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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Cartoon Network: un “magazine” infantil enfocado al consumo televisivo.

     “Cartoon Network” es una nueva revista mensual dirigida a nuestros niños y adolescentes. Su magnífica presentación apenas recoge contenidos dignos de tal denominación, siendo su única función la publicidad del canal televisivo de dibujos animados del que toma su nombre.

 

Una revista para la publicidad de un canal temático.
            La revista “Cartoon network” es una nueva publicación, presente en el mercado español, dirigida al público infantil y adolescente.
Está editada por el Grupo Zeta, estando concebida a modo de suplemento mensual infantil de los diarios de dicho grupo, en los que se ha hecho mucha publicidad de la misma, así como de Prensa Española (ABC). Su precio es de 200 pesetas, pudiéndose adquirir de forma conjunta o independiente con cualquiera de los diarios de dichos grupos.
Su nombre viene prestado por el canal temático de dibujos animados “Cartoon Network”, al que se puede acceder a través de Canal Satélite Digital, Quiero TV, y también mediante antena parabólica, ya comunitaria, ya individual.
Impresa a todo lujo, color y en magnífico papel. Predominio absoluto de las imágenes sobre el texto, con un tono desenfadado y aparentemente informal. Su precio parece barato pero, estudiando su contenido, llegamos a la conclusión contraria. Y para ello analizaremos el contenido de su número 2, correspondiente al mes de julio de 2001.
De sus 52 páginas, un total de 8’5 constituyen publicidad directa (películas de cine y vídeo, otras revistas, helados, iconos y melodías de móviles) destinada al público infantil o juvenil. Nada de ello resultará desconocido a los padres españoles en las próximas semanas de este verano. Ya se sabe: “hay que estar en la onda”.
Además, parte del resto de la revista bien puede calificarse de “publicidad indirecta”. No en vano, 2 páginas contienen diversos artículos y comentarios sobre productos de consumo de ocio: cine, música, libros y juegos.
Y del resto del contenido, casi todo se refiere de forma directa y expresa a los productos ofertados en dicho canal temático. Artículos sobre diversos personajes del Canal: 7 páginas. Noticias del Canal: 1 página. La programación de lunes a domingo del Canal: 2 páginas. La web del Canal: 1 página (describe 4 juegos a los que se puede acceder por esa vía). Bazar de productos relacionados con el Canal: otras 2 páginas. En total: 13.
Si sumamos todas esas páginas, llegamos a un 45% de espacio dirigido al consumo, especialmente, al “interno” generado por el propio Canal. Aquí tenemos la primera clave del producto: su destinatario es el niño consumidor de televisión y, por ello, sus padres.

 

Otros contenidos.
            Veamos el resto de contenidos de la publicación.
            Apenas hay 13 páginas de historietas. En concretos, 10 corresponden a una historieta de Dexter y 3 páginas, cada una de ellas con una historieta de otro personaje: Johnny Bravo. Su sentido del humor, muy americano y escaso por cierto, no parece estar concebido para niños ni, tampoco, para adolescentes.
            Junto a la portada, otras 3 páginas se extienden, de forma excesiva dados sus mínimos contenidos, a modo de índice.
            Media página explica el acuerdo, alcanzado entre el Grupo Zeta y Warner Bros, cuyo objeto es la edición de esta revista.
            Pasatiempos y su solución: 4’5 páginas.
            Boletín de suscripción: media página.
            Póster de personajes del Canal: 4 páginas.
            La sección “Cartoon fans” dedica 2 páginas a la reproducción de dibujos de los lectores.

 

El papel de los padres.
No existe ni una sola referencia al papel pedagógico que pueden desempeñar los padres en la selección, disfrute y valoración de ninguno de los productos difundidos en esta revista.
Con ello pudiera deducirse que a los padres, únicamente, les queda la responsabilidad, si desean ejercitarla, de la selección de historietas del Canal destinadas a sus hijos.
            Con los contenidos antes analizados, y el rol asignado a los padres, debemos preguntarnos si este “producto” está destinado realmente al público infantil o a sus padres. Y la respuesta es clara: a ambos. A los niños, como directos destinatarios. A los padres, por supuesto, quienes tras la lectura de la revista se pondrán en unos minutos “al día” en lo que respecta a las novedades generadas por el propio Canal; al que, a priori, se valora “inocente” al proyectar exclusivamente dibujos animados.

 

¿Una revista éticamente neutra sin alternativas?.
Continuemos con el análisis.
En primer lugar, ya hemos visto que se trata de una revista destinada al consumo de televisión, a niños y adolescentes por lo tanto. Un estrato social de progresivamente mayor capacidad de gasto.
“Consumo, luego existo”, rezaba un viejo chiste de los años 70. El actual sistema parece ratificarlo y esta revista “educa” en el consumo, evidentemente.
Antes hemos visto que predominaban los contenidos “consumistas” en la revista, cuyo porcentaje alcanzaba en una primera apreciación un 45%, al que podríamos añadir prácticamente todo el resto de la revista, al girar en torno a esos personajes americanos de dibujos animados.

Por todo ello, el “consumismo”, y la mentalidad global, uniformizadora y “americanizante” derivada del mismo,  constituyen la columna vertebral de esta publicación. No encontramos apenas referencias a valores sociales o humanos, salvo si así puede considerarse, la página titulada “¿A qué Supernena (nombre de las protagonistas de una de las series emitidas en el Canal) te pareces más?”. En dicha página se nombran algunos valores, con la excusa de un test, como son el liderazgo, la espontaneidad, espíritu de lucha, disciplina, esfuerzo…

            En definitiva: una programación televisiva que es única causa justificativa del restante contenido de la revista. Un producto extremadamente pobre.
            Con ocasión del análisis que efectuamos, hace ya casi un año, a otra revista, “Megatrix: ¿revista o catálogo?” (Anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 37, septiembre de 2000), realizábamos algunas reflexiones que vamos a reproducir aquí por ser plenamente adecuadas y actuales.
“Los contenidos de esta revista, descritos anteriormente, sólo constituyen un indicio de la situación que se vive. Estamos inmersos en una sociedad industrializada, individualista y apoyada en los intercambios de todo tipo basados en el consumo. Es más, el “consumismo” se ha erigido como auténtica “pseudo-religión” de masas. En ese contexto, la revista no es una excepción.
Ante ese panorama, en el que parece todo está mediatizado y dirigido, ¿no hay alternativas?
Desde la atomización y el puro individualismo, que caracteriza nuestra sociedad, no es posible resistir a la “ola” de los valores dominantes y el poder real. Pero desde la pertenencia a otros espacios humanos,  depositarios de intensos vínculos comunitarios y valores diferentes a los dominantes, es posible afrontar la existencia también a nivel familiar y educativo. Y, de hecho, existen experiencias pedagógicas y sociales, en muchos casos marginales, de carácter alternativo, impulsadas desde diversos ambientes en cuyo origen encontramos una confesión religiosa, una escuela filosófica, etc.
Dentro de nuestra tradición, es la Iglesia católica –“Maestra de humanidad”- la gran promotora, desde sus orígenes, de nuevos valores y espacios sociales, generando relaciones personales cuyos frutos son personas transformadas que experimentan y transmiten un especial gusto por la vida.
También hoy día, diversas realidades y movimientos de la Iglesia vienen generando agrupaciones alternativas que intentan afrontar la educación y la vida de la familia desde la vivencia de los valores evangélicos.
Esos espacios se concretan en nuevos colegios, asociaciones de padres, grupos de encuentro y apoyo, redes informales de intercambio de información, asociaciones de ocio y tiempo libre, pequeñas publicaciones, etc.
Pero profundizar en ello ya sería objeto de otro artículo”.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 47 – 48, julio – agosto de 2001
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