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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Reseñas bibliográficas

Book trailer del libro "¿Populismo en España? Amenaza o promesa de un a nueva democracia"

https://www.youtube.com/watch?v=CaQIX-IdvWw

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En abril: "¿Populismo en España? Amenaza o promesa de una nueva democracia"

En abril: "¿Populismo en España? Amenaza o promesa de una nueva democracia"

De la mano de Ediciones Barbarroja y con prólogo del hispanista Arnaud Imatz, verá la luz en abril nuestro libro "¿Populismo enEspaña? Amenaza o promesa de una nueva democracia".

Los populismos políticos son denostados y ridiculizados generalmente: paradigmas de la antipolítica, ejercicios de una demagogia sin freno, rebrotes de viejas reminiscencias históricas, anomalías a extinguir... y sin posibilidad de réplica. Pero, ante tan contundente como inesperada eclosión, se impone una afirmación: su fantasma recorre toda Europa… salvo España. En nuestra patria, es la –aunque no en ideas- novísima formación de Podemos la que se beneficia tácticamente de esa corriente continental que, ante el desprestigio de la fórmula representativa, exige democracia directa frente al poder de las grandes finanzas y las viejas élites. Pero, Podemos, ¿es un partido populista u otra mutación más del marxismo-leninismo revolucionario? ¿No es, acaso, el hijo pródigo de Rodríguez Zapatero?

Ahogado por un Partido Popular que impide -por todos los medios- la aparición de cualquier opción política sin complejos que pudiera privarle de sus electores cautivos, e instrumentalizado por un soviet leninista empeñado en la conquista del poder a toda costa, el genuino movimiento populista, que nace del arraigo frente a la mundialización y el multiculturalismo, ha sido incapaz de proponer y proponerse en España como alternativa política.

¿A qué se debe este fracaso? ¿Existen indicios de que esta anómala situación pudiera cambiar en un futuro no muy lejano?

Una cosa es cierta: también en España se empiezan a escuchar las voces de una incipiente resistencia social que reclama la liberación de la soberanía popular de sus secuestradores.

Y para seguir la vida de este libro, hemos abierto el siguiente blog:

www.populismoenespana.blogspot.es

 

La España del desarrollo frente la España de la parálisis

La España del desarrollo frente la España de la parálisis

Si dejas de pedalear, conforme la velocidad previa, el peso de la máquina y el del conductor, las características del firme, etc., antes o después, la bicicleta se caerá. Y con ella, su conductor.

Algo parecido le está pasando a España. Disfrutamos de un cuestionado espacio territorial y moral, fruto del devenir de siglos, que transporta  millones de pasajeros… pero parece que carece del hálito vital que podría sostenerla y dirigirla. Tamaña exhalación que impulsó múltiples empresas colectivas durante siglos, ¿acaso se ha agotado? ¿O es que ha sido asfixiada? En suma, ¿qué es España? ¿Acaso no existe España? Ahora que se habla, otra vez, de una España federal, ¿no sería más ajustado hablar de las Españas? ¿Merece la pena este debate? ¿Llega tarde, incluso? Sí es seguro que vivimos en una profunda crisis –económica, moral, de sentido e identidad- que cuestiona todo, o casi todo; particularmente, la mismísima existencia de la nación española y/o de una conciencia nacional. No en vano, si los secesionismos se presentan como atractivas utopías que se apresuran a dar la estocada de muerte al toro ibérico, se debe, ante todo, a la inexistencia de proyectos colectivos ilusionantes que, vivificando la vieja piel, pudieran neutralizarlos. No siempre ha sido así.

Es lugar común la afirmación rutinaria y cansina de que la Transición fue ejemplar: un modelo aplicable en diversas latitudes del globo. No obstante, por muy modélica que fuere, aparentemente se ha agotado. Acaso no todo fue modélico. O tal vez se soterraron problemas que no por ello dejaban de latir. En cualquier caso, la Constitución que parió esa Transición fue una solución provisional: y es que nada se hace ya con voluntad de eternidad; tampoco entonces. ¿No es todo relativo? Pero, despertados de este último sueño colectivo, abruptamente, la Constitución se nos antoja estrecha, inoperante, cargada de minas… y afloran viejas contradicciones supuestamente superadas, dolores adormecidos, traumas colectivos que parecían haberse conjurado.

Unas pocas décadas anterior a la ahora tan cuestionada Transición, con todos sus errores y aciertos, acaso fuera la bocanada colectiva de “la España del desarrollo” -impulsada por esa tribu, ya extinta, de “los tecnócratas”- la que protagonizara ese, tal vez, penúltimo esfuerzo nacional. Una España ilusionada y con un proyecto compartido, empeñada en conquistar el bienestar, ganar la paz, y legar una heredad a sus hijos.

Corresponde al navarro afincado en Madrid José Luis Orella, el mérito de ofrecer al lector una obra (*) que, a velocidad de vértigo y con la precisión del cirujano, proporciona una formidable visión de conjunto de la España del -tan ridiculizado- “milagro económico”. Semejante paisaje global se despliega a partir del esfuerzo del equipo de hombres que lo hizo posible. No surgieron de la nada; la mayoría de estos tecnócratas se había formado espiritualmente en el Opus Dei. Contaban con un político “protector”: el almirante Carrero Blanco. Les unía la voluntad de trabajo al servicio del desarrollo español, pero les diferenciaban sus opciones políticas siempre personalísimas: algún falangista, tradicionalistas, monárquicos juanistas, independientes de cualquier familia. Alguno pensaba –a largo plazo- en una democracia al uso occidental. Y La mayoría, en una democracia orgánica propiamente española. Primer mito que rompe el autor en su obra: la pertenencia al Opus Dei de muchos de aquellos tecnócratas no predeterminaba en absoluto un itinerario político concreto; de ahí el pluralismo que desconcertó –hasta llegar al escándalo- a tantos, y sigue haciéndolo.

Para superar la durísima autarquía que sufría España desde el término de la última –y más cruel- guerra civil, a partir de 1957 el almirante Carrero Blanco impulsó la institucionalización del régimen y el desarrollo económico, sirviéndose en tal misión de los tecnócratas. Objetivos: la generalización del bienestar social, como base imprescindible de nuevos hitos políticos, y la consiguiente ampliación de las clases medias.

Laureano López Rodó, Mariano Navarro Rubio, Alberto Ullastres, Gregorio López Bravo, Ángel López Amo, etc., fueron algunos de aquellos hombres. Y destaquemos al doctrinario de la tecnocracia: Gonzalo Fernández de la Mora; cuya memoria intelectual pervive en su última aventura, un auténtico milagro actual de persistencia y legado espiritual, la revista de pensamiento Razón Española.

Orella estudia, en audaz síntesis pluridisciplinar, múltiples aspectos de la vida española de aquellos años, más allá de los inevitablemente centrales de carácter económico: el papel de la Iglesia, en particular el del Cardenal Vicente Enrique Tarancón; la industria nuclear; el impacto del cine de Hollywood en España; el propio asesinato del almirante Carrero, que supuso el fin del peso político de los tecnócratas, sobre el que todavía planean dudas acerca de complicidades e instigadores. Y, al igual que con tantos otros títulos de sus capítulos, siempre irónicos, “Del maquis a los salones de papá” recuerda los orígenes y protagonistas de la mínima y muy poco heroica oposición “democrática”: en particular el mítico Frente de Liberación Popular (FLP), el famoso Felipe, el Partido Comunista de España y sus múltiples y siempre totalitarias escisiones, todas y cada una de ellas guardiana de las quintaesencias, regularidad y ortodoxia de su particularísima secta marxista.

Por lo que respecta a las trascendentales decisiones económicas de la época, razón de ser del libro, Orella destaca algunas experiencias concretas: así, el cooperativismo de Mondragón, de origen social-católico, y el practicado desde una perspectiva foral por Félix Huarte en Navarra. Que esta última región sea la natal del autor explica ese detalle; y sus estudios universitarios en Deusto, su interés por el de Mondragón.

En otro plano de obras, Orella destaca el rol jugado por el Centro Europeo de Documentación e Información (CEDI), de Alfredo Sánchez Bella, en el ámbito de las relaciones internacionales. Fundado ya en 1952, apenas ha sido estudiado, salvo en lo referido a las relaciones con la entonces República Federal de Alemania. También se volcó hacia los países árabes y el mundo hispanoamericano. Especialmente dirigidas al último se organizaron las trascendentales CIDES (Conferencias Iberoamericanas de Ministros de Planificación y Desarrollo). Y, como efecto tardío e inesperado de esta tecnocracia modélica, el autor realiza una sorprendente incursión intelectual en el desarrollismo chileno.

Pero no se trata de un trabajo que mira más que nada al pasado; no en vano, algunas de sus aportaciones parecen estar escritas pensando en el hoy más inmediato. Un ejemplo: dada la crisis y difícil reconfiguración del espacio político de las derechas nacionales, tanto en España como en Italia, el autor nos habla del apoyo económico que proporcionara el almirante Carrero al Movimiento Social Italiano (MSI) ante una gobernante Democracia Cristiana de arrogante y despectivo sentimiento de superioridad moral frente a los políticos españoles. Paralelismos y semejanzas tan sugerentes como inquietantes.

Un aspecto humano de múltiples consecuencias, que, sin embargo, apenas aborda el autor, es el de la emigración de varios millones de españoles hacia Europa occidental, América Hispana, Australia, Estados Unidos: una decisiva fuente de divisas que coadyuvó al desarrollo español; válvula de escape de lógicas tensiones sociales; espejo y contraste de costumbres y estilos de vida. Y, relacionado con ese cambio de costumbres, el fenómeno de la despolitización tácita del régimen; que afectó a buena parte de la población, acostumbrándose a delegar en “los políticos” unas cuestiones que -en la memoria colectiva- se asociaban a unas sangrientas querellas civiles que había que evitar a toda costa. Excepciones a ese comportamiento fueron las organizaciones “políticas” del régimen, que desplazadas de los auténticos centros de decisión política, rebajaron su alcance popular y su radicalidad revolucionaria; y buena parte de la intelectualidad que, ocupando cátedras y demás poltronas dictadoras de opinión pública, cubrieron buena parte del espacio abandonado, propugnando como futurible y sin disimulo las democracias occidentales e, incluso, las “populares”. En cualquier caso, el pensamiento radical-progresista anidó en las estructuras universitarias y en los ambientes intelectuales, artísticos y eclesiales, anticipando los rápidos cambios sociopolíticos que “asombrarían al mundo” años después. Esa “despolitización”, tal vez, sustente la imposición sin resistencias de uno de los grandes males del régimen actual: el principio representativo desvinculado del mandato popular, de modo que en lugar de responder los políticos a sus electores, devienen en irresponsables y arbitrarios poseedores de los mismos.

El libro, en su presentación material, es de una magnífica calidad y formato; al nivel de los libros análogos de las grandes editoriales en lengua española. Además, el volumen se enriquece con 24 páginas de magníficas fotografías en blanco y negro, muchas de ellas inéditas, con toda seguridad, para la mayoría de lectores. No obstante, echamos en falta un índice onomástico, como colofón a esta obra, que ordenara el aluvión de nombres, encuentros, fechas y organizaciones que contienen esas páginas de tan apretados caracteres.

En estos tiempos en que lo políticamente correcto se impone de manera asfixiante, también en el ámbito académico, la misma exposición de este episodio español de nuestra Historia acarrea un riesgo: su peligrosa remisión al franquismo; de lo que se deriva el pernicioso efecto de una escasísima investigación historiográfica al respecto. Pero, obviando estas dificultades, es esa exposición desacomplejada del autor, la que permite una aprehensión integral de la cuestión que nos planteábamos inicialmente: ¿qué es España?

De manera sugestiva, España ya no se presenta como una cuestión gaseosa, sin peso ni contenido. Por el contrario, además de ser un patrimonio espiritual, en un mundo de realidades virtuales y pensamientos circunscritos en apenas 140 caracteres, se traduce -incluso hoy- en una riqueza material que está permitiendo sobrevivir a muchos a la crisis económica que aqueja a cientos de miles de familias españolas, merced al patrimonio que muchos protagonistas de aquella gesta, ya jubilados, ganaron con esfuerzo, generosidad y trabajo duro. Una riqueza moral y material que constituyen un hecho objetivo de la Historia, frente a las ensoñaciones aventureras que hoy cuestionan nuestra identidad colectiva.

 

ORELLA, José Luis: La España del desarrollo. El almirante Carrero Blanco y sus hombres. Valladolid, Galland Books. 2014, 279 pp.

http://www.elsemanaldigital.com/la-espana-del-desarrollo-frente-la-espana-de-la-paralisis-139036.htm

 

Una España denostada y olvidada que permite hoy sobrevivir a muchos

Una España denostada y olvidada que permite hoy sobrevivir a muchos

Existe unanimidad al respecto: la brutal crisis económica que se está sufriendo en España no alcanza categoría de catástrofe nacional, abocada a la revolución social, por tres razones. Una notable economía sumergida. El papel de las ONG’s. Por último, y seguramente el más efectivo, la solidaridad intergeneracional de los españoles.

El que cientos de miles de jubilados españoles estén sosteniendo a sus descendientes, acogiéndolos en sus domicilios, complementando sus ingresos, avalándoles ante los bancos, mediante dinero contante y sonante, etc., se debe a que forman parte de unas generaciones que contribuyeron al despegue económico de España hace ya unas décadas. Y a la extensión de su clase media, al acceso a la pequeña propiedad urbana, la emigración masiva del campo a la ciudad y el acceso a los bienes de consumo, etc., etc. En suma: a la creación de una riqueza familiar y nacional. Pero hablar de ello resulta políticamente incorrecto, no en vano hay que remitirse, inevitablemente, al franquismo; en concreto, a los tecnócratas que diseñaron todo ello. De ahí otro efecto secundario de este prejuicio: una escasa investigación historiográfica del periodo. Desde esta perspectiva, el libro de José Luis Orella (*) que hoy proponemos es muy oportuno, pues cubre amplia y pluridisciplinarmente esa laguna tan poco estudiada, desvelando múltiples aspectos de la intrahistoria en la que vivieron nuestros padres, abuelos e, incluso buena parte de nuestros lectores.

El texto se centra en los hombres y estrategias que hicieron posible un ridiculizado a posteriori “milagro económico español”, pero no por ello menos cierto; es decir, el equipo promocionado por el almirante Carrero Blanco. Y sus relaciones con las demás “familias” políticas del régimen. Recordemos cómo, a partir de 1957, el almirante Carrero impulsó la institucionalización del régimen y su desarrollo económico, sirviéndose para ello de un equipo de tecnócratas; con unas miras puestas en la extensión del bienestar social, como base inevitable del evolucionismo político que el régimen también se planteaba, y con disparidad de soluciones, ciertamente. En esa institucionalización del régimen, jugaría un rol fundamental la tardía Ley Orgánica del Estado (estamos ya en 1967), un aspecto que resultará del máximo interés para los administrativistas.

Laureano López Rodó, Mariano Navarro Rubio, Alberto Ullastres, Gregorio López Bravo, y otros como Ángel López Amo, constituirían la avanzadilla de quienes propugnaban la progresiva transformación del régimen en una Monarquía social. No suscribían todos ellos el mismo ideario político, ni planteaban análogas soluciones institucionales. Así, unos desarrollaron las estructuras de una moderna democracia que se pretendía orgánica, mientras, acaso los menos, pensaban, a largo plazo, en modelos al uso occidental. De ahí el detalle con el que el autor nos descubre el papel de la Iglesia, especialmente el del Cardenal Vicente Enrique Tarancón, y la consiguiente heterogeneidad de puntos de vista políticos de muchos miembros del Opus Dei; de modo que, en contra del tópico al uso, su pertenencia a esa familia espiritual no predeterminaba en absoluto un itinerario político concreto.

En el marco del estudio que realiza del modelo económico de desarrollo español de entonces, el autor destaca algunas experiencias concretas; caso del cooperativismo de Mondragón, de origen social-católico, y el practicado desde una perspectiva foral por Félix Huarte en Navarra. Sin duda, el ser esta última región la natal del autor, explica ese detalle, así como sus estudios universitarios en Deusto, en el de Mondragón.

Destacaremos, igualmente, la relevancia que otorga al papel jugado por el Centro Europeo de Documentación e Información (CEDI), de Alfredo Sánchez Bella, en el ámbito de las relaciones internacionales. Fundado ya en 1952, apenas ha sido estudiado salvo en lo referido a las relaciones con la entonces República Federal de Alemania; pero volcado igualmente en el mundo hispanoamericano y los países árabes.

Un aspecto que otorga a la obra “rabiosa” actualidad, dada la crisis actual y difícil reconfiguración del espacio político de las derechas nacionales, tanto en España como en Italia, es la revelación, por parte del autor, del apoyo económico que proporcionara el almirante al Movimiento Social Italiano (MSI); ante una gobernante Democracia Cristiana de arrogante y despectivo sentimiento de superioridad moral frente a los políticos españoles.

Son múltiples los temas tratados en este libro y que desborda el marco económico central. Así, por ejemplo, el desarrollo nuclear tantas veces visto desde una mirada sensacionalista; el impacto del cine de Hollywood en España; la incursión del autor en el desarrollismo chileno; el propio asesinato del almirante Carrero, que supuso el fin del peso político de los tecnócratas, del que todavía perviven razonables dudas de las complicidades e instigadores en la sombra, acaso acordes con los planes mundialistas en marcha, tanto entonces, como ahora. Especial interés tiene el capítulo “Del maquis a los salones de papá”, en el que nos descubre los semilleros ideológicos de la pequeña y escasamente heroica oposición política: en particular el mítico Frente de Liberación (FLP), el famoso Felipe, el Partido Comunista de España, y sus múltiples y siempre totalitarias escisiones.

Un aspecto que, sin embargo apenas aborda, a pesar de constituir esta obra una mirada integral a la Historia de España de aquellos trascendentales años, es el de la emigración. Fueron varios millones de españoles los que emigraron allende las fronteras patrias; y Europa, América Hispana, Australia, Estados Unidos… sus destinos. La inmensa mayoría regresaron. Unos tardaron más que otros, pero aportaron divisas, experiencia laboral, nuevas costumbres, una mirada cosmopolita…; siendo esta emigración, además, una válvula de escape de posibles tensiones interiores y salida personal para aventureros y espíritus inquietos. En todo caso, esta carencia no invalida para nada todas las virtudes señaladas.

Nada menos que 24 páginas de magníficas fotografías en blanco y negro, muchas de ellas apenas o nada conocidas, completan este enfoque pluridisciplinar que, además de hacer justicia a sus protagonistas, nos permite entender mejor nuestra Historia y concebirla como un patrimonio espiritual, pero también material, que se transmite de generación en generación y que se planta muy sólido ante las aventuras secesionistas que hoy cuestionan nuestra identidad nacional colectiva.

 

ORELLA, José Luis: La España del desarrollo. El almirante Carrero Blanco y sus hombres. Valladolid, Galland Books. 2014, 279 pp.

 

http://www.diarioya.es/content/una-espa%C3%B1a-denostada-y-olvidada-que-permite-hoy-sobrevivir-a-muchos

 

Felipe VI de España, ¿primer Presidente de la IIIª República?

Felipe VI de España, ¿primer Presidente de la IIIª República?

 

Vivimos tiempos convulsos; nadie lo duda. Con miedo al futuro e incertidumbre existencial, social, económica, demográfica... ¿Qué va a pasar? ¿Estamos “intervenidos” realmente? ¿Cuándo se recuperará la economía española? ¿Podremos jubilarnos? ¿Qué pasará el 9 de noviembre? ¿Sobrevivirá España?

Ante tamañas turbulencias, ¿por qué titular la columna, en esta ocasión, de una forma que más bien parece una inoportuna boutade? Felipe VI de España, primer Presidente de la IIIª República: algo absurdo… ¿o no tanto? Pero, absurdo o no, ¿tiene este interrogante algo que ver con los problemas cotidianos y con nuestro futuro?

Semejante escenario -al menos el de una futura III República-, altamente improbable de momento, pero que no puede descartarse por completo, es apuntado, casi de pasada, por Javier Barraicoa al término de su último libro (Doble abdicación, Editorial Stella Maris, Barcelona, 2014, 256 páginas) como el lógico –y casi inevitable- corolario de la monarquía instaurada por Juan Carlos I. Y decimos bien: “instaurada”, que no “restaurada”. No en vano, afirma, se trataría de una nueva monarquía cuya raíz fue, por encima de cualquier otro factor, la designación directa por Franco; y su base programática, los llamados “Ideales  del 18 de julio”. No aconteció, por tanto, una verdadera continuidad con la monarquía de su abuelo Alfonso XIII; pues, en puridad de conceptos, para darse tal debiera haber sido su padre Juan quien la hubiera restaurado en su persona, conforme las normas tradicionales de la monarquía española.

En su texto, Barraicoa realiza un sano ejercicio de cuestionamiento de buena parte de los tópicos “políticamente correctos” sobre los que asienta el actual régimen político español. Mencionemos, a modo de ejemplo, uno de ellos: “La Constitución que los españoles nos hemos dado”. Pero, ¿realmente fue así? Así, Barraicoa atribuye este texto, no ya al conjunto del pueblo español, privado por esa misma constitución del mandato imperativo a la acción de los políticos electos; tampoco a la pequeña comisión que supuestamente la elaboró (los llamados ”padres de la Constitución”). Sin caer en fáciles conspiracionismos, la atribuye, desde la narración de numerosas circunstancias históricas, a las exigencias de los “poderes reales” del momento: la socialdemocracia, las grandes finanzas internacionales, y los intereses estratégicos de Estados Unidos; cuya conjunción impulsaría una nueva clase política (que ejemplifica en la formación de unos miles de cuadros socialistas, hasta entonces inexistentes, financiada por la Fundación Friedrich Ebert).

¿Cómo resumir la esencia del régimen juancarlista? Recurramos de nuevo a Barraicoa, quien se remite a Jesús Cacho: «La columna vertebral del libro [se refiere a su obra El negocio de la libertad] es que la democracia española ha sido ocupada por un núcleo de poder surgido después de la muerte de Franco, donde están Juan Carlos I, como garante constitucional; Felipe González, en el poder político, y Jesús Polanco, en el poder mediático, el control de la ideología y la factoría de las ideas; y entre González y Polanco, el control de la judicatura”» (pág. 113). Además, «En última instancia el responsable [Juan Carlos I, evidentemente] era el “irresponsable”, fuera por dejación, fuera por connivencia. El proceso sufrido en España era ya irreversible. Aún así Don Juan Carlos seguía gozando del favor de muchos católicos y autoridades eclesiales, y cómo no, de políticos de derechas e izquierdas. España se situaba en una zona esquizoide donde al final todo podía quedar relativizado: un rey católico de simpatías izquierdistas, jaleado por las izquierdas y promulgador de leyes anticatólicas. Todo era demasiado contradictorio como para acabar bien» (pág. 108).

Volvamos al presente. ¿No es, acaso, la partitocracia, el sanctasanctórum de “ese núcleo de poder”, y uno de los mayores problemas de la vida española hoy? Un largo párrafo de Barraicoa lo ratifica magníficamente: «Ya lo dijo Alfonso Guerra, que Montesquieu había muerto. La democracia es una monarquía con muchos rostros, pero no deja de ser una constante fuerza oligárquica estructurada en torno a partidos que han fagocitado la vida pública. La política de subvenciones neutraliza la actividad social. Los partidos son extensiones del Estado y la administración, pues sobreviven gracias a la generosa financiación pública; los mecanismos reales de contención de financiación ilegal. Don Juan Carlos se hizo voluntariamente partícipe de este sistema. Las bonitas palabras del texto constitucional que le rinden a la figura del monarca quedan en agua de borrajas al contrastarlas con la realidad. Como dice Aristóteles e en su Política, al tirano le gusta que la sociedad esté corrompida (en el sentido de que no sea virtuosa), pues así no le acusarán de ser corrupto. La comunión en la corrupción es el gran mal entre los gobernantes y la sociedad» (pág. 125). Unas claves que, ciertamente señalan las raíces morales de nuestras crisis y las implicaciones sociales de un sistema asentado en la corrupción.

Pero nuestros políticos no son estúpidos, por lo que, ante lo inevitable, habrían planificado una alternativa. No en vano, «El resultado de las elecciones europeas dio al traste con este proyecto reformista que incluía la gran coalición, el relanzamiento de la figura del rey y, como guinda del pastel, el inicio de la reforma constitucional y el nuevo pacto con los nacionalismos disgregadores» (pág. 227). Así, emergió sorpresivamente Podemos, ERC desbordó a CiU (y más que lo hará con el asunto Pujol), y los dos grandes partidos sumaron mínimos históricos. De este modo, la abdicación de Juan Carlos I alumbraba un escenario complejo: la aparición de nuevas formaciones políticas rupturistas con el actual estado de cosas, el proceso soberanista catalán en ciernes, la crisis de valores compartidos (más preciso sería señalar su inexistencia), el relevo político generacional, la catástrofe económica.

¿Alguien dibuja alguna salida a este embrollo? Lo único que se apunta es hacia una hipotética España federal. Sin embargo, ¿acaso las autonomías no definían un marco análogo? De hecho, la Historia nos alecciona en el sentido de que jamás una nación ha dado un paso atrás, vía federación: al contrario, diversas naciones, y los ejemplos son numerosos, se han federado en busca de la unidad. Iniciar el camino contrario, inevitablemente, llevaría a la escisión de la nación–antes o después-  en varias partes. Es más, ¿no se corre el riesgo de que un deslizamiento federalista desembocara inevitablemente en una IIIª República? Y no le falta lógica, no en vano, si algo ha representado la monarquía es la idea de unidad, además de la de ejemplaridad. Y si ya no cumple su función, o desaparecen los valores y el pueblo al que servir, carece de razón su existencia.

En el caso de Felipe VI se habría producido, de nuevo, otra instauración monárquica, opina Barraicoa, en ruptura con la de su padre Juan Carlos I, que se asentaría sobre una legitimidad distinta: la realidad coyuntural, inestable y volátil, de la opinión pública; un criterio para nada monárquico. Afirma Barraicoa: «Lo malo de una monarquía constitucional es la contradictio in terminis a que se ve sometida. Si en una democracia todos somos iguales, por qué tiene que haber un rey; y si hay un rey, por qué no gobierna; y si no gobierna ¿por qué es un rey y no un simple ciudadano? Las contradicciones y ficciones políticas se pueden mantener durante siglos pero, tarde o temprano, se manifiestan y se impone la lógica. Por ello, no nos parece descabellado afirmar que el destino natural de las monarquías constitucionales es acabar, aunque tarden siglos, en repúblicas» (pág. 19). Y sella estas reflexiones con otra tan contundente como irónica: «Si una monarquía se apoya solamente en el “amor del pueblo” (léase actualmente la opinión pública), vamos listos, y más en esta época donde los amores duran bien poco» (pág. 232).

Aunque sin mucha esperanza en ello, apelaremos al buen sentido de nuestro monarca y que no se asiente en esa actitud, tan dinástica, como muy española por otra parte, que Barraicoa concreta humorísticamente al mencionar uno de los varios sentidos del siguiente término: «”Borbonear”: no hacer nada y dejar que todo se soluciones solo» (pág. 27).

Un ejercicio de memoria, el de Doble abdicación, que agradará y divertirá a quienes vivieron en su juventud estas décadas prodigiosas, cuestionando de paso muchos tópicos dados por inamovibles; y que puede iluminar a quienes, por razones de edad, no las conocieron en directo. Una buena lectura para estas vacaciones; pues descansar no tiene por qué ser olvidar y dejar de pensar.

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://latribunadelpaisvasco.com/not/1602/felipe-vi-de-espana-primer-presidente-de-la-iii-republica-

 

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La ventana del Maligno

La ventana del Maligno

José Javier Esparza, uno de los intelectuales más completos de la España de hoy, en su faceta de crítico televisivo para el Grupo Vocento denominó su columna semanal -nunca igualada en calidad y profundidad por otros- como El invento del maligno. Y una selección de esos textos, titulada Informe sobre la televisión: el invento del maligno, se editó como libro, allá por 2001 (Criterio Libros, Madrid, 203 páginas). Pero, ¿no es una exageración descalificar así a la televisión? ¿Necesariamente es un artefacto peligroso al servicio de oscuras pretensiones de sabe Dios quiénes?

La TV, sin duda, ha transformado nuestras vidas y difícilmente podrían concebirse sin ella: para lo bueno y para lo malo. Al igual que respecto a tantas otras realidades instrumentales -especialmente las nuevas tecnologías- la bondad y razonabilidad de su uso depende, más que nada, del buen juicio, la voluntad y la libertad del usuario: éste puede encender la televisión y  absorber pasiva y mansamente todo lo que vomita el plasma… pero también apagarla a voluntad y conforme criterios propios. Lo mismo sucede con internet: puede ser vehículo de libertad, relaciones positivas y contenidos sanos; o por el contrario, una vía al servicio de delitos terribles.

En todo caso, en la subcultura televidente, concurre una circunstancia que la hace muy poderosa: está asociada al ocio; esos momentos privilegiados y anhelados, en que las defensas psicológicas e intelectuales se encuentran bajas, en reposo. De modo que nos encontramos particularmente vulnerables a contenidos, mensajes subliminales y demás mercancías averiadas que rechazaríamos en otras circunstancias.

La televisión, pues, no es un simple instrumento neutral. Por el contrario, ha devenido en un medio de cambio social transformando las mentalidades, de implantación –velis nolis- de nuevas ideas y actitudes hegemónicas al servicio de lo políticamente correcto a escala planetaria. De hecho, los mismos contenidos pueden visualizarse en todos los continentes, estrenándose simultáneamente, en las principales cadenas televisivas del mundo, las denominadas series “de culto”; además de otras muchísimas más de calidad inexistente. Otro ejemplo sangrante de esa uniformización universalista es el de los reality show que comparten formatos y comportamientos. La pregunta que se impone, ante ello, es si esa programación televisiva similar y los reality ¿son expresión de los valores compartidos o, al contrario, pretenden modificarlos en cualquier latitud del planeta? Casi nadie, a estas alturas, lo duda; de ahí que todo el mundo sepa a qué nos referimos cuando se habla de «televisión basura».

La televisión puede ser, veíamos, un medio de cultura, de  civilización, de educación cívica… o instrumento al servicio de los poderosos. Lamentablemente, la acumulación anónima y planetaria de capital y la fusión de esos intereses político-financieros con los valores culturales hegemónicos del radical-progresismo, han encaminado a las televisiones por el segundo de los caminos. Y con muy pocas excepciones. Así, si pensamos en España, vemos que dos oligopolios controlan la industria televisiva, su publicidad y casi toda la oferta: Atresmedia TV y Mediaset España.

Afortunadamente, el acceso masivo a internet, la generalización de la denominada “piratería” de contenidos audiovisuales, y el desarrollo de las redes sociales, han permitido que los usuarios puedan elaborarse una televisión “a la carta”: así, eMule, Ares, Torrents, etc., son conceptos/herramientas casi imprescindibles para quienes desean “exprimir” los medios de comunicación visuales y “liberarse” de programaciones rígidas, aburridas y saturadas de publicidad. De modo que, en un entorno sociocultural de marcado individualismo y desvinculación generalizados, por lo que respecta a la televisión, y pese a la gran industria y a la SGAE, la libertad de elección se está abriendo paso gracias a las nuevas tecnologías; pero con los riesgos propios de la sobreinformación, el peso aplastante de lo visual sobre otras formas de ocio y relación social, y el daño colateral del desplazamiento de la letra impresa (libros y periódicos).

En suma, puede afirmarse que viene planteándose, con diversas tácticas y estrategias, una dialéctica de raíz libertaria entre usuarios y poderosos, que persigue que las televisiones puedan servir a personas libres, familias críticas y comunidades activas. Y para facilitarlo, nada mejor que la vía empleada por las asociaciones de usuarios de la comunicación en su -tan singular como desconocida- batalla frente a los magnates de esta industria.

Para rescatar del olvido tamaña gesta, y situar el fenómeno televisivo en su evolución y contexto global, el libro Puré mediático* de María Isabel Martínez Éder -pionera incansable desde hace dos décadas, en que lanzara en Pamplona, con otros, la Asociación Plaza del Castillo de Usuarios de Medios de Comunicación, Telespectadores y Radioyentes- se ha convertido en memoria documental viva de esta existencia semiclandestina.

Puré mediático es un texto narrativo de esa empecinada lucha por una televisión de calidad, respetuosa y responsable con los derechos de los usuarios; especialmente los más desprotegidos. Su balance es muy crítico, de modo que afirma en su página 7: «Ni sucesivos gobiernos, ni oposición, ni defensores del pueblo o del menor, ni códigos de autorregulación, ni Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en su apartado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, han estado a la altura de las circunstancias. Las personas u organismos sustitutorios de la autoridad audiovisual operante en todo país desarrollado del mundo, han fracasado en España. Es así y ha sido su responsabilidad».

El texto denuncia, especialmente: la vulneración de los derechos de los menores; la inexistencia de una autoridad audiovisual independiente que vele por su cumplimiento; a una televisión basura que es «barata de realizar, crea adicción, extiende el analfabetismo cultural, favorece la degradación ética y social y crea una audiencia acrítica fácilmente manipulable»; el nefasto papel de Radiotelevisión Española; los excesos de la cadena de televisión Telecinco, de la que es socio mayoritario el delincuente internacional Silvio Berlusconi; el incumplimiento de los códigos de autorregulación; la exposición sin límites de violencia y pornografía; la saturación publicitaria; los cientos de emisoras ilegales o alegales; etc.

En su larga trayectoria, estas asociaciones y activistas molestaron, y mucho, a los poderosos; de modo que, en 2003, Telecinco envió a dos periodistas de la revista «Agente de Policía »al despacho de esa asociación, y al de otros activistas, para elaborar un supuesto reportaje sobre niños, violencia y televisión, grabando con cámara oculta imágenes y conversaciones, posteriormente emitidas -manipuladas y descontextualizadas- en «Crónicas Marcianas» y «Aquí hay Tomate», el 22 de diciembre de 2004. Ya en el ámbito judicial, por sentencia Nº 99/2007 del Juzgado de Primera Instancia número 5 de Pamplona se condenó a Gestevisión-Tele5 a hacer público el fallo; lo que se cumplió torticeramente. Así lo resume Maribel Martínez: «La emisión [del reportaje] se llevó a cabo en horas de máxima audiencia, pero la lectura de la sentencia impuesta se realizó en torno a las 2,20 horas de la madrugada el día 7 de octubre, dando fin al programa “La noria”, leída por su presentador Jordi González y deliberadamente confundida con los títulos de crédito».

Maribel atribuye los méritos y éxitos de tan peculiar lucha al conjunto la sociedad española; que según su criterio, no está ni adormecida, ni es indiferente, ni estaría desorganizada.

Discrepo: desde su humildad y entusiasmo quiere atribuir a la sociedad española virtudes que la adornan a ella personalmente y que, en su impecable trayectoria y servicio, se ha ganado justamente con su coherencia e insobornable idealismo. Por el contrario, entiendo que la sociedad española deriva inevitablemente hacia la decadencia: desvinculada, caprichosa, ciega y despreocupada, volátil…

Puré mediático es, pues, un testigo documental clave e imprescindible para conocer la evolución de la TV en España y el empeño de unas minorías activas por humanizarla; pudiendo ser fuente de inspiración, acaso, de otras movilizaciones futuras al servicio de la sociedad y los más débiles.

 

 

(*) Puré medíatico. Textos críticos (opinión y datos brutos). Medios de Comunicación –Sociedad en España. 1990-2012. Desde el punto de vista de los usuarios, telespectadores y radioyentes. María Isabel Martínez Éder. Ediciones Eunate. Pamplona. 2013. 498 páginas.

http://latribunadelpaisvasco.com/not/1086/la_ventana_del_maligno

CONTRERAS, Francisco José: Liberalismo, catolicismo y ley natural, Ediciones Encuentro, Madrid, 2013, 352 págs.

CONTRERAS, Francisco José: Liberalismo, catolicismo y ley natural, Ediciones Encuentro, Madrid, 2013, 352 págs.

En el ya lejano 9 de noviembre de 1982, Juan Pablo II pronunció en España aquel memorable discurso sobre la identidad europea, sintetizado en el tan famoso como reiterado «Europa: ¡sé tú misma!». Consciente de la trascendencia del momento histórico, lanzó un reto y varias advertencias: «Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo».

 

Si ya presentía que una crisis de dimensiones inimaginables se estaba perfilando, en los años siguientes sus temores se fueron confirmando. Y, hoy día, transcurridos ya 30 años, puede afirmarse que la crisis de Europa —acentuada y acelerada— es la crisis de la civilización occidental y, en su base, una crisis antropológica.

 

Valga esta introducción para enmarcar el más reciente libro de Francisco José Contreras. Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, Contreras es un prolífico y joven autor que reúne en este libro diversos textos ya publicados en revistas especializadas, junto a otros inéditos. Pese a tan variada procedencia, el libro goza de una profunda unidad que introduce al lector, sugestivamente y con un lenguaje claro y austero, en la realidad de una Europa en profunda crisis.

 

Tamaña crisis, en buena medida censurada y silenciada por los mandarines de lo políticamente correcto, se concreta particularmente en el dramático declive demográfico europeo, desenmascarando el autor las excusas y falsas salidas propuestas por los mamporreros y demagogos del sistema, y la progresiva implantación de una «cultura de la muerte».

 

Se ha llegado a ello, a su juicio, por la crisis de las iglesias cristianas, especialmente la católica; fenómeno paralelo a la que denomina «erosión del Estado liberal».

 

Vivimos, pues, una sociedad caracterizada por un nihilismo existencial y cultural, la hipertrofia coadyuvante en la crisis del Estado y la revolución antropológica y estructural del cortoplacismo y la «ideología de género».

 

Pero también estudia otros fenómenos que caracterizan el suicidio al que se está sometiendo particularmente Europa: cristofobia, laicismo sectario y excluyente, destrucción de la persona.

 

No es un texto «en negativo»; por el contrario, es propositivo. Así, cuando despliega extensamente «un nuevo lenguaje para la cultura de la vida», o con su propuesta del conservadurismo norteamericano como modelo para el centro derecha europeo. Y no podía obviar, en este contexto, circunstancias que indican la existencia de cierta resistencia a este declive «dirigido» desde los poderes dominantes ilustrados por el pensamiento radical-progresista. Nos referimos a la nueva Constitución húngara y a la contundente y casi unánime oposición que ha afrontado en Bruselas y los Gobiernos de los países de Europa Occidental por su afirmación cristiana.

 

Como respuesta a tal estado de cosas, el autor presenta un chocante pero muy interesante capítulo titulado «Liberalismo»; con algunos esclarecedores apartados como «La siempre aplazada pedagogía del liberalismo» (criticando la ausencia de ideas en la derecha, las ventajas naturales de una izquierda que cultiva la instintividad, la emotividad y la desresponsabilización personal y social, que confluyen en el permisivismo y el igualitarismo); y una formidable crítica liberal del Estado del Bienestar.

 

Para todo ello, es necesario retomar el concepto de laicidad, no en vano, afirma en su página 297, en su último capítulo, correspondiente a diversas aproximaciones actuales a la «Ley natural» que: «Ni los cristianos debieran temer el concepto de laicidad, ni los llamados “laicistas” deberían aborrecer tanto a los cristianos… Pues, en realidad, la laicidad es una de las grandes aportaciones del cristianismo a la cultura occidental (como ha reconocido, por ejemplo, Jürgen Habermas)».

 

Un texto integral, lúcido y valiente que señala a Contreras como uno de los innovadores más preclaros en el ámbito del catolicismo social español.

 

Fernando José VAQUERO OROQUIETA

Razón Española, Nº 183, enero-febrero 2014. Págs. 120 a 122.

Liberalismo, catolicismo y ley natural (*)

Liberalismo, catolicismo y ley natural (*)

Un libro fundamental para entender la crisis actual

Uno de los criterios que determinan la pertinencia y calidad de un libro es su capacidad para cuestionar al lector sus prejuicios, ideas y conocimientos sobre la temática tratada. Para ello, deberá proporcionar argumentos razonados e incuestionables en los que basar sus tesis: sin máscaras ni mercancías averiadas. Y si, además, le incita a profundizar en las fuentes citadas, descubriendo al lector, de paso, nuevas perspectivas y campos del conocimiento tratado (entre muchos, destaquemos en el caso que nos ocupa a Friedrich Hayek y Ludwig Von Mises); puede afirmarse con justicia –insistimos, si concurren todas esas circunstancias- que el libro que a continuación comentamos supera meritoriamente semejante listón.

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, es un prolífico y joven autor que reúne en este libro diversos textos, procedentes de medios y revistas especializados, bajo un título en apariencia no excesivamente atractivo. Pero ese conjunto, en una primera mirada, aparentemente inconexo, goza de una profunda unidad que, poco a poco, con la firmeza del intelectual de una pieza y la precisión del cirujano, introduce al lector, sugestivamente y con un lenguaje claro y austero, en la realidad de una Europa, y una España con ella, en profunda crisis; cuya expresión acaso más dramática sea el declive demográfico –gravísima realidad censurada desde las factorías de lo políticamente correcto-, pero también su nihilismo existencial y cultural, la hipertrofia coadyuvante en la crisis del Estado, y la revolución antropológica y estructural del cortoplacismo.

Como liberal-conservador que no se esconde, juzga que el liberalismo caracterizado por la separación de poderes, los derechos humanos y el libre mercado, es tributario del cristianismo. Así, el liberalismo únicamente podía nacer y desarrollarse en un marco cultural cristiano. Y los hechos avalan tan olvidada como incómoda tesis: semejantes índices de desarrollo cívico y humanización se dieron en la civilización occidental fruto del cristianismo; ni en el seno del Islam, ni del budismo, ni del hinduismo, etc.

Pero sufrimos las contradicciones de una civilización en deriva y declive de modo que, como se afirma en la contraportada del libro, “No puede sorprender, pues, que la descristianización y la erosión del Estado liberal hayan progresado de la mano. El futuro del Occidente liberal es incierto”.

Después del inicial y breve prefacio, desarrolla un apasionante ensayo sobre catolicismo y liberalismo que, sin duda, será polémico y causa de escándalo para quienes siguen afirmando su incompatibilidad. El autor es contundente en sus juicios, sin eludir la cuestión a lo largo de su elaborado discurso, circunscribiéndola en el siguiente párrafo: «Resultan del máximo interés, en este sentido, las indicaciones de Benedicto XVI en su importante discurso a la curia de 22 de diciembre de 2005. Es cierto que, en este documento, el Papa rechaza la “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”, que concibe el Concilio como una cesura en la historia de la Iglesia y estima que habría que ir más allá de sus textos en pos de un etéreo “espíritu del Concilio” que cada uno interpreta a su conveniencia. Pero la alternativa a la hermenéutica de la ruptura no es una supuesta “hermenéutica de la continuidad” (que, según los tradicionalistas, implicaría que siguen intactos los anatemas antiliberales del XIX). La verdadera alternativa, según el Papa, es la “hermenéutica de la reforma”, que implica “continuidad y discontinuidad en diferentes niveles”».

Desde este marco previo, de manera persuasiva –otro de los méritos del texto-, va introduciendo al lector en el panorama real y concreto que presenta la crisis occidental actual y que desarrolla en los cuatro capítulos siguientes.

El primero de ellos, “Europa”, aborda el invierno demográfico: sus causas y falsas soluciones. Esta circunstancia -efecto inconsciente e inesperado de una crisis global y de civilización- la vincula a la renuncia europea de sus raíces cristianas, estudiando ampliamente “¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar al cristianismo?”, a lo que suma sus reflexiones sobre la necesidad de un nuevo lenguaje para la cultura de la vida y un preclaro estudio sobre las críticas que desde el laicismo ha generado la nueva constitución húngara.

El segundo capítulo es “Catolicismo”. En él, Contreras reivindica el papel de la razón humana, su intrínseca imbricación en el hecho cristiano, y la aportación decisiva del cristianismo en el nacimiento y el desarrollo de la ciencia en Occidente. Disecciona a continuación, en “Cristofobia y antidiscriminación”, la virulenta hostilidad que desde el pensamiento único, lo políticamente correcto, los medios de comunicación y la acción institucional, se ha desplegado en Europa frente a la presencia pública de las iglesias cristianas, especialmente, la católica. Su colofón es un interesante estudio de la figura de San Juan de Ávila, estableciendo no pocos paralelismos entre la situación que afrontó ya en el siglo XVI y la que padecemos hoy día.

El tercer capítulo es el intitulado “Liberalismo”, con esclarecedores apartados como “La siempre aplazada pedagogía del liberalismo” (criticando la ausencia de ideas en la derecha, las ventajas naturales de una izquierda que cultiva la instintividad, emotividad y desresponsabilización, que confluyen en el permisivismo y el igualitarismo); su propuesta del conservadurismo norteamericano como modelo para el centro derecha europeo; y una formidable crítica liberal del Estado del Bienestar de medio centenar de densas y sugestivas páginas.

El último capítulo, “Ley natural”, lo conforman dos apartados; acaso los más complejos para los profanos en Filosofía del Derecho. El primero, “Laicidad, razón pública y ley natural”, parte de la siguiente afirmación: «Ni los cristianos debieran temer el concepto de laicidad, ni los llamados “laicistas” deberían aborrecer tanto a los cristianos… Pues, en realidad, la laicidad es una de las grandes aportaciones del cristianismo a la cultura occidental (como ha reconocido, por ejemplo, Jürgen Habermas)». Aquí debate acerca de las polémicas entre los conceptos de “razón pública” y “ley natural”. El capítulo se cierra con el artículo desarrollado a partir del enunciado del interrogante “¿Debemos alegrarnos de la muerte del positivismo jurídico?”

Con este texto, lúcido alegato contra el radical-progresismo y su hegemónica “ideología de género”, sin duda, Contreras se señala como uno de los más sólidos e innovadores intelectuales del entorno católico español, desde unas posiciones incómodas e impopulares incluso para muchos correligionarios, pero a quien habrá que escuchar, releer y seguir con asiduidad sus juicios de autoridad y honradez intelectuales.

 

(*) Francisco José Contreras, Liberalismo, catolicismo y ley natural, Ediciones Encuentro, Madrid, 2013, 352 páginas, 21 euros.

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.elsemanaldigital.com/un-libro-fundamental-para-entender-la-crisis-actual-132555.htm

 

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