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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

El yunque azul.

Cruz Orozco, José Ignacio. Alianza Editorial. Madrid, 2001. 253 páginas + 1 CD. 27 euros.

 

            Frente de Juventudes y sistema educativo, razones de un fracaso: con este subtítulo el autor anticipa la temática que estudia y su principal conclusión, la cual, además, recorre todo el texto que aquí comentamos. No se trata, por tanto, de una historia global de la organización juvenil, sino de un análisis de su proyección y presencia docentes en la enseñanza reglada, tanto pública como privada, si bien en esta última apenas tuvo incidencia. En coherencia con este planteamiento, el escritor no entra en juicios ideológicos apriorísticos, dando por supuestas las bases doctrinales de la entidad.
La Ley fundacional, de 6 de diciembre de 1940, del Frente de Juventudes (FJ, en lo sucesivo), establecía el principal objetivo de esta organización: encuadrar a toda la juventud masculina española, pues para las chicas existía la Sección Femenina y la Universidad era competencia del Sindicato Español Universitario, entidades ambas que gozaron de una gran autonomía orgánica y funcional. Su pretensión última era la socialización política de la juventud española, siendo calificado como la “obra predilecta del régimen”. Para alcanzar tan ambiciosa misión contaba con tres instrumentos: la iniciación política (el libro analiza los recursos empleados para ello y sus resultados), la educación física y las actividades de aire libre.
            El primer capítulo arranca de la conciencia de fracaso de algunos de sus protagonistas, y que aseveran estudios científicos posteriores. Para el autor, la principal causa de ese fracaso histórico radicó en la relación de subordinación existente, en todo momento, entre la política de juventud, competencia del FJ, y la política educativa, siempre determinada por la “familia” católica. Desde esta conciencia, ya en sus inicios, se propusieron alternativas: la “Academia de Cultura del FJ de Toledo”, y el estudio “El FJ y la Escuela”, elaborado en Castellón en 1951 y que proponía el control de todo el sistema educativo por municipios y sindicatos, por la “familia” falangista, en definitiva.
            En este contexto, en su página 31, realiza una de las afirmaciones que consideramos de mayor calado, dando por válidos algunos testimonios recogidos en el texto de J. L. Rodríguez Jiménez Historia de Falange Española de las JONS (Alianza Editorial, Madrid, 2000), coincidentes en el “…desencanto producido entre las jóvenes generaciones de falangistas encuadrados en el Frente de Juventudes. El autor recoge de diversas fuentes, en las que incluye testimonios orales, cómo muchos jóvenes veían con asombro las grandes diferencias existentes, entre la doctrina nacional-sindicalista en la que se les formaba en la organización juvenil y la realidad social que les rodeaba”. Un contraste con la vida cotidiana que quedó, en buena medida, recogido en el discurso de la “revolución pendiente”.
            El Patronato Escolar Primario, objeto de estudio en el capítulo segundo, pudo ser el intento de superación de algunas de las limitaciones existentes. Se creó, con ello, una red propia de centros de primaria donde se pretendía, idealmente, impartir una enseñanza más acorde al espíritu que animaba al FJ. De nuevo se evidencia la subordinación de los intereses de la formación política a los educativos; no en vano esos centros surgen coadyuvando la labor del Ministerio de Educación en su lucha contra el analfabetismo, sin diferenciarse apenas en su práctica futura de la de los demás centros públicos. Se manifiesta, además, otro límite, al no extenderse al bachillerato; ámbito considerado, no obstante, como preferente para su acción formativa por el propio FJ. Estos centros acogían, en 1969, a 5.845 escolares, cifra que contrasta con el total de 3.700.000 alumnos de primaria en toda España, lo que demuestra su casi nula incidencia. La comparación de esta mínima realidad con los datos del Patronato Diocesano de educación de Valencia, pone en evidencia la desigualdad de medios empleados, la irradiación social, los apoyos reales, etc.
            El tercer capítulo estudia la figura de los Instructores elementales, a quienes correspondía la responsabilidad directa de la asignatura de Formación del Espíritu Nacional (FEN), principal instrumento reglado de adoctrinamiento del que se sirvió el FJ. La misma denominación de estos docentes, establecida en la Ley de 16 de octubre de 1941, del Ministerio de Educación Nacional, proporciona una clave: Instructor, un concepto por debajo del de profesor, lo que ya clarifica su prelación en el sistema educativo.
            Debemos recordar, aquí, que la asignatura de FEN, en primaria, la impartieron los propios maestros, capacitados mediante cursillos específicos organizados por el FJ; mientras que en bachillerato eran los Oficiales Instructores, funcionarios del FJ, quiénes asumieron esa materia, así como la educación deportiva. Especial atención dedica a los campamentos organizados por el FJ para la capacitación de los futuros maestros, sus quiebras e insuficiencias.
¿Cuáles son, para el autor, los grandes rasgos de esa asignatura, que estudia en su cuarto capítulo? Veámoslos: el FJ no tuvo en cuenta los conceptos más elementales de la psicología evolutiva, careció de un profesorado propio homologado, la dotó de grandes objetivos plenos de idealismo pero sufriendo una endémica carencia de medios, padeció de una preocupante ausencia de materiales didácticos básicos. Todo ello lo resume en “una acción marcada por la precariedad”. Su primera etapa termina a finales de la década de los 50. En enseñanza primaria el sistema descansaba en los actos de alzada y arriada de banderas, las exposiciones orales semanales, los murales mensuales y los cuadernos de rotación; aunque todo ello con un seguimiento desigual y decreciente a merced del magisterio. También se caracterizó por la ausencia casi total de instrumentos didácticos y un reduccionismo metodológico consistente en una repetición de los mismos contenidos durante varios cursos consecutivos. Ideológicamente, respondía al más puro estilo falangista: concepción histórica, escala de valores y discurso político.
            Fue en las Enseñanzas Medias donde se concentraron los esfuerzos del FJ, siendo prueba de ello la existencia de un cuerpo docente propio, pero también con enormes dificultades: carencia de verdaderos textos, ausencia de medios didácticos, una formación profesional unilateral …
            En los años sesenta, fruto de las vicisitudes históricas y del correspondiente ascenso de determinadas “familias” del régimen en detrimento de otras (la falangista, particularmente), se produce un cambio no sólo nominal de las organizaciones del FJ, sino que respondía a una transformación conceptual y metodológica de la propia FEN, pretendía, en última instancia, “apolitizar” al alumnado. Se desarrolla, así, la segunda fase de la FEN. Prescindiendo sustancialmente de la ideología falangista, se centrará en la explicación de los fenómenos sociales de convivencia y las bases jurídicas e ideológicas del Régimen. Los nuevos textos, por su parte, pecaron de los vicios opuestos a los precedentes: complejidad, extensión, falta de sincronía con los conocimientos impartidos en cada curso… Pero, en todo caso, la imagen de la asignatura ya estaba ”fijada” en la sociedad española de forma muy negativa, a juicio del autor. A partir del 70, la división entre reformistas e inmovilistas también cristalizó en la Delegación de Juventud, dando lugar a algunos textos que retomaron un lenguaje y unos conceptos propios de los años cuarenta. La falta de personal fue un problema endémico en toda su trayectoria, lo que indica el papel real reservado a la entidad; en contraste con las dotaciones crecientes del Ministerio de Educación Nacional. Finalmente, desapareció a principios del curso 1977-1978.
            El sistema, como instrumento de reclutamiento de nuevos afiliados para el FJ, tampoco fue eficaz, según indican los escasos datos estadísticos estudiados. También afirma, el autor, que el FJ no logró que su diseño organizativo, en sus distintos niveles, funcionara alimentándose unos de otros: centros del Patronato, Hogares, docentes de FEN.
El texto presenta algunas limitaciones: muchos de los datos manejados corresponden a Valencia, el material gráfico tiene una procedencia temporal y geográfica muy limitadas, no se habla de los Colegios Menores, algunas afirmaciones son extrapolaciones lógicas pero sin apenas soporte documental y se percibe cierto desequilibrio interno al dedicar numerosas páginas a determinadas cuestiones en detrimento de otras. Pero constituye, globalmente, un buen inicio para una línea de investigación que requiere mayor desarrollo.
            Destaquemos, por último, un aspecto formal curioso: todo el libro está impreso en tinta azul, salvo el CD (que recoge 15 de las más populares canciones del FJ) que aporta, y que lo está en negro, para recordar los ya viejos discos de vinilo.
            De su capítulo cuarto procede este clarividente párrafo que bien podría sintetizar todo el libro: “Desde un principio, en el proceso de construcción del estado franquista, los falangistas contaron con su propia parcela en el sistema educativo. Pero sólo con esa parcela. El sistema educativo en su conjunto nunca estuvo bajo su tutela, por mucho que algunas fórmulas externas de comportamiento así nos lo parezcan” (pág. 171).

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

Auge y ocaso de EL FRENTE DE JUVENTUDES.

Alcoba, Antonio. Editorial San Martín. Madrid, 2002. 282 páginas.
A partir de su propia experiencia, y realizando un meritorio esfuerzo de memoria histórica, el autor pretende hacer justicia a toda una generación marcada por la posguerra y que, en un porcentaje importante, participó en alguna de las expresiones del Frente de Juventudes; particularmente en las llamadas Falanges de Voluntarios o Juveniles de Franco.

 

El Frente de Juventudes pretendía, según establecía su Ley fundacional de 6 de diciembre de 1940, encuadrar a toda la juventud masculina española. Dispuso de tres instrumentos para ello: la iniciación política a través de la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, la educación física de la juventud y las actividades de aire libre; aspecto, éste último, en el que más profundiza el autor. Por su parte, el Sindicato Español Universitario y la Sección Femenina, en sus ámbitos respectivos, disfrutaron de una gran autonomía; siendo dos realidades apenas contempladas en este libro. Sí que lo hace al narrar la manifestación del 25 de enero de 1954, a favor de la españolidad de Gibraltar, y los incidentes universitarios de febrero de 1956.

 

Una tesis central atraviesa todo el estudio, en parte compartida por Mariano Gamo, autor del prólogo. A su juicio, el Frente de Juventudes formó a sus asociados en el espíritu genuino y la doctrina pura de los fundadores del nacional sindicalismo, pese a la nomenclatura franquista de la principal entidad juvenil y su inserción oficial en el organigrama del nuevo régimen surgido de la guerra civil. Esa contradicción entre doctrina falangista y la realidad social y política del franquismo, pronto apreciada por buena parte de sus elementos más conscientes, produjo una gran decepción, materializada en la doctrina de la “revolución pendiente”, y que encontramos en la razón de algunos actos de protesta protagonizados por jóvenes idealistas de esta organización (producidos, ya, en 1948, con gritos “subversivos” en una concentración, ante Franco, en El Pardo). También propició disidencias, desembocando todo ello en naturales abandonos masivos de la organización, recalando muchos decepcionados en la oposición antifranquista de izquierdas. Pero el autor no aclara cómo fue posible que, si la conciencia nacional sindicalista de esa generación estaba tan bien formada, sus decepcionados no engrosaran mayoritariamente los grupitos falangistas que nacieron de esa diáspora. Este fue, entre otros, el caso del Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES) que, con continuidad orgánica hasta hoy mismo de alguna manera, elaboró, de la mano de Sigfredo Hillers de Luque principalmente, una amplia crítica doctrinal y legal que concretó en sus libros “España, una revolución pendiente” y en el famoso “Ética y estilo falangistas”.

 

Gracias a su relación personal con muchos protagonistas de la historia del Frente de Juventudes, y a su conocimiento directo de buena parte de los hechos más relevantes, proporciona numerosos datos de interés relativos a incidentes significativos producidos ante Franco por miembros de la organización juvenil, aunque salva su anonimato cuando así lo considera oportuno: así, el desplante producido el 20 de noviembre de 1955 en el Monasterio de El Escorial, y el incidente protagonizado por Román Alonso Urdiales el 20 de noviembre de 1960 en el Valle de los Caídos.

 

Desvela, también, algunos datos inéditos, de cierta relevancia, que avalan buena parte de sus tesis. Es el caso de la circular número 47 (7/11/51), del ministro secretario general del Movimiento, por la que ordenaba la afiliación en el Frente de Juventudes de los hijos de los militantes del partido único, lo que demostraba, bien una falta de interés de los padres, bien el temor de los mismos a que sus vástagos sufrieran una “contaminación ideológica”. También rescata algunas circunstancias apenas conocidas en torno a las elecciones a concejales por el ayuntamiento de Madrid, de 1954.

 

Nos descubre, por otra parte, su participación en la realización de pintadas falangistas anteriores a 1956 y destaca el peso de algunas Centurias emblemáticas del Frente de Juventudes, caso de la Ramiro Ledesma, del Distrito de Palacio de Madrid y su diario Garra, y la de Montañeros.

 

Pero, para tratarse de una historia de esta organización con pretensiones globales, observamos que apenas trata del Patronato Escolar Primario, los colegios mayores, colegios menores, la asignatura FEN y la capacitación de los instructores elementales como docentes de la misma. La transformación que sufrirá el Frente de Juventudes, ya en los años 60, originará, a su juicio, una criatura más próxima al espíritu boy scout que al nacional sindicalista: la Organización Juvenil Española (OJE), hecho que podemos fechar el 18 de julio de 1960, a la que tampoco presta una atención relevante.

 

Con tales presupuestos ideológicos, nos proporciona una “visión campamental del Frente de Juventudes”, en detrimento de otras expresiones de la organización y de la necesaria crítica constructiva de algunas de sus facetas: burocratización, limitaciones materiales, etc.

 

Un aspecto que reivindica positivamente, patrimonio de la historia del Frente de Juventudes, es haber constituido –a su entender- uno de los pocos espacios sociales en que la reconciliación entre los españoles, sin distinciones de hijos de vencedores e hijos de vencidos, se habría producido después de la guerra civil.

 

Otro tema de interés, nada estudiado hasta el momento, es el de las numerosas vocaciones religiosas suscitadas en sus organizaciones, que cifra en unas 5.000. Lástima que no profundice en este aspecto.

 

José Antonio Elola-Olaso, Jesús López Cancio, etc. Casi 500 personas, de una u otra manera relacionadas con la organización juvenil, son mencionadas a lo largo del texto, lo que acredita el esfuerzo del autor por rescatar este trozo de la memoria histórica de los españoles.

 

A lo largo de sus páginas reitera los mismos posicionamientos personales críticos con la marcha actual de la nación española, con sucesivas descalificaciones genéricas y juicios políticos muy concretos, lo que le priva de objetividad y empaña su generoso empeño investigador; labor más necesaria cuando los archivos de dicha organización han desaparecido en su mayor parte.

 

Este planteamiento, que destila pasión y convicción a partes iguales, determina su mismo estilo literario, desgranando párrafos en ocasiones excesivamente extensos: así, en su página 39 encontramos uno de 18 líneas.

 

Debemos constatar, como flanco débil, y que habrían podido avalar muy favorablemente sus tesis, la escasez de datos estadísticos y la falta de precisión en la narración de algunos hechos. Ello lo suple con una mezcla de recuerdos, valoraciones a posteriori, datos inéditos o llamativos (cómo las diversas versiones existentes en torno a la visita del entonces Príncipe Juan Carlos al campamento de Covaleda en julio de 1955), de notable interés en cualquier caso.

 

Por lo que respecta a la edición, encontramos numerosas erratas, incluso en el texto de la contraportada: precisaba de una ulterior revisión que habría facilitado su lectura.

 

En resumen: un alegato apasionado desde la propia experiencia y la fidelidad a aquello que el autor encontró hace décadas, y que marcó el carácter y destino de una parte de aquella “generación perdida”.


 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

José Antonio: visiones y revisiones. Bibliografía de, desde y sobre José Antonio Primo de Rivera.

José DÍAZ NIEVA y Enrique URIBE LACALLE. Ediciones Barbarroja. Biblioteca Centenario (colección patrocinada por Plataforma 2003). Madrid, 2002. 112 páginas.

 

Este volumen constituye el mayor repertorio, publicado, de los numerosos escritos que tienen como protagonista a la figura de José Antonio Primo de Rivera.
Recoge un total de 518 referencias bibliográficas de todo tipo: artículos, libros, folletos…
Muy desigual en su respectiva trascendencia, extensión y profundidad, la presentación de esta documentación requería un esfuerzo añadido que sistematizara, con criterio científico, tan ingente producción escrita. Y esto lo ha hecho, con su introducción al libro, el profesor José Luis Orella (experto historiador, biógrafo del tradicionalista navarro Víctor Pradera) realizando una breve, pero interesante incursión, en las fuentes escritas en torno a la principal figura de una “familia” política siempre en polémica con el tradicionalismo.
Esa introducción describe, de forma sumaria pero clarificadora, la orientación predominante, acorde a cada fase histórica, en la producción escrita generada en torno a José Antonio. Podríamos, así, diferenciar varias fases. A la inicial de exaltación de su figura, paralela a la guerra civil, sigue una fase en la que, por influencia de la situación internacional, se destacan los aspectos más relacionados con el fascismo. En la siguiente etapa se resalta, también por imperativos de política exterior, su catolicismo y anticomunismo. Su pensamiento y figura serán analizadas de manera dispar en los años finales del franquismo y de la transición, llegándose a establecer coincidencias con el socialismo y una contraposición a la figura de Franco. Todavía en los años 90, se conocerán nuevos estudios biográficos y diversos trabajos universitarios, a la vez que otros jóvenes autores tratarán aspectos eclipsados en estudios anteriores. El profesor Orella resalta, también, la labor realizada en torno a las famosas “Obras Completas” de José Antonio y las novedades producidas al respecto en los últimos años.
Cada ficha contiene los datos básicos de identificación del texto: autor, título, editorial, año de la edición, localidad de la misma y número de páginas. En algunos casos se aclaran aspectos significativos de su contenido.
El exhaustivo trabajo de los autores se plasma en los 8 capítulos en que clasifican todas las fichas bibliográficas: notas y estudios biográficos, estudios sobre su pensamiento político, otros estudios y reseñas, conmemoraciones y homenajes, José Antonio en Arrese, Fernández Cuesta, Girón y Rodríguez de Valcárcel, José Antonio en la literatura, obras de José Antonio y, por último, trabajos inéditos. Debemos mencionar la addenda final con la que se cierra el libro y que recoge 12 ulteriores reseñas, con el único criterio del orden alfabético de los apellidos sus autores. Un índice onomástico completa el trabajo realizado.
Hemos echado de menos la mención de algunas obras fundamentales que, referidas a la historia del movimiento por él fundado, realizan aportaciones y valoraciones interesantes en torno al personaje. Pensamos en diversos títulos, de orientación muy diversa, pero que tuvieron cierta trascendencia en su día, como La rebelión de los estudiantes (de David Jato) o Falange. Historia del fascismo español (de Stanley G. Payne). En cualquier caso, se precisaba acotar de alguna manera la investigación, pues de no haberlo hecho así, se habría extendido de forma casi interminable, siendo, entonces, difícil y discutible el criterio marcado para establecer su frontera.
Este libro, según nos informan sus autores, constituye pilar básico de una obra, en la que vienen trabajando, de gran envergadura: una Bibliografía total del Nacionalsindicalismo español. Constituirá el mayor esfuerzo realizado al respecto, abordando con decisión la gran diversidad de escritos relacionados con este movimiento: literatura, política, arte, obras de los fundadores, publicaciones de los diversos grupos y organizaciones falangistas, etc. Uno de sus capítulos – de 25, aproximadamente- será el dedicado a José Antonio, que, con una clasificación temática similar a la seguida en el libro que aquí comentamos, será el más extenso junto al que reúna los textos de carácter doctrinal. Este proyecto explica el criterio, de delimitación seguido, antes comentado.
            Un libro, en definitiva, esencial si se quiere abordar, con rigor, el próximo centenario del nacimiento de una de las figuras, del siglo XX español, que desató –y todavía lo hace- los sentimientos más diversos.

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

Sobre José Antonio.

Enrique DE AGUINAGA y Emilio GONZÁLEZ NAVARRO (comp.). Ediciones Barbarroja. Biblioteca Centenario (colección patrocinada por Plataforma 2003). Madrid, 2002. 2ª edición. 268 páginas.

 

El protagonista de este texto recopilatorio, nacido un 24 de abril de hace 99 años, no precisa presentación, pese a ser, en palabras del historiador Luis Suárez, recogidas en este libro, el gran ninguneado. Mucho se ha escrito sobre él, quien ya forma parte, sin duda, de la memoria colectiva de los españoles. Ello no implica, sin embargo, que sea generalmente conocido ni que el juicio histórico emitido sea unánime; más bien debe afirmarse que arraigados prejuicios, de muy variado signo, deforman la lente a través de la cual se interpreta al personaje o se le margina.
La percepción de la imagen de José Antonio ha atravesado varias fases: combatida, ensalzada, ignorada… Y muchos de los testimonios del libro así lo avalan.
Su particular empeño fue, sintéticamente, el de la superación de derechas e izquierdas o, desde otra perspectiva, la fusión entre tradición y revolución; esfuerzo al que no fue ajeno su profundo catolicismo. Así lo afirma, entre otros, el francés Arnaud Imatz, (testimonio recogido en la página 129 del libro aquí reseñado), pues “Para que la síntesis falangista joseantoniana emparente con el fascismo italiano o con el nacionalsocialismo alemán, hubiera sido necesario que sacase su cuadro conceptual bien de la tesis hegeliana del estado, bien del vitalismo, el materialismo biológico o el social-darwinismo. Hubiera sido preciso que no estuviera fundada sobre los principios filosóficos del cristianismo, que hacen de la persona el valor supremo” (Novelle Ecole, Nº 45, París, febrero de 1989).
En este libro se nos ofrece un amplio abanico de opiniones. Recogidas en el ámbito familiar, en el laboral, en el de los correligionarios, también entre sus oponentes políticos, entre historiadores e intelectuales; encontramos posturas muy diversas. Desde la adhesión incondicional hasta el rechazo absoluto. Se percibe una simpatía muy extendida hacia sus cualidades personales y un reconocimiento general de sus aptitudes profesionales e intelectuales, rompiéndose esa unanimidad cuando la valoración se refiere a su papel político. Creador de una síntesis original, para unos, continuador de una visión tradicional del hombre y de España, para otros, consciente instrumento del poder capitalista; incluso, simplemente, un fascista (así lo califica el historiador Cesar Vidal).
La disparidad de opiniones es notable y sorprendente. En este sentido, y como curiosidad, mencionaremos que se reproduce, por ejemplo, la entrada PRIMO DE RIVERA recogida en la Enciclopedia Soviética (3ª edición, Moscú, 1975), con un juicio marxista ortodoxo fácil de predecir (página 83).
Está estructurado en un índice nominal de los autores de los testimonios recogidos, una breve nota preliminar en la que los recopiladores concretan la fe y anhelos subyacentes en este trabajo, la transcripción de tales testimonios (desde Diego Abad de Santillán hasta Julián Zugazagoitia) y una elemental bibliografía sobre el personaje.
Cada una de sus 449 opiniones contiene una referencia brevísima al autor de la misma y a la fecha en que se produjo, lo que permite una valoración por parte del lector. No es el mismo, por poner un ejemplo, el balance efectuado por un José María Aznar en sus años jóvenes, que el que pudiera realizar, posteriormente, ya lanzado en su carrera política hacia el centro reformista. De otras importantes personalidades, que igualmente evolucionaron a lo largo de nuestra reciente historia, también se recogen los testimonios en su día efectuados en torno a José Antonio: José María Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo... Mencionar cada supuesto concreto sería excesivo. La evolución personal experimentada, por otra parte, no priva de valor a los respectivos testimonios, evidentes proyecciones, en todo caso, de una época.
Echamos de menos algunas opiniones, como las del innovador historiador Pío Moa recogidas en su trilogía sobre la Segunda República española y la guerra civil (Ediciones Encuentro), o la del biógrafo de su entraña religiosa, Cecilio de Miguel Medina, autor de La personalidad religiosa de José Antonio (Almena, Madrid, 1975); un libro que conviene rescatar.
Un buen trabajo, como resumen, para aproximarnos a esta controvertida pero, pese a todo, desconocida figura.

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

Una entrevista a José María Baamonde: la Iglesia católica frente a la irracionalidad de las sectas y la new age.

Entrevistamos a José María Baamonde, estudioso de las sectas, las corrientes de la New Age y los llamados nuevos movimientos religiosos. Una aproximación a la postura de la Iglesia católica y el papel de la educación ante el impacto de este creciente fenómeno.

 

José María Baamonde es el impulsor, en Argentina, de la Fundación SPES, una entidad especializada en el estudio, formación de personal especializado y en toda la fenomenología asociada con el universo de las sectas y los llamados nuevos movimientos religiosos. Actualmente reside en España; es psicólogo clínico y docente en la Facultad de Humanidades y Comunicación (Psicología) de la Universidad San Pablo-CEU en Madrid. Autor de numerosos de libros, incontables artículos y diversos trabajos científicos, sobre las numerosas sectas y corrientes de la new age que invaden todo el mundo, especialmente América Hispana. Un fenómeno que afecta, igualmente, a España, aunque con otras características; pero también en relación a las actuales dificultades de la Iglesia católica para la transmisión de la fe. Recientemente ha sido editado en España su libro "La Manipulación Psicológica de las Sectas" (Ed. San Pablo, Madrid 2003).

 

Pregunta: Usted es un conocedor de la situación de las sectas en Argentina y en el resto de Hispanoamérica, así como de su impacto en el pueblo católico. Desde su perspectiva, ¿se trata de un fenómeno creciente o se encuentra en vías de estancamiento?

 

Respuesta: En general el fenómeno de las sectas y los nuevos movimientos religiosos (NMR), registra un constante crecimiento, aunque variable en su proporción, según una serie de circunstancias.  Entre otras podemos mencionar ciertos períodos de la historia. Como dijera en un trabajo anterior, existe en el ser humano una tendencia al cierre o consumación de ciclos o períodos de años. Es por esta razón que tanto en el año 100, en el año 500, en el 1000 ó 1500, tendían a surgir grupos de carácter gnóstico o esotérico y, por sobre todo apocalípticos, que sostenían que en el año 100 iba a registrarse el fin del mundo, o en el 1000 ó el 1500.
Nuestro reciente fin de siglo, coincidente con el fin del segundo milenio, no fue una excepción. En las últimas décadas surgieron muchísimos grupos de carácter gnóstico y esotérico, al igual que grupos apocalípticos. La única diferencia distintiva que hemos registrado en la actualidad es que, por sobre la idea de un fin del mundo, ganó preeminencia la idea de transformación, surgiendo así un movimiento muy amplio y difuso, con un alto contenido gnóstico y esotérico y que se lo conoce con el nombre de New Age o Nueva Era.
Otro factor no menos importante para el crecimiento de los NMR, consiste en los Medios de Comunicación Social.  Antes de la existencia de éstos, un grupo no tenía mayor influencia que en la zona geográfica donde desarrollaba sus actividades, y su propagación y crecimiento era proporcional a la velocidad de los medios de transporte de la época.
En la actualidad un NMR por más pequeño que sea, teniendo acceso a los Medios de Comunicación Social, puede llegar al mundo entero en pocos segundos, propagando sus prácticas, creencias y actividades proselitistas, masivamente.
Es por esta razón que algunos NMR, especialmente evangélicos de tipo pentecostal, han montado grandes cadenas radiales y televisivas, e incluso, han comprado partes de satélites a fin de lograr emisiones durante las 24 horas a gran parte de mundo, en forma simultánea.
En la década de los ochenta, hubo un grupo evangélico pentecostal que llegó a instalar grandes antenas en medio de barrios marginales en países de Centroamérica y obsequiar televisores, a fin de que los habitantes de dichos barrios pudieran recibir sus programas exclusivamente.

 

P.: Ante el fenómeno de las sectas, las realidades de España y Argentina, ¿son equiparables en este sentido?

 

R.: Es un fenómeno mundial, aunque evidentemente, siempre encontraremos algunas características particulares de acuerdo a las diversas regiones del mundo. 
En lo que respecta a este tema, Argentina no se diferencia de los países desarrollados del Primer Mundo. No sólo viene importando movimientos de estas características desde hace varias décadas, sino que ya se ha convertido en un exportador más, con grupos que han tenido su origen en nuestras tierras y hoy, desarrollan una amplia actividad en países europeos, como es el caso de Nueva Acrópolis o El Movimiento, fundado por Rodríguez Cobos, más conocido como “Silo”.
Y no sólo Argentina, muchos otros países de América Latina son generadores de movimientos de características sectarias y que desarrollan actividades tanto en Europa, como en los Estados Unidos de Norteamérica y el resto del mundo.
Quizás una de las tantas diferencias podremos encontrarla en lo que se refiere al tratamiento del fenómeno. En los países del Primer Mundo existe un número importante de estudiosos que llevan años en el seguimiento al presente fenómeno.  Por el contrario, en Argentina como en el resto de los países de América Latina, los abocados a la presente temática son escasos y, mayoritariamente, los estudios corresponden a las dos o tres últimas décadas y desde una perspectiva sociológica o teológica, aspectos estos muy importantes, pero insuficientes para comprender a un fenómeno que obedece a muchísimas razones distintas.

 

P.: La Fundación SPES viene realizando un extraordinario trabajo especializado en la formación de laicos y sacerdotes y en el tratamiento de otros aspectos asociados al fenómeno de las sectas y los nuevos movimientos religiosos (NMR). Esta labor, ¿es suficiente, o deben dedicarse más esfuerzos en este sentido? La lucha contra el avance de las sectas, ¿debe implicar también a otros sectores de la Iglesia católica?
 
R.: En primer lugar, yo no hablaría de lucha contra el avance de las sectas.  El objetivo de la Fundación SPES es el estudio interdisciplinario del fenómeno, a fin de brindar elementos para el discernimiento y respuestas al desafío que implican, como así también una serie de servicios concretos para la Iglesia y otras instituciones, y para personas que se encuentran afectadas directa o indirectamente por esta problemática.
Por otra parte, siempre existirán movimientos de estas características por lo que una lucha sería totalmente infructuosa. Estimo mucho más efectivo trabajar fundamentalmente sobre dos aspectos: la formación en la propia fe, y la información general sobre el fenómeno. De esta manera lograremos que cada vez sean menos los que se dejen seducir por propuestas tentadoras, pero irreales.
Ahora bien, la gran envergadura del fenómeno, hace que los esfuerzos deban incrementarse y no sólo por parte de la Iglesia, sino que deben implicar a toda la sociedad.
En lo que respecta a la Iglesia y pese a los constantes pedidos por parte del Magisterio Pontificio, son pocos los seminarios, universidades y demás instituciones educativas, que estudien el fenómeno de manera más o menos sistemática. En los seminarios, por lo general, su tratamiento se efectúa tangencialmente cuando se estudian temas como ecumenismo o pastoral. No hablemos ya de otras instituciones educativas, incluyendo universidades católicas, donde en algunos casos existe una subestimación del tema y en otros una sobrevaloración, rayana al temor.
En cuanto al resto de la sociedad, creo que hay que superar el prejuicio de que el fenómeno de las sectas y NMR son sólo un problema que compete a la Iglesia o al resto de las religiones clásicas o tradicionales. Esta tema va mucho más allá de lo simplemente religioso. Y mire usted qué curioso. Los únicos preocupados en reducir este tema a una cuestión religiosa, son las mismas sectas.  De esta manera, cuando son blanco de una crítica objetiva, comienzan a realizar grandes campañas manifestando que son víctimas de una persecución religiosa y sacan a relucir clichés como Santo Oficio, nuevas cruzadas, etc.
Este tema compete a toda la sociedad, porque toda ella es interpelada por el presente fenómeno. Este es un problema que compete al Estado, a los gobernantes, a los profesionales, a los educadores y a los educandos, a los padres y a los hijos.
Quizás debiéramos preguntarnos cada uno de nosotros, en qué nos afecta o involucra el fenómeno de las sectas o NMR, de qué manera podemos responder al desafío, y cómo podemos comprometernos desde nuestra vocación particular.  Creo sinceramente que todos podemos dar una respuesta: el gobernante, desde su función pública; el político, desde su bancada; los profesionales, desde sus disciplinas académicas; el educador, desde su cátedra; y los padres de familia, desde su mesa, donde comparten el pan y, en diálogo profundo, rico e íntimo, velan por una formación integral de sus hijos.

 

P.:  ¿No considera que, para afrontar el fenómeno de las sectas, además de extender una buena formación es imprescindible una vivencia personal de la fe y la pertenencia a una realidad eclesial humana concreta?

 

R.: Absolutamente.  La formación sin la gracia, no sirve para nada, o sirve para muy poco

 

P.: Lleva un año viviendo entre nosotros. ¿Existe alguna iniciativa similar a su Fundación en España? ¿Cree necesario, para España, algún instrumento análogo al impulsado por usted en Argentina?

 

R.: Por el momento estamos considerando la posibilidad, junto con otros profesionales, de crear un centro de formación dentro de una institución educativa, aunque considero que siempre será necesaria la organización de diversas instituciones que se aboquen al estudio del presente fenómeno, desde diversas perspectivas. 

 

P.: En América Hispana, parece ser, arraigan de forma particular las sectas pentecostales y evangélicas. En España, por el contrario, parece ser, echan raíces las diversas corrientes de la new age en su versión de “religión de supermercado”. ¿Le parece justo este juicio?

 

R.: En un principio y con una mirada rápida podría decirle que sí, aunque no utilizaría la palabra secta, para referirme a los grupos evangélicos de tipo pentecostal en general, ya que dentro de este espectro existen grandes variaciones, en razón de que los pentecostales se caracterizan por ser autocéfalos. En términos generales es muy distinto el fenómeno del pentecostalismo en América Latina, que con respecto a Europa.
En América Latina los pentecostales son el grupo de mayor crecimiento en estos momentos y ello obedece a muchas razones, entre las que no se pueden dejar de tener en cuenta la situación de crisis medianamente constante que viene padeciendo toda la región; la ayuda extranjera, mayoritariamente proveniente de los Estados Unidos de Norteamérica y esto especialmente en ciertas regiones de Centro América y norte de Sudamérica; los planes y seminarios de crecimiento al que son tan afectos, como el Plan Amanecer que se proponía alcanzar a ser más del 50 % de la población para el año 2000 y edificar un templo cada mil habitantes; el proselitismo agresivo y compulsivo, denunciado en los documentos de la III y IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizadas en Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), respectivamente; y la capacidad del autopastoreo sin ningún tipo de control, entre otras.
Esta última es una razón muy pocas veces tenida en cuenta. Al ser estos grupos autónomos y autocéfalos, es muy frecuente que un integrante de los mismos, disgustado con sus pastores o, simplemente porque cree haber recibido un llamado divino, se autoproclame pastor o pastora y dé comienzo a un nuevo grupo pentecostal. De esta manera la progresión del crecimiento, suele ser geométrica.
Algunas fuentes afirman que un 15,4 % de brasileños, unos 25 millones aproximadamente, se han adherido al pentecostalismo; un 25 % en Chile; y un 31 % en Guatemala, aunque es importante resaltar en lo que respecta a este último país, que allí el pentecostalismo tuvo gran ayuda gubernamental para su expansión, durante la presidencia del Ríos Montt.  Algo parecido ocurrió en Perú, durante el gobierno de Fujimori y en Chile, durante el gobierno de Pinochet.
En España y Europa en general, la presencia por el momento de este tipo de movimientos no es de gran envergadura, pero estimo que pronto variará en razón de la gran afluencia de latinoamericanos.
En lo que respecta a la New Age o Nueva Era, también en un principio coincidiría con su juicio, y ello particularmente porque lo más visible de esta corriente, apuntaría a sectores de un mediano poder adquisitivo y con una formación intelectiva media. Pero como expresara, este es sólo el aspecto más visible de la New Age.
Existe un segundo nivel que está logrando permeabilizar a todos los sectores de la sociedad, tanto a nivel económico como intelectual, y tiene también una fuerte presencia en países de América Latina.

 

P.: Sectas y new age encuentran un buen mercado entre amplios sectores católicos. ¿Qué falla en nuestra Iglesia, a su juicio, para que tengan este éxito, especialmente entre mujeres y jóvenes?

 

R.: Son varios los factores que se relacionan para el éxito de la New Age o Nueva Era en sectores católicos, una de las cuales indudablemente, responde a una muy pobre formación en la propia fe.
Ocurre que la New Age si bien no se presenta como una religión propiamente dicha, posee empero, un alto contenido religioso. Ofrece un vago espiritualismo gnóstico, donde la salvación se lograría por el conocimiento y no por la fe o la conducta. De esta manera propugnan un crecimiento espiritual sin atenerse a dogmas o sacrificios de ningún tipo, sino tan sólo escuchando la voz interior. Esta falsa espiritualidad demanda, consecuentemente, el abandono progresivo de toda creencia previa, para experimentar una nueva religión sin divisiones, donde Dios es conceptualizado como una Gran Energía.
Es aquí donde quizás se encuentre una de las razones del éxito que registran en una sociedad sensual y consumista, las doctrinas y prácticas de la New Age, al poner comercialmente y al alcance de cualquiera, una experiencia mística sensible y a medida del consumidor, una mística part time y para el tiempo libre, y sin necesidad de transitar por esa noche oscura de la que grandes y verdaderos místicos han hablado tan profusamente.
Con una oferta tan tentadora, ha logrado permeabilizar a muchísimos católicos, incluyendo algunos  sacerdotes y religiosas. Al respecto son muy esclarecedoras las palabras de S.S. Juan Pablo II a los obispos norteamericanos en la visita ad limina del 18 de mayo de 1993:

 

     "Muchos de vosotros habéis escrito cartas pastorales sobre los problemas que presentan las sectas y movimientos pseudorreligiosos, incluido el llamado New Age. Las ideas de la New Age a veces se abren camino en la predicación, la catequesis, los congresos y los retiros, y así llegan a influir incluso en los católicos practicantes, que tal vez no son conscientes de la incompatibilidad de esas ideas con la fe de la Iglesia.

 

     "En su perspectiva sincretista e inmanente, estos movimientos pararreligiosos prestan poca atención a la Revelación, más bien, intentan llegar a Dios a través del conocimiento y la experiencia, basados en elementos que toman prestados de la espiritualidad oriental y de técnicas psicológicas. Tienden a relativizar la doctrina religiosa a favor de una vaga visión del mundo, que se expresa mediante un sistema de mitos y símbolos revestidos de un lenguaje religioso. Además proponen a menudo una concepción panteísta de Dios, incompatible con la Sagrada Escritura y la tradición cristiana. Reemplazando la responsabilidad personal de nuestras acciones frente a Dios con un sentido del deber frente al cosmos, tergiversando así el verdadero concepto de pecado y la necesidad de la redención por medio de Cristo".

 

De esta manera, a través de diversas organizaciones, programas educativos, libros, revistas, programas radiales y televisivos, la New Age va ganado adeptos día a día con el objetivo final, según sostienen, de borrar las fronteras universales, para lograr la creación de una suprarreligión donde el hombre sea el Alfa y el Omega, el Principio y Fin de todas las cosas, logrando así una caricatura de la religión: Ya no es el hombre el creado a imagen y semejanza de Dios, sino Dios, el creado a imagen y semejanza del hombre.

 

P.: La Masonería jugó, en el pasado de Argentina y de España, un importante papel. En la actualidad, sin embargo, parece haberse difuminado su tradicional influencia. Sin embargo, parece adivinarse un influjo de muchos principios masónicos en buena parte de los presupuestos y propuestas de la new age y numerosas sectas ocultistas. ¿Qué opinión tiene al respecto?

 

R.:  La influencia de la masonería, a mi entender, sigue con plena vigencia en los más diversos ámbitos y comparte con las numerosas sectas ocultistas, sus contenidos de carácter gnóstico y esotérico.
En cuanto a la New Age o Nueva Era, pueden observarse claramente estos influjos en muchas de las propuestas que hace el presente movimiento.  Desde la creación de una suprarreligión, hasta su rechazo, yo diría en algunos casos hasta visceral, al cristianismo

 

P.: Desde algunas revistas especializadas, es el caso de “30 días en la Iglesia y en el mundo”, se ha denunciado la irrupción actual de concepciones gnósticas semejantes a las sufridas en los primeros siglos del cristianismo. ¿Se trata de un fenómeno asociado al florecimiento de las sectas o se encuentra, por el contrario en la base del mismo?

 

R.: La mayor tentación del cristianismo, a lo largo de toda su historia, fue el gnosticismo.  La posibilidad de alcanzar la salvación mediante el conocimiento y el propio esfuerzo, desechando en un neopelagianismo, la gracia sobrenatural.
Creo que esta gran tentación humana, es en términos generales uno de los pilares donde se asienta el crecimiento y la difusión de la mayor parte de las sectas y los NMR.
Pareciera que para algunos aceptar el don de gratuidad de Dios, fuera imposible, empezando a recorrer así el camino del mayor de los dramas humanos, que es el vivir apartado de nuestro Creador.
La tentación del conocimiento para la salvación lo podemos encontrar desde las más clásicas organizaciones ocultistas, hasta en métodos pseudo científicos y muy populares como el Control Mental.
En estos métodos se propone habitualmente que entrenándonos nada nos será imposible, por lo que no deja de ser aunque algo reciclada, la primera y más antigua de las tentaciones que sigue hoy teniendo toda su vigencia: “... y seréis como dioses” (Gn. 3, 5).
 
P.: Dada su vinculación actual a la Universidad San Pablo–CEU de Madrid, ¿tiene previsto proponer algún tipo de encuentro multidisciplinar, con vocación de futuro y servicio a la Iglesia, relativo al mundo de las sectas y los NMR y su incidencia en la sociedad actual?

 

R.:  Sí, son varias las propuestas y en distintos niveles, que se están estudiando.  La primera y básica es que los alumnos puedan contar con un conocimiento, aunque sólo fuera una mínimo e introductorio sobre el presente fenómeno y presentado de acuerdo a las distintas disciplinas profesionales. Es decir que los alumnos de psicología conozcan la presente problemática desde una perspectiva psicológica, los alumnos de abogacía, desde una perspectiva jurídica, etc.
Considero esto sumamente importante, porque en el día de hoy están saliendo de universidades católicas de todo el mundo, profesionales que no sólo desconocen absolutamente el presente fenómeno, sino que incluso están convencidos de que grupos pertenecientes a religiones clásicas o tradicionales son una secta, mientras que le asignan carácter de religión clásica o tradicional, a grupos como Cienciología o los Niños de Dios.  Es decir que la ignorancia y confusión, es prácticamente absoluta.
En un segundo nivel, sería recomendable una profundización de estos estudios, especialmente en ciertas disciplinas académicas.  Y ello sobre todo, porque será habitual que en sus futuras carreras profesionales, deban enfrentarse con casos relacionados a la presente problemática.  Al día de hoy, lamentablemente, casi no contamos con psicólogos y psiquiatras capacitados en el tratamiento  psicoterapéutico de personas que han sido miembros de algunos movimientos de características sectarias, y que han sido sometidos a prácticas muy particulares, con las consecuentes secuelas físicas y psicológicas.
Algo similar ocurre con el aspecto jurídico y también el periodístico, donde en ocasiones llegamos a leer en periódicos y revistas verdaderas barbaridades o, en el mejor de los casos, tratamientos sensacionalistas.
Finalmente sería deseable que en alguna universidad católica se creara un instituto o departamento que se abocara al estudio interdisciplinario del fenómeno, pudiendo ser un referente y brindar un servicio a la Iglesia en particular y a la sociedad en general, a través de conferencias, seminarios y publicaciones tanto a nivel académico, como pastoral, y asesoramiento a otras instituciones.
 
Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 71 – 72 (julio – agosto 2003)

Un católico sobre los acantilados de mármol.

El longevo escritor alemán Ernst Jünger murió católico. Su larga y extraordinaria vida, así, coronó polémicamente. Esa conversión, ¿fue algo súbito, comprensible ante el temor a una muerte inmediata, o existía alguna experiencia previa que pudiera explicarla?

 

La figura de Ernst Jünger.
            El alemán Ernst Jünger ha sido uno de los escritores más importantes del siglo XX. Nacido en 1895 en Heidelberg, su larga vida recorre el tiempo que le tocó vivir bajo una mirada, crítica y escrutadora, que traslada a sus novelas y ensayos.
            Todavía en 1995 conservada una extraordinaria lucidez, acreditándolo en su visita a España al ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Alcalá. Falleció a la edad de 103 años, en 1988, en la ciudad de Wilflingen.
            A su condición de escritor, debe añadirse la de botánico y entomólogo; brillante y concienzudo en todo caso.
            Algunos de sus escritos han pasado a la historia del siglo XX, sin lugar a dudas: Tempestades de acero, Sobre los acantilados de mármol, Heliópolis, El libro del reloj de arena, Abejas de cristal, El trabajador, La emboscadura, Eumeswil
            Para personas de talante e ideología muy diversa, Jünger era una figura paradigmática. A lo largo de su vida fue un nacionalista alemán, un elitista en todo caso, un individualista, un “anarca”… un hombre libre, en cualquier caso.
            Coqueteó con la extrema derecha alemana en los años posteriores de la primera guerra mundial. Admirado inicialmente por lo nazis, postergado posteriormente por los mismos, siempre mantuvo su independencia de pensamiento y su libertad. Ya en sus últimos años de vida, su obra fue redescubierta, en buena medida, disfrutando del reconocimiento, por parte de un amplio público, a la misma.
            Con motivo de su muerte, días después, saltó otro noticia encadenada: Júnger había muerto católico. Y aquello provocó comentarios de todo tipo: se habría rendido al final de su vida, algún desalmado se habría aprovechado…
            Sin duda, no era una noticia fácil de asimilar por un libertario, un liberal individualista, un elitista esteta o un neofascista ilustrado; cualquiera de ellos, posible lector fiel de la obra de Júnger.
            La pregunta que esos lectores seguidores -de una u otra faceta del escritor- se hicieron, es legítimo que nos la planteemos también nosotros ahora. Jünger, el irreductible, ¿se había rendido al final de sus días a la Iglesia para que ésta le garantizara, acaso, la trascendencia ante una segura muerte?
            Seguramente, los testigos de sus últimos años de vida podrán explicar bastante al respecto. Nosotros, sin embargo, vamos a realizar un ejercicio distinto. Algo tan sencillo como buscar alguna pista en sus escritos que puedan explicar esa “rendición”, que dirían sus burlones detractores, o el incipiente reconocimiento de un acontecimiento que pudiera tener importantes consecuencias en su vida llegado el momento, dirían otros.
            De esta forma, nos hemos acercado a una de sus novelas más conocidas, Sobre los acantilados de mármol (1939), en la que encontramos ideas sugerentes e imágenes atractivas que nos encaminan hacia un cierto impacto del catolicismo –o de algún católico concreto- en la vida del autor.

 

 

Sobre los acantilados de mármol.
            En la novela, su protagonista vive, junto a su hermano Othón, en una ermita excavada en los acantilados de mármol. Desde allí se domina visualmente Marina, un territorio rico, de una naturaleza agradecida, dotado de monumentos artísticos, de saber y de ciencia. Pero, desde Mauretania, el Gran Guardabosque (Hitler, ¿acaso?), un dictador implacable, persigue acabar con esa plácida existencia y extender un reinado de violencia y desorden. Lo que constituía una denuncia soterrada del régimen nazi, se convirtió en un inicial éxito, que tardaron años en descubrir en su significado real, lo que le ocasionó ser postergado en plena guerra mundial.
            El protagonista de la novela con su estilo de vida, sin duda, encarnaba muchas de las virtudes humanas y colectivas admiradas por el autor. Pero encontramos a otro personaje, al que dedica casi todo el capítulo XIV, que también es objeto de mucho espacio e indudable admiración: Lampros, un monje católico. Curiosamente no realiza una descripción física amable del mismo, mientras que con otros personajes, con los que también simpatiza, sí lo hace. Tal vez, ese encuentro con la Iglesia había producido un primer impacto pero sin todos sus efectos: acaso la semilla no estaba madura para germinar…

 

El padre Lampros.
            Después de narrarnos cómo tuvieron conocimiento de la existencia del padre Lampros, el acceso a su monasterio y otros detalles, nos describe al personaje pintándolo con rasgos sombríos, aunque “no dejaba de tener cierto aspecto de alegría”. Al conocerse, el hermano Othón emitió un comentario dirigido a la imagen de Santa María que presidía el monasterio, mediante un piropo puramente pagano, lo que no escandaliza al monje, agradeciéndolo. Es más “A través de aquél y otros muchos rasgos evitaba la controversia, y su silencio obraba de un modo más poderoso que la palabra. Y lo mismo hacía con las cuestiones que se referían a la ciencia, en la que era considerado como una eminencia, y evitaba tomar parte en las luchas de las distintas escuelas. Su principio era que toda teoría referente a la historia natural era una contribución a la génesis, pues el espíritu del hombre concibe de nuevo la creación en cada una de sus edades, y en que en cada interpretación anida tanta verdad como en la hoja que se marchita poco antes de morir. Por esta razón se llamó a sí mismo Phyllobius, que significa «Hoja entre las hojas», mostrando así una sorprendente mezcla de modestia y orgullo, característicos en él”.
            No le gustaba contradecir a sus interlocutores, lo que era “un signo más de su extrema educación, que en él alcanzaba un gran refinamiento. Y como siempre resultaba él el superior, hacía como si aceptara las palabras de su interlocutor y se las restituyera luego, confirmándolas en un sentido más elevado”. Además “revelaba la cortesía que se cultiva en las mansiones patricias y cuyo uso se convierte a veces en una segunda y más sutil naturaleza. Y también revelaba cierto orgullo, pues el espíritu acostumbrado a dominar posee un juicio firme sobre el que descansan las opiniones.” No en vano portaba un anillo con un escudo cuya leyenda decía “Espero en paz”, en lo que se advertían esas dos características de su carácter: “la modestia y el orgullo”.
            Pero ese respeto al interlocutor también se proyectaba en el trabajo, no únicamente en la conversación, pues “teníamos la impresión de que el Padre Lambros, de una manera natural y sin la menor vanidad de autor, tomaba parte activa en nuestra obra. No solamente poseía un vasto conocimiento acerca de muchos fenómenos, sino que también sabía suscitar estos instantes privilegiados en los que el sentido de nuestro trabajo parecía iluminarse de pronto”.
            De esta forma, con tales cualidades, “el padre Lambros gozaba de gran consideración entre los católicos, muchos de los cuáles iban a él movidos por la esperanza de encontrar consejo y consuelo a sus tribulaciones. Y no solamente era  querido entre los católicos, sino que también era estimado entre aquellos que únicamente creían en los doce dioses y entre aquellos otros que venían del norte, donde, en las grandes salas y en los cercanos bosques sagrados, se veneran los ases de la baraja. Y a todos ellos, cuando se acercaban a él, procuraba el padre consuelo, aunque no de manera sacerdotal. Hermano Othón, que conocía muchas clases de templos y de misterios, decía a menudo que lo más maravilloso de aquel espíritu era el modo con que había podido aliar tal grado de conocimientos con la estricta observancia de la regla”.
            Esa vida en el monasterio, centrado en sus estudios, la oración y la atención a los peregrinos, no era impedimento para que permaneciera informado de los sucesos de su entorno hasta el punto de que “los acontecimientos que se sucedían no tenían ningún secreto para el padre Lampros. Él era quien, sin duda alguna, veía aquel juego con más claridad que nadie, por lo cual nos sorprendió que su existencia monacal no variara lo más mínimo. Más bien parecía que todo su ser se iluminaba de una alegría más pura y más fuerte a medida que el peligro se iba aproximando”.
            Sin embargo, esa reclusión voluntaria tras los muros de su convento, no le impedía ser consciente de los peligros que se cernían sobre sus vecinos y amigos. Es más, ese modo de vida le permitía una objetividad que carecían otros, hasta el punto de que “El padre Lampros, que vivía como en un sueño tras los muros del convento, era seguramente el único que tenía una noción exacta de la realidad”. Siendo, la suya, además, una preocupación altruista, ya que aunque “despreciara la seguridad para sí mismo, el caso es que siempre mostró un gran interés por nosotros”.
           
Unas reflexiones finales.
En otros apartados del libro vuelve a figurar este personaje, central para entender la trama de la novela y el valor arquetípico de los distintos modelos humanos que por la misma desfilan; muriendo en su convento, casi al término de la narración, dócil y plenamente consciente de lo que ocurría, en una escena cargada de simbolismo.
            El padre Lampros, su abadía, sus conocimientos, su temperamento y su estilo de vida, provocaba una viva simpatía en el protagonista de la novela, atribuyéndole –seguramente- aquellas virtudes que causaban admiración y respeto en Jünger: conocimiento, autodominio, orgullo, sencillez, plenitud, fidelidad a una regla…
No podemos pensar que esta figura novelesca fuera elaborada casualmente. El padre Lampros significaba, seguro, mucho. Todo indica que algún encuentro le habría acontecido a Ernst Jünger, marcándole, aunque entre sus efectos no resplandeciera, de forma inmediata, la certeza de una fe que, sin duda, le acompañó, virilmente, al final de su larga vida.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70, junio de 2003.

Una entrevista a Eulogio López: Familia y vida, hispanidad.com y las elecciones del 25 de mayo.

Entrevistamos a Eulogio López, uno de los periodistas españoles católicos más audaces, tanto en el plano profesional, como en sus posicionamientos culturales y políticos.

 

Eulogio López, impulsor del novedoso periódico electrónico hispanidad.com, es uno de los periodistas católicos españoles más audaces y diáfanos. En las semanas previas a las elecciones destacó por su decidido apoyo a las candidaturas del joven partido político Familia y Vida. Pese a su escasa cosecha de votos, esta presencia ha constituido un revulsivo en la conciencia de muchos católicos; por lo que Foro Arbil ha considerado del máximo interés entrevistarle.

 

Pregunta: Los promotores y dirigentes de Familia y Vida, ¿esperaban los resultados electorales alcanzados por el partido el 25 de mayo o les han decepcionado?:

 

Respuesta: Yo creo que no esperaban ni muchos ni pocos, porque esta es la primera vez que Familia y Vida se presentaba a unas elecciones. En las autonómicas (nos presentábamos en cinco comunidades autónomas, pero no en todas las circunscripciones de esas cinco comunidades) obtuvimos 8.000 votos. En las municipales no alcanzamos los 6.000. Extrapolado al conjunto de España eso representa una base electoral de 50.000 votantes. Ha sido lo que se dice un “fracaso muy prometedor”. Ahora mismo, esto es un partido de la señorita Pepis. En el futuro, será una internacional, una de las claves de la política mundial. Y si no lo es Familia y Vida, lo será su programa político defendido por otras siglas. Se lo aseguro: lo de 25-M ha resultado un  fracaso muy prometedor.

 

P.: Analizando la actual situación política, se concluye que las minorías tienen escasas posibilidades, no sólo de obtener representación, sino de algo tan elemental como poder hacer oír su voz. En ese sentido, el bipartidismo dominante (con las excepciones regionalistas y nacionalistas), aunque hace manejable y previsible al sistema, ahoga otras identidades políticas y culturales existentes en la sociedad española. ¿Qué experiencia ha tenido Familia y vida en ese sentido?:

 

R.: Experiencia completa. Las barreras que interpone el sistema son tremendas. Especialmente el mínimo de votos necesario (entre el 3 y el 5%) para acceder a un escaño o a una concejalía. Luego están las barreras que impone el dinero, es decir, la falta de fondos públicos. La que interponen los medios de comunicación: en Madrid se ha dado una verdadera conspiración del silencio contra Familia y Vida, de la que soy muy consciente. Por ejemplo, la de un afamado director de periódico nacional, que tras censurar una noticia sobre Familia y Vida (él no sabía que yo lo sabía), y ante mi requerimiento de que hablara del Partido en su diario, me respondió: “¿Y dices que se llama Familia y Vida? El caso es que me suena...”
Pero la barrera más grave de todas es la que impone el miedo. En este caso concreto el miedo que tienen todos aquellos que votan en coherencia con una serie de valores. En este sentido, he de decir que la gente más honrada de este país, por ejemplo, los católicos, sufre una especie de síndrome de Estocolmo respecto al Partido Popular, mientras trata de evitar la pregunta definitiva: ¿Qué puede hacer el PSOE que no haya hecho el PP? En un año, 350.000 españolas han recurrido a la píldora abortiva postcoital, otro de los logros del centro reformismo. Pero muchos prefieren no verlo.       

 

P.: ¿Se reafirma en sus críticas al Partido Popular o considera que, todavía, hay posibilidades de que este partido rectifique sus políticas familiares y de defensa de la vida?

 

R.: Las dos cosas, porque todo el mundo puede cambiar, también el PP. Sólo que algunos nos hemos cansado de esperar. De cualquier forma, el problema no consiste en que el Partido Popular cambie de actitud, sino en que la sociedad cambie de actitud. Por mí, Familia y Vida debe seguir adelante también en el caso de que ese cambio, bastante improbable, del partido de Aznar se produjera. Aún más: me encantaría que surgiera en el PP una corriente organizada en defensa de la familia natural y de la vida del no nacido. Es decir, lo que en Estados Unidos llaman la corriente social-conservadora del Partido republicano. Pero aún así, Familia y Vida debe continuar. Porque aunque el aznarismo cambie, el PP, como el PSOE, pertenece al pasado, al siglo XX. En el siglo XX, una centuria que no ha sido sino un residuo un tanto salvaje del XIX, los partidos se configuraban según ideologías que pretendían ordenar a la humanidad, mientras que en el XXI, los partidos políticos se crearán en respuesta a idearios acerca del hombre. Y como el sentido común recuerda, el hombre tiene muy poco que ver con la humanidad. Es más, los totalitarismos no son más que eso: considerar que el objetivo es la humanidad, y no el hombre, cada hombre concreto..
El respeto a la vida y la formación de una familia son cosa del hombre, del individuo, como lo son la educación, la libertad religiosa, etc. Los nacionalismos y las unidades supranacionales, estatismo frente a capitalismo, centralismo frente a municipalismo... son propias del pasado. Bueno, también del presente, lo reconozco, pero van a dejar de serlo.
Para quien cree en la familia natural y en la sacralidad de la vida humana, el sistema político y económico necesario para salvaguardarlos surge por sí mismo. Por ejemplo, para un tipo que parte de esos principios la eficiencia deja de ser el primer mandamiento económico, y el trabajo deja de ser un factor de la producción para convertirse en el factor por antonomasia.
En cualquier caso, sus convicciones políticas o económicas serán consecuencia de su concepción sobre la familia, no al revés.

 

P.: Entonces,¿ Familia y Vida no se disuelve?

 

R.: Me parece que no. Mire usted, si diera tiempo, lo que ocurrirá será que la izquierda clásica, el socialismo, será sustituida por los verdes, con su habitual acompañamiento ideológico panteísta, vegetariano, puritano y triste. Todas ellas, claro está, virtudes con cargo al presupuesto público.  La izquierda desaparece, los verdes crecen. Y también va a ocurrir que la derecha clásica, conservadora y liberal, será sustituida por partidos como Familia y Vida, es decir, partidos con una cosmovisión trascendente de la existencia, convencidos de que el hombre es el rey de la creación, no una especie más, y que la familia heterosexual, es decir, natural, es la base de la libertad y la felicidad humanas.

 

P.: Familia y Vida no es un partido confesional. Pero, además del de algunos católicos a título individual, ¿ha encontrado apoyos en otros ambientes?:

 

R.: Familia y Vida no es un partido confesional porque no quiere comprometer a la Iglesia... y me atrevería a decir que sólo por eso. Es cierto que hay ateos y agnósticos que defienden la familia y a la vida, pero estoy agotado de buscarlos. Que no salga de aquí, pero, si yo no creyera en Dios, ¿para qué puñetas me iba a dar el mal trago de defender al no nacido? ¡Que se las arregle como pueda! Profesionalmente, esa postura sólo me ha acarreado complicaciones y prejuicios ¿Quién hablaría de ética en un mundo mecánico donde el hombre fuera una pasión inútil?
Al final, te encuentras, al menos en España, con el paripé habitual: miras a tu alrededor, y resulta que los que quieren defender la familia en el foro público son, en un 99,9% de los casos, hombres y mujeres enamorados de Dios. Entonces te pones muy serio y adviertes: “¿Confesional yo? ¡Dios no lo permita! ¡Eso nunca! Pero lamento no poder atenderle como usted se merece porque me voy a rezar.
No, no hemos encontrado apoyo en los movimientos católicos más representativos. Algunos de estos movimientos han recomendado, de forma corporativa, el voto al PP. Y eso en unas elecciones en las que, creo que por primera vez, los obispos no han publicado recomendaciones electorales. Es más, hemos recibido más de una coz. Y eso es lo que más duele. Sólo les pedíamos el mismo respeto que manifestaban hacia, por decir algo, los socialistas, dado que no podíamos soñar con encontrar el entusiasmo que les provocaba el PP. Pero el síndrome de Estocolmo ha podido con muchos. Muchos tenían miedo a la llegada de “los rojos”.
De la jerarquía eclesiástica no hemos recibido apoyo alguno, pero es que tampoco lo deseamos. A los curas no hay que meterles en líos. 

 

P.: El futuro de Familia y Vida, ¿no pasa necesariamente por una salud robusta de los movimientos asociativos familiares de España?:

 

R.: Supongo que sí, pero esa no es la cuestión. El futuro del cristianismo en el foro público (en otros no me meto) depende de tres patas: medios informativos, asociaciones y partidos políticos. Los tres caminan en la misma dirección, pero deben mantener su independencia y deben trabajar en los ámbitos que les son propio: ¿Por qué la existencia de uno de los tres debería anular a los demás?

 

P.: Usted ha mantenido, recientemente, una singular polémica con algunas entidades eclesiales españolas. En otras ocasiones, de su pluma han brotado juicios laudatorios hacia las anteriores. ¿Cambiará definitivamente su opinión respecto a las mismas?:

 

R.: No estoy seguro de saber a quién se refiere, pero puedo hacer un esfuerzo de imaginación. A mí las polémicas entre cristianos siempre me dejan muy mal sabor de boca, un reconcomio interior de lo más desagradable. Yo, para juzgar a una institución que se dice católica, miro al Papa. Si el Papa la bendice, yo aplaudo. Es lo mismo que ocurre con cualquier teoría, doctrina, escuela o corriente: si a mí me parece mal, y al Papa le parece bien, cambio de opinión. Soy un repugnante papólatra.

 

P.: Comunión y Liberación, al menos, ha debatido y hecho pública su postura. Otras realidades sociales católicas, sin embargo, han eludido pronunciarse al respecto o, de haberse producido, no ha trascendido. Esta segunda actitud, ¿no ha sustraído a un sector importante del catolicismo social del necesario debate acerca de la legitimidad de las diversas opciones políticas existentes?

 

R.: ¡Qué cosas, mi imaginación no me había traicionado! Sí, he tenido una trifulca con Comunión y Liberación por una cuestión bien concreta: nos tildaron de “reaccionarios”, en dos ocasiones, en una de sus publicaciones. En primer lugar, el Papa ha bendecido a Comunión y Liberación. Por tanto, CL tiene que ser una maravilla. Además, creo sinceramente que lo es.
Tampoco pretendo que los movimientos se metan en política, pero sí me disgusta un poco ese paripé que viene a expresarse de esta guisa: muchacho, si eres católico no puedes votar al PSOE o a IU por razones evidentes, pero eso sí, en uso de tu libertad, puede elegir usted entre cualquier otra formación política. Puede elegir usted entre votar al PP o votar a José María Aznar. ¡Ah! Y recuerde que no puede dividir usted el voto católico. Eso estaría muy feo. Eso sí, usted vota según su libérrima voluntad.   

 

P.: Su decidida opción por Familia y Vida, ¿no puede acarrearle la pérdida de numerosos lectores de su periódico digital hispanidad.com?:

 

R.: Espero que no. Por ahora, al menos, no. Las cifras dicen justo lo contrario. Mayo y lo que llevamos de junio han sido meses récord en número de accesos. También con la Guerra de Iraq, y con nuestra apuesta anti-Bush, decían lo mismo. Y, también, desde bancos y empresas nos han pedido que nos centremos en la información económica (no hemos hecho mucho caso), y también hay sectores a los que no gusta nada que pidamos fronteras abiertas a los inmigrantes. Y los hay que nos amenazan con descensos de audiencia porque en Hispanidad estamos convencidos de que la mejor manera de apoyar a los nacionalistas es obsesionarse con Arzallus (de eso vive el presidente del PNV: de la obsesión de tantos españoles con su persona). No, no creo que descienda el número de lectores. En cualquier caso, el realismo periodístico consiste en proponer sueños. Familia y Vida es un sueño.

 

P.: En los años 30 del pasado siglo, la presencia pública de los católicos era impulsada por la Jerarquía, apoyándose en la Acción Católica y los Propagandistas de la ACNP, especialmente. En la actualidad, se observa un panorama de pérdida de vigor en determinadas organizaciones católicas tradicionales y la aparición de nuevos movimientos eclesiales, cuyo interés en la presencia pública es dispar, aunque podríamos afirmar que existe una tendencia, en buena parte de ellos, hacia el “recogimiento” interno. ¿Es deseable buscar la “unidad de acción” de esas realidades ante los retos de la vida pública? ¿Familia y Vida puede ser uno de esos cauces? ¿existen otras fórmulas de cooperación? ¿qué opinión le merecen las llamadas plataformas transversales como E-cristians?:

 

R.: E-cristians es una asociación, un portal de Internet. Un movimiento que pretende aglutinar el sentir católico en la vida pública sin estructura de partido. Son geniales. Ellos sueñan con cambiar el Partido Popular y otros partidos regionalistas o nacionalistas. Piensan que la clave está en que ningún político pueda decir que el voto católico no existe. Ojalá lo consigan. No por ello Familia y Vida debe dejar de existir: porque de esos dos principios, la familia natural y el respeto a la persona en cualquier estado de desarrollo, surgirá toda una filosofía de vida y toda una ideología para el siglo XXI.

 

P.: ¿Se arrepiente Eulogio López de su audaz salto a la arena partidista?:

 

R.: Como me voy a arrepentir, si es divertidísimo. Me encantan las causas perdidas. Al final, siempre ganan. De todas formas, que quede claro: mi salto ha sido poco audaz. El principal soporte de Familia y Vida ha sido y es su presidente, José Alberto Fernández, y un reducido equipo de gente que se han dejado los cuernos en el ruedo. Yo sólo soy el señorito que, de vez en cuando, hace gestos desde la barrera. Eso sí, con mucha elegancia.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70, junio de 2003.

Una entrevista a Julián Gómez del Castillo: la posición del Movimiento Cultural Cristiano.

Una entrevista a Julián Gómez del Castillo, cofundador de la HOAC en 1946, segundo presidente de la Editorial ZYX, y del grupo iniciador del Movimiento Cultural Cristiano, una pujante realidad eclesial española, muy presente mediante la presencia en la vía pública  de España de las “Ediciones Voz de los sin Voz”, en la estela de las históricas HOAC y Ediciones ZYX.
 
Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Julián Gómez del Castillo, cofundador del Movimiento Cultural Cristiano (MCC, en lo sucesivo); una de las organizaciones católicas más presentes, en las calles de las ciudades españolas, con su característico estilo militante.

 

Pregunta: Imagínese a un joven de 17 años. Padres separados, vive con la madre. Bautizado, hizo la primera comunión pero no contempla la posibilidad de confirmarse. Estudia en un colegio privado no católico. Su mayor estímulo es disfrutar el fin de semana a tope. Suele llevar un preservativo en un bolsillo del pantalón. Ahora, su principal dilema es decidir donde hacerse un tatuaje. Inteligente, consumidor habitual de cine y vídeo, pero apenas lee libros; estudiando únicamente para superar curso y no perder los privilegios caseros. No tiene claro qué estudios superiores realizará. No está comprometido en ninguna asociación. Si se lo presentaran en una reunión de amigos, y éste le preguntara “de qué vas”, ¿qué respondería?

 

Respuesta: De constructor de vida solidaria

 

P.: ¿Podría resumir, sintéticamente, el carisma de su movimiento?

 

R.: Servir a la promoción integral y colectiva, no al asistencialismo de los empobrecidos.

 

P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados en buena medida por los católicos, caso del sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa? ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en estos ámbitos sociales?

 

R.: Lo que ha sido abandonado es la actitud militante sustituyéndose con la cancerosa e interesada burocracia.

 

P.: El MCC, en sus publicaciones, denuncia con idéntico énfasis, tanto las injusticias económicas y estructurales norte-sur, como el daño del aborto. Esa capacidad de juicio, ¿le facilita el mantenimiento de espacios de encuentro con otras realidades y movimientos eclesiales?, ¿se identifica con algunas de esas realidades de forma especial?

 

R.: Con la Iglesia. Las demás realidades... son propias del mundo enriquecido a costa del empobrecido.

 

P.: ¿Mantiene, su movimiento, buenas relaciones con los obispos españoles? ¿Participa en las delegaciones diocesanas de apostolado seglar y pastoral obrera?

 

R.:  La mayoría del MCC es universitaria. Amamos a la Iglesia, a toda y única Iglesia y, lógicamente, todo lo que hacemos colabora en su acción apostólica.

 

P.: ¿Cuáles son las raíces, a su juicio, de las constantes muestras de anticatolicismo militante practicado por determinados sectores políticos y mediáticos españoles?

 

R.: El sectarismo antirreligioso se ha dado en la derecha y en la izquierda españolas desde principios del siglo XX y se sigue dando. ¿Seguirá? En la medida que no se construya la justicia, seguirá.

 

P.: El MCC propugna generalmente, según vemos en su revista Autogestión, el “voto en blanco”. Con la mirada en los próximos comicios del 25 de mayo, ¿mantendrá de nuevo esa postura?,  ¿también en el País Vasco y Navarra donde, además, se juega la libertad de media sociedad?

 

R.: Sí. Niego las siete palabras finales. Pero mientras más de 4.000 millones de personas pasen hambre provocada, 400 millones de niños sean esclavos y 1.500 millones sean parados o subempleados pediremos el voto en blanco.

 

P.: ¿Qué opinión les merece el colectivo Cristianos en el PSOE?

 

R.:  Los datos que tenemos nos dan la impresión que no tienen maduro ni el cristianismo ni el socialismo, quizá sean socialdemócratas.

 

P.: El futuro parece jugarse, en buena medida, en la educación de las nuevas generaciones. ¿Cómo responder, desde la Iglesia a ese reto?

 

R.: Eso lo he oído en los últimos 60 años. Creemos que el gran problema de la evangelización del mundo enriquecido es la vivencia de la conversión y la solidaridad.

 

P.: En un mundo globalizado y de pensamiento único, cuyo destino se determina en restringidos círculos financieros y de poder político de alcance universal, ¿qué puede aportar la Doctrina Social de la Iglesia? ¿No parece, acaso, un instrumento obsoleto frente a las modernas modalidades de lucha y de resistencia anti-globalización?:

 

R.:  No, si promovemos un cristianismo de conversión y solidaridad.

 

P.: La inmigración está evolucionando, pasando de ser una excepción a constituir una realidad generalizada en la sociedad española. ¿Cuáles son, a su juicio y en este contexto, los límites del principio de solidaridad?

 

R.: La solidaridad no debe tener límites, debe abarcar hasta “dar la vida”, lo demás son chapuzas burguesas.

 

P.: El Islam, ¿qué le sugiere? ¿confrontación, diálogo, asimilación, ecumenismo, multiculturalismo?

 

R.: Diálogo.

 

P.: Ante la guerra en Irak, ¿le parece justa y adecuada la postura de la Iglesia católica?

 

R.: Sí, pero además no toleremos que sirva para tapar las otras 72 guerras que hay.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 69, mayo de 2003