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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

“Del poder y de la gloria” (Ediciones Encuentro).

Rafael Navarro-Valls. “Del poder y de la gloria”. Ediciones Encuentro. Madrid. 2004. 344 pp.

 

 

No es común que un libro de ensayos ya publicados, años atrás en otro medio, presente unos contenidos frescos y actuales. Este texto es una de esas excepciones.

 

 

El gran protagonista del libro de Rafael Navarro-Valles, que agrupa artículos publicados fundamentalmente en el diario El Mundo (en un arco temporal trazado desde el 19 de marzo de 1989 al 25 marzo de 2004), es el poder: tanto el temporal como el espiritual. Agrupados temáticamente, y cronológicamente a su vez, los divide en cinco partes: Del poder; De la gloria; Las “divisiones acorazadas” de Juan Pablo II; Sexo, Matrimonio y Derecho; Cultura y Universidad; Conciencia contra ley.

 

 

Por lo que respecta a la primera parte, es decir, la que reflexiona en torno al poder, se centra fundamentalmente en la trayectoria de los presidentes de los Estados Unidos a lo largo del siglo XX; no en vano, éstos vienen siendo los hombres más poderosos del mundo. Todos ellos desfilan por sus páginas, descubriéndonos el autor, con ellos, su faceta de extraordinario conocedor de la política norteamericana y de las principales corrientes de su opinión pública. De esta manera, nos introduce en la política interna de los Estados Unidos mostrándonos numerosas aristas: los juegos de contrapoderes, el equilibrio institucional, los estilos de gobierno, las diversas políticas exteriores... Pero también entra en la relevancia del “factor humano”, es decir, en los respectivos temperamentos de los sucesivos presidentes; una cuestión de peso. Pensemos, por ejemplo, en la repercusión pública de las peripecias financieras y afectivas de un Clinton mucho más complejo, humanamente hablando, de lo apreciado inicialmente.

 

 

Juan Pablo II es la personalidad que más espacio suma en este volumen, encarnando el poder espiritual más aceptado universalmente. Y, en las actuales circunstancias, siendo muchos los que en el seguimiento de su enfermedad no disimulan una insana curiosidad y expectación, este libro le sitúa, razonándolo, en el lugar que le corresponde: una de las figuras más significativas del siglo XX, habiéndose convertido en la conciencia y voz moral de una humanidad convulsa y sin rumbo. La razón de semejante papel la encontramos, seguramente, en una afirmación del escritor recogida en su página 205: “Juan Pablo II cambió el parámetro político por el histórico y cultural. Es decir, la táctica oportunista por el recurso a la conciencia ética y moral” (página 205).

 

 

También son abordados, en el texto, otros numerosos asuntos que, en buena medida, son expresión y proyección del poder: las objeciones de conciencia, la reforma de la universidad en España, las actuales distorsiones del derecho de familia, diversas dimensiones del aborto, los retos de la novísima bioética...

 

 

Y, otro espacio de la máxima actualidad, al que dedica apasionantes páginas, es el de los nuevos límites del laicismo: la vocación del Estado, los riesgos del laicismo antirreligioso, los otros fundamentalismos, las diversas expresiones de la libertad religiosa... En la España de hoy estamos sufriendo una convulsión que cuestiona los parámetros antes vigentes en esos temas, decisivos en la configuración de toda sociedad, de la mano del gobierno del PSOE; más en línea con un jacobinismo radical, que con el laicismo templado de algunas izquierdas europeas más maduras. Tal vez, en la raíz de todo ello anide lo que el autor denomina “peligro totalitario” que, según nos explica en su página 178: “... acecha a Occidente con un nuevo ropaje: el de las ideocracias intolerantes con toda moralidad objetiva. Desde la caída del muro de Berlín se ha difundido en la cultura europea lo que se ha llamado una cierta «mentalidad de búnker», tras la que alguna intelligentsia se atrinchera, y que parece alimentar una agresividad latente hacia toda valoración objetiva de conductas con vocación universalista”.

 

 

Entrando, ya, en políticas concretas, no podemos desconectarlas de la concepción previa que se tenga de la persona humana; no en vano afirma, en su página 206, que a muchos políticos: “La desconfianza en el hombre y en su naturaleza les lleva a una política desvitalizadora, esto es, a una política de manipulación del individuo según la idea política previa, más que a una política de análisis de lo que la persona es en realidad y obrar luego en consecuencia”. Es decir, la ideología mediatiza su acción, al interpretar la realidad en lugar de asumirla tal y como se presenta.

 

 

Frente a las actitudes anteriores, ajenas a lo mejor de la tradición europea, el autor se decanta por un matizado realismo que tiñe todas las páginas del libro de múltiples maneras. Así, por ejemplo, afirma en la página 122 que “... habría dos derechas y dos izquierdas. La derecha e izquierda moderadas considerarían la historia como una continuidad, en la cual el género humano progresa poco a poco, desde lo francamente intolerable a lo simplemente aceptable. La derecha e izquierda utópicas y revolucionarias considerarían la Historia como una alternativa de catástrofe y salvación, en la cual, parafraseando a Schlrsinger, «un brusco vuelco en el camino llevaría a la humanidad a un nuevo cielo y una nueva tierra»”.

 

 

El autor es un brillante y veterano jurista de prestigio internacional. Sin embargo, esas cualidades no impiden que su lenguaje y razonamientos sean perfectamente inteligibles; superando brillantemente la natural aridez que, para los no iniciados en las ciencias jurídicas, reflejan generalmente los discursos legales. Es más, su lectura, por la lógica interna de todos y cada uno de los ensayos presentados y por su magnífico empleo del lenguaje, es accesible para una gran mayoría de lectores que disfrutarán con unas exposiciones actuales y cautivadoras.

 

 

Este libro, de esta manera, se muestra como un cualificado testimonio de tres lustros en los que la historia humana parece haberse acelerado en una dirección peligrosamente incierta; sirviéndose su autor, para desentrañar las claves de este proceso, de una aplastante lógica jurídica, las armas de la razón y su sentido común. Un texto, en definitiva, cristiano; fruto de la serena y profunda reflexión de un gran humanista.

 

 

 

El Semanal Digital, 12 de marzo de 2005

 

 

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