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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Sociedad, cultura, educación y cine

Análisis crítico del sindicalismo español actual.

El sindicalismo “de clase” actual se caracteriza por la pérdida de sus signos de identidad tradicionales, siendo copia de la estructura, organización y estrategia empleadas por los partidos políticos españoles. Si una palabra pudiera resumir  su situación, esa palabra sería crisis.

 

Introducción.

            En este breve artículo veremos algunas características comunes de los modernos sindicatos “de clase” presentes en España en la actualidad. Aunque sindicato también lo es una patronal o un sindicato agrario, nos limitaremos a los elementos característicos de la acción de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, en su calidad de sindicatos mayoritarios; autocalificados como “de clase”. De las características que, de forma no académica y a partir de una reflexión sobre la propia experiencia en este terreno, vamos a ver, también participan otros sindicatos “menores” como son GCT, CSI-CSIF, USO, etc.

 

Características del sindicalismo actual.

            El actual marco legal establece, para partidos políticos y sindicatos, un sistema representativo mayoritario que beneficia la concentración y perjudica a los grupos minoritarios. Con ello, el natural pluralismo de la sociedad española queda en buena medida mermado.

            De esta forma, el esquema de funcionamiento y principios rectores de los partidos políticos, se ha extendido también a los sindicatos. Así, tanto unos como otros dependen de las subvenciones públicas, tanto vía directa por votos alcanzados, como de los fondos derivados de la gestión de la oferta formativa pública y semi-pública (de Ministerios y entes mixtos, como la Fundación Laboral de la Construcción que dispone de un presupuesto de varios miles de millones de pesetas anuales).

Las luchas intrapartidarias también tienen su prolongación en los mismos sindicatos, que funcionan como correa de transmisión de algunos partidos políticos, aunque en menor medida que en el pasado (CC.OO del PCE, UGT del PSOE, ELA-STV respecto del PNV, etc.)

            Veamos ahora algunas otras características descriptivas, fácilmente perceptibles, del sindicalismo “de clase” actual.

 

1. Transformación en “Sindicato de servicios” y prácticas de clientelismo.

            La prácticas clientelistas, como extensión de las realizadas por los partidos políticos, se han generalizado, especialmente en lo que se refiere a CCOO y UGT, aunque también, en menor medida, a USO, CGT, CSI-CSIF y los de carácter nacionalista con representación institucional.

Actualmente se emplean como métodos de captación de afiliados diversos medios, de los que mencionaremos algunos: seguros de vida y suspensión de empleo, vivienda social (habiéndose conocido en este capítulo importantes casos de corrupción, como el de la cooperativa ugetista PSV),  descuentos en academias y centros formativos, servicios jurídicos, descuentos en comercios, oferta formativa de cursos (de mayor trascendencia en la función pública, al sumar “puntos” en los diversos concursos de promoción), turismo social, etc.

            La finalidad de tales prácticas es la obtención de una base asociativa, pues el número de afiliados es realmente bajo. De un sindicalismo de confrontación, con todo ello, se ha pasado a un sindicalismo de servicios.

            A tales prácticas, como otro método de captación, se une la necesidad de afiliación de los trabajadores, en sindicatos muy concretos, para poder optar a contratos en algunas de las grandes empresas del país (caso de las fabricantes de automóviles).

 

2. Burocratización.

            Sus presupuestos económicos no envidian de los equivalentes en los partidos políticos. Liberados, secretarias, oficinas, locales de formación, gabinetes jurídicos, dietas de todo tipo, etc.; suponen una estructura cara de mantener y a su vez imprescindible para ofertar todos los servicios que actualmente ofrecen a su base asociativa.

            Las estructuras territoriales y las de rama o sector, se entremezclan en una compleja telaraña, en la que es difícil desenvolverse, salvo para los iniciados, generalmente liberados de la propia organización.

            La figura del “liberado” equivale, en el ámbito laboral a la del “político”. Sinónimo de vida fácil, ha caído en el desprestigio entre la generalidad de los trabajadores, habiéndose encumbrado en tales puestos los más avispados y no, necesariamente, quiénes mayor vocación de servicio demuestran. Tal imagen refleja el desprestigio en el que la acción sindical ha caído en amplios sectores de la sociedad española, paralelo en buena medida, a idéntica valoración que se realiza respecto de “los políticos”.

 

3. Pérdida de la base popular.

            La figura del “militante obrero” ha sido sustituido por la del “cotizante”. Militante, hoy día, equivale a activista, casi siempre un “liberado” (quien queda liberado del trabajo ordinario, a tiempo total o parcial, destinado a labores intrasindicales y representativas), en cualquier caso, muy lejos de aquellas figuras románticas de duros obreros entregados a  la causa con un rosario de ingresos en prisión e incidentes con la patronal en su acervo vital.

            Por otra parte, el número de cotizantes es reducido, teniendo España una de las tasas de afiliación sindical mas bajas de Europa, pese a las prácticas clientelistas antes mencionadas.

 

4. Irrupción del nacionalismo.

            Hasta la 2ª República, los sindicatos “de clase” predominaban en España. Así UGT y CNT, lejos de veleidades nacionalistas, tenían una base asociativa de mas de un millón de miembros cada uno. Los sindicatos nacionalistas (STV, fundamentalmente) eran considerados  sospechosos por sus orígenes católicos y su vinculación con partidos “burgueses”.

            En la actualidad sindicalismo y nacionalismo no son términos incompatibles. Así, ambos principios han casado en organizaciones importantes como son ELA-STV, LAB y CIG. Su estrategia se apoya en ambos vectores, si bien el sentido “de clase”, especialmente en ELA-STV está muy amortiguado en aras del nacionalismo. Por otra parte, el sindicato abertzale LAB supone una dura competencia por su izquierda, si bien ambos se han unido en estrategias sindicales y políticas conjuntas (mayoría sindical vasca y Pacto de Lizarra).

 

5. Apertura a las clases medias y otros sectores antes sospechosos para los sindicatos “de clase”.

            Tradicionalmente, el sindicalismo “de clase” trató con desconfianza, cuando no con hostilidad, a sectores de las clases medias, funcionariado, pequeños propietarios, autónomos y fuerzas de seguridad.

            Como caso paradigmático de apertura a nuevos sectores sociales, destaca UGT.

Así, de cara a la Policía Nacional, lanzó un sindicato hermano (la Unión Federal de Policía) con la pretensión de actuar sindicalmente en su seno, habiendo conseguido buenos resultados electorales.

            De cara a los pequeños propietarios agrícolas está potenciando la UPA (Unión de Pequeños Agricultores), que está consiguiendo ciertos niveles de adhesión, al margen de las grandes agrupaciones agrarias (UAG, Jóvenes Agricultores y COAG). Como federación independiente sigue la histórica FTT (Federación de Trabajadores de la Tierra), dirigida a los jornaleros agrícolas y que se está especializando en el trabajo con inmigrantes.

            Dirigida a los funcionarios de todas las administraciones públicas, está la Federación de Servicios Públicos, con una presencia desigual, pero que globalmente puede considerarse el tercer sindicato en representatividad de ese Sector (por debajo de CC.OO y CSI-CSIF).

            Por último, acaba de lanzar (enero de 2.000) la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), dirigida a ese sector generalmente poco asociado, y al margen de la conservadora y poco operativa Organización Profesional de Autónomos (OPA).

            Cuenta, también, con estructuras especializadas en los técnicos y “cuadros medios”.

            Como caso especial, tenemos el lanzamiento del clandestino, y actualmente ya desarticulado Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC), potenciado desde algunos medios de UGT, iniciativa que ha derivado hoy día en algunas asociaciones culturales de irregular vida.

 

6. Tendencia a la unidad de acción.

            Ya hemos mencionado que el actual marco legal favorece la concentración sindical, en virtud de los porcentajes necesarios para estar presentes en los diversos ámbitos de negociación. Ello ha supuesto el ascenso de dos grandes sindicatos (UGT y CC.OO), el estancamiento de otros (USO y CGT) y la desaparición de otros muchos pequeños sindicatos y de -en su día  fenómeno- los independientes.

            Por otra parte, la actual estrategia de los dos grandes sindicatos pasa por la “unidad de acción” entre ambos, pudiendo entenderse como objetivo a largo plazo la unión confederal entre ambos, siendo su modelo la gran confederación sindical alemana.

            Ese objetivo estratégico, ha sido desarrollado por la táctica de la negociación con la patronal y la Administración Pública, intentando cerrar el paso a otras fuerzas sindicales.

 

7. Reducción del “internacionalismo proletario” a un vago humanitarismo.

            Este fenómeno es paralelo a la pérdida de las señas de identidad ideológicas. Por ello, buscan en muchas ocasiones, proporcionar unos juicios éticos correctores de las tendencias generales de la actual sociedad; de ahí su denuncia del llamado “pensamiento único”, la globalización, etc.

            Por otra parte, todos los sindicatos han creados ONGs, tanto de cooperación al desarrollo, como dirigidas al mundo sindical de forma específica en el tercer mundo. Las ONGs del ámbito sindical, son muy numerosas, de las que mencionaremos solo alguna a título de ejemplo: ISCOD (UGT), SOTERMUN (USO), SODEPAZ (CC.OO.), etc.

            Todos los grandes sindicatos siguen afiliados a escala mundial a grandes confederaciones, que han experimentado de forma notable la pérdida de los valores ideológicos que en su día las caracterizaron. Del comunismo y anarquismo (desaparecido éste último como fuerza sindical real en los escasos países donde arraigó), como grandes “faros” inspiradores, el movimiento obrero se ha inclinado progresivamente hacia posturas “socialdemócratas”, incluso por parte de sindicatos claramente comunistas en su trayectoria. La caída del muro también ha tenido sus efectos en el mundo sindical, si bien la evolución indicada había comenzado mucho antes.

 

Reflexiones finales.

            En base a las anteriores consideraciones, podemos deducir, sin lugar a dudas, que el sindicalismo clásico ha hecho crisis: ideológica, humana, estratégica y organizativa.

El actual sindicalismo “de clase”, heredero del combativo sindicalismo marxista o anarquista del primer tercio del siglo XX, se ha transformado en unas estructuras a las que se busca dotarles de sentido de cualquier forma, asumiendo funciones “burguesas”, plenamente integradas en el sistema. En ese sentido, la oligarquía sindical actual se preocupa más por el mantenimiento de unas estructuras sindicales saneadas y controladas, que por las inquietudes de sus “bases”.

            Por otra parte, los sindicatos “de clase” han perdido sus señas de identidad doctrinales históricas, caracterizándoles, en la perspectiva ideológica hoy día, una vaga visión “progresista” de la sociedad, heredera en sus parámetros culturales del 68.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 31, marzo de 2000

¿Que pasa con los funcionarios de prisiones?

La política gubernamental también tiene consecuencias en la Función Pública. Aquí veremos la desarrollada en el muy concreto ámbito de las Instituciones Penitenciarias españolas y su repercusión en la vida de sus funcionarios.

 
Introducción.

            La sequía informativa del pasado verano nos trajo, entre otras,   asombrosas imágenes televisivas en las que grupos de funcionarios de prisiones bloqueaban con barricadas los accesos a diversos centros penitenciarios, siendo posteriormente disueltos -con auténtico “entusiasmo” en muchos casos- por la Guardia Civil.

            Tales imágenes se enmarcaban en las movilizaciones que sacudieron a este sector funcionarial durante varios meses y que, de forma intencionada, se interpretaban desde los “mass media” como de marcado -y casi exclusivo- carácter salarial.

 

Antecedentes.

            Desde los angustiosos meses en que se prolongó el secuestro por parte de ETA del funcionario José Antonio Ortega Lara (quien con su tremendo sufrimiento ha rendido un extraordinario servicio a la causa del reconocimiento social de los profesionales penitenciarios), era la primera vez en que estos trabajadores alcanzaban un cierto protagonismo informativo que generó, por otra parte y como era de esperar, todo tipo de comentarios.

            ¿Qué motivó realmente semejantes movilizaciones?

            Ciertamente, el colectivo de trabajadores de prisiones (unos 16.000 funcionarios y 1.800 laborales, sin contar con los de la administración catalana) no es uno de los más populares dentro del ya de por sí desacreditado estamento funcionarial. Tampoco su problemática es esencialmente distinta de la del resto de la Función Pública, estando aquejada de las mismas enfermedades y vicios de funcionamiento.

            Despreciados por unos, ignorados por otros y perseguidos por el M.N.L.V. en Vascongadas y Navarra, este colectivo muestra los niveles más elevados de frustración e inconformismo dentro de la Función Pública.

            Prueba de ello fué el apabullante éxito alcanzado, en las últimas  elecciones sindicales, en prácticamente todas las prisiones españolas,  por un sindicato “corporativo”, a juicio de los demás: la Agrupación del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias (ACAIP en lo sucesivo).

            Según muchos, este sindicato nació “teledirigido” desde la propia Dirección General, con oscuras intenciones, pero resultó díscolo. Y obtuvo tantos votos como sumando el cosechado por todos los demás  (CSIF, UGT, CCOO, USO-USIAP, ELA STV, CIG y UBP).

            Su éxito fue espectacular, salvo -curiosamente- en los servicios centrales de la propia Dirección General, donde la mayoría de votos la obtuvieron UGT y CCOO.

            Su fulminante éxito solo puede tener una explicación: ha sido el catalizador de un malestar generalizado. De hecho, no solo ha obtenido votos entre su electorado natural, sino que los ha recibido de grupos de funcionarios a los que su mensaje no está dirigido (el Cuerpo de Ayudantes –destinatario natural de ese sindicato- es grupo “C” de la Administración y uno, aunque el más numeroso, de todos los diversos Cuerpos penitenciarios).

            ¿Cómo es posible lo anterior?

 

Politización con el PSOE.

            Los distintos Directores Generales socialistas politizaron de forma extrema la gestión de personal y electiva de cargos directivos; lo que constituye una característica común en las diversas Administraciones Públicas.

            Por ello, el éxito electoral del PP generó unas enormes expectativas de cambio que, a los pocos meses, se tradujo únicamente en un “baile” de altos cargos, sin que se produjera promoción de hombres e ideas del PP (salvo en alguna prisión muy concreta). De hecho, gran parte de los puestos de cierto nivel hacia arriba siguen en manos de la minoría ugetista, fundamentalmente.

            Angel Yuste, flamante Director General, nunca ha sido militante del PP y su actuación se ha caracterizado por dos ejes: continuidad en general con la política penitenciaria socialista y absoluta subordinación a la política antiterrorista del Ministro Jaime Mayor Oreja (máximo responsable hoy día de la política penitenciaria).

 

Las macroprisiones.

            Hemos indicado que no se trata de una realidad sectorial absolutamente diferenciada del resto de la llamada Función Pública. Al contrario, los códigos de comportamiento y los retos de servicio y modernización pendientes son comunes a los existentes entre el resto de funcionarios públicos. Pero el medio físico y material determina respuestas y adaptaciones; y si ese medio es “cerrado” (la prisión), todo se vivirá y experimentará de forma más extrema.

            Una prisión no es una realidad completamente aislada del resto de la sociedad. Al contrario, es producto y fiel reflejo -con algunos códigos de comportamiento específicos- de los valores predominantes en la sociedad española.

            El modelo físico prevalente sigue siendo el diseñado por el PSOE: el centro penitenciario “tipo” o “macroprisiones” alejadas de las ciudades.

            Idea de Antonio Asunción, la jugada estaba bien pensada: se cierran dos viejas prisiones, generalmente muy bien situadas en dos ciudades, construyendo a cambio del valor de los solares en los que estaban situadas, una “macro” a caballo entre ambas. No importa que esté situada en un descampado a 40 o 50 kms. de las dos ciudades. Todo parecían ventajas. Pero que pregunten qué opinión merece ello a funcionarios, familiares de presos, abogados, etc; y que se sumen los millones de kilómetros recorridos para trasladarse a tales centros. Y eso sin entrar en la despersonalización padecida por funcionarios y presos en Centros en que los números -en su dimensión humana- también son “macros”.

            Es un modelo que, en definitiva, no favorece el tratamiento resocializador del delincuente (principio inspirador de la reforma penitenciaria acorde con la Constitución actual). Prima la seguridad, si bien no hay que desdeñar, entre otros, los esfuerzos por introducir talleres productivos que ocupen al mayor número posible de internos en trabajo remunerado.

            No olvidemos que esos principios de “tratamiento” y  “resocialización”  son los que han inspirado la selección y formación de los miles de funcionarios que, actualmente, trabajan por toda la geografía española y cuya edad se sitúa mayoritariamente entre 30 y 40 años.

 

Otros problemas.

            A los aspectos antes indicados debemos señalar otro.

            Pongamos un ejemplo. Un joven que con 24 años entre en el Cuerpo de Ayudantes como funcionario de carrera, dentro de 15 o 20 años seguirá donde entró, profesionalmente hablando. A lo sumo habrá subido un par de niveles para seguir desempeñando, básicamente, el mismo trabajo (“chupando patio o galería”). Por otra parte, dada la procedencia geográfica de los funcionarios (predominan de forma notable los naturales de Castilla - León y alguna otra Comunidad como Cantabria y Galicia), el futuro pasa por viajar durante varios años de forma constante y, generalmente, a través de distancias largas.

            Todo ello  dibuja un panorama que, en realidad, tampoco es ajeno al de otros ámbitos de las Administraciones Públicas, pero que condicionado por ese medio cerrado, acentúa la frustración y la desesperanza.

            Con tales factores en juego, no es de extrañar que un sindicato “incorrecto” haya podido azuzar esa problemática real latente que los sindicatos “de clase” –mas preocupados por otras cuestiones- no han sido capaces de canalizar y resolver.

            En cualquier caso, la estrella de ACAIP declinará en breve. Los recientes pactos con la Dirección General y la política que siga en el futuro generarán, inevitablemente, nuevas frustraciones que desmovilizarán al colectivo que lo apoya y que, antes o después, reabsorberán los sindicatos clásicos (en particular, los “de clase”). Habiendo iniciado el camino de la institucionalización y la componenda, no podrán permanecer ajenos a la erosión del desencanto.

 

El OATPP.

            Para ser justos, debemos destacar la existencia de un factor novedoso en el panorama penitenciario español: el Organismo Autónomo Trabajo y Prestaciones Penitenciarias.

            Dirigido por una militante del PP ajena al mundo penitenciario, está sorprendiendo a propios y extraños por el trabajo desarrollado y por su dinamismo, reflejado en documentación y programación constante (en tremendo contraste con las equivalentes de la Dirección General). Incluso los más progresistas de “la casa” están agradablemente sorprendidos por la amplitud de miras de sus gestores y los medios  empleados; copando las competencias de cultura, formación, deporte, asistencia social y trabajo productivo en las prisiones españolas (salvo en Cataluña). Paralelo a lo anterior, su presupuesto también ha aumentado de forma muy importante.

            ACAIP y los movimientos producidos en su entorno han sido la punta del iceberg. Los sindicatos tradicionales, antes o después, asimilarán todo ello, pero ello no es garantía de que el malestar y el desencanto generalizado se resuelvan eficazmente. Un malestar que no se acallará por un millar de duros mensuales más, pues reclama la satisfacción a elementales valores en juego como son la dignidad profesional, el reconocimiento social y un justo sentido del trabajo desempeñado.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 29, febrero 2000

Hermano Oso…, Madre Tierra.

Hermano Oso, película infantil de la factoría Disney recientemente estrenada en España, se sustenta en la pseudoespiritualidad de la New Age: un auténtico panteísmo, de raíces paganas y animistas, que se extiende por todo el mundo como expresión religiosa de lo políticamente correcto; todo ello en total contraste con la experiencia cristiana de un Dios personal.

 

Una nueva película de animación de la factoría Disney.

 

La factoría Disney ha estrenado en España, en fechas cercanas a las celebraciones de la Semana Santa, su última película de animación dirigida a los más pequeños: Hermano Oso.

 

En su publicidad, y coincidiendo en ello la mayoría de comentaristas, el film ofrece -mediante buena música, efectos especiales y una excelente animación- entretenimiento, diversión, una historia bien tramada… y algo más.

 

La compañía Disney ha demostrado, en su ya larga vida, una notable capacidad de adaptación a los tiempos que le ha tocado vivir. Si en su día fue acusada de defender los valores sociales y familiares entonces predominantes, descalificados por sus críticos como excesivamente conservadores, en la actualidad, y desde hace unos lustros, viene reflejando –o impulsando- los contravalores emergentes. Si en El Rey León, por primera vez en una película dirigida a público infantil, era un miembro del propio entorno familiar el desencadenante de la tragedia (Scar, un tío de Simba, postergado, resentido y ambicioso), en Mulán, unos pocos años después, asomaba un feminismo –en consonancia con los tiempos actuales- inimaginable en una sociedad patriarcal e inmovilista como la de la China asediada por los hunos. En esta ocasión, en Hermano Oso, es la perspectiva pseudoespiritual de una de la vulgatas de la New Age, el lecho sobre el que se asienta la trama y la moralidad presentada como deseable al potencial público.

 

Pero, antes de seguir reflexionando, veamos algunos aspectos de esta película.

 

Contenidos de la película.

 

Hermano Oso está dirigida por Aaron Blaise y Robert Walker. Con una duración de 85 minutos, fue estrenada en USA el 24 de octubre de 2003. Cuenta, además del concurso de prestigiosos guionistas, con una magnífica banda musical elaborada por Mark Mancina y Phil Collins.

 

La historia transcurre entre los extraordinarios paisajes del noroeste americano hace, ya, muchos años: una familia de tres jóvenes hermanos esquimales contemporáneos de los –actualmente- desaparecidos mamuts. Una vieja chamán encarna la sabiduría y la religiosidad animista de una comunidad que, aparentemente, vive en armonía con la naturaleza bajo la inspiración de una filosofía pacifista. En este idílico contexto, el mayor de ellos se sacrificará para que se salven, los otros dos, frente la agresión de una enorme osa. El ánimo de venganza de Kenai, el más joven de los supervivientes, le llevará a ser transformado en un oso por los “Grandes Espíritus” manifestados en forma de aurora boreal, quienes pretenden que el muchacho crezca en conocimiento y descubra el papel del amor en la vida.

 

Vivirá como un oso, sentirá como uno de ellos y, en el recorrido de esa paradójica senda iniciática en busca de la montaña “donde la luz toca la tierra”, entablará amistad con un pequeño oso: más tarde sabremos que el propio Kenai mató a la madre del osezno en el desarrollo del drama inicial. Ambos llegarán al “Salto del salmón”, un auténtico paraíso terrenal para osos en el que Kenai, dolorido por su descubrimiento, comprenderá el alcance de sus acciones y el daño que ha acarreado a muchos seres al persistir en el camino de su venganza, frente al del amor que le propuso la vieja chamán. Llegará a vislumbrar, de esta dramática forma, su papel en la vida, por lo que apenas dudará en tomar su decisión vital cuando, en la tesitura de optar -entre la forma de hombre o la de oso- que le presentan los “Grandes Espíritus” -al término de la película, y cuya respuesta no desvelaremos- tiene que decidirse finalmente. En cualquiera caso, una u otra respuesta ya es indiferente: la filosofía de la película se nos presenta diáfana.

 

Una expresión de la New Age dirigida a niños.

 

Conforme este argumento, hombres, osos y, por extensión, todo animal, experimentarían similares sentimientos, disfrutando de una inteligencia análoga y, en definitiva, siendo acreedores de la misma dignidad. La naturaleza proporcionaría, siempre según la película, un equilibrio lógico y total en el que, conforme el estribillo de una de las canciones de la cinta, todo ser vivo ocuparía su espacio con dignidad, en tanto sean respetadas las leyes naturales.

 

Y, en el caso de los hombres, los “Grandes Espíritus” intervendrían ocasionalmente para restablecer el equilibrio roto por algún desatino humano.

 

Ese “algo más” que mencionábamos en el segundo párrafo de este breve artículo, en definitiva, es eso: una versión blanda del culto a la Madre Tierra practicado por nuestros antepasados animistas, que racionalizarían, en un panteísmo impersonal, ilustres pensadores y teólogos, y que hoy día cuenta con diversas formulaciones y muchos seguidores entre las numerosas corrientes que integran la New Age.

 

No se trata, por lo tanto, de una filosofía indiferente que pueda ser asumida acríticamente. En la película hay espectáculo, atractivo sin duda, pero hay mucho más. De entrada, hay que recordar que la perspectiva panteísta y pagana que mencionamos no es compatible con el cristianismo. Una cosa es respetar a la naturaleza y otra, muy distinta, equiparar en dignidad y derechos a hombres con cualesquiera otros seres vivos. Por esa vía, sólo se rebaja la dignidad del hombre… Por otra parte, poco tiene que ver el destino ciego, que propone al hombre, este paganismo reverdecido -comprensible únicamente mediante ritos y danzas, el estudio de símbolos y por la intermediación de mentes privilegiadas inspiradas por oscuras “fuerzas superiores”- con el Dios personal del cristianismo que se comunica con sus criaturas predilectas, los hombres, reservándoles un destino bueno y adecuado a su naturaleza. Nada menos.

 

No negamos algunas virtudes a esta película. Muchas de sus propuestas pudieran asumirse: el respeto a la naturaleza, el valor de la familia y de la comunidad, la importancia del conocimiento de la propia personalidad, el papel de la inteligencia, el amor y de la razón… pero desde otras bases, lo que acarrea, en buena lógica, consecuencias muy distintas. Debemos ser críticos, por lo tanto, mirar con los ojos bien abiertos y la inteligencia despierta; y no comulgar con ruedas de molino.

 

La New Age está de moda. Su pseudoespiritualidad es la expresión de un consenso mundialista que permite al hombre de hoy, que aún tiene inquietudes religiosas, poder vivirlas, pero siempre que lo haga de forma individualista y fuera de las “grandes religiones oficiales”.

 

Hermano Oso es fiel expresión, así, de la nueva ética de la globalización y del supermercado mundial de la pseudoespiritualidad políticamente correcta. Todo ello deberá tenerse en cuenta cuando disfrutemos de esta película para evitar caer bajo la maquinaria de lo religiosamente correcto de hoy.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 80, abril de 2004.