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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Reseñas bibliográficas

La claves del fenómeno Le Pen: un libro para adentrarse en el populismo europeo actual.

      Disipada la tormenta electoral francesa levantada por Le Pen; un libro editado en España intenta profundizar en las claves del fenómeno, proporcionando sugestivas ideas, una perspectiva histórica y algunas claves para el futuro.

 

El libro.

                El ascenso electoral de Le Pen en Francia –realmente, una recuperación- generó, en su día, una marea de escritos en los medios de comunicación, así como todo tipo de comentarios entre los tertulianos y columnistas habituales. Pero, transcurridos unos meses, el esfuerzo de reflexión realizado con tal motivo, especialmente desde la izquierda cultural y política, en los grandes diarios de ámbito nacional, se ha esfumado; con la excepción del “dossier” Los nuevos fascismos publicado en la revista izquierdista El viejo topo (octubre de 2002, número 171, páginas 31 a 50, Barcelona).

                La posterior derrota electoral de Le Pen en la segunda ronda, y la fragmentación de la Lista Pim Fortuyn de Holanda, otra de las eclosiones populistas que inquietaron a los voceros de lo “políticamente correcto”, tranquilizaron los ánimos, proporcionando argumentos a quiénes caracterizaron al fenómeno, ante todo, de fugaz.

                Este olvido, o despreocupación, según se mire, intenta romperlo el libro que comentaremos aquí, Las claves del fenómeno Le Pen. El hombre que conmovió el sistema (Producciones y Representaciones Editoriales, S.L., Barcelona, septiembre de 2002, www.pyresl.com). No es el único intento de reflexión global que conocemos al respecto publicado en España, pues debemos mencionar el texto de Ferran Gallego, Porqué Le Pen (El viejo topo, Barcelona, 2002), quien, desde una perspectiva de izquierda crítica aborda la tradición de la derecha radical francesa, la crisis de la izquierda, el imaginario nacional-popular, etc.

                Veamos, pues, el primero de ellos. Su título ya nos descubre sus pretensiones. El autor, Hervè Blanchart, es presentado como un periodista que ha mantenido entrevistas con diversos representantes cualificados del Front National y de otros grupos europeos del mismo espectro político. Creemos que es un seudónimo por varias circunstancias: no figura traductor entre los datos técnicos, una fuente documental decisiva a la que recurre (resumen de un libro que luego mencionaremos) es una web española, algunas referencias expresas (como la contenida en su página 82 al señalar que “En España sabemos …”), diversas menciones a Barcelona y, para finalizar, que figure Madrid como lugar donde se redacta la conclusión mientras que es París la referenciada en la introducción. Todo apunta, por lo tanto, a que el autor sea algún buen conocedor español del tema, barcelonés para más señas, ciudad en la que siempre se ha mirado con especial interés la evolución de los ambientes neofascistas y populistas europeos.

                Este maquillaje de la identidad real del investigador -el autor y editor conocerán sus motivos- no quita valor a la información contenida en este libro. No impide que los razonamientos recogidos sean consistentes y su exposición general consecuente con los mismos. En todo caso, es lamentable que, por las razones que sean, la autocensura se imponga hasta el punto de ocultar la identidad real del autor de un texto que no puede descalificarse a priori. Un indicador, en definitiva, de las limitaciones al pluralismo real existentes en el mundo editorial.

                Ciertamente, puede advertirse una cierta sintonía del autor con el populismo descrito, al menos con algunas de sus posiciones. Pero esto no le impide ser objetivo, al descubrir, por ejemplo, una clave interesante de lo ocurrido en Francia que constituye, además, una importante limitación del populismo: la vinculación delincuencia - inmigración, principal argumento lepenista, ha oscurecido otras propuestas en absoluto viables del partido, tales como la salida de Francia de la Unión Europea, el regreso del franco, etc.

 

Los contenidos del libro.

                En este libro encontraremos, en buena lógica, una evolución histórica: tanto de los medios humanos de la llamada extrema derecha francesa, como de su principal protagonista, Le Pen. La sopa de siglas radicales puede llegar a abrumar al lector no iniciado, pero el autor logra que todas ellas tengan su papel en esta historia, bien por el peso de sus ideas, bien por encontrar en su seno a personas que, posteriormente, desarrollarían un papel de cierto relieve en el Front National. Hablamos, en ese sentido, de Serge Martínez, Bruno Megret, Michel Schneider, Jean Pierre Stirbois, Bruno Gollnish (su previsible sucesor), etc.

Otros personajes con cierto protagonismo en esta historia son Pierre Poujade (en cuyo movimiento encontramos a un joven Le Pen iniciándose en la política populista), Alain Robert, Pascal Gauchon, Tixier –Vignancour, François Duprat, Roger Holeindre, etc.

                Los partidos populistas no son, a juicio del autor, una versión remozada de los grupos de extrema derecha y neofascistas. Se trataría de un fenómeno distinto y de alcance continental, propiciado por el agotamiento del discurso político de los partidos tradicionales y su ceguera ante los efectos no deseados ni previstos por una inmigración descontrolada. Son unas formaciones de nuevo tipo, con escasa carga ideológica, dispares entre sí, y con un electorado en parte también procedente de la izquierda. No impugnan el sistema democrático; al contrario, pretenden rectificarlo siguiendo sus cauces legales. Su espacio natural sería el de la derecha, al incidir en unos valores propios de este campo: orden, seguridad, respeto a la ley. También incorpora elementos propios de un discurso izquierdista, como es la invocación a la protección social. Incluso hace propios algunos conceptos del discurso antiglobalizador, como es el rechazo al pensamiento único, un cierto antiamericanismo y lo que se viene llamando, desde posiciones oficiales, la “regresión comunitaria”.

                Le Pen ha servido de catalizador de estos sentimientos aparentemente dispersos, planteando cuestiones políticamente incorrecta, que ya empiezan a ser afrontadas desde algunos partidos y medios de comunicación: necesidad de un mayor control de la inmigración, lucha contra la delincuencia generada por los ghettos, etc.

En 35 de sus 159 páginas proporciona un auténtico arsenal de argumentos que abordan, de frente y sin complejos, los desajustes sociales generados por una miope política inmigracionista marcada, en Francia y en casi toda Europa, desde presupuestos progresistas; lo que ha facilitado el ascenso de estos partidos populistas. Y lo hace de la mano de un resumen del libro del pensador francés Guillaume Faye, La colonisation de l’Europe, perteneciente al grupo de intelectuales de la llamada Nueva Derecha, en su versión paganizante, por calificarla de manera que nos permita clasificarla fácilmente. Llegados a este punto, podemos preguntarnos: ¿cuál es la pretensión real del autor?, ¿informar de la realidad de este fenómeno o, acaso, proporcionar argumentos razonables a quiénes se atrevan a promover, en España, una formación de las caracterizadas en el libro? Seguramente, la respuesta a ambos interrogantes es afirmativa, pues el texto bien puede servir a los dos objetivos.

En líneas generales, si bien los datos y argumentos recogidos son consistentes, algunos de sus contenidos son más ligeros, aunque sin llegar a rebajar la tensión del libro en su conjunto. Uno de los apartados más frágiles, en ese sentido, es el dedicado al presunto antisemitismo de Le Pen, que explica como producto de su persecución por determinados organismos y personalidades de gran peso en la vida pública francesa, todos ellos procedentes de la extrema izquierda y en algunos casos vinculados personalmente con la comunidad judía. No olvidemos que Le Pen es partidario de palestinos y de la posición de Irak…

                España parece ser la excepción europea en las manifestaciones del populismo. El autor, sin duda, es un buen conocedor de la situación española, especialmente la catalana; lo que demuestra sobradamente por las precisas referencias a la evolución y realidad de la extrema derecha española y sus expectativas actuales, después de casi tres décadas de travesía del desierto. Reconociendo, el autor, que el fenómeno de la inmigración no se percibía entre los españoles como un factor generador de especial preocupación, asegura que, ahora, empiezan a cambiar las cosas. De esta percepción, que no es exclusiva de este autor, parece haber tomado buena nota el PP y el mismo PSOE. El primero, al propugnar, a nivel europeo, un endurecimiento de la política de acceso y permanencia de los inmigrantes. El segundo, cuando ha reclamado que los españoles no pueden perder beneficios sociales como consecuencia de una recepción no controlada de la inmigración. Además, tales medidas han sido sugeridas y alentadas por algunos medios de comunicación.

                El futuro nos confirmará si tales medidas llegan a desarrollarse y con qué efectividad, evitando caer en los errores de nuestros vecinos franceses, que  permitieron –seguramente sin pretenderlo- la aparición de “ghettos” ajenos a la legalidad republicana; cerrándose con ello el ascenso de una formación populista en España.

                A caballo entre la investigación periodística y el alegato doctrinario, este texto sienta las bases para una investigación, en profundidad, de esta importante expresión de la actual crisis europea en su dimensión política, ética, filosófica y social.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 63, noviembre de 2002

Visiones y revisiones sobre José Antonio.

      Algunas novedades bibliográficas recientes parecen indicar que aumenta el interés por la figura de José Antonio Primo de Rivera. Pero, podemos preguntarnos, ¿realmente es así o se trata, al contrario, de una rememoración sentimental sin proyección de futuro?

 

¿José Antonio de moda?
De la mano de Ediciones Barbarroja, y patrocinada por Plataforma 2003 (entidad privada organizada en torno al objetivo de conmemorar el centenario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, www.plataforma2003.org), podemos encontrar en las librerías españolas una nueva colección de libros denominada Biblioteca Centenario. De ella nos han llegado dos recientes volúmenes, cuya común razón de ser arranca, directamente, de la trascendencia, en diversos ámbitos, de este personaje histórico.
El primer título, Sobre José Antonio, ofrece un amplio abanico de opiniones y testimonios vertidos, en torno a su figura, de lo más dispares. El segundo de los libros, José Antonio: visiones y revisiones, constituye un meritorio esfuerzo de identificación y localización de sus fuentes escritas.
El protagonista de ambos textos, nacido un 24 de abril de hace 99 años, no precisa presentación pese a ser, en palabras del historiador Luis Suárez, el gran ninguneado. Mucho se ha escrito sobre él, quien ya forma parte, sin duda, de la memoria colectiva de los españoles. Ello no implica, sin embargo, que sea generalmente conocido ni que el juicio histórico emitido sea unánime; más bien, debe afirmarse que arraigados prejuicios, de muy variado signo, deforman la lente a través de la cual se interpreta al personaje o se le margina.
La percepción de la imagen de José Antonio ha atravesado varias fases: combatida, ensalzada, ignorada… Y muchos de los testimonios del libro así lo avalan.
Con todo, para la mayoría de los españoles, el fundador de Falange Española viene provocando, al menos, un silencio respetuoso que contrasta con las aclamaciones exageradas o las descalificaciones apriorísticas. Pero también debemos revisar esta afirmación a causa del pavoroso desconocimiento y el desinterés, de la historia y tradición propias, que manifiestan las jóvenes generaciones españolas.
Por otra parte, la figura y el pensamiento de José Antonio, ¿tienen la suficiente entidad como para interesar a las jóvenes generaciones españolas? ¿Puede proporcionar luz sobre el presente y el futuro de España? Esta pregunta es más adecuada al considerar que tres años de vida pública, truncada por una muerte prematura, dieron el fruto de apenas un millar de páginas que diseñan una estructura doctrinal inacabada que, pese a esas limitaciones, arrastró muchas voluntades.
Agustín del Río Cisneros, el gran compilador de los escritos de José Antonio, considera que su pensamiento se resume y estructura en los siguientes axiomas:
-          Una concepción espiritual del hombre.
-          España entendida como el producto de las generaciones pasadas; una herencia que trasciende a las presentes para proyectarse en las futuras.
-          Un Estado al servicio de la persona y la comunidad política.
-          El sindicalismo (al que atribuye especial incidencia en la vida económica), junto a la familia y el municipio, como realidades articuladoras de la vida en común de los españoles.
-          La pretensión de una justicia social profunda.
Su particular pretensión fue, sintéticamente, la superación de derechas e izquierdas o, desde otra perspectiva, la fusión entre tradición y revolución.
Si a esos presupuestos ideológicos –novedosos al menos en su conjunción- sumamos una personalidad atractiva y exigente, ya tenemos los ingredientes suficientes para avalar una propuesta sugestiva: que su memoria forme parte de nuestro patrimonio nacional, como modelo de comportamiento y herencia para los nuevos españoles.
José Antonio ejercitó un papel de cierta relevancia en la II República española a través del movimiento político que fundó, Falange Española. Su original intento no tuvo éxito, siendo prueba dramática de ello la contienda civil sufrida; lo que le supuso la muerte, al igual que a buena parte de dirigentes y militantes de su movimiento. En este sentido, el historiador Pío Moa, en su libro El derrumbe de la segunda república y la guerra civil (Ediciones Encuentro, Madrid, 2001), asegura que la violencia desatada por Falange fue de tipo defensivo, no siendo determinante del desencadenamiento de la contienda civil. Por ello, y por los intentos conciliatorios desarrollados en sus últimos meses de vida, su figura, arrastrada por unos trágicos acontecimientos no deseados, ha ido ganando un aprecio que le faltó en vida y que, a pesar de las décdas transcurridas, no es políticamente correcto así manifestarlo.
De alguna manera, los dos títulos que vamos a comentar aquí intentan romper ese silencio respetuoso lindante, paradójicamente, con la ignorancia, transformándolo en conocimiento.
Ambos volúmenes se complementan perfectamente y sería deseable que, por el esfuerzo desplegado, trasciendan el reducido entorno humano de la “familia joseantoniana”, para llegar a sectores más amplios de la Universidad y de la opinión pública españolas.

 

Sobre José Antonio.
En el primero de los libros, Sobre José Antonio (Madrid, 2002, 2ª edición), sus autores, Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro, recopilan un amplio abanico de opiniones realizadas en torno a su persona. Recogidas en el ámbito familiar, en el laboral, en el de los correligionarios, también entre sus oponentes políticos, entre historiadores e intelectuales; encontramos posturas muy diversas. Desde la adhesión incondicional hasta el rechazo absoluto. Se percibe una simpatía muy extendida hacia sus cualidades personales, un reconocimiento general de sus aptitudes profesionales e intelectuales, rompiéndose esa unanimidad cuando la valoración se refiere a su papel político. Creador de una síntesis original, para unos, continuador de una visión tradicional del hombre y de España, para otros, consciente instrumento del poder capitalista, incluso, simplemente, un fascista (así lo califica el historiador Cesar Vidal).
El volumen está estructurado en un índice nominal de los autores de dichos testimonios, una breve nota preliminar en la que los recopiladores concretan la fe y anhelos subyacentes en este trabajo, la transcripción de tales testimonios (desde Diego Abad de Santillán hasta Julián Zugazagoitia) y una básica bibliografía sobre el personaje.
La disparidad de opiniones es notable y sorprendente. En este sentido, y como curiosidad, mencionaremos que se reproduce, por ejemplo, la entrada PRIMO DE RIVERA recogida en la Enciclopedia Soviética (3ª edición, Moscú, 1975), con un juicio marxista ortodoxo fácil de predecir (página 83).
En este libro de 268 páginas, cada una de las 449 opiniones recogidas contiene una mención de su autor y de la fecha en que se produjo, lo que permite una valoración por parte del lector. No es el mismo, por poner un ejemplo, el balance efectuado por un José María Aznar en sus años jóvenes, que el que pudiera hacer, ya lanzado en su carrera política hacia el centro reformista, posteriormente. De otras importantes personalidades, que igualmente evolucionaron a lo largo de nuestra reciente historia, también se recogen testimonios en su día realizados en torno a José Antonio: José María Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo... Mencionar cada supuesto concreto sería excesivo. La evolución personal experimentada, por otra parte, no priva de valor a los respectivos testimonios, evidentes expresiones, en todo caso, de una época.
Hemos echado de menos algunas opiniones, como la del innovador historiador Pío Moa recogidas en su trilogía sobre la Segunda República española y la guerra civil (publicada por Ediciones Encuentro) o la del biógrafo de su entraña religiosa, Cecilio de Miguel Medina, autor de un libro que conviene rescatar, pues proporciona mucha luz sobre aspectos clave de su personalidad.

 

Visiones y revisiones.
José Antonio: visiones y revisiones, es el segundo de los textos citados, subtitulado Bibliografía de, desde y sobre José Antonio Primo de Rivera (Madrid, 2002). Constituye el mayor repertorio, publicado, de los numerosos escritos protagonizados por la figura de José Antonio. Es producto del exhaustivo trabajo de sus dos autores: el politólogo José Díaz Nieva y el librero Enrique Uribe Lacalle. Recoge un total de 518 referencias bibliográficas de todo tipo: artículos, libros, folletos…
Muy desigual en su respectiva trascendencia, espacio y profundidad, la presentación de esta documentación requería un esfuerzo añadido que sistematizara, con criterio científico, tan ingente producción escrita. Y esto lo ha hecho, con su introducción al libro, el profesor José Luis Orella -experto historiador, biógrafo del tradicionalista Víctor Pradera- realizando una breve pero interesante incursión en fuentes escritas fundamentales de una “familia” política siempre en polémica con el tradicionalismo. Por cierto, la opinión del político navarro, que también la tuvo, sobre el pensamiento de José Antonio (cuando analiza, en Acción Española de 16/12/33, su célebre discurso fundacional pronunciado en el Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933), tampoco está recogida en el libro comentado en el apartado anterior.
La introducción describe, de forma sumaria pero clarificadora, la orientación predominante, acorde a cada fase histórica, en la producción escrita generada en torno a José Antonio. Podríamos, así, diferenciar varias etapas. A la inicial de exaltación de su figura, paralela a la guerra civil, sigue una fase en la que, por influencia de la situación internacional, se destacan los aspectos más relacionados con el fascismo. En la siguiente etapa se resalta, también por imperativos de política exterior, su catolicismo y anticomunismo. Su pensamiento y figura se analizarán de manera dispar, igualmente, en los años finales del franquismo y de la transición, llegándose a establecer coincidencias con el socialismo y una contraposición a la figura de Franco. Todavía en los años 90, se conocerán nuevos estudios biográficos y diversos trabajos univrsitarios, a la vez que jóvenes autores tratarán aspectos eclipsados en textos anteriores. El profesor Orella resalta, también, la labor realizada en torno a las famosas “Obras Completas” de José Antonio y las novedades producidas al respecto en los últimos años.
Cada ficha contiene los datos básicos de identificación del texto: autor, título, editorial, año de la edición, localidad de la misma y número de páginas. En algunos casos se aclaran aspectos significativos de su contenido.
El trabajo de los autores se plasma en los 8 capítulos en que clasifican todas las fichas bibliográficas: notas y estudios biográficos, estudios sobre su pensamiento político, otros estudios y reseñas, conmemoraciones y homenajes, José Antonio en Arrese, Fernández Cuesta, Girón y Rodríguez de Valcárcel, José Antonio en la literatura, obras de José Antonio y, por último, trabajos inéditos. Debemos mencionar la addenda final con la que se cierra el libro y que recoge 12 ulteriores reseñas, con el único criterio del orden alfabético de los apellidos sus autores. Un índice onomástico completa el trabajo realizado.
Hemos echado de menos algunas obras fundamentales que, referidas a la historia del movimiento por él fundado, realizan aportaciones y valoraciones interesantes en torno al personaje. Pensamos en diversos títulos, de muy distinta orientación, pero que tuvieron cierta trascendencia en su día, como La rebelión de los estudiantes (de David Jato) o Falange. Historia del fascismo español (de Stanley G. Payne). En cualquier caso, se precisaba acotar de alguna manera la investigación, pues de no haberlo hecho así, se habría extendido de forma casi interminable, siendo, entonces, difícil y muy discutible el criterio marcado para establecer su frontera.
Este libro, según nos informan sus autores, constituye pilar básico de una obra, en la que vienen trabajando, de gran envergadura: una Bibliografía total del Nacionalsindicalismo español. Constituirá el mayor esfuerzo realizado al respecto, abordando con decisión la gran diversidad de escritos relacionados con este movimiento: literatura, política, arte, obras de los fundadores, publicaciones de los diversos grupos y organizaciones falangistas, etc. Uno de sus capítulos – de 25, aproximadamente- será el dedicado a José Antonio, que, con una clasificación temática similar a la seguida en el libro que aquí comentamos, será el más extenso junto al que reúna los textos de carácter doctrinal. Este proyecto explica el criterio, de delimitación seguido, antes comentado.

 

¿José Antonio, católico?
Existe unanimidad en la respuesta positiva a esta pregunta crucial: su personalidad era estructuralmente católica.
No es un aspecto secundario, ni es caprichoso resaltarlo hoy día. ¿Sobre qué bases apoyó José Antonio el desarrollo de su vida, su ética y estilo?
La doctrina política que elaboró no puede separarse del catolicismo. Así lo afirma, entre otros, el francés Arnaud Imatz, pues “Para que la síntesis falangista joseantoniana emparente con el fascismo italiano o con el nacionalsocialismo alemán, hubiera sido necesario que sacase su cuadro conceptual bien de la tesis hegeliana del estado, bien del vitalismo, el materialismo biológico o el social-darwinismo. Hubiera sido preciso que no estuviera fundada sobre los principios filosóficos del cristianismo, que hacen de la persona el valor supremo” (Novelle Ecole, Nº 45, París, febrero de 1989. Citado en el libro Sobre José Antonio, página 129).
Incluso supo anticiparse en algunos aspectos conceptuales innovadores, en el terreno de las relaciones Iglesia – Estado, asumidos posteriormente en el catolicismo.
En este contexto, el escrito de Fray Justo Pérez de Urbel, “José Antonio, católico”, publicado junto a otros en 1951, por la Delegación Nacional de Organizaciones del Movimiento, en el libro José Antonio, es del máximo interés y sumamente clarificador. Pero, a nuestro modesto entender, el texto definitivo al respecto, es la particular biografía de Cecilio de Miguel Medina que ya hemos mencionado: La personalidad religiosa de José Antonio (Ediciones Almena, Madrid, 1975). ¿No sería posible –nos preguntamos- que viera la luz su segunda edición en un futuro próximo?
Se educó, vivió y murió como católico. Y así lo afirmó, por ejemplo, el Arzobispo de Zaragoza Pedro Cantero en 1943. De esta forma, teoría y acción fueron esforzadas proyecciones de sus convicciones más profundas.

 

 

Reflexiones finales.
                Plataforma 2003 ya agrupa a varios miles de españoles empeñados en que el próximo centenario sirva a dos ambiciosos objetivos: hacer justicia histórica a la persona de José Antonio y difundir su ideario fundamental.
El empeño parece difícil. La España de los nacionalismos disgregadores, de la globalización, de la atomización del individuo, del olvido de la propia tradición histórica, no parece propicia a la recepción de un mensaje que habla de servicio, entrega, trascendencia, ideales… Cuenta con otra oposición: la de los medios productores del actual poder cultural dominante que han extendido un manto de silencio, cuando no de prejuicios, sobre la figura y legado de José Antonio.
                Romper esos muros, y llegar al mayor número de compatriotas, son los retos asumidos por la citada Plataforma y otros colectivos, como es el caso de Ediciones Barabarroja desde hace años ya y con evidentes dificultades. Para ello deberán superar la tentación de quedarse en fáciles celebraciones sentimentales de consumo interno en los habituales “cuarteles de invierno”. Mucha generosidad e imaginación deberán emplearse para que no se convierta en una intrascendente conmemoración más, sin proyección en el futuro. En un mundo sin apenas maestros, José Antonio, creemos, tiene mucho que aportar.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 56, abril de 2002.

La sociedad homosexual y Pío Moa.

      Uno de los autores más libres del panorama intelectual español, Pío Moa, de la mano de Criterio Libros, nos ofrece un nuevo texto que rompe muchos esquemas preconcebidos por la ideología y la historiografía dominantes, desde el ejercicio de la razón y el conocimiento de hechos históricos objetivos.

 

Un nuevo libro de Pío Moa.
Criterio Libros (Madrid, 2001) ha editado la última obra, que ha llegado a las librerías españolas, del polifacético autor Pío Moa: La sociedad homosexual y otros ensayos.
A lo largo de sus 321 páginas, el libro agrupa diversos escritos elaborados por Pío Moa entre 1984 y 2001. El texto La sociedad homosexual: el feminismo como ideología, abre el volumen, proporcionando título al mismo. El libro se completa con otros escritos de notable interés: Cenizas del 68, Marruecos o el inverso histórico de España, Un nuevo materialismo histórico, Sobre la ley marxista del descenso de la tasa de ganancia, La significación del Ateneo de Madrid, Desilusiones y grandes amarguras, El hundimiento de la República en la zona «republicana», La II República y la transición democrática, Las fuerzas políticas en la transición española y, por último, Los nacionalismos vasco y catalán en la historia de España.
Vemos, por tanto, que agrupa fundamentalmente ensayos de pensamiento y textos de temática histórica, como los referidos a la II República y la guerra civil, cuyas ideas centrales ya las hemos encontrado, recogidas y ampliadas, a lo largo de su ya célebre trilogía, publicada por Ediciones Encuentro, relativa a ese periodo decisivo de la historia de España.
Otros textos de los aquí presentados, algunos nunca publicados pues no encontraba editor dispuesto a ello, son de gran interés para comprender la evolución personal del autor. Es el caso de su complejo estudio y crítica a la ley marxista del descenso de la tasa de ganancia, en el que concluye denunciando su carácter acientífico, lo que priva de virtualidad al conjunto de la teoría marxista.
Autor de notables intuiciones, éstas se reflejan en otros estudios, como es el que estudia las relaciones históricas entre Al Andalus, Marruecos y España, rompiendo tópicos y lugares comunes. Marca, así, algunas pistas que sería interesante se profundizaran en el futuro por parte de otros historiadores especializados en la materia.
                Manifiesta, además, un buen conocimiento de los mecanismos de las ideologías hoy imperantes, denunciando especialmente, desde el interior de su lógica, las consecuencias prácticas de una de ellas: el feminismo. Su lectura alcanza el mayor interés, al encontrarnos plenamente inmersos en su mentalidad y efectos, llegando en su análisis a conclusiones sorprendentes. Así, aunque afirma desconocer la solución, asegura que el problema de las relaciones entre los sexos está agravado por la acción feminista, abocando a las mismas a un callejón sin salida. El historiador y crítico César Vidal ha llegado a comentar, en libertaddigital.com, que el anterior análisis es “lo más lúcido y sensato que sobre el tema se ha escrito en los últimos años”.
                En muchas de sus afirmaciones rompe esquemas, más tratándose, como el mismo reconoce, de un autor que vivió la transición desde la extrema izquierda maoísta que optó por la “lucha armada”. La transición fue producto especialmente -afirma- de la acción política desarrollada por los sectores y personalidades aperturistas del régimen de Franco. Por el contrario, el peso de los partidarios de una ruptura democrática, que no cuajó por falta de seguidores y de arraigo social, queda seriamente cuestionado, proporcionando datos cuya objetividad no es posible rebatir. En consecuencia, no es posible afirmar que en las fuentes de su legitimidad pueda encontrarse a la II República española. Otra aportación “políticamente incorrecta” del libro.
                También alcanza gran interés su disección de los nacionalismos disgregadores, en particular, al analizar la naturaleza última del vasco, tanto en su expresión “democrática” como en la “terrorista”. Respecto a ello, a modo de ejemplo, reproduciremos un párrafo que encontramos especialmente significativo: “Por otra parte, aunque han utilizado siempre en su provecho (los nacionalistas) el sistema de libertades, tampoco han ayudado a traerlo mediante una oposición seria a las dictaduras. En realidad, al socavar la Restauración y la legalidad republicana, contribuyeron poderosamente a traer las dictaduras de Primo y de Franco, y, una vez instaladas éstas, nunca les ofrecieron una resistencia digna de tal nombre. La excepción de la ETA, durante la época más suave del franquismo, no es tal, puesto que el objetivo de esta organización, de ideas abiertamente totalitarias, en ningún momento fue asentar la democracia, sino, por el contrario, sabotearla, como por lo demás ha comprobado la historia”.
                Se trata, por lo tanto, de una miscelánea en la que encontramos numerosas claves para entender la reciente historia y la sociedad actual desde una perspectiva laica que no se rinde ante el poder de las ideologías hoy dominantes. Ello le capacita para percibir, sin prejuicios, el hecho religioso como uno de los determinantes de la existencia humana y de las organizaciones sociales.

 

 

El secreto de Pío Moa.
                Creador de numerosas polémicas, ¿cuál es el secreto de Pío Moa?
                Además de poseer una consistente base histórica, ejercita un notable sentido común (el menos común de los sentidos, se dice irónicamente) y de una lógica sin complejos. Todo ello le permite desarrollar sus intuiciones históricas, denunciar los efectos perniciosos de las ideologías hoy predominantes y, por último, descubrir algunos de los tópicos más usados por la historiografía mayoritaria.
                Pío Moa escribe –y habla- allí donde se le invita. Así, además de sus colaboraciones en libertaddigital.com, encontramos escritos suyos, recientemente publicados, en medios cono Alfa y Omega, Fe y Razón y Páginas para el mes (de la Asociación Cultural Charles Pèguy de Madrid). Por otra parte, ha empezado a participar, de forma regular, en las tertulias de La tarde con Cristina de la cadena radiofónica COPE.
                En sus análisis más recientes aborda temas complejos, pero viciados, como el panorama actual del ateísmo, los efectos y la naturaleza de la llamada globalización, la campaña mediática desatada en torno a las manifestaciones del sacerdote José Montera, etc. No podemos omitir, en este sentido, que ha sido uno de los pocos articulistas que ha glosado, de forma muy equilibrada, en libertaddigital.com, la figura intelectual de Gonzalo Fernández de la Mora, recientemente fallecido y de quien los amigos de Foro Arbil conservamos tan grato recuerdo.
                Conviene seguirle de cerca, no en vano, por el predominio en España de intelectuales de actuación sectaria, se ha constituido en un observador de la actualidad a tener en cuenta. Deseamos que mantenga su independencia y libertad de juicio, pues con toda seguridad que, en el futuro, fiel a su línea de reflexión y trabajo, nos seguirá proporcionando claves de sumo interés para entender la realidad actual.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 54, febrero de 2002.

Reproducido en Ahota Información, Nº 56, abril – mayo de 2002.

Patriotas de txapela y pasamontañas. Una introspección de ETA.

      En un nuevo libro del catedrático universitario Fernando Reinares, experto en terrorismo y conflictos civiles, se asegura que ETA se encuentra en franca decadencia. Los patriotas de la muerte: una radiografía de ETA.

 

Un nuevo libro de Fernando Reinares.
Precedido por un extenso reportaje publicado en el diario El País, en el que se reproducía alguno de sus apartados más chocantes, Editorial TAURUS ha lanzado un libro de Fernando Reinares titulado: “Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por que”. Su autor, que cuenta con varios textos relativos a cuestiones de terrorismo y conflictos civiles, es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Burgos. Este libro ha sido reseñado en diversas publicaciones, participando su autor, además, en entrevistas y tertulias realizadas en varias cadenas televisivas y emisoras de radio.
                El texto es relativamente breve: 207 páginas. Se estructura en torno a 5 capítulos que trazan una radiografía de ETA, especialmente de sus ramas político - militar y militar. Sus títulos son: ¿Quiénes son los militantes de ETA?, ¿Nacionalistas antes que vascos?, ¿Independencia o intereses privados?, ¿Qué pasiones tienen los terroristas? y ¿Ser violentos para considerarse vasco? Unos anexos estadísticos inferidos de las circunstancias personales de varios cientos de militantes de ETA, junto a una breve descripción - resumen de los 47 entrevistados, cierran el libro. Todo ello desemboca en una interesante introspección de ETA.
Su columna vertebral son las entrevistas realizadas a 47 miembros de la banda terrorista (15 en ETA antes de la división, 14 en ETA militar y 18 en ETA político militar), que entraron en la organización en alguna de las tres etapas en que divide su historia: antes de la muerte de Franco, los años de la transición, los años 80.

 

Los militantes de ETA.
                El perfil de la mayoría de los militantes de ETA puede resumirse de la siguiente manera: varones, jóvenes de edad en torno a los 20 años cuando fueron captados, guipuzcoanos en su mayor parte. De convicciones profundamente nacionalistas, apenas tenían formación o ideales marxistas. Muchos ya habían participado en diversas movilizaciones de los medios radicales nacionalistas, en cuyo seno se habían convencido de que ETA constituía una opción éticamente válida, siendo apoyada, a su juicio, por un importante sector de la población. Contaban, además, con la expectativa de un triunfo, a corto plazo, de su organización. Su identidad colectiva se concretaba y afirmaba, particularmente, en una defensa a ultranza del euskera, enfrentándose con un odio visceral a toda manifestación de lo español.
                El libro no recoge testimonios de miembros de Comandos Autónomos Anticapitalistas, organización surgida de ETA que llegó a tener una militancia significativa en los años en que se sufrió mayor violencia terrorista. Por otra parte, apenas contiene testimonios de miembros de ETA incorporados desde Jarrai y la “kale borroka”, si bien los recogidos parecen ser suficientemente significativos.
                Dada la única pervivencia de ETA militar en la actualidad, parece, inicialmente, que existe una cierta descompensación en las entrevistas realizadas, al ser el grupo más amplio el correspondiente a ex miembros de ETA pm, número que se impone si sumamos el de aquellos que entraron en la banda cuando ésta era una única organización. Pero, al manifestarse en las entrevistas con claridad las motivaciones políticas, el entorno familiar, el medio social en el que se desenvolvían antes del ingreso en la organización, su vida y evolución dentro de la misma; siendo todo ello del máximo interés, vemos que el “humus” de partida es el mismo. Es aquí donde cae por suelo uno de los mitos que encumbran a ETA: las motivaciones y la ideología de los terroristas eran similares antes y después de la muerte de Franco, en contra de la afirmación, todavía extendida, de una ETA “antifranquista”, justificable por tanto. Por otra parte es comprensible que el autor no haya encontrado facilidades entre miembros de la rama militar, dado el mayor hermetismo de su entorno, por lo que habrá tenido que recurrir, en superior número, a veteranos poli-milis, más accesible y evolucionados.
                El estudio confirma un evidente predominio, en las motivaciones de los entrevistados, de un componente ideológico y sentimental nacionalista extremo, constituyendo el motor último de su militancia. Por encima del ingrediente “socialista” o “comunista”, es el nacionalismo el impulso primordial activista de esos miles de hombres y mujeres que, en un momento u otro, empuñaron las armas.
Ninguno de los entrevistados destaca por su excesiva formación teórica. No parecen encarnar, tampoco, la imagen de unos “superhéroes”, de unos “soldados políticos” con temple de acero. Al contrario. Actuaron, conscientemente, con las espaldas bien cubiertas gracias a la existencia, durante tantos años, del “santuario” francés.
                Nacionalismo extremo y excluyente de base etnicista, imagen idealizada de la realidad primigenia vasca, valoración en extremo del euskera hasta el punto de pretender la desaparición del castellano, menosprecio por la democracia, odio absoluto a lo español… Esos siguen siendo, todavía hoy, los ingredientes que animan a las nuevas generaciones incorporadas a ETA desde la cantera de la “kale borroka”, pese a los cambios sociológicos producidos. Así, por ejemplo, en su día la mayoría de los nuevos militantes procedían de medios rurales y pequeñas poblaciones del interior de Guipúzcoa y Vizcaya, euskaldunes y de familias nacionalistas. En la actualidad proceden, en mayor número, de medios urbanos, desconociendo muchos el euskera y sin antecedentes nacionalistas en la familia.
               
El futuro de ETA.
                El autor confirma, con ánimo esperanzado, la progresiva decadencia de la organización, evidenciada en la pérdida paulatina de su capacidad de acción. De hecho, tal afirmación la recoge de los militantes más veteranos quiénes juzgan que, en la actualidad, hay menos gente dispuesta a “dar el paso”, siendo además de inferior calidad y habilidades.
                La más reciente actualidad parece confirmar el anterior diagnóstico de Fernando Reinares. Las “caídas” producidas en el mes de septiembre muestran una pérdida de la disciplina interna de la organización, junto a un menosprecio o desconocimiento de las medidas de seguridad -que permitieron “blindar” la actividad de ETA durante varias décadas convirtiéndola en una organización temible- por parte de los jóvenes militantes incorporados en los últimos dos años desde Jarrai y la “kale borroka”.
                Ello es consecuencia, en buena medida, de la realidad de un nacionalismo radical que experimenta una progresiva “ghettización”, aislándose poco a poco, pese a su extraordinaria capacidad movilizadora, del conjunto de las ciudadanías vasca y navarra.
                Algunos de esos esperanzadores síntomas ya los estudiamos en un artículo publicado en este mismo medio: “ETA y Herri Batasuna, la vía camboyana” (Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 39, noviembre de 2000).
                El autor, prudente, no se atreve a augurar una próxima desaparición de ETA. Con todo, sin duda, podemos afirmar que la actual evolución de la escena política internacional, consecuencia directa de los atentados producidos en Estados Unidos el día 11 de septiembre, puede llegar a ser determinante en el futuro del terrorismo a escala planetaria. Prueba de ello es el desarme del IRA iniciado a finales de octubre, decisión que no parece haber sido ajena al cambio del gobierno norteamericano frente al terrorismo. Particularmente en un país del primer mundo, el terrorismo ya no será visto con las simpatías que, en algunos casos, llegó a despertar. De ser un acompañante molesto del nacionalismo vasco “moderado”, ETA puede llegar a ser un obstáculo fundamental para las aspiraciones del mismo.
                ¿Cómo podríamos resumir, entonces, la situación actual de ETA? Intentémoslo: progresiva marginación en la sociedad vasca, mayor aislamiento internacional, disminución del número y calidad de nuevos militantes, pérdida de capacidad destructora, reducción del peso de los militantes más veteranos, división y cansancio en el seno de la izquierda abertzale, mayor distanciamiento de la acción política, alejamiento de las hipotéticas salidas propiciadas por la estrategia terrorista, desaparición progresiva del “santuario” francés. El pobre comunicado de ETA del pasado 28 de octubre, con su patética falta de realismo, confirma este diagnóstico.
                Sin embargo, no deja de sorprender que, pese a encontrarse en semejante coyuntura desde hace ya bastantes años, ETA haya sido capaz de diseñar y ejecutar una estrategia que, recientemente, ha estado a punto de permitirle alcanzar parte de su sueño: liderar al conjunto del nacionalismo vasco y provocar una secesión a corto plazo.
Pese a ello, y en base a todos los datos desgranados en los párrafos anteriores, puede afirmarse que ETA, aun conservando una importante capacidad para matar durante bastante tiempo, se encuentra en la coyuntura más difícil y problemática de su sangrienta historia.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 52, diciembre de 2001.

Fernando Sánchez Dragó se apunta a la “New Age”.

      El nuevo libro de Fernando Sánchez Dragó puede definirse como una exaltación del individualismo que caracteriza a la “New Age”. Del gnosticismo a la “New Age”. Ese parece ser el itinerario espiritual del gran escritor.

 

El nuevo libro de Sánchez Dragó (“Carta de Jesús al Papa”, Planeta, 2001) se inscribe plenamente en la corriente planetaria de la “New Age”.

                Hace ya casi dos décadas, corrió el rumor de que este magnífico autor se había convertido al catolicismo. Pero lo desmintió, reconociendo un especial interés por un personalísimo  cristianismo gnóstico (recordemos su atención a Prisciliano). Ahora, con este libro, aterriza en el paraje más lógico de un itinerario de este tipo: la “New Age”. Para ello hace propios múltiples tópicos dominantes, algunos compartidos incluso con la pagana “Nueva Derecha” (es el caso de atribuir al cristianismo el origen del capitalismo y del comunismo, concebidos en este caso como grandes males que han ahogado al “genio” europeo y su primigenia espiritualidad pagana politeísta), incurriendo en un anticatolicismo explícito.

                No puede decirse que, en esta ocasión, su rebeldía e inconformismo le hayan llevado a enfrentarse a los poderes establecidos. Tampoco puede afirmarse que sus conclusiones sean originales. Así San Pablo, por ejemplo, antes que por Sánchez Dragó, ya fue objeto de tremendas críticas en “El anticristo” de Nietzsche. Al contrario que en otros posicionamientos anteriores del autor, su perspectiva en este tema está asumida por el poder mundial que, también, en el ámbito religioso tiene una manifestación muy concreta: la “Nueva Era”.

Seamos realistas: la Iglesia ya no es un poder establecido en armonía con las demás fuerzas reales de este mundo. Al contrario, parece ser el enemigo a batir. Y prueba de ese despecho lo son todas las campañas orquestadas, por ejemplo en España, contra la Iglesia aprovechando, con o sin razón, cualquier excusa; incluso deformándola. La ola de anticlericalismo, de anticatolicismo, que se viene desarrollando en España en todos los órdenes (política, medios de comunicación, pensamiento, cine), no deja de ser la manifestación hispana –de triste tradición- de un fenómeno mundial.

                Está de moda atacar a la Iglesia. Puede hablarse de todo. Hay que ser respetuoso con toda opción y opinión. Pero hay que ser inflexible con las pretensiones –inaceptables para la mentalidad hoy común- del catolicismo. Lamentablemente, Sánchez Dragó se apunta a la moda. Y no nos escandaliza: ni sus afirmaciones, ni su vehemencia.
En esta ocasión se arroga, en el texto, el papel de Jesús, intentando meterse en su piel. Para ello afirma haber estudiado 2.000 estudios sobre su figura. Sin embargo, la experiencia de millones de personas a lo largo de otros tantos 2.000 años, nos indican que para conocer a Jesús no es necesario leer tanto. Basta con tratarle y seguirle a través de otros cristianos. “Venid y ved”. Sigue siendo una invitación posible y sugerente, pero sólo factible en el ámbito de una compañía humana concreta: la Iglesia. Otras percepciones de la figura y la realidad de Jesús pueden ser interesantes, inteligentes, curiosas, provocadoras, pero, en cualquier caso, serán en gran medida producto de la propia imaginación.

                Para hablar con el espíritu, no hace falta intermediarios. Esa afirmación de Sánchez Dragó tampoco es muy original. Gnósticos, masones, rosacruces, librepensadores de todo tipo, ya lo afirmaron con anterioridad. Se trata de uno de los dogmas del pensamiento “políticamente correcto” en su proyección “espiritual”.

Sánchez Dragó llega en esta ocasión, con su inevitable ánimo provocador aunque lo defina como ejercicio de sinceridad, incluso, a desautorizar a la Biblia en su conjunto. No sólo la califica de pésimo producto literario (¿qué pasa entonces con el Cantar de los Cantares, por ejemplo?); sino que llega a afirmar que oscurece a las preguntas elementales de todo ser humano. Olvida un hecho incontestable: para millones de personas, precisamente la Biblia ha sido –y es- un acompañamiento privilegiado en el discernimiento y verificación de las mismas. Pero, claro, la soberbia intelectual –y la soledad- impiden aceptar experiencias ajenas.

El autor, como buen prototipo del modelo prometeico impuesto desde el individualismo patentado por el poder, busca en todo lo humano lo excepcional, el ritmo frenético, los simbolismos ocultos, las experiencias únicas lindantes con lo prohibido, el agotamiento de los sentidos y la saciedad de los instintos. Sin duda su personal vía, que ya anticipara en su novela “El camino del corazón”, y cuya intensa existencia certifica, es interesante, puede ser apasionante y cubrir las vidas de otras personas “más comunes”. Pero estará solo.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 51, noviembre de 2001.

Un libro fundamental para entender la crisis de la segunda República española y la guerra civil.

El nuevo libro de Pío Moa, sobre el derrumbe de la segunda República española y el desarrollo de la guerra civil, rompe con los moldes marcados mayoritariamente por la historiografía española, hasta el punto de dejar en evidencia una continuidad argumental entre la propaganda del Frente Popular, que propició el desencadenamiento de la contienda, y dicha corriente mayoritaria.

 

Un nuevo libro de Pío Moa.
De la mano de su editor habitual en los últimos años (www.ediciones-encuentro.es), Pío Moa completa su trilogía en torno a los sucesos y personajes determinantes de este periodo fundamental (“El derrumbe de la segunda república y la guerra civil”. Madrid 2001, 599 páginas).
Es el tercero de los libros escritos por Moa dedicados a este periodo de la historia española, uno de los que mayor número de estudios y ríos de tinta ha generado, tanto en España como en el extranjero. Este texto ha sido difundido, por entregas, con anterioridad en internet, concretamente en libertaddigital.com, lo que constituyó una experiencia pionera en el mundo librario de habla hispana..
                Su tesis fundamental, ya esgrimida y argumentada por el autor en el primero de sus libros (“Los orígenes de la Guerra Civil Española”), es desarrollada hasta sus últimas consecuencias, siendo perfectamente complementado desde la perspectiva del protagonismo de sus personalidades más relevantes, por el segundo de ellos (“Los personajes de la República vistos por ellos mismos”).
Recordemos su tesis central: la guerra civil se inició con la mítica insurrección de octubre de 1934 organizada, fundamentalmente, por un PSOE sovietizado y por la Esquerra.
La vida política posterior es incomprensible, a su juicio, sin esta perspectiva, a la que dota de cuerpo con el poder de los  hechos y los argumentos escritos.
                Sus numerosas y densas páginas se estructuran en torno a 39 capítulos (agrupados a su vez en cuatro partes fundamentales) y un apéndice; puede afirmarse que el caudal de datos proporcionado, siendo muy selectivo, es magnífico, facilitando una perspectiva global multidisciplinar.
                Las cuatro partes son: “La creación de un clima bélico”, “Procesos hacia la guerra”, “El primer Frente Popular desmantela la República” y, por último, “La guerra”. El apéndice, titulado “Los crímenes de la guerra civil”, es un conjunto muy matizado de reflexiones en torno al número de víctimas esgrimido por los diversos historiadores, derivando en una severa crítica a la metodología aplicada a las fuentes históricas por determinados escritores, caso de Santos Juliá. En este contexto, otros autores, en buena medida denostados por la historiografía dominante, como los hermanos Salas Larrazábal, quedan en mejor posición al reconocerles un ejercicio de mayor objetividad en su investigación, con una notable fidelidad a las fuentes y al método seguido. También realiza, en este apéndice, algunas consideraciones de sumo interés sobre el influjo de ideas preconcebidas en el oficio del historiador, y sobre la realidad de los excesos producidos, por uno y otro bando, en el transcurso de la guerra civil.

 

 

Las tesis de su nuevo libro.
                A juicio de Pío Moa, quien recurre a incuestionables fuentes documentales, la contienda pudo haberse evitado; pero grandes sectores de la izquierda optaron por la insurrección y la guerra civil, creando el ambiente necesario a partir de una intensa campaña propagandística de denuncia de los supuestos excesos cometidos por el ejército en la represión del levantamiento de octubre de 1934. A dicha campaña le acompañó una ofensiva, auténtico terrorismo, especialmente dirigida contra la derecha política y la Iglesia católica.
                Ante esa agresión, la derecha política y el centro radical adoptaron, en general, una actitud de resignación, acatando al sistema republicano y buscando su mantenimiento, como barreras que impidieran una generalización del enfrentamiento civil. Estrategia, en definitiva, que no sirvió para evitar la acometida mortal al régimen organizada, en diversos frentes, por el conjunto de las izquierdas (los anarquistas tampoco salen indemnes del juicio del historiador).
                Pese a esa actitud legalista y acomodaticia de derecha y centro, la izquierda no sólo no cambió sus planes, sino que los radicalizó. Ello generó una respuesta simétrica en los sectores más dinámicos y radicales de la derecha, movimientos a los que se sumó un sector de la oficialidad del ejército y que desembocaron en el alzamiento del 18 de julio; que interpreta como una reacción “a la desesperada” de una derecha acosada que no esperaba cuartel de la izquierda.
Previamente, mediante la maniobra del escándalo de “straperlo”, el Partido Radical había sido eliminado de la escena política y el republicanismo conservador de Alcalá Zamora no cuajó, privando todo ello al sistema de un “colchón” imprescindible que amortiguara los movimientos y presiones de derecha e izquierda, ambas camino de la ruptura violenta con el régimen republicano.
                No hay aspecto de relevancia que no sea objeto de la mirada y juicio de Pío Moa, siendo especialmente crítico con el papel jugado por los republicanos de izquierda (Azaña y demás “jacobinos”, a los que relaciona de manera evidente con la entonces todopoderosa masonería española).

 

La guerra civil.
                También estudia la guerra civil, de forma analítica, abordando los principales factores que determinaron la sorprendente evolución de una situación aparentemente desesperada para los sublevados: tanto los aspectos políticos, diplomáticos, militares, etc. Su afirmación de que la entrega de armas al pueblo no sólo no apuntaló la resistencia de la república, sino que supuso la liquidación de la misma en aras de un nuevo régimen totalitario de fachada democrática (una especie de anticipo de “democracia popular”, tal como se vivió en la Europa del este al término de la segunda guerra mundial), es de una evidencia absoluta. Para ello se apoya en un agudo análisis político y militar, del que no es ajeno una inteligente visión del juego de las grandes potencias del momento y de la diplomacia de ambos bandos.
                Uno tras otro, los modernos mitos de la guerra civil caen por suelo. Así, a juicio de Moa, por ejemplo: el bando nacional se nutrió de voluntarios en mayor medida que el bando populista, la intervención extranjera en absoluto estuvo polarizada por los contingentes alemanes e italianos, la supuesta incompetencia militar de Franco se basa en prejuicios y análisis de “estrategia – ficción” más que en un estudio sereno de los hechos, el SIM populista fue más efectivo para disciplinar a las filas republicanas y eliminar a opositores del estalinismo que en combatir a la “quinta columna” (éste es uno de los aspectos más novedosos del libro), la adquisición de armas fue más efectiva y honrada por parte del sector nacional que por el populista, la entrega del oro a Moscú fue una cesión inadmisible de soberanía, etc.

 

La importancia de este texto.
                Este texto de Pío Moa, con un buen nivel de ventas y una satisfactoria recepción por los lectores, es importante por varios motivos.
                Rompe los esquemas de la historiografía mayoritaria, desvelando que buena parte de sus premisas ideológicas son continuación de los mitos esgrimidos por la propaganda izquierdista que incitó a la guerra civil: por ejemplo, la represión desatada en zona populista sería una reacción comprensible de la clase trabajadora ante la agresión sufrida por un “ejército fascista” defensor de los intereses de los poderosos. Es decir, todo un conjunto de tópicos que no resisten la crítica histórica.
                Que el autor proceda de la extrema izquierda no es asunto indiferente. Tiene una particular relevancia, pues afronta este periodo histórico desde una perspectiva básicamente política, con una especial consideración de la “agit – prop”, basándose para ello en un estudio de fuentes documentales incuestionables y en el ejercicio del sentido común. Así, si bien llega a conclusiones convergentes con las de autores ya conocidos y denostados por la corriente mayoritaria (Arrarás, Burnett Bolloten, Ricardo de la Cierva, etc.), el camino y los razonamientos son en buena medida distintos, lo que proporciona una credibilidad fuera de toda duda. Por otra parte, en su análisis y descripción llega a algunas conclusiones y perspectivas novedosas. Sorprende, por ejemplo, cuando afirma que la violencia desatada por Falange lo fue con carácter defensivo ante las agresiones de las Juventudes Socialistas, escapando con tal afirmación de la demonización general desatada contra ese grupo político (que además fue uno de los más castigados en la represión producida en la guerra civil y que alcanzó fatalmente a la inmensa mayoría de sus líderes y prácticamente a toda su militancia en las provincias bajo control populista).
                En definitiva. Se trata de un inteligente estudio, analítico y muy documentado, del que se derivan numerosas conclusiones “políticamente incorrectas”, a la vez que realiza aportaciones novedosas a la investigación sobre este periodo histórico fundamental para la historia de España.
                Finalizaremos reproduciendo el párrafo final de la obra -esperamos en ello la comprensión de su autor- por considerarlo de una lógica aplastante y de una razonable positividad.
                “Se ha extendido hoy día una tendencia a despreciar a las generaciones que hicieron la guerra, por fanáticas, sectarias u obcecadas. Dudo que podamos juzgarlas quienes no soportamos las tensiones psicológicas, ideológicas y económicas de entonces. La tranquilidad y bienestar material de hoy son bienes recibidos sin especial mérito nuestro. A nuestros predecesores se debe el esfuerzo, mejor o peor orientado, del que nos beneficiamos, y cuyos frutos tan fácilmente podemos echar a perder con nuestra arrogancia. No repetir la historia exige, entre otras cosas, apoyarse en ella, buscando acercarnos lo más posible a su verdad y comprensión, sin usar el pasado como armas arrojadiza o para envenenar la aceptable convivencia cívica actual”.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 50, octubre de 2001
Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001.

Los democristianos españoles en la oposición al franquismo. Un libro esclarecedor de Donato Barba.

      Un episodio histórico que, por el fracaso político de sus protagonistas, lleva el camino de diluirse y de desaparecer de la memoria colectiva, es el protagonizado por los democristianos españoles opositores al franquismo. Un libro lo rescata del olvido. Algunas enseñanzas de una frustrada experiencia política.

 

Introducción.
“Pocos, poderosos, traidores”. Con esos crueles adjetivos calificaba, presuntamente, un alto cargo del Partido Popular a sus correligionarios democristianos, en un artículo publicado en “El País” en el que se estudiaba el proyecto de fusión de la mayoría de las Fundaciones del entorno de ese partido en una única dirigida –o al menos controlada- por el propio José María Aznar.
Esos mismos adjetivos podrían resumir, también de forma un poco cruel, las impresiones causadas por la lectura –rápida y superficial- del libro “La oposición durante el franquismo/1. La Democracia Cristiana. 1936 – 1977”, de Donato Barba (Ediciones Encuentro. Con prólogo de Javier Tusell y presentación a cargo de José Andrés Gallego. 302 páginas. Madrid 2001. www.ediciones-encuentro.es).
Pero, realmente, el libro aporta mucho más de lo que esas primeras impresiones transmiten. El autor, formado en la UNED, realiza interesantes aportaciones que no deben ignorarse y que pueden ser motivo de reflexión hoy día.
Hay que partir de una premisa. La clandestinidad, incluso en el supuesto de que no sea implacable y continua, no permite agregaciones humanas numerosas, favoreciendo, al contrario, fenómenos chocantes como la incorporación de personalidades excéntricas y su desarrollo en minoritarios círculos.

 

El libro de Donato Barba.
                Sin duda, en el franquismo, actuaron otros políticos, de convicciones que podríamos calificar genéricamente como democristianas, que no compartieron la estrategia de los que sí se situaron en clara oposición al “régimen”. Este libro se centra en quienes optaron, de forma decidida, por la lucha en favor de la instauración de un régimen democrático “a lo occidental”: pluralista en su entender liberal.
                Este movimiento opositor, semitolerado en buena medida, giró en torno a dos personalidades históricas cuya mayor relevancia la protagonizaron, años atrás, en la fenecida segunda república: José María Gil Robles (y su Democracia Social Cristiana, posteriormente Federación Popular Democrática) y Manuel Giménez Fernández (con Izquierda Demócrata Cristiana, devenida en Izquierda Democrática). Una vez fallecido quien fuera ministro de agricultura en 1934 por la CEDA, Giménez Fernández, su partido se acogió al paraguas protector y carismático de Joaquín Ruiz Giménez.
                El libro describe magníficamente la vida interna y externa de ambos partidos políticos (por llamarlos de alguna manera): desde su nacimiento y desarrollo hasta  su desaparición.
                Con una cuidada y dinámica prosa, el autor se centra, especialmente, en las reuniones de carácter interno de cada uno de esos grupos y en sus contactos con las organizaciones internacionales democristianas; estudiando para ello los aspectos más relevantes de las correspondencias personales consultadas, prensa nacional e internacional de la época y la escasa documentación generada por ambos grupos.
                Las aparentemente inexistentes relaciones formales con la jerarquía de la Iglesia católica, el impacto del Vaticano II, las problemáticas y cambiantes relaciones de Gil Robles con Don Juan, el timorato comportamiento de Giménez Fernández, el relativo confusionismo ideológico de Ruiz Giménez, las relaciones internacionales de ambos grupos; todo ello es narrado sin disimulo ni velo alguno.

 

Algunas conclusiones.
                Intentaremos, a continuación, extraer algunas conclusiones y reflexiones que puedan derivarse de su lectura.
1º. Ambos grupos políticos democristianos estuvieron determinados, en gran medida, por las personalidades de sus fundadores, tanto a nivel táctico y de organización, como a nivel ideológico (accidentalidad de la forma de gobierno, relaciones con otros partidos democráticos y con los restantes grupos democristianos, etc.). También fueron determinantes las figuras de sus secretarios generales, en varios casos de ellos, en abierta discrepancia y ruptura con sus presidentes respectivos; lo que derivó en diversas escisiones.
2º. Se trató, en todo caso, de experiencias muy minoritarias. En contraste con ello, encontramos en sus filas a algunos de los principales protagonistas de la transición democrática, buena parte de los cuáles desembarcaron en Unión de Centro Democrático. También encontramos a otros, también significativos, en el PSOE. El número de adheridos a sus partidos políticos no era una obsesión para sus dirigentes; convencidos como estaban de que llegado el momento, ya en una situación de normalidad democrática, o de clara transición hacia ella, se produciría un ingreso masivo de nuevos afiliados, en ambos grupos, procedentes de los movimientos apostólicos de laicos de la Iglesia católica.
3º. El “humus” humano y educativo del que nacen es la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. No se trata, pues, de una realidad que surgiera de la nada; por el contrario, se genera en un medio muy concreto en el que la vocación política se cultivaba, expresamente, al servicio de un pueblo católico que precisaba de políticos que lo representaran y lideraran de forma coherente, conforme los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
4ª. El papel de la jerarquía católica es determinante en el nacimiento, impulso y desarrollo de un partido político inspirado en los valores cristianos. En esos concretos momentos históricos, ese apoyo no se produjo: ni durante el franquismo, ni a lo largo de la transición. Sus efectos fueron evidentes: desaparición de los partidos democristianos (salvo PNV y UDC, con las matizaciones que ambos casos requieren).
                Tales conclusiones pueden ser motivo de reflexión, hoy día, para los católicos interesados –o implicados- en la vida pública española y en la política activa.

 

El grupo Tácito.
                El libro también dedica un importante espacio al colectivo Tácito, que agrupó a importantes personalidades democristianas, fundamentalmente aunque no forma exclusiva, y que jugaron con sus escritos y su implicación personal un papel esclarecedor en el diseño de la transición.
                En un lugar determinado del libro se afirma que las ideas de este grupo llegaron a prevalecer en la transición. Pero, en contraste con ello, aunque fuera cierto, es evidente que no ocurrió así en los años posteriores. La España de los socialistas ayer, y la de los “populares” hoy, difícilmente puede reconocerse en el proyecto democristiano: libertad religiosa y de educación, aplicación del principio de subsidiariedad, justicia social, defensa de la vida, apoyo a la familia, etc.).
                Hemos visto que ambos partidos, y el propio grupo Tácito, nacen y se alimentan de un entorno social muy determinado: la ya citada Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Ello nos demuestra, una vez más, que toda acción política de los católicos debe partir de un pueblo que le impulse, con el que se reconozca, en diálogo permanente con el mismo, y con el apoyo (por lo menos sin su oposición) de la jerarquía. Ese fue, precisamente, el precioso papel que jugó durante décadas dicha asociación.
                En definitiva: sus ideas triunfaron en la transición, para ser desbordadas en los años posteriores, siendo este fenómeno paralelo (y tal vez una consecuencia) de su incapacidad para crear una alternativa unitaria y nacional democristiana que proporcionara rostro a un porcentaje importante de la sociedad española que así lo demandaba.
                En esta paradoja histórica se concreta el fracaso político de los democristianos españoles.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 49, septiembre de 2001

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001.

La resistencia armada carlista al franquismo.

     Una novedad editorial, en la que se realiza una aproximación histórica a un grupo armado carlista opositor al franquismo, ha pasado casi desapercibida en el panorama librero español. Se trata del primer estudio, de una cierta amplitud, dedicado a la resistencia armada carlista al régimen de Franco.

 

Un nuevo texto de Javier Onrubia Rebuelta.
La madrileña MAGALIA ediciones tiene una colección de libros, denominada Biblioteca Popular Carlista, dirigida por Javier Onrubia Rebuelta. Precisamente, escrito por su director, ha editado el breve texto “La resistencia carlista a la dictadura de Franco: los Grupos de Acción Carlista, G.A.C” (Madrid, 2ª edición, marzo de 2001).
Con una extensión de 140 páginas, constituye el estudio, hasta el momento, de mayor extensión realizado sobre esta expresión extrema de la evolución ideológica experimentadas en los años 70 por algunos sectores del carlismo, en concreto, vinculados al autodenominado Partido Carlista.
De pequeño tamaño, con numerosas erratas que llegan a hacer molesta su lectura por su reiteración, dedica 80 páginas al estudio elaborado por el autor, recogiendo el resto un anexo documental de textos de los propios G.A.C. y una breve bibliografía relativa al grupo.
Los Grupos de Acción Carlista nacen en el seno de un carlismo en rápida evolución doctrinal y en crisis, en el que impactan ideologías progresistas sustento de quiénes pretendían la sustitución del franquismo por una democracia avanzada. Este grupo, que no parece llegara a tener una estructura rígida ni especialmente jerarquizada, combinó las formas típicas en aquellos años de acción política (panfletadas, pintadas, etc.), con otras propias de la “acción armada”.
El autor, director de los Cuadernos de Historia del Carlismo que él mismo edita, divide su estudio en varios capítulos: el nacimiento de los G.A.C., su ideología, sus formas de propaganda, las relaciones con E.T.A., acciones, el fin de los G.A.C.
En la pequeña reseña del autor, que incorpora la solapa del libro, se le define, a la vez que recoge otros aspectos biográficos, como especialmente interesado por el movimiento argentino “Montoneros”, siendo miembro de las Comunidades Cristianas de Base de Madrid. Y con ello proporciona, creemos, algunas claves para entender el contenido y orientación del texto, que puede desconcertar en algunos aspectos por la aparente mezcla de conceptos propios de corrientes ideológicas contrapuestas.
Con el carlismo evolucionado y radicalizado, que describe en el texto, apenas podría identificarse buena parte del pueblo carlista. No entraremos, de todas formas, en cuestionar la legitimidad de uno u otro sector en pugna, desde los años 70, del carlismo, pero es indudable que los Grupos de Acción Carlista nacieron en su seno. Y ello en unos momentos muy precisos de la historia de España, constituyendo, tal vez, expresión de la profunda crisis y transformación que se vivía, tanto en su sociedad, como en el carlismo y en la misma Iglesia católica.
Las declaraciones ideológicas realizadas por los G.A.C., grupo calificado, en uno de los testimonios recogidos por el autor, como “carlomaoísta”, recogían convicciones antifranquistas, socialistas, federalistas, democráticas, autogestionarias y republicanas. El autor considera, en ese sentido, que se trataba de un grupo socialista democrático, alejado del de la URSS, abierto al socialismo utópico y las “nuevas ideas del Vaticano II”. Su fraseología podía, en algunos momentos, confundirse perfectamente con la de grupos propiamente marxistas, recordando en algunos momentos, casualmente, a la empleada por los Montoneros en Argentina y por otros movimientos radicales de todo el mundo.
Echamos de menor una mayor extensión del trabajo aquí presentado, quedando pendiente la aclaración y mayor profundización en algunos aspectos de la breve historia de los G.A.C.: circunstancias concretas de su fundación, relación orgánica con la jerarquía del Partido Carlista, algunas acciones armadas, y una concreción en las relaciones del grupo con ETA. Pero, viviendo alguno de sus antiguos integrantes, es comprensible la discreción del autor al tratar aspectos muy delicados, todavía, hoy.
Otros aspectos son estudiados de forma categórica y superficial, tratamiento al que no es ajeno, pensamos, el apasionamiento causado por las convicciones del autor. Con esas limitaciones, el texto tiene interés: por ser casi único en la investigación histórica de los G.A.C., por plantear con realismo el impacto de la crisis de los años 60 y 70 en el carlismo y con él, en toda la sociedad española, por ser testimonio concreto de la eclosión vital  y social de esos años decisivos.

 

Los montoneros.
Se puede establecer algún paralelismo entre los carlistas de los G.A.C. y esos montoneros por los que el autor muestra simpatía: la presencia de numerosos cristianos en sus respectivos orígenes, su ideología y práctica socialista, enraizar ambos en un movimiento popular (carlismo en España, peronismo en Argentina), la recepción muy particular de ideas impulsadas desde el Vaticano II, el impacto de las corrientes anticoloniales, marxistas y progresistas, etc. No se trataría de dos casos aislados; ambos constituirían expresión de un fenómeno de mayor envergadura, pudiéndoseles relacionar en su evolución e historia con otras realidades tales como la presencia de sacerdotes en diversas guerrillas latinoamericanas, algunas expresiones de la Teología de la Liberación, etc.
Peca de cierta ingenuidad en algún momento, incurriendo en fáciles declaraciones doctrinales, sin profundizar suficientemente en algunos casos. Tal vez en todo ello pesen esa simpatía por el movimiento montonero. Por ello, recomendamos, a los interesados en esa guerrilla argentina los siguientes libros que descubren, con una documentación impresionante, su verdadera naturaleza: “Soldados de Perón: los montoneros”, de Richard Gillespie (Buenos Aires, 1987. Editorial Grijalbo Argentina. 372 páginas) y “Montoneros. Final de cuentas”, de Juan Gasparini (Buenos Aires, 1.988. Puntosur editores. 264 páginas).
Ambos textos son complementarios. Nos descubren, con una fuerza y un dramatismo excepcional, la naturaleza y evolución del movimiento montonero. De indudables orígenes cristianos y populares, dentro de la gran corriente del peronismo, evoluciona rápidamente absorbiendo corrientes ideológicas ajenas: marxismos, anticolonialismo, progresismo de raíz católica, anticapitalismo, etc. Pese a su fraseología y su programa, montoneros evolucionó hacia un tipo de organización personalista, autoritaria, que funcionaba a golpe de cálculo estratégico de base teórica marxista leninista, perdiendo contacto con la realidad; características en las que seguramente influyó la tremenda represión que sufrió y que supuso la inmolación de una militancia juvenil idealista y entregada.

 

Alguna conclusión.
Los Grupos de Acción carlista no llegaron a tanto, pero en su historia anidaron las mismas semillas, salvando las distancias, que en los montoneros.
Para algunos, este carlismo evolucionado y radical no merece tal nombre, tratándose de una grave distorsión. Para otros, por el contrario, se trató de la expresión más audaz de un movimiento popular renovado y abierto a las nuevas ideas. En cualquier caso, la realidad histórica de este grupo encarna una profunda crisis que se manifestó, merced al impacto de ideologías eclosionadas en el “sesentayocho”, en sustanciales cambios sociales acaecidos, además de en el carlismo, en múltiples sectores y ámbitos de la vida española y mundial: la familia, la articulación popular, los valores predominantes, la presencia pública de los católicos, el papel de la Iglesia católica.

 

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 47 - 48, julio – agosto de 2001

Reproducido parcialmente en Ahora Información, Nº 52, julio – agosto de 2001