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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

La retirada israelí del sur del Líbano.

     Israel se ha retirado, de forma precipitada y antes del plazo establecido, del sur del Líbano. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Qué consecuencias se derivan de ello?

 

Una retirada precipitada.

            El pasado día 23 de mayo Israel ha abandonado, de forma precipitada y poco clara, el territorio de casi 1.000 kilómetros cuadrados que ocupaba en el sur del Líbano, culminando la operación en la madrugada del día 24. Tal proyecto ya había sido comunicado a Naciones Unidas, estando previsto su culminación para el 7 de julio.

Israel ocupaba el sur del Líbano de forma permanente desde 1.978 aunque, a lo largo de todos estos años, se produjeron  modificaciones territoriales en función de la coyuntura militar. El objetivo de la ocupación era puramente defensivo: El prevenir ataques armados de los radicales palestinos y, posteriormente, de la llamada “Resistencia Islámica” (la milicia del partido integrista chiíta libanés Hezbolláh) contra las poblaciones judías de la Alta Galilea. Con ello se establecía una “franja de seguridad” entre ambos Estados.

En esta ocupación, Israel se ha apoyado en el “Ejército del Sur del Líbano” (ESL), una fuerza auxiliar de unos 2.500 hombres, cristianos maronitas, chiítas y drusos; organizada ya en 1.978, a partir de algunos mandos desertores del ejército regular libanés. Su primer responsable fue el coronel Saad Haddad, ya fallecido. Es conocido que el ESL estaba por completo financiado y armado por Israel, actuando en conjunción con el Tsahal (ejército judío).

Los chiítas del ESL se han entregado a las milicias de Hezbolláh, mientras que los drusos y cristianos, en buena parte, lo han hecho al Ejército regular libanés. Los oficiales y parte de los milicianos cristianos, así como muchos de sus familiares directos, han sido acogidos en Israel (en total unas cinco mil personas). Unos 400 de ellos serán admitidos en Alemania en los días próximos, previo acuerdo con Israel, según anunciaron fuentes gubernamentales teutonas. Hassan Nassrala, Secretario General de Hezbolláh (el principal partido chiíta libanés) había anunciado un baño de sangre entre los “colaboracionistas”, lo que de momento no se ha confirmado, si bien se desconoce la suerte de varios cientos de prisioneros del ESL. Por otra parte, todos los integrantes del ESL están juzgados por el Estado libanés por el delito de traición; condenados a muerte sus dirigentes y a largas penas de prisión el resto de integrantes de la milicia.

            En un intento desesperado por remediar lo inevitable, el actual máximo dirigente del ESL, el general retirado Antoine Lahad, había propuesto al Gobierno libanés la aplicación a sus hombres de las medidas de gracia empleadas, al término de la guerra civil libanesa,  a todos los contendientes en la misma, excluyéndose él mismo. Tal propuesta no fué  aceptada.

Este pequeño territorio libanés está habitado por una población en un 60 % chiíta, un 30 % cristiana, un 9 % drusa y 1 % siria.

 

La Resolución 425 del Consejo de Seguridad.

La ocupación permanente del sur de Líbano había dado lugar a la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 1.978, que acordaba el total abandono del territorio libanés por parte de Israel, lo que no se había realizado. Israel ha abandonado también el sector libanés de las llamadas “granjas de Chebaa” (el 90 % correspondería a Siria), por lo que ha podido afirmar que dicha resolución 425 ya se ha acatado en su totalidad. Sin embargo, la Presidencia libanesa ha considerado, en un comunicado hecho público a mediados de junio, que Israel no ha abandonado completamente suelo libanés, pues lo ha hecho sólo hasta la llamada “línea azul” que en su día estableció Naciones Unidas y que, a su juicio, no corresponde a las fronteras internacionalmente reconocidas.

            En el actual contexto internacional, Israel habría estado interesado en que el abandono se hubiera producido en el marco de unas conversaciones globales con Siria y Líbano y coordinado con las fuerzas de Naciones Unidas presentes en la zona. Pero ello no ha sido posible. En parte por la presión de Hezbolláh, se ha precipitado en la salida, provocando el desmoronamiento acelerado de su milicia aliada, proporcionando una imagen de falta de previsión y debilitando su posición en unas hipotéticas negociaciones de paz con Siria. Por ello, se ha dicho que Israel gana las batallas en el terreno militar, pero las pierde en el político.

            Es importante destacar que el Gobierno libanés, con la excusa de que Naciones Unidas no le había notificado la retirada, y que la misma sólo se ha verificado hasta la “línea azul”, no ha participado en la recuperación del sur de su territorio, dejándolo en manos de la milicia integrista. Hasta el día 25 de mayo no se movilizó, desplegando entonces apenas un centenar de policías en algunas aldeas de mayoría cristiana. Y en esa decisión de no ocupar el sur, Siria no parece haber sido ajena. Lo que confirma la debilidad y dependencia del Gobierno de Beirut. De hecho, todavía no ha entrado en la zona su Ejército regular, habiéndolo hecho exclusivamente esas pocas fuerzas de policía.

 

Las negociaciones de paz con Siria: debilidad de Israel.

            En la política interna de Israel, la retirada militar de Líbano era una de las más importantes promesas efectuadas por el Partido Laborista, hoy día en el poder, en las últimas elecciones generales. Igualmente, esa medida era demandada con insistencia por los sectores pacifistas judíos (“Paz ahora”) y por los demás partidos políticos de tendencia izquierdista. No en vano, la intervención en Líbano ha provocado más de 1.200 muertos en las filas del Tsahal a lo largo de estos años.

            Y en el plano internacional, con el abandono se pretendía dejar libre el camino a un posible acuerdo de paz con Siria.

Pero el camino no parece fácil.

Sin duda, el futuro de la milicia de Hezbolláh será una baza en las futuras negociaciones de paz entre Siria e Israel, asignatura pendiente del laborismo israelí y del fallecido líder sirio Hafez Al Assad.

La negociación parece clara: devolución de los Altos del Golán a Siria a cambio de un Tratado de Paz y garantías por este país de que cesarán los ataques armados contra Israel desde suelo libanés.

En tanto se llega a ese previsible acuerdo, Naciones Unidas debiera hacerse cargo de la franja sur mediante los efectivos de FINUL, tal como había adelantado el primer ministro libanés Salim Hoss. Así, el pasado día 27 de mayo, las primeras tropas de FINUL entraron en la franja sin encontrar oposición armada, aunque sí mucho recelo entre la población civil.

 

La muerte del Presidente sirio.

Otro factor ha abierto nuevas expectativas e incertidumbres  en el futuro de la región. El día 10 de junio falleció el Presidente sirio Hafez Al Assad mientras hablaba por teléfono. Dado su delicado estado de salud, había designado a su hijo Bashar como su sucesor, realizando diversos movimientos en ese sentido. Pero la muerte, inesperada, ha hecho que esa obra quedara inconclusa, precipitando los acontecimientos.

Su hijo Bashar, reconocido ya como sucesor por el Ejército, intenta consolidar su liderazgo. Así, se han realizado algunas reformas constitucionales. Además, el día 18 de junio ha sido elegido Secretario General, por el noveno congreso del partido BAAS que se ha reunido por primera vez en 15 años, y nominado candidato a la Presidencia de Siria. Su candidatura deberá ser avalada por el Parlamento el día 25 de junio y ratificada, posteriormente, mediante referéndum popular.

            El joven e inexperto Bashar tiene, ante sí, varios retos.

            En lo que se refiere a la política interior, deberá en primer lugar consolidarse en el poder, lo que de momento parece estar logrando gracias al apoyo de los más directos colaboradores de su padre. Una vez logrado lo anterior, deberá afrontar la modernización del país, que atraviesa una profunda crisis económica.

            Por lo que se refiere a la política internacional de Siria, deberá diseñar una nueva estrategia encaminada a la recuperación de los Altos del Golán, actualmente en manos israelíes.

            Señalaremos que ha sido Ministro para Asuntos del Líbano, bajo la dirección de su padre, dando muestras de moderación y pragmatismo. Las relaciones con Líbano son un elemento fundamental de la política del régimen sirio, constituyendo este pequeño país, en la actualidad, una imprescindible fuente de ingresos. Por todo ello deberá, en un plazo breve de tiempo, aclarar sus intenciones hacia Líbano. De momento Amal y Hezbolláh (los partidos chiítas libaneses) han manifestado su total apoyo al nuevo líder.

 

La situación real de Líbano.

            Con la retirada israelí, Líbano no recupera su soberanía, aunque así se aparente. Y para sostener tal afirmación, en contra de las apariencias formales, nos basamos en tres motivos:

 

1.- Un “Estado palestino dentro del Estado”. Continúan viviendo unos 350.000 palestinos, que cuentan con su propia organización, al margen del Estado libanés. Según diversos medios periodísticos desplazados a la zona, los grupos guerrilleros palestinos, radicados en los campamentos de refugiados del sur de Líbano, se están entrenando de nuevo, habiendo obtenido nuevo armamento.

 

2.- La presencia militar siria, cifrada en unos 35.000 hombres que controlan de hecho todo el país, salvo esa pequeña franja del sur ahora en manos de Hezbolláh.

 

3.- Hezbolláh. Es una incógnita, por otra parte, si Siria desarmará a Hezbolláh, o permitirá que esa milicia integrista, la única que persiste en todo Líbano, continúe con sus periódicos ataques a la alta Galilea israelí. No olvidemos que Hezbolláh es el partido más votado en las últimas elecciones legislativas libanesas; por lo que en estas circunstancias, su posición se fortalece cada día. Si el Gobierno libanés, con el beneplácito sirio, decidiera un día desarmar a los integristas, se correría el riesgo de un nuevo enfrentamiento civil. La alianza Siria – Hezbolláh no puede ser duradera. Su coalición ha sido circunstancial: Les unía el odio al  enemigo judío. Pero el partido BAAS, en el poder en Siria, tiene planes para el Líbano en el que difícilmente entra Hezbolláh. Por otra parte, el BAAS es un partido laico y no confesional, mientras que Hezbolláh es un partido chiíta integrista, siendo Irán su fuente de inspiración.

 

            Líbano es un Estado soberano formalmente, pero en la práctica es un protectorado sirio, materializado mediante el “Tratado de fraternidad, cooperación y coordinación” de mayo de 1.991“ y el “Tratado de defensa y seguridad” de septiembre del mismo año, que legitimaron la presencia militar siria. Por otra parte, varios cientos de miles de sirios trabajan en el Líbano de la reconstrucción, proporcionando a Siria importantes ingresos económicos, fundamentales para su pobre economía. Ello se reforzará, aún más,  mediante la futura unión aduanera con Siria.

            La resolución 520 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas establece el abandono de suelo libanés de TODAS las fuerzas extranjeras, haciendo referencia a la presencia militar siria. Pero no parece exista voluntad internacional en su exigencia, al menos de momento.

 

La situación de los cristianos.

En el nuevo orden mundial cuenta más el equilibrio entre las potencias regionales Siria e Israel que la pervivencia del Estado libanés, convertido en moneda de cambio en las difíciles relaciones entre ambos estados. En este complejo puzzle de oriente medio, en que una pieza modifica el equilibrio de las demás, la minoría cristiana, la más débil de todas las presencias de la zona, se ha visto de nuevo profundamente afectada.

Ello no ha impedido que desde algunos sectores de la sociedad libanesa (medios de comunicación, políticos cristianos, parte del mundo universitario) se hayan elevado voces pidiendo, en particular desde el abandono israelí del sur, que Siria se retire del Líbano.

Es comprensible, en este complejo contexto, que sea la de Juan Pablo II una de las pocas voces elevadas en defensa de la población cristiana del sur de Líbano ante la retirada israelí y el avance de los integristas.

La rápida visita, realizada el día 25 de mayo, del Ministro de Asuntos Exteriores de Irán al sur de Líbano y su invocación del papel de todos los libaneses, musulmanes y cristianos, en la victoria sobre Israel, parece un indicio de la efectividad de las peticiones del Santo Padre.

           

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 34, junio de 2000

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