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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Entrevistas

Una entrevista a Eulogio López: Familia y vida, hispanidad.com y las elecciones del 25 de mayo.

Entrevistamos a Eulogio López, uno de los periodistas españoles católicos más audaces, tanto en el plano profesional, como en sus posicionamientos culturales y políticos.

 

Eulogio López, impulsor del novedoso periódico electrónico hispanidad.com, es uno de los periodistas católicos españoles más audaces y diáfanos. En las semanas previas a las elecciones destacó por su decidido apoyo a las candidaturas del joven partido político Familia y Vida. Pese a su escasa cosecha de votos, esta presencia ha constituido un revulsivo en la conciencia de muchos católicos; por lo que Foro Arbil ha considerado del máximo interés entrevistarle.

 

Pregunta: Los promotores y dirigentes de Familia y Vida, ¿esperaban los resultados electorales alcanzados por el partido el 25 de mayo o les han decepcionado?:

 

Respuesta: Yo creo que no esperaban ni muchos ni pocos, porque esta es la primera vez que Familia y Vida se presentaba a unas elecciones. En las autonómicas (nos presentábamos en cinco comunidades autónomas, pero no en todas las circunscripciones de esas cinco comunidades) obtuvimos 8.000 votos. En las municipales no alcanzamos los 6.000. Extrapolado al conjunto de España eso representa una base electoral de 50.000 votantes. Ha sido lo que se dice un “fracaso muy prometedor”. Ahora mismo, esto es un partido de la señorita Pepis. En el futuro, será una internacional, una de las claves de la política mundial. Y si no lo es Familia y Vida, lo será su programa político defendido por otras siglas. Se lo aseguro: lo de 25-M ha resultado un  fracaso muy prometedor.

 

P.: Analizando la actual situación política, se concluye que las minorías tienen escasas posibilidades, no sólo de obtener representación, sino de algo tan elemental como poder hacer oír su voz. En ese sentido, el bipartidismo dominante (con las excepciones regionalistas y nacionalistas), aunque hace manejable y previsible al sistema, ahoga otras identidades políticas y culturales existentes en la sociedad española. ¿Qué experiencia ha tenido Familia y vida en ese sentido?:

 

R.: Experiencia completa. Las barreras que interpone el sistema son tremendas. Especialmente el mínimo de votos necesario (entre el 3 y el 5%) para acceder a un escaño o a una concejalía. Luego están las barreras que impone el dinero, es decir, la falta de fondos públicos. La que interponen los medios de comunicación: en Madrid se ha dado una verdadera conspiración del silencio contra Familia y Vida, de la que soy muy consciente. Por ejemplo, la de un afamado director de periódico nacional, que tras censurar una noticia sobre Familia y Vida (él no sabía que yo lo sabía), y ante mi requerimiento de que hablara del Partido en su diario, me respondió: “¿Y dices que se llama Familia y Vida? El caso es que me suena...”
Pero la barrera más grave de todas es la que impone el miedo. En este caso concreto el miedo que tienen todos aquellos que votan en coherencia con una serie de valores. En este sentido, he de decir que la gente más honrada de este país, por ejemplo, los católicos, sufre una especie de síndrome de Estocolmo respecto al Partido Popular, mientras trata de evitar la pregunta definitiva: ¿Qué puede hacer el PSOE que no haya hecho el PP? En un año, 350.000 españolas han recurrido a la píldora abortiva postcoital, otro de los logros del centro reformismo. Pero muchos prefieren no verlo.       

 

P.: ¿Se reafirma en sus críticas al Partido Popular o considera que, todavía, hay posibilidades de que este partido rectifique sus políticas familiares y de defensa de la vida?

 

R.: Las dos cosas, porque todo el mundo puede cambiar, también el PP. Sólo que algunos nos hemos cansado de esperar. De cualquier forma, el problema no consiste en que el Partido Popular cambie de actitud, sino en que la sociedad cambie de actitud. Por mí, Familia y Vida debe seguir adelante también en el caso de que ese cambio, bastante improbable, del partido de Aznar se produjera. Aún más: me encantaría que surgiera en el PP una corriente organizada en defensa de la familia natural y de la vida del no nacido. Es decir, lo que en Estados Unidos llaman la corriente social-conservadora del Partido republicano. Pero aún así, Familia y Vida debe continuar. Porque aunque el aznarismo cambie, el PP, como el PSOE, pertenece al pasado, al siglo XX. En el siglo XX, una centuria que no ha sido sino un residuo un tanto salvaje del XIX, los partidos se configuraban según ideologías que pretendían ordenar a la humanidad, mientras que en el XXI, los partidos políticos se crearán en respuesta a idearios acerca del hombre. Y como el sentido común recuerda, el hombre tiene muy poco que ver con la humanidad. Es más, los totalitarismos no son más que eso: considerar que el objetivo es la humanidad, y no el hombre, cada hombre concreto..
El respeto a la vida y la formación de una familia son cosa del hombre, del individuo, como lo son la educación, la libertad religiosa, etc. Los nacionalismos y las unidades supranacionales, estatismo frente a capitalismo, centralismo frente a municipalismo... son propias del pasado. Bueno, también del presente, lo reconozco, pero van a dejar de serlo.
Para quien cree en la familia natural y en la sacralidad de la vida humana, el sistema político y económico necesario para salvaguardarlos surge por sí mismo. Por ejemplo, para un tipo que parte de esos principios la eficiencia deja de ser el primer mandamiento económico, y el trabajo deja de ser un factor de la producción para convertirse en el factor por antonomasia.
En cualquier caso, sus convicciones políticas o económicas serán consecuencia de su concepción sobre la familia, no al revés.

 

P.: Entonces,¿ Familia y Vida no se disuelve?

 

R.: Me parece que no. Mire usted, si diera tiempo, lo que ocurrirá será que la izquierda clásica, el socialismo, será sustituida por los verdes, con su habitual acompañamiento ideológico panteísta, vegetariano, puritano y triste. Todas ellas, claro está, virtudes con cargo al presupuesto público.  La izquierda desaparece, los verdes crecen. Y también va a ocurrir que la derecha clásica, conservadora y liberal, será sustituida por partidos como Familia y Vida, es decir, partidos con una cosmovisión trascendente de la existencia, convencidos de que el hombre es el rey de la creación, no una especie más, y que la familia heterosexual, es decir, natural, es la base de la libertad y la felicidad humanas.

 

P.: Familia y Vida no es un partido confesional. Pero, además del de algunos católicos a título individual, ¿ha encontrado apoyos en otros ambientes?:

 

R.: Familia y Vida no es un partido confesional porque no quiere comprometer a la Iglesia... y me atrevería a decir que sólo por eso. Es cierto que hay ateos y agnósticos que defienden la familia y a la vida, pero estoy agotado de buscarlos. Que no salga de aquí, pero, si yo no creyera en Dios, ¿para qué puñetas me iba a dar el mal trago de defender al no nacido? ¡Que se las arregle como pueda! Profesionalmente, esa postura sólo me ha acarreado complicaciones y prejuicios ¿Quién hablaría de ética en un mundo mecánico donde el hombre fuera una pasión inútil?
Al final, te encuentras, al menos en España, con el paripé habitual: miras a tu alrededor, y resulta que los que quieren defender la familia en el foro público son, en un 99,9% de los casos, hombres y mujeres enamorados de Dios. Entonces te pones muy serio y adviertes: “¿Confesional yo? ¡Dios no lo permita! ¡Eso nunca! Pero lamento no poder atenderle como usted se merece porque me voy a rezar.
No, no hemos encontrado apoyo en los movimientos católicos más representativos. Algunos de estos movimientos han recomendado, de forma corporativa, el voto al PP. Y eso en unas elecciones en las que, creo que por primera vez, los obispos no han publicado recomendaciones electorales. Es más, hemos recibido más de una coz. Y eso es lo que más duele. Sólo les pedíamos el mismo respeto que manifestaban hacia, por decir algo, los socialistas, dado que no podíamos soñar con encontrar el entusiasmo que les provocaba el PP. Pero el síndrome de Estocolmo ha podido con muchos. Muchos tenían miedo a la llegada de “los rojos”.
De la jerarquía eclesiástica no hemos recibido apoyo alguno, pero es que tampoco lo deseamos. A los curas no hay que meterles en líos. 

 

P.: El futuro de Familia y Vida, ¿no pasa necesariamente por una salud robusta de los movimientos asociativos familiares de España?:

 

R.: Supongo que sí, pero esa no es la cuestión. El futuro del cristianismo en el foro público (en otros no me meto) depende de tres patas: medios informativos, asociaciones y partidos políticos. Los tres caminan en la misma dirección, pero deben mantener su independencia y deben trabajar en los ámbitos que les son propio: ¿Por qué la existencia de uno de los tres debería anular a los demás?

 

P.: Usted ha mantenido, recientemente, una singular polémica con algunas entidades eclesiales españolas. En otras ocasiones, de su pluma han brotado juicios laudatorios hacia las anteriores. ¿Cambiará definitivamente su opinión respecto a las mismas?:

 

R.: No estoy seguro de saber a quién se refiere, pero puedo hacer un esfuerzo de imaginación. A mí las polémicas entre cristianos siempre me dejan muy mal sabor de boca, un reconcomio interior de lo más desagradable. Yo, para juzgar a una institución que se dice católica, miro al Papa. Si el Papa la bendice, yo aplaudo. Es lo mismo que ocurre con cualquier teoría, doctrina, escuela o corriente: si a mí me parece mal, y al Papa le parece bien, cambio de opinión. Soy un repugnante papólatra.

 

P.: Comunión y Liberación, al menos, ha debatido y hecho pública su postura. Otras realidades sociales católicas, sin embargo, han eludido pronunciarse al respecto o, de haberse producido, no ha trascendido. Esta segunda actitud, ¿no ha sustraído a un sector importante del catolicismo social del necesario debate acerca de la legitimidad de las diversas opciones políticas existentes?

 

R.: ¡Qué cosas, mi imaginación no me había traicionado! Sí, he tenido una trifulca con Comunión y Liberación por una cuestión bien concreta: nos tildaron de “reaccionarios”, en dos ocasiones, en una de sus publicaciones. En primer lugar, el Papa ha bendecido a Comunión y Liberación. Por tanto, CL tiene que ser una maravilla. Además, creo sinceramente que lo es.
Tampoco pretendo que los movimientos se metan en política, pero sí me disgusta un poco ese paripé que viene a expresarse de esta guisa: muchacho, si eres católico no puedes votar al PSOE o a IU por razones evidentes, pero eso sí, en uso de tu libertad, puede elegir usted entre cualquier otra formación política. Puede elegir usted entre votar al PP o votar a José María Aznar. ¡Ah! Y recuerde que no puede dividir usted el voto católico. Eso estaría muy feo. Eso sí, usted vota según su libérrima voluntad.   

 

P.: Su decidida opción por Familia y Vida, ¿no puede acarrearle la pérdida de numerosos lectores de su periódico digital hispanidad.com?:

 

R.: Espero que no. Por ahora, al menos, no. Las cifras dicen justo lo contrario. Mayo y lo que llevamos de junio han sido meses récord en número de accesos. También con la Guerra de Iraq, y con nuestra apuesta anti-Bush, decían lo mismo. Y, también, desde bancos y empresas nos han pedido que nos centremos en la información económica (no hemos hecho mucho caso), y también hay sectores a los que no gusta nada que pidamos fronteras abiertas a los inmigrantes. Y los hay que nos amenazan con descensos de audiencia porque en Hispanidad estamos convencidos de que la mejor manera de apoyar a los nacionalistas es obsesionarse con Arzallus (de eso vive el presidente del PNV: de la obsesión de tantos españoles con su persona). No, no creo que descienda el número de lectores. En cualquier caso, el realismo periodístico consiste en proponer sueños. Familia y Vida es un sueño.

 

P.: En los años 30 del pasado siglo, la presencia pública de los católicos era impulsada por la Jerarquía, apoyándose en la Acción Católica y los Propagandistas de la ACNP, especialmente. En la actualidad, se observa un panorama de pérdida de vigor en determinadas organizaciones católicas tradicionales y la aparición de nuevos movimientos eclesiales, cuyo interés en la presencia pública es dispar, aunque podríamos afirmar que existe una tendencia, en buena parte de ellos, hacia el “recogimiento” interno. ¿Es deseable buscar la “unidad de acción” de esas realidades ante los retos de la vida pública? ¿Familia y Vida puede ser uno de esos cauces? ¿existen otras fórmulas de cooperación? ¿qué opinión le merecen las llamadas plataformas transversales como E-cristians?:

 

R.: E-cristians es una asociación, un portal de Internet. Un movimiento que pretende aglutinar el sentir católico en la vida pública sin estructura de partido. Son geniales. Ellos sueñan con cambiar el Partido Popular y otros partidos regionalistas o nacionalistas. Piensan que la clave está en que ningún político pueda decir que el voto católico no existe. Ojalá lo consigan. No por ello Familia y Vida debe dejar de existir: porque de esos dos principios, la familia natural y el respeto a la persona en cualquier estado de desarrollo, surgirá toda una filosofía de vida y toda una ideología para el siglo XXI.

 

P.: ¿Se arrepiente Eulogio López de su audaz salto a la arena partidista?:

 

R.: Como me voy a arrepentir, si es divertidísimo. Me encantan las causas perdidas. Al final, siempre ganan. De todas formas, que quede claro: mi salto ha sido poco audaz. El principal soporte de Familia y Vida ha sido y es su presidente, José Alberto Fernández, y un reducido equipo de gente que se han dejado los cuernos en el ruedo. Yo sólo soy el señorito que, de vez en cuando, hace gestos desde la barrera. Eso sí, con mucha elegancia.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 70, junio de 2003.

Una entrevista a Julián Gómez del Castillo: la posición del Movimiento Cultural Cristiano.

Una entrevista a Julián Gómez del Castillo, cofundador de la HOAC en 1946, segundo presidente de la Editorial ZYX, y del grupo iniciador del Movimiento Cultural Cristiano, una pujante realidad eclesial española, muy presente mediante la presencia en la vía pública  de España de las “Ediciones Voz de los sin Voz”, en la estela de las históricas HOAC y Ediciones ZYX.
 
Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Julián Gómez del Castillo, cofundador del Movimiento Cultural Cristiano (MCC, en lo sucesivo); una de las organizaciones católicas más presentes, en las calles de las ciudades españolas, con su característico estilo militante.

 

Pregunta: Imagínese a un joven de 17 años. Padres separados, vive con la madre. Bautizado, hizo la primera comunión pero no contempla la posibilidad de confirmarse. Estudia en un colegio privado no católico. Su mayor estímulo es disfrutar el fin de semana a tope. Suele llevar un preservativo en un bolsillo del pantalón. Ahora, su principal dilema es decidir donde hacerse un tatuaje. Inteligente, consumidor habitual de cine y vídeo, pero apenas lee libros; estudiando únicamente para superar curso y no perder los privilegios caseros. No tiene claro qué estudios superiores realizará. No está comprometido en ninguna asociación. Si se lo presentaran en una reunión de amigos, y éste le preguntara “de qué vas”, ¿qué respondería?

 

Respuesta: De constructor de vida solidaria

 

P.: ¿Podría resumir, sintéticamente, el carisma de su movimiento?

 

R.: Servir a la promoción integral y colectiva, no al asistencialismo de los empobrecidos.

 

P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados en buena medida por los católicos, caso del sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa? ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en estos ámbitos sociales?

 

R.: Lo que ha sido abandonado es la actitud militante sustituyéndose con la cancerosa e interesada burocracia.

 

P.: El MCC, en sus publicaciones, denuncia con idéntico énfasis, tanto las injusticias económicas y estructurales norte-sur, como el daño del aborto. Esa capacidad de juicio, ¿le facilita el mantenimiento de espacios de encuentro con otras realidades y movimientos eclesiales?, ¿se identifica con algunas de esas realidades de forma especial?

 

R.: Con la Iglesia. Las demás realidades... son propias del mundo enriquecido a costa del empobrecido.

 

P.: ¿Mantiene, su movimiento, buenas relaciones con los obispos españoles? ¿Participa en las delegaciones diocesanas de apostolado seglar y pastoral obrera?

 

R.:  La mayoría del MCC es universitaria. Amamos a la Iglesia, a toda y única Iglesia y, lógicamente, todo lo que hacemos colabora en su acción apostólica.

 

P.: ¿Cuáles son las raíces, a su juicio, de las constantes muestras de anticatolicismo militante practicado por determinados sectores políticos y mediáticos españoles?

 

R.: El sectarismo antirreligioso se ha dado en la derecha y en la izquierda españolas desde principios del siglo XX y se sigue dando. ¿Seguirá? En la medida que no se construya la justicia, seguirá.

 

P.: El MCC propugna generalmente, según vemos en su revista Autogestión, el “voto en blanco”. Con la mirada en los próximos comicios del 25 de mayo, ¿mantendrá de nuevo esa postura?,  ¿también en el País Vasco y Navarra donde, además, se juega la libertad de media sociedad?

 

R.: Sí. Niego las siete palabras finales. Pero mientras más de 4.000 millones de personas pasen hambre provocada, 400 millones de niños sean esclavos y 1.500 millones sean parados o subempleados pediremos el voto en blanco.

 

P.: ¿Qué opinión les merece el colectivo Cristianos en el PSOE?

 

R.:  Los datos que tenemos nos dan la impresión que no tienen maduro ni el cristianismo ni el socialismo, quizá sean socialdemócratas.

 

P.: El futuro parece jugarse, en buena medida, en la educación de las nuevas generaciones. ¿Cómo responder, desde la Iglesia a ese reto?

 

R.: Eso lo he oído en los últimos 60 años. Creemos que el gran problema de la evangelización del mundo enriquecido es la vivencia de la conversión y la solidaridad.

 

P.: En un mundo globalizado y de pensamiento único, cuyo destino se determina en restringidos círculos financieros y de poder político de alcance universal, ¿qué puede aportar la Doctrina Social de la Iglesia? ¿No parece, acaso, un instrumento obsoleto frente a las modernas modalidades de lucha y de resistencia anti-globalización?:

 

R.:  No, si promovemos un cristianismo de conversión y solidaridad.

 

P.: La inmigración está evolucionando, pasando de ser una excepción a constituir una realidad generalizada en la sociedad española. ¿Cuáles son, a su juicio y en este contexto, los límites del principio de solidaridad?

 

R.: La solidaridad no debe tener límites, debe abarcar hasta “dar la vida”, lo demás son chapuzas burguesas.

 

P.: El Islam, ¿qué le sugiere? ¿confrontación, diálogo, asimilación, ecumenismo, multiculturalismo?

 

R.: Diálogo.

 

P.: Ante la guerra en Irak, ¿le parece justa y adecuada la postura de la Iglesia católica?

 

R.: Sí, pero además no toleremos que sirva para tapar las otras 72 guerras que hay.

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 69, mayo de 2003

Ante la entrevista a Patxi Zabaleta: una explicación a nuestros lectores.

     Las reacciones de algunos lectores ante la entrevista realizada al portavoz del partido abertzale Aralar, Patxi Zabaleta, exigían una explicación. Esta es.

 

Algunas reacciones producidas, entre algunos de nuestros lectores, ante la entrevista realizada a Patxi Zabaleta en el mes de septiembre, exigen una explicación por nuestra parte.

Desde el nacimiento de Páginas, siempre hemos procurado estar atentos a los sucesos acaecidos en el País Vasco y Navarra. La aparición de Aralar suscitó muchas expectativas y por lo que se refiere a su líder, Patxi Zabaleta, hemos constatado las simpatías que goza en ámbitos políticos y periodísticos diversos. Por ello, decidimos entrevistarlo.

A las preguntas claras y directas, en espíritu y letra, respondió de forma críptica y oscura, con un lenguaje hermético y distante, impugnando algunas de ellas o desviándose directamente. Incluso, a una de ellas, de carácter general, respondió arremetiendo contra un obispo caracterizado por la entrega a su pueblo y por haber tomado reiteradamente una postura en defensa de la verdad y en contra de la violencia terrorista; lo que le ha generado no pocos conflictos. Por ello destacamos en titulares esa respuesta: por considerarla especialmente significativa de la mentalidad subyacente en esta "nueva" formación abertzale. La entrevista tiene un indudable interés: por lo que dice, por lo que no dice y por cómo lo dice.

En este contexto, ¿cómo interpretarla? Goiz-Argi es una publicación política electrónica de un grupo de nacionalistas vascos moderados. En algunos de sus artículos, se sirven del materialismo dialéctico para entender el lenguaje y las propuestas de Aralar. Sus conclusiones son desalentadoras: se trataría, a su juicio, de una disidencia controlada por ETA y "autorizada" a salir a la luz pública justo cuando el "escenario político vasco" empezaba a cambiar radicalmente y la estrella de Batasuna declinaba rápidamente.

Para los redactores de esta revista, la izquierda abertzale, en todas sus expresiones, es una fuerza revolucionaria cuyas pretensiones no acaban en la independencia del País Vasco; no teniendo escrúpulos en emplear todo tipo de medios. Por ello no dudan en calificarla como el mayor peligro existente hoy día para el País Vasco. Unos juicios que no deberán descartarse a priori si no queremos caer en fáciles y cómodos espejismos.

En este complejo contexto, la citada entrevista cumplió sus objetivos, permitiéndonos acceder, un poco más, al "laberinto vasco".

 

Páginas para el mes. Nº 62, noviembre de 2002

Entrevista a Patxi Zabaleta: el interrogante Aralar.

Conversamos con un protagonista fundamental en la historia de la llamada “izquierda abertzale”: una de las escasas voces de ese entorno que, durante años, denunció el empleo de la violencia terrorista por parte de algunos de sus correligionarios, uno de sus críticos de mayor consistencia intelectual y talla política, el candidato de Herri Batasuna más votado en la historia de las elecciones municipales al ayuntamiento de Pamplona (por encima del PSOE). Con fama de estar dotado de una gran capacidad de diálogo y de una notable habilidad dialéctica, Patxi Zabaleta es el coordinador del nuevo partido Aralar.

Pregunta: Usted es el rostro más conocido del partido político Aralar, nacido de una escisión de Batasuna que rechaza la práctica terrorista y que asegura seguir formando parte de esa “izquierda abertzale” de la que procede. Al competir con Batasuna en el mismo espectro electoral y sociológico, ¿no le generará algún serio conflicto con ETA, cabeza y vanguardia del MLNV?:

Respuesta: Desde un punto de vista democrático no cabe aceptar la existencia de ninguna vanguardia pero además desde un análisis sociológico del pueblo vasco cualquier hipótesis vanguardista carece totalmente de realismo, por lo estamos legitimados para la defensa de nuestras ideas. Pero además representamos una de las sensibilidades permanentes que ha existido en la izquierda abertzale y más concretamente la sensibilidad que impulsó políticamente la conformación de Herri Batasuna en 1.978. Por ello, no somos una escisión.

P.: El nacimiento de Aralar se celebró con júbilo desde Batzarre y Zutik (los restos de LCR y MCE, que tienen cierta implantación particularmente en Navarra y que comparten buena parte de los presupuestos de Aralar), con interés desde Eusko Alkartasuna, con relativa indiferencia desde el PNV y un evidente rechazo desde Batasuna. Con su anuncio de concurrir en solitario a las próximas elecciones: ¿qué aspiraciones electorales tiene?, ¿acaso recuperar los 60.000 votos prestados desde Batasuna al PNV en las últimas elecciones autonómicas vascas?, ¿tiene Aralar un espacio social y electoral propio?:

R.: El objetivo de Aralar es el de participar en la confrontación electoral compitiendo con todos los demás agentes políticos. La izquierda abertzale constituye uno de los espacios políticos mas amplios de Euskal Herria y por lo tanto su representación política puede aspirar legítimamente a ser una fuerza política tan importante como cualquier otra.

P.: Usted afirmó, hace ya unos meses, que su apuesta por la paz era una opción táctica y no estratégica. Si la paz, y con ella el rechazo a la violencia de ETA, sólo es un objetivo condicionado por concretas vicisitudes históricas y políticas, ¿quiere decir que su apuesta por la paz no es definitiva?, ¿podrían darse determinadas condiciones que forzaran a su formación a reconsiderar su rechazo al terrorismo?:

R.: Aralar ha tenido su primer debate sobre un documento que constituye una proposición de paz. En ese documento se propone que el proceso debe tener tres etapas, la primera de las cuales estaría constituída por un acuerdo político que no comprometiese la ideología o estrategia de ninguna de las fuerzas políticas y sociales presentes en nuestro pueblo. Por ello su contenido tiene que ser de nivel táctico. Otra cosa diferente es que los impulsos ideológicos y estratégicos de cada fuerza social o política en un proceso de pacificación tengan otras características.

P.: La “izquierda abertzale” se caracteriza por constituir un movimiento social totalizante capaz de articular y modelar la vida privada y pública de sus seguidores. Aralar, ¿es una versión refinada de esta realidad o es producto de una nueva “cultura política”?:

R.: La izquierda abertzale es en sí misma una realidad sociológica e ideológica múltiple y diversa. La pluralidad que se da en la sociedad de Euskal Herria y concretamente por ejemplo de Navarra, tiene también su versión en el interior de cada uno de los espacios socio-políticos. Obviamente la segunda fuerza electoral de Pamplona no articula ni modela ninguna pauta de vida privada. Aralar tiene de específico que parte de la consideración como principios políticos tanto el de la primacía de la acción política como el de la pluralidad social.

P.: Usted es navarro, de Leiza. Navarra viene decantándose, de forma mayoritaria, convocatoria tras convocatoria, por el voto a los partidos políticos que defienden la continuidad de Navarra como Comunidad Foral, diferenciada de la vasca, en el marco de la España constitucional. ¿Cómo articulará Aralar esta realidad social y política con su programa nacionalista que persigue, en definitiva, una patria vasca unificada?:

R.: La pluralidad que se da en Navarra no sólo es ideológica sino incluso en cuanto a sentimientos. El navarrismo que como tal movimiento surgió de una defensa de los fueros frente al centralismo de Madrid a mancomunada con la defensa foral de otros territorios vascos, ha derivado en los dos últimos tercios del Siglo XX en una actitud de unitarismo navarro para caer últimamente en la aberración antihistórica del antivasquismo. Aralar pretende un equilibrio desde la defensa de la pluralidad y proclama la posibilidad de que sean los navarros y navarras quienes decidan el futuro de Navarra como fórmula de acuerdo con los navarristas.

P.: ¿En que razones se basa su formación para oponerse a la ilegalización de Batasuna?:

R.: En razones ideológicas. La ilegalización de un partido, sean como sean sus militantes, es antidemocrática y supone un retroceso democrático. Además en el caso concreto de Euskal Herria supone un retroceso para la paz que solamente puede lograrse y se logrará por los cauces de la negociación y del diálogo. La ilegalización regala a los que defienden la necesidad de la lucha armada su argumento por antonomasia.

P.: El “dictamen de autogobierno” del Parlamento vasco ha sido denunciado por sus detractores como el primer paso de una estrategia encaminada a la secesión; como una reedición del Pacto de Estella sin luz ni taquígrafos. ¿Qué pasos serán los siguientes?, ¿responde, ello, a una estrategia conjunta de todo el nacionalismo vasco, liderado por el PNV de Xabier Arzallus, o es el fruto de la improvisación?:

R.: El dictamen de autogobierno no es ninguna estrategia. Ni de secesión ni de otra cosa. Supone un desafio dialéctico del que los partidos en el gobierno autonomisma obtendrán importantes logros de los que también luego Navarra se beneficiará por el argumento de la analogía política.

P.: ¿Puede aventurar algunas claves del futuro político, a corto plazo, del País Vasco y su repercusión en Navarra?:

R.: Tiene que producirse un cambio en la estructura política. En segundo lugar, esa modificación de la representación política ha de tornar imprescindible la apertura de un cauce de negociación y diálogo que haga superar la actual confrontación violenta. A medio plazo, Euskal Herria deberá tener una representación en Europa, dadas sus competencias fiscales y por lo tanto la necesidad de su presencia en la armonización fiscal.

P.: Usted es un buen conocedor de la realidad de la iglesia católica vasca y navarra. ¿Qué espacio y papel social les corresponde, a su juicio, en la actual situación de fractura, violencia e incertidumbre, que se sufre en estos territorios?, ¿y en la Euskal Herria independiente y socialista que ustedes ambicionan?:

R.: La iglesia católica está perdiendo en estos momentos su capacidad de servir de cauce de diálogo fundamentalmente porque el arzobispo de Pamplona realiza una política emparejada con el Estado.
En otros momentos y con otros personajes, la Iglesia ha sido y podía ser el cauce del diálogo.

P.: En la actualidad se percibe que, para buena parte de la ciudadanía, existe un distanciamiento entre su vida cotidiana, la política y los políticos. ¿Qué significado tiene la política para Patxi Zabaleta?:

R.: Personalmente para mí la política es una constante preocupación. Porque precisamente constituye la fragua de mis ideales que no son obviamente solamente políticos. En cuanto a la ciudadanía general yo creo que no existe ahora un distanciamiento mayor que el que haya existido en otros momentos sino que quizá los cauces de participación en la vida política empiezan a ser diferentes y en este tema la cibernética nos depara grandes avances.

Páginas para el mes, Nº 59, septiembre de 2002.

Reflexiones en torno a algunos aspectos de la actualidad nacional y de la vida eclesial española: entrevista al Presidente de Foro Arbil.

Ofrecemos una reflexión en torno a algunos acontecimientos acaecidos a lo largo del último año. La sociedad española, la Iglesia católica y el propio Foro Arbil; según el juicio del Presidente de nuestra asociación.

 

José Luis Orella Martínez. Navarro de 35 años. Profesor asociado del CEU San Pablo. Autor de los libros “Víctor Pradera. Un católico en la vida pública de principios de siglo” (BAC, 2000) y “La formación del Estado nacional durante la Guerra Civil española” (Actas, 2001), así como de diversas monografías de temática histórica y numerosos artículos publicados en medios muy variados. Ponente en varios congresos de historia y en los de “Católicos y vida pública”. Organizador del ”Congreso sobre persecuciones religiosas en el siglo XX” (Universidad San Pablo – CEU, 2001). Portavoz de Foro El Salvador, del País Vasco. Buen conocedor de los ambientes católicos españoles. Con muchos amigos en diversos movimientos eclesiales y Universidades españolas y extranjeras. Además de todo ello, es el Presidente de Foro Arbil.

 

            Hemos querido reflejar en una entrevista con el Presidente de Foro Arbil, quien ya respondió a nuestras preguntas hace un año en este mismo medio, las inquietudes que mueven el trabajo de los integrantes de nuestra asociación. Muchos han sido los acontecimientos vividos por la Iglesia española en este año y, por ello, llegado el paréntesis del verano, hemos querido reflexionar junto a nuestro Presidente a través de un diálogo abierto.

 

Pregunta: En algunos ambientes católicos se tiene la impresión de que se ha desatado una ofensiva contra la Iglesia católica española. Parece que la Iglesia interesa al poder dominante únicamente en tanto “bendiga” los valores comunes y las iniciativas de ellos derivados. Pensamos, en concreto, en las críticas efectuadas ante la presunta pasividad de la Iglesia ante el terrorismo, la polémica sobre la presunta “excomunión” a los terroristas, los abusos sexuales a religiosas africanas, etc. ¿Comparte ese juicio?:

 

Respuesta: No cabe duda que, por desgracia, a cuenta del relativismo, resulta fácil hacer una noticia de casos concretos. Sin embargo, persiste un olvido marcado hacia los centenares de misioneros asesinados, la lucha de católicos seglares contra la mafia y los grupos terroristas... La Iglesia es un gran poder social y su independencia es tomada como un peligro en cuanto se convierte en portavoz de los humildes, los indefensos, los marginados, los no nacidos, las víctimas...; pero es que además es la única que defiende la integridad de la persona humana ante posibles degradaciones, como la clonación de un ser humano.

 

P.: Aparentemente, el catolicismo español no tiene fiel traducción en la vida política española. Algunos movimientos, por el contrario, parecen indicar que “algo se mueve”, en el seno del catolicismo español, en particular entre los nacidos en los años 60 y 70 agrupados en diversas entidades católicas de variado carácter. Lo anterior, ¿se trata de fenómenos aislados o, por el contrario, expresan un malestar que precisa de cauces concretos y eficaces?

 

R.: La situación actual por la que atraviesa el mundo es muy diferente a la posterior de 1945 y comporta, por tanto, una respuesta novedosa del catolicismo. Estamos viviendo en España una adaptación a esas circunstancias nuevas, lo que determina la creación de nuevos cauces que se adapten y respondan a las demandas de la sociedad y, lógicamente, sus protagonistas son una generación joven, participativa, pero con una vivencia contrastada en su vida profesional y de Fe.

 

P.: La Iglesia posee Universidades, periódicos, emisoras, colegios, hospitales. Pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás?:

 

R.: Desde luego que existe, pero la confusión de las últimas décadas ha propiciado experiencias que han puesto alguno de estos instrumentos en manos de enemigos de la Iglesia; junto la ausencia de vocaciones, la pérdida de control de algunos medios y el ambiente hostil, todo ello marca la necesidad de sobrevivir. Sin embargo, se está viviendo una primavera espiritual y la existencia de un pueblo católico que late con un corazón joven en sus encuentros con el Papa. Por otra parte, observamos una multitud de personas que van llegando al mercado de trabajo con ganas de ser buenos profesionales y ejercer, con su ejemplo público, de espejos de Cristo. Son la savia que vivifica los instrumentos de la Iglesia.

 

P.: En los últimos meses ha aflorado una cierta polémica entre algunos medios católicos y la masonería. ¿Tiene sentido, hoy día, entrar en ese tipo de cuestiones?

 

R.: Sí, la Iglesia como madre no puede abandonar el consejo a sus hijos y sus doctores tienen la obligación moral de orientar a los católicos sobre lo que existe detrás de algunas organizaciones, para evitar confusiones y malentendidos. La Masonería no es una ONG de ayuda social. Está inspirada en unos valores ideológicos que fueron planteados, en su tiempo, como alternativos a los católicos y origen de una sociedad nueva donde la Iglesia no fuese una realidad. Y esos valores no han cambiado. Con estos antecedentes, es necesario orientar a las personas y conocer la realidad de algunos compañeros de viaje de nuestra vida.

 

P.: ¿Podría resumir las principales características de la encrucijada en la que se encuentra la universidad española y, en particular, las universidades católicas?

 

R.: Respirar con dos pulmones. Por un lado, intentar como cualquier universidad del mundo ser la mejor en calidad y formar unos estupendos profesionales. Por otro lado, que esa eficacia formativa se encuentra unida a una presencia de Dios en las personas. Que los alumnos vean que sus profesores son profesionales y buenos católicos y que ellos en su vida profesional deben cumplir con honestidad su trabajo, como aquellos canteros del siglo XII que repujaban los últimos detalles, inaccesibles a la simple vista, de los campanarios de nuestras catedrales. Una universidad que sólo se preocupe de lo profesional no sirve, pero si es católica y no tiene calidad, tampoco.

 

P.: Dada su vinculación personal con el País Vasco y Navarra,  ¿qué juicio le merece la actual situación de la Iglesia, de la sociedad y de la política en esos territorios?:

 

R.: De profundo cambio. La sociedad vasconavarra ha rechazado la violencia terrorista de manera contundente y el nacionalismo se mantiene como principal generador de prebendas. Sin embargo, la polaridad social surgida por la intransigencia del Pacto mal llamado de Estella y el mantenimiento del PNV como partido monopolizador del sentido nacionalista obliga a un entendimiento para evitar el enfrentamiento. La Iglesia juega a ser el engarce de unión de las dos sociedades sin comprometerse nunca con una de las partes, como hasta ahora había pasado.

 

P.: Los integrantes de Arbil contraen matrimonio, se comprometen profesionalmente, ingresan en movimientos apostólicos. ¿No se encuentra Foro Arbil en una encrucijada en la que, cuanto menos, su continuidad requiere nuevas modalidades de vinculación?

 

R.: Arbil irá adaptándose a las necesidades según sus miembros vayan respondiendo a ellas. En este momento Arbil cumple perfectamente los motivos por los que fue fundado y, entre ellos, nunca ha estado el ser un movimiento carismático, aunque uno de sus fines sea apostólico. En ese sentido, creemos que la acción que propicia Arbil, necesariamente tiene que estar alimentada por la oración y gran parte de nuestros miembros pertenecen, de manera individual, a diferentes movimientos de carácter carismático que les ayuda en ese sentido.

 

P.: En los orígenes de Foro Arbil existe una amistad que, pese a todas las vicisitudes vividas, se prolonga en el tiempo. Para que esa amistad se mantenga, crezca y produzca frutos, ¿no sería conveniente alimentarla con una tensión organizativa centrada en unos actos muy concretos a lo largo del año y que sean ocasión de reencuentro y toma de pulso de todos los amigos de Arbil?:

 

R.: Desde luego, toda familia que crece necesita de unas fechas de referencia para verse. En ese sentido, sin pretenderlo, se ha ido consolidando la comida de Navidad, que este año fue en Toledo y el anterior en Madrid. Sin embargo, estos encuentros para que sean vivos han de surgir de la base, como hasta ahora, y servir de encuentro entre los miembros más antiguos y los bisoños.

 

P.: Las relaciones con "Profesionales por la Ética" y la "Asociación Católica de Propagandistas" se han estrechado a lo largo de este año. El futuro de Arbil, ¿pasa por integrarse en entidades superiores o en mantener su historia de amistad que es la base de nuestra realidad?

 

R.: Eso el tiempo lo dirá; de momento la colaboración ha servido, sin afán de protagonismo, para ayudar a plantear y realizar diferentes actividades comunes. Arbil nunca ha pretendido perpetuarse, sino cumplir con unas funciones que la sociedad demandaba en su momento. Por tanto, nuestro Foro se mantendrá siempre que sea necesaria su participación en la vida pública católica. El que se fusione con movimientos hermanos, o desaparezca, vendrá de la necesidad del momento y la voluntad de sus miembros.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 47 – 48, julio-agosto de 2001.

Entrevistamos a Manel Silva: catolicismo, política y defensa de la vida.

Una entrevista a Manel Silva, político de convicciones catalanistas y referencia -en España- de todos los movilizados por la defensa de la vida humana en toda su extensión.

 

Hemos entrevistado a Manel Silva, político catalanista de CiU quien, presente en el Congreso de los Diputados durante 8 años, no ha sido reelegido el pasado 14 de marzo. La suya, ha sido una de las figuras políticas de referencia de todos los católicos, y demás ciudadanos, implicados en la defensa de la vida humana en toda su extensión, durante esos años. Abogado en ejercicio y cofundador de la plataforma transversal e-Cristians, es uno de los seglares más conocidos del panorama actual del catolicismo público; siendo uno de sus principales méritos el no haber renunciado a su identidad en la acción política concreta y directa.

 

 

Pregunta: El pasado 14 de marzo usted no fue reelegido como diputado. ¿Se retirará, por ello, de la política activa?, ¿seguirá ejercitando, a través de otras modalidades de acción política, su vocación por lo público?

 

Respuesta: Soy miembro del Comité de Gobierno de Unió Democràtica de Catalunya y del Comité Ejecutivo Nacional de la Federación de Convergència i Unió. Continuaré también vinculado al Grupo Parlamentario de Convergència i Unió a través del asesoramiento regular a su Presidente Josep A. Duran Lleida.  Por tanto, no voy a abandonar la vida política activa, ni la vida de partido. Pero también aprovecharé mi nueva situación para dedicar más tiempo al ejercicio de mi profesión de abogado (soy abogado del estado excedente) y a la actuación en la sociedad, a través de E-Cristians, la Asociación de Juristas Cristianos de Catalunya, etc, así como las colaboraciones en los medios de comunicación, fundamentalmente en la radio y medios escritos.

 

 

P.: Sus actuaciones parlamentarias en defensa de la vida humana, en toda su extensión, han sido difundidas y apoyadas por diversas entidades (e-Cristians, Foro Arbil y Hazteoír.org, principalmente). Desde su nueva situación personal, ¿colaborará con alguna de ellas?, ¿qué valoración le merecen las llamadas plataformas transversales, como nuevas vías de participación política?

 

R.: Tengo una deuda de gratitud con Foro Arbil, E-Cristians y Hazteoir.org  y otras entidades por el apoyo que me han dispensado en los últimos años de mi vida parlamentaria. Creo que realizan una labor fundamental, pre-política, en el seno de la sociedad, tanto en relación con la difusión de valores y principios de inspiración cristiana y como de activismo. Es esencial ese camino del pensamiento a la acción. Por eso mi disposición a colaborar es absoluta.

 

Creo en el pluralismo político de los cristianos, aunque no que éste pueda ser ilimitado. Pero también en la necesidad de unidad de acción sobre los principios básicos o esenciales, que han de constituir el común denominador.

 

 

P.: A su juicio, y desde su rica experiencia personal, ¿disfruta de buena salud, en España, el movimiento pro-vida? Esta realidad social, ¿seguirá contando, en el futuro, con la experiencia y las aportaciones de Manel Silva?

 

R.: Nuestra sociedad padece una grave desorientación en esta materia, lo que dificulta la existencia de movimientos pro-vida poderosos y con gran capacidad de movilización. No deja de ser paradójico que el hallazgo de un recién nacido abandonado en un “container” levante un enorme revuelo, merezca la atención de todos los medios de comunicación y concite el juicio crítico unánime de la sociedad, mientras que la noticia de que se practican en España anualmente más de 70.000 abortos sea acogida con indiferencia y con propuestas de modificar la legislación vigente para “adaptarla” a esta triste realidad.

 

En cualquier caso, hay que reconocer y valorar la dedicación y la valentía de las personas que los forman e impulsan, así como aumentar nuestro compromiso personal en ayudar y reforzar a este movimiento, que defiende el carácter inviolable de la vida humana desde la concepción hasta la muerte. Yo así lo pienso hacer.

 

 

P.: El reciente predominio, en el Congreso de los Diputados, de una mayoría autodenominada progresista, generalmente contraria a los valores de la “cultura de la vida”, ¿augura nuevas agresiones a la vida humana? En caso afirmativo, ¿qué podemos hacer?

 

R.: Si atendemos al comportamiento durante las dos últimas legislaturas de grupos parlamentarios  que hoy constituyen mayoría en el Congreso de los Diputados, se puede fácilmente prever que la “cultura de la vida” sufrirá en esta legislatura, al menos un triple ataque: la ampliación de la experimentación –y consiguiente destrucción- a los embriones que se hayan generado y se generen con posterioridad a la reciente modificación de la LRHA, la introducción de un sistema de plazos dentro de los cuales el aborto sea impune (eso si no se llega a configurar como derecho), así como la despenalización de la eutanasia. 

 

Creo que nuestra labor debe pasar, en el ámbito social por concienciar a la sociedad de la gravedad de estas medidas, del enorme riesgo de graduar la dignidad de la persona humana y del interés del Estado en la conservación de la vida; y en el político por intentar consolidar en el Senado una mayoría contraria a estas medidas. Ciertamente un veto en el Senado sólo tiene el efecto de retrasar muy ligeramente la aprobación de la ley, pero el impacto sobre la ciudadanía sería muy importante. Tampoco estaría de más, en algunos temas (el de la eutanasia, por ejemplo), reclamar la consulta a los ciudadanos a través de referéndum.

 

 

P.: Su catalanismo político no ha sido obstáculo para la coincidencia, en la defensa de valores derivados de su pertenencia católica, con las posturas de algunos diputados españolistas. La defensa de esos valores transversales, muchos de ellos expresión concreta de la Doctrina Social católica, ¿puede ser el origen de futuras colaboraciones en otras coyunturas política y sociales?

 

R.: Las discrepancias que puedan existir respecto de las concepciones de España y Cataluña y, consiguientemente, sobre el modelo de Estado, no pueden ni deben empañar las coincidencias sobre algo tan esencial como es el modelo de sociedad: la concepción de la persona, su dignidad, su apertura a la trascendencia y a los demás, la familia, la sociedad, etc.

 

En estos temas y para la defensa de los valores transversales hay que colaborar en todos los ámbitos en que sea necesario.

 

 

P.: Algunos cristianos, decepcionados por la práctica de los grandes partidos que han actuado en contra de los valores de su electorado católico (especialmente el PP y CiU), se vienen decantando por nuevas formaciones que, al menos de momento, no han calado en la sociedad española. Nos referimos concretamente al partido Familia y Vida. Sin entrar en valoraciones doctrinales, ¿le parece pertinente, táctica y estratégicamente, la presencia y propuestas de esta novedosa formación política?

 

R.: Siento un gran respeto por Familia y Vida, así como por aquellas personas que dentro de otros partidos políticos intentan defender las concepciones del hombre, de la familia y de la sociedad que se derivan del pensamiento cristiano. Me parece positivo todo lo que conduzca a ensanchar la base social de este pensamiento, la participación de los cristianos en la vida pública, así como la negación de la existencia de voto cristiano cautivo y no convencido.

En cualquier caso, sin una previa reforma del sistema electoral iniciativas como las de Familia y Vida presenta dificultades tácticas y estratégicas. Las elecciones al parlamento europeo hubieran podido significar un buen test, pero no cabe desconocer que el actual momento político convierte a estas elecciones en una segunda vuelta de las generales y  que la reducción de eurodiputados asignados a España (se pasa de 64 a 54) convierten en más costosa la obtención de un escaño por esta formación.

 

 

P.: A lo largo de bastantes años, numerosos católicos han mirado con sospechas a la participación política. No obstante, podemos observar que viene emergiendo, en algunos sectores eclesiales concretos, un mayor interés por la acción política a través de partidos, plataformas transversales y asociaciones sectoriales. A su juicio, ¿existen suficientes instancias formativas, dentro de la Iglesia española, que apoyen a esas vocaciones por lo público?

 

R.: Sinceramente creo que no. He asistido a más homilías en las que se hacía una crítica radical, descalificadora globalmente, incluso demagógica de la actividad política, que a aquellas en las que se animaba al cristiano a la participación en la vida política. Por lo demás, no se trata sólo de ofrecer formación,  apoyar la vocación por lo público, incluso de exigir determinadas actuaciones, posiciones o voto, sino de acompañar mínimamente al cristiano en esta actuación pública. Mi experiencia –que no tiene por qué ser generalizable- me dice que esta “compañía”, salvo la que ofrecen otros laicos, raramente se produce.

 

 

P.: La sociedad española está haciendo propio, de forma masiva, un modelo vital relativista-consumista. A ello contribuye la acción de la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y gran parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, con sus obras, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad planetaria dominante? La acción política de los católicos, ¿puede ser un instrumento para la regeneración de esta sociedad?

 

R.: La Iglesia católica ofrece, sin lugar a dudas, un modelo alternativo al  consumista-relativista que se denuncia, a la actual sociedad de la desvinculación. Sin embargo, es un modelo casi clandestino, oculto cuando no distorsionado por la mayor parte de los medios de comunicación. La realidad nadie puede cambiarla, pero todo el mundo puede contarla al revés, y es lo que muchas veces se produce.

La acción política de los católicos debe servir de instrumento regenerador de la sociedad. Pero para ello es imprescindible que sin ceder un ápice en la defensa de la “cultura de la vida”, seamos totalmente creibles en la “cultura de la solidaridad”. El político cristiano debe ser capaz de aunar estas dos culturas como lo hace Juan Pablo II en sus múltiples intervenciones.

 

 

P.: Desde Foro Arbil, en sintonía con la Doctrina Social de la Iglesia, defendemos la participación política activa de los católicos, tanto a través de partidos políticos, como por medio de nuevas entidades, en comunión con el resto del cuerpo eclesial y en diálogo con el pueblo cristiano al que debe servir. No obstante, detectamos algunas carencias, especialmente, la ausencia de espacios de encuentro y cooperación de estas personas y realidades con vocación por lo público, que faciliten la generación de necesarias sinergias. ¿Comparte este juicio?, ¿sugiere alguna medida para superar esta situación?

 

R.: Creo que aunque se aprecian algunos esfuerzos positivos, faltan espacios estables y permanentes de encuentro. No nos podemos limitar a congresos anuales, es preciso constituir plataformas estables e impulsar movimientos puntuales y sectoriales. Uno de los grandes lastres es la ausencia de medios de comunicación cristianos de masas o, al menos, de dimensiones adecuadas. Este debería ser un objetivo a medio plazo, ahora más fácil por la posibilidad de que se iniciase incluso por internet. La puesta en común de datos personales, cumpliendo los requisitos legales, debería ser un objetivo a corto.

 

 

P.: La creación en España de nuevas universidades católicas que no reniegan de su identidad, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, la constitución del Foro Español de la Familia, la consolidación de organizaciones con vocación “transversal” (e-Cristians, HazteOír.org, Foro Arbil), la constitución de la Compañía de la Obras de España... ¿Son hechos aislados o constituyen la prueba de una cierta revitalización del catolicismo social español?, ¿son protagonistas, en ese sentido, los “nuevos movimientos eclesiales”?

 

R.: El catolicismo social español está viviendo un esperanzador proceso de revitalización, pero todavía no goza de la “masa crítica” suficiente ni ha llegado al punto que podríamos definir de  “garantía” o de “no retorno” a la situación previa y en buena parte actual de clandestinidad. Los nuevos movimientos eclesiales presentan un mayor dinamismo y protagonismo que el que se produce en el ámbito de la iglesia diocesana o de movimientos más consolidados. Aquí nadie es imprescindible y todos son necesarios.

 

 

P.: La coherencia que ha sabido mantener, entre principios y acción, en diversas circunstancias políticas, le ha generado la admiración de algunos sectores del catolicismo español. Pero, dentro de su partido (UDC) y de la coalición en la que se integra (CiU), ¿ha percibido apoyos análogos o, por el contrario, le ha granjeado presiones y sinsabores?

 

R.: El comportamiento dominante dentro de la federación de CiU, y especialmente de UDC – partido en el que milito desde hace más de quince años- ha sido de respeto. Cuando tras llamadas a la “reflexión” de cara a mantener la “unidad formal” de los diputados del Grupo Parlamentario o del Partido han comprobado que mi discrepancia era sincera y profundamente fundamentada siempre se ha respetado mi libertad de conciencia.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 80, abril de 2004.

Entrevistamos a Jesús Tanco Lerga: radiografía del catolicismo social español actual.

Una entrevista al seglar navarro Jesús Tanco Lerga, impulsor de múltiples iniciativas del asociacionismo social católico y, sin duda, uno de sus exponentes más cualificados.

 

Hemos entrevistado a Jesús Tanco Lerga, funcionario, escritor, periodista, historiador, fotógrafo…; impulsor de múltiples iniciativas actuales del asociacionismo social católico. Es, sin duda, uno de los seglares españoles con mejor y más amplio conocimiento de la realidad del catolicismo social.

 

 

Pregunta: Durante las últimas décadas no era posible hablar de “catolicismo social”, por considerarse, también en amplios sectores eclesiales, que se trataba de una realidad y un concepto obsoletos: así, la incidencia del hecho religioso debía limitarse a la intimidad de las conciencias individuales, sin ninguna trascendencia pública. En la actualidad, un nuevo tejido asociativo, muy variado en su procedencia y calado, viene desarrollándose, alimentado por la moderna Doctrina Social de la Iglesia. Conforme a su experto juicio, ¿en qué momento se encuentra el asociacionismo católico español?

 

Respuesta: Nos encontramos en un momento de desconcierto clarísimo. Se ha empobrecido  la red asociativa eclesial, ahora en que hay más motivos para luchar que nunca. Esa proyección social del catolicismo es imprescindible para ser sal y luz como nos pide el Evangelio. Las tentaciones del desaliento y de la resignación están cundiendo en amplios sectores nuestros y es necesario invertir la tendencia. Me refiero, claro está, al asociacionismo, a la proyección exterior de gentes normales y corrientes, de fieles rasos, no me meto con instituciones que la jerarquía de la Iglesia conforma.

 

 

P.: Desde la rica experiencia que le proporciona su absoluta implicación personal con la situación de la familia española, ¿considera que el movimiento asociativo familiar católico disfruta de buena salud?

 

R.: Al movimiento familiar católico actual, dada su trascendencia y necesidad, lo calificaría de raquítico, tímido y desorganizado. Dejando bien claro que de esta declaración reconozco la labor, el sacrificio y el mérito de los que están trabajando en él. Hay personas que están dejando la piel en ello. Me refiero, en esas calificaciones, a la proyección exterior. Hay instituciones o movimientos y no pocos, que en el plano de la formación y enriquecimiento cristiano y espiritual de sus miembros están haciendo una labor formidable.

 

 

P.: Una de las novedades acaecidas en los últimos años, imprevistas en buena medida, dentro del asociacionismo católico español, ha sido el nacimiento y desarrollo de las llamadas plataformas transversales (e-Cristians, Hazteoír.org y Foro Arbil, principalmente). ¿Qué valoración le merecen estas entidades, entendidas como nuevas vías de movilización ciudadana y participación política?

 

R.: Su labor es de descubrirse. Están trabajando mucho y bien.  El secreto para seguir progresando es que cada una mantenga su impronta fundacional, su espíritu, su línea propia y complementaria con las demás. Que no se busquen fórmulas artificiales para unirlas, estructuras carentes de contenido real que quieran absorberlas, y sí es muy necesario hacer cosas juntos, como en una orquesta o coro, unas veces lleva una la voz cantante y otras acompaña. Al final, cuando se hacen cosas juntos vienen formas de relación, e incluso, de representación conjunta ante determinadas instancias, que de modo natural irán cuajando.

 

 

P.: El predominio actual, en el Congreso de los Diputados, de una mayoría autodenominada progresista, manifiestamente contraria a los valores de la “cultura de la vida” y de la propia familia, ¿exigirá una próxima movilización de los católicos españoles en defensa del bien común?

 

R.: El Congreso de los Diputados tiene una composición curiosa. Una mayoría relativa socialista, apoyada por nacionalistas y radicales de izquierda, con un Partido Popular compacto que todavía está perplejo por la inesperada pérdida del poder. Del Congreso de los Diputados, como de los congresillos, parlamentos o dietas regionales, autonómicos o de las comunidades, como de las ordenanzas de los ayuntamientos donde no haya gente de valor y con ideas claras, se puede esperar cualquier cosa. Lo estamos viendo. Los católicos, ante todo, deben ser buenos católicos. Si lo son, el intervenir en la sociedad no es algo impuesto o de obligación, sino una exigencia de la propia fe, de la esperanza en que mejore el mundo, y de la caridad para el prójimo. Las mismísimas virtudes teologales. Hay que estar en lo que se celebra, es decir en nuestro mundo, participando como ciudadanos que somos, colaborando en las fórmulas de participación política que sean eficaces, pero ante todo compatibles con la Iglesia y los dogmas de nuestra fe. La Iglesia nos da mucha libertad para esa acción en lo público.

 

 

P.: La sociedad española, globalmente considerada, asume el modelo vital relativista-consumista dominante, a lo que contribuye la mayor parte de los medios de comunicación, la acción política y buena parte de los recursos educativos. Las obras sociales de la Iglesia, ¿pueden constituirse en alternativa creíble a esta mentalidad omnipresente? En el contexto que, de alguna manera, hemos descrito, la política, particularmente la desarrollada por los católicos, ¿puede ser un instrumento para la regeneración de esta sociedad?

 

R.: Las obras de la Iglesia, como todo lo relativo a esta santa y madre familia divina, están a otro nivel que las obras de los parámetros sociales humanos. Los católicos, como todos los ciudadanos mínimamente responsables o conscientes, que además contribuimos con impuestos a los presupuestos públicos, hemos de participar en lo público y contribuir a santificar la sociedad; si a esa labor de mejorar en virtudes al conjunto social le llamamos, regeneración, pues habrá que regenerar la sociedad. Por cierto, esta palabreja que tiene visos orteguianos, tiene un profundo significado en lo cristiano, por la Redención que nos regenera.

 

 

P.: Muchos católicos contemplan desde la sospecha a la participación política, en general, y a los políticos en particular; también a los políticos católicos. Pese a ello, creemos que puede detectarse, particularmente en algunos ambientes eclesiales concretos, un mayor interés por la política; ya sea a través de los partidos o de las plataformas transversales. Personalmente, ¿considera que existen suficientes espacios formativos y de encuentro, dentro de la Iglesia española, que apoyen a sus vocaciones por lo público?

 

R.: En la Iglesia muchos fieles carecemos de formación conveniente, desconocemos la doctrina social de la Iglesia, aceptamos como mejores las propuestas de personas claramente escoradas a posturas contrarias a la Iglesia, votamos a gentes que sabemos que en la acción política nos perjudican, somos incoherentes con lo que tenemos por cierto y bueno. Vamos, que hay que espabilarse de lo lindo. Fomentar, consolidar y crear donde no haya lugares de encuentro, de acción conjunta, y hasta diría de oracción (no es errata lo de las dos “ces”) es fundamental y urgente. A funcionar. Examen de conciencia y propósito…

 

 

P.: Un número creciente de cristianos se siente decepcionado por la práctica de los grandes partidos en contra de sus valores más queridos (especialmente el PP y CiU). Seguramente por ello, algunos se vienen decantando por nuevas formaciones políticas que, de momento, no han calado en la sociedad española. Es el caso del partido Familia y Vida. ¿Considera oportuna la presencia de este partido político?, ¿podría concebirse como la primicia de un nuevo espacio político?

 

R.: A mi que he participado en la fundación de tres partidos políticos,  UCD en Navarra, antes el Partido Socialdemócrata Foral de Navarra, UPN después de diciembre de 1978, me gusta que se creen partidos, que se trabaje en los partidos, que se revisen y mejoren sus programas, que se sigan las propuestas de sus portavoces y dirigentes. Creo que faltan partidos representativos en España, que el PP está sólo, en propuestas fundamentales, que se necesita algo para complementar al centro, como lo que es IU para el partido socialista. También hace falta que en el seno de los ambientes  nacionalistas haya secciones, o partidos que sean consecuentes con quienes quizá hace muchos años, seguían hasta límites integristas a la Iglesia católica. Ahora, en estos ambientes nacionalistas parece haber un ídolo, un tótem, que es su estado independiente, y para conseguirlo se sacrifican valores, se vota con los contrarios a la Iglesia en cuestiones de fe, el fin hace justificar los medios, una pena. En cuanto a Familia y Vida, el resultado electoral ha de hacer pensar a sus promotores de que o no se ha planteado bien, o los electores quieren partidos con respuestas globales y conjuntas  a los problemas sociales, como la inmigración, el terrorismo, la  economía… junto a los temas que inciden en los valores de orden superior como la familia y la vida.

 

 

P.: Destaquemos algunos hechos: la creación de nuevas universidades católicas conscientes de su identidad, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, la constitución del Foro Español de la Familia, la acción de las llamadas plataformas transversales, la aparición de nuevos medios de comunicación, la constitución de la Compañía de la Obras de España... Estas realidades del moderno asociacionismo católico, ¿constituyen hechos aislados o, por el contrario, son la prueba de su revitalización? Los “nuevos movimientos eclesiales”, ¿desempeñan, en ello, un papel particular?

 

R.:  Bienvenidas sean las iniciativas aludidas, las que son similares, los medios de comunicación que se hacen eco de las mil iniciativas de orden social promovidas y sostenidas por personas físicas o jurídicas vinculadas a la Iglesia. Yo echo de menos aquella Acción Católica de mi juventud; fui responsable de la JEC (Juventud Estudiantes Católicos) en Navarra. No sé si ahora es factible aquella organización, pero en el caso de no serlo se debería sustituir de algo general, amplio, donde cupieran iniciativas y actividades bien arraigadas para la formación, para la práctica religiosa, para  la colaboración con otros sectores de la Iglesia más necesitados, y todo ello desde el papel secular, de fieles corrientes y molientes, pero organizados. Los nuevos movimientos, que están en el seno de la Iglesia, son todos buenos, positivos y aportan al rico panorama de comunidades dentro de la gran Comunidad eclesial, su específico papel. Ayudan a mejorar a mucha gente, y es la misión a la que Dios llama a algunos de sus mejores hijos. Ningún católico sin misión.

 

 

P.: El capítulo español, de la historia del sindicalismo y el cooperativismo agrario y de crédito, no puede concebirse sin la aportación y presencia de los católicos. No obstante, aparentemente, los católicos nos hemos retirado de tales ámbitos. Incluso la acción caritativa, antaño exclusiva obra de la Iglesia, está dando paso a la perspectiva laicista de muchas ONGs, cuestionándose ferozmente las razones y métodos empleados por las obras eclesiales. ¿Considera que es posible mantener, o retomar según los casos, en esos importantes ámbitos de la vida colectiva, la presencia misionera y la esperanza derivadas de la humanizadora experiencia cristiana?

 

R.: Lo que es más urgente,  es quizá conformar un sindicato que responda a los postulados de la doctrina social de la Iglesia. Es imperdonable para nosotros, que hayamos entregado a formaciones históricamente contrarias a la Iglesia, luego tácticamente aliadas con algún sector marcado de ella, ahora combatiendo claramente convicciones católica, que hayamos entregado, repito, muchas personas que lógicamente quieren la defensa de sus intereses laborales y profesionales, a los sindicatos llamados de clase, y que no son en muchos caso, más que otra forma de hacer política, y qué política. Algunos de estos sindicatos fueron promovidos, alentados o desarrollados en esta nueva era sindical, por católicos bienintencionados. Hay que tener un Solidaridad, unos Sindicatos Agrarios, unos Sindicatos Profesionales, como los había en la República- bien actualizados, lógicamente- y que ahí se vea la maravillosa doctrina social expuesta por los Papas contemporáneos. Hay sindicatos en profesiones más liberales o autónomas, con campo más reducido, que podrían integrarse ya. Insisto, un sindicato con fuerza y con convicciones, se necesita ya, que oriente hacia el empleo, que busque la justicia social sin odios ni resentimientos, que sea un modelo de relación en la empresa de la que forman parte además de los empresarios, los trabajadores.

 

 

P.: Su último libro, la biografía del periodista Manuel Aznar, abuelo del último expresidente del Gobierno, ¿qué respuesta está encontrando?, ¿qué le animó a realizar esta gran investigación?

 

R.: Estoy encantado de la respuesta del libro editado por Planeta y bien distribuido, las críticas de personas como Sergio Piera, Luis Monreal, Manuel Calvo Hernando, Fabián Estapé, José Javier Sánchez Aranda, auténticos especialistas cuando no maestros, en el periodismo me llenan de alegría. Ha merecido la pena dedicar una década de estudio a la persona y trayectoria profesional de Manuel Aznar Zubigaray, que con la formación de los seminarios de Pamplona y Madrid, además del buen ambiente familiar, y el complemento de otras instituciones, fue uno de los mejores periodistas del siglo XX en España y uno de los más hábiles diplomáticos.

 

 

P.: Navarra ha sufrido profundas transformaciones sociales y culturales en las últimas décadas, desdibujándose su profunda identidad popular católica. Conscientes de esta realidad, ¿puede, el catolicismo navarro, seguir realizando aportaciones de calado al conjunto de España?

 

R.: Navarra está compuesta por navarros, España por españoles, Europa por europeos. Necesitamos más y mejores navarros, españoles y europeos. Entonces mejorarán Navarra, España, Europa y el Mundo. Por cierto, es preciso integrar mostrando nuestros mejores nuestros valores a nuestros nuevos navarro-españoles, y desde España, dar mejor ejemplo a la gran familia de pueblos y naciones de Hispanoamérica y de Filipinas. ¡Qué pena! De la decepción que sienten muchos de nuestros hermanos de cultura y de fe viendo las cosas y acontecimientos que les llegan de España. Navarra tiene buenas raíces como el conjunto de España, y a pesar de alguna plaga que se ha instalado en alguna de sus ramas, el árbol resistirá, crecerá y dará mucho fruto.

 

 

P.: De todas las variadas iniciativas y entidades (literarias, políticas, Camino de Santiago, Amas de Casa, familiares…) en las que ha participado, como fundador, impulsor, etc., ¿siente particular predilección por alguna en particular?

 

R.: Me gustan todas…Cada una es distinta, pero encuentro en ellas muchas más recompensas que tiempo o esfuerzo haya podido dedicar. Sólo en el capítulo de buenos amigos que he hecho en ellas, bueno… Se me hace la boca agua. La pena es no tener más tiempo para ellas. Las obligaciones de Dios, de la familia y de la profesión condicionan todo.

 

 

P.: Nos gustaría terminar la entrevista con una pregunta personal, pues creemos pudiera ser de interés para los lectores. Para mantenerse fiel a la propuesta de la Iglesia, el apoyo de una concreta compañía humana parece imprescindible. Jesús Tanco, ¿se apoya en algún carisma o figura particular?

 

R.: Soy hombre eclesial. De familia y escuela pública  y cristiana  en la niñez, escolapia en el bachillerato, de la Universidad de Navarra, en la superior. Asisto regularmente a retiros de cooperadores o amigos de la Prelatura del Opus Dei, también a ultreyas de Cursillos de Cristiandad, a reuniones de la ACdP (Acción Católica de Propagandistas) en Pamplona, frecuento la Catedral de Pamplona y las enseñanzas del Arzobispo del que he tenido orientaciones estupendas, me siento también como de la familia benedictina –tengo dos hermanas de mi padre, monjas en Zaragoza-, de la teresiana de san Enrique de Ossó –otra tía- en la que participo en una ong, de la capuchina, no en vano tuve una tía que estaba muy cerca de la santidad en el convento de Tudela, en general frecuento conventos de clausura, hago las javieradas con unción, peregrino a Santiago, procuro confesarme a menudo, ir a misa, si puedo todos los días, hacer un rato de meditación-oración, no dejar el examen de conciencia y el ofrecimiento de obras, rezar esas cincuenta maravillosas avemarías ofreciendo cada misterio por cada uno de mi familia, por cada parte del mundo, cada avemaría por una provincia española –incluyo en dos andaluzas- a Ceuta y Melilla, y bueno, voy tirando por la vida. Quiero ser buen hijo de la Iglesia. En ella tengo los medios de formación y de acción  suficientes. Dios quiera que también pueda morir en su seno y preparar así la llegada al pórtico de la Gloria.

Perdona que me haya explayado

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica Nº 85, septiembre de 2004.

Entrevistamos a Fernando Fernández Rodríguez: perspectivas de la Doctrina Social de la Iglesia.

Una entrevista a Fernando Fernández Rodríguez, presidente de AEDOS: laboratorio español de la moderna Doctrina Social de la Iglesia.

 

Hemos entrevistado a Fernando Fernández Rodríguez, abogado y economista, presidente de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, AEDOS: un laboratorio español de la moderna Doctrina Social católica.

 

Pregunta: ¿Podría definir, para los lectores de Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, qué es, hoy, la Doctrina Social de la Iglesia?

 

Respuesta: Es teología moral, como quedó definitivamente claro desde la Sollicitudo rei socialis. También puede considerarse parte de la eclesiología. La relación entre verdad y libertad –que debe informar la vida de las personas- se ve especialmente iluminada, en el ámbito socio-económico y sociopolítico, por el magisterio de la Iglesia (Veritatis Splendor).

 

 

P.: Su entidad, AEDOS, despliega un importante elenco de actividades, contando con la participación de personalidades de gran prestigio intelectual. ¿Destacaría, por su particular interés, algunas de ellas?

 

R.: Nuestro trabajo se resume en estudio, difusión y promoción de la doctrina social de la Iglesia. Tan imprescindible nos parece la labor de investigación (lo que llamamos capítulos y grupos de trabajo con una dimensión interdisciplinar, hermenéutica y de mediación) como las publicaciones, que con frecuencia son el resultado de estos trabajos, y la labor de promoción (el mensaje social se hace creíble por el testimonio de las obras antes que por su coherencia y lógica internas).

 

 

P.: ¿Disfruta de buena salud, en España, la Doctrina Social de la Iglesia?

 

R.: Pasó un mal momento hace unos treinta años. Después se ha recuperado el interés, con enfoques como el nuestro, que desde las aportaciones “laicas”, por decirlo así, de las ciencias humanas y sociales interpelan a la doctrina social de la Iglesia. Esta tarea tiene mucho que ver con la recreación, sobre nuevas bases, de la expresividad cultural de la fe.

 

 

P.: En las primeras décadas del siglo XX, los católicos españoles desplegaron una creatividad social impresionante, desarrollando obras de todo tipo inspiradas por la novedosa Doctrina Social de la Iglesia, hasta el punto de poder afirmar que, todavía hoy, nos beneficiamos en buena medida de aquel esfuerzo. ¿Qué ha pasado, a su juicio, para que ese ritmo haya decrecido de forma tan notable?

 

R.: Es difícil una respuesta breve, que llevaría a juicios quizá simplistas de la historia de España en el siglo XX. El catolicismo español vivió etapas complejas y en algunos períodos (franquismo) instaladas. Y en medio de eso tiene lugar una profunda crisis cultural y eclesial, sobre todo en los años setenta y siguientes. Las modas, los tics culturales, la abusiva primacía de lo económico (lo economicista), no favorecieron ese ímpetu doctrinal.

 

 

P.: La Doctrina Social de la Iglesia, frente a formulaciones intelectuales que se presentan, supuestamente, como más modernas y receptivas a diversas aportaciones de las ciencias sociales, caso de algunas Teologías de la Liberación, ¿tiene capacidad para elaborar instrumentos teóricos y propuestas de acción, adecuadas a los retos del mundo globalizado y secularizado de hoy, al servicio de las personas concretas?

 

R.: La Doctrina Social, por elaborada que esté, es una incitación, un esclarecimiento, una motivación permanente, fruto de la interacción de la Palabra de Dios y del obrar de los hombres. Son los cristianos, y de modo especial los laicos, quienes, apoyados en ese empeño y en su libre autonomía y responsabilidad, tienen que encontrar respuestas a la situación actual, como ha ocurrido también en otros momentos de la historia.

 

 

P.: La Doctrina Social de la Iglesia, ¿es patrimonio de los sectores eclesiales calificados como conservadores o, por el contrario, puede acoger y orientar a todas las sensibilidades católicas?

 

R.: Nada en la Iglesia es patrimonio de un grupo determinado. Todo es de todos. La doctrina social de la Iglesia puede ser tradicional, pero no es conservadora. Y de una tradición que tiene la intrínseca capacidad de renovarse. Algo semejante a aquello de Ecclesia semper reformanda.

 

 

P.: Es evidente el esfuerzo desplegado desde algunas entidades (AEDOS particularmente, determinadas iniciativas diocesanas, ciertas universidades católicas, diversas editoriales…), para el relanzamiento de la DSI, siguiendo el impulso a la misma de Juan Pablo II. Estos “laboratorios de ideas”, ¿encuentran interlocutores, en el pueblo católico, capaces de desarrollar en la sociedad, sus propuestas?, ¿no se corre el riesgo de elaboración de un pensamiento que no “enganche” con la realidad?

 

R.: La conexión con la generalidad del pueblo cristiano es esencial en nuestra fe, pero cada uno la puede hacer del modo que le es propio. Nosotros, y muchas iniciativas semejantes, llegamos a un grupo de personas (en las que están representadas las diversas áreas del conocimiento y de la actividad del profesional) que a su vez tienen su público, a veces amplísimo. Calculo que en nuestra aún corta vida de quince años, por nuestras actividades han “pasado” varios cientos de intelectuales.

 

 

P.: A lo largo de bastantes años, numerosos católicos han mirado con cierta sospecha a la participación política. No obstante, y últimamente, viene emergiendo, en algunos sectores, el interés por la acción política directa, ya sea dentro de partidos aconfesionales o en otros de inspiración cristiana. La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede acompañar a estos católicos en el discernimiento y consolidación de su necesaria vocación pública?

 

R.: Tal doctrina es una de las facetas de una formación amplia, que incluye –además de la competencia en la profesión- un suficiente conocimiento de las ciencias humanas y sociales  -lo que llamamos humanidades-. Pero en mi opinión lo esencial, y lo que le hace creíble, a esos católicos es la honradez, la sinceridad y coherencia: que se vea que, antes que sus intereses o los de su partido, están los que corresponden al bien común.

 

 

P.: La Iglesia española mantiene universidades, periódicos, emisoras, colegios, hospitales… pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás?

 

R.: Un buen amigo, socio de AEDOS, respondería a esto que basta contar la gente que reza. Son millones en España, miles de millones en el mundo. Pueblo siempre hay, y millones de gente de buena voluntad. Por otra parte, cuando amenaza el peligro, crecen también los factores de salvación. Esta ley de economía espiritual humana se cumple en la Iglesia en España.

 

 

P.: La sociedad española está haciendo propio, de forma masiva, un modelo vital relativista-consumista. A ello contribuye la acción dirigida desde la mayor parte de los medios de comunicación, el poder político y gran parte de los recursos educativos. La Iglesia católica, con sus obras sociales, ¿constituye una alternativa real a esta mentalidad planetaria dominante? La educación católica, ¿tiene recursos para afrontar este inmenso reto?

 

R.: Ciertamente vivimos situaciones y momentos de crisis. Pero no siempre lo que más suena es lo más frecuente. Pienso que, con fallos y debilidades, hay en España mucha gente de corazón y vida cristiana. Es ese buen olor de Cristo el que hay que difundir, pero no necesariamente creando guetos, ni reservas confesionales, sino, como el Evangelio enseña, con la acción de la levadura..

 

 

P.: La publicación de “Alfa y Omega” y el suplemento religioso de La Razón, fundación de nuevas universidades católicas, los congresos anuales “Católicos y vida pública”, constitución del Foro Español de la Familia, aparición de organizaciones “transversales” (E-Cristians, HazteOír.org, Foro Arbil), consolidación de la Compañía de la Obras de España, diversas iniciativas de entidades católicas con vocación pública… ¿Son hechos aislados o constituyen un síntoma de que “algo se mueve” en el catolicismo social español? La Doctrina Social de la Iglesia, ¿puede dinamizar e iluminar tales realidades?

 

R.: Es claro que algo se mueve. Y casi siempre se mueve muy bien. Eso es doctrina social de la Iglesia en acto. Son opciones ciertamente contingentes en su contenido, por su carácter laical, pero esenciales y necesarias para el magisterio de la Iglesia. La jerarquía la debe aceptar y respetar en toda su fuerza.

 

 

P.: Algunos movimientos sociales, aparentemente, han sido abandonados por los católicos. Nos referimos al sindicalismo, el cooperativismo, etc. Esta apreciación, ¿es justa?, ¿debería, el conjunto del catolicismo social, retomar la iniciativa en esos ámbitos sociales?

 

R.: Muchos de esos movimientos, al hacerse más generales y abiertos, no necesitan ya ser confesionales. Otros, sencillamente, han venido a menos, porque las figuras sociales cambian cuando cambian los tiempos. En la historia las vueltas atrás no son posibles. A problemas nuevos, soluciones imaginativas, siendo los cristianos fuente continua de carismas y de impulsos de renovación.

 

 

P.: Un supuesto nuevo humanitarismo, enarbolado por ONGs laicistas, está sustituyendo a las tradicionales obras de caridad católicas. Mientras tanto, ¿sufren una crisis de identidad las ONGs católicas?, ¿puede, la Doctrina Social de la Iglesia, contribuir al reforzamiento de su razón de ser fundamental y originaria?

 

R.: A mí no me molesta nada quien haga el bien, todo lo contrario. Pienso que el crecimiento de las ongs laicas debería llevar a los católicos: o a trabajar en ellas o a trabajar en otras específicamente cristianas. Y si hay otra posibilidad, seguirla también. Nunca apagar una vela que arde haciendo bien, aunque sea solo una parte de bien. Y asegurarnos, para no caer en una política de pragmatismos humanos, el contacto permanente e identificado con la persona de Cristo, el Hijo de Dios.

 

 

Muchas gracias.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 81, mayo de 2004