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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

La cuadrilla de Ken Loach.


      Desde enero de 2002 se proyecta, en las pantallas españolas, la última película del llamado “cineasta de la clase obrera inglesa”: Ken Loach.

El último film de Ken Loach.
Con una distribución nacional, The navigators, la última película del cineasta inglés Ken Loach, ya se proyecta en las pantallas españolas.
Su argumento, brevemente, es el que sigue.
Un grupo de operarios de la British Rail, la empresa estatal británica de ferrocarriles, cuyo trabajo consiste en la reparación de vías de tren, al sur de la región de York, pasa a una nueva situación laboral a causa de la privatización de la misma. Sus condiciones de trabajo, entonces, cambian significativamente: se le pagará por trabajo realizado, vacaciones no retribuidas, etc. O aceptan las nuevas condiciones laborales o deberán optar por una indemnización, siendo despedidos, pasando a “buscarse la vida” entre las ETTs.
Con ello se inicia la descomposición del grupo, inicialmente muy cohesionado, provisto de una gran conciencia profesional, y que transmite la existencia entre ellos de una buena amistad.
El sindicalismo clásico, encarnado en la figura de un veterano trabajador, no es capaz de asimilar los cambios, siendo el último empleado de la empresa que permanece en la misma, sin hacer nada, a la espera del cierre. Simboliza, de esa manera, la creciente incapacidad de los sindicatos británicos para afrontar la nueva realidad.
Las condiciones laborales se irán degradando, progresivamente, hasta el punto de que, en manos ya de una ETT, las medidas de seguridad, uno de los logros históricos del sector, son ignorados en aras de una puntual finalización del trabajo, aun con el riesgo de un fatal accidente que casi se adivina… De esta forma, la película se convierte en una contundente denuncia social de la creciente precariedad de las condiciones laborales que se vienen imponiendo, no sólo, en Gran Bretaña, sintetizada en la siguiente frase de uno de los nuevos directivos de la empresa, quien afirma que “el contrato fijo es el pasado, hay que mirar al futuro”.
Sus actores (Joe Duttine, Tom Craig, Venn Tracey, Andy Swallow, Dean Andrews), poco conocidos, actúan con una gran naturalidad, vitalidad, y un acusado sentido del humor; buena expresión de la camaradería vivida por el grupo en el que, idealmente, se inspira. Rodada en Sheffield (Inglaterra), la película tiene una factura casi de documental. Algunos retazos de las vidas privadas de sus protagonistas se asoman a la gran pantalla. Con los afectos descompuestos, separados de sus familias en crisis y con unos horizontes vitales muy limitados, la pista de hielo, en la que dos de sus protagonistas patinan por breves instantes y en distintos momentos de la narración, encarna la posibilidad del reencuentro afectivo y de una vida mejor.

 

El nuevo cine social.
Ken Loach, definido como “el cineasta de la clase obrera inglesa”, es autor de otras películas como Riff – Raff, Lloviendo piedras, Mi nombre es Joe, Tierra y Libertad, La canción de Carla, etc., hasta un total de 15.
De nuevo, en este film, Ken Loach es fiel a su compromiso político y social, ya asumido en las demás películas rodadas, por él, en los últimos 10 años; siempre centradas en la denuncia de determinadas situaciones de injusticia, en diversas partes del mundo, y a lo largo de la más reciente historia. Y lo logra concretando de forma creíble, en La cuadrilla, la denuncia que expresó él mismo en la presentación de la película en el Festival de Venecia: “Los programas de cualquier partido favorecerán a las grandes empresas y su actual objetivo es reducir el costo del empleo, algo que destruye familias, personas y el tejido social”.
El director se ha apoyado en el guión de Rob Dawber, quien fuera trabajador de la British Rail durante 18 años, así como representante sindical. Sin duda, esa experiencia le habrá reportado buenos argumentos en los que muchas personas corrientes pueden reconocerse.
Ken Loach es uno de los más genuinos representantes del llamado “nuevo cine social”, heredero del “comprometido” de las décadas anteriores. Fiel a sus inquietudes ideológicas, al tono documental del film se incorporan algunas de sus constantes como director, caso de las asambleas (con los nuevos directivos) y las espontáneas conversaciones (que mantienen entre sí los propios trabajadores).
Del crítico de cine Juan Orellana, del que hemos reproducido, en otras ocasiones en esta misma publicación digital, algunos artículos magníficos, es la siguiente reflexión redactada con ocasión de otra película de este director, Pan y rosas, y que resume, magníficamente, uno de los nudos gordianos de su cine: “A pesar de lo cargante que les pueda parecer a algunos el cine de Loach, no está de más que, de vez en cuando, el cine no sea una fábrica de sueños sino un empujón hacia la realidad. A fin de cuentas, es esa una de las vocaciones irrenunciables del séptimo arte” (La nostalgia revolucionaria, publicado en paginas para el mes.com).

 


Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 54, febrero de 2002

Cristianos en tierras del Islam.

Claude Lorieux, en un magnífico libro, investiga la compleja y extraordinaria historia de los cristianos que viven, todavía hoy, en Oriente Próximo. Una crónica periodística apoyada en una consistente base histórica.

 

Un libro de Claude Lorieux.

 

                Claude Lorieux es un periodista francés, de origen bretón, especialista en Próximo Oriente; no en vano, durante más de 20 años, ha sido el experto en información sobre esta área geográfica del diario francés Le Figaro. Diplomado en el Instituto de Estudios Políticos de París, cuenta con unos buenos conocimientos en Regímenes Políticos e Historia, lo que sin duda ha redundado en el resultado global de este libro.
                Editado por Palabra (Madrid, febrero de 2002), con una extensión de 410 páginas apasionantes, está estructurada de la siguiente manera: un prólogo en el que explica las razones de este libro, una introducción de 25 páginas en la que se repasa la historia del cristianismo en Próximo Oriente, 11 capítulos en los que se estudia la diversa realidad de los cristianos en otros tantos países o áreas (Irak, Turquía, los sirios de Anatolia, Siria, Líbano, Israel, Jordania, península arábiga, Irán, Egipto y Sudán), una conclusión titulada significativamente “El azar es la lógica de Dios” (en la que reflexiona en torno a la emigración de estos cristianos, fenómeno general en el área) y unos datos cronológicos.
                La cristiandad oriental es una gran desconocida para los occidentales. Toda esa área ha permanecido, durante siglos, anegada por la marea musulmana y, todavía hoy, para muchos contemporáneos nuestros, la existencia de una decena de millones de cristianos entre los musulmanes de Oriente Próximo es un dato inédito. Árabe, para una mayoría, equivaldría a musulmán; lo que no corresponde con la realidad histórica.

 

Europa y los cristianos orientales.
                Con ocasión de los numerosísmos viajes turísticos realizados a Egipto, actualmente, por compatriotas nuestros (uno de los signos exteriores de la sociedad de consumo), muchos han sido los que se han topado con la existencia de una cristiandad dos veces milenaria, dotada de una fisonomía propia y que afirma ser “el verdadero Egipto”: la Iglesia copta-ortodoxa. Ello, sin embargo, no ha servido para que se tome conciencia, en general, sobre las discriminaciones, limitaciones civiles y persecuciones sufridas por esos cristianos: un dato significativo más de la pérdida de las raíces cristianas por parte de los españoles de hoy.
                En algunos reducidos ambientes católicos, sin embargo, sí que ha prendido un cierto interés por estas antinquísimas Iglesias y sus vetustas liturgias transmitidas en lenguas muertas, contemporáneas en algún caso de la que habló el propio Jesús. Esos viejos e incomprensibles sonidos, el encanto de sus iconos, la espiritualidad de los eremitas egipcios; están cada vez más presentes en algunas publicaciones católicas españolas. Pero ese interés, estético y sentimental, no ha generado la necesaria movilización en favor de los hermanos perseguidos.
                Ciertas entidades católicas, como la Custodia Franciscana de Tierra Santa o Ayuda a la Iglesia Necesitada, realizan periódicas campañas en favor de esas Iglesias orientales locales y, especialmente, de Tierra Santa. Con todo, creemos que no es suficiente.
                La guerra civil del Líbano constituyó una cotidiana compañía informativa para los españoles, y demás europeos, durante muchos años. Tampoco ello suscitó la movilización de los católicos hispanos en favor de los hermanos libaneses acosados.

 

Contenidos del libro.
                Demos la bienvenida a este libro: esperemos sirva para una toma de conciencia, por parte de sus lectores, que se torne acción solidaria.
                El libro proporciona un caudal de datos apasionantes. La crónica periodística, apoyada en una sólida base histórica, permite sumergirse en los anhelos, las dificultades, la situación social eclesial y política de estas Iglesias orientales.
                Coptos, asirios, caldeos, maronitas, melquitas, armenios, jacobitas, latinos, protestantes; todos desfilan por estas apretadas páginas escritas con pasión pero con objetividad.
                El autor es realista. Sin duda simpatiza con los maronitas libaneses. Incluso se atreve a elogiar, de alguna manera, a uno de sus líderes más discutidos: Samir Geagea. Así, nos revela que este “señor de la guerra” acudía dos veces al año a un monasterio para ejercicios espirituales. Reconoce y hace públicas sus virtudes. Pero no tiene inconveniente, también, en desvelar los graves errores, políticos y militares, cometidos por este dirigente y, también, por buena parte de los demás líderes maronitas. Mediante otra reflexión, de profundo calado, el autor nos recuerda que Líbano era el único país de Oriente Próximo donde se disfrutaba de una real libertad religiosa, siendo espejo y esperanza para otros cristianos de la zona; hasta el extremo de que allí se refugiaron muchos de ellos, procedentes de otros países del entorno, con ocasión de las persecuciones sufridas en diversos momentos de la historia. Derrotados militar y políticamente, en parte a causa de la ceguera y arrogancia de los líderes maronitas, la posición de los cristianos, ahora minoría “tolerada” por la mayoría musulmana, se ha debilitado considerablemente.
                Rompe esquemas, nuevamente, al exponer la situación de las comunidades cristianas de algunos países satanizados, en los medios de comunicación occidentales, como son los casos de Irán e Irak. Sus antiguas –y exiguas- minorías cristianas disfrutan de una cierta libertad, inédita en otros ámbitos musulmanes.
                Conmociona al lector cuando describe, con breves trazos, el exterminio del pueblo armenio y de los asirios de Turquía. Y nos recuerda que a principios del siglo XX, el 30% de los turcos eran cristianos, no llegando al 1% en la actualidad. Extraña paradoja, ésta, producida en un país mayoritariamente musulmán que intentaba afirmar una identidad nacional y laica y cuyas principales víctimas fueron los cristianos armenios, caldeos y griegos. Pero no llega a caer en un fácil maniqueísmo, hasta el punto de exponer, de forma creíble, la perspectiva de la mayoría turca.
                Describe con maestría los casos curiosos –a ojos de un occidental- de Jordania (con sus tribus beduinas cristianas) y Siria (con sus antiquísimas comunidades de orígenes arameos). Sorprende e indigna la clandestinidad –y en ocasiones, persecución- a que son sometidos los cristianos bajo la teocracia islámica saudí; que sin duda no entiende ni de “reciprocidades” ni de “libertad religiosa”.
                Nos introduce en el drama de la esclavitud (¡todavía!) practicada en un Sudán, fraccionado por una interminable y cruel guerra civil, que fue cristiano antes que musulmán (a la muerte de Mahoma persistían 3 pequeños reinos cristianos en Nubia – Sudán).
                Y nos sumerge, en ocasiones hasta el detalle, en la compleja y difícil realidad de Tierra Santa, lo que nos ayuda a comprender la –especialmente- dramática situación padecida por los cristianos palestinos e israelíes.

 

Conclusiones.
                Siguiendo el libro, la compleja maraña de las Iglesias orientales, y de sus diversos y antiquísimos ritos, deviene comprensible para el lector neófito. Otra virtud del buen hacer de este, sin duda, magnífico periodista.
                El título queda, sin embargo, un poco corto. No se habla, para nada, de la situación de los cristianos en otros países donde los musulmanes son mayoría: Pakistán, Indonesia, Malasia, Nigeria y todo el norte de África. Por ello encontramos más adecuado el título original de su edición francófona: “Cristianos de Oriente en tierras del Islam”.
                En estos tiempos de pérdida de las raíces cristianas de Europa, de débil sentido de pertenencia eclesial, de una importante inmigración musulmana que se arroga todo tipo de derechos (incluso algunos que no disfrutan en sus países de origen), este libro debiera ser un revulsivo a nuestras conciencias.
                Para los interesados en la historia aquí referida, y decididos en apoyar a estas comunidades, reproducimos, a continuación, unas direcciones, publicadas en E-cristians, referidas a algunas organizaciones que trabajan de forma extraordinaria en Tierra Santa:

 

Se puede colaborar económicamente a través de estas cuentas corrientes de la Custodia de Tierra Santa:

 

Cuenta directa en Jerusalén.
Custodia di Terra Santa.
Mercantile Discount Bank, Branch 641, Nº de Cuenta: 2364
(17, Shlomzion, Hamalca Street, Jerusalem, Israel).

 

Franciscanos Tierra Santa (Cuenta en España).
Entidad: BBVA; Cuenta: 0182-5906-81-0010000229

 

Custodia Tierra Santa, cuenta en la provincia de Cataluña.
TITULAR: Provincia Franciscana de Cataluña. Comisaría de Tierra Santa.
Entidad: BSCH; Cuenta: 0049 - 3166 - 02- 2914325048

 

Direcciones de interés:

 

Christian Information Center. Director: P. Emili Bárcenas.
cicts@netmedia.net.il
www.cicts.org

 

Patriarca Latino. S.B. MICHEL SABBAH. . POB 14152.
latinpatr@isdn.co.ilcustodia@netvision.net.il

 

Custody of Holy Land. Rev. Fr. GAIOVANNI BATTISTELLI.
St. Francis Street, 1

 

                “Guerras, emigración, islamismo”. Estas son las tres palabras con que resume, el autor del texto, las amenazas sufridas por esta cristiandad oriental extraordinaria de la que nos debemos sentir responsables y solidarios.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 57, mayo de 2002.

Visiones y revisiones sobre José Antonio.

      Algunas novedades bibliográficas recientes parecen indicar que aumenta el interés por la figura de José Antonio Primo de Rivera. Pero, podemos preguntarnos, ¿realmente es así o se trata, al contrario, de una rememoración sentimental sin proyección de futuro?

 

¿José Antonio de moda?
De la mano de Ediciones Barbarroja, y patrocinada por Plataforma 2003 (entidad privada organizada en torno al objetivo de conmemorar el centenario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, www.plataforma2003.org), podemos encontrar en las librerías españolas una nueva colección de libros denominada Biblioteca Centenario. De ella nos han llegado dos recientes volúmenes, cuya común razón de ser arranca, directamente, de la trascendencia, en diversos ámbitos, de este personaje histórico.
El primer título, Sobre José Antonio, ofrece un amplio abanico de opiniones y testimonios vertidos, en torno a su figura, de lo más dispares. El segundo de los libros, José Antonio: visiones y revisiones, constituye un meritorio esfuerzo de identificación y localización de sus fuentes escritas.
El protagonista de ambos textos, nacido un 24 de abril de hace 99 años, no precisa presentación pese a ser, en palabras del historiador Luis Suárez, el gran ninguneado. Mucho se ha escrito sobre él, quien ya forma parte, sin duda, de la memoria colectiva de los españoles. Ello no implica, sin embargo, que sea generalmente conocido ni que el juicio histórico emitido sea unánime; más bien, debe afirmarse que arraigados prejuicios, de muy variado signo, deforman la lente a través de la cual se interpreta al personaje o se le margina.
La percepción de la imagen de José Antonio ha atravesado varias fases: combatida, ensalzada, ignorada… Y muchos de los testimonios del libro así lo avalan.
Con todo, para la mayoría de los españoles, el fundador de Falange Española viene provocando, al menos, un silencio respetuoso que contrasta con las aclamaciones exageradas o las descalificaciones apriorísticas. Pero también debemos revisar esta afirmación a causa del pavoroso desconocimiento y el desinterés, de la historia y tradición propias, que manifiestan las jóvenes generaciones españolas.
Por otra parte, la figura y el pensamiento de José Antonio, ¿tienen la suficiente entidad como para interesar a las jóvenes generaciones españolas? ¿Puede proporcionar luz sobre el presente y el futuro de España? Esta pregunta es más adecuada al considerar que tres años de vida pública, truncada por una muerte prematura, dieron el fruto de apenas un millar de páginas que diseñan una estructura doctrinal inacabada que, pese a esas limitaciones, arrastró muchas voluntades.
Agustín del Río Cisneros, el gran compilador de los escritos de José Antonio, considera que su pensamiento se resume y estructura en los siguientes axiomas:
-          Una concepción espiritual del hombre.
-          España entendida como el producto de las generaciones pasadas; una herencia que trasciende a las presentes para proyectarse en las futuras.
-          Un Estado al servicio de la persona y la comunidad política.
-          El sindicalismo (al que atribuye especial incidencia en la vida económica), junto a la familia y el municipio, como realidades articuladoras de la vida en común de los españoles.
-          La pretensión de una justicia social profunda.
Su particular pretensión fue, sintéticamente, la superación de derechas e izquierdas o, desde otra perspectiva, la fusión entre tradición y revolución.
Si a esos presupuestos ideológicos –novedosos al menos en su conjunción- sumamos una personalidad atractiva y exigente, ya tenemos los ingredientes suficientes para avalar una propuesta sugestiva: que su memoria forme parte de nuestro patrimonio nacional, como modelo de comportamiento y herencia para los nuevos españoles.
José Antonio ejercitó un papel de cierta relevancia en la II República española a través del movimiento político que fundó, Falange Española. Su original intento no tuvo éxito, siendo prueba dramática de ello la contienda civil sufrida; lo que le supuso la muerte, al igual que a buena parte de dirigentes y militantes de su movimiento. En este sentido, el historiador Pío Moa, en su libro El derrumbe de la segunda república y la guerra civil (Ediciones Encuentro, Madrid, 2001), asegura que la violencia desatada por Falange fue de tipo defensivo, no siendo determinante del desencadenamiento de la contienda civil. Por ello, y por los intentos conciliatorios desarrollados en sus últimos meses de vida, su figura, arrastrada por unos trágicos acontecimientos no deseados, ha ido ganando un aprecio que le faltó en vida y que, a pesar de las décdas transcurridas, no es políticamente correcto así manifestarlo.
De alguna manera, los dos títulos que vamos a comentar aquí intentan romper ese silencio respetuoso lindante, paradójicamente, con la ignorancia, transformándolo en conocimiento.
Ambos volúmenes se complementan perfectamente y sería deseable que, por el esfuerzo desplegado, trasciendan el reducido entorno humano de la “familia joseantoniana”, para llegar a sectores más amplios de la Universidad y de la opinión pública españolas.

 

Sobre José Antonio.
En el primero de los libros, Sobre José Antonio (Madrid, 2002, 2ª edición), sus autores, Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro, recopilan un amplio abanico de opiniones realizadas en torno a su persona. Recogidas en el ámbito familiar, en el laboral, en el de los correligionarios, también entre sus oponentes políticos, entre historiadores e intelectuales; encontramos posturas muy diversas. Desde la adhesión incondicional hasta el rechazo absoluto. Se percibe una simpatía muy extendida hacia sus cualidades personales, un reconocimiento general de sus aptitudes profesionales e intelectuales, rompiéndose esa unanimidad cuando la valoración se refiere a su papel político. Creador de una síntesis original, para unos, continuador de una visión tradicional del hombre y de España, para otros, consciente instrumento del poder capitalista, incluso, simplemente, un fascista (así lo califica el historiador Cesar Vidal).
El volumen está estructurado en un índice nominal de los autores de dichos testimonios, una breve nota preliminar en la que los recopiladores concretan la fe y anhelos subyacentes en este trabajo, la transcripción de tales testimonios (desde Diego Abad de Santillán hasta Julián Zugazagoitia) y una básica bibliografía sobre el personaje.
La disparidad de opiniones es notable y sorprendente. En este sentido, y como curiosidad, mencionaremos que se reproduce, por ejemplo, la entrada PRIMO DE RIVERA recogida en la Enciclopedia Soviética (3ª edición, Moscú, 1975), con un juicio marxista ortodoxo fácil de predecir (página 83).
En este libro de 268 páginas, cada una de las 449 opiniones recogidas contiene una mención de su autor y de la fecha en que se produjo, lo que permite una valoración por parte del lector. No es el mismo, por poner un ejemplo, el balance efectuado por un José María Aznar en sus años jóvenes, que el que pudiera hacer, ya lanzado en su carrera política hacia el centro reformista, posteriormente. De otras importantes personalidades, que igualmente evolucionaron a lo largo de nuestra reciente historia, también se recogen testimonios en su día realizados en torno a José Antonio: José María Ruiz-Giménez, Pedro Laín Entralgo... Mencionar cada supuesto concreto sería excesivo. La evolución personal experimentada, por otra parte, no priva de valor a los respectivos testimonios, evidentes expresiones, en todo caso, de una época.
Hemos echado de menos algunas opiniones, como la del innovador historiador Pío Moa recogidas en su trilogía sobre la Segunda República española y la guerra civil (publicada por Ediciones Encuentro) o la del biógrafo de su entraña religiosa, Cecilio de Miguel Medina, autor de un libro que conviene rescatar, pues proporciona mucha luz sobre aspectos clave de su personalidad.

 

Visiones y revisiones.
José Antonio: visiones y revisiones, es el segundo de los textos citados, subtitulado Bibliografía de, desde y sobre José Antonio Primo de Rivera (Madrid, 2002). Constituye el mayor repertorio, publicado, de los numerosos escritos protagonizados por la figura de José Antonio. Es producto del exhaustivo trabajo de sus dos autores: el politólogo José Díaz Nieva y el librero Enrique Uribe Lacalle. Recoge un total de 518 referencias bibliográficas de todo tipo: artículos, libros, folletos…
Muy desigual en su respectiva trascendencia, espacio y profundidad, la presentación de esta documentación requería un esfuerzo añadido que sistematizara, con criterio científico, tan ingente producción escrita. Y esto lo ha hecho, con su introducción al libro, el profesor José Luis Orella -experto historiador, biógrafo del tradicionalista Víctor Pradera- realizando una breve pero interesante incursión en fuentes escritas fundamentales de una “familia” política siempre en polémica con el tradicionalismo. Por cierto, la opinión del político navarro, que también la tuvo, sobre el pensamiento de José Antonio (cuando analiza, en Acción Española de 16/12/33, su célebre discurso fundacional pronunciado en el Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933), tampoco está recogida en el libro comentado en el apartado anterior.
La introducción describe, de forma sumaria pero clarificadora, la orientación predominante, acorde a cada fase histórica, en la producción escrita generada en torno a José Antonio. Podríamos, así, diferenciar varias etapas. A la inicial de exaltación de su figura, paralela a la guerra civil, sigue una fase en la que, por influencia de la situación internacional, se destacan los aspectos más relacionados con el fascismo. En la siguiente etapa se resalta, también por imperativos de política exterior, su catolicismo y anticomunismo. Su pensamiento y figura se analizarán de manera dispar, igualmente, en los años finales del franquismo y de la transición, llegándose a establecer coincidencias con el socialismo y una contraposición a la figura de Franco. Todavía en los años 90, se conocerán nuevos estudios biográficos y diversos trabajos univrsitarios, a la vez que jóvenes autores tratarán aspectos eclipsados en textos anteriores. El profesor Orella resalta, también, la labor realizada en torno a las famosas “Obras Completas” de José Antonio y las novedades producidas al respecto en los últimos años.
Cada ficha contiene los datos básicos de identificación del texto: autor, título, editorial, año de la edición, localidad de la misma y número de páginas. En algunos casos se aclaran aspectos significativos de su contenido.
El trabajo de los autores se plasma en los 8 capítulos en que clasifican todas las fichas bibliográficas: notas y estudios biográficos, estudios sobre su pensamiento político, otros estudios y reseñas, conmemoraciones y homenajes, José Antonio en Arrese, Fernández Cuesta, Girón y Rodríguez de Valcárcel, José Antonio en la literatura, obras de José Antonio y, por último, trabajos inéditos. Debemos mencionar la addenda final con la que se cierra el libro y que recoge 12 ulteriores reseñas, con el único criterio del orden alfabético de los apellidos sus autores. Un índice onomástico completa el trabajo realizado.
Hemos echado de menos algunas obras fundamentales que, referidas a la historia del movimiento por él fundado, realizan aportaciones y valoraciones interesantes en torno al personaje. Pensamos en diversos títulos, de muy distinta orientación, pero que tuvieron cierta trascendencia en su día, como La rebelión de los estudiantes (de David Jato) o Falange. Historia del fascismo español (de Stanley G. Payne). En cualquier caso, se precisaba acotar de alguna manera la investigación, pues de no haberlo hecho así, se habría extendido de forma casi interminable, siendo, entonces, difícil y muy discutible el criterio marcado para establecer su frontera.
Este libro, según nos informan sus autores, constituye pilar básico de una obra, en la que vienen trabajando, de gran envergadura: una Bibliografía total del Nacionalsindicalismo español. Constituirá el mayor esfuerzo realizado al respecto, abordando con decisión la gran diversidad de escritos relacionados con este movimiento: literatura, política, arte, obras de los fundadores, publicaciones de los diversos grupos y organizaciones falangistas, etc. Uno de sus capítulos – de 25, aproximadamente- será el dedicado a José Antonio, que, con una clasificación temática similar a la seguida en el libro que aquí comentamos, será el más extenso junto al que reúna los textos de carácter doctrinal. Este proyecto explica el criterio, de delimitación seguido, antes comentado.

 

¿José Antonio, católico?
Existe unanimidad en la respuesta positiva a esta pregunta crucial: su personalidad era estructuralmente católica.
No es un aspecto secundario, ni es caprichoso resaltarlo hoy día. ¿Sobre qué bases apoyó José Antonio el desarrollo de su vida, su ética y estilo?
La doctrina política que elaboró no puede separarse del catolicismo. Así lo afirma, entre otros, el francés Arnaud Imatz, pues “Para que la síntesis falangista joseantoniana emparente con el fascismo italiano o con el nacionalsocialismo alemán, hubiera sido necesario que sacase su cuadro conceptual bien de la tesis hegeliana del estado, bien del vitalismo, el materialismo biológico o el social-darwinismo. Hubiera sido preciso que no estuviera fundada sobre los principios filosóficos del cristianismo, que hacen de la persona el valor supremo” (Novelle Ecole, Nº 45, París, febrero de 1989. Citado en el libro Sobre José Antonio, página 129).
Incluso supo anticiparse en algunos aspectos conceptuales innovadores, en el terreno de las relaciones Iglesia – Estado, asumidos posteriormente en el catolicismo.
En este contexto, el escrito de Fray Justo Pérez de Urbel, “José Antonio, católico”, publicado junto a otros en 1951, por la Delegación Nacional de Organizaciones del Movimiento, en el libro José Antonio, es del máximo interés y sumamente clarificador. Pero, a nuestro modesto entender, el texto definitivo al respecto, es la particular biografía de Cecilio de Miguel Medina que ya hemos mencionado: La personalidad religiosa de José Antonio (Ediciones Almena, Madrid, 1975). ¿No sería posible –nos preguntamos- que viera la luz su segunda edición en un futuro próximo?
Se educó, vivió y murió como católico. Y así lo afirmó, por ejemplo, el Arzobispo de Zaragoza Pedro Cantero en 1943. De esta forma, teoría y acción fueron esforzadas proyecciones de sus convicciones más profundas.

 

 

Reflexiones finales.
                Plataforma 2003 ya agrupa a varios miles de españoles empeñados en que el próximo centenario sirva a dos ambiciosos objetivos: hacer justicia histórica a la persona de José Antonio y difundir su ideario fundamental.
El empeño parece difícil. La España de los nacionalismos disgregadores, de la globalización, de la atomización del individuo, del olvido de la propia tradición histórica, no parece propicia a la recepción de un mensaje que habla de servicio, entrega, trascendencia, ideales… Cuenta con otra oposición: la de los medios productores del actual poder cultural dominante que han extendido un manto de silencio, cuando no de prejuicios, sobre la figura y legado de José Antonio.
                Romper esos muros, y llegar al mayor número de compatriotas, son los retos asumidos por la citada Plataforma y otros colectivos, como es el caso de Ediciones Barabarroja desde hace años ya y con evidentes dificultades. Para ello deberán superar la tentación de quedarse en fáciles celebraciones sentimentales de consumo interno en los habituales “cuarteles de invierno”. Mucha generosidad e imaginación deberán emplearse para que no se convierta en una intrascendente conmemoración más, sin proyección en el futuro. En un mundo sin apenas maestros, José Antonio, creemos, tiene mucho que aportar.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 56, abril de 2002.

La sociedad homosexual y Pío Moa.

      Uno de los autores más libres del panorama intelectual español, Pío Moa, de la mano de Criterio Libros, nos ofrece un nuevo texto que rompe muchos esquemas preconcebidos por la ideología y la historiografía dominantes, desde el ejercicio de la razón y el conocimiento de hechos históricos objetivos.

 

Un nuevo libro de Pío Moa.
Criterio Libros (Madrid, 2001) ha editado la última obra, que ha llegado a las librerías españolas, del polifacético autor Pío Moa: La sociedad homosexual y otros ensayos.
A lo largo de sus 321 páginas, el libro agrupa diversos escritos elaborados por Pío Moa entre 1984 y 2001. El texto La sociedad homosexual: el feminismo como ideología, abre el volumen, proporcionando título al mismo. El libro se completa con otros escritos de notable interés: Cenizas del 68, Marruecos o el inverso histórico de España, Un nuevo materialismo histórico, Sobre la ley marxista del descenso de la tasa de ganancia, La significación del Ateneo de Madrid, Desilusiones y grandes amarguras, El hundimiento de la República en la zona «republicana», La II República y la transición democrática, Las fuerzas políticas en la transición española y, por último, Los nacionalismos vasco y catalán en la historia de España.
Vemos, por tanto, que agrupa fundamentalmente ensayos de pensamiento y textos de temática histórica, como los referidos a la II República y la guerra civil, cuyas ideas centrales ya las hemos encontrado, recogidas y ampliadas, a lo largo de su ya célebre trilogía, publicada por Ediciones Encuentro, relativa a ese periodo decisivo de la historia de España.
Otros textos de los aquí presentados, algunos nunca publicados pues no encontraba editor dispuesto a ello, son de gran interés para comprender la evolución personal del autor. Es el caso de su complejo estudio y crítica a la ley marxista del descenso de la tasa de ganancia, en el que concluye denunciando su carácter acientífico, lo que priva de virtualidad al conjunto de la teoría marxista.
Autor de notables intuiciones, éstas se reflejan en otros estudios, como es el que estudia las relaciones históricas entre Al Andalus, Marruecos y España, rompiendo tópicos y lugares comunes. Marca, así, algunas pistas que sería interesante se profundizaran en el futuro por parte de otros historiadores especializados en la materia.
                Manifiesta, además, un buen conocimiento de los mecanismos de las ideologías hoy imperantes, denunciando especialmente, desde el interior de su lógica, las consecuencias prácticas de una de ellas: el feminismo. Su lectura alcanza el mayor interés, al encontrarnos plenamente inmersos en su mentalidad y efectos, llegando en su análisis a conclusiones sorprendentes. Así, aunque afirma desconocer la solución, asegura que el problema de las relaciones entre los sexos está agravado por la acción feminista, abocando a las mismas a un callejón sin salida. El historiador y crítico César Vidal ha llegado a comentar, en libertaddigital.com, que el anterior análisis es “lo más lúcido y sensato que sobre el tema se ha escrito en los últimos años”.
                En muchas de sus afirmaciones rompe esquemas, más tratándose, como el mismo reconoce, de un autor que vivió la transición desde la extrema izquierda maoísta que optó por la “lucha armada”. La transición fue producto especialmente -afirma- de la acción política desarrollada por los sectores y personalidades aperturistas del régimen de Franco. Por el contrario, el peso de los partidarios de una ruptura democrática, que no cuajó por falta de seguidores y de arraigo social, queda seriamente cuestionado, proporcionando datos cuya objetividad no es posible rebatir. En consecuencia, no es posible afirmar que en las fuentes de su legitimidad pueda encontrarse a la II República española. Otra aportación “políticamente incorrecta” del libro.
                También alcanza gran interés su disección de los nacionalismos disgregadores, en particular, al analizar la naturaleza última del vasco, tanto en su expresión “democrática” como en la “terrorista”. Respecto a ello, a modo de ejemplo, reproduciremos un párrafo que encontramos especialmente significativo: “Por otra parte, aunque han utilizado siempre en su provecho (los nacionalistas) el sistema de libertades, tampoco han ayudado a traerlo mediante una oposición seria a las dictaduras. En realidad, al socavar la Restauración y la legalidad republicana, contribuyeron poderosamente a traer las dictaduras de Primo y de Franco, y, una vez instaladas éstas, nunca les ofrecieron una resistencia digna de tal nombre. La excepción de la ETA, durante la época más suave del franquismo, no es tal, puesto que el objetivo de esta organización, de ideas abiertamente totalitarias, en ningún momento fue asentar la democracia, sino, por el contrario, sabotearla, como por lo demás ha comprobado la historia”.
                Se trata, por lo tanto, de una miscelánea en la que encontramos numerosas claves para entender la reciente historia y la sociedad actual desde una perspectiva laica que no se rinde ante el poder de las ideologías hoy dominantes. Ello le capacita para percibir, sin prejuicios, el hecho religioso como uno de los determinantes de la existencia humana y de las organizaciones sociales.

 

 

El secreto de Pío Moa.
                Creador de numerosas polémicas, ¿cuál es el secreto de Pío Moa?
                Además de poseer una consistente base histórica, ejercita un notable sentido común (el menos común de los sentidos, se dice irónicamente) y de una lógica sin complejos. Todo ello le permite desarrollar sus intuiciones históricas, denunciar los efectos perniciosos de las ideologías hoy predominantes y, por último, descubrir algunos de los tópicos más usados por la historiografía mayoritaria.
                Pío Moa escribe –y habla- allí donde se le invita. Así, además de sus colaboraciones en libertaddigital.com, encontramos escritos suyos, recientemente publicados, en medios cono Alfa y Omega, Fe y Razón y Páginas para el mes (de la Asociación Cultural Charles Pèguy de Madrid). Por otra parte, ha empezado a participar, de forma regular, en las tertulias de La tarde con Cristina de la cadena radiofónica COPE.
                En sus análisis más recientes aborda temas complejos, pero viciados, como el panorama actual del ateísmo, los efectos y la naturaleza de la llamada globalización, la campaña mediática desatada en torno a las manifestaciones del sacerdote José Montera, etc. No podemos omitir, en este sentido, que ha sido uno de los pocos articulistas que ha glosado, de forma muy equilibrada, en libertaddigital.com, la figura intelectual de Gonzalo Fernández de la Mora, recientemente fallecido y de quien los amigos de Foro Arbil conservamos tan grato recuerdo.
                Conviene seguirle de cerca, no en vano, por el predominio en España de intelectuales de actuación sectaria, se ha constituido en un observador de la actualidad a tener en cuenta. Deseamos que mantenga su independencia y libertad de juicio, pues con toda seguridad que, en el futuro, fiel a su línea de reflexión y trabajo, nos seguirá proporcionando claves de sumo interés para entender la realidad actual.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 54, febrero de 2002.

Reproducido en Ahota Información, Nº 56, abril – mayo de 2002.

Patriotas de txapela y pasamontañas. Una introspección de ETA.

      En un nuevo libro del catedrático universitario Fernando Reinares, experto en terrorismo y conflictos civiles, se asegura que ETA se encuentra en franca decadencia. Los patriotas de la muerte: una radiografía de ETA.

 

Un nuevo libro de Fernando Reinares.
Precedido por un extenso reportaje publicado en el diario El País, en el que se reproducía alguno de sus apartados más chocantes, Editorial TAURUS ha lanzado un libro de Fernando Reinares titulado: “Patriotas de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por que”. Su autor, que cuenta con varios textos relativos a cuestiones de terrorismo y conflictos civiles, es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Burgos. Este libro ha sido reseñado en diversas publicaciones, participando su autor, además, en entrevistas y tertulias realizadas en varias cadenas televisivas y emisoras de radio.
                El texto es relativamente breve: 207 páginas. Se estructura en torno a 5 capítulos que trazan una radiografía de ETA, especialmente de sus ramas político - militar y militar. Sus títulos son: ¿Quiénes son los militantes de ETA?, ¿Nacionalistas antes que vascos?, ¿Independencia o intereses privados?, ¿Qué pasiones tienen los terroristas? y ¿Ser violentos para considerarse vasco? Unos anexos estadísticos inferidos de las circunstancias personales de varios cientos de militantes de ETA, junto a una breve descripción - resumen de los 47 entrevistados, cierran el libro. Todo ello desemboca en una interesante introspección de ETA.
Su columna vertebral son las entrevistas realizadas a 47 miembros de la banda terrorista (15 en ETA antes de la división, 14 en ETA militar y 18 en ETA político militar), que entraron en la organización en alguna de las tres etapas en que divide su historia: antes de la muerte de Franco, los años de la transición, los años 80.

 

Los militantes de ETA.
                El perfil de la mayoría de los militantes de ETA puede resumirse de la siguiente manera: varones, jóvenes de edad en torno a los 20 años cuando fueron captados, guipuzcoanos en su mayor parte. De convicciones profundamente nacionalistas, apenas tenían formación o ideales marxistas. Muchos ya habían participado en diversas movilizaciones de los medios radicales nacionalistas, en cuyo seno se habían convencido de que ETA constituía una opción éticamente válida, siendo apoyada, a su juicio, por un importante sector de la población. Contaban, además, con la expectativa de un triunfo, a corto plazo, de su organización. Su identidad colectiva se concretaba y afirmaba, particularmente, en una defensa a ultranza del euskera, enfrentándose con un odio visceral a toda manifestación de lo español.
                El libro no recoge testimonios de miembros de Comandos Autónomos Anticapitalistas, organización surgida de ETA que llegó a tener una militancia significativa en los años en que se sufrió mayor violencia terrorista. Por otra parte, apenas contiene testimonios de miembros de ETA incorporados desde Jarrai y la “kale borroka”, si bien los recogidos parecen ser suficientemente significativos.
                Dada la única pervivencia de ETA militar en la actualidad, parece, inicialmente, que existe una cierta descompensación en las entrevistas realizadas, al ser el grupo más amplio el correspondiente a ex miembros de ETA pm, número que se impone si sumamos el de aquellos que entraron en la banda cuando ésta era una única organización. Pero, al manifestarse en las entrevistas con claridad las motivaciones políticas, el entorno familiar, el medio social en el que se desenvolvían antes del ingreso en la organización, su vida y evolución dentro de la misma; siendo todo ello del máximo interés, vemos que el “humus” de partida es el mismo. Es aquí donde cae por suelo uno de los mitos que encumbran a ETA: las motivaciones y la ideología de los terroristas eran similares antes y después de la muerte de Franco, en contra de la afirmación, todavía extendida, de una ETA “antifranquista”, justificable por tanto. Por otra parte es comprensible que el autor no haya encontrado facilidades entre miembros de la rama militar, dado el mayor hermetismo de su entorno, por lo que habrá tenido que recurrir, en superior número, a veteranos poli-milis, más accesible y evolucionados.
                El estudio confirma un evidente predominio, en las motivaciones de los entrevistados, de un componente ideológico y sentimental nacionalista extremo, constituyendo el motor último de su militancia. Por encima del ingrediente “socialista” o “comunista”, es el nacionalismo el impulso primordial activista de esos miles de hombres y mujeres que, en un momento u otro, empuñaron las armas.
Ninguno de los entrevistados destaca por su excesiva formación teórica. No parecen encarnar, tampoco, la imagen de unos “superhéroes”, de unos “soldados políticos” con temple de acero. Al contrario. Actuaron, conscientemente, con las espaldas bien cubiertas gracias a la existencia, durante tantos años, del “santuario” francés.
                Nacionalismo extremo y excluyente de base etnicista, imagen idealizada de la realidad primigenia vasca, valoración en extremo del euskera hasta el punto de pretender la desaparición del castellano, menosprecio por la democracia, odio absoluto a lo español… Esos siguen siendo, todavía hoy, los ingredientes que animan a las nuevas generaciones incorporadas a ETA desde la cantera de la “kale borroka”, pese a los cambios sociológicos producidos. Así, por ejemplo, en su día la mayoría de los nuevos militantes procedían de medios rurales y pequeñas poblaciones del interior de Guipúzcoa y Vizcaya, euskaldunes y de familias nacionalistas. En la actualidad proceden, en mayor número, de medios urbanos, desconociendo muchos el euskera y sin antecedentes nacionalistas en la familia.
               
El futuro de ETA.
                El autor confirma, con ánimo esperanzado, la progresiva decadencia de la organización, evidenciada en la pérdida paulatina de su capacidad de acción. De hecho, tal afirmación la recoge de los militantes más veteranos quiénes juzgan que, en la actualidad, hay menos gente dispuesta a “dar el paso”, siendo además de inferior calidad y habilidades.
                La más reciente actualidad parece confirmar el anterior diagnóstico de Fernando Reinares. Las “caídas” producidas en el mes de septiembre muestran una pérdida de la disciplina interna de la organización, junto a un menosprecio o desconocimiento de las medidas de seguridad -que permitieron “blindar” la actividad de ETA durante varias décadas convirtiéndola en una organización temible- por parte de los jóvenes militantes incorporados en los últimos dos años desde Jarrai y la “kale borroka”.
                Ello es consecuencia, en buena medida, de la realidad de un nacionalismo radical que experimenta una progresiva “ghettización”, aislándose poco a poco, pese a su extraordinaria capacidad movilizadora, del conjunto de las ciudadanías vasca y navarra.
                Algunos de esos esperanzadores síntomas ya los estudiamos en un artículo publicado en este mismo medio: “ETA y Herri Batasuna, la vía camboyana” (Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 39, noviembre de 2000).
                El autor, prudente, no se atreve a augurar una próxima desaparición de ETA. Con todo, sin duda, podemos afirmar que la actual evolución de la escena política internacional, consecuencia directa de los atentados producidos en Estados Unidos el día 11 de septiembre, puede llegar a ser determinante en el futuro del terrorismo a escala planetaria. Prueba de ello es el desarme del IRA iniciado a finales de octubre, decisión que no parece haber sido ajena al cambio del gobierno norteamericano frente al terrorismo. Particularmente en un país del primer mundo, el terrorismo ya no será visto con las simpatías que, en algunos casos, llegó a despertar. De ser un acompañante molesto del nacionalismo vasco “moderado”, ETA puede llegar a ser un obstáculo fundamental para las aspiraciones del mismo.
                ¿Cómo podríamos resumir, entonces, la situación actual de ETA? Intentémoslo: progresiva marginación en la sociedad vasca, mayor aislamiento internacional, disminución del número y calidad de nuevos militantes, pérdida de capacidad destructora, reducción del peso de los militantes más veteranos, división y cansancio en el seno de la izquierda abertzale, mayor distanciamiento de la acción política, alejamiento de las hipotéticas salidas propiciadas por la estrategia terrorista, desaparición progresiva del “santuario” francés. El pobre comunicado de ETA del pasado 28 de octubre, con su patética falta de realismo, confirma este diagnóstico.
                Sin embargo, no deja de sorprender que, pese a encontrarse en semejante coyuntura desde hace ya bastantes años, ETA haya sido capaz de diseñar y ejecutar una estrategia que, recientemente, ha estado a punto de permitirle alcanzar parte de su sueño: liderar al conjunto del nacionalismo vasco y provocar una secesión a corto plazo.
Pese a ello, y en base a todos los datos desgranados en los párrafos anteriores, puede afirmarse que ETA, aun conservando una importante capacidad para matar durante bastante tiempo, se encuentra en la coyuntura más difícil y problemática de su sangrienta historia.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 52, diciembre de 2001.

Fernando Sánchez Dragó se apunta a la “New Age”.

      El nuevo libro de Fernando Sánchez Dragó puede definirse como una exaltación del individualismo que caracteriza a la “New Age”. Del gnosticismo a la “New Age”. Ese parece ser el itinerario espiritual del gran escritor.

 

El nuevo libro de Sánchez Dragó (“Carta de Jesús al Papa”, Planeta, 2001) se inscribe plenamente en la corriente planetaria de la “New Age”.

                Hace ya casi dos décadas, corrió el rumor de que este magnífico autor se había convertido al catolicismo. Pero lo desmintió, reconociendo un especial interés por un personalísimo  cristianismo gnóstico (recordemos su atención a Prisciliano). Ahora, con este libro, aterriza en el paraje más lógico de un itinerario de este tipo: la “New Age”. Para ello hace propios múltiples tópicos dominantes, algunos compartidos incluso con la pagana “Nueva Derecha” (es el caso de atribuir al cristianismo el origen del capitalismo y del comunismo, concebidos en este caso como grandes males que han ahogado al “genio” europeo y su primigenia espiritualidad pagana politeísta), incurriendo en un anticatolicismo explícito.

                No puede decirse que, en esta ocasión, su rebeldía e inconformismo le hayan llevado a enfrentarse a los poderes establecidos. Tampoco puede afirmarse que sus conclusiones sean originales. Así San Pablo, por ejemplo, antes que por Sánchez Dragó, ya fue objeto de tremendas críticas en “El anticristo” de Nietzsche. Al contrario que en otros posicionamientos anteriores del autor, su perspectiva en este tema está asumida por el poder mundial que, también, en el ámbito religioso tiene una manifestación muy concreta: la “Nueva Era”.

Seamos realistas: la Iglesia ya no es un poder establecido en armonía con las demás fuerzas reales de este mundo. Al contrario, parece ser el enemigo a batir. Y prueba de ese despecho lo son todas las campañas orquestadas, por ejemplo en España, contra la Iglesia aprovechando, con o sin razón, cualquier excusa; incluso deformándola. La ola de anticlericalismo, de anticatolicismo, que se viene desarrollando en España en todos los órdenes (política, medios de comunicación, pensamiento, cine), no deja de ser la manifestación hispana –de triste tradición- de un fenómeno mundial.

                Está de moda atacar a la Iglesia. Puede hablarse de todo. Hay que ser respetuoso con toda opción y opinión. Pero hay que ser inflexible con las pretensiones –inaceptables para la mentalidad hoy común- del catolicismo. Lamentablemente, Sánchez Dragó se apunta a la moda. Y no nos escandaliza: ni sus afirmaciones, ni su vehemencia.
En esta ocasión se arroga, en el texto, el papel de Jesús, intentando meterse en su piel. Para ello afirma haber estudiado 2.000 estudios sobre su figura. Sin embargo, la experiencia de millones de personas a lo largo de otros tantos 2.000 años, nos indican que para conocer a Jesús no es necesario leer tanto. Basta con tratarle y seguirle a través de otros cristianos. “Venid y ved”. Sigue siendo una invitación posible y sugerente, pero sólo factible en el ámbito de una compañía humana concreta: la Iglesia. Otras percepciones de la figura y la realidad de Jesús pueden ser interesantes, inteligentes, curiosas, provocadoras, pero, en cualquier caso, serán en gran medida producto de la propia imaginación.

                Para hablar con el espíritu, no hace falta intermediarios. Esa afirmación de Sánchez Dragó tampoco es muy original. Gnósticos, masones, rosacruces, librepensadores de todo tipo, ya lo afirmaron con anterioridad. Se trata de uno de los dogmas del pensamiento “políticamente correcto” en su proyección “espiritual”.

Sánchez Dragó llega en esta ocasión, con su inevitable ánimo provocador aunque lo defina como ejercicio de sinceridad, incluso, a desautorizar a la Biblia en su conjunto. No sólo la califica de pésimo producto literario (¿qué pasa entonces con el Cantar de los Cantares, por ejemplo?); sino que llega a afirmar que oscurece a las preguntas elementales de todo ser humano. Olvida un hecho incontestable: para millones de personas, precisamente la Biblia ha sido –y es- un acompañamiento privilegiado en el discernimiento y verificación de las mismas. Pero, claro, la soberbia intelectual –y la soledad- impiden aceptar experiencias ajenas.

El autor, como buen prototipo del modelo prometeico impuesto desde el individualismo patentado por el poder, busca en todo lo humano lo excepcional, el ritmo frenético, los simbolismos ocultos, las experiencias únicas lindantes con lo prohibido, el agotamiento de los sentidos y la saciedad de los instintos. Sin duda su personal vía, que ya anticipara en su novela “El camino del corazón”, y cuya intensa existencia certifica, es interesante, puede ser apasionante y cubrir las vidas de otras personas “más comunes”. Pero estará solo.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 51, noviembre de 2001.

Un libro fundamental para entender la crisis de la segunda República española y la guerra civil.

El nuevo libro de Pío Moa, sobre el derrumbe de la segunda República española y el desarrollo de la guerra civil, rompe con los moldes marcados mayoritariamente por la historiografía española, hasta el punto de dejar en evidencia una continuidad argumental entre la propaganda del Frente Popular, que propició el desencadenamiento de la contienda, y dicha corriente mayoritaria.

 

Un nuevo libro de Pío Moa.
De la mano de su editor habitual en los últimos años (www.ediciones-encuentro.es), Pío Moa completa su trilogía en torno a los sucesos y personajes determinantes de este periodo fundamental (“El derrumbe de la segunda república y la guerra civil”. Madrid 2001, 599 páginas).
Es el tercero de los libros escritos por Moa dedicados a este periodo de la historia española, uno de los que mayor número de estudios y ríos de tinta ha generado, tanto en España como en el extranjero. Este texto ha sido difundido, por entregas, con anterioridad en internet, concretamente en libertaddigital.com, lo que constituyó una experiencia pionera en el mundo librario de habla hispana..
                Su tesis fundamental, ya esgrimida y argumentada por el autor en el primero de sus libros (“Los orígenes de la Guerra Civil Española”), es desarrollada hasta sus últimas consecuencias, siendo perfectamente complementado desde la perspectiva del protagonismo de sus personalidades más relevantes, por el segundo de ellos (“Los personajes de la República vistos por ellos mismos”).
Recordemos su tesis central: la guerra civil se inició con la mítica insurrección de octubre de 1934 organizada, fundamentalmente, por un PSOE sovietizado y por la Esquerra.
La vida política posterior es incomprensible, a su juicio, sin esta perspectiva, a la que dota de cuerpo con el poder de los  hechos y los argumentos escritos.
                Sus numerosas y densas páginas se estructuran en torno a 39 capítulos (agrupados a su vez en cuatro partes fundamentales) y un apéndice; puede afirmarse que el caudal de datos proporcionado, siendo muy selectivo, es magnífico, facilitando una perspectiva global multidisciplinar.
                Las cuatro partes son: “La creación de un clima bélico”, “Procesos hacia la guerra”, “El primer Frente Popular desmantela la República” y, por último, “La guerra”. El apéndice, titulado “Los crímenes de la guerra civil”, es un conjunto muy matizado de reflexiones en torno al número de víctimas esgrimido por los diversos historiadores, derivando en una severa crítica a la metodología aplicada a las fuentes históricas por determinados escritores, caso de Santos Juliá. En este contexto, otros autores, en buena medida denostados por la historiografía dominante, como los hermanos Salas Larrazábal, quedan en mejor posición al reconocerles un ejercicio de mayor objetividad en su investigación, con una notable fidelidad a las fuentes y al método seguido. También realiza, en este apéndice, algunas consideraciones de sumo interés sobre el influjo de ideas preconcebidas en el oficio del historiador, y sobre la realidad de los excesos producidos, por uno y otro bando, en el transcurso de la guerra civil.

 

 

Las tesis de su nuevo libro.
                A juicio de Pío Moa, quien recurre a incuestionables fuentes documentales, la contienda pudo haberse evitado; pero grandes sectores de la izquierda optaron por la insurrección y la guerra civil, creando el ambiente necesario a partir de una intensa campaña propagandística de denuncia de los supuestos excesos cometidos por el ejército en la represión del levantamiento de octubre de 1934. A dicha campaña le acompañó una ofensiva, auténtico terrorismo, especialmente dirigida contra la derecha política y la Iglesia católica.
                Ante esa agresión, la derecha política y el centro radical adoptaron, en general, una actitud de resignación, acatando al sistema republicano y buscando su mantenimiento, como barreras que impidieran una generalización del enfrentamiento civil. Estrategia, en definitiva, que no sirvió para evitar la acometida mortal al régimen organizada, en diversos frentes, por el conjunto de las izquierdas (los anarquistas tampoco salen indemnes del juicio del historiador).
                Pese a esa actitud legalista y acomodaticia de derecha y centro, la izquierda no sólo no cambió sus planes, sino que los radicalizó. Ello generó una respuesta simétrica en los sectores más dinámicos y radicales de la derecha, movimientos a los que se sumó un sector de la oficialidad del ejército y que desembocaron en el alzamiento del 18 de julio; que interpreta como una reacción “a la desesperada” de una derecha acosada que no esperaba cuartel de la izquierda.
Previamente, mediante la maniobra del escándalo de “straperlo”, el Partido Radical había sido eliminado de la escena política y el republicanismo conservador de Alcalá Zamora no cuajó, privando todo ello al sistema de un “colchón” imprescindible que amortiguara los movimientos y presiones de derecha e izquierda, ambas camino de la ruptura violenta con el régimen republicano.
                No hay aspecto de relevancia que no sea objeto de la mirada y juicio de Pío Moa, siendo especialmente crítico con el papel jugado por los republicanos de izquierda (Azaña y demás “jacobinos”, a los que relaciona de manera evidente con la entonces todopoderosa masonería española).

 

La guerra civil.
                También estudia la guerra civil, de forma analítica, abordando los principales factores que determinaron la sorprendente evolución de una situación aparentemente desesperada para los sublevados: tanto los aspectos políticos, diplomáticos, militares, etc. Su afirmación de que la entrega de armas al pueblo no sólo no apuntaló la resistencia de la república, sino que supuso la liquidación de la misma en aras de un nuevo régimen totalitario de fachada democrática (una especie de anticipo de “democracia popular”, tal como se vivió en la Europa del este al término de la segunda guerra mundial), es de una evidencia absoluta. Para ello se apoya en un agudo análisis político y militar, del que no es ajeno una inteligente visión del juego de las grandes potencias del momento y de la diplomacia de ambos bandos.
                Uno tras otro, los modernos mitos de la guerra civil caen por suelo. Así, a juicio de Moa, por ejemplo: el bando nacional se nutrió de voluntarios en mayor medida que el bando populista, la intervención extranjera en absoluto estuvo polarizada por los contingentes alemanes e italianos, la supuesta incompetencia militar de Franco se basa en prejuicios y análisis de “estrategia – ficción” más que en un estudio sereno de los hechos, el SIM populista fue más efectivo para disciplinar a las filas republicanas y eliminar a opositores del estalinismo que en combatir a la “quinta columna” (éste es uno de los aspectos más novedosos del libro), la adquisición de armas fue más efectiva y honrada por parte del sector nacional que por el populista, la entrega del oro a Moscú fue una cesión inadmisible de soberanía, etc.

 

La importancia de este texto.
                Este texto de Pío Moa, con un buen nivel de ventas y una satisfactoria recepción por los lectores, es importante por varios motivos.
                Rompe los esquemas de la historiografía mayoritaria, desvelando que buena parte de sus premisas ideológicas son continuación de los mitos esgrimidos por la propaganda izquierdista que incitó a la guerra civil: por ejemplo, la represión desatada en zona populista sería una reacción comprensible de la clase trabajadora ante la agresión sufrida por un “ejército fascista” defensor de los intereses de los poderosos. Es decir, todo un conjunto de tópicos que no resisten la crítica histórica.
                Que el autor proceda de la extrema izquierda no es asunto indiferente. Tiene una particular relevancia, pues afronta este periodo histórico desde una perspectiva básicamente política, con una especial consideración de la “agit – prop”, basándose para ello en un estudio de fuentes documentales incuestionables y en el ejercicio del sentido común. Así, si bien llega a conclusiones convergentes con las de autores ya conocidos y denostados por la corriente mayoritaria (Arrarás, Burnett Bolloten, Ricardo de la Cierva, etc.), el camino y los razonamientos son en buena medida distintos, lo que proporciona una credibilidad fuera de toda duda. Por otra parte, en su análisis y descripción llega a algunas conclusiones y perspectivas novedosas. Sorprende, por ejemplo, cuando afirma que la violencia desatada por Falange lo fue con carácter defensivo ante las agresiones de las Juventudes Socialistas, escapando con tal afirmación de la demonización general desatada contra ese grupo político (que además fue uno de los más castigados en la represión producida en la guerra civil y que alcanzó fatalmente a la inmensa mayoría de sus líderes y prácticamente a toda su militancia en las provincias bajo control populista).
                En definitiva. Se trata de un inteligente estudio, analítico y muy documentado, del que se derivan numerosas conclusiones “políticamente incorrectas”, a la vez que realiza aportaciones novedosas a la investigación sobre este periodo histórico fundamental para la historia de España.
                Finalizaremos reproduciendo el párrafo final de la obra -esperamos en ello la comprensión de su autor- por considerarlo de una lógica aplastante y de una razonable positividad.
                “Se ha extendido hoy día una tendencia a despreciar a las generaciones que hicieron la guerra, por fanáticas, sectarias u obcecadas. Dudo que podamos juzgarlas quienes no soportamos las tensiones psicológicas, ideológicas y económicas de entonces. La tranquilidad y bienestar material de hoy son bienes recibidos sin especial mérito nuestro. A nuestros predecesores se debe el esfuerzo, mejor o peor orientado, del que nos beneficiamos, y cuyos frutos tan fácilmente podemos echar a perder con nuestra arrogancia. No repetir la historia exige, entre otras cosas, apoyarse en ella, buscando acercarnos lo más posible a su verdad y comprensión, sin usar el pasado como armas arrojadiza o para envenenar la aceptable convivencia cívica actual”.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 50, octubre de 2001
Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001.

Los democristianos españoles en la oposición al franquismo. Un libro esclarecedor de Donato Barba.

      Un episodio histórico que, por el fracaso político de sus protagonistas, lleva el camino de diluirse y de desaparecer de la memoria colectiva, es el protagonizado por los democristianos españoles opositores al franquismo. Un libro lo rescata del olvido. Algunas enseñanzas de una frustrada experiencia política.

 

Introducción.
“Pocos, poderosos, traidores”. Con esos crueles adjetivos calificaba, presuntamente, un alto cargo del Partido Popular a sus correligionarios democristianos, en un artículo publicado en “El País” en el que se estudiaba el proyecto de fusión de la mayoría de las Fundaciones del entorno de ese partido en una única dirigida –o al menos controlada- por el propio José María Aznar.
Esos mismos adjetivos podrían resumir, también de forma un poco cruel, las impresiones causadas por la lectura –rápida y superficial- del libro “La oposición durante el franquismo/1. La Democracia Cristiana. 1936 – 1977”, de Donato Barba (Ediciones Encuentro. Con prólogo de Javier Tusell y presentación a cargo de José Andrés Gallego. 302 páginas. Madrid 2001. www.ediciones-encuentro.es).
Pero, realmente, el libro aporta mucho más de lo que esas primeras impresiones transmiten. El autor, formado en la UNED, realiza interesantes aportaciones que no deben ignorarse y que pueden ser motivo de reflexión hoy día.
Hay que partir de una premisa. La clandestinidad, incluso en el supuesto de que no sea implacable y continua, no permite agregaciones humanas numerosas, favoreciendo, al contrario, fenómenos chocantes como la incorporación de personalidades excéntricas y su desarrollo en minoritarios círculos.

 

El libro de Donato Barba.
                Sin duda, en el franquismo, actuaron otros políticos, de convicciones que podríamos calificar genéricamente como democristianas, que no compartieron la estrategia de los que sí se situaron en clara oposición al “régimen”. Este libro se centra en quienes optaron, de forma decidida, por la lucha en favor de la instauración de un régimen democrático “a lo occidental”: pluralista en su entender liberal.
                Este movimiento opositor, semitolerado en buena medida, giró en torno a dos personalidades históricas cuya mayor relevancia la protagonizaron, años atrás, en la fenecida segunda república: José María Gil Robles (y su Democracia Social Cristiana, posteriormente Federación Popular Democrática) y Manuel Giménez Fernández (con Izquierda Demócrata Cristiana, devenida en Izquierda Democrática). Una vez fallecido quien fuera ministro de agricultura en 1934 por la CEDA, Giménez Fernández, su partido se acogió al paraguas protector y carismático de Joaquín Ruiz Giménez.
                El libro describe magníficamente la vida interna y externa de ambos partidos políticos (por llamarlos de alguna manera): desde su nacimiento y desarrollo hasta  su desaparición.
                Con una cuidada y dinámica prosa, el autor se centra, especialmente, en las reuniones de carácter interno de cada uno de esos grupos y en sus contactos con las organizaciones internacionales democristianas; estudiando para ello los aspectos más relevantes de las correspondencias personales consultadas, prensa nacional e internacional de la época y la escasa documentación generada por ambos grupos.
                Las aparentemente inexistentes relaciones formales con la jerarquía de la Iglesia católica, el impacto del Vaticano II, las problemáticas y cambiantes relaciones de Gil Robles con Don Juan, el timorato comportamiento de Giménez Fernández, el relativo confusionismo ideológico de Ruiz Giménez, las relaciones internacionales de ambos grupos; todo ello es narrado sin disimulo ni velo alguno.

 

Algunas conclusiones.
                Intentaremos, a continuación, extraer algunas conclusiones y reflexiones que puedan derivarse de su lectura.
1º. Ambos grupos políticos democristianos estuvieron determinados, en gran medida, por las personalidades de sus fundadores, tanto a nivel táctico y de organización, como a nivel ideológico (accidentalidad de la forma de gobierno, relaciones con otros partidos democráticos y con los restantes grupos democristianos, etc.). También fueron determinantes las figuras de sus secretarios generales, en varios casos de ellos, en abierta discrepancia y ruptura con sus presidentes respectivos; lo que derivó en diversas escisiones.
2º. Se trató, en todo caso, de experiencias muy minoritarias. En contraste con ello, encontramos en sus filas a algunos de los principales protagonistas de la transición democrática, buena parte de los cuáles desembarcaron en Unión de Centro Democrático. También encontramos a otros, también significativos, en el PSOE. El número de adheridos a sus partidos políticos no era una obsesión para sus dirigentes; convencidos como estaban de que llegado el momento, ya en una situación de normalidad democrática, o de clara transición hacia ella, se produciría un ingreso masivo de nuevos afiliados, en ambos grupos, procedentes de los movimientos apostólicos de laicos de la Iglesia católica.
3º. El “humus” humano y educativo del que nacen es la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. No se trata, pues, de una realidad que surgiera de la nada; por el contrario, se genera en un medio muy concreto en el que la vocación política se cultivaba, expresamente, al servicio de un pueblo católico que precisaba de políticos que lo representaran y lideraran de forma coherente, conforme los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
4ª. El papel de la jerarquía católica es determinante en el nacimiento, impulso y desarrollo de un partido político inspirado en los valores cristianos. En esos concretos momentos históricos, ese apoyo no se produjo: ni durante el franquismo, ni a lo largo de la transición. Sus efectos fueron evidentes: desaparición de los partidos democristianos (salvo PNV y UDC, con las matizaciones que ambos casos requieren).
                Tales conclusiones pueden ser motivo de reflexión, hoy día, para los católicos interesados –o implicados- en la vida pública española y en la política activa.

 

El grupo Tácito.
                El libro también dedica un importante espacio al colectivo Tácito, que agrupó a importantes personalidades democristianas, fundamentalmente aunque no forma exclusiva, y que jugaron con sus escritos y su implicación personal un papel esclarecedor en el diseño de la transición.
                En un lugar determinado del libro se afirma que las ideas de este grupo llegaron a prevalecer en la transición. Pero, en contraste con ello, aunque fuera cierto, es evidente que no ocurrió así en los años posteriores. La España de los socialistas ayer, y la de los “populares” hoy, difícilmente puede reconocerse en el proyecto democristiano: libertad religiosa y de educación, aplicación del principio de subsidiariedad, justicia social, defensa de la vida, apoyo a la familia, etc.).
                Hemos visto que ambos partidos, y el propio grupo Tácito, nacen y se alimentan de un entorno social muy determinado: la ya citada Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Ello nos demuestra, una vez más, que toda acción política de los católicos debe partir de un pueblo que le impulse, con el que se reconozca, en diálogo permanente con el mismo, y con el apoyo (por lo menos sin su oposición) de la jerarquía. Ese fue, precisamente, el precioso papel que jugó durante décadas dicha asociación.
                En definitiva: sus ideas triunfaron en la transición, para ser desbordadas en los años posteriores, siendo este fenómeno paralelo (y tal vez una consecuencia) de su incapacidad para crear una alternativa unitaria y nacional democristiana que proporcionara rostro a un porcentaje importante de la sociedad española que así lo demandaba.
                En esta paradoja histórica se concreta el fracaso político de los democristianos españoles.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 49, septiembre de 2001

Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001.