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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Reseñas bibliográficas

Raíces, historia y actualidad de los legionarios de Cristo.

Un libro, que parte detalladamente de los orígenes de la congregación de los legionarios de Cristo en la persona de su fundador, narra sus episodios más relevantes, así como los de las obras más emblemáticas nacidas al calor e impulso del padre Marcial Maciel.

 

 

 

Fundación. Historia y actualidad de la Legión de Cristo.
Ángeles Conde y David J.P. Murria.
Editorial Planeta. Colección: Planeta Testimonio.
Barcelona. 2005.
331 páginas. 19 euros.

 

                La congregación de los legionarios de Cristo y el movimiento laical Regnum Christi están unidos, casi desde sus orígenes, a España. No obstante, y tal vez a causa de su escaso gusto por la notoriedad mediática, su discreto trabajo cotidiano, desarrollado en la catequesis, el apostolado, la enseñanza y la formación, ha pasado bastante desapercibido para una mayoría de españoles. Ello no ha impedido que algunos comunicadores, desde un sensacionalismo alejado de la objetividad de los hechos reales y apoyándose en injurias y falsedades notorias, hayan pretendido distorsionar la historia de estas entidades nacidas del carisma del padre Marcial Maciel desde perspectivas “conspiracionistas” o de “dialéctica de poder”. Por el contrario, el libro que aquí reseñamos nos acerca a la verdad desnuda de una joven realidad que, seguramente por estar viva y dar frutos, ha provocado esos comportamientos nacidos desde el prejuicio anticatólico.

 

                La presencia de esta novedosa institución católica, en numerosos países de todo el mundo, debe enmarcarse en la eclosión que ha experimentado la Iglesia católica por medio de los llamados “nuevos movimientos eclesiales” que sucedieron al posconcilio Vaticano II, si bien algunos de ellos, éste sería el caso (pues nace, realmente, en 1941), ya se venían gestando y desarrollando con anterioridad.

 

                De su lectura, lo primero que llama la atención, hasta causar verdadero asombro, es la tremenda capacidad de trabajo del padre Marcial Maciel. No es caso único, ciertamente: la historia de la Iglesia está atravesada por cristianos que desarrollaron una actividad muy por encima de sus aparentes capacidades humanas y que sólo puede entenderse como instrumentos privilegiados de la Providencia. Así, Marcial Maciel ha trabajado, casi, de todo: granjero, conductor de autobuses, lavandero, vendedor, arquitecto, empresario... Pero también: fundador, apóstol, confesor, padre espiritual…

 

                Recientemente, el padre Marcial Maciel ha dado el relevo a su sucesor al frente de la congregación; lo que prueba, una vez más, la concepción nada patrimonialista de sus obras, su impulso espiritual y su vocación de servicio.

 

                Otro aspecto chocante, en esta historia, es la aparente “simplicidad” en el nacimiento, desarrollo y consolidación de esta institución. El mismo fundador lo reconocía, en algunas ocasiones, cuando afirmaba que él no se propuso fundar nada... Pero de su impulso, de ese “dejarse llevar”, de esa oración constante y confiada con Dios, ha nacido una obra que responde a las necesidades espirituales, incluso materiales, de personas de todas las condiciones.

 

                La suya es una teología y una espiritualidad “cristocentrista”; pero, ambas, hechas vida mediante la oración, una frecuente vida sacramental, y la acción misionera y social. Seguramente, ese vector decisivo, determinante del carisma “legionario”, lo ha dirigido en la dirección correcta: la que le ha permitido arraigar y crecer.

 

                En España los podemos encontrar en algunos colegios nacidos a su impulso, en la Universidad Francisco de Vitoria, en varias ONGs, en diversas entidades juveniles y caritativas, en portales de internet... No rehuyen, por tanto, ni al compromiso concreto con la realidad circundante, ni a dar la cara. En este sentido, los legionarios de Cristo y el Regnum Christi, se insertan, con sus rasgos propios, en un catolicismo social español que, como en el pasado, propone a todos una esperanza y una humanidad nuevas apoyadas firmemente en la roca de la Iglesia.

 

                Pero, todo ello, no surge de la nada. El padre Marcial Maciel nace en un México  que sufrió la virulenta acción del laicismo excluyente y anticatólico, lo que provocó que parte del pueblo mejicano se levantara, en los primeros años del siglo XX, en la “Cristiada”: una sublevación popular que dio testimonio de Cristo con la sangre de sus numerosos mártires, muchos de ellos asesinados cuando ya se había firmado la paz, y que perseguía el reconocimiento de la primera de las libertades; la religiosa. Conoció y vivió, en su localidad natal de Cotija de la Paz (Michoacán), algunos episodios muy concretos de esta difícil y dramática circunstancia de la historia de México que, sin duda, lo marcaron. Así son las cosas en la Iglesia: una vida permanentemente renovada, en los tesoros de la Tradición, genera frutos insospechados.

 

                Pero, la suya, no ha sido una peripecia meramente sencillita, amable y sin sufrimientos: su expulsión de algún seminario, las calumnias recibidas desde dentro y fuera de la Iglesia, la pobreza inicial, el destierro en Roma, etc., avalan una ascesis acrisolada a fuerza de sacrificio, esfuerzo y Gracia.

 

                De todo ello, y de mucho más, habla el libro que reseñamos; que nos permitirá apreciar la vitalidad de la Iglesia, valorar su capacidad de respuesta y de servicio al hombre de hoy, y agradecer su presencia.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 91, enero de 2005.

 

“Stalin y los verdugos” (Taurus).

Donald Rayfield. “Stalin y los verdugos”. Traducción de Amado Diéguez Rodríguez y Miguel Martínez-Lage. Taurus, Santillana Ediciones Generales, S.L. Madrid. 2003. 620 pp.

 

 

Para la edificación de su régimen de terror, Stalin contó con el concurso entusiasta e implacable de numerosos colaboradores. Destacaron, especialmente, los cinco máximos responsables del Servicio Secreto y el Ministerio del Interior soviéticos de entonces; siendo uno de sus sucesores quien detenta hoy, paradójicamente, el poder en Rusia.

 

Para el autor no hay duda. Stalin edificó el régimen genocida más mortífero de la historia. Para realizar tal afirmación se basa en que el terror, acreditado documentalmente aunque durante décadas muchos occidentales lo negaran, golpeó a todos los estratos sociales de la Unión Soviética: minorías nacionales, vieja guardia bolchevique, fuerzas armadas, intelectuales y artistas, comunistas extranjeros exiliados en la URSS, campesinado, clases medias urbanas, científicos; incluso arrastró a los mismos miembros de esos servicios secretos, principales ejecutores de la represión.
Pero ese régimen no arrancó únicamente de la personalidad psicópata y paranoica de Stalin. Ya Lenin ejercitó, implacablemente, la violencia terrorista con análogos razonamientos ideológicos marxistas que, posteriormente, Stalin llevó hasta sus últimas consecuencias, alcanzando a más amplios grupos humanos. Así, Stalin eliminó, de forma progresiva, mediante purgas y juicios ejemplares, a las diversas corrientes del Partido Comunista y a toda personalidad que pudiera hacerle sombra. Tanto la derecha, como la izquierda y el trotskismo, fueron exterminados, siendo su mera existencia, excusa de futuros supuestos complots alegados para exterminar a millones de personas de toda condición.
Kámenez, Zinóviev, Bujarin, Trotski…, todos ellos compartían, e impulsaron en su momento, la política que después ejecutaría, con diferencias de matiz, Stalin. Defendieron, por ejemplo, la forzosa y violenta colectivización agraria que supuso, por ejecución o hambre, la muerte de millones de campesinos, en beneficio de la clase proletaria urbana, teórico sujeto privilegiado de la revolución comunista. Y todos ellos, al igual que decenas de millares de dirigentes y cuadros comunistas, fueron sacrificados.
Los más directos ejecutores de esta política genocida fueron cinco personas: Dzierzynsky, Menzhinski, Yagoda, Yezhov y Beria, lo que no impidió que algunos de ellos también fueran devorados por la bestia que alimentaron.
Pero no hay que buscar las responsabilidades históricas, de todo ello, únicamente en el interior de la Unión Soviética de entonces. Así, el autor afirma, en la página 222 del libro, que: ”En 1931 se exportaron cinco millones de toneladas de cereal provenientes de un campo que padecía hambre. Aquel cereal pagaría turbinas, cadenas de montaje y maquinaria para la industria minera y financiaría los Partidos Comunistas de toda Europa, Asia y América.
El silencio de Occidente, que salió de la depresión económica en parte gracias a contratos de exportación procedentes de la Unión soviética costeados por la sangre de millones de campesinos, es una mancha para nuestra civilización”.
El autor, extraordinario especialista en Literatura y Lengua rusa y georgiana, nos introduce en el laberinto del Cáucaso natal del biografiado y de la Rusia revolucionaria a partir de su infancia, sus estudios en un seminario ortodoxo, su juventud de activista y terrorista, su ascenso en el partido, las personas que le rodearon y que, en su mayor parte, salieron malparadas. Considera, no obstante, que fue un extraordinario conocedor de la naturaleza humana y de sus más bajas pasiones (de lo que se sirvió para una muy eficaz selección del personal que precisaba en cada período).
Esa condición de especialista, sirve al autor, brillantemente, cuando narra el ambiente de los círculos literarios y artísticos rusos, las relaciones existentes entre escritores y poetas; entre sí y con el poder comunista. Desde este conocimiento se aportan muchas claves que permiten entender algunos de los mecanismos psicológicos de otros millones de personas que participaron activamente en la vorágine, o se resignaron ante ella.
Transcurridas, ya, varias décadas desde que todo aquello terminó, sin embargo, no se ha producido el merecido homenaje y reconocimiento que la memoria de esos millones de víctimas reclama; salvo peculiares “rehabilitaciones” políticas de determinados miembros del Partido Comunista. Es más, el sucesor, en buena medida, de los responsables de aquellos servicios secretos, es el máximo dirigente de la Rusia actual; lo que no parece le acompleje.

 

El libro, magníficamente escrito y traducido, engancha y abruma, llegando a aturdir al lector con el alcance real de la interminable sucesión de matanzas que narra. Así, por ejemplo, cuando se acordaba la eliminación de una persona, por el motivo que fuera, la represión (desde el encarcelamiento, la deportación al gulag o el fusilamiento) alcanzaba a su cónyuge, parejas sexuales en su caso, hijos, padres, hermanos, vecinos incluso. Otro supuesto. La deportación de pueblos o grupos sociales, calificados como contrarrevolucionarios, era precedida por el fusilamiento de todos los varones adultos de cada familia; falleciendo por hambre y frío, a lo largo de su traslado a lejanas regiones de Asia y del Ártico, millares de sus niños, mujeres y ancianos.

 

Pese a todo, la desestalinización no ha pasado de ser, según el autor, la tapadera de ciertas luchas intestinas por el poder que justificó el desplazamiento de algunos por otros, sin rendir las cuentas que Rusia necesita para expiar su memoria colectiva.

 

Todos estos factores concurren en el balance final del texto. Si se ama la verdad, la justicia y la historia, no podemos ignorar todo lo que el autor relata.
El Semanal Digital, 13 de diciembre de 2003.

“Copiar y Pegar” (LibrosLibres).

Alberto Fernández-Salido y Carlos Serrano Barrie. “Copiar y Pegar.” Prólogo de Manuel Leguineche. LibrosLibres. Madrid. 2003. 292 pp.

 

 

 

La realidad de la prensa escrita vista desde su “cocina”. Una novela autobiográfica de dos jóvenes periodistas -no llegan a la treintena- que no renuncian a la aventura del Periodismo (así, con P mayúscula); avalada por las entrevistas a 14 periodistas españoles de primera fila, una por capítulo del texto.

 

 

Este trabajo pretende, entre otros objetivos, disuadir a posibles futuros periodistas: no podrán decir, de esta manera, que “nadie nos lo había advertido”. Sin duda, el libro gustará a otros periodistas, a sus sufridos familiares y a lectores interesados por los interiores del Periodismo. Y seguro que proporciona a todos una perspectiva más realista y actual que la transmitida por la memorable película “Primera plana”, o las series televisivas “Lou Grant” y la española “Periodistas”.

 

 

Se nos muestra la realidad, pura y dura, del Periodismo, pero hecha con amor a la profesión: personajes arquetípicos, la universidad y el Periodismo, las prácticas, el papel de los becarios, las relaciones con los jefes, las implicaciones con el poder político, la promoción profesional, las condiciones económicas, el corresponsal de guerra… Y todo ello, atravesado por los imperativos de las cuentas de resultados de las empresas periodísticas. Nos narra un panorama, en buena medida, desconcertante, y que ha evolucionado considerablemente: de un ejercicio muy vocacional (entendido casi como un peculiar “sacerdocio”) con sus tres “Dés” características del periodista (divorciado, desequilibrado y dipsómano), a la chata realidad actual.

 

 

Por otra parte, sigue siendo lugar común considerar a la prensa, y demás medios de comunicación, como el Cuarto Poder. Aquí, por el contrario, se asegura que está condicionada, casi por completo, por lo que denomina ”poder político, financiero y social”. Otro tópico que cae. Se acabó la independencia. Murió el romanticismo.

 

 

Descendiendo a la rutinaria realidad del periodista “normal”, también nos aseguran que su característico espíritu de aventura ha pasado, salvo contadas y envidiadas excepciones, a mejor vida. Los periodistas de hoy día se comportan, afirman, como oficinistas alimentados, en buena medida, por Internet, informaciones ya elaboradas y conformistas ruedas de prensa.

 

 

Pero, en el fondo de la situación, ¿qué ha pasado para que esa profesión, antaño valorada de forma muy positiva por la sociedad, se encuentre tan desprestigiada y devaluada? Tal vez una clave la proporcione Alejandro Echeverría cuando responde, en su entrevista, a una pregunta (página 214), que “…la sociedad actual es tremendamente materialista y la profesión es un reflejo de la sociedad en que estamos viviendo todos”. Pero no se trata –la anterior- de una mera afirmación abstracta sin efecto alguno en la vida cotidiana de periodistas y demás contemporáneos. Así, Alfonso Sánchez-Tabernero asegura, en la página 52, al caracterizar al joven estudiante de Periodismo, que “Es supercrítico con lo que tiene delante y nada crítico consigo mismo”. Una magnífica descripción de la mentalidad de los jóvenes de hoy día, periodistas o no, que se extiende imparable por todos los segmentos sociales.

 

 

El ejercicio del Periodismo siempre ha estado acompañado de una carga, mayor o menor, de romanticismo y pureza, de amor a la verdad, de pasión por contar las cosas que ocurren y de las que el periodista es testigo privilegiado. Y, aunque el diagnóstico del libro sea muy pesimista, la mera publicación del mismo significa que hay esperanzas; pues, no en vano, en el corazón de todo hombre, periodista o no, late un deseo de sentido, de verdad y de belleza que, en toda circunstancia, también en la práctica periodística, pugna por encontrar su correspondencia.

 

 

 

El Semanal Digital, 22 de noviembre y 18 de diciembre de 2003

 

“Juan Negrín. La República en guerra” (Temas de hoy).

Ricardo Miralles. “Juan Negrín. La República en guerra. Prólogo de Paul Preston. Ediciones Temas de Hoy, S.A. Madrid. 2ª edición. Octubre de 2003. 423 pp.

 

 

 

Culto, dotado de un carácter arrollador, bon vivant, optimista nato, fisiólogo de prestigio, comedor compulsivo, voluntarista, delicado en el trato... Juan Negrín, además de todo lo anterior, fue el hombre que, en la segunda parte de la última guerra civil, los comunistas españoles necesitaban para seguir avanzando en su estrategia. Acusado de enormes tropelías, por unos, calificado como gran estadista, por otros, Miralles nos muestra un Negrín, más humano, cuyo peculiar temperamento pudiera explicar, al menos en parte, sus más polémicas decisiones.

 

 

A Juan Negrín, no obstante su significación como último presidente de Gobierno de la 2ª República española durante la guerra civil, le han sido dedicados menos estudios y biografías que a otros políticos contemporáneos. Pero ello no le ha evitado ser objeto de encendidos juicios descalificadores y, por el contrario, de alabanzas sin medida. Con la conciencia de ese hecho, Ricardo Miralles aborda, en su reciente biografía de Negrín, una necesaria, aunque muy difícil tarea, buscando la imparcialidad y el rigor histórico.

 

 

Varias son las acusaciones esgrimidas tradicionalmente contra Negrín: responsable de la entrega casi incondicional del oro del Banco de España a Moscú; dócil marioneta en manos comunistas; empecinado en aumentar el sufrimiento del pueblo español en su intento de enlazar la guerra civil con la mundial en ciernes; responsable de la división del PSOE; culpable de graves errores militares que habrían precipitado el derrumbe de la República.

 

 

Una advertencia previa. Este texto es, ante todo, una biografía política especialmente centrada en el papel que jugó a lo largo de la guerra civil. De esta forma, las circunstancias personales del biografiado apenas son objeto de estudio aquí.

 

 

Miralles parte de un relevante hecho que parece olvidarse: la notoria participación de Negrín, años atrás, en la política interna del PSOE, alineado con la corriente “centrista” de Indalecio Prieto.

 

 

Tras la lectura del libro, un hecho queda muy claro: Negrín no fue el único responsable de los errores que le han sido adjudicados. Otros muchos participaron en su génesis o ejecución, o crearon las bases de lo que, después, Negrín consumó. Así, Largo Caballero y Prieto, junto a las tendencias que lideraron dentro del PSOE (“izquierdista” o “bolchevizante” y “centrista”, respectivamente), no desempeñaron un papel ejemplar a lo largo de aquellos años, precisamente. Veamos un ejemplo demoledor. Largo Caballero impulsó, en tanto le convenía a su estrategia, la unión con los comunistas; opción que en algunos momentos también apoyó Prieto. Después, ambos descubrirían, horrorizados, que aquéllos a los que pensaban “absorber” seguían su propio camino, con determinación y sin escrúpulos. En este contexto, de gravísimas responsabilidades políticas, fue Negrín quien llevó esa lógica precedente hasta sus últimas consecuencias. Circunstancia a la que debemos sumar otra de carácter psicológica: él mismo se definió como un vitalista que necesitaba creer, sin fisuras, en la victoria de su causa, pues de no tener tales convicciones, no habría podido trabajar y luchar. De esta forma, los comunistas encontraron en Negrín a un personaje que podía servir a sus intereses, coincidiendo todos ellos en una táctica fundamental: “resistir es vencer”, consigna que, para los irreductibles, resumía la única alternativa posible ante las anunciadas represalias que seguirían a la capitulación. El PCE adquirió, en esas dramáticas circunstancias, un papel de progresiva centralidad política y militar, pero con un lastre decisivo: los imperativos estratégicos de la política exterior de la Unión Soviética.

 

 

En este sentido, el texto es novedoso. Sin llegar a rehabilitar por completo al doctor Negrín, pone en evidencia las divisiones e inconsistencias de un PSOE, principal partido del Frente Popular, que no estuvo a la altura de las circunstancias. Posteriormente, algunos, de los protagonistas del drama de la guerra civil, intentaron justificar su actuación personal responsabilizando, para ello, a Negrín de las decisiones más críticas; y este libro lo descubre.

 

 

La evidente antipatía del autor a determinados historiadores y antiguos comunistas conversos al anticomunismo, que también han contribuido a demonizar la figura de Negrín, no empaña los indudables méritos de esta biografía.

 

 

 

El Semanal Digital, 15 de noviembre de 2003

 

“Stalin. La estrategia del terror” (Ediciones B, S.A., para el sello Javier Vergara Editor).

Walter Laqueur. “Stalin. La estrategia del terror.” Traducción de Aníbal Leal. Ediciones B, S.A., para el sello Javier Vergara Editor. Barcelona. 2003. 426 pp.

 

 

La persona de Stalin y su régimen, el estalinismo, son inseparables. Pero, ¿es el estalinismo la lógica consecuencia del leninismo?, ¿o del mismo marxismo?, ¿o lo es, acaso, de la idiosincrasia secular del pueblo ruso? Walter Laqueur no cierra la cuestión, pero presenta ante los ojos del lector una realidad que, aunque en parte ocultada interesadamente por estalinistas occidentales, cuando menos, abruma y horroriza.

 

 

Hace tres décadas, al intentar exponer, a convencidos comunistas españoles, los terribles crímenes del estalinismo, éstos, simplemente, los negaban; afirmando que se trataba de una burda mentira de los enemigos del comunismo y de la Unión Soviética. En este libro, Walter Laqueur parte de la verdad objetiva de los hechos. Así, las masivas purgas de bolcheviques y militares del Ejército Rojo, las grandes hambrunas que -provocadas artificialmente- asolaron Rusia y Ucrania, las deportaciones de presuntos “enemigos de clase”, los asesinatos masivos de familiares y amigos de integrantes de todas las categorías anteriores; todas esas atrocidades, antaño discutidas, en este texto son el punto de partida incuestionable del estudio de una persona, y su régimen, que han marcado dramáticamente buena parte del siglo XX.

 

No se trata de una biografía lineal. Tampoco aborda de forma sistemática todas las posibles facetas de la compleja figura de Stalin. Pero éste está presente en cada página y cada párrafo. Y su resultado es el análisis profundo, por un experto en historia soviética, de un régimen que, con la perspectiva de los años, no parece concebible llegara a implantarse. También plantea otros interrogantes. Un ejemplo: los “procesos de Moscú”. ¿Cómo es posible que veteranos bolcheviques, altos dirigentes del partido, jerarcas del Ejército Rojo, en su inmensa mayoría, apenas presentaran resistencia y admitieran las tremendas acusaciones contra ellos formuladas como mera excusa, cuando ya la sentencia de muerte estaba decidida de antemano?
Pero, ante todo, ¿quién fue Stalin? El autor afirma que el biografiado carecía de conciencia, identificándose de forma absoluta sus objetivos personales con la ideología del partido. Entonces, ¿fue el más fiel discípulo de Lenin?, ¿o, acaso, un psicópata?
Todavía, hoy, no se ha producido en Rusia una total ruptura con ese pasado fatal. Ese régimen de terror se proyectó socialmente en forma de ausencia de iniciativa personal, silenciosa resignación, miedo  generalizado, discurso acrítico, etc. Y, tal vez, una de sus expresiones más masivas y espectaculares fuera la del “culto a la personalidad”; más propia de un exótico monarca oriental. De hecho, el proceso de desestalinización, iniciado por algunos de sus discípulos supervivientes al poco de producirse su muerte, encontró enormes resistencias, tanto entre los estalinistas militantes, como en muchas estructuras estatales y del mismo Partido Comunista.

 

El libro se escribió en plena glásnost. En 1990. Ya entonces, el autor no confiaba en que, en un hipotético futuro, pudieran descubrirse nuevas fuentes escritas reveladoras de datos revolucionarios; pues muchos archivos, sencillamente, han sido destruidos y la mayoría de los protagonistas de la época o han muerto o son ancianos mayores de 80 años. En cualquier caso, y habiendo transcurrido nada menos que 13 años desde que se escribió el libro, no hubiera estado de más un apéndice que nos presentara cuantas novedades relevantes se hayan producido, tanto en el terreno de la investigación histórica, como de la percepción, por parte de la misma sociedad rusa, del estalinismo y sus efectos en la actual situación política de esta nación.

 

Por último, señalar que, sin duda, este texto, de haberse editado en español en su día, habría facilitado enormemente la comprensión de las claves de la transición rusa; una cuestión generalmente muy opaca para la mayoría de observadores españoles.

 

 

El Semanal Digital, 1 de noviembre de 2003.

“Cien preguntas sobre el islam. Una entrevista a Samir Khalil Samir” (Ediciones Encuentro).

Centro di Studi sull´Ecumenismo. Giorgio Paolucci y Camille Eid (entrevistadores). “Cien preguntas sobre el islam. Una entrevista a Samir Khalil Samir”. Traducción de Miguel Montes. Revisión de términos árabes y de los datos relativos a España por Juan Pedro Monferrer. Ediciones Encuentro. Madrid. 2003. 223 pp.

La presencia de doce millones de musulmanes en Europa, así como el fenómeno del terrorismo integrista islámico, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001, plantean numerosos interrogantes que requieren un profundo estudio, más allá de los tópicos de lo “políticamente correcto”. Este libro constituye un inmejorable punto de partida para esta apremiante labor.

El islam es, ante todo, un proyecto omnicomprensivo de religión, sociedad y Estado. Ahí radica su incompatibilidad con la laicidad europea. Por otra parte, así como en el cristianismo (padre de la cultura europea y de los derechos humanos) la razón precede a la revelación, en el islam sucede al contrario: la revelación es previa a la razón. Además, se concibe como la última religión revelada, habiéndolo sido de forma completa, por lo que debe permanecer inamovible. De tales premisas se derivan un conjunto de cuestiones imprescindibles para entender la naturaleza del islam, los límites del diálogo con el mismo, y sus pretensiones últimas en su interacción con Occidente.

No se trata de asuntos intrascendentes. La inferioridad de las mujeres en el islam y sus consecuencias jurídicas (más allá del problema del hiyab en las escuelas públicas europeas). Las relaciones con los creyentes de otras religiones, consideradas como inferiores. La pugna de diversas organizaciones (muchas de ellas, fundamentalistas) por el control de la educación de los jóvenes musulmanes europeos. El fenómeno de los conversos y sus posibilidades de interlocución entre las dos culturas. El modelo de integración de los musulmanes en Europa (ante el evidente riesgo de creación de guetos incomunicados con la sociedad de acogida). La recepción europea –en su regulación laboral, educativa y social- de los elementos básicos de la religión musulmana. La violencia de base existente en el islam, ya en sus orígenes, y las distintas interpretaciones de la jihad. Sus difíciles relaciones con la modernidad, al presentarse como una cosmovisión cerrada. La ambigüedad de muchos de sus posicionamientos. Las dificultades derivadas de la ausencia de una autoridad central. El auténtico papel de las mezquitas, en absoluto equiparables al de las iglesias cristianas. Todos estos problemas, y algunos otros, aquí se abordan desde un profundo conocimiento de las fuentes originales y la valoración positiva de la tradición cristiana, como bases imprescindibles para un diálogo constructivo.
Más allá de lo politically correct, Samir Khalil, jesuita egipcio autor de más de 20 libros y 500 artículos, especialista en islam y cristianismo oriental, proporciona en la entrevista (en realidad son 111 preguntas, junto a cinco breves apéndices), unas claves históricas, teológicas y sociopolíticas, que permiten afrontar con realismo el reto del impacto del islam en nuestra sociedad.

Pese a lo que pudiera pensarse, el formato elegido -entrevista- no resta valor a los juicios e informaciones vertidas. Así, las numerosas citas literales del Corán y de otros textos (tanto de fuentes cristianas, como legales europeas), todo ello ilustrado por concretas experiencias personales del autor (docente en prestigiosas universidades y centros especializados de Beirut, Belén, El Cairo y otras ciudades de todo el mundo), desmienten cualquier sospecha de superficialidad.
           
Frente a los tópicos relativistas e igualitarios del multiculturalismo, predominantes en los discursos mediáticos y políticos hoy día, la vía propuesta por este especialista –quien realiza además una atractiva exposición de los fundamentos del cristianismo- bien puede sentar las bases de un diálogo constructivo con esta fuerte identidad colectiva que, sin complejos, ya está presente entre nosotros.

El Semanal Digital, 4 de octubre de 2003.

José Antonio y la Economía

 

Juan Velarde Fuertes (coordinador). ”José Antonio y la Economía”. GRAFITE Ediciones. Baracaldo. 2004. 594 pp.

 

¿Tiene algún sentido, hoy día, que un nutrido grupo de profesores, investigadores y economistas españoles, encabezado por uno de los de mayor prestigio, investigue la relación de José Antonio Primo de Rivera con la Economía?

 

 

Han transcurrido 101 años del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera. Su correspondiente centenario, en 2003, pasó casi completamente desapercibido a la inmensa mayoría de españoles. Si bien se constituyó una entidad con varios miles de socios, Plataforma 2003, con el propósito de conmemorarlo adecuadamente, salvo dos emisiones de carácter fundamentalmente literario, en La 2 de Televisión Española, dirigidas por Sánchez Dragó, y unos pocos textos en algún diario nacional, apenas trascendió el evento más allá del puñado de incondicionales.

 

La memoria de José Antonio ha disfrutado, entre los españoles, de una posición paradójica durante años. Su juvenil imagen y muchos de sus textos, por obra del Régimen anterior, acompañaron la existencia de millones de ellos. Ciertamente, pese a reiteradas proclamas, muchas de esas declaraciones de justicia social, nunca llegaron a hacerse realidad. Y, aún con esa frustración, que llevó a sus partidarios a proclamar la famosa “revolución pendiente”, su figura gozó de amplias simpatías entre muchos protagonistas -o entre sus hijos- del drama más sangriento que enfrentó a las dos Españas.

 

Murió fusilado a los 33 años, cuando apenas había intuido las líneas esenciales de una construcción política que pretendía ser novedosa y superadora de las contradicciones e injusticias existentes. Y, en buena parte, el intento quedó inconcluso, especialmente su parte económica; permaneciendo así hasta la actualidad.

 

Pero el tiempo pasa y, para las nuevas generaciones españolas, pavorosamente desconocedoras de la propia tradición histórica, todo ello apenas significa nada: un fruto más de la dramática pérdida de memoria colectiva, obra del consumismo, una deficiente educación y la globalización anónima.

 

Por ello, el esfuerzo de estos universitarios, en su sentido más clásico, no debiera pasar desapercibido. Y más cuando se han atrevido a abordar una de las facetas menos conocidas del pensamiento joseantoniano.

 

Desde esta perspectiva, el texto constituye una magnífica introducción al crucial momento histórico que le tocó vivir a José Antonio junto a la generación inmolada en una de las más crueles guerras civiles del siglo XX. Así, podemos encontrar: las teorías económico-políticas emergentes y las predominantes en esos años, la formación económica de José Antonio, los esfuerzos regeneracionistas de la sociedad española, el desarrollo del movimiento nacional sindicalista, los esfuerzos por la elaboración de una teoría nueva que también superara al corporativismo (entendido como una solución frente al capitalismo supuestamente decadente y el comunismo triunfante), sus vínculos con algunas de las expresiones teóricas y militantes del sindicalismo revolucionario (muy interesantes son las diversas referencias a Ángel Pestaña y su olvidado Partido Sindicalista), la asignatura pendiente de una reforma agraria que al no ejecutarse cargó de pólvora a la desesperanza de millones de campesinos…

 

José Antonio se movió por hondos impulsos éticos. Eso es incuestionable. Con una base espiritual y originariamente aristocrática, aceptó en buena medida el análisis marxista de la crisis del capitalismo, rechazando sus soluciones y propugnando nuevas vías. Pero la tragedia civil, a la que contribuyó se desatara (más bien poco, dada la potencia de las fuerzas enfrentadas y lo minúsculo de su movimiento, así lo afirman Pío Moa y otros), lo arrastró, frustrando su proyecto.

 

Transcurridos, desde entonces, 70 años, no parece que quede mucho de esa breve trayectoria, cuajada tanto de rigor intelectual como de desinterés personal, en su vertiente económica: tal podría ser una de las conclusiones del texto. Las motivaciones éticas que lo impulsaron pueden permanecer vigentes, pero una parte de sus análisis no fue correcta y sus soluciones, que miraban hacia una expresión hispánica del sindicalismo revolucionario, no cuajó, tampoco, en prácticamente ningún otro lugar del mundo.

 

Con tan discutido bagaje, y más cuando se le asocia sin contemplaciones a los fascismos ¿puede alguien, hoy día, reconocerse en ese joven inmortalizado –y desfigurado con toda seguridad- por el mito? Sigue contando, efectivamente, con unos miles de seguidores ortodoxos, escindidos y sin incidencia real en la vida del país. Pero, ni la derecha ni el pensamiento conservador actuales quieren reconocerse en él. Y difícilmente la socialdemocracia, u otras corrientes, podrían tenderle algún puente. En cuanto al centro, ¿acaso es algo más que un talante? No erraremos entonces si, sirviéndonos de una común expresión actual,  afirmamos que también José Antonio, quien gozó de simpatías en todos los sectores sociales españoles, forma parte de lo “políticamente incorrecto”.

 

Así, renunciando incluso a sus imperativos éticos más profundos, que, por ser tales, pudieran ser compartidos por otros muchos, damos la espalda a una parte de nuestro pasado. Mientras, un futuro muy complejo aguarda a nuestra sociedad. Para afrontarlo con éxito, y dando respuesta a la necesidad individual de raíces, sentido de pertenencia comunitaria y un imprescindible horizonte ético, se precisa contar con esas figuras paradigmáticas que, formando parte de la Historia y procedentes de campos incluso antagónicos, podrían iluminarlo.

 

Revista Razón Española. Número 128, noviembre – diciembre de 2004. Páginas 355 a 357.

 

Las razones del éxito de El Código da Vinci.

José Antonio Ullate Fabo nos descubre, en una reciente obra, las claves del éxito del libro El Código da Vinci: siendo mucho más que una mera narración, difunde una auténtica doctrina gnóstica adaptada a la mentalidad individualista y hedonista de hoy día.

 

La verdad  sobre El Código da Vinci.
El navarro José Antonio Ullate Fabo, periodista de gran experiencia en el campo de la opinión religiosa y licenciado en Derecho, nos descubre, en un reciente libro, las claves de la novela El Código da Vinci, uno de los mayores éxitos comerciales acaecidos últimamente. Nos referimos a La verdad sobre el Código da Vinci (Libroslibres, Madrid, octubre de 2004, 190 páginas).
                En la novela de Dan Brown, nos explica Ullate, se superponen dos narraciones: una trama de acción, y un discurso presuntamente histórico soporte de la anterior. Y, por lo que respecta al segundo discurso, ya son varios los libros publicados que refutan los numerosos errores de carácter histórico, cuando no burdas manipulaciones, presentados en el texto casi como una auténtica revelación. Pero el autor del libro que hoy comentamos va más allá. No se limita únicamente a explicar las 37 falsificaciones más desvergonzadas de El Código da Vinci, situándonos así ante la verdad de la historia (los hechos históricos son datos objetivos, no siendo susceptibles de interpretación y encaje forzado). Ullate, además, profundiza en las razones por las que una novela, escasamente sobrada de calidad literaria y plagada de errores históricos, ha alcanzado un éxito tan espectacular como inesperado. En definitiva, ¿por qué ha obtenido semejante aceptación popular?

 

Vino viejo en odres nuevos.
                Ambas narraciones responden a una diáfana lógica interna. Según la novela de Dan Brown, sustentada en unos hechos que asegura su autor son de riguroso carácter histórico, la religiosidad natural se manifestaba inmemorialmente en el denominado “culto a la diosa”, de resonancias ecofeministas y poco originales bases gnósticas, entrelazadas con numerosas expresiones de la moderna New Age. El propio Jesús así la habría practicado, manteniendo una relación sentimental con María Magdalena, generando una descendencia natural sorprendentemente entroncada con la dinastía de los merovingios galos… Una misteriosa organización, el Priorato de Sión (existió una organización así denominada hace décadas, en la que se inspira el autor, impulsada por un lunático completamente desacreditado), habría salvaguardado -durante dos mil años- la llama de esa verdad eterna falsificada por la mayor conspiración de la historia; es decir, la mantenida supuestamente por la Iglesia católica al desvirtuar el contenido real de las enseñanzas de Jesús y transformarlas en una religión machista y violenta. Y todo ello amalgamado con unas superficiales y supuestas interpretaciones esotéricas de la vida y algunas de las obras del genial Leonardo da Vinci. Si, antaño, para los gnósticos, la causa del mal radicaba en el demonio, o en la materia…, en la actualidad, sería la misma Iglesia la responsable. En realidad, nada nuevo.
Pero no pensemos que esas fantasías y viejas doctrinas, gnósticas y panteístas, nada tienen que ver con la realidad cotidiana: al contrario, y mucho. Veámoslo. “El fin de la religión de la diosa es que la responsabilidad del sujeto se diluya, lo mismo que el binomio mérito - culpa, y que su lugar lo ocupe una conciencia espontánea de armonía con el todo. A partir de entonces la conciencia queda tranquilizada, porque el bien y el mal adquieren un significado nuevo, sin el dramatismo que tienen para el común de los mortales. El bien es estar en armonía con el universo, ser el universo. El mal es la falta de armonía, el desequilibrio. En la práctica la norma se vuelve tremendamente sencilla: haz lo que quieras mientras no introduzcas violencia, tensión, desarmonía. Así gozarás y además estarás siendo piadoso. El mal queda reducido a lo que violenta físicamente a alguien. La vida, entonces se hace fácil, mórbida. Se logra el máximo de la autoindulgencia: lo que apetece es el sexo y, casualmente la forma de «identificarme con la totalidad» es el sexo”. Ullate, autor de esas clarificadoras líneas (páginas 117 y 118 de su libro) afirma igualmente que esa espiritualidad se proyecta como “…«complemento del alma» de la vida moderna”, concretándola en el individualismo práctico, la negación de una verdad absoluta, el escepticismo generalizado, la búsqueda del placer por encima del deber, el sentimiento como instrumento para afrontar la realidad en detrimento de la razón... En resumen, configura una religiosidad nada exigente y acomodaticia, calificada por nuestro autor, en uno de sus numerosos destellos humorísticos, como “espiritualidad de cafetería”, políticamente correcta.

 

Apologética,  rigor histórico, razón.
                Por todo ello la novela ha tenido éxito: la narración, con sus errores históricos y la tesis subyacente, se ha sembrado en el fértil terreno de una receptiva mentalidad común y sus valores hoy predominantes.
En este contexto, la tercera parte del libro, “Lo que hay detrás (del velo de la diosa)”, en la que desmenuza la significación antigua y la vigencia actual del gnosticismo, tanto en su configuración de la mentalidad dominante, como en su oposición a las verdades pregonadas desde siempre por la Iglesia católica, es esclarecedora… y muy recomendable si queremos conocer la realidad y calado de los cambios sociales en marcha.
                El libro aporta unas esperanzadoras conclusiones, lógica consecuencia del interés que el autor muestra por los lectores. Si ha desmenuzado los errores del libro, sus falsas tesis y las consecuencias morales, sociales y religiosas de todo ello, el texto quedaría corto si no nos señalara la tierra firme en la que caminar. Y nada mejor para ello que las poesías de Eliot, recogidas al final de su obra, que nos remiten a Jesucristo y su Iglesia. El texto de Ullate, por tanto, adquiere un carácter apologético incuestionable que, no obstante, no le priva de rigor histórico, lo que, junto a una exaltación de la razón, casan de manera extraordinaria en una síntesis  recomendable no sólo para los lectores de El Código da Vinci, sino para todos los que quieran adentrarse en los mecanismos morales de la postmodernidad y fortalecer su fe.
                “Cuando la gente deja de creer en Dios no es que no crea en nada, es que cree en cualquier cosa”. Esa paradójica reflexión, atribuida a Chesterton y también recogida por el escritor, nos sitúa ante un grave problema. El hombre de hoy, educado en la crítica por la crítica y en la lucha contra cualquier dogma, queda indefenso ante productos carentes del mínimo rigor, como el diseccionado por Ullate. Y también prestará crédito, con sorprendente ingenuidad, a cualquier supuesta conspiración oculta explicativa de la existencia del mal en el mundo, y del propio, que ni quiere ni puede combatir.
                Esta incursión de nuestro autor, en el debate actual de las ideas, además de constituir una grata sorpresa, ha sido particularmente oportuna. Esperemos que en el futuro nos siga sorprendiendo con otras páginas tan atractivas como las comentadas.

 

 

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Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 86, octubre de 2004