ETA y miembros de la Iglesia vasca, algunos de ellos clérigos. Sus conclusiones las generaliza superficialmente, coincidiendo con Batasuna en determinadas acusaciones contra la Iglesia, muy extendidas por otra parte. Así, en su página 330, los autores afirman que “…la Iglesia vasca, con la caridad cristiana que la caracteriza, se ha puesto siempre del lado de los verdugos y en contra de las víctimas”. Olvidan que buena parte de las víctimas de ETA eran católicas. También omite, por ejemplo, la disidencia cívica de los católicos de Foro El Salvador, que viene dando un ejemplo de entereza y rebeldía evangélicas desde hace años. También olvida que la Iglesia vasca sufrió de lleno la convulsión de una época que la afectó, por completo, al igual que al resto de la Iglesia universal y a las sociedades española y europea, y que se tradujo en el impacto generacional de las ideologías impulsadas por el 68, origen de todos los radicalismos contemporáneos.
La Iglesia vasca no fue una excepción y padeció, con las peculiaridades del momento histórico y en su concreto contexto territorial, el impacto de tales tendencias y corrientes entre sectores sociales en un origen a ella ligados y, en la actualidad, completamente alejados de la misma.
Tampoco mencionan, seguramente determinados por el cierre de la edición, la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española denominada “Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias”, de noviembre de 2002,  y que, por si había dudas, ha ratificado la postura de la Iglesia católica al respecto.

 

 

 

Algunas reflexiones finales.
                Hubiera sido necesario el asesoramiento de algún historiador que evitara algún error de bulto existente en el libro, como el cometido al afirmar que el general Zumalacárregui lo fue durante dos guerras carlistas, cuando realmente murió el 25 de junio de 1835 en Cegama a resultas de las heridas recibidas en el sitio de Bilbao, en la primera de las tres que así son calificadas generalmente por los historiadores.
También se detectan algunos errores en las fechas, seguro producto del baile de números especialmente entre el 6 y el 9 y viceversa, lo que en ocasiones desconcierta al lector, pues suponen lapsos de tres décadas en la narración de algunos episodios y vicisitudes personales.
                Pese a esas limitaciones, que deben afrontarse con los ojos bien abiertos y la mirada crítica, el libro cumple una inestimable función: desvelar la realidad del régimen cotidiano de terror y ausencia de libertad que sufre buena parte del País Vasco y de Navarra, producto de la aplicación de unos postulados nacionalistas, construidos a partir de una falsificación histórica, mediante múltiples técnicas que van desde el terrorismo puro y duro a la persuasión; todo ello ante el silencio, la irresponsabilidad o la torpeza de buena parte de la clase política española.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 65, enero de 2003

La Masonería invisible, desvelada por Ricardo de la Cierva.

     La Masonería, para la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, o no existe, o carece de peso social; siendo entendida como una asociación recreativa y filantrópica que “suena a viejo”. En definitiva, es valorada, más o menos, como una ONG, aunque con una incomprensible carga ritual. Un libro, de pretensiones enciclopédicas, se adentra en múltiples facetas y expresiones de los “hijos de la viuda”. Con este texto, Ricardo de la Cierva, su autor, de nuevo rompe esquemas y tópicos.

 

            No es la primera incursión del historiador Ricardo de la Cierva en el movedizo terreno de la Masonería. Recordemos sus títulos El Triple Secreto de la Masonería (1994, en el que aborda rituales y constituciones) y Los signos del Anticristo (1999, centrado en aspectos históricos). En esta ocasión se ha superado, al proporcionar, en un único volumen, un material amplísimo y muy variado, casi una auténtica enciclopedia sobre la Masonería, pues ofrece una visión general de todos sus aspectos más relevantes: naturaleza, origen histórico, incidencia concreta en la historia, contenido de sus rituales, organización interna, obediencias existentes, relaciones con otras entidades, su confrontación con la Iglesia católica, los denominados “crímenes masónicos”, sus conexiones con determinados círculos de poder político y económico mundiales, etc. En este itinerario se adentra también, por varias vías -y ese es el objeto del libro- en el oscuro mundo de la Masonería invisible; es decir, aquella que no es accesible, ni siquiera, a la inmensa mayoría de los propios masones y cuyas pretensiones y ramificaciones parecen alcanzar el poder político, los centros de decisión económicos y los motores impulsores del cambio social a través de la imposición de una nueva mentalidad global y universal. Una Masonería invisible, también, en su más íntima naturaleza: gnóstica y pagana en cualquier caso, satánica al menos en determinados y restringidos cenáculos herméticos.
            No hay aspecto relevante de la Masonería que el autor no se haya atrevido a afrontar, aunque con desigual resultado, en este texto: La Masonería invisible. Una investigación en Internet sobre la Masonería moderna (Editorial Fénix, Madrid, 2002. 678 páginas). Así, los capítulos dedicados al contenido y análisis de sus rituales son magníficos e impecables: al recurrir a fuentes masónicas de toda solvencia, desvelando su indiscutible naturaleza gnóstica y paganizante y explícitamente anticristiana.
            Otros capítulos no son tan completos. Es el caso de los relativos a una parte de la materia que inspira el trabajo del investigador. Nos referimos a los apartados dedicados al Club Bilderberg, al Council of Foreign Relations, la entidad norteamericana Skull and Bones, etc. Pero difícilmente podía haberse realizado de otra manera, dada la opacidad de estas realidades y la ausencia de fuentes documentales absolutamente fiables. En el acopio de documentación recurre, casi exclusivamente, a Internet. Y el material existente, en todo caso, es escaso, lo que empaña la fiabilidad de las fuentes, procedentes de filtraciones internas, suponemos, dada la escasa publicidad de la vida interna y los objetivos de tales entidades. De abrirse al exterior, y de proporcionar un día a los historiadores materiales solventes, podrían confirmarse las razonables intuiciones de nuestro historiador.
            Puede achacarse que las fuentes procedentes de Internet son, en general, poco fiables. Por ello el autor las ha investigado con criterio selectivo y riguroso. Además se ha cuidado mucho en apoyarse, cuando es posible, en los títulos más significativos de la inmensa bibliografía masónica existente, tanto en castellano como en inglés. Y de ese rigor podemos dar crédito, por el conocimiento personal que tenemos de las web en castellano de temática masónica, que pueden encontrarse en la red de redes y a las que ha recurrido el autor.
Tienen mucho interés historiográfico los contenidos dedicados a la configuración moderna de la Masonería: su evolución desde unos gremios medievales de indudable religiosidad, hasta derivar en una sociedad semisecreta anticatólica. Los concretos datos históricos de esa transformación efectuada al calor del Iluminismo y la Ilustración, ordenados por el escritor, son esclarecedores. Dicha evolución histórica es avalada por su estudio de otros aspectos trascendentales para la vida de la Masonería: las que denomina “infiltraciones” templarias y rosacruces.
            Otro aspecto relevante, y que debería profundizarse en el futuro, es el de las relaciones, con diversas implicaciones (políticas, religiosas, sociales), de la Masonería con las tres Internacionales obreras, la Sociedad Fabiana, la Sociedad Teosófica, etc.
            No elude un tema de actualidad, aunque complejo, como es el de la confrontación histórica con la Iglesia católica. Para ello recorre todos sus hitos importantes, remotos unos, de rabiosa actualidad otros, tanto en lo que respecta a documentos concretos y múltiples pronunciamientos pontificios, como a diversas vicisitudes históricas relevantes.
            Dedica bastante espacio, muy bien tratado y riguroso en sus fuentes, a las conexiones judeo-masónicos; incuestionables en su impacto en los rituales masónicos, alma y espejo de la institución.
            Su incidencia en hechos concretos de la historia, faceta muy querida y cultivada por los propios masones, también es abordada por el investigador; temática de especial interés para nosotros, españoles, por sus implicaciones en diversos acontecimientos, como fueron la llamada emancipación de las naciones hispanoamericanas y el asesinato de José Calvo Sotelo en 1936, entre otros.
            No se detiene ante ninguna barrera, lo que le permite afrontar espinosas problemáticas poco tratadas: el presunto satanismo de algunos niveles superiores de la Masonería, los llamados “crímenes masónicos” (entre los que tiene un cierto interés la reciente versión que proporciona sobre la realidad subyacente en los crímenes de “Jack el Destripador”), sus relaciones con P2 y sus implicaciones en mismísimo el Vaticano…
            Dado el fuerte carácter del historiador, no sorprenderá encontrar motivos de polémica: desde la mantenida con el Sr. Javier Otaola, alto dignatario masón vasco, a los juicios que vierte sobre el Presidente Aznar a causa de sus alabanzas a la masónica Institución Libre de Enseñanza y a Manuel Azaña. Y en ese tono polémico, que atraviesa toda la obra, trasluce una clara voluntad de servicio a la verdad histórica objetiva y a la Iglesia, más que una pretensión de aséptica imparcialidad.
            Muchas son las sugerencias contenidas en el texto. Y del máximo interés los interrogantes planteados. Por ejemplo, ¿cómo justifican, hoy día, ilustres jesuitas –algunos de ellos, españoles- su manifiesta y particular simpatía con la Masonería? Y, en otro orden, ¿podrán algún día explicar las razones de su asistencia, a cónclaves de la Trilateral, los ilustres invitados españoles que por allí recalaron, no se sabe muy bien a qué, y qué trataron?
            Un libro, en definitiva, muy recomendable. Sin caer en tópicos academicistas, y con las limitaciones propias de la naturaleza opaca y semisecreta de las entidades masónicas o paramasónicas que investiga y del principal medio empleado en este trabajo, Internet, se sirve de una prosa ágil y rápida, sin apenas notas a pie de página; resultando su lectura muy entretenida, en muchos momentos apasionante y en todo caso, sorprendente.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 61, septiembre de 2002.