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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Entrevistamos a Gonzalo Sichar: la edición independiente al servicio del pensamiento libre y la transformación social.

Entrevistamos a Gonzalo Sichar: la edición independiente al servicio del pensamiento libre y la transformación social.

Una entrevista al editor Gonzalo Sichar Moreno, un agudo observador de la sociedad española desde su avanzada atalaya de Editorial SEPHA.

 

Gonzalo Sichar es “alma mater” de Editorial SEPHA (Sociología, Economía, Política, Historia, Antropología, Arte). Cuenta con una larga trayectoria profesional en la investigación social, la cooperación al desarrollo, el mundo universitario y, desde hace seis años, el dificilísimo mundo editorial. Todo ello le cualifica como un observador excepcional de las tendencias que recorren la fragmentada sociedad española.

 

Pregunta: Edición clásica, coedición con aportación pecuniaria del autor, ediciones personales, digitalización, novísimas descargas desde internet de e-books… Y nada menos que 74.521 títulos editados en 2009 en España (en 2008 lo fueron 86.330). No obstante, el peso de los grandes grupos editoriales, por medio de un cuasi monopolio de la distribución libraria, especialmente en los grandes centros comerciales, ¿no determina, en realidad, la imposición mayoritaria de un pensamiento “único” y la pérdida de todo sentido crítico por parte de los estratos más numerosos de la sociedad española?  

 

Respuesta: Efectivamente. La Cultura debiera ser el mejor ejemplo de la libertad de expresión en su sentido más amplio. Así lo entendieron los grandes dictadores y por eso la atacaron. El Arte expresa la visión del artista, la Literatura la opinión del autor. Pero en la actualidad el sector editorial está dominado por un oligopolio que inunda las librerías arrinconando a los editores independientes. Para colmo cada vez más otro oligopolio muy importante, el de los medios de comunicación, está muy relacionado con las principales editoriales, cuando no son propietarios. Eso provoca que los grandes grupos tengan dominado no sólo la presencia en las librerías sino también que acaparen casi todas las reseñas en prensa. En estas condiciones es muy difícil decir a la sociedad que existes.

 

P.: Si algo caracteriza a su editorial es el extraordinario pluralismo ideológico de sus autores; si bien existen unas preocupaciones evidentes que determinan la orientación de la editorial. Escritores trotskistas, falangistas, católicos “progres” y otros “conservadores”, críticos con los nacionalismos, ¡incluso autores cercanos a Arbil!... más una notable preocupación por el impacto de los diversos totalitarismos (antiguos y modernos) y la realidad poliédrica del mundo hispanoamericano. ¿No se está convirtiendo SEPHA, acaso sin pretenderlo inicialmente, en cierto modo, en un sorprendente caleidoscopio de la reflexión transformadora de un notable, vivo y heterogéneo grupo de autores españoles?

 

R.: Desde el inicio de este proyecto me propuse trazar una línea editorial totalmente independiente, tanto desde el plano económico como desde el ideológico, pero nunca pensé que llegara a una variedad tan extrema y por tanto yo mismo me he sorprendido del resultado. Mis primeros contactos procedían de la izquierda y por ello en los primeros libros hay una mayor presencia de autores de la izquierda, si bien de diferentes “gamas”. Para la izquierda militante el nacimiento de una nueva editorial que creía “suya” era una buena noticia. Por eso no aceptó que finalmente SEPHA fuera una editorial heterodoxa y sobre todo independiente. Desde algunas librerías y distribuidoras, tanto “alternativas” como “comerciales” me cerraron muchas puertas, hasta el punto de creer en algún momento que tendría que cerrar.

 

P.: ¿Podría clasificarse a SEPHA como una editorial que pretende dar voz a quienes carecen de ella pero tienen algo consistente que aportar a la sociedad?

 

R.: Ésa es la mejor definición que se puede hacer de esta editorial. Y están sin voz tanto los movimientos mayas en Guatemala, como los niños y sobretodo las niñas soldado, o los niños y especialmente las niñas de la calle, pero también los no nacionalistas en Cataluña, o los nacionalsindicalistas en toda España, por poner algunos ejemplos. Y todos ellos tienen cosas interesantes que decir aunque no compartamos muchas o ninguna de ellas. Mucha gente no ha soportado que también considere sin voz a escritores muy alejados de la izquierda. Una editorial con vocación social no debe ser el altavoz del editor sino de los autores sin voz. No quiero cumplir la máxima de que un editor es un escritor frustrado, que escriban ellos lo que quieran y no lo que a mí me hubiera gustado escribir y no supe.

 

P.: ¿Una editorial humanista, en suma?

 

R.: Exactamente. Y el humanismo, y mucho menos las Humanidades, no es ni de izquierdas ni de derechas. La dictadura que sufrió España desterró a muchos intelectuales (humanistas) y no sólo de izquierdas, pero más triste es que en tiempos de democracia se margine a algunos intelectuales por sus ideas políticas. En Sevilla, por ejemplo, PSOE e IU no permitieron que se celebrase un acto para el conocimiento de la obra literaria de Agustín de Foxá porque era de ideas falangistas. Eso va contra la libertad y contra la propia Literatura, algo a lo que todos los editores –independientemente de nuestros signos– nos deberíamos oponer. Detesto que izquierdistas de despacho pongan en duda mi vocación democrática porque haya publicado a ciertos autores, cuando yo sí he estado en el terreno luchando por la libertad, por ejemplo trabajando como observador de derechos humanos en Guatemala y publicando con una organización popular una investigación mía donde denunciaba más de 1.000 masacres cometidas en un 95% de los casos por el Ejército o paramilitares (y presentando el libro allí, delante de militares, y además continué viviendo en ese país).

 

P.: Lo “políticamente correcto” se impone desde el poder político y cultural dominantes, generando un tipo humano aparentemente satisfecho, consumista, nihilista, nada crítico con el poder y las modas, pero duramente cerrado a cualquier propuesta de cambio personal y social. SEPHA, desde su espacio, ¿pretende, además de ser un proyecto editorial viable, abrir una brecha en esa tendencia?

 

R.: Esa pretensión se ha ido acrecentando a medida que he visto que han tratado de cerrarme puertas los que creen que tienen el monopolio del concepto democrático y deciden qué ideas son democráticas y cuáles no. El novelista francés del siglo XIX Émile Herzog –conocido por el seudónimo de André Maurois– decía que es una verdad absoluta que la verdad es relativa. Este principio tan obvio veo que no lo aplica la izquierda. En esos ámbitos se ha criticado, a mi modo de ver con mucha razón, que los católicos se adueñaran de la “Verdad” y que decidiesen lo que era bueno y lo que era malo, pero ahora ellos hacen lo mismo y todo aquello que no es “progre” es “pecado”. Hay foros de Internet que pretenden contribuir a una “democracia directa” donde se pueden leer algunas críticas a SEPHA no sólo por publicar a algunos autores ultras (entendiéndose por ultra sólo a “ultraderechistas”, pues hemos publicado a muchos más autores de extrema izquierda de los que, por cierto, no se han quejado), sino también por publicar a antinacionalistas más comprometidos con la democracia que los nacionalistas excluyentes. Este posicionamiento de los “progres” es peligroso porque amplían el círculo de los “malditos” y ya sabemos aquello de Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista…” (por cierto frecuentemente atribuido a Bertolt Bretch, cuando quien lo escribió fue el pastor protestante Martin Niemöller, encarcelado por los nazis desde 1937 a 1945). Por eso yo no censuro a ningún autor por motivos ideológicos.

 

P.: Con un catálogo que supera los 100 títulos, en alguna ocasión, usted mismo ha calificado a SEPHA como “empresa social”. ¿Podría desarrollar ese concepto?

 

R.: Evidentemente una empresa debe buscar beneficios económicos porque sino sería una algo así como una ONG (que por cierto pongo tengo muchos reparos con este tipo de organizaciones, como expreso en mi libro Cosas que nunca diría de una ONG). Pero se puede buscar cierto beneficio –para entre otros cumplir el objetivo de la viabilidad– combinándolo con una función social, o tratar de maximizar el beneficio a costa de lo que sea. Un ejemplo: es más barato imprimir en China y traer los libros en barco que imprimir en España, pero yo ni me planteo imprimir allá porque temo que se incumplan derechos laborales y que incluso haya trabajo infantil de por medio. Otro ejemplo al alcance de todos (no sólo de los empresarios): SEPHA es cliente de Triodos Bank, un banco solidario. Queremos que nuestro beneficio económico no sirva para especulación financiera y por eso ahorramos en un banco que sólo trabaja en economía real apoyando iniciativas sociales, culturales y ecológicas.

 

P.: ¿Me permite una pregunta de carácter personal que, creemos, puede ser de interés para los lectores? ¿Dónde encuentra, Gonzalo Sichar, la fuerza para mantenerse firme en un mundo tan competitivo e implacable?

 

R.: Hay quienes creen que hay otra forma de hacer política y se embarcan en la osadía de crear un nuevo partido político (o mejor dicho, un partido político nuevo), otros creen que hay otra forma de hacer banca y crean un banco solidario. Yo tengo una firme convicción de que otro modo de llevar a cabo una editorial de contenido político es posible: mediante una editorial independiente tremendamente politizada pero absolutamente apartidista. Mi fuerza radica en esta convicción y en los ánimos recibidos por lectores, amigos y familiares (y lo digo en este orden de importancia porque cuanto más lejos te queda quien te da ánimos confías más en la objetividad del aplauso).

 

Muchas gracias.

 

Entrevista efectuada por Fernando José Vaquero Oroquieta

 

Dirección electrónica de interés:

http://www.editorialsepha.com

Revista digital Arbil, Nº. 125, agosto de 2010

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