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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

El 8 de febrero en Andoáin.

                Acompañando a Maribel y «Vecinos de Paz» de Berriozar, un grupo de amigos nos trasladaremos a Andoáin el próximo miércoles 8 de febrero, donde está previsto recordar a Joseba Pagazaurtundua en el tercer aniversario de su asesinato por pistoleros de ETA.
                Allí nos encontraremos, seguramente, con su hermana Maite, uno de tantos rostros de mujer que encarnan el coraje, el tesón y el amor a sus seres queridos y a la libertad. Y decimos bien, pues las mujeres han destacado por encima de los varones en esa labor callada y heroica: Maite Pagazaurtundua, Cristina Cuesta, Ana Iríbar, y tantas otras, testimonian con su vida las cualidades que carece la mayor parte de la clase política.
                Y nos siguen mostrando nuevos ejemplos de valor. Recordemos el caso tremendo de los padecimientos de Pilar Elías, concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Azcoitia, viuda de Ramón Baglietto, quien, asombrada un día, descubriera que uno de los asesinos de su marido había abierto una cristalería en un local situado ¡debajo de su domicilio!
El colectivo de víctimas del terrorismo vienen dando un ejemplo ético extraordinario a una sociedad española refugiada en su bienestar y calidad de vida. Este «afluente» humano se ha sumado a otros tres en el gran río que conformó en su día el «nuevo movimiento cívico vasco».
Fruto de una reflexión realizada en buena medida en ámbitos de la Iglesia católica, surgieron los grupos de vocación pacifista. Cientos de concentraciones silenciosas, en decenas de localidades vascas y navarras, jalonan su historia. No obstante, Gesto por la Paz, el más representativo y en su día pionero en la defensa de las olvidadas víctimas del terrorismo, se ha desplazado hacia una cierta cómoda «equidistancia» que casi equipara por igual a víctimas y verdugos; en la búsqueda de unas «causas» que explicarían las distintas «expresiones de violencia» existentes en el País Vasco. Sin duda, sus amistades con las maquiavélicas gentes de Elkarri, supuestos pacifistas cocidos en el horno abertzale, les ha despistado en la orientación trazada por su meritorio esfuerzo.
Espoleados por el llamado «Espíritu de Ermua», los llamados Foros, grupos de vocación intelectual, articularon una respuesta y un pensamiento críticos a la situación política y social existente, caracterizada por un control absoluto de la vida vasca desde el nacionalismo y un desprecio de las víctimas. Son los casos del Foro de Ermua y Foro El Salvador.
Por último, diversos movimientos activistas se estructuraron en torno a la acción social y la lucha en el ámbito de la opinión pública, con una marcada vocación política. Es el caso de ¡Basta ya!, el navarro ¡Libertad ya!, el alavés Ciudadanía y Libertad, y la Fundación por la Libertad. Y como entidades mixtas, no podemos olvidarnos de las fundaciones que llevan el nombre de varias víctimas del terrorismo de ETA: Miguel Ángel Blanco, Fernando Buesa, Tomás Caballero…
En todas estas entidades encontramos también a familiares de víctimas, junto a uníversitarios, caso de Gotzone Mora –otra mujer-, políticos, activistas… Pero, no obstante el enorme esfuerzo desplegado y las energías empleadas, encontramos la paradoja de que muchos de quienes ocuparon en su día la primera fila de este movimiento, ya no viven en el País Vasco o se han apartado del mismo, más o menos discretamente. Sin duda, el fracaso electoral que en su día no pudo llevar a la lehendakaritza a Jaime Mayor Oreja y la eliminación de Nicolás Redondo Terreros de la dirección del PSE-PSOE, cobraron un caro peaje personal y político.
                Pero las víctimas, a pesar de todo, y especialmente todas esas mujeres extraordinarias, ¡ahí siguen!, recordándonos que también la política debe estar iluminada por ineludibles exigencias éticas; y más hoy cuando se habla alegremente de negociación, diálogo, ofertas de paz, reactivación del plan Ibarretxe, del Plan López, de la asociación entre el proyecto de Estatut y la resolución del «conflicto vasco»…
Las víctimas del terrorismo, su recuerdo y memoria, son un bien preciado que toda sociedad debe cuidar. Son personas que pagan el alto precio de su vida o la de un familiar, de su tranquilidad, o de su patrimonio, por el bien común y la seguridad de todos. Ninguna sociedad puede volverles la espalda. Por ello, no es insensato afirmar que sigue existiendo una deuda histórica con las víctimas del terrorismo en España.
                La Victimología, disciplina científica que pone en el centro de su investigación a la persona y el rol de la víctima, tiene el mérito de recordar, a las Ciencias Penales y Criminológicas, su existencia. De hecho, las anteriores ciencias siempre han partido en sus desarrollos, dogmáticos y prácticos, bien del delito, de sus causas o del delincuente… pero nunca de la víctima. Afortunadamente, algunos pasos se vienen dando en ese sentido. Y que no paren.
                Un fenómeno análogo debe producirse en la política. El recuerdo de la memoria de las víctimas, la reparación en la medida de lo posible de su dolor, el reconocimiento social de su sacrificio, todo tipo de apoyos a los familiares y supervivientes, ¡pero también su opinión!, deben estar muy presentes en la acción política actual.
                Con el espíritu ZP no parece que vaya a suceder así. No obstante, para recordárselo, el miércoles 8 de febrero, iremos a Andoáin…si Dios quiere.

 

 

Páginas Digital, 6 de febrero de 2006.
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