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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Sociedad, cultura, educación y cine

Un nuevo espacio de opinión en Internet: lanoticiadigital.com

         Una nueva página quincenal de opinión, lanoticiadigital.com, se incorpora en España al movimiento de medios de comunicación alternativos a los ya “clásicos”.

 

         En el contexto de una rápida y constante sucesión de novedades –tanto tecnológicas como documentales- en Internet, caracterizado además por una significativa creatividad en expansión, tenemos que referirnos a la aparición de una nueva página digital quincenal de opinión que no nos ha pasado desapercibida. Es el caso de lanoticiadigital.com, una web española, no comercial, impulsada por un grupo de comunicadores, de diversa procedencia geográfica y distintas ocupaciones profesionales.

 

Esta nueva publicación cuenta con un grupo fijo de redactores, entre los que también encontramos a amigos –incluso colaboradores- de nuestra publicación digital: Rafael Ibáñez Hernández, Eduardo García Serrano, Juan Francisco Rebollo García, Gustavo Morales, Manuel Parra Celaya, Antonio Brea, Ismael Medina, Miguel Ángel Loma, José Manuel Cansino, Emilio Álvarez Frías, y otros.

 

Esta revista digital se estructura en torno a una serie de artículos de opinión, con vocación de juicio político y cultural, ofreciendo otras secciones: propuestas de libros, utilidades, entrevistas, cartas al director, consejos del Doctor, etc. Además, reproducen diversos textos de interés procedentes de publicaciones tan dispares como el diario La Razón, la gaceta El risco de la Nava, y nuestra revista digital Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica. De esta forma, hemos encontrado agudos análisis de Aquilino Duque, Dalmacio Negro, Rafael Borrás y otros autores de primera fila.

 

Y, como claro indicio de su consolidación, debemos señalar que, en su número 7, destaca la incorporación de un texto del historiador Pío Moa. Un buen síntoma de la seriedad del proyecto.

 

Como línea editorial, hemos destilado un puñado de ideas esenciales, con las que los redactores de Arbil podemos identificarnos: una percepción positiva de la historia española, un interés por los acontecimientos políticos relevantes en el mundo actual, una viva preocupación ante las injusticias sociales, la defensa de la vida en sus nuevas fronteras, el intento de comprensión de la realidad cultural y su impacto en conciencias y cambio social, y una indudable simpatía por el mensaje trascendente y la labor humanizadora de la Iglesia católica en España y en todo el mundo. Un buen puñado de motivaciones que, inevitablemente, desembocan, en ocasiones, en puntos de vista “políticamente incorrectos”; pero siempre necesarios.

 

         Presentes en la red desde mediados de julio, ya con 7 números de ejemplar puntualidad, han informado que, ante el aumento de las visitas y la consolidación de su grupo de redactores, pretenden transformarlo en un medio de periodicidad semanal; una pretensión que, implicando un significativo esfuerzo, deseamos se haga realidad.

 

         No es fácil la tarea que les espera. Existe mucha competencia en el sector. Algunas otras publicaciones siguen una línea en buena medida coincidente. Los usuarios de Internet, por otra parte, están bombardeados por un creciente volumen de informaciones de todo tipo. Y el mantenimiento de un proyecto de comunicación de este tipo, aparentemente modesto, requiere tesón, entusiasmo y trabajo; hay que ganar lectores, hacerse un espacio propio, suscitar nuevas vocaciones para la comunicación y la opinión. En definitiva: movilizar conciencias, con distintos niveles de compromiso, en sintonía con los valores propiciados desde la nueva revista. De esta forma, un proyecto de comunicación sustentado en firmes valores, se constituye en un nuevo espacio de pensamiento y libertad en Internet.

 

         Por todo ello, bienvenido en la red este aire fresco. Bienvenida lanoticiadigital.com.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 74, octubre de 2003.

 

Un católico sobre los acantilados de mármol.

El longevo escritor alemán Ernst Jünger murió católico. Su larga y extraordinaria vida, así, coronó polémicamente. Esa conversión, ¿fue algo súbito, comprensible ante el temor a una muerte inmediata, o existía alguna experiencia previa que pudiera explicarla?

 

La figura de Ernst Jünger.
            El alemán Ernst Jünger ha sido uno de los escritores más importantes del siglo XX. Nacido en 1895 en Heidelberg, su larga vida recorre el tiempo que le tocó vivir bajo una mirada, crítica y escrutadora, que traslada a sus novelas y ensayos.
            Todavía en 1995 conservada una extraordinaria lucidez, acreditándolo en su visita a España al ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Alcalá. Falleció a la edad de 103 años, en 1988, en la ciudad de Wilflingen.
            A su condición de escritor, debe añadirse la de botánico y entomólogo; brillante y concienzudo en todo caso.
            Algunos de sus escritos han pasado a la historia del siglo XX, sin lugar a dudas: Tempestades de acero, Sobre los acantilados de mármol, Heliópolis, El libro del reloj de arena, Abejas de cristal, El trabajador, La emboscadura, Eumeswil
            Para personas de talante e ideología muy diversa, Jünger era una figura paradigmática. A lo largo de su vida fue un nacionalista alemán, un elitista en todo caso, un individualista, un “anarca”… un hombre libre, en cualquier caso.
            Coqueteó con la extrema derecha alemana en los años posteriores de la primera guerra mundial. Admirado inicialmente por lo nazis, postergado posteriormente por los mismos, siempre mantuvo su independencia de pensamiento y su libertad. Ya en sus últimos años de vida, su obra fue redescubierta, en buena medida, disfrutando del reconocimiento, por parte de un amplio público, a la misma.
            Con motivo de su muerte, días después, saltó otro noticia encadenada: Júnger había muerto católico. Y aquello provocó comentarios de todo tipo: se habría rendido al final de su vida, algún desalmado se habría aprovechado…
            Sin duda, no era una noticia fácil de asimilar por un libertario, un liberal individualista, un elitista esteta o un neofascista ilustrado; cualquiera de ellos, posible lector fiel de la obra de Júnger.
            La pregunta que esos lectores seguidores -de una u otra faceta del escritor- se hicieron, es legítimo que nos la planteemos también nosotros ahora. Jünger, el irreductible, ¿se había rendido al final de sus días a la Iglesia para que ésta le garantizara, acaso, la trascendencia ante una segura muerte?
            Seguramente, los testigos de sus últimos años de vida podrán explicar bastante al respecto. Nosotros, sin embargo, vamos a realizar un ejercicio distinto. Algo tan sencillo como buscar alguna pista en sus escritos que puedan explicar esa “rendición”, que dirían sus burlones detractores, o el incipiente reconocimiento de un acontecimiento que pudiera tener importantes consecuencias en su vida llegado el momento, dirían otros.
            De esta forma, nos hemos acercado a una de sus novelas más conocidas, Sobre los acantilados de mármol (1939), en la que encontramos ideas sugerentes e imágenes atractivas que nos encaminan hacia un cierto impacto del catolicismo –o de algún católico concreto- en la vida del autor.

 

 

Sobre los acantilados de mármol.
            En la novela, su protagonista vive, junto a su hermano Othón, en una ermita excavada en los acantilados de mármol. Desde allí se domina visualmente Marina, un territorio rico, de una naturaleza agradecida, dotado de monumentos artísticos, de saber y de ciencia. Pero, desde Mauretania, el Gran Guardabosque (Hitler, ¿acaso?), un dictador implacable, persigue acabar con esa plácida existencia y extender un reinado de violencia y desorden. Lo que constituía una denuncia soterrada del régimen nazi, se convirtió en un inicial éxito, que tardaron años en descubrir en su significado real, lo que le ocasionó ser postergado en plena guerra mundial.
            El protagonista de la novela con su estilo de vida, sin duda, encarnaba muchas de las virtudes humanas y colectivas admiradas por el autor. Pero encontramos a otro personaje, al que dedica casi todo el capítulo XIV, que también es objeto de mucho espacio e indudable admiración: Lampros, un monje católico. Curiosamente no realiza una descripción física amable del mismo, mientras que con otros personajes, con los que también simpatiza, sí lo hace. Tal vez, ese encuentro con la Iglesia había producido un primer impacto pero sin todos sus efectos: acaso la semilla no estaba madura para germinar…

 

El padre Lampros.
            Después de narrarnos cómo tuvieron conocimiento de la existencia del padre Lampros, el acceso a su monasterio y otros detalles, nos describe al personaje pintándolo con rasgos sombríos, aunque “no dejaba de tener cierto aspecto de alegría”. Al conocerse, el hermano Othón emitió un comentario dirigido a la imagen de Santa María que presidía el monasterio, mediante un piropo puramente pagano, lo que no escandaliza al monje, agradeciéndolo. Es más “A través de aquél y otros muchos rasgos evitaba la controversia, y su silencio obraba de un modo más poderoso que la palabra. Y lo mismo hacía con las cuestiones que se referían a la ciencia, en la que era considerado como una eminencia, y evitaba tomar parte en las luchas de las distintas escuelas. Su principio era que toda teoría referente a la historia natural era una contribución a la génesis, pues el espíritu del hombre concibe de nuevo la creación en cada una de sus edades, y en que en cada interpretación anida tanta verdad como en la hoja que se marchita poco antes de morir. Por esta razón se llamó a sí mismo Phyllobius, que significa «Hoja entre las hojas», mostrando así una sorprendente mezcla de modestia y orgullo, característicos en él”.
            No le gustaba contradecir a sus interlocutores, lo que era “un signo más de su extrema educación, que en él alcanzaba un gran refinamiento. Y como siempre resultaba él el superior, hacía como si aceptara las palabras de su interlocutor y se las restituyera luego, confirmándolas en un sentido más elevado”. Además “revelaba la cortesía que se cultiva en las mansiones patricias y cuyo uso se convierte a veces en una segunda y más sutil naturaleza. Y también revelaba cierto orgullo, pues el espíritu acostumbrado a dominar posee un juicio firme sobre el que descansan las opiniones.” No en vano portaba un anillo con un escudo cuya leyenda decía “Espero en paz”, en lo que se advertían esas dos características de su carácter: “la modestia y el orgullo”.
            Pero ese respeto al interlocutor también se proyectaba en el trabajo, no únicamente en la conversación, pues “teníamos la impresión de que el Padre Lambros, de una manera natural y sin la menor vanidad de autor, tomaba parte activa en nuestra obra. No solamente poseía un vasto conocimiento acerca de muchos fenómenos, sino que también sabía suscitar estos instantes privilegiados en los que el sentido de nuestro trabajo parecía iluminarse de pronto”.
            De esta forma, con tales cualidades, “el padre Lambros gozaba de gran consideración entre los católicos, muchos de los cuáles iban a él movidos por la esperanza de encontrar consejo y consuelo a sus tribulaciones. Y no solamente era  querido entre los católicos, sino que también era estimado entre aquellos que únicamente creían en los doce dioses y entre aquellos otros que venían del norte, donde, en las grandes salas y en los cercanos bosques sagrados, se veneran los ases de la baraja. Y a todos ellos, cuando se acercaban a él, procuraba el padre consuelo, aunque no de manera sacerdotal. Hermano Othón, que conocía muchas clases de templos y de misterios, decía a menudo que lo más maravilloso de aquel espíritu era el modo con que había podido aliar tal grado de conocimientos con la estricta observancia de la regla”.
            Esa vida en el monasterio, centrado en sus estudios, la oración y la atención a los peregrinos, no era impedimento para que permaneciera informado de los sucesos de su entorno hasta el punto de que “los acontecimientos que se sucedían no tenían ningún secreto para el padre Lampros. Él era quien, sin duda alguna, veía aquel juego con más claridad que nadie, por lo cual nos sorprendió que su existencia monacal no variara lo más mínimo. Más bien parecía que todo su ser se iluminaba de una alegría más pura y más fuerte a medida que el peligro se iba aproximando”.
            Sin embargo, esa reclusión voluntaria tras los muros de su convento, no le impedía ser consciente de los peligros que se cernían sobre sus vecinos y amigos. Es más, ese modo de vida le permitía una objetividad que carecían otros, hasta el punto de que “El padre Lampros, que vivía como en un sueño tras los muros del convento, era seguramente el único que tenía una noción exacta de la realidad”. Siendo, la suya, además, una preocupación altruista, ya que aunque “despreciara la seguridad para sí mismo, el caso es que siempre mostró un gran interés por nosotros”.
           
Unas reflexiones finales.
En otros apartados del libro vuelve a figurar este personaje, central para entender la trama de la novela y el valor arquetípico de los distintos modelos humanos que por la misma desfilan; muriendo en su convento, casi al término de la narración, dócil y plenamente consciente de lo que ocurría, en una escena cargada de simbolismo.
            El padre Lampros, su abadía, sus conocimientos, su temperamento y su estilo de vida, provocaba una viva simpatía en el protagonista de la novela, atribuyéndole –seguramente- aquellas virtudes que causaban admiración y respeto en Jünger: conocimiento, autodominio, orgullo, sencillez, plenitud, fidelidad a una regla…
No podemos pensar que esta figura novelesca fuera elaborada casualmente. El padre Lampros significaba, seguro, mucho. Todo indica que algún encuentro le habría acontecido a Ernst Jünger, marcándole, aunque entre sus efectos no resplandeciera, de forma inmediata, la certeza de una fe que, sin duda, le acompañó, virilmente, al final de su larga vida.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70, junio de 2003.

Revista Mega TOP: consumo, consumo y más consumo para el preadolescente.

      “Mega TOP” es otra revista mensual, del Grupo Zeta, destinada a los preadolescentes. Su lectura desmiente que contenga contenidos, que luego analizaremos, propios de una publicación que forma parte de la ARI, o Asociación de Revistas de la Información. Por contra, son los propios de un catálogo de consumo de ocio dirigidos a este segmento social, junto a unos reportajes que no logran sustraerse de un consumismo que parece alcanzarlo todo.

 

Una revista juvenil del Grupo Zeta.
                Son varias las ocasiones en que nos hemos aproximado, en Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, a la orientación y mentalidad subyacentes en diversas publicaciones destinadas al público infantil y adolescente. Así lo hemos hecho en los artículos “Megatrix: ¿revista o catálogo? para el niño consumidor” (Nº 37, septiembre de 2000), “Cartoon Network: un `magazine´ infantil enfocado al consumo televisivo” (Nº 47 – 48, julio – agosto de 2001) y “Revista `Explora y navega´: por la globalización cultural” (Nº 59 – 60, julio – agosto de 2002).
La revista “Mega TOP”, que está editada por un Grupo Zeta que también cuenta con otras publicaciones dirigidas a niños y adolescentes, será nuestro objeto de estudio en esta ocasión.
Aquí analizaremos el contenido de su número 50, correspondiente al mes de junio de 2003. Impresa a todo color sobre un buen papel, predomina en ella, de forma absoluta y al igual que en revistas análogas, la imagen sobre el texto. Su precio, 3 euros, es bastante ajustado, más al ofrecer como regalo un llamativo reloj digital con ilustración de Bart Simpson; un buen reclamo para indecisos.
En esta publicación encontramos 4 páginas –nada menos- a ella misma dedicadas: portada, presentación de contenidos, boletín de suscripción que de cumplimentarlo proporciona de regalo un CD – Rom, y contenidos del próximo número que anuncia una colchoneta playera de obsequio.

 

Publicidad directa e indirecta.
De sus 84 páginas, un total de 9’5 son publicidad directa de pago (películas de cine estrenadas este verano y de vídeo, juegos electrónicos, ropa deportiva, etc.) destinada al público preadolescente; su conocimiento vendrá a las mil maravillas para unos padres que quieran “estar al loro” con este tipo de productos de consumo.
Pero, además, otra parte sustancial de la revista bien puede calificarse de “publicidad indirecta”. Veámoslo.
Es el caso de las 8’5 páginas dedicadas a varios concursos, siempre premiados con objetos de consumo recreativo: libros de rol, vídeojuegos, DVD...
Para adelantar contenidos de otras tres revistas, del mismo Grupo Zeta, orientadas a potenciales lectores de las mismas, se emplea 1 página.
Las novedades relativas a diversos films, presentados en DVD y vídeo, suman 5 páginas y un tercio de otra.
Se reservan 7 páginas a diversos reportajes centrados en música para jóvenes y adolescente, entre ellas, uno de 2 páginas que habla de músicos comprometidos con el movimiento contrario a la guerra; una de los pocas ocasiones en que se realiza una mención expresa a algún tipo de valores.
El espacio de los diversos comentarios a la programación de televisión, especialmente de canales temáticos de pago, es de 2 páginas y dos tercios de otra.
Otra página se centra en el mundo –imprescindible, parece ser- de las novedades en torno a los teléfonos móviles: complementos, modelos, utilidades…
Al mundo del vídeojuego se aplican 9 páginas en total (4 de forma explícita, 2 a novedades para PC, 2 para consolas y 1 de juegos accesibles por internet).
Y ya hemos visto que de las páginas dedicadas a la promoción de la propia revista, dos están vinculadas a objetos de consumo recreativo.
Por último, mencionaremos a una sección de naturaleza mixta: la dedicada a la reproducción de ilustraciones de los lectores. Así, 2 páginas se dedican a dibujos de temática Pokémon (también premiados con objetos de consumo de esos personajes). Otra página titulada “Espacio libre” corresponde a su denominación: dibujos de cualquier temática, obras de los jóvenes lectores.
Si sumamos todas esas páginas, llegamos a 48, es decir, algo más de un 57 % del espacio de la revista enfocado, de forma explícita, al consumo. Aquí encontramos la primera característica de esta publicación: su destinatario es el preadolescente consumidor y, con él, los padres, que avalan y responden a sus necesidades –reales e inducidas- de consumo recreativo.

 

Otros contenidos.
                Veamos los restantes contenidos de la revista.
Cine es una sección integrada por 10 páginas y un tercio más de otra. Aquí se nos describen, sumariamente, las películas destinadas a este público de cara al verano.
                A la práctica deportiva, fútbol en particular y centrado en algunas de las estrellas más juveniles de la primera división, se reservan 3 páginas.
                En media página se reproduce una carta de orientación pacifista y con los tópicos de los “valores comunes”. Buenos sentimientos… pero “blandos”.
                La sección “Nuestro horóscopo” ocupa dos páginas: New Age básico y primario para un segmento social crédulo e inexperto.
                Los pasatiempos ocupan 4 páginas, con propuestas muy sencillas.
                La sección “Tus mascotas”, enfocada al consumo también en buena medida, se reserva 1 página.
                Libros y cómics: otra escasa página.
                La sección “Siglo XXI”, rincón científico muy básico, ocupa una única página.
                Y, la perla de la revista: “Tus preguntas”, con dos páginas. Aquí una psicóloga, en un espacio mínimo, intenta responder, con todos los tópicos de la mentalidad dominante, a preguntas semejantes a la que sigue, presuntamente elaborada por un lector anónimo de Toledo de 11 años: “mi horóscopo dice que aparecerá en mi vida alguien olvidado, además me gustan dos chicas a la vez y siento asco por el sexo y no sé por qué”.
                De forma transversal existe una temática muy presente, tanto en contenidos, como en publicidad, que giran en torno al estreno de la película “The Matrix Reloaded”. Un reportaje, concursos, DVD, vídeo juegos, etc. Suman un total de 8 páginas y dos tercios de otra. Sin embargo, aunque incluye una breve entrevista a Keanu Reeves, en ningún momento se roza la filosofía del film, centrándose toda ella en el activismo y lucimiento del actor, quien se permite una tímida opinión final: “No quiero juzgar, pero ahora los chicos pasan mucho tiempo frente al ordenador o la videoconsola. Supongo que dedicarse demasiado a una cosa te limita de hacer otras”. Con tan escasa energía, de poco o nada servirá tal reflexión a sus atolondrados destinatarios…

 

Algunas reflexiones sobre su contenido.
Son varias las constantes en los contenidos y demás ingredientes de la revista. Ante todo, ya lo hemos destacado, la misma gira en torno al consumo de productos de ocio y de carácter recreativo, dirigido a ese concreto segmento social de alto poder adquisitivo, para su disfrute de forma individual. No hay referencias a otras maneras alternativas de ocupar el ocio, ya sea en compañía de otros amigos, de padres y educadores, integrados en grupos de ocio y tiempo libre, o liberados de un consumismo apabullante.
Apenas hay referencias a valores humanos o cívicos, salvo un vago humanitarismo centrado en el discurso poco matizado del “no a la guerra”, en la carta de un lector y en el reportaje de los músicos movilizados en contra de la guerra en Irak; y la posibilidad de, siendo joven, alcanzar el éxito (idea presente en el reportaje futbolístico).
El peso del consumismo en la revista es, en definitiva, aplastante. Y con la agravante de que parte de las ofertas de consumo se orientan hacia otras revistas y materiales del propio Grupo Zeta, editor de la misma; lo que parece poco ético, al prevalecer en la revista una orientación a la venta, más que un análisis crítico de esos u otros productos, o la oferta de otras posibles alternativas vitales.
Como sección clave para entender los valores preconizados, o contravalores más bien, ya lo hemos indicado antes, está  la sección del consultorio, centrada en los afectos adolescentes; superficial y tópicamente liquidados. Concluyamos. Tenemos un buen ejemplo de consumismo aplicado a las relaciones interpersonales y a las grandiosas expectativas del corazón del hombre, en definitiva; otra expresión del predominio y aceptación de las ideas impuestas desde el poder cultural dominante a los diversos estratos sociales.
Esta revista concibe al preadolescente como un sujeto destinado al mero consumo. Acrítico, solitario, individualista, con la moda como única referencia vital, movilizado a impulsos inconexos. En correspondencia con tal modelo, es imposible, por mucho que se esfuercen, construir, desde una perspectiva consistente de valores, un modelo humano creativo y alternativo. Tampoco desde esta revista.
Sin duda, desde la atomización y el puro individualismo que caracterizan nuestra sociedad, no parece fácil resistir a la moda -en todo su alcance- y a las actitudes dominantes. Y las publicaciones del Grupo Zeta no se sustraen a esta poderosa corriente.
Sólo en otros espacios humanos alternativos es posible afrontar la existencia, en sus diversos niveles y etapas, desde una perspectiva crítica y humanizadora: libres de la tiranía de las modas y de los dictados culturales dominantes. En ese sentido, mirando la historia y la misma realidad actual, observamos que la Iglesia católica ha sido la gran promotora, siempre, de espacios de una humanidad nueva donde la persona pueda desenvolver su existencia, buscando la correspondencia de las exigencias de su naturaleza con el mensaje y la obra de Cristo.
A diversas obras sociales, nacidas de ese impulso desde el agradecimiento y la fidelidad (asociaciones de padres, colegios, grupos de encuentro y apoyo, redes de intercambio de información, grupos de ocio y tiempo libre, pequeñas publicaciones, etc.), tendremos que remitirnos para la educación de nuestros niños y adolescentes – y también de los adultos- en una mirada adecuada a la realidad; una identidad colectiva acogedora y un sentido pleno de la existencia, que proporcionen su verdadero rostro al hombre de hoy.

 

Arbil, anotaciones de pensamientop y crítica, Nº 71 – 72, julio – agosto 2003.

Un archivo para la memoria colectiva de Navarra.

Una interesante exposición, que permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre, nos introduce en la memoria histórica y colectiva de Navarra, a través de setenta documentos representativos del Archivo Real y General de Navarra; cuya nueva sede es obra arquitectónica del genial tudelano Rafael Moneo.

 

Archivo: un palacio para la memoria.
                Hasta el próximo 30 de septiembre, puede visitarse, en el corazón de Pamplona, la exposición Archivo: un palacio para la memoria, organizada por el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra e inaugurada por los Reyes de España el pasado 28 de marzo.
                Bajo ese sugestivo nombre, en ocho vitrinas correspondientes a otras tantas secciones, se muestran 70 documentos (fechados entre los siglos XI y XX) que intentan acercar al visitante, con criterio pedagógico, a las fuentes documentales de la memoria colectiva navarra, a saber: el espacio, los poderes políticos, la población, la vida cotidiana, los hechos históricos más relevantes, algunos personajes extraordinarios, los antepasados (una genealogía individual) y, por último, la historia de una localidad.
Destacan dos documentos excepcionales: el Ceremonial de la coronación, unción y exequias de los reyes de Inglaterra (del siglo XIV, tal vez el más relevante del Archivo, por su belleza y delicadas miniaturas), y el Registro de Cuentas del Hostal de la Reina (de 1398, diario de gastos procedente de la Cámara de Comptos).
Añadiríamos, nosotros, como de cierta relevancia, un documento del rey Sancho VII el Fuerte, en el que figura como símbolo real el Arano Beltza o águila negra; uno de los primeros empleados por los reyes de Navarra antes de que adoptaran las cadenas y la esmeralda, procedentes ambos de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Este símbolo es especialmente conocido, en la actualidad, por su empleo político, con carácter independentista vasco, por los abertzales radicales de Batasuna. Con fondo amarillo, se ha popularizado su empleo en pegatinas, colgantes, pendientes… atribuyéndosele un arbitrario significado vinculado, a modo de forzada justificación histórica, a un presunto reino vasco. Nada más absurdo que atribuir a un símbolo de este rey -de indudable vocación hispana acreditada por su participación en una gesta clave de la Edad Media española- una significación relacionada con los precursores nacionalistas; como si se tratara de un supuesto monarca panvasco, remoto antecedente de los modernos nacionalismos vascos, sabiniano y radical.
                Y también encontraremos en la exposición mapas, grabados, actas de las Cortes, concesión de fueros, cartularios, partituras musicales, censos y diversos contratos privados (algunos redactados en árabe y hebreo)…

 

El palacio de los Reyes de Pamplona.
                Esta exposición está emplazada en la sala medieval abovedada del Palacio de los Reyes de Navarra en Pamplona, posteriormente del Virrey y, por último, Capitanía militar.
                Construido por Sancho VI el Sabio en 1190, ha sufrido diversas vicisitudes, de ahí sus sucesivas denominaciones, hasta convertirse en la sede del presente Archivo.
                Después de una extraordinaria restauración, diseñada por el arquitecto navarro Rafael Moneo, a partir de otoño de 2003, en que se trasladarán los fondos documentales previstos, se convertirá en el mayor archivo de Navarra, junto al existente en el Museo Diocesano de Pamplona.
                Moneo recupera, del antiguo y muy deteriorado edificio medieval, algunos elementos originales, integrando una nueva torre que servirá como silo para el patrimonio documental del archivo, junto a un luminoso patio acristalado que conecta ambos edificios. Y siempre empleando el mismo tipo de piedra, buscando también la armonía con los colores de sus vetas. De esta forma, luz, color y espacio se integran en una moderna síntesis que no puede entenderse sin un conocimiento y respeto de los elementos góticos supervivientes a tantos años de incidencias.

 

En el corazón de Pamplona.
                Pero no es la única atracción que ofrece hoy día la parte vieja de Pamplona a sus visitantes y amigos. Allí existen numerosos puntos de encuentro con su larga historia.
                Muy cerca, en el entorno de la ciudad antigua, encontramos al Museo de Navarra, las Iglesias góticas de San Cernin y de San Nicolás, la catedral de Santa María (en su mayor parte gótica, con fachada neoclásica de Ventura Rodríguez), el Museo Diocesano con su biblioteca y archivo, el Palacio Episcopal (siglo XVIII)… y otras iglesias, fuentes y edificios insignes que nos hablan del pasado de la ciudad y de su carácter. Todo lo anterior inscrito, además, en el impresionante recinto amurallado que rodea gran parte de este barrio, progresivamente despoblado en beneficio de los nuevos construidos a partir del siglo XIX, ya convertido en una red de calles y plazas peatonales, concebidas para el comercio y el paseo sosegado...
                Navarra y los navarros siempre han tenido una buena memoria histórica. El gusto por lo propio, la valoración positiva del pasado, un estudio y conocimiento certeros del mismo y de la propia historia; todo ello ha caracterizado a estas gentes. No obstante, el impacto de las ideologías también ha cautivado a otros de ellos que, con empeño proselitista, han introducido claves falsas para reinterpretar esa herencia, distorsionándola. Por ello, la presentación de estos significativos vestigios, de una manera austera  y casi desnuda, debe facilitar el reencuentro de los navarros con su propia tradición, despojados de prejuicios ideológicos que deforman la percepción de la historia y la realidad.
                Por ello esperamos que, esta exposición, sea la avanzadilla de otras futuras que nos permitan conocer más documentos de interés para la memoria histórica de Navarra: que no muera aquí esta iniciativa, que se prolongue en el tiempo con otras acciones culturales y contribuya, de esta manera, a la configuración mental y vital de las nuevas generaciones. Así, en constante diálogo con expertos y profanos, podrá este Archivo formar parte de la vida de Navarra.
                Esta exposición, además, para los visitantes no navarros, puede suponer la aproximación a una larga historia, que nos alcanza hoy, y que es imprescindible para comprender la realidad de España.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 71 – 72, julio – agosto de 2003.

Skin-heads y nihilismo contemporáneo.

Ya en su cuarta edición, el libro Diario de un skin (Temas de Hoy, enero 2003) es la crónica de un reportero infiltrado en el movimiento skin-head. Ahí desvela sus complejas relaciones con el neonazismo, pero también las existentes con radicales islamistas y corrientes esotéricas; así como el influjo en el mismo de algunos autores, caso del chileno Miguel Serrano, especialista en los precursores ocultistas del nazismo (la Sociedad de Thule).

Las numerosas entrevistas realizadas al autor, especialmente por radio, han transmitido, entre otras, la idea de que se trata de un movimiento infiltrado por maquiavélicos neonazis. Pero ¿hay algo más?

Identificados por su aspecto (cazadoras bombers, pelo rapado, tirantes, camisas sin cuello, botas con puntas de acero...), nacen en los barrios obreros ingleses a finales de los sesenta. Sus raíces remontan a los mods, el punk, los rude boys, las músicas ska y oi!, los hooligans, etc. En España aparecen hace dos décadas, gestando un mundo casi clandestino de bares, bandas musicales, fanzines y vínculos internacionales; acompañado de una gran ingesta de cerveza y gravísimos incidentes violentos.

Los skins neonazis, muy presentes en determinadas peñas futbolísticas ultras, se agrupan en bandas generalmente asociadas a entidades skins de ámbito plurinacional: Blood and Honour y HammerSkins International. También son numerosos los skins anarquistas y comunistas, implicados en el movimiento “okupa” y con conexiones internacionales: SHARP (Skin Heads Against the Racial Prejudice) y RASH (Red and Anarchist Skinheads).

Y no faltan las mujeres, aunque en escaso número: las skingirls.

Docenas de webs informan, en internet, de los diversos grupos, las actuaciones de las bandas Rock Against Communism, objetos en venta, idearios...

Unos y otros odian a la Iglesia. Para los neonazis es una institución filojudía, origen de los males del mundo blanco. Para los izquierdistas, es enemiga de toda libertad.

El movimiento skin-head, creemos, es otra expresión más del nihilismo contemporáneo; ejercicio de una autoderminación personal llevada hasta el límite que rompe con toda tradición –especialmente con la familia y la Iglesia- y que se separa de los cauces del comportamiento social mayoritario.

¿Cuál es el atractivo del movimiento skin-head entre algunos jóvenes? Junto a su voluntad prometeica, descubrimos una estética que reafirma su identidad, ideales en los que apoyarse, compañeros con los que combatir la rutina y un mundo hostil...

Frente a la violencia y la rabia skin-head, habrá que ofrecer ideales auténticos, hechos vida por personas concretas, más allá de recetas políticamente correctas que no satisfacen.

Habábamos antes de compañerismo, sentido vital, ideales… ¿Acaso el acontecimiento cristiano no puede ofrecer todo ello, multiplicado por cien, mostrando su verdadero rostro al hombre?

Alfa y Omega, Nº 344, 6/03/03, página 29

El impacto de la inmigración en las prisiones españolas.

     La realidad sociológica de las prisiones españolas viene experimentando una lenta, pero profunda, transformación interna, efecto del impacto de la inmigración entre sus muros. La prisión: termómetro de la sociedad.

 

Un modelo en crisis.

            El modelo penitenciario español, en vigor en la actualidad al amparo del artículo 25.2 de la Constitución, se encuentra en crisis. Prevaleciendo, en teoría, el tratamiento (conjunto de actividades encaminadas a conseguir la reinserción social de los internos) sobre el régimen (actuaciones tendentes al orden, la seguridad y la disciplina); en la práctica cotidiana se prima de forma casi absoluta el factor seguridad, conforme el modelo arquitectónico y funcional diseñado en su día por Antonio Asunción, bajo gobierno socialista. Las modernas macro-prisiones, en las que se alojan la mayor parte de los presos y penados que cumplen condena en España, encarnan este modelo que, en contra de los enunciados legales, impone una estructura física alejada de las ciudades y en la que los aspectos organizativos y materiales relacionados con la seguridad son determinantes de toda su dinámica.

            Paralelamente a la puesta en marcha de este modelo, casi finalizado en su ejecución, se viene produciendo lenta, pero irremediablemente, un cambio generacional entre los allí recluidos: los toxicómanos, generalmente heroinómanos, que predominaban en las prisiones españolas en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, pierden peso numérico y dentro de la jerarquía informal de las poblaciones reclusas. Nuevas formas de criminalidad generan nuevos contingentes de internos; pero es el impacto de la inmigración el que viene a culminar la transformación de la realidad humana de estos centros cerrados: más de un 22% son extranjeros, pertenecientes a casi 60 nacionalidades.

            Otra novedad, que trasciende el ámbito estrictamente penitenciario, se viene dando: ya es “políticamente correcto” hablar de las múltiples consecuencias de la inmigración. Por el contrario, sigue sin serlo vincular inmigración con delincuencia, si bien ello parece responder a cierta realidad puramente estadística que debe matizarse, en cualquier caso, por la concurrencia de una serie de factores penales, sociales y judiciales.

            Así, el diario La Razón, en su editorial del día 16 de octubre, comentaba que el 80 % de los detenidos en la operación policial “Focus”, dirigida contra la delincuencia en Madrid, eran “de origen extranjero”. Indicaba, además, que buena parte de ellos lo habían sido en reyertas, un tipo delictivo en retroceso en la sociedad española “que ahora se incrementa con la llegada de personas procedentes de otras culturas más desafortunadas, acostumbradas a sufrir una violencia inusitada entre nosotros”. Y reivindicaba que “Sólo desde el respeto a la ley, y ello incluye las normas de extranjería, se puede luchar eficazmente contra la delincuencia y adecuar los, por otra parte deseables, procesos inmigratorios para lograr una inmigración real. Lo contrario, optar por una política amable pero exenta de responsabilidad, o ceder ante posiciones demagógicas, es abrir las puertas a la escalada delictiva y a la xenofobia como inevitable respuesta”. Toda una declaración de principios.

            Las prisiones no son una realidad esencialmente distinta de la sociedad que las genera: constituye un indicador de la realidad social, un auténtico termómetro. En definitiva: la globalización y el multiculturalismo han alcanzado a los 77 recintos penitenciarios españoles (66 dependientes del Ministerio del Interior y 11 de la Generalitat catalana).

 

Los números de Rajoy.

            Al entonces Ministro del Interior Mariano Rajoy le correspondió el mérito de plantear esta poliédrica cuestión, al exponer ante los periodistas, a mediados de junio, los datos de ese cambio: los internos extranjeros en 1994 eran 6.420, lo que suponía un 15’85%. En 1995, la cifra descendió, al igual que el total de población reclusa, a 6.219, alcanzando un 16’11%. En el año 2000 ya eran 7.829 extranjeros en prisión, es decir, un 19’59%. El 31 de diciembre de 2001 se llegaba a la cifra de 9.440, un 22’95% del total.

Entre enero y febrero de 2002, la población reclusa creció en 1.228 internos, es decir, un 782% más que en los mismos meses del 2001; siendo extranjeros un 30% de los mismos.

El diario El mundo denunciaba, el día 18 de agosto, que a lo largo de los primeros siete meses del año el número de extranjeros ingresados en prisión había crecido más de un 30% respecto al año anterior. Así, el 24 de mayo de 2002, alcanzaban la cifra de 10.383. Y el 31 de julio, 10.762.

Si sumamos los presos dependientes de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y los dependientes de la administración catalana (única comunidad que tiene transferidas las competencias de ejecución penitenciaria), en el mes de septiembre de 2002 resultaba un total de 51.178 reclusos; un récord histórico.

Las previsiones realizadas indican que, a este ritmo, se alcanzará la cifra de 55.000 internos a finales de año, es decir, unos 7.000 más que en diciembre de 2001.

            ¿Quiere decir, todo ello, que los extranjeros delinquen más que los nacionales españoles? Los números son los números y la realidad es tozuda; aunque sea “políticamente incorrecto” insinuarlo. Pero hay que explicar algunas circunstancias. Por ejemplo: el criterio de las fiscalías de los Tribunales Superiores de Justicia se ha endurecido para evitar la reincidencia y que se eluda la acción de la justicia, de modo que se pide prisión preventiva para aquellos presuntos delincuentes que no acreditan un domicilio fijo, lo que afecta especialmente a algunos colectivos de extranjeros. Por otra parte, algunos delitos están especialmente perseguidos: caso de los delitos contra la salud pública, un tipo en el que incurren particularmente algunos colectivos de extranjeros. Así, entre los procedentes del Magreb, se da una especial incidencia del tráfico de drogas, hachís en concreto. Y entre los hispanoamericanos, el tráfico de cocaína. Igualmente, viene aumentando el número de presos procedentes de Europa oriental: Rumanía, Albania, Kosovo, Rusia, Bulgaria…

            La presencia extranjera entre la delincuencia organizada en España es importante. Así, el diario La Razón le dedicó un completo informe el pasado 17 de agosto, partiendo del dato de que la Policía española desarticuló en 2001 un total de 201 redes, deteniendo a 624 de sus miembros. Y en lo que se llevaba de año, los números se habían elevado a 385 redes y 1.100 integrantes, siendo el de las mujeres un número inferior al 20%. Se trata de bandas muy estructuradas, con reparto específico de tareas, muy jerarquizadas, con férreos controles internos e integrados por individuos de varias nacionalidades en número que oscila en torno a 30. Actúan a nivel legal, alegal e ilegal; es decir, “maquillan” sus actividades buscando apariencia de legalidad. Aunque algunas son bandas “especializadas”, la mayoría tienden a practicar varias modalidades delictivas. La mayoría están vinculadas al tráfico de drogas; otras bandas inciden en otros tipos: europeos orientales en robo de vehículos de lujo, albano-kosovares en robo a empresas, holandeses y alemanes en tráfico de drogas sintéticas... El doloroso asesinato de un inspector de Homicidios, Salvador Lorente, a manos de un colombiano, evidenció la peligrosidad de estas bandas. Y esta realidad se traslada al interior de las prisiones una vez son desarticulada por la Policía.

            El mayor contingente de presos extranjeros tiene nacionalidad marroquí (en torno a 3.500), siendo colombianos y argelinos los dos grupos nacionales que le siguen.

Vemos, pues, que algo más del 22% de los presos son extranjeros, mientras que sólo suponen el 3% del total de la población española. O visto de otra manera: está en prisión el 0’9% de los inmigrantes residentes en España. De ahí que, en algunos medios, se haya asociado inmigración con delincuencia, lo que, en todo caso, debe matizarse considerando factores como los mencionados en párrafos anteriores.

Ante semejante aumento de población, la Dirección General de Instituciones Penitenciarias tiene previsto inaugurar 4 prisiones en un plazo de 18 meses: dos en Andalucía, una en Madrid y otra en Levante. En caso contrario, en 2005 se colapsarían los centros penitenciarios. Estas medidas exigen una dotación de 1.752 nuevos funcionarios. El tipo de centro será el de los 15 últimos inaugurados, es decir, la macro-cárcel modelo del llamado “Plan  de amortización y creación de centros penitenciarios”, puesto en marcha por el PSOE en 1992 y finalizado por el PP. Sólo quedarían pendientes de construcción 3 centros del total de previstos en el citado plan: 1 en Navarra, 1 en Canarias y 1 en el País vasco; comunidades que no han facilitado su construcción por motivos distintos.

El Gobierno también está pensando en otra medida: la modificación de la Ley de Extranjería, en conjunción con la Ley de enjuiciamiento Criminal y el Código Penal, para que los jueces puedan expulsar a los inmigrantes irregulares autores de delitos menores condenados a menos de 5 años de prisión, lo que pretende reducir el número de extranjeros encarcelados.

Por el contrario, otras medidas del Plan del Gobierno contra la delincuencia, anticipadas a mediados de septiembre, endurecen las penas y el modo de cumplirlas, lo que supondrá un aumento adicional de presos: no se podrá conceder el tercer grado hasta el cumplimiento de la mitad de la misma si la pena es superior a cinco años, se amplían los supuestos de aplicación de la prisión preventiva, se transformarán algunas faltas penales en delitos de concurrir determinadas circunstancias, se determinarán nuevos tipos delictivos, se celebrarán juicios rápidos, etc. Ese es el criterio de ilustres penalistas consultados al valorar las reformas anunciadas, según informaba El País el pasado 16 de septiembre.

En estas circunstancias, algunos de los sindicatos operativos en prisiones, especialmente ACAIP y CSI-CSIF, han denunciado concretos aspectos de la realidad penitenciaria a lo largo de los últimos meses: el aumento de la masificación carcelaria, el número de muertes y suicidios acaecido entre sus muros, las agresiones físicas a funcionarios, la permeabilidad de las prisiones ante la droga…

 

La presencia de los extranjeros en las prisiones españolas.

Esta nueva realidad sociológica está suponiendo una adaptación a la carrera de las instituciones penitenciarias españolas: elaboración de los menús, horarios especiales para el Ramadán de los musulmanes, búsqueda de la máxima ocupación del tiempo de los internos a través de talleres, deporte y escuela como mejor medicina preventiva para evitar incidentes...

            La existencia de mafias que controlan vías de acceso ilegal de extranjeros a España es una fuente de delitos: en sí misma y por la desesperación en que pueden sumir a inmigrantes endeudados sin medios lícitos para ganarse la vida. Existen otros factores de la atracción de grupos delictivos organizados: la tolerancia española, el bienestar económico europeo y la ausencia de una legislación estricta. Todo ello facilita que España sea base de operaciones de grupos ilícitos, mafias organizadas de todo tipo: desde traficantes de seres humanos y drogas, atracadores profesionales, desvalijadores de pisos y polígonos industriales, explotación de niños para mendicidad, etc.

            Progresivamente, diversos miembros de esos grupos acceden a las prisiones españolas. Y lo hacen con una mentalidad distinta y un temperamento característico; pero inéditos para los profesionales penitenciarios. En la mayoría de los casos lo hacen, además, con una mínima capacidad económica y, por el contrario, en unos pocos, con una capacidad casi infinita…

            Muchos de los puestos de trabajo desempeñados por los internos de cierta confianza ya son ocupados por estos nuevos reclusos: educados, trabajadores, correctos en el trato… pero opacos a la perspicacia de muchos funcionarios, forjados en el típico recluso español. Durante años, sobre todo entre los profesionales veteranos, apenas había secretos: cualquier movimiento entre los internos, las diversas reacciones individuales o estados de ánimo, se interpretaban con seguridad, gracias a la experiencia acumulada mediante el simple ejercicio de la observación.

            Ahora las cosas están cambiando. El modelo de seguridad predominante sigue siendo decisivo: el sistema de módulos facilita enormemente el control formal sobre los internos. Pero, por el contrario, el trato directo con los internos, en general, ha disminuido. Por otra parte ¿y la reinserción futura de estos inmigrantes? Les espera la expulsión, en la mayoría de los supuestos, pero las autoridades españolas todavía tienen poca práctica y, además, en muchos casos no la pueden ejecutar por falta de documentación o escrúpulos al considerar que su destino pudiera ser un país donde no se respetan los derechos humanos.

Tampoco se trata de una situación homogénea. Mientras que en algunas prisiones la presencia de internos extranjeros apenas incide en la realidad cotidiana, en otras, caso de la salmantina de Topas, de sus 1.500 internos, unos 900 son extranjeros de hasta 54 nacionalidades.

 

¿Multiculturalismo o adaptación?

            Un esfuerzo suplementario tendrán que realizar los profesionales penitenciarios para entender y controlar esta nueva realidad humana, consecuencia de la concurrencia de diversas culturas: musulmanes, subsaharianos, europeos orientales, hispanoamericanos, etc. Y cada grupo se hace presente con sus propios códigos de comportamiento, su jerarquía, sus relaciones internas y su escala de valores. Con un grado de adaptación, también variable, a la estructura formal de las prisiones, ya se está solapando un conjunto diverso de estructuras informales regidos por distintas normas de raíces culturales muy alejadas.

            Las prisiones constituyen un termómetro de la sociedad que las generan: ahora más que nunca. Los riesgos que acarrea la existencia de “ghettos” regidos por normas extrañas a los países de acogida e impermeables a parte de su legalidad, producto de un amorfo multiculturalismo, se empiezan a observar en las prisiones españolas. De ser, tradicionalmente, una realidad postergada en la sociedad española, las prisiones pueden constituirse en un privilegiado laboratorio social.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 62, octubre de 2002

Editorial: la crisis de la familia como excusa.

¿Qué razones de fondo se han esgrimido en los medios de comunicación social con motivo del asesinato de una anciana, enferma de alzheimer, por su marido? Un debate, de hondo calado, acerca del papel de la familia en el futuro de toda sociedad.

Una de las noticias que mayor impacto ha producido en la opinión pública española, en las últimas semanas, ha sido el asesinato de una anciana enferma de alzheimer por parte de su esposo, desbordado y casi enloquecido por las consecuencias en su entorno familiar de esta temida enfermedad; auténtica epidemia en nuestra sociedad postindustrial.

La noticia ha sido objeto de comentarios de todo tipo; aprovechando la ocasión, algunos de los voceros del poder cultural y social dominante, para elevar su voz proponiendo, incluso, la conveniencia de la legalización de la eutanasia activa.

            En este contexto, se imponen varias reflexiones:

1.      Es lamentable que tan trágico suceso haya sido aprovechado, por algunos creadores de opinión, para favorecer sus posiciones en favor de la implantación de la eutanasia activa; una cómoda e inhumana “solución”, moderna expresión de la “cultura de la muerte”.

2.      Este terrible hecho pone sobre la mesa la realidad de la crisis de la familia española. Por una parte, al disminuir drásticamente el número de los hijos, se ha reducido el soporte de acogida y reparto de las cargas familiares. Por otra parte, el estilo de vida moderno, en el que predominan valores utilitaristas y materialistas (la independencia, la primacía del propio proyecto individual, etc.) ha debilitado la tradicional solidaridad intergeneracional.

3.      En la propuesta de soluciones, en la mayoría de los casos, se ha requerido a la Administración para que ésta adopte medidas de carácter meramente económico: aumento del número de Residencias adaptadas a este tipo de enfermos, extensión y ampliación de la llamada asistencia domiciliaria, la concesión de subvenciones para la contratación particular de cuidadores, etc.

Una constante parece predominar en buena parte de las reflexiones vertidas: se ha analizado el efecto, es decir, la incapacidad de muchas familias para afrontar las extremas circunstancias derivadas de la presencia en su seno de este tipo de enfermos, pero no se quiere ver la causa. Y ésta no es otra que el debilitamiento de la familia tradicional; circunstancia a la que los poderes públicos no han sido ajenos, ya a causa de su falta de apoyos efectivos a la misma, ya por su impulso de políticas expresamente contrarias a esta institución básica.

En cualquier caso, creemos que no se trata sólo de aumentar las subvenciones o el número de residencias. No es suficiente. Es la familia la que necesita ser potenciada directamente. Una sociedad que no cuida sus familias está abocada a la crisis permanente o, incluso, a la extinción. Pero tales medidas, de aplicarse, no rectificarían la situación de la familia actual y la orientación general de la sociedad, cuyos valores materialistas miran en otra dirección.

Creemos que, por mucho que aumenten las subvenciones y otros tipos de ayudas, la mayoría de las mujeres no se animarán a tener más hijos. Para que eso suceda debe producirse un cambio de mentalidad importantísimo: una verdadera revolución cultural y social. Y a tal cambio, ninguna institución o grupo de poder, salvo la Iglesia católica, aspira.

El Imperio romano desapareció, en parte, según afirman ilustres historiadores, a causa de la extinción progresiva de las familias patricias que hicieron grande a la República y, posteriormente, al Imperio. Esa circunstancia produjo una gravísima crisis de liderazgo en esa sociedad, que el cristianismo pudo aplazar pero no cerrar; no pudiendo resistir, finalmente, los retos de pueblos más jóvenes, tanto de dentro como de fuera del Imperio.

Como católicos somos partidarios de la familia tradicional. Aunque no sea “políticamente correcto”. Para ello nos basamos tanto en la aceptación y comprensión de la doctrina católica al respecto (que afirma que la familia, reflejo e imagen de la comunión del Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, ha sido instituida por Dios, siendo tal realidad natural anterior a cualquier reconocimiento político); como en la rica experiencia de muchas generaciones, que llega a nosotros, y que nos permite afirmar que es en la familia donde hemos recibido las primeras caricias de Dios a través de nuestros padres, hermanos y demás familiares.

La familia humaniza al hombre: le proporciona un rostro, unas raíces, una identidad, una tradición con la que contrastar los retos del devenir, un reposo y un estímulo de lucha.

Por el contrario, un individuo aislado, atomizado, sin vínculos familiares, o teniéndolos extremadamente debilitados, experimentará, más allá de esporádicas sensaciones embriagadoras de autodeterminación personal, soledad, desesperanza y frustración. Agravándose, lo anterior, con la circunstancia de ser un sujeto acrítico y fácilmente manipulable por las modas pasajeras y los poderes ilegítimos de turno.

La familia no es una institución artificial: está marcada en la naturaleza más íntima y auténtica de las personas de todos los tiempos. Destruir la familia es atacar al futuro de cualquier sociedad.

Por todo ello, hoy más que nunca: defendamos la familia para salvar a la persona.

Editorial. Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 62, octubre de 2002

Nuevo curso, nueva programación.

El predominio educativo de la televisión, de auténticas características revolucionarias y subversivas, encubre otra realidad acallada: la soledad del hombre frente al poder.

 

Se inicia el nuevo curso: académico, judicial, político… Y se estrena nueva programación televisiva.

Se constata que, año tras año, el espacio dedicado en los medios de comunicación a las novedades televisivas aumenta de forma constante. Esto es evidente, especialmente, en los medios escritos; fenómeno al que se suman los “confidenciales” que circulan por internet.

Y no podía ser de otra manera, pues ocupa un espacio privilegiado en el medio familiar y en otros ámbitos de la vida cotidiana.

La televisión ha desplazado, desde hace dos décadas, casi tres, a la conversación familiar en torno a la mesa del hogar. Ha sustituido la experiencia de los mayores por las recetas “políticamente correctas”. Ocupa también, progresivamente, un mayor espacio en la vida de las personas a costa de otras fórmulas de ocio.

En definitiva: la comodidad del medio acarrea un empobrecimiento moral y cultural de la sociedad en su conjunto.

La televisión, en teoría, es un instrumento moralmente neutro. Puede emplearse con una finalidad informativa, recreativa, formativa y cultural. Pero ello se practica de forma excepcional. Es más, los programas enfocados al ocio y la mera evasión ocupan la mayor parte de los espacios televisivos, especialmente en las horas de mayor audiencia. Y no lo hacen de forma neutra. En su inmensa mayoría incorporan unos modelos de vida, unas recetas de comportamiento cotidiano que responden al estilo de vida consumista, utilitarista y relativista predominante en el Occidente desarrollado actual; un modelo exportado a todos los rincones del mundo dada la universalidad del medio.

Por ello, que los espacios dedicados a la información de las nuevas programaciones televisivas ocupen mayor espacio en otros medios, no deja de ser un termómetro de las modas y corrientes culturalmente predominantes. Se podrá alegar que tales modas son impuestas desde los centros culturales dominantes. Y esto es cierto, con el agravante de que esos “centros creativos culturales” responden a unos intereses muy concretos que, ante todo, afirman un estilo de vida contrario al derecho natural. No es casualidad que muchas de esas novedades televisivas respondan a modelos de comportamiento social en los que la intimidad, la privacidad, entre otros, son valores ignorados olímpicamente. Un fenómeno paralelo al que vivimos en la sociedad de hoy y que es privilegiado y potenciado desde la omnipresente televisión.

Este predominio educativo de la televisión, de auténticas características revolucionarias y subversivas, encubre otra realidad acallada: la soledad del hombre frente al poder. Un individuo solo, una familia aislada, poco o nada pueden hacer frente a ese poder cultural dominante, ya, en todo el mundo y al que es muy difícil sustraerse. Por el contrario, hombres libres y familias libres, pueden sustentarse y apoyarse entre sí creando unas redes sociales distintas, producto de unas relaciones humanas de especial intensidad, con unos lazos afectivos y materiales novedosos y atractivos para el hombre atomizado de hoy. Pero para sustentar esa novedad social, esa nueva humanidad, no basta la propia voluntad de lucha y de afirmación: hay que apoyarse en una realidad superior a la mera suma de las voluntades de esas “islas de resistencia”.

           

Por todo ello la Iglesia católica, “maestra de humanidad”, sigue siendo la posibilidad de una nueva vida, la auténtica y real esperanza de las gentes, la nueva humanidad de hoy y de siempre.

 

Editorial. Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 61, septiembre 2002