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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Elecciones parciales en Líbano: ¿todo sigue igual?

Elecciones parciales en Líbano: ¿todo sigue igual?

Sus dos grandes retos: la paz y la democracia; siempre que Hizbulá y Siria lo permitan

El domingo 15 de julio tuvieron lugar en el distrito de Koura (Gobernación de Líbano Norte), elecciones parciales, convocadas para la sustitución del veterano parlamentario de Fuerzas Libanesas, Farid Habib, fallecido recientemente; escaño correspondiente a la minoría greco-ortodoxa.

Los electores de Koura debían elegir entre media docena de candidatos, si bien únicamente Fady Karam y Walid Azar, cabezas, respectivamente, de las dos grandes coaliciones rivales a nivel nacional, tenían opciones reales.

En ambos casos, dada las peculiaridades constitucionales del pequeño país, se trataba de políticos greco-ortodoxos presentados por partidos significativamente cristianos.

Fady Karam era el candidato de Fuerzas Libanesas: el partido mayoritariamente cristiano más relevante en el amplio arco parlamentario de la anti-siria Alianza 14 de Marzo, encabezada por el musulmán suní Movimiento Futuro de Saad Hariri. En esta lid le apoyaban sin fisuras el Kataeb de Amín Gemayel y el Partido Nacional Liberal del clan Chamoun; relevantes particularmente en la comunidad maronita católica.

Por su parte, Walid Azar era el candidato afín al actual gobierno de la pro-siria coalición 8 de Marzo, liderada por el potente Hizbulá. Le respaldaba su propia formación, particularmente relevante en la historia de las ideas políticas de Oriente Próximo, aunque de escasa representación hoy: el Partido Sirio Social Nacionalista. También le apoyaban, no podía ser de otra manera, el Movimiento Patriótico Libre de Michel Aun y el partido Marada del clan Franjieh; ambos también maronitas.

Un total de 60.000 electores fueron convocados: greco-ortodoxos en su mayoría, con la presencia de 16.000 maronitas, 6.000 sunís y un millar de chiís.

Con una participación electoral de poco más del 47 %, ha sido la campaña más politizada de la reciente historia política del país. Así, el líder de Fuerzas Libanesas, el poliédrico Samir Geagea, llegó a plantear el escrutinio como un enfrentamiento entre la Siria totalitaria de Bashar al-Assad, y el legado humanista-democrático del filósofo Charles Malek: ex ministro libanés, coautor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y cofundador de la Organización de Naciones Unidas; entre otros indudables méritos. Casi nada.

Con todo, las elecciones se desarrollaron de forma pacífica y ejemplar. Poco más de 1.200 votos separaron finalmente a ambos candidatos, reproduciéndose los resultados de 2009: Fady Karam ganó, de nuevo, su escaño para Fuerzas Libanesas; por lo menos hasta 2013 en que tendrán lugar elecciones legislativas generales. Y todos los participantes se han felicitado por los resultados, la ejemplaridad democrática y la madurez alcanzada: todo un éxito en el convulso y escasamente democrático Oriente Próximo.

Así, ¿todo sigue igual en Líbano? Pudiera ser.

De entrada, la vida continúa para la gente de la calle; para los ciudadanos normales preocupados por los constantes cortes de electricidad, la contaminación, el altísimo coste de la vida, el hundimiento del turismo, la carencia de un gobierno fuerte, las manifestaciones callejeras de los extremistas, el miedo a la extensión del conflicto sirio...

En todo caso, los libaneses, pueblo comerciante por naturaleza y acostumbrado a salir adelante al margen de un gobierno propio jamás fuerte, seguirá acreditando una de sus grandes cualidades: la de la supervivencia.

Hizbulá, el más potente e inquietante actor de la vida nacional libanesa, persigue la conquista de todo el poder; poco a poco, sin concesiones, implacablemente. Por ello defiende, ahora mismo, un cambio constitucional que, dada su presión demográfica, consolidaría, sin posible marcha atrás, su progresiva implantación en buena parte del país y en más y más resortes estatales. La reforma constitucional, con la implantación del criterio electoral proporcional, es su actual caballo de batalla. A su vez, cristianos de todas las confesiones y musulmanes sunitas temen que semejante cambio fuera el principio del fin de la peculiar democracia libanesa y del pluralismo real que garantiza su atípico -desde las estrechas miras europeas- reparto institucional entre las 18 comunidades religiosas presentes.

Por otra parte, Hizbulá sufre una creciente tensión, sin llegar a cuestionar al menos de momento la coalición, con su principal socio: el “cristiano” Movimiento Patriótico Libre de Michel Aun.

Si algo caracteriza a Hizbulá es su decidido y frío tacticismo. Así, este partido/milicia/estado/grupo terrorista, se ha servido, según la conveniencia del momento, de cualquier medio en orden a sus intereses a corto, medio y largo plazo. Por ello, tendrá que acreditar que es una fuerza que respeta el juego democrático. Un reto difícil, como tan inescrutable es su verdadera naturaleza. Terrorista sin escrúpulos durante décadas. Celoso controlador, todavía hoy, de unos potentes arsenales militares con los que derrotó a Israel: ¡es la única milicia libanesa que no se ha desarmado! Triunfador, en varias crisis, frente al mismísimo ejército regular libanés. Movilizador implacable y apabullante de sus masas en las calles de Beirut y buena parte del país. Conquistador de mayorías parlamentarias y del mismísimo gobierno…

Tal es la realidad: Hizbulá tiene la clave del futuro del país. Ya controla una mitad. Y ya lo hacía antes de entrar en el gobierno. Si en el futuro su representatividad llega a ser proporcional, no tendrá rival alguno en su voluntad de control de la totalidad de la vida pública de la nación. ¿Qué futuro esperaría, en tal caso, a las minorías religiosas? ¿Qué sería de la democracia? ¿La lenta e irremediable extinción de todas ellas?

La coalición 14 de Marzo espera con temor la cita de 2013; pero también con la esperanza de tratar de recuperar, para la “Revolución de los Cedros”, un gobierno hoy en manos pro-sirias; más cuando -al menos políticamente- el régimen sirio está condenado.

El mayor reto del país, y en buena medida asociado a la pervivencia de las actuales prácticas democráticas, es la salvaguarda de la paz. Una cruel guerra civil de 15 años de duración. La subsiguiente ocupación siria del país durante otros 20. La permanente belicosidad de su temible vecino israelí… Un reto gigantesco para la paz que tanto anhelan –colmo disfrutan hoy- sus habitantes.

En este contexto, si algo comparten todos los partidos libaneses, es su rechazo a una temida extensión del conflicto civil sirio. Ninguno ganaría con ello. Hizbulá quedaría fatalmente unido en su suerte a la del régimen sirio. Los cristianos estarían abocados al exilio y la emigración. La milenaria brecha entre sunitas y chiís se ensancharía todavía más, condenados a un enfrentamiento a muerte.

Salvo algunos extremistas partidarios de la estrategia del “cuanto peor, mejor”, que podemos situar en la órbita del salafismo suní más extremo, la voluntad del pueblo libanés, y de sus políticos, es salir adelante, convivir en paz y servirse de la política como un instrumento al servicio de los intereses comunitarios.

Aparentemente nada ha pasado el pasado domingo: todas las incógnitas siguen abiertas.

Paz y democracia: los grandes retos del pueblo libanés. Y todo ello, en buena parte, dependiente de la agenda política “real” de Hizbulá y de la suerte de su estrecho aliado, el actual régimen sirio.

Líbano, campo de batalla del panislamismo, del nacionalismo árabe, de los amigos de la gran nación siria, del nacionalismo fenicio y cananeo, seguirá de actualidad. Con toda la pasión. Con toda su vitalidad. Con todo su drama.

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.diarioya.es/content/elecciones-parciales-en-líbano-¿todo-sigue-igual

 

El Líbano que encontrará Benedicto XVI

El Líbano que encontrará Benedicto XVI

El Líbano es un pequeño país, del tamaño de Navarra, bastante desconocido en España; salvo para los cientos de militares que allí vienen sirviendo en FINUL en el sur limítrofe con Israel. Su sola mención sigue invocando -a muchos de nosotros- guerras interminables, crueles matanzas de “todos contra todos”, ocupaciones extranjeras, bombardeos brutales… Pero Líbano es mucho, muchísimo más.

Al término de este verano, el país de los cedros volverá a ser noticia; pero, esta vez sí, con ocasión de esperanzadores encuentros, diálogos interreligiosos, y búsquedas a tientas de la paz: Benedicto XVI visitará este martirizado país. A punto de ser suspendido en varias ocasiones, por el lógico temor a una extensión del conflicto civil armado sirio, la Santa Sede informó que el viaje tendrá lugar los días 14 a 16 de septiembre. Si Dios quiere.

¿Qué encontrará Benedicto XVI?

Acaso la palabra clave sea “contraste”.

-          Geográfico. Dos cordilleras paralelas a una costa de 225 kilómetros de longitud (el Chouf contiguo a Monte Líbano y el Antilíbano fronterizo con Siria), algunas de cuyas cumbres mantienen nieves perpetuas; un fértil valle central de la Bekaa, a 700 metros de altura, que genera una riqueza agrícola que surte a buena parte de Oriente Medio y alberga las mayores ruinas en pie de Roma.

-          Histórico. A los habitantes del Neolítico, que excavaron las primeras habitaciones en roca de la humanidad, se les han sumado fenicios, egipcios, asirios, hicsos, griegos, romanos, bizantinos, árabes, cruzados, mamelucos, otomanos, franceses…

-          Humano. Más de cuatro millones de libaneses en un exiguo territorio especialmente montañoso. Casi un millón de inmigrantes en los trabajos que no quieren los autóctonos para sí. Y varios millones de libaneses en una diáspora mundial casi dos veces centenaria. Algunos regresan (especialmente desde los demás países árabes y África); otros mantienen su identidad generación tras generación (los de Europa, América y Australia).

Antítesis abismal entre gigantescas urbes, como son Beirut, y en menor medida Trípoli, y cientos de pequeños pueblos de montaña, con decenas de millares de casas en parsimoniosa edificación, acreditando así sus propietarios, muchos de ellos emigrantes por todo el mundo, que albergan gran esperanza en el futuro.

-          Religioso. Nada menos que 18 comunidades de base religiosa: cristianos (católicos, ortodoxos, protestantes), musulmanes (sunitas, chiís, drusos, alauitas), armenios.

-          Espiritual. Fábrica delicada de eremitas, monjes y párrocos; animadores de unas gentes muy religiosas. Y escuelas musulmanas de todo tipo: espirituales y jurídicas. Todo ello frente un “occidental” culto al cuerpo que une a musulmanes y cristianos en gimnasios numerosísimos, la omnipresente moda del tatuaje y el piercing. El consumismo voraz, ¿“becerro de oro” que iguala ya a todos?

-          Ideológico. Líbano ha sido y es campo de batalla del imperialismo europeo, del nacionalismo libanés, del panarabismo de Nasser, del ideal de la Gran Siria del Baas y de Anton Saade, de la Umma de los “califas perfectos” hasta la actualísima infiltración de Al Qaeda entre los radicales sunís, del resurgir chií animado por Teherán…

-          Político. Profundas divisiones partidarias que responden a los intereses de clanes familiares y territoriales, más que a criterios ideológicos que se antojan mera excusa frente a los imperativos de la sangre. Y, actualmente, canalizadas en la simplista “a favor o en contra de Siria”. Su fruto: más de 20 partidos presentes en el parlamento nacional. Y un gobierno endémicamente débil contrarrestado por una sociedad estructurada desde sus comunidades reales. Y si el ejército está desplegado por todo el país, por medio de cientos y cientos de controles militares en toda carretera y encrucijada, su mitad está controlado, de hecho, y muy eficazmente, por Hizbulá: Estado, partido, milicia, ¿grupo terrorista?

Siendo una democracia a “la libanesa”, aunque muy imperfecta desde la reduccionista mirada occidental, ésta garantiza la participación de todas las minorías. De este modo, la presencia cristiana permite la democracia y el pluralismo… también a los musulmanes, por lo que muchos de ellos piden a los cristianos que permanezcan en su tierra; a pesar de su miedo de que Irak se traslade a Siria y de allí a su patria.

-          Social. Brutales diferencias entre ricos y pobres: medio millón de emigrantes sirios (construcción, servicios, restauración) a los que se mira con respeto, temor y resentimiento; despreciadas, en ocasiones hasta el maltrato, mujeres indonesias, indias y filipinas (en los hogares al cuidado de niños, ancianos y ¡mascotas!); varones abisinios, sudaneses y eritreos en tan callada como despreciada limpieza de bares, y calles. Una seguridad social y sanidad estales paupérrimas, compensadas por una familia tradicional, todavía fuerte, que protege a niños y ancianos con consciente orgullo.

-          Cultural. Universidades prestigiosas, colegios públicos y privados de todas las confesiones, magníficas librerías, una música que canta al amor y que surte todo el mundo árabe, el cine un poquito conocido en Occidente de la mano de Nadine Labaki...

-          Ecológico. Alberga las últimas reservas de los milenarios cedro, desforestadas montañas de más de 3.000 metros de altitud, un 38 % de tierra cultivable, y, por el contrario, una descontrolada y dañina contaminación urbana provocada por un millón de vehículos en tan divertida como casi imposible conducción que iguala la de El Cairo.

-          Turístico. Desde restos arqueológicos de todas las culturas que por allí vivieron, causantes del asombro de todo viajero, hasta exclusivos clubs para los multimillonarios árabes. Senderismo, estaciones de esquí, deportes acuáticos.

He tenido la feliz oportunidad, tan demorada como sucesivamente deseada, de viajar, este pasado mes de junio, a Líbano, recorriéndolo de norte a sur, y de este a oeste. Si mis expectativas eran altas, la realidad me ha desbordado día a día, momento a momento.

Así, al viajero, además de todo lo anterior, también puede antojarse que Líbano es un inmenso taller de automóviles (especialmente destartalados Mercedes de todas las gamas). O un gigantesco mercado al aire libre (desde las tiendas más caras de Oriente, hasta los puestos fruteros más humildes). O el paraíso de las constructoras: miles de edificios de todo tipo, rascacielos de vértigo, suburbios laberínticos al estilo norafricano, villas de diseño exclusivo a la última; cuya expresión más contundente sea el SOLIDERE del asesinado Rafiq Hariri, especialmente en la llamada “línea verde” de Beirut, allí donde se combatió ferozmente durante años. O un inmenso restaurante delicioso y aromático sembrado con narguiles y exuberantes flores.

Impacta al viajero la vistosidad de un catolicismo militante presente, por todo este territorio, en cientos de iglesias, monasterios y ermitas; colegios, asilos y hospitales. Estatuas y capillitas a millares: en casas y caminos… Y ello desde su pluralidad: los originarios maronitas, coptos, latinos, siriacos, armenios, caldeos, melquitas. Al igual que sorprenden millares de nuevas mezquitas, de idéntico diseño y desafiante minarete de hormigón armado, en evidente rivalidad simbólica y material.

Un país que ha visto nacer y vivir a santos (Chárbel Makhlouf, Nemetala Al-Hardini, Rebeca de Himlaya), eremitas (Antonios Tarabay), escritores (Gibran Kahil Gibran, Amin Maaoluf) y artistas de todo tipo (la más universal cantante árabe, Fairuz, modistas como Elie Saad). Y otras muchas relevantes figuras mundiales, con sangre libanesa en sus venas: desde el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, a la cantante Sakira…

A poco que se observe, en diálogo tranquilo y respetuoso con sus gentes, se detectan profundas cicatrices en el alma libanesa. Acaso la más evidente sea la de la memoria viva de los más de 100.000 muertos en la guerra civil de 1975 a 1990. Y otras decenas de miles más, fruto de las recientes ocupaciones israelita y siria. Otra lacerante herida no cicatrizada es la de los 18.000 desaparecidos, en buena medida supuestamente en Siria. Y la afrenta de las 2.500 libanesas violadas por la soldadesca siria…

Es imposible reflejar en unas pocas líneas, por mucha pasión y razón que se inviertan, la desbordante realidad de este siempre sorprendente país.

Pero, por encima de todo, hay que destacar la acogida de sus gentes, su gran cultura, amabilidad, alegría, su embriagadora belleza física…

El país entero, y toda su gente, son una oda de todos los sentidos a la vida.

Privilegiado Benedicto XVI, por viajar a este microcosmos único, rompeolas de Oriente y de la Cristiandad.

Afortunado país que recibe de nuevo a un papa –Juan Pablo II lo visitó el 10 y 11 de mayo de 1997- en paz, a pesar de todo, con la esperanza y la mirada acariciando el futuro.


Fernando José Vaquero Oroquieta

 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=23690

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

Pocos días antes de la última manifestación celebrada por varias organizaciones de víctimas del terrorismo, el anticipo del barómetro de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas aseguraba que el terrorismo apenas inquietaba al 1´2% de los españoles. Por el contrario, el paro sería la principal preocupación del 81´7% de encuestados, mientras que las cuestiones de índole de tipo económica lo eran para el 51%. De un total –casi- de 30 problemáticas, la del terrorismo era la penúltima –en preocupante percepción- de todas ellas. Un cambio sustancial en la opinión pública; pero no tanto. Recordemos que el terrorismo empezó a preocupar a muchos compatriotas a raíz del atentado de ETA contra Hipercor en Barcelona, hace ya 25 años de ello, cuando los medios de comunicación asumieron y difundieron la idea de que “cualquiera podía ser víctima del terrorismo”. Hasta entonces parecía que “sólo” era un problema de guardias civiles, militares, policías, fachas…

Con tan negros presagios, el pasado 9 de junio se reunieron en la plaza de Colón de Madrid unos escasos millares de manifestantes convocados por Voces Contra el Terrorismo, su plataforma Mujeres por la Justicia, y diversas entidades del antaño denominado, por algunos, “movimiento cívico constitucionalista”.

No acudieron a la cita la mayoría de las asociaciones de víctimas del terrorismo que constituyen el fragmentado panorama, fruto de una trayectoria difícil y convulsa; entre ellas la mayoritaria AVT que, no obstante, también ha manifestado su desacuerdo con el plan de reinserción de presos terroristas desarrollado por el Ministerio del Interior español.

En este contexto, una de las ideas movilizadoras de esta enésima convocatoria era, de nuevo, la de la “rebelión cívica”.

Generada en el seno de la Asociación de Víctimas del Terrorismo entonces dirigida por Francisco Alcaraz, ese eslogan constituyó un afortunado recurso táctico; sintética expresión de las inquietudes de muchos españoles, más allá incluso del imprescindible “memoria, dignidad y justicia” que venía canalizando el dolorido impulso de la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo desde años atrás.

Frente la indiferencia o complicidad de las élites, la “rebelión cívica” fue foco de atracción y catalizador de miles y miles de españoles preocupados por la deriva de su cuestionada –y en aparente “caída libre”- nación. El mar ondeante de banderas rojigualdas, característico de esas memorables manifestaciones impulsadas por AVT, era la expresión de un estado de ánimo, de unos valores, de unas creencias, que trascendían las exigencias, tantas veces aplazadas y despreciadas, de las víctimas del terrorismo.

Desde el apogeo de esas manifestaciones, hasta el pasado 9 de junio, han sucedido muchas cosas en España.

Y si una palabra preside la vida nacional, hoy día, ésa es la omnipresente -hasta el hartazgo-  “crisis”. Un peligroso e inédito trance referido, en principio, a la economía.

Una crisis a la que se ha reconocido, aunque sin profundizar generalmente en ello, un sustrato más profundo: la crisis de valores, siendo otra expresión de la misma, la crisis nacional que vivimos. Ausencia de cohesión social, separatismos crecientes de poderosas perspectivas, individualismo extremo, corrupción institucional, desmoralización general... Una crisis a la que no podemos negar una base religiosa: la crisis del catolicismo español; aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo.

¿Estamos ante un nuevo, acaso definitivo, 98? Entonces, se diría que los españoles –los que todavía así nos consideramos- lo sufrimos como se supone lo hacen las  ranas cocidas a fuego lento: sin sentir nada.

Años atrás, ya se intuía que la crisis que adivinaban algunos, aunque todavía viviéramos en la España del derroche y del optimismo, podía tener un calado más profundo de lo que los políticos y generalidad de comunicadores reconocían.

Por ello, esas inquietudes, percibidas por miles de españoles descontentos y críticos, se canalizaron en esa “rebelión cívica”, trascendiendo el legítimo interés de las víctimas del terrorismo. Así, tuvieron la fortuna –o carga, según se vea-, de aglutinar en su entorno un sinfín de asociaciones, plataformas, fundaciones, configurando un no del todo definido y, en todo caso heterogéneo, movimiento cívico constitucionalista; primero ceñido al País Vasco y Navarra y después extendido al resto de España.

Las vicisitudes políticas, sociales y económicas, particularmente las primeras, de España, a lo largo de esos años de movilización, condicionaron la natural vida de las heroicas asociaciones de víctimas del terrorismo. De este modo, la singular cobertura mediática y el apoyo, expreso o indirecto según el momento, del Partido Popular, jugaron un rol tan importante como distorsionador. El alejamiento o disminución de esos apoyos redujeron gradualmente su capacidad de movilización. De modo paralelo -no podía ser de otra manera- ese movimiento cívico se desinflaba, desapareciendo no pocas de sus entidades o reduciendo notablemente su volumen.

Sustracción de apoyos, abandonos, divisiones, luchas personalistas, contaminación partidista… una travesía por el desierto tan compleja como injusta.

El día 9 de junio, Voces Contra el Terrorismo hizo de nuevo lo que tenía que hacer: salir a la calle. Y lo hizo, seguramente, consciente de que éstos son otros tiempos.

A Voces Contra el Terrorismo, y todas las demás asociaciones de víctimas, no se les puede pedir más: demasiado han hecho ya; locomotora forzada de un tren acomodado e indolente.

Han sido, y seguirán siendo, un referente moral extraordinaria para una España dormida y encarrilada –acaso- hacia un destino fatal.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo han estado, siguen, y continuarán activas; sin duda. Pero ya va siendo hora de que otras voces, otras fuerzas, asuman y acompañen la “rebelión cívica”.

Son muchos, muchísimos, los españoles a la intemperie abandonados por políticos, intelectuales y demás líderes naturales. Entre el repliegue personal y la crisis global, frente al desesperado “sálvese quien pueda” y el cinismo, ¿no hay alternativas?

Rebelión cívica; más que nunca.

http://www.diarioya.es/content/el-movimiento-de-las-víctimas-del-terrorismo-y-la-crisis

Irán advierte: enésimo avatar de Al Qaeda

Irán advierte: enésimo avatar de Al Qaeda

Siria, Líbano y Mali en su punto de mira

Singular aviso, en apariencia. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, Hassan Firouzabadi, advirtió a Europa, el pasado lunes 11 de junio, del resurgimiento de Al Qaeda en el sureste mediterráneo. Se refería, evidentemente, a los grupos armados salafistas adheridos a Al Qaeda que vienen actuando en Líbano y en el contexto de la guerra civil siria.

Sorprende, al menos inicialmente, que sea una autoridad militar de la mayor teocracia musulmana del mundo la que realice tal advertencia; no en vano, tales actores –Irán y Al Qaeda- forman parte de la compleja, aunque nada uniforme, realidad del islamismo radical.

En el universo musulmán las cosas no siempre son como parecen serlo.

Hay que partir de una premisa. El Irán actual es el pilar más fuerte del eje político y militar que integra, hasta las últimas consecuencias, con otros dos actores del próximo Oriente: la Siria baasista y el grupo terrorista/milicia/partido/estado del libanés Hizbulá.

La alianza con su aliado libanés es inquebrantable: ambos son chiíes y el propio Irán está en los orígenes organizativos de Hizbulá, allá, hacia 1982.

Sorprende, por el contrario, la alianza del teocrático Irán con el laico, nacionalista, socialista y panárabe Baas sirio. Ello se originó, históricamente, en su común enemistad a muerte con el Irak de Saddam Hussein y, sobre todo, Israel.

En este contexto, la advertencia iraní desvela su verdadera razón: el temor a que una caída del régimen baasista transforme a Siria en un nuevo Afganistán ingobernable; enésima base del terrorismo de Al Qaeda y sus aliados.

La compleja, dividida, desconocida y en constante mutación oposición siria, está desvelando poco a poco la consistencia de sus grupos armados salafistas o adheridos a la red Al Qaeda.

Ya se detectaron años atrás, especialmente en la zona de Trípoli, grupos de esa inspiración entre los sunitas libaneses. También entre los refugiados palestinos. De hecho el grupo palestino Fatah Al-Islam mantuvo en 2007 incidentes armados de extrema dureza con el Ejército regular libanés en un conflicto, de varios meses de duración, que ocasionó cientos de muertos.

 Y en la reciente crisis armada sufrida, a primeros de junio, en esa ciudad del norte de Líbano, que ocasionó nuevos choques entre sunitas partidarios de la oposición siria, y alawitas (de la misma secta a la que pertenece la familia gobernante en Siria Al Assad), emergió un grupo islamista próximo ideológicamente a Al Qaeda, Al-Jamaa Al-Islamiya, integrado en parte por combatientes procedentes de diversas nacionalidades árabes.

El régimen iraní no tiene ninguna simpatía por la decadente e impía Europa. Pero comparte un mismo enemigo: el islamismo radical sunita y su punta de lanza Al Qaeda. Irán, en la actual coyuntura, tiene mucho que perder: ante todo, a su principal aliado en la zona, Siria; de modo que, de caer el régimen baasista, su aliado libanés Hizbulá quedaría aislado, incluso geográficamente.

Más allá de las interesadas advertencias iraníes, Europa debe cuidarse mucho de los movimientos de Al Qaeda en diversos escenarios mundiales. Ya hemos sufrido sus zarpazos.

El mundo musulmán sufre unas convulsiones imprevisibles, pero, en cualquier caso, de un resultado muy alejado de la estúpida e infantil creencia en su evolución hacia fórmulas democráticas al estilo occidental. Es evidente que hemos pasado de una “primavera árabe” a un “invierno islamista”.

Son varios los actores internacionales que vienen jugando sus bazas en la cada vez más extensa área musulmana: la ya mencionada Irán, potencia chií no árabe; Turquía, en su intento de exportación de una imagen moderada, junto a su voluntad de expansión política y cultural entre los países limítrofes de etnia turca; las integristas Arabia Saudita y Qatar, que vienen apoyando a los Hermanos Musulmanes y a otros grupos salafistas de realidad transnacional.

Mientras tanto, Europa mira hacia sí misma. Economía y, únicamente, economía.

Por otra parte, en Mali, la mitad de su extenso territorio –un naciente Azawad- se ha escindido en una extraña y explosiva conjunción de los libérrimos tuaregs del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) y los integristas de varios grupos allí operativos: Ansar Dine (Defensores de la Fe, también tuaregs), Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y su escisión el Movimiento por la Unicidad y la Yihad en el África Occidental (MUJAO). Destaquemos que entre los miembros de los dos últimos grupos, según denuncian diversos observadores y expertos en la zona, confluyen extremistas de procedentes de todo el mundo musulmán. Pudiera ser: un nuevo Afganistán, pero en África.

Pero no todo son malas noticias.

En Somalia, el grupo local adherido a Al Qaeda, Al Shabab, se encuentra asediado en su último reducto: la ciudad de Kismayo. Así, el primer ministro somalí, Abdiweli Mohammed Ali, ha informado que las tropas de su gobierno, junto a las fuerzas de paz de la Unión Africana, han marcado el 20 de agosto como fecha tope para eliminar a ese grupo terrorista.

Siendo una misión difícil, bien haría Europa en apoyar militarmente al gobierno somalí en esta beneficiosa e imprescindible misión.

Paradojas de este tiempo convulso. Irán, alejado e inquietante enemigo de Europa antaño, acaso mañana, imprescindible aliado.

http://www.diarioya.es/content/irán-advierte-enésimo-avatar-de-al-qaeda

 

Políticos, banqueros y jueces… ¡a la cárcel!

Políticos, banqueros y jueces… ¡a la cárcel!

Mienten, roban, no pegan un palo al agua, pasan de todo…, salvo de beneficiarse y vivir como Dios.

Y leyes y más leyes…, que nadie cumple y hace cumplir: pura fachada y excusa para la inacción.

Y algunos periodistas les escudan diciendo que “no es el momento de buscar culpables”. Estómagos agradecidos...

Mientras que a esos grandes ladrones y sinvergüenzas se les agasaja y admira, en el talego entran los robagallinas de siempre.

Eulogio López y Roberto Centeno, tan distintos, tan dispares, en dos artículos que recomendamos, ponen los puntos sobre algunas íes.

A mayor cargo, mayor responsabilidad.

Urge un juicio de Núremberg para la oligarquía criminal española.

Lo que temo es que a esos criminales tan elegantes, en realidad, les admire la masa social española desde la envidia rencorosa e irresponsable.

Que no tenemos remedio.

Lástima. España parecía algo bello…

Nuestros antepasados –los españoles de verdad- no se lo merecen.

http://www.hispanidad.com/Editorial/rescate-slo-una-preguntita-ms-deuda-supone-ms-solidaridad-20120611-150520.html

http://www.cotizalia.com/opinion/disparate-economico/2012/06/11/no-es-el-fin-del-mundo-pero-si-el-de-nuestras-familias-7126/

L´Orient – Le Jour: la actualidad de Oriente Próximo, minuto a minuto

L´Orient – Le Jour: la actualidad de Oriente Próximo, minuto a minuto

Tanto en su versión impresa como digital, L´Orient – Le Jour es un medio imprescindible para el conocimiento del inquietante minuto a minuto de la actualidad de Oriente próximo, especialmente la del siempre convulso Líbano.

Opiniones cualificadas, informaciones muy objetivas: un medio para superar el “bloqueo” informativo que se sufre en España más allá de la doctrina políticamente correcta y de los tópicos mayoritarios.

El destino de las milenarias, castigadas y mermadas comunidades cristianas de Oriente próximo parece fatalmente determinado por la persecución, el exterminio físico en ocasiones, y la presión política y social de las mayorías musulmanas. Y todo ello ante la indiferencia del Occidente antaño cristiano.

Soy español católico. Y maronita. Y copto.

L´Orient – Le Jour, eso sí: en francés.

http://www.lorientlejour.com/category/1/politique-liban.html

Luis David Bernaldo de Quirós Arias reseña “La ruta del odio” en “Patria y Unidad”

Luis David Bernaldo de Quirós Arias reseña “La ruta del odio” en “Patria y Unidad”

Así se intitula el libro de Fernando José Vaquero Oroquieta, Editorial SEPHA Edición y Diseño, SL, 2011, 429 páginas.

Magnífico libro que estudia el fenómeno terrorista tal cuál es, y no como hacen ciertos historieteros y “analistas” que, desde sus respectivos puntos de vista, preñados de ideologías totalitarias políticas y religiosas, justifican y disculpan el terrorismo.

Lo primero que destacaríamos del libro de Vaquero Oroquieta es que no existe en toda la obra ni el más mínimo odio hacia nadie. Simplemente nos cuenta que el terrorismo es una triste realidad, y que probablemente se le pueda derrotar.

Dicho esto, vamos a ver lo que el autor dice en esta obra. Así, en las páginas 30 y 31, se lee:

“Es en el siglo XIX cuando el terrorismo alcanza su carta de naturaleza de la mano de nacionalistas, anarquistas y populistas. Ya en el siglo XX, este fenómeno se consolida al servicio del marxismo-leninismo, principalmente, sirviéndose de las enseñanzas obtenidas de experimentos terroristas anteriores: el secreto, la organización militar estanca y jerarquizada, y el factor sorpresa. En su constante evolución y crecimiento, se ha adaptado a nuevos contextos y tecnologías, tentando a numerosas organizaciones de ideología muy distinta: secesionistas radicales, nazis, extremistas religiosos . . . Así, partiendo inicialmente de una elaboración ideológica que pretendía ser racional, por marxista, el terrorismo también ha sido apropiado por una cosmovisión aparentemente irracional y pseudorreligiosa; siendo el yihadismo su máximo exponente actual”.

Más adelante nos narra Vaquero  Oroquieta lo absurdo y contradictorio que resulta considerar al terrorismo como un sucedáneo de la religión. Así, en la página 49, dice:

“Además, toda religión enseña que hay que pedir la ayuda de Dios, pues cada empresa individual o colectiva sitúan la hombre en su verdadera naturaleza: la dependencia de Dios. Para el terrorismo, por el contrario y al igual que muchas corrientes filosóficas hoy dominantes, el hombre lo puede todo. Sin embargo, la realidad desmiente semejante optimismo. Así, el siglo XX, marcado por diversas experiencias políticas expresamente ejecutadas contra la religión, ha sufrido las mayores convulsiones y masacres que jamás la humanidad padeció, y de mano de ideologías totalitarias y utópicas: el comunismo y el nazismo, principalmente”.

 

El odio de los terroristas tiene su origen en lo que dictan, “razonan” y exponen sus líderes. Es decir, la ruta del odio, por parafrasear el título del libro, queda bien delimitada en cuanto a su origen, aunque después el recorrido sean el terror, el horror y la sangre.


En la página 102, se puede leer:


“Florencio Domínguez, en su libro Dentro de Eta. La vida diaria de los terroristas, reproduce un fragmento de la carta colectiva redactada por las compañeras y esposas de seis presos del GRAPO que, junto a otros,  abandonaron la organización, juzgándolos muy duramente: ‘Está claro que esos elementos ya no tienen nada que ver con los hombres que nosotras conocimos y quisimos. La cárcel les ha vencido, les ha humillado,  les ha destruido hasta límites deplorables; la lucha se ha convertido para ellos en una enorme losa; la revolución les parece una utopía tan inalcanzable como el reino de los cielos; el Partido es para ellos como la Inquisición y la disciplina revolucionaria se les antoja tan insoportable como la propia clase que representan [ . . . ] ¿Qué tipo de sentimientos podemos albergar hacia unos contrarrevolucionarios [ . . .]. Y ante esto no hay amor, afecto o sentimiento que pueda situarse por encima de nuestras convicciones y de nuestros principios, no se puede ser un revolucionario y amar a un contrarrevolucionario’. ¿Fanatismo político/terrorista o puro sectarismo?”.


También nos narra Vaquero Oroquieta el silencio que se trata de imponer, y se impuso durante muchos años, de las protestas y reivindicaciones de las víctimas del terrorismo. Así, en la página 168, se lee:


“¿A qué se debía esa inhumana ambigüedad cuando no verdadera y expresa justificación, de los actos terroristas? Tal vez lo fuera como efecto de las simpatías sectarias derivadas de la afinidad ideológica existente entre las muy diversas izquierdas. Un tema tabú, no obstante, que muy pocos se han atrevido a abordar.


Costó años en invertir esa auténtica perversión social. Y fueron los supervivientes de los atentados y sus familiares quienes lideraron – ante la indiferencia de los poderes públicos y buena parte de la sociedad -  ese movimiento reparador. Irene Villa, Cristina Cuesta, Maite Pagazaurtundua, Ana Iríbar, Natividad Rodríguez, Teresa Jiménez-Becerril y tantas otras mujeres y hombres, dieron forma a un verdadero movimiento social en el que la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) jugó un papel vanguardista y precursor. Otras diversas asociaciones civiles, como el Foro Ermua, por su parte, contribuyeron poderosamente a situar en el centro de gravedad del debate social a las víctimas”.

 

En el capítulo VII, intitulado “Antecedentes e historia”, página 179, Vaquero Oroquieta nos habla de la historia del terrorismo que, según expertos en el tema, parece que los antecedentes más remotos se remontan a la secta de los “asesinos”. También nos dice el autor que la palabra “asesino” procedería del árabe hashashin, que significa fumador de hachís.


En la página 236, dentro del capítulo VIII “Islam y terrorismo”, se lee:


“A partir de las escuelas reformistas, plurales y en ocasiones sin una autoridad central, han surgido otras más extremistas que radicalizan su discurso con otros ingredientes: el Islam es víctima de una conspiración judía y cristiana y Occidente es enemigo declarado del Islam: un gobierno musulmán es legítimo en tanto aplique estrictamente la sharia; cristianos y judíos son considerados infieles, no pueblos del Libro; todos los que se resisten al Islam, ya sean musulmanes o no, son enemigos de Dios y merecen ser castigados con rigor”.


Posteriormente, en las páginas 272 y 277, se habla del terrorismo español de ETA y GRAPO, grupos que actuaban “compartiendo ambos algunos presupuestos ideológicos y estratégicos derivados de la teoría y práctica marxista-leninistas en su versión maoísta”.


Como medicina contra el terrorismo, nos dice Vaquero Oroquieta en la página 354:


“La sociedad civil tiene que hacer oír su voz cuando sufre cualquier tipo de agresión, y debe participar en política a través de los cauces legales establecidos. Por ello, si es objeto de acciones terroristas, debe movilizarse, en primer lugar y en todo caso, apoyando a sus víctimas: acompañándolas, reconociendo su dolor, facilitando su inserción social y homenajeándolas; teniéndolas siempre presentes, y escuchándolas. La sociedad civil nunca puede dar la espalda a unas víctimas que todo lo dieron, poniendo rostros concretos al dolor causado por los terroristas utópicos”.


Y terminamos con lo que el autor nos dice en la página 390:


“Pero, como conclusión final – y tratando de no caer en paralizantes catastrofismos y alarmismos suscitados por el temor al posible acceso de los terroristas a armas de destrucción masiva – insistiremos en que sólo es posible un camino para las sociedades modernas retadas por el terrorismo. Que no es otro que el marcado por una lucha sin desmayo contra todas sus formas, con una decidida voluntad de victoria desde valores firmes,  con la esperanza en un posible cambio personal de los terroristas suscitado por encuentros rehumanizadores, siempre apoyado en los recursos lícitos del estado de derecho y los imprescindibles instrumentos de la cooperación internacional. Para derrotar al terrorismo, para desterrar al odio. Amén”.


Luis David Bernaldo de Quirós Arias

 

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Seguimiento documental del terrorismo desde la web Foro El Salvador

Seguimiento documental del terrorismo desde la web Foro El Salvador

Diariamente se vierten, desde los medios de comunicación escritos españoles, un volumen ingente de noticias y documentos, muchos de enorme interés, sobre el terrorismo en sus múltiples implicaciones: humanas, políticas, éticas, policiales…

Ciertamente, vivimos unos momentos cruciales en los que se suceden, tanto en el ámbito nacional como internacional, hechos muy relevantes al respecto: la llamada “vía Nanclares”, la política antiterrorista del Gobierno de España, los movimientos internos del nacionalismo vasco, la lucha actual contra Al Qaeda, las más recientes manifestaciones del terrorismo islamista, la situación de las asociaciones de víctimas del terrorismo, posicionamientos de la Iglesia católica y otras voces morales de la humanidad… Todo ello requiere, además de una selección continua, un análisis pausado.

Por todo ello, desde la web Foro El Salvador se viene realizando un esfuerzo selectivo de algunos de esos escritos más relevantes; en el intento de proporcionar unos materiales fiables y particularmente significativos a sus lectores.

Se trata de una modesta web, cuya andadura se inició ya en marzo de 2006, inspirada en el espíritu fundacional de Foro El Salvador: entidad nacida al impulso de la Doctrina Social de la Iglesia católica en defensa de las víctimas del terrorismo, los derechos humanos, y la pluralidad cultural, social y política de la sociedad vasca. Como nombres propios más significativos, destacaron, por motivos diversos, Fernando García de Cortázar, Jaime Larrinaga y el fallecido Antonio Beristain Ipiña.

Legalizado en su día como asociación cultural de ámbito nacional, valoraba como decisivas la movilización ciudadana y la "batalla" por la opinión pública. En este contexto, su expresión digital, Foro El Salvador, pretendía ser un instrumento más al servicio de todos los amigos de la entidad. De ahí que, en continuidad con esa trayectoria, se proponga este nuevo servicio.

Un buen repaso de sus actuaciones y motivaciones se plasmó, en buena medida, en el libro colectivo “La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas” (Grafite Ediciones, 344 páginas, Baracaldo, 2006), dirigido por José Luis Orella, de DiarioYa.es, y en el que colaboró particularmente Fernando Vaquero Oroquieta, impulsor de la web desde su inicio.

Este autor, ya conocido de los lectores de DiarioYa.es por sus escritos de temática social y algunas entrevistas sobre diversas expresiones del terrorismo, desde el pasado mes de octubre viene actualizando esa web, reproduciendo en la misma varios centenares de entrevistas, análisis, documentos, noticias periodísticas…, especialmente relevantes. Su procedencia es múltiple: centros de estudios estratégicos, prensa diaria, asociaciones, personalidades significativas…

A los posibles interesados corresponde avalar o no este instrumento.