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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Pero, ¿sirve de algo la convención de un partido político?

Pero, ¿sirve de algo la convención de un partido político?

Ha sido uno de los temas estrella de la última semana de enero: interrogantes sobre los concurrentes al cónclave de Valladolid, las previsibles ausencias de algunos -en otros tiempos- notables del Partido Popular, las “nuevas” ideas-fuerza de los populares, sus primeros en las listas a Andalucía y Estrasburgo…

Ya, en el fin de semana, se ha seguido el evento, minuto a minuto, con un despliegue mediático formidable: enfurecidos manifestantes en las puertas, determinadas intervenciones, las ausencias contrastadas, anécdotas más llamativas (pocas, todo estaba muy, pero que muy, calculado), las ideas esgrimidas (menos todavía, pues se han expuesto eslóganes facilones, que no conceptos mínimamente elaborados), las referencias a los disidentes (crípticas y escasas, no en vano “oficialmente”, ni VOX, ni Ciudadanos, ni Mayor Oreja, “pueden” preocuparles), el discurso de clausura de Mariano (cual Moisés dirigiendo a un “pueblo elegido” de cargos públicos y parlamentarios de todas las clases), las “fotos de familia”… Todo muy limpio, estandarizado y ordenado: ellos y ellas, guapos, elegantes; y adivinamos que exudando magníficas fragancias (y no de los “chinos” precisamente).

¿Ideas? ¿Pero no se trataba de salir en la foto? ¡Hay que dejarse ver! Y figurar sonrientes, decididos, serios, seguros… avalando a la dirección del partido.

Y el lunes subsiguiente, día 3 de febrero: repetición de las jugadas más interesantes en las tertulias, análisis de lo dicho, cómo se ha dicho, qué no se ha dicho, por qué no se ha dicho, impacto futuro y trascendencia (¡seguro que pasará a la Historia!) de la convención popular, referencias a Rubalcaba, guiños electorales…

En definitiva: una atención mediática excepcional para un acto semi-público de consumo interno. Fuegos de artificio, escenografía a punto, vanguardia tecnológica, marketing político, revista de incondicionales, exposición de los eslóganes con los que nos bombardearán en los meses futuros…

¿Y quién ha pagado todo ello? ¿Cada uno de los asistentes? Me temo que no. Entonces, ¿las administraciones públicas? No debiera ser así. ¿El propio Partido Popular? Seguramente. Pero, ¿cómo se financia el partido?: ¿por medio de sus militantes o a través de los Presupuestos Generales del Estado? Entonces… pues va a ser que sí: hemos pagado los anuncios y luego nos encajarán el producto. “Su” producto. Un género en cuya elaboración ni siquiera han participado los asistentes a la convención popular. Un “paquete” de eslóganes oportunistas y coyunturales fruto de gabinetes demoscópicos a sueldo.  ¿Y los principios?, ¿qué principios? ¿Los del Partido Popular?, ¿los de sus electores?, ¿los de sus dirigentes?, ¿los de los cuatro amigotes de Mariano?, ¿los de los expertos en marketing? Además, los principios ¿sirven para algo?, ¿se comen acaso?

¡La oportunidad para relanzar el partido! Y a fuerza de repetirlo, hasta nos lo llegaremos a creer. Bueno, al menos los militantes -perdón, cotizantes- del Partido Popular; porque lo que es la gente de la calle, mañana nos habremos olvidado de la convención; al igual que hemos perdido la cuenta y memoria de decenas de convenciones que precedieron a ésta.

Toque de arrebato. Prietas las filas. Fieles a la cita. ¡Mariano, acuérdate de mí!

Entonces, ¿sirve para algo la convención de un partido? Y es que una convención no es un congreso en el que se discutan ideas. Ni un cursillo de formación. Ni una toma de contacto con la calle. Ni un encuentro sectorial con personas concretas. Ni un retiro espiritual. Es una reunión de unos señores elegidos por un puñado de dirigentes, a los que conocemos por la tele, adoctrinados en cuatro leitmotivs sencillitos alumbrados en un despacho ajeno al partido, Dios sabe dónde. Podrían haber optado por otras vías: campañas publicitarias, mítines, inauguraciones (bueno, ahora que hay crisis, no), almuerzos con periodistas, hombres-anuncio... Han ido a lo fácil, a lo clásico, a lo efectista, a algo que otras veces, al parecer, ha servido para el objetivo final: ¡vendernos la moto! Y es que llevan muchos -pero que muchos muchos- años haciendo lo mismo. Y les va muy bien.

Esta convención, como tantas otras, ha sido, en definitiva, una cuestión interna; que no interesa a casi nadie y que pagamos entre casi todos... salvo los asistentes.

Si quieren reunirse y motivarse; que lo hagan. Si quieren vendernos nubes; que lo intenten. Si quieren mostrarse sonrientes; a sonreír todos/as. Si quieren darnos la lata desde los mass-media; pues ya cambiaremos de canal o de página del periódico. Pero, por favor: ¡no con mi dinero!

Y no lo olviden: pueden no votar en las próximas elecciones e incluso, cambiar de voto. Para que vayan espabilando.

 

http://latribunadelpaisvasco.com/not/872/pero___sirve_de_algo_la_convencion_de_un_partido_politico_/

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