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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Regeneración democrática, desarme y “tierra quemada”

Regeneración democrática, desarme y “tierra quemada”

Al igual que en anteriores convocatorias electorales de nuestra –ya no tan joven- democracia española, ETA capitalizó, en el contexto del pasado 20-N, la atención mediática, con un calculado movimiento táctico; en esta ocasión, una de sus frecuentes, carnavalescas, anónimas y encapuchadas entrevistas. Lo que debiera entenderse como una patología colectiva, inaceptable en cualquier sociedad avanzada, se ha convertido en una pseudotradición: el incómodo asistente no invitado a tan esperado convite. Una de entre tantas otras modalidades de presencia terrorista en nuestro paisaje, pese a su antidemocrática capacidad de distorsión.

            No obstante, de modo inquietante pero no por ello menos esperado, ello redundó además en unos magníficos réditos electorales, aproximando con pasos de gigante a Amaiur, brazo político del engendro, a su objetivo de siempre: el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco y, simultáneamente, el avance en sus posiciones rupturistas con el Estado español. Y con una mirada fija y una férrea voluntad planeando a medio plazo.

            Pero hay que subrayar un factor incómodamente novedoso en este escenario: han plantado, de semejante modo, un jalón más de ese denominado proceso de paz que, pese a su naturaleza esotérica e inédita para la inmensa mayoría de los mortales, y siguiendo el modelo irlandés, han aplicado Josu Ternera, Arnaldo Otegi y compañía, con el beneplácito cegato y arcangélico de los mal llamados mediadores internacionales y el colaboracionismo –explícito o implícito, algún día se sabrá aunque sea por Gara- del PSE/PSOE.

            Como guinda de tan voluptuoso e indigesto pastel, además de las tópicas invocaciones a la paz y a las víctimas, no han sido pocos los políticos y agentes mediáticos que han apelado a la necesaria regeneración democrática, a la pacificación y a la normalización; como supuestos objetivos últimos de tamaño despropósito.

            Pero, ¿cómo normalizar una sociedad que ha sido amputada de una parte sustancial de sí misma? Es elemental, pero hay que preguntarse, más allá de cansinos y comodones tópicos biempensantes, ¿cómo fortalecer la moral democrática? La moral, ¿de quién? Y, ¿por quienes? ¿Acaso de la mano de los antaño terroristas y sus apoyos?

            No nos equivoquemos: la izquierda abertzale no es democrática, en el sentido literal de tan respetable, liberal y occidental concepto: ni en sus prácticas, ni en sus convicciones. Por el contrario, deviene totalitaria y excluyente, lo que arrastra una desorbitada dimensión cultural, social e individual. Y la democracia –seamos claros- le es indiferente: únicamente un medio para la conquista de tan grandioso fin, el que de verdad le mueve; la construcción nacional vasca.

            Tales invocaciones a la moral democrática y a la normalización, por mucho que se reivindique un desarme de la banda terrorista ETA sin contrapartidas, son meros ejercicios de retórica. No es posible regenerar nada entre quienes no tienen interés alguno en ello o, más bien, todo lo contrario.

            Una premisa. A lo largo de estas décadas, no sólo han sido los sectores de la autodenominada izquierda abertzale los que se han excluido voluntaria y voluntariosamente de la normalidad democrática, sino toda una generación de jóvenes, educada y abducida en los contravalores destilados desde las laboriosas factorías socioculturales del comunitarismo nacionalista excluyente.

            No puede ser de otra manera. Para regenerar, en primer término, hay que contar con un cuerpo social susceptible de tan magno empeño; lo que exige una siembra paciente entre las carnes de la sociedad vasca y navarra, un cambio individual, impulsado de sujeto a sujeto, con nombres y apellidos, con la persona como protagonista, manchándose sus operarios con el barro de la historia y la sangre de la vida. En suma, lo que en términos políticos, sin complejos, significa una contrarrevolución cultural compensatoria, e incluso antagonista, de la revolución existencial desarrollada sistemáticamente, desde hace décadas, por el panvasquismo.

            En amplios territorios y espacios colectivos del País Vasco y Navarra impera la ley de la exclusión. Los elementos constitucionalistas más relevantes, o simplemente no nacionalistas, fueron asesinados en una sorda sangría tapada con el abyecto “algo habrán hecho”. Otros emigraron en un exilio callado. Los indiferentes se amoldaron al nuevo modus vivendi de los verdugos; y sus hijos se educaron en las quintaesencias nacionalistas, en cualquiera de sus convergentes versiones. La homogeneización nacionalista se impuso. Por el contrario, las otras perspectivas existenciales retrocedieron hasta casi desaparecer; una mutación social espoleada por el recambio generacional y el obligado exilio interior o exterior. Hoy día, ignorando cínicamente tal realidad, son muchos los que han proclamado que “¡ahora todos han podido votar en libertad!”. Seguro, sobre todo los muertos y los exiliados…

            Desarme, pacificación, normalización, ¡regeneración…! Casi nada, sobre todo tras décadas de ejecución implacable de una táctica de “tierra quemada”, liberándola de los discrepantes, por parte de terroristas y adláteres. Extraordinaria empresa, por tanto, que se antoja nada sencilla: ¿cómo hacerlo?, ¿desde dónde?, ¿para quién?, ¿por quién?

            Si se pretende ir más allá de la retórica, persiguiendo un verdadero cambio social que sustente a una acosada nación española, se impone una perspectiva omnicomprensiva y a largo plazo, por medio de una ambiciosa lucha cultural intrincada en una alternativa atractiva frente a los nacionalismos agresores. Pero, los posibles actores de tal empeño, ¿están dando la talla? Mucho tememos que la respuesta sea negativa. Así, no es precipitado afirmar que Patxi López ha desperdiciado una ocasión de oro; no en vano desde la Jefatura del Gobierno Vasco disponía de medios materiales importantes para emprender esa batalla por el cambio de mentalidades que ya iniciara –en los años de plomo- el movimiento cívico constitucionalista y pacifista vasco. Una epopeya de trasfondo cultural, ético y metapolítico cuyo patrimonio se está dilapidando por intereses políticos cortoplacistas, cuando no simplemente ocultos.

            Decaído y casi anulado tal movimiento, Patxi López y los suyos han eludido esa batalla tan necesaria como legítima. Les ha faltado altura de miras, medios humanos tal vez; en cualquier caso, la necesaria voluntad imprescindible para tan ambicioso proyecto. Seguramente, sus servidumbres ideológicas y sus compromisos políticos les han anulado para tal envite; si es que alguna vez se lo propusieron con la dolorosa lucidez que ello exige.

            Finalmente situado en inexcusable primera línea de la responsabilidad nacional, el Partido Popular viene afirmando, por activa y por pasiva, que los imperativos de la recuperación económica serán su prioridad. Pero, pensamos, que tal determinación no puede ignorar la inevitable confrontación política, en sus nuevas expresiones, que se avecina.

            En esa ineludible empresa por la verdadera regeneración democrática, el Gobierno de Madrid, y la mayoría parlamentaria que lo sustenta, tendrán que responder sin excusas al reto del nacionalismo radical: su presencia en las instituciones, la pervivencia larvada –o mutada- de ETA, sus previsibles desaires cotidianos, sus seguros desafíos rupturistas, su irrenunciable avance social… Semejante herencia envenenada, de no pocas cláusulas acaso inéditas o imprevisibles, deberá ser desbrozada por el Partido Popular; y sin el aval del antaño filón de la tradición socialista vasca, ni la de su agónico Gobierno Vasco en retirada.

            Más allá de tan repetidas como inútiles recetas parciales, ya no sirven las improvisaciones. Ni los atajos. Ni los simplismos. Basta ya de tópicos autocomplacientes, excusas tranquilizadoras, cobardías encubiertas. No queda tiempo. Ya no.

 

Diario Liberal, 2/12/11

Las claves del terrorismo. Reseña de Pío Moa de La ruta del odio en Libertad Digital

Las claves del terrorismo. Reseña de Pío Moa de La ruta del odio en Libertad Digital

España es uno de los países más afectados por el terrorismo, y sin embargo los estudios y análisis sobre el mismo han sido pocos y en general romos o mediatizados por ideologías diversas. Con lo que la opinión pública sabe poco del fenómeno, y aun ese poco, distorsionado. Por eso es muy de agradecer el libro de Fernando J. Vaquero Oroquieta La ruta del odio, 100 respuestas claves sobre el terrorismo. 

 

En efecto, a través de cien preguntas que se hace o puede hacer cualquier persona preocupada por el fenómeno, Vaquero va desgranando unas respuestas casi siempre claras y convincentes.

 

Las cuestiones pasan de lo más general a lo más particular, y a la explicación de diversos tipos actuales de terrorismo: cuándo nace este modo de actuar, cómo evoluciona, a qué se debe; su relación con ideologías totalitarias, con los nihilismos y el anarquismo del siglo XIX, con la religión, con el marxismo, con los nacionalismos... Finalmente, aborda sus rasgos en España y en lo que suele llamarse, un poco a la ligera, "mundo globalizado". Sobre todo lo cual ofrece abundantes datos, algunos poco conocidos. Solo esta panoplia de cuestiones ya indica el interés de esta contribución valiosa al análisis de unas formas de violencia política características de la modernidad, es decir, de un mundo poco religioso (el yihadismo merece análisis aparte), pragmático, con gran incidencia de los medios de información y opinión, tendencias democráticas y al mismo tiempo una faceta nihilista.

 

El terrorismo en Occidente viene estrechamente ligado a la propaganda, y en ello consiste su racionalidad. La idea extendida de que los terroristas son psicópatas o idiotas (aunque los hay, como en los propios gobiernos) solo revela simpleza. Ello sin olvidar, desde luego, la amplia difusión de patologías psíquicas y opiniones disparatadas, como podemos constatar fácilmente en internet, donde corren las más alucinadas concepciones de la historia, de la realidad, de la política o de la economía. Ideas que son muy a menudo productos de descomposición del marxismo, que crean en el individuo una mezcla explosiva de esperanzas exaltadas de redención, justicia o felicidad en la tierra... y una frustración simétrica cuando las considera incumplidas, de lo cual acusa apasionadamente a algún culpable general: el capitalismo, el "sistema", el imperialismo, el cristianismo, un gobierno determinado, unas fuerzas oscuras y ocultas que manejarían el mundo para impedir una realización humana tan plena como confusa, según la concibe el frustrado. De ahí una especie de histeria que llega a hacerse masiva y servir de vivero a grupos terroristas. Y no necesariamente, como podría ocurrir ahora con los indignados, en momentos de crisis económica: las movilizaciones juveniles de los prósperos años 60 originaron, precisamente, numerosos grupos terroristas en Europa, Usa y Japón, sin contar el terrorismo palestino, entonces laico y no yihadista.

 

Dejando aparte el islámico, al que se dedica bastante espacio pero que no trataré aquí, el terrorismo en Occidente va estrechamente ligado a dos rasgos característicos de nuestra época: la expansión, desde el siglo XIX, de la sociedad de la propaganda y la información, por un lado, y de un relativismo moral y político que crea la impresión de que cualquier opción puede ser tan legítima como cualquier otra, por otro. Cuando un grupo de personas cree en una opción determinada que choca con la corriente dominante, se encuentra a menudo sin posibilidad de expresarse, o con una expresión sin efecto social. Una salida racional, aun si arriesgada, consiste en recurrir al atentado para obligar a los medios de masas a ocuparse de esa opción. Esta clase de terrorismo se define como "propaganda por la acción", más específicamente por la acción sangrienta, que llega a tener un éxito extraordinario cuando logra engarzar con corrientes políticas más fuertes, aun si no directamente terroristas y de objetivos más o menos afines.

 

Cuando el estado se muestra débil o incapaz ante el ataque, el terrorismo pasa de medio de propaganda a medio de corrosión y derrumbe del propio estado.

 

El caso de la ETA en España es modélico: su racionalidad se ha demostrado muy eficaz para ella, hasta condicionar la evolución política del país de modo extraordinario, y hoy más que nunca. Ello se debe al amplio círculo de simpatías, colaboraciones parciales y deslealtades hacia España y la democracia por parte de muchas de las principales fuerzas del país, que veían en los asesinatos etarras un instrumento útil (recoger las nueces, dijo un famoso delincuente). Creo que el autor del libro queda a medias en este aspecto. Así, atribuye el considerable arraigo popular alcanzado por la ETA a un nacionalismo fuerte y preexistente (basta leer a los fundadores del grupo para entender que su problema era el contrario), o a "debilidad o falta de perspicacia de otros actores políticos", como el PNV. Este partido ha sido uno de los mayores colaboradores de la ETA, no porque se identificase con ella (salvo en el plano separatista), sino porque extraía ventajas políticas directas o indirectas de sus crímenes. También señala Vaquero como causa "un Estado en buena medida inhibido", pero no explica las razones de tan sospechosa inhibición, de las que algo he tratado en La transición de cristal.

 

Con alguna salvedad como esta, nos encontramos con un libro claro, informativo y analítico, una verdadera contribución a la comprensión de un fenómeno tan grave e influyente como mal comprendido.

 

FERNANDO JOSÉ VAQUERO OROQUIETA: LA RUTA DEL ODIO. Sepha, 2011, 429. Prólogo de ANTONIO BERISTAIN.

 

Pío Moa

Suplemento Libros

21/10/11

http://libros.libertaddigital.com/las-claves-del-terrorismo-1276239486.html

Dossier informativo actualizado del libro "La ruta del odio"

Dossier informativo actualizado del libro "La ruta del odio"

Sinopsis del libro

 

La existencia del terrorismo suscita muchas preguntas en la sociedad actual. Este libro responde a las 100 incógnitas más importantes, pretendiendo responder con sencillez y claridad; desde la lógica, el sentido común y las informaciones contrastadas. Y todo ello, con los ojos, la cabeza y el corazón puestos en la situación española en su encrucijada actual.

Una de las conclusiones del libro, a la que pronto llegará el lector, es la siguiente: el terrorismo moderno nace en el siglo XIX alimentado por el nihilismo/anarquismo, el nacionalismo extremo y el marxismo revolucionario. Ya en el siglo XX alcanzará categoría de «ciencia» de la mano del marxismo-leninismo. Por último, y gracias a la globalización, su alcance se ha hecho universal; circunstancia que augura que la imagen de Osama Bin Laden y la amenaza del yihadismo, junto a otras expresiones terroristas, sin duda, nos acompañarán durante muchos años.

 

 

Datos

 

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo
Precio: 22.00 €

Autor: Fernando José Vaquero Oroquieta
ISBN: 978-84-96764-90-3

Páginas: 429

http://www.editorialsepha.com/n/len/0/prd/367/la-ruta-del-odio

 

 

Contenidos

 

http://foroelsalvador.blogia.com/2011/031502-contenido-de-la-ruta-del-odio-.php

 

 

El autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, ha cursado estudios de Criminología en la Universidad del País Vasco. Es coautor del libro La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas (dirigido por José Luis Orella Martínez, prólogo de Fernando García de Cortázar, Grafite Ediciones, Baracaldo, 2006). Ha participado, como fundador o socio, en diversas entidades culturales.

Como articulista y autor de numerosos ensayos, es miembro del consejo de redacción de la revista electrónica Arbil y colaborador de DiarioLiberal.com y ReligionEnLibertad.com; habiendo participado asiduamente en Páginas para el mes, tanto en su versión impresa, como en la digital inicial. Ha sido crítico de libros en la Revista de Historia Contemporánea Aportes y Elsemanaldigital.com. Ha participado como ponente en diversas conferencias, mesas redondas y cursillos de formación, celebrados en diversas ciudades españolas. Su página web es:  http://cronicasnavarras.blogia.com

 

 

Por qué La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo

 

http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=2239&te=&idage=&vap=0&codrel=1142

 

 

Entrevistas televisivas

 

* Popular TV Navarra, 17/03/11

http://www.youtube.com/watch?v=1Slxp_lyZNI

 

* Periodista Digital, 30/03/11.

http://www.periodistadigital.com/politica/justicia/2011/03/31/vaquero-oroquieta-ruta-del-odio-sepha-terrorismo.shtml

 

* Entrevista en Canal 6 Navarra, 19/04/11.

 

 

Entrevistas radiofónicas

 

* Onda Cero Palencia. 14/04/11.

 

* Es.Radio, “Por tierra, mar y aire”, 24/04/11.

http://fonoteca.esradio.fm/2011-04-24/por-tierra-mar-y-aire-terrorismo-y-costa-de-marfil-26968.html

 

* Intereconomía Huesca. 30/04/11.

 

 

Entrevistas escritas

 

* Análisis Digital, por Manuel Morillo, 13/03/11.

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=52243&idNodo=-7

 

* Diario de Navarra, por Marcos Sánchez. 10/04/11.

http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/mas_navarra/hay_que_exigir_eta_que_pida_perdon.html

 

* Religión en Libertad, 07/05/11.

http://www.religionenlibertad.com/articulo_imprimir.asp?idarticulo=15172

 

*  DiarioYa.es,13/12/11.

http://www.diarioya.es/content/los-terroristas-y-sus-amigos-se-sienten-estimulados-por-los-logros-propios-y-premiados-por-l

 

*  Diario La Cámara, 29/12/11.

http://www.diariolacamara.com/2011/12/entrevistas-la-camara-fernando-jose_29.html

 

 

Reseñas del libro

 

* Elsemanaldigital.com, 5/03/11 por Pascual Tamburri.

http://www.elsemanaldigital.com/terrorismo-nace-de-la-izquierda-y-crece-con-nacionalismo-e-integrismo-113253.htm

 

* Dignidad Digital, 8/03/11, por Francisco Díaz de Otazu Güerri. http://www.dignidaddigital.com/?p=verNoticia&idNoticia=7799

 

* Forum Libertas, 10/03/11, por José Luis Orella Martínez.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=19503&id_seccion=13

 

* Hechos de Hoy, 9/03/11, por José Luis Barceló.

http://www.hechosdehoy.com/articulo.asp?idarticulo=6733&cod_aut=a12dcw21ag6ffd

 

* Diario Liberal, 5/04/11, por Milagrosa Romero Samper.

http://www.diarioliberal.com/DL_opinion6.htm

 

* Alfa & Omega

http://www.alfayomega.es/Revista/2011/738/14_libros.php

 

* Razón Española, número 167, mayo-junio 2011, págs. 372 a 375.

http://latreguadeeta.blogia.com/2011/060701--la-ruta-del-odio-resenado-por-gregorio-paz-en-el-numero-167-de-la-revista-de-pe.php

 

* Infocatólica.com, 7 de julio de 2011, por Eleuterio Fernández Guzmán.

http://infocatolica.com/blog/meradefensa.php/1107071218-un-libro-aleccionador-lemgla

 

* Canal Social, 17 de julio de 2011, por María Hens.

http://www.canalsocial.net/secciones/libros/ficha_libro.asp?ID=3108&titulo=La%20ruta%20del%20odio.%20100%20respuestas%20claves%20sobre%20el%20terrorismo

 

* Libertad Digital, 20 de octubre de 2011, por Pío Moa.

http://libros.libertaddigital.com/las-claves-del-terrorismo-1276239486.html

 

* ElPeríodicoDeAquí.com, 11/12/11.

http://www.elperiodicodeaqui.com/noticias/la-ruta-odio-100-respuestas-claves-sobre-terrorismo/12514

 

*  ElLibrePensador.com, 12/12/11.

http://www.ellibrepensador.com/2011/12/12/la-ruta-del-odio-100-respuestas-claves-sobre-el-terrorismo/

 

*  Anika entre libro, por Raúl Borondo, 30/12/11.

http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/v/P07714.ascx

 

 

Especial La ruta del odio en revista digital Arbil, Nº 125, marzo de 2011

 

http://www.arbil.org/arbil125.htm

 

 

Presentaciones públicas

 

* Zaragoza. 30/03/11. Con José Marco Jalle, Vicepresidente nacional de la Asociación de Víctimas del Terrorismo; Francisco Mata Rivas, Abogado y Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

http://www.diarioya.es/content/tolerancia-cero-ante-cualquier-partido-que-cobije-a-terroristas

 

Boletín ACdP. Nº 1146, página 17. Julio-agosto 2011

 

* Palencia. 17/04/11. Con María Olvido del Valle Barrios, Delegada provincial de la Asociación de Víctimas del Terrorismo; Inma Castilla de Cortázar, Presidenta del Foro Ermua, Decana de Medicina, Universidad San Pablo – CEU, Madrid

http://www.aragonliberal.es/noticias/noticia.asp?notid=48599&menu=6

 

* Madrid. 27/04/11. Con Inma Castilla de Cortázar, Presidenta del Foro Ermua, Decana de Medicina, Universidad San Pablo - CEU, Madrid; José Luis Orella, Profesor de Historia de la Universidad San Pablo – CEU, Madrid.

http://cronicasnavarras.blogia.com/2011/041802-presentacion-en-madrid-de-la-ruta-del-odio.-100-respuestas-claves-sobre-el-terro.php

 

* Pamplona. 24/05/11. Con Pascual Tamburri, historiador, analista de Elsemanaldigital.com;  Inma Castilla de Cortázar, Presidenta del Foro Ermua, Decana de Medicina, Universidad San Pablo - CEU, Madrid; Salvador Ulayar, colaborador de Voces contra el Terrorismo.

http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/mas_navarra/ruta_del_odio_100_respuestas_claves_sobre_terrorismo_presentado_pamplona.html

 

http://www.revistahuellas.org/default.asp?id=418

 

http://elirrintzi.blogspot.com/2011/05/terrorismo-en-el-mundo-y-terrorismo-de.html

 

 

Señalamiento y polémica desde Gara

 

http://www.gara.net/paperezkoa/20110912/290248/es/Secta-catolica-cima-educacion-navarra

http://www.gara.net/paperezkoa/20110913/290497/es/El-interes-comunion-liberacion-para-controlar-ensenanza-navarra

http://www.editorialsepha.com/n/len/0/ent/516/gara-senala-a-autor-de-sepha

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/los-proetarras-acosan-dilema-de-la-eta-los-responsables-de-la-ruina-recompensados-10313/

http://www.editorialsepha.com/n/len/0/ent/518/pio-moa-se-hace-eco-del-acoso-de-gara

http://infocatolica.com/blog/meradefensa.php/1109221209-a-lemgcomunion-y-liberacionl

 

 

Otras polémicas

 

http://www.hispanidad.com/Breves/gmez-bermdez-sobre-el-11-m-hay-cosas-tan-graves-que-es-mejor-que-no-s-20111213-147006.html

 

 

Criteria Club

 

* Así lo recoge Editorial SEPHA:

Editorial Sepha ha entrado en Criteria Club de lectores de la mano del libro La ruta del odio. Criteria Club es un prestigioso club de lectura donde seleccionan sus títulos en función de unos criterios propios sobre la calidad y el mensaje de los libros, siempre basados en la tradición, la educación y el respeto religioso.

http://www.criteriaclub.com/la-ruta-del-odio-fernando-josé-vaquero-oroquieta.cr.html

 

 

Hazte Oír

 

* La plataforma de participación ciudadana Hazte Oír se hizo eco de la presentación en Madrid del libro. Link:

http://www.hazteoir.org/evento/38066-presentacion-en-madrid-libro-ruta-odio-100-respuestas-claves-terrorismo

“La ruta del odio” reseñado por Gregorio Paz en el número 167 de la revista de pensamiento Razón Española, páginas 372 a 375.

“La ruta del odio”  reseñado por Gregorio Paz en el número 167 de la revista de pensamiento Razón Española,   páginas 372 a 375.

Razón Española, fundada y dirigida por el político, pensador y diplomático, fallecido en 2002, Gonzalo Fernández de la Mora, es editada por la Fundación Balmes cuya finalidad «es contribuir -en palabras del citado- al desarrollo de una concepción del mundo: el humanismo, que es la sustancia racional de la filosofía cristiana». Su objetivo «no es pragmático, sino teórico; no es inmediato, sino mediato; no es político, sino dialéctico».

Con la revista no se trataba de actuar en política, ni ser portavoz de nadie, sino de pensar con independencia de los partidos contendientes en la arena política española. La revista pretende «ser el hogar espiritual y el portavoz de los intelectuales españoles que comparten una concepción humanista del mundo... Se trata de estimularlos a una solidaria tensión creadora». Así, la revista no se ciñe a patrones previos de ortodoxias eclesiales o partidistas, ni tiene vinculaciones directas o indirectas con ninguna entidad financiera o empresarial, ni con organización sindical o patronal.

Su único criterio es la razón, pensar ideas rigurosas en busca de la verdad, impedir la politización de la inteligencia que corrompe y que hace que las ideas degeneren en ideologías, ya que «la instrumentalización política de la inteligencia aliena el pensamiento y frena el avance de la razón».

Entendía Fernández de la Mora que la significación de Razón Española era «pura y simplemente, que los intelectuales españoles que comparten una concepción humanista del mundo se reúnen para pensar». Frente a un humanismo español inhibido, doctrinalmente desarmado, carente de medios de expresión, «Razón Española aspira a rectificar -en palabras de Gonzalo Fernández de la Mora- la estrategia dialéctica del humanismo en nuestro país...» ya que «no es la retórica oportunista y falaz -seguía diciendo el filósofo razonalista-, sino la verdad experimental y racional la que nos hará libres».

 

Reseña:

 

VAQUERO OROQUIETA, Fernando José: La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo, Sepha, Málaga, 2011. 429 págs.

 

Anualmente, el mercado editorial propone al lector español una media de 20 títulos relacionados con el fenómeno lacerante del terrorismo. Desde novelas trepidantes, pasando por amenos reportajes periodísticos, hasta sesudos ensayos especializados de intelectuales de prestigio.

Entonces, ¿qué puede aportar un nuevo título, elaborado en esta ocasión por un escritor prácticamente desconocido?

Analizando esa marea, importante sin duda, de textos, pueden observarse algunas características comunes:

  1. Participan del discurso “políticamente correcto”; especialmente cuando afirman que el terrorismo está indisolublemente asociado a las religiones. E ignoran, por lo común, las auténticas matrices ideológicas que lo nutren y las complicidades subsiguientes.
  2. Se hace abstracción del protagonista absoluto de esta lacra, bien como víctima, bien como agresor: la persona con sus exigencias de verdad, belleza y sentido; fruto de naturaleza y cultura.
  3. Tienden a desvincular al terrorismo de la realidad social, individual y colectiva del mundo de hoy; como si fuera obra, ante todo, de seres tarados, psicópatas, peligrosos frikis de los extremismos de todos los signos. Eludiendo, así, el cómo personas que afirman luchar en nombre de una utopía redentora de lo humano, cometen los crímenes más execrables, en contundente contradicción con lo que presuntamente les mueve.

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo pretende proporcionar desde la experiencia personal del autor (un navarro comprometido con el movimiento cívico y funcionario de prisiones), y desde la reflexión teórica, una perspectiva global de esta patología social, abordando sin recato alguno esas carencias.

Y lo hace alimentado por la antropología católica y los más relevantes documentos elaborados por la Iglesia local en los últimos años: la Instrucción de la Conferencia Episcopal Española Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002; el libro Terrorismo y nacionalismo, de 2005, un estudio sistemático de la citada Instrucción efectuado por diez hombres y mujeres, intelectuales católicos de primera fila; y la Instrucción Pastoral, de 23 de noviembre de 2006, Orientaciones morales ante la situación de España.

Este texto, por todo ello, profundiza en una afirmación contundente: religión y terrorismo son incompatibles, proporcionando para ello argumentos teóricos y un notable anecdotario, que acreditan que esa asociación es totalmente incierta; no en vano, esas supuestas expresiones de terrorismo religioso se derivan del carisma de personalidades enfermizas situadas en la periferia de algunas confesiones religiosas que las han desautorizado y que, en última instancia, no son sino coartada pseudoideológica de sus desvaríos (Davidianos exadventistas, sincretismo orientalista de Verdad Suprema, etc.). Por el contrario, analiza su relación con los totalitarismos (también presentes, paradójicamente, en un Occidente tan liberal, tolerante y progresista) y los tan incisivos y diversos  nihilismos.

En este contexto también se nutre del texto de Luigi Giussani El sentido religioso, quien puede explicarnos cómo las exigencias del corazón son ignoradas, violentadas o sublimadas, en aras de proyectos ideológicos y vitales contrarios a la naturaleza del ser humano. Como también explica que no pocos terroristas hayan recorrido el camino contrario, reconociendo sus errores merced, más que a otra causa, a encuentros personales rehumanizadores.

Y, para enganchar esta triste realidad con la vida de nuestro mundo, este texto responde, no pocas veces desde una perspectiva “políticamente incorrectas” a cuestiones tan acuciantes como la salud moral de individuos, sociedad y clase política; la globalización; la guerra ABQ y nuclear; el reto del islamismo radical; la crisis de la identidad occidental; la propuesta cristiana. Todo ello mediante la fórmula, de singular fortuna en España, de un catecismo muy particular que engarza con esa particular tradición.

Una de las conclusiones del libro, a la que pronto llegará el lector, es la siguiente: el terrorismo moderno, gestado en el Estado de la Revolución Francesa, nace en el siglo XIX alimentado por el nihilismo/anarquismo, el nacionalismo extremo y el marxismo revolucionario. Ya en el siglo XX alcanzará categoría de «ciencia» de la mano del marxismo-leninismo. Por último, y gracias a la globalización, su alcance se ha hecho universal; circunstancia que augura que la imagen de Osama Ben Laden y la amenaza del yihadismo, junto a otras expresiones terroristas, sin duda, nos acompañarán durante muchos años.

Destacaremos, por último, que el texto complementa su extenso y multidisciplinar estudio con diversos anexos: 100 webs temáticas, 100 organizaciones terroristas, 100 títulos fundamentales, 100 atentados especialmente trascendentes… Y con un prólogo póstumo de quien fuera Maestro y amigo del autor, el fundador del Instituto Vasco de Criminología Antonio Beristain Ipiña, jesuita impulsor también de la victimología.

Fernando Vaquero es licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, habiendo cursado estudios de Criminología en la Universidad del País Vasco. Es coautor del libro La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas (dirigido por José Luis Orella Martínez, prólogo de Fernando García de Cortázar, Grafite Ediciones, Baracaldo, 2006). Ha participado, como fundador o socio, en diversas entidades culturales. Como articulista y autor de numerosos ensayos, es miembro del consejo de redacción de la revista electrónica Arbil y colaborador de Religión en Libertad; habiendo participado asiduamente en Páginas para el mes, tanto en su versión impresa, como en la digital inicial. Ha sido crítico de libros en la Revista de Historia Contemporánea Aportes y Elsemanaldigital.com. Ha participado como ponente en conferencias, mesas redondas y cursillos de formación, celebrados en diversas ciudades españolas.

Con tales armas y bagajes, el lector podrá verificar si este libro responde a tan ambiciosas expectativas.

La destrucción de lo humano en nombre de la utopía totalitaria

La destrucción de lo humano en nombre de la utopía totalitaria

Conferencia pronunciada en Pamplona: La ruta del odio. 24 de mayo de 2011

 

1.- Introducción

 

El terrorismo, como «práctica» o «régimen de terror» al servicio de una ideología en su proyección política, se perfila conceptualmente en la fase más radical de la Revolución Francesa. En aras de unos altos ideales –libertad, igualdad, fraternidad– se emprendió desde el poder estatal, una campaña sistemática de exterminio de grupos humanos enteros, acusados del gravísimo cargo de “enemigos de la revolución”, por su procedencia social, credo religioso o convicciones políticas; culminando en el genocidio de La Vendee. Fue Robespierre quien afirmó el 5 de febrero de 1794 que: «El terror no es otra cosa que la justicia rápida, severa, inflexible; es, por tanto, una emanación de la virtud». Una cruel paradoja de la que los terroristas de toda época no se han podido sustraer: en nombre de una humanidad a la que se pretende redimir a la fuerza, se extermina al ser humano concreto.

 

Con semejante precedente, terror y terrorismo se ganarían un contundente sentido peyorativo: modelo de prácticas despóticas, arbitrarias, contrarias a los más elementales derechos humanos e inaceptables en un régimen de libertades públicas. A ello contribuyó especialmente el gran pensador irlandés Edmund Burke (1729–1797), autor entre otros muchos libros de Reflexiones sobre la Revolución en Francia, en el que calificaba como terroristas a quienes persiguen a la población para retener el poder.

 

No obstante, este terrorismo inicial, que nace en su modalidad de «terrorismo de Estado», evolucionaría rápidamente, de modo que es lugar común circunscribirlo al practicado por grupos clandestinos no estatales.

 

Será en el siglo XIX cuando el terrorismo se configura y desarrolla las características «modernas» con que hoy lo conocemos, especialmente desde el pensamiento anarquista y nihilista, adquiriendo, otra vez, unas connotaciones positivas.

 

Tal es el papel precursor del concepto «propaganda por los hechos», elaborado por Carlo Pisacane. Surgirán así los primeros grupos clandestinos que desarrollaron unos modelos organizativos y tácticos de los que se servirán las sucesivas generaciones de terroristas. En esa línea, corresponde a Sergei Nechaev (1847 – 1882), autor de Catecismo revolucionario, el dudoso mérito de sistematizar todo ello en negro sobre blanco. De hecho, influyó notablemente, junto a otros escritos de autores anarquistas como Bakunin, en diversas organizaciones, impulsando particularmente la eclosión del terrorismo «populista» ruso.

 

Prototipo de organización nihilista será Norodnaya Volya (Voluntad Popular), que nacerá en 1878 en círculos burgueses y universitarios de las grandes ciudades rusas, persistiendo hasta 1881, año en que cayó la mayor parte de dirigentes, siendo ahorcados, a causa de la delación del activista Degayev; uno de los primeros agentes dobles. Aquí encontramos otro fenómeno paralelo: el del contraterrorismo estatal; del que se han derivado no pocos excesos que también hay que denunciar.

 

Otros manantiales nutrieron la praxis y teoría terroristas, como diversos movimientos nacionalistas nacidos en el contexto de descomposición de los imperios otomano y austrohúngaro: en Macedonia, Serbia...

 

Si repasamos la historia del siglo XX, observamos, salvo que algún prejuicio ideológico nos ciegue que, hasta la irrupción del yihadismo, la inmensa mayoría de organizaciones terroristas que han existido compartían una misma ideología: el marxismo, concretamente su formulación leninista. Desde la civilizada Europa, hasta Extremo Oriente, pasando por un Tercer Mundo en descolonización y una América Hispana en crisis permanente; el marxismo-leninismo ha alimentado y nutrido a una inmensa mayoría de terroristas; particularmente a los más cualificados y peligrosos. Será con el marxismo-leninismo, en sus diversas formulaciones, cuando el terrorismo alcanzará la categoría de “Ciencia”: arma de destrucción selectiva, al servicio de unos objetivos políticos utópicos.

 

Mijail N. Tukhatchevsky, quien formara parte del Estado Mayor del Ejército Rojo y dirigiera la Academia de la Guerra de la Unión Soviética en los años veinte, lo explicitó así: «Las insurrecciones victoriosas son aquellas en las que, además de otros factores necesarios para el éxito, existe una dirección firme y experimentada, aquellas en las que el proletariado insurgente ha decapitado la contrarrevolución en el momento oportuno. Esto se puede efectuar de diversas maneras, con una cuidadosa preparación; entre otras cosas, con actos terroristas».

 

Un grupo numeroso de analistas hoy día han señalado a la teoría de la «guerra popular, prolongada y de desgaste» como la elaboración estratégica más decisiva en la configuración de los grupos terroristas y guerrillas marxistas revolucionarias del siglo XX. Mao Zedong, con su estudio Sobre la guerra prolongada (mayo de 1938), es el responsable de esa teoría. Tales grupos compartirían, en general, la doctrina del llamado «nacionalismo revolucionario», entendida como la aplicación del marxismo-leninismo en un determinado marco nacional, y la «guerra popular y prolongada» como modalidad gradual de lucha armada (terrorismo urbano y/o rural, según los casos, guerrilla, insurrecciones, huelgas generales…) que podría combinarse, e incluso subordinarse, a la lucha política legal y parlamentaria.

Todas esas organizaciones pretendían, en unos casos, derrotar a las potencias coloniales (los llamados «movimientos de liberación nacional»), o acelerar las condiciones que favorecieran un cambio revolucionario en un país concreto (los grupos terroristas europeos, principalmente). Pero, en principio, tanto las potencias coloniales como los «Estados burgueses» contarían con unos recursos humanos y materiales casi inagotables; mientras que las organizaciones revolucionarias partirían, generalmente, desde la indigencia más absoluta. ¿Cómo desarrollar, entonces, una estrategia orientada a la victoria? Desde tales premisas, la «guerra popular» propone implicar a toda la población en esa lucha, quiera o no (¿no les recuerda ello a la llamada «socialización del sufrimiento» desatada por ETA en el País Vasco?), y su «prolongación» sería la táctica apropiada para agotar al enemigo; rompiendo los esquemas de «tiempo, espacio y posiciones fijas», característicos de los enfrentamientos bélicos clásicos.

 

Para el marxismo-leninismo-maoísmo, «revolución», «política» y «guerra» son análogos en valor y equivalentes. «Teoría» y «práctica» caminarían juntas empuñando el fusil y el dogma, siendo sus frutos una nueva organización social y un «hombre nuevo»; todo ello revestido de los oropeles de una teorización pretendidamente racional y «científica».

 

Hoy día estamos particularmente preocupados por la difusión y capacidad de destrucción del yihadismo. Lo que muchos no saben es que algunos de sus protagonistas, antes de convertirse en fanáticos supuestamente religiosos, fueron marxistas convencidos. ¿Cómo es posible semejante evolución? Existe un hilo conductor evidente: el totalitarismo, que en breve analizaremos.

 

2.- Concepto

 

Antes de seguir, es preciso emitir su concepto. La LXXIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (Madrid, 22 de noviembre de 2002), en su texto Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, propone la siguiente definición en su punto 5: «el propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, mediante el uso sistemático del terror con una intención ideológica totalitaria». Y por terror entiende la «violencia criminal indiscriminada que procura un efecto mucho mayor que el mal causado directamente, mediante una amenaza dirigida a toda la sociedad», lo que se persigue por medio de una «compleja estrategia puesta al servicio de un fin ideológico […] obteniendo una amplia repercusión política, potenciada por la publicidad que obtienen sus nefandas acciones»; todo lo que lleva a sus autores a entenderla como una actividad «rentable» políticamente.

 

3.- Por qué La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo

 

Partamos de una realidad. Existe, en el mercado editorial español, un importante repertorio de textos –muchos de ellos notabilísimos- cuyo objetivo es abordar, desde una u otra perspectiva, este triste fenómeno. Tanto de la mano de autores españoles, algunos muy cualificados, como de expertos extranjeros, se dispone de una información cada vez más completa de sus diversos rostros.

 

Las que más éxito en ventas alcanzan son, generalmente, investigaciones periodísticas, de carácter descriptivo, con muchas anécdotas, de fácil y muy entretenida lectura. Y no es de extrañar. Muchas de las vicisitudes narradas en esos libros son más apasionantes que las novelas más trabajadas. De nuevo, la vida supera a la ficción. También en España contamos con una buena batería de periodistas especializados en esta disciplina, quienes vienen ofertando, al lector interesado en estos temas, una docena de títulos por año; particularmente en los últimos dos lustros.

 

Se han elaborado, por otra parte, otros productos especializados dirigidos a públicos más minoritarios. Así, encontramos tratados históricos, investigaciones sociológicas, estudios antropológicos, psicológicos y psiquiátricos, análisis geopolíticos y estratégicos, etc.

 

Y a todo ello se le suman –en los últimos años- no pocos volúmenes de memorias y experiencias personales de víctimas...

 

En este contexto, ¿por qué un nuevo título? Vaya por delante una primera aclaración: no es un libro dirigido al segundo de los públicos mencionados; aunque acaso pudiera serles de interés –a alguno de ellos– por nuestra insistencia en un aspecto que, en muchas ocasiones, se ignora, se supone o, simplemente, se desprecia: el factor ideológico. No en vano, en el terrorismo siempre está presente una ideología que lo alimenta y predetermina.

 

Cualquier ideología interpreta la realidad; y algunas más que otras, al violentarla con el precio de un enorme coste humano. Por el contrario, se viene aceptando, poco a poco, tortuosamente en todo caso, la existencia de unos derechos humanos inviolables cuyo reconocimiento y promoción deben regir cualquier política orientada al bien común, como instrumento básico al servicio de la convivencia humana y de sus personas. Pero no lo olvidemos: esos derechos humanos han nacido y se han desarrollado en el seno de la civilización cristiana, lo que ahora, un tanto peyorativamente, se denomina pensamiento judeo-cristiano. Sin embargo, esta concepción de la vida humana y de la organización en sociedad no es aceptada en todo el mundo por los seguidores de determinadas cosmovisiones. Es más, algunas ideologías, las totalitarias, particularmente, que todavía perviven –más o menos transformadas– desprecian, o no pueden concebir, siquiera, tales derechos humanos.

 

Por encima de los derechos individuales siempre estarán –aseguran los totalitarios– los de una sociedad política ideal, utópica difícilmente alcanzable. Habría que remover –insisten los marxistas-leninistas y demás terroristas– todos los obstáculos que impiden la implantación de su utopía, eliminando para ello a cualquier opositor real o imaginario: la «gran hambruna» en Ucrania (conocida como «Holodomor», que segó, en 1932-1933, siete millones de vidas) y Rusia, las «fosas de Katyn», los asesinatos masivos en Paracuellos del Jarama, el GULAG siberiano, el genocidio de Camboya, los reasentamientos humanos de Etiopía, las masacres que precedieron y acompañaron a la Revolución Cultural en China… pero también los innumerables actos terroristas perpetrados por todo el mundo de la mano de numerosas organizaciones terroristas –de ideología marxista revolucionaria– que optaron por la «lucha armada» como vía privilegiada para acelerar el tránsito a su «mundo perfecto» y que precedieron tales genocidios. Un «mundo ideal» que prescindía, en todo caso, de la dignidad del hombre. Y de la mismísima realidad. Existe, pues, una directa relación entre terrorismo y genocidio que no es exclusiva de esa “escuela”. Recordemos el Holocausto nazi, precedido por otras muchas expresiones de violencia política, entre ellas el terrorismo desatado por los nazis austriacos.

 

Entonces, ¿qué puede aportar un nuevo título, elaborado en esta ocasión por un escritor desconocido, de la segunda o tercera fila de escritores internautas?

 

Analizando esa marea, importante sin duda, de textos, pueden observarse algunas características comunes que tratamos de abordar. Debo precisar que, de este análisis excluyo todos los textos que son fruto de memorias o experiencias de víctimas, pues en ellos el “factor humano” es su centro y sentido inicial y último:

 

4.1.- Participan del discurso “políticamente correcto”; especialmente cuando afirman que el terrorismo está indisolublemente asociado a las religiones. E ignoran, generalmente, las auténticas matrices ideológicas que lo nutren.

 

Aquí, parto de otra premisa: la religión es la antítesis del terrorismo. Las exigencias de verdad, belleza y sentido que caracterizan al corazón del hombre, en toda sociedad y época, encuentran su más precisa correspondencia en la propuesta religiosa. El terrorismo violenta en grado extremo ese corazón, negando desde una ideología totalitaria, con su desprecio absoluto hacia lo genuinamente humano, esas exigencias. Así, el terrorista se transforma en una especie de zombi, cuya afectividad y todos sus procesos humanos son distorsionados por el virus de la utopía; lo que deriva en la destrucción del “otro”, ya sea entendido como enemigo de clase, de la construcción nacional, de la raza elegida… ciertamente, en ese recorrido deberá experimentar varias etapas y desarrollar varios mecanismos psicológicos: la transferencia de la responsabilidad de sus crímenes al líder o al objetivo final de su utopía; las deshumanización o extrema cosificación de las víctimas; y la transferencia de culpabilidad a la propia víctima. En todo ese proceso juega un papel decisivo, como todos hemos conocido, y en el que no pocas veces hemos caído, la manipulación del lenguaje. De este modo, la víctima es doblemente agredida. No. Lamentablemente, aunque ello pudiera tranquilizar a espíritus superficiales, el terrorista no es un loco ni un psicópata.

 

Ello engancha con la naturaleza ideológica del terrorismo y con su expresión más dañina: la de los totalitarismos.

 

El totalitarismo se caracteriza por divinizar al Estado, concibiéndolo como un ente absoluto, de modo que éste exige la total subordinación de los grupos sociales –y de la misma conciencia de todos y cada uno de los individuos– a sus dictados políticos y culturales, sirviéndose para ello de un empleo sistemático de la violencia. Un Estado totalitario se atribuye un poder ilimitado, prescindiendo de los derechos fundamentales del hombre, sin reconocer la división de poderes. Ignora a la persona, a la par que ensalza la voluntad y el poder por encima de la razón y la libertad. A todo ello le suma un empleo demagógico de la propaganda, la movilización de las masas encuadradas por un rígido partido único, y el rechazo de toda moral precedente. ¿No les suena a una realidad muy actual?

 

En la página 564 de su libro Los orígenes del totalitarismo (Taurus, Madrid, 1974) Hannah Arendt afirma que «Si la legalidad es la esencia del gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía, entonces el terror es la esencia de la dominación totalitaria». Un terror absoluto que, de medio instrumental, deviene en fin por encima de leyes y principios de cualquier tipo, hasta el punto de que, según señala unas líneas más adelante, «“culpable” es quien se alza en el camino del proceso natural o histórico que ha formulado ya un juicio sobre las “razas inferiores”, sobre los “individuos incapaces de vivir”, sobre las “clases moribundas y los pueblos decadentes”». Existe, pues, una íntima conexión entre terror, totalitarismo y, en consecuencia, terrorismo.

 

Entonces, ¿por qué ese empeño en asociar terrorismo y religión? El motivo no es otro que el integrar otro más de los dogmas de lo “políticamente correcto”, elaborado desde las factorías intelectuales eclosionadas en mayo del 68 y que nos arrastra al tan actual, y en algunos aspectos ya desbordado por la realidad, “1984” de Orwell.

 

Pero lo que puede sorprender a muchos es que, en esta crítica a la religión, confluyen dos concepciones ideológicas aparentemente contradictorias. Por un lado, desde el pensamiento progresista e hipercrítico hoy dominante se pretende eliminar la religión, especialmente la católica, al concebirse como obstáculo del supuesto desarrollo infinito de la ciencia y de la supuesta capacidad del ser humano en su permanente reelaboración y redefinición.

 

Y por otro, desde presupuestos antagónicos, por ejemplo los de de la “Nueva Derecha” pagana, se asegura que el cristianismo, al ser un igualitarismo fruto del monoteísmo según afirman, no respetaría otras identidades que no fueran la propia: así la violencia en todas sus formas anidaría en el cristianismo; también la terrorista. Una coincidencia, ciertamente sorprendente. En última instancia se pretende sacrificar a la religión en aras de un proyecto ideológico utópico e inalcanzable: ya sea un optimismo cientificista, ya el retorno a una comunidad pre-cristiana.

 

4.2.- Se hace abstracción del protagonista absoluto de esta lacra, bien como víctima, bien como agresor: la persona y sus exigencias de verdad, belleza y sentido.

 

¿Quién habla de estas cuestiones en el mundo de hoy? Si alguien ha destacado por su capacidad de diálogo con otras identidades culturales -y con los hombres concretos de nuestro tiempo y sus exigencias elementales- han sido Juan Pablo II y Benedicto XVI. Únicamente desde la conciencia de una identidad cultural y el amor al destino de los demás puede dialogarse, si lo que se pretende es construir y no meramente parlotear. Hoy día se habla mucho y se escucha muy poco; pues la mayoría de interlocutores creen saber todas las respuestas. El relativismo es enemigo del diálogo. Y vivimos en una sociedad relativista. Ya hemos visto como un relativismo extremo, el del nihilismo ruso de finales del siglo XIX, configuró el terrorismo moderno. De ahí, otra importante conexión: la del terrorismo y los diversos relativismos. Relativismo es negar toda certeza. Pero relativismo es también justificar al terrorismo porque éste alegue una naturaleza política.

 

Aquí llega el momento de recordar una cuestión elemental, pero olvidada: la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo, en España, han sido y son católicas. No me corresponde desmentir ni justificar el dañino ejercicio de “equidistancia moral” que han practicado algunos pastores y no pocos clérigos. Pero la realidad es incuestionable: la Iglesia católica ha sido y es refugio de las víctimas en todo el mundo. Hay que ser claros: ni ETA nació en un Seminario, ni la Revolución francesa fue una explosión de amor universal. Son tantos los tópicos circulantes, casi nunca cuestionados, que entorpecen cualquier debate serio que pretenda alcanzar las raíces de los problemas actuales.

 

En defensa de esa asociación, que entiendo es anticientífica, se ha alegado la existencia de determinados grupos. Naciones Arias, los Davidianos, Kach, esgrimían, entre otras muchas y de manera totalmente caprichosa, algunas ideas de origen religioso. Pero, ante todo, eran patologías sociales: grupos de marginados agrupados por personalidades carismáticas, pero manipuladoras sin escrúpulos y enfermas de su propio ego, en los que se mezclaban ingredientes muy variados. Ideas apocalípticas, liderazgos sectarios, prácticas sexuales atípicas, gusto desmedido por las armas… En realidad se presentaban como la exacerbación de tendencias muy “modernas”; pero totalmente contrarias a las prácticas religiosas tradicionales. Por ello, es totalmente científico asegurar que esas supuestas expresiones de terrorismo religioso se derivan del carisma de personalidades enfermizas situadas en la periferia de algunas confesiones religiosas que las han desautorizado como coartada pseudorreligiosa de sus desvaríos.

 

4.3.- Tienden a desvincular al terrorismo de la realidad social, individual y colectiva del mundo de hoy; cómo si fuera obra, exclusivamente, de seres tarados, psicópatas, peligrosos frikis de los extremismos de todos los signos. Así se evita tocar un tema tabú: las complicidades ideológicas, intelectuales y políticas con el terrorismo. Sea como justificación ideológica (son unos chicos un poco equivocados, pero son nuestros chicos); sea en permisividad por   cobardía y cortoplacismo; ya por instrumentalización (unos mueven el árbol y otros recogen las nueces).

 

Como no podía ser de otra forma, son muchas las referencias en este libro a la experiencia española en este ámbito, y a las organizaciones terroristas que han marcado nuestra vida colectiva durante décadas. Y no podía eludirlo, no en vano estamos viviendo, otra vez, un complejo y para nada transparente mal denominado «proceso de paz», de consecuencias imprevisibles y, acaso, temibles.

 

De este modo, entramos en la rabiosa y desbordante realidad que sufrimos. Reproduciré, por ello, dos citas de otros autores que pueden resultar esclarecedoras.

 

Según Rogelio Alonso en su estudio La Resolución del Congreso de los Diputados sobre la lucha contra el terrorismo: un comentario desde la experiencia norirlandesa (Real Instituto Elcano, análisis 79/2005), «Debe recordarse que tanto en el caso de ETA como en el del IRA a menudo se subestima que sus dirigentes han elegido el terrorismo libremente tras descartar otros métodos. No es el terrorismo una simple expresión de protesta espontánea más allá del control de los individuos que lo perpetran, ni una imposición o reacción inevitable ante unas condiciones materiales e históricas determinadas, sino una táctica elegida entre un repertorio de ellas. De ahí que se renuncie a la misma cuando los costes políticos y humanos que de ella se derivan son elevados y cuando las expectativas de éxito desaparecen». En suma, el terrorismo es el fruto de un libre y frío análisis de coste/beneficio.

 

La periodista española Carmen Gurruchaga, especialista en nacionalismo vasco y ETA, finalizaba así unas reflexiones publicadas en el diario La Razón el día 22 de mayo de 2005 en torno al papel de Gerry Adams y Arnaldo Otegi en sus respectivos movimientos: «Antes de iniciar un proceso negociador, el Gobierno de Zapatero no debería olvidar que ETA dejará de existir cuando haya conseguido sus objetivos o, paradójicamente, cuando tenga la seguridad de que no los va a lograr, pero nunca mientras se le ofrezcan expectativas de éxito en sus exigencias». Más claro no se puede decir, ni de forma más sintética.

 

4.4.- En este contexto, La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo pretende, modestamente, proporcionar desde mi experiencia y reflexión, claves, hechos incuestionables, información… en un intento de encarar esas carencias.

 

Para ello me he alimentado por una antropología católica y los más relevantes documentos elaborados por la Iglesia local: la antes mencionada Instrucción de la Conferencia Episcopal Española Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 2002; el libro Terrorismo y nacionalismo, de 2005, un estudio sistemático de la citada Instrucción efectuado por diez intelectuales católicos de primera fila; y la Instrucción Pastoral, de 23 de noviembre de 2006, Orientaciones morales ante la situación de España.

 

Debo destacar que en estos aspectos constitutivos, me he inspirado en el texto de Luigi Giussani El sentido religioso, pues mejor que ningún otro, este sacerdote italiano, ya fallecido, puede explicarnos cómo las exigencias del corazón pueden ignorarse, violentarse o sublimarse, en aras de proyectos ideológicos y vitales contrarios a la naturaleza del ser humano. Como también explica que no pocos terroristas hayan recorrido el camino contrario, reconociendo sus errores merced, fundamentalmente, a encuentros personales rehumanizadores.

 

Por ello este libro está abierto a la esperanza: en la victoria del Estado de derecho y, en última instancia en la posibilidad real del cambio personal del terrorista, de su arrepentimiento.

 

5.- La posibilidad del cambio personal

 

En agosto de 2004, se informó en algunos medios de un hecho acaecido días antes: Francesca Mambro (ex-terrorista neofascista de los Núcleos Armados Revolucionarios) y Nadia Mantovani (ex-terrorista de Brigadas Rojas), participaron juntas en un encuentro organizado en el marco del famoso Meeting de Rimini –una imponente convocatoria anual sociocultural fruto de la viveza del catolicismo italiano de la mano de Comunión y Liberación– reconociendo sus errores y pidiendo perdón.

 

Francesca Mambro, con 20 años de prisión sobre sus espaldas por varios homicidios y pertenencia a banda armada, se encuentra en régimen de arresto domiciliario. Tiene una hija pequeña y trabaja en la asociación Nessuno tocchi Caino («Que nadie toque a Caín»), contraria a la pena de muerte en el mundo. Aseguró que «He cometido muchos errores, crímenes y he destruido mi vida y la de los demás. Hemos elegido un camino sin salida». También afirmó que había reflexionado sobre los mecanismos que en su juventud le llevaron «a buscar la venganza que lleva a destruir la vida. Lo que no entiendo es cómo a los 40 o a los 50 todavía se pueden mantener rencores y furores ideológicos». Aseguró que pretendía «devolver el bien que he recibido durante los años que he pasado en la cárcel; transformar el mal que he hecho en bien, gracias a la ayuda de personas excepcionales, como el padre Adolfo Bachelet». Igualmente, habló de la amistad que le une al familiar de una de sus víctimas: «Una de mis grandes amigas es la nieta de un carabinero al que asesinamos en Padua. Un día me llamó y me pidió información sobre mi trabajo. Después me desveló quién era, y me dijo ‘no quiero crecer con el odio hacia ti y a tu marido’».

 

Nadia Mantovani, por su parte y en el otro extremo del espectro político, está condenada a 23 años de prisión y se encuentra en libertad condicional desde 1985. Trabaja como voluntaria en la asociación de ayuda a los presos Verso Casa. Afirmó que «Mi presente está muy lejano de mi pasado, aunque todavía no he terminado de reflexionar sobre mi vida. Quería cambiar el mundo y he cometido muchos errores; de mi historia salvo poco, pero algo salvo, como el amor por la justicia y la solidaridad». Su estancia en prisión le sirvió como «una etapa de reflexión continua», aprendiendo que «cada diferencia, desde la ideológica a la religiosa, es una riqueza; nos hace aprender a ser tolerantes, aunque quizá la palabra tolerancia no es la más adecuada, sino la de acogida del otro».

 

Sin duda la estancia en prisión les ayudó a cambiar, junto a encuentros repersonalizadores; pero todo ello en el marco de un triunfo del Estado de derecho.

 

Cal Thomas, en su artículo El converso, difundido el 25 de agosto de 2006 por el Grupo de Estudios Estratégicos, relataba su encuentro con Sam Soloman, seudónimo que encubre a un ex imán experto en islam radical que preparó a numerosos candidatos al «martirio». A una pregunta de Cal Thomas, acerca de la mejor estrategia posible para combatir al terrorismo yihadista, respondió así: «No se puede combatir simplemente por la fuerza. Es necesario que se combata ideológica y espiritualmente, [así como] a través de las armas». Una respuesta que pone de relieve la insuficiencia de la mera represión policial y la necesidad de una propuesta alternativa vital atractiva que aísle a los terroristas de sus potenciales apoyos.

 

Este tipo de posicionamientos, parece ser, son excepcionales. Pero demuestran que el cambio personal también es posible para los terroristas. De modo que si la infección ideológica deshumaniza a quienes atrapa, arrastrándolos por la ruta del odio, también es posible la cura.

 

6.- Conclusión

 

Y ya voy terminando.

 

Dado que el terrorismo es un fenómeno poliédrico, me he esforzado también en tratar de responder a cuestiones tan acuciantes como la salud moral de individuos, sociedad y clase política golpeados por el terrorismo; el síndrome de Estocolmo; el tratamiento informativo del terrorismo; el papel decisivo de las mujeres en el movimiento de víctimas; la globalización; la guerra ABQ; el contraterrorismo; el terrorismo de la extrema derecha; la crisis de la identidad occidental; la propuesta cristiana. Todo ello mediante la fórmula, de singular fortuna en España y en Navarra, de un catecismo muy particular que engarza con esa particular tradición didáctica.

 

Este estudio de naturaleza multidisciplinar lo he complementado con diversos anexos: 100 webs temáticas, 100 organizaciones terroristas, 100 títulos fundamentales, 100 atentados especialmente trascendentes…

 

Todo ello, precedido por un prólogo póstumo de quien fuera mi Maestro y amigo, el fundador del Instituto Vasco de Criminología Antonio Beristain Ipiña, jesuita impulsor también de una jovencísima disciplina humanística, la victimología, que pretende situarlas en la base de un nuevo sistema penal que siempre se ha elaborado desde la persona del delincuente; ignorando a las víctimas.

 

No podía dejar de trazar, aunque sea mediante un brevísimo apunte, otra terrible expresión actual del terrorismo. Me refiero al del yihadismo. El islamismo es un intento legítimo de reforma religiosa mirando a los orígenes. No podemos identificar automáticamente islamismo con yihadismo terrorista. Permítame una breve lectura sintética y esclarecedora: «Una interpretación del Islam que considere como su núcleo la entrega a Dios está reñida con una interpretación político-revolucionaria, en la cual la cuestión religiosa se convierte en parte de un chauvinismo cultural y con ello subordinada a lo político». Lo dijo Hassan II y lo recogió Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, en Una mirada a Europa, ya en 1993.

 

El lector podrá confirmar si este libro responde a tan ambiciosas expectativas. En cualquier caso, el resultado habría sido muy diferente de no haberse gestado en el seno de la Iglesia –divina y humana, acaso demasiado humana- y en la compañía muy concreta de mis amigos cristianos y de tantas personas de bien, de otros credos y convicciones, que he tenido la fortuna inmerecida de encontrar.

 

Pero no habría sido posible sin el crisol del sufrimiento personal. Las víctimas del terrorismo suelen afirmar que no se puede comprender su sufrimiento sin haber pasado tan difícil prueba. En mi caso particular asumo y comprendo que he podido hablar y reflexionar durante años desde la distancia, desde la inteligencia; pero no desde la carne. Acaso el sobrevivir a Miguel, mi hijo mayor, haya podido humanizarme y sacar de mi interior cierta capacidad de empatía, de ponerme en el lugar de los que sufren, que antaño no fuera capaz de mostrar, redundando en un intento, al menos, de honradez intelectual.

 

Concluiré con una última afirmación. La respuesta de una sociedad y de un Estado al terrorismo es termómetro de su salud colectiva, expresión muy concreta de sus valores morales. Aunque según los estudios demoscópicos ya no constituya una de las preocupaciones más acuciantes de los ciudadanos -¡qué corta memoria la nuestra!- esa respuesta cuestiona las bases de nuestra convivencia: coloca en la lupa del análisis y de la movilización, la textura y consistencia de la vida en común y de nuestra viveza humana.

 

En nuestro actual contexto, desde la esperanza en el cambio personal y colectivo, no hay otra salida que la resistencia. No hay atajos. Apoyo y escucha de las víctimas; fortalecimiento de la moral ciudadana; combate cultural; reconstrucción constante del movimiento cívico;  interpelación y vigilancia de los políticos; denuncia de los atropellos y desenmascaramiento de las coartadas ideológicas de terroristas, cómplices y oportunistas; lucha legal; trabajo doctrinal...

 

Firmeza y convicciones. Sin desmayo. Con esperanza.

 

Muchas gracias.

 

Pamplona, 24 de mayo de 2011

Si gana ETA, pierde la democracia

Si gana ETA, pierde la democracia

El martes 24 de mayo de 2001 se desarrolló en Pamplona la primera de las jornadas “Sociedad libre y terrorismo” organizadas por la Fundación sociocultural Leyre.

 

Así, fue presentado en público el libro La ruta del odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo, de Fernando Vaquero Oroquieta.

 

La presentación de los ponentes corrió a cargo de D. Pascual Tamburri, historiador, redactor de Elsemanaldigital.com, por parte de la Fundación Leyre.

 

Inició el turno de intervenciones Dª. Inma Castilla de Cortázar, presidenta del Foro Ermua y Decana de Medicina de la Universidad CEU – San Pablo de Madrid.

Denunció, en primer lugar, la escandalosa negociación que el Gobierno está manteniendo con ETA, cuyo precio es desconocido. Prueba de ello es cómo el Tribunal Constitucional, de naturaleza eminentemente política, ha dado paso a la expresión política de ETA, BILDU.

Tras repasar la tortuosa reciente historia de la lucha antiterrorista, afirmó que si ETA ha sobrevivido lo ha sido por haber disfrutado, globalmente considerado este periodo, de una casi absoluta impunidad.

ETA-BILDU, aseguró, “están deslegitimados, pues persiguen sus objetivos de siempre, por los que han asesinado y extorsionado a toda la sociedad española: ellos no se han movido”. Y, ante el cortoplacismo de los políticos, es la ciudadanía la que de nuevo tendrá que movilizarse. “Es un problema político, que no partidista”, aseguró. “Si ETA gana, se acabó la democracia”, concluyó.

 

Le siguió D. Salvador Ulayar, victima del terrorismo y colaborador de Voces Contra el Terrorismo.

Partió de una convicción personal: “Hay batallas morales que hay que dar. Por eso estoy en esta mesa”. Y más cuando se ha retrocedido 15 años en la lucha antiterrorista.

Denunció falsos tópicos, tales como que los terroristas están locos, o que esto no se acaba por que no lo quieren los políticos. Tales excusas son el fruto de la pereza intelectual o de una cobardía moral.

Comparte la afirmación insistente del libro presentado en el sentido de que hay ideologías que sustentan a los terroristas. No se trata de un fácil modus vivendi, sino de una opción de rentabilidad política por la que están dispuestos a asesinar y a sufrir para ello.

Denunció la pretensión de que se olvide el pasado: un tiempo reciente en el que “asesinaron y atentaron no sólo contra las víctimas directas e indirectas, sino contra toda la nación española”.

“Quieren enterrar a los muertos, pero no se puede enterrar el pasado”. Y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero quiere que les salga gratis a los terroristas. Por ellos, “las víctimas quieren justicia política”, según la fórmula de Aurelio Arteta, pues han perpetrado delitos políticos contra toda la sociedad, destrozando la convivencia y tantos otros bienes públicos.

Tras manifestarse en contra de una culpabilización de las víctimas, lo que sucede a su juicio cuando se les plantea que perdonen a los terroristas, pidió que se les proteja de una carga que no les corresponde.

En el contexto actual, de retroceso en la lucha antiterrorista, hizo propia la afirmación de Primo Levi: “Siempre nos quedará la libertad de no dar nuestro consentimiento”.

Por último, explicó que “pedir justicia no es querer venganza. Las víctimas no se han tomado nunca la justicia por su mano. Pero pretender destrozar a ETA desde la legalidad democrática es tratar de destrozar al odio y al terror”.

 

Fernando Vaquero, autor del texto, en su larga exposición, afirmó que “el terrorista se transforma en una especie de zombi, cuya afectividad y todos sus procesos humanos son distorsionados por el virus de la utopía; lo que deriva en la destrucción del “otro”, ya sea entendido como enemigo de clase, de la construcción nacional, de la raza elegida… ciertamente, en ese recorrido deberá experimentar varias etapas y desarrollar varios mecanismos psicológicos: la transferencia de la responsabilidad de sus crímenes al líder o al objetivo final de su utopía; las deshumanización o extrema cosificación de las víctimas; y la transferencia de culpabilidad a la propia víctima. En todo ese proceso juega un papel decisivo la manipulación del lenguaje”.

Aseguró que muchos análisis sobre el terrorismo “evitan tocar un tema tabú: las complicidades ideológicas, intelectuales y políticas con el terrorismo. Sea como justificación ideológica (son unos chicos un poco equivocados, pero son nuestros chicos; como persiguen objetivos políticos, habrá que escucharlos); sea en permisividad por cobardía y cortoplacismo; ya por instrumentalización (unos mueven el árbol y otros recogen las nueces).

Concluyó asegurando que “la respuesta de una sociedad y de un Estado al terrorismo es termómetro de su salud colectiva, expresión muy concreta de sus valores morales. Aunque según los estudios demoscópicos ya no constituya una de las preocupaciones más acuciantes de los ciudadanos -¡qué corta memoria la nuestra!- esa respuesta cuestiona las bases de nuestra convivencia: coloca en la lupa del análisis y de la movilización, la textura y consistencia de la vida en común y de nuestra viveza humana”. Por ello, “desde la esperanza en el cambio personal y colectivo, no hay otra salida que la resistencia. No hay atajos. Apoyo y escucha de las víctimas; fortalecimiento de la moral ciudadana; combate cultural; reconstrucción constante del movimiento cívico;  interpelación y vigilancia de los políticos; denuncia de los atropellos y desenmascaramiento de las coartadas ideológicas de terroristas, cómplices y oportunistas; lucha legal; trabajo doctrinal...”.

 

A su intervención siguió un largo y denso debate, en el que se expusieron experiencias personales, reflexiones políticas y análisis electorales.

 

La próxima sesión de las jornadas tendría el miércoles 25 de mayo en el Hotel Tres Reyes, Salón Cristina (Jardines de la Taconera, 1) de Pamplona.

Bajo el título de “La actual negociación con ETA”, Dª. Inma Castilla de Cortázar, presidenta del Foro Ermua y Decana de Medicina de la Universidad CEU – San Pablo de Madrid disertó al respecto, previa presentación a cargo de D. José Manuel Ayesa. Expresidente de la Confederación de Empresarios de Navarra y Vicepresidente Foro Ermua.

 

http://www.revistahuellas.org/default.asp?id=418

"La ruta del odio.100 respuestas claves sobre el terrorismo", presentado en Pamplona

"La ruta del odio.100 respuestas claves sobre el terrorismo", presentado en Pamplona

El escritor Fernando José Vaquero, autor de "La ruta del odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo", considera que el terrorismo "evoluciona eliminando límites éticos, ampliando su campo de acción e incorporando nuevas tecnologías y persiguiendo sus objetivos en cualquier lugar del planeta".

Los límites éticos que se imponían las primeras organizaciones terroristas "se van eliminando progresivamente" y así se ha pasado de algunos terroristas que "llegaron a sacrificar su vida antes de que hubiera víctimas inocentes" a los "atentados indiscriminados y masivos del terrorismo de Bin Laden".

Vaquero se ha pronunciado en este sentido en declaraciones a Efe con motivo de la presentación en Pamplona de su obra, dentro de las jornadas "Sociedad libre y terrorismo" que ha organizado la Fundación Sociocultural Leyre.

En su libro habla del terrorismo desde una perspectiva amplia y así, partiendo de los orígenes ideológicos, analiza todo tipo de organizaciones terroristas, la cultura organizativa de esos grupos y sus relaciones con las diversas ideologías desde la revolución francesa, pasando por el anarquismo, el nacionalismo de finales del siglo XIX, el marxismo-leninismo o el yihadismo.

La mentalidad terrorista, la relación entre terrorismo y violencia política, el terrorismo en la época de la globalización, la lucha contra el terrorismo en los estados, si es lícito negociar o no o las relaciones entre el terrorismo y las religiones son otras de las cuestiones recogidas en su libro.

Con él, según ha comentado, intenta proporcionar "una perspectiva global del fenómeno terrorista incidiendo sobre todo en la dimensión ideológica, pero todo atravesado por una perspectiva antropológica, católica, de la vida de la existencia y de la persona".

"La idea central es que el terrorismo responde a motivaciones de tipo ideológico totalitario que en nombre de una utopía, ya sea de clase, de construcción nacional, de raza o de sociedad idílica, se vuelve contra la persona", ha precisado el autor.

En opinión de Vaquero, los terroristas tienen "muchos elementos comunes" y es que "se convierten en zombis de la ideología porque su afectividad, sus mecanismos humanos se transforman profundamente".

"El terrorista es una persona que realiza un cálculo de rentabilidad política de coste-beneficio y considera que ése es un atajo para conseguir una serie de objetivos que por otras vías tardaría mucho en conseguirlos o no los conseguiría jamás", según Vaquero, quien ha subrayado que eso es "común a cualquier tipo de terrorismo".

Desde un punto de vista sicológico, según ha señalado, "los terroristas, vivan donde vivan y en la época que sea, tienen unas características comunes, una mentalidad muy parecida de subordinar las necesidades personales a lo colectivo".

En este sentido ha añadido que "se integran en una estructura jerárquica de tipo autoritario, en la que la clandestinidad y eso se impone por encima de las demás exigencias personales y por lo tanto las exigencias del corazón, de belleza, de justicia quedan sublimadas en el nombre de una ideología".

Al realizar este estudio le llamó la atención que el "terrorismo llegó a convertirse en una auténtica ciencia de la mano del marxismo leninismo", ya que existen bastantes estudios que proporcionan "instrumentos teóricos muy precisos al terrorismo".

Sobre ETA ha comentado que "no es un fenómeno aislado de la realidad social, a lo largo de su historia ha construido una contrasociedad, una sociedad paralela a la sociedad democrática en la que un miembro de ETA o simpatizante que participa de su ideología puede vivir en clave radical 24 horas al día".

"Han construido un entramado social muy potente, en parte porque desde la sociedad democrática no se ha actuado con inteligencia y perspectiva estratégica, que ha permitido que se adapte a las circunstancias e incorpore nuevos elementos ideológicos, que se anticipe a movimientos sociales determinantes de la época como el feminismo, ecologismo, la antropología crítica...", ha manifestado.

En su opinión, "ETA, desde una táctica marxista leninista, ha dotado a la ideología nacionalista de una organización de nuevo tipo muy compleja que es un fenómeno prácticamente único".

 

http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/mas_navarra/ruta_del_odio_100_respuestas_claves_sobre_terrorismo_presentado_pamplona.html

«El terrorista se transforma en un zombi infectado por una ideología totalitaria», dice Vaquero

«El terrorista se transforma en un zombi infectado por una ideología totalitaria», dice Vaquero

«La religión es la antítesis del terrorismo». Ésta es una de las afirmaciones para entender el fenómeno del terrorismo según su autor.

 Actualizado 7 mayo 2011 - 7:18

Koldo Goñi/ReL

 

Colaborador de ReL, el pamplonés Fernando Vaquero Oroquieta desmenuza el terrorismo, en un libro ameno y didáctico titulado La ruta del odio. 100 respuestas clave sobre el terrorismo.

 

Dotado de la coherencia interna que proporciona su cosmovisión cristiana, puede abrirse por cualquiera de sus 100 respuestas disfrutándose con su lectura. Y no elude cuestiones espinosas, como la tan manida vinculación de religiones/terrorismo.

- ¿Es el terrorismo una consecuencia de las religiones?
- No, al contrario: la religión es la antítesis del terrorismo. Las exigencias de verdad, belleza y sentido que caracterizan al corazón del hombre, en toda sociedad y época, únicamente encuentran su justa correspondencia con la propuesta religiosa. El terrorismo violenta en grado extremo ese corazón, negando desde una ideología totalitaria, con su desprecio absoluto de los derechos humanos, esas exigencias. Así, el terrorista se transforma en una especie de zombi, cuya afectividad y todos sus procesos humanos son distorsionados por el virus de la utopía; lo que deriva en la destrucción del “otro”, ya sea entendido como enemigo de clase, de la construcción nacional, de la raza elegida…

- Sin embargo, es lo que se afirma desde buena parte de los medios de comunicación…
- Y desde las cátedras, etc. No podía ser de otra manera, pues ello forma parte de lo “políticamente correcto”. Pero lo que puede sorprender a muchos es que, aquí, confluyen dos concepciones ideológicas aparentemente contradictorias. Por un lado, desde el pensamiento progresista e hipercrítico hoy dominante, se pretende eliminar la religión, especialmente la católica, al concebirse como obstáculo del supuesto desarrollo infinito de la ciencia. Y por otro, desde presupuestos antagónicos, por ejemplo los de de la “Nueva Derecha” pagana, se asegura que el cristianismo, al ser un igualitarismo fruto del monoteísmo según afirman, no respetaría otras identidades que no fueran la propia: así la violencia en todas sus formas anidaría en el cristianismo; también la terrorista. Una coincidencia, ciertamente sorprendente. En última instancia se pretende sacrificar a la religión en aras de un proyecto ideológico utópico e inalcanzable: ya sea un optimismo cientificista, ya el retorno a una comunidad pre-cristiana.

- Pero, si hoy día todo es relativo, si todo puede discutirse, si las viejas ideas se han derrumbado, ¿no es la religión enemiga del diálogo y de la tolerancia?
- Me remito a la realidad. Si alguien ha destacado por su capacidad de diálogo con otras identidades culturales -y con los hombres concretos de nuestro tiempo- han sido Juan Pablo II y Benedicto XVI. Únicamente desde la conciencia de una identidad cultural y el amor al destino de los demás puede dialogarse, si lo que se pretende es construir y no meramente parlotear. Hoy día se habla mucho y se escucha muy poco; pues la mayoría de interlocutores creen saber todas las respuestas. El relativismo es enemigo del diálogo. De hecho, un relativismo extremo, el del nihilismo ruso de finales del siglo XIX, configuró el terrorismo moderno en todas sus dimensiones; si bien sería el marxismo-leninismo el que le dotó con su carácter de presunta “ciencia”.

- ¿No podría interpretarse que, dadas sus creencias personales, el juicio que emite en su libro sobre el papel de la Iglesia católica es muy benevolente?
- ¿Lo dice por mis parcas referencias a la actitud de algunos obispos vascos? Pero, ¿no olvida usted que la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo, en España, han sido y son católicas? No me corresponde desmentir ni justificar el dañino ejercicio de “equidistancia moral” que han practicado algunos. Pero la realidad es incuestionable: la Iglesia católica ha sido y es refugio de las víctimas en todo el mundo. Hay que ser claros: ni ETA nació en un Seminario, ni la Revolución francesa fue una explosión de amor universal. Es más, en el segundo caso se perpetraron el primer terrorismo de Estado y el primer genocidio moderno. Son tantos los tópicos circulantes, casi nunca cuestionados, que entorpecen cualquier debate serio.

- Usted insiste en desvincular religión y terrorismo. Sin embargo, el nuevo terrorismo se presenta teñido de religiosidad. Me refiero al islamismo…
- El islamismo es un intento legítimo de reforma religiosa mirando a los orígenes. No podemos identificar automáticamente islamismo con yihadismo terrorista. En el libro reservo al tema no menos de su décima parte: es injusto e incorrecto liquidar el tema con un par de tópicos al uso; sean del color que sean. Permítame una breve lectura: «Una interpretación del Islam que considere como su núcleo la entrega a Dios está reñida con una interpretación político-revolucionaria, en la cual la cuestión religiosa se convierte en parte de un chauvinismo cultural y con ello se subordina a lo político». Lo dijo Hassan II y lo recogió Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, en Una mirada a Europa, ya en 1993.

- Entonces, grupos como Verdad Suprema, Naciones Arias, los davidianos de Waco, Kach… ¿no eran, acaso, grupos religiosos?
- Esgrimían, entre otras muchas y de manera totalmente caprichosa, algunas ideas de origen religioso. Pero, ante todo, eran patologías sociales: grupos de marginados agrupados por personalidades carismáticas, pero manipuladoras sin escrúpulos y enfermas de su propio ego, en los que se mezclaban ingredientes muy variados. Ideas apocalípticas, liderazgos sectarios, prácticas sexuales atípicas, gusto desmedido por las armas… En realidad se presentaban como la exacerbación de tendencias muy “modernas”; pero totalmente contrarias a las prácticas religiosas tradicionales. En cualquier caso hay que hilar muy fino con estas cuestiones; lo que no suele hacerse. En tiempos en los que la confusión impera por doquier, es necesario un esfuerzo de clarificación. Por ello escribí, entre otros motivos, este libro. Me gusta debatir. Pero la descalificación, previa colocación de etiquetas, es lo que predomina en el horizonte actual. Que por nosotros no sea.