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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Takfir wal Hijra: punta de lanza del yihadismo en Europa.

En un reciente artículo nos aproximamos a la pujante realidad de una de las organizaciones más relevantes del islamismo mundial: los Hermanos Musulmanes. En esta ocasión, lo haremos a una corriente, más radical si cabe, nacida de su entorno, y que disfruta de una singular presencia en España.

 

Recordemos: Hermanos Musulmanes, nacida del genio de Hassan Al Banna hace 80 años como fruto del movimiento reformista musulmán, es una de las organizaciones sunnitas islamistas más relevantes hoy día: en el poder en Palestina de la mano de Hamás; habiendo alcanzado una potente presencia parlamentaria e institucional en Jordania y Egipto; realizando una potente labor proselitista especialmente en el norte de África y Oriente Medio. También afirmábamos que, de su seno, nació otra organización más radical: Takfir wal Hijra (traducido como Excomunión -o Anatema- y Exilio).

 

Se trata de una escuela que se fundó hacia 1975 de la mano del ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo radical de Sayed Qutb, segundo líder histórico de Hermanos Musulmanes.

 

Takfir wal Hijra propone abandonar la actual sociedad impía y sustituirla por el modelo practicado hace 10 siglos por los salaf (antepasados, quienes, idealizados, encarnarían el auténtico y primigenio islam). Prohíbe que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o en la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros, dirigidos por un emir, a fin de salvaguardar su clandestinidad. Este grupo, nacido inicialmente en Egipto, se extendió por el norte de África y también entre las comunidades musulmanas de Europa, propiciando la creación de auténticas «islas musulmanas» que prefiguran, de alguna manera, la futura sociedad de los salaf. En cualquier caso, se trata de una interpretación notablemente más radical de la corriente de la que inicialmente surgió.

 

Las doctrinas de Takfir wal Hijra, según diversas fuentes, se encuentran en la génesis de, al menos, dos grupos terroristas marroquíes.

 

Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su total desarticulación policial. Habría estado formado, según diversos autores y fuentes periodísticas, por militantes takfiros de procedencia social muy baja y escasa formación teológica, asiduos a mezquitas clandestinas de barriadas populares de las grandes ciudades marroquíes.

 

El segundo grupo terrorista, de credo takfir, sería el hoy día más conocido de todos ellos: el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), directamente implicado en los atentados de Casablanca y, presumiblemente, en el del 11-M en Madrid.

 

No está del todo aclarada su génesis. Para unos sería fruto de la experiencia yihadista afgana. Para otros, un producto directo, aunque acaso no orgánico, de la escuela tafkir. Incluso se ha afirmado que tal grupo habría sido muy infiltrado por determinados servicios de información estatales marroquíes. En cualquier caso, ha sido la manifestación más mortífera del yihadismo del país vecino y seguro partícipe de las tramas diseñadas (Al Qaeda concebida como red de redes) por Osama Ben Laden.

 

Un dato importante: Richard Labévière, redactor jefe de Radio France International, ha afirmado en su obra La trastienda del terror (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2004), que la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir.

 

También algunos autores españoles han insistido en la importancia del credo tafkir en la configuración del terrorismo islámico: es el caso de Javier Jordán (Profetas del miedo, EUNSA, Pamplona, 2004), y Gustavo De Arístegui (El islamismo contra el Islam, Ediciones B, Barcelona, 2004).

 

El GICM constituye un sorprendente fenómeno terrorista, pues fue desarticulado completamente en Marruecos a resultas de los atentados que perpetró en Casablanca el 16 de mayo de 2003: 14 suicidas provocaron la muerte de 45 personas y heridas a más de 60, en la que fue su primera y, prácticamente única, acción allí consumada. Esta circunstancia, además, contribuyó a frenar el crecimiento del ascendente Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), de tendencia islamista/nacionalista-conservador; pues éste limitó su presencia electoral a un tercio de circunscripciones electorales al objeto de no alarmar a los «poderes fácticos», en un ejercicio de autocontención y realismo. Todo ello alimentó cierta leyenda en torno a su posible infiltración externa con un carácter provocador.

 

En cualquier caso, al parecer, sobrevivió cierta estructura del GICM en Europa, que serviría, solapándose de diversas redes puramente delictivas (dedicadas al tráfico de drogas, dinero, personas, etc.), de base para los atentados del 11-M en Madrid. Pero también estaría desempeñando otras funciones: captación de combatientes para la yihad en Irak (más de 80 sólo en España), diversas tareas de aprovisionamiento, financiación, base de descanso, etc.

 

El pasado 19 de diciembre de 2005, el periodista navarro José María Irujo publicó en el diario El País un extenso reportaje en torno a la naturaleza y presencia en España del grupo Takfir wal Hijra. De ese extenso texto destacaremos especialmente dos datos: la reciente apertura de 6 de sus mezquitas (4 en Barcelona y 2 en Valencia); así como su convicción, coincidente con la de Richard Labévière, de que la mayor parte de los autores de los atentados del 11-M compartían ese credo. Irujo afirmaba, por último, que informes de los servicios secretos franceses, a los que había tenido acceso, definen al grupo, nada menos, que como «el núcleo logístico de la mayoría de los grupos terroristas islamistas que actúan en Europa».

 

Todo ello constituye una compleja constelación humana, de grupos religiosos y políticos vinculados a redes de muy diversa naturaleza, de sinuosos perfiles, a la que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estados, los Servicios de Inteligencia, y los Jueces, deberán seguir, en todo caso, muy de cerca.

 

Páginas Digital, 15 de marzo de 2006
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