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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

¿Crisis en el movimiento cívico de resistencia?

¿Crisis en el movimiento cívico de resistencia?

Algunos cualificados comentaristas se han echado las manos a la cabeza al comprobar que el movimiento vasco ¡Basta Ya! ha explotado: su transformación en plataforma impulsora de un nuevo partido, “de izquierda” y “transversal”, en palabras de Rosa Díez, habría apartado a militantes del Partido Popular y otros ciudadanos sin adscripción política descontentos con el giro. Además, el protagonismo de Fernando Savater en esta historia, y los sarcásticos comentarios de Carlos Martínez Gorriarán dirigidos contra Santiago Abascal, habrían enterrado una entidad unitaria que tan buenos frutos generó en el pasado. Pero, en realidad, quienes se rasgan las vestiduras desconocen que ¡Basta Ya! ya había entrado en crisis en marzo de 2006. Desde entonces, su dinámica anterior había desaparecido casi por completo; siendo sus figuras residuales más representativas, personalidades nítidamente izquierdistas.

Seamos sinceros: para las cosmovisiones “de derechas” y las “de izquierdas” el concepto de España, su naturaleza histórica y su proyección concreta, no pueden ser idénticos. Pueden existir notables coincidencias parciales, simpatías recíprocas, posibilidades de alcanzar acuerdos tácticos, etc., pero no es posible compartir idénticos presupuestos. ¿Acaso -y únicamente- podemos defender, ya seamos de derechas o de izquierdas, los frágiles e imprecisos puentes comunes existentes entre dos visiones de la vida sustancialmente dispares?

Pero no es el único “incidente” que habría golpeado al heterogéneo “río” cívico de la resistencia nacida, en sus diferentes afluentes, del impacto del terrorismo en tierra española.

El legítimo salto a la política partidaria del extraordinario Mikel Buesa, presidente del Foro Ermua, habría puesto en peligro, según algunos, a esta prestigiosa entidad. Pero que nadie se asuste: Foro Ermua sobrevivirá; con o sin Mikel Buesa. Es una organización consolidada, apoyada en muchísimas personas y creadores de opinión, con diversos comités sectoriales, que no está aislada ni de la sociedad ni de los políticos, y que disfruta de estables fuentes de financiación.

Recordemos otras circunstancias y situaciones.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha perdido, aparentemente, el protagonismo público que su entusiasmo y voluntarismo capitalizó en los dos años anteriores. Pero, tan discutido rol, ¿era propio de su naturaleza o el fruto no perseguido de indeseables circunstancias políticas? Una vez “quemada” la AVT, es evidente que los dirigentes del Partido Popular han modulado su relación con la misma; replegándose aquélla a sus naturales actividades asistenciales, conmemorativas, y de denuncia pública. ¿Crisis o estado de necesidad?

Pero todavía hay más.

Un ulterior y refrescante caudal de este movimiento social, la Plataforma Cívica Peones Negros, cuyo objetivo era y sigue siendo el total esclarecimiento de lo realmente acaecido en torno al 11 M de 2004 en Madrid, se fragmentó a lo largo de la primavera pasada. Esta entidad, nacida con fecha de caducidad, generó una movilización social impactante, agrupando activistas de muy diversa sensibilidad política. Finalmente sufrió una escisión libérrima, en cuyo origen encontramos las naturales contradicciones existentes entre el liderazgo carismático de Luis del Pino y la casi ácrata mentalidad organizativa, de corte asambleario, de la mayor parte de esos Peones Negros. En todo caso ha cumplido un importante papel: ha mantenido, de diversas formas, su objetivo fundacional; ha animado al activismo social a muchos ciudadanos; ha propiciado el “salto” a la militancia partidista de otros. Bienvenido todo ello.

Prescindiendo de las realidades específicas de otras decenas de entidades -de peso muy inferior- que también podríamos agrupar en la misma categoría, pasemos, ahora, de la casuística fáctica a algunas reflexiones generales.

  1. Las crisis son buenas: ¡que cada uno se retrate! Así, las diversas entidades se consolidarán o -si no han sido capaces de actuar con inteligencia, o no existen razones para su supervivencia- desaparecerán.
  2. Cuanta mayor claridad conceptual y transparencia organizativa desarrollen, más posibilidades tendrán de formar algo duradero.
  3. Los movimientos cívicos son otra forma de hacer política. Y muy importante, pues no podemos dejar la política únicamente en manos de profesionales tentados por prácticas oligárquicas.
  4. Independencia no es apoliticismo. Además, ¿acaso UGT, por ser socialista, o CC.OO., por comunista, están deslegitimados para el juego sindical por tener una adscripción ideológica?
  5. El fortalecimiento del movimiento cívico de resistencia, y de otras expresiones creativas y participativas de la sociedad civil, refuerzan la democracia y la salud social.

Pero, sorprendentemente, la cultura partidaria en España, de derechas o de izquierdas, trata con similar desconfianza a la sociedad civil; especialmente a sus expresiones espontáneas. Unos políticos temen no poder controlarlas. Otros, por su parte, reparten credenciales legitimadoras, “políticamente correctas”, entre los diversos fenómenos sociales, según estrechos intereses y dogmas ideológicos. En definitiva: buena parte de la clase política desprecia o teme a la sociedad civil, pues concibe a la política como un patrimonio que únicamente ella tiene derecho a administrar desde el mandato genérico de los votos; ignorando, finalmente, los intereses sociales agrupados, las corrientes de opinión, y las protestas ciudadanas.

Desde este contexto no podemos temer la/s crisis del movimiento cívico de resistencia. Pero sí debemos temer su debilidad o inexistencia. Su irregular caudal, los diferentes afluentes, las lagunas periféricas, sus atípicas confluencias, y los brazos muertos de este río, demuestran en su conjunto que el solar español, al menos en algunos de sus estratos, está vivo.

 

Diario Liberal, 11 de septiembre de 2007

http://www.diarioliberal.com/DL_opinion11.htm

¿Qué Navarra?: más allá de la propuesta de Miguel Sanz.

¿Qué Navarra?: más allá de la propuesta de Miguel Sanz.

Al “culebrón” navarro subsiguiente a las últimas elecciones forales, protagonizado por los socialistas navarros y su dirección nacional, parece sucederle una tormenta de verano: la provocada por la propuesta efectuada por el precariamente reelegido presidente de la Comunidad Foral, Miguel Sanz, de proporcionar a Unión del Pueblo Navarro (UPN) un grupo parlamentario propio en el Congreso español.

No es, ciertamente, la primera vez que Miguel Sanz expone en público delicadas cuestiones que debieran solventarse en otros foros. Pero no vamos a reflexionar aquí en torno a su oportunidad política; asunto sobre el que se viene hablando y escribiendo mucho, particularmente en lo que respecta a sus implicaciones nacionales. La perspectiva que nos interesa es otra.

Miguel Sanz ha realizado esta propuesta con la mirada puesta en el futuro de la Comunidad: no puede cederse su voz en el Congreso, asegura, fundamentalmente en la parlamentaria de la coalición nacionalista Nafarroa Bai (NaBai), Uxue Barkos. UPN, hoy, vuelve a dirigir el Gobierno navarro: ¿y mañana? Se trata, de este modo, de una posible táctica de corte defensivo, fruto de cierto nerviosismo, tal vez; muy razonable en cualquier caso. Pero, ¿por qué ahora? ¿Acaso la acción del nacionalismo vasco en Navarra es un fenómeno reciente?

En Navarra, se dice, nos conocemos todos. Bueno, casi todos. Cuando escuchamos y vemos a Uxue Barkos en el Congreso de los Diputados, o en cualquier otro lugar, sabemos muy bien de quien se trata: el rostro hermoso, mediático, firme e incisivo, de una ascendente NaBai.

Una precisión. No puede presentarse a NaBai como una inestable coalición de la que formarían parte, por igual, partidos por completo heterogéneos entre sí, tal y como vienen afirmando  muchos comentaristas foráneos: desde los ultra-católicos del PNV, hasta los ex-etarras de Aralar. Veámoslo. Los votos del PNV apenas pueden cifrarse un par de miles: en su día, la inmensa mayoría de sus cuadros, cargos y electores, emigraron del histórico partido jeltzale, precediendo a su mismísimo fundador, el ex-lendakari Carlos Garaikoetxea; proporcionando a esta coalición, en la actualidad, los estancados veinte mil votos de una social-demócrata Eusko Alkartasuna. Los ex-comunistas radicales de Batzarre (los restos del MCE y la LCR) nunca han superado 6.000 votos, si bien aportan unos centenares de entregados militantes y unas decenas de fogueados cargos públicos. Por último, el grueso de la coalición, casi cincuenta mil votos, es alimentado por Aralar, la escisión de Batasuna; dinámico partido fundado por el inteligente y dialéctico abogado Patxi Zabaleta, a quien secundan además buena parte de los posibilistas navarros del “brazo político” del autodenominado MLNV. Así, el peso de la coalición se apoya –especialmente- en una numerosa, experta, y persistente militancia de la izquierda abertzale, que sabe muy bien lo que quiere, porqué, y cómo.

Y son muchas cosas las que unen a tan desiguales partidos: su omnicomprensiva visión identitaria de la realidad, ante todo, y la firme voluntad de desalojar del poder a su tan odiada “derecha”. NaBai tiene experiencia, bases, liderazgo, redes sociales, medios de comunicación, estrategia… y una mentalidad en parte común con el resto de las izquierdas presentes en Navarra: Izquierda Unida y el propio PSOE. No en vano, todas ellas asumen buena parte de los tópicos del ecopacifismo, del feminismo radical, del pensamiento crítico… Progresismo, por tanto, pero más elaborado y consciente del que se estila en general.

Así, a la notoria actividad mediática y parlamentaria de Uxue Barkos le respalda una potente y transformadora red social: cargos municipales, cuadros y militantes de varios partidos, activistas y técnicos culturales, veteranos sindicalistas, muchísimos funcionarios de las administraciones públicas (especialmente, en sanidad, educación y ayuntamientos), incansables promotores del euskera, conocidos deportistas, periodistas y comunicadores, músicos, abogados, etc. Una base social que no calla, que se moviliza constantemente, y a la que encontramos –mucho o poco- por todas partes.

Rebajar el protagonismo de Uxue Barkos es una legítima y lógica táctica más para intentar frenar el ascenso del nacionalismo vasco en Navarra. Ahí, Miguel Sanz, ha puesto el dedo en la llaga. Pero no basta. Todo ese movimiento, al que Barkos pone rostro, sigue y seguirá trabajando por su causa. Y con unas cualidades que han demostrado fehacientemente: mucha paciencia e indudable perspectiva de futuro.

En los últimos meses, salvo contadas excepciones, el electorado y los afiliados de UPN han permanecido callados y temerosos ante la confusa marcha de los acontecimientos. Pero son muchos los que en privado, e incluso en público, se preguntan por lo que piensan hacer -a partir de ahora- Miguel Sanz y los demás dirigentes de su partido. ¿Facilitará e impulsará UPN el desarrollo de la sociedad civil afín a su programa y valores o, acomplejado, rehuirá la confrontación social y cultural planteada por los nacionalistas?

En definitiva, cuando en el incierto plazo de unos meses –o años- vuelvan a convocarnos, a los ciudadanos navarros, para la elección de un nuevo Parlamento Foral y el consiguiente Gobierno, ¿se limitará UPN a “vender” su gestión gubernamental, movilizándose desde el miedo? ¿Habrá ignorado, en consecuencia, las posibilidades de un trabajo sociocultural y político a largo plazo? Las respuestas, ciertamente, son decisivas.


Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 20 de agosto de 2007
Diario Siglo XXI, 20 de agosto de 2007

“Revistas masculinas. Análisis crítico de 8 cabeceras: tendencias sociales, publicidad, valores”.

“Revistas masculinas. Análisis crítico de 8 cabeceras: tendencias sociales, publicidad, valores”.

Ya puede consultarse, en la página web de la Asociación Plaza del Castillo de Usuarios de Medios de Comunicación, el informe “Revistas masculinas. Análisis crítico de 8 cabeceras: tendencias sociales, publicidad, valores”. Este trabajo de 47 páginas, elaborado en colaboración con el Servicio de Consumo del Gobierno de Navarra, se enmarca en nuestro programa de actividades del presente año, estando fechado en el pasado mes de julio.

Las cabeceras analizadas en este trabajo son: DT, FHM, GQ, MAN, Men´sHealth, NOX, Primera Línea y Vanity Gay.

Además de una breve valoración de sus elementos formales y estéticos, el trabajo contempla otros aspectos fundamentales: incidencia de la publicidad; franjas de edad y sectores destinatarios; filosofía base de sus contenidos; análisis y crítica de la imagen y modelos femeninos propuestos; “canales de comunicación” existentes entre estas publicaciones y sus lectores; rol cultural.

Anticipamos, muy brevemente, algunas de las conclusiones generales:

- Son productos muy atractivos visualmente que priman los aspectos gráficos sobre los contenidos escritos; y de precios muy asequibles.

- Cada una de ellas está dirigida, preferentemente, a segmentos de edad y capacidad adquisitiva concretas; en cualquier caso, varones sin cargas familiares.

- El peso de la publicidad, análoga en casi todas ellas, ya sea directa o indirecta en sus diversas presentaciones, alcanza de media el 48’1 % de sus espacios. Más parecen catálogos que revistas “clásicas”.

- La omnipresente imagen de la mujer presenta una alta carga sexual: envuelta en mucho glamour y luciendo magníficas curvas. Una mujer que se manifiesta pragmática, joven, bellísima, sofisticada, en perfecto estado de revista; y a la que hay que conquistar y complacer (en particular, sexualmente). Pero, por contra, casi nunca se habla de cultivar relaciones estables de pareja.

- La política de comunicación con los lectores es unidireccional -de la redacción al lector- y dirigista.

- Difunden una “cultura” individualista de la calidad de vida y del ocio; constituyendo magníficos instrumentos para pasar un rato agradable y “ponerse al día” en marcas comerciales, tendencia estéticas, y servicios diversos.

- Mentalidad que destilan: consumismo, hedonismo, relativismo… y con mucho glamour; siempre que se maneje pasta, claro. Todo, “políticamente muy correcto”. Y sin asomo de crítica social. Mera distracción, pues.

- Son productos “globales” que apenas recogen la propia idiosincrasia cultural, con contenidos análogos a los que pueden encontrarse en naciones muy alejadas de la nuestra.

En definitiva, proclaman: “gustarse para gustar”, “vive al día y deja vivir”, “disfruta de tu cuerpo… y del ajeno”, “todo tiene un precio”, “las marcas sí importan”, “tú decides, nadie más”.

Enlace directo al estudio en formato PDF:

http://www.asociacionplazadelcastillo.org/Textosweb/Revistas_masculinas_2007.PDF

El Islam en España, retos para la sociedad y para la Iglesia.

El Islam en España, retos para la sociedad y para la Iglesia.

Aula de pensamiento del Obispado de Huesca
Ponente: Fernando José Vaquero Oroquieta (escritor).
Miércoles 16 de mayo de 2007 20 horas.
Colegio Santa Ana, Coso Alto, 47. Huesca.

Will Smith, como protagonista de En busca de la felicidad, habría sido detenido en España por presuntos malos tratos

Will Smith, como protagonista de En busca de la felicidad, habría sido detenido en España por presuntos malos tratos

El pasado viernes, 2 de febrero de 2007, se estrenó en España, después de una potentísima campaña publicitaria, la última interpretación de quien fuera protagonista de la serie El príncipe de Bel-Air; una decidida apuesta con la que Will Smith pretende alejarse de esa imagen cómica que le sigue persiguiendo. La película, no obstante, contiene alguna otra clave de mayor trascendencia social y cultural.

 

Drama sentimental, y con cierta carga de tópicos, no deja de ser una versión cinematográfica, otra más, de alguien que logra alcanzar el sueño americano. Tras muchos fracasos, y desde una situación económica desesperada, el protagonista luchará con toda su voluntad y energía para conservar la compañía y afecto de su hijo. El premio final: convertirse en broker de un prestigioso despacho de San Francisco. Y multimillonario. Una primera objeción: tal sueño, ¿necesariamente debe traducirse en un éxito económico y profesional apabullante?

 

Sin entrar en otros aspectos, comentados en tantas críticas ya difundidas, lo más relevante del film es ese esfuerzo de un padre que lucha ferozmente por un futuro común junto a su hijo; un niño sensible que, pernoctando ambos en el dormitorio común de un albergue benéfico, le asegurará espontáneamente: “eres un buen papá”. Conmovedora y suprema confirmación de su titánico empeño. Un drama, por tanto, que recuerda a la celebradísima y casi olvidada Kramer contra Kramer. Pero, tales actos heroicos, ¿no eran patrimonio incuestionable y exclusivo de las mujeres? Una película similar, ¿sería posible en España?

 

Lo desconozco. De lo que sí estoy seguro es que su protagonista –en nuestro país- habría terminado detenido un par de días en comisaría acusado de maltratos físicos y psicológicos, expulsado de su domicilio familiar, arruinado económica y psicológicamente, criminalizado y marginado. Veámoslo.

 

En una escena clave, Will Smith sujeta a la que todavía es su mujer por un codo (presunto maltrato físico), mientras que con tono muy elevado y decidido le exige que no se lleve a su hijo a Nueva York (presunto maltrato psicológico). Sorprendentemente, ella cede… y desaparece de sus vidas. Sin mayores consecuencias para el padre. En España, sin duda, un episodio así únicamente puede concebirse en las categorías del relato de fantasía… y de la querella criminal.

 

Como fruto extremo de la denominada ideología de género, el sistema judicial, legal y asistencial español no admite que un varón pueda desarrollar análoga capacidad de trabajo, ejercicio de responsabilidad familiar y voluntad educativa, que cualquier mujer. La presunción legal, en estas cuestiones, siempre es a favor de la mujer. Destruirla es muy complicado, por no afirmar que imposible; además de políticamente incorrecta. Y no hablemos del principio de presunción de inocencia del hombre, eliminado en la práctica por la legislación penal que pretende combatir la violencia doméstica. De esta manera, las declaraciones constitucionales de igualdad ante la ley y de no discriminación por sexo son meramente retóricas. Y no son las únicas.

 

¿Son responsables las mujeres de esta situación? Algunas, sin duda. Pero, en su inmensa mayoría, también son sus víctimas; además de tantos padres. En cualquier caso, los principales afectados siempre son y serán los hijos.

 

La trama narrativa de En busca de la felicidad, así concebida, no podría elaborarse, por todo ello, en España. Y, mucho menos, subvencionada…

 

Cuando terminó su proyección en el cine, miré alrededor. Observé visibles muestras de satisfacción entre los varones y algunas mujeres. Pero también rostros femeninos muy serios; seguramente por su desacuerdo con la trama central. Y no podía ser para menos: ¡se atreve a cuestionar uno de los dogmas ultrafeministas más pregonados, después de milenios de sumisión!

 

Sin duda, cuando la conciencia personal no se cultiva, y se carece de un entorno humano que ayude a vivir más humanamente, no es complicado caer en el capricho, la arbitrariedad y la violencia; unas tentaciones universales. Si, además, las leyes y los medios de comunicación imponen este modelo radical de raíces marxistas, tales comportamientos serán avalados y facilitados socialmente.

 

No son generalidades ni abstracciones. Las muertes por violencia doméstica, los síndromes de alineación parental sufridos por cientos de miles de niños, los numerosos suicidios de hombres víctimas del acorralamiento judicial y social, las crecientes falsas denuncias (por presuntas agresiones, maltratos y abusos sexuales) que conllevan inevitablemente terroríficas consecuencias para los estigmatizados, las secuelas psicológicas de tantas y tantos, etc., son palmarias demostraciones del estrepitoso fracaso humano de esa ideología totalitaria en su proyección legal. Eso sí, revestida de sacrosantas e indiscutidas declaraciones de intenciones que vaticinan la liberación femenina, el progreso indefinido, el ejercicio sin límite alguno de la libertad personal… Pero, tan inmenso caudal de sufrimiento, ¿es el inevitable canon del progreso humano?

 

Semejante falta de realismo, de censura y alienación, ¿no les recuerda acaso, a las absurdas e inhumanas falsedades de los experimentos sociales comunista y nazi?

 

Revista digital Arbil, Nº 110, enero de 2007

Introducción del informe “Revistas para niños y preadolescentes. Análisis crítico de 15 cabeceras: contenidos y valores”.

Introducción del informe “Revistas para niños y preadolescentes. Análisis crítico de 15 cabeceras: contenidos y valores”.

El armónico desarrollo -físico, psicológico y espiritual- de nuestros niños y preadolescentes, en constante interacción y apertura con el mundo circundante, es objetivo de todo padre y adulto embarcado en la aventura de la educación.

 

En esa senda, todos los recursos nos parecen pocos: familia, amigos, escuela, iglesias en su caso, ocio…

 

En las librerías españolas existe, a la vista de nuestros niños y preadolescentes, una amplia gama de revistas, en principio dirigidas a ellos, que pueden contribuir a ese crecimiento: unos productos coloristas, rodeados de regalos, envueltos en plásticos y con grandes soportes que facilitan su exhibición… y que nos “entren por los ojos”.

 

Los contenidos de tan amplia y efectista oferta, ¿ayudan a la labor de padres y educadores?, ¿facilita y fortalece esa progresiva mirada del niño y del preadolescente al mundo propio y circundante?, ¿responde a criterios pedagógicos, aún desde el ocio, o bailan al ritmo de las poderosas modas?

 

Para “funcionar” en sociedad, nuestros niños y adolescentes precisan de amor y cariño, de salud, de una personalidad formada y equilibrada, de una capacitación cultural adecuada a su edad, de unos acompañantes adultos que les ayuden en esa “introducción” a la vida real… y todos los recursos debieran coadyuvar en la misma dirección.

 

El tiempo de ocio siempre ha tenido una enorme importancia en la adquisición de conocimientos y habilidades sociales. Pero la sociedad ha cambiado extraordinariamente. A los niños y preadolescentes les “cubrimos” literalmente de regalos de todo tipo, pero les privamos de nuestro tiempo. El trabajo, los compromisos sociales, los propios gustos y aficiones, se convierten, en ocasiones, en cómoda excusa para no afrontar nuestras responsabilidades. Y delegamos en la escuela, los centros de ocio, los juguetes… y en las mismísimas revistas.

 

Una revista puede entenderse como un instrumento para que el niño esté ocupado y no moleste o, por el contrario, como un medio de diversión conjunta y coeducación.

 

Una revista puede buscar, en la medida que el medio lo permite y sin olvidar su perspectiva recreativa, la transmisión de unos valores y unas actitudes positivas, destilados por la experiencia de los mayores, que les ayuden a vivir. Pero, al contrario, puede limitarse a ofrecer un mero catálogo de productos de ocio, reforzando así el consumismo asfixiante que nos bombardea a todos. Y, especialmente, a los más desprotegidos: niños y preadolescentes.

 

Una revista puede ofrecer como atractivos y deseables, por medio de modelos humanos concretos, los principios y valores del esfuerzo, la solidaridad, el reconocimiento de la propia historia y tradición, el ocio compartido y gratuito… o prescindir de todo ello.

 

Una revista, en definitiva, puede elaborarse pensando realmente en las necesidades de sus destinatarios, desde unas expectativas de desarrollo integral, o limitarse a concebir, a sus potenciales destinatarios, como una “cantera” de actuales y futuros consumidores de los productos propios o ajenos.

 

Desde esta perspectiva crítica, pero constructiva, hemos acudido a una librería magníficamente surtida de Pamplona. Allí hemos adquirido unas cuantas de esas revistas. Las hemos leído y comparado; hemos reflexionado sobre sus contenidos; las hemos compartido con nuestros hijos y sobrinos... Y hemos recuperado dos ejemplares antiguos correspondientes a dos de tales cabeceras, todavía editadas hoy, para comprender su evolución y la imagen de sus propios lectores.

 

El resultado es el que a continuación figura. Modestamente, con convicción, con fe en la capacidad de nuestros hijos, con esperanza en sus potencialidades, y una petición dirigida a los editores: responsabilidad y miradas altas.

 

Pamplona, 22 de diciembre de 2006

 

Enlace directo, al estudio completo, en formato PDF:

http://www.asociacionplazadelcastillo.org/Textosweb/An_lisis_cr_tico_de_15_revistas_dirigidas_a_ni.PDF

¿Por qué fracasó en Pamplona la convocatoria unitaria “Por la paz, no a la violencia”?

¿Por qué fracasó en Pamplona la convocatoria unitaria “Por la paz, no a la violencia”?


En Madrid, unas 175.000 personas; en Bilbao, entre 44 y 80.000 según las fuentes; en Zaragoza, unos 35.000 manifestantes; y en Pamplona… ¡apenas 2.000! respondieron a una convocatoria excepcional en este contexto generalizado de discrepancias y brutales descalificaciones. De hecho, se trataba de la única manifestación a la que se habían adherido TODOS los partidos democráticos locales. Desde UPN (socio navarro del Partido Popular), a Aralar (izquierda abertzale escindida de la antigua Herri Batasuna), pasando por PSOE, Izquierda Unida Navarra, y los nacionalistas de Nafarroa Bai (PNV, EA, Batzarre): todos en torno a la convocatoria de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra en repulsa al atentado de la T4 del Aeropuerto de Barajas que costó la vida de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

¿Qué puede explicar tan clamoroso fracaso, y más, cuando todos los medios de comunicación navarros apoyaron sin fisuras y con notable entusiasmo tal manifestación?

Únicamente aconteció una nota discordante en los prolegómenos de la convocatoria: la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el ejemplar colectivo Vecinos de Paz de Berriozar, y Foro El Salvador, manifestaron su rechazo denunciando tan ambiguo lema: “Por la paz, no a la violencia”. Es más, otro colectivo cívico, Libertad Ya, informó que participaría, pero portando una pancarta con su propio lema; lo que le generó duras reprobaciones de los convocantes por romper, a su juicio, la unanimidad de la convocatoria.

Y no deja de sorprender que lo que el presidente del ejecutivo foral, Miguel Sanz, exigió para la manifestación de Madrid -la incorporación del concepto “libertad” al lema inicial- no lo planteara también para la de Pamplona. ¿Fríos cálculos tácticos?, ¿intereses electoralistas?, ¿temor a seguras descalificaciones?

Pero el fracaso de la convocatoria no se debe exclusivamente a uno de los partidos adheridos; si bien al ser el partido que sustenta al actual Gobierno foral (junto a CDN), no puede eludir su relevante rol.

La responsabilidad, desde nuestra perspectiva, es colectiva, concurriendo diversos factores.

La sociedad navarra vive muy bien. Un nivel de vida europeo, despolitizado, pragmático, despegado de fuertes valores cívicos y éticos…; todo lo cual está transformado el tradicional nervio de su ciudadanía. Pero, como representantes políticos de esta sociedad, los partidos navarros deben interrogarse por las razones de este fracaso; salvo que prefieran cerrar los ojos y pasar rápidamente página.

El PSOE desde hace ya muchos años está ausente de las calles. Las reiteradas crisis de liderazgo, y sus actuales ambigüedades, sin duda, le han debilitado notablemente.

UPN, por su parte, también viene manifestando un miedo escénico; de modo que, por ejemplo, al ponerse sobre la mesa del mal llamado “proceso de paz” la cuestión navarra, y ante las voces que reclamaban una contundente manifestación de firmeza popular en su contra, únicamente respondió con un mitin partidista y a sala cerrada. Ahora, en el actual contexto, bien podría haber liderado una movilización ciudadana masiva marcando su ritmo; pero marchando a remolque de los acontecimientos, y a merced de otras iniciativas, ha desconcertado, sin duda, a un sector de su electorado.

PSOE y UPN, partidos todavía mayoritarios, ¿estarán, acaso, perdiendo su papel de interlocución con la sociedad navarra? ¿Facilitan su articulación o, por contra, la ahogan, tal vez, tratando de instrumentalizarla en aras de meros intereses economicistas?

Tampoco puede afirmarse que, en esta ocasión, ambos partidos pusieran “toda la carne en el asador”, de modo que muy poco hicieron por movilizar a los miles y miles de afiliados que dicen contar. Una crítica, ésta última, que bien puede extenderse al resto de los partidos y entidades convocantes.

Tan ambiguo lema, sin duda intencionadamente escogido, amparaba, de hecho, posiciones políticas antagónicas. Y las personas queremos claridad y sinceridad. También en política. Pues, de no ser así, ¿para qué perder el tiempo en gestos confusos y, por lo tanto, ajenos?

PSOE y UPN comparten algunos problemas análogos: escaso trabajo social, ciertas carencias en sus respectivas culturas políticas, miedo escénico, electoralismos paralizantes, liderazgos endogámicos… Por el contrario, los partidos nacionalistas, con sus propios defectos, que los tienen, persiguen incansable y coherentemente sus objetivos de siempre, trabajando sin desmayo.

Bien harían, PSOE y UPN, en revisar críticamente sus políticas. La autocrítica no les resultaría un ejercicio inútil, si fuera sincera y constructiva. Y, finalmente, lo agradecerían. Como toda la sociedad navarra.

Diario Liberal, 15 de enero de 2007

Ramón Cotarelo: intelectuales progresistas en el poder

Ramón Cotarelo: intelectuales progresistas en el poder

El diario digital de la izquierda ultra, elplural.com, entrevistó el pasado día de Navidad a un insigne politólogo y cualificado adalid de su línea política: Ramón Cotarelo. Aunque con los naturales límites del medio, la entrevista, un tanto superficial, no tiene desperdicio. Por si alguien tenía dudas –todavía- sobre las intenciones reales de José Luis Rodríguez Zapatero y el lobby que le respalda, reproduciremos para comentar algunas perlas de ese discurso autodenominado “progresista”.


Ramón Cotarelo

Acaso contaminados por un pernicioso “espíritu navideño” –anacrónico vestigio, según el criterio laicista, de la odiada derecha confesional y ultra- que aparentemente facilita la eclosión de buenos sentimientos entre tantas y tantas personas, elplural.com, férreamente dirigido por Enric Sopena, látigo fustigador de la derecha ultra, incansable faro del “progresismo”, vigilante investigador de todas las “conspiraciones” fachas del universo mundo, nos ofreció -en un desnudo alarde de sinceridad- una entrevista al politólogo Ramón Cotarelo. Un interesante texto, http://www.elplural.com/politica/detail.php?id=8719, exponente y “guía” del izquierdismo irredento que no oculta sus ideas y que persigue incansablemente sus objetivos de siempre… desde el PSOE. ¿Y cuáles son? Ni ellos las enuncian todas, salvo que, en su empresa de poder “hay que acabar con la derecha” y todo lo que –a su juicio- ésta representa.

El entrevistado (catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, autor entre otros libros de La izquierda en el siglo XXI -Sociología Política y Jurídica, Universidad Externado de Colombia, 2006-, miembro del consejo de redacción de la revista Sistema y colaborador de las diversas publicaciones de la homónima fundación), repasó diversas cuestiones de la actualidad política española desde una neta identidad izquierdista radical y sin complejos.

 

Ramón Cotarelo vota al PSOE, que estima como “su” partido; pero se considera más radical. Es uno de los intelectuales más prolíficos y creativos de su área ideológica, si bien podría situársele, en cierto modo, en la periferia de los “laboratorios de ideas” impulsados por el PSOE -a través de la Fundación Sistema y sus numerosas publicaciones y actividades- a causa de su libérrimo criterio. Presente en numerosas revistas impresas y digitales, nacionales y extranjeras, es uno de los diseñadores más lúcidos de una izquierda que busca nuevos paradigmas; sin rehuir los foros de la izquierda más extremista.

 

¿Qué es la izquierda?

 

El politólogo inició la entrevista asegurando que, frente a la indefinición de la llamada derecha, la izquierda sería “una ambición de órdenes sociales más justos e igualitarios, y libres”. Una definición angelical, escasamente caracterizadora, simplista y sin “memoria histórica”. El GULAG, los “campos de la muerte”, la colectivización forzosa del campo ruso, la “gran hambruna”, la “revolución cultural”, las mayores persecuciones religiosas de la Historia..., ¿no fueron, acaso, frutos de experimentos políticos de la izquierda? La justicia, el cambio social, han sido banderas de todo tipo de ideologías y banderías políticas; y no propiedad exclusiva de las izquierdas. También los nacionalsocialistas propugnaban, según decían, la justicia social para los alemanes. Los comunistas camboyanos diseñaron y ejecutaron, por su parte, el más radical, rápido y violento experimento igualitario de la Historia. La conquista de una mayor justicia social fue pretensión conjunta y convergente de la democracia cristiana y de la socialdemocracia europea en la posguerra. Si la derecha -más correcto sería hablar de “derechas”- es una ideología anterior y la izquierda es la reacción ante la misma, la segunda parte de una inconsistencia conceptual reactiva inicial que le lleva, inevitablemente, a una indefinición susceptible de ser colmada por los idealismos más delirantes en el correspondiente “salto al vacío”.

 

No obstante esa aparente indefinición, bañada con buenas palabras al estilo Zapatero, Cotarelo sabe muy bien lo que quiere para España, expresándolo al reflexionar ante la situación de la izquierda española así: “Pienso que lo está haciendo bastante bien, la prueba es que en el poder está. Y eso me gusta, porque son los míos, aunque me parecen bastante timoratos y bastante aburguesados. Yo sostengo una ideología más radical, pero no por eso me voy a poner en su contra. Me considero más de izquierda que el Gobierno, pero es el partido al que yo voto, porque no quiero fortalecer a la derecha por ser de extrema izquierda”. Extrema izquierda, pues. Y votante del PSOE. No en vano, en las izquierdas, por encima de la ideología, anida un feroz apetito por el ejercicio y el control del poder político, de modo que, dejando de lado opciones testimoniales, en su inmensa mayoría confluyen en la “casa común de la izquierda”: el PSOE. Pragmatismo, sin duda.

 

Memoria Histórica

 

Ramón Cotarelo no podía menos que opinar sobre la Ley de la Memoria Histórica; uno de los principales iconos de la izquierda actual. No obstante, la juzga “poca cosa”. Y, para sostener ese juicio, rememora su propia experiencia personal: “Yo fui juzgado por el Tribunal de Orden Público en el año 67, y condenado a dos años y medio de cárcel por unos jueces que eran unos delincuentes. Ese juicio fue una farsa y por lo tanto es nulo de pleno derecho. Yo jamás admití la legalidad de aquel tribunal ni la de aquellos jueces, ni que yo fuera culpable de nada. Y creo que tengo derecho a que se reconozca que aquel juicio fue una farsa y que los delincuentes juzgaron al hombre justo”. ¡Exactamente los mismos argumentos manifestados por los procesados de ETA -ante las cámaras de televisión- últimamente!

 

Para superar tan corto avance, recuerda que “El Gobierno legítimo de la República, el 22 de julio de 1936, publicó un decreto degradando a Franco y expulsándolo del Ejército, por lo que este país estuvo gobernado por un delincuente, así que sus actos, tanto los juicios, como el resto del régimen, son todos nulos de pleno derecho”. Ciertamente, no está solo en esta pretensión. Isabel Durán y Carlos Dávila en su libro La gran revancha. La deformada memoria histórica de Zapatero (Temas de Hoy, Madrid, 2006) descubren idéntico itinerario y razonamiento en la trayectoria del actual presidente del Gobierno español: obsesionado por una memoria familiar distorsionada, sus pretensiones análogas le han llevado a un completo absurdo jurídico que no ha podido superar… de momento. Pero Cotarelo no reflexiona al respecto como un diletante: lo hace como “otro más” de una extrema izquierda asentada en el PSOE con la pretensión de retomar la que consideran la “legitimidad política” por excelencia: la de la Segunda República española. Veámoslo.

 

Así se manifiesta cuando, interrogado sobre los que denomina la entrevistadora -Virginia Vadillo- “revisionistas históricos”, que responsabilizan a la República de la guerra civil, asegura que: “Si les molesta octubre del 34, yo les podría recordar agosto del 32, cuando se sublevó el general Sanjurjo, que fue el primero en sublevarse”. Pero ¿no se le ocurre nada mejor? De un afiliado de la base del PSOE –aunque queden pocos que no sean “aparatchiks” o aspirantes a ello- podría esperarse un argumento tan pobre; pero de un catedrático de Universidad y “cabeza gris” de la progresía… no lo imaginábamos siquiera. Lo que plantea, en definitiva, y más allá de lo que él mismo presenta como un pobre argumento, es que la legitimidad política que le mueve no es la derivada de la obra de la Transición española, base de la acción política democrática actual, sino aquel régimen sectario que trató de marginar e incluso eliminar, a media España.

 

¿Y España?

 

Por cierto, ¿le preocupa España? “Pero, ¿qué es España? España es lo que en cada momento se llama España, y nada más”, asegura. Un relativismo puro y duro aplicado conforme el prisma leninista de la “cuestión nacional”: la nación es útil en la medida que es un instrumento al servicio de la revolución. Y, de no serlo, hay que destruirla. Poco a poco, las piezas de esta supuesta “nueva izquierda” van encajando.

 

Y directamente relacionado con el interrogante anterior, se manifiesta de la siguiente manera ante el mal llamado proceso de paz: “Creo que va a llegar a buen puerto en cualquier caso, lo que no veo es el puerto. Pienso que cualquiera que sea el resultado vamos a ganar todos mucho”. ¿Todos? ¿O únicamente las izquierdas? Unas afirmaciones, en cualquier caso, voluntaristas… y misteriosas.

 

Si España no significa casi nada para él, inevitablemente considerará que “… el derecho de autodeterminación hay que reconocerlo, y eso es una tarea de la izquierda”. Pero tal derecho lo concibe prescindiendo de la interpretación vigente en el Derecho Internacional. No vamos a desarrollar tal cuestión, pero bien puede afirmarse que su estado actual puede resumirse en el siguiente párrafo procedente de la decisión de 20 de agosto de 1998 del Tribunal Supremo de Canadá relativo a la pretensión de secesión de Québec: “El derecho a la autodeterminación en derecho internacional da (…) apertura al derecho de autodeterminación externa en los casos de antiguas colonias; en el caso de pueblos oprimidos, como los pueblos sometidos a una ocupación militar extranjera; o aun en el caso en el que un grupo definido vea negado un acceso real al gobierno para asegurar su desarrollo político, económico, social o cultural. En estas tres situaciones, el pueblo en cuestión goza del derecho a la autodeterminación externa porque se le niega la facultad de ejercer, en lo interno, su derecho a la autodeterminación”.

 

De esta manera, saltándose todos los límites, ignorando cualquier experiencia, Cotarelo se sitúa en el “terreno común” de todas las izquierdas cuando en los años de la Transición, antes del giro moderado y moderador del PSOE y del mismísimo PCE, preconizaban: “república, derecho de autodeterminación, amnistía, juicios populares a la clase política y colaboradores franquistas”. Pero reivindicar lo mismo que hace 30 años, enlazándolo con la supuesta legitimidad republicana, implica no asumir la realidad: también el futuro político estaría, según su utópica voluntad, por escribir, prescindiendo las enseñanzas del pasado; incluido un derecho a la autodeterminación interpretado de manera iconoclasta.

 

Derecha e izquierda hoy

 

En este clima sociopolítico, propiciado desde las izquierdas, de exacerbación de antiguas rencillas y pasiones partidistas, que parecían superadas por décadas de “democracia consolidada”, ¿cómo está actuando la derecha en España? Nuestro intelectual lo sintetiza con una frase lapidaria: “… están haciendo lo que hacen siempre, agredir”. Sin duda, Cotarelo sufre un lapsus freudiano al atribuir a la derecha sus propios méritos. En todo caso, la emisión de semejante juicio por un intelectual, que se presume frío, analítico y alejado de simplismos demagógicos, es una grave irresponsabilidad y, seguramente, una autentica provocación.

 

Revitalizándose artificialmente, y desde las estructuras del poder real, viejos conflictos e irresueltos traumas personales, ¿cuáles serían las tareas de la izquierda? “Cuando terminó la guerra fría y cayó el comunismo se pensó que vendría la paz. Pero lo que vino fue esa Globalización, vinieron más guerras, más hambre, más injusticia… y vino la ley del más fuerte. Y la Globalización lleva todo esto a nivel mundial, pero lo malo que además ha dividido a la izquierda, que no sabe dónde colocarse, no sabe qué posición tomar, no tiene un componente ético ni moral”. Efectivamente, esa izquierda de la que Cotarelo se manifiesta como vocero, carece de ética y moral. Si antaño, para las izquierdas marxistas, “lo ético y moral” era lo conveniente para el avance de la revolución colectivista, ahora, que han rechazado ese horizonte estratégico, caen en la cuenta de tales carencias. Pero no nos engañemos. Esa ética y moral, sobre las que reflexionan, no son las derivadas de la cosmovisión cristiana. Están teñidas de un marxismo revolucionario al que no renuncian y que pretenden actualizar de alguna manera. Y en ello están.

 

Esta “nueva izquierda” habla del pasado, pero no quiere asumir el propio. Si la responsable de todos los males es la Globalización, ¿olvidan que el mayor experimento globalizador fue el comunismo? De alguna manera reconoce que el comunismo fue causa de guerra también. Pero, en lugar de afrontar la realidad sin los filtros ideológicos que llevaron a sus correligionarios a los mayores desastres de la humanidad, siguen recurriendo a las mismas armas… ideológicas. Por ello les sobra España; consideran la familia como una institución artificial cuyo diseño puede modificarse a gusto del usuario y del “científico social”; les encanta el “proceso de paz”; exigen la revancha histórica… Continúan presos de sus presupuestos ideológicos de matriz totalitaria. Por ello, esas tan aparentemente extrañas convergencias entre socialistas y radicales de izquierda (nacionalistas o no), que padecemos, son “lógicas” e inevitables. Salvo que hubieran cambiado. Lamentablemente, no ha sido así.

 

Esta “nueva izquierda”, en realidad, se nos presenta, progresivamente, como la “vieja izquierda” de siempre. La utópica, la voluntarista que quería “asaltar los cielos”, la que considera que el ser humano y la Historia son productos en blanco en los que escribir según los “avances científicos” del momento.

 

Habrán renunciado al GULAG, pero no a Gramsci.

 

Revista Digital Arbil, número 110, diciembre de 2006