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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Reseñas bibliográficas

Un retrato íntimo de los intelectuales elaborado por Paul Johnson: ideología, cambio cultural y transformación social.

Utopía revolucionaria, nihilismo, sociedad permisiva y el papel de los “intelectuales” modernos según el periodista e historiador Paul Johnson.

 

Intelectuales.
            Los intelectuales cumplen, desde el siglo XVII, la función desarrollada tradicionalmente por clérigos y escribas; pero emancipados de toda Iglesia, tradición y dependencia externa, conforme a su particular criterio revolucionario. De esta forma han cargado sobre sus hombros la responsabilidad de encaminar a la humanidad hacia metas más altas, liberándola de sus seculares ataduras, siendo los propios intelectuales, que así se proclaman, los encargados de establecer la adecuación de objetivos y medios.
            Esta pretensión, tan ambiciosa como voluntarista, puede ser analizada, en primer término, contrastándose con sus realizaciones prácticas. Otro criterio de análisis, que no se suele aplicar, es el estudio de la coherencia alcanzada entre el comportamiento personal de esos intelectuales y sus altos objetivos. Este segundo es el criterio seguido por Paul Johnson en su libro Intelectuales (Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 2000, 448 páginas). Ya en sus tres primeras líneas, redactadas en el agradecimiento inicial, el autor descubre su línea de trabajo: «Esta obra es un análisis de las credenciales morales y de juicio de ciertos intelectuales notables para aconsejar a la humanidad sobre cómo conducir sus asuntos». En consecuencia, las preguntas que intenta responder este texto son: ¿con qué cuidado esos intelectuales examinan las evidencias?, ¿respetan la verdad?, ¿cómo aplicaron esos principios a su vida privada?
            Siguiendo esa dirección, el libro se erige en un relato apasionante, y sobrecogedor en muchas ocasiones, desfilando por sus páginas pensadores, poetas, dramaturgos, artistas, editores, incluso cineastas: Jean-Jacques Rousseau, Percy Bysshe Shelley, Karl Marx, Henrik Ibsen, León Tolstoi, Ernest Hemingway, Bertolt Brecht, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Edmund Wilson, Victor Gollancz, Lilian Hellman, George Orwell, Cyril Connolly, Norman Mailer, Kenneth Peacock Tynan, Rainer Werner Fassbinder, James Baldwin, Noam Chomsky, y tantos otros que les rodearon compartiendo vidas, anhelos y contradicciones.
            El autor pone de relieve algunas coincidencias existentes entre todos ellos: su voluntad de absoluta autodeterminación, su menosprecio de tradiciones e Iglesias… Pero también pueden encontrarse otras semejanzas curiosas de carácter más vital y menos teórico: muchos eran hijos únicos; generalmente eran adorados por esposas, hermanas, amantes y admiradoras; algunos desarrollaron comportamientos que hoy día serían calificados como patológicos, padeciendo incluso alcoholismo agudo; bastantes falsificaron sus propias biografías a placer…
            Siguiendo un orden cronológico, el autor establece una evidente continuidad en la labor subversiva de estos intelectuales. Pero con todo, históricamente, nos dice, sus pretensiones han evolucionado. Así, habrían pasado de idear e impulsar la utopía revolucionaria, a mantener la misma actitud parcial respecto a la sociedad hedonista y nihilista que hoy conocemos. Y, según Evelyn Waugh, con la pretensión de acabar con los fundamentos cristianos de la sociedad en cualquier caso.
            Los intelectuales impulsores de esas visiones sociales fueron ejemplo de gravísimas contradicciones personales que les llevaron a explotar a familiares y amigos, a engañar sistemáticamente a sus esposas y amantes en nombre de una pretendida transparencia que siempre devenía en una carrera de mentiras y justificaciones, etc. No se nos muestran como hombres ejemplares y de conducta intachable. Al contrario. El retrato resultante es sumamente sombrío. Recordemos, a modo de ejemplo, a un Rousseau que abandonó, nada más nacer, a sus cinco hijos; ninguno de los cuales sobrevivió a los primeros meses de vida. O a un Marx colérico que, cargado de odio y resentimiento, manipuló las fuentes documentales con el objetivo de apuntalar “científicamente” sus presuntas leyes (es admirable el capítulo que le dedica, pues en unas pocas páginas desacredita, de forma contundente, el supuesto carácter científico del marxismo). Recordemos el primer criterio de juicio que mencionábamos. Esas doctrinas generaron los mayores sufrimientos que ha experimentado la humanidad a lo largo del siglo XX. Incluso, recientemente, Pol Pot se formó en una Francia marcada por el existencialista Sartre y el marxismo en sorprendente continuidad con las utopías de Rousseau.
            En definitiva: si algo queda claro después de la lectura de este texto es la escasa coherencia moral de esos intelectuales, sus gravísimas contradicciones y la debilidad de muchas de sus construcciones teóricas. Entonces, ¿puede explicarse de alguna manera el indudable “éxito” alcanzado?

 

El éxito de los intelectuales.
Pío Moa, en un artículo de libertaddigital.com titulado Religión e ideología. Proyección de culpa, proporcionaba algunas claves a considerar y que vamos a reproducir brevemente.
            A su juicio, la clave de su éxito radicaría en la posición y el sentimiento del hombre frente a la culpa. Para la religión, el mal es algo intrínseco al individuo, lo que requiere un combate interno y permanente. La ideología de los intelectuales, por el contrario, niega lo anterior. Así, considera al mal como algo accidental nacido de las miserias humanas. Superando esas miserias, en consecuencia, se eliminaría el mal. Para estas ideologías, el hombre es bueno por naturaleza, de ahí que el sentimiento de culpa, existente en todo hombre al percibir la propia tendencia al mal, deba ser eliminado.
            Naturalmente, esa bondad natural no impediría que algunas fuerzas sociales se opongan al bien: la tarea de los justos sería eliminarlas. En ese sentido, pudiera advertirse que las conductas ideológicas son paralelas a las religiosas, de modo que la ideología podría «definirse como una formidable máquina de proyección y socialización de la culpa, de efectos bien palpables en las matanzas del siglo XX: en los enemigos de la causa se concentra toda la culpa, y por tanto no debe tenerse consideración alguna con ellos». En consecuencia, la religión, como enemiga del hombre, podría eliminarse por dos vías: físicamente (casos de la guerra civil española y la revolución francesa) o a través de «la ingeniería social y manipulación de los medios de masas, como en la actualidad». Así, la campaña mediática desarrollada en los últimos años descubriendo los comportamientos presuntamente dolosos de ciertos eclesiásticos pondría en evidencia las contradicciones internas de la Iglesia. Sin embargo ese argumento se vuelve en contra de los justos, asegura Moa, al ser ellos «quiénes afirman tener esa segura solución para erradicar el mal».

 

Un modelo social planetario.
            La página 375 del libro es clave para entender la trascendencia que tiene esta cadena de esfuerzo intelectual sobre la vida de las personas de ayer y de hoy. En ella, el autor nos informa que Cyril Connolly estableció, ya en 1946, un modelo social objetivo del devenir humano, integrado por diversas medidas que definió como «principales indicadores de una sociedad civilizada», y que concretaba en: «1) abolición de la pena de muerte; 2) reforma penal, prisiones modelo y rehabilitación de los prisioneros; 3) eliminación de los barrios bajos y “ciudades nuevas”, 4) luz y calefacción subsidiadas y “provistas gratuitamente como el aire”; 5) medicinas gratis, subsidios para alimentos y ropa; 6) abolición de la censura, de modo que cualquiera pueda escribir, decir y representar lo que quiera; abolición de las restricciones a los viajes y del control de cambios, final de la intervención de teléfonos o de la formación de expedientes sobre personas conocidas por sus opiniones heterodoxas; 7) reforma de las leyes contra los homosexuales y el aborto, y de las leyes de divorcio; 8) limitaciones a la propiedad de inmuebles, derechos para los niños; 9) conservación de las bellezas arquitectónicas y naturales y subsidios para las artes; 10) leyes contra la discriminación racial y religiosa». El autor del libro comentado resume este programa, ambicioso para 1946 y amplia realidad hoy día, como «la fórmula de lo que iba a llegar a ser la sociedad permisiva». Evelyn Waugh por su parte, según nos relata Paul Johnson, «estaba comprensiblemente alarmado. Sospechaba que hacer lo que Connolly proponía implicaba la virtual eliminación del fundamento cristiano de la sociedad y su reemplazo por la búsqueda universal del placer».
            Esta pretensión, ¿es real?

 

La nueva ética global y la acción de los intelectuales.
El arzobispo mejicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ha analizado, en un artículo publicado el 11 de febrero en L’Osservatore Romano, las características de lo que denomina “nuevo paradigma” cuyo objetivo sería la sustitución de la ética cristiana por una “ética global”. Este paradigma estaría caracterizado por el eclecticismo, el historicismo, el cientificismo, el pragmatismo y el nihilismo (entendido como la renuncia a la capacidad de alcanzar verdades objetivas). El objetivo final sería el bienestar global, dentro de un desarrollo sostenible en armonía con la nueva divinidad (el planeta tierra, Gaia, elevado a los altares por el ecologismo radical). A nivel personal, el objetivo perseguido sería la autodeterminación individual. Pero existen evidentes limitaciones; así «experimenta uno de sus grandes problemas cuando percibe que todo se debe fundamentar en el consenso, un consenso que no procede de verdades objetivas, sino de opiniones subjetivas». En definitiva, nihilismo, relativismo, ecologismo, búsqueda de un consenso ético planetario más allá de las religiones tradicionales…
Dalmacio Negro por su parte, en su artículo España escindida: las dos culturas, publicado en el diario La Razón, afirmaba que se pretende implantar una nueva cultura, externa y ajena a la tradicional española, que consistiría en «todos los tópicos de determinadas tendencias de la modernidad y la Ilustración que han adquirido fuerza en Europa gracias entre otras cosas a las ideologías, que han vulgarizado el modo de pensamiento ideológico, y la revolución cultural de 1968». El origen de todas esas ideologías –asegura- sería el nihilismo.
Este pensador considera que la nueva cultura esta definida por tres manifestaciones.
En primer lugar, la secularización que se sirve del cambio cultural para consolidar la dominación política. El catolicismo –en este contexto- tendría importancia por haber creado unos estrechos lazos sociales y políticos. En el caso concreto de España, sería determinante en la generación de una autoconciencia española, a falta de unos sólidos lazos estatales. Con la implantación de la nueva cultura, además de debilitar la conciencia moral de los españoles, se habría reducido extraordinariamente la conciencia nacional.
La modernización, en segundo lugar, entendida como una ideología de la emancipación que se quiere imponer con todo el poder del Estado y de los medios de comunicación en sus aspectos más destructivos, por ejemplo, sustituir lo natural por lo “normal” en el sentido nihilista.
Por último, la democratización, en su versión igualitaria nihilista: todo da igual. La palabra democracia quedaría, de esta manera, como la gran coartada del nihilismo: toda vale y es aceptado si se es demócrata. Un nihilismo devenido en una antirreligión que compite con la religión tradicional para ocupar su lugar.
Secularización, modernización y democratización serían, por tanto, los ejes en torno a los que se está articulando, en España y en buena parte del mundo, el cambio cultural que conduce a una mentalidad distinta y otro modelo de relaciones sociales regidas por una novedosa ética global; todo ello en ruptura con la tradición cristiana que le precedió.

 

La posición de la Iglesia.
            Hemos visto, brevemente, un itinerario intelectual que persigue unos objetivos muy concretos y que se viene implantando a escala planetaria en las últimas décadas. En su momento los intelectuales se decantaron por las utopías que han ensangrentado el siglo XX. Ahora, el modelo propuesto pretende metas menos utópicas; siendo el consumismo del primer mundo una vulgarización de sus contenidos filosóficos y vitales. Al final del trayecto, encontramos, según los autores consultados, nihilismo, hedonismo y una sociedad permisiva; lo que ha provocado efectos no imaginados a escala individual y social.
En esta carrera, en esta huida de la razón tal como la califica Paul Johnson en el capítulo XIII de su libro, se ha prescindido de la verdadera naturaleza del hombre. Hoy día, el hombre actual, alagado y divinizado, cuando no anulado o exterminado, se encuentra sólo frente al poder, a merced de cambiantes ideologías y modas.
            Hemos dicho, anteriormente, que estos intelectuales comparten algunas características, entre ellas, la huida de la religión de sus padres o abuelos. Hoy día, la Iglesia católica, por su capacidad de generación de una humanidad más libre, de un pueblo dotado de una nueva conciencia liberadora, sigue siendo un obstáculo fundamental en las pretensiones hegemónicas y planetarias de ese poder anónimo pero real. Por ello, constituye una dificultad que hay que eliminar, o al menos limitar a su mínima expresión. Han cambiado las formas, pero la pretensión de eliminar la presencia del cristianismo, permanece.
            El libro que hoy comentamos, por todo lo expuesto, no puede pasar desapercibido. Es más. Debe tenerse presente si se quiere conocer, con realismo, la naturaleza íntima de las claves, mentales y sociales, determinantes del mundo de hoy.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003

Isla Perejil: ¿incidente aislado o expresión de un conflicto permanente?

El libro, que aquí se comenta, constituye una aproximación a las frágiles relaciones hispano-marroquíes desde la perspectiva de una investigación periodística marcada por la geopolítica.

 

El incidente de Isla Perejil.
            Marruecos mantiene una permanente confrontación con España, por lo que el incidente de Isla Perejil constituyó un nuevo episodio, de esta histórica vecindad problemática, que responde a precisas causas geopolíticas. El siguiente paso será, inevitablemente, la reclamación, acompañada de alguna medida de fuerza, de Ceuta, Melilla e islas adyacentes. También Canarias estaría en el punto de mira del expansionismo marroquí. Ante este preocupante panorama, ¿está preparada España para afrontar el reto? Hasta aquí, la tesis central –y la pregunta final- del libro de Leon Klein Marruecos, el enemigo del sur. El conflicto inevitable (PYRE S.L., Barcelona, octubre 2002, 256 páginas, 15 euros, www.pyresl.com).
Aunque la ocupación marroquí de Isla Perejil cogió por sorpresa a la mayor parte de la opinión pública española, cegada por el espejismo de unas presuntas buenas relaciones, según el autor del libro el incidente fue planificado siguiendo una táctica muy concreta, en cuya base encontramos una ambición territorial antigua ideada en el partido nacionalista Istiqlal: el Gran Marruecos. Esta ficción histórica -hecha propia por la Casa Real y la mayor parte de la clase política marroquí- ya habría cosechado, según su criterio, resultados positivos (la anexión de Ifni y la del Sahara, todavía no concluida), estando pendientes otras pretensiones: Ceuta, Melilla, Canarias, Tinduf, Bechar, Mauritania, Malí y otros territorios hasta el mismísimo río Senegal.
            Algunos factores geopolíticos habrían fortalecido la actual postura marroquí, envalentonándose hasta el punto de provocar a España, con este incidente, para probar su capacidad de respuesta y la posición de los respectivos aliados, especialmente Estados Unidos y Francia. Uno de esos factores explicativos sería el desconocido y alarmante rearme marroquí; que describe con bastante precisión. El autor también desarrolla las consecuencias políticas y estratégicas derivadas de la localización de importantes yacimientos petrolíferos en el este de Marruecos, en buena parte del antiguo Sahara Occidental y en la plataforma continental canaria. Este segundo factor también habría sido determinante, junto al valor estratégico de Marruecos (por su ubicación geográfica y posible papel de contención del integrismo musulmán) en el nada disimulado y creciente interés de Estados Unidos por la suerte de este país; lo que coincide con un cierto distanciamiento de sus socios europeos.

 

Los contenidos del libro.
            La introducción nos presenta la actualidad del conflicto de Isla Perejil, el especial interés de la política norteamericana en el área, el papel de Francia y las reacciones diplomáticas de una Unión Europea que en el futuro, según el autor, se alejará inevitablemente de la influencia yanqui.
En la primera parte del libro se estudian los aspectos geopolíticos de este conflicto en ciernes: el expansionismo marroquí nutrido por la teoría del Gran Marruecos ideada por Allal El Fassi, la aparición de yacimientos petrolíferos, los conflictos políticos locales, los intentos de unificación regional (la Unión del Magreb Árabe) y sus fracasos.
En la segunda parte, desde una perspectiva histórica y geopolítica, se analizan los tradicionales puntos “calientes” del conflicto con España: Ceuta, Melilla, Canarias y el drama del Sahara. También profundiza en los problemas presentados por otros escenarios novedosos, como son la inmigración masiva (uno de los efectos de la explosiva demografía de todo el norte de África) y el cultivo y exportación de hachís; fenómenos ambos de los que España es la principal afectada. Llegados a este punto, es de destacar la denuncia que realiza del consumo masivo, entre grandes sectores de la juventud española, de cannabis y hachís, desvelando los efectos perniciosos derivados para la salud individual y colectiva de este -aparentemente- inocente consumo, mitificado e impulsado, especialmente, desde los sectores culturales y políticos izquierdistas conformadores de lo “políticamente correcto”.
También, dentro de esta segunda parte, destaca el capítulo dedicado a la sangrante cuestión del Sahara, al desarrollar una buena exposición de sus presupuestos históricos, militares y diplomáticos.
Reserva, por último, un espacio importante a la situación que vive el archipiélago canario como consecuencia del impacto de la inmigración extranjera, particularmente la marroquí; un fenómeno silencioso de incuestionables efectos perturbadores.

 

Algunos comentarios críticos.
            El autor se posiciona claramente ante el problema de la inmigración clandestina y masiva generada desde Marruecos, según afirma, con una evidente intencionalidad desestabilizadora y la complicidad material de sus autoridades. Y lo hace desde una perspectiva, en parte, “políticamente incorrecta”. En este sentido, aunque hay que destacar su esfuerzo de objetividad, para lo que se apoya especialmente en diversas informaciones proporcionadas por el movimiento vecinal canario y en actuaciones de Coalición Canaria, ambos poco sospechosos de xenofobia y racismo,  creemos encontrar una cierta coincidencia de algunos de sus juicios con determinadas tesis de la llamada derecha populista europea.
            Especial interés cobra el apartado del libro dedicado a las implicaciones, gubernamentales y de otros círculos del poder real marroquí, en la extensión de los cultivos del cannabis, de su elaboración y “exportación”; alcanzando el nivel de una grave denuncia que precisa una contundente respuesta internacional.
            Ambos aspectos, emigración y tráfico de drogas, más allá de constituir, probablemente, las dos primeras fuentes de divisas del Estado de Marruecos, jugarían, a juicio del investigador, un evidente papel subversivo en la confrontación con España.
            Con la lectura del libro, es inevitable una pregunta: ¿cómo es posible el desconocimiento de todos estos factores por parte de la opinión pública y de la clase política españolas? La respuesta también la proporciona el autor, aunque con una limitación. Achaca esa responsabilidad a la acción del que denomina “lobby pro-marroquí”; pero apenas concreta las entidades y personalidades que lo integran y sus estrategias; lo que constituye una laguna que sería del máximo interés se colmara en el futuro.
            Igualmente, sería deseable se hubiera analizado, en profundidad, el progresivo avance político y social de los islamistas marroquíes y su segura incidencia en el futuro del vecino país del sur.
            Tratándose de una investigación, fundamentalmente, de carácter periodístico, le hubiera proporcionado mayor entidad una mención más precisa de las fuentes de información empleadas.
            Por último, un aspecto puramente formal. Se precisaba una ulterior revisión del texto con el objeto de eliminar las erratas, de carácter tipográfico, presentes en su transcripción y que hacen molesta su lectura en algunos momentos.
            Aspectos éstos últimos que, aunque empañan el resultado final del volumen, no le niegan el inmenso mérito de poner sobre la mesa un importante caudal de datos y la perspectiva de unos movimientos geopolíticos trascendentales que la sociedad española precisa conocer y afrontar.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003.

El saqueo de Euskadi.

Un nuevo libro, del género de la investigación periodística, proporciona una estremecedora aproximación a la realidad vasca desde la perspectiva de la tiranía impuesta por ETA, sus connivencias con el PNV y el dolor causado a las víctimas.

 

Un nuevo libro del matrimonio José Díaz Herrera e Isabel Durán.

 

                El matrimonio formado por los periodistas José Díaz Herrera e Isabel Durán se ha especializado en la modalidad de la investigación periodística. A libro por año desde 1996, en esta ocasión vuelven a escribir sobre el País Vasco y Navarra desde la perspectiva de los efectos perniciosos de la tiranía ejercida por ETA y sus organizaciones satélites sobre esas sociedades, en connivencia con algunas de las políticas fundamentales del PNV.
Sus páginas también constituyen un contundente y dramático alegato contra el olvido al que se ha sometido a las víctimas del terrorismo de ETA y los ultrajes, físicos y morales, causados a sus familiares en el País Vasco por parte del conjunto del nacionalismo vasco.
                ETA. El saqueo de Euskadi (Editorial Planeta, Barcelona, noviembre de 2002, 830 páginas, 24 euros) es el título del libro que comentamos; una denuncia en toda regla que no puede pasar desapercibida a la opinión pública española y a nuestra clase política.
                Es un libro duro en todo momento, estremecedor en muchas ocasiones, espeluznante en otras. Pero el terror que describe no se limita a los cientos de implacables asesinatos realizados por ETA. Cotidianamente, una dictadura se ha impuesto en la sociedad vasca, con sus leyes escritas y sus códigos de comportamiento no escritos, pero conocidos por casi todos; unas normas que permiten incontables excesos, a unos, en nombre de la ideología nacionalista y que privan de derechos elementales a todos aquéllos que no la comparten.

 

Los contenidos del libro.
                A través de 23 capítulos de fácil lectura, pero cargados de datos, el libro saca a relucir el entramado generado por ETA y que alcanza a buena parte de la vida cotidiana vasca a través de múltiples tentáculos: SEGI, AEK, Senideak, LAB, Gestoras Pro Amnistía, Batasuna, asociaciones culturales, Herriko Tabernas, etc.
                Estamos ante una investigación periodística forjada por numerosos testimonios extraídos de una paciente labor de hemeroteca, junto a otros procedentes de significativos libros editados por la abertzale Txalaparta (que recogen aportaciones muy diversas de miembros de ETA), por confidencias vertidas en entrevistas efectuadas sobre el terreno y, no podía ser de otra forma, filtraciones informativas algunas no publicadas hasta ahora.
                Si algo queda en evidencia, gracias al caudal de datos proporcionados por este grueso volumen, es la complicidad entretejida, durante décadas, entre el nacionalismo moderado del PNV y EA con el radical de ETA, lo que ha llevado a Jaime Mayor Oreja a afirmar, en la presentación del libro realizada en la Casa de América de Madrid, que: “ETA es el ejército del PNV en la sombra” y que “el libro es una radiografía, una resonancia no sólo de ETA, sino de un régimen donde el crimen de ETA y la mentira del PNV se asocian con intereses comunes y compartidos. Esto es un viejo régimen perverso, dónde sólo hay dos realidades políticas: la de ETA y la del PNV. La de ETA desde el crimen y la extorsión; y la del PNV desde la ambigüedad para que todo se encamine hacia la independencia, aún a costa del miedo y el terror en su ciudadanía”. Esa es la expresión clave que explica, sintéticamente, esta compleja, asfixiante y atípica realidad social: régimen perverso.
                Una prueba –entre muchas- de esa connivencia entre radicales y moderados, se ofrece, por ejemplo, en la página 669, cuando se transcribe una conversación, entre responsables del PNV y Herri Batasuna, celebrada el 26 de marzo de 1991. En esa ocasión, Xavier Arzalluz afirmó ante sus interlocutores que “Nosotros somos los de siempre, nacionalistas. Sin revolución, sin marxismos ni tiros, pero con los mismos objetivos que vosotros. En el futuro, en el País Vasco sólo van a quedar dos fuerzas nacionalistas, el PNV y HB, por lo que habrá que pensar en algún tipo de colaboración. Por eso es falso eso que decís de que estemos impulsando a la Ertzaintza contra ETA. Lo que estamos haciendo es frenándola. La Ertzaintza podía tener datos sobre un comando en Donosti y no ha procedido (a su detención). No creemos que sea bueno que ETA sea derrotada. No lo queremos para Euskal Herría”. Unas declaraciones graves por sus implicaciones y por la ceguera que evidencian: ETA no parará con la independencia, pues encabeza un auténtico proyecto “esencialmente revolucionario y anti-sistema”, tal como denunciara en febrero de 1996 el Lehendakari José María Ardanza ante la Asamblea Nacional de su partido, el hegemónico PNV.
                Los autores investigan las diversas expresiones tácticas y operativas del entramado de ETA, cuya acción ha afectado profundamente la convivencia vasca a lo largo de las últimas décadas, y que agrupan en torno a varios temas capilares: la trama de abogados que actúa como grupo de presión de ETA, las sorprendentes relaciones entre la Ertzaintza y ETA que más parecen las incidencias de un “pacto de no agresión”, la imposición desde ETA a través de AEK y la red de ikastolas de muchos programas educativos al propio Gobierno vasco eliminando casi por completo al castellano de la docencia pública, el terror cotidiano en el que se desenvuelven amenazados y familiares de víctimas, el Estado dentro del Estado organizado en torno a las cuotas de poder municipal alcanzadas por Batasuna, la política de terror practicada contra su propia gente al no permitir disidencia alguna, las más de 200 cuentas abiertas por ese entramado en una Caja Laboral Popular que ha permitido se opere en la misma con el llamado DNI vasco, las presiones a trabajadores y empresarios a través de LAB (al que denominan “sindicato del crimen”), la utilización fría y calculada de la juventud fanatizada por JARRAI, etc. La descripción detallada de una realidad cotidiana, en definitiva, que, a los ajenos a la misma, puede parecer imposible en la Europa del 2003.
                El resultado es un libro que desvela la naturaleza íntima de una sociedad corrompida y mediatizada por los instrumentos del totalitarismo marxista-leninista de ETA con el asentimiento del PNV; ya lo haga, éste, por temor o por sus parciales coincidencias ideológicas.

 

La responsabilidad política de la izquierda española.
                Sin embarga apenas aborda la ideología ETA, dándose por supuesta o limitándose a afirmar su pertenencia nacionalista. Sin sus componentes ideológicos, madurados en el marxismo–leninismo y desarrollados a través de la práctica maoísta de la guerra popular, prolongada y de desgaste, no pueden entenderse las razones últimas de este actuar, aparentemente irracional, pero que responde a unas precisas premisas teóricas, estratégicas y tácticas.
El libro también plantea algunos interrogantes. ¿Cómo es posible que, todo lo que describe tan minuciosamente, haya ocurrido y, todavía hoy, siga acaeciendo? ¿Qué papel han jugado nuestros políticos responsables de la dirección del Estado durante todos estos años? Sin duda, los políticos no salen bien parados. Es cierto que muchos hombres del centro derecha y de la izquierda españolistas han sufrido en sus propias carnes los despiadados zarpazos del terrorismo. Pero ello no es una excusa. Al contrario. Pone más en evidencia, si cabe, la ceguera de quiénes no alcanzaron a ver el alcance de las distintas políticas sociales y culturales, desarrolladas por el PNV a lo largo de estos años, que han facilitado la implantación de este régimen de terror.
En ese sentido, la responsabilidad histórica de los políticos españoles, especialmente de los de izquierdas, compañeros de viaje en la homogeneización nacionalista de la vida social y cultural vasca, del genocidio del castellano y de la persecución a los constitucionalistas, queda en evidencia en algunos párrafos del volumen. Es el caso de Ramón Jaúregui quien, tal vez mediatizado por sus simpatías, no fue capaz de valorar, en su justa medida, la alarma manifestada por un compañero de partido, Ernesto Ladrón de Guevara, ante sus sospechas de que determinados cambios semánticos respondían a una estrategia que pretendía la creación ficticia de una nación sin Estado. Esa ceguera también la han acusado sus líderes nacionales. Todo ello ha llevado a los dos autores a realizar una de las valoraciones políticas, del máximo interés, reflejadas en el texto, al afirmar en la página 280 que “Equivocada o no, la política del PSOE entre 1982 y 1996 fue ésa. Hacer continuas concesiones tácticas, en asuntos aparentemente irrelevantes, como un mal menor en aras de que sus socios no plantearan cuestiones estratégicas como la reforma de la Constitución, la renegociación del Estatuto de Gernika, el ejercicio del derecho a la autodeterminación o la independencia”.

 

La ideología de ETA y la crítica a la Iglesia católica.
Uno de los capítulos más duros es el que describe las relaciones, especialmente estrechas en sus remotos orígenes, entre ETA y miembros de la Iglesia vasca, algunos de ellos clérigos. Sus conclusiones las generaliza superficialmente, coincidiendo con Batasuna en determinadas acusaciones contra la Iglesia, muy extendidas por otra parte. Así, en su página 330, los autores afirman que “…la Iglesia vasca, con la caridad cristiana que la caracteriza, se ha puesto siempre del lado de los verdugos y en contra de las víctimas”. Olvidan que buena parte de las víctimas de ETA eran católicas. También omite, por ejemplo, la disidencia cívica de los católicos de Foro El Salvador, que viene dando un ejemplo de entereza y rebeldía evangélicas desde hace años. También olvida que la Iglesia vasca sufrió de lleno la convulsión de una época que la afectó, por completo, al igual que al resto de la Iglesia universal y a las sociedades española y europea, y que se tradujo en el impacto generacional de las ideologías impulsadas por el 68, origen de todos los radicalismos contemporáneos.
La Iglesia vasca no fue una excepción y padeció, con las peculiaridades del momento histórico y en su concreto contexto territorial, el impacto de tales tendencias y corrientes entre sectores sociales en un origen a ella ligados y, en la actualidad, completamente alejados de la misma.
Tampoco mencionan, seguramente determinados por el cierre de la edición, la Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española denominada “Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias”, de noviembre de 2002,  y que, por si había dudas, ha ratificado la postura de la Iglesia católica al respecto.

 

 

 

Algunas reflexiones finales.
                Hubiera sido necesario el asesoramiento de algún historiador que evitara algún error de bulto existente en el libro, como el cometido al afirmar que el general Zumalacárregui lo fue durante dos guerras carlistas, cuando realmente murió el 25 de junio de 1835 en Cegama a resultas de las heridas recibidas en el sitio de Bilbao, en la primera de las tres que así son calificadas generalmente por los historiadores.
También se detectan algunos errores en las fechas, seguro producto del baile de números especialmente entre el 6 y el 9 y viceversa, lo que en ocasiones desconcierta al lector, pues suponen lapsos de tres décadas en la narración de algunos episodios y vicisitudes personales.
                Pese a esas limitaciones, que deben afrontarse con los ojos bien abiertos y la mirada crítica, el libro cumple una inestimable función: desvelar la realidad del régimen cotidiano de terror y ausencia de libertad que sufre buena parte del País Vasco y de Navarra, producto de la aplicación de unos postulados nacionalistas, construidos a partir de una falsificación histórica, mediante múltiples técnicas que van desde el terrorismo puro y duro a la persuasión; todo ello ante el silencio, la irresponsabilidad o la torpeza de buena parte de la clase política española.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 65, enero de 2003

La Masonería invisible, desvelada por Ricardo de la Cierva.

     La Masonería, para la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, o no existe, o carece de peso social; siendo entendida como una asociación recreativa y filantrópica que “suena a viejo”. En definitiva, es valorada, más o menos, como una ONG, aunque con una incomprensible carga ritual. Un libro, de pretensiones enciclopédicas, se adentra en múltiples facetas y expresiones de los “hijos de la viuda”. Con este texto, Ricardo de la Cierva, su autor, de nuevo rompe esquemas y tópicos.

 

            No es la primera incursión del historiador Ricardo de la Cierva en el movedizo terreno de la Masonería. Recordemos sus títulos El Triple Secreto de la Masonería (1994, en el que aborda rituales y constituciones) y Los signos del Anticristo (1999, centrado en aspectos históricos). En esta ocasión se ha superado, al proporcionar, en un único volumen, un material amplísimo y muy variado, casi una auténtica enciclopedia sobre la Masonería, pues ofrece una visión general de todos sus aspectos más relevantes: naturaleza, origen histórico, incidencia concreta en la historia, contenido de sus rituales, organización interna, obediencias existentes, relaciones con otras entidades, su confrontación con la Iglesia católica, los denominados “crímenes masónicos”, sus conexiones con determinados círculos de poder político y económico mundiales, etc. En este itinerario se adentra también, por varias vías -y ese es el objeto del libro- en el oscuro mundo de la Masonería invisible; es decir, aquella que no es accesible, ni siquiera, a la inmensa mayoría de los propios masones y cuyas pretensiones y ramificaciones parecen alcanzar el poder político, los centros de decisión económicos y los motores impulsores del cambio social a través de la imposición de una nueva mentalidad global y universal. Una Masonería invisible, también, en su más íntima naturaleza: gnóstica y pagana en cualquier caso, satánica al menos en determinados y restringidos cenáculos herméticos.
            No hay aspecto relevante de la Masonería que el autor no se haya atrevido a afrontar, aunque con desigual resultado, en este texto: La Masonería invisible. Una investigación en Internet sobre la Masonería moderna (Editorial Fénix, Madrid, 2002. 678 páginas). Así, los capítulos dedicados al contenido y análisis de sus rituales son magníficos e impecables: al recurrir a fuentes masónicas de toda solvencia, desvelando su indiscutible naturaleza gnóstica y paganizante y explícitamente anticristiana.
            Otros capítulos no son tan completos. Es el caso de los relativos a una parte de la materia que inspira el trabajo del investigador. Nos referimos a los apartados dedicados al Club Bilderberg, al Council of Foreign Relations, la entidad norteamericana Skull and Bones, etc. Pero difícilmente podía haberse realizado de otra manera, dada la opacidad de estas realidades y la ausencia de fuentes documentales absolutamente fiables. En el acopio de documentación recurre, casi exclusivamente, a Internet. Y el material existente, en todo caso, es escaso, lo que empaña la fiabilidad de las fuentes, procedentes de filtraciones internas, suponemos, dada la escasa publicidad de la vida interna y los objetivos de tales entidades. De abrirse al exterior, y de proporcionar un día a los historiadores materiales solventes, podrían confirmarse las razonables intuiciones de nuestro historiador.
            Puede achacarse que las fuentes procedentes de Internet son, en general, poco fiables. Por ello el autor las ha investigado con criterio selectivo y riguroso. Además se ha cuidado mucho en apoyarse, cuando es posible, en los títulos más significativos de la inmensa bibliografía masónica existente, tanto en castellano como en inglés. Y de ese rigor podemos dar crédito, por el conocimiento personal que tenemos de las web en castellano de temática masónica, que pueden encontrarse en la red de redes y a las que ha recurrido el autor.
Tienen mucho interés historiográfico los contenidos dedicados a la configuración moderna de la Masonería: su evolución desde unos gremios medievales de indudable religiosidad, hasta derivar en una sociedad semisecreta anticatólica. Los concretos datos históricos de esa transformación efectuada al calor del Iluminismo y la Ilustración, ordenados por el escritor, son esclarecedores. Dicha evolución histórica es avalada por su estudio de otros aspectos trascendentales para la vida de la Masonería: las que denomina “infiltraciones” templarias y rosacruces.
            Otro aspecto relevante, y que debería profundizarse en el futuro, es el de las relaciones, con diversas implicaciones (políticas, religiosas, sociales), de la Masonería con las tres Internacionales obreras, la Sociedad Fabiana, la Sociedad Teosófica, etc.
            No elude un tema de actualidad, aunque complejo, como es el de la confrontación histórica con la Iglesia católica. Para ello recorre todos sus hitos importantes, remotos unos, de rabiosa actualidad otros, tanto en lo que respecta a documentos concretos y múltiples pronunciamientos pontificios, como a diversas vicisitudes históricas relevantes.
            Dedica bastante espacio, muy bien tratado y riguroso en sus fuentes, a las conexiones judeo-masónicos; incuestionables en su impacto en los rituales masónicos, alma y espejo de la institución.
            Su incidencia en hechos concretos de la historia, faceta muy querida y cultivada por los propios masones, también es abordada por el investigador; temática de especial interés para nosotros, españoles, por sus implicaciones en diversos acontecimientos, como fueron la llamada emancipación de las naciones hispanoamericanas y el asesinato de José Calvo Sotelo en 1936, entre otros.
            No se detiene ante ninguna barrera, lo que le permite afrontar espinosas problemáticas poco tratadas: el presunto satanismo de algunos niveles superiores de la Masonería, los llamados “crímenes masónicos” (entre los que tiene un cierto interés la reciente versión que proporciona sobre la realidad subyacente en los crímenes de “Jack el Destripador”), sus relaciones con P2 y sus implicaciones en mismísimo el Vaticano…
            Dado el fuerte carácter del historiador, no sorprenderá encontrar motivos de polémica: desde la mantenida con el Sr. Javier Otaola, alto dignatario masón vasco, a los juicios que vierte sobre el Presidente Aznar a causa de sus alabanzas a la masónica Institución Libre de Enseñanza y a Manuel Azaña. Y en ese tono polémico, que atraviesa toda la obra, trasluce una clara voluntad de servicio a la verdad histórica objetiva y a la Iglesia, más que una pretensión de aséptica imparcialidad.
            Muchas son las sugerencias contenidas en el texto. Y del máximo interés los interrogantes planteados. Por ejemplo, ¿cómo justifican, hoy día, ilustres jesuitas –algunos de ellos, españoles- su manifiesta y particular simpatía con la Masonería? Y, en otro orden, ¿podrán algún día explicar las razones de su asistencia, a cónclaves de la Trilateral, los ilustres invitados españoles que por allí recalaron, no se sabe muy bien a qué, y qué trataron?
            Un libro, en definitiva, muy recomendable. Sin caer en tópicos academicistas, y con las limitaciones propias de la naturaleza opaca y semisecreta de las entidades masónicas o paramasónicas que investiga y del principal medio empleado en este trabajo, Internet, se sirve de una prosa ágil y rápida, sin apenas notas a pie de página; resultando su lectura muy entretenida, en muchos momentos apasionante y en todo caso, sorprendente.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 61, septiembre de 2002.

El yunque azul.

Cruz Orozco, José Ignacio. Alianza Editorial. Madrid, 2001. 253 páginas + 1 CD. 27 euros.

 

            Frente de Juventudes y sistema educativo, razones de un fracaso: con este subtítulo el autor anticipa la temática que estudia y su principal conclusión, la cual, además, recorre todo el texto que aquí comentamos. No se trata, por tanto, de una historia global de la organización juvenil, sino de un análisis de su proyección y presencia docentes en la enseñanza reglada, tanto pública como privada, si bien en esta última apenas tuvo incidencia. En coherencia con este planteamiento, el escritor no entra en juicios ideológicos apriorísticos, dando por supuestas las bases doctrinales de la entidad.
La Ley fundacional, de 6 de diciembre de 1940, del Frente de Juventudes (FJ, en lo sucesivo), establecía el principal objetivo de esta organización: encuadrar a toda la juventud masculina española, pues para las chicas existía la Sección Femenina y la Universidad era competencia del Sindicato Español Universitario, entidades ambas que gozaron de una gran autonomía orgánica y funcional. Su pretensión última era la socialización política de la juventud española, siendo calificado como la “obra predilecta del régimen”. Para alcanzar tan ambiciosa misión contaba con tres instrumentos: la iniciación política (el libro analiza los recursos empleados para ello y sus resultados), la educación física y las actividades de aire libre.
            El primer capítulo arranca de la conciencia de fracaso de algunos de sus protagonistas, y que aseveran estudios científicos posteriores. Para el autor, la principal causa de ese fracaso histórico radicó en la relación de subordinación existente, en todo momento, entre la política de juventud, competencia del FJ, y la política educativa, siempre determinada por la “familia” católica. Desde esta conciencia, ya en sus inicios, se propusieron alternativas: la “Academia de Cultura del FJ de Toledo”, y el estudio “El FJ y la Escuela”, elaborado en Castellón en 1951 y que proponía el control de todo el sistema educativo por municipios y sindicatos, por la “familia” falangista, en definitiva.
            En este contexto, en su página 31, realiza una de las afirmaciones que consideramos de mayor calado, dando por válidos algunos testimonios recogidos en el texto de J. L. Rodríguez Jiménez Historia de Falange Española de las JONS (Alianza Editorial, Madrid, 2000), coincidentes en el “…desencanto producido entre las jóvenes generaciones de falangistas encuadrados en el Frente de Juventudes. El autor recoge de diversas fuentes, en las que incluye testimonios orales, cómo muchos jóvenes veían con asombro las grandes diferencias existentes, entre la doctrina nacional-sindicalista en la que se les formaba en la organización juvenil y la realidad social que les rodeaba”. Un contraste con la vida cotidiana que quedó, en buena medida, recogido en el discurso de la “revolución pendiente”.
            El Patronato Escolar Primario, objeto de estudio en el capítulo segundo, pudo ser el intento de superación de algunas de las limitaciones existentes. Se creó, con ello, una red propia de centros de primaria donde se pretendía, idealmente, impartir una enseñanza más acorde al espíritu que animaba al FJ. De nuevo se evidencia la subordinación de los intereses de la formación política a los educativos; no en vano esos centros surgen coadyuvando la labor del Ministerio de Educación en su lucha contra el analfabetismo, sin diferenciarse apenas en su práctica futura de la de los demás centros públicos. Se manifiesta, además, otro límite, al no extenderse al bachillerato; ámbito considerado, no obstante, como preferente para su acción formativa por el propio FJ. Estos centros acogían, en 1969, a 5.845 escolares, cifra que contrasta con el total de 3.700.000 alumnos de primaria en toda España, lo que demuestra su casi nula incidencia. La comparación de esta mínima realidad con los datos del Patronato Diocesano de educación de Valencia, pone en evidencia la desigualdad de medios empleados, la irradiación social, los apoyos reales, etc.
            El tercer capítulo estudia la figura de los Instructores elementales, a quienes correspondía la responsabilidad directa de la asignatura de Formación del Espíritu Nacional (FEN), principal instrumento reglado de adoctrinamiento del que se sirvió el FJ. La misma denominación de estos docentes, establecida en la Ley de 16 de octubre de 1941, del Ministerio de Educación Nacional, proporciona una clave: Instructor, un concepto por debajo del de profesor, lo que ya clarifica su prelación en el sistema educativo.
            Debemos recordar, aquí, que la asignatura de FEN, en primaria, la impartieron los propios maestros, capacitados mediante cursillos específicos organizados por el FJ; mientras que en bachillerato eran los Oficiales Instructores, funcionarios del FJ, quiénes asumieron esa materia, así como la educación deportiva. Especial atención dedica a los campamentos organizados por el FJ para la capacitación de los futuros maestros, sus quiebras e insuficiencias.
¿Cuáles son, para el autor, los grandes rasgos de esa asignatura, que estudia en su cuarto capítulo? Veámoslos: el FJ no tuvo en cuenta los conceptos más elementales de la psicología evolutiva, careció de un profesorado propio homologado, la dotó de grandes objetivos plenos de idealismo pero sufriendo una endémica carencia de medios, padeció de una preocupante ausencia de materiales didácticos básicos. Todo ello lo resume en “una acción marcada por la precariedad”. Su primera etapa termina a finales de la década de los 50. En enseñanza primaria el sistema descansaba en los actos de alzada y arriada de banderas, las exposiciones orales semanales, los murales mensuales y los cuadernos de rotación; aunque todo ello con un seguimiento desigual y decreciente a merced del magisterio. También se caracterizó por la ausencia casi total de instrumentos didácticos y un reduccionismo metodológico consistente en una repetición de los mismos contenidos durante varios cursos consecutivos. Ideológicamente, respondía al más puro estilo falangista: concepción histórica, escala de valores y discurso político.
            Fue en las Enseñanzas Medias donde se concentraron los esfuerzos del FJ, siendo prueba de ello la existencia de un cuerpo docente propio, pero también con enormes dificultades: carencia de verdaderos textos, ausencia de medios didácticos, una formación profesional unilateral …
            En los años sesenta, fruto de las vicisitudes históricas y del correspondiente ascenso de determinadas “familias” del régimen en detrimento de otras (la falangista, particularmente), se produce un cambio no sólo nominal de las organizaciones del FJ, sino que respondía a una transformación conceptual y metodológica de la propia FEN, pretendía, en última instancia, “apolitizar” al alumnado. Se desarrolla, así, la segunda fase de la FEN. Prescindiendo sustancialmente de la ideología falangista, se centrará en la explicación de los fenómenos sociales de convivencia y las bases jurídicas e ideológicas del Régimen. Los nuevos textos, por su parte, pecaron de los vicios opuestos a los precedentes: complejidad, extensión, falta de sincronía con los conocimientos impartidos en cada curso… Pero, en todo caso, la imagen de la asignatura ya estaba ”fijada” en la sociedad española de forma muy negativa, a juicio del autor. A partir del 70, la división entre reformistas e inmovilistas también cristalizó en la Delegación de Juventud, dando lugar a algunos textos que retomaron un lenguaje y unos conceptos propios de los años cuarenta. La falta de personal fue un problema endémico en toda su trayectoria, lo que indica el papel real reservado a la entidad; en contraste con las dotaciones crecientes del Ministerio de Educación Nacional. Finalmente, desapareció a principios del curso 1977-1978.
            El sistema, como instrumento de reclutamiento de nuevos afiliados para el FJ, tampoco fue eficaz, según indican los escasos datos estadísticos estudiados. También afirma, el autor, que el FJ no logró que su diseño organizativo, en sus distintos niveles, funcionara alimentándose unos de otros: centros del Patronato, Hogares, docentes de FEN.
El texto presenta algunas limitaciones: muchos de los datos manejados corresponden a Valencia, el material gráfico tiene una procedencia temporal y geográfica muy limitadas, no se habla de los Colegios Menores, algunas afirmaciones son extrapolaciones lógicas pero sin apenas soporte documental y se percibe cierto desequilibrio interno al dedicar numerosas páginas a determinadas cuestiones en detrimento de otras. Pero constituye, globalmente, un buen inicio para una línea de investigación que requiere mayor desarrollo.
            Destaquemos, por último, un aspecto formal curioso: todo el libro está impreso en tinta azul, salvo el CD (que recoge 15 de las más populares canciones del FJ) que aporta, y que lo está en negro, para recordar los ya viejos discos de vinilo.
            De su capítulo cuarto procede este clarividente párrafo que bien podría sintetizar todo el libro: “Desde un principio, en el proceso de construcción del estado franquista, los falangistas contaron con su propia parcela en el sistema educativo. Pero sólo con esa parcela. El sistema educativo en su conjunto nunca estuvo bajo su tutela, por mucho que algunas fórmulas externas de comportamiento así nos lo parezcan” (pág. 171).

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

Auge y ocaso de EL FRENTE DE JUVENTUDES.

Alcoba, Antonio. Editorial San Martín. Madrid, 2002. 282 páginas.
A partir de su propia experiencia, y realizando un meritorio esfuerzo de memoria histórica, el autor pretende hacer justicia a toda una generación marcada por la posguerra y que, en un porcentaje importante, participó en alguna de las expresiones del Frente de Juventudes; particularmente en las llamadas Falanges de Voluntarios o Juveniles de Franco.

 

El Frente de Juventudes pretendía, según establecía su Ley fundacional de 6 de diciembre de 1940, encuadrar a toda la juventud masculina española. Dispuso de tres instrumentos para ello: la iniciación política a través de la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, la educación física de la juventud y las actividades de aire libre; aspecto, éste último, en el que más profundiza el autor. Por su parte, el Sindicato Español Universitario y la Sección Femenina, en sus ámbitos respectivos, disfrutaron de una gran autonomía; siendo dos realidades apenas contempladas en este libro. Sí que lo hace al narrar la manifestación del 25 de enero de 1954, a favor de la españolidad de Gibraltar, y los incidentes universitarios de febrero de 1956.

 

Una tesis central atraviesa todo el estudio, en parte compartida por Mariano Gamo, autor del prólogo. A su juicio, el Frente de Juventudes formó a sus asociados en el espíritu genuino y la doctrina pura de los fundadores del nacional sindicalismo, pese a la nomenclatura franquista de la principal entidad juvenil y su inserción oficial en el organigrama del nuevo régimen surgido de la guerra civil. Esa contradicción entre doctrina falangista y la realidad social y política del franquismo, pronto apreciada por buena parte de sus elementos más conscientes, produjo una gran decepción, materializada en la doctrina de la “revolución pendiente”, y que encontramos en la razón de algunos actos de protesta protagonizados por jóvenes idealistas de esta organización (producidos, ya, en 1948, con gritos “subversivos” en una concentración, ante Franco, en El Pardo). También propició disidencias, desembocando todo ello en naturales abandonos masivos de la organización, recalando muchos decepcionados en la oposición antifranquista de izquierdas. Pero el autor no aclara cómo fue posible que, si la conciencia nacional sindicalista de esa generación estaba tan bien formada, sus decepcionados no engrosaran mayoritariamente los grupitos falangistas que nacieron de esa diáspora. Este fue, entre otros, el caso del Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES) que, con continuidad orgánica hasta hoy mismo de alguna manera, elaboró, de la mano de Sigfredo Hillers de Luque principalmente, una amplia crítica doctrinal y legal que concretó en sus libros “España, una revolución pendiente” y en el famoso “Ética y estilo falangistas”.

 

Gracias a su relación personal con muchos protagonistas de la historia del Frente de Juventudes, y a su conocimiento directo de buena parte de los hechos más relevantes, proporciona numerosos datos de interés relativos a incidentes significativos producidos ante Franco por miembros de la organización juvenil, aunque salva su anonimato cuando así lo considera oportuno: así, el desplante producido el 20 de noviembre de 1955 en el Monasterio de El Escorial, y el incidente protagonizado por Román Alonso Urdiales el 20 de noviembre de 1960 en el Valle de los Caídos.

 

Desvela, también, algunos datos inéditos, de cierta relevancia, que avalan buena parte de sus tesis. Es el caso de la circular número 47 (7/11/51), del ministro secretario general del Movimiento, por la que ordenaba la afiliación en el Frente de Juventudes de los hijos de los militantes del partido único, lo que demostraba, bien una falta de interés de los padres, bien el temor de los mismos a que sus vástagos sufrieran una “contaminación ideológica”. También rescata algunas circunstancias apenas conocidas en torno a las elecciones a concejales por el ayuntamiento de Madrid, de 1954.

 

Nos descubre, por otra parte, su participación en la realización de pintadas falangistas anteriores a 1956 y destaca el peso de algunas Centurias emblemáticas del Frente de Juventudes, caso de la Ramiro Ledesma, del Distrito de Palacio de Madrid y su diario Garra, y la de Montañeros.

 

Pero, para tratarse de una historia de esta organización con pretensiones globales, observamos que apenas trata del Patronato Escolar Primario, los colegios mayores, colegios menores, la asignatura FEN y la capacitación de los instructores elementales como docentes de la misma. La transformación que sufrirá el Frente de Juventudes, ya en los años 60, originará, a su juicio, una criatura más próxima al espíritu boy scout que al nacional sindicalista: la Organización Juvenil Española (OJE), hecho que podemos fechar el 18 de julio de 1960, a la que tampoco presta una atención relevante.

 

Con tales presupuestos ideológicos, nos proporciona una “visión campamental del Frente de Juventudes”, en detrimento de otras expresiones de la organización y de la necesaria crítica constructiva de algunas de sus facetas: burocratización, limitaciones materiales, etc.

 

Un aspecto que reivindica positivamente, patrimonio de la historia del Frente de Juventudes, es haber constituido –a su entender- uno de los pocos espacios sociales en que la reconciliación entre los españoles, sin distinciones de hijos de vencedores e hijos de vencidos, se habría producido después de la guerra civil.

 

Otro tema de interés, nada estudiado hasta el momento, es el de las numerosas vocaciones religiosas suscitadas en sus organizaciones, que cifra en unas 5.000. Lástima que no profundice en este aspecto.

 

José Antonio Elola-Olaso, Jesús López Cancio, etc. Casi 500 personas, de una u otra manera relacionadas con la organización juvenil, son mencionadas a lo largo del texto, lo que acredita el esfuerzo del autor por rescatar este trozo de la memoria histórica de los españoles.

 

A lo largo de sus páginas reitera los mismos posicionamientos personales críticos con la marcha actual de la nación española, con sucesivas descalificaciones genéricas y juicios políticos muy concretos, lo que le priva de objetividad y empaña su generoso empeño investigador; labor más necesaria cuando los archivos de dicha organización han desaparecido en su mayor parte.

 

Este planteamiento, que destila pasión y convicción a partes iguales, determina su mismo estilo literario, desgranando párrafos en ocasiones excesivamente extensos: así, en su página 39 encontramos uno de 18 líneas.

 

Debemos constatar, como flanco débil, y que habrían podido avalar muy favorablemente sus tesis, la escasez de datos estadísticos y la falta de precisión en la narración de algunos hechos. Ello lo suple con una mezcla de recuerdos, valoraciones a posteriori, datos inéditos o llamativos (cómo las diversas versiones existentes en torno a la visita del entonces Príncipe Juan Carlos al campamento de Covaleda en julio de 1955), de notable interés en cualquier caso.

 

Por lo que respecta a la edición, encontramos numerosas erratas, incluso en el texto de la contraportada: precisaba de una ulterior revisión que habría facilitado su lectura.

 

En resumen: un alegato apasionado desde la propia experiencia y la fidelidad a aquello que el autor encontró hace décadas, y que marcó el carácter y destino de una parte de aquella “generación perdida”.


 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

José Antonio: visiones y revisiones. Bibliografía de, desde y sobre José Antonio Primo de Rivera.

José DÍAZ NIEVA y Enrique URIBE LACALLE. Ediciones Barbarroja. Biblioteca Centenario (colección patrocinada por Plataforma 2003). Madrid, 2002. 112 páginas.

 

Este volumen constituye el mayor repertorio, publicado, de los numerosos escritos que tienen como protagonista a la figura de José Antonio Primo de Rivera.
Recoge un total de 518 referencias bibliográficas de todo tipo: artículos, libros, folletos…
Muy desigual en su respectiva trascendencia, extensión y profundidad, la presentación de esta documentación requería un esfuerzo añadido que sistematizara, con criterio científico, tan ingente producción escrita. Y esto lo ha hecho, con su introducción al libro, el profesor José Luis Orella (experto historiador, biógrafo del tradicionalista navarro Víctor Pradera) realizando una breve, pero interesante incursión, en las fuentes escritas en torno a la principal figura de una “familia” política siempre en polémica con el tradicionalismo.
Esa introducción describe, de forma sumaria pero clarificadora, la orientación predominante, acorde a cada fase histórica, en la producción escrita generada en torno a José Antonio. Podríamos, así, diferenciar varias fases. A la inicial de exaltación de su figura, paralela a la guerra civil, sigue una fase en la que, por influencia de la situación internacional, se destacan los aspectos más relacionados con el fascismo. En la siguiente etapa se resalta, también por imperativos de política exterior, su catolicismo y anticomunismo. Su pensamiento y figura serán analizadas de manera dispar en los años finales del franquismo y de la transición, llegándose a establecer coincidencias con el socialismo y una contraposición a la figura de Franco. Todavía en los años 90, se conocerán nuevos estudios biográficos y diversos trabajos universitarios, a la vez que otros jóvenes autores tratarán aspectos eclipsados en estudios anteriores. El profesor Orella resalta, también, la labor realizada en torno a las famosas “Obras Completas” de José Antonio y las novedades producidas al respecto en los últimos años.
Cada ficha contiene los datos básicos de identificación del texto: autor, título, editorial, año de la edición, localidad de la misma y número de páginas. En algunos casos se aclaran aspectos significativos de su contenido.
El exhaustivo trabajo de los autores se plasma en los 8 capítulos en que clasifican todas las fichas bibliográficas: notas y estudios biográficos, estudios sobre su pensamiento político, otros estudios y reseñas, conmemoraciones y homenajes, José Antonio en Arrese, Fernández Cuesta, Girón y Rodríguez de Valcárcel, José Antonio en la literatura, obras de José Antonio y, por último, trabajos inéditos. Debemos mencionar la addenda final con la que se cierra el libro y que recoge 12 ulteriores reseñas, con el único criterio del orden alfabético de los apellidos sus autores. Un índice onomástico completa el trabajo realizado.
Hemos echado de menos la mención de algunas obras fundamentales que, referidas a la historia del movimiento por él fundado, realizan aportaciones y valoraciones interesantes en torno al personaje. Pensamos en diversos títulos, de orientación muy diversa, pero que tuvieron cierta trascendencia en su día, como La rebelión de los estudiantes (de David Jato) o Falange. Historia del fascismo español (de Stanley G. Payne). En cualquier caso, se precisaba acotar de alguna manera la investigación, pues de no haberlo hecho así, se habría extendido de forma casi interminable, siendo, entonces, difícil y discutible el criterio marcado para establecer su frontera.
Este libro, según nos informan sus autores, constituye pilar básico de una obra, en la que vienen trabajando, de gran envergadura: una Bibliografía total del Nacionalsindicalismo español. Constituirá el mayor esfuerzo realizado al respecto, abordando con decisión la gran diversidad de escritos relacionados con este movimiento: literatura, política, arte, obras de los fundadores, publicaciones de los diversos grupos y organizaciones falangistas, etc. Uno de sus capítulos – de 25, aproximadamente- será el dedicado a José Antonio, que, con una clasificación temática similar a la seguida en el libro que aquí comentamos, será el más extenso junto al que reúna los textos de carácter doctrinal. Este proyecto explica el criterio, de delimitación seguido, antes comentado.
            Un libro, en definitiva, esencial si se quiere abordar, con rigor, el próximo centenario del nacimiento de una de las figuras, del siglo XX español, que desató –y todavía lo hace- los sentimientos más diversos.

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.

Sobre José Antonio.

Enrique DE AGUINAGA y Emilio GONZÁLEZ NAVARRO (comp.). Ediciones Barbarroja. Biblioteca Centenario (colección patrocinada por Plataforma 2003). Madrid, 2002. 2ª edición. 268 páginas.

 

El protagonista de este texto recopilatorio, nacido un 24 de abril de hace 99 años, no precisa presentación, pese a ser, en palabras del historiador Luis Suárez, recogidas en este libro, el gran ninguneado. Mucho se ha escrito sobre él, quien ya forma parte, sin duda, de la memoria colectiva de los españoles. Ello no implica, sin embargo, que sea generalmente conocido ni que el juicio histórico emitido sea unánime; más bien debe afirmarse que arraigados prejuicios, de muy variado signo, deforman la lente a través de la cual se interpreta al personaje o se le margina.
La percepción de la imagen de José Antonio ha atravesado varias fases: combatida, ensalzada, ignorada… Y muchos de los testimonios del libro así lo avalan.
Su particular empeño fue, sintéticamente, el de la superación de derechas e izquierdas o, desde otra perspectiva, la fusión entre tradición y revolución; esfuerzo al que no fue ajeno su profundo catolicismo. Así lo afirma, entre otros, el francés Arnaud Imatz, (testimonio recogido en la página 129 del libro aquí reseñado), pues “Para que la síntesis falangista joseantoniana emparente con el fascismo italiano o con el nacionalsocialismo alemán, hubiera sido necesario que sacase su cuadro conceptual bien de la tesis hegeliana del estado, bien del vitalismo, el materialismo biológico o el social-darwinismo. Hubiera sido preciso que no estuviera fundada sobre los principios filosóficos del cristianismo, que hacen de la persona el valor supremo” (Novelle Ecole, Nº 45, París, febrero de 1989).
En este libro se nos ofrece un amplio abanico de opiniones. Recogidas en el ámbito familiar, en el laboral, en el de los correligionarios, también entre sus oponentes políticos, entre historiadores e intelectuales; encontramos posturas muy diversas. Desde la adhesión incondicional hasta el rechazo absoluto. Se percibe una simpatía muy extendida hacia sus cualidades personales y un reconocimiento general de sus aptitudes profesionales e intelectuales, rompiéndose esa unanimidad cuando la valoración se refiere a su papel político. Creador de una síntesis original, para unos, continuador de una visión tradicional del hombre y de España, para otros, consciente instrumento del poder capitalista; incluso, simplemente, un fascista (así lo califica el historiador Cesar Vidal).
La disparidad de opiniones es notable y sorprendente. En este sentido, y como curiosidad, mencionaremos que se reproduce, por ejemplo, la entrada PRIMO DE RIVERA recogida en la Enciclopedia Soviética (3ª edición, Moscú, 1975), con un juicio marxista ortodoxo fácil de predecir (página 83).
Está estructurado en un índice nominal de los autores de los testimonios recogidos, una breve nota preliminar en la que los recopiladores concretan la fe y anhelos subyacentes en este trabajo, la transcripción de tales testimonios (desde Diego Abad de Santillán hasta Julián Zugazagoitia) y una elemental bibliografía sobre el personaje.
Cada una de sus 449 opiniones contiene una referencia brevísima al autor de la misma y a la fecha en que se produjo, lo que permite una valoración por parte del lector. No es el mismo, por poner un ejemplo, el balance efectuado por un José María Aznar en sus años jóvenes, que el que pudiera realizar, posteriormente, ya lanzado en su carrera política hacia el centro reformista. De otras importantes personalidades, que igualmente evolucionaron a lo largo de nuestra reciente historia, también se recogen los testimonios en su día efectuados en torno a José Antonio: José María Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo... Mencionar cada supuesto concreto sería excesivo. La evolución personal experimentada, por otra parte, no priva de valor a los respectivos testimonios, evidentes proyecciones, en todo caso, de una época.
Echamos de menos algunas opiniones, como las del innovador historiador Pío Moa recogidas en su trilogía sobre la Segunda República española y la guerra civil (Ediciones Encuentro), o la del biógrafo de su entraña religiosa, Cecilio de Miguel Medina, autor de La personalidad religiosa de José Antonio (Almena, Madrid, 1975); un libro que conviene rescatar.
Un buen trabajo, como resumen, para aproximarnos a esta controvertida pero, pese a todo, desconocida figura.

 

Revista de historia Aportes. Nº 50, 3/2002.