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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Entrevista a Rafael López–Dieguez: la conquista de un espacio.

Un joven partido pretende ilusionar a buena parte de los electores descontentos con la situación de deriva social que padece España y el deslizamiento del Partido Popular hacia lo “políticamente correcto”. Para conocer sus propósitos, entrevistamos al secretario general de Alternativa Española.

 

¿Qué impulsa a un padre de seis hijos, abogado y empresario, católico practicante, para dar el salto a la política, situándose en una posición marginal? Rafael López–Dieguez, secretario general del partido Alternativa Española responde, sin tapujos, a nuestros interrogantes.

 

P.: En unas pocas líneas, ¿podría resumir, para nuestros lectores, las pretensiones últimas de AES?

 

R.: En una España gobernada por un socialismo beligerante, revanchista y laicista, pero dirigido por la extrema izquierda encarnada en ERC y con una oposición centrista, reformista y liberal, AES aspira a ofrecer un partido que sin complejos defienda la Unidad de España y un Orden social político y económico acorde a los valores encarnados en la Doctrina Moral y Social cristiana, que no son otros más que, el respeto a la Ley Natural y la Moral Objetiva, todo ello administrado por un Estado social y justo que aspire por encima de todo al bien común y no al interés de minorías o partidos.

 

Aspiramos a ser los que den voz a los que desean preservar estos valores y que no están dispuestos a que el relativismo actual o la mediocridad de una oposición acomplejada termine por dar carta de naturaleza a los contravalores, tales como el aborto, las uniones homosexuales, cualquiera que sea la forma en que se las denomine, la ruptura de la unidad familiar por medio de los “divorcios express”, la manipulación del embrión humano, la ruptura de la unidad de España y por lo tanto de la solidaridad y cohesión entre los españoles con independencia de su lugar de residencia.

 

P.: ¿Cómo definiría a Alternativa Española? ¿antipartido, conservador, derecha nacional, tradicionalista…?

 

R.: Si tuviera que definir AES con los estereotipos de la sociología política actual, estaríamos posicionados a la derecha del PP en materia moral y a su izquierda en materia social y económica. En definitiva, somos un partido transversal, con un  programa que establece un claro orden de prelación a partir del cual los Principios y Valores de orden moral habrán de iluminar el quehacer diario en la política. No se concibe la consecución de la Justicia Social, si no es desde la caridad, la humildad y la mansedumbre.
 
Hoy la batalla en el terreno político se está librando en el campo de lo moral, es una lucha del bien contra el mal, tal y como lo han puesto de manifiesto las primeras medidas adoptadas por el PSOE a su llegada al poder, estos no han cambiado los aspectos económicos, sino que han dirigido todo su odio contra las cuestiones de orden moral donde no han encontrado ninguna oposición, sino, todo lo contrario, cierta connivencia del PP.

 

Las últimas campañas electorales de EEUU y la de UK junto con la actual de Alemania, ponen de manifiesto que los problemas que se debaten son de índole fundamentalmente moral o ideológico, pasando a un segundo plano las cuestiones de orden económico, ya que la realidad nos dice que, en muchas ocasiones, queden fuera del alcance de la gestión de los gobiernos nacionales.

 

Esto no quiere decir que AES no tenga un proyecto social y económico, muy por el contrario, tenemos un programa que atiende a los problemas del día a día y que ya presentamos el 23 de Octubre de 2004 y que lo terminaremos de definir en nuestra próxima III Asamblea que celebraremos el fin de semana del 5 de Noviembre. Estamos muy preocupados con el empleo precario, con la marginación de la mujer, con las políticas no discriminatorias a favor de las familias y en especial de las numerosas, con la educación, con el terrorismo, la tercerización de nuestra economía, con la actividad de las Cajas de ahorro, con la discriminación fiscal y sanitaria por razón del lugar de residencia, con la inseguridad ciudadana, con la inmigración y sus efectos tanto para con el inmigrante como para la estabilidad nacional en materia de empleo, coberturas sociales y seguridad. Y para todo ello tenemos una propuesta.

 

P.: Alternativa Española, ¿es el heredero espiritual y humano de Fuerza Nueva, es decir, de un proyecto político que, en su día, fracasó?

 

R.: AES no es heredero de nadie ni de nada, es un proyecto nuevo, fresco, que no tiene que legitimar actuaciones anteriores que se legitiman por si solas y que la historia se esta ocupando de hacer justicia y colocar a cada uno en el lugar que le corresponde. Es muy posible que lo que unos consideran un fracaso sea el mayor de los éxitos, cual es, el que se mantuviera durante 30 años una llama viva pese a las adversidades y, en esto, si me siento identificado ya que nosotros estamos en política por la obligación que nos impone nuestro Credo y ello nos lleva, en muchas ocasiones, a ir contracorriente – ya lo decía Juan Pablo II- a no contar con la comprensión ni con la ayuda de nadie y, no por ello, pase lo que pase, AES será un fracaso, es el roll que se nos atribuye a los creyentes y por el cual nos debemos sentir unos bienaventurados.

 

P.: Desde sus presupuestos doctrinales, que se remiten, según afirma, a la Doctrina Social de la Iglesia, ¿no se renuncia, de esta manera, a enganchar con los nuevos sectores sociales españoles conservadores pero alejados de la Iglesia?

 

R.: Los principios que defiende la Doctrina Social de la Iglesia están basados en la Ley Natural -que no es propiedad ni reserva de nadie- que inspira directamente el decálogo y por ende toda la Doctrina, es por ello que nadie debiera sentirse apartado de nuestro proyecto, todo lo contrario mucha más gente de lo que Ud. se puede imaginar nos acompaña en este proyecto desde posiciones no confesionales, aunque le he de confesar que, gracias a Dios, terminan comprobando por si mismos, como la Doctrina Social da respuesta a todas sus preguntas, esa es la gran fortuna que tenemos los cristianos.

 

AES nació a la luz de la nota doctrinal de 22 de Noviembre de 2002, en la que el actual Papa Benedicto XVI, cuando era Prefecto de la Congregación para  la Doctrina de la Fe, nos recordaba a los cristianos nuestra obligación de comparecer en la vida política cuando los Valores, a los que me he referido, están en peligro. La comparecencia en la vida política en estas condiciones, es una obligación para los católicos .

 

P.: Por medio de la llamada “Operación Mitterrand”, el socialismo francés impulsó el lanzamiento del Frente Nacional de Le Pen con la pretensión de laminar, a los conserbadores y liberales franceses, unos millones de electores por su derecha y, así, condenarlos a la oposición sine die. ¿Es, Alternativa Española, el rostro español de una operación análoga?

 

R.: Yo me atrevería a decir que nosotros somos fruto de la “Operación  centro-reformista y liberal del PP”, nacemos a la política por la “traición” del PP a sus votantes católicos y al pueblo español en general. AES nace con el PP en el gobierno, una vez que un grupo de españoles, por cierto cada vez más numeroso, vemos atónitos como en materias fundamentales como la vida, la familia, el PP avanza hacia posiciones que ni el PSOE se atrevió a plantear, como era la aprobación de la píldora abortiva RU–486, que instituía el aborto libre, o, cuando vimos que con el gobierno del PP se asesinaban 200 niños cada día, 83.000 en el año 2003 y fundamentalmente en las comunidades gobernadas por el PP como es el caso de Madrid donde se subvenciona a las clínicas abortistas, o a los teatros para exhibir obras blasfemas del cuñado de la Presidenta, o cuando se abría la posibilidad de la manipulación del embrión humano con la ley “Pastor” del 2003, lo que no se atrevieron los socialistas en su ley del 88, o cuando se admitía la unión homosexual por medio del llamado “contrato de unión civil”, o la adopción de menores en Navarra y Baleares gobernadas por el PP, o cuando sin dar crédito, veíamos como las transferencias de las competencias de mayor contenido político y social, imprescindibles para poder conseguir la independencia de algunas tierras de España, se perfeccionaban con el PP, como fue el caso de las socio sanitarias, las fiscales, educativas, justicia, o cuando vimos como nuestra querida España se había convertido en la primera del mundo en consumo de cocaína y de programas pedófilos y éramos la primera de Europa en fracaso escolar, o cuando al alimón PSOE y PP nos querían llevar a la perdida de soberanía a través de la, gracias a Dios, frustrada Constitución Europea.

 

Nosotros no estamos condenando a nadie “sine die” a quedar fuera de las mayorías absolutas, son ellos los que con su decisión de apartarse de la defensa de estos valores, han avivado  las conciencias de muchos españoles que están viendo con nitidez y frustración el valor de su voto a unos políticos que autorizan la píldora del día después a menores de 10 años. Las  decisiones de la cúpula del PP son las que les está condenando a la perdida del poder y, como lo saben, intentan presentar la cara amable, compareciendo en manifestaciones contra la ley del matrimonio homosexual, cuando en su programa aceptaban las uniones homosexuales y se están cuestionando la interposición del recurso de inconstitucionalidad que Rajoy nos prometió, o cuando van a Salamanca a defender la unidad del archivo y el Sr. Fraga hizo una proposición de ley para pedir que se devolviera a Barcelona. Es un farsa continua de la que el español de bien ya se ha percatado. Ha terminado la era del voto útil y del mal menor.

 

P.: Lepenistas en Democracia Nacional, tradicionalistas en CTC y CT, conservadores “duros” en el PADE, defensores transversales de los valores en Familia y Vida, anti-inmigracionistas en Plataforma por, Falanges varias… ¿demasiados pesqueros para tan pocos peces?, ¿qué espacio quiera ocupar AES?

 

R.: Es cierto demasiadas siglas. Esa es la razón por la que pudiendo mantenerse la identidad de cada partido, se debe pretender una unidad electoral. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. En estos momentos tan delicados que atraviesa España es necesario un esfuerzo de generosidad de todos los partidos.  Nuestra teoría es que la unidad electoral debe pilotar sobre muy pocos puntos, de forma tal que se evite la discusión estéril .

 

Ya se que las reticencias son muchas, todos tenemos nuestras diferencias y nuestras razones para existir por nosotros mismos y, ello es legitimo, pero ante una situación como la actual donde los Principios y Valores fundamentales están siendo destruidos, es cuando se hace necesario una gran dosis de humildad.

 

En estos momentos la vida, la familia, las raíces cristianas y España están en peligro, pues bien, edifiquemos sobre estos puntos nuestros acuerdos. No debe ser difícil. España y los españoles nos esperan, no les defraudemos.
 
P.: Este verano, AES se ha manifestado dispuesto a colaborar con cualquier proyecto que defienda en España “la defensa de un orden social, político y económico acorde a la ley Natural y la Moral objetiva, dentro de un Estado social y justo que tienda sin complejos al bien común”. ¿Qué respuesta ha encontrado?

 

R.: El manifiesto al que Ud. se refiere es la respuesta de AES a un articulo de D. Eulogio López, director de Hispanidad.com de principios de Agosto, en el cual sugería una alianza electoral, y como ya le he explicado, estamos de acuerdo con este tipo de iniciativas que intentaremos apoyar, como siempre lo hemos hecho.

 

Además nos consta que el PP esta intentando romper esta iniciativa, para lo cual esta buscando el apoyo de alguno de esos grupos a los que Ud. se ha referido, con el objeto de evitar el nacimiento de un proyecto común.

 

P.: AES, ¿nace “frente” al Partido Popular o desde la afirmación de una propuesta constructiva?

 

R.: AES no nace en contra de nada ni de nadie, muy por el contrario nace a favor de... No creo en lo proyectos negativos, están abocados al fracaso. Ahora bien eso no es razón para que no se denuncie la actitud de determinados partidos o personas.

 

Si nosotros nos referimos al PP es porque del PSOE se sabe lo que se puede esperar, pero lo que realmente duele no es la actitud perversa del “enemigo político” sino la traición o la indeferencia del “amigo”. Con sinceridad, creo al PP tan, o más responsable, que el PSOE, en haber llegado a esta situación, ocho años de gobierno, cuatro de mayoría absoluta debían haber sido más que suficientes para “blindar “ determinados aspectos innegociables. El ejemplo de los revanchistas del PSOE dirigidos por ERC ha sido claro, mire Ud. lo que han sido capaces de hacer en 16 meses de gobierno.

 

Ahora bien eso no quiere decir que el PP no haya hecho cosa buenas, como la posición ante el terrorismo, o la iniciativa del Plan Hidrológico Nacional, o el saneamiento de las cuentas publicas, o acabar con la corrupción institucionalizada, aunque parece que alguien les ha salido “respondón”, o algunas cuestiones más de orden económico. Pero todos estos “éxitos”, se eclipsan con su aptitud mediocre, cuando no connivente, ante los grandes problemas que afectan a la base de la sociedad y la convivencia.

 

Lo peor es que ya no tienen vuelta atrás, su posición es irreversible, lo que se ha puesto de manifiesto en las ultimas declaraciones al periódico El Mundo de los Sres. Acebes y Zaplana. Están entregados al liberalismo capitalista más extremado, buscando un centrismo que se ha demostrado sociológicamente inexistente y, puede que a forma de UCD terminen disolviéndose como un azucarillo.

 

P.: Muchos católicos, democristianos pero también conservadores y liberales, optan por el Partido Popular como la única alternativa real y posible. Su nueva formación, ¿no confundirá y dividirá, esterilizándolo, al nuevo catolicismo social español?

 

R.: Se está Ud. refiriendo a la nefasta teoría del voto útil y el mal menor, pues bien, es posible que todavía algunos españoles caigan nuevamente en este error, pero es evidente que la era del voto útil ha terminado, prueba de ello es que el PP ya no se declara de derechas sino de centro-reformista y liberal, de forma tal que está autoexcluyendo de sus filas al voto “conservador” y aspira ser el referente del centro liberal.

 

El PP ha abandonado voluntaria y conscientemente un espacio, que es, el de la defensa de estos Principios y Valores de orden moral que tienen su trascendencia en el orden político, social y económico, ya que se trata de un estilo y forma de vida. Es por ello que es imprescindible ocupar a la mayor brevedad posible el espacio abandonado.

 

Ellos han forzado esta situación, pero han cometido un error de calculo ya que no contaban con que existiría reacción. Ellos piensan que una vez más el voto católico y el más conservador los seguirían, ante la inexistencia de otra alternativa, pero en esto se han equivocado.

 

Dividir algo supone que habrán de salir dos productos iguales en su esencia aunque no en su tamaño, pero este no es el caso, porque la esencia es totalmente distinta y la razón de su existencia también, por lo tanto nosotros no estamos dividiendo nada, ellos son los que abandonan y nosotros tomamos la bandera.

 

El español con la conciencia bien formada sabe que no puede votar a un partido en el que bajo el mismo paraguas convive el abortista con el contraabortista, el partidario de las uniones homosexuales con el que no lo es, el partidario de la píldora del día después con el que la rechaza etc..., ésto es un caso único en Europa.

 

Mire Ud., cuando en marzo pasado fui invitado a Estrasburgo por miembros del Grupo Popular Europeo, en concreto por los conservadores ingleses, me pude dar cuenta que el “caso PP” era único en Europa, en otros países existen los llamados partidos conservadores (UK) o de derecha nacional (Dinamarca, Holanda, Suecia) o familiares (Polonia y países del este) custodios, en términos generales, de los mismos valores que nosotros defendemos y, de otra parte están los partidos liberales, pero en ningún caso ambos integrados, como es el caso del PP, que quiere al hombre de la llamada “derecha” y al liberal en la misma cesta, porque como bien me decían los representantes de estos grupos, socios del PP, es una formula que con el tiempo habrá de fracasar y que no entendían como se había mantenido hasta ahora. Prueba de ello es la diferencia existente entre la actitud del PP español ante la Constitución Europea y la de sus socios europeos, que nos invitaron a explicar ante los parlamentarios europeos nuestras razones al no, que de otra parte he de decirle fueron traducidas a cinco idiomas y utilizadas en las diversas campañas. Obviamente el PP no asistió a nuestra conferencia, pero sí sus socios, que de esta forma nos legitimaban como interlocutores validos en esta materia y, si Dios quiere, probablemente en otras.

 

P.: Qué modelo político le gusta más? ¿el francés, con un Frente Nacional importante pero marginado de todas las instituciones, o el italiano, con una Alianza Nacional integrada en el Polo de las Libertades y capaz de “hacer”política real?

 

R.: Algo que he aprendido es que cada país es un mundo en materia política. Me he preocupado de mantener contacto con muchos partidos europeos de distinto signo y he podido comprobar que cada uno es fruto de la cultura e historia política de su país. No es lo mismo Italia que Francia ni Austria que Dinamarca.

 

Pero contestando a su pregunta, es evidente que nosotros queremos y estamos convencidos que tenemos una oportunidad de participar en el futuro de España, ¿acaso no está España dirigida por un partido de minorías como es ERC? ¿imagina si en cambio de ERC fuera un partido como AES? ¿cómo sería España?. Y además es que esta situación ya existe en muchos países de Europa y funciona, “homólogos” nuestros gobiernan en coalición en sus países o tienen  la fuerza suficiente para influir en el futuro de sus naciones.

 

Nuestra aspiración no es una utopía, sólo exige que unos cientos de miles de españoles – menos del 2% de los votantes- se decidan, den el paso, como lo han hecho otros europeos, sólo necesitamos que un mismo numero de votantes, como los que han votado a ERC, nos voten a nosotros. ¿no es acaso un objetivo alcanzable?

 

P.: Sin contar con medios de comunicación afines, ni sindicatos de intereses, tampoco poderes fácticos… ¿cómo pretende hacer llegar al español medio sus propuestas?

 

R.: Lo peor no es, no contar con medios de comunicación, lo peor es tenerlos a todos en contra, unos, los de izquierda por la rivalidad política, y otros, los de “derechas”, por el miedo a que el PP pierda votos.

 

En los últimos meses nos hemos tenido que enfrentar a situaciones propias de gobiernos marxistas al más viejo estilo, cierto es que nuestro mayor detractor en los medios es un exmarxista radical, que por cierto, hoy utiliza los medios de una Iglesia a la que no pertenece y nos margina de los mismos, difamándonos e incumpliendo sus obligaciones contractuales; la justicia tiene la ultima palabra. Es al menos paradójico que los que somos creyentes y practicantes y colaboramos con nuestros medios con la Iglesia, se nos marginen de sus medios de comunicación y más cuando nuestro discurso es la defensa de su Doctrina Social.

 

Periódicos y cadenas de radio consideradas los “voceros del PP” se han negado a insertar nuestros anuncios publicitarios -por supuesto pagados, incluso por anticipado- en los cuales se pedía la defensa de la vida, la familia, las raíces cristianas y de España, en los mismos que hicimos famoso el eslogan de “Zapatero embustero” que luego fue utilizado  y capitalizado por todos nuestros detractores.

 

En definitiva nos daremos a conocer con los medios que nos brinde las organizaciones y la gente de bien, como es su caso, de forma virtual a través de Internet, o participando en tertulias de radio, que recomiendo, o con presentaciones en toda España, piense que ya estamos presentes en todas las Comunidades Autónomas y tenemos sedes abiertas en muchas de ellas y, por ultimo, y lo más importante con la ayuda de Dios, que estoy seguro no nos abandonará en esta lucha por recuperar para ÉL la tan querida tierra de María.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 97, septiembre de 2005

“¿Por qué aumenta el terrorismo? Para comprender la amenaza y responder al desafío” (Ediciones Encuentro).

Alan M. Dershowitz. “¿Por qué aumenta el terrorismo? Para comprender la amenaza y responder al desafío”. Traducción de Gabriel Rosón. Ediciones Encuentro. Madrid. 2004. 260 pp.

 

 

 

La articulación y límites del binomio libertad-seguridad han recobrado, desde el impacto de los masivos atentados terroristas del 11 S y el 11 M, dramática actualidad. En este contexto, nadie mejor que un judío estadounidense, jurista, activista por los derechos civiles, y experto en la práctica contraterrorista israelí, para aportar luz desde la perspectiva del chocante pragmatismo norteamericano.

 

 

Bastante valor han reunido en Ediciones Encuentro para presentar, al lector español, el libro que en esta ocasión comentamos; no en vano, lo integran un sugerente conjunto de reflexiones sinceras, particularmente pragmáticas y sin complejos, en torno al fenómeno mundial del terrorismo. Si a ello le sumamos que se trata de una elaboración intelectual típicamente norteamericana, ya tenemos los ingredientes de un producto “políticamente incorrecto”. Al menos en Europa.

 

 

A los norteamericanos los pintamos malvados o ingenuos, cuando no infantiles. Este, generalmente compartido, inicial juicio de valor, podría ser acreditado por algunas de las sorprendentes reflexiones del autor. Nos referimos, por ejemplo, a la polémica social planteada por la propuesta de un documento nacional de identidad en Estados Unidos. Tal discusión, irrelevante en España donde nadie discute su existencia, es fundamental para muchos norteamericanos –tanto republicanos como demócratas- que consideran que su implantación constituiría un enorme retroceso en sus concretas libertades. Todo ello contrasta, aparentemente, con las consideraciones que también realiza en torno a una problemática que, en principio, horrorizaría a cualquier europeo: la posible justificación moral de una cobertura legal que autorizara, con precisas cautelas judiciales, la aplicación de la tortura, en casos extremos, a terroristas, con el objetivo de evitar una masacre cierta e inminente.

 

 

El autor, norteamericano de familia judía ortodoxa, es un jurista y docente universitario activista por las libertades civiles gran conocedor de la jurisprudencia contraterrorista norteamericana e israelí; lo que le convierte en un excepcional observador del conflicto entre israelíes y palestinos. Otra sorpresa del libro. El autor sugiere que, a causa de su altísima estatura moral, el prestigioso Tribunal Supremo israelí tiene mucho que aportar en un necesario debate, realista y sin restricciones –y que de momento no se está suscitando en España- sobre los retos del moderno terrorismo y sus implicaciones en nuestra sociedad.

 

 

El binomio libertad-seguridad, en su aplicación europea, también ha sido directamente golpeado por el terrorismo. No obstante, la sociedad española no se ha planteado su alcance real; tal vez por habernos puesto a mirar en otra dirección para no ver una realidad inimaginable e inquietante. De nuevo, el pragmatismo yanqui contrasta con los prejuicios de la ideología predominante en Europa.

 

 

La tesis central del libro es sencilla. El terrorismo (que para algunos sería la continuación de la guerra con otros medios) crece en todo el mundo, cuantitativa y cualitativamente, por una razón de peso: el éxito que ha alcanzado. La opción por la práctica terrorista –asegura- es una decisión táctica racional, elaborada por cultivadas elites dirigentes, que persigue objetivos políticos; siendo premiada por las actitudes confundidas, acomplejadas y cobardes, de determinados países europeos, buena parte de la comunidad internacional, y organizaciones religiosas. Y, para confirmarlo, analiza el comportamiento de algunos gobiernos europeos que sufrieron, en su día, acciones terroristas palestinas. Su juicio es duro: Alemania, Francia e Italia, particularmente, han cedido ante las presiones de los terroristas palestinos, llegando, incluso, a premiarles en los foros internacionales. Por miedo, por simpatías ideológicas… Pero lo más grave no termina aquí. Este comportamiento inspiraría el modelo activista de Osama Bin Laden y su legión de seguidores, a los que denomina terroristas “apocalípticos”, para diferenciarlos de los marxistas del siglo pasado. Para afrontar esta amenaza no existen atajos: sólo es posible el éxito desde la firmeza y la unidad internacional, ya que si algún gobierno apoya a los terroristas, aunque sea mínimamente, entonces, buena parte de los mecanismos de respuesta pierden efectividad. De ahí, los debates morales, cívicos y jurídicos, que desarrolla a lo largo de su libro.

 

 

Para un observador español, buena parte de los conceptos y de los debates recogidos, en el libro, pueden resultar extraños: el marco legal y algunos de los valores de fondo, propios de la sociedad y tradición norteamericana, difieren en alguna medida de los nuestros. España no es Estados Unidos, evidentemente. Pero nos une el reto de un nuevo terrorismo, masivo y global, que podría acceder a armas de destrucción masiva…; aunque muchos no lo quieran ver. Y para articular las necesarias respuestas, que tendrán que adoptarse, mejor reflexionar y debatir ahora, que no después de un nuevo y masivo golpe.

 

 

El Semanal Digital, 25 deseptiembre de 2004.

 

 

“Infiltrados. De ETA a Al Qaeda” (Editorial Planeta, S.A.).

Jorge Cabezas. “Infiltrados. De ETA a Al Qaeda. Editorial Planeta, S.A. Barcelona. 2004. 272 pp.

 

 

 

La historia de la infiltración de una mujer policía en el comando Donosti y el caso de las escuchas del CESID en la sede de Herri Batasuna de Vitoria, constituyen la excusa para una narración de la evolución y adaptación de los diversos servicios de información españoles al estado democrático y a los retos del terrorismo.

 

 

La infiltración policial en el seno de las bandas armadas constituye, en la ya larga historia del terrorismo, una de las técnicas más clásicas y eficaces desplegadas por el estado, para combatirlo, junto al empleo de redes de confidentes. Esas arriesgadas acciones persiguen el mejor conocimiento interno de la estructura real de una organización terrorista y la detención de sus integrantes, evitándose con ello precisas acciones terroristas. En la lucha del estado democrático contra ETA no podían faltan casos relevantes de infiltración que han prestado magníficos servicios. El autor, desde esta premisa, nos narra la historia de la policía que llegó, en su infiltración en los medios abertzales de San Sebastián, en la década de los noventa del pasado siglo, hasta el interior del mismísimo comando Donosti; proporcionando, entre otras, unas oportunas informaciones que permitieron, a Jaime Mayor Oreja y sus colaboradores, concluir que la “tregua” de la organización era aprovechada para fortalecerse.

 

 

Con idénticos fines, este tipo de operaciones, de extraordinario riesgo personal para sus protagonistas, se complementa con otras actuaciones, operativas y de inteligencia, en ocasiones en los límites de la legalidad. Por ello, el segundo caso que el autor nos narra extensamente es el de las escuchas del CESID en la sede de Herri Batasuna en Vitoria.

 

 

No obstante, este libro es mucho más que la narración de dos peripecias vitales, ya que, ambos episodios -que vienen a confirmar que “la realidad supera cualquier ficción”- son la excusa y el hilo conductor del objeto real del libro: la evolución y el desarrollo de los diversos servicios de información españoles en su adaptación a las exigencias éticas y legales del estado democrático y a las innovaciones tecnológicas de la globalización.

 

 

Guardia Civil, Policía y CESID, no siempre compartieron su información. Al contrario, incluso, en algunas circunstancias llegaron a obstruir acciones de los otros servicios; siempre desde una concepción patrimonialista de la información que pretendía retener, a toda costa, al que consideraban terreno propio. Parece ser, así lo asegura el autor, que tales prácticas son cosa del pasado, siendo, algunos recientes éxitos antiterroristas, palpable prueba de ello, a los que ha contribuido notablemente la cooperación judicial y policial francesa.

 

 

El libro es apasionante, describiendo -de forma muy amena- la evidente transformación de los servicios de información; lo que se traduce en su creciente cualificación y especialización profesional, la incorporación de nuevos métodos de trabajo, y su actualización tecnológica.

 

 

El autor destaca otra circunstancia decisiva para el éxito de la lucha antiterrorista, además de la progresiva eficacia de las fuerzas policiales. Esa no es otra que el preciso momento en que se comprendió –con Jaime Mayor Oreja al frente- que esta lucha no podía limitarse a la desarticulación de los comandos y a la detención de sus dirigentes. Había que combatir a ETA en todos su frentes pues, tal como afirma en su página 231 ”(…) actuaba como un estado en la sombra, ocupando aquellos espacios de la sociedad que en su día serían el recambio para la instauración de un nuevo estado vasco”.

 

 

Pero también plantea una circunstancia inquietante. Se nos explica que abundante documentación, requisada a la banda en su día, permaneció durante casi una década sin analizar. Durante aquellos años, en que se consideraba prioritaria la lucha contra la expresión armada de ETA, otras posibles vías de trabajo se descartaron. Posteriormente, el análisis de tales informaciones fue determinante para la ilegalización de diversas formaciones abertzales, la desarticulación de parte del aparato de extorsión de la banda y del de finanzas, o para la suspensión del diario Egin. De haberse dedicado, entonces, más medios humanos y materiales, previo análisis táctico y la correspondiente decisión de los máximos responsables de la seguridad nacional, tal vez se habría acortado este largo camino, evitándose con ello muertes y sufrimientos. Todo ello exige a los gestores de los servicios de información, un riguroso trabajo de inteligencia; y a los gobernantes y políticos, facilitar esa labor con todas sus consecuencias.

 

 

El libro estaba pensado para hablar de los servicios de información en su lucha contra ETA, pero los terribles sucesos del 11 M han obligado al autor, sin duda, a realizar una pequeña incursión en el mundo del terrorismo islámico. Y allí manifiesta un durísimo juicio de valor. No es comprensible que una banda de vulgares delincuentes aficionados, muy conocidos y bastante controlados por alguna unidad policial, lograra golpear de forma tan dura a la sociedad española. Huyendo de teorías conspiracionistas, a las que no concede crédito alguno, el escritor se decanta por la explicación más sencilla: más que por otra razón, se pudo consumar la masacre, ante todo, por la incompetencia profesional de los policías que mantenían contactos y confidentes en ese entorno. Pero este tremendo fracaso no puede, no debe, enmascarar una realidad evidente: se ha progresado notablemente en la lucha contra ETA, hasta el punto de doblegarla.

 

 

En cualquier caso, el libro señala un camino sin retorno en el que deberán transitar los servicios de información españoles en su lucha contra todos los terrorismos: la anticipación a las acciones terroristas mediante un paciente trabajo de inteligencia, también a través de la infiltración en las redes terroristas y otras acciones operativas, pero siempre desde la legalidad y con cobertura judicial en los supuestos en los que pueda existir conflicto con alguna libertad individual o pública.

 

 

El Semanal Digital, 16 de octubre de 2004.

 

 

“Alcalá Zamora”. (Ariel).

José Peña González. “Alcalá Zamora”. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. 2002. 262 pp.

 

 

Alcalá Zamora ya ha pasado a la historia como una figura clave del primer tercio del siglo XX español, pese a haber permanecido olvidado durante décadas. Quiso ser puente entre distintas generaciones y regímenes políticos; encarnando algunas de las mejores virtudes del carácter español, pero también decisivas carencias.

 

 

Para comprender la trascendencia histórica del ilustre político y jurista Don Niceto Alcalá Zamora y Torres, constituye una gran ayuda el juicio efectuado, por el autor del texto que aquí reseñamos en su magnífica introducción, cuando asegura que fue una figura puente de diversas y encontradas realidades de su tiempo. Así, habría intentado serlo entre la generación del 98, que por edad era la más próxima, y la reformista del 14. También trató de ser puente, pensando en un sector significativo de la sociedad española, entre una Monarquía agotada a la que sirvió y la República que pretendía ser –al menos para unos-solución a la crisis; intentando constituirse, en todo caso, en factor de moderación para beneficio de todos.

 

 

Católico sincero, actuó en política con una clarividencia que entonces apenas fue comprendida -ni seguida- por los “suyos”, por lo que su principal ambición careció de la imprescindible base social que precisaba para consolidarse; nos referimos particularmente a la configuración de un espacio político de centro que aceptara a la República sin reservas. Pero fracasó en ello, sumándose las masas del catolicismo social del momento a la política posibilista, pero distante hacia la República, de la CEDA, cuando no a las posturas radicales del tradicionalismo y de la extrema derecha alfonsina.

 

 

Sus encuentros -y desencuentros- personales marcaron, al menos en parte, su acción política. Romanones, Canalejas, Azaña, Gil Robles, Lerroux…; el trato que mantuvo con todos ellos, personajes fundamentales en el devenir histórico de España, también explican determinadas decisiones políticas, tanto las acertadas como las menos afortunadas.

 

 

Se consideró a sí mismo el hombre imprescindible para una alta empresa moral y política: la instauración de una República para todos. Pero no valoró bien sus propias fuerzas, subestimando además la capacidad de otros grandes protagonistas del momento. La mayor parte de su vida pública la desarrolló en el estrecho marco de la “vieja política” que denunciara Ortega. Ello, tal vez, le incapacitó para acometer tan magna empresa, en la que el temperamento y ambición de las principales fuerzas protagonistas (PSOE, CEDA, radicales, republicanos de izquierda…) poco tenían en común con los de los partidos de la Restauración (conservadores, diversas facciones liberales) en los que se desenvolvió durante más de dos décadas el propio Alcalá Zamora.

 

 

Nuestro autor reproduce, entre otros, un significativo juicio premonitorio enunciado por Don Niceto en una ocasión decisiva de su vida, en la que hizo pública su conversión republicana: “…una República que se entregue en sus comienzos sólo a los republicanos está destinada a morir y a morir inevitablemente” (discurso de Valencia, 13 de abril de 1930; reproducido en nota 36 a pie de página 147). Acertó. Aquí se resume el nudo gordiano de esa ambición política, de su clarividencia entonces incomprendida, y de su fracaso. Pretendió que la revolución republicana fuera únicamente política. Aspiraba a incorporar al nuevo régimen a la burguesía acomodada y a las masas católicas, inicialmente desafectas, liderándolas; pero su partido (Derecha Liberal Republicana) fracasó estrepitosamente. Quiso ser factor de moderación, pero fue instrumentalizado por extremistas y sectarios. Y, en contradicción con su propia filosofía política, no quiso dar ningún protagonismo a un Gil Robles del que desconfiaba por completo; dejando con él fuera del juego a unas masas sociales que, pese a su mínima identificación con la República, fueron leales a la misma hasta el extremo.

 

 

José Peña González, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad San Pablo y miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, en esta aproximación biográfica no puede sustraerse a su condición de jurista; lo que se plasma particularmente en las páginas 178 a 251, desarrollando diversas consideraciones relacionadas con la elaboración de la Constitución republicana, la configuración del poder presidencial, etc. Recurriendo especialmente a diversas aportaciones historiográficas y documentales cordobesas, realiza, con este libro, un necesario acercamiento a la obra de quien fuera el primer presidente de la República que siguió a Alfonso XIII en la Jefatura del Estado. Una figura, en todo caso, decisiva para la comprensión de lo entonces ocurrido en España; cuyas dicotomías no hemos superado en buena medida.

 

 

El Semanal Digital, 23 de julio de 2004.

 

 

“¿Aún votas, merluzo? Las degeneraciones de la democracia y el insulto a los lectores”. (PYRE).

Pol Ubach. “¿Aún votas, merluzo? Las degeneraciones de la democracia y el insulto a los lectores”. Producciones y Representaciones Editoriales, S.L. 2ª edición, abril de 2004. Barcelona. 2004. 152 pp.

 

 

Nuestra joven democracia disfruta, aparentemente, de una razonable buena salud. No obstante, el sistema, con la Constitución a la cabeza, podrían perfeccionarse. Pero, ¿son necesarias, realmente, algunas reformas?, ¿qué orientación deberían adoptar en tal supuesto? Este libro, cuyo elemento más provocativo es su título, propone, desde el sentido común, algunas sugerencias bastante concretas.

 

Nuestra joven democracia, la española, ya marcha camino de una interesante madurez. Casi nadie lo discute. Y lo hemos celebrado. Con todo, algunas voces se han elevado, reclamando cambios, generalmente orientadas al menos  hacia una reforma del Senado que le proporcione un carácter más territorial. Pero, en el caso del libro que reseñamos, no es ésta su propuesta para tan ilustre institución. El autor considera que el propio Congreso se estructura con una representatividad territorial. De acentuarla además, en el caso del Senado, serían los nacionalismos periféricos los grandes beneficiarios de la reforma; lo que no redundaría en la generalidad de los ciudadanos. Por ello propone transformarlo en una cámara de representación de intereses: que sean los consumidores, los profesionales liberales, los estamentos universitarios, los sindicalistas, etc., quienes defiendan directamente allí a sus colectivos. Una propuesta que no habría que rechazar a priori pero que, seguramente, no encontrará eco alguno, pues algunos prejuicios siguen siendo muy fuertes.

 

También propone otras reformas pensadas para devolver, a nuestra democracia, una mayor representatividad popular en coherencia con sus orígenes, mirando a la Atenas clásica y no a Estados Unidos. Es el caso de la “democracia digital directa” mediante el empleo de nuevas tecnologías, la implantación de listas abiertas y desbloqueadas, convocatoria de referéndum, una disminución de la burocracia…

 

La democracia, también a juicio de este autor, proporciona indudables beneficios: generosos espacios de libertad, buenos niveles de representatividad y estabilidad… Pero, al igual que cualquier otra institución, necesita perfeccionarse; no en vano, el transcurso del tiempo, el predominio de nuevos valores y los retos culturales, exigen adaptaciones para prevenir su anquilosamiento. Todo ello no le impide valorar duramente al “Estado de las Autonomías”, uno de los logros más celebrados, y que, al contrario, no duda en calificar de fracaso histórico: los secesionistas no se han conformado y, por otra parte, se habría engrosado la burocracia hasta unos niveles difícilmente soportables.

 

Pero existen otros riesgos. Una de las posibles distorsiones procede de la que denomina partitocracia, por la que los partidos políticos se sirven a ellos mismos antes que a los ciudadanos; alcanzando su mayor peligro cuando se contaminan de ocultos influjos de grupos económicos de presión.

 

Por ello, hay que estar despiertos y echarle un poco de imaginación al asunto; que es lo que hace el autor desde un indudable pragmatismo, huyendo de prejuicios ideológicos. Reconoce, este escritor, haber incurrido en algunos excesos propios de la juventud: un idealismo que le llevó a posturas extremas. Enmendados tales, reconoce los méritos del sistema, propugnando su perfeccionamiento con un lenguaje común y mucha ironía; jalonando sus razonamientos con referencias a numerosas vicisitudes de nuestra reciente historia colectiva (políticos tránsfugas, cambios de gobierno, anecdotario de partidos). También recurre a citas de autores como Gustavo Bueno, Norberto Bobbio, José Saramago y otros consagrados. Más discutible es, sin embargo, su recurso a la que denomina “liturgia” democrática, comparándola con el modelo “mágico-religioso” que habrían servido de base a la concreta práctica democrática norteamericana, producto de la mentalidad puritana, y que rechaza en alguna medida. No podemos olvidar, sin embargo, que más allá de lo exagerado de ese planteamiento, realizado con cierto animus jocandi e intención pedagógica como métodos de aproximación al problema, la base religiosa de nuestra democracia es evidente: guste o no guste, los derechos humanos, de los que surgieron las bases de la cultura democrática moderna, sólo nacieron en una sociedad alimentada por el cristianismo, y no por el islam o el budismo, por mencionar otros contextos.

 

Otra cuestión que plantea, con unas soluciones discutibles desde nuestro punto de vista, es la relativa a la responsabilidad de los electores en la reforma del sistema. Para ello sugiere varias fórmulas para acelerarla: el voto en blanco, el nulo, o el emitido en favor de nuevas formaciones políticas inicialmente minoritarias.

 

Una última mención a un reciente fenómeno, directamente relacionado con el tema que nos ocupa, y que no trata el autor. Desde algunas plataformas cívicas “transversales” (estamos pensando especialmente en hazteoír.org y e-Cristians.net) se vienen articulando nuevas modalidades de participación política a través de internet: movilizaciones ciudadanas puntuales, campañas de opinión, interlocución ante políticos e instituciones públicas, etc. Así, la vía de la reforma del sistema, desde dentro y especialmente desde sus sectores sociales más vivos, es posible. Y muy conveniente.

 

 

El Semanal Digital, 16 de julio de 2004.

Junio de 2005: la derecha social española en busca de su espacio político.

El pasado mes de junio de 2005 ha sido testigo de un hecho sin precedentes en las últimas décadas: la manifestación multitudinaria, en las calles españolas, de una moderna derecha social que busca construir su identidad y su espacio político.

El pasado mes de junio de 2005 pasará a la Historia reciente de España como el tiempo en el que la derecha social española manifestó inequívocamente su existencia, reafirmó una identidad colectiva, salió a la calle y exigió ser escuchada.

 

 Tres manifestaciones multitudinarias sucesivas han acreditado la existencia y configuración de unos sectores sociales ausentes de nuestras calles y plazas en las últimas décadas españolas, al menos en tales números, como un sujeto colectivo público provisto de una identidad y movido por unos valores precisos; una circunstancia de indudable trascendencia política.

 

 Ya con motivo de la celebración de la primera de tales manifestaciones, la del 4 de junio convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo en contra de la negociación con ETA, el coordinador de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, realizó un significativo juicio que explica muchas cosas: “se trata de una manifestación de la derecha política”, dijo al referirse a quienes habían secundado dicha convocatoria días antes. ¿Quiere decir, con ello, que la que denomina “derecha política” no es pueblo?, ¿carece, entonces, de toda legitimidad para manifestarse?, ¿acaso sus planteamientos y exigencias no tienen derecho a expresarse por el supuesto pecado original político de “ser de derechas”?

 

 En las últimas décadas, básicamente, las calles españolas han estado ocupadas, en la expresión colectiva de las manifestaciones políticas multitudinarias, por la izquierda y los nacionalistas; salvo que nos remontemos veinte años atrás, unos tiempos en que la extrema derecha lograba sorprendentes éxitos callejeros que se traducían, invariablemente, en estrepitosos fracasos electorales, que terminaron por hundirla.

 

 Lo visto en el mes de junio ha sido otra cosa. La magnífica articulista progresista Paloma Pedrero, muchos de cuyos textos difícilmente pueden hacer propios los lectores conservadores del diario La Razón, en su escrito del sábado 25 de junio afirmaba también, con la lucidez que le caracteriza, que “Una parte importante de este pueblo tiene un pensamiento conservador y hay tres asuntos que, mal tratados, les patean el alma: la familia, el territorio y su Dios, tres asuntos importantes que el Gobierno actual, como es obligación de los gobiernos, no ha tenido la delicadeza de considerar a la hora de hacer su política social”. Se trata de un análisis muy acertado que nos servirá de partida, y también de conclusión, para las siguientes precisiones.

 

1. Los asistentes a las tres convocatorias no han sido exactamente los mismos sujetos sociales. En la del 4 de junio, convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, predominaban los sectores conservadores, si bien no fueron pocos los progresistas y socialistas presentes. En buen número acudieron muchos movilizados por el Partido Popular. Pero también, los que lo hicieron a impulsos procedentes desde una instancia generalmente bastante crítica con el mismo: un grupo de combativos comunicadores de Cadena COPE, en el que destaca Federico Jiménez Losantos, quien cuenta con diversos apoyos y estructuras que difunden sus postulados (el diario electrónico Libertad Digital, la revista de pensamiento La Ilustración Liberal, diversas páginas web…). También acudió mucho ciudadano “cabreado”, “harto”, que rabiaba por poderlucir los colores nacionales…

 

2. El sábado 11 de junio fue el Partido Popular el gran protagonista de la movilización efectuada en Salamanca en defensa de la unidad del Archivo de la Guerra Civil todavía allí ubicado. Con todo, fue una verdadera demostración de su –hasta ahora- inédita capacidad de movilización y de la existencia de unas bases dispuestas a algo que no se habían molestado prácticamente nunca en hacer: salir a la calle y dar la cara.

 

3. El Foro de la Familia, avalado especialmente por algunas organizaciones próximas a la Iglesia católica, ha logrado, el 18 de junio, un éxito callejero inimaginable meses atrás. El apoyo decidido de algunos obispos, que apostaron decididamente por la misma, ha contribuido a su éxito. Varios miles de nacionalistas catalanes, socialistas cristianos del partido SAIN…, una plural manifestación social que no puede despacharse con unos simples adjetivos simplificadores, cuando no despectivos. También concurrieron muchísimos simpatizantes del Partido Popular. Pero, por la buena recepción entre los manifestantes de los contenidos de algunas pancartas, y otros diversos materiales distribuidos entre los mismos, no es aventurado afirmar que entre muchos de todos ellos estaba muy vivo un sentimiento crítico ante un Partido Popular que ha decepcionado, con su práctica política concreta, a los electores más sensibilizados con la situación de la familia y la defensa efectiva de la vida.

 

Por ello, debemos insistir: sociológicamente, no existe una total correspondencia entre los asistentes a las tres manifestaciones. Pero las mismas indican, desde nuestro modesto entender, una serie de hechos:

 

1. Se está configurando una plural derecha social que comparte un ideario conservador en su concepción de España, la familia, la defensa de la vida y el orden político; si bien algunos sectores son más sensibles que otros a las políticas sociales.

 

2. Esa derecha social no encuentra completo acomodo en el seno de un Partido Popular que notoriamente mira hacia el centro izquierda; es decir, hacia las tendencias sociales aparentemente en ascenso y que valora como el campo de batalla electoral por excelencia. Y más, cuando cree tener cautivos a los votos católicos.

 

3. El Partido Popular, electoralmente y en este inédito indicador social de las movilizaciones ciudadanas, cuenta, como uno de sus activos más sólidos, con los amplios sectores de esa derecha social que todavía cree que este partido todaía puede representarle. Debemos preguntar a los dirigentes del Partido Popular, ¿qué otros sectores sociales articulados, dinámicos, con identidad colectiva y arraigo ciudadano, pueden movilizarse en apoyo de las posturas de su partido, cada vez más aislado social y mediáticamente?

 

4. Ese sentimiento de desamparo, expresado por esos cientos de miles de manifestantes y tambien –previamente- con motivo del referéndum al proyecto constitucional europeo en España, ya ha sido captado por otras instancias: nos referimos a los minúsculos y plurales partidos políticos que, de momento sin fortuna, centran su estrategia de crecimiento en una progresiva sintonía con los sectores más dinámicos y vivos que se han manifestado a lo largo de este mes.

 

Por todo ello, ese mes ha sido muy importante: por lo expresado y acaecido, pero también por el potencial existente. Una realidad que deberá ser correctamente analizada y encauzada, mediante las respuestas políticas más adecuadas, si no se quiere desaprovechar esta nueva ilusión colectiva.

 


(Publicado en Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica Nº 95 – 96, julio – agosto de 2005).

 

 

 

Fundación Humanismo y Democracia: crónica de una muerte anunciada (la de la Democracia Cristiana española).

La profunda crisis experimentada por la democristiana Fundación Humanismo y Democracia, que puede terminar con sus responsables ante los tribunales, es el último acto de una agonía política: la de la Democracia Cristiana española. Debemos preguntarnos, ¿le resta todavía, a esa identidad política, algún futuro?

 

El fracaso político de la Democracia Cristiana española.
                En algunas ocasiones hemos reflexionado en torno a las experiencias, enseñanzas y expectativas de los hombres y mujeres que, de manera muy plural, constituyeron las diversas expresiones de la moderna Democracia Cristiana española.
                Así lo hicimos al comentar en esta revista electrónica, en su número 49 (septiembre de 2001), un interesante libro de Donato Barba: La oposición durante el franquismo/1. La Democracia Cristiana. 1936 – 1977, (Ediciones Encuentro, prólogo de Javier Tusell y presentación a cargo de José Andrés Gallego, 302 páginas, Madrid 2001. Allí concluíamos que las ideas de la Democracia Cristiana, en muchos aspectos, triunfaron en la transición española a la democracia, para ser desbordadas en los años posteriores; siendo este fenómeno paralelo (y tal vez una consecuencia) de su incapacidad para crear una alternativa unitaria y nacional democristiana que proporcionara rostro a un porcentaje importante de la sociedad española que así lo demandaba. Una auténtica paradoja histórica que concretaba el fracaso político de los democristianos españoles.

 

Las fundaciones políticas  populares.
                También analizábamos el estado de esta expresión política desde la perspectiva y evolución de las fundaciones del entorno del Partido Popular, en el artículo La “macrofundación” de Aznar y los democristianos del Partido Popular (revista digital Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, número 52, diciembre de 2001). Podíamos deducir que la decisiva función de “laboratorio de ideas”, así como la formación y selección de cuadros para ese partido, recaería en la fundación liberal-aznarista FAES, reduciéndose Humanismo y Democracia a la gestión de diversos proyectos de cooperación al desarrollo; lo que acreditaba la pérdida de peso de los democristianos en el seno del Partido Popular y su carencia de un proyecto político propio.
A lo largo del mes de julio, venimos asistiendo, particularmente a través de numerosas informaciones publicadas en Diario de Navarra, del último acto de esta agonía democristiana. Al parecer, y desde el propio Gobierno de Navarra, se habían advertido diversas anomalías en la gestión de algunos fondos concedidos a la citada fundación; lo que podría, incluso, constituir indicios de delito. Ricardo de León, antiguo Consejero de este Gobierno, posteriormente Gerente de la Fundación de la discordia y ulteriormente Delegado del Gobierno de Navarra en Madrid, junto a otros nombres bastantes conocidos y conflictivos, se encontrarían en el ojo de huracán. Por cierto, lo que empezó como un “escándolo navarro”, ha empezado a extenderse a otras comunidades, como Madrid, Valencia y La Rioja, donde los socialistas, encantados, buscan exprimir este limón para ver si encuentran, por ejemplo, un supuesto de financiación ilegal del Partido Popular que explotar políticamente.

 

La crisis de la Fundación Humanismo y Democracia.
No nos corresponde a nosotros manifestarnos sobre lo realmente acaecido en esa fundación; especialmente en lo que respecta a sus implicaciones legales. Pero sí que podemos reflexionar en torno a las causas de esta evidente decadencia y su pérdida del “norte”.
La Fundación Humanismo y Democracia, según veíamos, es el último residuo organizado de una identidad política en lenta agonía. Actualmente, la Democracia Cristiana española carece de cualquier instancia organizativa, medio de comunicación o liderazgo visible. Salvo los catalanes de Unión Democrática de Cataluña (UDC), la única presencia democristiana que quedaba era esta fundación. Nacida como “laboratorio de ideas”, se le agregó la posibilidad de participar en la cooperación al desarrollo; un rico pastel al que cada vez mayor número de comensales, muchos con oscuras intenciones, trataban de hincarle el diente. Con la reordenación de las fundaciones populares del año 2001, Humanismo y Democracia se alejó, todavía más, de la realidad viva de la sociedad y del pueblo del que, remótamente, procedía. Se convirtió, así, en una estructura vacía, sin rumbo fijo, alejada de los ideales de antaño. Aunque algunos patronos lo intentaran, y se también editaran algunos libros interesantes de escasa difusión y mínima distribución, no era fácil que esta entidad se mantuviera fiel a la línea fundadora en sus actuaciones, pues: ¿a quién o a qué servir? Se vivía, pues, en una etapa de crisis…, aunque no faltaran sustanciosos fondos económicos procedentes de diversas fuentes públicas, principalmente.
No en vano, su crisis era la de la misma familia ideológica de la que procedía. Así, ¿por qué decayó la Democracia Cristiana en España? Recordemos algunos factores: su desconexión de la base del pueblo cristiano, la falta de apoyo de la jerarquía católica española en momentos clave de su reciente historia, la ausencia de un proyecto claro y unánime de futuro, su propia división interna, la pérdida del sentido de pertenencia eclesial y la crisis de identidad de alguno de los movimientos eclesiales que encontramos en su origen...
En este contexto, Humanismo y Democracia, limitándose a mero gestor de proyectos de cooperación al desarrollo, había perdido su auténtica razón de ser. El terreno estaba abonado para una crisis; la que fuera.
¿Qué sucederá ahora? Termine, o no, en los tribunales, este hecho constituye una magnífica excusa para que la entidad sea suprimida definitivamente; antes o después… Discretamente, en todo caso. El triunfo liberal-reformista, dentro del Partido Popular, será total. Sobrevivirán, acaso, algunos escasos democristianos en la primera línea del Partido Popular, quienes deberán acreditar, más que ninguno, su adhesión inquebrantable al liderazgo y a las políticas populares. Así las cosas, esos supervivientes, ¿podrán defender un programa democristiano? Divididos, desprestigiados, en número decreciente, perdidas casi todas sus influencias, sin una base militante y social que les apoye, sin ninguna referencia organizada… Poco futuro les espera bajo tal identidad. La Democracia Cristiana, por lo tanto, ha muerto en España. Mientras tanto, un sector social importante –nos referimos a buena parte de ese pueblo católico que en su día deposito en ella sus esperanzas- se reorganiza, se manifiesta, reconstruye su identidad… huérfano de líderes y etiquetas.
La Democracia Cristiana española ha muerto, ¿¡viva la Democracia Cristiana!?

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº. 95 – 96, julio-agosto de 2005

 

“¿Fumas porros, gilipollas? De las muchas miserias del porro y del porrero”. (PYRE).

Rafael Pi. “¿Fumas porros, gilipollas? De las muchas miserias del porro y del porrero”. Producciones y Representaciones Editoriales, S.L. Barcelona. 2004. 122 pp.

 

 

No es fácil encontrar, hoy día, alegatos partidarios de la prohibición, de los derivados del cannabis, ante un agresivo liberacionismo que, como otra expresión más del pensamiento “políticamente correcto”, parece que se impone socialmente. Este libro, más allá de lo provocativo de su título, constituye una excepción.

 

En las librerías de nuestras ciudades, medios de comunicación e, incluso, entre los intelectuales españoles, son muy comunes las manifestaciones partidarias de la legalización del cannabis y sus derivados; cuando no, incluso, de todas las demás drogas. Es más, esos tópicos y lugares comunes circulan libremente a través de revistas periódicas magníficamente presentadas de gran difusión. Vivimos en una situación paradójica: todavía prevalece, en prácticamente todo el mundo, la postura prohibicionista; no obstante, apenas es posible encontrar alegatos, medianamente extensos y razonados, que la avalen. Este texto es una excepción, evidenciando la necesidad de una revisión y rearme de los argumentos opuestos a la extendida mentalidad liberacionista que, tal vez, pretende la próxima legalización del cannabis; una vez que –parece- ha renunciado a la de otras drogas (heroína, cocaína, sintéticas…) cuyos nefastos efectos son generalmente reconocidos.

 

Los liberacionistas aseguran la inocuidad del cannabis; frente a ello, el autor recurre a la lógica y al sentido común invocando que las madres aseguran que el carácter de sus hijos ha cambiado, negativamente, desde que consumen porros. También rebate la afirmación liberacionista, de que el consumo de drogas estaba muy extendido en las sociedades tradicionales, asegurando –el autor- que se circunscribía a concretas prácticas mágicas o religiosas siempre bajo control del mago de la tribu. En la actualidad, por el contrario, es un fenómeno de masas asociado a la cultura del ocio, siendo en Occidente donde se consume especialmente  entre sectores sociales medios y altos; mientras, en el resto del mundo, son los sectores más desfavorecidos, empobrecidos e ignorantes, los que caen en su consumo.

 

El autor recupera, en otro momento, uno de los argumentos clásicos del prohibicionismo, particularmente denostado por los liberacionistas: “El porro sitúa en el atrio del templo de las drogas” (pág. 26). Y lo dice alguien que afirma haber experimentado con un buen número de ellas, porros incluidos, habiéndose quedado en el camino, por esa causa, algunos amigos que cayeron en ese infierno…

 

Goza de actualidad, por otra parte, el supuesto efecto terapéutico del cannabis; recordándonos, en la página 30 del texto, que la Academia de Medicina de Francia, en 1998, afirmó que no se ha demostrado que tales derivados sean superiores a los medicamentos clásicos.

 

El escritor no es un moralista: al contrario, manifiesta posiciones semi-utilitaristas, recurriendo polémicamente, incluso, a un inquietante y cuestionado personaje ocultista, Aleister Crowley, como ejemplo excepcional –a su juicio- de personalidad fuerte que “controlaba el consumo” de drogas y que, evidentemente, sería una excepción no asimilable a la inmensa mayoría de mortales. Y otra reflexión del escritor relacionada, en parte, con lo anterior. El estímulo químico de la percepción sensorial sería una forma más de alienación personal y, por ello, rechazable. Como corolario, recuerda que la obligación del Estado es velar por la salud pública, educando en valores, más allá de una pasiva permisividad. No parece, sin embargo, que la sociedad marche en esa dirección: se impulsan valores finalistas desmovilizadores (paz, amor, tolerancia…), según el autor, mientras que otros valores instrumentales (sacrificio, esfuerzo, entrega…) son ignorados.

 

En este contexto, de cambio social, proporciona una clave del trasfondo real del actual debate, en la página 118, cuando afirma que “…los derechos se aprenden antes que los deberes. Los primeros son «progresistas», los segundos «autoritarios». Tal es el clima que se ha desprendido de la noción de lo políticamente correcto. Es en ese clima en donde el porro ha logrado alcanzar cierto reconocimiento social”. Si es el hedonismo el ideal social, la legalización del cannabis será, antes o después, consecuencia inevitable...

 

Para contrarrestar lo anterior propone, nuestro autor, un viaje al interior de uno mismo: y todo lo que distorsione esa humanizadora experiencia vital sería negativo, alienante. También los porros.

 

En otro aspecto que nos presenta del problema, el geopolítico, sus tesis son arriesgadas. Asegura que Marruecos, en buena medida, vive del tráfico de cannabis. No existiría voluntad para su erradicación, pese a la inyección europea de enormes sumas a tal fin. Así, afirma, su contrabando no sería sino una más de las armas empleadas por Marruecos en el conflicto -de baja intensidad- que mantiene con España, persiguiendo debilitarla. Un razonamiento que, quienes estén en desacuerdo, deberán impugnar con argumentos y no con meras descalificaciones.

 

Pese a su pequeña extensión, el libro tiene ese indudable mérito: razona, rebate los tópicos liberacionistas generalmente no cuestionados, y argumenta, en un debate social que, aparentemente, apunta en una única y fatal dirección. Mucho se juega nuestra sociedad, de esta forma, como para decantarse, finalmente, por las tesis liberacionistas apoyándose únicamente en los endebles argumentos de sus “progres” partidarios.

 

El Semanal Digital, 22 de mayo de 2004.