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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Chechenia. Algunas claves de la guerra.

     Puritanismo, intolerancia religiosa, postergación de la mujer; son algunas de las características de la imagen que proyecta Arabia Saudita. Pero tales, ¿son connaturales al Islam? Se trata de la aplicación más concreta de un movimiento renovador del Islam, el wahhabismo, que cuenta de un inesperado discípulo: Shamil Basayev, líder de la guerrilla chechena.

Shamil Basayev.

            Shamil Basayev, el más conocido dirigente de la guerrilla chechena, se convirtió al Islam en su interpretación wahhabita. Y en esa “aventura interior” le acompañaron buena parte de sus camaradas de la guerrilla caucásica que dirige. Autor de espectaculares golpes de mano (en la primera guerra de Chechenia, en 1.995), y figura mítica en su patria natal, saltó de nuevo al panorama internacional con el intento de invasión de Daguestán, excusa de la que se sirvió Boris Yeltsin para invadir, por segunda vez en pocos años, la república de Chechenia, y que ha servido en parte a Vladímir Putin para consolidarse en el poder. En las elecciones presidenciales rusas celebradas el 26 de marzo de 2.000, Putin ha obtenido una mayoría absoluta a lo que ha ayudado, sin duda, su intervención militar en Chechenia.

El wahhabismo.

También ha trascendido, en algunos medios de comunicación, que determinadas prácticas religiosas de la guerrilla han resultado extrañas en los pueblos entre los que ha operado, más acostumbrados a un Islam menos riguroso.

Tal vez, pueda parecer que sea indiferente que esta guerrilla profese un tipo u otro de Islam: sunnita, chiíta, hermanos musulmanes, alauita, sufí, etc.

Pero creemos, al contrario, que sí es significativo.

Esta forma estricta de interpretación del Islam nace y se desarrolla, al igual que otros movimientos reformistas, dentro de la gran corriente “salafiya” (salaf, grandes antepasados). De la mano de Mohamed Ibn Abdul Wahhab (1703 – 1787) pretende, como todos los reformistas, la vuelta a la pureza del Islam de los orígenes. Concretamente, el “wahhabismo” ha estructurado por completo la sociedad de Arabia Saudita. De hecho, aunque cuenta muchos seguidores en otros países islámicos, es únicamente en aquél donde ha prevalecido esta interpretación estricta del Islam sunnita.

Otros intereses geoestratégicos.

            El Caúcaso, desde hace varios siglos, es objeto de las apetencias territoriales de Rusia y Turquía. También es objeto de expansión del Islam, especialmente por la presión turca, dado que pueblos de esa etnia habitan en diversas repúblicas caucásicas, con la excepción de las cristianas y ortodoxas Armenia y Georgia.

            También el Irán chiíta ha intentado extender su campo de influencia entre los territorios musulmanes ex - soviéticos, aunque ha pasado su época belicista en la que llegó a “exportar” un cuerpo de 2.000 voluntarios a la llanura de La Bekaa, feudo de los movimientos chiítas libaneses Amal y Hezbola.

            Y en este juego de intereses, no hay que olvidar la importancia geopolítica de estas repúblicas en conflicto, por ser lugar de tránsito de oleoductos por los que es transportada buena parte del crudo mundial. En concreto, el oleoducto por el que se transporta el petróleo de Azerbayán, pasa tanto por Daguestán (donde se inició la guerra en esta ocasión), como por Chechenia. Así, se ha barajado en diversos medios que, la causa oculta de la nueva fase de la guerra en Chechenia sería el control estratégico por parte de Rusia del transporte del crudo en su principal vía terrestre. Por otra parte, buena parte de los ingresos del estado ruso (en torno al 70%), proceden de las empresas petroleras privatizadas rusas.

            También juegan, en esta compleja situación, otros intereses geopolíticas. Así algunos autores consideran que Estados Unidos, sirviéndose de la influencia de Turquía y otros países islámicos, pretende crear un factor permanente de desestabilización en el sur de la antigua URSS. En ese sentido, la revista “30 días”, en su último número de 1.999, recoge algunas hipótesis aventuradas al respecto por Giulietto Chiesa, experto en la realidad Rusia, quien defiende que a través de la Georgia de Shevardnadze, se busca una “casa común del Caúcaso” sin la presencia rusa, arrojando a Azerbayán a la órbita turca.

            Veamos otro aspecto del conflicto. Arabia Saudita, uno de los mayores productores de petróleo, se ha convertido en una de las fuentes de financiación mas importantes del Islam misionero a nivel internacional. Financia enormes mezquitas en Europa (como la madrileña sita en la M-30 y, próximamente, otra en Barcelona), obras caritativas en el Africa negra, la expansión musulmana en Filipinas o Asia Central. ¿Financiará también, acaso, a movimientos guerrilleros como el mencionado? No olvidemos, en ese sentido, sus iniciales relaciones con elementos significativos del FIS argelino. Y respecto de los “talibanes” afganos, si bien parece ser que Pakistán aportó las bases logísticas, el primer país que reconoció el gobierno Talibán junto a Pakistán fue Arabia Saudita. Ahí, pues, la conexión que explica tan particular militancia del mítico guerrillero y su gente. Conexión de intereses económicos, políticos y religiosos.

La “yihad”.

            Tampoco es de extrañar que el wahhabismo incurra a finales del siglo XX en la “guerra santa”. No en vano, el Islam wahhabita fue implantado en la península arábiga en el primer tercio del siglo XX, por medio de la “yihad” desencadenada por dos caudillos musulmanes de idéntico nombre que protagonizaron una auténtica gesta guerrera en época moderna: Abd al-Aziz, y otro Abd al- Aziz (conocido el segundo como Ibn Saud) fundador del actual reino saudí.

            En ese sentido, Shamil Basayev emplea un medio (la yihad) muy utilizado por el Islam, ya sea de forma ofensiva o defensiva. Y no olvidemos, por otra parte, que la población de su país ha sido víctima en masa del comunismo ruso (ateo por definición para un musulmán), padeciendo en época de Stalin deportaciones masivas y miles de asesinatos.

            El wahhabismo es puritano y riguroso. Aplican la “sharía” en su interpretación hanbalí, una escuela penal muy estricta. Rechaza a las cofradías místicas y al sufísmo (al que se mira con tanta curiosidad desde la “New Age” occidental) por considerarlos heréticos, y allí donde gobierna, los ha prohibido.

Para esta modalidad del Islam, política, sociedad y religión es una sola cosa. Y lo sigue acreditando con hechos.

De esta forma, junto a los oscuros intereses económicos y geoestratégicos antes mencionados, tenemos el factor religioso e ideológico como motivación, motor y justificación de los peones chechenos en juego.

Páginas para el mes, Nº 35, abril de 2000

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