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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Un archivo para la memoria colectiva de Navarra.

Una interesante exposición, que permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre, nos introduce en la memoria histórica y colectiva de Navarra, a través de setenta documentos representativos del Archivo Real y General de Navarra; cuya nueva sede es obra arquitectónica del genial tudelano Rafael Moneo.

 

Archivo: un palacio para la memoria.
                Hasta el próximo 30 de septiembre, puede visitarse, en el corazón de Pamplona, la exposición Archivo: un palacio para la memoria, organizada por el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra e inaugurada por los Reyes de España el pasado 28 de marzo.
                Bajo ese sugestivo nombre, en ocho vitrinas correspondientes a otras tantas secciones, se muestran 70 documentos (fechados entre los siglos XI y XX) que intentan acercar al visitante, con criterio pedagógico, a las fuentes documentales de la memoria colectiva navarra, a saber: el espacio, los poderes políticos, la población, la vida cotidiana, los hechos históricos más relevantes, algunos personajes extraordinarios, los antepasados (una genealogía individual) y, por último, la historia de una localidad.
Destacan dos documentos excepcionales: el Ceremonial de la coronación, unción y exequias de los reyes de Inglaterra (del siglo XIV, tal vez el más relevante del Archivo, por su belleza y delicadas miniaturas), y el Registro de Cuentas del Hostal de la Reina (de 1398, diario de gastos procedente de la Cámara de Comptos).
Añadiríamos, nosotros, como de cierta relevancia, un documento del rey Sancho VII el Fuerte, en el que figura como símbolo real el Arano Beltza o águila negra; uno de los primeros empleados por los reyes de Navarra antes de que adoptaran las cadenas y la esmeralda, procedentes ambos de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Este símbolo es especialmente conocido, en la actualidad, por su empleo político, con carácter independentista vasco, por los abertzales radicales de Batasuna. Con fondo amarillo, se ha popularizado su empleo en pegatinas, colgantes, pendientes… atribuyéndosele un arbitrario significado vinculado, a modo de forzada justificación histórica, a un presunto reino vasco. Nada más absurdo que atribuir a un símbolo de este rey -de indudable vocación hispana acreditada por su participación en una gesta clave de la Edad Media española- una significación relacionada con los precursores nacionalistas; como si se tratara de un supuesto monarca panvasco, remoto antecedente de los modernos nacionalismos vascos, sabiniano y radical.
                Y también encontraremos en la exposición mapas, grabados, actas de las Cortes, concesión de fueros, cartularios, partituras musicales, censos y diversos contratos privados (algunos redactados en árabe y hebreo)…

 

El palacio de los Reyes de Pamplona.
                Esta exposición está emplazada en la sala medieval abovedada del Palacio de los Reyes de Navarra en Pamplona, posteriormente del Virrey y, por último, Capitanía militar.
                Construido por Sancho VI el Sabio en 1190, ha sufrido diversas vicisitudes, de ahí sus sucesivas denominaciones, hasta convertirse en la sede del presente Archivo.
                Después de una extraordinaria restauración, diseñada por el arquitecto navarro Rafael Moneo, a partir de otoño de 2003, en que se trasladarán los fondos documentales previstos, se convertirá en el mayor archivo de Navarra, junto al existente en el Museo Diocesano de Pamplona.
                Moneo recupera, del antiguo y muy deteriorado edificio medieval, algunos elementos originales, integrando una nueva torre que servirá como silo para el patrimonio documental del archivo, junto a un luminoso patio acristalado que conecta ambos edificios. Y siempre empleando el mismo tipo de piedra, buscando también la armonía con los colores de sus vetas. De esta forma, luz, color y espacio se integran en una moderna síntesis que no puede entenderse sin un conocimiento y respeto de los elementos góticos supervivientes a tantos años de incidencias.

 

En el corazón de Pamplona.
                Pero no es la única atracción que ofrece hoy día la parte vieja de Pamplona a sus visitantes y amigos. Allí existen numerosos puntos de encuentro con su larga historia.
                Muy cerca, en el entorno de la ciudad antigua, encontramos al Museo de Navarra, las Iglesias góticas de San Cernin y de San Nicolás, la catedral de Santa María (en su mayor parte gótica, con fachada neoclásica de Ventura Rodríguez), el Museo Diocesano con su biblioteca y archivo, el Palacio Episcopal (siglo XVIII)… y otras iglesias, fuentes y edificios insignes que nos hablan del pasado de la ciudad y de su carácter. Todo lo anterior inscrito, además, en el impresionante recinto amurallado que rodea gran parte de este barrio, progresivamente despoblado en beneficio de los nuevos construidos a partir del siglo XIX, ya convertido en una red de calles y plazas peatonales, concebidas para el comercio y el paseo sosegado...
                Navarra y los navarros siempre han tenido una buena memoria histórica. El gusto por lo propio, la valoración positiva del pasado, un estudio y conocimiento certeros del mismo y de la propia historia; todo ello ha caracterizado a estas gentes. No obstante, el impacto de las ideologías también ha cautivado a otros de ellos que, con empeño proselitista, han introducido claves falsas para reinterpretar esa herencia, distorsionándola. Por ello, la presentación de estos significativos vestigios, de una manera austera  y casi desnuda, debe facilitar el reencuentro de los navarros con su propia tradición, despojados de prejuicios ideológicos que deforman la percepción de la historia y la realidad.
                Por ello esperamos que, esta exposición, sea la avanzadilla de otras futuras que nos permitan conocer más documentos de interés para la memoria histórica de Navarra: que no muera aquí esta iniciativa, que se prolongue en el tiempo con otras acciones culturales y contribuya, de esta manera, a la configuración mental y vital de las nuevas generaciones. Así, en constante diálogo con expertos y profanos, podrá este Archivo formar parte de la vida de Navarra.
                Esta exposición, además, para los visitantes no navarros, puede suponer la aproximación a una larga historia, que nos alcanza hoy, y que es imprescindible para comprender la realidad de España.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 71 – 72, julio – agosto de 2003.

Cara y cruz del nuevo movimiento cívico vasco.

      Probablemente, la principal novedad acaecida en la sociedad del País Vasco, en las últimas dos décadas, haya sido la aparición de un inesperado movimiento cívico que, pese a su pluralismo, mantiene un común denominador: su nacimiento desde el dolor y la movilización ciudadana y su antagonismo con el nacionalismo vasco.

Un movimiento social nacido del dolor y el olvido.
                De la mano de unas pocas personas golpeadas por la violencia de ETA, nacieron, hace ya dos décadas, los primeros grupos de un incipiente movimiento ciudadano en respuesta al terrorismo y otras expresiones de la realidad totalitaria que se empezaba a imponer en el País Vasco y también, aunque en menor medida, en Navarra, de la mano del nacionalismo vasco en sus diversas expresiones y tácticas.
Los primeros en constituirse fueron los grupos de familiares y víctimas del terrorismo de ETA, desamparados por los poderes públicos y sin una voz que les permitiera afrontar las dramáticas situaciones personales, que se les presentaron, asociadas a los atentados que marcaron sus vidas.
En segundo lugar, fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan la historia de un movimiento único en Europa.
En tercer lugar, espoleados especialmente por el llamado “Espíritu de Ermua”, los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento crítico coherentes a la situación política y social sufrida.
Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron, en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política.
                Con sus aciertos y carencias, tales grupos han generado una constelación social, una novedosa red asociativa y humana, que configura la actual resistencia de la ciudadanía vasca a los planes hegemónicos del nacionalismo gobernante y de los visionarios de la violencia ciega.

Familiares y víctimas.
                Los familiares de víctimas de ETA, y las mismas víctimas supervivientes, sufrieron años de extrema dureza en silencio; más cuando apenas existía apoyo institucional a sus numerosas necesidades. Además, socialmente y en los medios de comunicación, este colectivo y sus dramáticas carencias pasaban desapercibidas. Fruto de esa situación de desamparo insultante, se empezaron a alzar voces, como la de Cristina Cuesta en San Sebastián, reclamando atención a su existencia, apoyo material, una voz para su colectivo y el reconocimiento a la memoria de sus familiares asesinados. Así surgió, de su impulso y el de otras personas, en 1981, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).
                La AVT atiende en la actualidad a unas 6.000 personas, siendo su presidente Sonsoles Alvarez de Toledo. Definida como apolítica y benéfico asistencial, tiene como fines: reivindicar derechos y reclamar justicia, prestar ayuda moral y material a víctimas y familiares, cooperación con cuantas actividades redunden en beneficio de las víctimas, todo tipo de actos que fomenten la solidaridad hacia las víctimas y, por último, promover y asistir en acciones judiciales a favor de las víctimas del terrorismo. La AVT se organiza en 6 áreas sectoriales de trabajo, delegaciones territoriales y una Junta de Gobierno.
                Ya en noviembre de 1998, se constituyó el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), donde la incansable Cristina Cuesta sigue trabajando, y que pretende ser un interlocutor imprescindible “en cualquier proceso de pacificación que pueda emprenderse en la Comunidad Autónoma del País Vasco”. También persigue defender los derechos éticos y materiales de las víctimas del terrorismo, proteger los principios democráticos básicos, el respeto a la legalidad vigente, y un clima social de libertad y ausencia de coacciones para todos los ciudadanos. Desde una firme postura ética, juzgan como imprescindible que “los criminales reconozcan sus delitos, que asuman el daño causado a millares de personas inocentes y que reconozcan el daño infligido a la sociedad vasca en particular, y a la colectividad española en general”, pues “nunca podrá haber paz sin justicia previa”.
                A nivel nacional, estos colectivos han logrado, después de muchos años, que el gobierno del Partido Popular, finalmente, haya dado pasos decisivos para subsanar las numerosas carencias materiales y morales sufridas por sus asociados. Como frutos concretos de esta política popular, tenemos la novedosa legislación promulgada al respecto y la constitución de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, que deberá reunir todas esas necesarias competencias y medios que precisa un colectivo olvidado, que ha dado un ejemplo extraordinario de dignidad humana, moral y cívica, y que no ha incurrido en venganza alguna.
                En este ámbito, el del entorno humano de las víctimas, han surgido varias fundaciones que han adoptado el nombre de algunas de ellas, con el objetivo de mantener viva su memoria. Nacidas en el área de influencia de los partidos políticos constitucionalistas, y lideradas por familiares directos de las víctimas, encontramos a la Tomás Caballero en Navarra y la Miguel Ángel Blanco, junto a otras, en el País Vasco.
                Así, la Fundación Gregorio Ordoñez, constituida en recuerdo de aquel joven político popular donostiarra asesinado, tiene entre sus principios fundacionales: la conservación y divulgación de los principios éticos y democráticos, la atención a las víctimas del terrorismo, la reivindicación del reconocimiento público de sus derechos y, como novedad en su ámbito, la  promoción de San Sebastián facilitando a sus ciudadanos el acceso a la información en los asuntos públicos locales.
                La Fundación Fernando Buesa Blanco, por su parte, toma su nombre del político asesinado en Vitoria el 3 de noviembre de 2000. Su objetivo es mantener vivo el ejemplo de este socialista, de orígenes democristianos, en favor del progreso social, la búsqueda de la convivencia en paz, la política entendida como un servicio público, la pasión por la libertad y la defensa del pluralismo.

Pacifistas.
                A finales de los años 70, pequeños grupos de militantes cristianos se empezaron a reunir, con el objetivo de reflexionar en torno a la violencia de raíces políticas practicada en el País Vasco y Navarra; realizando algunas concentraciones de carácter no violento en protesta por el creciente terrorismo. Esas concentraciones, que cristalizaron en una dinámica de movilización constante con ocasión de todo tipo de acto violento de raíz política, estaban impulsadas inicialmente por Artesanos de la Paz.
Ya en 1986 se constituye la Coordinadora Gesto por la Paz, a partir de 6 grupos, integrándose en dicha entidad, en 1989, la Comisión Paz en Euskadi de Colectivos Vascos por la Paz y el Desarme. También en 1986 se constituye la Asociación por la Paz de Euskal Herria.
El 24 de noviembre de 1989 confluyen ambas entidades, naciendo la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, con un total de 52 grupos locales. Esta entidad sigue persiguiendo la paz y una sociedad más justa y más humana, con los siguientes objetivos concretos: fortalecer la movilización ciudadana, hacer tomar conciencia a la sociedad de su responsabilidad frente a la violencia, velar para que la actuación institucional frente a la violencia se enmarque dentro de la legalidad y los derechos humanos, y fomentar una cultura de paz dirigida especialmente a la infancia y la juventud.
Este movimiento mantiene vivo su espíritu originario, denunciando toda expresión de violencia y terrorismo, aceptando puentes con otras entidades, incluso procedentes del entorno del MLNV, caso de Elkarri, que invoquen el cese de la violencia como requisito imprescindible para cualquier avance social o político.

Los Foros.
El brutal secuestro y asesinato, un 12 de julio de 1997, del concejal del Partido Popular de Ermua Miguel Ángel Blanco, originó un movimiento ciudadano de respuesta como nunca se vivió en el País Vasco y Navarra durante las últimas décadas. Para mantener ese “Espíritu de Ermua”, un grupo de intelectuales organizó el Foro de Ermua, entidad en la que tiene un peso decisivo un notable grupo de intelectuales de procedencia comunista e izquierdista. Ese mismo mes, 5 profesores de la Universidad del País Vasco se reúnen, dando como fruto un manifiesto en oposición a la negociación con ETA, llamando a la ciudadanía a la “resistencia contra el fascismo vasco”. Así, el 18 de febrero de 1998 se presentó a la opinión pública el Foro de Ermua, difundiendo el primero de sus textos: “Manifiesto por la democracia en Euskadi”.
Su labor para concienciar al resto de la izquierda española, en la batalla de las ideas y los medios de comunicación, ha sido decisiva: hecho del que, sin duda, tomó nota ETA, lo que le llevó a asesinar al periodista José Luis López de la Calle, uno de los activistas más significativos del grupo. El trabajo de Foro de Ermua ha sido fundamental para que la izquierda española inicie la difícil labor de superar los demonios familiares asociados a una posible percepción positiva de la nación española en este sector político.
En el entorno de esta entidad, aunque con vocación propia, nació accidentalmente y con enormes dificultades Foro El Salvador, reuniendo a destacados clérigos y militantes católicos que, desde una perspectiva evangélica y con la mirada puesta en el proceso de paz vivido en El Salvador, intentan que la Iglesia católica vasca cambie de orientación, asumiendo su misión histórica, emancipada de la hegemonía del nacionalismo vasco en la orientación pastoral de su jerarquía y sus estructuras diocesanas y parroquiales. Algunos de sus rostros más conocidos son: Jaime Larrinaga, párroco de Maruri y primer sacerdote vasco con protección policial, el historiador Fernando García de Cortázar, y Antonio Beristain Ipiña, también jesuita, fundador del Instituto Vasco de Criminología. Nacido al margen de cualquiera entidad o movimiento eclesial, ha encontrado dificultades de interlocución ante otras realidades eclesiales; desconociendo todavía hoy buena parte de la Iglesia católica española a esta realidad nacida de la base.

¡Basta ya!
                ¡Basta ya! configura un nuevo tipo de organización de pretensiones explícitamente políticas: con una manifiesta vocación de participación en la vida pública y en el campo de batalla de la opinión, difundiendo específicos pronunciamientos de hondo calado político, tomando la iniciativa con diversas movilizaciones y propuestas políticas. Fernando Savater ha sido unos de los intelectuales que más ha destacado en las actuaciones de la entidad; ejerciendo, con su condición de portavoz, un indudable liderazgo en esta plataforma próxima, de alguna manera, al PSE-PSOE.
                Sus principios básicos son: trabajar contra el terrorismo en cualquiera de sus formas, apoyo a las víctimas de la violencia política, y la defensa del Estado de Derecho, la Constitución y el Estatuto de Autonomía del País Vasco. Subraya su carácter activista, más allá de la mera denuncia, por lo que ha realizado numerosas movilizaciones y actuaciones públicas de hondo calado mediático; habiendo recibido el premio Sajarov por la defensa de los derechos humanos que concede el Parlamento Europeo. La entidad considera que, entre las razones de su nacimiento, también se encuentra el “auge del nacionalismo étnico y xenófobo entre los partidos nacionalistas moderados y otras entidades abertzales, que pretenden pactar con ETA acuerdos favorables para los intereses nacionalistas excluyendo a los vascos con otras ideas e identidades”. De todo ello se deriva que, a su juicio, la denuncia ética del terrorismo no sea suficiente, por lo que, en coherencia, realizan una crítica política del mismo. Así, conciben a las movilizaciones ciudadanas como instrumento de denuncia, pero también, como medio de recuperación de la calle, recordando así a las instituciones cuáles son sus obligaciones.
                ¡Basta ya! carece de organización profesional. Tampoco tiene una junta directiva. Ha optado por presentar portavoces autorizados ante la opinión pública. Con esta dinámica política, no obstante, afirman no pretender sustituir a los partidos políticos, ni competir con otros grupos sociales. Pero desean que sus actuaciones no estén marcadas por el terrorismo, por lo que pretenden que las mismas se desarrollen de forma independiente de los actos terroristas.
                Existen otras entidades de carácter mixto, caso de la Fundación por la Libertad, de la que una de sus figuras más conocidas es su presidente, Edurne Uriarte, cuyo papel está por desarrollar y que, sin duda, confluirá en la línea general de todas las anteriores entidades. Como fin fundacional tiene establecido el análisis, la reflexión y la difusión de los valores de la democracia y la libertad. Pretende de forma expresa “la defensa de un País Vasco plenamente integrado en la nación española, y una cultura vasca entendida e integrada en la pluralidad que configura la cultura española”. Para la consecución de esos objetivos, tiene clara conciencia del papel de la educación para llegar a toda la ciudadanía. Un factor novedoso que tiene un difícil, pero decisivo, papel a jugar en el futuro.
                Dentro de este ámbito podríamos hablar del colectivo Ciudadanía y Libertad, entidad que afirma, ante todo, su compromiso con la Constitución española y el Estatuto vasco, se afirma integrada por vascos que consideran tienen los mismos derechos y deberes que los de convicciones nacionalistas, propugna la cooperación y la convivencia entre todos los vascos, y, por último, antepone la dignidad de la persona a lo colectivo, considerando como su patria la libertad y los derechos humanos. Para ello exigen que las instituciones defiendan y celebren la democracia, recuperando la memoria histórica. De ahí que esta entidad, en Vitoria, haya realizado diversas acciones públicas en defensa de la Constitución y el Estatuto, así como alguna llamativa presentación de libros. Se muestran especialmente preocupados por el valor de las palabras, su sentido político y el valor pedagógico del lenguaje.
Otra entidad que podemos mencionar aquí es el colectivo ¡Libertad ya!, nacido en el ámbito de las víctimas navarras de ETA, con cierta vinculación a Unión del Pueblo Navarro, y con una clara vocación de participación en la batalla por la opinión pública, impulsando concretas iniciativas sociales.
                Citemos, por último, a la asociación Denon Artean (Paz y Reconciliación), que desarrolló una importante labor de movilización social en momentos muy difíciles, especialmente en Guipúzcoa.

Cara y cruz.
                Ya hemos visto que, sin duda, estas asociaciones, que en ocasiones comparten militantes y actuaciones, objetivos y tácticas, han protagonizado éxitos indudables en los terrenos de la opinión pública, el apoyo a las víctimas, la iniciativa social y ciudadana, y la elaboración de un pensamiento -coherente y sistemático- de crítica al nacionalismo vasco y al régimen de partido establecido por el PNV, así como al terror de ETA y su entorno. En definitiva, su naturaleza es reactiva, pues viene definida por su origen, es decir, es producto de una sana y necesaria reacción social frente a una clamorosa injusticia histórica y a la renuncia de sus obligaciones por los poderes públicos.
                Además, estos movimientos también han sido semilleros de líderes sociales y vocaciones políticas. Así, el polémico Javier Madrazo (actual socio del Gobierno Vasco, de Izquierda Unida) procede de Gesto por la Paz, al igual que Maite Mur, concejal del ayuntamiento de Pamplona por UPN. De Foro de Ermua procede Ernesto Ladrón de Guevara, uno de los actuales líderes de Unidad Alavesa. Igualmente son numerosos los familiares de víctimas del terrorismo que se han incorporado a la vida pública. Es el caso, entre otros, de Javier Caballero (hijo del concejal pamplonés de UPN, asesinado por ETA, Tomás Caballero), reciente Consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra por UPN.
                Sin embargo, existe un campo de vital importancia donde apenas se han dado pasos al respecto. Es el campo de la educación, si bien, Gesto por la Paz ha intuido esa importancia; al igual que la joven Fundación por la Libertad, al menos en un nivel teórico. Así como al movimiento de recuperación del euskera le siguió el movimiento de las ikastolas, de momento no existe un fenómeno análogo en la línea de las propuestas cívicas de estos movimientos que, sin duda, han constituido por otra parte un interesante tejido social, de mayor penetración en las grandes ciudades del País Vasco.
                Sí se han empezado a dar algunos pasos en las universidades vascas, de la mano de profesores que valerosamente han denunciado la violencia cotidiana etarra, el apoyo académico dado a los presos de ETA, etc. En ese sentido, la concejal del PSE-PSOE de Getxo, Gotzone Mora, ha sido una figura modélica. Pero, por el contrario, la política educativa desarrollada por el gobierno vasco, durante muchos años, ha supuesto que miles de docentes hayan abandonado el País Vasco, por no encajar en los planes lingüísticos y pedagógicos del gobierno del PNV, y su sustitución por un profesorado afín o resignado. En cualquier caso, es el terreno de la educación donde, con vocación de futuro, deberán volcar sus esfuerzos y su imaginación estas entidades, como lógica prolongación de su trabajo intelectual y social. Ese ámbito constituye el privilegiado entorno social donde un nuevo modelo humano puede proporcionar a la juventud vasca un estilo de vida distinto, basado en unos principios de construcción y colaboración social, que huya de la violencia y del totalitarismo.
                Otro entorno social y geográfico, donde apenas han podido incidir estos novedosos movimientos sociales vascos, es el de los pequeños pueblos del interior, cotos cerrados del nacionalismo radical donde los constitucionalistas viven –prácticamente- en la clandestinidad, en las catacumbas, sin que sea posible expresión alguna, pública o privada, de su identidad.
                En resumen: apoyo a las víctimas de ETA y reconocimiento de su memoria, movilización ciudadana y recuperación de la calle, construcción de un movimiento pacifista, movilización de intelectuales y elaboración de un pensamiento articulado, iniciativa política y participación decidida en los medios de comunicación. Esa es la cara positiva de esta pujante realidad social; tales son las herramientas enarboladas por estos modélicos colectivos y asociaciones nacidas a pesar de la presión totalitaria del PNV y el régimen de partido organizado desde el Gobierno vasco y las instituciones públicas que controla. La cruz, ya lo hemos visto: su escasa penetración en los pueblos pequeños y la inexistencia de un tejido docente específico y de un movimiento pedagógico que eduque a las nuevas generaciones en los valores impulsados por estas entidades, que permita un País Vasco en paz, articulado armoniosamente con el resto de España en el marco de la nueva Europa.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 71 – 72, julio – agosto de 2003.

Nacionalismo vasco y marxismo-leninismo: consideraciones en torno a la naturaleza de ETA (II).

El PCE(r)-GRAPO comparte con ETA un conjunto de presupuestos ideológicos y estratégicos derivados de la teoría y práctica marxista-leninista en su versión maoísta. Sin embargo no es comparable el respectivo apoyo social alcanzado. Esta constatación, ¿qué significa?

Con la pretensión de adentrarnos en la naturaleza de ETA, en el anterior artículo, publicado en el número 70 de esta publicación digital, analizábamos algunos factores significativos en la formación e historia de la organización terrorista PCE(r)-GRAPO, especialmente su vinculación al maoísmo y a la técnica de la “guerra popular y desgaste” diseñada por Mao como eficaz instrumento subversivo total. Veamos otras cuestiones que inciden directamente en la naturaleza de ETA: el impacto de la ideología y su vinculación e implicación con el nacionalismo vasco.

El factor “ideología”.

Finalizábamos el anterior texto con una pregunta. Recordemos. No pudiendo explicar la asombrosa capacidad de regeneración del PCE(r)-GRAPO, después de sus numerosas caídas, se acuñó la teoría de la infiltración, ya de la extrema derecha, ya de servicios de información extranjeros. Pero tales teorías ¿eran verosímiles? En definitiva, ¿en qué factores radicaba esa sorprendente capacidad de movilización y de regeneración?

La explicación es mucho más sencilla, que la antes propuesta, y la proporciona el historiador Pío Moa en el libro De un tiempo y de un país (Ediciones Encuentro, Madrid, 2002), donde narra sus peripecias en la extrema izquierda política española y en esa organización concreta. El factor explicativo de este fenómeno es el impacto, en un concreto colectivo humano, de la ideología, entendida como un conjunto explicativo, aparentemente racional, mediante una serie limitada de leyes sociales, económicas e históricas, de toda la realidad y actividad humanas. Ahí radica la diferencia de cualquier ideología con el cristianismo: la ideología interpreta la realidad; el cristianismo la afronta con todos sus factores en juego.

En la presentación del citado libro en el Ateneo de Gijón, realizada hace unos meses, Pío Moa resumía, en tres, las causas del atractivo del marxismo, “además de la avidez de poder y el rencor social por él fomentados”:

1)      Una explicación aparentemente científica de toda la realidad humana. En la nueva sociedad el hombre se desarrollaría plenamente, superando las alienaciones que lo limitaban. El mal radicaría en el exterior del hombre. Eliminado ese mal estructural, se implantaría una nueva sociedad. No obstante, en muchos casos, según el autor, “se creía en la supuesta ciencia porque prometía la utópica sociedad anhelada”.

2)      El carácter épico de una lucha universal contra las fuerzas enemigas del inevitable avance de la humanidad, “una reedición de la lucha de los titanes contra los dioses, el asalto a los cielos, como expresaba agudamente Marx utilizando la mitología griega”. De ese impulso brotaría un “prodigioso empuje de agresión, así como una capacidad asombrosa para mentir, calumniar, desfigurar la realidad, tácticas siempre justificadas en pro del fin grandioso”.

3)      Su éxito práctico: la implantación del comunismo en un tercio del mundo, la derrota de Estados Unidos en Vietnam, la extensión de los movimientos comunistas en todo el mundo...

Desvanecido parte del sueño comunista en los últimos años, sobrevive en occidente en algunas formas degradadas, influyendo en movimientos tercermundistas, ecologistas, feministas, radicales, antiglobalización…

La violencia del PCE(r)–GRAPO tuvo, por otra parte, algún efecto inesperado: moderó al histórico PCE y a las otras fuerzas marxistas, que buscaron diferenciarse del terrorismo ciego desatado por esa organización que no sólo no logró la ansiada insurrección, sino que generó un profundo rechazo en todos los medios sociales y la opinión pública española.

Algunos medios de comunicación, adoctrinados en muchos casos en esa misma extrema izquierda, en los aledaños del PCE o en un socialismo marxista que ahora nos suena a vetusto, no podían explicarse -no podían aceptar- que esos sanguinarios terroristas procedieran de sus mismas factorías intelectuales, del mismo humus humano e ideológico. Por ello, para justificarse, inventaron esas exóticas teorías acerca del origen e impulso del PCE(r)-GRAPO. Pese a tales intentos, la explicación era bastante sencilla, existiendo otros muchos casos similares en la historia: un grupo humano se movilizó impulsado por una lectura muy particular del marxismo, persiguiendo una sociedad utópica al igual que los demás marxistas y comunistas a lo largo de la historia, sin reparar en medios, costes y sacrificios. De hecho, hoy día, los supervivientes en activo del PCE(r) - GRAPO siguen justificando su existencia con un análisis ideológico puro y duro, alejado de la realidad, en el que repiten los tópicos manejados hace treinta años. Así afirman, todavía hoy y de manera nada realista, que “Claro que no les interesa explicar por qué los GRAPO han permanecido en la brecha durante tanto tiempo y hayan logrado más de una vez poner al Estado contra las cuerdas, pues de lo contrario tendrían que reconocer también, entre otras cosas, primero, la permanencia del régimen fascista y, segundo, la existencia en nuestro país de un partido comunista verdaderamente revolucionario, firme y bien cohesionado, que aplica una línea política justa de resistencia y no escatima ningún apoyo a la organización guerrillera” (Esos "extraños y oscuros GRAPO", artículo de Antorcha nº 3, junio de 1998, publicación digital próxima a la organización).

El ingrediente nacionalista.

Hemos constatado, con todo lo anterior, la capacidad de seducción de muchas voluntades por parte de las ideologías, por el marxismo en concreto, hasta el sacrificio personal. Pero, creemos, la mera ideología marxista no es explicación suficiente para el arraigo del MLNV en su caso. El PCE(r)-GRAPO nunca alcanzó el éxito del MLNV; no supo desarrollar una “política de masas” que le proporcionara un amplio colchón humano. Por ello, se fue extinguiendo hasta convertirse en un residuo sectario alejado por completo de la realidad, con derivaciones y comportamientos netamente mafiosos.

Pero, la pregunta que podemos y debemos hacernos, es: si PCE(r)–GRAPO y ETA comparten una parte sustancial de sus presupuestos ideológicos y estratégicos, ¿por qué el primero fracasó estrepitosamente y el segundo se consolidó?

ETA, evidentemente, también infectada por el virus de la ideología, es otra cosa. Recordemos sus orígenes. ETA nace en el seno del nacionalismo vasco, se desarrolla en ese común “humus” e incorpora en las décadas siguientes –esa es la razón de su éxito- numerosos ingredientes marxistas y cuantas novedades antisistema le permiten crecer y ensanchar su primitiva base social. ETA, por tanto, no sólo es marxismo. Es, ante todo, nacionalismo vasco, si bien, muy distinto al de sus mayores del PNV. Sin duda, esta tesis no la comparten los autores de Goiz Argi que mencionamos en el artículo anterior. Para ellos, y no sólo en los artículos citados, el MLNV instrumentaliza la cuestión nacional en aras de una estrategia revolucionaria antisistema, similar a la practicada en otros lugares de todo el mundo. Una opinión también asumida, entre otros, por el anterior lehendakari Ardanza, quien planteó a la Asamblea Nacional de su partido en febrero de 1996 la necesidad de “desenmascarar, ante las propias bases del MLNV y ante toda la sociedad, el auténtico proyecto estratégico de la actual dirección de la Izquierda Abertzale. Su carácter esencialmente revolucionario y anti-sistema, así como su intención manipuladora de la «cuestión nacional», deberán quedar al descubierto. Sería el modo más eficaz de provocar en el MLNV las contradicciones internas necesarias para que el soporte social abertzale del Movimiento comience a cuestionar el proyecto político de la actual dirección y, con él, el sentido y la utilidad de la «lucha armada»”.

En el País Vasco, la manifestación específica de la subversión marxista universal, en su vertiente marxista-leninista, sería para Goiz Argi y Ardanza, en definitiva, ETA y su MLNV. Tal organización no sería nacionalista vasca en absoluto, sirviéndose de un barniz nacionalista a efectos puramente tácticos.

Por nuestra parte, y en contra del criterio anterior, creemos que, en ETA y el MLNV, marxismo y nacionalismo se funden en una nueva teoría y práctica, en una organización social completa de nuevo cuño, generadora de un modelo totalitario de vida; una nueva sociedad en germen que avanza consolidando espacios de poder abertzale. Pero, por si hay dudas acerca de su naturaleza íntima, tendremos que remitirnos, además de lo que dicen de sí mismos, lo que dicen de ellos los demás, particularmente, los que se proclaman, por encima de todo, nacionalistas vascos. Y aquí no hay dudas.

Para la mayor parte de los actuales dirigentes del PNV y de EA, el conjunto del MLNV es, ante todo, una expresión más del nacionalismo, otra columna vertebral sobre la que construir la futura nación vasca, aunque mediante técnicas y tácticas dispares. Ese es el criterio de Xavier Arzalluz y la actual dirección jelkide. Y la prueba material de ello es el plan Ibarretxe, concebido como un acuerdo entre nacionalistas, propio de una comunidad nacionalista que intenta configurar una nación. En el libro ETA. El saqueo de Euskadi (José Díaz Herrera e Isabel Durán, Editorial Planeta, Barcelona, noviembre de 2002) en su página 669 se reproduce la transcripción de una esclarecedora conversación entre responsables del PNV y Herri Batasuna, celebrada el 26 de marzo de 1991. Xavier Arzalluz afirmó ante sus interlocutores radicales: “Nosotros somos los de siempre, nacionalistas. Sin revolución, sin marxismos ni tiros, pero con los mismos objetivos que vosotros. En el futuro, en el País Vasco sólo van a quedar dos fuerzas nacionalistas, el PNV y HB, por lo que habrá que pensar en algún tipo de colaboración”. Es decir. El PNV encarnaría el nacionalismo de siempre; mientras que el MLNV constituiría una suerte de neonacionalismo a causa de sus novedosas incrustaciones ideológicas.

Por otra parte, las organizaciones políticas y entidades de carácter cultural que no renuncian a su identidad marxista, no se reconocen en absoluto, salvo marginales excepciones, con el mundo abertzale; considerándolo, es más, una peligrosa perversión nacionalista, incluso pequeño-burguesa.

En conclusión: el MLNV es, ante todo, una organización nacionalista vasca.

Pero, en este caso, concurre otro factor que también explica, al menos en parte, el relativo éxito social y político del MLNV. Partamos de una premisa previa. No olvidemos que el nacionalismo vasco llamado moderado ha disfrutado –y disfruta- de los recursos derivados del ejercicio de una gran cantidad de competencias políticas de enorme repercusión cultural y económica (Gobierno Vasco, Juntas Forales, entes locales…) Y para ilustrar tales afirmaciones nos limitaremos a remitirnos a las muy conocidas denuncias efectuadas en este sentido, a través de decenas de casos concretos, por el citado matrimonio de periodistas en su libro. Mencionemos un aspecto muy concreto. El PNV ha empleado la euskaldunización de la sociedad como instrumento para la construcción nacional, para configurar una conciencia nacional que buena parte de la población vasca carecía. En el citado libro todo indica que la euskaldunización de la población adulta la ha dejado el PNV en manos de AEK, cuya vinculación con el MLNV es innegable. Y no es el único caso. En definitiva, el MLNV también se ha servido de espacios legales, beneficiándose de la periferia del poder de algunas instituciones públicas. Por el contrario, el PCE(r)-GRAPO nunca se aproximó en modo alguno a posiciones análogas.

Son dos, por tanto, las causas que han impedido que la violencia de ETA no quedara ahogada: un movimiento social vivo y potente que se alimenta de una realidad preexistente (el nacionalismo), que no parte de cero; y unas estructuras estatales inhibidas ante su violencia o que, incluso, le ofrecen un espacio propio en la vida pública, posibilitando experimenten nuevas fórmulas de liberación nacional y de construcción social alternativa con cierto amparo normativo.

El PCE(r)–GRAPO, como prototipo de organización marxista–leninista ortodoxa, extremadamente rígida, fue –sigue siéndolo- irrealmente dogmática. No gozó, en ningún momento, de las ventajas de las que se ha beneficiado el MLNV y que le han permitido extenderse y consolidarse: pertenencia a una superior comunidad más amplia, y cierta simbiosis con algunas expresiones del poder público detentado por los afines. No estaba anclado en la periferia de un poderoso partido comunista oficial del que poder alimentarse, sino en la marginación más absoluta, despreciado por un PCE más preocupado en su propia continuidad que por desarrollar un programa revolucionario. Y tampoco encontró tregua alguna por parte de los aparatos del Estado y de los medios de comunicación.

            Ambos factores (pertenencia a la comunidad nacionalista y proximidad al poder público detentado por los nacionalistas en el Gobierno Vasco y otras instituciones) explican las notables diferencias existentes entre las dos organizaciones terroristas, pero que se remiten, en ambos casos, al poder seductor y manipulador de una ideología totalitaria enemiga de la persona; que, en el caso de ETA, cuenta con la sorprendente complicidad de un partido burgués, antaño católico, cuya razón exclusiva de ser es el nacionalismo.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 71 y 72, julio-agosto de 2003

Nacionalismo vasco y marxismo-leninismo: consideraciones en torno a la naturaleza de ETA (I).

ETA ostenta el dudoso mérito de mantenerse como una de las escasas organizaciones terroristas activas en Europa occidental. Otro grupo, el PCE(r)-GRAPO, también le acompañó durante bastantes años en ese camino. Sin embargo, pese a sus mortíferos efectos, nunca alcanzó un apoyo social significativo. Una comparación de la naturaleza de ambas organizaciones terroristas, ¿podría proporcionar, acaso, claves para entender la realidad política vasca?

Nacionalismo vasco y marxismo-leninismo.

Un objetivo estratégico: una Euskadi socialista, reunificada y euskaldún.

Una ideología: el nacionalismo revolucionario, entendido como la concreta praxis del marxismo-leninismo en una nación y un espacio temporal histórico.

Una técnica: la guerra popular, prolongada y de desgaste.

Una táctica actual: un frente nacionalista por el soberanismo y la territorialidad.

Un movimiento social y de masas: el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV).

Un instrumento político: Batasuna, AuB, Sozialista Abertzaleak, o la denominación que le suceda.

Una organización líder y de vanguardia: ETA.

Una dirección transversal, oculta y cohesionada.

Esta es, en resumen, la realidad descriptiva de ETA y el entorno social nacido de su impulso. Pero esta descripción no responde a una cuestión muy importante, de indudables consecuencias prácticas. ETA, por encima de todo, ¿es una organización nacionalista o, por el contrario, es netamente marxista-leninista? Una u otra respuesta puede determinar la política de alianzas entre las diversas fuerzas que se denominan nacionalistas vascas. De tratarse de una organización nacionalista ante todo, nada impide una alianza formal y material con el llamado nacionalismo moderado. De prevalecer unos componentes ideológicos y estratégicos marxista-leninistas, no sería comprensible tal alianza. En definitiva: la parcial coincidencia táctica entre PNV/EA y el brazo político de ETA, en este segundo supuesto, sería contra natura, escapando de toda lógica política.

Retrocedamos unos años en el tiempo. El lehendakari Ardanza reclamaba a la Asamblea Nacional de su partido en febrero de 1996: "nuestro primer objetivo deberá consistir en desenmascarar, ante las propias bases del MLNV y ante toda la sociedad, el auténtico proyecto estratégico de la actual dirección de la Izquierda Abertzale. Su carácter esencialmente revolucionario y anti-sistema, así como su intención manipuladora de la ‘cuestión nacional’, deberán quedar al descubierto. Sería el modo más eficaz de provocar en el MLNV las contradicciones internas necesarias para que el soporte social abertzale del Movimiento comience a cuestionar el proyecto político de la actual dirección y, con él, el sentido y la utilidad de la ‘lucha armada’".

De este texto podemos deducir varias conclusiones:

1.      Se califica a ETA de organización esencialmente revolucionaria y antisistema.

2.      Se advierte, con ello, el peligro o perversidad del MLNV; de lo que se deriva la necesidad de combatirlo.

3.      En consecuencia, propone una estrategia concreta frente al MLNV: desenmascarar el proyecto revolucionario de su dirección ante sus propias bases y así cuestionar la utilidad de la lucha armada.

4.      El análisis se realiza desde el nacionalismo: no en vano, los integrantes de ETA manipularían la cuestión nacional. Es el proyecto de nación lo que juzga la conveniencia y adecuación de un movimiento determinado al mismo. ETA, en definitiva, no sería una organización genuinamente nacionalista.

Vemos que, desde entonces, el nacionalismo vasco denominado moderado ha prescindido en la práctica de tales análisis: ha ignorado la clara advertencia de Ardanza por la que afirmaba la peligrosidad intrínseca derivada de la naturaleza marxista-leninista de ETA.

¿Qué ha ocurrido para que se haya dado este cambio?

El cambio del PNV.

Muchas cosas han sucedido desde entonces: Ardanza dejó de ser lehendakari y ante la parálisis del pacto de Ajuria Enea propuso el llamado Plan Ardanza poco antes de finalizar su mandato; se negocia y lanza el pacto de Lizarra; consecuencia de lo anterior se decreta la llamada tregua unilateral de ETA; su ruptura; el éxito electoral del PNV del 13/05/01; el Plan Ibarretxe; nuevo éxito electoral del PNV/EA el pasado día 25/05/03. En cualquier caso, todo ello indica que se ha producido un cambio histórico en la opción táctica del PNV y sus aliados de EA, apostando por la independencia y la secesión a medio plazo, cuando años atrás, se trataba más de un objetivo ideal que una aspiración realista, subordinado al final de la lucha terrorista.

Ahora, por lo tanto, el PNV opta por alcanzar la independencia, pero sin condicionarlo a la desaparición de ETA. Es más. Trata de incorporar a Batasuna a su nueva táctica. Siendo justos, esto no quiere decir que el PNV no siga considerando la necesidad de limitar el espacio político del MNLV y de eliminar, incluso, la violencia de ETA. A tal efecto ha optado por la vía del “vaciamiento electoral” de Batasuna. Y para ello se está sirviendo de los beneficios derivados de su deslegalización, intentando aglutinar la mayor parte del voto abertzale radical, por una parte y, por otra, tratando de proporcionar una alternativa política secesionista que satisfaga a esos miles de votos “prestados” y les impida volver a Batasuna o entidad que le sustituya. En este sentido, el Plan Ibarretxe es la respuesta a esa captación de voto abertzale, habiendo cosechado buenos resultados en los comicios municipales y forales del pasado 25 de mayo.

            Sin duda existe un “tira y afloja” entre el PNV y Batasuna: ambos intentan liderar la estrategia nacionalista. No parece que haya un acuerdo previo, por lo que cada una de esas fuerzas intenta arrastrar a su propia táctica, por las buenas o por la fuerza de los hechos, a la otra. El objetivo sería el mismo: la independencia. Pero en el ritmo y los medios no parece que haya acuerdo. El MLNV y Batasuna emplean todo tipo de medios y su opción es una ruptura unilateral e inmediata. El PNV opta por una estrategia gradualista en la que el agotamiento del techo autonómico y la “soberanía compartida” serían fases intermedias tendentes a ese fin último. Pero, en todo caso y consideraciones tácticas al margen, sigue siendo fundamental determinar y esclarecer la verdadera naturaleza de ETA; si bien la evolución descrita parece indicar que, para el PNV/EA, ETA es una organización genuinamente nacionalista.

            Para esta labor de discernimiento vamos a mirar a nuestra reciente historia, realizando una cierta comparación de ETA con la organización terrorista marxista-leninista PCE(r)-GRAPO, en un intento de encontrar claves explicativas de esta cuestión.

Organizaciones terroristas en la historia reciente de España.

            ETA es la organización terrorista que cuenta con la trayectoria más larga y mortífera de la reciente historia española. Han existido otras (recordemos a los grupos libertarios, Terra Lliure, el FRAP, los grupos armados nacionalistas gallegos, los grupúsculos “ultras”), pero sólo el PCE(r)-GRAPO se le asemeja en longevidad y eficacia; no en vano, ambas organizaciones se vienen enfrentando, al Estado democrático español con las armas en la mano.

Sin embargo, su entidad y arraigo social respectivos apenas son comparables. Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), brazo armado de una organización “política”, el Partido Comunista de España (reconstituido), resultaron especialmente mortíferos en los primeros años de la transición española a la democracia. Sus acciones de mayor impacto, social y político, fueron los secuestros simultáneos de Oriol y del general Villaescusa en el año 1977.

Aunque primó la “lucha armada”, el PCE(r) también trató de desarrollar en su entorno unas “organizaciones de masas”, como parte de una estrategia que pretendía englobar a diversos sectores sociales en una dinámica revolucionaria, encuadrados en diversos “frentes”: armado, estudiantil, etc. Recordemos, así, a la ODEA (Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas), que apenas logró captaciones y que, en realidad, agrupó, bajo ese manto, a los militantes del PCE(r)-GRAPO de la Universidad.

            De hecho, la única organización “de masas” que gozó de cierta continuidad fue la -todavía existente- Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos (AFAPP), una entidad constituida a semejanza de las Gestoras Pro-Aministía, estructurada en torno a los presos de la organización y que, por propia definición, nunca podría extenderse más allá de su medio humano natural. Otra sección del partido, que gozó de notable relevancia, fue la del “aparato de prensa y propaganda”, capaz de editar durante años, peses a las reiteradas y sucesivas “caídas”, unos medios impresos de notable calidad tipográfica, lo que contribuyó alimentar al “mito GRAPO”. Fue la “lucha armada”, no obstante, la que absorbió la mayor parte de las fuerzas generadas por esa organización, subordinándose todos los demás “brazos” –apenas desarrollados- a las necesidades de la estrategia “acción-represión-acción”.

La ideología del PCE(r)-GRAPO se basaba en una particular interpretación del marxismo-leninismo-maoísmo, adaptada –supuestamente- a la realidad española, si bien llegó a experimentar, en un momento posterior, un efímero “giro pro-soviético”. A su juicio, España era un Estado fascista dominado por una estrecha oligarquía, pese a sus apariencias democráticas, que sólo podía combatirse con la “lucha armada”. Las masas obreras y campesinas, completamente alienadas, anhelarían un partido-vanguardia que liderara la ineludible revolución proletaria. La organización histórica y mayoritaria del tradicional entorno marxista revolucionario, el Partido Comunista de España (PCE), así como los demás grupos comunistas (existían, por entonces, una veintena de ellos así denominados, trotkistas, maoístas, pro-albaneses, marxistas-leninistas); todos errarían en sus diagnósticos y estrategias, siendo rehenes de sus equivocadas interpretaciones del marxismo científico. El PCE(r)–GRAPO consideraba que acatar la legalidad no sólo no facilitaba avanzar hacia el socialismo, sino que lo retardaba, integrando a los comunistas “posibilistas” en el sistema burgués, neutralizándose así su empuje revolucionario. Por ello, esta pequeña organización comunista puso el acento en la lucha armada casi exclusivamente. Transcurridas casi tres décadas desde entonces, el histórico PCE apenas sobrevive, no habiendo alcanzado sus objetivos, diluyéndose en una etérea Izquierda Unida. La inmensa mayoría de grupúsculos marxistas, por su parte, han desaparecido y el PCE(r)–GRAPO, que todavía hoy sobrevive a duras penas, no es comparable al de entonces.

            ¿Cuál era la base teórica que impulsaba la ciega lucha terrorista de ese puñado de fanáticos?

La Guerra Prolongada y de Desgaste.

Encontramos claves explicativas en diversos libros, de orientación y elaboración muy distintas: Historia del PCE(r) y de los GRAPO (Juan García Martín, Madrid, Contra Canto, 1984), GRAPO: los hijos de Mao (Rafael Gómez Parra, Madrid, Fundamentos, 1991) y De un tiempo y de un país (Pío Moa, Madrid, Encuentro Ediciones, 2002). Pero, para la labor que nos hemos propuesto, nos remitiremos especialmente a los criterios desarrollados en diversos artículos de la revista digital Goiz Argi, de orientación nacionalista vasca moderada, en la que se han publicado, entre otros, agudos y profundos análisis acerca de la naturaleza de ETA y el MLNV. Es el caso de los de Imanol Lizarralde Divídete y vencerás (Nº 19, noviembre de 2001), Tres libros sobre el MLNV (Nº 23, junio de 2002) ¿Qué es el MLNV? – I (Nº 26, marzo de 2003), y ¿Cómo se reorganiza la estrategia del “soberanismo revolucionario” tras el 13 M? (de Joxan Beloqui, Nº 23, junio de 2002).

Estos autores consideran que la base teórica empleada por ETA, durante todos estos años, es la denominada Guerra Prolongada y de Desgaste; una técnica estratégica ideada hace seis décadas por Mao, empleada por decenas de organizaciones de todo el mundo, y reflejada en su texto “Sobre la Guerra Popular y Prolongada” (1942).

A partir de este volumen, especialmente en la década de los 60, numerosos grupos armados hicieron propia la teoría del nacionalismo revolucionario como aplicación del marxismo-leninismo en su respectivo espacio nacional, y la guerra popular y prolongada como técnica de insurrección y combate.

La mayoría de teóricos e impulsores de esos movimientos se encontraron con un dilema estratégico común: ¿cómo enfrentarse con posibilidades de éxito a todos los recursos humanos y materiales de los aparatos colonial o estatal? Conforme las reflexiones de Mao, se pretendía implicar a toda la población –quisiera o no- en la lucha (recordemos la llamada “socialización del sufrimiento”), con la pretensión de agotar al enemigo, humana, material y anímicamente, a través de la prolongación de una violencia extrema.

Esta estrategia fue empleada con éxito en China por los comunistas, por el FLN en Argelia, etc. El éxito más espectacular, con todo, fue el alcanzado en Indochina, donde los aliados locales de los norteamericanos fueron derrotados, finalmente, al igual que los propios yanquis.

Esta estrategia no concibe un combate militar clásico. No se trata de derrotar al enemigo en el menor tiempo posible y en un escenario convencional de frentes concretos y posiciones fijas. Aquí el tiempo y el espacio ya no importan, al menos de la misma manera que en las concepciones clásicas. Tampoco sirve la tradicional división entre combatientes y población civil: para el maoísmo, todos están implicados directamente en la lucha. Había que mantener el conflicto durante un largo periodo de tiempo, con el objetivo de desmoralizar al enemigo. Ello implicaba avances y retrocesos que permitieran al movimiento revolucionario consolidarse progresivamente generando, a su vez, una incipiente nueva sociedad en la que política, guerra y revolución fueran conceptos inseparables. Teoría y práctica caminarían juntas de la mano del fusil y su fruto sería una nueva organización social y un nuevo tipo humano.

En definitiva, la acción de ETA respondería a unas concretas pautas teóricas, que habían mostrado su “eficacia” en diversos lugares del mundo, y que también son compartidas, en buena medida, por un PCE(r)–GRAPO que en su origen se caracterizó como una fracción maoísta ortodoxa, dentro de la escisión comunista entre pro-soviéticos y pro-chinos.

La capacidad terrorista del PCE(r)-GRAPO, que se arrastra penosamente hasta hoy mismo, desconcertó a los analistas. No podían comprender su capacidad de regeneración después de las numerosas caídas que afectaron a la mayor parte de sus órganos centrales y comandos operativos. Por ello se acuñó la teoría de la infiltración, ya de la extrema derecha, ya de servicios de información extranjeros. Pero, realmente, tales teorías ¿eran verosímiles?

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70, junio de 2003.

Elecciones del 25 de mayo en el País Vasco y Navarra:

La mayoría de los comentaristas políticos han afirmado que las elecciones del 25 de mayo no han aportado novedad alguna en el País Vasco, pues todo seguiría igual. ¿Realmente es así?

 

            No se trataba de unas elecciones municipales y forales ordinarias. Lo que se jugaba en el País Vasco y Navarra era, nada menos, que el  refrendo de la comunidad nacionalista al proyecto soberanista de Ibarretxe. Debemos partir de una premisa. Ibarretxe y los suyos pretenden avanzar en el soberanismo en cualquier caso y a pesar de la postura y número de los constitucionalistas. Descartado un improbable trasvase de votos procedente de ese sector antagónico, Ibarretxe pretendía en estas elecciones ampliar la base social de apoyo a su proyecto, conquistando nuevas parcelas de poder municipal y en las Juntas Generales, fagocitando para ello una buena parte del antiguo electorado radical abertzale. Y en buena medida, con la excepción de Álava, donde también ha avanzado PNV/EA, lo han conseguido. En este aspecto, las elecciones sí han sido esclarecedoras.

Por su parte, los partidos constitucionalistas pretendían revalidar su estrategia, en un intento de mantener el actual marco de convivencia, basado en el Estatuto y la Constitución, frenando el avance nacionalista. De ahí las expectativas creadas con Bilbao. Dos proyectos de futuro, en definitiva, incompatibles en tanto se mantengan en su actual diseño. En estas circunstancias, no parece fácil tender puentes entre ambos; lo que viene quedando en evidencia desde que la lucha contra ETA dejó de unirles merced al sorprendente deslizamiento de un partido antaño “de orden” (el PNV) hacia las posturas antisistema y rupturistas de sus antiguos enemigos y actuales competidores.

 

País Vasco.

            El liderazgo de Patxi López en el seno del PSE-PSOE se consolida, aunque no ha terminado con la crisis del sector “redondista”.

El PP ha revalidado resultados. Pero, al margen de los mismos, tiene pendiente la difícil designación de un liderazgo alternativo al de Jaime Mayor Oreja, quien probablemente retomará mayores responsabilidades políticas de ámbito nacional.

Unidad Alavesa retrocede notablemente, confirmando los pesimistas augurios emitidos con ocasión de la retirada de su líder Pablo Mosquera. 

Izquierda Unida, más nacionalista que nunca, mejora resultados.

            La coalición PNV/EA atrae un porcentaje muy importante del antiguo voto de Batasuna, especialmente en Vizcaya, frustrando en Bilbao las altas aspiraciones de los partidos constitucionalistas. El vaciamiento electoral de la izquierda abertzale, de esta forma, está prosperando como táctica del PNV para hacer frente a ETA, aunque a cambio de una radicalización que será el precio a pagar para su conservación. Deberá investigarse, no obstante, si esta política le ha supuesto pérdida de votos en sus franjas más moderadas y si su destino, de haberse producido tal, ha sido el PP o la abstención.

Los votos nulos indican la persistencia de un importante “núcleo duro” de abertzales que siguen las consignas de ETA como principal referente. Esos “ladrillos” constituirán unas armas que ETA esgrimirá frente al PNV/EA en su carrera por el liderazgo del nacionalismo vasco, al que no renuncia. Pero los antiguos votantes de Batasuna también han optado por otras opciones, no siendo homogéneos sus comportamientos en todos los territorios ni en todas las localidades. De esta forma, un puñado significativo ha recalado en Aralar, la escisión moderada que rechazó en su día la lucha armada, consiguiendo una pequeña representación municipal y en las Juntas Generales de Guipúzcoa.

Apenas ha habido cambios significativos en los apoyos obtenidos por ambos bloques, globalmente considerados. Se han producido, eso sí, transferencias de votos en el seno de cada uno de ellos, con una especial trascendencia del producido dentro del campo nacionalista, al constituirse el PNV como “el partido” por antonomasia, dejando al entorno radical en una delicada posición, más cuando la capacidad operativa de ETA está muy mermada.

En el País Vasco, por tanto, las cosas no siguen del todo igual. Así, la sociedad vasca deberá hacer frente, en un corto plazo de tiempo, a una sucesión de citas vitales: presentación del Plan Ibarretxe en su nueva versión, posible adelanto de las elecciones autonómicas, sustitución de Arzalluz al frente del PNV y, por último, probable consulta en clave soberanista. En definitiva: la fractura social y política persiste dramáticamente sin indicios de apaciguamiento.

En estas circunstancias, PSOE y PP carecen de otra alternativa real que no sea la de resistir, salvo un cambio inesperado en el rumbo del PNV.

No parece fácil se puedan tender puentes entre ambos sectores. Sólo una realidad transversal podría, tal vez, intentarlo: la Iglesia, siempre que no actúe desde equidistancias sangrantes, fruto de fríos cálculos estratégicos.

 

Navarra.

            En Navarra también era mucho lo que se jugaba UPN que, de no haber conseguido mayoría absoluta, corría el riesgo de perder el Gobierno frente a una coalición “a la contra”. Los inesperados resultados de su antigua escisión -4 escaños son los alcanzados por CDN- le socorrerán con toda seguridad, alcanzando una clara mayoría absoluta en el Parlamento. Sumando, de esta forma, 27 escaños, UPN es la principal fuerza, el partido de gobierno clave, sin el que no puede concebirse la política en el territorio foral. En Navarra, concluimos, no tiene ninguna viabilidad aventura soberanista alguna.

            La segunda opción, pese a todo y más allá de lo que representan los 11 escaños de un consumido PSOE, es el nacionalismo vasco: PNV/EA, Aralar e IU que, cada uno con 4 escaños, suman un total de doce. Y ello sin contar con el voto radical nulo auspiciado por Batasuna, que suman casi 25.000 voluntades, y los casi 8.000 votos de Batzarre (las antiguas LCR y MCE). Para esta afirmación nos basamos en que su sintonía en temas trascendentales es casi total, respondiendo a una unidad de fondo que supera las formales divisiones de esos partidos, lo que explica que varios miles de votos de la antigua Batasuna hayan recalado, en mayor o menor medida, en cada una de esas tres formaciones. Debe destacarse, en este sentido, el magnífico resultado alcanzado por Aralar en su primera convocatoria electoral: casi un tercio de los antiguos electores de Batasuna.

El PSOE navarro no remonta. Sin un efectivo liderazgo, sus bases se muestran desorientadas. Pero deberán reaccionar si no quieren que, de la mano de Aralar, la izquierda navarra reordene ese espacio a su costa, perdiendo en ese proceso el terreno que todavía ocupa; una posibilidad en absoluto deseable pues supondría una convulsión política de efectos insospechados.

 

            De esta forma, con la excepción alavesa y el camino propio navarro, aunque el Plan Ibarretxe se consolida, sigue sin materializarse la territorialidad, su requisito sustancial y principal objetivo; carencia, no lo olvidemos, principal reproche de ETA a esta estrategia del PNV/EA.

 

“Paginas para el mes”, Nº 68, junio de 2003.

Elsemanaldigital, 2 de junio de 2003.

Una valoración de urgencia de los resultados electorales del 25 de mayo: ¿todos contentos?

Una vez conocidos los principales resultados de las elecciones celebradas en España, el pasado domingo 25 de mayo, se impone su valoración y unas reflexiones al respecto.

 

Los resultados y su valoración.

                Los resultados de las elecciones municipales, autonómicas y forales del 25 de mayo de 2003, han aportado datos relevantes, despejándolas de las numerosas incógnitas que las cargaban de interés.

                Primer dato a considerar: ha ganado en número de votos, aunque por un estrecho márgen, el PSOE.

                El Partido Popular se mantiene en Madrid, Castilla León, Murcia, Valencia y La Rioja. Recupera Baleares. Mejora resultados en zonas de Galicia, Canarias, Cataluña, Cantabria y Asturias.

                El PSOE avanza, pero muy lentamente. Mantiene sus feudos de Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha, aumentando su cantada ventaja sobre el PP en Aragón.

                Izquierda Unida avanza en buena parte del territorio nacional, aumentando globalmente su nivel de voto; alcanzando algunas de sus altas expectativas mediante cierta captación de voto joven. Merced a sus notables esfuerzos, ha sido capaz de rentabilizar electoralmente las movilizaciones sociales, capitalizadas en buena medida por esa formación, producidas en los meses anteriores. Por el contrario, no ha prosperado otra alternativa de la izquierda, es decir, la de los verdes de Mendiluce, pese a su oportunista “salida del armario” y el acoso sufrido por la izquierda del caviar.

En Cataluña, CiU mantiene buenos resultados, ERC crece considerablemente, el PSC es castigado en Barcelona (lo que debería hacer reflexionar a Maragall), y el PP de Piqué mejora resultados en algunas localidades (lo que no quiere decir que su liderazgo se afiance con ello).

                Veamos otras Comunidades. Canarias confirma el predominio de Coalición Canaria, con un creciente PP. Galicia contempla un importante ascenso del BNG. Aragón, además de la victoria del PSOE, es testigo de un auge importante de la nacionalista de izquierdas Chunta Aragonesista, castigando a un PP huérfano allí de líderes carismáticos. Baleares castiga al pacto progresista “a la contra”, dando la mayoría absoluta al PP.

                En el País Vasco, la coalición PNV/EA suma un porcentaje muy importante del antiguo voto de HB, especialmente en Vizcaya, frustrando en Bilbao las altas aspiraciones de los partidos constitucionalistas. El PSOE y el PP mejoran levemente resultados, triunfando en San Sebastián y Vitoria, respectivamente. Batasuna mantiene, por la vía del voto nulo, un importante porcentaje de apoyos, superior al 50% del obtenido en otros comicios, particularmente en Guipúzcoa, lo que le proporciona argumentos para el mantenimiento de sus posiciones.

                En Navarra, en contra de las previsiones, UPN mejora resultados, sin alcanzar la mayoría absoluta. El PSOE mantiene su bajo nivel de voto.

                Los partidos que podríamos instalar, gráficamente, “en la estela de Le Pen”, han presentado escasas listas en localidades muy concretas, demostrando su mínima implantación. Tales concebían estas elecciones a modo de laboratorio para, de ser propicias aunque en pequeña cuota, utilizarlas como trampolín. Sus resultados han sido irrelevantes.

                El populista GIL pierde dos tercios de votos y representación, salvo en Marbella.

                Familia y Vida no alcanza su difícil pretensión de convertirse en partido bisagra en Madrid, obteniendo una pequeña cosecha de votos de singular alcance estratégico en esa Comunidad.

                Cinco grandes ciudades eran especialmente relevantes en lo que respecto a los resultados municipales. Madrid ha dado la victoria al candidato Alberto Ruiz Gallardón. Barcelona ha castigado al PSC. Bilbao sigue en manos nacionalistas. Zaragoza da la espalda al PP y se entrega al exministro Belloch. Valencia ratifica las previsiones de las encuestas otorgando la mayoría absoluta al PP.

 

Algunas reflexiones.

                Las previsiones estadísticas y los escrutinios a pie de urna, en esta ocasión, se han aproximado notablemente a la realidad.

                No se ha producido el “vuelco” de votos augurado por algunos, salvo en la comunidad de Aragón a causa del impacto del Plan hidrológico Nacional.

                El electorado permanece notablemente fijado.

¿Dónde ha ido el voto joven, casi dos millones de nuevos votantes? Una cuestión que deberá estudiarse pero que no parece proporcione sorpresas relevantes. 

El Partido Popular ha sufrido cierto desgaste, producido por la embestida del “Prestige” y por las consecuencias del posicionamiento del Gobierno en la guerra de Irak; aunque en menor grado de lo previsto. En este contexto, Aznar podrá gestionar su sucesión según sus particulares previsiones, aunque tal vez en esa secreta lista se cuele, con muchas posibilidades, Alberto Ruiz Gallardón, líder carismático que ha cosechado uno de los mayores éxitos para el PP en estas elecciones, cuyo fondo doctrinal se desconoce...

El ascenso electoral del PSOE confirma el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero. No obstante, para “tocar poder”, el partido queda en manos de algunas fuerzas nacionalistas de voluntad rupturista: ERC, BNG y CHA. Además, ¿cómo coaligarse a nivel nacional con Izquierda Unida, cuando esta formación en el País Vasco prefiere al PNV?

En el País Vasco, las cosas siguen igual. La sociedad vasca deberá hacer frente a una sucesión de citas vitales: presentación del Plan Ibarretxe en su nueva versión, posible adelanto de las elecciones autonómicas (tal vez se descarte esta posibilidad, pues el avance electoral del PNV/EA no ha sido tan significativo, al haber conseguido nuevos apoyos únicamente entre el electorado radical), sustitución de Arzalluz al frente del PNV y, por último, probable consulta en clave soberanista. Apenas ha habido cambios significativos entre los dos bloques. Se han producido, eso sí, transferencias de votos en el seno de cada uno de ellos, con una especial trascendencia dentro del campo nacionalista. En definitiva: la fractura social persiste. Y lo que es más grave, la estrategia soberanista de Ibarretxe seguirá adelante, frente a esa otra media sociedad vasca. En estas circunstancias, PSOE y PP carecen de otra alternativa real que no sea la de resistir, salvo un cambio inesperado en el rumbo del PNV. No parece fácil se puedan tender puentes entre ambos sectores. Sólo una realidad transversal podría hacerlo: la Iglesia, siempre que no actúe desde equidistancias sangrantes, fruto de fríos cálculos estratégicos.

                En Navarra también era mucho lo que se jugaba UPN, de no haber conseguido mayoría absoluta en número de escaños, corría el riesgo de perder el Gobierno frente a una coalición “a la contra”. Los sorpendentes resultados de su antigua escisión, 4 escaños alcanzados por CDN, le socorrerán alcanzando así una clara mayoría absoluta en el Parlamento, más cuando Alli ya ha anunciado que jamás se coaligará con partidos soberanistas. A destacar el voto alcanzado por Aralar, recogiendo otros 4 escaños, en buena medida gracias a esa casi mitad de antiguos electores de Batasuna que han optado por el voto útil. El PSOE navarro no remonta, manteniendo a duras penas sus ya bajos resultados, lo que puede suponer el inicio de una reordenación del espacio de la izquierda en Navarra, liderada tal vez por Aralar, cuyos efectos, a medio plazo, podrían distorsionar el actual marco de convivencia.

 

Elecciones y catolicismo social.

                El electorado católico ha sufrido un revulsivo. Por una parte, la invocación al “mal menor”, al “bien posible”, o a la “permeabilidad” de los distintos partidos a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, ha protagonizado buena parte de las reflexiones realizadas en ese sector. Por otra, la concurrencia a los comicios, aunque de forma muy restringida, de una formación que se identificaba plenamente con algunos de los principios de la DSI, los de la familia y la vida, ha generado un necesario debate –aunque en ambientes muy restringidos- acerca de la legitimidad de las diversas opciones políticas para los católicos; en el que deberá profundizarse y cuyas conclusiones podrían sentar las bases de una nueva forma de presencia católica en política.

No obstante, la escasa cosecha electoral de Familia y Vida no le priva de trascendencia al fenómeno y plantea serios interrogantes: ¿existe un voto católico? ¿cuál es la salud del pueblo católico? En este contexto de debate interno del catolicismo social, el Partido Popular, que en la campaña ha intentado mantener al electorado de esta procedencia con sus promesas de última hora en torno a la familia, deberá acreditar con hechos sus intenciones, dando cancha a distintas aplicaciones del principio de subsidiariedad, si quiere evitar que la fractura existente con este sector se ensanche en el futuro.

En cualquier caso, la tan aireada transversalidad de los políticos católicos debe pasar, de ser una bonita declaración de principios, a eficaz instrumento de uso, en diálogo con su pueblo y sus pastores. Pueblo católico, movimientos eclesiales, pastores, políticos, plataformas transversales… deberán dialogar entre sí, confluyendo en la misma dirección; todos ellos con la legítima pretensión de que la Iglesia aporte su potencialidad de regeneración, también a la vida pública, desde su siempre novedosa compañía humana.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 69, mayo de 2003

Unas elecciones decisivas para la estrategia soberanista de Ibarretxe.

Enganchar a Navarra, de alguna manera, al Plan Ibarretxe, y la recuperación de Álava para el nacionalismo vasco: objetivos prioritarios del PNV y sus socios para las próximas elecciones del 25 de mayo. Una dramática opción entre el actual marco de convivencia -imperfecto y con tensiones- y un salto al vacío de dimensiones revolucionarias y consecuencias imprevisibles.

 

                La inquietud se ha apoderado de las filas de Unión del Pueblo Navarro. Según las últimas encuestas, ésta seguiría siendo la fuerza más votada, pero sin conseguir la anhelada mayoría absoluta. Su voluble apoyo, Convergencia de Demócratas de Navarra (el partido que surgió de la escisión protagonizada por Juan Cruz Alli), podría quedar fuera del Parlamento Foral; por lo que la soledad del centro derecha navarrista sería total. El PSN-PSOE mejoraría resultados, Izquierda Unida se mantendría, la coalición nacionalista PNV-EA podría ganar un escaño, Aralar (los presuntos moderados escindidos de Batasuna) se estrenaría con otro. Y todos juntos podrían superar en número de escaños los de UPN.

Otra incógnita, clave en cualquier caso, es el destino de los miles de votos abertzales radicales. ¿Podrá la sustituta de Batasuna, la plataforma AuB, presentarse? En caso afirmativo, las encuestas le otorgan 3 posibles escaños; de modo que la fragmentación de las fuerzas anti–UPN sería extrema, imposibilitando una alternativa de Gobierno “a la contra” según la fórmula estrenada en Baleares y seguida en Aragón. Pero, de no lograr presentarse, difuminándose el voto abertzale duro, todo puede cambiar; no en vano Juan José Lizarbe, secretario general de los socialistas navarros, ha declarado que su objetivo es expulsar a la derecha del Gobierno. Es más, ha rechazdo explícitamente una posible coalición entre ambos; opción, por cierto, la mejor considerada por los navarros en encuestas anteriores.

¿Cómo definir la naturaleza de esa posible coalición, inestable y contra natura?: ¿política ficción, estrecho cálculo matemático, o falta de conciencia nacional en la izquierda constitucionalista? En cualquier caso, la carencia de un efectivo liderazgo y de una línea política firme, han llevado a destacados militantes del PSOE de Navarra, como el histórico Víctor Manuel Arbeloa o la ex-alcaldesa de Burlada, Pilar Aramburu, a abandonarlo en los últimos meses; decepcionados por la crisis permanente de su antigua formación.

                Una cosa es cierta: termina en Navarra la etapa de entente, más o menor cordial entre UPN y el Partido Socialista, que ha sido fundamental para la estabilidad institucional y social de esta tierra y base del espectacular crecimiento económico de la última década.

                Una hipótesis. Patxi Zabaleta: próximo Consejero de Cultura del Gobierno Foral. Una posibilidad que ya no puede descartarse y que, al menos, derivaría en un nuevo impulso a la ya larga revolución cultural experimentada en Navarra. Este fogueado dirigente de Aralar no carece de programa político: al contrario. Su inteligencia sólo puede equipararse a su frialdad y persistencia en los objetivos de siempre. Que nadie espere de él, cambios significativos, renuncias programáticas esenciales o una acomodación burguesa. Rodeado de una aureola de pragmatismo, simpático para amplios medios políticos y de comunicación; su determinación contrasta con el escaso perfil de sus paisanos socialistas. Una alianza que, de producirse, devolvería a la actualidad fantasmas de un pasado que ya se creía superado. Y, acordado un Gobierno de coalición, ¿se implantaría un “Órgano Común Permanente” entre las Comunidades navarra y vasca? Esta posibilidad, radicalmente rechazada por UPN y siempre perseguida por los nacionalistas supondría, además, un balón de oxígeno para el Plan Ibarretxe ante sus detractores abertzales radicales; pues sanaría parte de las carencias achacadas al requisito soberanista de la “territorialidad”, dando pie a que Navarra participe, de alguna manera, en su estrategia. Un aspecto clave a considerar -junto a la lucha por el control de Álava a través de su Diputación Foral- que sitúa a Navarra, de nuevo, en el punto de mira de un nacionalismo vasco que precisa del máximo poder municipal y foral para el plebliscito por la autodeterminación que ha anunciado para 2004.

                Y, volviendo a Navarra, no olvidemos que los máximos responsables de UPN, Miguel Sanz y Rafael Gurrea, han sufrido serios problemas de salud; lo que podrían inhabilitarles para la política activa en un futuro próximo. De confirmarse los peores augurios, ¿podrán sus sucesores mantener unido al partido? ¿Qué postura adoptará la Dirección nacional del Partido Popular ante la previsible crisis de su socio?

                Por todo ello, las expectativas de las elecciones en Navarra –y en el País Vasco, por supuesto- trascienden el ordinario recambio de ayuntamientos diputaciones y Gobierno Foral. Lo que está en juego es una nueva fase del Plan Ibarretxe, en lucha por una legitimación social que, de momento, carece. Una estrategia que pretende vaciar electoralmente a la izquierda abertzale, asumiendo parte de sus propuestas, avanzando simultaneamente en una secesión por etapas, en un intento de acallar a ETA. Eso sí: todo ello a costa de la mitad de la sociedad vasca y, si se les facilita la ocasión, también la de Navarra.

 

Páginas para el mes, Nº 66, abril de 2003

Una táctica del nacionalismo vasco: hartar al enemigo.

ETA viene practicando una táctica ya ensayada, con anterioridad, por buena parte de los llamados “Movimientos de Liberación Nacional” del tercer mundo. Más próximo -geográficamente- al País Vasco y Navarra, también la aplicó el Ejército Republicano Irlandés, el mítico IRA, durante tres décadas de actos terroristas. No obstante, existe una versión más pacífica y presentable de la misma. Incluso el nacionalismo vasco moderado la viene practicando, mediante otros recursos, con convicción: hartar al enemigo.

 

El antecedente de Irlanda del norte.

Ya lo intentó el IRA (Ejército Republicano Irlandés) en Irlanda del Norte mediante su estrategia de “sickening the british” (hartando a los británicos), cometiendo continuos actos terroristas contra las tropas británicas, si bien, no descuidó otras técnicas revolucionarias complementarias, como la agit-prop, la guerra psicológica, la subversión cultural, el encuadramiento de movimientos sociales de apoyo, el recurso a los medios de comunicación, el empleo de los resquicios judiciales, etc. No obstante, al cabo de los años, podemos concluir que su estrategia no produjo los resultados esperados. El largo y complejo proceso de paz irlandés, al que se llega como consecuencia del fracaso “militar”, con avances y retrocesos, tampoco parece haber conseguido las altas expectativas buscadas por los voluntarios del IRA; estando todavía hoy muy lejos de los niveles de autonomía disfrutados en el País Vasco y Navarra. Sin embargo, sus líderes lo vieron claro en su momento e impulsaron, en consecuencia, un cambio histórico: esa táctica, sustentada fundamentalmente en el terrorismo puro y duro, no resultó. Frente a un enemigo firme, que no cedía, había que intentar otras vías. Por ello optaron por la negociación y el diálogo.

                Por el contrario, sus camaradas vascos no han aprendido la lección y siguen con la misma táctica; tal vez por considerar que se encuentran más cerca de los objetivos propuestos, o por detectar, acaso, un cansancio importante entre sus enemigos: los españoles.

                ¿De donde surge la teoría en la que se apoyan tales tácticas?

                Miremos a la historia y retrocedamos unas décadas.

                En los años 50 y 60 del pasado siglo XX, numerosos movimientos de liberación nacional (MLN, en lo sucesivo), la mayoría de impronta marxista-leninista, se plantearon la misma cuestión. Había que derrotar al enemigo, ya fuera el opresor Estado burgués o la potencia colonial de turno. El reto era importante y parecía imposible: los MLN no eran nada y el enemigo, por el contrario, era todo. Esos MLN debían enfrentarse a los medios -materiales, personales y propagandísticos- inmensos de sus oponentes; mientras que ellos debían levantar un movimiento insurgente -y una nueva sociedad- prácticamente de la nada.

                Encontraron un ejemplo y una teoría. El ejemplo: la revolución china. La teoría: la contenida en el texto de Mao “Sobre la Guerra Popular y Prolongada” (1942). Como resultado de esa reflexión, numerosos grupos armados hicieron propia la guerra popular y prolongada, adaptándola a su concreto escenario como técnica de insurrección. Siguiendo a Mao, se pretendía implicar a toda la población en la lucha (recordemos la llamada “socialización del sufrimiento” y la “kale borroka”), en un intento de agotar al enemigo mediante la lucha armada, junto a otras modalidades revolucionarias subversivas. Ideada y empleada por Mao en China, aplicada por el FLN en Argelia, etc., su éxito más espectacular se alcanzó en Indochina, derrotando los comunistas a los norteamericanos y sus aliados locales.

Mao, Giap y sus aventajados alumnos, no concibieron un combate militar clásico. No se trataba de derrotar a un enemigo en el menor tiempo posible y en un escenario “clásico” de frentes territoriales y posiciones fijas. Aquí, en esta teoría y práctica, tiempo y espacio no importan. Tampoco es válida la división entre combatientes y civiles: todos estarían implicados, aunque no quisieran. Hay que mantener el conflicto durante largo tiempo, lo que implica avances y retrocesos que permitan al movimiento revolucionario consolidarse y ganar nuevos espacios sociales y territoriales; generando, a su vez, una joven sociedad en la que política, guerra y revolución sean inseparables. El objetivo de esa lucha de desgaste: la rendición del contrario por agotamiento, la negociación o la simple claudicación del enemigo.

                Esa es la teoría y práctica hecha propia por el IRA y por ETA en los años 70 y que, en el caso de la segunda organización, todavía considera sustancialmente válida.

                En este contexto, ¿tiene algo qué decir el nacionalismo vasco moderado?

 

Todos juntos contra el enemigo español.

                En diversos artículos, publicados en este mismo medio a lo largo de los últimos tres años, ya hemos denunciado las coincidencias tácticas y el camino común emprendido por todos los nacionalismos vascos. Aparcando diferencias ideológicas, aparentemente irreconciliables, están uniendo sus fuerzas en aras de un objetivo común: la independencia de la nación vasca, si bien, no olvidemos, siguen sin resolver la cuestión –trascendental para ellos, ciertamente- de la modalidad específica de “construcción nacional”.

Sorprendentemente, los llamados moderados, con sus acciones y con sus silencios, expertos en la “lucha cultural” desde la base social y las instituciones públicas que controlan, se suman a ese esfuerzo por agotar al enemigo común; por hartarlo, aunque no practican el terrorismo explícito. Sin duda, un ejemplo paradigmático de agitador, que nos viene a la cabeza, es el de Xavier Arzalluz. Experto demagogo, oportuno provocador, ha sabido conjugar las amenazas, explícitas o implícitas, con las exigencias reiteradas y constantes. No se trata de hablar por hablar. Buen conocedor, sin duda, de las técnicas de la agit-prop, siempre ha buscado un doble efecto con sus intervenciones: interno, de cara al consumo del nacionalismo vasco y, externo, de cara a la opinión pública española y sus élites políticas.

Frente al Estado español y sus recursos, había que emplear todo tipo de recursos. Las armas las empuñaron los cachorros de ETA; los medios legales y la agit-prop cultural las emplean los veteranos del PNV, además de diversas organizaciones del MLNV. En cualquier caso, había que conseguir un mismo objetivo: cansar al enemigo español, agotarlo, desmotivarlo, aprovechar todas sus fisuras internas...

                Y algo están consiguiendo entre todos ellos.

                No es infrecuente escuchar, entre muchos compatriotas, expresiones del tipo: “Que se maten entre ellos”, “Si dependiera de mi, ponía la frontera en el Ebro y me olvidaba de ellos”, etc. Pero, lamentablemente, esas expresiones, más sutiles, también se escuchan entre personas de la elite social: profesores universitarios, periodistas… En esas apreciaciones pesan, sin duda, la insolidaridad y el egoísmo propio de muchos de los que así opinan. Pero, seguro, también en ellos, o al menos en dosis apreciables, pesa el efecto perseguido: están hartos de que las noticias procedentes del País Vasco casi siempre sean negativas, arrojen sangre y dolor; sin que nada conforme a los nacionalistas.

 

No a la guerra.

                Pensamos, por tanto, que existe aparentemente, un cierto desgaste entre la población española, incluso entre amplias franjas sociales no afectadas directamente por el “conflicto”; un factor que el nacionalismo vasco quiere emplear, a modo de palanca, para ablandar la resistencia española ante sus pretensiones. Los efectos de esta guerra psicológica, de esta forma, también contribuyen al esfuerzo para el logro de los objetivos marcados por los estrategas de la tensión y el dolor. Pues de eso se trata: crear una división lo más ancha posible entre los buenos vascos y los odiados españoles.

                Existe un reparto en el trabajo. ETA mata, ensanchando el foso con sangre. El nacionalismo llamado democrático, lo hace con leyes en su ámbito, declaraciones, ideología, cultura… Todo está permitido para construir la nación vasca, una realidad no existente que, de nacer, lo hará a costa de la nación española, de sus vínculos históricos, culturales y humanos.

                Hoy día existe otro factor que puede facilitar esa pretensión nacionalista de hartar al enemigo: el “no a la guerra” manifestado reiteradamente por amplios sectores sociales españoles con motivo de la intervención anglo-americana en Irak, en cuanto expresa no tanto una convicción expresa, cuanto una renuncia previa a la lucha y a la defensa de unas ideas. Si la España que marcha detrás de las pancartas del “no a la guerra” es una población pacifista en cualquier caso, sin voluntad de afirmación, carente de convicciones acerca de su identidad y su destino colectivo; en tal caso, otro trecho más se habrá andado en el camino de la construcción vasca si saben reconducir ese pacifismo hacia un “no al terrorismo”, aunque sea cediendo en todo y a cualquier precio.

                Por todo ello, el anuncio de nuevas fases del Plan Ibarretxe, plante democrático, referéndum, etc., deben preocupar. No tanto por tratarse de propuestas realistas (pues no lo son, al tratarse de iniciativas ilegales que no pueden prosperar en el actual marco constitucional), como por manifestar una voluntad decidida (la nacionalista vasca) frente a otra dubitativa y poco firme (la expresada por importantes sectores de la sociedad española, especialmente entre la llamada izquierda, que parece carecer de una verdadera conciencia nacional).

                Una vez terminada la guerra de Irak, con la mirada puesta en las elecciones del 25 de mayo, nuevos retos se presentarán al pueblo español. Y no serán sólo los de la sucesión de Aznar y la globalización, sino, particularmente, el de su supervivencia como colectividad diferenciada, dotada de una memoria histórica operativa, con capacidad de proyección de futuro también en el exterior de nuestras fronteras.

                Es en este contexto donde debe analizarse –fríamente- el valor material y simbólico de unas elecciones que trasciende por completo los objetivos ordinarios de las mismas. Aquí no se juega una mera renovación municipal, de las diputaciones y del Gobierno Foral. Es el marco de convivencia el que está en juego. Y no sólo en el País Vasco. También Navarra está en la diana. El 25 de mayo se elige entre el actual marco, imperfecto y lleno de tensiones, y un salto al vacío de dimensiones revolucionarias que puede arrastrar a la nación española en su actual configuración.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 68, abril de 2003