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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

“El generalato en España. La elección y la formación de nuestros generales hasta 1964”. (Grafite Ediciones).

 

Jesús María Ruiz Vidondo. “El generalato en España. La elección y la formación de nuestros generales hasta 1964”. Preámbulo de José Luis Orella Martínez. Grafite Ediciones. Basauri (Vizcaya). 2004. 192 pp.

 

 

El protagonismo de algunos generales, en la historia reciente de España, exige una mayor atención de los investigadores a las numerosas perspectivas que ofrece la que se denominó, durante décadas, como “cuestión militar”.

 

El generalato francés, un modelo militar clásico de gran influencia en el ejército español, entró en crisis con la primera guerra mundial; alcanzándose la conclusión de que los generales alemanes estaban mejor preparados, lo que redundó en la marcha general del conflicto. En España, fue la guerra en Marruecos la que empujó a los responsables de nuestro ejército a análoga conclusión. Ahí arranca un mayor esfuerzo por la capacitación profesional del generalato; elite determinante en la configuración y consiguiente conducción de un ejército que pretenda los  imprescindibles niveles de disciplina, capacitación técnica, dotación material y unidad doctrinal que requiere la guerra moderna.

 

Concurrían, entonces, otras circunstancias históricas que condicionaron, en buena medida, las concretas tomas de decisión de esos responsables políticos. Tanto la Dictadura de Primo de Rivera, como la República y el régimen del General Franco, trataron de avanzar en la profesionalización del generalato y demás integrantes del ejército español. De esa conciencia brotaron, entre otras medidas, los diversos centros formativos superiores que, con mayor o menor fortuna, persiguieron esa finalidad. Pero tal voluntad estaba mediatizada por otra pretensión común a todos esos sucesivos regímenes: el control ideológico de jefes y oficiales, buscando conscientemente su fidelidad política. Para alcanzar ambos objetivos se emitió, sucesivamente, una compleja maraña de resoluciones legales y sus desarrollos administrativos, de múltiples consecuencias prácticas y paradojas, que nuestro autor cita prolijamente. Así, en la configuración y evolución del nuevo generalato, pesaron particularmente las diversas modalidades entonces existentes de ascensos: antigüedad, méritos de guerra, elección, y por simpatía.

 

El autor insiste también en otro hecho histórico de particular relevancia: el acceso al generalato de varias generaciones de militares que, jugando diversos papeles en la historia del ejército español, se sucedieron temporalmente como sus elites dirigentes. Marcadas por las guerras en Marruecos, éstas alcanzaron cierta cohesión interna, tanto en lo relativo a la reforma militar, como en su percepción colectiva de la situación política de la nación española. Tales serían: la del 74, la del 86, la del 98 y la de 1923. Otro aspecto de la cultura militar, realmente crucial, es la existencia, por entonces, de una verdadera pugna entre diversos modelos: el heroico, el orgánico-burocrático, el técnico, y el humanista. Todo ello determinó un intrincado escenario profesional que, para mayor complejidad, no era indiferente a la lucha partidaria que, progresivamente, polarizaba los ánimos en la sociedad española hasta su definitivo enfrentamiento de 1936.

 

No obstante, y siendo fundamental el papel del generalato en todo ejército, encontramos en España una paradoja histórica. Fueron fundamentalmente capitanes y coroneles, y no los generales en su conjunto, quienes jugaron un protagonismo decisivo en la sublevación de julio del 36, marcando en buena medida la evolución posterior de la guerra. Por ello, el capítulo dedicado en el libro a la situación del generalato de 1930 a 1939, con especial atención al papel de Manuel Azaña, alcanza particular interés.

 

Generalato, ejército y sociedad constituyen tres realidades en íntima relación. También en la actualidad; y más cuando, pese a la profunda transformación social, orgánica y doctrinal de nuestras fuerzas armadas, el número de los interesados en historia militar, y las diversas temáticas relacionadas con el ejército, crece significativamente. Por todo, ello el libro reseñado, obra de un discípulo del General de Brigada D. Miguel Alonso Baquer, puede proporcionar pistas orientadoras de futuras investigaciones historiográficas e, incluso, de relevantes cuestiones pendientes de debate social.
El Semanal Digital, 5 de febrero de 2005

 

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