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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Albert Rivera y Cuitadans: al servicio del Partido Popular

Albert Rivera y Cuitadans: al servicio del Partido Popular

Con la magnífica y mediática presentación en sociedad, el pasado 26 de octubre en el Teatro Goya de Madrid, del Movimiento Ciudadano, sería, ya, la tercera ocasión en que Albert Rivera y Ciutadans, partido nacido el 7 de junio de 2005 (¡y parecía que fue ayer!) intentan dar el “salto” a la política nacional.

Primero, tras sus iniciales éxitos en el feudo catalán, el modelo de Ciutadans se trató de exportar siguiendo el todavía vigente modelo territorial español: partidos hermanos, de ámbito autonómico, bajo el común paraguas de Partido de la Ciudadanía. Salvo excepciones, aquello fue una jaula de grullos y se extinguió por consunción interna: personalismos, mentalidad asamblearia y anarcoide, rivalidades cainitas, ausencia de liderazgo… Su fracaso, sin paliativos, en las elecciones generales de marzo de 2008, impuso el cerrojazo al proyecto nacional, replegándose a los más seguros “cuarteles de invierno” de su Cataluña primigenia.

Llegaron las elecciones europeas de 2009 y Albert Rivera y su equipo buscaron paliar el fracaso anterior, a la par de intentar frenar a una UPyD díscola que se implantaba a nivel nacional (si bien fracasando de manera estrepitosa en Cataluña), presentando una candidatura coaligados con el movimiento del multimillonario irlandés Declan Ganley. El experimento con Libertas fue un desastre. Al cabeza de lista, el ex dirigente de ONCE Miguel Durán, se le quitaron las ganas de hacer política concreta y, menos mal, que el dinero lo puso el irlandés y la resonancia mediática, Intereconomía. Apenas 22.903 votos, y ningún europarlamentario electo, avalaron ese confuso proyecto: un partido exclusivamente implantado en Cataluña, de difusos perfiles ideológicos, coaligado coyunturalmente con un movimiento paneuropeo, pero en gran medida euroescéptico nacido al calor de la oposición al Tratado de Lisboa, potencialmente al alza y que, no obstante, se estrelló con la realidad partitocrática continental; fracasando estrepitosamente en todas partes.

Pero, ¡oh, sorpresa!, en convocatorias posteriores, Ciutadans no sólo mantuvo el feudo catalán, sino que amplió sus bases municipales allí, amenazando –pasito a pasito- al mismísimo liderazgo de los partidos constitucionalistas clásicos: el descolorido PP y un declinante (en todos los aspectos) PSC-PSOE.

Con el Movimiento Ciudadano, veíamos, Albert Rivera tantea el retorno  a la política nacional. Y lo hace con mucho cuidado. De momento, no es un partido: es una suma de comités, apoyos digitales, “notables” (caso del ex socialista procedente de la extrema izquierda Antoni Asunción, tan trabajador como déspota e intratable, según sus más próximos colaboradores de prisiones y del Ministerio del Interior años atrás) que le avalan… Su peso real se verá en las próximas elecciones europeas del 25 de mayo de 2014. Y será entonces el momento de hacer balance y valorar este definitivo y último intento de “salto” nacional. Habrá que ver los votos provincia por provincia, municipio a municipio. Y analizar cómo ha afectado a UPyD. Y si ambos (UPyD y Ciutadans) se complementan o siguen enfrentados a muerte. Si el balance es positivo, se configurará como partido nacional con pretensiones de alcanzar representación institucional: municipal y autonómica. Y, de ser negativo, se mantendrá como lo que de momento es: un partido catalán, con apoyos en el resto de España a movilizar según la ocasión.

Rosa Díez se ha manifestado reiteradamente en contra de cualquier fórmula de entendimiento con el equipo de Albert Rivera. Y tiene sus motivos. Aspira a organizar un partido nacional “a su imagen y semejanza”. ¿Orgullo y prepotencia?: por supuesto. Pero su ambición es legítima; pues está dotada de una gran intuición, capacidad de trabajo, proyecto estratégico… y un modelo táctico alejado de la jaula de grillos en que puede convertirse cualquier partido en crecimiento (fue el caso de Ciudadanos allá por el 2008 y 2009) de no aplicarse con firmeza el “ordeno y mando” (vamos, el “centralismo democrático”, de raíces bolcheviques, de toda la vida, que bien conoce Rosa de su larga trayectoria en el PSOE). Rosa: ¡tú sí que vales! Ojalá los líderes del PP tuvieran una mínima porción de tus cualidades: seguro que España marcharía un poquito mejor…

Pero -perdónenme los estudiosos, analistas, especialistas demoscópicos que afirman en serie lo contrario- no es cierto que el Movimiento Ciudadano perjudique expresamente al Partido Popular y, en menor medida, al PSOE.

Ciertamente, puede quitar al primero no pocos votos que, de no existir Ciutadans, pasarían en su mayoría a UPyD; lo que sí le perjudicaría. No en vano, dadas las tendencialmente oligárquicas peculiaridades del sistema representativo español -mayoritario por deseo de los “padres de la Constitución”- abrumadoramente benefactor de los dos partidos más grandes, aunque aumente el voto de protesta dirigido hacia Movimiento Ciudadano y UPyD, al dividirse entre los dos, ambos alcanzarían resultados reales muy inferiores en términos de representatividad institucional. Y, ya se sabe, militar en partidos que no tienen cargos públicos que repartir, es muy, pero que muy duro.

Otra cuestión vinculada a la anterior. En el acto del Goya se fotografió a Santiago Abascal en compañía de Albert Rivera y otros. Esa imagen representó, de esta manera, la ruptura de cualquier estrategia conjunta «Jaime Mayor Oreja-Aleix Vidal-Quadras-Santiago Abascal». El taimado democristiano ya se había alejado de los cantos de sirena que le animaban a montar “algo” a la derecha del PP; según se filtró oportunamente en su día, acaso de la mano del mismo Mayor Oreja en un intento de hacerse valer. De hecho, parece confirmarse que ¡otra vez! encabezará las listas populares en el 2014… De nuevo, Jaime Mayor Oreja como “reserva espiritual de Occidente”, para no pocos votantes recalcitrantes del PP persistentes en el designio episcopal del “mal menor”.

Quedaban Vidal-Quadras y Santiago Abascal. Así, el pasado 17 de octubre, en el Princesa HUSA, ante el ambiente insurreccional de la inmensa mayoría de los asistentes, ambos, acompañados por el intelectual José Luis González Quirós, afirmaron que “harían lo que tenían que hacer”, que “asombrarían con sus decisiones”,  y demás cortinas de humo que confundieron y decepcionaron a los presentes. Desengáñense: Vidal-Quadras no será la Rosa Díez de la derecha. Se quedará en “casita”, calentito, haciéndose valer y ambicionando -desde la seducción a la amenaza velada a los mandamases del partido según la ocasión- un puesto bajo el sol de Estrasburgo. O algún otro premio de consolación. Por ello, Santiago Abascal, quien lidera la meritoria pero frágil Fundación para la Defensa de la Nación Española, se dejó caer por el Goya, visible, muy bien acompañado y sin complejos: acaso tenga que cambiar de domicilio en el futuro…

Y no termina ahí la cosa. Albert Rivera y Ciutadans prestarán un último servicio al Partido Popular: atraer a los votantes de la periferia del PP cuyo espacio natural es el ocupado por los movimientos identitarios/anti-inmigración que vienen haciendo fortuna en casi toda Europa. Dado que tal pretensión la enarbolan precariamente varios proyectos ultras, deficitarios en visión y medios, (Soluciona, España 2000, La España En Marcha, Plataforma por Cataluña/Partido por la libertad, Democracia Nacional, Alternativa Española, MSR…), tamaña dispersión y carencia de liderazgo y proyecto retornarán la mirada de la mayoría de sus potenciales electores a ese Movimiento Ciudadano que, sin identificarse al 100% con sus gustos, en ocasiones modula un discurso familiar con el que se reconocen en parte: unidad de España, regeneración institucional, mano firme frente a los separatismos, lucha contra la corrupción, manejo sin complejos de banderas y símbolos nacionales… Así quedará neutralizado cualquier intento “a la derecha del PP” de configuración de una alternativa política que, restándole votos, pudiera causarle algún que otro dolor de cabeza en unos momentos en que su desgaste electoral es evidente.

Albert Rivera y Ciutadans vienen actuando de “poli malo” en Cataluña frente a la banda de Mas, Durán y  Junqueras. Y lo hacen muy bien. Y, a poco bien que lo vuelvan a hacer, segarán buena parte del la hierba de los pies de Rosa Díez y retendrán a cualquier aventurero en la “casa común” del PP, conjurando de paso el “peligro ultra”.

¡Qué cosas! Albert Rivera y Ciutadans al servicio del PP.

 

"La Tribuna del País Vasco"/Disidente por obligación, 06/11/13.

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