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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Orígenes del yihadismo marroquí y su proyección en Europa.

El pasado 23 de febrero de 2006, se celebró, en los locales de la Fundación Leyre en Pamplona, una nueva sesión de los Talleres de realidad. El escritor D. José Basaburua expuso el siguiente tema:

 

            Hassan II jugó inteligentemente muchas bazas políticas. Así, en el plano interno potenció la presencia de grupos islamistas en las universidades al objeto de frenar a los pujantes grupos de la extrema izquierda; hoy prácticamente desaparecidos. Por otra parte, trató de dividir al islam marroquí importando, especialmente desde la irrupción del rebelde Abdessalam Yassine fundador de Justicia y Espiritualidad, docentes extranjeros, lo que reforzaría su legitimidad religiosa.
            En 1982, de la mano de Azzedine El Araqui, ministro del gobernante Istiqlal, se eliminó buena parte de la enseñanza de Filosofía, introduciendo numerosos Departamentos de Estudios Islámicos. Para ello se contrataron docentes procedentes fundamentalmente de Arabia Saudita (formados en el wahabismo) y de Egipto (en línea con los Hermanos Musulmanes). Todo ello produjo, años después, efectos imprevistos. No fue posible frenar la reislamización liderada por Yassine. Además, los islamistas, desplazaron a los marxistas, ocupando las universidades.
La guerra de Afganistán supuso la oportunidad para que varios cientos de marroquíes participaran en la yihad. Otros, en Bosnia y Chechenia. No menos de 400 de tales excombatientes se encuentran en libertad y en paradero desconocido. Unos 30 estarían encarcelados en Guantánamo. Esa es la conexión que explica la existencia de células yihadistas marroquíes vinculadas a Al Qaeda.
            El antecedente más relevante del actual islamismo político lo encontramos en la formación fundada en 1969 entre otros, por Abdelkrim Mouti: Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó el terrorismo.
El movimiento de los Hermanos Musulmanes, fundado por el egipcio Hassan Al Banna (1906–1949), es una organización muy estructurada y activista también presente en Marruecos. A su muerte le sucedió Sayed Qutb, ahorcado en 1966 por subversión. De ellos nació otra corriente más radical, si cabe: Takfir wal Hijra (Excomunión y exilio), fundada en 1975 por el ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo de Sayed Qutb. Propone abandonar la actual sociedad descreída y sustituirla por la sociedad de los salaf (antepasados, quienes encarnarían el auténtico islam). Prohíben que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros dirigidas por un emir, al fin de salvaguardar su clandestinidad. También se extendió entre los musulmanes de Europa, propiciando la creación de auténticas “islas islámicas”. El grupo Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), que perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su desarticulación policial, habría estado formado, según diversas fuentes, por militantes takfiros.
El wahabismo nacido en Arabia Saudí también ha generado sus propias expresiones radicales. No obstante, predomina un sector mayoritario, dentro del rigorismo que le caracteriza vinculado a la Casa Real saudí, que rechaza al terrorismo yihadista, frente a otro sector muy radical, el yihadista, cuyo rostro más conocido es el de Osama Ben Laden. Por lo que se refiere a Marruecos, Takieddine Al Hilali fundó una organización wahabita, ya en la década de los 70 del pasado siglo: Dour Al Quran (Casa del Corán). También pervive otra organización wahabita marroquí fundada por Mohamed Maghraoui: la Asociación para la Predicación del Corán y la Sunna. De tales grupos nacieron, a su vez, otros más radicalizados, formando parte de los mismos tanto propagandistas y oradores muy populares en algunas mezquitas de las grandes ciudades de Marruecos, así como grupos vinculados a la constelación yihadista.
Tal vez, el grupo terrorista marroquí más conocido sea el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), supuestamente implicado de alguna u otra manera en los atentados de Casablanca y Madrid. No está del todo aclarada su génesis. Para unos es fruto de la experiencia yihadista afgana. Para otros es un producto de la escuela tafkir. En cualquier caso, ha sido su manifestación más mortífera y, en cualquier caso, partícipe de las tramas diseñadas por Osama Ben Laden. Un dato importante. Según Richard Labévière, redactor jefe de Radio France International, la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir.
Y no olvidemos el último factor relevante del islamismo marroquí: su irrupción, voluntariamente frenada, en la política institucional de la mano del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo modelo es el homónimo turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, y que, para muchos observadores, ya sería, incluso, la primera fuerza política. Este partido afirma aceptar el juego democrático y rechaza ser calificado como islamista. Coexiste en su seno una corriente mayoritaria más radical, propiamente islamista, el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). No obstante, defiende una democracia islámica, moderna, sin cuestionar la figura del monarca; lo que le diferencia de las posiciones de Abdessalam Yassine. Algunos observadores lo califican más como un partido conservador y nacionalista que propiamente islamista radical.
            No puede hablarse de un único islamismo marroquí, del que nacen como expresiones especialmente radicales los grupos yihadistas: diversas escuelas; expresiones puramente religiosas junto a otras sociales e, incluso, explícitamente políticas. Se entremezclan, pero en ocasiones las discrepancias son extremas, hasta llegar a “excomuniones” recíprocas. Pero, en cualquier caso, presenta suficientes interrogantes y potenciales riesgos para la estabilidad de nuestra área geopolítica, por lo que conviene seguirlo muy de cerca.

 

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