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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Sociedad, cultura, educación y cine

Revista Explora y navega: por la globalización cultural.

      “Explora y navega” es la revista mensual, del Grupo Correo, dirigida a niños y adolescentes. Con unos contenidos más dignos y consistentes que los de otras revistas enfocadas al mismo segmento de consumidores, cumple una clara función: ser vehículo de la globalización cultural y del ocio. 

 

                En alguna ocasión nos hemos aproximado en esta publicación digital (Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica), brevemente, a la orientación y mentalidad subyacentes en concretas publicaciones dirigidas al público infantil y adolescente. Así lo hemos hecho en los artículos “Megatrix: ¿revista o catálogo? para el niño consumidor” (Nº 37, septiembre de 2000) y “Cartoon Network: un `magazine´ infantil enfocado al consumo televisivo” (Nº 47 – 48, julio – agosto de 2001).

 

La revista juvenil del Grupo Correo.
La revista “Explora y navega” está editada por “Taller de Ediciones Explora, S.L.”, del Grupo Correo, en cuyos diarios y demás publicaciones, fundamentalmente, se realiza una discreta pero eficaz propaganda de la misma. Dirigida a un segmento de lectores integrado por niños y adolescentes, constituye una magnífica competencia a otras revistas orientadas al mismo segmento.
Impresa a todo lujo, color, en magnífico papel, con predominio absoluto de las imágenes sobre el texto; manifiesta en todo momento un tono desenfadado y aparentemente informal, pero correcto. Su precio, 2’50 euros, es bastante ajustado, al ofrecer mayor número de páginas que otras revistas similares. Aquí analizaremos el contenido de su número 16, correspondiente al mes de julio de 2002.

 

Publicidad directa e indirecta.
De sus 76 páginas, un total de 7 son publicidad de pago directa (películas de cine estrenadas este verano y vídeo, juguetes, etc.) destinada al público infantil o juvenil, y cuyo conocimiento es conveniente para unos padres que quieran “estar al día” en estos productos de consumo.
Además, otra parte del resto de la revista bien puede calificarse de “publicidad indirecta”. Así, las 5 páginas de la sección Entérate contienen diversos artículos y comentarios acerca de diversos productos de consumo cultural y recreativo: cine, música, libros y juegos.
Cine de verano es la sección de 4 páginas que nos describe, sumariamente, las películas infantiles presentes en las carteleras españolas en los próximos meses.
Otras 6 páginas de la sección Verano nos describen, de forma muy superficial y con abundantes gráficos, los diferentes parques temáticos españoles.
Si sumamos todas esas páginas, 22, llegamos a algo más de un 28% del espacio de la revista también dirigido, de forma explícita, al consumo. Aquí tenemos la primera característica de esta publicación: su destinatario es el niño consumidor y, por lo tanto, también sus padres.

 

Otros contenidos.
                Veamos los restantes contenidos de la revista.
Una entrevista de 2 páginas al grupo musical británico A1.
Otra página de curiosidades denominada ¿Sabías?
Otra página, Al día, dedicada al mundo de la música.
                La publicación oferta tres historietas. En concreto, 12 páginas de un cómic cuyos protagonistas son algunos de los personajes de los videojuegos Bionicle (otra referencia neta al consumo), con una estética de historieta de adultos, 2 páginas de “Los amigos de Luk” y 1 de “Fox y Cía”.
                Lo más interesante son los contenidos de la segunda parte de la revista, con unas loables pretensiones culturales y de ocio activo, y que describimos a continuación.
Planeta explora es una sección de 3 páginas dedicada, con poco texto y muchas imágenes, a los secretos del espacio, con la inevitable referencia a la heroína de videojuego (y desde hace unos meses del cine también) Lara Croft. Otro guiño al consumo más descarado.
Al Proyecto Galileo se le reservan dos páginas, de cierto interés por el enfoque que proporciona, al afirmar que esta red de satélites permitirá la independencia europea -en este terreno- de rusos y americanos…
Un típico “fuerte americano” nos es descrito gráficamente en otras 2 páginas, como contenido de la sección El túnel del tiempo.
Qué bestias, integrado por 4 páginas, es la sección dedicada al mundo animal: pingüinos, en esta ocasión.
La sección Cúrratelo está integrada por 2 páginas que, paso por paso, indican cómo decorar plantas de casa.
Olé tu arte, en dos páginas, explica las técnicas para facilitar el dibujo de unos conocidos personajes de cómic: Vaca y pollo.
                Napoleón es el protagonista de 2 páginas tituladas Así eran… de tono desenfadado y que no menciona su derrota en España…
Un relato de 2 páginas con interrogante a resolver.
Una página dedicada a la salud (precauciones ante el sol de verano).
Otra página de ecología titulada La patrulla verde.
El primer concurso de fotografía de la revista ocupa 3 páginas.
                Esta parte cultural, la de mayor de mayor consistencia e interés, ocupa un total de 24 páginas, lo que supone un tercio del total de la revista.
De naturaleza mixta, aunque más enfocada al consumo, 4 páginas, a saber: 1 página para otros concursos del Club, otras 2 páginas muy relacionadas que describen al “socio de honor” (quien nos habla del mundo del remo) y por último, 1 página para los ganadores de viajes, consolas y videojuegos.
Veamos los últimos contenidos.
Los pasatiempos y su solución ocupan 4’5 páginas.
Algo más de media página anuncia los contenidos del siguiente número.
                Un póster de gran tamaño de la película “La edad de hielo” y un bono de descuento y ofertas, para diversos parques recreativos temáticos españoles, completan los reclamos de la revista, lo que bien puede incluirse dentro de la oferta de mero consumo.

 

Algunas reflexiones sobre su contenido.
No existe ni una sola referencia al papel pedagógico que pueden desempeñar los padres en la selección, disfrute y valoración de los productos difundidos en esta revista. De hecho la palabra “padre” sólo la encontramos en dos ocasiones: cuando entre los consejos “verdes” se recomienda pedir a los padres que no toquen en exceso la bocina del vehículo familiar y así reducir la contaminación acústica, y cuando un niño del concurso fotográfico indica que la presentada por él la realizó con la cámara de su padre (una manera indirecta de decir al lector que no se precisa consumir en exceso). Con todo ello parece deducirse que el papel reservado a los padres es meramente residual; lo que no corresponde a la realidad por la dependencia económica de los destinatarios de la revista.
Tampoco existe referencia alguna a valores éticos, salvo las leves referencias a la omnipresente  y “políticamente correcta” ecología y una mínima cita al esfuerzo (la experiencia como remero del “socio de honor”).
Hemos visto el gran peso de los espacios enfocados, directa o indirectamente, al consumo. No podemos negar, también, el esfuerzo realizado para dotar a la revista de contenidos culturales y de “ocio activo y creativo”. El resultado final es un producto de buena calidad, inmerso en la sociedad actual, vehículo de la globalización cultural y recreativa en marcha: no en vano, la práctica totalidad de sus contenidos, incluyendo los culturales, podrían figurar en alguna revista similar de Argentina, Formosa o de Canadá, por poner unos ejemplos.
El peso del consumismo en la revista es, en definitiva y pese al esfuerzo de sus diseñadores, aplastante, lo que constituye un termómetro de la situación social actual y de la mentalidad dominante. Estamos inmersos en una sociedad industrializada, individualista y apoyada en los intercambios de todo tipo basados en el consumo: expresión popular, también, de la llamada globalización. 
Desde la atomización y el puro individualismo, que caracteriza nuestra sociedad, no parece fácil resistir la “ola” de los valores dominantes y el poder real, afirmábamos en los artículos antes citados. Pero desde la pertenencia a otros espacios humanos, depositarios de intensos vínculos comunitarios y unos valores diferentes a los dominantes, existe la posibilidad de afrontar la existencia, a niveles familiar y educativo, desde una perspectiva crítica. Y nos reafirmamos en tales juicios.
La Iglesia católica, “Maestra de humanidad” y generadora de nuestra tradición concreta, ha sido la gran promotora, desde sus orígenes, de nuevos valores y espacios de humanidad, cuyos frutos son personas transformadas que experimentan y transmiten un especial gusto por la vida.
En la actualidad, al igual que lo ha hecho desde sus orígenes, diversas realidades y movimientos de la Iglesia vienen afrontando la educación y la vida de la familia desde la vivencia de los valores evangélicos. Esos espacios se concretan, hoy, en nuevos colegios, asociaciones de padres, grupos de encuentro y apoyo, redes informales de intercambio de información, asociaciones de ocio y tiempo libre, pequeñas publicaciones, etc.
A estas realidades tendremos que recurrir para orientar a nuestros niños y adolescentes en una visión crítica de la realidad dominante, una pertenencia humana y un sentido de la existencia que les proporcione un nuevo rostro.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 59 – 60, julio – agosto de 2002


La cuadrilla de Ken Loach.


      Desde enero de 2002 se proyecta, en las pantallas españolas, la última película del llamado “cineasta de la clase obrera inglesa”: Ken Loach.

El último film de Ken Loach.
Con una distribución nacional, The navigators, la última película del cineasta inglés Ken Loach, ya se proyecta en las pantallas españolas.
Su argumento, brevemente, es el que sigue.
Un grupo de operarios de la British Rail, la empresa estatal británica de ferrocarriles, cuyo trabajo consiste en la reparación de vías de tren, al sur de la región de York, pasa a una nueva situación laboral a causa de la privatización de la misma. Sus condiciones de trabajo, entonces, cambian significativamente: se le pagará por trabajo realizado, vacaciones no retribuidas, etc. O aceptan las nuevas condiciones laborales o deberán optar por una indemnización, siendo despedidos, pasando a “buscarse la vida” entre las ETTs.
Con ello se inicia la descomposición del grupo, inicialmente muy cohesionado, provisto de una gran conciencia profesional, y que transmite la existencia entre ellos de una buena amistad.
El sindicalismo clásico, encarnado en la figura de un veterano trabajador, no es capaz de asimilar los cambios, siendo el último empleado de la empresa que permanece en la misma, sin hacer nada, a la espera del cierre. Simboliza, de esa manera, la creciente incapacidad de los sindicatos británicos para afrontar la nueva realidad.
Las condiciones laborales se irán degradando, progresivamente, hasta el punto de que, en manos ya de una ETT, las medidas de seguridad, uno de los logros históricos del sector, son ignorados en aras de una puntual finalización del trabajo, aun con el riesgo de un fatal accidente que casi se adivina… De esta forma, la película se convierte en una contundente denuncia social de la creciente precariedad de las condiciones laborales que se vienen imponiendo, no sólo, en Gran Bretaña, sintetizada en la siguiente frase de uno de los nuevos directivos de la empresa, quien afirma que “el contrato fijo es el pasado, hay que mirar al futuro”.
Sus actores (Joe Duttine, Tom Craig, Venn Tracey, Andy Swallow, Dean Andrews), poco conocidos, actúan con una gran naturalidad, vitalidad, y un acusado sentido del humor; buena expresión de la camaradería vivida por el grupo en el que, idealmente, se inspira. Rodada en Sheffield (Inglaterra), la película tiene una factura casi de documental. Algunos retazos de las vidas privadas de sus protagonistas se asoman a la gran pantalla. Con los afectos descompuestos, separados de sus familias en crisis y con unos horizontes vitales muy limitados, la pista de hielo, en la que dos de sus protagonistas patinan por breves instantes y en distintos momentos de la narración, encarna la posibilidad del reencuentro afectivo y de una vida mejor.

 

El nuevo cine social.
Ken Loach, definido como “el cineasta de la clase obrera inglesa”, es autor de otras películas como Riff – Raff, Lloviendo piedras, Mi nombre es Joe, Tierra y Libertad, La canción de Carla, etc., hasta un total de 15.
De nuevo, en este film, Ken Loach es fiel a su compromiso político y social, ya asumido en las demás películas rodadas, por él, en los últimos 10 años; siempre centradas en la denuncia de determinadas situaciones de injusticia, en diversas partes del mundo, y a lo largo de la más reciente historia. Y lo logra concretando de forma creíble, en La cuadrilla, la denuncia que expresó él mismo en la presentación de la película en el Festival de Venecia: “Los programas de cualquier partido favorecerán a las grandes empresas y su actual objetivo es reducir el costo del empleo, algo que destruye familias, personas y el tejido social”.
El director se ha apoyado en el guión de Rob Dawber, quien fuera trabajador de la British Rail durante 18 años, así como representante sindical. Sin duda, esa experiencia le habrá reportado buenos argumentos en los que muchas personas corrientes pueden reconocerse.
Ken Loach es uno de los más genuinos representantes del llamado “nuevo cine social”, heredero del “comprometido” de las décadas anteriores. Fiel a sus inquietudes ideológicas, al tono documental del film se incorporan algunas de sus constantes como director, caso de las asambleas (con los nuevos directivos) y las espontáneas conversaciones (que mantienen entre sí los propios trabajadores).
Del crítico de cine Juan Orellana, del que hemos reproducido, en otras ocasiones en esta misma publicación digital, algunos artículos magníficos, es la siguiente reflexión redactada con ocasión de otra película de este director, Pan y rosas, y que resume, magníficamente, uno de los nudos gordianos de su cine: “A pesar de lo cargante que les pueda parecer a algunos el cine de Loach, no está de más que, de vez en cuando, el cine no sea una fábrica de sueños sino un empujón hacia la realidad. A fin de cuentas, es esa una de las vocaciones irrenunciables del séptimo arte” (La nostalgia revolucionaria, publicado en paginas para el mes.com).

 


Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 54, febrero de 2002

Una propuesta alternativa a la mercantilización de la “primera comunión”.

Una visión crítica de la mercantilización de las “primeras comuniones”, proponiendo alguna alternativa factible.

 

Una carrera de obstáculos

Son varios miles las familias españolas embarcadas en una carrera –producida anualmente- cuajada de obstáculos. La primera dificultad consiste en conseguir un restaurante adecuado a la capacidad económica familiar, a los propios gustos y a la oferta del mercado. Con muchos meses de antelación, en cualquier caso. Después vendrá el poner de acuerdo a familiares y amigos en la elección y adquisición de los regalos, las sesiones fotográficas, la selección del vestuario, la determinación de los adornos, etc.
De la ceremonia se encargan, eficazmente, parroquias y, todavía, algunos colegios.
Nos estamos refiriendo, evidentemente, a la oleada de “primeras comuniones” que se celebran, sobre todo, a lo largo del mes de mayo de cada año. No obstante, estas celebraciones se empiezan a repartir en otros meses, en algunas ciudades y colegios, con el objeto de facilitar su organización y facilitar que el sector hostelero pueda absorber una demanda cada vez más exigente.
Sin embargo, al margen de otros detalles, es chocante que, progresivamente, en el plano de la hostelería, estas fiestas se vengan equiparando, en costos y boato, a las organizadas con motivo de la celebración de bodas. Cualquier contratación de comida, de un grupo numeroso, para cualquier fecha correspondiente al mes de mayo levanta las susceptibilidades de los “maitres” de los restaurantes, quiénes en la mayoría de los casos especifican que: “para las comuniones, tenemos menús cerrados”.

 

“Estamos buscando restaurante. Está todo pillado”.
Somos consientes de la progresiva mercantilización de buena parte de los aspectos protocolarios y formales que envuelven la celebración de las “primeras comuniones”, y no sólo en lo que respecta a la oferta hostelera. Pero dado que existen posibles alternativas, además de las cada vez más frecuentes comidas en el entorno doméstico familiar, nos centraremos en esta realidad que tanto condiciona, para oscurecer en muchos casos, el sentido originario de esta celebración, tan importante para todo católico.
No es razonable que con motivo de la realización de estas comidas, generalmente protagonizadas por grupos numerosos, se establezca un precio notablemente superior al habitual, y más conociendo de antemano el número de asistentes, el menú concreto que se servirá, los camareros precisos para el servicio, etc. Con una celebración de este tipo, los hosteleros “trabajan sobre seguro”, lo que, no sólo no aumenta gastos, sino que los reduce.
Sabemos que existe una competencia extraordinaria en la hostelería que ha alcanzado todo el territorio nacional. De hecho su problemática ya es similar en las grandes ciudades y en las localidades pequeñas; una competencia acompañada por la especialización y una indudable mejora del servicio. No buscamos polemizar ni perjudicar a este sector tan importante. Pero sí que estamos en nuestro derecho de reflexionar en torno a este fenómeno sociológico, que ha llegado a convertirse en una pesada losa para muchas familias, distorsionando el sentido original de la “primera comunión”; proponiendo, incluso, alguna alternativa realista.
El sentido de la primera comunión es el que siempre nos ha enseñado la Iglesia. No vamos por ello a insistir en ello.
Tradicionalmente, por el valor pedagógico que acarrea para toda la comunidad cristiana, se le ha rodeado de un ceremonial adecuado siendo, además, ocasión aprovechada para la celebración de las necesarias reuniones familiares -según las circunstancias históricas y la capacidad económica- tantas veces limitadas a entierros, bodas y bautizos.

 

¿No hay, acaso, alternativas?
La fiebre consumista ha alcanzado de lleno, es evidente, a estas celebraciones. Ya lo veíamos al inicio de este breve artículo: los regalos, las fotografías, el vestuario, los recordatorios, la comida…
Lo que era motivo de alegría empieza a ser motivo de discordia y división para muchas familias que no pueden –o no quieren- participar en una carrera consumista, tan ajena al espíritu originario y nuclear de la “primera comunión”, generando unas tensiones innecesarias verbalizadas en un deseo muy pronunciado: “¡que pase pronto!”.
Pero, en tiempos de globalización, también en las costumbres, y de especialización del sector servicios, ¿hay alternativas?
Algo se nos ocurre.
Son varios miles de antiguas casas parroquiales rurales, propiedad de comunidades cristianas urbanas, en las que se celebran ejercicios espirituales, convivencias, etc. Fenómeno, éste, al que muchos movimientos eclesiales se han apuntado, adquiriendo o edificando otras.
Su cesión, por unas horas, a una o varias familias demandantes, según la ocasión, vinculadas a esa comunidad cristiana titular de la casa, puede ser la llave para una celebración distinta: en un entorno natural, fuera del bullicio urbano y el estrés, con un trato directamente familiar. La comida: una chuletada, por ejemplo, organizada por los amigos o familiares próximos, de modo que el centro de la reunión sea esa celebración gozosa, comunitaria y familiar, de la primera comunión de los cristianos del mañana. Y si supone mucho trabajo, hay empresas de catering por toda España que proporcionan un servicio magnífico con tarifas asequibles, en muchos casos más ajustadas a las economías medias que numerosas ofertas de restaurante.
Naturalmente, quien quiera gastar, puede hacerlo. Con esta alternativa o en un restaurante “normal”.
                Otros espacios también accesibles para muchos cristianos lo constituyen las numerosas sociedades deportivas en cuyo origen encontramos a grupos comprometidos de laicos: Acción Católica, particularmente. Pensamos, por poner dos ejemplos conocidos y vividos por quien esto escribe, en Oberena de Pamplona y en el Casablanca de Zaragoza. Con buenas instalaciones, amplios comedores, espacios verdes, zonas específicas para las parrilladas, parques infantiles; pueden ser buenos escenarios para estas celebraciones, más cuando por el tipo de usuario, sus trabajadores están acostumbrados al bullicio de los grupos numerosos y de los niños gritones.
Pero, no siendo perfectas, las anteriores soluciones, ¿acaso no nos queda a los católicos imaginación y capacidad para dotar de pleno sentido, también de forma operativa, estas importantes celebraciones litúrgicas y sacramentales que son, además, ocasión de reencuentro familiar con la compañía carnal de la Iglesia?

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 55, marzo de 2002.

Zuera y el modelo penitenciario español.

La macrocárcel de Zuera se inauguró, finalmente, este pasado verano, si bien se habían concluido sus obras 5 años atrás. Pero lo relevante del caso no es tanto ese dato tan chocante, como la cotidiana realidad a la que deben enfrentarse los muchos cientos de personas implicadas en esa “sociedad cerrada”.

 

Una prisión en funcionamiento a los 5 años de terminadas las obras.

                La definitiva apertura de la macrocárcel de Zuera, situada entre Zaragoza y Huesca, tuvo lugar en pleno verano de 2001, poniendo fin a una larga incertidumbre cuya consecuencia más llamativa fue que durante cinco años permaneció cerrada, pese a haberse terminado las obras de edificación y su equipamiento. Esa demora fue efecto de una decisión del anterior presidente del Gobierno de Aragón, el “popular” Santiago Lanzuela, quien asumió como compromiso personal que, ante las presiones de los habitantes de la zona y otros colectivos, mientras él ocupara ese puesto, Zuera no se abriría. Con un importante debate social y unos intereses partidistas que jugaron a fondo múltiples bazas, se estudiaron posibles usos alternativos: centro de formación profesional, residencia de la tercera edad, centro social multifuncional, etc. Tales intentos no pasaron de tímidos amagos, sin llegar a plantear una propuesta consistente.

                La apertura de una macrocárcel no es una novedad: muchas han sido las puestas en funcionamiento en los últimos años, siguiendo un modelo standard, de similares características arquitectónicas, en las que predomina el factor seguridad, siendo común circunstancia su lejanía de las ciudades (¿acaso contaminan?). Esto último responde a un criterio extrapenitenciario. Si cerramos dos viejas prisiones, generalmente bien situadas –urbanísticamente hablando- en otras tantas capitales de provincia, se venden los solares y con las ganancias obtenidas se construye una nueva prisión de grandes dimensiones a caballo entre ambas ciudades. Es el caso de Zuera: a 44 kilómetros de Zaragoza y a otros tantos, casi, de Huesca.

                Inicialmente se ocuparon 5 módulos de hombres y 1 de mujeres con los contingentes de internos procedentes de Torrero y Huesca. El nuevo centro penitenciario aragonés acogió, por otra parte, a internos procedentes de prisiones levantinas, mientras que muchos aragoneses encarcelados en la de Daroca también han solicitado su traslado a Zuera. Aunque con una capacidad inicial de 1.008 internos, no cubierta de momento, su número podría duplicarse en el supuesto de ocupar todas las literas instaladas; aunque, en palabras del Director General, no está contemplado que albergue a más de 1.500. En cualquier caso, ya sea 1.008 o 1.500, se trata de un número que excede en mucho el de los aragoneses encarcelados; por lo que todo indica que Zuera será el destino de numerosos internos magrebíes desarraigados o el de presos y penados conflictivos procedentes de las saturadas prisiones andaluzas y levantinas. Los servicios necesarios han sido cubiertos con los funcionarios que trabajaban en ambos centros, estando previsto que, dentro de unos pocos meses, se incorporen unas decenas más, como consecuencia del concurso de traslados del año 2001 convocado por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

Las antiguas prisiones de Torrero y Huesca permanecen, provisionalmente, como Centros de Inserción Social (C.I.S., en lo sucesivo) que atienden a los internos que disfrutan del régimen del tercer grado o de la libertad condicional, en tanto se habiliten los C.I.S. definitivos.

                El criterio determinante del alejamiento de las macroprisiones españolas de las ciudades es puramente especulativo, ya lo hemos afirmado. Ciertamente, el sistema tiene algunas ventajas: la seguridad particularmente, así como tratarse de un modelo muy estudiado y aplicado en múltiples casos, lo que permite una rápida implantación y una mejora técnica constante. Por ello se ha pretendido exportar este modelo a otras latitudes, especialmente América Latina, por lo que toda visita de directivos penitenciarios españoles a otros países tiene ese objetivo concreto: “vender” el centro – tipo y exportar tecnología y organización penitenciarias.

                La apertura ha encontrado las dificultades previstas: traslado masivo de los internos en un par de días, algunas deficiencias técnicas en los sistemas electrónicos, cierta división inicial entre las plantillas procedentes de los centros de Zaragoza y Huesca, primeras movilizaciones de asociaciones críticas con el actual sistema penal - penitenciario…

 

Antonio Asunción y los centros tipo.

                Antonio Asunción, a quien se echa de menos en prisiones no tanto por sus malas maneras, como por su gran capacidad de trabajo, fue el artífice de ese complejo programa que ha dado lugar a la actual realidad material de la mayoría de las prisiones españolas. Con el apoyo del gobierno socialista, lo llevó adelante en contra de todos los colectivos implicados (sindicatos de funcionarios, colegios profesionales, etc.), con los que no contó en ningún momento.

                En la valoración general del “estilo” y “ambiente” de los nuevos centros, se produce una curiosa coincidencia entre los veteranos, ya sean internos o funcionarios: las antiguas “provinciales” eran más humanas, sufriendo, todos ellos, una cierta despersonalización en el desarrollo de las relaciones humanas y profesionales, una vez ubicados en las “macros”.

Con la red de nuevos centros se despeja, por muchos años, el problema de la endémica falta de plazas penitenciarias. No en vano, por mucho que aumente la población interna (y así está sucediendo), estos centros tienen la capacidad de absorberla, con el simple método de ocupar la litera con que cada celda, pensada en principio para una persona, suele estar amueblada.

                Con una inversión de 9.000 millones de pesetas, Zuera reúne las mismas condiciones físicas y arquitectónicas que el resto de los centros tipo: capacidad para 1.008 internos, muro de 6 metros de altura, cinturón de seguridad de 20 metros, complejos sistemas electrónicos de vigilancia y control centralizados desde una llamativa super torre, 14 módulos de 72 celdas cada uno, un módulo con 36 celdas de aislamiento, una enfermería con 64 camas, zonas infantiles en el módulo de mujeres para niños menores de 3 años, talles formativos y ocupacionales, zonas deportivas comunes (gimnasio, pabellón deportivo, dos pistas de squash, campo de fútbol al aire libre, ocho pistas de minifrontón y una piscina), nueve aulas de enseñanza, aula de música, otra de fotografía, una de medios audiovisuales, biblioteca, etc.

 

El Partido Popular y la política penitenciaria.

                Desarrollar este plan fue una decisión personal avalada por el gobierno socialista de turno. Decisión que encontró aplicados seguidores entre los miembros del actual equipo gestor de la Dirección General, encabezado por Angel Yuste, nombrados por un Partido Popular que en este asunto, como en tantos otros, no ha sido capaz de desarrollar una política propia: total continuidad. Otra clave parece explicar la acción penitenciaria “popular”: lo importante es no salir en “las noticias”…

                No importa que sean miles de kilómetros los que tengan que recorrer los funcionarios cada año, lo que les ha llevado a concentrar las jornadas laborales en turnos complejos y de dudosa legalidad (¿no tienen algo que decir los responsables de salud laboral?), al objeto de suprimir trayectos. Ello lleva a “atracones” laborales y las posteriores “desconexiones” de los trabajadores con la realidad cotidiana del centro, lo que dudosamente incide en una mejor calidad del servicio.

Otro de los colectivos afectados directamente es el de los abogados, que encuentran una mayor dificultad física en la comunicación con sus defendidos. Antes les bastaba con recurrir a un autobús urbano, cuando no se trasladaban a pie. Ahora, caso de Zuera, los letrados deben realizar 88 kilómetros (ida y vuelta desde Zaragoza), y de trasladarse desde Calatayud o Borja, por poner otros ejemplos, ya son 300. Pero quiénes más sufren, con esta problemática, son los familiares que quieren mantener las comunicaciones orales de fin de semana y las especiales (conocidas como vis – vis) con sus seres queridos encarcelados.

                Los riesgos de la carretera, la despersonalización propia de las grandes estructuras; nada de ello importó al Sr. Asunción ni a los gestores posteriores. No se consultó a ningún colectivo, no se estudió una programación alternativa. “Ordeno y mando”. Y punto. Ya se sabe: “estamos en una democracia, pero no en una democracia asamblearia”…

                Las líneas maestras de la política penal y penitenciaria del futuro ya están determinadas por la actual realidad física de estos centros. Son muchos años, los que esperan a los funcionarios, cargados de kilómetros y padecimientos. Hasta poder optar a la llamada “segunda actividad” (que permite a algunos colectivos del sector trabajar en áreas de oficinas fuera del contacto con los internos y sin los concentrados horarios actuales), o prestar servicio en organismos no pertenecientes a la propia Dirección General (la famosa cláusula “X 11” ha impedido, hasta la actualidad, que los penitenciarios pudieran trabajar fuera de la misma), pocas expectativas profesionales esperan al grueso de los funcionarios de prisiones españoles.

                Ya lo hemos señalado en algún otro artículo. Cuando un joven funcionario penitenciario inicia con ilusión, y previa formación orientada idílicamente al tratamiento, su profesión, le esperan muchos años de vigilancia, viajes, horarios atípicos, falta de contacto con sus directivos, mínima promoción, ninguna consideración social. Ante ello, esas pequeñas puertas, que antes mencionábamos, deben abrirse, para que algunas expectativas reales de cambio y mejora se alojen en la esperanza de miles de funcionarios desmotivados.

 

La esperanza de los Centros de Inserción Social.

                El sistema ya está casi cerrado, podemos concluir, lo que es determinante, en primer lugar, en el presente y futuro de los internos. No es previsible, en varias décadas, un cambio en la tendencia general del mismo. La única posibilidad de innovación en el sistema penitenciario español radica en potenciar con contenidos diferenciadores netos la clasificación interior con vistas al acceso (trabajo real, apoyo efectivo, programas individuales) a un régimen de tercer grado con garantías. Para ello, la actual red de C.I.S., radicada en su mayor parte en viejas prisiones destinadas a su desaparición, deberá extenderse y dotarse. Sin embargo, parece que son pocas las previsiones presupuestarias y programáticas que, al parecer existen, sin olvidar naturalmente alguna llamativa novedad, que se empieza a implantar, como es el caso de las “pulseras” para control a distancia de algunos colectivos de internos en tercer grado. Esta es una asignatura pendiente que, además, podría abrir expectativas profesionales a los funcionarios interesados en un estilo distinto de trabajo, más centrado en el tratamiento, en un medio ciudadano relativamente normalizado y con ausencia de controles rígidos.

                Se trata de uno de los pocos campos, el del desarrollo definitivo de los C.I.S., en el que el Partido Popular podría marcar una línea propia que le diera una autonomía respecto a la política socialista; una política que se ha verificado como un sólido conjunto de directrices maestras que han predeterminado el presente y futuro sistema penitenciario y del que los “populares” no han logrado despegarse.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 53, enero de 2002.

Traffic: familia y sociedad, diques frente a la droga.

     Una película taquillera, nominada a cinco Oscars, plantea la realidad de uno de los mayores problemas de las sociedades modernas: el tráfico y consumo de drogas en sus múltiples implicaciones.

 

Introducción.

            Traffic está dirigida por Steven Soderbergh, creador de “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”. Se trata de una película de duración superior a lo habitual, pero que “engancha” de inicio a fin en torno a una trama centrada en los diferentes niveles de implicación y consecuencias de la realidad multiforme del narcotráfico y la dependencia a las drogas, en particular a las variantes de la cocaína.

            El guión es complejo y no se limita a ser simple excusa para un espectáculo visual centrado en la acción. Al contrario, la película destila un mensaje claro de beligerancia ante la complejidad del mundo del narcotráfico, con una exposición realista de la problemática social y humana derivada del consumo de drogas.

Su discurso no es el clásico de “buenos” y “malos”, y su realismo no le impide emitir un juicio durísimo sobre la responsabilidad de los actores que han facilitado la consolidación de esta lacra mundial.

 

El argumento de la película.

            La película se estructura en torno a tres líneas argumentales principales.

            El futuro juez antidroga de EE.UU., Wakefield (Michael Duglas), se va introduciendo, poco a poco, en el papel “oficial” de su nuevo cargo y, de forma paralela, en el problema real de la droga, espoleado por su situación familiar; no en vano su hija adolescente Carolina (Erika Christensen), brillante estudiante de colegio de élite, es una drogadicta. Su esposa (Amy Irving), antigua hippy de los años 60, la protege, pues no se siente con fuerza moral para impedirle que “pruebe y experimente, tal como hicimos todos en aquellos años”. El protagonista no lo soporta, pero en la relación con su esposa se evidencia una falta absoluta de comunicación, causada en parte por haber vivido sobre todo para su promoción profesional, y de espaldas a la realidad de su familia. La mentalidad “sesentayochista” queda, por completo, en entredicho, dadas las consecuencias no imaginadas que se derivan de la misma, lo que les lleva a una inicial paralización ante el problema de su hija.

            En Méjico, por otra parte, los policías Javier Rodríguez (Benicio del Toro) y Manolo Sánchez entran al servicio de un General que pretende eliminar al cartel de Tijuana, uno de los dos más poderosos de Méjico en el tráfico de drogas con EE.UU.

            Por último, Helena (Catherine Zeta Jones) descubre que su marido Carlos (Steven Bauer) es un importante narcotraficante, y su sueño de bienestar, de modelo perfecto de familia “rica” con pretensiones filantrópicas, se desvanece. Su reacción será contundente y sorprendente. Dos agentes de la DEA (encarnados por Don Cheadle y Luis Guzmán) se encargarán de vigilarla, constituyendo dos referencias morales a lo largo de la película.

Sus historias se van, poco a poco, entrelazando.

La personalidad y actuación de Benicio del Toro, Michael Douglas y Erika Christensen se adueñan de la película, acompañados por rápidas imágenes y un guión ágil. La banda musical y la fotografía facilitan el dinamismo y la cohesión del producto.

Las diferentes tramas se tiñen de diferentes gamas de colores. Así la ciudad de San Diego, donde vive Helena, es retratada con colores neutros. En las escenas de Méjico son los colores sepia y arenados los que marcan la fotografía. Por último, son los azules fríos los que retratan los ambientes oficiales y de oficinas. En algunos momentos de la película, parece que tales gamas confluyen.

El papel de algunos personajes secundarios también es muy importante. Es el caso del “novio” de Carolina, a la que inicia y sostiene en el consumo. Con un discurso “progresista” denuncia la hipocresía del sistema y el impulso mercantilista de los traficantes: si no hubiera demanda, no existiría oferta. Miles de blancos ricos se desplazan diariamente a los suburbios habitados por negros que encuentran un método fácil de ganarse la vida, explica al alucinado padre de su amiga.

Otros secundarios son los protagonizados por los actores Miguel Ferrer, Dennis Quaid, Albert Finney y Salma Hayek.

            En otros momentos se denuncia la porosidad de las fronteras, el alcance mundial del tráfico y sus redes de distribución e intereses, el empleo poco racional de los medios para luchar contra la droga, los recelos de la cooperación internacional en estos temas y su poca efectividad, el mínimo espacio dedicado a la prevención de las drogas, la pobreza de Méjico, la hipocresía social, etc.

 

Algunas reflexiones. 

Es una película realista, nada “mojigata”, que pone sobre la mesa las dimensiones reales del problema.

            Sólo la familia que asume su función pedagógica y socializadora, a partir de unos valores, es capaz de resistir la ofensiva del narcotráfico, parece concluir el film. Y la sociedad puede organizarse para resistir y recuperar a su gente. Aquí se ejemplifica con el grupo de “alcohólicos anónimos” al que acude inicialmente la adolescente y, finalmente, también sus padres.

            Y el policía mejicano asiste en las escenas finales, simbólicamente, a un partido de baseball protagonizado por adolescentes: la posibilidad de una vida personal y social sana fuera del alcance de las mafias.

            Pero no es un discurso “reaccionario” o simplista. Efectivamente, puede parecer que esa invocación al papel fundamental de la familia suene a “música conocida”, sobre todo para los herederos espirituales del “sesentayocho” (el poder cultural y la mentalidad dominante); pero es la única conclusión y alternativa realista. Frente al cinismo de traficantes y consumidores “conscientes” que justifican su comportamiento, recubierto de un lenguaje pseudoprogresista, sólo existe una posibilidad de resistencia y edificación humana: vivir los valores de la familia y la solidaridad social.

            Pero, para la España de hoy día, el mensaje se queda corto. Se empieza a superar la oleada de las generaciones que cayeron en el consumo de la heroína. El reto que se nos presenta en el futuro, y hoy día, es el del consumo extendidísimo de las “drogas de diseño” y la cocaína entre las jóvenes generaciones y en muchos ámbitos profesionales. Y ello más cuando son desconocidos los efectos de esas sustancias a largo plazo en la mente de quiénes las consumen, no precisándose además de grandes estructuras para su elaboración y distribución; lo que dificulta su persecución. En definitiva, una película para disfrutar, pensar y actuar en consecuencia: una invocación a la responsabilidad de la sociedad y de los poderes públicos.


 

 


Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 43, marzo 2001


La bendición de Kim Basinger.

La nueva película protagonizada por Kim Basinger aborda, otra vez más, el fenómeno del satanismo. No es una buena película, pero contiene algunos elementos de cierto interés.

 

La última película protagonizada por Kim Basinger.

En su nueva actuación cinematográfica, Kim Basinger encarna a la enfermera Maggie, una mujer separada que lleva una vida tranquila. Su monotonía se rompe cuando reaparece su hermana menor, Jenna, tras varios años de absoluta incomunicación. Toxicómana, esa misma noche le entrega su hija, nacida unos pocos días antes, para que la cuide, lo que hará durante varios años.

La niña, Cody, sufre una especie de autismo, pero las relaciones con su tía son magníficas. Es atendida en una escuela infantil especializada,  dirigida por unas religiosas católicas. Varios años después, Jenna reaparece de la mano de su marido, el dirigente de “nueva comunidad”, ONG que rehabilita toxicómanos y organiza cursos de crecimiento personal para adultos, ¿les suena? “Tu único Dios eres tú mismo”, es uno de sus lemas. Sin embargo, esa organización, que huele a “new age” por todos sus poros, es la pantalla de un peligroso grupo de satanistas.

            Cody tiene poderes. Podría ser una santa, o una maga. Y los satanistas quieren adueñarse de ella para modelarla en sus creencias y hacerla una de los suyos. Su tía, Maggie, “de familia católica, pero no creo en esas cosas”, tomará conciencia de lo excepcional del caso abruptamente. Conocerá a un policía (Jimmy Smits) antiguo seminarista (”hay otras formas de luchar contra él”, confesará a otro policía), especializado en satanismo y que investiga el asesinato de varios niños que tienen una característica común: haber nacido el mismo día que Cody. Los satanistas, descubriremos, los sometieron a pruebas para investigar si se trataban de “el elegido”, y al comprobar que no tenían poderes especiales, los asesinaron.

            Esa es la trama central. Poco original, al menos hasta aquí.

 

Otros aspectos de la película.

            De 107 minutos de duración, está dirigida por Chuck Russell, un cineasta especializado en el género fantástico (Pesadilla en Elm Street 3, La máscara, Eraser).

            La influencia de El exorcista y La profecía en este film es evidente. Pero su resultado final, globalmente, queda muy por debajo de ambas.

            Aburrida en muchos momentos, absolutamente predecible, escasos efectos especiales, su principal activo es, sin duda la siempre interesante –ya avanzando en su madurez física-  Kim Basinger, pero pese a su esfuerzo, no logra imprimir un buen ritmo a la película.

Una actuación secundaria de interés es la protagonizada por la actriz Cristina Ricci, en el papel de una adolescente escapada de “nueva comunidad” que previene a Maggie de los peligros que le acechan.

            En la compleja situación en la que se encuentra, le llegará la ayuda de una de las religiosas de la guardería, consciente de la excepcionalidad de la niña, que tiene una indudable sensibilidad y unas extraordinarias cualidades morales para su corta edad.

            Un sacerdote minusválido, especializado en satanismo y suspendido por el Vaticano (¿acaso por creer en la existencia real de Satanás?), ayudará a nuestra atribulada enfermera, explicándole el alcance de la situación y facilitándole un plan de rescate.

            Pero otros personajes anónimos intervendrán providencialmente en momentos de extremo peligro: auténticos ángeles con rostro humano, parece deducirse, y en aparición casi mística en su intervención final.

 

Algunas reflexiones.

            Ya hemos visto que no se trata de una buena película. Decepciona que Kim Basinger se haya embarcado en un proyecto muy inferior a las cualidades que ha demostrado tener. Pero no por ello vamos a reconocer esos elementos de interés que mencionábamos al inicio.

            En primer lugar, existe, según el argumento, un espacio para lo extraordinario y lo sobrenatural en la vida. Pero al ubicarlo en unas circunstancias absolutamente inusuales, da a entender que el cristianismo apenas tiene que ver con la vida cotidiana. Sin embargo, para los católicos, la vida cotidiana, el trabajo común, la vida en familia y en sociedad, es oportunidad de encuentro personal con Cristo y su Iglesia. En la película se reserva un papel a la Iglesia católica, pero sólo como último refugio, defensa de causas desesperadas y de atención a los más débiles. Encontramos, pues, una proyección de la mayoritaria mentalidad dualista, para la que la religión sólo tiene espacio en el fuero interno o en reducidos ámbitos domésticos o caritativos. Justo lo contrario de lo que es el catolicismo.

            Se aborda, por otra parte, el problema de las sectas en la actualidad, muchas veces camufladas en inofensivas organizaciones que destilan discurso new age hasta la náusea. Y, hoy día, cuestionar la bondad de este tipo de organizaciones es “políticamente incorrecto”; no en vano la nueva espiritualidad ha de ser libre, abierta, ecléctica y plural, y cualquiera puede intuir o liderar un nuevo grupo. Vemos, pues, que la aproximación a esa realidad de la eclosión de todo tipo de sectas y organizaciones pseudo religiosas es muy crítica.

            De ahí, el interés de la película.

 

 


 Anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 42, febrero de 2001.

El hombre que hacía milagros: una película ¿infantil?

Ya se encuentra a la venta la versión en vídeo de una magnífica película, en principio dirigida al público infantil, sobre la vida de Jesús. Su calidad, técnica y argumental, merece la máxima atención y difusión.

 

Una nueva biografía cinematográfica de Jesús.

            En Estados Unidos ya se estrenó en la Semana Santa de 2000. Llegó a las pantallas españolas en agosto de 2000 y, salvo excepciones, permaneció muy poco tiempo en las mismas.

            Fue acogida de forma muy positiva en la Santa Sede.

            Hablamos de la película “El hombre que hacía milagros”, dedicada a la vida de Jesús, su última biografía cinematográfica, llevada adelante con muñecos de látex animados por el sistema Stop Motion. Esta técnica se combina con la de unos magníficos dibujos animados, que recogen parábolas y otros episodios evangélicos, proporcionando una gran agilidad y un buen ritmo. Su resultado es magnífico y sus contenidos dignos de elogio.

            Producida por Icon Productions, del actor Mel Gibson, se trata de una película que sobresale, por múltiples factores, en el panorama cinematográfico actual.

 

Aspectos fundamentales de la película.

            Habalmos de una película que podemos calificar, sin miedo, como cristiana. Y eso ya es una novedad por sí misma.

El argumento parte de la enfermedad, muerte y el milagro de la resurrección de la hija de Jairo; siendo los personajes que participan en este episodio testigos de buena parte de los sucesos acaecidos en el resto de la película. Fiel a los relatos evangélicos, constituye una magnífica exposición de los aspectos fundamentales de la vida pública de Jesús.

            Es una maravilla técnica, precisa y magníficamente elaborada en torno a un guión estudiado y que constituye una magnífica catequesis católica.

            Se trata de una película realista, pese a la técnica empleada. Los personajes centrales (Jesús, Jairo y su hija, Pedro, Judas, Tomás, Pilatos, etc.) son tremendamente naturales, estando muy bien perfilados sus caracteres. Personalmente, nos ha gustado la parte de la película en que, de una forma muy natural y realista, Jesús se aparece a sus amigos una vez ha resucitado.

 

Algunas reflexiones.

            En la actualidad, la industria del cine vive, en general, de espaldas al cristianismo. Por ello, esta película es una excepción que debe tenerse en cuenta.

            Si, en esta ocasión, hemos traído a las páginas, generalmente muy “serias” de esta publicación digital, una película de características técnicas más orientadas al público infantil, está motivado por esta excepcionalidad.

            Por todo ello, consideramos que no debemos limitarnos a una simple contemplación de la película. Merece la pena apoyarla mediante su adquisición, regalándola y proponiendo su proyección en parroquias, colegios y comunidades.


Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 42, febrero 2001.

The Body: Antonio Banderas y el “supermercado espiritual”.

            Una nueva película protagonizada por Antonio Banderas, de cierto interés, cuestiona con una intencionalidad nada inocente a la Iglesia católica, apuntando de forma directa a su núcleo. Y todo ello conforme los esquemas predominantes en el pensamiento mayoritario.


Introducción.
            Varias son las películas actuales cuya figura central es un sacerdote católico: Ed Harris en El tercer milagro, Gabriel Byrne en Stigmata y, por último, Antonio Banderas en The Body. Todas ellas dentro de una tendencia a la realización de producciones cinematográficas de contenido esotérico, trama espiritualista, temática “new age”, etc.
            Pero esta película va mucho mas allá de la simple crisis personal y de fe de un sacerdote católico (¿porqué no se lleva al cine la crisis de un pastor evangélico o un mullah musulmán?), apuntando al núcleo central del acontecimiento cristiano (la existencia real de Jesucristo y Su efectiva resurrección), además de cuestionar el papel real de la Jerarquía y de la misma Iglesia católica.

 

El argumento de la película.
Basada en una novela de Richard Ben Sapir, The Body está dirigida por Jonas Mc Cord, siendo rodada en Jerusalén y Roma; destacando en ello su director de fotografía Vilmos Zsigmond (de Encuentros en la Tercera Fase).
El jesuita Matt Gutiérrez (Antonio Banderas), antiguo agente doble del servicio secreto de El Salvador, y cuya vocación se suscita por un sacerdote de la “Teología de la Liberación”, es enviado por el Vaticano a Jerusalén con la misión de seguir de cerca los descubrimientos de una arqueóloga judía (a la que da vida una magnífica Olivia Williams), Sharon, quien ha encontrado el esqueleto de un crucificado. Y, eso es lo inquietante: esos huesos podrían corresponder al propio Jesús, a juicio, incluso, de un dominico especialista en la materia.
            Poco a poco, las diversas pruebas científicas parecen confirmar, de forma casi inevitable, esa preocupante conclusión, que podría tener un impacto brutal en el cristianismo de ser positivas, en particular en la Iglesia católica.
            Este increíble hallazgo se convierte en moneda de cambio del Servicio Secreto judío, que propone al Vaticano la entrega material del descubrimiento arqueológico para que silencie (siendo esa su segura intención) tan preocupante hecho. Y esto a cambio de que el Vaticano reconozca a Jerusalén como capital indivisible del Estado judío.
            Una fracción radical palestina intentará desarrollar el mismo juego. Acción, violencia, dudas de fe, un amor imposible entre el sacerdote y la atractiva arqueóloga israelí; todo ello se mezcla en una trama, algo lenta en algunos momentos (la película tiene una duración de dos horas), que nos proporcionará muchos sustos para, finalmente, desmentir que se trate del cuerpo de Jesús. Se trataría, la explosión final así lo desvela, del esqueleto perteneciente a un joven llamado David, hijo de uno de los primeros cristianos, cuyas coincidencias, físicas y en la muerte en la cruz, con Jesús, son extraordinarias.
            Finalmente, el sacerdote “colgará los hábitos”, redimido en parte por el amor de la joven viuda judía, prosiguiendo, se da a entender al final, la búsqueda de la fe en Jesús, pero libre –tampoco queda claro hasta donde- de las ataduras de la Iglesia.

 

El mensaje oculto.
            La película, audaz en su planteamiento, no cuestiona, aparentemente la historicidad de Jesús, si bien se permite cuestionar por completo a la Sábana Santa de Turín en una escena. Tampoco afirma de forma explícita que sea imposible que haya resucitado.
Pero su planteamiento de fondo es más sibilino, no en vano, en palabras de uno de los protagonistas “la fe no se basa en un sistema racional de pruebas”. Además, tanto para el extremista palestino, como para el propio sacerdote, “Dios no entra en la política”. Por otra parte, lo importante, en boca del jefe del Servicio Secreto israelí, es “una ilusión colectiva de millones de personas que es lo único que tienen en la vida” y, según otro, “Jesús es el iniciador de un movimiento de amor que atraviesa la historia”. Incluso las razones en que basa su fe el sacerdote protagonista son básicamente sentimentales y poco maduras. Con todo ello, y en última instancia, la realidad de la existencia y resurrección de Cristo no parece relevante; parece concluirse de todo ello.
Los guionistas olvidan que para los cristianos “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.
            El joven sacerdote será consciente –en la película- de la manipulación a la que se ha visto sometido por la jerarquía vaticana, más interesada en la simple continuidad de la Iglesia, que en la misma verdad. Y esa es la acusación que mayor fuerza alcanza en la película.
            No se niega, aparentemente, al cristianismo, pero la conclusión inevitable de la película es que, para que la verdad te libere, hay que liberarse de la propia Iglesia católica, siendo el propio y personal juicio el que decida cómo era y cómo es este Jesús al que se pretende imitar. Y ese planteamiento llevado a sus últimas consecuencias puede derivar en que la propia historicidad de la persona de Jesucristo no es, en última instancia, fundamental, para la continuidad del cristianismo. Un puro ejercicio de voluntarismo, acorde con las tendencias actuales del “supermercado espiritual” propuesto desde el poder dominante, una de cuyas expresiones más llamativas es la llamada “nueva espiritualidad” y los movimientos de la “nueva era”.
            Por todo ello, vemos que el argumento de la película está bien elaborado, pero con una intencionalidad muy concreta: cuestionar a la Iglesia católica en su núcleo fundamental, reduciéndola a una “multinacional” del amor, las buenas intenciones y de la ilusión colectiva. Así, la Iglesia quedaría homologada en el actual supermercado espiritual universal, en el que todo es equivalente y relativo, bien ilustrado por músicas étnicas de moda, terapias y técnicas de superación personal, yoga sexual, etc.

 

Conclusiones.
Sin embargo, creemos que todo este planteamiento es poco humano y escasamente racional.
            El sacerdote abandona, vemos al final del film, la certeza de una Tradición dos veces milenaria, una casa que le ha dado sentido y que le facilitado el encuentro personal con Jesús a través del sacerdote que, por vías insospechadas,  proporcionó rostro a ese acontecimiento. Y todo ello lo aparta al iniciar una búsqueda imprecisa basada en las propias fuerzas y en algo tan etéreo y frágil como el recuerdo de una fugaz pasión amorosa, que no concreta en sus límites las secuencias finales. Tampoco este último aspecto es lógico. Si la verdad y el amor te “libera”, habrá que seguir a esa verdad y ese amor. No se entiende, por ello, que su relación con Sharon quede en un “allí donde yo vaya te llevaré en mi corazón”. Un final tan etéreo, abstracto y superficial como el papel que esta película pretende conceder a la Iglesia.
            No es humana la alternativa propuesta vagamente en la película, una propuesta que predomina en la mentalidad actual, impulsada desde el poder y el pensamiento dominante. Esa propuesta “espiritual”, relativista y etérea, deja sólo al hombre frente al Misterio, incapaz por lo tanto de concretar en rostros reconocibles y carnales, en certezas palpables, la suprema promesa, hecha realidad en una concreta compañía humana, de Jesucristo,  encarnado y reconocible en la comunidad de sus amigos: la Iglesia. Fuera de esa compañía humana, fuera de la Iglesia, Jesucristo se convierte en una ilusión, en un proyecto. Y ello no satisface, realmente, las exigencias de verdad que alberga el corazón de todo hombre.

 


 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 41, enero de 2001