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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

De lucha de clases a lucha de sexos, y no es sólo cine porno (Pascual Tamburri, Ruta Norte,El Semanal Digital)

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DE MUJER A PROGENITOR B

La ideología de género dio contenido a una izquierda derrotada y humillada por los fracasos socialistas y comunistas. La tragedia de Europa es su aceptación sumisa por el centroderecha.

Hace muy pocas semanas, en sus Crónicas Navarras, Fernando Vaquero Oroquieta recordaba una opinión digna de George Orwell del ex juez Francisco Serrano diciendo a los varones que "Si usted, yo o cualquier otro hombre no estamos en la cárcel es porque nuestras mujeres no quieren. Porque como quieran…". Y las cosas son dignas del Gran Hermano: ´cada año son detenidos en España más de 100.000 varones por supuestos delitos de maltrato en el ámbito familiar. Para ello es suficiente la denuncia de una mujer -con su único testimonio- que asegure en una comisaría o juzgado haber sido «maltratada verbalmente». Existe una subvencionada «industria del maltrato», dirigida por el lobby feminista, encargada de controlar y dificultar la relación de los padres varones con sus hijos. Ha aumentado exponencialmente el número de familias monoparentales en las que los hijos desconocen la figura y los efectos de la relación con un padre´.

Es toda una obra de ingeniería social, que tiene más ramas y que implica toda una dimensión ideológica, de matriz materialista y marxista a cuyo análisis actualizado ha dedicado el mismo Fernando Vaquero interesantes páginas en el número 181 de la revista de pensamiento Razón Española.

No es una casualidad, ni una excepción. El "hembrismo" es una vanguardia ideológica radical de la modernidad actual, en la que su aún borroso contenido programático ha adelantado a Marx, a Engels y a Lenin, dando empleo a Gramsci, a Freud, a Marcuse, a Sartre y a De Beauvoir. Adelantado y hasta reemplazado, porque mientras que la izquierda materialista tradicional ha quedado puesta en evidencia y derrotada por el siglo XX, este materialismo hormonal ha encontrado su espacio de acción en la sociedad diseñada por y para los valores liberal-capitalistas. Modernidad materialista también, al fin.

Para el neomarxismo, y más después de 1989, las distinciones clásicas entre estructura y superestructura desaparecen, sea siguiendo a Gramsci, sea siguiendo a la Escuela de Frankfurt. Ante el evidente fracaso de la lucha de clases, ahora luchan los sexos, o mejor los géneros, y se abren otros nuevos frentes culturales contra la "opresión del enemigo fascista"… con la comodidad añadida de que no hace falta derribar el capitalismo. Para la nueva izquierda, la ideología de género es un mecanismo adecuado de interpretación del mundo. Los humanos ya no pertenecemos a dos sexos genéticos, sino a múltiples, variopintos y variables géneros, y de ahí nace la idea de poderlos cambiar, combinar y vaciar de contenido social, cultural y espiritual, y el concepto represivo y discriminador de "violencia de género" .

´La ideología de género reinterpreta, desde tales premisas, la naturaleza, el individuo, la historia, la economía... Con su pretensión de liberar al hombre del hecho objetivo, «dado» por la naturaleza, de su propio cuerpo, promueve inevitablemente la revolución de un nuevo hombre, una nueva cultura y, en consecuencia, una nueva sociedad. El término «género» deviene, en esta cosmovisión, en concepto clave y revolucionario de su correspondiente neolenguaje, otra característica de los totalitarismos´. Por la lucha de sexos han encontrado otro camino a la revolución social y cultural.

Para las feministas radicales o hembristas, tanto los sexos como los roles sociales son variables y no permanentes. Se trata de acabar con la familia con padre y madre, por todos los medios, y de separar todas las relaciones sexuales de la procreación, mientras se atribuyen a ésta otras y más placenteras funciones. Vaquero explica cómo mucho antes de José Luis Rodríguez Zapatero el lenguaje ya estaba en manos de partidarios de la subversión de todas las "estructuras" tradicionales, convirtiendo tendencias en su origen tan extremadamente poco de izquierdas como homosexuales y feministas en vanguardias de ese "hembrismo" que ahora domina. Lo singular del caso es que  ese Derecho a la carta de estos radicales, instaurado por unos, no está siendo corregido por los otros. En parte convencidos de la nueva corrección política, y en parte, sin más, acomplejados y amedrentados.

Sigue adelante pues la agenda de ingeniería social impulsada por esta ideología, que pretenden redefinir los roles de hombres y mujeres; el mal llamado "derecho a la salud sexual y reproductiva" es radicalmente revolucionario y estamos viviendo las consecuencias en la vida de nuestras familias. Por esta vía, esta nueva izquierda convierte la familia y la sociedad en campo de batalla, la identidad masculina pasa a ser percibida como enemiga de la convivencia, el Estado interviene, dirime y decide. Estamos ante una revolución cultural sin precedentes en un terreno que afecta como ningún otro a nuestro futuro.

La ideología de género desborda la naturaleza, el instinto de supervivencia de la especie y la razón humana. Como señala José Javier Esparza, tiene su centro en la destrucción de la figura del padre, visto como enemigo de esa modernidad disruptiva que "nos estamos dando". Curiosamente el feminismo actual, "hembrista", es por radical contrario a la igualdad: busca imponer la desigualdad. Y con ella el triunfo de un materialismo mucho más viejo y menos original, que empapa en este 2013 a unos y a otros, y a nuestro mismo Código Penal. ¿Es de aceptación obligatoria?

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