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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

“Madrid 1939. Del golpe de Casado al final de la Guerra Civil”. (Almena Ediciones).

Luis Español Bouché. “Madrid 1939. Del golpe de Casado al final de la guerra civil”. Almena Ediciones. Madrid. 2004. 280 pp.

 

 

El golpe de Casado, en el Madrid de marzo de 1939, pretendió poner fin a la guerra civil mediante un acuerdo, entre militares, que limitara las anunciadas represalias de los vencedores y, de paso, anegar el intento comunista de prolongar el conflicto hasta enlazarlo con la inmediata conflagración europea; única posibilidad de pervivencia del ya derrotado régimen frentepopulista.

 

Todo periodo histórico de transición atrae el interés de los investigadores. Así, algunos episodios acaecidos en las últimas semanas del Madrid frentepopulista desataron fuertes controversias entre historiadores: el carácter del golpe de Casado, el papel de los comunistas, la táctica del ejército franquista, la influencia de la política internacional, los nombramientos militares como detonante o provocación del golpe…

 

Esos polémicos nombramientos que, entre otros, ascendían al propio Casado a general, sin duda, existieron. Con ellos, Negrín intentó colocar a comunistas de entera confianza al frente de lo que quedaba del Ejército frentepopulista. Son varias las dudas al respecto: si llegaron a publicarse, si fueron parcialmente efectivos… Pese a las lagunas documentales, las contradicciones testimoniales y la circulación restringida -en su día- de los diversos diarios oficiales afectados, el historiador realiza un estudio sistemático de los materiales existentes, fundamental ya para cualquier investigación futura. Pero, ¿qué se pretendía con ellos?, ¿controlar al Ejército frentepopulista y prolongar la resistencia enlazando con la próxima guerra o, desde otra perspectiva, provocar un golpe del que se tenía constancia estaba en gestación? La respuesta no es fácil y tal vez no obtenga nunca respuesta definitiva. No sólo las memorias publicadas son selectivas, pretendiendo muchos de sus protagonistas justificarse, sino que imperativos de política partidaria mediatizaron esos testimonios; y más cuando los principales protagonistas han fallecido. En cualquier caso, buena parte de los objetivos pretendidos por el Consejo golpista se frustraron por la sublevación comunista en Madrid y la huida de la flota a Bizerta, perdiendo así toda baza ante los pacientes vencedores.

 

En un clima de deterioro institucional, de abandono de responsabilidades, de desconcierto generalizado, del “sálvese quien pueda” en definitiva, algunas figuras alcanzaron, con su comportamiento, una alta estatura moral: el anarcosindicalista Cipriano Mera, el socialista moderado Julián Besteiro, el propio Casado. Desdibujado queda Miaja. Por el contrario, Negrín juega un papel muy negativo, siendo los máximos dirigentes comunistas los que se llevan la peor parte en este reparto. Muy contundentes son las críticas, también, a los nacionalistas vascos: descritos como racistas, oportunistas... Ese patético clima moral y político repercutirá, muy negativamente, en la organización del exilio y su polémica financiación a través de JARE y SERE.

 

Otra cuestión importante que estudia nuestro historiador, e íntimamente relacionada con las postrimerías del episodio, es el pacto nazi-soviético de 1939; especialmente sus repercusiones en Francia, pero también las producidas entre los españoles allí exiliados. Es paradójico que, derrotada Francia, sean entregados socialistas y republicanos a las autoridades del nuevo Estado, mientras que los comunistas se libraban de ello; otra dolorosa circunstancia más que alimentó el anticomunismo de muchos socialistas españoles, finalmente escarmentados.

 

También aborda, desde la memoria de algunos personajes significativos que la conocieron por dentro, la relación entre Masonería y partidos republicanos. Su conclusión: ni la Masonería es la culpable de todos los males que se le atribuyeron, ni era la entidad apolítica y neutra que se proclamaba...

 

El anexo documental recoge algunos escritos e intervenciones del máximo interés. Así, los diversos discursos pronunciados en la noche del 5 al 6 de marzo de 1939 por los miembros del Consejo Nacional de Defensa. Es el caso, también, de algunos artículos, particularmente el que recoge las últimas horas en libertad de Besteiro, y el apasionante testimonio vital de Rafael Sánchez-Guerra.

 

Por algunos latiguillos, y breves reflexiones, es evidente que el autor no simpatiza ni con franquistas ni con comunistas. No obstante, esa toma de partido no le priva de lucidez en su trabajo, exponiendo objetivamente otros aspectos trascendentales que demuestran su olfato como historiador: el papel de la criptografía, las acciones del SIM, el comportamiento de los artilleros, las víctimas de aquellos meses, el papel crucial de las comunicaciones, el tesoro del Vita…

 

El texto es muy ameno, dramático en ocasiones, riguroso en todo caso. La derrota final, algunas actuaciones de la “quinta columna”, la caída de Alicante, las divisiones entre los exiliados, los problemas de representatividad de la República una vez derrotada…; todo ello es expuesto desde aristas muy dispares, proporcionando una magnífica radiografía del intento desesperado por un acuerdo de paz que pretendía reducir los daños sufridos por los españoles con la mirada puesta, incluso, en una reconciliación que, entonces, no era posible. Lástima. Es dramático, y particularmente doloroso, observar cómo existía una coincidencia en los anhelos de independencia nacional y cese del derramamiento de sangre española, al menos sobre el papel, en casadistas, negrinista y franquistas. Sin embargo, el drama se había desatado y el golpe de Casado no pudo impedir que se representara hasta sus últimas y, fatalmente, previsibles consecuencias.

 

El Semanal Digital, 12 de junio de 2004
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