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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Por dónde irán los tiros (con perdón) de la autodenominada Izquierda Abertzale.

No puede acusarse al conjunto de la Izquierda Abertzale, estructurada desde ETA y cuya expresión política es la todavía ilegal Batasuna, ni de falta de claridad ni de oportunismo en el despliegue de sus tácticas: sus objetivos e instrumentos son evidentes para todo el que quiera conocerlos y entenderlos. 

Los objetivos finales de la Izquierda Abertzale. 

Desde que ETA se configura como tal, sus objetivos finales siempre han sido los mismos: la independencia y el socialismo. Y ello, bajo cualquiera de sus diversas fórmulas: alternativa KAS, Alternativa Democrática, Acuerdo Democrático de Base… 

Pero, en la actual coyuntura, marcada por el llamado “proceso de paz” ¿con qué medios pretende avanzar el independentismo radical? Pues también lo indican claramente.  

Repasemos, así, el editorial correspondiente al pasado día 19 de abril de 2006 del diario Gara titulado significativamente El presidente español tiene su plan. Después de analizar concienzudamente los pasos y manifestaciones hechos públicos por nuestro presidente, en el apenas un mes transcurrido desde que ETB difundiera el célebre vídeo de ETA, encontramos el siguiente párrafo: “(…) el derecho de autodeterminación (…) habrá que conquistarlo a través de la lucha política. El resultado de una futura mesa de partidos no será fruto de las habilidades dialécticas de los interlocutores de cada formación política, sino de la correlación de fuerzas que se dé en Euskal Herria, que tendrá una manifestación electoral, pero también otras en la movilización social y en la búsqueda de la victoria por convicción en el campo de la opinión pública”. Un programa de trabajo que cumplen, como en otras ocasiones, al pie de la letra. Veámoslo. 

Las tres “armas” de la Izquierda Abertzale. 

Lucha política. Su primer objetivo será la constitución de una mesa de partidos, o de resolución del conflicto, o como finalmente se llame. Otro objetivo, muy importante, lo constituye la legalización de Batasuna, lo que le permitirá, de nuevo, acceder a las instituciones y, de paso, a las subvenciones… Una vertiente de la que denominan acertadamente lucha política es la constitución de nuevas fórmulas de territorialidad, como el muy reciente Consejo de la Juventud Vasca (Euskal Herriko Gazteriaren Kontseilua), del que habló Gara el pasado 10 de mayo, y que agrupa a organizaciones de “todos los territorios vascos”, incluyendo al ¡Consejo de la Juventud de Navarra! Esta vía supondrá, acaso, la reabsorción práctica de Aralar en su seno, (la tarta electoral no permite nuevas presencias una vez regresa Batasuna, y una recomposición de los espacios electorales nacionalistas (¿qué hará finalmente Eusko Alkartsuna?) cuya expresión más dramática será la confrontación electoral por su liderazgo entre PNV y la nueva Batasuna. 

Movilización social. Son maestros en ello: manifestaciones de todo tipo (por los presos, contra los accidentes laborales, por el diálogo, por el euskera…), captación de nuevas voluntades, movilización de militantes apartados… 

Opinión pública. Cada día Batasuna convoca, al menos, una rueda de prensa antes unos medios de comunicación ansiosos de novedades y nuevas “claves”: afirmando propuestas, desvelando contradicciones ajenas, provocando movimientos, aclarando matices… y participando en cuantos debates tengan lugar en EiTB y cualquier medio que se preste a ello. 

¿Apuestan en serio? 

“Personas como Jokin Gorostidi, Jon Idigoras, Gorka Martínez... tomaron la firme decisión de ofrecer a este pueblo un proyecto nacional y de izquierda, dejando a un lado la dejadez del PNV. Con amor y compromiso hacia Euskal Herria, aquella generación nos ofreció una salida estratégica. Esta fue su gran aportación”, afirmó Arnaldo Otegi en Deba en la ceremonia de despedida de Gorostidi celebrada el 30 de abril de 2006. También aseguró que la izquierda abertzale cuenta “con una gran ventaja porque lo que unos pocos defendían en la generación de Jokin Gorostidi, hoy en día, lo defiende la mayoría de la ciudadanía vasca. Esta es un gran victoria; contra un pueblo no hay nada que hacer (…) este pueblo va a ganar y lograr un escenario democrático en el que decidirá su futuro libre y democráticamente”. También recordó el 25 aniversario de la muerte en huelga de hambre de diez republicanos irlandeses encarcelados, resaltando con ello que “al igual que en Irlanda, las puertas de Euskal Herria también se están abriendo hacia la independencia y el socialismo”.

¿Está claro? 

Volvamos a las tres tácticas antes mencionadas. Su objetivo común, también lo explicitan: alcanzar una correlación social de fuerzas más favorable, expresión de su avance electoral, en la “mesa de resolución del conflicto”. Para ello se precisa ensanchar su base militante y electoral y la conquista de nuevos espacios y nuevas alianzas tácticas (por ejemplo sindicales, recordemos que el 3 de mayo Gara anunció la aproximación del sindicato abertzale LAB con UGT en la elaboración de una aportación conjunta al actual proceso; si bien el segundo empieza a recular). Y confían en que alcanzarán una mayoría social que legitime así, “democráticamente” de la mano de una mayoría clara, el ulterior y decisivo referéndum por la autodeterminación. 

Todo un programa que ejecutarán -ya lo están haciendo- con tenacidad, voluntad y medios. Y ETA bendiciéndolo todo. 

Una maquinaria en marcha frente a la que, Rodríguez Zapatero, ¿opondrá algo que no sea pura táctica y buenas palabras? Tiene una oportunidad, pero, ¿es consciente del formidable adversario con el que está midiendo? 

Revista Arbil, Nº 105, mayo de 2006. Especial dedicado al libro "La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas".

Entrevista al historiador Fernando José Vaquero, coautor del libro “La tregua de ETA”

"La primera gran mentira de la tregua es el empleo de un lenguaje perverso y la muerte de la verdad"  

Fernando José Vaquero Oroquieta, historiador y experto en temas de terrorismo es uno de los autores del libro "La tregua de ETA, mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas", en él se ofrece la posibilidad de conocer los elementos de juicio para enfrentarnos a un debate de fondo sobre lo que verdaderamente implica la tregua de ETA y entender el proceso en el que actualmente nos encontramos.Fernando José Vaquero ha hablado para Análisis Digital y ha recordado que la primera gran mentira de la tregua es el empleo de un lenguaje perverso y la muerte de la verdad. "La primera mentira de la tregua es que se habla de un proceso de paz empleando el lenguaje abertzale, que es un lenguaje perverso"; "cuando se emplea un lenguaje perverso y se manipula la realidad, la verdad muere, y es la primera víctima, por eso hay muchísimas mentiras en este proceso de paz".

¿Qué objetivos se marcaron a la hora de realizar este libro?

El objetivo del libro es proporcionar elementos de juicio para un debate de fondo sobre lo que implica la tregua de ETA y lo que implica el nacionalismo en sus últimas consecuencias. Lo que queríamos era conseguir plantear un debate en temas de fondo no en cuestiones coyunturales, para conseguir esto, aquí desentrañamos y proporcionamos claves decisivas y fundamentales para entender el proceso que estamos viviendo.

El título, "La tregua de ETA, mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas", ¿explica de alguna manera el "lado oscuro" de la tregua?

El título responde al intento de recordar muchas mentiras y tópicos como las que encontramos en el nacionalismo vasco. Ante esto queríamos proporcionar materiales de trabajo, de reflexión y de estudio no coyunturales. Vimos que hacían falta respuestas concretas y queríamos dar voz a los, por desgracia, menos escuchados: las víctimas , por eso hemos aportado temas como la ética, la doctrina social de la Iglesia, la ideología, el análisis político y el terrorismo. Había muchas expectativas, esperanzas y hacía falta respuestas concretas.

¿Cuáles cree que son "las mentiras" de esta tregua?

La primera mentira de la tregua es que se habla de un proceso de paz y para ello emplea el lenguaje del nacionalismo abertzale que es un lenguaje perverso. Cuando se emplea un lenguaje perverso y se Manipula la realidad, la verdad muere, y es la primera víctima, por eso hay muchísimas mentiras en el proceso de paz.

Por otra parte se persiguen también muchos objetivos de carácter político, mediático, y social por lo tanto esa es la segunda gran mentira, ya que a través de la manipulación del lenguaje se está intentando manipular el resultado.

Realmente no se persigue la paz, ETA tiene unos objetivos políticos muy determinados y ha manipulado los sentimientos y de las esperanzas de la de la gente.

¿Por qué cree que el diálogo del Gobierno con ETA ha creado tantos focos de discusión?

A lo largo de la historia ha habido distintos procesos de diálogo, con diversas organizaciones terroristas pero hay que ver y diferenciar el sentido que se le da a la palabra "diálogo" si el diálogo es exclusivamente para determinar el procedimiento de la entrega de las armas, lógicamente es un diálogo legítimo y que las víctimas van a agradecer, sin embargo si es un diálogo que desconocemos el cauce, que desconocemos sus premisas, que no ha escuchado a las víctimas, es totalmente ilegítimo.

Es un insulto y un gran desprecio ignorar a las víctimas, ellas son el sector que más se ha sacrificado de la sociedad española. Despreciar a las víctimas es también insultar a toda la sociedad española. El Gobierno está hablando mucho, pero no hay transparencia, de ahí la preocupación de la sociedad.

También tendríamos que preguntarnos qué precio político está dispuesto el gobierno a pagar por la paz; un precio político es concederles un plus de legitimidad, un nivel de interlocución político, o la legalización. El problema es que no sabemos qué quiere hacer el Gobierno de Zapatero; no hay claridad ni una lista de objetivos que se haya marcado el partido socialista, o por lo menos no lo ha hecho público y por ello realmente no sabemos si más allá de las palabras hay una firme voluntad política de admitir una serie de mínimos o realmente hay un colchón bastante flexible que desconocemos hasta dónde se puede modular.

¿Cómo valoraría los mensajes que está enviando el presidente del Gobierno?

El gobierno está mandando mensajes un tanto equívocos porque habla donde no debe hablar y donde debe hablar no habla, véase Baracaldo. Lo que expuso en Baracaldo lo debía haber expuesto en el parlamento. Pese a que en un proceso de este tipo debe haber mucha discreción, el presidente debería al menos hacerle partícipe al Partido Popular y a las fuerzas parlamentarias de los datos más relevantes del proceso. Sólo de este modo, el PP y el resto de fuerzas parlamentarias podría tener elementos de juicio suficientes para valorar si se dan condiciones para un diálogo admisible; un diálogo cuyo objetivo sería la rendición de ETA.

El PP no le apoya por la falta de transparencia, de comunicación, Zapatero no está considerando al PP como un verdadero interlocutor político y esto genera, disgusto, descontento y desmoralización.

¿Cuál cree que va a ser la actitud de ETA durante este proceso?

Creo que ETA jugará la baza de la tregua hasta el final, ETA ha apoyado el proceso, pero siempre desde su lógica, desde su dialéctica y siempre en función de unos objetivos. La independencia es su objetivo máximo, pero no sabemos si están dispuestos a renunciar a sus objetivos máximos. Realmente ¿quién sabe esto?; ¿lo sabe el gobierno?. Esta es una de las grandes incógnitas.

Si están dispuestos a transigir, ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? éstas son las cosas que aún quedan por determinar. Se ha concretado muy poco y va a ser precisamente en el momento de concretar los puntos de la tregua donde se van a ver como ya se están viendo que hay discrepancias y dificultades muy grandes.

¿En el libro habla de totalitarismo y terrorismo; qué tienen en común?

Totalitarismo y terrorismo tienen en común una interpretación ideológica de la realidad que prescinde de la naturaleza del otro, de la naturaleza del ser humano y de la entidad de la persona.

Los totalitarismos pretenden en nombre de una sociedad utópica, buscar que el hombre sea un agregado al que no le quede otra opción que sumarse a la corriente histórica y el terrorismo se suma a esas corriente en la que la persona humana no tiene ninguna relevancia , sino que es una herramienta más en esa lucha.

El terrorismo al igual que el totalitarismo, no asume la realidad tal y como es, sino que la interpreta , la reduce a unos esquemas en la que la persona tiene un papel mínimo, y como consecuencia, el hombre de esta "sociedad ideal" e "irreal" puede matar, extorsionar y pisar los derechos más básicos del ser humano.

¿Qué opinión le merece la ideología nacionalista?

En primer lugar, la ideología nacionalista tiene diversas corrientes. La Iglesia, por ejemplo, considera que el nacionalismo puede ser legítimo siempre y cuando no sea excluyente y coincida con las virtudes éticas del civismo y del patriotismo. En este caso, estaríamos hablando de un nacionalismo admisible, legítimo moral y legalmente. Pero el nacionalismo radical, es otra cosa. El nacionalismo radical se excluye totalmente del otro y no comparte su proyecto hegemónico, perdiéndose la relación con la realidad, y obviando los derechos mÁs básicos del ser humano.

Por ello, la ideología nacionalista siempre y cuando coincida con esas virtudes éticas de las que hemos hablado como son las del civismo y las del patriotismo son totalmente legítimas, lo absolutamente inaceptable es el nacionalismo radical.
 Análisis Digital, 29 de mayo de 2006

José Luis Orella Martínez (Director). “La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas”. Prólogo de Fernando García de Cortázar. Grafite Ediciones. Baracaldo. 2006. 340 pp. 23 €.

 Desde que se difundiera el famoso vídeo de los tres encapuchados de ETA, que anunciaban la interrupción temporal de algunas de sus actividades terroristas, las palabras al respecto nos anegan: opiniones, juicios, exclusivas, rumores, veladas amenazas, posicionamientos partidarios e institucionales… Realmente hace falta ser un experto analista para separar el polvo de la paja. Incluso así, el trabajo debe de resultar agotador. Y termina por aburrir. Por ello, este libro, fruto del esfuerzo conjunto de nueve historiadores y comunicadores, ayuda a “sedimentar” lo esencial de lo occidental. Desde la Historia, la Victimología, la Doctrina Social de la Iglesia, y el análisis del terrorismo y sus expresiones como fenómenos totalitarios, se proporcionan claves imprescindibles para comprender y enjuiciar un debate nacional que nos afecta a todos. Por ello, aunque cambiaran radicalmente las actuales circunstancias, el libro permanecería vigente, gracias a un enfoque multidisciplinar pero cuajado gracias a su afortunada unidad de criterio. ¿Qué persigue ETA, realmente, con su tantas veces cuestionada “tregua”? La paz, aseguran algunos. Pero ¿qué paz? Por el contrario, otros, aseguran que no sería sino otro instrumento más al servicio de su estrategia secesionista de siempre. El lector, después de leer este libro, confirmará sus temores o adquirirá nuevos elementos de juicio: en cualquier caso, todo apunta a la segunda de las hipótesis. Y para ello se apoyan, además de en sus propias aportaciones, en las opiniones cualificadas de hasta 13 personalidades relevantes del panorama mediático actual y algunas entidades muy implicadas en la denuncia del terrorismo. También se incorporan, a ese amplio anexo, relevantes documentos de la Iglesia católica y cuyo juicio del terrorismo es especialmente clarividente; lo que se complementa con una amplia bibliografía y varias decenas de direcciones electrónicas de interés. No parece que ETA haya cambiado. La independencia y el socialismo siguen siendo los soles que la guían. Es más: está logrando imponerse con una vía secesionista acelerada y decidida. Así, “su” paz no sería sino un frente más de su línea de combate. Pero, si el Estado abandona aquellos instrumentos que más le ayudaron en esa lucha -el Pacto por las libertades y contra el terrorismo y la Ley de Partidos- ¿sobre qué bases afrontará este reto? De ahí que sus reflexiones respecto a la consistencia de la Ética civil y la necesidad de una moral cívica de resistencia sean particularmente pertinentes. 

Un libro, en definitiva, del máximo interés para quienes estén preocupados por el futuro de nuestra sociedad española.

ETA, ¿no miente nunca?

Es uno de los tópicos que vienen circulando con más desparpajo entre políticos y, sobre todo, entre comunicadores poco avispados. Se asegura que ETA no miente nunca. ETA y, por extensión, el resto de la autodenominada Izquierda Abertzale que lidera y en cuyo nombre sermonea. Pero, realmente, ¿es así? ¿No fue acaso Arnaldo Otegui quien advirtió, el primero, que los atentados de Madrid del 11-M eran obra de la “resistencia árabe”?, recuerdan los listillos de turno. “Es que no mienten nunca”, insisten. Pero ETA, naturalmente, ha mentido en bastantes ocasiones. Y, en otras, ha callado. Sobre todo cuando no le convenía se difundiera algún “error” propio o cualquier noticia que le perjudicara. Ahí están las hemerotecas para recordarlo. No obstante, el tópico circula con fluidez y, sobre todo, últimamente. ¿Por qué, entonces, tamaño buenismo que todo se lo cree y que, para colmo, también quiere que nos lo creamos? Tal vez ello se deba, al menos en parte, a la aparente coherencia interna de los mensajes y discursos políticos de esa izquierda “abertzale”. Bien construidos, provistos de una incuestionable lógica dialéctica, trabados en una sucesión de silogismos y condicionantes… sin duda impactan en cualquier analista. Pero esa “lógica”, totalitaria y de raíces marxistas-leninistas, no es la “lógica” normal del sentido común y del universo democrático. No obstante, no es difícil caer en alguno de los presupuestos o premisas de ese discurso que, sobre todo para los “progres”, sigue siendo atractivo. Ya lo advirtió Rosa Díez en Pamplona, según reseñábamos días atrás: “el procedimiento determina el final”. La tentación es doble: asumir parte de su lenguaje (“proceso de paz”, “ejecución”, “verificación democrática”…) o insertarse en su lógica (“combatir las causas que originan todas las expresiones de violencia”, “remover los obstáculos del proceso de paz”…). Muy peligroso, además de “hacerles el juego”. Así las cosas, el asunto ya no es tanto afirmar bobaliconamente si ETA miente o no, pues ya sabemos que mentirá cuando le interese y punto, sino evitar caer en su diabólico juego eludiendo la trampa de su lenguaje perverso y predeterminado en sus conclusiones. No en vano, ese inteligente empleo del lenguaje, coloreando con un sentido muy preciso diversos conceptos genéricos y equívocos, ya es un triunfo de su estrategia terrorista global. Veamos un ejemplo, de entre cientos que podríamos mostrar. Los dos encapuchados portavoces de ETA respondieron, en la última entrevista que les publicara Gara, a una pregunta de su director sobre el supuesto nerviosismo del presidente del Gobierno Foral de Navarra Miguel Sanz, entre otras cosas muy interesantes, que: “… En realidad, Sanz está situando muy bien cuáles son los nudos que deben desatarse en este proceso y cuáles son realmente las claves políticas del proceso, precisamente el debate en torno a la autodeterminación y la territorialidad. El empeño del fascista Sanz es colocar un muro frente a esa oportunidad de cambio político. Nosotros vemos en esa actitud a los de UPN, pero sobre todo los vemos totalmente inmersos en el actual debate político”. Fascinante. El pobre Sanz, nervioso y, además, bebiendo en su mano. Analicemos tales afirmaciones. Sanz habría analizado correctamente el alcance real del reto separatista que acarrea, en todas sus consecuencias, los conceptos de “autodeterminación” y “territorialidad”, aseguran los terroristas. De modo que Sanz, firme en sus principios y sagaz en sus análisis, es por ello ¡un fascista! Consecuencia que también se deriva de lo anterior: cualquier posición de este fascista será, según estos intelectuales de la capucha, un obstáculo para el “proceso de paz”. Avancemos un poco más. El navarrismo, únicamente por manifestarse como tal, será “fascista” y “enemigo del progreso ineludible hacia la paz”. Pero, ¿qué paz? Por favor, no sea usted aguafiestas. No es una cuestión baladí. Los navarristas empiezan a ser objeto de las diatribas dialécticas de los separatistas; en realidad siempre lo han sido. Reaccionarios, conservadores, caciques, herederos de los requetés que salieron a miles el 19 de julio del 36… y ahora, por si fueran pocos sus pecados ¡enemigos de la paz! Cabe, dentro de lo razonable, que sea ETA y su entorno quienes así lo afirmen, pero mucho tememos que el tópico se difunda, acrítica e irresponsablemente, entre otros muchos políticos y comunicadores. Y, si así sucede, ETA habrá logrado otra victoria. No sería la primera vez, ciertamente. 

No se trata, en definitiva, de analizar si ETA miente o no, sino de tomar conciencia del lenguaje perverso que emplean magistralmente y de no caer en semejantes trampas. Pero, ¿se tiene suficiente cultura política democrática y sentido común como para evitar tamaño riesgo? Recordando algunos antecedentes, numerosos por cierto, y comportamientos muy recientes, miedo nos da.

Páginas Digital, 22 de mayo de 2006

Rosa Díez: ¿una voz en el desierto?

La europarlamentaria socialista vasca Rosa Díez volvió a afirmar, en esta ocasión en Pamplona, que la vía más eficaz y democrática para terminar con el terrorismo de ETA es la recuperación del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, la aplicación de la Ley de Partidos, y la actuación estricta de la justicia. Con el entusiasmo que le caracteriza, la credibilidad que transmite, y su estilo pedagógico perlado de experiencias y sentimientos personales, la socialista vasca conectó magníficamente con el público convocado por Juventudes Navarras, la cantera de UPN, en la octava edición del Foro Tomás Caballero; el concejal regionalista pamplonés asesinado por ETA. Recordó que, antes de la ilegalización de Batasuna, España era «el único país en el mundo que daba un listado a los terroristas de dónde vivíamos, para que no tuvieran que hacer un seguimiento», refiriéndose a los censos electorales que se les proporcionaba periódicamente. Además, se les entregaba mucho dinero a través de las instituciones «para que vivieran bien, para que pudieran pagar a chavales para que tiraran cócteles molotov... Eso se acabó con una ley absolutamente legítima que terminó con su impunidad y con sus sueldos». También afirmó que «durante décadas se pensó que había que darles algo», a los terroristas, para que abandonaran sus actividades. Pero, por principios y por inteligencia, aseguró firmemente, «no hay que darles nada». Y una afirmación, acaso, algo chocante: «Yo no he pedido en la calle la paz, eso lo pedían los terroristas. Yo he pedido la libertad, porque era lo que nos faltaba»; pues tal sería el principal objetivo de la democracia. Insistió en otro aspecto fundamental, según su criterio, directamente relacionado con el anterior: la necesidad de revisar el lenguaje, ya que «el procedimiento determina el final». Por ello, hablar de proceso de paz le parece perverso, aunque esa expresión guste casi todo el mundo. Una línea roja que jamás debe cruzarse: «la inocencia de las víctimas del terrorismo es intocable». De ahí que no sea posible equidistancia alguna entre víctimas y verdugos; y su radical condena de las recientes declaraciones del obispo de San Sebastián. En este contexto, el primer precio político que ETA exige, siempre según su juicio, es la llamada mesa de partidos. Rosa Díez sólo imagina un posible proceso de diálogo: el que debe establecerse entre los dos grandes partidos españoles; el PSOE y su único recambio posible, el PP. Insistió en ello afirmando que «mis enemigos sólo están en ETA. Los demás son adversarios o compañeros, políticamente hablando». Por todo ello, el principal objetivo actual de los demócratas debe ser «derrotar a ETA y no que gane Rajoy o Zapatero»; jefe y correligionario, el segundo de ellos, a quien, en su disertación, evitó notoria e inteligentemente. Magnífico sermón, lástima que lo impartiera en otra parroquia, con perdón de nuestra laicista, pero no por ello menos admirada, Rosa Díez. No son pocos los que reivindican la revitalización de la fibra nacional del socialismo español como un factor decisivo en la recuperación del sentido común, la cordura y el consenso, en las actuales circunstancias. Recordemos, en esta línea, las declaraciones realizadas por el historiador Fernando García de Cortázar también en Pamplona. Pero, esa veta nacional, de ser real, nos preguntamos, ¿mantiene algún vigor en el gregario PSOE o es bandera de Rosa Díez, y unos pocos más, en el contexto de esa «larga marcha hacia el progreso indefinido e infinito» de Rodríguez Zapatero? En cualquier caso, un ruego a Rosa Díez: que siga dando la batalla dentro del PSOE, sin caer en la tentación de recalar en un hipotético e inútil «Ciudadanos de Euskadi». Y más cuando, mediante la larga entrevista que le ha publicado Gara el 14 de mayo, ETA exige a Rodríguez Zapatero «hechos y no palabras». Es la hora de la claridad y de la firmeza; especialmente para el PSOE. Rosa Díez… ¿una voz en el desierto? Páginas Digital, 15 de mayo de 2006

Comunismo y nazismo. 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989).

Comunismo y nazismo. 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989).

Alain de Benoist.Ediciones Áltera, Barcelona, 2005, 187 páginas.

¿Por qué, todavía hoy, alguien puede presentarse como comunista sin que nadie se escandalice? ¿Por qué el nazismo, o su expresión historiográfica revisionista, están perseguidas expresamente por buena parte de los códigos penales europeos? ¿No responden ambos totalitarismos, acaso, a una lógica en buena medida análoga? ¿No han sido, además, responsables de los mayores genocidios que ha conocido la humanidad sumando 100 millones de muertos?

El anticomunismo ya no mueve masas ni produce un pensamiento creativo; pues se le considera bien enterrado. El antifascismo, por el contrario, constantemente se sigue movilizando, pues la «amenaza fascista» asoma por todas partes, supuestamente. Todo ello, no parece del todo razonable, pero ya forma parte de lo políticamente correcto y del pensamiento único.

Siguiendo las investigaciones de Hannah Arendt y su fundamental Los orígenes del totalitarismo, el que fuera promotor de la llamada Nueva Derecha, en buena medida alejado de algunas de sus posturas originales, propone en este apasionante estudio una comparación entre ambas expresiones totalitarias: comunismo y nazismo. Propondrá algunas conclusiones chocantes, pues parten de análogos presupuestos ideológicos: una concepción mesiánica y lineal de la historia, comparten las mismas raíces de la Ilustración, ambos son una respuesta desde la modernidad, y sus paralelismos y analogías son estremecedores. Las leyes de la Dialéctica Materialista, para los comunistas, las leyes implacables de la Naturaleza, para los nazis, implican la división de la humanidad, en definitiva, entre los escogidos (el partido comunista y los alemanes arios, respectivamente) y todos los demás (obstáculos al ineludible progreso).

El comunismo, de la mano de Stalin, encontró un instrumento extraordinario que hábilmente manejado le proporcionó una incuestionable legitimidad: el antifascismo. Así, quien no fuera antifascista era un peligroso criptofascista o un declarado nazi, peses a las evidentes diferencias existentes entre ambos regímenes políticos. Y, de paso, el comunismo se manifestó como atractiva vanguardia prometeica de una forma más desarrollada de democracia.

Es más, se sigue presentando al estalinismo, y a otros desarrollos totalitarios de análoga matriz, como desviaciones lamentables de un buen ideal: el comunismo. Pero ¿no se encuentran en sus raíces las condiciones que inevitablemente desembocarían en el genocidio incluso de sus propios seguidores?            Pero Alain de Benosit va más allá y se interroga si no serán posibles otras expresiones totalitarias diferentes a las ya conocidas.

Si ya Ernst Nolte adivinara un «liberalismo totalitario», Alain de Benoist le descubre algunos rasgos de su presumible rostro en la página 153 de su ensayo: «naturaleza intrínsecamente prometeica de la actividad científica, automatización de la técnica (“todo lo que puede ser hecho técnicamente lo será prácticamente”), aceleración de la concentración industrial y constitución de monopolios, uniformización de las costumbres y orientación cada vez más conformista de los pensamientos, anomia social derivada de la paradójica conjunción del individualismo y el anonimato masivo, extensión de la “arbitrariedad cultural” que condiciona la socialización de los individuos a través de los medios de comunicación».

Alain de Benoist propugna un «politeísmo de los valores» como verdadero garante de las libertades democráticas y el racional empleo de la tradición como una actitud prudente para afrontar -desde cierto pesimismo antropológico- los retos sociales. Moderno «pagano» (quien propone como centro de gravedad a los «valores» y no a los «dioses» clásicos) y enemigo del cristianismo (origen de toda ideología igualitaria según su criterio), nos aporta, pese a esos presupuestos tan ajenos a nuestra tradición cristiana, unas sugerentes ideas y unas incisivas reflexiones que desmontan algunos de los frágiles fundamentos, pero no por ello menos eficaces, del pensamiento políticamente correcto.

Altar Mayor, Nº. 107, mayo-junio 2006.

Ester y Ruzia. Unas memorias familiares. De las purgas de Stalin al Holocausto y del auge del sionismo a la caída del comunismo.

Masha Gessen.Ediciones Península, Barcelona, 2006, 318 páginas.          El largo subtítulo, de este magnífico texto, ya es indicativo de los principales hitos históricos que marcarán las existencias las dos varias familias judías protagonistas de esta historia.         Por una parte tenemos la de Ester, nacida en el seno de una familia sionista militante –aunque atea- de la localidad polaca oriental de Bialystok; una floreciente ciudad de la que formaba parte una viva y orgánica comunidad judía que sumaba más de la mitad de todos sus habitantes. Después de la ocupación rusa de 1939, se trasladará a estudiar a Moscú. Su madre, será deportada por los rusos a Asia central, y su padre, Jakub, se mantendrá al frente de su comunidad hasta su total exterminio por los nazis.         La de Ruzia, judía moscovita, es una familia producto del supuesto igualitarismo soviético para el que el origen racial, al menos nominalmente, es indiferente.         Nuestra narradora, Masha Gessen, reconstruye en este relato el recorrido vital de sus dos abuelas, todavía residentes en Rusia, a partir de sus recuerdos.         Ester será una rebelde, llegando a enfrentarse al NKVD que, de obra de uno de sus sicarios, tratará de reclutarla.          Ruzia, por su parte, se ganará la vida como censora, tanto de crónicas periodísticas, como de traducciones de obras literarias de autores extranjeros.         Vivirán la Segunda Guerra Mundial con enormes sufrimientos, perdiendo a sus primeros maridos. Pero harán todo lo posible por reconstruir una vida familiar, con sus padres supervivientes, los hijos, y los maridos que les acompañarán posteriormente. Les unen muchas cosas: son vitales, se centran en el cuidado de sus familias, son intelectuales y grandes lectoras, y podrán sortear las trampas del sistema totalitario soviético con bastante fortuna. Un día llegarán a conocerse ambas; e hija e hijo respectivos se casarán, años después, de cuya unión nacerá la narradora.         La trayectoria de ambas es inseparable de la atmósfera paranoide y asfixiante del estalinismo: las purgas, el Gran Terror, el antisemitismo no declarado pero siempre presente, el miedo permanente a la delación, la censura absoluta pública y mental…         Ambas son judías y ateas. No obstante, su judaísmo cultural les permitirá sobrevivir; lo que no deja de ser una paradoja que advierte el segundo marido de Ester, Serguéi, en la página 281 del libro, a quien ella nunca «consiguió hacerle comprender cómo era posible que la realidad de su nacimiento, de un idioma no utilizado, de una religión no practicada y de un país remoto constituyera el componente más importante de su ser». Ello nos lleva a plantearnos una pregunta: sus descendientes, en esta época de implacable homogeneización cultural, ¿mantendrán su identidad? Lo que nos lleva a una segunda cuestión: la idiosincrasia judía, para manifestarse creativa ¿puede prescindir de su base espiritual? Pensamos que difícilmente podría ser así, pues el riesgo de asimilación, de no apoyarse en una experiencia religiosa, es absoluto. De hecho, el pueblo judío ha conservado admirablemente su identidad al mantenerse fiel a su tradición espiritual; lo que excede una mera pertenencia racial devaluada frente al multiculturalismo y el mestizaje.         El totalitarismo soviético, en este texto, es desenmascarado sin atenuantes posibles. Sin embargo, también el lector debe responder a la pregunta que plantea la autora: ¿cómo pudo ser que a la muerte de Stalin, tanto verdugos, sus víctimas, y los hijos de todos ellos, se sintieran huérfanos y desorientados? Acaso semejante dependencia psicológica del líder fuera el fruto más diabólico de ese totalitarismo: una esclavitud nutrida tanto de devoción como de terror. Ester y Ruzia, cada una a su manera, no llegaron a padecer tamaña distorsión, siendo, acaso, unas excepciones. Para ellas la muerte de Stalin fue una auténtica liberación que podía dar paso a otras formas de vida y a la misma verdad.         En resumen, podemos calificar a este ágil relato como una apasionante revelación narrativa, sentida, femenina, y de hondas implicaciones históricas. No obstante, nos hubiera gustado que la autora hubiera explorado el sentido de la trascendencia que todo ser humano lleva consigo. Acaso en esa incapacidad anide el principal riesgo de pérdida de la identidad judía en nuestra era de la globalización.         Altar Mayor, Nº. 107, mayo-junio 2006.

Una restauración de España por la ciudadanía.

Tal ha sido el concreto y vibrante llamamiento realizado el día 2 de mayo, en Pamplona, con el estilo y el entusiasmo que siempre le caracterizan, por el historiador Fernando García de Cortázar; conferenciante en el homenaje realizado a quien fuera concejal de su ayuntamiento, asesinado por ETA un día 6 de mayo de hace -casi- 8 años, Tomás Caballero. Convocado por la fundación que lleva su nombre y la de Víctimas del Terrorismo, el ilustre historiador, de escuela liberal, recordó al numeroso auditorio principios y valores fundamentales, pero oscurecidos por un lenguaje perverso construido por nacionalistas y hecho propio por muchos comunicadores e intelectuales. Así, como ejemplo, recordó que no puede hablarse de proceso de paz, de diálogo; pues aceptar tales términos supone sucumbir a una equidistancia -inmoral e injusta- que equipara víctimas con verdugos. Vivimos un tiempo de confusión y crisis que exige el compromiso de quienes conciben a España como un plebiscito diario de la ciudadanía, expresión de un proyecto que se asienta en una convivencia democrática que llega hasta el mismísimo derecho a la disidencia. Sin embargo, esa supuesta “segunda transición” que quieren imponernos algunos, aseguró, la están diseñando aquéllos que no creen en España, es decir, los nacionalistas. A juicio del historiador, el nacionalismo español se ha diluido en la descentralización de las Autonomías y en Europa: expresiones de modernidad y madurez democráticas. Por el contrario, los nacionalismos periféricos se asientan en la tierra, las fuerzas telúricas y los mitos idealizados, los muertos…, el hecho diferencial esculpido en el contraste con “el otro”, lo que en su expresión terrorista extrema lleva a la destrucción de personas concretas. En definitiva, en presupuestos antidemocráticos compartidos por el fascismo; pues el mismo siempre ha sido un comunitarismo radical. García de Cortázar reivindicó al pacto constitucional como base para la convivencia colectiva; al que se oponen, en su desarrollo democrático, tres “armas”, manejadas con soltura y eficacia, los nacionalismos enemigos de una España a la que ni siquiera reconocen su existencia: la lengua, la etnia, la falsificación histórica. ¿Qué han diseñado para España unos nacionalistas que no creen en ella? Acaso, un Estado confederal que no sería sino la abolición de la soberanía nacional; una fugaz fase transitoria de la “construcción nacional” de entes imaginarios cuya pertenencia se determinaría por la adhesión política. Lo contrario de una ciudadanía libre. En todo ello subyacería una supuesta dicotomía: España plural versus España de las Autonomías. Un debate falso, pues quienes defienden la etérea España plural no creen en ella, instrumentalizándola, a su vez, para la construcción de sus proyectos privativos, a expensas de la realidad negada. Pero no toda la responsabilidad es de los nacionalistas. Cierta izquierda española, aparentemente hoy mayoritaria, ha renunciado al decisivo principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, al asumir como válida la ecuación nacionalismo = progresismo. Y es que esa fórmula ha sido nefasta, recordó: pues no hay más que mirar a Cataluña donde fue asumida por la izquierda hace 30 años, lo que ha provocado un dominio cultural absoluto de la sociedad catalana por el nacionalismo; situación que contrastaría, siempre según el criterio de D. Fernando, con la capacidad de resistencia cívica demostrada en el País Vasco. Pero, el riesgo sigue ahí y avanza: no hay más que observar la deriva manifestada por Patxi López y sus amigos. Nación española como ejercicio de modernidad y de la razón construido sobre un proyecto político de futuro, que se apoya en una historia compartida. Liberalismo frente a oscurantismo. Soberanía nacional frente a determinismo ideológico. Igualdad frente a exclusión. Ciudadanía frente a militancia. Nutrida de citas de Argüelles, Ortega, Salvador de Madariaga, Cernuda…; la propuesta refundadora, aunque pueda antojarse paradójica, de un ilustre intelectual español. Jesuita, para más señas. Páginas Digital, 8 de mayo de 2006