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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Una derecha muy diversa, pero identitaria y euroescéptica, presente en toda Europa… salvo en España (2)

Una derecha muy diversa, pero identitaria y euroescéptica, presente en toda Europa… salvo en España (2)

Introducida la cuestión del fenómeno del populismo de derechas en Europa –con todas las reservas que merece tal denominación- en el artículo anterior, veamos el panorama que presenta, a día de hoy, en el plano de sus organizaciones políticas. Y empecemos por el arco mediterráneo.

Así, el crecimiento del partido griego Amanecer Dorado, sus peculiaridades, contradicciones y excesos, su delicada situación legal, y los asesinatos (en propios y ajenos) asociados al mismo, han sido cubiertos ampliamente dado su particular interés mediático. No podía ser de otra manera. De la nada absoluta, alcanzaron un relieve muy notable en el contexto de la gravísima crisis económica y política que sacude Grecia; únicamente eclipsado en ese auge, por la tan admirada en España coalición de izquierdas SYRIZA. En las elecciones legislativas del 17 de junio de 2012 sumó el 6’92% de los votos y 18 diputados, pasando a ser el quinto partido del arco parlamentario griego. Pese a la precariedad administrativo-legal en que se encuentra el partido de Nikolaos Michaloliakos, y su azarosa trayectoria, sus expectativas de voto siguen creciendo según los más recientes estudios demoscópicos.

Marine Le Pen, heredera de su padre Jean Marie del Front National, periódicamente es noticia por sus políticas transversales, sus avances en los estudios demoscópicos y diversos éxitos electorales locales. Rompe esquemas, ganas simpatías, desconcierta con su “liberal” vida privada y sus opiniones morales; pero sigue sin ser admitida por el sistema partitocrático galo. Hay más grupos a su derecha, pero ha conseguido el mérito de eclipsarlos a todos ellos y sobreponerse a diversas escisiones; algunas de ellas, muy cualificadas en líderes y secciones militantes (MNR, Partido por Francia, Nueva Derecha Popular…).

En Italia, “la destra”, tal como se conoce al conjunto de sensibilidades neofascistas, derechistas, etc., tan presente en el panorama público, cultural y político nacional, se derrumbó electoralmente a resultas de la estrategia posibilista y arribista desarrollada por Gianfranco Fini y su post-fascista Alleanza Nazionale (formada a partir del histórico y llorado MSI), mano a mano con el corrupto Berlusconi, en cuyo Pueblo de la Libertad (PDL) diluyó su formación, y la Liga Norte del felizmente jubilado Umberto Bossi, dirigida hoy por Roberto Maroni. Rota “la destra” en múltiples formaciones, desahuciado políticamente hablando Fini, se han iniciado contactos por buena parte de quienes secundaron, en un momento u otro, la extinta Alleanza Nazionale, para reconstruir un partido con la pretensión de, en las próximas europeas, superar los dos millones y medio de votos; alcanzando así representación en Europa y sentando las bases del reencuentro de todos los “patriotas”. Así, el 9 de noviembre, en el Gran Hotel Parco dei Principi di Roma, nació el “Movimiento por Alianza Nacional” al que se han sumado Francesco Storace por La Destra; Luca Romagnoli por Fiamma Tricolore; Adriana Poli Bortone, del Partido del Sur; Roberto Menia, de Futuro y Libertad de Italia, que fundara ulteriormente Fini al romper con Berlusconi; Domenico Nania, de Nueva Alianza; Oreste Tofani, de Nación Soberana; Antonhio Buonfiglio, de El pueblo de la vida; y Roberto Buoanforte, director del “Giornale d´Italia”. Pretenden abrirse a otros “históricos” del neofascismo, caso del antiguo alcalde de Roma, Gianni Alemanno, y Fratelli d´Italia, de Ignazio La Russa y sus compañeros. A nivel representativo, el senador del Veneto, Alberto Filippi, electo por la Liga Norte, ha anunciado que se sumará al proyecto. Quedarían fuera Forza Nuova, de Roberto Fiore, y Casa Pound Italia, de Gianluca Iannone.

Portugal comparte la excepcionalidad española; por lo que, seguramente sea más correcto acuñarla como “ibérica”. Pese a ello, un Partido Nacional Renovador, liderado por José Pinto Coelho, pugna, de momento sin éxito, por saltar a la política institucional, en dura competencia con los democristianos “de derechas” del Centro Democrático Social – Partido Popular.

En Gran Bretaña, los ultras del British National Party (BNP), liderados por el europarlamentario Nicholas John "Nick" Griffin, sufren la concurrencia y éxitos del United Kingdom Independence Party (UKIP) de Nigel Farage; partido populista, euroescéptico, que cuenta por su parte con 12 escaños en el Parlamento Europeo.

Holanda sigue experimentando el ascenso del Partido de la Libertad (PVV), liderado por Geert Wilders, de motor antiinmigracionista, corazón identitario, liberal en lo económico, y simpatizante del estado de Israel; lo que le ha generado el calificativo de prosionista por parte de no pocos de sus correligionarios, generando una nueva brecha en la generalmente dividida extrema derecha local y de ámbito europeo.

Bélgica, en su interminable crisis de identidad y cohesión nacional, contempla la amenaza siempre permanente de la extrema derecha separatista flamenca, bajo la sigla que el régimen permita, tras sucesivas ilegalizaciones. Así, la ahora denominada Vlaams Belang obtuvo 2 europarlamentarios. Por el contrario, en la región francófona, las numerosas facciones ultras valonas son incapaces de aglutinarse, pese al patrocinio de alguna de ellas por sus correligionarios franceses.

Alemania no ha permitido cuajar un partido ultra. El ya histórico Nationaldemokratische Partei Deutschland (NPD) sigue en la marginalidad y al filo de su ilegalización, pese a su presencia en 2 parlamentos regionales del este. Otras formaciones han tratado de explotar un posible electorado radical: la DVU, Los Republicanos, etc. Por último, una nueva formación euroescéptica, la Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland, AfD), presidida por Bernd Lucke, ha superado al histórico Partido Liberal en la elecciones nacionales del pasado septiembre; si bien, por décimas, no logró entrar en el Bundestag.

La pacífica y tranquila Austria se ha convertido en el paraíso ultra de Europa, si bien dividido en varias formaciones; cuya suma acaso sea el más alto porcentaje de voto radical de derechas alcanzado en toda Europa. El carismático, demagogo y populista Jörg Haider fue su responsable, orientando al envejecido partido liberal, Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ) hacia posturas identitarias y la lucha antiinmigración. En 2005 Haider se escinde, fundando La Unión por el Futuro (Bündnis Zukunft Österreich – BZÖ), de ámbito regional de Carintia, donde alcanzó su presidencia. En contra de las previsiones, que entendían que el FPÖ debía su ascenso al personalismo de Haider, su nuevo presidente, Heinz Christian Strache, cosechó magníficos resultados, siendo en la actualidad el tercer partido de Austria, tras democristianos y socialdemócratas. Por su parte, Jörg Haider falleció el 11 de octubre de 2008 en un accidente de tráfico, transformándose el BZÖ en el Die Freiheitlichen in Kärnten (FPK). Pero el pasado 28 de junio, en su último congreso, el FPK ha aceptado integrarse con el FPÖ de Carintia. Y, cuando la extrema derecha parecía, ya antes de su unificación, tener expedito todo su campo, apareció el fenómeno del Team Stronach, un partido político euroescéptico y nacionalista fundado por el millonario Frank Stronach, quien consiguió 10 escaños que, de no haberse presentado, hubieran arribado, previsiblemente en el FPÖ.

En la neutral y aséptica Suiza, la calificada como xenófoba y neutralista Unión Democrática del Centro o Partido Popular Suizo (Schweizerische Volkspartei), está presidido desde el 1 de marzo de 2008 por Toni Brunner. En las elecciones de 2011 obtuvo el 26´6 % de los sufragios emitidos. Mantiene, desde su fundación, un crecimiento electoral sostenido, contando con un electorado fiel que hace de la lucha contra la inmigración ilegal, la defensa a ultranza del peculiar status suizo y de las clases medias, sus banderines de enganche.

En los países escandinavos, diversos partidos nacionalistas y euroescépticos, de denominación y genealogía muy diversa, mantienen su crecimiento. Así, el Partido del Pueblo Danés mantiene 1 eurodiputado. En Finlandia, el Partido de los Auténticos Finlandeses (con 1 europarlamentario y un 9’4 % de apoyo), es el que ocupa el mismo espacio identitario y euroescéptico. Por su parte, Demócratas de Suecia (Sverigedemokraterna, SD) fue fundado en 1988 como un  movimiento nacionalista. Su presidente es Jimmie Åkesson desde el 7 de mayo de 2005. Björn Söder es el secretario general del partido desde 2005, y líder del grupo parlamentario desde que en las Elecciones generales de 2010 superaron el umbral del 4 % necesario para obtener representación parlamentaria. Según los resultados definitivos, obtuvieron el 5,70 % (339.610 votos) y ganó veinte escaños parlamentarios. Y en Noruega, esa común bandera la enarbola el Partido del Progreso (FrP) encabezada por Siv Jensen.

En Polonia, el Partido Ley y Justicia (con 6 europarlamentarios) del ex primer ministro Jaroslaw Kacynsky alcanzó el 17,1%. Con todo, existe un constante flujo y reflujo de otras formaciones nacionalistas más radicales a su derecha de incierta evolución y confluencia, destacando Narodowe Odrodzenie Polski (Renacimiento Nacional Polaco).

En Eslovaquia, Marian Kotleba, del nacionalista/populista Partido del Pueblo-Nuestra Eslovaquia (LSNS) fue elegido días atrás, en el pasado mes de noviembre de 2013, nuevo presidente la región de Banska Bystrica con el 55’5 % de los votos; la más extensa del país. Un éxito sin precedentes del populismo en ese país.

El resto de Europa oriental ha visto nacer toda una pléyade de partidos ultras entre los que destacan: el Partido del Derecho Croata (Hrvatska Stranka prava, HSP); el Partido Radical Serbio (Српска радикална странка/Srpska radikalna stranka); el JOBBIH búlgaro (3 europarlamentarios), el Partido de la Gran Rumanía (con 3 europarlamentarios), la búlgara Unión Nacional de Ataque (Ataka, con 2 escaños europeos), etc.

Diversos analistas especializados en este tipo de movimiento, al caracterizarlos de exceso “personalismo” y “populismo”, y, en consecuencia, carentes de un verdadero programa político de largo alcance, suelen augurarles escaso futuro en el supuesto –inevitable, antes o después- de desaparecer sus fundadores. Pero los hechos parecen desmentir tales augurios. Recordemos, así, como el asesinato de Pim Fortuyn no segó su nicho electoral, siendo éste recuperado por el Partido de la Libertad de Geert Wilders. Lo mismo ha sucedido en Austria que, con ocasión del fallecimiento de Jörg Haider, se festejó el inevitable declive, desmentido por los hechos, del FPÖ. Y algo similar puede alegarse respecto al relevo generacional de la familia Le Pen y su Frente Nacional.

Otro asunto muy distinto es el del peso de la antigua extrema derecha que, de alguna manera, le precedió. Extinguida la generación combatiente anticomunista, o directamente nazi/fascista, le sucedió en su particular travesía del desierto toda una pléyade de formaciones genéricamente neofascistas que no prosperaron (salvo el Movimiento Social Italiano, MSI). No pocos de ellos, no obstante, han encontrado acomodo en estos nuevos partidos, bien como base electoral, bien en su periferia manteniendo círculos culturales y escuelas de formación, de militantes muy ideologizados, en contraste con los programas de estos partidos; únicamente beligerantes en cuestiones como el euroescepticismo, la lucha contra la inmigración ilegal y la islamización, y su oposición al poder creciente de las élites de Bruselas.

http://latribunadelpaisvasco.com/not/655/una_derecha_muy_diversa__2_

 

+ Artículo anterior:

La derecha populista europea se organiza.

http://latribunadelpaisvasco.com/not/639/la_derecha_populista_europea_se_organiza__1_ 

+ Próximo artículo:

La larga marcha de la extrema derecha española (3)

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